Después de que a los minutos haber terminado de tener relaciones y con Gabriela ya más calmada y desclavada se mantenía tal como había quedado después de haber sido cogida, es decir con sus dos bellas piernas bien abiertas y mostrándolo todo, una apacible sonrisa en su rostro era la de una mujer satisfecha, nada de lo que le habían depositado al interior de su brillante vagina escurría para afuera, el viejo con solo vérsela (la vagina de Gabriela) desde su posición posó su mugrienta manaza en ella, tocándola solo por encima, se la sentía algo tibia, pero fresca del mismo modo, rica.

Fue en eso que Gaby al recordar que este último le había dicho que esa noche él deseaba quedarse a dormir con ella cerró sus piernas y luego estiró su desnudo brazo hacia el velador para apagar la luz de la lámpara, el viejo por su parte quien por ahora estaba destruido físicamente tapó ambos cuerpos con unas de las sabanas, y así, abrazados y en silencio en la oscuridad de la habitación, con cada uno perdido ahora en sus propias cavilaciones se quedaron profundamente dormidos.

Gabriela… una adorable mujer casada 13

El femenino y voluminoso cuerpazo de la rubia se mantenía abrazado a los fláccidos pellejos del aprovechador y asqueroso vejete que en esos momentos también la mantenía abrazada.

La aterradora y a la vez erótica imagen de ver aquella atractiva hembra rubia durmiendo desnuda bajo las sabanas junto a un viejo horripilantemente feo y de lo más vulgar que también se mantenía desnudo daba para pensar los motivos del porque todo esto estaba sucediendo:

-¿el por qué una mujer de tan poderosos atributos físicos pudo ser capaz de abandonar a su marido y a su familia para irse con un hombre viejo y casado?

-Serle también infiel y desleal a este nuevo amante pagándole con la misma moneda sus aventuras pasionales (de él).

-No le importó para nada el ponerse a mantener relaciones sexuales con esta nueva piltrafa de hombre que se cruzaba en su destino y que para rematarla era el hermano de su ex amante.

Quien sabe cuáles fueron los motivos que tuvo Gabriela por decidirse a todo ello, aunque ya todos sabemos que las causales fueron muchas, pero entre ellas también estaba la principal, la más verdadera, la causante de toda esta catástrofe pasional y de muchas otras que se desarrollan en otras latitudes, que por su grosor, tamaño y textura cada día que pase la seguirá arrastrando hasta los niveles más bajos a los cuales puede llegar una mujer, sobre todo si esta (la mujer) se encuentra falta de afecto, tal como lo está en la actualidad nuestra adorable Gabriela.

El silencio en la casa que hasta hace muy poco compartió la rubia con su ex amante (Cipriano) era total, solo los fuertes ronquidos de don Pedro alteraban la pasividad de aquella fresca noche de primavera. La furtiva pareja llevaba durmiendo apenas un par de horas luego de haberse estado fervorosamente apareando según el singular acuerdo al que habían llegado debido a los últimos acontecimientos acaecidos.

El terso y atractivo rostro de nuestra casada infiel solo denota pasividad mientras duerme plácidamente sobre los fofos pellejos del pecho de su nuevo amante.

La oscura alcoba en esos momentos solo es iluminada por una tímida luminosidad celeste que se filtra desde la calle por una de las ventanas, aun así se puede ver que una de las manitas de la ex casada descansa muy cerca de una de las caídas tetillas del vejete, las formas de las sabanas sobre los cuerpos demuestran que uno de los muslos de Gaby cruza y cubre la zona donde también debe estar reposando la viril herramienta con la cual la acababan de poseer, ella con su suave muslo la cubre y la protege, tal como en sus tiempos lo hizo con la también poderosa herramienta de don Cipriano.

Pero al contrario lo anteriormente expuesto el ajado y oscuro rostro del mecánico de la feria mantiene sus marcados y toscos rasgos burlones mientras duerme, abundantes cantidades de hedionda saliva resbalan desde su bocota escurriendo por la frente y los dorados cabellos de la ex casada hasta llegar en forma acompasada a la blanca almohada, es como ver una gárgola durmiendo con un ángel recién caído del cielo, ya que el viejo con cara de demonio también mantiene a su hembra abrazada desde uno de sus níveos hombros al desnudo, (aunque recordemos que ella le dejó bien en claro a él que solo se acostarían y cogerían como amigos… solo como amigos…)

De un momento otro el cuerpo de la rubia parece despertar levemente aquel pacífico sueño. Su suave y femenina mano que aun descansa en la fofa tetilla se desplaza lentamente por los pellejos del viejo y tras correr la sabana que los cubre dejando ambos cuerpos desnudos vuelve a posarla donde estuvo.

Luego de eso en forma despaciosa empieza a acariciar al hombre que duerme manteniéndola abrazada, ella continúa con sus ojos cerrados, en su mente y en sus sueños cree estar con don Cipriano, pero se da cuenta que algo no anda bien, el pecho que acaricia no es ancho y corpulento como ella sabe, este lo siente fláccido y que la panza amplia y peluda que ella estaba acostumbrada a sentir se ha transformado en carnes blandas, sueltas y desparramadas, sensualmente desliza su muslo de donde lo tuvo posado al mismo tiempo que aun con sus ojos cerrados baja su manita para comprobar lo que ella quiere, y ahí está, su mano hace feliz contacto con una verga gruesa y larga aunque algo blanda al estar en estado de reposo, es en ese momento en que lo recuerda todo a la vez que abre sus azules ojos cayendo en cuenta con profunda nostalgia que don Cipriano terminó su relación con ella hace tres días y que en su lugar está su ordinario cuñado a quien ella aceptó llevada por un sinfín de motivos que le parecieron justos.

Los ojos de la ex casada poco a poco se van acostumbrando a la oscuridad de la habitación hasta que estos notan la forma de aparato de carne que delicadamente está acariciando con la yema de sus dedos, se siente extraña por esto, ya que en su mente aun imperan los sentimientos hacia don Cipriano, pero aun así no puede dejar de mirar y de tocar el aparato viril de otro hombre.

Gabriela no la puede dejar de mirar, la ve desde su base (la verga) la cual está grotescamente poblada por gruesos pelos negros y algunos canosos, pero el objeto de su fascinación hacia esta está tanto en su grosor como en su largura.

La somnolienta rubia cae en cuenta que aquel tronco lleno de venas verdosas, rojas y azuladas está doblado por el efecto reposo, en eso le dan ganas de tomarla más reciamente, deseaba sentirla de lleno en su mano por lo que aprovechando los ronquidos del vejete se abre paso lentamente por aquel enjambre de pelos los cuales los siente tiesos y con algunas greñas también tiesas, ella sabe que estas fueron producidas por los restos de semen seco que el viejo produjo en sus testículos y que expulsó gracias a ella, como también sabe que toda esa humedad que está sintiendo se debe en parte a los líquidos ya extinguidos que ella misma dejó salir por su vagina en el momento en que se orgasmeaba junto al viejo Pedro.

-¡Por Dios…!, si se la encontraba tan parecida a la de don Cipriano, -se decía para sus adentros la bella Gabriela en aquel intimo momento, tal como lo pensó al comienzo de esa noche, su azulada mirada estaba puesta en forma fija en el grotesco y hediondo pene de don Pedro, se podría decir también que la rubia literalmente se la estaba devorando con sus ojos y su mente, incluso a sabiendas que esa verga no era la de su ex macho de igual forma ya le estaban dando una ganas locas por volver a chupársela, si se atreviera a hacerlo se imaginaría que era la de su don y no la de don Pedro pensó de pronto en su algo convulsionada conciencia, otra vez dándose a solapar sus zorrerías.

Gradualmente y con uno que otro ronquido de don Pedro como cómplices de lo que ella iba a hacer fue bajando su curvilínea complexión hasta dejar su rubia cabellera posada a la altura del ombligo de su nuevo amante, esta era la distancia perfecta para poder ella llenarse los ojos de verga, le gustaba mirársela y analizarla, sobre todo el redondeado y amoratado glande que otra vez se le mostraba algo aceitoso cuando ella lo descubría de los arrugados pellejos del prepucio.

Ya la manita de Gaby friccionaba delicadamente esa alargada y musculosa porción de carne masculina poniendo cuidado que el viejo dueño de esta no se despertara, la ex casada no se daba cuenta que llevada por su propia lujuria y calentura otra vez y en poco tiempo comenzaría a depender de un viejo aún más aprovechado y miserable que el anterior, y que este último no guardaría consideraciones con ella en su afán de prostituirla en la calle para él forrarse los bolsillos con toda esa plata que pagarían encantados los muchos clientes que ella lograría captar por las noches.

El grueso pene de don Pedro poco a poco había ido adquiriendo rigidez y volumen gracias a las suaves caricias que le prodigaba la manita de la casada, y ella mordiéndose el labio inferior también lo iba comprobando, por nada del mundo deseaba que el viejo se despertara, esos momentos eran solo para ella y esa vergota que tanto le recordaban a su ex macho, hasta que sus temores se hicieron realidad cuando escuchó esa ya familiar y aguardentosa voz que le hablaba sarcásticamente:

–¿Y cómo era eso que no eras buena para le verga pendeja culona?, ¡si mírate nada más!, ¡ni siquiera me dejas dormir tranquilo en tu afán de saciar tu calentura!, ¡¡Jajajaaa!!

Don Pedro estaba haciendo realidad uno de sus mejores sueños desde que había visto por primera vez a la rubia, independientemente de lo ya sucedido entre ellos, en eso Gabriela se incorporó en forma automática, tal cual como si la hubiesen sorprendido robando.

–Yo… yo… solo se la estaba tocando un poco… solo eso…, -la rubia en el acto dejó a un lado la semi erecta verga de don Pedro y se puso hincada de rodillas en la cama cubriendo su deliciosa desnudez con la sabana.

–Ps… síguele putita… ¿sabes? me desperté sintiendo bien rico…, jajaja, vamos pajéame la verga como solo tú sabes hacerlo lindura.

Dicho lo último el viejo encendió la luz de la habitación, él no se perdería tal espectáculo, sus enrojecidos ojos mitad sueño y mitad calentura también se llenaron de hembra al ver nítidamente esa celestial imagen casi al desnudo que lo miraba con algo de pudor.

El vejete al contemplar a la ex casada arrodillada en la cama la veía con sus dorados cabellos enarbolados producto de la anterior cogidota que se habían mandado juntos, estando ella con sus dos muslos desnudos bien separados uno del otro, y con la sabana cubriéndole solo la parte central de su cuerpo, (senos, ombligo y vagina), todo su curvilíneo contorno de suave piel estaban siendo devorados por el lujurioso vejete ocasionándole a este tres poderosos espasmos vergales que terminaron de dejársela bien dura y parada, espasmos que también fueron advertidos por la rubia que en forma refleja la llevaron a juntar un poco sus rodillas en señal de protección, su dorado coñito también ya comenzaba a hormiguearle en forma deliciosa, aun así ella no deseaba volver a aparearse con el vejete, al menos no en ese momento, por lo que se dio a explicarle los extraños motivos que ella tuvo para estarle manoseando el pene mientras él dormía.

–¿Sabe?, yo sé que en las condiciones que estamos no me ayudarán en nada, pero la verdad de todo esto es que yo solo se la estaba tocando al ver lo tan parecida que la tiene a la de su hermano, solo por eso, ya le dije que yo aún lo amo solo a él, lo nuestro es sol…

El vejete quien la estuvo escuchando se daba cuenta de lo muy desvergonzada que era la rubia al estar diciéndole tanta mamada para solapar sus puterías, por lo que solo se dio a recurrir a sus frases mágicas, ya que de igual forma otra vez notaba dudando a la rubia:

–Ya… ya cállate perra desvergonzada, ya me estás empezando a aburrir con todo ese teatro que haces hablando del amor y esas mamadas, solo dices estupideces rubia, mi hermano debe estarse culeando a la María a espaldas de Ernestina y tu aquí pensando en él como si aún fueras su mujer, ¿acaso te gusta hacerlas de estúpida?

En la mente de la rubia rápidamente se forman las imágenes de ver a su don Cipriano montando y cogiéndose a María tal cual como ella lo había visto en el Pie Grande solo hace un tiempo, pero a pesar de ello igual intenta darle una oportunidad:

–Pe… Pero tal vez, tal vez eso no es así…, -su manita aún se aferraba a la altura de sus senos con la sabana aferrada hacia ella.

–Claro que tal vez eso no es así pendeja, en una de esas capaz que ese wey esté cogiéndose a la misma Ernestina… jajajaaa… ya rubia, ya déjate de zorreadas y pajéamela bien rico… luego si quieres me la chupas, recuerda nuestro acuerdo…, -el viejo junto con decirle eso ultimo empezó a tironear la sabana que cubría el cuerpo de la que era su mujer en esos momentos, pero ella se la aferraba con sus manitas empuñadas al estar en un arrebatado estado sentimental y de tardía lealtad hacia el hombre que la había usado y engañado.

Aun así Gabriela quedó petrificada con la última aclaración del caliente vejete, la viva imagen en su mente de ver ahora a don Cipriano cogiendo con la señora Ernestina casi la hacen vomitar de rabia, indignación y asco lo que la hacen volver a la realidad, su don había terminado con ella diciéndole que la vieja esa era mejor que ella, por lo que sus manos involuntariamente dejan de hacer presión en la sabana y esta se desliza por su cuerpo quedando completamente desnuda ante la viciosa mirada de su cuñado quien ya sabe que la mágica palabra ERNESTINA otra vez hacía el trabajo esperado en la conciencia de la ex casada.

–U… Us… Usted tiene razón…, -le dijo en forma entrecortada mirándolo otra vez con el azul profundo de sus ojos.

–Entonces hazme una buena paja y luego me la mamas… demuéstrame lo buena que eres a la hora de mamar vergas, jajajaaa

Gabriela no se la piensa mucho, ella sabe lo que tiene que hacer para que se le pase la rabia, ya lo había comprobado en dos ocasiones anteriores y el lujurioso método le era infalible:

–Está bien… lo haré… pero s… so… solo un ratito… luego de eso nos dormimos… ¿le parece?

–Sale rubia… ahora desliza tus manos por mi verga y mámamela bien rico, vamos… date prisa que ya me tienes re caliente… jejejejee

La casada quien nuevamente estaba invadida por unos inusuales nervios en forma de lo más femenina, cosa natural en ella, fue ubicándose y poniéndose en 4 patas justo a un lado de aquella brutal herramienta de carne, desde ahí vio que don Pedro con su mugrienta mano le acercaba él mismo su verga a la boca a la vez que le decía:

–Ya está zorrita, aquí la tienes, mámame la verga, y no quiero que pares de chuparla hasta que te llene tu linda boquita de zorra con mis espesos mocos calientes, ¡¡¡jajaja!!!

La exasperada rubia ya casi no recordaba aquellos singulares halagos tan pelados como lujuriosos que en sus mejores tiempos le había brindado don Cipriano, extrañamente para ella que le hablaran de esa forma como que le hacían desinhibirse, así que ya no teniendo más opción acercó sus sensuales labios hasta al aceitoso aparato que don Pedro le estaba ofreciendo, esto lo hacía por segunda vez consecutiva en aquella noche, muy lentamente fue abriendo la boca y sacando su lengua para pasarla desde la mitad del tronco hacia arriba hasta llegar al glande que ella misma había lubricado, lo hizo 4 o 5 veces, para después de eso poco a poco comenzar a introducirse ese caliente y duro mástil de carne lo que más pudo rodeándolo varias veces con su suave lengua, hasta darse a ya estar mamándosela decididamente.

Quien viera a Gabriela chupando verga de esa forma tan entusiasta diría que a esa hembra le encantaba tener toda esa porción de carne salada incrustada en su faringe, ya que ella luego de practicarle sonoras y lubricas succiones se daba a ensalivarla en forma completa siempre mirándosela con un rictus de análisis en su rostro para luego seguir chupeteándola y lamiendo por toda su extensión.

La rubia llevaba unos buenos minutos en la enajenante tarea succionadora, y mientras chupaba y chupaba sin parar ella se mantenía siempre puesta en 4, las imágenes de Cipriano y Ernestina cogiendo lentamente comenzaban a disiparse de su mente, ahora en esta repasaba todos los acontecimientos ocurridos en esos últimos tres días, a la vez que recordó lo bien que la hizo sentir su cuñado en el momento en que ella más necesitó un poco de aliento y de que la escucharan, recordó también el reconfortante momento en que ella lo había amamantado como solo una madre lo hace con su hijo, de cómo lo acarició sintiendo ternura hacia su horrenda persona mientras él tomaba de su leche materna como si realmente fuera su bebito, o su nenuco, no lo entendía muy bien pero desde ese momento sentía que un extraño vínculo ya los unía, un vínculo que ni ella misma sabía cómo definir, así que con todo lo anterior en su mente decidió por ahora a darse a mamarle la verga con la sola intención de que el sintiera de lo más rico posible para así darle a demostrar su agradecimiento.

Don Pedro que en un momento había querido dejar que fuese la rubia quien hiciese todo el trabajo no se pudo aguantar más debido a las gratificantes sensaciones que ella le estaba otorgando con sus labios y con su lengua, estas sensaciones eran transmitidas desde la boca de la rubia a su verga y de su verga se expandía a todo su sistema neurálgico, por lo que comenzó a mover sus caderas hacia arriba en forma desesperada intentando con esto buscar el mismo ritmo frenético en que se la mamaban.

Gabriela a su vez aguantaba las firmes embestidas que el viejo había comenzado a asestarle en su cabeza, ya que este debido a lo anteriormente expuesto había comenzado abiertamente a culearle la boca llevado por la tremenda calentura que le causaba el tener a semejante hembra otra vez mamándole la verga.

A estas alturas la rubia creía que en cualquier momento se ahogaría debido a los copiosos líquidos que derramaba la virilidad de don Pedro adentro de su boca y también por las grandes cantidades de babas que a ella misma se le formaban, las arcadas se venían una tras otra y en sus mejillas ya corrían sendos ríos de lágrimas producto de la falta de aire en sus pulmones pero por nada del mundo dejaba de arremeter y succionar todo lo que pudiera, hasta que de un momento a otro la ex casada otra vez fue tomándole el ritmo al frenético mete y saca bucal y no encontró mejor cosa que equilibrase con solo una de sus manos en la cama para llevar la otra hacia su intimidad y sencillamente comenzar a masturbarse mientras le brindaba esa feroz mamada al embravecido vejete.

La rubia en el momento que vio a don Pedro con sus ojos cerrados rendido a sus tibias succiones de verga y que este le había liberado la cabeza de sus mugrientas garras se dio a sacarse la goteante tranca de la boca para comenzar a pasársela por toda su cara, besando y lamiendo desde el hinchado glande, pasando por el tronco venoso y llegar hasta sus testículos los cuales fueron lamidos y lengüeteados por todas partes incluso introduciendo ambos al interior de su boca sintiendo unas insanas ganas de morderlos, masticarlos y tragárselos, notando como la verga del viejo se envaraba aún más en los momentos en que ella mantenía las glándulas viriles adentro de su boca, por lo que paseaba su lengua repasándolos enteros a la misma vez que con la mano en que estuvo apoyada en la cama ahora se daba a masturbarlo rápidamente, el viejo era incapaz de articular palabra alguna por todo lo que lo estaban haciendo gozar, desde su posición solo veía la rubia cabellera de Gabriela sumida en los más profundo de sus bolas, y como esa delicada manita le bombeaba la verga a su máxima velocidad, esto lo llevó a abrirse y recoger sus flacuchentas piernas, lo hizo tal como lo hace una mujer cuando se la están culeando en la posición del misionero, su idea era facilitarle la tarea lamedora a su hembra, la escena era asquerosa pero la ex casada ya estaba a mil y no cejaba en estar comiéndole las hediondas bolas al asqueroso y viejo mecánico.

Don Pedro estaba babeándose entero con la semejante comida de pelotas que le estaban dando, con sus ojos en blanco sentía como la rubia le lamía y le chupaba una y otra vez cada uno de sus testículos, su viciosa mente deseaba y pedía a gritos que la puta esa le liberara las bolas de una buena vez y que bajara sus labios y su lengua a la parte posterior de estas para brindarle aquel delicioso placer que él ya quería experimentar por vez primera.

Gabriela por su parte estando ajena a los depravados deseos de su asqueroso cuñado pero si muy caliente nuevamente decidió volver a ocuparse de la verga, comenzando a mamársela como una enferma mental, en esos momentos ni ella misma se explicaba en su mente porque estaba sintiendo tal magnetismo a esta nueva herramienta de carne a tal grado de desear comérsela, contradicciones que dejó de lado prefiriendo olvidarse de todo ello.

Decidido lo anterior apretó sus labios poniendo especial cuidado de no dañarle la verga al vejete, para ajustársela mejor en su boca y se dio a brindarle una serie de indeterminadas y rápidas succiones, todo esto siempre estando puesta en 4 patas, hasta que de un momento a otro en forma decidida se la tragó de un solo bocado y en su totalidad, o sea, se la estaba comiendo enterita, su naricita estaba pegada a los gruesos pelos crespos y canosos de la fofa apéndice del vejete, manteniéndose atragantada y aguantando la respiración por casi 30 segundos a la misma vez que sacaba su lengua a duras penas una y otra vez intentando llegarle hasta las bolas pero ahora con su fresca boquita llena de carne salada y de macho.

Don Pedro quien ya había bajado sus piernas estaba en la gloria sintiendo como le comían la verga, por su lujuriosa mente otra vez pasaba en forma más cercana que lejana la desquiciante idea de que la rubia esa de un momento a otro le haría eso que el ya tanto deseaba que le practicara en la parte posterior de sus testículos, desde su posición la veía atragantada y aguantando la respiración, observaba además como sus ojos estaban fuertemente cerrados, y como su rosada lengüita aparecía y desaparecía por la parte baja de la base de su verga, hasta que una vez pasados aquellos enloquecedores 30 segundos el feliz vejete casi se infartó cuando vio como la rubia fue liberando de su boca todo esa carne vergal que hubo mantenida embutida hasta más allá de su garganta terminando por escupirla completa, el fascinado viejo ahora la veía con toda su rostro bañado de goteantes líquidos venéreos producidos por él y que algunos de estos salían directamente de sus fosas nasales, otros le caían por la barbilla, y a ella parecía no importarle ya que rápidamente se retiraba los mocos que adornaban su cara y se aceitaba las tetas con estos quedándole bien brillositas, el encantado vejete vio que lo hizo una y otra vez.

Por su parte la ya desatada rubia tras haber ido deslizando sus exquisitos labios rojos para liberarle su afiebrado aparato de su boca, y luego de untarse los senos con los líquidos pre seminales de don Pedro de la misma forma en que lo hace la reina de las fulanas fue ella misma quien ahora otra vez hacía que él recogiera y abriera sus piernas para ella nuevamente lanzarse a lengüetearle las bolas, don Pedro quien aún no se la creía sintió como la lengua de la rubia le rodeaba una y otra vez los testículos pasando cada vez más cerca por la parte que él deseaba que ella le masajearan bucalmente, el milagro estaba por suceder, se decía el viejo al borde del llanto, su calentura era total.

Fue en ese momento que el vejete al tener su enrojecida y viciosa mirada puesta en el tremendo cuerpazo de la hembra quien mantenía su redondeado y brillante trasero bien empinado al estar devorándole las bolas, y al estar también esperando a que el morboso milagro sucediera un fuerte sonido de música de teléfono celular sacó a los amantes del aterrador momento lujurioso que estaban viviendo, ambos cayeron en cuenta gracias a la melodía que el teléfono que timbraba era el del viejo.

La ardiente rubia en el acto dejó de lado la tarea lamedora y posó su cuerpo en la cama pero siempre manteniendo su posición y haciendo soberanía muy cerca de la erecta herramienta de su cuñado a la vez que aprovechó de con una parte de la sabana limpiar su cara y nariz de las abundantes exudaciones que aun la maquillaban ordinariamente, por su parte don Pedro echaba espumarajos maldiciendo al pendejo que se le ocurría llamarlo a esas horas de la noche y en los momentos en que él estaba de lo más ocupado.

–¿¡Pero que chingaderas son estas!? ¿¡A qué pinche pendejo se le ocurre llamarme a estas horas!?, -le gritaba el viejo a Gabriela si como fuese responsabilidad de ella darle una explicación. El celular seguía con su sonido insistente y el vejete llevaba su enfurecida mirada a todas partes de la habitación para dar con el dicho aparato telefónico.

En eso fue la rubia quien dio con los gastados pantalones del viejo que estaban botados a un lado de la cama y que en uno de sus bolsillos se encontraba el dichoso aparato, por lo que en forma felina se puso en posición y se estiró para recogerlo y pasárselo al enajenado de don Pedro quien enojado pero a la vez encantado veía la operación de aquella curvilínea Diosa desnuda.

Ya con el teléfono celular en sus manos se dio a contestarlo para que este dejara de rechinar:

–¡¡¡Aloooo…!!! ¡¡¡Si… si soy yo…!!!, -gruñó el enfurecido mecánico quien aprovechó de recostarse en el respaldo de la cama.

La rubia se mantenía a los pies de don Pedro, estaban sus piernotas ahora muy juntas una de la otra, en esas condiciones y con su respiración aún algo agitada se dio a escuchar el parloteo del vejete con quizás quien, pero ella no quería perder el hilo de lo que estaban haciendo hace muy poco así que con su imponente y brillante cuerpazo desnudo que sudaba en forma alucinante mientras la conversación se desenvolvía llevó su manita al brilloso falo erecto comenzando otra vez a masturbarlo lentamente para luego poner otra vez el amoratado glande entre sus labios comenzando así a chupársela mientras su asqueroso cuñado se preocupaba de sus propios asuntos, esto lo hizo como si fuera algo normal entre ellos, abiertamente se la estaba mamando como la situación lo ameritaba, pero siempre estando al pendiente de lo que el viejo hablaba con la otra persona que estaba al teléfono.

–¡¡¡¿Queee?!!! ¿¿¡¡Que vaya para donde!!?? ¡¡No… imposible…!! ¡¡Ahorita estoy de lo más ocupado!!, -el viejo mientras hablaba cerraba sus ojos al estar sintiendo la suave lengua de la rubia masajeándole todos los contornos de la verga, pero debía recomponerse de a ratos para no perder el hilo de la conversación.

–¡¡Pero si ya son más de la 1:00…!!

Los suaves labios de Gabriela subían y bajaban por aquel duro miembro, no podía evitar de a momentos apretarlos para sentir su grosor con su misma boca.

–¡¡¡No mames pendejo…!!! ¿¡Y la gente está atrapada!?, -don Pedro le hacía señales con su otra mano a la rubia para que no se la chupara tan fuerte, no quería correrse en esas condiciones.

Gabriela quien escuchaba la conversación ya iba entendiendo de que se trataba el asunto por lo que se entró a preocupar, ahora por nada del mundo pensaba desprender esa verga de su boca, ese viejo no podía llegar e irse así como así sin antes tener sexo nuevamente con ella.

El viejo seguía hablando por teléfono y ahora era él mismo quien en forma inconsciente había comenzado a mover su verga despaciosamente en la boca de Gabriela mientras hablaba.

–¡Pero si le dije a ese pendejo que el motor estaba en mantención…!

–¡¡Hijos de la gran putaaaaa…, nunca hacen nada bien!! ¡¡Ok…!! ¡Dile a Torres que me espere con unas chelas bien heladas! si… si… tranquilo wey… termino algo que estoy haciendo y me voy para allá…

Gabriela aun con la vergota en su boca no entendía nada, es decir si entendía, y entendía que su cuñado estaba a punto de dejarla caliente y plantada.

El viejo quien ya había cortado el teléfono lo arrojó a un lado de la cama y en el acto cambió de posición recostándose de costado, la rubia lo secundó con cierto entusiasmo en la tarea quedando ella recostada de lado también en el lecho mientras se la seguía mamando, en esa posición aun pensaba que de un momento a otro se la cogerían.

Pero don Pedro sabía que debido a la reciente llamada ya no tenía mucho tiempo para seguir gozando de aquella hermosa ninfa desnuda que en forma deliciosa le seguía chupando la verga, así que decididamente la tomó férreamente de su rubia cabellera clavando sus dos manos en ella, y siempre estando ambos de costado se la empezó a culear por su boquita con movimientos firmes y desquiciados, su verga se deslizaba fácil entre medio de aquellos carnosos labios, se la ensartaba una y otra vez en lo más profundo de la faringe, a ratos la detenía ahí un momento haciendo círculos en todo el contorno de la boca que se estaba cogiendo, para luego sacársela a la altura del glande y de nuevo incrustársela hasta el final de su garganta, comenzando a culearle la boca con más rapidez aun, y la rubia que no entendía el apuro del vejete solo se daba a mover sus piernas como si la estuvieran ahorcando debido a la falta de aire, pero resistiendo con entereza la cogida bucal que le asestaban, hasta que el viejo ya no se aguantó más:

–¡¡¡Ohhhhhhh…!!! ¡¡¡Argggggghhhhhhh…!!!, -gritó el vejete soltándole la cabeza a la ex casada y moviendo sus huesudos brazos en forma incoherente sin saber de dónde agarrarse para aguantar el exquisito éxtasis que estaba sintiendo, su verga estaba incrustada a fondo en la boca de la resistente rubia quien no hizo nada por retirársela de entre sus labios y al contrario de ello fue ella misma quien se abrazó con fuerzas a la cintura del viejo empujándole su apéndice hacia su cara, el viejo al ser consciente de ello sencillamente explotó: –¡¡¡Ahora zorraaaaa!!! ¡¡¡Oooohhh!!!, ¡¡¡ya te suelto los mocos putaaaaa!!! ¡¡¡Arrrrrrggggg!!!, ¡¡¡A… aquí te vannnnn!!!!, ¡¡¡Recibe mi semen perraaaa!!! ¡¡¡Argggggghhhhhhh…!!!

Los chorros del caliente semen de don Pedro salieron expulsados con fuerzas, estos fueron a impactar de lleno en la garganta de la rubia, en donde ella se los tragó al no tener más alternativa, otros cuantos impactaron en su paladar y entre medio de sus muelas, los siguientes disparos fueron llenando copiosamente la boca de la decidida Gabriela, cada escopetazo de semen que el viejo disparó fue acompañado de un lujurioso estremecimiento de placer por todo su ajado cuerpo sobre la cama.

Gabriela por su parte cuando ya estuvo con su sensual boca rebosante de una sustanciosa cantidad del caliente semen de don Pedro en un momento pensó en escupirlo aprovechando que le habían liberado la cabeza, total ya se había tragado una buena porción, pero llevada por todos los acontecimientos ya señalados con anterioridad a los momentos previos de cuando habían cogido esa misma noche la llevaron a simplemente también tragárselos.

Don Pedro quien aún la miraba con sus ojos abiertos como platos no se la creía, la rubia acababa de tragarse sus mocos en forma voluntaria y ahora poco a poco le iba dejando salir su brillante verga desde su boquita hasta que esta salió en forma completa, por lo que quiso tapizarla a leperadas a modo de vitorearla por su hazaña pero al estar aún agitado debido al intenso orgasmo que ella le había regalado simplemente se echó de espaldas en la cama intentando que se le normalizara sus sistema cardiaco y respiratorio.

Luego de unos minutos transcurridos en los que el vejete se fumó un cigarrillo en el más absoluto silencio con Gaby aun ubicada en la misma parte en donde le había realizado la felación, el viejo por fin se ponía en movimiento a la vez que le hablaba.

–Lo siento pendeja pero se me chingo el día libre, Jejeje…, -junto con decirle eso el viejo se arrojó cama abajo con su verga bamboleante y aun botando restos de líquidos trasparentes.

La rubia quien ahora estaba recostada con sus dos manitas bajo su rostro a modo de cabecera y sin poder evitar observar el acompasado balaceo de verga mientras el viejo recogía su ropa se dio a consultarle con voz quedita:

–No me diga, ¿y se tiene que ir…?, -la desnuda ex casada ahora llevó su azulada mirada a la aborrecida cara del vejete que también la miraba a ella.

–¡Ps… si!, ya escuchaste hace un rato mientras me la mamabas, el motor de la montaña rusa se fue a la verga y se paró en pleno funcionamiento, hay una decena de pendejos que quedaron detenidos en la cima, escuché mientras hablaba con mi colega a varias viejas llorando para que a sus chamacos los bajen del juego, jejejee…, creo que hasta llamaron a la policía y no se para que…

–¡Pero si es su día libre!, -le reclamó Gabriela, -¿cómo es que lo hacen ir a trabajar igual…? Son… son… unos aprovechadores, -le decía a la vez que se iba incorporando en la cama levantando su cuerpo. Esa hembra estaba más preocupada por saciar su calentura que por la gente que estaba en serios problemas.

–¿Y qué quieres que le haga puta…? De igual forma soy yo quien debe ir a solucionar ese problema, quizás me tome un par de días en mejorarlo, pero una vez que me desocupe me vengo rapidito para que sigamos en lo que quedamos, jejejee…

–¿Quiere que le prepare algo de comer para que lleve a su trabajo?

Gabriela se lo preguntaba completamente desnuda y sin ningún atisbo de vergüenza o de pudor, ella otra vez estaba arrodillada en la cama y con las piernas separadas, ahora no tapándose con la sabana, su imagen de Diosa era impactante a quien la viera, sobre todo en la curvatura de su pelvis en donde se apreciaban nítidamente sus escasos pelitos rubios que la adornaban y que se perdían para abajo junto a su brillante abertura de carne que se mostraba tímidamente, aun así la sensatez poco a poco volvía a su mente y ya aceptaba la situación.

–Jejejejee… tú sabes lo que a mí me gusta que me des de comer y de beber putita, -le dijo don Pedro mientras se vestía cayendo en cuenta de la impresionante pose que había adoptado la rubia dándose a repasarla con su ardiente y degenerada mirada en forma completa, mirada que finalmente quedó alternando entre sus turgentes tetas y le hermosura de su semi poblado coño, escena muy parecida a cuando el viejo se decidió a prepararse su propio cappuccino, Gabriela también lo recordó en el acto, si hasta pensó en que el viejo por la forma en que la miraba se lanzaría a la cama para ordeñarla o para que ella nuevamente lo amamantara antes de irse al trabajo, o hasta de cogérsela otra vez debido a ese extraño brillo que le vio en su penetrante mirada cuando este le estaba mirando su vagina, por lo que en el acto tomó la sabana cubriendo en algo parte de su desnudes.

Pero en la mente del viejo aún estaba esa impactante imagen de hembra desnuda en la que solo hace unos pocos segundos él se había ensalzado, por lo que su respuesta fue en base a eso:

–Eres… eres una yegua tremenda y de lo más exquisita Gabriela, ¿lo sabías?

La rubia quien no esperaba palabras como esas por parte de su ordinario cuñado se ruborizó en el acto además que no estaba acostumbrada a que este la llamara por su nombre, por lo que solo atinó a llevar su vista hacia cualquier parte.

–Ehhh… que cosas dice don P… Pe… Pedrooo…, -fue lo único que pudo dejar salir de sus rojos y sensuales labios.

Pero en la mente del vejete aun perduraba la figura de esa preciosa curvatura intima adornada jaspeadamente por preciosos bellitos dorados protegiendo la íntima fisura que era poseedora la rubia, fisura que al viejo mecánico le encantaba, este no pudo evitar decirle a la hembra lo que ya en su mente muchas veces se había imaginado:

–Me pregunto ¿como te verías encuerada y con el tajo que te cargas entre medio de tus piernotas totalmente depilado?, creo que sería una maravilla…

–Que… ¿que… dice…?, -la casada estaba roja como un tomate al estar entendiendo claramente que el viejo deseaba que ella se la afeitara.

–Lo que escuchaste… pero no te preocupes zorra…, -le contestó el viejo ahora saliendo de su anterior estado, -ya tendremos tiempo para seguir entreteniéndonos, además que con toda esa leche que me diste hace algunas horas para mí ya es suficiente, ahora descansa que apenas llegue le pondremos llave a la puerta y luego de vaciarte las tetas cuando otra vez me amamantes nos quedaremos culeando encerrados por dos días seguidos.

La rubia también se recuperaba de aquella extraña sensación de erótico pudor que sintió cuando le dijeron que ella era una yegua tremenda y de lo más exquisita, además de creer entender la sugerencia del vejete con respecto a su coño, por lo que le siguió la conversación ahora con un poco más de normalidad, aunque al estar ya con algo más de cordura en su mente le preocupaba eso de estar manteniendo relaciones sexuales con su cuñado por dos días prolongados según le decía este.

–¿Y porque no se negó a ir?, yo creo que en su feria deben haber más mecánicos tan buenos como Usted, ¿o me equivoco?, -Gabriela solo se lo preguntaba para rehuir a todo lo que el viejo le había dicho que harían una vez que llegara nuevamente, junto con ello se recostó ya en forma normal y se cubrió con los restos de la ropa de cama.

–La neta es que me hubiese encantado quedarme a coger contigo y seguir en lo que estábamos lindura, pero lamentablemente ese motor es de mi responsabilidad, además que tengo que estar bien con los patrones porque en poco tiempo pienso dejar de lado la feria y necesito no tener problemas para que me paguen todos mis años de trabajo.

–¿Se va a cambiar de trabajo?, -le consultó Gabriela mostrando algo de interés en sus planes.

–Si, pienso dedicarme a otro tipo de negocio, independizarme, jejejejee, algo más rentable y más entretenido también…

La ex casada quien cayó en cuenta que el vejete terminaba de ponerse sus viejos zapatos negros supo que este ya se marchaba.

–Si quiere llévese mi camioneta, yo ya casi ni la ocupo, -le ofreció ya que algo en su interior le demandaba estar bien con ese viejo, aunque por otro lado sabía que aun sin tal ofrecimiento el vejete se la iba a llevar igual (la camioneta)

–Ps… claro que me la llevo tetona, si la localidad en donde estamos ubicados con la feria está a tres horas y media de aquí y con mi cacharro no llego ni hasta el centro sin detenerme antes a echarle agua en el radiador, Je, además que así podré cargarle combustible cuando ya venga de vuelta mira que quizás cuando llegue antes de encerrarnos a coger te lleve a dar una vueltita por ahí, tal como quedamos esta tarde… ¿te acuerdas?

–Ahhh claro, lo recuerdo, jijiji, ¿y para donde me va a llevar?, -le consultó la ex casada ya más relajada y tapándose la cara con las ropas de cama, dejando ver solo sus ojos azules y parte de sus rubios cabellos.

–Mmmm… ya lo veremos rubia, la cosa es que te tienes que distraer y olvidar de todo lo que te está pasando, jejejejee…

–Entonces avísame un poco antes que llegue para esperarlo arreglada, ¿le parece? Usted ya tiene mi número.

El viejo Pedro ya estaba parado junto a la puerta de la habitación, pero antes de marcharse deseaba dejar algunos puntos bien en claro con la rubia:

–Claro que tengo tu número, y hablando de teléfonos, tengo pensado comprarte otro celular, ese que tienes quiero que lo elimines, si quieres olvidar al pendejo de Cipriano debes eliminar de raíz todo lo que tenga que ver con él.

Gabriela en el acto descubrió su cara y se quedó mirándolo seriamente, no entendía porque don Pedro deseaba cambiarle el celular.

–Pero… pero si es mi teléfono… yo no quiero deshacerme de él… además que no tengo el dinero suficiente para pagárselo si es que Usted me trajera uno nuevo.

–No te preocupes por el dinero, lo que gaste en ti desde ahora lo anotaré en mi libreta junto con los gastos clínicos, Jejeje ¿lo recuerdas?, más adelante le veremos cómo me pagas.

–Es que yo no quiero deshacerme de mi teléfono…

Don Pedro ya se estaba enojando por la insistencia de Gabriela:

–¡¡Mira pendeja con instintos de puta… yo contigo me he comportado de la forma más decente que he podido, cosa no muy normal en mi para que lo sepas, así que si quieres que nuestra relación siga más o menos parecida cambiaras tu teléfono por uno nuevo y yaaa!!, -le cortó en forma amenazante el vejete, para luego terminar aclarándole –¡Si vamos a empezar algo entre nosotros dos tiene que ser desde cero!, ¿lo entiendes? ¡Así que acéptalo!, por ahora nos vemos no sé cuándo.

Gabriela en forma estupefacta lo vio desparecer de la habitación con su guata caída y su ropa toda percudida por la mugre, con el ruido del motor de su camioneta alejándose solo se daba a pensar en eso último que le dijo el vejete: “si quieres que nuestra relación siga…”; “Si vamos a empezar algo entre nosotros dos tiene que ser desde cero”, una y otra vez se preguntó qué era lo que don Pedro quiso decirle con esas dos frases pero no encontró respuesta alguna, de lo que si estaba segura era de que ella no mantenía ningún tipo de relación con él, todo lo sucedido entre ellos era solo un acuerdo, algo meramente momentáneo.

Estando la ex casada con todas esas contradicciones en su mente en forma autómata salió de la cama y procedió a ducharse lo hizo pensando en todo lo que le estaba sucediendo, luego de secar su cuerpo y ponerse crema en este otra vez estaba en la cama con una delgada y corta prenda de dormir, sin más apagó la luz de la habitación y se dio a intentar quedarse dormida, cuando lo logró en su mente aun machacaban las dos frasecitas: “nuestra relación…”; “Si vamos a empezar algo entre nosotros dos tiene que ser desde cero”.

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(Tres días más tarde)

Eran casi las 11 de la mañana de un día martes, y don Pedro estaba todo traspirado, engrasado y ennegrecido trabajando en el motor principal de la Montaña Rusa, la parte superior de su mugriento overol de trabajo lo tenía amarrado a su cintura, algo muy característico en él, otros tres viejos tan ennegrecidos como él las hacían de ayudantes.

–Torres, ¿trajiste más liquido hidráulico de la bodega?, este pinche motor no nos la va a ganar tan fácilmente.

–No pude jefe, el bodeguero dijo que ya no quedaba pero que de un momento a otro le llegaba el pedido, dijo que apenas llegara el mismo nos lo mandaría a dejar junto con los otras materiales que nos faltan.

–¡¡¿Pero qué mierda…?!! ¡¡¿Y cómo quieren estos pendejos que uno haga el trabajo si no están ni los materiales?!! ¡Suerte que ya me queda poco tiempo en esta pinche feria hija de la gran putaaaa!.

–Ehhh… o sea, ¿es verdad que se va de la chamba?, -le consultó uno de sus ayudantes.

–Ps… si… en la noche del jueves aprovechando que debo supervisar que esta mamada no se trabe otra vez con la gente encaramada hablaré con la jefatura sobre mi salida.

El también traspirado ayudante de mecánica le iba a hacer otra pregunta al respecto pero el celular de don Pedro otra vez comenzaba a sonar, el viejo al comprobar que la llamada era de su cuñada Ernestina se alejó un poco de su compañero para hablar algo más tranquilo.

Después de los saludos de rigor, la conversación entre cuñado y cuñada se puso algo tensa:

–¡No puede ser Ernestina!, tienes que darme algo más de plazo para decirle, si recién han pasado 5 días.

–Por eso mismo te estoy hablando Pedro, ya hacen dos días que se cumplió el plazo que te di, es decir ya van 7 días, así que le dices tú y te la llevas bien lejos, o yo misma iré a sacarla con mis familiares…

El ennegrecido y traspirado viejo sabía que su cuñada cumpliría con lo que le decía, pero también tenía claro que no era una cosa tan fácil llegar y sacar a la Gabriela de su casa.

–Escúchame cuñada, tú tienes todas las cartas bajo tu manga, de una u otra forma vamos a sacar a la puta de esa casa que te pertenece y yo estoy dispuesto a ayudarte, pero debes darme más plazo, además que estoy fuera de la ciudad solucionando un problema aquí en la chamba y tengo para un par de días más con esta mamada, no he tenido mucho tiempo para dedicarle al asunto de la rubia esa, así que te lo pido de cuñado a cañada, ¿podrías darme unos cuantos días más de plazo?

Don Pedro escuchaba la pesada respiración de su cuñada al otro lado de la línea, se notaba que con solo hablar de Gabriela a la vieja se le paraban los pelos, hasta que por fin escuchó su respuesta:

–¡Está bien!, en primera instancia te la deberías haber llevado antes de ayer, por lo mismo había planeado un viaje de 15 días a Guanajuato con María que quiere ir a visitar a su madre, pero si no te llevas a esa mujer en estos 15 días en que no vamos a estar… te juro que haré que la boten de la forma más humillante posible, así que ya sabes… tienes 15 días y no hay más plazo… es mucho más de lo que habíamos acordado al principio.

El asqueroso vejete después que terminó la llamada se sentía estresado, y esto era porque debía dejar el motor funcionando para antes del jueves en la noche que era cuando reabría la feria, además de quedarse a monitorearlo para que este no se fuese a parar en pleno funcionamiento tal como ocurrió en la noche en que lo llamaron, sumado a que pensaba en esa misma jornada hablar con sus superiores sobre su salida de la feria, y ahora para rematarla su cuñada lo presionaba para que sacara a Gabriela de la casa en la que vivía, que por razones obvias ya no era suya.

Con todo esto pasando por su mente decidió que de alguna forma debía relajarse, repararía ese motor lo antes posible para que el día jueves este no mostrara problemas y ya para ese mismo viernes podría volver a la casa de la rubia y encontrar la forma de que ella solita diera el primer paso para su emputecimiento, tenía aun 4 días para planearlo todo.

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(A primeras horas de ese mismo día en la casa de Gabriela)

Eran casi las 10 de la mañana y Gabriela como siempre tenía toda su casa en orden, su habitación en donde había yacido con don Pedro hace ya tres noches atrás lucía tan inmaculada como resplandeciente.

La ex casada llevando puesto un exquisito y holgado vestido con tonalidades azuladas en la soledad de su hogar se daba a pensar en todo lo que estaba haciendo, sentada en el sillón y con su celular en las manos se daba a meditar que las cosas se le iban sucediendo demasiado rápidas, además que sabía que el estar acostándose con don Pedro a espaldas de todo el mundo era un error del porte de un rascacielos, ¿pero y que más iba a hacer?, se preguntaba, el viejo ese era el único que se había acercado a ella después de lo ocurrido en el hospital, ni María ni el Chango que eran sus dos supuestos amigos no habían hecho el menor intento de ir a verla en todos estos días, ni siquiera una mísera llamada telefónica para saber cómo estaba ella, extrañamente por la mente de la rubia ya no existían atisbos de rabia o de rencor hacia la persona de María, ya que con todo lo que le estaba sucediendo y con la aparición de doña Ernestina la traición de su ex amiga venía siendo como un mal menor, aun así su molestia con ellos (Pablo y María) en esos momentos era lo último, tal vez lo solicitado por don Pedro antes de irse, eso de cambiar su teléfono no era tan mala idea.

Llevada por quizás qué tipo de impulsos Gabriela se dio a teclear su teléfono, en el vio la mensajería, con profunda nostalgia leyó por última vez la conversación que tuvo con su ex macho el día en que él terminó su relación con ella, luego vio el listado de su ya reducidos contactos y de pronto sin pensársela más le dio al botón reiniciar.

Estaba hecho, su teléfono se reinició y borró todos los números y mensajes de los que por un año entero fueron las personas más cercanas a ella, sintió pena por lo que hizo, como también se sintió sola en este mundo, muy sola, pero ella debía continuar con su vida.

Luego de eso la melancólica rubia se puso de pie y se dirigió a su habitación, tras arrojar en teléfono en su cama sacó el poco dinero que le quedaba y se dispuso a ir de compras al mercado, ya que su despensa también comenzaba a escasear, además que necesitaba despejarse un poco, ya iban tres días desde que se había ido el vejete con su camioneta y de este ni luces.

Una vez que salió de su casa Gabriela tomó el rumbo al mercado, de pronto vio la calle que daba hacia donde estaba ubicado el Pie Grande, a sabiendas que se iba a gastar el ultimo dinero que le quedaba decidió ir al taller, después de todo ella había sido la pareja del dueño de este y todos sabían que ella invirtió también algo de dinero en este mismo, así que pensaba en ir a pedirle algo de efectivo a María y que después ella arreglara el asunto con don Cipriano, pero al ir acercándose y al estar ya a media cuadra se percató que sus portones estaban cerrados, a la vez que también se dio cuenta que a medida que se hubo ido acercando eran muchos los viejos de los talleres aledaños que se asomaban por los portones a mirarla y a cuchichearse entre ellos riéndose y mirándola con cara de depravados.

La rubia rápidamente dio media vuelta y se puso rumbo hacia el mercado, las miradas de esos hombres la habían puesto muy nerviosa aparte de asustarla, sobre todo por la forma en que la miraban, la casada en otros tiempos no advertía este tipo de miramientos hacia su persona, pero a estas alturas ya sabía que la gran mayoría de los viejos que trabajaban o merodeaban por esos bajos barrios cuando la miraban era solo con deseos de cogérsela a la fuerza.

Por otro lado lo que no supo fue que solo le habían faltado un par de metros en que se hubiera acercado a los portones del Pie Grande en donde ella perfectamente hubiese leído el letrero que indicaba “Cerrado por Duelo”, y otro que decía “En Venta”.

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Ya en el mercado tanto los clientes varones como los almaceneros abrían paso a aquella majestuosa mujer rubia de rasgos armónicos y de ojos azules que andaba de compras, el sabroso vestido azul que lucía aquel día le marcaba a la perfección cada centímetro de su poderosa figura, hasta un precioso triangulo de telas azules se le formaba al medio de sus caderas y más debajo de su vientre cuando este se le adosaba a su cuerpo por el efecto cadencioso de sus movimientos al ir caminando, además que al ser este con tirantes en los hombros cualquiera de eso pobres mortales que la miraban darían lo que fuera para poder lamer aunque sea por un par de segundos esa escasa porción de blanca piel con la cual ella los estaba exaltando.

En cada puesto que Gabriela adquirió algún producto para su despensa los salidos viejos que la atendieron le regalaban una yapita para hacerse los simpáticos con ella, y la rubia a modo de retribución les regalaba una de sus más naturales y preciosas sonrisas de agradecimiento, ninguno de ellos sospechaba ni en lo más mínimo la situación que estaba pasando aquel emblema de mujer, ni mucho menos imaginarían con el despojo de hombre con el cual ella se estaba acostando por los motivos que fueran.

–¿Cómo está la caserita?, jijiji, ¿qué va a llevar esta vez?, -le consultó el verdulero del puesto en que Gabriela había escogido para comprar, este era un sexagenario hombrecillo de baja estatura y muy delgado, vestía el típico atuendo de las personas que venden verduras en los mercados, sus manos estaban todas ennegrecidas por el polvo de patatas, pepas de zapallos y de todo tipo de verduras habidas y por haber, mientras le hablaba a la rubia este tenía su vista clavada en el nacimiento de aquellos suculentos melones que se adivinaban debajo de la tela azul.

–Buenos días señor, quiero algo de verdura surtida…, -le dijo la ex casada cayendo en cuenta de la libidinosa forma en que le hablaba el vendedor. En otros tiempos la rubia se hubiera molestado mucho por la salida forma en que aquel estropajo de hombre se la estaba devorando y hubiese cambiado de tienda, pero a estas alturas situaciones como esta ya casi la entretenían, en eso el viejito ya le respondía:

–Ps… elíjalas Usted misma mi Reina, Usted me va diciendo y yo se las voy depositando en la bolsa para que no se estropee… esas manitas tan chiquititas y delicadas que Usted tiene, jijiji…, -el verdulero le habló lo anterior achicando sus ojos mientras lo hacía, robándole otra sonrisa a la rubia debido a la exagerada galantería con la que le hablaba ese pobre hombre.

–Gracias… deme también dos lechugas… esas dos que están ahí… y…

Mientras Gabriela recorría con su mirada la gran variedad de verduras para ver que más compraba el viejo verdulero y otros de los puestos aledaños aprovechaban para recorrerla entera, en eso el viejo se dio a ayudarla en escoger:

–Ps… no faltaba más… también le tengo tomates…

–Ahhh… ok deme un kilo de tomates… también…, -aceptó la ex casada.

–También le tengo pepinos…

–Si… si… agréguele dos pepinos…, -le dijo ahora en forma distraída, pero el salido viejo quiso ir más allá con su inocente ofrecimiento.

–¿Cómo le gustan?, jijiji, tengo unos pepinos de guarda, bien largos y gruesos, ¿le gustan largos y gruesos?, jijiji

Gabriela en el acto cayó en cuenta de las palabras con doble sentido del grosero verdulero.

–¿¡Qué me está diciendo!?, -le consultó con su semblante ahora mucho más serio, abiertamente la rubia ya estaba enojada con tal atrevimiento.

El hombrecillo se la quedó mirando tan sonriente como desde el principio, este no se cansaba de mirarle su atractivo rostro de Diosa, vio que sus rubias cejas ahora estaban algo inclinadas hacia abajo, obviamente él también se daba cuenta que la dorada hembra estaba al tanto de sus desvergonzadas leperadas.

–Le pregunto si le gustan largos y gruesos, jiji, -le volvió a decir en forma desfachatada, –Usted ya sabe, así abundan más en las ensaladas, además que con mi trabajo me he dado cuenta que muchas mujeres como Usted son muy buenas para el pepino, ¿es Usted también buena para el pepino?, -terminó preguntándole desenvueltamente mientras le hacía un nudo a la bolsa de los tomates.

Gabriela no sabía cómo reaccionar ante la desvergonzada tanda de preguntas de aquel insolente hombre, pero al verlo tan sonriente y relajado esperando alguna respuesta por parte suya no se aguantó la risa y solo atinó a seguirle el juego, además que en todo lo que le decía no iba ninguna grosería o insulto de por medio.

–Ok… ok, ahora le entiendo, jiji, Por supuesto que me gustan… porque abundan más en las ensaladas claro…

–Ahhh… veo que Usted es buena para el pepino entonces…

–Jijiji… Sí, me gustan mucho, -la rubia le decía esto aun mirando el gran surtido de verduras, aquel jueguito de palabras si bien había terminado por divertirla también la ponían nerviosa.

–Entonces le daré los más gruesos y largos que tengo, aquí están…

Gabriela comprobó con el azul de sus ojos que efectivamente los pepinos que le ofrecía el viejito eran realmente gruesos y largos, de tamaños realmente considerables.

–¿Cuánto dinero le debo…?, -le preguntó Gabriela finalmente.

–Solo págueme las verduras y los tomates, los pepinos van de mi parte para que los disfrute Usted solita cuando se los esté comiendo enteritos, jijiji

La casada le canceló la compra entre sonriente y seria para hacerle ver a aquel hombre que ella sabía de su pelado comportamiento.

Realizada la compra el embobado vendedor se quedó viendo como aquella simpática rubia se alejaba y se perdía entre el gentío moviendo sensualmente cada centímetro de su cuerpo.

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Ya era casi medio día y una vez que Gabriela otra vez llegó de las compras a la soledad de su hogar dejó las bolsas del mercado en la mesa del comedor para rápidamente irse a su habitación y proceder a quitarse el vestido azul, tenía algo de calor por lo que se puso una delgada camisola de dormir que a ella le gustaba, lo hizo porque sabía lo sola que estaba en casa además de lo cómoda que se sentía cuando la llevaba puesta, esta era delgada y algo brillante y le tapaba hasta un poco más debajo de su ropa interior, sumándole de tener muy claro que por ahora don Pedro no llegaría, ya que aún no la llamaba según habían quedado en acuerdo antes de que este se fuera.

Sin pensársela se arrojó de espaldas sobre la cama a la vez que se fue acomodando en las almohadas a sabiendas que otra vez ya no tenía nada que hacer sino más que esperar la llamada del vejete, recordando eso recorrió la cama con su azulada mirada hasta que dio con su celular, con un mínimo esfuerzo de su brazo lo cogió para revisar si su cuñado la había llamado mientras ella andaba de compras por lo que comprobó que no tenía llamadas perdidas ni mensajes de nadie.

A estas alturas la rubia ya no deseaba ponerse a pensar en nada, la situación ya era, habían terminado con ella y ella ya comenzaba a asumirlo en forma definitiva, solo debía estar atenta a la llamada de don Pedro, la pobre no se daba cuenta de que inconscientemente y poco a poco ya comenzaba a estar más al pendiente de los horarios del vejete que de otra cosa.

Luego de descansar un rato y a sabiendas de que hace muy poco había reiniciado su teléfono Gabriela en forma totalmente relajada se dio a intentar configurarlo nuevamente, esto sería por poco ya que don Pedro había sido enfático en que su número debía cambiarlo, a la vez que a su mente otra vez le llegaba una de las ultimas frases del viejo antes de marcharse: “Si vamos a empezar algo entre nosotros dos tiene que ser desde cero”.

Intentando no pensar en eso y mientras se rascaba suavemente uno de sus dorados muslos el cual tenía levantado la casada puso atención en una alerta que le mostraba la pantalla de su teléfono, esta decía así:

“La memoria externa del dispositivo necesita reiniciarse, tiene 30 archivos disponibles ¿desea eliminarlos y continuar?” Si – No

La rubia se dio a pensar e intentar recordar de que se trataban esos archivos, hasta que cuando su propia memoria recordó claramente cuáles eran los únicos videos y fotografías que ella había tomado con ese teléfono, con su mano muy temblorosa y con su corazón latiéndole a mil le dio al NO abriéndose en forma automática la galería de fotos y videos que ella misma le había tomado al interior de un miserable motel a la verga de don Cipriano hace ya más de un año atrás.

Rápidamente se puso de costado en la cama con el teléfono en una de sus manitas y con la otra se dio a ir corriéndolas una por una, mientras más las veía su corazón más aceleradamente le latía, a la vez que se preguntaba que como fue que pudo haber mantenido olvidado por tanto tiempo aquel material, incluso corriendo el riesgo de que su esposo en aquellos tiempos se las pudo haber encontrado.

Pero esos pensamientos fueron fugases en la mente de Gabriela, ya que ella sin darse cuenta estaba más embelesada en analizar una y otra vez las distintas panorámicas de aquella grandiosa herramienta que tanto la había hecho disfrutar en otros tiempos.

Su mente poco a poco se iba distorsionando, a la vez de que ya sentía claramente las pulsaciones de casi todos sus signos vitales, y no era que estuviera nostálgicamente recordando las vivencias junto a su don Cipriano sino que todo su interés tenían como único objetivo la forma de la verga que se graficaba ante sus ojos.

Gabriela estaba cautivada con los videos y fotografías en primer plano de aquella grandiosa vergota cuando sintió un suave hormigueo en su delicada abertura vaginal, a la vez que en forma involuntaria dejaba salir de sus labios una singular frase provenida de la parte más íntima de su sensualidad:

–Ohhh, es… es… tan grande…, -decía una y otra vez, y por más que intentaba dejar el teléfono a un lado y dedicarse a hacer otras cosas no podía, recorría una y otra vez la galería agrandando y achicando las fotos con sus deditos en la pantalla, repasaba también los videos que duraban de 20 a 30 segundos, y mientras más miraba todo aquello más se le acrecentaba un rico hormigueo en lo más profundo de su rubia panocha.

La ex casada sin darse cuenta de nada ya friccionaba suavemente sus poderosos muslos intentando ella misma contraer la parte más íntima de su persona.

–Ohhhh mi D… Dios…, -seguía diciendo por lo bajo a sabiendas que estaba completamente sola en aquella casa, sentía muy rico ahí abajo cuando contraía.

Repitiendo lo anterior una y otra vez en su mente se preguntaba de cómo ella fue capaz de tragarse por su vagina semejante atrocidad peneana. Si bien esa verga ella la conocía muy bien, en las fotos esta se graficaba con medidas casi demenciales, el rico hormigueo en su rubia abertura se fue transformando en deliciosas pulsaciones, lo que la llevaron a dejar el teléfono a un lado en la cama con las imágenes corriendo en forma automática, le estaban bajando unas tremendas ganas de acariciar su cuerpo. Su mente y sus pensamientos ya estaban llenos de verga.

Gabriela estaba tendida en el lecho como desesperada, no sabía qué hacer, sus manitas solo acariciaban parte de su estómago y subían hasta el nacimiento de sus senos luego bajaban y volvían hasta la altura de su ombligo por sobre la fina y corta camisola que llevaba puesta, sus hermosos ojos azules tenían un brillo extraño, la dorada tez de su rostro ya contrastaba con el sensual rojo de sus labios, o en otras palabras la rubia simplemente se había comenzado a calentar.

Su delgada y fina camisola de dormir ya se le adosaba a su bien ponderada anatomía, esto debido al exceso de calor que estaba sintiendo, fue en el momento en que al girar su rubia cabellera hacia donde estaba el teléfono sus ojos vieron como la verga de don Cipriano pulsaba insistentemente, escuchando también la distorsionada voz del mecánico pidiendo que lo desataran. Solo con rememorar su primera infidelidad de hace ya más un año la ardiente rubia bajó sus manos a los bordes de su camisola y la fue subiendo a la vez que iba descubriendo su despampanante y acalorado cuerpo, hasta finalmente retirársela quedándose solo con el bra y su diminuta prenda íntima inferior, ambas prendas eran tan blancas como la nieve.

Gabriela siempre fue consciente del exuberante cuerpo que se gastaba. En esos afiebrados momentos en que se estaba tocando aun sin decidirse a ir más allá, gracias a las fotografías observadas, a su mente le llegaban las imágenes de todos esos viejos que se la habían devorado ocularmente en las cercanías del Pie Grande solo hace un rato atrás, esto nunca le había pasado, pero ahora el saber de esas calientes miradas de deseos desenfrenado en que se la comían, sumado a las nítidas imágenes y videos que le mostraba el teléfono a un lado de su cara, todo esto terminaron por excitarla a niveles casi abominables.

Hasta que decididamente la rubia llevó una de sus manos hacia la alba tela que le protegía el íntimo acceso al interior de su cuerpo. Al primer contacto con este sintió como se le erizaban todos los bellitos de su dorado cuerpo incluso los de su delicada fisura de carne siendo invadida en el acto por un desquiciante escalofrió que le recorrió entera y hasta el último centímetro de su cuerpo.

–¡Ohhhhhhhhhhh!, ¡pero que riiiii… cooooo!, -exclamó ya sin más enterrando su nuca en las almohadas y cerrando sus ojos fuertemente, su manita ya comenzaba lentamente a hurgar por encima de la tela de su diminuto calzoncito, las oleadas de placer se venían amenazantes.

Los latidos de su corazón estaban a mil, y una tremenda necesidad por abrir y recoger sus muslos como ella sabía hacerlo ya casi la superaban, por lo que se fue abriendo de piernas suavemente y una tímida masturbación por encima de su prenda íntima ya comenzaba.

–¡¡¡Ahhhh!!! ¡¡¡Mmmmm!! ¡¡Que riiiiiicccoo!!! ¡¡¡Quueeee riiiiiicccoo…!!! ¡¡¡La vergaaaa!!! ¡¡¡Ahhhh!!! ¡¡¡Ahhhhhhhh…!!! ¡¡¡Mmmmmmmm!!! -la calentura acumulada con la que la había dejado el mecánico antes de irse para la feria ya comenzaba a causar estragos en su sistema nervioso.

Los preciosos ojos azules de Gabriela estaban posados fijamente en el techo de la habitación mientras exclamaba lo anterior, su mano hurgaba circularmente en la zona de su vagina alternando con su dedo medio dibujándose la rayita que se formaba en la tela de su alba prenda íntima la cual ya estaba muy mojada.

Con todo esto sucediendo la rubia ya estaba literalmente hirviendo de calentura así que sin pensársela más tomó su fina prenda por ambos lados de sus caderotas, y simplemente la deslizó hacia abajo haciéndola correr por sus torneados muslos, sacándosela y arrojándola al final de la cama, lo mismo hizo con el sujetador, hábilmente llevó sus manos por detrás de su espalda enarcada, siempre tendida en la cama y una vez liberada de este lo arrojó hacia cualquier parte, sus turgentes tetotas rebosantes de leche se mantenían bien paradas y se mecían despaciosamente a cada movimiento que hacia su dueña en la cama, esas dos relucientes montes de carne estaban para devorárselos.

Al fin estaba Gabriela recostada en su cama totalmente desnuda en la soledad de su habitación, sus curvas, sus formas, todo lo de ella era una conjunción de atributos femeninos tan pecaminosos como carnales que fácilmente podrían volver loco de calentura a quien estuviese mirándola escondido.

El panorama en aquella cama era espectacular, la rubia ya estaba con sus doradas piernotas bien abiertas, desde su vientre para abajo todo era el más hermoso de los poemas, desde ahí se veía ese espectacular monte de venus, siempre apenas sombreado por unos escasos y finos bellitos dorados que a ella le salían naturalmente, en eso la exuberante casada posó una almohada a un lado de su cuerpo y apoyó el teléfono para que este quedara en forma frontal a su cara, las fotos y videos corrían en modalidad presentación, y una vez que el aparato ya estuvo bien ubicado ella simplemente se comenzó a correr la paja en forma desatada con sus ojos vidriosos y puestos fijamente en la pantalla de su teléfono.

–¡¡Ohhh Diossss!! ¡¡Ohhhhh Diosssssssss…!! -exclamaba Gabriela sin dejar de mover su mano en forma rápida y circularmente en sus húmedos pliegues vaginales a medida que las imágenes-videos corrían y se repetían una y otra vez.

A los pocos minutos la ardiente rubia ya se masturbaba en forma desatada, las sensaciones para ella eran muy ricas, sin embargo su sistema nervioso algo le reclamaba para sentir aún mejor, su mente con insistencia le pedía más de lo que ella estaba dándose, en tanto sus gemidos de placer ya eran audibles en toda la casa.

–¡¡Mmmmmm…!! ¡¡Ahhhhhh…!! ¡¡Diossssss…!! ¡¡¡La vergaaaa…!!! ¡¡¡Quiero una vergaaaa…!!! ¡¡¡Sí!!! ¡¡¡Así…!!! ¡¡¡Bien largaaaa y gruesaaaaaaa…!!!

En tanto gritaba todo esto, la ardorosa rubia ya estaba con sus piernotas bien abiertas y bien recogidas, su manita hacía desquiciantes círculos en su rubia conchita arremetiendo de vez en cuando con dos de sus dedos bien adentro de ella, hasta que sus gritos y deseos cada vez eran más salidos:

–¡¡¡Siiiii…!!! ¡¡¡Así!!! ¡¡¡Métanmela…!!! ¡¡¡Métanmela…!!! ¡¡¡Ohhhhh…!!! ¡¡¡Diossssss…!!! ¡¡¡Diossssss!!! -exclamaba y exigía que se la metieran ahora con los ojos fuertemente cerrados.

Su mente vagaba en un mar de vergotas hediondas y peludas, al irlas imaginando se mordía fuertemente su labio inferior, el teléfono desde hace rato se había caído de la almohada debido a sus bruscos movimientos pero a ella ni le importaba, ahora era su mente quien la proveía de las imágenes de lo que ella realmente estaba necesitando, hasta que en el momento en que se masturbaba imaginando que los mecánicos de aquella mañana se la estaban violando sobre un mesón lleno de herramientas oxidadas al interior de uno de esos talleres de pronto se le vino a su mente la figura de aquel poco agraciado vendedor de verduras: “tengo unos pepinos de guarda, bien largos y gruesos, ¿le gustan largos y gruesos?” “los pepinos van de mi parte para que los disfrute Usted solita cuando se los esté comiendo enteritos”

Solo con ese último pensamiento en forma decidida volvió a juntar sus piernas y con una extraña expresión de seriedad absoluta en su rostro se puso de pie y se dirigió desnuda como estaba al comedor de su casa, su respiración era agitada y lo hacía por la boca, y más se acrecentaron los latidos de su corazón cuando ya iba de vuelta a la cama con los dos pepinos que había comprado, uno en cada mano.

Cuando ya estuvo otra vez tendida en la cama se volvió a abrir de piernas lo que más pudo, y lo hizo con desesperación según lo que indicaba la expresión de su rostro en aquellos momento, sus hinchados melones que debían estar rebosantes de leche subían y bajaban aceleradamente producto de lo agitado de su reparación, la deliciosa y prohibida sensación que se había apoderado de su persona la amenazaban con hacerla explotar, ya que el primer pepino que escogió para meterse el cual mantenía agarrado y pasándoselo por el vientre fácilmente debía medir más de 30 centímetros de largo por otros 8 de diámetro, este era muy verde oscuro, pesado, y con ciertas tonalidades amarillentas en una de sus redondeadas puntas, este se lo pasaba y se lo pasaba por su vientre hasta que ya en forma decidida lo fue guiando hacia su afiebrada entrada de amor.

Al primer contacto de aquel aterrador instrumento de disfrute con los delicados pliegues de su muy lubricada abertura vaginal instintivamente llevaron a la rubia a recoger y a abrirse aún más de piernas, su otra mano subió para agarrarse una teta y empezar a masajearla suavemente, pero al primer contacto de su mano con esta saltó una fuerte cantidad de eyecciones de leche, estas saltaban y regaban la cama en forma tan fina como si la estuvieran lanzando con una jeringa.

Ya estando el pepino ubicado en la entrada de su vagina la ex casada fue presionando y empujándolo hacia su interior, sus ojos en un principio cerrados lentamente se fueron abriendo a medida que la verga artificial se le iba metiendo para adentro, el verde pepino entraba a paso seguro guiado por la temblorosa mano de Gabriela, las partes amarillentas también se perdían hacia el interior de sus carnes y de su cuerpo, las placenteras sensaciones que este le causaba a todo su sistema neurológico eran increíbles, lo que la llevaron a darse en forma inmediata a estar meneando su cintura con sugestivos movimientos de caderas tal cual como si a ella ya se la estuviesen cogiendo.

A los pocos minutos de estar disfrutando de tan gratas sensaciones con más de la mitad del pepino enterrado en la concha la rubia empezó a menear sus caderas en forma decididamente ondulatorias, mezclándolas con movimientos pélvicos de sube y baja:

–¡Mmmmmm…! ¡Aaaahhhh…! ¡¡Q… que r… ri… c… cooooo!! -gemía entrecortadamente Gabriela con el aire faltándole en sus pulmones debido a lo muy rico que estaba experimentando, sus tetas continuaban chorreando leche aun sin ella estar apretándoselas, y su mente le graficaba mil situaciones lujuriosas en las cuales ella se ensalzaba en pos de su masturbación.

La rubia llevaba por lo menos unos 10 minutos de rico y solitario disfrute, cuando sintió que su cuerpo le exigía aún más, instintivamente se empezó a menear más fuerte a la misma vez que ella misma y con sus dos manitas se taladraba rápidamente la concha metiendo y sacando el pepino de esta en sus tres cuartas partes, en algunas ocasiones le verdosa herramienta salía de su cueva goteando abundantemente con lo que al segundo lograba deslizarse otra vez para adentro con mucha facilidad, la cama ya había comenzado a crujir con ese erótico sonido que hacen los resortes ante los severos movimientos de sube y baja que estaba haciendo la rubia al estar graficando en su mente que se la violaban entre varios.

Gabriela no era consciente de que sus movimientos y meneadas eran de auténtico instinto animal, sus hermosos ojos azules estaban totalmente abiertos, pero en su mente poco a poco las figuras de hombres desconocidos que se la cogían fueron desapareciendo, ahora era otro el hombre que machacaba su cuerpo en forma brutal con ella disfrutando como una condenada, a la ex casada ya casi le faltaba el aire y como si estuviese siendo asaltada por un severo ataque de asma a duras penas podía exclamar:

–Ssshhhhhh… Aaaahhhh… d… don… Pe… Pedrooooo… Sssssshhhhhh Aaaahhhh… Sssssshhhhhh… N… nu… nuestra relacionnnnn… Siiiiiiiiii Siiiiiiiiiiiiiiiii…

La exuberante rubia mantenía sus bellas piernotas totalmente abiertas y recogidas, dejando ver en plenitud el rosado embolo que se formaba en su rica grieta intima gracias al pepino que ya entraba casi en su totalidad, su delicada rajadura de carne se notaba apretadita debido al grosor del natural aparato con el cual ella sola se estaba culeando, además de mantener ahora en su mente el excitante morbo que le causaba el solo imaginarse a ella en una nueva relación sentimental con un viejo mucho más ordinario y asqueroso que el anterior con el que había andado enredada, y que para rematarla este otro nuevo era su casi cuñado.

La bella Gabriela en la soledad de su habitación estaba masturbándose como la más vil de las putas, sus rodillas y piernas estaban tan flexionadas y abiertas que hasta ya casi tocaban el contorno de sus tetas, su lujurioso estado era tal que si en esos momentos entrara un hombre desconocido a su habitación con las insanas intenciones de violársela ella lo hubiera secundado para que este hiciese con su cuerpo todo lo que quisiera.

De un momento a otro la casada notó que debido a la profundidad en que se incrustaba el pepino en su rubia panocha, un estremecedor orgasmo se acercaba a pasos agigantados, por lo que le aplicó más velocidad al movimiento de sus manos que empuñaban su verga artificial, siempre haciendo rápidos círculos con este como si de verdad ella quisiera agrandársela, sus gemidos ahora eran más fuertes y escandalosos que los anteriores:

–¡Ssshhhhhh…! ¡Ahhhh…! ¡Aaaahhhh…! ¡¡Ahhhh!!… ¡¡¡Ssshhhhhh!!! ¡¡¡Ahhhhhh…!!!, -el abrumador orgasmo ya se estaba posesionando de su cuerpo y la rubia con su cara desfigurada por la calentura mientras se imaginaba estar culeando salvajemente con don Pedro también ya lo sabía:

–¡¡¡Ohhhhhhhhh!!! ¡¡¡Aaaahhhh!! ¡¡¡Sssssshhhhhh!!! ¡¡¡Aaaaaaaahhhh…!!! ¡¡¡Q… Que rico don P… Pedrooo…!!! ¡¡¡Así…!!! ¡¡¡Me… métamela!!! ¡¡¡Métamela todaaaa…!!! ¡¡¡Así mi N… Ne… Neneeee…!!! ¡¡¡Siiiiiiiiii…!!! ¡¡¡E… Em… empecemos d… desde ceroooo!!! ¡¡¡Ohhhhhhh…!!! ¡¡¡Diossssss…!!! ¡¡¡Diosssssssss…!!! ¡¡¡Me corrooooooooo…!!!

Una perdida Gabriela explotó finalmente en un fenomenal y desquiciante orgasmo, su cintura se meneaba automáticamente haciendo una serie de movimientos circulares mientras evocaba la persona de su horrendo cuñado y esa extraña relación que le ofrecía este, a la vez que de sus rojos labios seguía gimiendo inconscientemente:

–¡Ricooo! ¡¡Ricoooo!! ¡¡¡Ri… Ricoooooo!!! ¡¡¡Me… me… métamela!!! ¡¡¡Me… métamelaaaaaa…!!! -sus caderas elevaron la aurea pelvis casi medio metro del nivel de la cama meneándola rápida y circularmente en el aire mientras sentía que se desintegraba deliciosamente, sus fascinantes movimientos eran como de arremetidas contra el grueso pepino profundamente incrustado, Gabriela lo había soltado para apoyarse con sus manos en la cama para así poder enarcar su espalda, su posición era mejor que la de Reagan en el exorcista cuando bajaba por las escaleras, en tanto el descomunal pepino se mantenía tan adentro de su concha como lo habían dejado gracias a las contracciones vaginales que ella hacía, como a su misma vez dejaba salir desde su afiebrada panocha una abundante cantidad de jugos íntimos, estos caían en abundantes goterones por la verde punta que asomaba desde su rubia intimidad formando un gran charco en la ropa de cama.

Gabriela finalmente cayó desplomada sobre el gran lago de tibios caldos que ella misma había derramado, estaba de espaldas en la cama y aun con sus piernotas abiertas en donde solo se podía ver la punta del pepino que aún se mantenía profundamente ensartado adentro del tembloroso cuerpo la rubia.

Con sus hermosos ojos azules semi cerrados en su rostro y con sus facciones de Diosa que de a momentos eran de seriedad la bella Gabriela también dejaba ver una viciosa sonrisa post orgásmica al estar aun sintiendo oleadas de placer en cada uno de sus poros hasta que al minuto ya todo había terminado.

Con la expresión de su cara antes señalada la satisfecha rubia se fue retirando el brillante pepino deslizándolo desde su interior hacia afuera, una vez realizado simplemente lo dejó a centímetros de su vista.

Gabriela durmió por más de 5 horas seguidas después de su enajenante masturbación, lo hizo desnuda y tal como quedó en la cama después de haberse orgasmeado. Al despertar se percató que ya casi estaba anocheciendo, si bien sintió algo de vergüenza por lo realizado también notó que su estado anímico estaba mucho mejor que en la mañana.

Sin darse a meditar ni nada parecido se levantó enérgicamente de la cama, de uno de sus cajones sacó otra de sus preciosas camisolas de dormir y se la deslizó por su cuerpo para no andar desnuda por la casa, después puso algo de música, en esas condiciones la rubia se dio a ordenar su habitación y cambiar toda la ropa de cama, para luego de haber terminado dirigirse a su baño procediendo llenar la tina con agua tibia, una vez hecho esto se despojó de la pequeña prenda que estaba usando y se sumergió en la bañera dándose un relajante momento para ella sola.

En esos apacibles momentos de soledad Gabriela no pudo dejar de ponerse a pensar en las miles de imágenes que asaltaron su mente mientras se hubo estado masturbando, y menos pudo sacar de su cabeza la viva imagen del hombre que pensó cuando su cuerpo explotaba en el orgasmo, y en las palabras que le dijo en aquel sulfurante momento, eso la llevaron a pensar ahora en las otras oportunidades en que ya lo habían hecho, sobre todo en la última en donde este le dijo abiertamente las ganas que tenía de verle su vagina totalmente despoblada de sus escasos bellitos dorados, con solo pensar esto la rubia en forma automática se quedó mirando un bolso con cosméticos que mantenía colgado en una percha ubicada a un lado de la puerta del baño, sabía que ahí adentro tenía una máquina de afeitar desechable (de esas que son rosaditas y femeninas), solo en pensar en los impulsos que tendría don Pedro si le viera su intimidad completamente despoblada de pelos tuvo una ligera reacción de salirse del agua y rasurársela, pero en el acto desecho la idea ya que si lo hacía era muy seguro que ese viejo mal entendería las cosas, por lo que se dio a seguir en la bañera con los ojos cerrados y en forma relajada.

En total estado de distención corporal la rubia aun estando en la bañera prefirió darse a pensar en que sería de su futuro ahora que no tenía compromisos con nadie, aunque su mente insistía en recordarle una y otra vez que según don Pedro ellos estaban iniciando algo desde cero, pero ella insistía en dejar eso de lado, ella no podía darse el lujo de depender de un viejo que apenas conocía, a sabiendas que si bien ellos ya mantenían sexo como lo hace una normal pareja ya establecida la casada estaba clara que esas copulatorias sesiones solo se habían dado gracias a las extrañas circunstancias por las que ella estaba pasando.

Ya cerca de la media noche y estando Gabriela otra vez ya con todo su antojable cuerpecito seco y acostada decidía en lo que había estado pensando al final de aquel día en los momentos finales de su baño de tina, ella debía recuperar su independencia por lo tanto desde el día de mañana se pondría en campaña para lograrlo.

Al siguiente día estando la rubia levantada ya a las 8:00 de la mañana y recién saliendo de una reconfortante ducha, solo envuelta en una toalla se dio a buscar en su armario sus antiguos trajes de secretaria administrativa, ella sabía que el día en que fue a buscar sus cosas al departamento en que vivió con Cesar los había rescatado.

Una vez que los encontró se vistió con uno de ellos, pero este le quedaba muy ajustado y se notaba un poco descolorido por el tiempo en que estuvo sin uso, la sensual casada no dudó en probarse otro de los trajes en donde mirándose al espejo notaba que este estaba en peores condiciones que el anterior, de pronto pensó en usar unos de sus mejores vestidos hogareños descartando esa idea al instante, ya que si quería recuperar su antiguo trabajo de secretaria en la empresa del señor Martínez ella no podía presentarse con un simple vestido de casa o con uno de sus ajustados mini vestidos de salida, debía hacerlo como correspondía y con formalidad, hasta que se decidió a usar uno de esos antiguos trajes de trabajo que según ella era el que estaba en mejores condiciones, este consistía en una pequeña falda de color gris perla, una blusa blanca y con un saco del mismo color de la falda, las medias por las cuales optó eran de color natural haciendo que sus piernas se vieran netamente apetecibles, ni mencionar que al ser el traje por lo menos una talla menor (o quizás dos tallas menos) a la que ella poseía en la actualidad su figura lucía escandalosa y sexualmente deseable, en esas condiciones la rubia pretendía y ya se disponía a ir a recuperar su antiguo puesto de trabajo aprovechando que el viejo Pedro aun no daba señales de vida.

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Una hora más tarde Gabriela ya hacía ingreso al hall del edificio de oficinas al cual hace ya mucho más de un año no ingresaba. El trayecto lo hizo en un taxi colectivo en el cual tuvo que viajar casi inmóvil ya que debido a lo ajustado en que le quedaba su antigua ropa de trabajo temía que esta en cualquier momento se fuese reventar quedando hasta ahí sus ganas de recuperar su trabajo.

En lo que duró el viaje en colectivo nuestra casada solo se dio a pensar en las palabras que ocuparía, si es que la entrevistaban, para que su antiguo jefe la recibiera otra vez en el trabajo.

La sensualota rubia, ajustada como estaba, tuvo que caminar tres cuadras de donde la dejó el cacharro que la trajo hasta el centro para poder llagar al edificio en donde estaba ubicada la empresa del señor Martínez, recorrido en el cual aguantó por obligación las salidas palabrotas de los trabajadores de una construcción por la cual ella forzosamente tuvo que pasar en donde estos la empapelaron a leperadas y piropos de los más bajos y ordinarios: “Ay mamacita… como me gustaría besarla en los labios para después subir a su ombliguito”, “deme su dirección mi reina para ir a destaparle los agujeros”, “que ricas piernotas que te gastas mami… ¿a qué horas abren?”, “oiga cosita deme la dirección de su ginecólogo para ir a chupetearle los dedos…” “Oye mamasota tengo tanta leche en las pelotas que si no te hago un hijo te pongo un queso en la concha”, y así muchas ordinarieces más le vociferaba esa jauría de hombres ya todos traspirados que a esas horas de la mañana detenían sus faenas en los andamios para poder admirar a esa suculenta Diosa que solo se daba a caminar en forma apurada moviéndoles eróticamente cada una de sus curvas al ir ella con unas pequeñas zapatillas con taco alto y embutida en su sobre ajustado traje administrativo, todo esto entre medio de sendas risotadas por parte de los viejos y con la ex casada aguantando en su cuerpazo las ardientes miradas de todos ellos.

Ya en el piso en donde se encontraban las oficinas de su antigua empresa una nerviosa Gabriela esperaba sentada frente a las mamparas que antecedían a la oficina del señor Martínez, la rubia se percataba que en este último año habían hecho muchas remodelaciones en las instalaciones. Desde el asiento para visitas en forma melancólica contemplaba el que había sido su escritorio, este ahora lo ocupaba una chica de baja estatura pero linda de cara, lo que la llevó a recordar a María, por el parecido que ambas tenían. La chica en esos momentos estaba anunciando la visita de Gabriela con el señor Martínez.

(En el interior de la oficina del señor Martínez)

–Mercedes, ¿cómo me dices que se llama la persona que me busca?, -el semi canoso ejecutivo había dejado su laptop de lado, aun pensaba que estar escuchado mal.

–Gabriela, Gabriela Ramos…, -le dijo la chica repasando su agenda en donde había anotado el nombre de la visita.

–No puede ser…, dime… ¿cómo es?

–¿Que…?, -la tal Mercedes aun no entendía muy bien a que se refería su jefe.

–Físicamente pues Mercedes, dime ¿cómo es físicamente…?

–Es rubia, y tienes los ojos de color…, azules si no me equivoco… es… es… bastante bonita…

–Espera aquí un momento…

El señor Martínez rápidamente se puso de pie y caminó hasta la ventana polarizada que daba al pasillo, desde ahí se podía apreciar libremente el lugar donde estaba el escritorio de Mercedes su secretaria y junto con ello los asientos de la sala de espera.

–No puede ser… es… es… Gabriela… Gabriela Ramos…, -dijo el Gerente por lo bajo, la veía nítidamente sentada y con sus suculentas piernotas cruzadas, notando también que su cuerpo aun lucía de infarto tal como lo había sido siempre.

La chica que también vestía un traje administrativo pero no tan ajustado como el de la rubia no estaba entendiendo nada al ver que su jefe que por lo general le respondía todo en forma cabreada debido al trabajo ahora de un momento a otro estaba de lo más nervioso, si hasta notaba como a este le faltaba el aire al estar moviéndose la corbata para ambos lados con su mano mientras se mantenía en la ventana. En eso lo vio volver a su amplio escritorio en forma pensativo, y que por fin este le hablaba:

–Hágala esperar 30 minutos… dígale que estoy en una video conferencia con unos ejecutivos en el extranjero, luego de eso me llamas preguntándome si ya estoy en condiciones de recibirla, y de ahí recién la haces pasar, ¿entendido?

–Como Usted diga señor, ¿necesita que le traiga algo…?, -le consultó la contrariada chica, esto al notar lo extraño de todo aquel asunto entre la atractiva mujer que esperaba afuera y su jefe, eso de que este le pidiera que inventara cosas no le daba buena espina.

–Por ahora no Mercedes, pero si te voy a pedir otra cosa, una vez que esa dama que espera ahí afuera entre a mi oficina tú me cancelas todas las llamadas que recibas, y si alguien viene a verme por cualquier cosa les dices que salí a una reunión y que no sabes a qué horas llego, ¿podrás hacerlo…?

–Perfectamente… ¿algo más…?, -la joven ya daba por ciertas sus sospechas, algo extraño ahí estaba pasando, pero ella era secretaria, es decir estaba ahí para guardar secretos y ser discreta.

–No Mercedes, eso es todo… y gracias, -dicho esto el señor Martínez volvió su vista a su laptop aunque ya se había olvidado por completo de lo que estaba haciendo cuando su secretaria le anuncio el nombre de quien lo buscaba.

–No hay de que…

Luego de aquel singular acuerdo entre jefe y secretaria, la chica ya se encontraba otra vez con Gaby en la sala de espera:

–El señor Martínez por ahora no puede atenderla, él está ocupado en una video conferencia con unos ejecutivos en el extranjero, pero dice que lo espere, así que puede hacerlo aquí sentada, yo le aviso cuando ya pueda entrar a su oficina.

–Ok… y muchas gracias…, -le respondió Gabriela a la chica con una apacible sonrisa en sus labios.

La rubia en un principio cuando la joven secretaria le dijo que su ex jefe estaba ocupado pensó que este no la recibiría debido al incomodo altercado que tuvieron en la oportunidad en que ella renunció al trabajo, por lo que se le vino el mundo abajo pensando que no tenía posibilidades del volver a cualquier puesto dentro de esa empresa, claro que desde el principio de su extraña idea pensó que algo así podía suceder, pero cuando la chica siguió con la segunda parte del comunicado el alma le volvió al cuerpo, si el señor Martínez estaba dispuesto a recibirla eso significaba que tenía muchas posibilidades de quedar trabajando quizás ese mismo día.

Los 30 minutos se le hicieron eternos a la ex casada, estos pasaron muy lentamente hasta que por fin veía que la joven ejecutiva tras realizar una llamada colgaba y le decía que ya podía pasar, que el señor Martínez la estaba esperando, y así era:

–Gabriela… Gabriela Ramos de Guillen, ¿cuánto tiempo ha pasado?, pase… pase y tome asiento…, -le saludaba el señor Martínez en forma efusiva.

–Don Enrique buenos días… Ehhh… ¡sí! ha pasado algo de tiempo, como un año quizás…, -le respondió una muy nerviosa Gabriela tras cerrar la puerta de la oficina y encaminarse hasta la silla ubicada al otro lado del escritorio, su ex jefe se mostraba de muy buen humor, eso podría significar que toda su aventura podría llegar a muy buen puerto le indicaba su mente.

–Más o menos…, -dijo el Gerente refiriéndose al tiempo pasado, a la vez que aún no se la creía que aquel portento de mujer otra vez estuviera al interior de su despacho, la vio cerrar la puerta y caminar de lo más sensual hacia la silla que le estaba ofreciendo, –y cuénteme señora de Guillen, ¿a qué le debo el honor de su visita…?

La rubia que no encontraba la forma de cómo empezar aquella conversación también caía en cuenta que su ex jefe estaba tal cual como lo vio la última vez, pero ella debía abordar el tema ya que este había querido ir al grano al instante.

–Bueno, antes que nada debo agradecerle por haberme recibido don Enrique, además… además de decirle que siento mucho la forma en que nos vimos la última vez que estuve en esta oficina, -le soltó Gabriela de una, ella desde un principio supo que esto debía hacerlo antes de pedirle el favor al señor Martínez.

–No te preocupes por eso, el pasado es pasado, aunque debo decirte que me creaste muchos problemas, eh, aquí todo el mundo se enteró que tuvimos una discusión y esto llegó a los oídos de mi esposa, bueno…, tú ya sabrás que la gente saca sus propias conclusiones y conjeturas, por lo que mi mujer pensó lo peor.

Gabriela se ruborizó en el acto ya que ella entendía claramente que por las palabras de su ex jefe la esposa de este se había imaginado que ellos dos se habían acostado, cosa rotundamente falsa.

–Le entiendo, a lo mejor no debí reaccionar de esa forma y debí haberme ido sin crear tanto alboroto, si le cree problemas en su matrimonio de verdad que lo siento mucho don Enrique, -terminó diciéndole la suculenta ex casada.

–Pierde cuidado, pero continúa, no creo que hayas venido solo para pedir disculpas de algo que ya pasó hace bastante tiempo ¿verdad?

–No… no, la verdad es que no. Don Enrique… desde que me fui de su empresa me han pasado… cosas… cosas algo desagradables, entre ella la separación de mi matrimonio, -la rubia estaba muy nerviosa, al grado que le costaba ordenar las ideas en su mente.

–No me digas…, -la expresión del empresario era de interés, por lo que Gabriela ya se aprontaba para seguir narrándole parte de su nueva vida, claro que superficialmente, más que nada situaciones cotidianas de cómo esta de cara la vida y esas cosas, pero don Enrique antes de que ella siguiera le ofreció un café.

–Gabriela, ¿le gustaría que nos preparáramos un café antes de que continuemos…?

La rubia lo aceptó al instante, su ex jefe se estaba mostrando muy cordial con ella, siendo que este pudo no haberla recibido, captaba además que todo pintaba para bien.

–Claro… yo los puedo preparar…, -se aventuró en ofrecer la casada recordando los tiempos en que ella todas las mañanas le preparaba su café antes de empezar las jornadas.

–Está bien… tú ya sabes sonde están los utensilios, -el señor Martínez había hecho el intento de ponerse de pie para prepararlos, pero ante el ofrecimiento de su ex secretaria prefirió quedarse en su escritorio mirando como ella moviendo todas sus curvas se ponía de pie hasta comenzar a prepararlos,

–¿Aun le gusta bien cargado?, -Gabriela se lo consultó mirándolo en el momento en que preparaba una bandejas con las dos pequeñas tasitas blancas de esas que abundan en las oficinas.

–Si… y con endulzante, veo que aun recuerdas como, je…

La rubia mientras preparaba los dos cafés tuvo la fugaz reacción de ofrecerle leche, claro que no de sus pechos, pero debido a sus últimas vivencias no pudo evitar recordar que si ese señor fuera don Pedro irremediablemente debería ponerle leche directamente de sus tetas, al instante también se recriminó por tener ese tipo de pensamientos en lo que ya era casi una entrevista de trabajo.

En tanto el señor Martínez quien estaba totalmente ajeno a los raros pensamientos de su ex secretaria no podía dejar de devorársela, esta se le mostraba casi de perfil mostrándole nuevamente esas suculentas tetas que ahora parecían estar más grandes que antes, y que su escultural cuerpo se mantenía incluso más atrayente, y pensar que si ella hubiese aceptado su oferta el podría habérsela estado cogiendo en todo este tiempo pensaba en el momento en que nuevamente escuchaba la femenina voz de Gabriela.

–Bueno, el asunto es que vine a verlo para ver si existe la posibilidad de volver a trabajar en su empresa…, -Gabriela se la soltó de una en el momento en que posaba las dos tasas con café en el escritorio, ya que notaba una sana empatía hacia ella por parte de su antiguo empleador.

Mientras que el empresario solo se daba a continuar estudiando la portentosa anatomía de la hembra que había sido su secretaria, ahora que ya la tenía otra vez sentada con sus bellas piernas cruzadas a menos de dos metros de donde estaba ubicado concluía que Gabriela Ramos seguía tan buena como en los tiempos que trabajaba para él.

Pero el Gerente que de tonto no tenía nada se daba cuenta que la ajustada ropa que andaba trayendo puesta la suculenta rubia se veía algo gastada, y estaba casi seguro que era la misma que ella usaba por aquellos tiempos cuando era su secretaria personal, con todo esto y por lo expuesto por ella misma al principio de su visita el director ejecutivo casi adivinaba que esa hembra con toda seguridad debía estar pasando por serios momentos económicos, así que por lo mismo en el acto se dio a intentar sacar provecho de la situación pensando que esta vez sí le resultaría.

–Verás Gabriela tú ya sabrás que la situación actual en el país no está muy bien que digamos, por lo tanto para mí es muy difícil…

La expectante casada por la forma en que empezó su ex jefe la explicación notó con sorpresa que la respuesta iba a ser negativa, quizás por lo ocurrido hace un año, o quizás no, pero su orgullo la obligó a no dejarlo terminar.

–Si claro, yo sé que la situación está bastante complicada, ¿sabe?, no se preocupe, al menos intente venir… de todas formas se lo agrad…

Ahora fue el señor Martínez quien no dejó terminar a la rubia.

–Pero déjame terminar mujer, lo que te iba a decir es que aunque la situación está algo difícil creo poder hacer un esfuerzo para darte un nuevo puesto de trabajo, tu siempre fuiste responsable y puntual con tus obligaciones…

Gabriela quien había bajado su vista al creer que ya no tenía posibilidades en esa empresa nuevamente la levantó para quedarse mirando fijamente a su antiguo jefe, su expresión de agobio lentamente se fue transformando a la de una tranquilizadora felicidad.

–¿De verdad? ¿De verdad me puede emplear otra vez…?, -fugaz e inconscientemente la confundida Gabriela hasta se imaginó lo feliz que se pondría don Pedro por ella cuando le contara que había encontrado trabajo, ya casi ni le importaba que el ingrato de don Cipriano haya terminado su relación con ella, en eso fue el señor Martínez quien la sacó de esos extraños pensamientos.

–Claro que si… -le confirmó desde su escritorio y poniéndose de pie, –es más si quieres puedes empezar hoy mismo.

–Por supuesto que yo también puedo…, -le contestó la feliz rubia también poniéndose de pie, –Y dígame… ¿qué tengo que hacer?, ¿ingresar facturas?, ¿hacer cobranza?, o…

–Tranquila Gabriela ya habrá tiempo para explicarte cuales serán tus nuevas obligaciones, antes debemos ponernos en la buena por lo que ocurrió entre nosotros la última vez que nos vimos, tal como tú lo decías…

–¿Queee? ¿Qué me dice…?, -sus instintos femeninos otra vez la ponían en alerta tal como había ocurrido hace un año atrás, es decir nuevamente caía en cuenta de lo estúpida que había sido si pensaba que ese hombre iba a devolverle el trabajo así como así, y las directas palabras en que ahora su ex jefe comenzaba a hablarle fueron como un verdadero balde de agua fría que la devolvían otra vez a su complicada realidad.

–No te hagas Gabriela… si tu viniste hasta aquí lo hiciste a sabiendas de los efectos que me provocas, y sabías también lo que yo te iba a pedir si es que venías, así que cuento corto, ¿qué tal si te vas sacando la ropa y te recuestas en el sillón?, lo haremos rápido, me conformo con dos veces a la semana, lo aceptas y el puesto tuyo… decide…

El señor Martínez se había plantado frente a ella en donde la rubia perfectamente podía sentir y comprobar que el muy puerco aún seguía usando sus perfumes caros y finas lociones de gente emperifollada, por lo que le bajaron unas tremendas ganas de asestarle unas fuertes cachetadas en su rostro bien afeitado, ¿cómo se le podía volver a ocurrir que ella se iba a acostar con él con tal de conseguir un trabajo?, ella jamás se rebajaría a algo tan miserable, así que aguantándose los impulsos y no queriendo armar otra vez un escándalo de proporciones se dio a ponerlo en su sitio para luego proceder a retirarse dignamente de aquella asquerosa y a la vez elegante oficina.

–Yo pensé… pensé que en todo este tiempo Usted pudo haber cambiado en algo, pero me doy cuenta que sigue siendo el mismo cerdo de antes…, -le dijo con el azul profundo de sus ojos mirándolo penetrantemente, a la misma vez que comenzaba a retroceder hacia la puerta

El señor Martínez le habló desde el mismo lugar en donde se había puesto delante de la rubia, él también le hablaba:

–No sea mala agradecida señora Guillen, y mírese a Usted misma, si anda vestida con la misma ropa que antes, me he dado cuenta perfectamente que no tiene dinero ni para donde caerse muerta… si… si estas toda empobrecida…, -le dijo el aprovechador ejecutivo abriendo sus manos hacia adelante, este aún mantenía esperanzas que aquella fabulosa hembra cediera a lo que él deseaba.

–¡Cállese la bocaaa…! ¿¡Que se ha imaginado!? –Gabriela junto con levantarle la voz sintió una profunda vergüenza por ella misma debido a las palabras de menoscabo por parte de aquel hombre en referencia a su ropa. Incluso hasta se sintió de los más ridícula al llevar puesto aquel ajustado atuendo con el cual había pretendido recuperar su trabajo. Pero hay que señalar algo importante de esta singular situación, aquella hembra como andaba vestida no se veía tal como lo decía ese viejo desgraciado del señor Martínez, y al contrario de ello, cualquier otro alto ejecutivo hubiese pagado encantado cualquier suma de dinero como para tener de secretaria personal con aquel atuendo a semejante monumento de mujer y sin tener la necesidad de tener sexo con ella, es solo que el señor Martínez lo ocupó como recurso al estar intentado que nuestra rubia cediera a sus malas intenciones. En tanto la discusión al interior de esa oficina continuaba.

–Escúchame bien pobre muerta de hambre, te daré una última oportunidad… -continuaba diciéndole su ex jefe, –Si no estás dispuesta a quitarte la ropa para mi dos veces a la semana y prestarme lo que tienes ahí abajo lo mejor es que te largues ahora mismo de mi empresa, no tengo tiempo para estar escuchando como chillas…

–¡Claro que me largo viejo asqueroso!, y agradézcale a esa chica de ahí afuera que por respeto a ella no le hago un escando peor…, -le contestó en el acto la enfurecida rubia quien se tuvo que tragar su humillación y sacar fuerzas de coraje.

–Entonces lárgate estúpida, y no te atrevas a nunca más poner un pie en estas oficinas…

La joven secretaria desde afuera de aquel despacho creyó escuchar que su jefe con la bella administrativa que había venido a visitarlo discutían por algo, luego de eso vio salir a la mujer rubia antes de 30 minutos iniciada su entrevista según sus cálculos, ella quiso darle alguna palabra de despedida como lo hacía siempre con todas las visitas del señor Martínez, pero la atractiva mujer pasó caminando rápidamente por el frente de su escritorio, lo hizo como alma perseguida por el diablo, según veía la chica, perdiéndose como un rayo tras las mamparas que daban a la salida, -bueno, cosas que pasan en los trabajos, -se dijo la joven secretaria olvidándose del asunto para después volver a su trabajo con la vista puesta en el computador.

Una muy enfurecida Gabriela caminó rápidamente una vez que hubo salido de ese maldito edificio preguntándose que como al desgraciado del señor Martínez se le podía ocurrir que ella se comportaría como una mujer sucia.

A los minutos y cuando ya hubo cruzado el edificio lleno de viejos calientes que otra vez la tapizaron en insultos y palabras guarras, de los azules ojos de Gabriela salían unas tímidas lágrimas de impotencia las cuales corrían por sus mejillas, iba meditando en el porqué de todo este último tiempo cada hombre que se cruzaba por su camino se imaginaba que ella solo era una cosa de carne cogible, ella por supuesto que no era eso, ella tenía capacidades, tenía sentimientos por Dios, se fue repitiendo una y otra vez rumbo al que aun era su hogar.

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La rubia quien había llegado hace un par de horas a su casa se mantuvo recostada en el sillón en forma pensativa, ni siquiera tuvo ganas de cambiarse de ropa y aun se mantenía con su ajustado traje de secretaria administrativa color gris, solo se daba a pensar en lo desastroso que fue el resultado del haberse aventurado a ir a hablar con el señor Martínez a sabiendas de lo ocurrido entre ellos hace un año atrás.

Su ex jefe otra vez le había hecho ver abiertamente sus intenciones de encamarse con ella a cambio de mantenerla en el trabajo. Pero en el fondo y con todo lo recientemente sucedido Gaby se sentía bien con ella misma a pesar de lo humillada en que la habían hecho sentir, ya que otra vez tuvo la oportunidad de demostrarle a ese viejo miserable que ella no era ninguna mujer casquivana, y que aunque este le hubiese ofrecido el puesto de subgerente en su empresa, ni con eso ella se hubiera acostado con él, esto por la sencilla razón de que ella no era así, ni menos le serviría como objeto sexual o de deseo aunque este le ofreciera todo el dinero del mundo.

Estando por varios minutos en estos pensamientos la ex casada de pronto sintió el motor de su camioneta, cayendo en cuenta en el acto que don Pedro venía llegando, y lo comprobó al asomarse disimuladamente por la ventana. Desde ahí vio que con toda seguridad el viejo estaba buscando las llaves de la casa ya que revisaba sus bolsillos una y otra vez en forma apurada, como si este estuviese apurado por algo, según veía la rubia desde atrás de las cortinas.

Gabriela no pudo dejar de analizar el estado en que aquel asqueroso hombre venía llegando a verla, este estaba todo ennegrecido, sus brazos, su cara, ¡todo!, traía también su mugriento overol de trabajo amarrado a la cintura, su camiseta que debería ser blanca era un trapo plomizo lleno de manchas negras y todo tipo de grasas, la imagen la llevaron a recordarlo tal cual como el primer día que lo vio en las afueras del Pie Grande.

En el acto la rubia se sentó en el sillón en el cual estuvo recostada meditando, desde su bolso sacó un pequeño espejo de mano y se dispuso a mirarse en este para intentar corregir cualquier cosa que estuviera mal en su rostro, esto lo hacía en forma inconsciente, luego de eso volvió a acomodarse en el sillón y subió una de sus piernas revestidas en medias una sobre la otra y se dio a esperar a que don Pedro entrara a la casa con ella haciéndose la desentendida, por fin podría contarle lo mal que lo había pasado en su entrevista de trabajo.

Don Pedro por su parte no tardó mucho en ingresar a la casa, este venía todo hediondo a traspiración debido a las horas conduciendo, a parte que cuando decidió ir a realizarle una visita a la rubia para cogérsela lo había hecho después de largas horas de arduo trabajo y ni siquiera se había bañado, de hecho no lo hacía desde el mismo día en que hubo salido de esa casa hace ya casi una semana atrás.

–¡Don Pedro…! ¿Cómo fue que no me aviso que venía?, -le habló la rubia desde el sillón y poniéndose de pie una vez que vio a su cuñado al interior de la casa mirándola con su característica risa burlona, la ex casada en su voz fingía sorpresa para que el viejo se la creyera.

–Es que no tenía pensado venir aun putita, lo decidí de un momento a otro, ese pinche motor me ha dado mucho trabajo para que lo sepas, jejejee, pero aunque no me la creas en todos estos días no he podido dejar de pensar en ti lindura, jejejejee…, -el viejo le decía todo lo anterior con su respiración muy agitada, a la legua se notaba que venía caliente, pero su excitación casi se desbordó aún más cuando sus ojos recorrieron la escandalosa figura de aquella hembra embutida en un ajustado traje administrativo, esta era la primera vez que el vejete la veía con un atuendo semejante.

La rubia quedó sorprendida con las palabras de su cuñado, además de verlo con sus ojos enrojecidos y respirando casi en forma convulsiva, sorpresa inicial que pasó a desconcierto cuando en el momento en que ella pensaba abordar el tema de su entrevista vio que aquel asqueroso hombre con el cual ella se revolcaba se le venía acercando con paso decidido a la misma vez en que se comenzaba a desatar su overol de la cintura, este le seguía vociferando:

–Entonces fue que no me aguanté más de la calentura mamacita y determiné venir a echarte una buena culeada, ya que a la noche debo estar de vuelta en la feria para terminar con ese motor, mira como la traigo, -dicho lo último el salido viejo se bajó rápidamente el overol junto con sus rotosos calzoncillos y expuso ante los azules ojos de la rubia su descomunal herramienta totalmente parada y pulsante.

Gabriela en el acto supo que ese viejo no le estaba mintiendo, ya que su monstruosa y grotesca virilidad la traía totalmente erecta y brillante producto de sus propias exudaciones, luego de eso y al levantar su vista sin saber que decirle de un momento a otro se vio a ella misma con el vejete encima suyo quien la fue empujando hasta dejarla atracada contra uno de los muros de la casa,

–¡Don pedro! ¿¡Qué hace!? -le preguntó mirándolo con algo de estupor e intentando escapar hacia cualquier parte de la casa, ya que al notar el intenso olor a cerveza en su cara supo que don Pedro venía alcoholizado.

–Tranquila puta solo vine a cogerte un poco y luego me voy de nuevo para la feria, y mira que tuve suerte, ¿qué haces con esta ropita puesta?, si te ves aún más yeguota de lo que eres, jejejejeje, -el sudado mecánico venía caliente y por lo mismo se vino todo el trayecto manejando y bebiendo cervezas, sin mencionar las cajas de estas que se bajaron con sus ayudantes en donde él les había estado hablando de la suculenta hembra rubia que se estaba cogiendo, esto justo antes de venirse para donde la casada, eran esos los motivos del porque ahora la tenía contra el muro inmovilizándola desde sus brazos contra este mismo.

En eso una muy confundida Gabriela se dio a responderle para ver si con eso el desesperado vejete se calmaba un poco.

–A… si… si… la ropa…, d… de e… eso m… mismo q… quería h… ha… hablarle…, -su rostro ahora si era de verdadera sorpresa y no como la que quiso fingir en un principio.

–Ps… yo no vengo a hablar contigo tetona buena para la verga, yo solo vine a culear un rato y luego me voy…, -el viejo en tanto le hablaba buscaba efusivamente sus labios con su bocota para poder besarla, pero Gabriela lo rehuía una y otra vez girando su cara para ambos lados del muro.

–P… Pero… pero Suéltemeeeee… pa… para que hablemos un poco por lo m… menos…, -la rubia le hablaba haciendo algo de fuerza con su cuerpo para intentar liberarse, además que se lo decía así ya que por la forma en que sentía como la dura verga se apegaba a su cuerpo, ya también daba por hecho que el viejo ese si tenía las insanas intenciones de cogérsela.

–No tengo mucho tiempo para hablar por ahora pendeja, -don Pedro le hablaba con su cara perdida entre los rubios cabellos y el cuello de Gabriela, a la vez que seguía diciéndole sus pretensiones: –Ya te lo dije, solo vine a dejarte bien cogida y luego me voy…, -diciéndole eso el viejo con fuerzas la dio vuelta dejándola de cara a la pared, la asustada casada no encontraba la forma para calmarlo, este venía como desesperado, además que ella por ahora no tenía ganas de tener sexo con nadie, si el día ya había comenzado mal para la rubia, ahora lo estaba siendo mucho peor.

–¡Noooo…¡ ¡¡es… es que esto no debe ser así…¡¡ ¡¡dejemeeee!! -atinó a decirle entre medio de los zarandeos a raíz de todo lo que estuvo pensando una vez que salió de la oficina del señor Martínez.

–¡Tú te callas zorra…! ¡Si quieres otro día me cuentas en las puteadas que debes haber andado metida mientras yo estaba trabajando!, -le habló ahora el mecánico haciéndolo un poco más golpeado, luego al volver poner atención en su atuendo otra vez se daba a hablarle, –Nunca me imaginé que te iba encontrar vestida como toda una puta de lujo, jejejejee, ¡ahora veamos! ¡¿Cómo esta este culo que ya es mío?!, jajajaaa.

Don Pedro ejerciendo fuerzas con la parte superior de su cuerpo contra la espalda de la rubia para que esta no se le saliera, bajó sus dos brazos hacia los muslos de la rubia y le subió la falda administrativa con sus dos manos empuñadas en esta, de un fuerte jalón hacia arriba se la dejó toda enrollada a la altura de su perfecta cintura, junto con ello y sorprendiendo a Gabriela en el acto también le bajó las medias y su pequeña tanguita ambas al mismo tiempo, para terminar asestándole una dolorosa nalgada con un sonoro y fuerte ¡¡¡Plaffffff!!!, de la misma forma después de esa feroz nalgada el viejo ya tenía puestas sus dos manos en el vientre de la rubia a la vez que ya comenzaba a desabotonarle su blusa, esto lo hacía hablándole con su fétido aliento a cerveza muy cerca de uno de sus oídos y pasándole la lengua por este mismo y por distintas partes de su cara:

–Tenía tantas ganas de venir a culear contigo ricura que ni te imaginas…, slrpsssss…, los deseos de pajearme en mi camper por las noches recordándote encuerada… slrpsssss, ya casi me superaban, slrpsssss… pero me contuve slrpsssss…, guarde todo mi semen para depositártelo solo a ti putita, slrpsssss, vamos…, slrpsssss ¿qué dices?, slrpsssss…, dime que tú también quieres que me corra dentro tuyo… slrpsssss… que te lo escupa toditito con mi verga en tu estómago, slrpsssss…, -le iba diciendo el iracundo viejo entre medio de sus asquerosos lengüeteos y ásperos manoseos, la blusa de la casada ya estaba completamente desabrochada y ahora los dedos del vejete ya destrababan el sujetador.

Gabriela ahora con su sujetador subido otra vez no supo cómo fue que su horrendo cuñado la giró de cara a él, quedando con su espalda contra el muro, y con este mismo (el viejo) sumido en sus dos apetitosos e inflamados senos.

Desde la pared en que la tenían y con su asustada mirada veía como don Pedro sin ni siquiera habérsela pensado se daba a chuparle sus tetas con una cara de enfermo mental bebiendo de su leche otra vez sin siquiera haberle pedido su permiso, la rubia en forma espantada sentía como los tiesos pelos de su barba sin afeitar quizás desde hace cuando le pinchaban la suave piel de sus mamas.

–¡Slurppppsss…! ¡Slurpsssss…! ¡Slurppppsss…!, -eran los lechosos chupeteos en las tetas de una muy agobiada Gabriela, ella nunca se había imaginado que su ex casi cuñado iba a llegar en esas condiciones a verla. La rubia estaba lejos de excitarse por lo animal que se estaba comportando este con ella.

–¡Noooo… d… don… Pe… Pedroooo! ¡¡Dejemeeee…!! ¡¡A mí no me gusta de e… esta tomaaaaa!!, -le reclamaba a medias la alterada ex casada una vez que pudo reaccionar al violento asalto por parte del vejete.

–¡¡¡No me interesaaaa… y más te vale que empieces a cooperar puta ya que estoy apurado!!!! ¡¡¡¡Lo haremos rapidito… porque no me puedo atrasar!!!! ¡¡¡¡Jajajjaaaa!!!, -le gritó don Pedro a la hembra a la misma vez que se reía de ella y de sus puteadas, según él, su asquerosa boca desdentada estaba chorreante del blanco líquido de la rubia cuando este le hablaba, y ella lo veía solo a centímetros de sus ojos, el viejo diciéndole lo anterior volvió a ocuparse de aquellas suculentas tetotas.

Gabriela quedó horrorizada con aquellas palabras e imágenes, estas claramente le recordaron la situación vivida por ella aquella misma mañana, “Lo haremos rápido”, le había dicho el señor Martínez; “Lo haremos rapidito”, le decía ahora don Pedro, es decir, ¿su horrendo cuñado estaba actuando de la misma forma que su ex jefe?, solo estos pensamientos la hicieron reaccionar.

–¡Noooo… don Pedroooo!, ¡¡Nooooo!! ¡¡Le he dicho que a mí no me gusta de esta formaaa…!!, -Gabriela quien ya estaba entre asustada y cabreada por la situación, y junto con volver a decírselo empezó a forcejear con sus manos más férreamente contra el cuerpo de su cuñado intentado separarlo de ella.

El excitado mecánico que no esperaba tal reacción por parte de esa yegua separó en el acto su hocico el cual otra vez estaba bañado en babas mezcladas con leche de aquellas mamas, junto con ello la tomó violentamente de la cara, haciendo presión con su mano en sus mandíbulas obligándola a abrir la boca, junto con ello le habló encima de su cara, ambas narices estaban casi pegadas, el vejete de un momento a otro ya estaba muy enojado:

–Escúchame zorra… Te haré esto y todo lo que yo quiera, ¿y sabes porque?, ps… porque manejé por más de tres horas seguidas para venir a cogerme a mi puta, o sea, a ti, ¿y ahora me sales con que no te gusta?, ps… si no te gusta de esta forma yo haré que te guste zorra… ¡así que tomaaaa!: ¡frppppssssss…! ¡¡Frppppssssss…!! ¡¡frppppssssss…!!, –el viejo le mandó tres sendos escupos en la cara, uno de los cuales impactó justo adentro de su boca, los otros dos chorreaban asquerosamente por su cutis maquillado suavemente, para luego de eso el viejo simplemente empezar a comerle la boca en ensalivados y sonoros besos.

Aquel forzado besuqueo con la rubia puesta de pie contra el muro y con ella aun forcejeando era de lo más asqueroso, el decidido vejete aun la mantenía con su cabeza inmovilizada con una de sus manos puesta en sus quijadas, y le metía su larga lengua tan adentro que varias veces le pasaba a rozar la campanilla, en su alcoholizada mente de igual forma se preguntaba porque la rubia estaba actuando de esa forma si ya con anterioridad habían cogido muy rico, si él ya hasta daba por hecho que a estas alturas era llegar y cogérsela.

Una vez que don Pedro separó su bocota de los rojos labios de Gabriela quien quedó tosiendo semi ahogada, este simplemente se la comenzó a llevar hasta el comedor, el trayecto se les hizo de lo más difícil, ya que el vejete iba con sus overol y calzoncillos a la altura de sus tobillos, y la rubia avanzaba en contra de su voluntad en las mismas condiciones que él, es decir, con sus medias y sus pequeños calzoncitos también en los tobillos, ni con eso al ardiente viejo se le bajaba la verga la cual se movía como resorte por cada movimiento de avance que hacía, hasta que por fin entremedio de fuertes empujones y zarandeos el depravado vejete logró ubicar a su bella víctima de cara a la mesa haciendo que apoyara su cuerpo en esta.

–¡¡Noooo…!! ¡¡don Pedro… por favor… ya pareee…!!!, -la pobre casada quien ya se veía de cara a la mesa y expuesta peligrosamente estaba más que desesperada, ahora en forma infructuosa intentaba hacer que su enloquecido casi cuñado no se la violara, la verga se la sentía caliente rozando una y otra vez el interior de sus muslos, mientras que don Pedro transformado en un animal y con su cara solo irradiando depravación se daba lamer parte de sus hombros, su cuello y su nuca con sus manos aferradas a sus tetas las cuales chorreaban leche por doquier.

–¡Tranquila yeguaaa…!, ya te dije que estaba de lo más bien en mi trabajo hasta que me dieron ganas de venir a culearte un rato, así que eso es lo que haré y luego me voy… y ya no te hagas, yo sé que a ti también te gusta, -le dijo el muy sulfurado viejo una vez que se separó de su nuca.

Gabriela quien escuchó todo lo anterior dio por hechos sus temores, se la iban a coger a la fuerza, y en el momento en que sentía como su asqueroso cuñado le magreaba las tetas con sus rasposas manos sobajeándoselas con desesperación, además de estar apretándole y girándole los pezones como si estos fueran las perillas de cualquier antiguo artefacto de radio comunicación de la segunda guerra mundial cayó en pánico cuando se percató que una de las manos del viejo abandonaba una teta para en forma rápida sacarle de una pierna parte de las medias y el calzón para luego ejercer fuerza sobre esta y hacer que ella subiera el muslo liberado hasta dejárselo apoyado en la mesa, en eso fue que sintió como el viejo ya apuntaba su muy endurecido glande justo al centro de su orificio posterior, fue ahí cuando supo que se la iban a mandar por su trasero.

–¡¡Noooo por favorrrrr…!!, ¡¡se lo pidoooo…, no me lo haga de esta formaaa…!!!, -le rogó con su rostro suplicante desde su ubicación y mirándolo hacia atrás, y no era que la aterrada rubia estuviera tan asustada porque se la iban a violar analmente, o sea, ella sabía el dolor que sentiría cuando el viejo la partiera en dos, pero lo que la aterraba aún más era estar sintiéndose usada como una cosa de carne que servía únicamente para coger, tal como la hizo sentir el señor Martínez esa mañana.

Don Pedro quien estaba con sus dos ojos cerrados debido a lo excitado en que se sentía la mantenía sujeta con una de sus mugrientas manos clavada férreamente en su dorada y suave cadera, un poco más debajo de la enrollada falda gris, y con la otra deslizaba su verga entre su vagina y el rosado hoyito algo arrugado de su ano, como si estuviera preparando el terreno antes de perforar, estando en esto le habló:

–¡Tranquila zorra…! y acepta este nuevo enculamiento… solo serán unos buenos minutos y luego me voy, además que fuiste tú solita quien aceptó ser mi puta personal el otro día, ahorita no me vas a salir con la mamada que ya no te acuerdas…

–¡¡¡Siiii…!!! ¡¡¡Pero… pero… a mí me gusta más suaveeee…!!! ¡¡¡Y con mi consentimiento…!!! ¿¡Cómo no lo entiende…!?, -le volvía a decir la casada al vejete aun mirándolo hacia atrás.

–¡Baaaaaa…! ¡Solo dices pendejadas rubia!, -el salido vejete quien ya se aprontaba a metérsela le hablaba ahora sobajeándole toda la extensión del suave muslo levantado y puesto en la mesa, lo recorría una y otra vez hasta llegar a la nalgota de la rubia en donde en uno de esos recorridos aprovechó de abrírsela y acomodar la verga justo en su entrada anal, en tanto y ya casi decidido a perforarla seguía hablándole, –quizás así lo hacías en los tiempos en que le prestabas la concha al maricon de tu marido, si hasta Cipriano me defraudó al estarse comportando en todo este último tiempo como todo un pendejo teniendo semejante puta a su lado, además que yo vengo y te ocupo cuando quiero, así que ¡¡¡tomaaaa…!!!, -el viejo Pedro ya no aguantándose más en el momento que decía eso ultimo cerró sus ojos y con fuerzas demenciales fue metiéndole a Gabriela su enorme verga sin contemplaciones tomándola desprevenida.

En el momento que la rubia sintió la desgarradora irrupción de la verga en su orificio anal sin nada de lubricación inevitablemente tuvo que dejar de mirar al vejete y llevar rápidamente su mirada a la superficie de la mesa, junto con eso y en el acto fue tomando aire hacia adentro en señal de silencioso grito, lo hacía en la justa medida en que sentía como le entraba la verga, a la misma vez que sus ojos se fueron abriendo hasta casi salírseles de las pupilas, la voluminosa herramienta de don Pedro que estaba tan dura como el acero se le había colado hasta lo más profundo de sus intestinos, o al menos eso era lo que sentía la rubia ya que la gruesa herramienta del mecánico recién estaba alojada solo hasta la mitad de su recto, aun así luego de unos segundos y cuando al fin ya tuvo sus pulmones con aire su grito de dolor fue desgarrador:

–¡¡¡Ahhhhhhhyyyyyyyyyyy…!!!! ¡¡¡¡Don Pedrooooo…!!!! ¡¡¡¡Por favor saquelaaaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Saquelaaaaaaa!!!! -le gritaba con su rostro desfigurado por el intenso dolor que estaba sintiendo en su seco ano, al mismo tiempo que sacudía su cintura y su trasero para ambos lados de la mesa con tal de que la verga del viejo la abandonara, pero era inútil, don Pedro la tenía bien sujeta de las caderas.

Pero don Pedro totalmente ajeno a lo que le gritaba la rubia estaba en el más allá del séptimo cielo, con sus dos ojos abiertos como huevos fritos y con su babeante bocota abierta solo se daba a mirar como el rosado ojete de la rubia se comía a medias su verga, sumándole a que el femenino esfínter hacía aceleradas contracciones apretándole su armatoste de carne en forma de lo más gratificante.

–¡¡¡Ahhhhh… pu… taaaaa…!!!, -que apretado te siento el culo otra vezzzz…!!!, -le decía el iracundo vejete sin escuchar los ruegos de la casada, para después continuar diciéndole, –¡Mi verga está a punto de atravesarte entera lindura…! ¡¡Ya verás como la volverás a aceptar cuando te la meta completaaaaa…!!

La horrorizada hembra que aún se movía frenéticamente en señal de rechazo ahora simplemente se largó a llorar por su desdicha, ya que el alcoholizado viejo abiertamente se la estaba violando, ni siquiera con don Cipriano se había sentido tan usada como si lo estaba sintiendo con don Pedro, pero al caliente mecánico poco le importaban los sentimientos de Gabriela, este antes de perforarla por completo bruscamente la tomó de los rubios cabellos superiores a su frente y se los jaló con fuerza hacia atrás para que lo escuchara:

–¡¡¡Escúchame zorraaaa…!!! ¡¡¡quiero que ahora mismo me dejes de gritar y menear el culo intentando evitar que te encule!!!, ¡¡¡Hazloooo!!!, ¡¡¡Plaffff…!!! ¡¡¡Plaffffff…!!!, -le gritó en forma aireada a la vez que le mandaba otras dos fuertes palmadas en las carnes de sus nalgas, pero Gabriela poco caso le hacía al depravado, aunque sentía dolor en su cabeza por la violenta forma que en que le jalaban los cabellos ella continuaba moviendo sus caderas para ambos lados intentado que se le saliera la verga incrustada.

Don Pedro quien comprobaba que esa técnica no le estaba dando resultado la soltó de los cabellos por lo que la rubia equivocadamente pensó que la liberarían, y al contrario de ello el viejo se echó escupo en ambas manos y después de sobárselas como si fuese a levantar un motor simplemente se acomodó sobre la espalda de la rubia pasando sus dos manos por debajo de sus melones para afianzarse de sus hombros y una vez en que ya supo que estaba listo con más fuerzas que antes y con más concentración echó levemente su cintura para atrás y luego con energías empujó para adelante, es decir, se la mandó a guardar hasta lo más recóndito de sus entrañas, con esto la casada en forma automática dejó de moverse y de gritar al sentir cómo don Pedro ahora si la había traspasado enterita.

La horrorizada Gabriela tras sentir en carne propia la brutal abertura e irrupción de la verga en su orificio posterior que amenazaban con hacerla reventar, por reacción natural llevó sus dos manos hacia la guata caída del viejo, como si con esto fuese a dejar de sentir dolor, sus ojos azules que estaban abiertos como platos titilaban en forma de tic nervioso, junto con ello quedó con su fresca boquita abierta y con sus rojos labios abiertos y también titilando formando una “0” en señal de otro angustioso grito ahogado, y claro, la rubia se acababa de tragar por tercera vez en su ajustado ojete los casi 28 centímetros de gruesa verga que le había embutido a la fuerza el ordinario mecánico.

Hasta que pasados unos 10 segundos por lo menos de aquel lacerante tormento anal en que el despreciable vejete se la dejó enterrada con este sin moverse y con sus garras enterradas en las carnes de sus suaves hombros Gabriela ya no aguantó más y mandó unos guturales gritos de dolor:

–¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhh…!!!!! ¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhh…!!!!! ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhh…!!!! ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhh…!!!! -con su boquita completamente abierta la rubia se daba a gritar y a respirar hacia adentro en forma acelerada una y otra vez, a la misma vez que seguía simulando empujar hacia atrás con sus manitas al bellaco de don Pedro.

El viejo estaba casi enloquecido de excitación al ya saber que la tenía completamente empalada por su orificio posterior como tanto lo había estado deseando, así que comenzó con un frenético mete y saca sin importarle el estado ni el dolor que sentía la puta esa, su gruesa y resbalosa culebra entraba y salía con frenesí del ajustado ano, el miserable vejete, que ya sudaba a mares, cuando se la sacaba lo hacía solo hasta la mitad de su longitud para luego volver a metérsela con más fuerzas que las veces anteriores, él al contrario de su ex casada estaba sintiendo de lo más rico, por lo que en un momento de lucidez lujuriosa se dio a volver a notificarle:

–¡¡¡Te voy a romper entera pendeja…!!! ¡¡¡Jajajjaaaa…!!! ¡¡¡¡Te voy a estar dando por el culo hasta hartarme y luego me iré a mi trabajo…!!!! –don Pedro mientras le vociferaba todo esto ahora se daba a olerle su cuello y sus aromáticos cabellos rubios por el lado de su nuca.

Gabriela, profundamente enculada y todo, sabía que don Pedro cumpliría con sus palabras, por lo que inevitablemente se largó a llorar en forma desconsolada, a la vez que se arrepentía de haber hecho tratos con este, en tanto sentía cada una de las vibrantes acometidas anales que el viejo le asestaba y creía sentir que por cada estocada que le ponían por su recto la vergota esa parecía crecer aún más.

–¡¡¡Nooooo…!!! ¡¡¡Don Pedroooo…!!! ¡¡¡Sniffssss…!!! ¡¡¡Me hace dañoooo!!! ¡¡¡Sniffssss…!!!

Pero el viejo quien ya la había soltado de sus hombros ahora solo se daba a afianzarse más a esas caderas de ensueño y más fuerte se le dejaba caer hacia adelante:

–¡¡¡Cállate zorraaaa…!!!! ¡¡¡Ya es hora de que vayas sabiendo que eres mi perraaaaa y que me debes obedienciaaaa…!!! ¡¡¡Jajajajaja…!!!, ¡¡¡Tomaaaaaaa!!!

–¡¡Noooo…!! ¡¡¡Ahhhhhhhhhhh…!!! ¡¡¡Que me dueleeeee!!! ¡¡¡Snifsss…!!!, ¡¡¡Sniffssss…!!! ¡¡¡Snifsssss…!!!! ¡¡¡Saquemelaaaaaaa!!! -imploraba la rubia mirándole de ves en vez con su preciosa cara de Diosa nórdica bañada en lágrimas, mientras seguía siendo martirizada analmente.

El ardiente viejo quien ahora se movía en forma más violenta se dio a desgarrarle la blusa en tanto le seguía vociferando,

–¡¡¡Jajajjaaaa…!!! ¡¡¡Esoooo!!! ¡¡¡Gritaaaaa!!! ¡¡¡Gritaaaaa!!! ¡¡¡Que me calientas aún más putaaaaa…!!! ¡¡¡Tomaaaaaaa…!!!

Gabriela estaba ahora con su blusa blanca destrozada y hecha jirones pero aun con esta puesta de muy mala forma en su complexión superior, y don Pedro quien otra vez se había echado sobre su dorso solo se daba a devorarle sus sollozos con ardientes y desesperados besos en la boca con los cuales le robaba esos deliciosos gemidos de dolor, mientras sus mugrientas y ennegrecidas manazas la recorrían entera.

–¡¡¡De… je… meeee…!!!! ¡¡¡Ahhhh…!!! ¡¡¡Ahhhhhhhhh…!!! -le exclamaba la rubia entrecortadamente en los momentos en que el vejete se separaba de su boca, su cuerpo se movía de atrás para adelante al mismo ritmo de los fuertes empujes que le mandaban por atrás los que la hacían gritar.

–¡¡Jajajaja…!! ¡¡Tus gritos no te servirán de nada zorra asquerosa!! Así que ¡¡¡tomaaaa!!! ¡¡¡Tomaaaaaaa…!!!

Gabriela lloraba aún más con lo que le decía aquel viejo desgraciado, al mismo tiempo que con sus delicadas manitas seguía intentando inútilmente separar el apéndice de don Pedro de su trasero quien se la seguía enculando infernalmente, el dolor en su recto se mezclaba con el profundo pesar de saberse estar siendo utilizada.

Mientras que el vil mecánico a quien le importaba una verga el pesar y los sentimientos de la rubia solo se daba a mover su cintura como conejo en las vibrantes nalgotas que se estaba cogiendo, también se daba a seguir devorándosela con su bocota, este con verdadera hambre de hembra se daba a lamerle el cuello y toda la extensión de sus suaves hombros, aparte de seguir diciéndole miles de vulgaridades:

–¡¡Solo aguanta pendeja rubiotaaa…!! ¡¡Ya verás que en solo un rato más tu culazo empezara por si solo a pedir más de mi vergaaaa!! ¡¡¡Jajajajaja!!!, ¡¡¡y por si no te habías dado cuenta te aviso que ya desde hace rato eres mi putaaaaa…!!! ¡¡¡Mi yeguaaaaa…!!! ¡¡¡Y que tú solo te dejas a que te hagan de todo porque esto te encantaaaa…!!! ¡¡¡Jajajajaaaa…!!!

Gabriela ya estaba agotada, desde su ubicación en la mesa y con sus cara desfigurada por el dolor sobre todo cuando sentía que se la dejaban ir toda, solo se daba a aguantar el salvaje y sorpresivo enculamiento con el cual don Pedro la había asaltado desde el mismo minuto que había llegado a la casa, su curvilíneo cuerpo dorado con su muslo levantado y aun posado en la mesa sudaban exquisitamente, y ya no era necesario que el vejete fuera quien la obligara a mantenerse como la tenían, es decir, si el vejete ese tenía algo de razón en sus últimas palabras esto era en eso último, la rubia ya se estaba dejando.

Con eso ultimo y con ya haber pasado otros buenos minutos la cosa ya estaba más o menos clara, ya que de un momento a otro Gabriela comenzó a mojarse, su vagina (aunque no estaba siendo atendida) y su cuerpo en parte ya respondían al acalorado tratamiento por parte del alcoholizado mecánico, junto con ello sus labios y su boca que en todo momento habían estado tomando aire de resistencia ahora por cada penetración del vejete dibujaban en su preciosa cara de modelo una lujuriosa sonrisa de placer en los momentos en que sentía la tensión y distención de su recto cuando la verga más profundizaba en este, con esto su resistencia poco a poco se había ido diluyendo, ahora era su propio sistema nervioso quien tomaba las decisiones por ella, o sea, la rubia otra vez ya se había comenzado a calentar.

Pero don Pedro ya estaba queriendo probarla en otra posición por lo que agarrándola de las tetas la hizo enderezarse, claro que sin sacarle ni un centímetro de su verga del ajustado ojete, una vez que ya la tuvo enderezada le dijo lo que deseaba:

–¡Ya está rubia putaaaa…! ahora nos iremos hasta la alfombra del living, una vez que lleguemos ahí te quiero en 4 patas.

Gabriela con don Pedro de un momento a otro se vieron sobre la alfombra del lugar antes señalado, el trayecto se hizo en silencio, solo se oían los leves gemidos de Gabriela y uno que otro lubrico sonido que provenía desde su trasero ensartado, el avance de ambos se hacía infructuoso ya que el vejete aun mantenía su overol de trabajo en la altura de los tobillos, en cambio la rubia solo arrastraba las medias y sus calzones en una de sus piernas, una vez que llegaron fue ella quien se comenzó a agachar hasta quedar puesta en la citada posición sobre la alfombra siendo secundada por el viejo quien en ningún momento quiso desclavarla.

Solo pasaron un par de minutos y don Pedro con sus dos manos apoyadas en las ancas de la rubia ya la taladraba salvajemente, Gabriela por su parte soportaba la brutal culeada con sus ojos fuertemente cerrados y se retorcía por cada dolorosa y a la vez placentera estocada que le mandaban por su orificio posterior, su cuerpo estaba brillando por el sudor debido al esfuerzo del aguante.

–¡¡¡Ohhhhhhhhh…!!! ¡¡¡Mmmmmfssssss…!!! ¡¡¡Ufffffsssssssss…!!!, -era todo lo se podía escuchar desde su femenina boquita, a veces con sus blancos dientes apretados, añadiéndole que sus rubios cabellos le cubrían y le despejaban su nórdica cara de Diosa al mismo compás acelerado en que la aserruchaban desde atrás.

Fueron más de 20 minutos en que el vejete se estuvo enculando a la rubia en esa posición, en cada rincón de la casa solo se oían los fuertes resoplidos del mecánico, estos eran tanto de placer como de energías que le ponía en la faena, estos también se mezclaban con los femeninos quejidos de placer de la hembra asaltada, un rápido y sonoro ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! que emitía el choque de carnes tanto masculinas como femeninas marcaba el acelerado ritmo de la tremenda culeada que se estaba llevando a cabo.

Esos fueron los minutos necesarios para que la femenina sensualidad de Gabriela se impusiera en forma total sobre su propia voluntad, ya que los gemidos de la rubia desde hace rato ya no eran de dolor sino que eran de genuino y auténtico placer, su recto a estas alturas ya estaba deliciosamente adaptado a las descomunales medidas vergales del aprovechador mecánico y desde hace rato también que este ya le estaba otorgando sensaciones netamente placenteras, la rubia nunca supo cuál fue el momento en que ya estaba gimiendo peor que una puta, a la misma vez que su cuerpo se movía buscando y siguiendo el mismo ritmo en que la penetraban analmente.

Por su parte el vil mecánico ya estaba al tanto del ardoroso estado de la rubia, por lo que en forma automática comenzó a avivar su calentura en forma burlona:

–¡¡Esoooo…!! ¡¡Eso pendejaaaaa…!! ¡¡¡Te dije que otra vez iba a terminar por gustar estar tragándote mi verga por el culoooo…!!! ¡¡¡¡Jajajajaaaa!!!!, -gritaba y reía don Pedro a las espaldas de la casada sin dejar de encularla.

Por su parte a la rubia ya se le habían olvidado por completo cuales eran los motivos del porque se había rehusado desde un principio a mantener relaciones sexuales con su casi cuñado aquella tarde, y lamentablemente para ella con su desvergonzada actitud estaba demostrando que quizás ella era eso mismo de lo que no quería sentirse, como tampoco le daba importancia a los insultos del vejete, solamente se daba a moverse y echarse para atrás con fuerza cuando el viejo venía avanzando con su verga hacia su interior, en aquellos momentos su única preocupación estaba en esas ricas sensaciones anales que se regaban por cada centímetro de su escultural anatomía, por su parte a don Pedro se le iba la vida con la tremenda cogida anal que le estaba pegando a esa joven ex casada.

–¡¡Esoooo perraaaaa…!! ¡¡¡Meneateeeee!!! ¡¡¡Esoooo…!!! ¡¡¡Demuestra que eres mi yeguaaaaa!!! ¡¡¡Mi muñeca inflableeeee!!! ¡¡¡¡Esoooo…!!!! ¡¡¡¡Muévete zorraaaa…!!!!, ¡¡¡menéate con la verga adentro y grita todo lo que quieras perraaaa!!!, -bramaba el ardiente mecánico una vez que supo que su ex casi cuñada se le había entregado en forma total.

–¡¡¡Ahhhhhhhhh!!! ¡¡¡Ohhhhhhhhh…!!! ¡¡¡Mmmmmmmm…!!! ¡¡¡Siiiiiiiii…!!!! ¡¡¡Ssssiiiiiiiii…!!!, -gritaba la rubia quien en esos momentos y ya sin resistirlo más liberaba desde su conchita desocupada una buena cantidad de caldos vaginales los cuales caían a chorros sobre la alfombra, esto lo hacía moviéndose frenéticamente.

Pero a don Pedro no le bastaba con eso que gritaba y hacía la casada, este con su cara toda mojada de sudor y casi desfigurada por la calentura seguía animándola para que la rubia le pusiera más empeño aun, el viejo en esos momentos mantenía sus manos empuñadas en la arrugada franja gris que formaba lo que quedaba de la falda administrativa de la rubia a la altura su cintura.

–¡¡¡¡Guaaaaaaaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Te estás corriendo por la concha perraaaaa…!!!! ¡¡¡¡Y eso que no te gustaba que te lo hicieran de esta formaaa!!!!, ¡¡¡¡jajajjaaaa!!!! ¡¡¡¡Gritaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Grita desgraciadaaaa…!!!! ¡¡¡¡Tomaaaa…!!!! ¡¡¡¡Tomaaaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Tomaaaaaaa…!!!, -le berreaba don Pedro en su misma cara mientras se dejaba caer con su gruesa lanza de carne ensartándola y agasajándola hacia adelante en forma furiosa, siempre agarrado de la falda.

–¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiiiii…!!! ¡¡¡Si me gustaaaaa!!!! ¡¡¡¡Ahhhhhhhhh…!!!! ¡¡¡¡Ohhhhhhhhh!!!! -le contestó y corrigió Gabriela en forma desatada y mirándolo hacia atrás y como respuesta por parte del hombre que la estaba haciendo gozar recibió otro asqueroso y amarillento escupo en la cara que impacto en forma impecable justo al medio de sus ojos, entre sus escandalosos gritos ella ya aceptaba su condición, y gracias al gargajo recibido en su rostro desde su vagina soltó otra abundante cantidad de flujos vaginales proporcionalmente mayores a la anterior.

–¡¡¡¡Eres una perra exquisita rubiaaaaaaaa…!!!! –Siguió clamado don Pedro después de haberla escupido, –¡¡¡¡Esoooo apriétame la verga con el culooooooo!!!! ¡¡¡¡Así mi muñeca inflableeeee!!!! ¡¡¡¡Asiiiiiiiiiiii!!!! ¡¡¡¡Arghhhhhhhhhhhhhh!!!!, -don Pedro solo bramaba de placer mientras se enterraba en ella con su vista levantada hacia el techo y ahora agarrándose a ella con sus garras clavadas en las doradas carnes de las femeninas y deliciosas caderas, el viejo ya sabía que en cualquier momento ambos se correrían salvajemente.

La rubia por su parte quien lo escuchaba también no paraba de moverse y de disfrutar de aquel bestial enculamiento sentía al igual que el viejo que en cualquier momento comenzaría a orgasmearse en forma bestial según a como estaba disfrutando.

–¡¡¡¡Ohhhhhh Siiiiiiiiiiiiiiiii…!!!! ¡¡¡¡Don Pedro mi a… a… am… amorrrrrr…!!!! ¡¡¡¡Si…!!!! ¡¡¡¡Siiiii…!!!! ¡¡¡¡Enculeme todo lo que Usted quieraaaaa…!!!! ¡¡¡¡Yo… yo soy su muñeca inflableeeee…!!!! ¡¡¡¡Ohhhhh!!!! ¡¡¡¡Diossssss!!!! ¡¡¡¡Diosssssssss…!!!! ¡¡¡¡Clávemela más fuerteeeee…!!!!, -le gritaba Gabriela al vejete en la forma de lo más mundana imaginable, lo hacía entre gemidos y exclamaciones de calentura, sobre todo por lo que ella misma le estaba confirmando a su asqueroso cuñado.

En cuanto a don Pedro este seguía cogiéndosela con ganas desmesuradas sintiendo en su verga todo el placentero éxtasis que aquella fabulosa hembra le estaba provocando con su apretado esfínter, así que ya sin pensársela y deseando alargar un poquito más aquel estado en que ambos estaban procedió a sacársela para seguidamente ser el quien se echaba de espaldas en la alfombra, la rubia deseando saber qué era lo que estaba ocurriendo rápidamente llevó su sudado rostro hacia donde estaba el viejo, parte del anterior escupo aun colgaba vistosamente de su barbilla, en el acto supo que era a ella a quien ahora le tocaba hacer el trabajo.

–Ven rubia… ahora quiero que seas tú quien se encule solita y me cabalgues la verga, jejejejee

Gabriela desde su posición fue gateando por la alfombra hasta llegar a la posición del degenerado vejete, estando con la falda toda arrugada y enrollada en su cintura, y con su blusa rasgada y con pinta de estropajo al tenerla toda mojada con el sudor de ambos levantó la pierna que aún mantenía sus medias y calzones colgando hasta cruzarla por la cintura del viejo y para ir montándose decididamente sobre él.

Don Pedro en el acto se deshizo del brassier que también iba enredado por entre medio de la blusa desgarrada, a la vez que con sus rasposas manos ya puestas en la espalda de la ex casada hizo que ella se inclinara hacia él, en el acto comenzaron a besarse.

Entre apasionados y salivosos besos con lengua y ahora con la rubia montada sobre la blanda guata caída del vejete y cooperando en la causa fue ella quien llevó su manita hacia su trasero, lo hizo levantando levemente su vagina y pasándola (su mano) por entre medio de sus muslos abiertos hasta agarrar por el tronco la gruesa vergota de su cuñado apuntando así el aceitoso glande hacia la entrada de su dilatada entrada anal, la ardiente ex casada ya lo había decidido, lo iba galopar con la tranca de este bien metida en su ano, tal como su nuevo macho se lo estaba ordenando.

Gabriela una vez que tuvo el glande a la entrada de su orificio anal separó sus labios de la sedienta bocota del vejete y poco a poco fue enderezando su imponente figura, a la misma vez que mantenía la verga agarrada desde su base, siempre con la redondeada punta de esta ubicada en su rosado orificio posterior, su rostro sudado era de seriedad absoluta, hasta que ya estando decidida a todo cerró sus ojos a la vez que llevaba su rostro hacia el techo, junto con esto se fue dejando caer suavemente con sus caderotas sobre la gruesa verga la cual no tuvo problemas para deslizarse hasta quedársele completamente enterrada, cuando lo fue haciendo su hermoso rostro de seriedad gradualmente fue cambiando al de la lujuria, esto debido a esa extraña sonrisa en la quedó su cara después de habérsela clavado entera, sonrisa en la cual nunca se sabría si esta fue de dolor placentero, aguante, deleite o quizás porque cosa, el caso es que Gabriela aun en estas tan deplorables condiciones no dejaba de verse preciosa, aun con cara de fulana ella lo seguía siendo.

Ya estando Gabriela en esta nueva posición sobre la alfombra y ensartada analmente poco a poco se fue soltando y calentando aún más con aquella situación por lo que empezó suavemente a moverse bien ensartada en la verga del vejete.

Don Pedro quien también estaba tan caliente como ella no perdió detalle de todo lo que hizo la rubia una vez que estuvo a horcajadas sobre su panza, por lo que rápidamente enderezó su cuerpo para abrazarse a ella en donde se deshizo de parte de lo que quedaba de su blusa y se puso a chuparle las tetas con devoción al tenerla montada sobre su panza y bien clavada a su verga, mientras le lamía los pezones haciendo rápidos círculos con su lengua llevó sus dos mugrientas manazas a las suaves nalgotas de la rubia abriéndoselas y comenzando a ayudarle en los movimientos de sube y baja para que ella fuese acelerando y así lo hacía (Gabriela), el vejete sentía estar abrazándose a una femenina caldera humana.

–¿¡Te gusta zorraaaa…!? ¿¡Te gustaaaa!? -le preguntaba don Pedro a la ardiente hembra con cara de desquiciado y mirándola hacia arriba cada vez que le soltaba los melones, ya que debido a la posición este quedaba algo más bajo que Gabriela, ella por su parte y como respuesta llevó sus dos delicadas manitas para posarlas una en cada hombro del viejo para afirmarse, y junto con ello fue acuclillándose con ambas piernas, una vez que lo hubo logrado poniendo expresión de empeño en su cara comenzó a rebotar aceleradamente como pelota saltarina sobre la verga del encantado vejete que aun la tenía asida de sus nalgas, su orificio anal se la estaba tragando entera y sin complicaciones.

La rubia con sus acelerados y desquiciantes movimientos abiertamente estaba galopando analmente a don Pedro, y este ya bufaba de gusto a la vez que la seguía animando:

–¡¡¡Argghhhhhhh…!!! ¡¡¡¡Qué bien que te enculas tu sola putaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Así…!!!! ¡¡¡¡Así…!!!! –le gritaba echándole todo su hediondo aliento a cerveza en la cara, y a la rubia parecía no molestarle ya que ella también le hablaba:

–¡¡¿T… Te…Te gustaaaa…?!! ¡¡¿Te gusta cómo me muevo… Neneeee…?!! -Le consultaba la rubia entre medio de sus frenéticos movimientos de sube y baja.

–¡¡¡Si putaaaaa…!!! ¡¡¡Eres excelente a la hora de encularte tu solaaaaa…!!!

El viejo en tanto le decía eso último se había tirado de espaldas en el piso, este ya alucinaba mirando aquellas tetotas que saltaban y ondulaban rápidamente al mismo ritmo en que saltaba su dueña, mientras ella seguía haciendo hablar al vejete en aquellas delirantes condiciones:

–¡¡¿Te gusta…?!! ¡¡¿Te gusta cómo me enculooooo…?!!

–¡¡Si perraaaa…!! ¡¡¡Ya te dije que siiiiiiiiiiiiiiiii…!!!, -el vejete le contestaba ahora con sus ojos fuertemente cerrados y revolcando su cabeza en la alfombra, la rubia amenazaba con volverlo loco con sus puteadas.

En tanto Gabriela que estaba casi en las mismas condiciones que don Pedro, iniciaba una acelerada galopada en la cual sus caderas y cintura se movían rápidamente. En esos momentos le encantaba tener en esas condiciones a su asqueroso cuñado.

–¡¡¡Ohhhh…!!! ¡¡¡Diossss…!!! ¡¡¡¡Diossssss…!!!! -gritaba la ex casada masajeándose pesadamente las tetas y parte de sus dorados cabellos sin dejar de menearse y saltar con su brillante culazo sobre la verga.

–¡¡¡Eso…!!! ¡¡¡¡Culea putaaaa…!!!! ¡¡¡¡Culeaaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Uffff…!!!!

–¡¡¡¡Ohhhhhh…!!! ¡¡¡Mmmmmmm…!!! ¡¡¡¡Así pa… papiiiiiii…!!!! –aportaba una muy ardiente Gabriela mientras rebotaba frenéticamente.

–¡¡¡Así… muévete así rubia pendejaaaaa…!!!! ¡¡¡¡Eres excelente a la hora de estar enculandote tú sola!!!! ¡¡¡¡Así!!!! ¡¡¡¡Culeaaa…!!!! ¡¡¡¡Culeaaaaaa…!!!!

En tanto esto le vociferaba don Pedro la rubia de a momentos se dejaba caer en forma impecable sobre la verga y alternaba con diabólicos círculos con su cintura con la tranca totalmente embutida en ella, para luego de disfrutar con todo su sentido sensitivo puesto en la deleitosa clavada comenzar otra vez a rebotar sobre la resbalosa verga con la cual ella solita se estaba enculando gritándole todo tipo de guarradas al vejete.

El enculamiento que se estaba dando Gabriela aquella tarde con la vergota del mecánico era de concurso y ya casi caía en lo criminal, la otrora mujer casada refregaba su trasero todo lo que podía sobre aquel grueso instrumento, y ahí estaba la ex casada comiéndosela entera, le entraba desde el glande y hasta su base, ya llevaba sus buenos minutos saltando sobre la verga.

Don Pedro para soportar de una mejor forma semejante culeada que le estaban pegando se había dejado caer desde hace rato sobre la alfombra, y ahora desde esa posición iniciaba un frenético mete-saca con la verga para ayudarle a la rubia, ahora la veía con sus dos manitas posadas en sus brillantes muslos abiertos cuando estos ejercían los movimientos de levantamiento antes de dejarse caer, por lo que rápidamente llevó una de sus mugrientas manos para dejarla posada en su marcada y ya muy resbalosa cadera, y la otra tan ennegrecida y pelada como la anterior la posó en su vagina la cual él desde su ubicación podía vérsela nítidamente, acariciándosela y pasando su dedo pulgar por la jugosa rayita de esta cada vez que podía.

El vejete mientras hacía lo anteriormente expuesto bufaba de una malsana calentura, estaba disfrutando como nunca antes lo había hecho con ninguna mujer, en su rostro se le dibujaba una maliciosa sonrisa, ya que Gabriela estando convertida en una maquina hecha expresamente para coger mantenía su espalda totalmente erecta saltando y gimiendo con cada feroz arremetida anal que ella sola se prodigaba, su bello y sudado rostro de Diosa estaba puesto directamente hacia el feo rostro de su cuñado, ahora y como premiándolo con sus dos manitas otra vez se daba a masajearse sus dos brillantes y redondas tetasas, siempre mirándolo.

Don Pedro en tanto ya estaba a punto de correrse, de un momento a otro paró de espolonearla y se había relajado sobre la alfombra, dejando que fuese la rubia con su trasero y el rápido ejercicio de sus muslos quien lograra hacerlo explotar, su rostro ya estaba contraído por la sobre calentura y resoplaba como bestia, en la salita en que estaban cogiendo ahora solo se podía escuchar perfectamente el chapoteo del ano de Gabriela con cada feroz metida de tranca:

–¡¡¡Flapssssssss…!!! ¡¡¡Flapssssssss…!!! ¡¡¡Flapssssssss…!!! Flapssssssss…!!! -se escuchaba sonoramente cuando las vibrantes nalgotas de la rubia impactaban con la gruesa base de la verga canosamente peluda.

De un momento a otro la sudada y bella Gabriela se dejó caer sobre el arrugado cuerpo del mecánico para llevar sus rojos y sensuales labios a esa desdentada boca abierta que parecía estar esperándola para simplemente comenzar a besarlo desesperadamente, esto sin dejar de encularse rápidamente, pero ahora con sus rodillas rosando la planicie de la alfombra.

Esto ya fue mucho para el casi desmayado vejete que estaba caliente hasta más no poder, fue en ese mismo momento en que la rubia lo besaba efusivamente y después de que él se la afianzó desde sus caderas clavándosela, según él, más a su verga, este poco a poco ya comenzaba a dar convulsivos espasmos placenteros al mismo tiempo que soltaba un gutural grito de verdadero calentura, sin más el viejo Pedro ya estaba corriéndose como animal adentro del agujero posterior de la atractiva rubia, quien al notarlo se dejó caer enérgicamente hacia atrás quedándose inmóvil y sintiendo como la verga le escupía semen en los más profundo de sus intestinos.

–¡¡¡¡Arggggggggggrrrr…!!!! ¡¡¡¡¡¡Tomaaaaaaa…!!!!!! ¡¡¡¡¡Toma zorraaaaaaaaa…!!!!! ¡¡¡¡Recibe hasta la última gota de mi semen dentro de tu ojete putaaaaaaaaaaa…!!!!!

La sensual rubia solo se daba a mirar con detenimiento la expresión de calentura que ponía don Pedro mientras se vaciaba al interior de su orificio posterior, ella no podía dejar de acariciar su fea cara en los momentos que este se corría y le seguía gritando:

–¡¡¡Arrrrggghhhhhhhhh…!!! ¡¡¡¡Qué buena enculada que te acabo de peg…mfsssspssss…¡¡¡¡, -una muy sudada y desfalleciente Gabriela no dejó terminar su tanda de leperadas ya que al notar que este aún seguía escupiendo semen en su interior y al estar acariciando su rostro sudado y contraído lo sorprendió con otro efusivo beso con lengua en mención a lo muy rico que la había hecho sentir aquella tarde, la rubia lo estuvo besando hasta que sintió que el viejo la dejaba caer a un lado de la alfombra.

–Ya… ya… puta, ya párale, ya me corrí dentro tuyo, ahorita me tengo que ir a trabajar… ya tendré algo de tiempo cuando vuelva para hacértelo por la delantera, jejejejee…

Gabriela escuchaba todo eso con su respiración agitada y toda mojada aun estando tirada de costado en el suelo del living, globos y riachuelos de semen escupía su rosado esfínter al ya estar desocupado.

En el momento en que la rubia pensó que ahora si podría platicar con el viejo sobre lo que le ocurrió esa mañana en su alocada idea de ir a buscar trabajo, vio que este ya estando de pie y con su overol de trabajo subido simplemente se iba:

–Ok rubia… entonces nos vemos el viernes, jejejejee, estuvo muy rico eso que hicimos, aquí en la mesa te dejo un dinerito por si te hace falta algo, tú ya sabes, también lo anotaré en mi libreta para que después me lo pagues.

Luego de decirle eso el vejete simplemente se fue.

Recién en esos momentos la lucidez volvía a la mente de la casada, de un momento a otro se vio a ella misma tirada en el suelo de su casa con su ropa de administrativa hecha andrajos y toda culeada, pensando en que el viejo ese vino desde su trabajo solamente a cogérsela sin apenas saludarla y que ella otra vez se le había entregado como una verdadera estúpida.

Lentamente y como pudo se fue gateando hasta al sofá hasta lograr recostarse en él, -¿y qué pasaría ahora cuando su asqueroso cuñado volviera ese día viernes que le dijo? ¿se lo iba a hacer por la delantera?, -quedó preguntándose con una de sus manitas puesta en su frente, su cuerpo aún se mantenía con ciertas sensaciones placenteras después de aquella salvaje tarde de sexo desenfrenado.

Continuará