portada criada2Capítulo 7: De compras.

sin-tituloLos días fueron pasando rápidamente y el color de los moratones también. La joven fue recuperándose poco a poco y menos de una semana después ya parecía totalmente recuperada. Incluso había recuperado algunos kilos extra que hacían sus curvas aun más atractivas.

Hércules se las había arreglado para cuidar de la joven, ir a clase y no perderse demasiados entrenamientos El piso de Hércules era el antiguo piso de estudiante de su abuelo, así que no tenía que compartirlo con nadie y no tuvo necesidad de dar explicaciones. Cuando llegaba, la joven le estaba esperando con un aire entre ansioso y agradecido. Hacia la cena con lo que encontraba en casa o lo que había comprado él y cenaban los dos en la cocina, sin interrupciones, disfrutando de la presencia del otro.

Con el paso de los días Hércules había pasado de sentir lástima por la joven a sentir una irresistible atracción por aquella mujer dulce e increíblemente hermosa. Todavía no podía entender como alguien pudo darle aquella paliza tan horrorosa. Cada vez que lo pensaba la sangre le hervía y sentía la tentación de salir ahí fuera y matar a esos canallas. De haber sabido su identidad dudaba de que pudiese haberse contenido.

Cuando la cena terminó, ambos se acostaron en la vieja cama de su abuelo, ella bajo el acogedor edredón y él encima, abrazándola castamente. Desde el baño no habían vuelto a verse desnudos y pese a que la necesidad de poseer a la mujer era casi física, no se atrevía siquiera a proponer sexo a una mujer que había sufrido tantas vejaciones.

El sábado amaneció frío pero radiante. Ese fin de semana no había partido así que se quedó hasta tarde en la cama. A eso de las diez se levantaron y se prepararon un buen desayuno.

—Creo que es hora de salir a dar un paseo ahí fuera. —dijo Hércules observando como la cara de la joven apenas mostraba rastros de la brutal paliza.

—Yo, no… No creo que pueda. —tartamudeó la joven— Me estarán buscando… No quiero.

—Tranquila. —dijo Hércules abrazándola— Estás conmigo. Conmigo estás segura.

—No los conoces son una gente terrible…

—Tampoco ellos me conocen a mí. —replicó él seguro de sí mismo— Además esta ciudad es muy grande y donde pienso llevarte no creo que te los encuentres.

Ella intentó resistirse, pero él la mandó a vestirse con un tono que no admitía replica. En poco minutos salió vestida con un par de prendas que le había comprado Hércules en un mercadillo. A pesar de que no conjuntaban y ni siquiera eran su talla a él le pareció que estaba preciosa. La joven se dio cuenta de la mirada de Hércules y sonrió tímidamente.

Cuando salió por la puerta, Akanke miró a uno y otro lado como si esperase que unos energúmenos apareciesen por la esquina para llevársela. Hércules la cogió por los hombros para darle un poco de confianza y la ayudó a subir al coche.

En menos de veinte minutos estaban en el centro. Natalia ya les estaba esperando impecablemente vestida y con ese aire de seguridad y eficiencia que desprenden todos los asesores de imagen. Natalia era una vieja amiga de su madre y una de las mejores personal shopper de la ciudad. En cuanto vio a la joven se mostró admirada de su belleza y horrorizada con su vestimenta.

Durante las siguientes tres horas Akanke estuvo probando y comprándose ropa siguiendo los consejos de la mujer mientras Hércules se limitaba a pasear por las tiendas con aire ausente. Poco a poco Akanke empezó a sentirse segura y hasta disfrutó del día de compras. Cada vez que Hércules sacaba la tarjeta, la joven decía que no necesitaba tanta ropa y que se sentía un poco avergonzada, pero él insistía y hacía señas a Natalia para que se la llevara mientras el cargaba con las bolsas. Aquella ropa no compensaría sus sufrimientos, pero si conseguía que Akanke se olvidara de ellos, al menos por unos segundos, el dinero estaría bien empleado.

Cuando terminaron eran casi las dos de la tarde y Akanke, a pesar de haberlo pasado muy bien, daba muestras de cansancio. Tomaron un café cerca de la última tienda dónde habían estado y se despidieron de Natalia. De camino a casa, con el maletero hasta arriba de ropa, Akanke aunque agotada, seguía mirando hacia atrás acosada por los fantasmas de su pasado. Hércules no le dio importancia y pensó que con el tiempo se sentiría más confiada y el hábito terminaría por desaparecer.

Cuando finalmente llegaron a casa hasta Hércules se sentía agotado. Encargaron un poco de comida por teléfono, comieron sopa de marisco y alitas de pollo y se tumbaron en el sofá.

Se despertaron con el sol ya bajo en el horizonte. La habitación estaba en penumbra y la televisión funcionaba con el volumen al mínimo. Tras desperezarse Akanke le dijo que esperase en el sofá que iba a ponerse uno de los conjuntos que había comprado para que lo viese.

Hércules esperaba sentado en un viejo sofá de orejas que apareciese con alguno de los espectaculares vestidos que había comprado, pero la joven apareció llevando únicamente un sujetador, un escueto tanga de seda blanca y unas sandalias de tacón plateadas.

—Akanke, de veras que no hace falta…

—Calla —dijo ella poniéndole el dedo en los labios y arrodillándose frente a él— Es la primera vez que voy a hacer esto en mi vida por gusto y no porque este obligada o por dinero.

Hércules intentó negarse de nuevo, pero la generosa porción de los pechos de Akanke que le permitía ver el sujetador acabaron con su voluntad y dejó que la joven le recorriese la entrepierna con unas manos de dedos largos, finos y suaves.

Su polla reaccionó casi inmediatamente poniéndose dura como el acero. La joven sonrió y abrió los pantalones liberando el miembro de Hércules de la prisión de sus calzoncillos. Con lentitud fue bajando los pantalones y la ropa interior, besando y mordisqueando las piernas de Hércules, hasta que dejarlos enrollados en torno a sus tobillos.

Akanke posó sus manos largas y finas sobre los reposabrazos del sofá y se fue incorporando lentamente hasta que sus labios gruesos y seductores tropezaron con los huevos de Hércules haciendo que este se estremeciese.

Aquellos labios cálidos y seductores recorrieron el tronco de su polla y besaron con suavidad el glande antes de seguir trepando por sus abdominales y sus pectorales. A medida que se incorporaba el cuerpo y los pechos de la joven rozaban su piel inflamándola y haciendo que el deseo aumentase hasta casi hacerse doloroso.

Mordiéndose el labio inferior, se separó y se puso de pie, dejando que admirase su cuerpo a placer antes de inclinarse sobre él y darle un beso largo y suave. Sus labios se entrelazaron con los de ella. Los tanteó y los saboreó con lentitud mientras sus ojos se fijaban en aquellos pechos grandes y oscuros que pugnaban por salir del níveo sujetador.

Finalmente abrieron la boca y sus lenguas se tocaron. Akanke gimió quedamente y se sentó sobre Hércules. Agarró a Hércules por la nuca y sin separar sus labios de los de él, comenzó a mover las caderas con lentitud rozando la polla del hombre con sus diminutas braguitas.

Jamás había sentido nada parecido. Por primera vez en su vida sentía la necesidad física de hacer el amor con un hombre. Notaba como su coño se empapaba con cada roce, cada caricia y cada beso. Las manos de Hércules la rodearon acariciando su melena y su espalda antes de soltarle el sujetador.

Por primera vez un hombre acarició sus pechos con delicadeza y no los estrujaba y los golpeaba o retorcía dolorosamente sus pezones como sus antiguos clientes solían hacer.

Con un escalofrío, la joven se zafó del abrazo y se arrodilló de nuevo frente a él. Sus dedos delgados y finos atraparon el tronco de su polla y la acariciaron suavemente haciendo que su miembro se estremeciera hambriento.

Akanke sonrió y acercó su boca a la punta de su glande. La sensación fue inigualable cuando lo suaves labios contactaron con la sensible piel de su polla. Hércules alargó las manos hacia la cabeza de la joven y le recogió la melena con ellas para poder ver como lamía con suavidad su miembro antes de metérselo en la boca.

La calidez y la humedad de la boca de Akanke unida a las suaves caricias de su lengua casi hicieron que perdiese el control. Respirando profundamente logró controlarse mientras la joven subía y bajaba por su miembro acompañando los movimientos de su boca con las caricias de aquellos dedos largos y suaves en los huevos y la base de su miembro.

Akanke apartó las manos de los testículos del hombre para posarlas sobre su abdomen y así sentir las involuntarias contracciones de sus músculos por efecto del intenso placer que le estaba originando.

Cada vez más excitado comenzó a mover con suavidad sus caderas mientras la joven se quedaba quieta y chupaba su miembro con fuerza hasta que con unos gemidos le indicó que estaba a punto de correrse.

La joven apartó la boca y siguió pajeando la polla de Hércules hasta que este no pudo más y se corrió con un ahogado quejido. El semen salpicó las manos y el busto de la joven haciendo contraste con la oscuridad de su piel.

Hércules se irguió y desembarazándose de los pantalones la cogió en brazos y la llevó al dormitorio. Akanke respiraba entrecortadamente dominada por la excitación. Cuando la dejó sobre la cama se quedó allí tumbada de lado con las piernas encogidas. Él se acercó y le acarició con suavidad los muslos y el culo hasta que la joven se giró y abrió las piernas suspirando nerviosa.

Sus labios se acercaron a su sexo y lo besaron con suavidad haciendo que la joven se retorciese. Los labios de la vulva hinchados y abiertos rezumaban flujos que Hércules recogía y saboreaba con deleite.

Jamás había sentido un placer similar, Akanke gemía y tiraba del pelo de Hércules mientras este recorría desde su clítoris hasta la entrada de su ano con su lengua. El calor y la suavidad de la boca de su amante hicieron que su sexo hirviese y el placer irradiase desde su pubis hasta el último recoveco de su cuerpo haciendo que su espalda se combase y todos sus músculos se contrajesen de la cabeza a la punta de los pies.

Recorrida por un tumulto de sensaciones la joven se dio la vuelta y separó las piernas dejando que los dedos de Hércules la penetrasen. En ese momento su amante exploró su sexo con paciencia hasta que encontró lo que buscaba. Akanke gritó y se agarró a las sábana con desesperación mientras él continuaba estimulando su zona más sensible mientras le acariciaba el pubis con la lengua.

La joven no aguantó más que unos segundos arrasada por el primer orgasmo que sentía en su vida. Gimiendo y jadeando se derrumbó agotada mientras Hércules se tumbaba a su lado y apartándole el pelo húmedo de la cara la besaba de nuevo…

***

Hades observó a la pareja dormir abrazada después de haber hecho el amor. Desde su nacimiento había seguido la vida de Hércules con curiosidad. Como crecía y maduraba hasta convertirse en un joven amable y desenvuelto que no carecía de atractivo físico. Las chicas se lo rifaban y él había tenido relaciones fugaces, nada serio hasta que esa joven se había cruzado en su vida por azar. Eso era amor verdadero y cumpliendo el trato que había cerrado con Hera tendría que destruirlo. Era injusto, aquella joven nunca había tenido suerte y ahora que por fin parecía que todo se iba a arreglar, intervendría él. Por un momento se le pasó por la cabeza tratar de convencer a Hera, pero luego pensó en lo aburrido que había estado el Olimpo estos últimos siglos. Quizás una buena pelea entre Hera y Zeus animaría un poco el cotarro y quién sabía cómo podía acabar aquello. Así que borró la imagen de la joven prostituta de su mente y comenzó a hacer preparativos.

NOTA: Esta es una serie de treinta y seis capítulos, cada uno en una de las categorías de esta web. Trataré de publicar uno cada tres días y al final de cada uno indicaré cual es la categoría del capítulo siguiente. Además, si queréis leer esta serie desde el principio o saber algo más sobre ella, puedes hacerlo en el índice que he publicado en la sección de entrevistas/ info: http://www.todorelatos.com/relato/124900/

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