Don Carlos es un anciano ya mayor, jubilado años atrás, viudo, y que desde hace unos meses sufre los achaques del incipiente Alzheimer. Algunas mañanas se levanta totalmente desorientado y, como la progresión del mal parece ir a más, su hija decidió tomar algunas medidas para procurarle los mejores cuidados. Como su hija casada y con hijos no podía hacerse cargo de él, acordó contratar a una asistenta para vigilar al cansado abuelo Don Carlos.

Sin embargo, con tantos ancianos víctimas de dolencias, el mercado de cuidadoras especializadas era ya inexistente, y a la hija de Don Carlos no le quedó más remedio que contratar a una joven muchachita llamada Gloria de diecinueve años, quien había puesto un anuncio en Internet como cuidadora de familiares mayores porque necesitaba el dinero en casa. Pese a la juventud de Gloria en la entrevista, la mujer la puso a trabajar en un horario de tardes, ya que confiaba en que la chica iría aprendiendo. Y mejor aún, parecían entenderse bien.

La tarde veraniega donde se sitúa la historia, Gloria llega puntual a la hora acordada a casa del anciano. Don Carlos espera viendo en la tele la vuelta ciclista, sin demasiado interés. Su atención está puesta en otro sitio, y es que desde que le asignaron a aquella jovencita no puede pensar en otra cosa. Sus lagunas en la memoria afectan ya a sus familiares y amigos, pero la imagen de cada una de las sonrisas y los vestidos de la cuidadora que día tras día le atiende los recuerda perfectamente.

– Hola, Don Carlos, ¿cómo va la tarde? – saluda la chica mientras se guarda la copia de las llaves del piso en su bolso. Pasa al salón y deja el bolso en el sofá, cerca del anciano. Gloria ha venido hoy con un vestido amarillo claro, de flores estampadas, con un diseño muy inocente. Pero a la vez el vestido es bastante sugerente, ya que le forma escote y deja sus piernas y parte de los muslos al aire, realzando el cuerpo de la adolescente.

– Hola, guapa – saluda Don Carlos con una sonrisa muy sincera al bellezón que tiene delante – Yo viendo la tele, ya sabes, poca cosa. ¿Tienes tú alguna novedad?

Gloria piensa en un chico que conoció ayer mientras paseaba con sus amigas. Ellas le dijeron que se lo presentaban, pero ella se negó. No por vergüenza, en realidad, no le gustaban nada los chicos de su edad, le parecían puros críos. A ella le gustaban más adultos, aunque no tanto como aquél viejales claro. De todas formas, pasar el tiempo con Don Carlos era una buena forma de sentirse a gusto con gente más madura. Además de que le pagaban, le agradaba ir.

– No, ayer salí con mis amigas, pero no hicimos nada especial – dice la joven, moviendo sus cabellos castaños acompañándolos con una espléndida sonrisa de dientes blancos y encerrados en unos jugosos labios color cereza. Sus inocentes y grandes ojos marrones claros se abren y cierran, revoloteando sus alargadas pestañas.

Don Carlos tiene un papel en la mano, Gloria sabe que es uno de los que suele emplear para garabatear a boli lo que necesita de la farmacia. Mientras escribe, la chica va a la cocina a coger fruta y zumo para que el abuelo meriende. La chica es más alta que la media de las mujeres a su edad a pesar de no llevar tacones, y su figura es esbelta y fina. Sólo su delantera y su trasero, que son hinchados, marcan pronunciadas curvas en su talla.

-Gloria, te he apuntado aquí lo que necesito, te lo dejo en el bolso – mete el papel en el bolso rojo de la chica – Quizás convendría que me lo compraras ya y así me tomo las pastillas merendando.

En ese papel hay una novedad preparada para esa tarde, pero Gloria no sospecha nada. Coge su bolso y la lista.

– Puede ir tomando la fruta, vengo ahora mismo – Gloria sale de la casa tirando de la puerta, por fortuna la farmacia está a la vuelta de la esquina.

Da a la farmacéutica la lista mientras repasa lo que tiene que hacer esa tarde: medicación con la merienda, estar un rato con Don Carlos hablando hasta que se eche la siesta, y después aprovechar para limpiar el salón y el baño, así hasta la cena, que también se la dejará preparada.

Coge la bolsa con las cajas de la medicación y sube de nuevo al piso.

– Justo a tiempo, qué rápida has sido, Gloria

– ¡Sí! – dice ella mientras se relaja, dejando el bolso en la mesa. Se acerca al sofá y mecánicamente saca las pastillas de las cajas y las deja en la palma de su mano. Gloria se para a mirar y cuenta, son tres de las pastillas que toma siempre, pero esa tarde hay una cuarta pastilla azul brillante nueva – Bien, tome el zumo y vamos a tragarlas, Don Carlos.

Obediente, el anciano bebe el zumo y traga las cuatro pastillas que le ofrece su cuidadora, bebiendo más aún para ayudar a tragarlas. Sin problema.

– Ah… Don Carlos, ¿había una pastilla nueva verdad? Una azul… – pregunta.

– Sí, Gloria, una nueva que el médico me ha mandado justo esta mañana – dice muy tranquilo.

Tras tomar una manzana, deja la bandeja a un lado y Gloria lo recoge todo. Pero no tiene tiempo de llevar la bandeja al fregadero, ya que Don Carlos suelta un extraño quejido. Se vuelve y se lo encuentra encogido sobre sí mismo, con las manos sobre la tripa.

-Pero… ¿¿qué está pasando, Don Carlos?? ¿Está usted bien?

– Ayy… – se queja el abuelo – noto como un pinchazo fuerte en la tripa…

A Gloria se le ilumina la mente, ¿será un efecto adverso de la nueva medicación? Corre a revisar la medicación que abrió sin pensar, por pura costumbre.

– ¡Don Carlos! Esta caja es de Viagra, ¡se ha tomado usted una pastilla! – dice muy sorprendida y asustada, no sabe cómo eso puede influir en su salud – Ah, ¿qué debo hacer? Llamo a su hija a ver qué puede decirme…

Don Carlos aparta el móvil y lo aleja de las manos de la chica.

– No, Gloria, no hace falta pedir ayuda, tú eres mi asistenta y esta es tu responsabilidad – Gloria no puede evitar sentirse algo culpable, no ha revisado los medicamentos… Tampoco entiende la presencia de esas pastillas en la lista de la compra – Es fácil, solo tenemos que intentar que esto se baje, solo hay que disipar el dolor punzante. Tengo que aliviarme…

Don Carlos se revuelve en el sofá, desatando su cinturón y abre su feo pantalón de color beige bajándolo un poco por las piernas.

– Ay, Don Carlos, ¿qué hace? -dice la chica cubriéndose la cara con las manos, pero no pierde ojo a lo que ocurre. Ve un calzón viejo y gris que parece muy hinchado, y al momento desparece con un movimiento. Al momento sale de debajo un hinchado pene, de más de veinte centímetros y de un grosor consideraba con una erección plena y muy rígida. Pese a la avanzada edad del abuelo Don Carlos, Gloria no esperaba ver un sexo tan espléndido y enorme, ese órgano parece estar mucho mejor que el resto del cuerpo del viejo.

Al momento, Don Carlos empieza a acariciarla con su mano, recorre el glande y el largo tronco, ante la parálisis de su asistenta.

– Ah, niña, noto como me duele, está demasiado dura, me pincha… Tengo que bajar la hinchazón cuanto antes… Perdón por acariciarme – en la cara de Don Carlos ella parece apreciar un sincero dolor que le consume – Tengo un intenso calor… – Don Carlos comienza a quitarse los botones de su camisa roja a cuadros, descubriendo un torso muy velludo y encanecido.

Los movimientos de los dedos de Don Carlos son torpes acariciando su miembro, por lo que no tarda en sugerir:

– Gloria, pequeña… ¿Podrías tú hacer lo mismo? Tus manos son más jóvenes y hábiles que las mías.

– Sí, sí, claro… – la adolescente está asustada porque todo esto pueda ser culpa suya y porque la salud del viejo pueda empeorar, dejando fuera sus reparos, toma con ambas manos la gruesa verga del anciano y comienza a tocarla. La nota dura como una piedra y además está muy caliente. Mueve lenta pero decididamente la piel del órgano hacia delante y hacia atrás, en un rico masaje. Roza los vellos púbicos del viejo, que son abundantes.

Don Carlos se baja del todo el pantalón y se queda desnudo completamente, mientras seguía el buen masaje de su asistenta.

– ¡Ay! ¡Gloria!… yo noto como una especie de bloqueo…

– ¿¿Qué??… ¿Qué bloqueo? – dice ella poniéndole una mano en el pecho velludo para notar su corazón.

– No, tranquila, no es algo del corazón. Pero sí, es algo como interno… Es como si por mucho masaje que reciba no va a más… Como que necesito… algo extra como para estar más a gusto…

– No…no sé….yo…qué más podré hacer… .- dice Gloria muy nerviosa.

– Es porque cuando se alivia así… Uno necesita un fuerte estimulo que le ayude y le de fuerza adicional. Es estímulo en concreto es ver a una mujer desnuda y – dice paladeando sus palabras con una mirada realmente enferma – Eres la única mujer que hay aquí, Gloria…

Segundos pasan ante la indecisión que se lleva a cabo en la mente de la jovencita, hasta que dice:

– Es… está bien – dice ella mirando hacia abajo – Un segundo…

Se incorpora un poco sentándose sobre el sofá y toma su vestido por encima de los muslos. Lo va levantando con lentitud, ella no se da cuenta de que crea un exceso de sensualidad al desnudarse y descubrir su ropa interior negra. Nota como el viejo la observa, esperando algo más, pero se siente confiada por un lado, mientras que por el otro la urgencia no se hace esperar. Lleva las manos contra sus pechos, vigilando que el estado de Don Carlos no empeore. Él sigue agitando su polla durante el provocativo desnudo de su atractiva cuidadora.

Desprende el broche de atrás con sus finos dedos y Gloria se quita el sujetador por la parte delantera, aunque cubre un poco sus pechos con las manos llena de vergüenza. Se queda sólo en tanga, una prenda cara hecha de un tejido negro fino con transparencias y con un lacito rojo minúsculo en la parte superior.

Don Carlos la mira comiéndosela con los ojos, la chica tiene una figura finísima y estilizada, y los pechos son de buen tamaño, como el tantas veces había imaginado en sus masturbaciones por las noches.

– Bien, parece que esto me va bien Gloria, me noto mejor. Pero, a ver, quítate las manos del torso…

– ¿Sí? Uff – respira ella aliviada – Menos mal, me he asustado mucho, qué susto – En señal de alivio, descubre sus pechos y deja las manos a ambos lados de su cuerpo.

Don Carlos le mira las tetas sin complejos, están bien grandecitas para lo delgada que es Gloria. Son bien redondas y centradas, los pezones son de buen tamaño, morenitos como a él le gustan…

– Cielo… Qué bella. Sigue masajeando por favor. Y acércate, dame un poco de calor porque tengo frio…

Ella se acerca, sigue masturbando al viejo de forma cuidadosa, pero sin detenerse, sabe que él necesita ayuda, pobrecito. Don Carlos aprovecha para tocar su espalda, su vientre… Poco a poco, hace que la jovencita se sienta acostumbrada a ser sobada. Gloria nota el tacto de la mano mientras sigue masturbando la polla aún durísima.

– Está dura, ¿verdad? – pregunta el viejo – No debería estarlo… hay que bajar esta hinchazón de alguna manera – añade mientras le toca los pechos, los masajea muy sensualmente – Ay, que jovencita y hermosa que eres. – La chica responde con suspiros tímidos que van ganando confianza, mientras se han endurecido sus pezones.

– Ay glorita, no se me pasa creo que estoy peor… necesito una mujer mas desnuda aún…

– No… no sé qué más puedo hacer, Don Carlos

– Gloria, guapa, quítate esa tela que te queda y enséñame… Es lo único que me puede ayudar. No tardes, hazlo pronto.

Ella asiente. Aunque está algo nerviosa, posa sus manos en las caderas y plegando las piernas baja el tanga hasta que desaparece por los tobillos y queda en el suelo. Se queda con los muslos algo cerraditos.

– ¿Qué es eso que tienes ahí, Gloria? Ya no veo bien por mi cansada vista, ¿puedes abrirte un poco y acércamelo? Descríbeme qué es…

– Es mi rajita…. y está sin pelito – le digo tímida y entrecortada.

– ¿Depilada? Déjame tocarla – dice

– Sí, Don Carlos, venga aquí – y guía con su mano a su compañero.

El viejecito acerca sus dedos temblorosos a su sexo. La acaricia primero reconociéndola, y después con la experiencia propia de su edad, comienza a manipularla. Le acaricia el clítoris con movimientos circulares y mueve sensualmente los pliegues vaginales tan tiernos de esa mujercita. Gloria responde con jadeos que no puede reprimir.

– Vaya, no me acordaba de una así… – dice Don Carlos, quien hacía décadas que no tocaba un coñito tan joven y prieto. En su recorrido sobre sus sensibles labios, hunde un dedo a media altura, provocando que ella gima aún más alto, y haciendo un descubrimiento.

– Glorita mía, aquí estás como muy húmeda… ¿eso está bien?

– Ohhh… Don Carlos… ¿qué diceeee?… mmmmm – suspira la jovencita en medio del masaje placentero que le da a su intimidad.

Tras unos minutos de toqueteos, y tras dejar a Gloria bien lubricada y sensible, Don Carlos le llama:

– Ah, pequeña… algo va mal, atiéndeme – lleva la atención a su enhiesta polla, enrojecida – Me sigue doliendo.

– Sí, sí…- se vuelve a arrodillar a un lado para estar pendiente de su paciente y con una mano vuelve a masturbarle.

Notando una insuficiencia en el trabajo manual de la joven, el abuelo decide que amplíe su intervención.

– Yo creo que hay que lubricarla… mojarla de alguna forma para que vaya a menos. Glorita, prueba con algo de saliva…

– ¿Qué? – reacciona sorprendida la joven cuidadora – No… yo…. no puedo yo… – susurra mirándole y notando como Don Carlos juguetea con sus cabellos.

– Escupe algo de tu saliva y distribúyela con tus dedos, nena – Gloria realiza exactamente lo que se le pide, acerca bien su boca para que no se caiga y deja caer la saliva encima del órgano, pero cuando va a extenderla con sus dedos el viejo vuelve a interrumpirla

– No, Gloria, hazlo con mayor precisión… – dice mientas le agarra la cabecita por la nuca y le agacha la cabeza sobre sus partes bajas – Hazlo ahora con la lengua, así es mejor.

Ella baja más la cabeza, abre su boca y saca la punta de la lengua, la desliza sobre el hinchado glande… No se esperaba que esa piel fuera así de suave.

– Ay, Gloria, así nena, se ha sentido muy bien, vuelve a chupar sin timidez.

La joven, intrigada por el tacto y también por el ácido sabor del pene que ahora degusta, baja más la lengua por el contorno del tronco, surcando las venas y ensalivando la dura estaca.

– Mmm cariño, así es perfecto – dice el viejo, que se ha tumbado ya cómodamente y disfruta teniendo cogida a Gloria por la nuca – Gloria, es mejor que si puedes me la aprietes de alguna forma. No sé, quizás dentro de esa boca tuya este un poquito más apretada…

La joven asiente, abre su boca y deja deslizar dentro de ella parte de la polla.

– Mira… En el prospecto me dicen que necesito para rebajar esta erección dos expulsiones… Podemos lograrlo, cariño… Parece que ahora va mejor así.

Vuelve a asentir Gloria, a cuatro patas sobre el sofá, con la cabeza hundida entre los velludos muslos del abuelo, sigue su trabajo muy concentrada mientras los jadeos de Don Carlos son cada vez más altos.

– Ahhh, pequeña Gloria mmm… Solo un poquito maaas… – dice el anciano mientras Gloria asiente y sigue chupando – Llévatela más adentro y chupa más fuerte, por favor, creo que si no me va a dar algo…

Todo lo que puede lleva la chica la polla dentro de su cavidad bucal, realizando cada vez movimientos circulares con la lengua que oprimen con fuerza el sexo de su macho. La velocidad y ansia se aceleran, la mamada se ejecuta ya con buena habilidad, la chica ha aprendido a complacer a su viejito. Y ella, de alguna forma, también disfruta lo suyo, siente ricas pulsaciones en su vagina húmeda cuanto más chupa y chupa. Le cuesta respirar con algo tan grande dentro, y en la comida también intenta respirar por la boca para no ahogarse.

– Aaahhh, joder, Glorita… qué bien me la chupaaas aaahh… Sigue…

No tarda Don Carlos en estremecerse y convulsionarse gravemente, aún con la cabeza de Gloria entre las piernas, arde en un calor que ha estado almacenado en sus testículos durante mucho tiempo. Gime y jadea alto, con fuerza, mientras apremia a la chica, pero no la avisa…

– ¡AHH! ¡Tomaaa Gloriaaaa, trágate mi lefaaa! – grita cuando ya es tarde.

El viejo lo echa todo dentro de la boca de la sorprendida jovencita. Una gran corrida de semen blanquecino y lechoso brota de repente violentamente e inunda su boquita. Ella intenta recogerlo todo con la lengua, mientras otros regueros acuden detrás y a la chica no le queda más remedio que ir tragándolo por su garganta, intentando no ahogarse. Es demasiado. Algo de semen desborda sus labios y caen gotas manchando sensualmente su barbilla.

Una vez vaciado completamente, el viejo le aparta la cabeza y ella traga todo su sabroso contenido, teniendo cuidado de recoger con sus dedos y lengua lo que ha salido fuera. Le gusta aquél sabor…

– Mmm… Gloria, ¿estás bien, ricura?

– Sí… yo sí… – Asiente ella sonriendo – ¿Y usted Don Carlos?

– No, mira… – dice señalándose la verga – Me sigue igual de dura y me pica bastante… Seguro que hasta la segunda expulsión no baja, tenemos que alcanzarla.

– Sí…¿Quieres que siga?

– No, Gloria, no servirá… Necesito ahora algo más apretado que tu boca

La chica termina su acción sin saber que quiere decir su paciente. Sigue a su lado en el sofá, sentada muy cerca y girada hacia él. Don Carlos vuelve a acariciar su rajita… Muy profesionalmente, mientras Gloria apoya su mano en su hombro y suspira abriéndose un poco de piernas. El maduro acaricia sus pliegues durante mucho rato, sin pensar en nada más. Entre sus envejecidos dedos vuelve a sentir su humedad empapándole las yemas…

– Ahh… Gloria, esto parece apretado, creo que podría servir – dice muy suavemente mientras extrae sus dedos de la vagina – Túmbate, cariño, me vas a ayudar.

– ¿Qué….? Pe…pero… Don Carlos… yo no… no tomo nada… – dice mientras él va empujándola para tumbarla cómodamente en el sofá.

– Tomar de qué, cariño, no sé de qué me hablas… – dice mientras se acaricia la polla y pone las bellas piernas de la chica a ambos lados de él, muy separadas entre sí.

– Podría dejarme embarazada… Don Carlos… no….. por favor… – comenta ella atemorizada, mientras se encuentra ya recostada y lista para la acción.

– No sabes de lo que estás hablando… Gloria, yo no tengo edad ya para procrear – dice riéndose, aunque sabiendo que miente porque no puede demostrar eso – No puede ser más seguro todo esto, tranquila.

– ¿¿No??… Pero….yo…yo pensaba… – dice nerviosa, suspirando y notando como el sexo se roza contra su intimidad.

– Gloria, relájate – dice Don Carlos apoyándole una mano en el vientre para que la chica no se incorpore. El viejo apoya su glande sobre sus labios vaginales, ante un nuevo suspiro que se escapa de ella. – Vamos allá Gloria rica, a ver si me curo con esto.

La chica apoya sus manos en el torso del viejo, invitándole a que se detenga o al menos le escuche. Su expresión es muy tierna, sus mejillas están encendidas como si le costara hablar.

– Yo… Don Carlos… Esta es mi primera vez… No sé si debo… yo… con usted…

– Ooohhh, eres virgen, ¿niña? – Don Carlos no se puede creer su inmensa suerte, va a desflorar a una bellísima chica que es toda suya, ella le recordará siempre. Aparta las manitas de Gloria de su torso y las deja a ambos lados, no es momento de permitir ninguna duda a la jovencísima doncella, no puede dejar que se eche atrás.

– De verdad… Don Carlos… Yo… Como que prefiero esperar… – la jovencita aún balbucea excusas, lo cual sólo enciende más las ganas del maduro.

Don Carlos parece tenerla un poco grande para lo que una virgen podría soportar, pero clava con decisión su aparato entre los labios húmedos de la chica y empuja. Nota a la joven apretada y fina, sus músculos están algo tensos, pero insiste y la continúa abriendo. Gloria nota algo de escozor, observa cómo abajo la pelvis del viejo cada vez se une más a la suya y el bravo aparato se mete en su interior. Incómoda, intenta quejarse, pero acaba soltando un horroroso gran grito: acaba de destrozarle el himen.

– ¡AAAAAAYYY! ¡NOOO! – grita, los preciosos ojos de Gloria desbordan lágrimas saladas – ¡Me duele! ¡Me duele mucho, sáquelo!

La chica se retuerce y gime de dolor, Don Carlos paladea su triunfo y clava más a fondo su tronco dentro de la exuberante Glorita, hasta que la joven la tiene toda dentro de su vaina. La chica suspira y gime molesta, es cierto que era grande, se siente muy abierta. Don Carlos empieza a sacar y meter su polla, tiene que trabajar un poco la vagina de Gloria para que acoja mejor su herramienta, entre tanto roce se abre paso en ella la vagina se distiende y hace más cómodas las penetraciones.

La ya no virgen Gloria gime y arquea su espalda.

– ¿Te gusta, Gloria? Ahh, ya eres mujer… – dice Don Carlos comiéndosela con la mirada.

– Si… si ohh… uff – jadea Gloria, que ya parece haber superado las molestias.

Cómodamente, Don Carlos se recuesta sobre ella, sintiendo más de cerca su piel, restregándose contra sus buenísimas tetas, las mueve a su voluntad, disfrutando esos juveniles globos de carne que ha conquistado.

– Ahhh, sí, ricooo – gime Gloria cada vez que siente como esa polla madura la penetra – Ah… ¿va estando usted mejor? Mmmmm… ¿¿Le sigue doliendo??

– Ah, no, cielo, creo que voy mejor, solo un poco más, ¡aah, más! – responde empujando, entre ruidos de succión mientras follan. Don Carlos la empala hasta el fondo y con contundencia, enterrando bien su aparato hasta que los huevos chocan contra las ingles de su jovencísima amante. Sin duda, Glorita es una apetecible presa y le está dando el mejor rato de su vida, ahora ella está sudando y despeinada, acogiendo el taladro que entra y sale de ella.

– Aaahh, aaaah, mmmm… – Gloria gime automáticamente, pero tiene un momento de preocupación y le pregunta – Esto… mmm… ¿se…seguro que no puede preñarme? Aaahhh, mmmm…. No quisiera quedarme embarazada… Don Carlos… Aaaah, aaah mmm…

– Gloria, mmm, uff, deja ya eso, me lo han dicho los médicos, Glorita… nada de nada… – repite Don Carlos un poco molesto, pero se olvida pronto y continua centrado en imprimir un buen ritmo a las caderas de la chica, que responde bien a sus palabras y cruza las piernas por detrás de la extensa espalda del viejo, como si quisiera atraerle aún más.

– ¡Déme, déme más! – pide la joven, casi desesperada. Don Carlos obedece a sus calientes jadeos con más y más fuerza sexual, embiste como una bestia, revienta a la jovencita a cada empujón y la mueve a la vez que el sofá que les lleva a ambos también se tambalea. Eso descoloca a Gloria, cuyas hormonas la hacen calentarse cada vez más, y deja follarse con toda la fuerza que le aplica Don Carlos.

Gloria mueve atléticamente la pelvis, levanta el culito, sacudida por las frenéticas serruchadas de ese maduro, que la hace brincar, realmente la folla con toda la fuerza de un musculado joven de gimnasio, está impresionada. Y la sangre ya le hierve, después de tanto sexo, ya ella se siente ir…

– ¡Ahhh, yaa! ¡Don Carlos, yaaa! ¡Sí, sí, me corrooooo!! – grita desesperada, agarrándose como puede al sofá y tirándose del pelo como loca, tiene un gran orgasmo y su coñito encharca por completo la polla con sus fluidos. Sigue moviéndose, mientras Don Carlos la sigue montando ahora con más brío, fascinado por haber hecho que una jovencita así se haya derretido sexualmente en su sofá, eso le enciende al máximo, acelera sus ganas de correrse.

Aún jadeando débilmente, Gloria se queda tumbada, está muy ida, sin pensar en nada… Pero Don Carlos no se detiene:

– Cariño, Glorita mía, voy a echártelo dentro – dice ya muy cachondo.

Gloria mira al techo como si mirara al infinito, no es consciente de nada, se deja llevar y confía en Don Carlos. Este se la clava a ella lo más profundo que puede, son sus últimos segundos antes de culminar… Y ya, por fin, nota el ardor recorrerle la virilidad, el momento es inconfundible.

– ¡¡SÍ… AAAAAH!! – nota el viejo un orgasmo mayor si cabe que el anterior – Mmm… AHHH… Toma glorita miaaaaa, ¡toma mi lecheeee!

Como acto reflejo, Gloria arquea su espalda al sentirse llenada hasta arriba de una sustancia cálida que es expulsada a varias sacudidas, son unos cuantos los regueros lechosos y densos que Don Carlos eyacula dentro de la fértil muchachita. Ella mantiene los ojos cerrados mientras la nota verterse dentro y siente escalofríos de auténtico placer al ser llenada. Una vez Don Carlos ha soltado hasta la última gota de su hombría en el cáliz de la primeriza, una vez se ha descargado a tope, se desacopla y admira desde arriba ese cuerpo de ángel mientras se recupera…

– Aaah… Gloria, Dios, que polvazo mmm… Me haces muy feliz…

Gloria suspira sonriendo tímidamente, aún tumbada en el sofá de forma presumida, nota su interior bien encharcado. Al cabo de unos segundos, de su matriz sale parte del líquido del macho, que cae afuera provocando una excitante imagen, aunque en su cuerpo sigue almacenando aún bastante. Sigue mirando hacia el techo, sólo que ahora Don Carlos ocupa su campo de visión.

– Desde el primer día quise hacer esto, menudo polvazo, Dios. Y tú también has disfrutado, ¿verdad? No mientas. Te has comportado como si quisieras hacer todo lo que has hecho.

– Sí. – reconoce ella – ¡Sí! Me ha gustado mucho, Don Carlos. Ufff… que sensación…- jadea aún con la respiración acelerada…Gloria no puede creerse que ha follado con un viejo, un auténtico viejo que casi tiene cuatro veces su edad. Y eso que ha sido su sagrada primera vez… ¡y sin condón!

El maduro desvirgado observa el cuerpazo que gasta esa bellísima mujercita que acaba de beneficiarse, y descubre entre los muslos de Gloria una manchita en la tela del sofá, de un rojo brillante, que queda allí como una firma, como la prueba de la virginidad arrebatada. Sonríe de pura felicidad, esa es su conquista, sus pensamientos gritan de alegría “Sí, me he follado a la Gloria, joder, desde que entró en casa soñaba a diario con ello. Y la niña era aún virgen, qué preciosidad, se ha entregado a mí aún íntegra y pura… Me la he follado a placer y sin ningún tipo de absurda protección”.

– Ah… mi sueño de toda la vida, sí Glorita, eres mi sueño… – dice con fascinación.

Gloria le escucha y sonríe tímida. Su bello cuerpo desnudo tirado sobre el sofá vuelve a llamar a Don Carlos hacia el deseo.

Pasaban los días, la pequeña Gloria y el muy mayor Don Carlos follaban siempre varias veces en las horas de cuidado del anciano. Y follaban como auténticos animales.

– Aaah, Glorita, yo creo que te amo, pequeña. – dice el viejo mientras se folla a la adolescente que pega botes sobre él – ¡¡Aaaah, ya, YA, tómalo!! – digo mientras le vuelve a inseminar el coñito tras otro brutal polvo. Gloria se encoge de gusto al recibir esa semilla segura en su cáliz, se menea en círculos…

– ¡¡AAAAH, SIII; ¡Don Carlos, échemelo todo!! – decía relamiéndose de gusto – ¡¡Le amooo!!

Y así pasaron los días de cuidados. En todo momento, la inocente y servicial Gloria se entregaba a su follador como una auténtica putita, según entraba por la puerta.

Pero…

Durante la siguiente semana, Gloria se empezó a encontrar realmente rara, muy mareada sin motivo.

Gloria está de nuevo en casa de Don Carlos, sujetando en la mano un test de embarazo.

– Se… ¡Se lo dije! ¡Que había riesgo! – Gloria se arrepiente de haber creído al viejo cuando le folló sin protección. Se muestra muy nerviosa, esconde su cara entre sus manos – Y ahora, me echarán de casa, nooo.

– ¡Ah! Glorita, estoy muy feliz, ¡todavía tengo pleno poder reproductivo! Te he preñado, Glorita, me siento aún tan joven…

Por la mente de Gloria pasaban todo tipo de azorados malos presagios: “¿¿Qué hago ahora’?? Esto es un desastre…Mi vida… es…está destrozada…. ¡Me ha preñado un viejo de 75 años!” Como si pudiera leer los pensamientos de la pequeña, Don Carlos se acercó a su oreja y le susurró:

– Tranquila, tengo mi pensión, Gloria. Vente a vivir conmigo. Y diles a todos que estas embarazada de mí, hazlo público, no lo ocultes.

– ¿Que dirá tu hija? Y….mis padres….no….no… – dice ella casi arrepentida.

– Mi hija flipará por dejar a alguien preñada a mi edad. Tus padres lo entenderán si les dices que es amor, Gloria.

– Ya, bueno – la chica se mordía el labio con nerviosismo…

Al cabo de unos meses, la jovencita novia Gloria Sainz vestía un largo y precioso vestido blanco, abultado ligeramente sobre su tripa embarazada, mientras daba el sí quiero a Don Carlos Jiménez en la iglesia del barrio, ante la atónita mirada de los familiares de ambos quienes, por muchas explicaciones dadas, no acababan de creerlo. Durante toda la ceremonia, la ya oficial mujer de Don Carlos notaba pequeños golpes de su criatura dentro de ella, el pequeño Carlitos ya era una realidad que nacería en pocas semanas…