Gabriela… una adorable mujer casada 14

Ya habían transcurrido tres días desde la última y acalorada aparición de don Pedro por la casa de nuestra adorable Gabriela, la rubia recién se comenzaba a reponer psicológicamente de la brutal agresión por parte del despreciable vejete hacia su integridad tanto psicológica como física.

La aun temerosa ex casada, quien esa mañana de día sábado llevaba puesto un simple vestido hogareño color crema con suaves tonalidades floreadas el cual protegía sus curvas, se encontraba sentada en uno de los confortables sofás de su salita con una de sus soberanas y doradas piernotas subida una sobre la otra al momento de estar en forma pensativa sirviéndose un vaso de leche, y ella otra vez se daba a meditar en todo lo que le estaba sucediendo desde que había roto su relación con don Cipriano, y lo desastroso que había sido todo eso (con la vieja Ernestina incluida).

Sus pocas amistades estaban desaparecidas incluyendo a Lidia, su familia no deseaba saber nada de ella como bien ya todos sabemos por el solo hecho de haberse enterado en la escandalosa forma en que ella, Gabriela, había terminado su matrimonio, ni mencionar de que ellos también supieron los pormenores de como Cesar la había sorprendido manteniendo relaciones sexuales entusiasmadamente en su lecho conyugal con un viejo extraño y de lo más ordinario.

En la mente de la rubia también se sumaba su fracasado intento de conseguir un trabajo en la empresa del señor Martínez, su ex jefe, quien ni se la había pensado aquel día para hacerle ver burdamente que él también quería cogérsela a cambio de darle un puesto en su empresa. Gabriela no entendía como aquel hombre supuestamente profesional y con altos estándares de educación podía pensar que ella su ex secretaria iba a ir y acostarse así como así con él, -ella solo había hecho el amor con dos hombres en su vida, se decía, es decir: con su ex marido y con don Cipriano, aunque su mente en el acto le machacó que ahora también estaba en su lista un tercer integrante y que este era el ordinario de don Pedro, por lo que inmediatamente se dijo: –y bueno… con don Pedro también… también se había acostado, pero con él NO había hecho el amor… con él solo… solo se había a… acostado… -se volvió a repetir, -este último solo había tenido buena suerte con ella, solo eso.

Junto con lo último y como para coronar todo lo anterior la contrita rubia creía entender que su asqueroso y suertudo casi cuñado, gracias a las cuatro ocasiones en que ya se habían acostado este estaba casi convencido que podía tener sexo con ella a la hora que a él se le ocurriera solo porque se la había cogido un par de veces, -se decía la rubia, –¿Cómo se le podía ocurrir a don Pedro tal cosa?, -terminó preguntándose al mismo tiempo que le daba un último sorbo al vaso de leche con sus sensuales y rojos labios al momento en que se ponía de pie para ir a dejarlo a la cocina, diciéndose que ella no tenía ningún tipo de vínculo con aquel miserable, lo que había pasado entre ellos solo había sido sexo como amigos debido a su rompimiento con don Cipriano, -solo había sido eso y nada más que eso…, -pensó finalmente en su convulsionada mente en forma malhumorada, además que ya tenía decidido que apenas se apareciera aquella piltrafa de hombre por su casa le pediría las llaves de su camioneta y le diría unas cuantas verdades debido a lo ocurrido entre ellos en la última visita por parte del vejete en la cual se la había casi-violado estando este último totalmente alcoholizado.

Sin embargo a todo lo anterior la rubia Gabriela en muchas oportunidades en esos últimos tres días se daba a cuestionarse a ella misma sabiendo al nivel de descaro en que había llegado en el momento que decidió “acostarse” por las buenas y sin compromisos con el hermano de don Cipriano ( y con todo lo que la famosa palabra “acostarse” implica, sobre todo cuando un hombre y una mujer se “acuestan”, además que por culpa de esto mismo el ordinario de don Pedro se la había violado por detrás).

El fuero interno de la ex casada le aclaraba una y otra vez que al contrario de estar haciendo las cosas bien como ella siempre quiso lo único que estaba logrando era comportarse como una verdadera fulana al estar cometiendo las mismas estupideces de siempre, aun así otra parte de su mente no aceptaba tildarse a ella misma en tan baja condición por lo que la rubia para no seguir torturándose se daba a ponerse a pensar en otra cosa, demás está decir que en esos días nuestra rubia tenía todo el tiempo del mundo para meditar en la acción de su parte de ya haberse revolcado con dos hombres distintos y que no eran su marido.

Debido a lo anteriormente expuesto la deseable ex casada en aquellos momentos, aunque antojable como siempre y en la soledad de su casa, estaba de muy mal humor ya que seguía siendo atacada por los centenares de recuerdos de todas aquellas escandalosas escenas de sexo desvergonzado que mantuvo por más de un año con ambos mecánicos, claro que con el segundo habían sido en pocas ocasiones y en un corto lapso de tiempo, experimentando por primera vez una extraña vergüenza de ella misma, además de sentirse de lo más cabreada por lo nefasto del curso de su vida en ese último mes, mientras que en forma autómata otra vez estando sentada en la salita se daba a revisar su celular desprovisto de contactos, en su conciencia buscaba una y otra vez la fórmula para poder reestablecer el curso de su vida, esto rondaba en su mente desde el mismo día en que don Pedro se la habida violado sin ni siquiera saludarla primero, pero también existía una idea principal que se formaba en su mente y que ella misma se encargaba en disipar por razones que solamente ella entendía, pero su situación era tan delicada que ya no le quedaba de otra.

Desde aquel lejano día en el Pie Grande en los momentos en que la misma Gabriela había despachado a Cesar de su vida por las razones que ya todos sabemos, esta era la primera vez que la rubia en su desesperada situación se daba a pensar en su matrimonio y en su marido: ¿Qué habría sido de ellos si ella no hubiese conocido a don Cipriano? ¿Estaría aun casada con Cesar? ¿Cómo estaría él en estos momentos? ¿Cómo estaría Jacobo, su nenuco? ¿Este último, su hijo, la extrañaría de la misma forma en que ella lo hacía?

Gracias a estas últimas dudas nuestra espectacular hembra en la soledad de su hogar echó a volar su mente en miles de recuerdos evocando gratificantes momentos familiares que en sus mejores tiempos habían calado hondo en su corazón, entre ellos estaban: el día de su casamiento con Cesar; o también la tremenda felicidad que sintió el día en que supo que iba a ser madre por vez primera; por supuesto también estaba el nacimiento de Jacobo su verdadero nenuco, y así tantas otras lindas felicidades que ella irresponsablemente había tirado al bote de la basura solo para largarse con un viejo mecánico con el único argumento de que este poseía un pene más grande que el de su legítimo marido.

–¡¡Oh Dios!! ¿Que hice…? ¿¡porque lo h… hi… hiceee!?, -exclamó Gabriela de pronto con su bello rostro ahora con facciones neuróticas debido a la súbita lucidez de su verdadera situación, esto debido a que otra vez su conciencia le indicaba que ella más que amor por don Cipriano lo que había sentido era meramente pura calentura, y la verdad era eso mismo, esta era la segunda vez que la ex casada caía en cuenta del tremendo error cometido contra su familia al haberse calentado con la verga de un hombre mucho mayor que ella y casado al grado de largarse con él abandonándolo todo, la primera vez que lo pensó y lo sintió fue cuando la habían echado de la sala del hospital para darle el pase a la legitima esposa de un vejete recién infartado.

La quebrada rubia quien en un momento dado dejó el teléfono en la pequeña mesita de centro que adornaba la sala se sintió la mujer más sola y desafortunada de este mundo a sabiendas que se lo merecía, de sus ojos caían amargas lágrimas de verdadero dolor, estaba sentada con sus dos hermosas piernas doradas muy juntitas una de la otra, y con sus codos apoyados en ellas, su dorada cabellera rubia caían en cascada hacia adelante tapándole se rostro de Diosa desdichada, esta era la primera vez que ella lloraba evocando a su familia, por su pequeño Jacobo había llorado mucho en otras ocasiones, pero por lo que era verdaderamente su familia y por la vida que había abandonado incluyendo a Cesar esta era la primera vez que lo hacía.

Una hora después de tan dolorosos momentos la rubia por fin se decidía a realizar para ese mismo día lo que había pensado tras largos momentos de recapacitación, claro que esta idea y tal como se dijo hace un rato ya desde hacían tres días atrás se habían estado formando en su mente, justo del momento después de haberse quedado con toda su ropa hecha jirones, y bien violada por don Pedro en el living de su casa.

Aún era temprano así que tomó lo único que le estaba quedando del dinero que le había dejado su ex casi cuñado en su última visita y junto con ello un juego de llaves de emergencia que tenía en el mueble de su habitación, primero iría a realizar algunas compras al mercado para luego concretar lo que tenía pensado.

La bella Gabriela con aquel sencillo vestido primaveral de color crema con tirantes en sus hombros el cual también dejaba ver solo el inicio de sus apetitosos senos, y tras haberse retocado delicadamente su cutis borrando todo rastro de sus recientes lloriqueos salió de su casa a realizar las compras para los próximos días, además de saber que tomar un poco de aire fresco le ayudarían a ordenar las ideas para lo que tenía pensado hacer para ese mismo día.

Ya en el mercado la ex casada quien ya se sentía algo más serenada no dudó en avanzar entre medio de las muchas personas que lo atestaban para dirigirse a paso seguro al puesto de verduras que ella ya bien conocía, y no lo hizo por nada en particular, lo hizo solo por costumbre, esta era como la cuarta vez que ella compraba en ese mismo local.

En el momento en que Gabriela llegó al puesto mencionado se dio cuenta que ahí estaba el mismo viejecillo insolente que la atendía desde siempre, vio con algo de asco como este no estando al tanto de que ella se acercaba se escupió a las manos para luego sobárselas y que desde una vieja camioneta feriante descargaba un tremendo saco de papas que lo triplicaba en tamaño, la rubia olvidándose de sus recientes aflicciones se preguntó en el acto de que como era posible que aquel hombre de tan precarias condiciones físicas tuviera las fuerzas para cargar semejante saco patatero, lo vio trasladarlo desde la camioneta cargada con todo tipos de verduras y llevarlo hasta su puesto, en medio del trayecto este mandó otro asqueroso escupo amarillento que impactó a casi un metro de donde estaba ella de pie.

El viejo feriano por su lado en el mismo momento en que escupía levantó un poco la vista percatándose de la presencia de una escultural mujer rubia recordándola en el acto, por lo que quiso hacer el intento de detener su faena para halagarla ordinariamente olvidándose de su cargamento, pero no le quedó más remedio que avanzar otro par de metros y descargar el saco en una de las superficies de madera de su puesto.

El moreno y ennegrecido hombrecillo, tanto por el sol como por la tierra de sus patatas y verduras, una vez que vació el saco de papas en el tablero de su local en el acto se quedó embobado mirando a tan fantástica hembra.

El ajado cuerpo y la cara morena y arrugada de aquel viejo sudaban a mares a esas horas de la mañana, este se mantenía con una sonrisa mitad sorpresa y mitad calentura dándose a analizarla no creyéndose que después de su última tanda de leperadas aquel monumento de mujer volviese a comprar a su humilde negocio feriano, y casi se cagó en los mismos pantalones cuando vio que aquella hermosa rubia lo miraba con esa sensual y placida sonrisa con la que él ya en varias ocasiones se había masturbado en el baño de su casa a escondidas de su mujer, recordándola e imaginándose que bañaba aquel bello y afable rostro sonriente con su amarillento y hediondo semen.

El viejo verdulero, aunque trabajador y bueno para negociar con todo tipo de verduras, en realidad era un hombre de lo más vulgar y falto de educación, su nivel de ignorancia era tan grande que al tener a Gabriela con su escultural cuerpazo ante su lujuriosa mirada el juraba de guata que a la rubia esa le había encantado su tanda de palabras con doble sentido, pensaba además que de seguro esta era una de esas tantas putingas que andan faltas de verga y que iban al mercado a calentar a los feriantes a cambio de rebajas en las compras, a su puesto llegaban muchas y él bien lo sabía pero ninguna se le acercaba a ella ni en lo más mínimo ya que veía claramente que esta era una hembra de infarto, con un trasero carnoso, muy bien hechito y bien parado, -¡Ahhhh…!, y con esas tetas grandotas que estaban para desinflárselas a chupetones, ni mencionar esas doradas y soberanas piernotas que eran mejores que las de una modelo según el mismo comprobaba en forma ocular al estar imaginándoselas abiertas de par en par, o en otras palabras sencillamente estaba tasándola corporalmente a su total antojo y en forma de lo más degenerada.

Mientras esto ocurría en el puesto de verduras mencionado en los locales aledaños los otros feriantes, incluidos ayudantes y clientes como siempre, todos tasaban a la rubia con miradas y sonrisas facinerosas comentándose entre ellos de lo muy buena que estaba la hembra esa, algunos de estos ya sabían de la existencia de aquella imponente mujer, y se habían enterado por los mismos resecos labios del viejo verdulero quien en su momento les narró detalladamente sobre la última conversación que había tenido con ella en la oportunidad en que había comprado en su local.

Y en efecto, en el carro en que se vendía pescado que estaba justo al frente del puesto de verduras el pescadero limpiaba y fileteaba unos jureles para una vieja con su ansiosa mirada alternando entre los pescados y ante tan idílica visión en el puesto de su suertudo colega, lo hacía como si estuviese mirando el mejor partido de la Copa del Mundo, solo eran las viejas dependientas de otros locales y mujeres que compraban las que no notaban la presencia de nuestra suculenta Gabriela.

En tanto en el puesto de verduras la mejor venta del día para verdulerillo ya comenzaba:

–Buenos días señor… venía por unas poquitas verduras…, -le saludó Gabriela con esa suave y melodiosa voz femenina que tanto la caracterizaban, a la vez que le hacía el pedido.

El viejo feriano quien se sentía el hombre más feliz de la tierra y estando de lo más caliente al tener en su local a semejante amazona de ojos azules, aunque muy puta para sus cosas según él, no dudó en comenzar con sus recargados halagos y zalamerías lujuriosas, lo anterior lo pensaba porque ahora estaba seguro que a la rubia le habían encantado sus palabrotas de la otra vez, y de seguro que la muy zorra orita venía por mas, pensaba en forma desequilibrada, por lo que no tardó en ponerse manos a la obra:

–Jeje… buenos días mi reina, ps… no faltaba más, vamos y dígame en que puedo atenderla hoy día mi amorcito… jijiji…, -el viejo se la estaba comiendo de pies a cabeza en forma descarada, sus ojos se habían resquebrajado y enrojecido producto de una sinigual excitación que desde hacían años no experimentaba en su arrugado y greñoso cuerpo, ni siquiera el ultimo día en que la había visto cuando le ofreció los pepinos se había sentido tan caliente.

–Véndame por favor dos lechugas y 01 kilo de tomates… solo eso por hoy, -le contestó la rubia semi ruborizada por la osadía de aquel viejecillo moreno y de dientes amarillentos que la trataba como su “amorcito”.

Mientras el salido verdulero seleccionaba dos de sus mejores lechugas para aquella preciosidad decidía que esta era una muy buena oportunidad para medir el terreno, quizás se la podría llevar para adentro de su tienda y ganarse por parte de aquella hembra una muy buena mamada de verga si él le ofrecía que se llevara un par de bolsas llenas de lo que ella quisiera, además que esa rubia no se había hecho ningún problema en volver a su tienda después de haberle dicho casi abiertamente que se masturbara con los pepinos que él le había regalado la vez anterior, -este delicado anillito anda en busca de un grueso dedo vergal, jejeje…, de seguro que el otro día se quedó caliente conmigo después de todo lo que le dije… por algo vino a mi local habiendo tantos otros en este mercado… su papayita debe estar hecha agua deseando mi verga… jeje, –se decía y reía para sus adentros en su cachambrosa mente.

–¿Algo más mi niña hermosa?, -le consultó aun sin atreverse a realizar su indecorosa propuesta, pero con todo lo anterior bulléndole en su cabeza y con la calentura hasta casi saliéndosele por los ojos.

El excitado y atrevido feriano al momento de pasarle a la rubia la bolsa con las dos lechugas mantuvo su mano puesta en la de ella por un espacio de tres segundos como mínimo, se la sintió tan suavecita y delicada que en ese mismo instante sintió moverse su instrumento viril entre medio de sus entierrados pantalones de mezclilla amenazando con comenzar a parársele, y así era, esto al ya creer sentir esa suave manita masajeándole la verga.

–Un kilo de tomates como le dije…, -Gabriela le contestó con nerviosismo al sentir esa mano reseca y toda partida tocar la suya por lo que rápidamente se la retiró a la vez que se daba a buscar dinero para cancelarle al muy fresco vejete, claro que en su mente no figuraba ni en lo más mínimo de lo que estaba ocurriendo debajo de la cremallera del pantalón del osado verdulero.

El viejo por su parte y estando en aquel erótico estado con aquella tremenda mujer caía en cuenta que ella buscaba en su bolso hasta la última moneda para poder pagarle el pedido, por lo que cada vez más se convencía de no estar tan lejos de sus lujuriosas apreciaciones.

–Ps… ¿porque no se adentra más para acá y los elige Usted misma mi cielito lindo?

Obviamente con tal ofrecimiento por parte del feriano este deseaba tener a Gabriela lo más al interior de su puesto posible, una vez que ya estuvieran en acuerdo la dejaría esperándolo en el rincón de su carpa según pensaba, justo atrás de las cajas de plátanos mientras él iba a decirle al gordo que vendía sandias y melones que le mirara la venta mientras él se desocupaba de aquel ardiente tramite con esa tremenda mujer que le había caído desde el cielo, el vejete ya daba por hecho que le iba a resultar con ella.

–¿¡Los puedo elegir yo misma!? -le consultó Gabriela otra vez sonriente y con algo de entusiasmo en su voz, estando muy ajena a las aprovechadoras intenciones de aquel estropajo de hombre aunque en su manita aún tenía la sensación callosa que le dejó la mano del viejo.

–¡Ps…! ¡Si…! ¡¡Pásele… pásele!!

El osado viejo a la vez que le invitaba a pasar más hacia el interior de su puesto miraba en todas direcciones a sabiendas de la envidia que estaba ocasionando entre sus compañeros de labores quienes estaban al pendiente de lo que él hacía con aquella mujer de cuerpo exquisito.

Por otro lado una muy desprevenida Gabriela que otra vez estaba al tanto de la exagerada galantería de aquel hombrecillo no dudó en adentrase hasta donde estaban los cajones de los tomates y otros con alcachofas estos tapaban a la entretenida rubia de su cintura para abajo al igual que al verdulero, este último mientras la deliciosa hembra tanteaba los rojos frutos con sus delicadas manitas no podía quitar su viciosa mirada de aquel empinado trasero, el vestido color crema de la rubia se ajustaba muy bien en su cintura haciendo ver su cuerpo aún más esplendoroso de lo que ya era, fue en eso que el vejete ya no se aguantó más y se acercó a ella quedando solo a centímetros de sus antojables formas femeninas.

El verdulero quien aún no degustaba nada de lo que las atrayentes curvas de aquella Diosa le ofrecían se sintió estar en el mismo jardín del Edén, el fresco aroma floral que provenía del cuerpo de la rubia casi lo hechizaron, sus ojos abiertos como platos estaban ahora clavados en el nacimiento de aquellas dos protuberancias de suave carne según él veía, nunca en su vida había observado tan de cerca un par de tetas tan grandes y tan apetecibles, con esto el viejo estaba totalmente fuera de sus cabales así que ya deseando meterse con ella lo más pronto posible a la parte de atrás de su puesto para que lo deslecharan quiso en el acto realizar la transacción con aquella hembra de ensueño:

–Oiga mi Reina… ps… ps… tengo una cosita que decirle…, -el ansioso viejo mientras le hablaba la miraba a su cara con sus ojos casi saliéndoseles de sus orbitas, y con sus arrugadas manos puestas en posición depredadora, tal como lo hace una bestia el momento antes de abalanzarse contra su tierna y desprevenida presa para devorársela, este creía saber que si esa rubia se decidía a mamársela en la parte de atrás de su puesto a cambio de unas cuantas verduras en muy poco tiempo ambos terminarían acostados en algún motel, pero Gaby por su parte y no estando al tanto de todo lo que ideaba la lujuriosa mente del verdulero solo se daba a examinar y tantear los tomates no imaginando ni en lo más mínimo el alterado y caliente estado psicológico de este.

–Pues dígame don… soy toda oídos…, -le contestó una carismática Gaby quien de un segundo a otro lo miró a su fea cara, ella dado a su personalidad no le daba mucha importancia que aquel vejestorio estuviese tan cerca de su cuerpo y mirándola de una forma de lo más extraña, (o puede ser también que ella ya estaba acostumbrada a que todo tipo de vejestorios la miraran así), de hecho sabía que ese atrevido hombre la estaba mirando más de lo normal y no veía nada de malo en ello, claro que al tenerlo tan de cerca y al estar viéndolo ahora frente a frente esta era la primera vez que la rubia se fijaba, al estar el viejecillo con su bocota abierta, en un llamativo diente amarillento y cariado que resaltaba de los demás en un extremo de su mandíbula inferior, sus demás piezas dentales, o lo que quedaban de ellas, también se veían notoriamente con caries y corroídas, y de lo muy reseca que tenía su arrugada cara morena a pesar de estar sudando, seguramente esto era debido al exceso de sol y al polvo de sus patatas, como tampoco le dio importancia a la hediondez de cuerpo desaseado que expelía el vejete, seguro era por trabajar desde tan tempranas horas, lo justificaba otra vez la radiante rubita.

–Ps… es que te vi rebuscando dinero en tu bolso… y me di cuenta que no andas con mucha lana por estos días…, jijiji…, -reía nerviosamente su ajado interlocutor, por lo que Gabriela en el acto cambió el semblante de su rostro ya que le extrañó un poco el curso de la conversación por parte del viejo.

–¿Porque… p… porque me dice eso…?, -le preguntó extrañada y siempre mirándolo a su fea cara y a sus ojos negros, su diente amarillento sobresalía de sus resecos labios cuando el viejo cerraba su boca, pero el verdulero ya no estaba para darse tantas vueltas en el asunto:

–Ps… tú ya lo debes adivinar mi reina…, -le dijo de una el viejo respirando pesada y profundamente debido al verse asaltado por un acelerado estado de presión sanguínea, su verga ya se había enderezado hacia arriba haciendo presión contra el cierre de su pantalón, pero este seguía en su caliente cruzada: –¿Qué tal si vamos para atrás de mi tienda y le das una buena mamada a mi verga… mira que hiciste que se me parara?, a cambio de eso yo puedo dejar que te lleves todas las cosas que tú quieras de mi local… ¿qué dices?

La rubia de un segundo a otro se quedó pasmada con tal proposición, ¿acaso últimamente todos los hombres con los que ella se cruzaba estaban locos?, ¿cómo se le podía ocurrir a ese viejo flaco y asqueroso que ella le iba a realizar una felación por unas cuantas verduras?, -este sí que estaba chiflado pensó con escándalo al momento de seguir mirándolo directamente a su arrugado rostro de depravado según veía ahora, aun así y debido a la sorpresa del momento solo atinó a volver a preguntarle en forma entre cortada y con las facciones de su cara escandalizadas:

–¿Q… Que… que me está diciendo?

El viejo le respondió al instante, ya casi adivinaba la suavidad de esa rosada lengüita que el notaba de a momentos cuando la rubia le hablaba rodeándole su morado glande mientras esos carnosos labios rojos le estuviesen friccionando la circunferencia de su verga en forma apretada.

El viejo ya estaba salido y no iba a guardar compostura en hacerle ver a la rubia lo que él ya tanto deseaba de ella:

–¡Lo que tú escuchas mamacita…! ¡Se nota a la legua que tú eres una de esas putas buena para la verga y que andas en busca de una como la mía…!

–¿Q… Que… que… -Gabriela otra vez le iba a preguntar semejante estupidez, pero el viejo no la dejó terminar:

–¡No sabes las ganas que tengo de meter mi mano por debajo de tu vestido y manosear este tremendo culo que te cargas…! ¡Vamos! ¿Qué dices… vas a mamármela?, por ahora solo me conformo con una buena chupada de verga y para más adelante le veremos que otras cositas tienes para convidarme, Jejeje, -diciéndole eso ultimo el viejo verdulero no se aguantó más de tanta tentación y posó una de sus flacuchentas manos entierradas en el suculento trasero de la rubia, este lo sintió con la dureza de una esponja recién comprada y de una suavidad enloquecedora a pesar que lo sobaba solo por encima de la tela del vestido.

Gabriela ahora sí que se quedó petrificada, si bien ella se había percatado que ese despojo de hombre que le estaba tocando y tanteando cierta parte de su cuerpo era un pelado de nacimiento debido a las tremendas leperadas que le dijo la última vez que estuvo en su puesto, nunca se imaginó que el muy descarado ahora se iba a dar a manosearla delante de toda esa gente que pululaba en el mercado a esas horas de la mañana y proponiéndole semejantes disparates.

La rubia automáticamente soltó la bolsa con tomates y llevó una de sus delicadas manitas a la parte de atrás de su cuerpo con la única intención de sacar esa mugrienta mano con pepas de zapallo pegadas que le estaba magreando su trasero.

–¡¿Que hace…?! ¡Saque su mano de ahí que puede venir alguien!, -le dijo con cara de espanto debido al atrevimiento del verdulero, su tono de voz era de desesperación.

–¡Ya! ¡Ya no te hagas la santa conmigo cosita rica!, ¡si mira nada más… te cargas unas nalgotas de lo más antojadizas!, ¡si por mi fuera te las estaría sobando y lamiendo por una noche entera… incluyendo tu ojete… ese te lo estaría chupando hasta sacarte todo lo tuyo!, ¡jejejejee!, ¿¡qué dices…!? ¿¡Nos vamos para allá atrás de la tiendita a que me mames la verga por un buen pedido de verduritas!?

La asustada Gabriela le respondió en el acto:

–¿¡Y Usted que se cree que soy yo para venir a decirme tantas asquerosidades!?…, -la mente de nuestra asustada Gabriela a pesar de la conmoción del momento igual le había graficado a lo que se refería el viejo feriano con eso “de sacarle todo lo de ella” al momento de lamerle su orificio posterior, –¡ya déjese de estupideces y saque su mano de ahí…!, -la rubia también miraba en todas direcciones con cara de asustada dándose cuenta que eran muchas las miradas masculinas que veían maliciosamente lo que le estaba sucediendo por debajo de los cajones tomateros, más el viejo ese no dejaba de sobarle las nalgas.

–¡Ps… yo creo que tú solo eres una putita sedienta de verga como ya te dije antes…! ¡De seguro que estuviste una noche enterita metiéndote por la zorra los pepinotes que te regale la otra vez…! Jejeje… se te nota por la forma en que te vistes… y que más encima te vienes a meter aquí al mercado con la sola intención de andar calentándonos a diestras y siniestras para que te hagamos una rebajita en los productos…, así que ya no hagas más teatro y vete a la parte de atrás a esperarme, yo voy y vu…

El viejo no alcanzó a terminar de decir lo que él quería, ya que Gabriela al notar que ese miserable hombre no tenía ninguna intención de dejar de manosearla y al estar escuchando las mismas leperadas que le decían toda clase de viejos desde que se había venido a vivir a esos barrios, con su otra mano tomó firmemente un atado de alcachofas y le asestó con esta una no menor cantidad de alcachofazos que impactaron en la fea cara del deplorable vendedor de verduras quien se vio en la obligación de volver a la realidad y retirar su mano de aquel loable trasero que había estado palpando a su total antojo.

–¡¡ ¿Que se cree viejo asqueroso…?!! ¿¡De dónde sacó que puede venir y tocarme como si yo fuese una cualquiera…!?

–Ps… ps… ¡yo creo que tú eres mejor que una cualquiera, y que tu suave almejita no se debe haber hecho ningún tipo de problema en tragarse esos pepinos que te regalé el otro día¡, ¡¡jajajaaa…!!, -le contestó el viejo quien a la vez soltaba una risotada, aunque ya casi adivinaba que todo su plan se acababa de ir a la mierda, aun así prefirió seguir diciéndole vulgaridades para no desaprovechar el momento, –Dime que acaso no te gustó todo lo que te dije la otra vez en doble sentido… porque me di cuenta que tu si lo entendías perfectamente…

–¡¡Pues pensó mal y usted no se dio cuenta de nada… yo no sé de qué me habla!! –Le aclaró la rubia en el acto y en forma enérgica, aunque sabía que el viejo no estaba lejos de todo lo que decía, además que no iba a dejar que este se saliera con la suya, aun así y con todo, sus azules ojos no pudieron evitar cruzarse con una notoria protuberancia alargada en el sector de la entrepierna del viejo cayendo en cuenta que a este se le había parado mientras la manoseaba por lo que rápidamente sacó su vista de ahí antes que el feriano se diera cuenta de su furtivo análisis –¡¡Y para que le vaya sabiendo…, -una desesperada Gabriela se la pensó como tres veces antes de soltársela, hasta que por fin se la dijo, –…para que Usted sepa… que yo… yo soy una mujer casada y decente…!! ¡¡Y no una cualquiera como ya le dije…!! -la panorámica ocular de la rubia no podía dejar de visualizar la notoria masculinidad del vendedor de verduras mientras le decía lo último.

El muy entretenido feriano se dio cuenta que todos sus amigos estaban mirando en forma burlona aquel engorroso altercado al interior de su puesto por lo que quiso en el acto salir del embrollo, claro que en un momento del alegato creyó haber visto que aquella despampanante mujer que se defendía como podía igual se había dado unos segundos para mirarle su erección, esto lo enorgullecían, por lo mismo quiso terminar en las buenas con la rubia:

–Jejeje… que tal si mejor me pagas los tomates y desp…

–¡¡Ps no le pago nada…!! ¿¡Que se cree!? -le contestó la más enfurecida rubia a la vez que lo empujaba para mantener a ese degenerado lo más lejos de ella, claro que no pudo alejarlo mucho debido a sus escasas fuerzas femeninas.

El aún muy excitado y a la vez entretenido verdulero que estaba bañado con hojas de alcachofa en todo su oscuro cuerpo y sobre todo en la cabeza vio a la aireada hembra tomar la bolsa de lo que ella le había pedido inicialmente y como pasó ella por delante de él en forma altiva, y justo en el momento en que pensaba que la ofuscada hembra ya se retiraba no pagándole el pedido la vio que dio media vuelta y que otra vez se le aproximaba:

–¡¡Deme permiso!! -le exclamó Gabriela aun mirándolo con expresión de ira en su rostro…

–Ps… ps… no faltaba más mi Reina…, -el viejo junto con hacerse a un lado para que no le volvieran a pegar vio como la bella mujer después de volver a pasar delante de él agarró las dos bolsas anteriores en una sola mano, con la otra llenó rápidamente otra bolsa con paltas y finalmente vio de cómo la muy fresca se apoderaba de cuatro atados de alcachofas bajo el brazo.

–¡¡Y no soy su reina…!! ¿¡Me escuchó!? -le dijo finalmente nuestra Gaby antes de retirarse otra vez, pero ahora bien abastecida con la mercancía del sorprendido viejo a quien no le pago nada de lo que se llevaba.

–Si… si… ps… ¡¡vuelva cuando quiera caserita…!! ¡¡¡Usted puede llevarse todo lo que quiera de este humilde “negocito”…!!! ¡¡¡Jijiji!!! -le contestó agarrándose su paquete cuando se refería a su “negocito”, esto se lo dijo en el momento exacto antes de que la rubia diera media vuelta, y así vio Gabriela al viejo agarrándose el paquete pero iba tan enrabiada que prefirió retirarse lo antes posible de ese puesto y no seguir discutiendo con ese asqueroso hombre, al feriano ni le importaba que aquella delicia de mujer tomara de su verdadero negocio todo lo que ella quisiera, solo se daba de mirar bien y devorarse ocularmente todos aquellos atributos femeninos que se iban alejando, atributos que él erróneamente había pensado que iba a degustar aquel día.

Gabriela se retiró totalmente ofuscada de aquel sector del mercado entre las fuertes risotadas de los feriantes amigos del verdulero quienes vieron y sacaron conclusiones de todo lo que ocurrió en el sector de los cajones tomateros, la rubia mientras se alejaba moviendo rápidamente sus deleitosas curvas escuchaba las burlas que le gritaban al atrevido vejete:

–¡Wena viejo putero…! ¡¡Te salió salvaje la yegua esa…!! ¡¡¡¡jajajaaa!!!!

–¡¡¡Jajajaaa…!!! ¡¡¡De que se ríen tropa de pajeros… para que le sepan que esa yegua como ustedes dicen es mi nueva esposa… y me vino a hacer una escenita de celos…!!! —¡¡¡Jajajajaaaa!!! -les respondió el viejo verdulero a carcajada limpia y mirándolos a todos con sus ojos saltones, a este no le afectaba ni en lo más mínimo las burlas de sus amigos, y así también se daba cuenta la rubia que aireada y todo aun escuchaba las risas y las burlas de esos hombres mientras se alejaba.

–¡¡¡Si…!!! ¡¡¡Estaba bien buenota… una verdadera potranca!!! ¿¡De donde la sacaste!?

–¡¡¡jajajaja!!! –¡¡¡jajajaja!!! –¡¡¡jajajaja!!! -eran las multitudinarias risotadas de los viejos feriantes que habían presenciado aquella inusual y caliente escena, lo hacían con sus miradas puestas en las sugerentes formas de aquella fantástica hembra que se iba alejando bien abastecida con los productos de uno de ellos.

Finalmente la rubia Gabriela se alejó furiosa del lugar en donde otro aprovechado viejo la había manoseado escuchando todas esas risotadas y de cómo a ella otra vez la tildaban de yegua y potranca los amigos de este, hasta que finalmente abandonó el mercado y llegó a su casa.

Ya estando la ex casada algo más tranquila por lo sucedido recientemente en el mercado se dio a poner las verduras en el refrigerador y con solo ver los cuatro atados de alcachofas con las otras bolsas que le robó al descarado verdulero su aireado estado anímico se intensifico aún más notándose en su rostro, esto al recordar la expresión sonriente y depravada del entierrado hombrecillo mientras este le manoseaba su trasero, y de cómo este se agarraba el paquete diciéndole que ella se podía llevar lo que quisiera de aquella parte de su cuerpo, pensando finalmente que por lo menos aquella incómoda situación vivida le había servido para ahorrar los pocos pesos que le iban quedando, claro que cuando recordó también ese llamativo bulto alargado e imaginar lo que podría existir ahí debajo de la tela del entierrado pantalón su rostro en el acto adquirió una extraña seriedad, por lo que prefirió dedicarse a lo suyo y a olvidarse de lo sucedido en el mercado.

Pero ahora venía la parte en la cual ella no tuvo tiempo para pensar en su paseo al mercado, mas ya estaba decidido, se dijo para sí misma en un momento en que se encontraba de pie ante el espejo del baño de su casa mirándose entre vanidosa (claro que vanidosa en el buen sentido de la palabra) y preocupada al mismo tiempo.

Estando ya más seria y algo nerviosa, otra vez se dio a maquillar suavemente su cutis, luego cepilló sus largos cabellos rubios y semi rizados, una vez que se sintió conforme con su cometido y ya lista nuestra rubia y casada Gabriela se disponía nuevamente a salir de su casa pero ahora con un destino mucho más particular que al de esa mañana, ahora iría a visitar a su familia tal como lo había estado pensando en esos últimos tres días, a su verdadera y única familia.

El taxi que abordó Gaby en la esquina de su casa no demoró más de 30 minutos en dejarla solo a tres cuadras del edificio en que se encontraba su antiguo hogar, minutos en que la ex casada solo se dio a pensar en cómo sería aquel incomodo momento en que ella llamara a la puerta del departamento en donde gracias a Lidia sabía que aún vivía Cesar con el pequeño hijo de ambos, la nostalgia de aquella triste mañana antes de ir al mercado otra vez se apoderaba de su persona, y sus demonios internos nuevamente comenzaban a hacerla flaquear.

Miles de dudas habían llenado la mente de una muy arrepentida Gabriela en los minutos que duró el viaje en taxi:

¿Cesar al verla le cerraría la puerta en sus narices debido a como ella lo trató en la última ocasión en que se vieron? ¿La tildaría de puta lujuriosa tal como una vez ya lo había hecho cuando este la sorprendió desnuda y manteniendo relaciones sexuales empeñosamente en su propio lecho matrimonial con un hombre mayor? –¡No!, -se respondía para ella misma con su atractivo pero serio rostro puesto fijamente en la ventanilla de los asientos traseros del taxi, diciéndose también que Cesar no era así, él era un caballero y no un ordinario como los últimos viejos con los que ella equivocadamente se había involucrado desde que abandonó a su verdadera familia, incluyendo también a ese asqueroso vendedor de verduras que aparte de manosearla la había mirado como a una cualquiera, además que recordaba claramente que su amiga le había dicho que Cesar aún estaba enamorado de ella, que fue él mismo quien se lo había confesado según las palabras de la propia Lidia.

Por otro lado y que no era un detalle menor la prohibición extra judicial que existía la cual indicaba que ella no podía acercarse a su hijo radicaba en que ella no podía exigir su custodia, o que lo fuese a buscar para salir con él por el día, pero no decía nada de no poder ir a visitarlo por un par de horas, y si Cesar aun la amaba como dijo Lidia quizás… quizás…, -una muy dubitativa Gabriela no se atrevió a pensar más allá de lo que su mente estaba formulando.

Todas esas apreciaciones eran las que seguían atacando la agitada conciencia de Gabriela al momento de ella estar solo a cuadra y media de donde había vivido hace ya más de un año junto a los suyos, sus pasos eran temblorosos y el corazón le latía desbocadamente, estaba solo a minutos de volver a reunirse con su Jacobo y con Cesar pensaba en su convulsionada mente mientras seguía avanzando hacia su edificio con sus piernas casi dormidas y no sintiéndolas debido a su alterado estado.

–Tranquila Gabriela… tranquila… debes pensar muy bien lo que le vas decir a Cesar para que podamos arreglar nuestra situación, – iba pensando la ex casada cuando ya cruzaba las rejas del condominio de edificios donde había vivido antes de la tragedia que ella misma se había buscado.

Todo esto revolucionaban los sentidos de la decidida ex casada quien pretendía para ese mismo día reparar en algo el error cometido contra su familia, hasta que cuando ya estaba próxima a la frondosa plazoleta que existía antes de llegar a la entrada de su edificio la muy sorprendida rubia quedó paralizada por la viva imagen de su pequeño hijo que se encontraba en los juegos de la citada plaza, solo eran metros los que los separaban.

Ahí estaba Gabriela parapetada tras un automóvil respirando agitadamente sin tener el valor suficiente para encontrarse con los suyos, su hijo estaba solo a unos metros de donde estaba escondida, desde su posición veía nítidamente a su pequeño Jacobo tras más de un año de ausencia en el hogar por parte de ella, notaba que su amado retoño estaba un pelito más grande de cómo ella lo había dejado, sentía una tremendas ganas de salir corriendo de su escondite para ir a abrazarlo y llenarlo de besos tal como ella lo hacía en los tiempos aquellos, de pronto y como si todo eso fuese el mejor de los milagros creyó ver que su pequeño cruzaba su mirada con la de ella, en eso lo sintió gritar con entusiasmo y venir corriendo hacia ella:

–¡Mamá…! ¡¡mamitaaa…!!

Un muy dichosa Gabriela salió de su escondite aun con lágrimas de emoción en sus azules ojos, y se dio a esperar el ansiado abrazo de su hijo, y tal como se dijo, eran muchas las lágrimas de felicidad que corrieron por sus mejillas, sabía que Cesar la comprendería y todo ese entuerto que ella misma había ocasionado lo superarían, no le importaba que no fuera inmediatamente, total tendrían todo el tiempo del mundo para hacer las paces, pero lamentablemente todo se le descalabró de un segundo a otro cuando sus azulados ojos vieron en forma horrorizada que su amado hijo Jacobo se lanzaba a los brazos de otra mujer que no era ella y que este, su hijo, la trataba como “Mamá”.

La paralizada Gabriela quien otra vez se ocultó detrás del automóvil para no ser vista vio en forma estupefacta que no a más de 3 metros de donde estaba ella escondida una extraña mujer que nunca en su vida había visto era la que tapaba de besos a su hijo, y que a un lado de ella estaba parado Cesar su ex marido mirando muy sonriente la supuesta y filial escena familiar, fue en eso que la rubia los escuchó hablar:

–Jacobo… despídete de tu “madre” que tu abuela ya está esperando…, -dijo Cesar obviamente dirigiéndose al pequeño.

Gabriela sintió que la estaba atravesando un rayo, o sea, ¿el muy descarado de Cesar ya había encontrado una madre sustituta para su hijo? ¿Y que había con lo dicho por Lidia hace no más dos meses atrás?, Gaby vio que también justo un poco más atrás de Cesar la señora Romina esperaba junto a un taxi a su nieto, a la vez que la escena continuaba entre la extraña mujer y su retoño:

–Jacobito pórtate bien con tu abuelita, en tu mochila puse tus juguetes y tu nueva revista de “Los Increíbles”, -le decía aquella mujer recién aparecida a su hijo, según lo que escuchaba Gabriela.

En eso la quebrada ex casada vio cómo su pequeño besaba a su supuesta madre para luego salir corriendo hacia donde estaba su abuela esperándolo con la mochila en una de sus manos, de un momento a otro, nieto y abuela abordaron el taxi y simplemente desaparecieron de aquella escalofriante escena para la rubia.

Gabriela sintió unas tremendas ganas de salir de su escondite e ir a poner en su lugar al muy estúpido de Cesar por la semejante idiotez que estaba cometiendo, y de verdad que lo deseaba hacer, ¿Cómo se le podía ocurrir dejar que Jacobo llamara madre a otra mujer que no lo era?… ¡Si ella era su madre por Dios!, -se decía Gaby al borde del llanto.

Pero más choqueada aun quedó la rubia cuando vio que la pareja que estaba viendo justo al frente de ella una vez que vieron desaparecer el taxi se abrazaron uno frente al otro, con las manos de Cesar puesta en la cintura de ella y que esta última ubicaba las suyas en los hombros de Cesar, luego y como si todo estuviese sucediendo en cámara lenta se prodigaron un suave beso en la boca en señal de amor mutuo, para después sencillamente caminar lentamente y abrazados hacia la entrada del edificio en donde la impactada ex casada los vio desaparecer.

Gabriela se quedó boquiabierta y sin ser capaz de mover ni un centímetro de su loable cuerpo preguntándose de ¿qué hacía esa mujer con su familia? si ella… ella misma era la verdadera madre de Jacobo y no esa estúpida aparecida, ella aún era la legitima mujer de Cesar, todo esto alteraban su mente y sus sentidos, pero cuando al llevar su vista a un costado de donde estaba plantada vio que a solo metros de su ubicación estaba parado don Carlos Bernabé mirándola con una maliciosa sonrisa.

El viejo conserje se encontraba en esos momentos con un manguera en sus manos regando las plantas de uno de los jardines de la plaza, y junto a él estaban también tres viejas vecinas del edificio, los cuatro cuchicheaban entre ellos y las viejas solo se daban a mirarla de pies a cabeza en forma despectiva y como si Gabriela les diera asco, o al menos así lo percibía la rubia.

A la desdichada ex casada otra vez no le quedaba de otra, disimuladamente intentó secar sus lágrimas de los ojos con los nudillos de una de sus manitas, luego tomó un poco de aire y estiró en forma inconsciente su vestido y dio media vuelta emprendiendo dignamente su retirada hacia la salida del condominio de edificios, claro que por dentro sabía de la humillación que estaba viviendo al haberse encontrado con semejante situación y que para colmo había sido vista por el conserje y gentes de su antiguo edificio.

Más de 10 cuadras caminó la rubia en forma pensativa y autómata, ni siquiera podía recordar la cara de aquella extraña mujer que con toda seguridad debía estar viviendo con Cesar en su propio hogar, o el que fue su hogar se decía seguidamente, además de estar casi segura que los muy sin vergüenzas habían enviado a Jacobo con su abuela para ellos poder acostarse y hacer sus inmundicias sin que nadie los molestara, -¡pero por Dios que descarado e irresponsable era Cesar!, -se decía de a momentos una destrozada Gabriela sin ni siquiera ponerse a pensar en todo lo que había hecho ella cuando solo hace poco más de un año había sido ella misma quien hubo destruido su matrimonio y su familia al haberse calentado con don Cipriano, eso por ahora no figuraba en su mente.

Una hora más tarde la devastada ex casada aún se mantenía dubitativa pero ahora en la soledad de su hogar.

Estando sentada en su living analizaba una y otra vez lo sucedido a la entrada de su antiguo edificio, junto con esto ya se fumaba el tercero de los arrugados cigarros que se le habían quedado a su cuñado en su última visita.

La rubia no sabía qué hacer ni que pensar, su fugaz intento de ir a hacer las paces con su ex marido se habían ido al tarro de la basura con todo lo presenciado en las cercanías del que fue su hogar, aun le quemaba el alma recordar como su propio hijo trataba de mamá a otra mujer que no lo era, y lo segundo, eso de ver a Cesar besándose con otra que no era ella le enervaban los sentidos, y así estuvo otra hora más en donde no podía sacar de su cabeza aquellas enloquecedoras imágenes, de pronto también se preguntaba que a ella ¿qué le importaba con quien se anduviera revolcando Cesar?, si a ella lo único que le interesaba era su hijo, pero a los minutos otra vez se preguntaba si ellos después de haberse besado… ¿se habrían ido a acostar?, la rubia no quería admitirlo, pero aunque según ella le daba lo mismo, la situación igual le molestaba, y claro su mente le indicaba claramente que el Cesar con esa puta que se había buscado con toda seguridad se habían ido a coger después de deshacerse de Jacobo.

Fue que estando la rubia preocupada por todo lo anteriormente descrito cuando sintió el zumbido de su celular adentro de su bolso, rápidamente lo sacó y pudo comprobar de quien se trataba, obvio, era don Pedro, Gabriela le contestó con desgana:

–¿Diga?

Al contrario de Gabriela el viejo se notaba de muy buen humor:

–¡Hola mi putita de tetas grandototas y llenas de lechita solo para mi… Jejeje… tanto tiempo!, ¡Por fin pude reparar ese maldito motor! ¿Cómo la ves rubia…? ¡Jejeje!

–¡Ah mire Usted…! y… ¿Qué quiere ahora?, -le consultó la rubia secamente, con todo lo vivido ese día y por la forma en que la trató el viejo en su última visita lo último que deseaba Gabriela era ponerse a platicar de la vida con aquel miserable hombre.

–¿Cómo que qué quiero…? ¡¡Pues te quiero a ti yeguaaa…!! -el viejo en el acto cambio de humor, no le gustaba que la que había sido hembra de su hermano le contestara de esa forma, además que ahora ya casi la veía de su propiedad.

Gabriela cerró sus ojos en señal de molestia, ya hasta le cargaba que la trataran de yegua, aun así quiso de forma inmediata decirle a ese detestable vejete cuál era su postura después de que este la tomó como si ella fuese cualquier cosa:

–¡Oiga! ¡Escúcheme bien… porque hora soy yo quien le hablara a Usted…! ¡después de lo que me hizo la última vez que vino yo no quiero que nunca más me…

Don Pedro quien había estado pensando en las posibilidades de cómo le contestaría la rubia después de él habérsela casi violado no la dejó seguir hablando, además que él sabía que seguirían cogiendo hasta que él se aburriera, ni decir que también estaba convencido que la rubia esa era adicta a la verga, y más aún cuando le mostraban una de muy buen tamaño:

–¡¡¡Cállate zorraaaa…!!! -le bufó el mecánico como bestia a través del teléfono, por lo que Gaby tuvo que separar el dispositivo inalámbrico de su oído, luego siguió escuchando la aguardentosa voz de su ordinario cuñado que estaba casi gritando desde el otro lado de la línea, -¡¡¡y no me salgas con ese tipo de mamadas…!!! ¡¡¡Uno te llama para ver cómo estas y tú te pones de lo más pesada con uno…!!!

Pero Gabriela aún se mantenía en su misma postura inicial y por ahora no estaba dispuesta a bajar la guardia:

–¿¡¡Y como quiere que lo trate después de lo que me hizo…!!?

–¡¡No chingues rubia…!! ¿¡¡Y qué fue lo que supuestamente te hice yo a ti… puta…!!? ¡¡Mira que no me acuerdo!! -el vejete ahora también ya se estaba calentando con solo escuchar el alegato de la rubia.

–¿¡Oiga… acaso no le da vergüenza más encima preguntarlo!? ¡No se haga el menso… porque yo sé muy bien que Usted lo sabe…!

–¡¡Ahhh claro…!! ¡Tú te refieres a cómo te dejaste encular como una verdadera perra caliente la última vez en que nos vimos! ¿¡Verdad putona…!?

Gabriela aunque no le gustaba acordarse sabía que en aquella ocasión finalmente ella había aceptado la cogida anal con el viejo sin ningún tipo de problemas y con ella gozando como una descerebrada, aun así eso no la convertían en una perra caliente como decía ese viejo desgraciado, sin embargo no pretendía que este tomara ventaja en la conversación, pero con tan solo recordar las miles de sensaciones que la invadieron cuando este se la dejaba ir por atrás aquel día le hicieron ponerse a la defensiva y a comenzar a bajar la guardia casi sin darse cuenta:

–O… Oiga… eso… eso no fue así… y Usted muy bien lo sabe… Usted… Usted me forzó a hacerlo por esa parte… Usted me… me… vi… vio… violó…, -le soltó a sabiendas que el vejete algo tenía de razón en sus últimas palabras, a la vez que este mismo se encargaba de dejárselo bien en claro:

–¡¡Jjejejeje…!! ¡Tú sí que eres una zorra de lo más desvergonzada rubia!, ¿acaso se te olvida como terminaste enculandote tu sola en mi verga mientras rebotabas sobre ella… y que casi nos quedamos pegados cuando estábamos haciéndolo en el suelo de tu casa…? ¡¡Jaja!!

Un incómodo silencio se hizo en la línea telefónica, y al mecánico de la feria eso le encantaba ya que esto significaba que Gabriela no tenía demasiados argumentos para defender su postura, y de hecho no los tenía, hasta que nuevamente el vejete la escuchó hablar:

–Eso… eso que Usted dice no fue así… y si p… piensa…

Pero don Pedro no le daría pie para que la casada se defendiera, además que ya notaba como ella le hablaba en forma entre cortada:

–¡Claro que fue como yo lo dije estúpida… recuerda que tú eres una puta muy buena para la verga… así que ya no te hagas…! ¡Ahora escúchame bien… yo llegaré como en dos horas a tu casa, y tenme preparada la delantera que hoy sí que la ocuparemos… y si te portas bien y me la meneas rico así como tú sabes capaz que nuevamente te la deje ir por el culo!, jejejee…

–¿¡Q… qué… que diceee!?, -Gabriela lo había escuchado y entendido claramente, comprendía que su viejo cuñado ahora pretendía tener sexo con ella de la forma normal, ya que eso de querer este que ella le tuviera preparada la delantera significaba solo una cosa y esto era que ahora deseaba metérsela por la vagina, esa sola parte de la conversación la pusieron de lo más nerviosa, pero de ese nerviosismo rico que siente una persona cuando sabe qué tal vez hará algo malo, sumándole que le ofrecían nuevamente perforarla por detrás, en tanto el viejo y aprovechador mecánico continuaba haciéndole ver sus cachambrosas intenciones.

–¡Lo que me escuchas yegüita… hoy sí que te probaré ese rico tajo que te cargas un poco más abajo de tu ombliguito!! Jejeje… Ahhhh… y espérame de lo más buenota… porque antes de acostarnos te sacaré a tomar unas chelas bien heladitas por ahí, para después volver a la casa y enchufártela así como te dije…

Pero Gabriela no sabía a cómo reaccionar ante las aprovechadoras pretensiones de su casi cuñado, sus verdaderas intenciones de negarse a todo lo que quisiera ese asqueroso hombre con ella imperaban férreamente en su mente, pero en ese mismo instante fue un rico hormigueo vaginal el que la llevó a subir una de sus loables piernotas sobre la otra a la vez que contraía su puchita sintiendo bien rico ahí dentro y como si en cualquier momento le fuese a salir un poquito de agüita caliente de esa parte, eso era lo que estaba sintiendo la sorprendida rubia y todo gracias a las groseras palabrotas de don Pedro, sobre todo esta oración: –“recuerda que tú eres una puta muy buena para la verga…”.

Estando con su teléfono pegado en su oído y con estas nuevas e improvisadas sensaciones en cierta parte de su cuerpo nuestra ex casada se dio a seguir intentando negarse a lo que don Pedro claramente deseaba, en tanto las exquisitas sensaciones en su vagina la obligaban a cambiar de postura en el sillón en el cual estaba sentada, o de a momentos bajaba su pierna para luego subir la otra en donde el rico hormigueo en vez de menguar se intensificaba sobre todo cuando ella contraía su vagina a sabiendas de lo que iba a sentir haciéndolo, aun así se dio a contestarle:

–¡Ay no lo sé…! La… la verdad que yo pensaba que nosot…

–¡¡No me interesan las pendejadas que tú pienses sobre nuestra relación…!! -le cortó el viejo otra vez en forma enérgica y gritándole, –¡Escúchame bien puta… tú solo espérame con la zorra bien olorosita porque esta noche antes de ocupártela también vamos a salir…! ¡Llego en dos horas más…! -y sin más el vejete sencillamente le cortó la llamada.

Es importante destacar que don Pedro estaba desesperado por ver lo más pronto a Gabriela, y su apuro no era tanto por volver a encamársela ya que él creía saber que la rubia en la situación que se encontraba seguiría siendo su mujer por todo el tiempo que él lo quisiera, su apuro ahora iba mucho más allá, don Pedro sabía que lo plazos se iban venciendo y que la vieja Ernestina llegaría dentro de una semana máximo, por lo mismo tenía que de una u otra forma convencer a Gabriela que se prostituyera para él, y había escogido esta misma noche para hablar de negocios con ella, o al menos dar el punta pie inicial del singular negocio que él tenía en mente en donde la rubia iba a ser la principal protagonista, sin mencionar que la sola idea de ver a semejante hembra “trabajando” en la esquina del callejón escogido para tal efecto lo calentaban y lo prendían a mil.

Gabriela estando totalmente ajena de las siniestras pretensiones económicas de su casi cuñado en forma estupefacta vio cómo su teléfono se apagaba al haberse cortado la comunicación pensando en las últimas palabras de don Pedro, este anunciaba su llegada y quería salir con ella quizás para adonde, además entendía que el muy sinvergüenza también deseaba cogérsela por delante, según le había dicho, y todo para esa misma noche, y al aun tener en su mente la viva imagen de ver a Cesar con otra mujer y que ya era un hecho que ellos estuvieran viviendo juntos llevaron a que su mente otra vez le hiciera “click”, ya que la rubia en forma apurada se levantó de su asiento a la vez que consultaba el reloj mural, don Pedro llegaría cerca de las 7 pm, luego de eso se dirigió a su habitación, le habían pedido que estuviera de lo más buena posible, y eso era lo que ella haría, Cesar no se iba a salir con la suya.

Ya en su solitaria recamara la rubia en forma nerviosa buscó en su armario uno de los vestidos más ajustados de los que tenía ya que recordaba claramente que así le gustaban a ese otro viejo que estaba entrando en su vida, sumado a que ella recordaba muy bien que ya en una ocasión este mismo le había dicho que con uno de estos deseaba lucirla delante de sus amigos, por lo que optó por un ajustadísimo vestido negro muy parecido al que se había puesto en la fallida salida anterior cuando lo había amamantado y en donde habían preferido acostarse en vez de salir a servirse algo, ella sabía del efecto endemoniado que este le daría ese vestido a las formas de su cuerpo.

El exquisito vestido elegido por Gabriela ya estaba tendido sobre la cama listo para su uso, este era abotonado desde la altura de su ombligo para arriba por la parte frontal hasta el nacimiento de sus senos, y se ajustaba deliciosamente en la parte de su cintura, este dejaba ver una buena parte de sus bien torneados muslos, claro que no en forma exagerada.

De un momento a otro y en forma apurada pero siempre femenina para sus cosas nuestra rubia se desnudó para luego irse a la ducha, ya que don Pedro le había pedido que estuviera olorosita para cuando el llegara a buscarla, literalmente una perdida Gabriela estaba siguiendo al pie de la letra lo que le habían solicitado, y es que por lo sórdido y enajenante que fue para ella la situación vivida aquella tarde a la salida de su ex edificio donde vivió con Cesar, esto sencillamente le estaban haciendo olvidarse de todo lo que había pensado después de la última visita de aquel caliente vejete.

Gabriela estaba totalmente desnuda mientras se duchaba y enjabonaba todas las curvas de su cuerpo, sus rubios cabellos estaban todos llenos de espuma debido a la gran cantidad de shampoo con que a ella le gustaba tonificarlo, mientras el agua espumosa recorría cada centímetro de su dorada piel.

A los 10 minutos de relajante ducha la rubia creía no estar segura de lo que estaba haciendo, y tal como se dijo, en los tres últimos días ella se había juramentado que nunca más volvería a ser la mujer de su casi cuñado y ahora debido a los sucesos recientemente acaecidos ella estaba bajo el agua totalmente desnuda y preparándose para él, o sea, estaba haciendo todo lo contrario a lo que se había dicho.

Habían momentos de mediana lucidez en que Gabriela se decía que esta vez ella no caería tan fácilmente en las falacias de ese asqueroso hombre, si hasta le daban ganas de salir rápidamente de la ducha para ponerse algo de ropa e irse a cualquier lugar en donde el viejo no pudiera encontrarla, para luego y de un momento a otro sentir en su cuerpo esa cómplice sensación de disfrutar el hacer algo que no se debe hacer, pero en el fondo de toda esta situación era que el fresco recuerdo estampado en su mente de Cesar abrazado frente a frente con otra mujer y besándose de la misma forma de cómo si ellos fuesen la viva imagen de una tarjeta postal del día de San Valentín en el mejor de los atardeceres, solo eso la estaban llevando a cometer otra de las mismas estupideces de siempre.

En todo ese lapso de tiempo en donde eran muchos los sentimientos encontrados que atacaban la conciencia de la ex casada ella ya terminaba de enjuagar su curvilíneo cuerpo por tercera vez consecutiva, luego estuvo otros 10 minutos cepillándose los dientes con abundante crema dental siempre estando bajo la ducha disfrutando del agua caliente, y cuando ya pensaba en cerrar la llave para proceder a secarse, algo en su mente le daba vueltas, don Pedro claramente le había dicho que esta vez lo harían por la delantera, o al menos así le había entendido Gabriela, pero ella aún no estaba segura en dejarlo a que se lo hiciera, y mientras más pensaba la confundida rubia en todo eso, fueron esas mismas ideas las que la llevaron a recordar lo dicho por el ordinario vejete en una de sus últimas incursiones sexuales: “–Me pregunto… ¿cómo te verías encuerada y con el tajo que te cargas entre medio de tus piernotas totalmente depilado?, creo que sería una maravilla…”.

Y no era que Gabriela quisiera sorprender a su cuñado en lo más absoluto, ni siquiera estaba segura si se acostaría con él o no, sino que esto que estaba pensando ahora lo haría nada más que por curiosidad ya que ella nunca antes se la había depilado para nadie, además que sabía muy bien que ella estaba mucho más buena que la mujerzuela esa con la cual su ex marido ahora se revolcaba, su mente era un caos.

Claro estaba que todo lo vivido aquel día aportaban a que nuestra casada se fuese perdiendo cada vez más, en su mente imperaba un mar de confusiones y pensamientos contradictorios, así que ya casi sin pensársela y no midiendo consecuencias para ella corrió la cortina de la ducha y con su manita tomó el bolso que en su interior contenía cosméticos y otros artilugios femeninos en donde ella tenía guardada una máquina de afeitar de esas rosaditas, o sea… ya lo había decidido, se la iba a depilar, o más bien dicho… se afeitaría su vagina tal como lo deseaba don Pedro, pero sin ánimos de prestársela según ella.

Estando ya la rubia aun desnuda pero lista y dispuesta para hacer lo que tenía pensado elevó una de sus bien formadas piernotas a uno de los cantos de la tina y la abrió lo suficiente como para llevar a cabo esa endemoniada tarea, (su imagen desnuda de mujer y con una de sus piernas abiertas era tan endemoniada como la misma tarea) para luego proceder a esparcir una gran cantidad de espuma de jabón en su bajo vientre en donde cubrió todo su triangulo vaginal, y ya sin pensársela más comenzó con aquel enloquecedor y vanidoso ritual femenino.

La rosada máquina de afeitar tomada delicadamente por una de las manitas de Gabriela se deslizaba suave por su dorada piel vaginal una y otra vez, todo esto con ese característico sonido de filamentos sesgando aquel precioso e íntimo césped femenino, también repasando en incontables ocasiones por la sensual zona de la pelvis en donde la rosada máquina de afeitar junto con raspar eróticamente su piel también retiraba de esta en forma impecable a modo de rastrillo numerosos pelitos dorados y encrespaditos.

Las hojas repasaban y cortaban todo a su paso seguidas veces en forma suave en distintas partes del punto vaginal, y luego otra vez por la pelvis que a los pocos minutos de labor por parte de la rubia esta ya estaba casi despoblada de sus bellitos dorados.

En aquel exquisito rito femenino al interior del baño aparte del sonido del agua corriendo también se escuchaba el suave golpeteo de la máquina de afeitar contra el canto de la tina en donde Gabriela dejaba caer sus bellitos dorados, estos a medida que caían a la superficie de la tina se fueron por el desagüe en forma de remolino con el agua que seguía corriendo, para luego volver a pasársela por la vagina y sobre todo repasándose la pelvis la cual a estas alturas ya lucía totalmente desprovista de pelos, la única intención de Gabriela era eso mismo, es decir: dejársela tal cual como luce la vagina de una muñeca de goma, o como la tiene una nena antes de la pubertad.

Fueron más de 15 minutos en donde la rubia estuvo ocupándose solo de su triangulo de amor, hasta que finalmente cuando dejó la máquina de lado junto al shampoo y la jabonera se la enjuagó en reiteradas ocasiones quedándole su cosita totalmente peladita y bien brillante por el efecto del agua y la luz del baño.

Ya estaba hecho, se la había afeitado completamente y en forma impecable.

En el momento en que Gabriela ya se encontraba en su habitación y recién duchada se dio a secar con meticulosidad su desnudo y delineado cuerpo, luego de hacerlo procedió a encremar su piel poniendo mucho cuidado cuando lo hacía en la parte de sus pechos, ya que estos estaban otra vez rebosantes de leche debido a que ya hacía casi una semana que no amamantaba a nadie, (pero por ahora no entraré en ese tipo de detalles), posteriormente a eso también se aplicó crema una y otra vez en la suave superficie de su vagina recién rasurada, y no conforme con ello también se puso en esta todo tipo de lociones y aceites para aumentar su suavidad para luego y finalmente volver a encremarsela, la rubia ni se imaginaba que con su pretenciosa acción femenina si algún pobre mortal fuese a disfrutar de ella (de su vagina) esa noche este con toda seguridad iba a enloquecer de desesperación por devorársela con solo olérsela.

Luego de eso la rubia se ubicó desnuda como estaba frente al espejo, y con sus manos puestas en sus caderas procedió a mirarse en forma presuntuosa desde su ombligo para abajo en distintas posturas, una vez conforme de cómo había quedado su depilado triangulo se dio a secar sus rubios cabellos con el secador eléctrico, su potente imagen desnuda era enloquecedora, sobre todo cuando ya sentada en su tocador comenzó a cepillar su pelo con delicadeza, deseaba verse impecable.

Una vez de haber terminado de cepillar sus cabellos rubios nuestra Gaby puso atención en su ropa interior, sin pensársela mucho optó por un diminuto conjunto de ropa interior de color negro y de finos encajes, la ex casada sabía que con ese color no se le iba a transparentar nada por sobre el vestido, una vez puestos en su cuerpo este lucía infernalmente soberbio, daban ganas de ir y comérsela así tal como estaba, pero claro que estos singulares detalles no los notaba la suculenta rubia, para ella todo eso era lo más normal del mundo al verse en aquellas condiciones, eso todos lo sabemos.

Hasta que finalmente y una vez que terminó por embutir su soberano cuerpazo en el ajustado vestido negro antes mencionado, con mucho cuidado fue ajustando botón por botón hasta la misma altura de sus hinchados senos que por muy llenos de leche que estuvieron para nada lucían desproporcionados a su cuerpo, recordemos también que su vestido le llegaba hasta un poquito más arriba de sus dos pedazos de muslos enseñando una buena parte de ellos claro que sin llegar al escándalo, para finalmente calzarse unas pequeñas sandalias con correas negras de mediano taco.

Gabriela una vez que maquilló suavemente su rostro como ella siempre lo hacía caminó cadenciosamente hasta el living de su casa de donde recogió la cajetilla de cigarros y el cenicero llevándolos hasta la mesa del comedor, (ahora ni siquiera recordaba que hace solo un año atrás ella condenaba el mal hábito del tabaco), luego de eso en forma muy delicada corrió una de las sillas en donde depositó su curvilínea anatomía a la vez que encendía otro cigarrillo a sabiendas que aún faltaban como 20 minutos para que llegara el muy sin vergüenza de su casi cuñado.

La rubia estaba muy bien sentadita y fumaba con expresión de seriedad pensando quizás en qué tipo de cosas. En aquellas sublimes condiciones femeninas en donde otra vez estaba con una de sus piernas subida una sobre la otra lucía sencillamente perfecta, su ajustado y estirado vestido negro (que como bien sabemos era casi 2 tallas menos de su actual número) se moldeaba en sus carnes tan prodigiosamente que mostraba su figura tal cual como era esta cuando ella estaba sin nada de ropa, este realzaba demencialmente las llamativas curvas que ella criminalmente se cargaba.

Pero el ensimismamiento de la rubia fue abruptamente interrumpido en el momento que sintió abrirse la puerta que daba a la calle, era don Pedro que ya llegaba, Gabriela lo miró detenidamente de pies a cabeza hacia el umbral de la puerta abierta, el viejo venía con su mejor pinta de salida, ahí estaba parado mirándola con su sonrisa depravada, la ex casada era testigo de que este otra vez vestía su desgastada camisa plomiza que supuestamente era blanca la cual tenía todo el cuello molido y con restos de mugre, con los mismos pantalones con los que se había ido y calzando sus viejos zapatos negros.

El viejo con solo encontrarse con semejante imagen femenina quedó prácticamente con la lengua afuera, la rubia esa sí que se veía radiante y como una verdadera reina de belleza sentada en su trono con aquel minivestido de una sola pieza que había escogido, junto con calentarse con el solo hecho de estar mirándola, su mente a raíz de todo lo que venía pensando de hace días ya le indicaba todo el dineral que iban a ganar sus bolsillos solo en un poco lapso de tiempo más, y esto era cuando ya la estuviese abiertamente explotando sexualmente.

–Estoy lista…, -fue lo primero que dijo la ex casada a su casi cuñado mirándolo fijamente a la cara una vez que este abrió la puerta principal de su casa y luego de haberlo analizado de pies a cabeza.

–Así me doy cuenta reinita, Jejeje, te ves muy putona así como estas vestidita…, -le fue diciendo el vejete a la vez que se acercaba a ella y rodeaba la silla analizándola con malsana perversión, –entonces… ¿nos vamos?, -dijo este una vez de haber terminado su ardiente análisis, su verga ya sentía muchas sensaciones placenteras gracias al sentido de la visión.

–Como Usted quiera…, -le contestó la rubia aun con desgana en el tono de su voz al momento en que se ponía de pie y tomaba su bolso desde la mesa, cuando lo hacía con una de sus manitas arregló su semi ondulado pelo rubio por detrás de una de sus orejitas, pero el vejete no prestaba por ahora atención a esos interesantes detalles, todos sus sentidos estaban puestos en el cuerpazo de semejante potra, sobre todo en ese culo amplio, bien hecho y respingón, este era perfecto, don Pedro se preguntaba y se decía que ¿como el muy idiota de su hermano pudo haberla descuidado tanto?, –¡¡si la muy putilla de María no le llegaba ni a los talones a este monumento de hembra!!, -fue lo último que pensó en los momentos en que ya hacían abandono de la casa.

A los pocos minutos Gabriela y don Pedro ya habían abordado la camioneta de la rubia, obviamente y como debe ser era el vejete quien manejaba con toda propiedad como si él ya fuese el dueño del vehículo.

–Y entonces… ¿para dónde me va a llevar?, -le consultó Gabriela aun con el semblante serio en su rostro y mirando al viejo mientras este conducía, la rubia por enésima vez se encontraba sentada con una de sus piernas una subida sobre la otra, quedando la suavidad de una de ellas muy cerca de la mugrienta mano de don Pedro que estaba puesta en la palanca de cambios.

El viejo por su parte solo la miraba en forma deseosa alternado su ardiente mirada hacia su cara y esas tremendas piernotas que estaban solo a centímetros de su alcance, hasta que con sonrisa depravada y a la misma vez que le hablaba posó su mano derecha en el suave muslo de la rubia:

–No lo sé aun… ps… da lo mismo… que tal si nos vamos a tomar unas chelitas por ahí…, -le contestó mientras se daba a acariciar la suave extremidad inferior de tan potente mujer, el vejete en esos deliciosos momentos caía en cuenta que las veces anteriores en que había estado con ella (y no precisamente paseando en camioneta) no se había dedicado a saborear y sentir tan exquisitos manjares que nos proporciona la vida cotidiana al tener al alcance semejante ejemplar de mujer, esto solo por la imperiosa ansiedad en que había sucumbido por cogérsela el también, y obviamente tomar de su leche materna.

Por otro lado Gabriela se quedó atónita mirando fijamente la mano del viejo y como esta comenzaba a acariciarle el muslo desde la mitad de este hasta su rodilla en forma rasposa.

A pesar de que la rubia estaba plenamente consciente de que ellos dos ya habían intimado sexualmente en un par de ocasiones, de igual forma ella pensaba que este no tenía el derecho de llegar y tocarla como si ambos fueran novios o algo parecido, ella nunca se lo había dado, lo que había ocurrido entre ellos era toda culpa de don Cipriano y no de ella, se decía, y la forma en que este otro vejete asqueroso la estaba tocando, como si la cosa fuese llegar y llevar, no dejó de molestarla, incluso sintió el impulso de quitar ella misma esa mugrienta y pelada mano de su pierna, sin embargo y gracias a los extraños acontecimientos ocurridos en el transcurso de aquel día sencillamente llevó su mirada hacia la ventanilla y lo dejó, total sabía que al momento en que el viejo quisiera algo más lo frenaría en seco y le diría unas cuantas verdades, verdades que no alcanzó a decirle por teléfono en la tarde porque este mismo no la había dejado, solo se limitó a seguir con la conversación:

–Ay no, cervezas sí que no, con todo lo que me ha ocurrido últimamente prefiero beber algo más fuerte…, además que con las cervezas una queda muy hedionda.

Don Pedro se quedó sorprendido con la respuesta de Gabriela, y en el acto se lo hizo saber, su mano después de haberse saciado en esas suavidades ya estaba de vuelta en la palanca de cambios:

–Ahhh… no mames… pero si mira nada más, te… te estas volviendo una bebedora muy ruda… Jejeje… ¿quién lo iba a creer?

–¿Qué cosa…? -le consultó Gaby en el acto ya que verdaderamente no sabía a qué se refería el viejo.

–Que te gustan las sensaciones fuertes ps rubia, conozco a pocas mujeres que se dan a los tragos duros.

–Nunca he sido buena para beber, solo es cuestión de gustos, la cerveza me sabe muy amarga, además que me da sueño, -en el tono de voz de Gabriela aun predominaba la desgana, al contrario de la de don Pedro que cada vez se entusiasmaba más de acuerdo al desarrollo de la conversación, según él la noche aquella era muy prometedora.

–Que vas a preferir mi yegua… ¿un wisquicito… o un aguardiente?, -le consultó el ansioso vejete, quien ya se veía sentado con ella al interior del boliche de mala muerte al cual la llevaba bebiendo a la par y como dos grandes amigos.

–Oiga si me invitó a salir al menos llámeme por mi nombre y no así como Usted dice…, -en el tono de voz de Gaby cada vez se notaba más el cabreo, incluso ya hasta se estaba comenzando a arrepentir de haber salido con el mal hablado de don Pedro.

–¿Y cómo quieres que te diga…? -le consultó el viejo en forma inmediata, –¡¡si para mi eres una tremenda yegua!! ¡¡Sobre todo así como andas vestida!! ¿O prefieres que te diga mi Potranca? ¡¡pero si te gusta también te puedo llamar Puta!! O… ¡¡Perra caliente…!! ¡¡Jajajaja!! ¿Cuál prefieres…?

–¡¡Me llamo Gabriela, Usted bien lo sabe…!!, -la ofuscada rubia ya estaba deseando que llegaran a un semáforo en rojo para ella bajarse del vehículo e irse para cualquier parte, su viejo cuñado otra vez se estaba poniendo pelado y de lo más odioso.

–¡Ps…! ¡Elige como prefieres que te llame… ya que para mí tú solo eres eso!, Jejeje: ¿¡Yegua… Puta… o Perra caliente!?, yo no voy a llamarte por tu nombre, si es muy largo… quizás a lo más te puedo decir “rubia”…. ¡¡¡Jajaja!!!, -termino riéndose don Pedro, le encantaba decirle peladeces a esa rubia puta que conoció gracias a su hermano recién fallecido.

–Dígame como Usted quiera, me da lo mismo viniendo de Usted…, -le dijo finalmente Gaby ya abandonándose a su suerte, total solo serían un par de tragos y luego tomaría su camioneta y se largaría.

Don Pedro que no era tonto se daba cuenta del estado de animo de la hembra, así que optó por comportarse un poco ya que él sabía que el resultado de sus pretensiones económicas dependían de lo que ocurriera esa noche entre él y la rubia, además que otra vez posó su mano en la pierna de Gabriela y ella solo se limitó a seguir mirando por la ventanilla, eso por ahora era bueno pensó el vejete, muy bueno.

Una vez que llegaron a destino don Pedro estacionó la camioneta de Gabriela en una calle apenas iluminada pero si muy concurrida por todo tipo de personas debido a la gran variedad de locales de entretención nocturna, entre estos habían restoranes, Pubs, y alguno que otro cabaret, locales de muy baja calaña, casi todos eran antros bailables, claro que la mayoría de estas personas que pululaban a esas horas en aquel sector eran hombres en grupos que a la vista saltaba que estos andaban buscando algún local nocturno que ya estuviese en pleno funcionamiento, las miradas de muchos de ellos ya habían dado con la impactante figura de una sensual rubia que en esos mismos momentos se paseaba con un viejo tomada del brazo seguramente también buscando un lugar de entretención según entendían estos.

La festiva callejuela en cuestión estaba ubicada en un viejo y descuidado barrio capitalino, la ex casada aunque miraba en todas direcciones en forma asombrada solo se limitó a caminar en silencio y algo temerosa a un lado del vejete, fue eso mismo lo que la llevó a agarrarse del brazo de este, nunca en su vida había estado en un sector como ese, sus azules ojos veían sorprendidos que en cada local que pasaban en su interior existía ambiente de lo más pachanguero, claro que también se daba cuenta que como todavía era temprano estos aun lucían casi vacíos, solo eran los mozos de los distintos locales quienes deambulaban en su interior barriendo los pisos, bajando las sillas de las mesas, o limpiando vasos para luego ubicarlos en las mesas.

Don Pedro por su lado iba con una sonrisa de oreja a oreja al estar al tanto que apenas dejaron el vehículo aparcado eran muchas las miradas masculinas que se comían el ejemplar de mujer al cual él llevaba tomada desde la cintura y con ella asida férreamente a su brazo.

En tanto la rubia si bien caminaba naturalmente y sin proponérselo mejor que una modelo de pasarela, su estado psicológico era de nerviosismo total, ella nunca se había paseado en algún lugar público con un viejo de tales características, y menos en una calle con harta gente paseándose por sus veredas, por lo que rápidamente cayó en cuenta que con don Cipriano su mundo solo había sido entre su casa y el Pie Grande, salvo la oportunidad en que habían ido al banco y al parque cuando ella le cedió todo el dinero ahorrado por Cesar y por ella.

Fueron como tres cuadras en que la rubia tuvo que aguantar miradas obscenas de viejos horribles que a todas luces se notaba que andaban en busca de acción por esos barriales, otras miradas eran de sorpresa ya que también eran varias las parejas entre hombres y mujeres que miraban sorprendidos como a ella la llevaba abrazada un hombre de lo más asqueroso, y así era.

Hasta que al llegar a una esquina y doblar por esta la inusual pareja ingresó por fin a un antiguo boliche sub urbano que el vejete de vez en cuando frecuentaba.

El local escogido por el vejete era amplio y de lo más anticuado, los mozos que atendían las mesas eran esos típicos señores con panzas prominentes y que usaban chaqueta blanca y corbatín negro tipo humita, claro que en el blanco de sus chaquetas se notaban visiblemente manchas de comida, de vino tinto ya seco y de otros tipos de mugres, aun así el local este era muy frecuentado ya que los precios eran módicos tanto en comidas y tragos, además de tener una pista de baile al medio de las mesas, en resumen se podría decir que este local era un restorán de esos bailables y supuestamente familiar pero de muy bajo presupuesto.

Ya al interior del local antes mencionado Gabriela se dejó llevar por don Pedro, el vejete optó por ubicarse en los asientos de la barra del bar, eran muy pocas las mesas que estaban ocupadas según veía la asombrada rubia una vez que ya estuvo ubicada en la citada barra, la fuerte música de cumbias retumbaba en todo el lugar, por lo que el viejo cuando quiso hablarle tuvo que acercar su asiento muy junto al de la rubia para que ella pudiese escucharlo.

–Ok… orita que ya estamos bien ubicados ¿decidiste que vas a beber?, -le preguntó don Pedro a Gabriela mientras ella no se cansaba de inspeccionar ocularmente el ordinario antro en que la habían metido, a la vez que se sentía un poco invadida por la persona de don Pedro que estaba muy apegado a su cuerpo, pero sin llegar a tocarse.

–Yo creo que un aguardiente estaría bien…, -le dijo finalmente Gabriela sin pensársela mucho.

La persona que atendía la barra era una señora gorda que también estaba encargada de la caja, esta una vez que recibió el pedido por parte del viejo simplemente se dedicó a seguir ordenando su lugar de trabajo ya que sabía en que en muy poco rato el lugar ya estaría repleto de gentes, no sin poner atención en la extraña pareja que se había ubicado en su barra.

–Oye rubia… si aún te encuentras enojada conmigo por lo del otro día… lo que pasa es que me había bebido…

Don Pedro necesitaba si o si calmar a Gabriela, ya que en todo el trayecto la había notado cortante, al igual que en las primeras ocasiones en que se había dado a abordarla cuando recién la conoció, ahora más que nunca necesitaba que ella entrara en confianza con él, pero en esta oportunidad fue la ex casada quien no lo dejo terminar de hablar.

–¡No es solo por eso…! -Gabriela junto con interrumpirlo sacó una servilleta del dispensador que estaba sobre la barra y comenzó a doblarla en la misma superficie del largo y grasiento mesón para luego posar el vaso con aguardiente que le habían servido sobre esta, el viejo notó en el acto una extraña expresión nostálgica en su rostro, por lo que rápidamente se dio a intentar sacar provecho de la situación.

–Ah… ¿no es solo por eso? ¿Entonces porque andas con cara de perra envenenada?

Gabriela al instante lo miró con la misma expresión furiosa con la que lo venía mirando desde el minuto exacto en que el viejo se había aparecido por la puerta de su casa momentos antes, aun así sabía que ella no lograría nada con hacerle ver de lo muy ordinario que era este, así que se la dejó pasar y le contestó:

–Pues ese último día que estuvo en mi casa se lo iba a decir… pero usted llegó todo borracho… y me t… tomó a la fuerza… después hizo lo que tenía que hacer conmigo y luego simplemente se fue…, -Gabriela junto con decirle lo anterior tomó su vaso de alcohol y se lo bebió hasta la mitad, luego lo dejó en la superficie y se quedó mirándolo (al vaso) fijamente haciéndolo girar con sus delicados dedos.

Don Pedro no perdía detalle de aquella extraña conducta de la rubia, a la vez que le repasaba ocularmente su imponente figura, sus curvas eran resaltantes al estar viendo a semejante hembra sentada junto a la barra del bar, y para colmo otra vez la veía con una de sus potentes piernotas una subida sobre la otra, ;).

–¡A si…! ¡¡Jejeje…!! ¡¡Si me acuerdo… pero entonces cuéntame…!! –le dijo el ordinario mecánico después de haberla estado repasando ocularmente, incluso ya le estaban bajando las ganas de ir a cogérsela lo antes posible, pero lo primero era lo primero se decía para sí mismo y conteniéndose sus ardientes deseos, –¿cuéntame cuál es el real motivo del porque andas tan odiosita!?, Jejeje, -ahora se lo preguntaba de esa forma porque ya creía entender que su enojo no era por la bestial enculada que la había puesto la última vez en que se habían visto, o al menos así se lo estaba entendiendo a la rubia.

Y don Pedro no estaba tan lejos de sus apreciaciones ya que era la misma rubia quien se lo iba confirmando debido al curso de la conversación:

–Ps… Porque… porque me ha ido mal en todo…, -le soltó de una al inicio de su conversación, –he intentado que las cosas me resulten… sin embargo todo lo que hago me sale mal… ¿me entiende ahora?, -la rubia se lo quedó mirando fijamente con sus azules ojos tras su acongojada respuesta.

–Ahhh mira que cosas… sí, sí creo entender lo que te ocurre pero no estoy muy seguro, explícame un poco más cómo es eso…, -le contestó el vejete a la vez que se empinaba una botella de cerveza de medio litro y tras darle unas palmaditas en su reluciente muslo, claro que en la tercera palmada no pudo evitar sobárselo un poquito para después retirarla y ocuparse de su cerveza, eso ultimo lo hizo para marcar su terreno ya que el vivaz vejete estaba al tanto de que ya al local estaban entrando todo tipo de personas , y eran varias miradas masculinas que le estaban mirando a su rubia.

Gabriela si bien puso atención a como su casi cuñado otra vez le tocaba una de sus piernas, en esta nueva oportunidad también se la dejó pasar ya que notó que ahora el viejo lo hacía como para darle ánimos a que ella se siguiera explayando en su pesar, y era eso mismo lo que ella necesitaba, necesitaba que alguien la escuchara, por lo que siguió hablándole:

–Bueno Usted ya sabe… lo que ocurrió con su hermano, si me pateo como si yo fuera cualquier cosa, el día en que terminó conmigo me sentí igual que una colilla de cigarro botada y pisoteada en el suelo después de que se la fuman…, -don Pedro la escuchaba atentamente, y la ex casada seguía con su desahogo de emociones: –Luego intenté ir a buscar trabajo y nada… y lo otro… lo otro mejor ni se lo cuento…, -junto con decir lo último la rubia se terminó la otra mitad de su vaso, mientras lo hacía sus ojos estaban llorosos y don Pedro así también lo veía, claro estaba que eso “otro” de lo que se refería Gabriela era lo sucedido en la entrada de su ex edificio.

–Oye rubia… ¿y qué es eso “otro” que no me quieres decir…? vamos dilo… mira que estamos en confianza.

Gabriela otra vez se lo quedó mirando, notó que al menos esta vez la llamó por rubia y no con otro de sus ordinarios apelativos, esto la hizo sentirse un poco más segura, por lo que decidió narrarle al vejete lo sucedido en su última salida.

Por otro lado y ajena a la conversación entre Gabriela y don Pedro, la vieja que los atendía en el acto puso otro vaso con aguardiente frente a la rubia, atendiendo a la señal de “otro” que hizo con sus manos el hombre que la acompañaba, la mujer entendía que ambos estaban enfrascados en una conversación muy seria, pero le llamaba mucho la atención la tremenda diferencia que existía entre ellos, además de notar que la mujer de dorados cabellos que también era muy atractiva en las dos oportunidades en que le había servido el vaso le devolvía una agradable sonrisa de agradecimiento para luego cambiar la expresión de su rostro a seriedad absoluta mientras le hablaba al horrendo hombre que la acompañaba, la señora sabía que este era otro de los tantos viejos ordinarios que frecuentaban el local en que ella trabajaba, pero en sus años de laburo nunca se había topado con una situación parecida, es decir que ingresara a ese tipo de local una mujer de características tan atractivas con un viejo de lo más asqueroso y que hablaran con tanta familiaridad, –Si esta niña pareciera ser de esas que dan el pronóstico del tiempo en la televisión, -pensaba la vieja para sus adentros, -incluso hasta creyó ver que en un momento el viejo ese había osado a tocarle una pierna y que ella por su parte ni se había inmutado, -eso… eso era de lo más extraño se decía la mujer para luego volver a inmiscuirse en sus propios asuntos.

En tanto entre Gabriela y don Pedro la conversación seguía fluyendo en forma espontánea, al menos así era para nuestra casada quien era ella misma la que se comenzaba a explayar al saberse escuchada:

–Lo que pasó… lo que pasó es que quise ir a ver mi hijo… bueno también a mi marido y adivine que…

–¿¡No chingues rubia… y que cosa ocurrió cuando fuiste a realizar semejante mamada!? –le bufó don Pedro al percatarse de lo interesante que se estaba poniendo todo eso con la rubia

Gabriela luego de pensársela si en confiarle al vejete sus aflicciones se decidió y le narró con lujo de detalles lo ocurrido a la entrada de su ex edificio, el vejete por su lado la escuchaba con atención y le hacía preguntas sobre los detalles, hasta que al final de lo narrado por la rubia se dio a darle a conocer lo que él pensaba sobre aquel asunto.

–¡No me digas… y en que mierda estabas pensando cuando se te ocurrió que ese maricon te iba a estar esperando!, ¡lógicamente a él también le dan ganas de culear…! ¡¡Jajajaja!! ¡¡Aunque este sea reducido de verga!! ¡¡¡Jajajaja!!!, -fue todo lo que tuvo para decir don Pedro después de haberla escuchado y terminar riéndose de ella y de su situación.

–¡No sea ordinario Don…! ¡Cesar es tan ingenuo que ni siquiera se debe imaginar las verdaderas intenciones de esa mujer…! -Gabriela aun lo miraba con semblante de aflicción en su rostro mientras le contestaba.

–¡Ahhh… mira!, ¿y cuáles crees tú que serán las verdaderas intenciones de esa puta?

Mientras la conversación llegaba a este punto Gaby ya iba en su tercer vasito de aguardiente y el local poco a poco se había ido llenando de gente, al menos las distintas mesas ya estaban casi todas ocupadas, igualmente los demás asientos de la barra del bar, estos eran ocupados por hombres que se daban a beber y a recrear la visión con semejante pedazo de mujerón que también bebía en la misma barra.

A estas alturas y gracias al alcohol en su mente la rubia ya se mostraba con más naturalidad estando ajena a todas esas ardientes miradas que en esos mismos momentos ya se la devoraban imaginándola desnuda, pero ella estaba bien inmiscuida en la conversación con el vejete:

–No lo sé, yo creo que ella solo desea burlarse de él, quizás herirlo… ella no es la madre de Jacobo… yo soy su mamá…

Don Pedro junto con bajarse otra botella de cerveza hasta la mitad se repasó sus labios para retirarse la espuma, luego de eso se dio a seguir aconsejándola:

–Mira rubia, yo no soy bueno para parlotear sobre estas chingaderas… pero creo que desde un principio tu causa ya estaba perdida…, -el viejo intentó por todos los medios poner algo de seriedad en sus palabras, ya que esto también le servía para sus insanas intenciones.

–¿Y por qué me dice eso?, -le consultó la desprevenida rubia quien ahora también se había cambiado a la cerveza para no embriagarse tan rápidamente, aunque el alcohol ya comenzaba a estimular ciertos sentidos tanto psíquicos como físicos en su exquisito organismo, claro que ella aun no lo notaba.

–Ps… porque fuiste tú misma quien lo mandó a la verga, ¿o ya se te olvido?

El viejo la miraba fijamente esperando las reacciones de Gabriela, ella por su parte solo deseaba salir del paso ante los dichos de su viejo casi cuñado:

–Si… si… p… pe… pero ya estaba enamorada… yo estaba enamorada de su hermano… solo fue por eso…

–No rubia… tú no te enamoraste de nadie tal como ya te lo he dicho… tú simplemente te calentaste… te calentaste con mi hermano y sencillamente los mandaste a todos a la verga… eso fue lo que ocurrió, ya es hora que vayas aceptando eso…

Como ya se dijo anteriormente, nuestra casada ya llevaba en su cuerpecito 3 vasos de aguardiente y una cerveza, fue esto mismo lo que la llevó a encontrarle cierto sentido a las aclaratorias palabras de don Pedro, por lo que solamente se dio a preguntarle mientras lo miraba fijamente a su fea cara:

–¿U… Usted cree? ¿Usted cree que solo fue eso?

–Claro que sí, pero ya dejémonos de pendejadas y dediquémonos a beber, esta es tu noche rubia…, -le exclamó el vejete al oído debido a la fuerte música imperante.

–¡Si…! ¡Es verdad!, ¡Usted tiene razón… ese mal agradecido no vale la pena!, -le exclamó Gabriela de la misma forma refiriéndose a su marido, lo hizo acercando sus rojos labios al oído de su casi cuñado al momento de hablarle.

–¡¡Si rubia!! ¡¡Ese pobre maricon no vale la pena…!! -don Pedro veía desde su posición como la rubia se sonreía plácidamente a la vez que cerrando sus ojos se llevaba la pequeña botella de cerveza a sus labios: –¿de qué te ríes ahora…?, -le consultó rápidamente el viejo:

–Es que le sale gracioso de la forma en que Usted lo dice…

–¿A qué te refieres?

–Eso… eso que Usted dice sobre mi ex marido…

–¡¡Ahhh Jejeje!! ¡¿Qué es un pobre maricon…?! ¡¿Es eso…?!

–¡Solo eso…! ¡Le sale gracioso…!

–Ps… dilo tú misma rubia, eso te hará sentir bien contigo misma… vamos inténtalo…

Don Pedro a estas alturas ya deseaba comenzar a medir el estado mental de la rubia, aun así Gabriela no estaba tan bebida como para caer en aquel juego:

–¿¡Que cosa!? -le consultó a sabiendas de que el viejo ese deseaba que ella se burlara de su marido, aun así y aunque ella no fuera a decirlo la situación igual le entretenía, pero don Pedro continuaba en su afán:

–¡Que el maricon de tu marido no vale la pena…! ¡Vamos dilo!, -le exigía don Pedro quien también estaba entretenido con todo eso.

–¡Jijiji! ¡Ay sí! ¡Mi marido… no vale la pena…!

–¡Pero dilo como corresponde…! ¡Di que es un maricon y que no vale la pena!, ¡¡Jejeje!!

La rubia se lo quedó mirando sonriente, expresión muy distinta a la que tenía cuando el vejete hizo su aparición aquella tarde, hasta que por fin le contestó:

–¿Cómo se le ocurre que yo voy a decir una idiotez como esa sobre mi marido?, -le contestó ahora la rubia mirándolo con un enojo pícaro en su rostro.

–Ps… porque lo es y punto…, -al caliente de don Pedro ya hasta se la había parado la verga con solo imaginar a la rubia burlándose de su marido.

–Bueno… dejémoslo que es un tonto por todo lo que está haciéndome…

El vejete puso atención en lo último dicho por Gabriela, pensó que la muy descarada se estaba haciendo la víctima y culpando a ese otro pobre hombre de toda su situación siendo que había sido ella misma la única responsable y quien la había cagado desde el principio, por lo que decidió dejar su juego de palabras para un rato más, ahora existía una razón más importante que lo convocaba:

–¡Bueno… que sea como tú lo digas rubia…! ¿Otro traguito?

–¡¡Claro que si… pero también pídame un jugo de naranja mire que estoy un poquito mareada… necesito bajar las revoluciones un poco o yo no respondo!, ¡jijiji!

Y claro, si bien Gabriela no estaba borracha, si estaba un poco mareada, y su último dicho no era porque fuera a perder los sentidos debido al alcohol ingerido, sino que lo había dicho porque ya se sentía bastante bien, o más bien dicho es que nuestra casada ya estaba en buena onda y de lo más relajada, si es que así se podría describir su nuevo estado anímico.

Por su lado don Pedro también lo notaba así, fue por eso que el calculador vejete la sacó de la barra de donde estaban y se la llevó a una mesa que se encontraba un poco más apartada del ambiente festivo del restorán, cuando lo hacían el mecánico no dudó en tomarla de su mano para guiarla entre medio de las muchas personas que ya atestaban el festivo local de cenas bailables, a lo que Gabriela tomando esa acción como un gesto de amabilidad por parte del viejo solo le correspondió y se dejó llevar, el mecánico tenía el ego subiéndole a mil debido a estar al tanto de todas esas miradas por parte de sus congéneres que presenciaban en forma de envidiosa lujuria de cómo él llevaba tomada de su mano a una hembra de cuerpo espectacular.

Una vez que llegaron a la apartada mesa el viejo sabía que ahí podrían hablar un poco más tranquilos y con más privacidad, sobre todo por la enloquecedora proposición que le haría a la rubia, así que ya estando en la citada mesa con los tragos más el jugo de naranja, y ya sin tener la necesidad de estar casi gritándose en los oídos el siniestro vejete decidió iniciar su treta:

–Oye rubia… ¿sabes? Hay un asunto del cual necesito hablarte…

–Dígame… le escucho…, -le contestó Gabriela llevándose la bombilla del vaso de jugo a sus labios, ambos estaban ahora sentados frente a frente y separados solamente por la superficie de la mesa con los tragos antes señalados, a la rubia aquel extraño asunto del que deseaba hablarle don Pedro le hacían sentir curiosa.

–Escúchame bien… mira que este asunto es importantísimo y se trata de tu misma situación…, -una malévola sonrisa mezclada con algo de nerviosismo lujurioso se dibujaba en el ajado rostro del mecánico.

–¿¡De mi situación… y es muy importante!? -la rubia junto con hacer la pregunta había soltado la bombilla de sus labios, para luego de preguntar devolverla a estos y seguir disfrutando de su jugo que lo sentía bastante bueno y refrescante.

–Ps… si

–Dígame entonces…, -le volvió a decir Gaby a la vez que realizaba el mismo procedimiento anterior con sus labios y la bombilla del jugo.

–En vista de que te ha ido mal en todo y que necesitas generar recursos para estabilizarte he… he estado pensado en un trabajo para ti…, -le soltó el vejete de una, pero siempre midiendo el terreno que estaba pisando, por nada del mundo quería que la rubia le armara un escándalo en público como ya en una ocasión lo había hecho, en aquella oportunidad lo ridiculizó en el mercado y delante de muchas personas.

–¿Un trabajo para mí?, -ahora Gabriela se puso un poco más seria, sus doradas cejas se habían inclinado hacia arriba producto del aumento de curiosidad y demostrando también con esto seriedad en el asunto, por lo que dejó el vaso de jugo en la mesa esperando que el vejete continuara con su propuesta, su mente aun no imaginaba el tipo de trabajo que estaban a punto de proponerle.

–Exacto… pero más que un trabajo es un negocio, ambos seríamos socios y ganaríamos mucha lana… ¿me sigues?

La ex casada como que ya comenzaba a intuir algo extraño en todo ese asunto, pero su curiosidad también iba en aumento, ya en otras oportunidades don Pedro le hablaba de emputecerla, pero siempre se lo dijo en los momentos en que estaban manteniendo relaciones, por lo tanto la rubia al estar ahora con él en otro contexto no lo asociaba para nada:

–¡Usted y sus cosas!, pero dígame… ¿de qué se trataría ese negocio…?

El viejo junto con mirar en todas direcciones para asegurarse de que nadie los estaba escuchando tomó un poco de aire y quiso decírselo en su propio idioma:

–Ps… solo mírate rubia, si eres la tremenda yegua… o sea… una hembra espectacular, y que podrías estar en las altas esferas… te cargas un culazo y unas tetas trem…

En vista de todas esas palabrotas la casada lo quiso frenar en seco, a pesar de que hasta el momento se sentía entretenida con la invitación de su cuñado no estaba dispuesta a permitirle que la insultara:

–¡Oiga! ¿Me quiere hablar algo serio… o ya va a empezar con sus ordinarieces? –su bello rostro cuando le hablaba estaba entre serio y sonriente ya que notaba la desesperación del vejete.

–OK… Ok… tranquila mi reina… la verdad de todo es que este asunto es muy serio, -el ordinario mecánico traspiraba, y como ya se dijo por nada del mundo quería espantar a esa suculenta rubia así que intentó por todos los medios medir sus palabras, –lo que quiero decir es que tú eres una mujer de lujo, te gastas un cuerpazo espectacular y de Diosa… si ni siquiera se nota que ya hayas traído un chamaco a este mundo, ¿ahora lo vas entendiendo?

–¡No…! ¡No le entiendo…! –le respondió Gabriela en el acto, y la verdad era esa, lo único que pasó por su mente fue recordar los tiempos en que don Cipriano le había pedido que trabajara de edecán para promocionar el Pie Grande, por lo tanto su curiosidad se mantenía intacta, –¿Qué tiene que ver todo eso que me dice con el trabajo que me dijo…?

Don Pedro comprendió que ya debía largársela sin tapujos, para que la rubia le entendiera de una:

–Ps sí que tiene que ver pues rubia, y orita te explico con más detalles para que me entiendas clarito, con todo eso que te cargas en tu cuerpecito eres el mejor sueño húmedo de que cualquier hombre en esta vida… no importando cual sea su estrato social…, -el viejo tomó aire para luego seguir explicandole, –o sea… quien te vea o sepa que tú tienes una tarifa para prestar lo tuyo se deslomaría trabajando con tal de tener el dinero suficiente para pasar un rato contigo en una cama por lo menos una vez a la semana, y si es que no es más…, -el viejo mecánico notaba que la rubia ahora lo escuchaba atentamente y en silencio, por lo que siguió explicándole las ventajas económicas que ambos tendrían con ese trabajo si es que ella se atrevía a ejercerlo: –…si aceptaras mi propuesta tendrías la suerte de atender muchos clientes por las noches considerando todo eso que tienes en tu cuerpo… imagina ese dineral que estamos perdiendo en este mismo minuto… ¿lo entiendes ahora?

Gabriela quedó estupefacta por lo que sus oídos acababan de escuchar, claramente le estaban ofreciendo que ejerciera la prostitución, y como es lo normal en este tipo de situación, ella quería estar más que segura:

–No…, c… creo que aún no lo estoy entendiendo… por favor sea un poco más específico… ¿¡que tendría que hacer yo en una cama a diario y con esos hombres para ganar todo ese dineral que Usted dice…!?

–Ps… ps… si esta clarito… lo que te quiero decir es que abiertamente te metas a puta… que te dediques a la prostitución pus rubia… -el facineroso vejete creía darse cuenta que esa ex casada lo miraba al parecer con interés por todo lo que él le estaba diciendo por lo que siguió con su explicación siendo lo más representativo posible: –Estoy segurísimo que tu serías muy buena en este tipo de oficio… si eres una mujer con mucho talento para dedicarse a eso… además que no requerirá mucho esfuerzo de tu parte, solo debes abrirle las piernas a cualquier vato que tenga el dinero suficiente como para metértela, luego te aguantas un rato hasta que este se desleche al interior tuyo y ya…

Tras unos segundos de silencio que para el viejo fueron eternos la rubia se dio a darle su respuesta, y lejos de enojarla esa insólita proposición que graficó en su mente mientras su cuñado le explicaba los pormenores le hicieron caer en un repentino estado de jocosidad, la indecente propuesta del vejete y la por la desvergonzada forma en que este se la argumentaba no le causo más que risa.

–¡¡¡Jijiji jijiji…!! ¿¡Cómo se le ocurre proponerme semejante estupidez…!? ¡¡¡Jijijiji!!! ¡Yo ni loca haría eso…! ¡¡¡Jijijiji!!! -terminó riéndose Gabriela a la vez que tomaba la botella de aguardiente que el vejete había pedido a la mesa y se servía en el pequeño vasito de esos que existen para tal efecto, se lo bebió de un solo toque, aunque risueña y todo la enloquecedora propuesta de igual forma la pusieron nerviosa, pero ella estaba segura de lo que le estaba diciendo al aprovechador de su ex cuñado.

Don Pedro quien no esperaba tal reacción por parte de la rubia le contestó extrañado y algo molesto mientras vaciaba una botella de cerveza de las grandes en un vaso:

–Ps… yo no lo veo tan enajenante… y no sé de qué te ríes… además que yo creo que tu naciste para eso…

Gabriela después de beberse el aguardiente tomó otra vez su vaso con jugo de naranja, la conversación la tenía nerviosa pero también entretenida:

–¿Así que Usted cree eso de mi…? ¿Y porque lo dice…? Jijiji…

El vejete cada vez se ponía más específico para llevar aquella descarada conversación con la rubia, y ella parecía estar en la misma sintonía del vejete:

–Ps… ps… se nota como te pones cuando uno te coge…

Gabriela lo miraba siempre risueña y cada vez se impresionaba más por las comprometedoras salidas de ese vejete, no estaba muy segura a cómo reaccionar, lo que si era es que se la estaba pasando de lujo con todas las estupideces que le hablaba su cuñado con ella siguiéndole la corriente:

–Jiji… ¿cuándo me cogen…? -le preguntó otra vez divertida, –¿y cómo se supone que me pongo cuando me hacen eso?

–Ps… ps coges exquisito rubia… -el viejo junto con ir hablándole se echó con ambos brazos cruzados en el borde de la mesa en señal de lo muy importante que era para él aquella conversación, –mira, yo en mi vida he estado en la cama con muchas viejas y la gran mayoría han sido putas… y ninguna sabía culear ni menearse sobre la verga como tú lo haces a la hora de coger…

–¿A si…? Jijiji ¡Mire Usted! ¿Y qué más? jijiji, -la rubia quien estando ahora apoyada en sus codos y con su barbilla posada en sus manitas era quien se estaba burlando del vejete, no le importaba que este dijera cosas íntimas de ella, y como ya se ha visto, la conversación lejos de espantarla la tenían muy entretenida, por su lado el mecánico seguía en su osadía de poder convencerla y dársela vuelta:

–Entiende esto rubia… las prostitutas comunes y corrientes no se tragan el semen de un hombre así como así, pero las pocas que son como tú, que por lo demás son muy escasas de encontrar van y se lo zampan como si tuviesen sed y hambre al mismo tiempo…, y eso es muy bien pagado en este tipo de trabajo que te estoy ofreciendo, claro que nuestros precios si lo hicieras solo en la forma normal serían re baratos, con esa estrategia de negocio captaríamos muchos clientes y tú siempre tendrías mucha chamba… ¿¡qué dices!? ¿¡¡Aceptas SI o NO!!?

–¡¡¡Jijiji jijiji…!!! -reía otra vez Gabriela sin poder contenerse y tapándose la cara al estar escuchando los insólitos argumentos que tenía ese viejo con tal de hacerla caer en algo tan burdo como de convertirse en una prostituta barata, pero ya era suficiente de escuchar tantos disparates juntos así que recomponiéndose en su silla e intentando ponerse algo más seria se dio a decirle a su cuñado como era la situación al menos por parte de ella:

–Oiga… ya calmémonos un poquito y cuando hable hágalo un poco más bajo mire que lo pueden a escuchar…

–Vale rubia… pero dime… ¿cuál es tu respuesta final? –le preguntó don Pedro con ilusión, ya hasta se la imaginaba en el callejón asignado paseándose solamente en portaligas y estrechándole el paso a eventuales clientes que anduvieran de a pie para negociar con ellos… o acercándose también en forma sensual a los automovilistas enseñándoles lo de ella para tentarlos…, -en tanto la casada ya le daba su respuesta final:

–¿¡Mi respuesta final!? Pero si ya se la dije, mire terminemos esto lo más pronto posible y escúcheme bien…, -Una sonrosada Gabriela, mitad por el alcohol y mitad por la misma situación, se inclinó hacia adelante para poder hablarle al vejete en voz baja y no ser escuchada por alguien más: –Yo el otro día le dije claramente que solo me he acostado fuera de mi matrimonio con su hermano y con Usted… no podría hacerlo con cualquier otro hombre… y menos por dinero… ¡Así que mi respuesta final es NO!, ¡¡No!! Y… ¡¡¡No…!!! ¡¡¡Eso nunca…!!! ¿¡¡Está claro!!?

Junto con aclararle su postura la rubia volvió a su anterior posición y le puso un poco de aguardiente a lo que quedaba de su jugo de naranja, pero el vejete insistía:

–Ps… si yo fuera tú me la pensaría, no sabes el dineral que hay ahí afuera esperando por tus agujeros…, Jejeje…

A Gabriela le llamaba la atención la forma en que el vejete insistía como si lo que le estaba proponiendo fuese algo de lo más normal del mundo, pero a pesar de lo insólita que era la indecente propuesta además de lo pelado que era el vejete para ejemplificar, aun así se animó a hacerle una pregunta que la tenía intrigada con respecto a lo que el viejo deseaba para ella:

–Oiga… y esto se lo voy a preguntar solo por curiosidad eh… para que no piense que me está interesando eso q… que me dijo… p… pero en el caso que yo le hubiese aceptado su… su…, -la ex casada no encontraba las palabras apropiadas para referirse al ofrecimiento de su cuñado con la endemoniada propuesta de que ella abiertamente se prostituyera, –s… su asunto ese que me dijo… de haber sido así… ¿cuál sería su parte en… en… bueno Usted ya sabe… e… en el “negocio”?

La cara del vejete resplandeció como si se hubiese ganado la lotería, la rubia estaba dando una pequeña muestra de interés en el asunto que los convocaba según lo que él notaba, y algo era “algo” por mínimo que fuera se dijo para sí mismo y en el acto, así que no haciéndole caso a su ultima aclaración se dio a darle su respuesta como si ya estuviese dando por hecho que ambos serían socios:

–¡¿Mi parte?! ps… yo pasaría a ser algo así como tu representante, además de manejar tu cartera de clientes…, Jejeje, -le dijo a la misma vez que se llevaba a su bocota un espumeante vaso de cerveza siempre mirándola atentamente.

Para nuestra Gabriela la conversación que estaba llevando con don Pedro era demencial, aun así encontraba muy poca la participación del vejete en un trato como ese encontrando que este era un aprovechador, y así se lo hacían saber sus labios a su supuesto socio:

–¿Solo eso haría Usted…?

–Ps… ps… también vas a necesitar seguridad rubia, -le dijo el viejo después de pensarla rápidamente, –trabajando conmigo te aseguro que no te ocurrirá nada malo en las noches que dure tu turno…, además que si algún cliente quisiera algo especial… no sé… algo fuera de lo común como beber leche directamente de tus tetas por ejemplo, en ese caso ahí estaré yo para asesorarte en cuanto debes cobrarle… vamos… ¿qué dices? ¿Te atreves… a trabajar para mí?, piensa en todo ese dineral que nos espera…

Gabriela junto con sonreírse debido al arsenal de idioteces que le respondía su cuñado pensó que ya era hora de hacerle ver a este cuál era su verdadera postura a lo que le estaba solicitando:

–¡Absolutamente NO!… que se pierda todo ese dineral que Usted dice, no me interesa para nada su ofrecimiento… además que Usted es un exagerado, -mientras le decía lo último la rubia lo miraba fijamente para ver la reacción del vejete, sin embargo aún se mantenía algo sonriente, pensaba además… ¿que podría ella esperar de un viejo tan vulgar y pelado como lo era el chiflado de su casi cuñado?

Con semejante respuesta por parte de Gabriela, el viejo y aprovechador mecánico cayó en un momentáneo estado de frustración, preguntándose en forma mal humorada ¿en que habría fallado si el notó en un momento que ella estaba interesada?, sin embargo no estaba dispuesto a demostrarle debilidad a la rubia e intentó seguir la conversación de la forma más normal posible:

–¿Porque me dices que soy un exagerado?

–Porque no todos los hombres de este mundo son como Usted… solo por eso…

En tanto la conversación que se desarrollaba en la mesa que ocupaban Gabriela y don Pedro, en ese mismo momento y muy cerca de ellos iba pasando un mozo con una bandeja vacía, don Pedro le hizo señas para que este se acercara, el mozo así lo hizo:

–Tráeme tres cervezas grandes, y otro jugo de naranja para la dama, -le ordenó en forma tosca el vejete.

El mozo acató en el acto la orden y se dispuso a ir a buscar el pedido no sin antes pegarle una buena repasada ocular al pedazo de mujerón que acompañaba al viejo ese que le había hecho el pedido.

Por su parte Gabriela sintió algo raro en su mente al ser ella misma testigo de las últimas palabras utilizadas por su cuñado al referirse a ella: “y otro jugo de naranja para la dama…”.

–No te entiendo…, -le dijo el vejete devolviéndola a la realidad después de haber hecho el pedido, este se refería a lo último dicho por la rubia, por lo que ella tuvo que rápidamente ordenar las ideas en su cabeza para no perder el hilo de la plática:

–Claro que no me entiende porque Usted es uno de esos hombres que gustan de pagar dinero para poder tener sexo con mujeres que nunca podrán tener, pero no todos los hombres son así… eso se lo aseguro…

Ahora era el vejete quien miraba a la rubia con su característica risa burlona, obviamente era por lo que le estaba diciendo Gabriela en aquellos momentos, y no se aguantó para darle su respuesta a lo que ella decía:

–Ps… ¿qué me acuerde? Yo no te he pagado un solo peso por cogerte por ambos lados, si hasta te has comido mi propio semen, y tú sí que estas de infarto rubia, así que mejor no hables tantas mamadas juntas además que si yo quiero orita mismo te arrastro a los baños y te culeo tirada de espaldas en el piso aunque patalees, Jejeje, yo sé que tú igual te dejarías y a la larga terminarías culeando conmigo como toda una perra caliente, Jejeje… ¿verdad…?

Solo con esas palabras el vejete puso en jaque a una locuaz Gabriela, y esta misma sonrojándose aún más de lo que ya estaba, e imaginando la escandalosa escena de estar ella siendo cogida por don Pedro en un espacio público la llevaron a rápidamente expresarle:

–¡Don Pedro… que cosas dice! ¿Cómo se le ocurre que yo voy a dejarle a que Usted me lo haga en los baños…? -le dijo en forma incrédula y sonriente al mismo tiempo, a la vez que miraba de soslayo en todas las direcciones posibles por temor a que alguien hubiese podido escuchar semejantes palabrotas.

–Ps… yo sé que te gustaría, quizás tendría que abofetearte un poco, pero como ya te dije… yo sé que igual terminarías cogiendo y dejándote coger Jejeje…

Las salidas y calentonas situaciones que exponía el vejete calaban hondo en la sensualidad de la ex casada, ya que con solo imaginarse a ella cogiendo con el viejo en los baños de aquel local la llevaron a recordar que ella en esos mismos momentos se encontraba con su vagina totalmente depilada, tal como una vez le dijo don Pedro que deseaba saborearla, lo que la llevaron a preguntarse cómo se pondría su cuñado con tan solo vérsela una vez que se la llevara a los baños, o de las ganas que le pondría este al acto sexual una vez que ya estuviesen acoplados a sabiendas del estado de su íntimo triangulo traedor de vida.

Mientras pensaba en todo lo anterior Gabriela solo se dio mirar a su cuñado de reojo, sonriente y adentrando sus rojos labios por el nerviosismo en que la ponía el vejete, mientras tanto el aprovechador mecánico continuaba presionándola y poniéndola a prueba:

–Contéstame rubia… ¿te dejarías culear en los baños?

La ex casada quien seguía mirando en forma cohibida al viejo haciendo extrañas gesticulaciones con sus rojos labios a la vez que tímidamente paseaba su lengüita por ellos demostrándole su nerviosidad no sabía qué respuesta darle con eso de que si a ella le gustaría que se la cogiera en los baños, en eso sintió en su vagina una leve sensación de cosquillas placenteras, lo que la llevaron a rápidamente a recomponerse y a decirse a ella misma que por nada del mundo se podía dar el lujo de estar excitándose con todas esas leperadas que le hablaba el vejete, ella nunca se dejaría que se lo hicieran en un lugar público, y menos en los baños de un local de medio pelo en donde ya habían muchas familias cenando inocentemente.

Pero la verdad era que el viejo sí que ya la tenía excitada con todas sus palabrotas y situaciones escandalosas que le exponía, así que Gabriela otra vez mirando en todas direcciones para asegurarse de que nadie hubiese escuchado al pelado de su casi cuñado quiso salir de inmediato del paso:

–Ehhhh… Ehhhh… C… claro que no me gustaría, además que tampoco me dejaría a que me lo hiciera… b… bu… bueno pero Usted se está desviando de la conversación… lo que le dije… o sea…, -la rubia estaba de lo más nerviosa y ya se sentía algo jugosa, –yo… yo me r… re… refería a los hombres en general… n… no… no todos son como Usted dice…

–¡Claro que todos somos iguales rubia…! -contra atacó don Pedro en el acto, él estaba al tanto del estado de esa ex casada, aun así decidió dejar sus tentativas al margen ya que por ahora sus intenciones con la rubia eran otras, por lo que siguió intentando convencerla: –una cosa es que en ciertas ocasiones nos hagamos los pendejos, y la otra es como somos verdaderamente por dentro…, unos más que otros claro… -terminó diciéndole con convicción.

Gabriela estando ya más calmada rápidamente retomó el hilo de esa inusual plática:

–Mmmm… ahora soy yo quien no le entiende, explíquemelo…

–Ps… por ejemplo y para que le sepas… en este mismo local hay muchos cuates que ya deben pensar que tú eres mi puta, jejejeje, -el vejete le dijo eso con orgullo ya que así la sentía, para él esa rubia ya era su putita personal por la sencilla razón de saber que se podía acostar con ella cuando le viniera en gana, claro que Gabriela a pesar de su reciente acaloramiento momentáneo estaba lejos de sentirse de esa forma, por su parte lo otro ocurrido entre ellos solo había sido por casualidad.

–No… eso no es así… solo los hombres ordinarios como Usted piensan de esa forma, -volvió al ataque Gabriela.

–Claro que lo es rubia… Mira y esto es para que tú misma te des cuenta y saques tus propias conclusiones eh… la cosa es que todos estos vatos que ya te han visto conmigo juran que eres una de estas putillas que andan en busca de verga en este tipo de locales, Jejeje, y si es que ellos tuvieran la más mínima oportunidad de cogerse a una yegua como tú sencillamente lo harían… por las buenas… por las malas o simplemente pagando unos buenos pesos con tal de sentir en sus vergas tu sabor propio… si ya te lo dije… eres una puta espectacular…

La rubia escuchó atentamente cada una de las palabrotas del vejete, con sus apelativos ofensivos contra su persona y todo, sin embargo siguió con la conversación con la mayor naturalidad del mundo:

–¿¡Todos!? ¿¡No lo creo!? También existen los hombres decentes para que lo sepa.

Era increíble notar como Gabriela le dejaba pasar una y otra a don Pedro, que este la tildara de puta o de yegua ya era casi algo normal en el transcurso de la conversación, en tanto el viejo seguía con su singular disertación:

–A ver… mira, esto es solo un ejemplo eh… para que no me mal interpretes… ¿me sigues?

–Le sigo…, -le contestó la rubia con el nuevo vaso de jugo de naranja en una de sus manitas.

–¿Puedes ver a ese pendejo que está parado en la barra justo a unos metros de nuestra mesa?

Gabriela llevó su mirada a la barra y dio con la figura de un hombre de entre 25 y 30 años quizás, muy bien vestido y que se notaba que dedicaba a su contextura unas buenas horas a la semana de gimnasio.

–Si lo veo… ¿y que hay con él…? -le consultó la rubia a su cuñado.

–Luego te digo, antes dime… ¿qué opinas tú de él? O sea… ¿cómo lo encuentras como macho?… ¿te gusta?

–Mmmm… no lo sé… tendría que conocerlo primero… ¿pero porque me pregunta eso? –la ex casada ya se estaba asustando.

–Solo contéstame rubia… ¿a simple vista… te gusta un maricon como ese…? o más bien dicho… ¿le prestarías la concha a la primera a ese cuate si él te lo pidiera?

Nuestra Gabriela luego de mirar con el ceño fruncido demostrando preocupación al aborrecible rostro sonriente de su cuñado y después de volver a estudiar al galán en cuestión le dio su parecer a don Pedro:

–Mmm… es atractivo si… ¡pero eso no significa que en una noche yo voy a ir y acostarme con él…! ¡Y menos por dinero por si se le está ocurriendo algo…!

–No, no es eso… ps… lo que pasa es que ese vato desde hace rato que se anda haciendo el bonito alrededor de nuestra mesa, de seguro que está planeando algo para plantarte unas buenas cachas para esta misma noche, ¿lo habías notado?

Y en efecto el susodicho desde hacían unos buenos minutos que había dado con el espectacular cuerpo de una rubia natural como a él le gustaban, y al verla sentada junto a un viejo que a la legua se notaba que no estaba a la altura de ella se daba a ponerse en posturas varoniles para ver si aquella tremenda hembra lo veía y se decidía a ir a beberse un trago con él a la primera señal que le hiciera, lógicamente para después irse a pasarlo bien a otro tipo de local donde existieran camas.

Pero en la mesa, Gabriela ya le daba su respuesta a don pedro:

–No… no me había dado cuenta… y ¿porque hace todo eso?, – la ex casada preguntaba lo anterior por que también se daba cuenta de que el osado galán de vida nocturna se ponía en posturas varonilmente recargadas obviamente para llamarle la atención a alguien y ese alguien era ella.

–Lo hace porque se siente seguro de sí mismo, por lo que veo es un cazador de hembras nato, y piensa que si tú lo miras a la mínima señal que te haga tal vez tú podrías pararte de esta mesa e ir a pasarlo bien con él… o sea… te quiere culear, Jejeje… ¿Cómo eres tan pendeja que no te das cuenta?

–¡Pero yo no voy a ser eso…! ¡si ni siquiera sé quién es…!, -Gabriela miraba al galante varón en forma extrañada mientras le hablaba al vejete, nunca se había percatado de las estupideces que hace un hombre cuando anda cazando hembras según le decía su vejete amigo, si todo eso era de lo más patético para ella.

La rubia estaba en eso cuando se percató que el susodicho la miraba y le hacía un gesto con la cabeza como invitándola a que se fueran a otra parte, nuestra Gaby reaccionó en el acto haciéndoselo saber a don Pedro: –Oh Dios… c… creo que ahora me está mirando… se dio cuenta que estamos hablando de él… y me hizo señas…, -la ex casada con espanto llevó su mirada en sentido contrario de donde estaba el dichoso varón que en esos momentos juraba que esa hembra que ya a todas luces había dado con sus pectorales debía estar botando al estropajo de hombre que la acompañaba para luego ir a ofrecerle sus curvas tal como lo hacían todas.

–Jejeje tú no te preocupes rubia, tú estás conmigo ahora… ¿quieres que me lo despache…?

–¡Sí! ¡Haga algo!, ¡debe estar pensando que yo quiero algo con él, lo digo por la forma en que mira para acá…!

–Ps… espérame un tantito…

Gabriela vio con estupor como el tosco y viejo mecánico se puso de pie y con su guata caída y todo fue directamente hacia donde estaba su fugaz pretendiente. Desde su posición vio que ya ambos discutían, y que el viejo junto con hablarle lo miraba con su aborrecida sonrisa burlona a la vez de respirar agitadamente, en eso vio que el galán de un momento a otro cambio de postura y que su cara parecía estar preocupada por algo, a los segundos emprendió la retirada hacia la salida del local hasta que se perdió de vista, don Pedro ya estaba casi de vuelta y venía rascándose la guata.

–Te lo dije rubia… esos son solo maricones que no valen la pena, Jejeje, el muy pendejo me dijo que él no se iba si no eras tú quien se lo pedía, decía estar seguro que tu querías irte con él porque que lo había notado en tu mirada, -fue lo que le dijo el mecánico una vez de vuelta y ya sentado a la mesa.

–¡Pero eso no es así…! ¡Si yo estaba hablando con Usted… yo no me iría con un hombre que apenas conozco y eso Usted bien lo sabe…! -Ni Gabriela entendía del porque le estaba dando tantas explicaciones al asqueroso de don Pedro, el asunto era que la rubia por algún extraño motivo sentía que debía respetarlo en cierto sentido, si era su ex cuñado.

–Lo se rubia… yo sé que tú no me harías eso… yo voy a que ese tipo de pendejos son de los que se creen que pueden cogerse a cualquier vieja de buen ver, y como tu cumplías corporalmente con sus expectativas de culeo me vi en la obligación de decirle un par de cositas que le podrían ocurrir si es que no se iba, jejejeje

–Ay gracias Don… de verdad que ese hombre me puso incomoda solo en un rato…, -junto con decirle lo último la rubia en forma natural posó sus dos manitas en las rasposas manos del vejete en clara señal de agradecimiento.

Luego de un momento y estando don Pedro ya al tanto del sincero gesto de Gabriela este ya estaba otra vez con un vaso de cerveza en la mano, su ajada expresión era de cómo si estuviese filosofando sobre la situación recién ocurrida, en eso le habló a su rubia sin hacerle caso a las palabras de agradecimiento por parte de ella a pesar de haber sentido esas suaves manitas sobre las suyas:

–Pero… ¿sabes? Ese vato se creía estar muy seguro de sí mismo, pero también creo que ahora al saber que tiene cero posibilidades de cogerte por sus propios medios…. con gusto pagaría unos cuantos pesos por disfrutar de tu cuerpo y de todas tus cositas por una hora, Jejeje.

Gabriela quien aún miraba en dirección por donde se había perdido el vencido galán pero si escuchando atentamente la aguardentosa voz de su ex casi cuñado en forma espontánea preguntó:

–¿¡Usted cree que él los pagaría!?

La rubia hizo la pregunta casi sin pensársela. Es que tal como lo expresaba el vejete y la forma en que exponía sus viciosos puntos de vista la iban envolviendo en un extraño y prohibido estado emocional que la llevaron a desear saber a ciencia cierta si ese hombre realmente estaría dispuesto a pagar dinero por acostarse con ella por una hora.

–¡¡Si pues… si lo creo…!!, -le contestó don Pedro en forma eufórica ya que nunca imaginó una pregunta como esa por parte de la rubia, sintiendo en su cerebro como nuevamente se reactivaba la vena que unía su sistema nervioso con su verga, lamentablemente para él la rubia rápidamente recuperó la cordura:

–Pero yo… ¡yo no me acostaría con él…! ¡Ni por dinero… ni por nada…! ¡Ya se lo dije…!

El vejete de igual forma con tan solo escuchar la pregunta de Gabriela este ya casi resoplaba de calentura por todo lo que estaba sucediendo, su verga ya estaba semi erecta y desprendía pulsantes gotas de moquillo debajo de sus calzoncillos y pantalones, pero sabía que debía calmarse, la conversación con la mujer que probablemente le haría ganar dinero iba mejor de lo que había pensado en un momento, por lo que se dio a calmarla para no perder el pequeño tramo avanzado:

–¡Si…! tranquila zorrita, si era solo un ejemplo para que me entendieras…, -aun así don Pedro en su fuero interno comprendía que “SI” había dado un pequeño paso en la mente de la rubia, un paso pequeño… pero significativo.

–Aun así… yo… yo creo que los hombres decentes si existen…, -continuó defendiendo su postura nuestra Gaby, –no como ese tipejo con sonrisa de ganador que ya hasta me da asco, -le dijo también para salir del paso claramente refiriéndose al hombre recién despachado, por otro lado ella sabía que había sido indiscreta con su última pregunta.

–No seas pendeja para tus cosas… te digo que no existen… si tú misma ya lo viste… ps…, -el mecánico tras su respuesta terminó moviendo su cabeza en forma negativa debido a la porfía de esa rubia.

A pesar de lo anteriormente sucedido nuestra Gabriela de igual forma se sentía algo cómoda en la compañía del vejete, los grados de alcohol en su mente… o que su cuñado la haya tratado de dama hace un rato cuando este hacía el pedido, y que además este mismo haya sacado la cara por ella en aquel boliche con un hombre que claramente se había equivocado con su persona lentamente la estaban llevando a depender de su ex casi cuñado al menos por esa noche, y no era que Gabriela estuviese desesperada por ir a acostarse con él, es más… esa idea no figuraba para nada en su mente a pesar de que este la ponía nerviosa con todas sus palabrotas y situaciones que le inventaba, pero tal como ya se dijo la rubia simplemente se sentía cómoda en la compañía del viejo, algo así como segura, tal como en alguna oportunidad la había hecho sentir su hermano, algo parecido a eso pero también distinto de alguna forma, y así se notaba por lo desenvuelta que se notaba para continuar la conversación con su cuñado:

–Escúcheme don… ahora yo le mostraré otro ejemplo para que Usted vea que no está del todo en lo correcto…

–A ver… ¿y cuál sería tu ejemplo?

–Aquí mismo en este local… hay muchas mesas en donde hay familias completas cenando, por lo que yo veo esos esposos son todos hombres serios que no piensan como Usted o como ese flaco que Usted acaba de solicitarle que se retire.

–¿¡Estas segura de lo que dices rubia!? -esa pregunta más parecía una amenaza debido a como se lo preguntaba el viejo, pero eso a Gabriela por ahora no le preocupaba.

–Claro que si… si ninguno de ellos me ha mirado, como tampoco miran a las demás mujeres que están en las otras mesas, y eso es claramente porque respetan a sus esposas y a sus hijos… ¿se da cuenta?, ahora es Usted quien pierde, estamos empatados, -le dijo otra vez sonriente.

–No te han mirado a destajo solo porque andan acompañados, además que las otras mujeres no están a la altura de una yegua como tu… pero no sabes los efectos que crearías en ellos si les hicieras creer tener un mínimo de posibilidad de tener algo contigo, ahí verías tu misma lo que es capaz de hacer un hombre con solo creer tener una mínima posibilidad de encamarse a coger contigo, Jejeje, incluso hasta pagando…

Gabriela se iba confundiendo cada vez más con aquella conversación, en su sub consiente no sabía si sentirse alagada o enojarse por cada vez que el vejete la trataba de yegua o cuando hablaba poniéndola a ella en la condición de puta, o también refiriéndose a lo muy buena que era ella cuando se la cogían y así muchas cosas más, el punto era que a estas alturas la balanza en su mente se inclinaba más hacia lo primero que a lo segundo, pero aun así en su persona aun prevalecía la cordura, eso sí que lo tenía muy claro y así también se lo hacía saber a su cuñado:

–No… no lo creo tan así… solo lo dice para salir de paso y para no reconocer que esta vez yo tengo la razón.

La mente del mecánico trabajaba aceleradamente, le gustaba que la conciencia de la rubia estuviera medianamente lucida, así era más entretenido se decía, por lo que rápidamente comenzó a urdir una maquinación lujuriosa para tentar la suerte esperando que la rubia cometiera un error y la puso en ejecución en forma inmediata:

–¿¡quieres apostar…!?

–¿Apostar? ¿Y cómo apostaríamos…?

–Escucha rubia… y para que no te asustes… yo por ahora no te voy a mandar a hacer nada de lo que tú no quieras, esto es solo para que tú misma compruebes el efecto que crea el poder de tu cuerpo en la mente de un hombre.

Gabriela se dio unos segundos a analizar las últimas palabras del vejete, eso de que “por ahora” no la iba a mandar a hacer nada de lo que ella no quisiera significaba que quizás después en alguna ocasión si lo haría, pero lo otro que dijo sobre “el poder de su cuerpo y sus efectos en la mente de un hombre” le gustó un montón haciéndole sentirse bien hembra para sus cosas, entendía que el viejo ese le estaba diciendo literalmente que ella era toda una mujer y en todas sus letras, ineludiblemente todo esto también le hacían sentirse bien yegua, ya que a estas alturas ese apelativo era significado de estar bien buena, su baja autoestima que sintió en todo ese último tiempo, desde que la habían humillado en el hospital donde estuvo hospitalizado don Cipriano, subió hasta la estratosfera con solo escuchar esa simple oración, claro que en el buen sentido de la palabra. De la misma forma como que ya le estaban comenzando a gustar todas esas peladeces que le hablaba su cuñado, estas lentamente la iban trasladando a un agradable estado emocional sintiéndose además bien conectada con aquel aborrecible vejete y todas sus falacias, todo eso la indujo a pensar en tal vez aceptar la apuesta del viejo, además que este mismo había dicho que por ahora no la iba a mandar a hacer nada de lo que ella no quisiera, así que tras analizar las elogiosas palabras del mecánico la confundida rubia se dio a contestarle quizás en forma un poco coqueta:

–Jijiji… creo que Usted ya va a empezar con sus cosas de acostamientos y prostitutas… no le digo que vaya a aceptar apostarle, pero de ser así… ¿cómo sería su jueguito?, -le contestó finalmente.

–Ps simple… elegiré a cualquiera de esos hombres que andan cenando en familia, de esos decentes como tú dices, y tu parte será ir a sentarte a una mesa cercana de cualquiera de ellos y mirarlo…, -Gabriela lo miraba atentamente escuchando aquel insólito juego que le estaban proponiendo, el viejo continuaba, –solo tienes que mirarlo y cuando estés segura de que este sabe de tu presencia y te mire sonríele, solo bastará con eso, ahí verás cómo se empezaran a desencadenar situaciones cuando el pobre bastardo crea tener una mínima posibilidad de tenerte encuerada y abierta de piernas en una cama, Jejeje… ¿te atreves a jugar?

A pesar del confortable estado emocional recientemente descrito de la ex casada ella no pudo dejar de escandalizarse por el atrevido juego que le estaban proponiendo:

–¿M… me… me está pidiendo que le haga creer a un desconocido que me iré a acostar con él? ¿Es eso?, -ahora sí que la rubia comenzó a ponerse nerviosa de verdad.

–Exacto…, -le respondió don Pedro con vehemencia a la vez que la miraba bebiendo cerveza de un vaso, –Pero tranquila, esto será algo así como un experimento, ¿acaso no decías que aún existen hombres serios y decentes?, ps… ahorita saldremos de las dudas… Jejeje…

–¿¡Pero… pero yo no me iré a acostar con nadie… verdad!?

–Jejeje… ahí está la vitamina de todo este asunto rubia… tú dices estar muy segura que todos estos vatos son de muy buenos sentimientos y que respetan a sus familias, te reto a apostar que si es así nunca más te vuelvo a hablar de estos temas y asunto olvidado, pero si el pendejo se atreve a dejar de lado a su familia no importándole nada para irse a entretener contigo… tu deberás acceder a ir a acostarte con él si es que te lo pide, Jejeje, siempre y cuando le cobres o saques algún partido de ello, el cual compartiremos, claro…, ahí comprobarás tu misma que todos los hombres somos iguales, Jejeje.

Don Pedro se daba cuenta de cómo temblaban las manitas de la rubia en el momento de explicarle las lujuriosas condiciones de su apuesta, ya que quizás debido a que cosa la rubia se estaba sirviendo ella misma otro vasito de aguardiente y se lo llevaba a sus labios en forma temblorosa, el viejo seguía estimando que iba muy bien encaminado.

–¿¡C… cómo se le ocurre que yo voy a apostar algo como eso!? –Gabriela junto con contestarle se bebió de un toque la mitad de su trago, y luego otro poco de jugo de naranja y así iba dosificando.

–A ver… ¿de qué te preocupas tanto rubia?, si solo será un juego el cual tu ganarás según lo que me decías, sino servirá también para que veas los efectos que le produces a un hombre cuando lo calientas, Jejeje

Gabriela quien en su momento siguió mentalmente los pasos de ese inusual juego no supo porque se le aceleró el corazón, eso… eso era endemoniado, pero no sabía porque motivos mientras más lo pensaba más interesante le parecía el atrevido juego del cual ella estaba segura que iba a ganar y que nada de eso que decía el vejete iba a suceder, el hombre que escogiera don Pedro para tal experimento quizás se extrañaría a lo más, pero nada más que eso.

–¿Qué me dices finalmente… juegas?, -en los ojos del vejete ya brillaba el fulgor de la calentura, la perversión y el interés económico.

La rubia seguía pensando que el juego propuesto por el viejo era de lo más vicioso, además que ella nunca había hecho algo parecido, ni siquiera en sus tiempos de estudiante en donde los pretendientes le llovían pasó por su mente tentar intencionalmente a un hombre con su femineidad, pero ahora sí que se la estaba pensando, el peligroso juego ideado por don Pedro la atraían misteriosamente, solo eran ciertas convicciones de su personalidad la que la detenían y así se lo hacía saber al vejete:

–¡Ay no lo sé…! ¡¡No sé…!! ¡¡Yo estoy segura de lo que digo… pero si le apuesto sería como jugar con los sentimientos de las personas y eso no me gusta!! -le dijo sonrojada y mordiéndose el labio inferior cuando le daba su respuesta.

–Dices eso solo porque sabes que yo tengo la razón… además que…

–¡Está bien… e… e… entro al juego!, -le cortó de una la ex casada a la vez que seguía confirmándole, –P…pe… pero solo lo haré para demostrarle que Usted está rotundamente equivocado, todos los hombres no son como Usted dice, claro que tengo una sola condición…

–¡Jejejeje…. como tú quieras rubia…! ¿Y cuál es esa condición?

Don Pedro rebosaba de alegría calenturienta ya deseaba ver en primera fila de cómo esa hembra se las daría de zorra con un pobre desgraciado, además que estudiaría la situación para ver hasta qué punto era capaz de llegar esa lujuriosa rubia a la hora de calentar a un macho.

–Yo misma escogeré a la persona… si no es así, entonces no hay juego…, -Gabriela en un punto de aquella endemoniada conversación con su cuñado pensó que este era capaz de haber estado de acuerdo con algún otro hombre para probar si tal vez ella cometía algún error, pero se sabía dueña de la situación, si era así tal como ella lo pensaba don Pedro no iba a querer jugar y le cambiaría la conversación, pero la respuesta del vejete otra vez la pusieron en jaque, ni mencionar que su corazón le empezó a latir desbocadamente:

–¡Ok…! ¡Que sea así como dices…! entonces ¿a qué vato de todos estos vas a escoger?

La muy nerviosa rubia se terminó su vaso de jugo con aguardiente para digerir lo que le estaba ocurriendo, fue ahí cuando supo claramente que la cosa iba en serio, incluso la última y sencilla pregunta de su cuñado con eso de que ella iba escoger a un hombre le hicieron confundirse, no sabía si realmente entrar al juego tal como se había comprometido solo hace unos segundos, o retirarse y darse por perdedora, pero todo esto se diluyó de su mente cuando sin darse cuenta ya estaba analizando todas las mesas para escoger al candidato, de un momento a otro ya estaba nerviosa total, sus azules ojos veían que todos esos hombres que andaban acompañados por sus familias eran todos muy parecidos y ya algo entrados en años, no sabía por cual decidirse para realizar el experimento ideado por su mal hablado cuñado, este mismo esperaba la resolución de la rubia con la calentura a cien por hora y alterándole los sentidos ya que veía que era la misma rubia quien se estaba ofreciendo para ir a comportarse como toda una fulana con un pobre hombre que ella por primera vez veía en su vida, así lo veía él.

–Ya… Ya lo escogí…, -respondió finalmente Gabriela tragando un pequeño cumulo de saliva al mismo tiempo que miraba a su horrendo cuñado.

–Jejeje… ¿y cual se supone que fue el “afortunado”?

–¿¡Qué “afortunado” ni que nada!? –aclaró al instante la rubia ya que entendía que su cuñado al referirse como afortunado al hombre que ella escogiera, este afortunado podría obtener algo por parte de ella en el ámbito sexual, y eso sí que no sucedería, por lo que siguió aclarándole al vejete como serían las cosas, — ¡esto es solo un juego el cual yo ganaré…! yo solo lo entusiasmaré un poco, pero ya verá que el señor que escogí no hará nada de lo que Usted dice al estar con su esposa y su familia a un lado de él…

–¡Si claro…! Jejeje… entonces… ¿Cuál?, -don Pedro estaba más que entusiasmado, deseaba ver a esa putita jugando ahora ¡¡¡ya!!!

–¿Ve a ese señor que está a la izquierda de ese pilar?, -le consultó la rubia en forma disimulada.

–¡Sí! ¡Lo veo…! ¡Es algo pelón creo!, ¡Mmmmm… y al parecer anda con su esposa y su hija por lo que veo!, Jejeje… -junto con decir lo último ahora era el vejete quien se había cambiado al aguardiente, la necesitaba para equilibrar sus niveles.

–E… Ese m… mis… mismo…, -le contestó Gabriela nerviosamente al constatar que este había dado con el personaje escogido.

–¡Ps estamos…! entonces levanta ese trasero y ve a comportarte como toda una zorra con él… ya verás lo que ocurrirá…

–No creo que vaya a pasar nada… Usted perderá…, -le iba diciendo la rubia junto con tomar su pequeño bolso aprontándose ya para ir a acercarse a su víctima.

–Ya lo veremos rubia… ya lo veremos… cualquier cosa que necesites me envías un mensaje, así que ten tu teléfono a mano, así nos comunicaremos, Jejeje…

Gabriela dándose ánimos e intentando calmarse levantó todas sus exquisitas formas, una vez ya de pie y siempre mirando en todas direcciones (quizás en forma temerosa debido a lo que estaba a punto de realizar) tragó de su dulcecita saliva y se encaminó a una mesa cercana a la del hombre que ella estaba dispuesta a ir a torear con la sola intención de demostrarle a don Pedro que el respeto de un hombre por su mujer y hacia su familia aun si existía.

Antes de continuar la narración de lo que iba a suceder con Gabriela (en lo que quedaba del transcurso de aquel día y en los inicios del siguiente) es importante aclarar que para nuestra confundida rubia y en su conciencia ninguno de los actos que estaba a punto de realizar le hacían presagiar que para esa misma noche estas imprudentes acciones y el no tan inocente juego de su cuñado se podrían desvirtuar y quizás hacerle cometer otro gran error en su vida, uno aún más grande y mucho más significativo que los ya cometidos pudiéndola tal vez marcar en forma negativa esa misma noche y para el resto de su existencia.

Continuará