UNA EMBARAZADA2Hola amigos soy Oscar, os contare las aventuras de Marian mi compañera de casa, como recordareis sin-tituloesta es una joven madre soltera de 19 años, físicamente es pelirroja atractiva y pecosa, mide 1.65 de estatura, tiene cuerpo delgado pero bien formado la calculo 55 Kg, su carácter es algo fuerte pero lo compensa con la dulzura en el trato diario, su hija es una muñequita rubia de seis meses y pico, con ojos verdes como su mama, estoy cogiendo cariño a la pequeña pues conmigo es toda sonrisas.

Pero vayamos al asunto, como recordareis Miriam se ganaba un dinerillo haciendo de puta mientras paseaba a la nena por el cercano parque público, sé que suena fatal pero es cierto, la mañana que lo descubrí apenas podía creer lo que veía, ya tenía algunas sospechas pero comprobarlo me produjo un choque emocional, de echo evité mirarla o conversar durante aquella tarde y el día después, pero el siguiente era sábado y la joven salió por la mañana a pasear a la niña como un día más.

La curiosidad me pudo y decidí seguirla, dentro de mi cabía una duda, ¿lo que había visto era un episodio esporádico de puterio o una costumbre asentada? Antes de dar un mal paso tenia que comprobar los hechos, la seguí a distancia en su recorrido diario por las veredas arboladas, todo era normal y la joven no hacía nada sospechoso, paseo lento, juegos con la niña, charla con conocidas etc, Fue de nuevo al llegar cerca de los servicios cuando me puse en guardia, cerca de la caseta estaba José el abuelito del otro día, pero acompañado por otro abuelo conversando en plan confidencial sentados en un banco, en un determinado momento José señaló brevemente con un dedo a Marian y el otro la observó valorándola.

Tuve el presentimiento de que algo pasaría en los servicios, supongo que sabéis de qué tipo de sensación hablo, así que me fui al aseo femenino y repetí la operación del otro día, quitando rollos de papel higiénico para asegurarme que la pelirroja fuera a la cabina adecuada, después pasé al aseo masculino y tras meterme en la cabina preparé el móvil para grabar, pocos minutos después escuche los pasos de Marian e instantes después varias pisadas masculinas, active la cámara y asome un poco el móvil.

Marian estaba sentada en la taza, la puerta abierta y los dos abuelitos de pie en el marco, ambos eran de parecido tamaño y ambos tenían el pelo gris, si bien Jesús era algo más grueso y usaba un gorro claro de ala estrecha, las ropas de ambos eran modestas pero limpias, José decía en ese momento:

– ¡Pero qué guapa estas rojita, esa camiseta blanca te realza las peras.

– ¿Peras? ¡Más bien naranjas y de las gordas! –dijo el otro, mirándolas con deseo.

– Gracias –respondió la pelirroja, añadiendo- ¿solo vais a mirar o qué?

– Vale guapa no te mosquees –dijo José- yo hoy no quiero nada, con lo de anteayer ya voy servido para el fin de semana, pero este amigo es Jesús y quería probarte, te advierto que le he contado como lo haces de bien y ya sabe tus tarifas.

– ¡Vaya! Pues encantada Jesús, supongo que también te habrá dicho que debes ser muy discreto y no hacer nada que me delate ante las otras madres,

– ¡Si ya me lo a explicado! –respondió Jesús.

– ¿Qué vas a querer como primera vez?

– Una pajilla pero con tus tetas, me encantaría una cubanita bien hecha –dijo el otro abuelete con los ojos saliéndose de las orbitas.

– Pues me parece bien, vale José sal del servicio y que tú amigo pase y cierre.

– Pensaba que me dejarías mirar.

– ¡Si claro y te la cascas mirando gratis –contestó Marian- por no mencionar que tres personas en una cabina no pasan desapercibidas, anda sal que ya te contara Jesús lo que le voy a hacer.

– ¡Vaale! Pasadlo bien –el abuelito resignado salió y cerró la puerta.

Marian cogió el dinero y lo guardó, a continuación se quitó la camiseta dejando sus pechos al aire bajo la atenta mirada de Jesús, busco en el bolso hasta hallar la botellita de aceite para bebes y se puso una buena dosis en las manos, se froto los pechos despacio sosteniendo la mirada lasciva del hombre, seguidamente hizo un gesto al hombre para que se acercase, este tras abrir y bajarse un poco los pantalones y el eslip obedeció, estaba ya empalmado tras el espectáculo con lo cual su verga de tamaño medio quedo a escasos centímetros del torso femenino, la pelirroja se puso algo más de aceite y tomó la polla en sus manos.

Marian tomo en sus manos aceitadas la verga, procediendo a untarla con suaves movimientos de sus dedos, con la mano izquierda frotaba el tallo y movía ligeramente la piel de arriba hacia abajo, al mismo tiempo usaba la derecha para frotar el glande con la palma, sus dedos tamborileaban el prepucio en derredor y bajo la corona como si le hiciera cosquillas, el hombre cerro los ojos mientras soltaba un gemido fruto del placer que sentía, aquello duro un par de minutos, el tío estaba de lo más excitado y toco la cabeza femenina atrayéndola, la pelirroja entendió y soltó la verga cogiéndose los pechos con las manos.

Jesús estaba maravillado, su cara era una imagen del deseo cuando arremetió con su polla por el canal mamario, el móvil grababa la escena, aquel prepucio amoratado surgía y se volvía a hundir entre los globos carnosos salpicados de pecas, Marian agitaba los pechos en una soberbia paja, el aceite facilitaba el frotamiento, el hombre jadeaba suavemente y se ponía de puntillas apoyando las manos en los hombros de la joven, unos chorritos de leche surgieron de los pezones bajo la presión de las manos, aquello salpico el vientre masculino y lubrico el movimiento haciéndolo más rápido, lo cual excito aún más al hombre pues su verga se movió frenética entre las tetas de la pelirroja, el veterano no tardo en gruñir y jadear en voz alta, chorros blancos surgieron tumultuosos salpicando la barbilla y cuello de la joven Marian, el esperma resbalaba por aquel torso juvenil en viscosos hilos blancos empapando su tetas.

Mientras Jesús se recuperaba apoyado en la puerta contemplo la escena, La joven pelirroja se limpiaba el torso con papel higiénico mientras sonreía, al acabar se inclinó y tras coger un poco más de papel le tomo de nuevo la polla, antes de limpiarla se metió su prepucio menguante en la boca y chupo los restos de semen entre suspiros del hombre, que apenas podía creer su suerte.

– Uuuf, ¡que boca! –dijo Jesús temblando de gusto.

– Espero que te haya gustado y vuelvas a por mas –contesto Marian tras dejar la verga.

– Eso dalo por hecho bonita, intentare repetirlo al menos dos o tres veces al mes.

– Me gustáis los abuelitos, sois muy agradecidos.

Salí del lavabo sentándome en un banco a repasar la grabación, desde allí vi salir a Jesús que se reunió con su amigo alejándose ambos charlando animadamente, Marian no tardo en reunirse con las otras madres y ponerse a hablar un buen rato, el resto del paseo fue tranquilo sin paradas largas ni más clientes, ya cerca de mediodía regresamos a casa, aunque yo me perdí unos minutos entrando en un bar cercano para no despertar sospechas.

Más tarde después de comer y dormir a la pequeña, la pelirroja se sentó a mi lado en el sofá para ver la tele, yo vestia una camiseta azul y un pantalón de chándal, , intentó entablar una conversación pero yo apenas contestaba más que monosílabos, aquella joven había pasado en mi conciencia de pobre jovencita a puta descarada, me sentía defraudado y por tanto el mosqueo que sentía me impedía ser cordial.

Desperté un par de horas después, la peli era un rollo y debí quedarme dormido, ella aun lo estaba, inclinada y con la cabeza apoyada en mi brazo, tenía una de sus manos sobre la mía y la otra en el reposabrazos del tresillo, escuché ruidos en la cocina y supuse que sería Juan el otro compañero de casa, seguramente estaría preparándose la cena para llevársela a su trabajo en el Bingo. El peso de la cabeza pelirroja sobre mi hombro me gustó, gire unos centímetros el cuerpo para contemplar bien su rostro relajado, el movimiento la hizo inclinar la cabeza hacia atrás, asi pude contemplar bien su cara, esa frente alta, los ojos cerrados, aquellas mejillas salpicadas de pecas, su barbilla fina, la naricilla estrecha y recta del tamaño justo, contemple su boca algo abierta y sin pintar, aquellos labios me resultaban tentadores, la mire un buen rato con sentimientos contradictorios, por un lado deseaba besarla, por otro recordaba aquel rostro en las grabaciones del teléfono, mientras se follaba a José en los servicios, también recordé aquella linda boca llena con la verga y el semen de Miguel el corredor, además del tío de aquella misma mañana, acerque un poco la cara notando su respiración en mi barbilla.

Juan salió en ese momento de la cocina, el hombre tiene buen carácter, es algo regordete, tiene 30 años y moreno con el cabello como un cepillo, llevaba pantalón de pijama y camiseta, traía un par de tapers en la mano camino de su habitación, le hice un gesto y se paró al pasar al lado del sofá diciéndome en voz baja;

– Menuda escena, parecéis padre e hija.

– Me he despertado y estaba así dormida –respondí.

– Es normal, cuando volví esta madrugada la escuché en su habitación y la niña lloraba, así que debe haber sido una noche movidita para ella.

– La dejare dormir un poco más, ¿ya te vas al curro?

– Si colega, lo que tarde en cambiarme y salir, no sé a qué hora volveré pues es sábado –dijo guiñándome un ojo- ya sabes lo que suele pasar con las bingeras maduritas sin suerte.

– Que suerte tienes cabrito, ¡aprovecha!

Juan fue a su habitación dejándome sonriente, claro que sabía lo de las bingeras maduras sin suerte ni dinero para pagar el taxi de vuelta a casa, el mismo me lo había contado con pelos y señales, si caías bien a una perdedora te insinuabas discretamente, si aceptaba te esperaba tomando algo por cuenta tuya hasta el cierre, después la llevabas a su casa en tu coche y redondeabas la noche con un polvo, lo dicho el Juanito tenia suerte y un pequeño harén de perdedoras maduritas todavía guapas.

Volví mi atención a Marian, más concretamente a su barbilla y cuello, aquella piel fina y suave moviéndose levemente al compás de la respiración, parecía reclamar multitud de caricias, siempre fui un romántico, me costaba enmarcar aquel rostro angelical en el clásico estereotipo de puta callejera, casi sin darme cuenta mis ojos siguieron bajando por sus hombros, ella llevaba una holgada camisetita blanca de tirantes finos y un corto pantaloncito de pijama de color rosa fuerte, no pude evitar pasear mis ojos por su escote, los pechos abultaban generosos bajo la tela, eran de tamaño medio, aunque hinchados por el tema de la lactancia y me habían llamado la atención en numerosas ocasiones, pero tenerlos ahí al alcance de la mano me estaba excitando, me atraía el movimiento de estos al compás de su respiración, además la tela holgada me permitió entrever sus aureolas rosáceas mientras los pezones presionaban la tela, tuve una visión fugaz del semen de aquel maduro salpicando y resbalando por aquellas tetas, eso había sido hacia unas horas, ahora la chica parecía totalmente inocente aunque tentadora.

Por suerte la niña lloró en su habitación, Marian no pareció enterarse, su cara relajada apenas se alteró, por lo que me levanté con cuidado y fui a ver a la pequeña, mientras cambiaba sus pañales escuche la Voz de Juan en la puerta del cuarto diciendo:

– ¡Me voy tío! ¿Qué tal la nena?

– Está bien pero algo irritada.

– Oscar tío, estas hecho un padrazo ¡y por duplicado! me da que eres algo blando.

– ¡Gracias capullo! Con Marian agotada y la pequeña llorando no me quedaban opciones.

– Supongo que llevas razón –contestó sonriente- pero si cedes a menudo acabaras haciendo de niñera permanente, tenlo en cuenta.

– Ya lo sé – respondí algo más serio.

– Pues lo dicho que me abro, pásalo bien con las chicas.

– Pásalo tú mejor con las maduras, y cuídate.

Juan se fue y yo acabe de cambiar y acunar a la pequeña, tras devolverla dormida a su cuna volví al salón, la pelirroja apenas había cambiado de postura, me senté a su lado pero dejando un poco de separación entre ambos, fue inútil, supongo que fue mi peso o el crujir del sofá, Marian pareció resbalar lateralmente hasta quedar apoyada en mi brazo izquierdo, su mano derecha me cogió la muñeca, su cabeza se asentó en mi brazo a la altura del codo con un gemido, aquella postura me molestaba un poco, así que moví el brazo dejando su cabeza sobre mi muslo a modo de almohada, la mano quedo sobre el hombro de la joven.

¡No la mires, no recuerdes, no desees a esta hermosa joven! La conciencia me estaba dando la tabarra, la parte noble me decía que la respetara, por ella y por la pequeña, el ambiente domestico debía ser seguro y confortable para ambas, pero la parte mezquina de la conciencia también argüía, ¿por qué ir de putas lejos si tenía una en casa? ella podía aliviarme gratis o al menos a menor precio si cuidaba de la niña, además su cuerpo me ponía bastante, ¿se lo propondría? y si lo hacía ¿cómo respondería? podría aceptar o montarme un escándalo, me imagine avergonzado ante el dueño de la casa, él podría dar crédito a la joven y hacer que me fuera, en ese caso solo tendría que enseñarle las grabaciones del móvil y Marian seria expulsada sin duda, ¿tendría el futuro de la joven y su niña en mi conciencia?

Di otro vistazo al cuerpazo de la pelirroja, ¿tendría posibilidades de montármelo con ella? Fruncí el ceño ante mi propia respuesta negativa, ¡NO! yo no podría follarme gratis a una tía así ni aunque beber mi semen curara el cáncer, soy un tío normal con un cuerpo aun fuerte y algunas entradas en el pelo, pero tengo mis limitaciones y 28 años más que este pedazo de chavala, eso sin mencionar mi espalda fastidiada ni que soy pensionista y sin demasiado dinero, supuse que de todos modos debía intentarlo, en el peor de los casos solo le daría la pasta que ya estaba dando a otra putita, pero me molaría seducirla por puro amor propio.

Perdido en mis pensamientos no me había dado cuenta de dos cosas, la primera era que mi mano había iniciado, por su cuenta, una serie de caricias por los hombros y parte de la espalda de la pelirroja, la segunda era que tenía una erección tremenda, sentí la pujanza de la verga dentro del pantalón, pero dada la postura Marian debía sentirla entre la oreja y la coronilla, estaba a punto de moverme para cambiar de postura cuando la joven se movió levemente, puso una mano en mi rodilla y tras hacer un par de ruidos soltó un bostezo, vi como abría los ojos pestañeando asombrada y dijo:

– Humm, me he dormido.

– Bueno de eso hace más de una hora, debías estar muy cansada.

– Si esta noche la pequeña no me dejaba en paz.

Su voz era suave, me miraba a los ojos tras mover un poco la cabeza, sentí mi verga contra su coronilla, pero la pelirroja no hizo nada por cambiar de postura, solo añadió:

– He sentido caricias en mi espalda.

– Era yo, lo siento si te he molestado, apenas me di cuenta de que lo hacía.

– No es molestia sino más bien placer, me gustaría que siguieses pero he de ver a la pequeña.

– Hace un rato lloró, pero estabas roque y no te despertabas, así que la atendí y después de cambiarla hice que se durmiera.

– ¿Fue luego cuando pusiste mi cabeza en tu muslo?

– No fue aposta –debí de sonrojarme- apoyabas la cabeza en mi hombro y fuiste resbalando, al llegar al antebrazo me moví y quedaste como estas ahora, no cambie de postura para no despertarte.

– Parece que no hubo mala intención.

Marian había respondido en plan niña juguetona moviendo ligeramente la cabeza a los lados, debía de sentir mi erección contra su cabeza, yo desde luego que la sentía a ella y no podía apartar mis ojos de los suyos, la boca se me resecaba a causa del deseo, dije con voz ronca:

– Bueno, uno de los dos debería moverse.

– Yo estoy cómoda, pero echo de menos tus manos en mi espalda y te siento algo… tenso.

– Tu eres una mujercita muy bonita y yo aunque parezca tu padre no lo soy, solo un hombre con sus necesidades y…

– ¿Deseos? –su mirada seguía fija en mis ojos, estudiando sus reacciones.

– ¡Si deseos! Si te molestan lo siento, pero eres joven y hermosa, déjame levantarme y pasemos página, aquí no ha pasado nada.

– Llevas razón, vale iré a ver a la niña, no te muevas y te traeré una cerveza como premio por hacerte cargo de la nena.

Se incorporó delante de mí estirándose felinamente, su cuerpazo apenas cubierto se recortaba contra la luz del televisor, sentí su calor, olfatee su perfume sutil, estuve a punto de alargar los brazos hacia su cintura y atraerla, pero me contuve como pude aunque mi erección se hizo dolorosa, ella miraba de reojo y sonrió levemente antes de alejarse con paso lento hacia la cocina, sus caderas se movían algo exageradamente sabedora de que mis ojos la seguían.

No tardó en volver con una cerveza fría, me acaricio el pelo mientras me la daba desde atrás, juro que sentí una de sus tetas en la coronilla mientras decía con voz susurrante:

– Ahora vuelvo, mientras refréscate un poco pues debes tener la boca seca.

Asentí mientras se metía en la habitación, Marian tenía razón, boca seca, la tensión alta y una erección como la de un chaval, mi decisión de entrarla e intentar algo era tan firme como la dureza de mi polla, escuchaba como trasteaba en la habitación y jugaba con la niña, la espera se me hizo eterna, me tome la cerveza viendo chorradas y películas repetidas en la tele, la pelirroja tardó media hora en venir a mi lado, hizo algo que jamás había intentado, se me sentó sobre mis muslos de lado, yo quedé estupefacto, ella sonriéndome a dos palmos de la cara dijo:

– ¿Ya estas más tranquilo Oscar?

– Humm…¿sinceramente? No.

– Vaya, al final me vas a resultar un salidillo- su sonrisa se hizo más intensa.

– Es que no soy de piedra pelirroja y tú estás… ¡pero que muy bien!

– Habrá que darte algún premio por cuidar a la niña, como compensación.

Decidí en ese momento ser más audaz, si íbamos a jugar a calentar al otro no me quedaría quieto, pase mi brazo izquierdo por su espalda aprovechando para bajar uno de los tirantes de su camisetita con mis dedos, ella pareció ignorar el gesto pero se dejó acariciar el hombro, nuestros ojos se encontraron, los mios con interés, los suyos chispeaban de picardía, mis dedos seguían acariciando su hombro pero deslizándose hacia el cuello de la joven, ella no tardó en cerrar los ojos e inclinarse hacia mi cuerpo, momento en que aproveche para acercar mi cara y besarla en la oreja.

– Huuumm –Exclamo Marian, dejándose hacer- aahhm, siii.

– ¿Quieres que siga?

– Si por favor, me gusta mucho. -respondió la pelirroja.

La complací durante unos minutos, mi mano izquierda se paseó por su espalda tanto por encima como por debajo de su camiseta, llegando desde su nuca y cuello hasta la cintura, yo veía sus pezones totalmente erectos pujantes contra la tela, oía sus suspiros, tenía peligrosamente cerca sus atractivos labios, finalmente decidí dejar actuar a mi mano derecha, acaricie con ella sus pechos, un gemido alto me indico cuanto la gustaba la caricia, los dedos no podían abarcar bien aquellos senos hinchados, metí la mano bajo la tela sintiendo por fin su calor, no tardé en pellizcar uno de los pezones y su dueña se dejó caer gimiendo contra mi pecho.

Me gustaba el cariz que tomaba la situación, pero mientras mis manos no cesaban de acariciarla y cada vez más excitado por sus gemidos y suspiros, yo pensaba en cómo ser alguien especial para Marian, la chica actualmente iba sobrada de pollas y de posturas, la había grabado mamando y follando, incluso tenía pendiente un polvo para el día siguiente con el corredor, rápidamente me di cuenta de algo que seguramente no tendría a menudo y que me abría posibilidades, ¡la comería el chochete! Eso seguramente si que lo echaría de menos, al menos yo no había visto que nadie se lo pidiera, pero a fin de esquivar recriminaciones dije:

– Me parece que esto se nos esta yendo de las manos Marian.

– ¡No pares por dios…! – vi su pecosa cara a centímetros de mis ojos, le temblaban los labios tentadores cuando añadió- ¡Me estas poniendo a cien!

– ¿Estas segura nena?

– ¿Cállate y sigue joder! Me tienes ardiendo.

Aquello me dejo claro el tema y disipó mis dudas, si la pelirroja quería correrse yo lo haría posible, deje de acariciarla para abrazarla con fuerza a la vez que me incorporaba levemente, ante nosotros estaba la mesa baja del comedor, lugar habitual del mando a distancia y varias revistas, la hice sentar en ella y me incliné entre sus piernas, ante mi estaban los bajos de su pantaloncito corto de color rosa fuerte, una mancha de humedad resaltaba el color haciéndolo mas oscuro sobre su coño, acaricié la unión de sus muslos con el pubis sobre la tela, lentamente aparté el obstáculo, el aroma a hembra cachonda llegaba a mis narices, era intenso, mis dedos se humedecieron al contacto con la tela empapada de fluidos vaginales, en segundos había echado a un lado el liviano obstáculo del pantaloncito y el tanga, ambos casi chorreando.

Miré hacia arriba, Marian estaba allí sentada, ligeramente inclinada y apoyada en sus codos, podía ver su liso vientre y más allá la camiseta donde abultaban sus tetas con los pezones insultantemente erectos, la cara delataba deseo con sus atractivos labios entreabiertos, percibía claramente sus suspiros; no esperé más y volví mi atención al conejo depilado de mi víctima, su monte de venus era abultado con aquella atractiva rajita en medio bien dibujada, pasé la lengua por ella saboreando el flujo, a la vez presionaba lateralmente abriéndola para descubrir bien el terreno a lamer, su chochete era de un atractivo color salmón, el clítoris no era muy grande, pero comenzaba a asomar de su funda, los labios vaginales eran cortitos pero muy sensibles, recorrí toda la zona con mi lengua varias veces, cada vez con más fuerza y ganas antes de aplicar toda mi boca sobre aquel coño ansioso de placer, lamí con ganas toda la zona haciendo el vacío, no me corté en hacer ruidos de succión o chapoteo, aquello la puso frenética y escuche sus gemidos, centré mi atención en chupar el clítoris mientras metía un dedo en la vagina, rotándolo ligeramente a la vez que iniciaba un lento vaivén.

Escuché sus grititos y jadeos de gusto, advertí como caían objetos y revistas cuando la fallaron las fuerzas y se dejó caer hacia atrás, quedando atravesada sobre la mesa, naturalmente aquella caída no me detuvo en mis quehaceres, la pelirroja me empapaba la cara con su salsa intima, aquel sabor me enardecía, así que redoble la velocidad de lengua y dedo en sus bajos, sentí temblar su coño contra mis encías, su vagina parecía estrujarme el dedo en cada vaivén, procedí a meter un segundo dedo dentro, entrándolos y sacándolos en toda su longitud a buena velocidad, para colmo Marian comenzó a agitar el vientre pidiéndome entre jadeos que no parase, sentí una de sus manos en mi cabeza presionando mientras la joven gritaba que estaba a punto de correrse, efectivamente y bajo mis intensas caricias el orgasmo no se hizo esperar, sentí en la boca un sabor mas intenso, el cuerpo de la joven se estremeció repetidamente y su dueña jadeó con fuerza, su voz enronqueció al gritar:

– ¡Me corooo… ahhh… ahhhss, asiii… aahhy.

Naturalmente no pare de repente, solo fui ralentizando mis movimientos dactilares y orales hasta reducirlos del todo, sabía que aquello prolongaría su orgasmo y placer durante uno o dos minutos, lo suficiente para que me recordara como un buen comecoños y buena opción para futuras ocasiones.

Me incorpore secándome la cara y pude ver bien a la pelirroja, esta yacía desmadejada tras el orgasmo, dado el escaso ancho de la mesa pude ver que la joven solo tenía apoyado el culo y hasta media espalda en su superficie, dejando colgar tanto las piernas como brazos y cabeza, rápidamente rodee el mueble y me bajé el pantalón, a estas alturas mi rabo había perdido algo de erección al centrarme en dar a la chavala una buena mamada, había llegado el momento de recuperar el vigor, aquella boca entreabierta me había dado ideas.

Flexione las rodillas dejando la polla ente su boca, sentí su aliento en la piel, ella aún mantenía los ojos cerrados ignorando lo que se la venia encima, seguidamente metí las manos bajo su camisetita y tome sus pechos, los acaricie sin dudar centrándome en subir hacia los pezones, aquel doble pellizco la hizo gemir y abrir los ojos, vio mi verga y pelotas sobre sus ojos y se alarmo un tanto, pero antes de protestar o decir nada yo había impulsado el miembro contra sus labios, Marian reacciono estupendamente pues lo acepto sin protestar, sentí la verga hundiéndose en aquella boca caliente, su lengua se movía ágilmente por el glande, transmitiéndome sensaciones intensas y muy placenteras, yo intente devolverla el favor acariciando sus pechos sin pausa; durante unos minutos mantuvimos aquella posición, mi polla alcanzo el máximo esplendor en aquella boca, al mismo tiempo que mis bolas chocaban con su nariz, ella estaba tan excitada como al principio, a juzgar por el tamaño de sus pezones que yo no podía dejar de acariciar y apretar, pero un ligero calambre en la espalda me obligaba a cambiar de postura.

– ¿Quieres cambiar un rato cielo?- pregunté.

– Si gracias –contesto Marian- se me va la sangre a la cabeza.

La sujeté ayudándola a levantarse, estaba algo mareada según dijo, aproveche aquel abrazo para buscar sus labios y la di un beso en plena boca en el que colaboró ardientemente, después me soltó y se acercó al sofá apoyándose con una mano mientras se quitaba el pantaloncito y el tanga a la vez, ver aquel culo alto y bien hecho, durito y muy blanco con algunas pecas en su piel, me hizo el efecto de reclamo, me acerque por detrás y la hice inclinarse mientras guiaba la verga hacia su coñito, ella se dejó hacer mientras se arrodillaba en los asientos apoyando la cabeza en el respaldo, mi polla entro sin problemas en su vagina aun húmeda, pude sentir perfectamente la presión de su estrecha grieta al penetrarla, ella gimió de nuevo abriéndose cuanto pudo para facilitarme la entrada, en tres envites había conseguido metérsela hasta la raíz, ella se mojaba cada vez mas y nuestros suspiros delataban el placer que sentíamos.

– Oohh es algo grande, para mí –exclamo la pelirroja entre dos suspiros- pero me gusta.

– Nunca se me han quejado, espera y veras como te ajustas al tamaño con el tiempo.

– Eso espero, aahh… sigue, dámelo todo.

Vaya si se lo di, la tome de las caderas y empuje a fondo una y otra vez, ella se agitaba y contraía las paredes internas masajeándome la verga como podía, ambos jadeábamos inmersos en el placer, parecíamos dos posesos que no podían parar de follar, minutos después ella exhalo un grito y se corrió agitándose como loca, intente aguantar sus estremecimientos y puse las manos en sus pechos acariciándoselos con ganas, no podía parar de entrar y salir de su coño, mi propio orgasmo llegaba rápido, pero no me detuve y conseguí que la joven gozara de nuevo antes de llenar su vagina con mi corrida, esta fue muy intensa y larga, solte tanto esperma que chorreaba por mi polla aun estando insertada profundamente en mi joven amiga.

Aquel orgasmo compartido nos dejó exhaustos, momentos después nos sentamos en el sofá semidesnudos y Marian me limpio la verga con su boca, después se me abrazo y dijo:

– La mezcla de sabores me encanta Oscar, pero la próxima vez quiero beber tu leche.

– ¡No me seas guarrilla Marian!

– No es guarreria Oscar, ¡mira parecerá una tontería! pero estoy convencida de que reconoceré al hombre de mi vida por el sabor de su leche, siempre lo he sabido.

– Pues deberás haber probado a muchos por lo que me contaste.

– Si a muchos… y nada de momento, pero no me rindo y tú… ¡nada déjalo!

– Dices que no te rindes, eso quiere decir que aun sigues… digamos que probando tíos.

– Alguno que otro ha caído, pero ya hablaremos de eso, tengo que pedirte algún favor.

– ¿De qué tipo? Ya sabes que dinero tengo poco.

– ¡No hombre! Es por si me puedes cuidar a la niña alguna tarde, ya te iré contando…

Sí que me lo contaría, pero algo más adelante pues la niña se puso a llorar e interrumpió la charla, en resumen la chavala me gustaba y habíamos echado un polvo, el futuro se me presentaba bien, ya veríamos como se desarrollaban los acontecimientos.

Continuara…

Bien amigos, esta entrega se ha hecho esperar por problemas personales y economicos, (un mes y pico en que solo me salía uno o dos párrafos a la semana) añadidos a una depresión post cornamenta y las fiestas familiares, añadid esto al tema del paro y haceros una idea, ¡En fin! espero que el siguiente capítulo no se haga esperar mucho.

Voy remontando y este año va a ser la leche.

Sed felices