Capítulo 9: Amor cruel


Hércules no podía apartar las manos de la joven. El vestido y los tacones resaltaban sus curvas y su sonrisa dulce y sus ojos grandes que no dejaban de mirarle, le excitaban sobremanera.

En cuanto cerró la puerta, Akanke se encaró a él y sonrió. Con aquel vestido blanco estaba espléndida. Su curvas llenaban y estiraban el tejido dándole una formidable figura de reloj de arena y su piel oscura y satinada hacía un contraste perfecto. Seguía sin comprender como alguien podía maltratar a aquel angel que le sonreía con adoración. Estaba totalmente enamorado de ella deseaba abrazarla y protegerla. Llevarla a hacer todas las cosas que haría una joven de su edad y que hasta ahora ella nunca había podido hacer.

Hércules acercó sus manos y acarició a la mujer. Inmediatamente percibió como sus caricias incendiaban el cuerpo de la joven que temblaba y gemía apagadamente. Sin contenerse más, la abrazó estrechamente y le dio un largo beso. Las lenguas se juntaron y se exploraron hasta que la falta de aire les obligó a separarse. Hércules aprovechó para acariciar la frente los pómulos y los labios de la joven. Akanke atrapó sus dedos con la boca y los lamió lentamente mientras le miraba a los ojos.

Sus manos se cerraron en el culo de la joven, lo acariciaron y lo estrujaron con fuerza a través de la suave tela del vestido mientras enterraba la cara en el cuello de la joven, aspirando el intenso aroma que emanaba. Lo besó y lo mordió suavemente mientras Akanke acariciaba y tironeaba de su pelo respirando apresuradamente.

Hércules le bajó el tirante del vestido descubriendo uno de sus pechos. Acercó su boca y se metió el pezón, chupándolo con suavidad sintiendo con su lengua como crecía y se endurecía. Un nuevo lametón, un nuevo suspiro de ella, que arrinconada contra la pared, no podía evitar temblar de deseo de la cabeza a los pies.

Hércules volvió a besarla mientras la joven le quitaba la camisa y acariciaba su pecho y su abdomen. Sus cuerpos contactaban y se frotaban controlados por un deseo incontenible. Las manos de Akanke abrieron los pantalones y se colaron en el interior de los calzoncillos palpando su polla con las manos suaves y calientes. Hércules suspiró y agarró los pechos de la joven estrujándoselos, esta vez con más violencia, acuciado por el deseo.

Akanke había liberado su polla y la pajeaba y la frotaba contra el suave tejido que cubría sus muslos devolviéndole los besos e incendiando la piel de su cuello con sus labios.

Incapaz de contenerse un segundo más le arremangó la falda del vestido y separándole las piernas le metió la polla lentamente, disfrutando de cada centímetro de aquel húmedo y cálido pasadizo, disfrutando del prolongado temblor del cuerpo de la joven al sentir su miembro dentro de ella.

Enterró la cabeza en el cuello palpitante de Akanke y agarrándola por las caderas separó su culo ligeramente de la pared y empezó a moverse con suavidad dentro de ella, sintiendo el placer de la joven como si fuera suyo. Su polla, dura como el acero, se abría paso en el delicado coño de la joven enviándole intensos relámpagos de placer.

Akanke envolvió sus caderas con las piernas y sin dejar de gemir se dejó llevar hasta la cama, pero cuando el intentó tumbarla en ella acercó la boca a su la oreja y en susurros le suplicó que se sentase en el borde con ella encima.

Hércules se sentó y observó expectante como ella se soltaba el pelo y le miraba a los ojos intensamente. La joven posó una mano sobre su hombro con suavidad y comenzó a mover sus caderas arriba y abajo apuñalándose profundamente con la polla. Akanke gemía y se retorcía, sus pechos saltaban y su cuerpo se cubría de sudor por el esfuerzo, pero ella no apartaba sus grandes y oscuros ojos de los de él. Hércules observó su mirada velada por el deseo que solo apartó por efecto de un intenso orgasmo. La joven tembló y se paralizó. Hércules la levantó en vilo y siguió follándola ahora con más fuerza.

Cuando la tumbó sobre la cama, la joven encogió las piernas bajo el cuerpo de Hércules y lo rechazó con una sonrisa traviesa. Antes de que Hércules volviese a acercarse se escurrió y lo dejó sentado sobre la cama mientras se quitaba el vestido y exhibía su cuerpo ante él.

Akanke se dio la vuelta y se acercó a la pared. Apoyando las manos en ella, giró la cabeza y le invitó con un gesto a follarla. Hércules se acercó observando cómo los jugos orgásmicos escurrían por el interior de sus muslos. Cogiendo la melena besó su espalda y la penetró de nuevo. Los rápidos empujones hicieron que ella volviera a gemir excitada. Hércules tiró de su pelo obligándola a girar la cabeza y la besó sin dejar de follarla.

Tras deshacer el beso, Akanke adelantó sus caderas dejando que la polla de su amante saliese de su coño. Cuando Hércules intentó volver a penetrarla, ella cogió su polla y la dirigió a su ano. Hércules intentó protestar, no quería abusar del cuerpo de la joven, pero Akanke le miró con ternura y volvió a acercar el glande a la abertura de su ano.

Esta vez fue Hércules el que tembló de arriba abajo. Su miembro atravesó con suavidad el esfínter arrancando a la joven un suave quejido. Le metió la polla hasta el fondo y se quedó quieto acariciándole el pubis con suavidad mientras esperaba que el dolor se mitigase.

Tras unos instantes la joven comenzó a mover las caderas con suavidad y el hizo lo mismo. El culo de la joven estrujaba su polla de una manera deliciosa. Sin poder evitarlo empezó a moverse con más intensidad mientras clavaba sus dedos en el culo y los muslos de su amante. Cuando se dio cuenta estaba follándola con todas sus fuerzas sin dejar de masturbarla. Sus gemidos se mezclaron con los gritos de la joven que se agarraba como podía a la pared pidiéndole que le diese cada vez más hasta que no aguantó más y se corrió.

Akanke se apartó y cogió la polla de Hércules aun estremecida, lamiéndola y masturbándola hasta que los chorreones de semen salieron disparados de su polla salpicando con fuerza el cuello y los pechos de la joven.

Se tumbaron sobre la cama jadeando y sonriendo como tontos. Hubiese querido quedarse allí toda la tarde, follando con aquella oscura gacela, pero tenía que irse a entrenar así que se ducho rápidamente y salió de casa dejando a su amada durmiendo a pierna suelta.

Se sentía tan exaltado que en el entrenamiento casi se deja llevar sin darse cuenta. Afortunadamente se percató justo a tiempo y no envió el balón al cinturón de asteroides. A pesar de que logró concentrarse y rendir adecuadamente en el entrenamiento, sus gestos le delataron y todo el mundo le tomó el pelo y le acosó con un montón de preguntas que él se negó a responder, no sabía si por timidez o por un deseo egoísta de tener a Akanke para él solo.

Tras dos horas extenuantes para todos menos para él, entró en la ducha y antes de que el resto del equipo se organizase para llevarle en contra de su voluntad a la cervecería de siempre, se escurrió fuera del campo de entrenamiento y se dirigió directamente a casa, ansioso de abrazar de nuevo a la mujer que amaba.

***

Por una vez el gran Zeus, el rey de los dioses, era impotente. Maniatado por el acuerdo al que había llegado con el resto de los dioses del Olimpo, observó como su querido hijo llegaba a su casa ilusionado para descubrir que no había nadie en el piso. Apretando los puños hasta que sus nudillos quedaban blancos vio como encontraba la nota de Akanke y arrugándola rompía a llorar.

Se giró y descubrió a Hera mirándolo con curiosidad.

—¡Has sido tú! ¡Tú te las arreglado para que esos cabrones encontrasen a esa mujer con el único objetivo de herir a mi…

—¿A tu qué? —preguntó Hera con un gesto maligno— ¿Acaso hay algo que debas contarme?

Zeus se limitó a resoplar dándole a entender que estaba perdiendo la paciencia.

—Sabes perfectamente que pactamos un acuerdo. No influimos en la vida de los humanos. Y también sabes perfectamente de que si lo hubiese infringido tú te habrías enterado.

Zeus sabía que tenía las manos atadas y observaba impotente como Hércules se tumbaba en su cama hecho un ovillo sin saber qué hacer. Deseó fulminar a los hombres que se habían llevado a la joven. Deseó convertir en polvo a aquella escoria que estaba torturándola y violándola , pero hasta el poder de un Dios era limitado. Estaba seguro de que su esposa estaba detrás de todo aquello. Esa zorra celosa y vengativa sospechaba que Hércules era su hijo y había decidido vengarse.

Lo único que se le ocurría es que hubiese llegado a algún tipo de acuerdo con Hades, el único que se había negado a firmar el acuerdo aduciendo que él estaba más interesado en los muertos que en los vivos.

Hades probablemente no lo haría si no ganase algo con ello. Y solo se le ocurría una cosa que Hades podía querer de su esposa… lo más sangrante es que Hera conocía sus sospechas y se regodeaba en ellas.

Le hubiese gustado pillar a esos dos en la cama follando, les haría pagar muy caro, pero no podía dejarse llevar por su genio. Tenía que concentrarse en su objetivo, tenía que recordar que había engendrado a aquel chico por capricho. La humanidad tenía los días contados sin él.

Durante un instante se le pasó por la cabeza contarle a sus esposa toda la verdad, pero aquella harpía era capaz de contárselo todo a Hades y entonces si que tendría un problema. No se podía imaginar nada que le sedujese más a su hermano que atiborrar sus dominios con toda la humanidad. No le contaría nada a menos que fuese estrictamente necesario.

Volvió a echar un vistazo a su hijo que por fin se había dormido. Lo único que podía hacer por él era proporcionarle un sueño largo y profundo.

Con aflicción vio el cuerpo joven y fuerte, hecho un ovillo, durmiendo con la nota de Akanke echa un ovillo dentro de su puño.

NOTA: Esta es una serie de treinta y seis capítulos, cada uno en una de las categorías de esta web. Trataré de publicar uno cada tres días y al final de cada uno indicaré cual es la categoría del capítulo siguiente. Además, si queréis leer esta serie desde el principio o saber algo más sobre ella, puedes hacerlo en el índice que he publicado en la sección de entrevistas/ info: http://www.todorelatos.com/relato/124900/

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