Gabriela… una adorable mujer casada 12 (vRD)

En la casa del finado ya para ese mismo medio día estaba todo preparado para los tres días de su velatorio antes de ir a dejarlo al campo santo. El féretro estaba ubicado al medio de la casa lleno de velas, flores e imágenes de santitos y vírgenes, ahora sí que no cabía nadie en la casa debido a toda la gente que había llegado despedir al difunto.

Mientras en la casa que había sido su hogar, la bella Gabriela quien había sido su amante ajena a todo eso y sin tener ni la más mínima idea de que don Cipriano había muerto ese día, ella desvergonzadamente se mantenía moviéndose completamente desnuda y sudada abajo del cuerpo de don Pedro en la posición del misionero, su rostro era de una seria calentura mientras la ensartaban, y sus muslos se mantenían bien abiertos y se mecían al mismo ritmo en que el mugriento vejete aprovechaba para clavarla con ferocidad, ya que este iba por la segunda cacha consecutiva que le ponía por su hendidura delantera después de habérsela enculado.

Gabriela 12

–¿Y quién sabe algo de Pedro?, ya es de noche y ese no se aparece por aquí desde que se fue del hospital con esa mujer rubia, -preguntaba y decía doña Ernestina quien estaba toda vestida de negro sentada a un lado del cajón donde yacía don Cipriano despidiéndose de este mundo. Con su característico tomate canoso la vieja secaba las lágrimas de su cara con un pañuelo, en esos dolorosos momentos era acompañada por una jauría de viejas que se daban a rezar el rosario cada una hora pidiendo por el alma del difunto.

–Seguramente hoy vendrá tía, el chango por fin se pudo comunicar con él solo hace un rato y dijo que se vestía y se venía al tirante para acá, seguro que debió haber estado descansando y por eso no contestaba las llamadas, -le respondió María quien estaba sentada entre medio de todas las viejas que rezaban, la chamaca quien también vestía de luto nunca se imaginó que su tío político había estado en casa de Gabriela acostado con ella desde que habían salido juntos del hospital, la señora María si tenía sus dudas, pero no era el momento para hacer ese tipo de comentarios.

–¿Pero el chango le dijo a Pedro que Cipriano ha partido de este mundo?, -volvía a preguntar la vieja.

–Si tía, si le dijo, yo mismita escuché la conversación.

–Ahh… que bueno, porque aparte de que nos acompañe de aquí hasta que lo enterremos debo hablar con él para ver cómo le haremos con el taller y con la casa que Cipriano compró para vivir con esa pu… digo con esa mujer, -terminó diciendo la señora a la vez que se persignaba.

Tía y sobrina se pusieron de pie y caminaron hasta el patio donde continuaron platicando:

–Tía Ernestina… de eso ya también quería hablarle…, -le dijo María a la viuda intentando que su familiar se diera por las buenas.

–¿De qué cosa mija…?, -le dijo la vieja ahora con voz penosa.

–Bueno Usted ya sabe, de la pareja que tuvo mi tío…, -le soltó la chamaca a sabiendas de lo espinudo que era el tema para su tía Ernestina.

–No María, yo no hablaré de eso contigo, aquí no hay nada de qué hablar así que ya córtala. –María ya en más de una ocasión en el transcurso de las últimas 24 horas había intentado hablar con su tía Ernestina sobre Gabriela, ya que la había escuchado decir a otros familiares que a esa mujer tenían que botarla lo antes posible de esa casa que estaba a nombre de Cipriano, y que ahora en términos legales ella, la señora Ernestina, era su única dueña al igual que el taller.

–Tía pero comprenda que ella no fue la única culpable, fue mi tío quien la buscó en todo ese tiempo, yo lo vi todo…

–¡Pero Cipriano era un hombre casado María por Dios!, y ella también tenía a su familia, si hasta abandonó a su chamaquito por destruir a otra familia según me han contado, eso… eso no tiene perdón de Dios mija, ¿o es que acaso tu estas del lado de ella? -le preguntó la vieja con un rictus de escándalo e indignación en su rostro.

-¡Noooo…! ¿Cómo se le ocurre?, o sea, igual no estoy en contra de ella, pero siempre me inclinaré para el lado de Usted tía,

–¡Entonces no te entiendo…!, -ahora doña Ernestina se cruzó de brazos esperando la respuesta de su sobrina.

–Mire trataré de resumirle, ella… ella igual le pasó bastante de su dinero a mi tío para levantar el “Pie grande” cuando este estaba pasando por una mala racha, ¿se acuerda?, y también creo que de ese dinero una buena parte fue para comprar esa casa, Usted no la puede botar así como así…

–¡Pues no me interesa!, a ella poco le importó meterse con un hombre casado, entonces… ¿porque a mi debería importarme su situación? ¡No, no, y no mija!, que ahora ella asuma las consecuencias, además que eso del dinero que tú dices a mí no me consta.

–Tía por favor, no la bote, -le rogaba la chamaca intentando defender en algo a la que había sido su amiga.

–Lo siento, pero ese tema lo veré yo con Pedro, él es el único hermano de Cipriano así que por lo tanto es él quien debe ayudarme con ese tipo de trámites, -luego de pensar por un rato le dijo otra vez, –si de algo te tranquiliza le daré un plazo de 7 días a esa mujer para que se vaya de la casa, tampoco soy tan desconsiderada como lo fue ella.

–Pero tía…

–Nada de peros María… Esa es mi última palabra… ¡Ahhh! y para que le sepas, el “Pie Grande” estará cerrado hasta que sea vendido, y tú tienes prohibición absoluta de acercarte a esa casa o a ella, ¿lo has escuchado?

Por la cara que le puso la vieja a su sobrina esta supo que ya el tema estaba cerrado por lo que no le quedó más opción que asumir.

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Mientras esto ocurría en la casa de doña Ernestina otra situación muy distinta ocurría en la casa en que estaban encerrados Gabriela y don Pedro.

Ya eran casi las 9 de la noche y la rubia quien se había levantado dejando al viejo durmiendo ahora estaba encerrada en el baño vistiéndose después de haberse dado una larga y reparadora ducha, en su mente habían miles de sentimientos contradictorios al estar consciente de que otra vez había mantenido relaciones sexuales con su ordinario cuñado, si hasta había dormido junto a él un buen rato después de las dos largas cogidas que le puso tras haber sido enculada, y todo eso con su más absoluta aprobación, o sea, ella abierta y naturalmente había sido su mujer, pero lo que más le machacaba su mente ahora ya despejada de los efectos del aguardiente, era como podría enfrentar a ese viejo miserable y decirle que se largara lo antes posible del hogar que ella compartida con don Cipriano, ¿Qué pasaría si su don llegara en ese mismo momento y encontrara a su propio hermano acostado desnudo en su cama y con ella con el pelo mojado?, se preguntaba la rubia en forma atemorizada a sabiendas del estado en que habían sacado a don Cipriano del hospital el día anterior, pero los sentimientos de culpa la superaban.

Una vez vestida y con algo de vergüenza salió del cuarto de baño ya que creyó escuchar que el viejo hablaba con alguien en los momentos que ella terminaba su ducha, en eso vio a don Pedro que muy apurado se subía el cierre de sus pantalones y comenzaba a ponerse su camisa.

–¿Paso algo?, -le consultó seriamente al darse cuenta que el viejo parecía que se vestía para marcharse.

–Nada pendeja… no pasa nada, es solo que hay una emergencia en la feria así que debo ir a ver qué pasa, jejejee, -le dijo ahora mirándola otra vez con su aborrecible sonrisa, pero en su mente se preguntaba que como le iba a decir a la rubia que el pendejo de Cipriano se la había ocurrido irse despachado ese mismito día según le acababan de notificar en los momentos que la rubia estaba duchándose, por lo que decidió que iría a la casa de su cuñada Ernestina para ayudar en lo que le pidieran y ahí pensaría en como lo iba a hacer con esa rubia.

Mientras terminaba de vestirse don Pedro igual se daba a meditar en la situación. En el fondo lamentaba la partida de su hermano, ¿pero que se le iba a hacer?, la vida valía una mierda pero esta igual continuaba, y ahí estaba esa mujer ex casada para hacerle los días más gratos a él, que por lo demás estaba demasiado buena, ni mencionar al par de chamacas que también se estaba beneficiando.

Gabriela por su parte daba gracias a Dios que el viejo ese por ahora se marchaba y que no la estaría molestando, ya que cuando se duchaba pensaba que este iba a querer estar cogiéndosela por toda la noche una vez que se sintiera repuesto.

Don Pedro una vez vestido se dirigió al living para ver si se le quedaba algo, fue ahí en que se dio cuenta que la rubia debió haberse levantado mucho rato antes ya que la casa estaba en estado normal y no con el desorden en que había quedado después del ordeñamiento en la madrugada pasada, este fue seguido desde la habitación por Gabriela quien le habló:

–Oiga… le prepararé algo rápido para que coma, no puede irse a trabajar de noche con el estómago vacío, -le dijo la rubia mirándolo y poniendo agua en el hervidor eléctrico.

Su mirada no era la de una mujer enamorada ni mucho menos, ni siquiera era la mirada de cómo una amiga mira a un amigo, por ahora esta era fría, muy distinta a la mirada de calentura que había puesto por largas horas en el amanecer y parte de la mañana de ese mismo día gracias a la verga viejo ese, pero ella asumía su papel de mujer en aquella esporádica relación que había aceptado varias horas antes, ahora al estar con su mente más serenada ella sabía que don Cipriano no llegaría, no al menos por ahora, y que su único nexo con él era ese esperpento de hombre con el cual ella había intimado.

El viejo en tanto quedó encantado con la consideración de aquella tremenda hembra para con su persona, la veía recién bañadita ofreciéndole algo para cenar, con ella mirándolo con sus preciosos ojos azules. Sus rubios cabellos los tenía tomados en una cola, don Pedro sin siquiera olerla creía percibir el fresco aroma floral que debía brotar de su cuerpo, y con un vestido puesto de esos que a él tanto le gustaban, le parecía que era el mismo con el que la vio el día que se encontraron en el mercado, sus femeninas formas de hembra hecha y derecha eran tan notorias que si pudiera se la volvería a coger ahora mismito, pero lamentablemente no podía.

–Jejeje… gracias rubia, pero no puedo cenar contigo por orita, ps… debo ir a ver ese asunto que ya te dije, jejejee, -le dijo mientras la recorría aun no creyéndosela que se habían acostado por las buenas una vez que llegaron del hospital, y que para rematarla ella le ofrecía cenar antes de que se fuera para el trabajo, ¡como toda una hembra atiende a su macho!, -se repetía una y otra vez.

–Yo ya me serví algo hace un rato, pero Usted al menos tómese un café, ¿cómo se va a ir así sin más…?, -le volvió a insistir la flamante rubia.

–Ok, ya que insistes un buen café me vendría muy bien, jejejeee, -a pesar que el vejete sabía que se tenía que ir un extraño brillo de calentura se le vio en su mirada cuando le habló.

La ex casada con seriedad absoluta se dio a poner la tasa, platillo y cuchara en la mesa, junto con ello el azúcar y el frasco de café. Don Pedro observándolo todo se fue acercando a ella.

–Siéntese y prepáraselo Usted mismo yo voy por el agua caliente que ya debe estar por hervir. –En eso Gaby se encaminó hacia la cocina donde estaba el hervidor.

–No es necesario que me siente rubia, creo que me lo serviré de pie, ya te dije que tengo cosas que hacer…, -le dijo el vejete llevando su mirada a su trasero y a su cadencioso caminar.

–Y… ¿y cuándo volverá…? -Gabriela se lo preguntó estando ya junto al hervidor esperando que este hiciera click.

Don Pedro quedó aún más maravillado con aquella pregunta, –O sea, ¿la rubia esa le estaba pidiendo que volviera para que siguieran cogiendo?, -se preguntó en su lasciva mente en forma casi automática, por lo que se dio a contestarle.

–No lo sé, pero tranquila mi reina, apenas me deje caer nuevamente por aquí te meteré más de mi verga por esa rajadura que tienes entre medio de tus piernotas, jejejee, porque yo sé que es eso lo que tú quieres a que yo venga ¿verdad?, ps… esta madrugada me lo pedías una y otra vez, ¿lo recuerdas?

La rubia puso cara de fastidio por la vulgar forma en que ese hombre le hablaba, preguntándose de que acaso este no era capaz de mantener una conversación normal aunque sea por un rato, además que ella no pensaba en volver a acostarse con él, si lo había hecho esa mañana había sido por haberse sentido traicionada por Cipriano al irse con esa vieja, y por la tremenda humillación que sintió cuando la familia de este la habían botado del hospital, así que le contestó:

–¿Cómo se le ocurre?, ¡yo no volveré a acostarme con Usted!, así que vaya conformándose con lo que pasó esta mañana, yo solo le preguntaba para saber si podrá pasar a ver a su hermano, necesito que me traiga noticias de su estado de salud.

A don Pedro no le gustó para nada ese carácter altanero que estaba mostrando la rubia, ya que le hacía recordar el momento cuando ella lo encaró en el mercado dejándolo parado como un idiota delante de varias personas. Al viejo le bajaron unas tremendas ganas de abofetearla y pegarle hasta dejarla llorando, pero también sabía que si lo hacía le harían perder el terreno ganado con ella hasta ese momento y que ya era mucho, por lo que prefirió calmarse y seguirle la corriente, además que en su mente ya estaba formado lo que si le haría antes de irse aparte de volver a aclararle que ellos dos volverían a coger tarde o temprano.

–Ahhh ps… en ese caso creo que en estos días iré para la casa de Ernestina para ver cómo me lo está atendiendo, jejejee. –Don Pedro también entendió que debía recurrir a recordarle que ahora también existía su cuñada para que a la zorra esa no se le olvidara como estaba la situación entre ella y Cipriano.

En eso la bella Gabriela aun con su cara de mal humorada se acercó con el hervidor eléctrico, el viejo ahora otra vez veía encantado como esa hembra de fábula le llenaba la tasa.

–Hasta ahí no más rubia…, -le dijo don Pedro cuando vio que el agua ya iba en la mitad de la tasa.

–Pero si está solo hasta la mitad, le falta…

–No te preocupes washita rica, así me gusta a mí, -le dijo a la vez que tomaba el hervidor el mismo para después ir a dejarlo a la cocina, el viejo ya se creía con derechos de tratarla de la forma en que él lo quisiera debido a las tres cogidotas que ya llevaban en el historial de ambos, y ahora mismo se lo iba a hacer saber a esa rubia puta que otra vez se creía dueña de la situación.

Gabriela con su cara despejada de sus cabellos rubios veía la humeante taza de café a medias pensando que don Pedro era de esos viejos que le gustaba beber el café bien cargado, en eso lo vio venir, en su cara otra vez predominaba un toque de depravación según vio la rubia con algo de preocupación.

–¡Me faltó decirte que a mí me gusta el “café con leche” mamita! ¡¡Jejejee!! ¡¡Así que vamos convidándome otro poquito!! ¡¡¡Jajajjaaaa!!!

Dicho lo último el viejo la tomó con brusquedad girándola hacia la mesa y comenzando a desabrochar en forma desesperada su vestido por la parte delantera, él estaba puesto detrás de ella.

–¡¡Noooo!! ¡¡Don Pedro!! ¿¡Que hace!? -La desconcertada rubia mientras le exclamaba veía con escandalo esas mugrientas manos desbrochando su vestido a la altura de su busto.

–¡Ps…! ¡Te voy a liberar estas tetotas para que le pongamos de tu láctea esencia a mi café…! no sabes lo dulce que sabe esta, es como tomar leche condensada, además que tú eres muy buena reproductora ¿¡lo sabias!?, ¡¡jajajaja…!!

–¡¡Noooo!! ¡¡Déjeme…!! ¡¿Cómo p… puede ser U… Usted tan de… depravado…?!, -le exclamaba la rubia entre zarandeos intentando luchar y no dejarse.

–¡¡No es depravación mamacitaaaa!! ¡¡Es ser de gustos exquisitosss!!, ¡si ya te lo dije antes!, ¡cualquier hombre hasta mataría por beber leche directamente de tus tetas y yo no dejaré de hacerlo hasta que dejes de producirla!, ¡¡jajajaaa!!, ¡¡vamos, ayúdame tú también para que terminemos de una buena vez!!.

Gabriela de un momento a otro se vio puesta contra la mesa con su vestido desbotonado y bajado hasta su cintura, luego vio cómo su brassier era retirado con brusquedad de su cuerpo y era arrojado en la mesa, en eso sintió como el vejete la empuja con fuerza desde su espalda obligándola a reclinarse hacia la tasa que notoriamente desprende vapor debido a la temperatura.

Don Pedro manteniéndola en la citada posición se agarra firmemente desde atrás a esas dos relucientes y duras campanas de carne, él sabe que otra vez deben están repletas de aquel maternal elixir tan dulce como la miel que él ya había probado en más de una ocasión.

–¡¡Tranquila yeguaaaaa…!! ¡¡Ohhh…!! ¡¡Ohhhh…!! -Le decía el aprovechador viejo exclamando burlonamente imitando a un jinete que doma a su yegua, mientras Gaby aun hacía movimientos de rechazo, –¡¿Acaso te creíste que me iba a ir así como así?!

–¡Noooo! ¡Por favor don Pedro otra vez Noooooo! ¡¡Dejemeeee…!!

–¡Ps… anoche tu misma me pediste que te ordeñara yegua!, ¡así que por eso mismo estas tetotas ahora son solo mías puta!, ¡¿lo escuchas?! ¡¡Miasss…!!, ¡¡y te las chuparé y comeré todas las veces que yo quiera!! ¡¡¡Jajajaaa…!!!, -Gabriela poco a poco comenzó a perder las fuerzas, era un hecho que otra vez la ordeñarían, y el viejo viendo que la hembra ya casi no se resistía se dio a calmarla, –¡Solo te sacaré un poco de leche para mi café pendeja!, ¡así… así que no seas mezquina!, ¡¡jejejejee!!.

El viejo por fin había logrado ponerla en la posición que se requería con ella solamente respirando agitadamente reclinada en la mesa.

La asustada Gabriela otra vez se veía apoyada con sus dos manos sobre la mesa, en eso y ya sin más sintió como el viejo igual que el día anterior le ordeñaba las tetas, ya que justo cuando llevó su mirada hacia la tasa con café vio como la leche salía expulsada con fuerza cayendo en forma impecable al centro del círculo café oscuro, veía en primera fila como su leche se mezclaba con el café.

Los fuertes chorros blanco-amarillentos que salían expulsados de ambos melones fueron llenando la tasa con su característico sonido liquido hasta que estuvo colmada, los chorros de leche eran constantes, el viejo por su parte con su cara a un lado de la sorprendida rubia también veía la operación, pero él lo hacía en forma lujuriosa, y cuando comprobó que la tasa ya estaba llena de “café con leche” giró rápidamente el cuerpo entregado de la hembra para comenzar a abotonarle su vestido aunque ahora sin su sujetador, a la misma vez que le chupaba y le lamía sus rosados pezones alternadamente para dejárselos limpios y sin ningún rastro de leche tal cual como le había anticipado solo hace un rato.

Una vez que la soltó, Gaby se hizo a un lado llevando sus brazos hacia sus pechos en señal de protección viendo en forma incrédula como el viejo tomó la tasa, y luego de revolverla ceremoniosamente con la cuchara se la bebió de tres guerguerazos.

–¡¡Ahhhh!!, esto es mejor que beberse una corona heladita lindura, y todo gracias a ti y tus tetotas, ¡¡¡jajajjaaaa…!!!, -terminó diciéndole el infeliz de don Pedro después de zamparse su improvisado Cappuccino y dejar la tasa en la mesa, –Ps… ahorita me voy a ver mis asuntos y no sé a qué horas vuelva, pero antes que lo haga pasaré a la casa de mi otra cuñada para ver cómo andan las cosas con mi hermano, ahí te traigo noticias pendeja, para que después de eso te me encueres y nos pongamos a culear como verdaderos perros calientes…, ¡¡¡jajajjaaaa!!!

La rubia Gabriela ahora con su vestido mal trecho aún estaba protegiéndose sus melones con sus brazos, y sin saber que decirle ni menos a cómo reaccionar por lo recién sucedido, después lo vio guardarse las llaves de su camioneta y también las de la casa para finalmente este mismo desaparecer por la puerta.

Al rato de lo recientemente sucedido la ex casada poco a poco se fue calmando preguntándose como a ese viejo desgraciado gustaba de hacerle cosas tan humillantes de cómo beber cuando se le antojara la leche que ella producía, estaba segura que eso hasta lo excitaban al muy depravado, la muy contrita Gabriela por ahora prefería no recordar que aquella misma madrugada y casi al amanecer había sido ella misma quien le pidió a ese horrendo viejo que la ordeñara de la mima forma en que se lo hacen a las vacas, y cuando lo hacía (recordar) se sentía muy arrepentida.

A Gabriela le costó mucho trabajo recuperarse de la humillación antes sucedida, que se sumaba a todo lo anteriormente acecido, su estado mental era un desastre por lo que le había ocurrido en esas 24 horas, y cuando a duras penas se sintió un poco más recuperada sacó algo de fuerzas para darse a asear la habitación en la cual otra vez ella había cometido infidelidad.

Ya era casi media noche y la rubia aun estando vestida se encontraba en su alcoba, ahora solo se daba a meditar en todo lo sucedido en el hospital. Entre sus dudas estaba el ¿Por qué don Cipriano le había retirado la mano de la de ella en los momentos en que (ella) creía que era el que más la necesitaba?, ¿O solo eran ideas suyas?, pero su nene prefirió irse con su esposa a quedarse con ella, se decía de pronto, la cosa era que por más que pensaba no encontraba respuesta a nada.

Luego y en forma aún más preocupante analizaba los motivos que la llevaron a otra vez acostarse con su cuñado, ¿este se habría aprovechado de ella y de su situación?, ¿habrá sido por el consumo de aguardiente?, ¿o realmente ella se le había entregado con ánimos de venganza?, pero de lo que si estaba segura era del profundo arrepentimiento que sentía.

Tras pensar, analizar y volver a pensar en todo lo anterior con notarias muestras de nostalgia en su bello rostro tomó su celular y se dispuso a revisarlo sentada en la cama por si es que tenía alguna llamada o mensaje de Cipriano, pero nada, no tenía nada enviado por él, como tampoco puso atención del registro de llamadas el cual indicaba que el chango la había llamado hace ya casi más de12 horas, sus verdaderas preocupaciones por ahora eran otras.

En la mente de Gabriela quien se mantenía sentada y pensativa también existía una mínima posibilidad de que su don Cipriano se recuperara lo más pronto posible y volviera al hogar que compartía con ella, como ya se dijo anteriormente ella estaba muy arrepentida de todo lo que hizo con don Pedro, pero ¿y que más iba a hacer?, se volvía a preguntar de pronto al recordar otra vez que ella creyó notar como su macho la había rechazado en el corto momento que logró estar junto a él en la sala de recuperación, además que toda esa familia la había humillado públicamente y en frente de los médicos, ¡si prácticamente la habían echado del hospital!, se dijo cuándo recordó el recado que le mandó la vieja bruja de doña Ernestina con don Pedro cuando Cipriano decidió irse con ellos dejándola botada, Gaby mordiéndose el labio inferior y no estando muy segura volvía a solapar su zorrería de que ella solamente se había acostado con ese otro viejo por culpa de don Cipriano y no de ella, además de que este último nunca lo iba a saber.

La rubia nunca se enteraría que esa fue otra de las mentiras de su horrendo cuñado en su afán de hacerse de su persona para corromperla.

Después de pensársela por unos buenos minutos Gabriela al fin se atrevió a marcar el número de don Cipriano para ver si este le contestaba pero se le activo el buzón de mensajería después de varios tonos de llamada entrante la cual no fue contestada. Luego le envió un mensaje de texto, a los 5 minutos le envió otro, después otro más, y así un total de por lo menos 10 mensajes en los cuales la pantalla de su teléfono todos le marcaban como no leídos.

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(Mientras tanto en la verdadera casa de don Cipriano)

–¿Cómo es eso de que vas a vender el taller Ernestina?

Don Pedro y la señora Ernestina hablaban de sus asuntos en el patio, algo apartados de la muchedumbre que a esas horas igual existía tanto en el interior como en el exterior de la casa.

–Lo que escuchas Pedro, -le contestó la vieja regordeta y canosa, –Con lo que pasó con Cipriano y esa mujer yo ya no quiero tener ningún tipo de vínculo en donde ella estuvo parada, ahora que este otro se murió, -la vieja dijo eso ultimo moviendo su cabeza en dirección a la casa donde estaba el cajón de don Cipriano, –pues me entero que el muy fresco la tuvo metida un buen tiempo en el taller antes de que se fueran a vivir juntos, ¿porque una siempre es la última en enterarse de las cosas, digo yo?, -terminó diciendo la esposa legal de don Cipriano con cara de contrariada.

–Jejeje, ps… no se cuñada… este Cipriano sí que era un verdadero mujeriego… jejejeje

La señora en el acto se quedó mirando a su cuñado con rostro acusador, para luego decirle:

–¿Y cómo andamos por casa Pedro?, -le contestó la vieja en forma notoriamente mal humorada y en doble sentido a su cuñado refiriéndose a lo último dicho por este, –¿Porque tú ahora andas en su camioneta?, yo ya te vi, así que no te hagas el menso conmigo.

–¿Ahhh? Oye Ernestina, lo que yo haga con mi vida no es asunto tuyo, pero en todo caso no te preocupes porque no pienso traerla para la fiesta de año nuevo, Jejeje, además que ahora que no está Cipriano ella y yo somos muy buenos “amigos” que hasta me pasa las llaves de su vehículo, jejejee, -le dijo el viejo Pedro en forma miserable a su verdadera cuñada inclinándole las cejas hacia arriba varias veces cuando pronunció eso de que él con la mujer rubia ahora eran “amigos”.

La señora Ernestina en forma automática llevó su regordeta mano a la boca, y otra vez puso cara de escándalo por lo que escuchaba, o por lo que ya creía entender de lo que le estaba diciendo su cuñado:

–¡Ahhh! ¡Nooooo…! ¡Válgame Dios!, ¿a… ahora tú y e… ella…? ¿O sea, ahora contigoooo?, -la señora Ernestina tenía los ojos abiertos como platos cuando le hacía la consulta a su cuñado, ya que ahora si entendía lo que este le decía.

El vejete por respuesta solo se la quedó mirando con su aborrecible sonrisa y de manos en bolsillos. Ahí estaba don Pedro con su guata caída y su camisa percudida reconociéndole a doña Ernestina que ahora el también andaba enredado con la rubia.

–Bueno, -contestó al fin la señora, –al menos tú eres un hombre soltero, mientras te vayas a hacer tus cochinadas con ella bien lejos de aquí por mi parte no hay problema.

–Dalo por hecho Ernestina, -le contestó don Pedro con orgullo al ya saber que su vieja y fea cuñada tomaba conocimiento que ahora era él quien se acostaba con esa tremenda ex casada, -¿oye y qué más puedo hacer por ti cuñadita?

–¡Aja!, ¡sí!, ya que ahora ustedes dos están de “amigos” dile que tiene una semana para agarrar todas sus porquerías y largarse de mi casa porque también pienso venderla, así que llévatela para donde tú lo quieras, pero que sea bien lejos de aquí.

–¡Ok! lo haré… y ¿qué más?

–Solo eso por ahora, así que ya sabes, una vez que ya enterremos a Cipriano lo primero en que me debes ayudar es a vender el Pie Grande, con el abogado veremos lo que te corresponde en dinero, lo de la casa y esa mujer te lo dejo a ti, ya sabes, una semana, si no lo haces yo misma la iré a sacar con toda mi familia.

Dicho esto último y ya estando en acuerdo cada uno se dedicó a lo suyo en el velatorio, con la vieja Ernestina rezando y a veces llorando y con el horrendo viejo bebiendo y platicando con sus amigos y familiares.

Ya eran casi las 3 de la madrugada y a don Pedro de tanto beber cervezas le dieron ganas de ir a orinar, una vez encerrado en el baño y cuando estaba vaciando su vejiga le pareció escuchar un extraño zumbido que provenía de alguna parte en el interior del baño, por lo que ya estando relajado al haber terminado de evacuar guardó su verga entre medio de sus pantalones y se puso a escarbar en un montón de ropa sucia, ya que el sonido otra vez se ponía incesante.

Hasta que por fin dio con una bolsa trasparente llena de ropa de hombre que tenía un papel pegado que decía “Cipriano Ventura” más la fecha de hace dos días atrás. Don Pedro se la quedó mirando con detenimiento descubriendo que en su interior estaban todos los efectos personales de su hermano del día en que se lo llevaron al hospital, hasta que sus ojos dieron con el celular que parpadeaba indicando que estaba a punto de descargarse completamente.

Una vez de asegurarse que la puerta estuviera con el pasador puesto se dio a abrir la bolsa con sumo cuidado, luego de sacar el celular de Cipriano la volvió a cerrar y la metió debajo del montón de ropas dándose a revisar el teléfono de su hermano.

–¡Ándale con esta pinche puta!, -exclamó el viejo cuando al revisar vio habían 8 llamadas perdidas de Gabriela y 16 mensajes de texto sin leer también enviados por ella, todos con la fecha de ese mismo día don do sus sospechas por cumplidas, existían muchos otros mensajes de otras personas, esos a don Pedro no le interesaban ni en lo más mínimo, pero en el momento en que el ansioso viejo le dio al botón de leer al primer mensaje enviado por la rubia, el celular caprichosamente se apagó, estaba completamente descargado.

–¡Ernestina!, necesito que me prestes un cargador de celular, se me acaba de descargar el mío y debo ver un asunto re importante…, -el viejo una vez que salió del baño había encontrado a su cuñada al lado del cajón de Cipriano rezando junto con las otras viejas.

–¡Pedro!, si no te has dado cuenta estamos rezando por el alma de tu hermano, además que yo no sé de esas cosas de cables, pídele a la María o al chango que andan por ahí afuera, -le respondió la vieja con cara de enojada por la impertinencia de su cuñado.

El vejete en forma desesperada se dio a buscar a María o al Chango para que le ayudaran, –¿Y dónde se metieron estos hijos de la chingada?, -se preguntaba una y otra vez buscándoles entremedio de la gente, hasta que recordó haber visto conectada una de esas mamadas en la camioneta de la rubia, y claro, varias veces vio a Cipriano llegar al taller hablando por celular con el cable puesto en el tablero.

Rápidamente salió a la calle y se dirigió a la camioneta de Gaby, y al abrir la puerta en forma milagrosa vio el famoso cargador conectado al tablero principal. Una vez que cerró la puerta y ya estando sentado al volante le dio contacto al vehículo y conectó el teléfono, este en el acto prendió la luz de la batería.

Casi con emoción lo encendió para revisar los mensajes de Gabriela los cuales fueron leídos por él uno por uno:

M1.- “Nene ¿estás?”; M2.- “Si lees este mensaje por favor llámame”; M3.- “Necesito saber cómo está su salud”; M4.- “Oiga Don, por favor hábleme”; M5.- “Don Cipriano ¿está enojado conmigo?”; M6.- “¿Porque se fue con su esposa?”; M7.- “Te necesito bebe, por favor no me dejes sola”…, y así todos los demás mensajes eran de una connotación más o menos parecida.

Don Pedro leía los mensajes con su sonrisa desdentada y masajeándose la verga, el viejo era tan pervertido que con solo leer los mensajes de la rubia ya se estaba calentando, ¿y cómo era que no? si el viejo estaba clarito de la forma en que habían cogido solo la noche anterior y al siguiente día, y ahora la muy desvergonzada se atrevía a mandarle ese tipo de mensajes a su hermano recién infartado según ella, ya que todos sabemos que nuestra adorada Gabriela no tiene la más mínima idea de la muerte de quien fue su macho.

Al viejo ya le estaban dando ganas de ir a avisar a la casa de Ernestina que él iba a ver un asunto de suma importancia y que volvía apenas se desocupara, esto con la sola intención de ir a chingarse a la rubia para que a la muy enamorada no se le olvidara que él tenía un miembro tan bueno y grande como el que tuvo su hermano, el calculador vejete a toda costa quería que la Gabriela se acostumbrara a su vergota de una buena vez por todas, sus mensajes a Cipriano lo habían calentado como a la misma vez le produjeron un poco de celos, pero solo un poquito.

Una vez decidido a ir cogérsela y cuando ya se proponía abrir la puerta de la camioneta para dar aviso que se ausentaría por un rato sintió el sonido de mensaje entrante en el teléfono de Cipriano, este casi se le cae debido a la ansiedad que sintió por comprobar si ese nuevo mensaje era de la rubia o de otra persona, ansiedad que se convirtió en euforia cuando por fin vio que así decía en la pantalla:

Gabriela Ramos: “Don… ¿está conectado?”

Al vejete sentía que hasta se le subía el azúcar por unos instantes debido a lo que su cachambrosa mente empezó a idear apenas leyó aquel mensaje. Luego vio que en la parte superior de la pantalla del teléfono decía con letras más pequeñas: (Gabriela Ramos: (escribiendo…))

Gabriela Ramos: “Don, ¿cómo está de salud?, por favor contésteme, quiero saber de Usted”

El malvado viejo de don Pedro Ventura con una diabólica sonrisa en su ajado rostro se dio a responderle en forma maquiavélica haciéndose pasar por don Cipriano:

Cipriano: “Estoy más o menos, lo bueno es que acá en mi casa me están cuidando re bien…”

El horrendo mecánico se daba cuenta que la rubia se la estaba pensando en eso de que en su casa cuidaban muy bien a Cipriano, ya que ella tardaba en contestar, hasta que luego de un minuto volvió a leer en la pantalla que ella estaba escribiendo otra vez. El mensaje ya llegaba:

Gabriela Ramos: “Que bueno que te estén cuidando bien, ¿cómo para cuando regresas a nuestra casa?”

Don Pedro se dio a teclear rápidamente:

Cipriano: “Eso aún no lo sé, tal vez ni vuelva…”

Otro momento de incertidumbre y espera para el vejete hasta que la rubia volvía a parecer en el teléfono como “escribiendo”.

Gabriela Ramos: “¿Qué me está diciendo? ¿Cómo es eso de que tal vez ni vuelva? Explíquemelo”

En la expresión del viejo Pedro en esos momentos solo predominaba la maldad mezclada con lujuria por lo que estaba haciendo, sus tiesos dedos escribían las vilezas con las que haría caer a la ex casada de una buena vez por todas:

Cipriano: “Yo a ti no tengo que explicarte nada culona…” (El miserable vejete recordaba que muchas veces escuchó a su hermano referirse así a la rubia, como también muchos otros apelativos que él ahora estaba dispuesto a ocupar, el mensaje continuaba) “A la única mujer que yo le doy explicaciones es a ERNESTINA mi ESPOSA, ¿te queda claro Puta…?”

Otro minuto de espera para que Gaby contestara, don Pedro reía nerviosamente sumado a que estaba que se corría en los mismos pantalones imaginando la reacción de Gabriela al otro lado del teléfono.

Gabriela Ramos: “Pero, ¿y que pasara con nosotros?, Usted dijo que nunca me dejaría, o que acaso ya se le olvidó?”

Cipriano: “Escúchame bien nalgona hija de la gran chingada, yo ahorita estoy con Ernestina mi verdadera mujer, y no la volveré a dejar por ninguna puta que me mueva el culo por muy grande que lo tenga, así que ya deja de mandarme mensajes y vete con tus puteadas a otra parte…”

El viejo se dio cuenta ahora que Gaby apenas leyó el mensaje ella ya estaba escribiendo la respuesta:

Gabriela Ramos: “Cipriano no me digas esas cosas… yo te amoooo”

Cipriano: “ps ¡yo no…! Yo solo quería acostarme contigo y dejarte bien culeada, y ya lo hice, así que si quieres ya puedes comenzar a devolverte para tu departamento y regresar con el verga pequeña de tu maridito…”

Gabriela Ramos: “No me hagas esto bebé, después de lo que yo he hecho por ti…”

Cipriano: “Pues lo estoy haciendo y que…”

Gabriela Ramos: “Entonces ¿por qué estabas conmigo en todo este tiempo?”

Cipriano: “Por pena, me daba lastima mandarte a la verga, al principio solo quería coger contigo pero ya me aburrí, y prefiero estar con Ernestina, ella es más mujer que tú para que lo sepas… y por favor ya no me llames más, estoy enfermo y debo descansar… Adiós nalgona, fue rico estar cogiéndote en todo este tiempo…”

El perverso vejete apenas terminó de escribir su último mensaje apagó el teléfono de su hermano y se lo guardó, por un lado estaba casi desesperado por irse de inmediato a la casa de la rubia y cogérsela en tal estado, pero también sabía que debía darle algo de tiempo para que sus falacias hicieran el trabajo que él esperaba en la mente de la ex casada, cual droga contamina la sangre de alguna victima cuando se la inyectan sin que esta lo sepa, en ese estado el lujurioso mecánico sabía que la rubia cogería más rico aun cuando volvieran a estar juntos, o quizás intentara bajo esas condiciones empezar desde ya a emputecerla.

Esa misma noche don Pedro estuvo en varias ocasiones tentado en ir a la casa de la rubia para medir el terreno, pero se contuvo, sabía que ese plato se estaba dorando en el horno para el sacarlo cuando ya estuviera listo.

Los dos días restantes de velorio pasaron y los funerales de don Cipriano Ventura se llevaron a cabo en forma normal en el Panteón General. Fueron 4 buses y 2 camiones repletos de gentes los que llegaron al campo santo, más una hilera interminable de autos que tocaron sus bocinas en todo el trayecto para su despedida final, si hasta el club deportivo de la colonia en que vivía también se hizo presente con los jugadores vestidos con el uniforme oficial del equipo de futbol, fue el capitán de este con el número 9 puesto en la espalda quien puso la camiseta con el 11 en el féretro antes de ser bajado, luego de eso entre el llanterío de viejas, amigos y familiares ya todo había terminado. Fueron muchos los que lloraron la partida de don Cipriano, pero entre ellos no estuvo Gabriela.

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(Gaby 48 horas antes aprox.)

Ríos de lágrimas fluían copiosamente desde los azules ojos de nuestra desdichada Gabriela quien se encontraba sentada en el sofá de la salita. Sollozando en silencio y limpiándose la cara no podía dejar de leer esa cruda conversación que acababa de tener vía mensajería con el hombre por el cual ella lo había dado todo al grado de hasta abandonar a su propia familia.

Luego se puso de pie y se puso a deambular entre el living y el comedor como una verdadera zombi pensando en los motivos que pudo tener don Cipriano para romper con ella, pero no los encontraba. ¿Acaso él sabría del enredo que tuvo ella con su propio hermano?, esto la hacían meditar de a momentos, para luego descartarlo ya que de haber sido así con toda seguridad hasta la habría apaleado si él se hubiese enterado. O quizás no, pensaba de pronto, Cipriano se había mostrado tan frio y carente de sentimientos que poco le importaría de con quien ella se anduviese acostando. Luego al no saber que más pensar al respecto llevó su manita a la frente y se largó abiertamente llorar sin saber que hacer, la rubia aun estando de pie y con el teléfono en su otra mano tal como había quedado cuando su macho se hubo desconectado sin antes de mandarla a la mismísima verga hasta imaginaba la cara de don Cipriano aclarándole que la tal Ernestina, la vieja, era mucho mejor que ella.

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Lo que le estaba ocurriendo a nuestra atractiva rubia mientras sufría ¿era por pura casualidad?, ¿o realmente si se le estaba dando vuelta la tortilla? Absolutamente se le estaba devolviendo la pelota que ella misma había arrojado, la ley del boomerang, causa y efecto, o quizás que cosa, el asunto es que la rubia nunca pensó en estas posibilidades el día en que humilló a su propio y legitimo marido diciéndole en su misma cara y delante de su amante que él tenía la verga demasiado pequeña para ella.

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El amanecer encontró a la rubia estirada aun con ropa y abrazada a las almohadas de la cama, su martirio se mantuvo a lo largo de toda la noche, y lo poco que pudo dormir lo hizo a sobresaltos viviendo aquella horrible pesadilla, el resto del día se lo paso acostada y llorando sin saber qué hacer, solo se levantaba para ir a la cocina a beber agua o para mascar cualquier fruta o lo que fuera, luego se metía en la cama con ropa tal como estaba y seguía llorando, ni siquiera le importaba que don Pedro podría llegar en cualquier momento y que se la iba a coger no importándole el estado emocional en que se encontraba ella, el asunto fue que su ex cuñado no se apareció en transcurso de todo ese día y tampoco del siguiente.

A los dos días y con los primeros rayos del sol entrando por la ventana de la habitación la rubia en forma aletargada se puso de pie y se fue al baño para ducharse. Su mente por fin asumía la idea de que habían rompido con ella. Después de una hora de que salió de la cama otra vez ya estaba vestida y ahora tomándose un vaso con jugo de naranja meditando de cómo sería su vida desde aquí para adelante, sus ojos estaban muy hinchados pero ya no lloraba. En forma de lo más confundida solo se daba a pensar en las variantes:

¿Volver con Cesar quizás?, -No, eso era imposible, -se decía descartando en el acto esa posibilidad diciéndose para sí misma que ella ya no amaba a Cesar, aunque la única verdad era que Gabriela no tenía el valor de volver a mirarlo a la cara después de que ella siendo su legitima esposa lo hubo humillado ante ese otro hombre con el cual ella se había calentado, porque ahora la rubia con el mazazo recibido hace casi tres días ya más o menos se le estaba aclarando la película, ella se había calentado con un hombre casado.

¿Recurrir a su familia entonces?, -No, tampoco, sus familiares no querían saber nada de ella después de que se enteraron que había abandonado a su esposo y a su hijo por largarse a vivir con un hombre más del doble de mayor que ella y que también tenía sus compromisos, su misma madre le había colgado el teléfono llorando y diciéndole que se olvidara de ella y de sus hermanas, y para rematarla Lidia, su única y real amiga había partido hacia el extranjero solo hace dos semanas.

Con todas estas dudas en su mente la rubia se había dedicado a las labores de la casa, la cual a las horas estaba resplandeciente y con Gaby otra vez recién bañadita y vestida con otro de sus impecables vestidos hogareños, pero destruida mental e interiormente, sin saber que más hacer ahora que estaba desocupada.

La ex casada ya sin tener nada en que distraerse para intentar no pensar en lo estúpida que había sido al creer en la palabra de ese viejo desgraciado de don Cipriano se daba a mirar la hora y a mirar tras las cortinas de las ventanas, extrañamente ya casi estaba deseando que don Pedro viniera a verla tal como lo había dicho, pero no para ponerse a coger con él en son de venganza ni mucho menos, esa idea estaba muy lejos de sus intenciones, el asunto era que ella necesitaba hablar de su problema con alguien, y que mejor que fuera con una persona cercana al desgraciado, además que ahora sí pensaba que don Pedro se lo había intentado decir varias veces y que había sido ella la que estaba enceguecida con las falacias que le inventaba don Cipriano.

Era lógico que Gabriela ahora pensara así del que fue su mecánico favorito ya que estaba muy herida, aun recordaba como este le había indicado descaradamente que él la había hecho abandonar a su marido y a su hijo solo para él poder cogérsela todas las veces que quisiera, y ahora que ya se hubo aburrido de ella él sencillamente volvió con la morsa que tenía por esposa.

Estando la rubia en tan lamentables condiciones psicológicas, don Pedro ya estaba solo a cuadras de llegar a consolarla. El ordinario vejete había tenido que sacar fuerzas de voluntad para no dejarse caer antes de los tres días que se puso como límite para ir a la casa de la ex casada.

Don pedro de la misma forma le había dicho al chango y a María que ni se les ocurriera llamar a la rubia ya que ella estaba muy indignada con ellos por lo que había ocurrido en el hospital, como también se mantuvo de a momentos rondando la casa para poder ver si ocurrían novedades, pero por lo observado en sus intempestivas arrancadas del velorio de su hermano comprobó que todo su plan marchaba de las mil maravillas, la tetona esa no había hecho ni el menor intento de salir de la casa, por lo tanto el muy miserable sabía lo vulnerable que podría estar Gabriela para lo que ahora él si estaba dispuesto empezar a concretar.

Ya eran casi las 6 de la tarde de ese día cuando el vejete una vez que estacionó la camioneta de la rubia entró a la casa haciéndose el menso, en una de sus manos traía una bolsa de supermercado repleta con cervezas, y apenas la vio le habló de la forma más normal que pudo.

–Buenas rubia… disculpa por no haber venido antes pero tuve muchos asuntos que arreglar, jejejejee…, -junto con saludarla la vio sentada en el sofá mirándolo seriamente, la ex casada estaba con sus ondeados cabellos rubios peinados hacia un lado de su cara y con uno de sus vestidos hogareños que mostraban una buena parte de sus muslos, el viejo venía desesperado por violársela, pero sabía que si quería concretar sus malas intenciones con ella debía irse con cuidado y hacer que ella empezara a depender de su persona. –¿Porque me miras así, acaso te debo dinero?, -le consultó para tantear el terreno mientras dejaba la bolsa con cervezas en la mesita que estaba al medio de los sillones.

–¿P… Porque se demoró tanto en venir?, -le preguntó Gabriela con voz melancólica.

–Ps… ya te dije tuve que resolver algún…

–Me… Me he s… sentido bastante sola ¿sabe?, -le cortó la hembra. El viejo notaba que en cualquier momento ella se largaba a llorar.

–No me digas… y a que se debe es…

–S… su hermano terminó conmigo…, -se le adelantó otra vez la ex casada.

–No mames…

–Ps… si… ¡sniffssss…!, -le contestó Gabriela con voz finita, en eso se puso a llorar abiertamente delante del vejete con sus codos apoyados en sus piernas y con sus manitas tapándose la cara, la hembra en esos dos últimos días había estado deseando tanto hablar con alguien no importando con quien fuera que no se contuvo, situación para que el aprovechador viejo rápidamente se acercara hacia el sillón en donde estaba sentada llorando y se hincara ante ella poniendo sus dos mugrientas manos en esos suaves y tibios muslos que parecían estar esperándolo.

–Ya… ya… no te sientas así mamacita, no llores que no vale la pena… pero tú tienes la culpa he, yo en varias ocasiones te lo dije pero tú no me hiciste caso. –Ahora don Pedro a sabiendas que estaba en ventaja se sentó junto a la hembra abrazándola a modo de consuelo.

–Si, si lo sé, ¡sniffssss!, pero… pero… es que yo lo amaba de verdad, ¡¡sniffssss…!! -le confidenció Gabriela a don Pedro aceptando su abrazo protector largándose otra vez a llorar pero ahora en su pecho.

El viejo estaba en la gloria teniendo su rostro (el de ella) bien arrimado a los hediondos pellejos de su cuello. Aprovechando esa situación se daba a oler sus aromáticos cabellos, también a acariciárselos casi en forma paternal para que ella creyera, y la rubia solo se daba a llorar más y más en forma lamentosa tomando aire una y otra vez.

Así estuvieron por unos buenos minutos, con el vejete pensando que de las 2 ocasiones anteriores en que le hizo trampa a la rubia para cogérsela, en esta la sentía mucho más cercana a él, hasta que Gaby a la misma vez que limpiaba las lágrimas de sus ojos y de su cara lentamente se fue separando de aquel fraternal abrazo que tanto estuvo esperando en los dos últimos días.

–A ver rubia, tranquilízate un poco y cuéntamelo todo…, -junto con decirle eso el viejo destapó dos cervezas pasándole una a la ex casada.

Gabriela ya más recuperada y mientras bebían cerveza se dio a narrarle toda la supuesta conversación que tuvo con don Cipriano y de cómo este la había humillado diciéndole cosas terribles, don Pedro se hacía el interesado en el estado de la rubia poniendo este cara de conmoción cuando ella le decía los detalles, y la ex casada de la misma forma notaba que su ex cuñado se mostraba muy comprensivo con ella, esta era la primera vez que no le hablaba con tanta grosería ni le exigía tener sexo con ella.

La conversación se extendió en los detalles y en los ¿Por qué? Las botellas de cerveza fueron desapareciendo de la bolsa y ya eran hartas las que estaban vacías en distintas partes de la mesita de centro, también habían algunas en el piso a los pies del sillón donde estaban, el viejo era aguantador pero Gaby ya estaba mareada, aun así a ella no le importaba eso, la conversación con su cuñado la tranquilizaban, o en otras palabras el vejete las estaba haciendo de pañuelo de lágrimas en forma excelente.

–Mmmmm… ya veo, así que ERNESTINA finalmente te ganó la partida, -le dijo finalmente cuando ya hubo dejado que la dolida hembra se explayara en todo lo que tenía que decir. Con lo último dicho el vejete solo se dio a estudiar qué tipo de comportamiento tendría Gabriela, y ella por su parte solo se quedó mirando al suelo con la misma mirada que una niña de edad escolar a la cual están reprendiendo por su porfía, –¿y que puedo hacer yo por ti mamacita…?, -terminó por decirle ya queriendo ver las reacciones de la excitante rubia.

–Nada, yo… yo solo necesitaba que alguien me escuchara… s… solo eso, y se lo agradezco, de ve… verdad…, -Gaby le dijo eso ultimo ahora mirándolo con su azulada mirada, y pasándose sus manita por su naricita perfecta.

–Ahhh… Ok… ¿quieres más cerveza?

–Bueno, deme otra más, aunque en este estado me gustaría beber algo más fuerte, por casualidad… ¿no anda trayendo más aguardiente como el otro día?, -le contestó recibiéndole una de las últimas botellas de cerveza que quedaban.

Una vez que don Pedro le pasó la botella de cerveza este la miraba como ella muy femeninamente la ponía en sus labios para beber su contenido, a la vez que pensaba lo mal que debía estar psicológicamente la muy putita al punto de estarle pidiendo licor con mas grados alcohólicos, lo que le hicieron idear otra de sus estupendas ideas aprovechando que la hembra ya estaba algo más calmada.

–Oye rubia, ps… por ahorita no ando con nada más que estas chelitas, pero y que tal si salimos a gastarnos unos buenos pesos que ando trayendo y nos bebemos unos traguitos por ahí, solo para pasar las penas, ¿Qué dices? ¿Te animas?, -el viejo en definitiva estaba desesperado por ir a acostarse con ella, pero esta última idea calzaba perfecta en su plan de congraciarse con Gabriela con la sola intención de hacerse de su persona.

La casada se lo quedó mirando sorprendida, el viejo que estaba viendo en esos momentos era muy distinto al que una vez ella vio en la entrada del Pie Grande cuando las hacía de edecán junto a María, ese ordinario y vulgar hombre que hasta había logrado cogérsela ya en un par de ocasiones aprovechándose de las estupideces que ella seguía cometiendo no tenía nada que ver con este otro hombre que se mostraba algo bonachón y muy comprensivo con ella a pesar de su aspecto miserable y desaseado, o sea, ambos eran el mismo, ¿acaso don Pedro estaba cambiando por alguna razón?, con estas dudas en su mente mareada se vio de un momento a otro contestándole:

–¿De verdad?, es decir… ¿Usted quiere que salgamos a divertirnos?

–Ps… si mensa… lo que escuchas…

–E… Es… Es que yo pensé que Usted iba a querer…, pues… ps… Usted ya sabe, lo que dijo que me haría antes de que se fuera el otro día para su trabajo…, -en la cara de Gaby se notaba lo confundida que estaba al notar que esta vez don Pedro no la presionaba para que ellos mantuvieran relaciones sexuales.

–Ahhh… ps claro, pero eso lo podemos dejar para cuando ya te sientas recuperada rubia, siempre y cuando tú lo quieras, Jejeje, -El viejo ya botaba hasta espumarajos cuando le hablaba al volver a confirmar lo confundida que estaba Gabriela al grado de tener asumido que ellos dos de igual forma se debían acostar en algún momento, pero igual siguió empecinado en su treta de sacar a la rubia a la calle, una para que ella se siguiera confiando y la otra para lucirla ante sus amigotes, además que el daba por hecho que al final de esa jornada terminarían acostados.

–No… no es una mala idea…, -ni Gabriela misma entendía porque se estaba dejando llevar por ese viejo horrible siendo que en esos tres días que estuvo sola pudo haber agarrado unas cuantas cosas y haberse largado a cualquier parte, de hecho lo pensó, pero no supo donde irse.

–Ps… entcsss… ¿en qué topamos rubia?

–Es que… si… si saliéramos yo debo arreglarme antes ¿le parece?

–Ps… si así tal como estas te ves riquísima, ándale y vámonos a parrandear ahora ya…

–¡No!, ¿cómo se le ocurre?, ¡mire mi cara!, -le dijo la ex casada ya algo más sonriente, –Si he estado en todo este tiempo así toda llorona, mejor me iré a arreglar, solo tardaré unos minutos y estaré lista para que me lleve donde Usted quiera, ¿vale?, -la rubia ya se había entusiasmado con la idea del viejo, además que ahora ya estaba casi asumida de que era una mujer sin compromisos.

–¡Sale y vale putita…! ¡¡Jejeje!!

Ante el salido apelativo la rubia igual se sonrió, lo hizo a medias, por ahora no tenía ganas de enojarse con la única persona que al parecer no se avergonzaba de hablar con ella, de igual forma le contesto:

–No la embarre pues don Pedro, no se me ponga ordinario otra vez, mire que hasta ya me estaba cayendo re bien, –le dijo la hembra quien aún se limpiaba algunas lágrimas de sus ojos, luego de eso ya se había puesto de pie decidida a ir a acicalarse para ese viejo que la estaba invitando a salir para ella poder darse a olvidar sus penurias.

–Y te lo dejaré caer mejor cuando ya estemos de vuelta lindura, Jejeje, -le contestó el viejo en el acto mirándola con sus ojos bien abiertos a la misma vez que se zampaba de un solo trago más de la mitad de su botella de cerveza.

Gabriela en el acto recordó que el viejo ese dijo que no le haría nada si es que ella no quería.

–Ay, no don Pedro, mire, la verdad es que ya en las dos oportunidades en que lo hemos hecho fue por haberme sentido apocada por Cipriano y su familia, pero ahora ya no tiene sentido, él… él terminó conmigo, no estoy en condiciones de hacer nada con nadie, si acepté salir con Usted es para distraerme un poco, ¿Usted me entiende verdad?

–Ps… claro que si reinita… ps ¿qué crees…? si por eso mismito te invité a salir…, si yo tuviera otras intenciones te podría haber obligado apenas entre en la casa y tú ya viste que no lo hice…

–Sí, me di cuenta de ese detalle, y le doy gracias por eso…

Gabriela en alguna parte de su mente se preguntaba que mierda le pasaba, ¿en qué punto de su vida ella le agradecía a un viejo tremendamente feo porque este no llegara y se la cogiera como si ella solamente sirviera para eso?, estas dudas la hicieron sonrojarse sintiendo vergüenza de ella misma.

–E… entonces me iré a arreglar para que luego salgamos solamente como amigos, ¿le parece?

–Me parece Gabrielita, claro que me parece, jejejejee, -al contrario de lo que le estaba diciendo don Pedro y de lo que también decía la ex casada el vejete como que ya sabía que de una u otra forma igual terminarían cogiendo como animales.

El facineroso viejo con una sonrisa de oreja a oreja la vio entrar a su habitación fijándose en que la rubia no se molestó en cerrar la puerta de esta, a los tres minutos después ya escuchaba también el sonido del agua de la ducha, en eso miró hacia abajo y se fijó en la tremenda erección que mantenía entre medio de sus pantalones la cual ya hasta le hacían doler los testículos, por lo que se la agarró firmemente con sus dos manos por sobre su delgado pantalón de tela mirándosela y diciéndole por lo bajo: –Tranquilo wey, en un par de horas ya te estaré metiendo otra vez entre medio de esas piernotas, jejejeje.

Don Pedro en esos momentos en que estuvo solo en el living se dio a pensar de cómo Gabriela por primera vez desde que la conoció se mostraba algo más espontanea con su persona, claro que esto se estaba dando gracias a sus patrañas y a la misma situación en que había desembocado todo. Por lo mismo no lo dudó para tomar la botella que la rubia había dejado casi llena en la mesita y llevársela a la habitación.

Una vez que con paso decidido ingresó a la recamara de la ex casada vio que la puerta del baño también estaba abierta, y más hechizado aun quedó cuando con su ya lujuriosa mirada vio a través de la cortina de baño el borroso cuerpo desnudo de la rubia y como esta se mantenía bajo la ducha lavándolo solo para él, despaciosamente se fue acercando a la cortina de baño con unas tremendas ganas de hacerlas a un lado y meterse también bajo la ducha y cogérsela ahí mismo con ambos de pie.

–¡Oye rubia…! ¡Te traje tu cerveza!, -le exclamó en voz alta desde el otro lado de la cortina para que Gaby lo escuchara.

Gabriela quien estaba en esos momentos solo concentrada en ducharse escuchó claramente la voz del vejete, en forma inmediata cayó en cuenta que este se encontraba al interior de la habitación hablándole a ella, pero no le escuchaba por el sonido del agua.

En esos instantes la rubia no era consciente que ella estaba totalmente desnuda y con un hombre viejo de muy malas intenciones metido en su misma habitación, esto demostraba que aunque ella no quisiera reconocerlo entre ambos ya existía un extraño tipo de vínculo que se daba por la sencilla razón de que ya se habían acostado juntos en un par de ocasiones, además que según ella don Pedro ahora se mostraba tan bueno y comprensivo que ya hasta lo estaba empezando a ver como un gran y cercano amigo, así que no le molestó para nada la presencia del vejete al otro lado de la cortina.

En eso el viejo sintió como Gabriela cortaba el agua y a los segundos vio ante su viciosa mirada una delicada manita que corría solamente la parte superior de la cortina en donde hizo la angelical aparición el bello rostro de Gabriela que estaba resplandeciente por la frescura del agua y con su pelo rubio todo mojado.

–¿Qué me decía?, -le consultó con una sonrisa serena.

–Que… Que te traje tu cerveza, por si tenías algo de sed mientras lavas tu cuerpecito rico, jejejeje

Gabriela lo veía parado a menos de un metro de ella extendiéndole la botella de cerveza con la misma aborrecible sonrisa que lo recordaba desde que lo había conocido, aun algo mareada sacaba conclusiones que si el vejete tuviese algún tipo de mala intención con ella este simplemente hubiera corrido la cortina para hacerle quizás qué tipo de cochinadas, pero ahora, ahora él se mostraba tan distinto con ella que ya casi ni recordaba lo odioso y perverso que había sido antes de que lograra cogérsela como ya lo había hecho.

–Ahhh, gracias, -le dijo finalmente la rubia, -pero… ¿sería tan amable de dejármela en el mueble de ahí al frente y esperarme en la sala…?

–Ps… ps… yo quiero esperarte aquí sentado en la cama rubia, ¿me dejas?, te juro que no te haré nada… Jejeje. -don Pedro sabía lo confiada que ya estaba esa hembra.

–Mmmm… ¿Cómo es eso? ¿Acaso ahora también se las da de mirón…?, -le consultó extrañada pero en forma tranquila.

–Pero… ¿y qué más da mamacita?, si ya hasta hemos cogido como tres veces por lo menos, que hay de malo que me quede a mirarte como te lavas, además que estará la cortina entre nosotros…

–P… Pero si yo ya estaba casi t… terminando…, -le dijo Gaby poniéndose algo nerviosa al escuchar como ese vejete le recordaba que ellos ya habían intimado.

–Ps… mejor…, así nos iremos a beber esos tragos más pronto aun.

Por la respuesta que el viejo le daba Gabriela volvió a confiarse, este daba claras muestras que por ahora sus intenciones no eran de cogérsela.

–Bueno quédese, pero cuando salga de la ducha y me vista Usted mira para otro lado, ¿le parece?

–Trato hecho mami…, Jejeje

–¿Me lo jura?

–Si mamacita ricaaaaa… te juro que no miraré nadita, (-pero apúrate para que salgamos que te voy a mostrar a mis amigos, y para que después nos vengamos rápido para ponernos a culear, -continuó con la oración que decía pero ahora solamente en su mente)

Don Pedro con éxtasis veía desde la cama el deseable cuerpo de Gabriela en los momentos que ella se había dado a terminar de ducharse, este se veía borroso al estar tras la cortina de baño, pero aun así se podía vislumbrar lo poderos y perfecta que era su figura, lo que le producían unas inmensas ganas de meterse a la ducha para abofetearla y arrojarla a la cama para después violársela, de embutirle la verga hasta la altura de los huevos para luego de dejarla bien cogida correrse adentro de ella, o como también ya estaba deseando obligarla a ponerse portaligas negros e ir y dejarla parada en una esquina para que desde una buena vez le empezara a generar recursos económicos, pero sabía que si lo hacía de esa forma no lograría nada con ella, por nada del mundo podía dejar que todo lo logrado hasta hora se le fuera a la mierda por no hacer bien las cosas, ya llegaría el momento de emputecerla para el forrarse los bolsillos con todo ese dinero que ella con toda seguridad le iba a proveer.

El sonido de la cortina de baño que se corría sacó al viejo mecánico de sus perversas maquinaciones, a la misma vez que la femenina voz de la casada otra vez le llamaba la atención:

–Por favor don Pedro, ahora me vestiré, así… así que necesito que por favor mire para otro lado…

El vejete se la quedó mirando con embeleso, ya que Gabriela estaba parada dubitativamente a la salida de la ducha con una pequeñísima toalla de baño que apenas le tapaban sus partes nobles.

Pero que perfecta era esa rubia se decía el vejete pasándose la lengua por sus resecos labios mientras no podía dejar de devorársela, aun no entendía como el pendejo de Cipriano la pudo haber descuidado al grado de ella terminar siendo cogida por el mismo (por don Pedro). Su parte animal afloró en cada uno de sus poros y ya sin poder aguantar mas se puso de pie, avanzó hacia ella y de un sorpresivo manotazo doloroso le dio vuelta la cara haciendo que se le callera la toalla dejando expuesta ante él toda su espléndida desnudez. Acto seguido la tomó firmemente de sus rubios cabellos levantándole y poniéndola con violencia contra uno de los muros y le metió por la vagina tres de sus gruesos dedos ennegrecidos comenzando a masturbarla con rabia, extrañamente el vejete veía como la rubia en vez de llorar le puso una cara de caliente que él ni en la mejor película porno jamás en su vida había visto en las caras de las miles de putas que ahí salían, el ardiente viejo rápidamente desenfundo su verga que estaba que estallaba en mil lecherasos, se la pensaba coger ahí mismo parada contra el muro…

–¡Don Pedro…! ¡Don Pedro le estoy hablando…! por favor dese vuelta tal como quedamos…, -le decía Gabriela una y otra vez quien se mantenía parada a la salida de la ducha.

–Ahh.. Si, que fue… ah que pasa… ¿dónde…?, -le respondía el vejete aun en forma desorientada mientras volvía a la realidad.

–Dese vuelta que necesito vestirme, -le insistió la bella Gabriela quien ahora cubrió su cuerpo con la cortina de baño al notar que el viejo la había estado mirando con cara de cordero degollado unos momentos antes.

–Creo… creo que mejor te esperaré en la sala fumándome un cigarrito pendeja, jejejee, -don Pedro recién salía de la perversa alucinación que tuvo con el cuerpo de la rubia, necesitaba calmarse.

–Ahhh… bueno mejor todavía, así me visto y me arreglo más rápido…, -le contesto Gabriela aun tapándose con la cortina.

Don Pedro una vez que se paró de la cama y antes de irse se atrevió a hacerle una solicitud:

–Oye rubia ¿Te puedo pedir un favor a modo personal…?

–Claro… dígame…

Don Pedro ya con sus ojos resquebrajados le miraba uno de sus desnudos hombros en el cual aun corrían gotitas de agua, luego la miró directamente a sus ojos para hablarle:

–¿Te podrías poner el mini vestido más ajustado que tengas?

Gabriela al escuchar la solicitud del viejo se le quedó mirando extrañada, luego su rostro le regaló una pequeña sonrisa de incredulidad, a la vez que era ella ahora quien le consultaba al viejo:

–¿Y para que quiere eso…?

El vejete tragando saliva en su reseca garganta se dio a responderle con sinceridad, claro que por la forma en que le hablaba ya se notaba la caliente que estaba este:

–Ps… porque tienes un cuerpo tan bien hechito que cuando salgamos a la calle quiero que todos los vatos que se nos crucen vean el forrazo de mujer que ando trayendo a mi lado pues mi reina, ¿te imaginas como me envidiarán los que me vean contigo…?

A la rubia le causo gracia los motivos que tenía el vejete ese para lo que le estaba solicitando.

–Ahhh… ps… bueno, en ese caso veré que es lo que puedo hacer al respecto, jijiji, -rio nerviosamente por primera vez desde que la habían pateado, –Entonces… ¿va a salir de la habitación?

–Si, si ya me voy dulzura y no te me demores tanto, mira que ya se nos está haciendo un poco tarde…

–No se preocupe… en un rato estaré lista…

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–Don Pedro ya estoy en condiciones, ¿nos vamos?, -fue lo que dijo la ex casada en forma desenvuelta a don Pedro una vez que abrió la puerta de su habitación y se encaminó hasta el sillón donde estaba sentado, con esto demostraba que por ahora ya no le afectaba tanto la ruptura de hace tres días con don Cipriano.

Gabriela se veía tan radiante como una verdadera reina de belleza al estar luciendo aquel ajustado minivestido de una sola pieza y de color negro que había escogido bajo las instrucciones del horrendo viejo, el ajustado vestido era una talla menos en comparación de los que usaba comúnmente ya que la rubia se lo había comprado en los tiempos en que recién llegó a vivir con don Cipriano y nunca se le había dado la ocasión de usarlo, hasta ahora por supuesto.

El vejete solo se la quedó mirando ensimismado y boquiabierto, pero que atractiva era el pedazo de mujerón que ahora tenía por yegua -se dijo no pudiendo dejar de comérsela una y otra vez mientras la recorría de pies a cabeza. -¡Que estrecha cintura por Dios!, ¡¡y que caderotas!!, ¡¡con sus tetotas bien paradas y que otra vez ya deberían estar repletas de leche!!, ¡¡y ese trasero grande y respingón que para nada contrastaba con el resto de su femenina anatomía!!, –¡¡¡la rubia esa sí que era perfecta!!!, -se volvía a gritar para el mismo no creyéndosela que ya hasta se la había cogido en un par de ocasiones.

Don Pedro tratando de controlarse para no mandarse una mamada que pudiera hacer que la rubia otra vez le perdiera la confianza se puso de pie como pudo con su respiración totalmente agitada, su corazón le estaba latiendo a mil por hora según lo sentía galopar en el pecho, por ahora teniéndola de pie frente a él solo se daba a mirar su bello rostro recién maquillado suavemente, ningún rastro ni ojera de las que había visto cuando la encontró llorando aquella tarde quedaban en ella, y sus rubios cabellos los había tomado en una traba, regalando tres toques más de sensualidad aparte de los que ella por condición natural ya poseía.

Motivado por todas estas emociones en que estaba siendo asaltado el casi desesperado vejete se atrevió a pedirle algo que él deseaba otra vez de ella antes de que salieran, y esto por dos motivos, el primero era porque verdaderamente él ya casi se estaba volviendo adicto a eso, y el segundo solo para ver la reacción de la hembra,

–Oye rubia, jejejeee, este yo sé muy bien el compromiso que hice contigo hace un rato… pero…

–¿Qué cosa me dice…?, -ahora la rubia otra vez lo miraba extrañada, si se suponía que ahora mismito ellos deberían largarse a pasarla bien.

–Este… este… es que quería pedirte un favor antes de que saliéramos… ¿Si?

–¿Qué favor…?, -le consultó a la misma vez que lo miraba extrañada en el momento que guardaba algunas cosas personales que podría necesitar en un pequeño bolso de mano.

–Bueno, lo que te quería decir es que antes de salir yo te agradecería mucho si me pudieras dar…, bueno tú también ya sabes, ¿qué te parece si me das a probar de tu lechita una vez más?, hoy no he almorzado por quedarme trabajando y tengo algo de hambre, que tal si me amamantas antes de que salgamos…, -le solicitó don Pedro mirándole las tetas sin poder disimular sus insanos deseos.

Gabriela en forma atónita escuchaba la enajenante solicitud, se sentía confusa ante esta, en breves momentos recordó que ella ya lo había amamantado antes, pero en todas fue casi obligada por el vejete, o también cuando ella misma se le ofreció a que la ordeñaran sucumbida por su propia excitación, en cambio este ahora se lo pedía casi rogándole a modo de favor, este lo hacía de la misma forma en que cualquier persona pide un encendedor para fumarse un cigarrillo.

–Vamos mamacita si solo nos tomará un rato… ¿qué dices…? ¿Me quieres dar teta?

–¿No… No ha a… al… almorzado…? -Gabriela no supo los motivos del porque su mente le ordenó hacerle semejante pregunta al viejo, pregunta que le demostraba a quien la escuchara de que ella estaba en la misma sintonía que aquel vulgar vejestorio

–Ps no…, -don Pedro estaba complacido con semejante pregunta por parte de aquella belleza que parecía darle muestras de querer amamantarlo por las buenas.

Gabriela quien dejó su bolso de mano encima de la mesa se lo quedó mirando de pies a cabeza, el viejo también la recorría poniendo atención en cada centímetro de su imponente cuerpo, comprobando que la rubia esta vez estando embutida en aquel ajustado vestido negro se veía más rica que cualquiera de las tantas ocasiones en que ya la había visto antes, en eso la ex casada caminó lentamente hasta el umbral de la puerta de la habitación, siendo seguida por la viciosa mirada de don Pedro, y una vez en que se quedó parada en el umbral y luego de mirarlo por un espacio de dos a tres segundos más le dijo:

–V… Venga… en la habitación estaremos más cómodos para eso que Usted quiere…

El vejete estaba que se desmayaba, pero que diferente estaba la rubia con él ahora al grado de estar dispuesta a amamantarlo sin el tener que presionarla en la más mínimo, era lo que pensaba mientras la seguía al interior de la alcoba, en eso la vio sentarse con su espalda muy cercana al respaldo de la cama, percatándose que en la posición que se ponía ella le dejaba el espacio para que él se tendiera en el lecho y se ubicara de la forma más cómoda para lo que ella ya estaba dispuesta a darle, y así comenzó a hacerlo.

Estando el vejete en posición y con su cabeza sostenida maternalmente por brazo de Gabriela vio como ella misma llevaba uno de sus brazos hacia la espalda para comenzar a bajar el cierre de su vestido, una vez que lo hizo con su otra mano deslizó el tirante de este por uno de su suaves hombros hasta dejarlo lo más abajo posible en donde asomó uno de sus hinchados pechos aun enfundado en su brassier el cual fue subido por ella misma hasta por fin liberar una brillosa y redonda teta la cual fue tomada por la hembra y con su misma mano la llevó a la bocota del viejo metiendo el rosado pezón entre los amoratados y resecos labios de este, lo hizo de la misma forma en que lo hace una madre con su hijo, fue en ese primer contacto que las redondas tetas de Gabriela respondieron en forma maternal a la situación soltando de ambas en forma sincrónica un buen chorro del nutritivo alimento que ella poseía.

Don Pedro quien fue testigo de eso último desde su posición mientras se daba a succionar y tragar todo el dulce líquido que salía de la teta que mantenía en su boca y como si entendiera la necesidad de aquella hembra por liberar su sentido maternal pasó su otra mano por delante de la cara de ella y con gran destreza le bajó el otro tirante del mini vestido como a su misma vez le subió el sostén liberando así la otra teta que él también estaba dispuesto a succionar para retirar con su bocota todo el contenido que tuviese.

La sedienta lengua de don Pedro después de que el succionaba con fuerza se paseaba por todo el contorno de los rosados pezones de Gabriela recogiendo todo el blanco líquido que se esparcía después de las chupadas, ahora pasaba de una teta a la otra ayudado por la rubia quien solo se daba a mirarlo y se acomodaba en la cama por cada vez que el vejete cambiaba de mama.

Habían momentos en que el hambriento viejo echaba su rostro arrugado y oscuro para atrás y se daba a mirárselas en forma alternada para después regresar a tan ansiada y deliciosa tarea succionadora como también para limpiar con su lengua la dorada piel de sus redondas tetas de todo los restos de leche que salpicaban y escurrían de su boca debido a la fuerza en que estos salían proyectados gracias a la forma en que la misma rubia las apretaba al estar ella literalmente amamantado al miserable viejo, situación que la llevaron a ella a sentir como su vagina ya comenzaba a hormiguearle en forma deliciosa.

De a ratos también el vejete se las mamaba con delicadeza ante la pasividad de la rubia que no supo en qué momento se vio a ella misma con una de sus manos en una de sus tetas amamantando a don Pedro y con la otra mano acariciándole sus canosos y tiesos cabellos intentando peinarlo hacia un lado mientras este solo se daba a lamer, chupar, mamar, succionar una y otra teta hasta no saber que estas quedaran vacías.

Cuando el feliz viejo se vio a el mismo cómoda y abiertamente tomando leche directamente de las tetas de esa poderosa rubia quien lo tenía rodeado con su brazo por detrás de su espalda manteniéndolo en su regazo como si él fuera su bebito su calentura subió de nivel y ya casi sin acordarse del acuerdo que ambos tenían de salir a divertirse se dio a comenzar a bajarle el vestido y la ex casada que ya tenía su rubia panocha hecha agua no hizo nada tampoco para impedírselo.

El ajustado vestido ya estaba bajado a la altura de su cintura, y por la posición en que estaba Gabriela el viejo sabía que ya no podría hacer nada más sin la cooperación de ella, y olvidándose del asunto de salir a divertirse separó la teta que mantenía en su boca de esta para solicitarle.

–Ayúdame a quitarte el vestido rubia, ahora quiero seguir tomando teta contigo encuerada, -luego de eso volvió a echarse la mama en la boca y siguió succionando a la vez que tragaba el dulce líquido que parecía nunca acabar.

El viejo casi se infartó al igual que su hermano cuando vio con sus propios ojos que la rubia sin acordarse tampoco que ellos dos iban a salir llevó una de sus manos al costado de sus caderas y junto con subir sus dos infernales piernas a la cama elevó su tronco para que el vestido se deslizara desde su cintura para abajo, fueron tres movimientos que hizo con sus manitas los que bastaron para que su vestido saliera desprendido por sus pies, entre medio de la negra tela del vestido salió enrollada también su diminuta prenda íntima quedando al fin la rubia completamente desnuda con el vejete colgado a uno de sus melones chupándolo con deseos apasionados mientras él también se dio a sacarse la ropa hasta quedarse sin nada, luego siguió succionándole las tetas hasta cuando notó que ya ninguna gota de leche salía desde los rosados pezones de Gaby, después de eso el viejo simplemente la abrazó manteniéndola apegada a su pecho, sabía que ya estando en tal estado tenía luz verde para cogérsela apenas él lo quisiera.

Después de aquella maternal amamantada que Gabriela en forma dulce al igual que su leche le brindó a don Pedro, ambos dos se mantuvieron en la cama desnudos, muy pegados uno al otro con el sulfurado y satisfecho mecánico por ahora corriéndole mano con suavidad al cuerpo de la rubia, y con ella dejándose y manteniéndose recostada con sus ojos cerrados en el fofo pecho de él sintiendo una extraña conexión hacia su mugrienta persona, esto debido a todo lo sucedido entre ambos desde que el había llegado en este último día a su casa.

El viejo y ordinario ex cuñado de la rubia por su parte quien la mantiene atenazada con uno de sus brazos se da a observarla con detalle, después de encender la lámpara de uno de los veladores ante la ya imperante oscuridad de la noche le mira las curvas de su cuerpo, su cintura, los rubios bellitos de su espléndida vagina que se le ve cerradita, esto nos da a entender que la ex casada gracias a la reciente amantada parece no guardarle ningún atisbo de vergüenza a su ex cuñado, ya que no hace nada por cubrirse, como tampoco cambiar de posición para tapar aunque sea un poco su parte más íntima, esto sencillamente por ahora no le importa, ya que otra vez se siente algo protegida por alguien después del desamparo que sintió cuando don Cipriano terminó con ella.

La rubia ahora no se acuerda que hace muy poco rato ella misma le había dicho que por ahora no era capaz de hacer nada con nadie, y al contrario de ello ella ya sabe que se la van a coger de un momento a otro, aun así se mantiene alojada en el abrazo de don Pedro.

Aunque en alguna parte de su mente Gabriela sabe que otra vez la está haciendo mal, pero don Cipriano quien fue su nene hasta hace tres días atrás había preferido a su esposa legal en vez de a ella según le dijo vía mensajes, era lo que pensaba la rubia en los momentos a posteriori del amamantamiento que le dio a don Pedro.

Esto la tranquiliza un poco ya que sabe que por lo tanto pase lo que pase de aquí en adelante la culpa no es del todo de ella, en eso siente la rasposa mano de su nuevo y único amigo acariciándole su hombros desnudos lo que la llevan a estremecerse sobre su pecho, claro que ayudada por estos nuevos planteamientos, abandonándose inconscientemente a esa nueva situación de libertinaje en que otra vez estaba cayendo, el viejo quien nota el desvergonzado estado en que ha logrado tenerla también se da a pensar en cuál será su siguiente paso para empezar a emputecerla de una buena vez por todas, pero por ahora solo quiere confirmar lo que él ya cree.

–Oye ricura, ahora quiero hacerte otra pregunta ya que fuiste tú solita quien se encueró, ¿qué prefieres?, ¿nos volvemos a vestir y salimos por ahí como te dije antes?, ¿o prefieres a que te culee por toda la noche aprovechando que ahora no le tienes que rendir cuentas a nadie?, -le consulta Don Pedro a Gabriela resoplando orgulloso y manteniéndola bien abrazada desde sus suaves hombros, esto último lo hace para que ella se comience a sentir hembra de él.

La ex casada con tranquilidad escucha la salida pregunta de su viejo cuñado y piensa que si bien en la última ocasión en que cogieron ella se entregó a él solo por venganza y por la denigrante humillación que le hicieron sentir toda esa gentuza en el hospital, sabe también que finalmente terminó entregándose a don Pedro como verdaderamente solo lo hace una mujer, y todo por el porte de su verga.

Su mente al instante recapacita sobre su ultimo pensamiento, ella, es decir su cuerpo, ¿este solo reaccionaba ante las dimensiones de una verga gruesa y grande?, ¿y donde quedaban sus sentimientos?, -se preguntó al instante, ella no era así, y nunca lo fue, ella había dejado a su esposo y a su familia por haberse enamorado perdidamente de don Cipriano y no por el tamaño de su miembro, ¿Por qué le estaba pasando esto?, ¿acaso el viejo ese de su cuñado tendría algo de razón en las leperadas que le decía hace un tiempo?:

–“Tú solo eres una pobre zorra asquerosa que le gusta que le metan una buena verga, y sobre todo si esta es de hombres desconocidos”…

— “Abandonaste a tu familia por el amor a una verga más grande que la de tu marido”…,

–“¡¡Solo te gusta la vergaaaa!!”, -con solo recordar todas estas frases la rubia volvía a medias a la realidad, pero no con la convicción de separar su desnudo cuerpo del de don Pedro y terminar con todo aquello, fue en eso que la aguardentosa voz del vejete sonaba otra vez en sus oídos aclarándole que ella había nacido para ser bien cogida.

–¿Estás pensándotela en quedarte para que cojamos, verdad?, Reconócelo putinga, acepta que tú eres muy buena para la verga… el otro día te movías sobre ella y me la exprimías tan rico que ni te imaginas, sobre todo cuando te mantuve enculada, ¡¡jajajjaaaa!!, -le preguntó y le dijo Don Pedro a la misma vez que ya se comenzaba a burlar de ella.

Con semejantes palabrotas la rubia como que también ya comenzaba a reaccionar pensando en que cosa responderle, en todos los casos el estar acostada desnuda con su cuñado después de que ella voluntariamente lo hubo alimentado con su propia leche materna en la misma cama que compartía con Cipriano le resulta pecaminosamente reconfortante, sin ella saberlo aun extrañaba ese gustillo prohibido que le causaba a su estado psicológico el correr el riesgo de que la pillaran en situaciones de connotación lujuriosa, aun así le contestó con su voz suavecita intentando desviar el tema del que deseaba hablar don Pedro:

–A su hermano lo noté bien de ánimo cuando terminó conmigo, así que en una de esas puede que venga a buscar algunas de sus cosas, creo que por ahora no es buena idea, -le respondió la rubia mientras inconscientemente se mantiene con su dedo índice haciéndole círculos en forma suave en la fofa tetilla izquierda del vejete, sin ningún ánimo de separarse de él, ella sabe que don Cipriano difícilmente va a volver.

–Cipriano no llegará mamacita, recuerda que te mando a la verga para quedarse con Ernestina, además que no te hiciste ningún problema en amamantarme, así que si quiero te estaré cogiendo hasta mañana si me da la regalada gana, Jejeje, ¿Qué dices? ¿Tú quieres que te coja otra vez?, -don Pedro tras la pregunta se la queda mirando con su sonrisa desdentada, ella también lo mira con el azul oceánico de sus ojos, ella quiere mostrarse difícil con el viejo pero esta vez no puede, por lo que de sus rojos labios sale otra de sus estúpidas respuestas:

–No, no lo creo don Pedro, yo solamente le di de eso que Usted quería porque no había almorzado, -le responde Gaby siempre mirándolo, pero esta vez y gracias a don Pedro quien se lo recordaba, pensando en la humillación vivida cuando la vieja Ernestina hizo su triunfal ingreso a la sala en donde tenían al recién infartado Cipriano.

–Mmmm… aun así pienso quedarme a dormir aquí contigo y seguir cogiéndote al menos esta noche, ya se me quitaron las ganas de salir al estar contigo teniéndote encuerada, y no te preocupes por mi hermano, los médicos dijeron el otro día que por lo menos tiene tres meses para recuperarse, -le mentía el vejete para confundirla aún más todavía.

–¿Qué cosa me dice…? ¿Tres meses?, -le consultó Gabriela girando y levantando hacia el viejo la parte superior de su curvilínea complexión ante la mentira del calculador vejestorio, en su rostro se nota un dejo de preocupación al expresarse por lo que había escuchado, si bien el Don había terminado con ella eso no significaba que su persona se iba a olvidar así como así del hombre que la había hecho sentir mujer en tantas ocasiones, pero esta preocupación era por lo que tardaría don Cipriano en recuperarse, no importándole que su asqueroso cuñado le decía abiertamente que se la volvería a coger en el transcurso de esa misma noche.

–Lo que escuchas washita rica, son tres meses los que necesita Cipriano para recuperarse, y en todo ese tiempo mi otra cuñada no te lo devolverá así como así, Jejeje, ¿te das cuenta? Te estaré culeando por lo menos tres meses seguidos, ¡¡¡jajajaja!!!, -le dijo Don Pedro apretujándola más contra él obligándola a que ella otra vez quedara con su rostro posado en los fláccidos pellejos de su pecho, sintiendo así las tibias suavidades de la piel de su cuerpo recién bañadito, y siempre mirando esa cintura pecaminosa que al estar la rubia recostada de lado esta se pronunciaba aún más. El viejo solo se daba a pasar su mano por esa desquiciante zona sobándolo todo a la vez que pensaba y se confirmaba para el mismo que pretendía seguir cogiéndosela hasta convertirla en una verdadera puta, además que sabía que su hermano ya había partido de este mundo, ya le vería la forma de hacérselo saber a la rubia.

Gabriela quien sentía las cosquillas en la piel de sus caderas a causa de las rasposidades y peladuras de las manos del mecánico no dejaba de se sorprenderse con la seguridad en que le hablaba este, sumándole que ella no había escatimado los tiempos de recuperación de don Cipriano, pensaba también que si bien ella terminó acostándose con su cuñado llevada por la rabia y la desilusión no estaba en sus planes convertirse en su amante, pero serían tres meses en que su desleal macho estaría en manos de esa vieja gorda y fea que finalmente había logrado desplazarla, la odiaba.

En la mente de nuestra ex casada solo predominaban las palabras de don Pedro: “…los médicos dijeron ayer que Cipriano por lo menos tiene tres meses para recuperarse”. -¡Tres meses!, se volvía a repetir, -serían tres meses en que esa señora estaría atendiéndole y cuidándolo siendo que esa tarea le debió corresponder a ella y no a esa vieja. Luego recapacitaba pensando en que estaba equivocada, ella solo había sido la amante del viejo y no otra cosa, y que para rematarla este mismo se había dado el gusto de romper su relación con ella, en ese instante y en un fugaz momento de cordura lejanamente vio en su mente la imagen de Cesar y de Jacobo esperándola.

Estos últimos pensamientos devuelven a la rubia a la realidad, estaba a punto de ponerse a coger con el hermano de quien había sido su amante, eso no era correcto bajo ningún punto de vista se dijo de pronto, la sensación de culpabilidad le produjo una leve reacción de querer separase del cuerpo de don Pedro.

El viejo quien notó que la rubia tuvo una ligera intención de separarse de él la tomó con más fuerzas obligándola a mantenerse sobre su pecho a la misma vez que se dio a atacar su mente, sabía que esto funcionaría a su favor:

–Tú solo debes estar tranquila reinita, mi cuñada desde ahora atenderá como un rey a Cipriano ya que vuelven a estar juntos, además que tú misma viste en el hospital que él prefirió estar con ella que contigo verdad… ¿lo recuerdas? ¿Lo recuerdas?, -Gabriela con un sinfín de sentimientos contradictorios nuevamente recae ante las falacias del vil vejestorio, las efímeras imágenes de ver a su esposo y su hijo esperándola son reemplazadas por la de don Cipriano y la vieja Ernestina.

–Di… dijo que serían… ¿tres meses? ¿Se… Serán tres meses los que Cipriano va a estar siendo atendido por esa señora?, -Efectivamente de la mente de la ex casada desaparecieron los sentimientos de culpa, y volvían a predominar en ella los de la rabia e impotencia por no poder hacer nada al respecto y saberse desplazada por la esposa de don Cipriano.

–Sip, serán tres meses los que tardará en recuperarse y de ahí recientito podrá retomar su vida matrimonial con su “verdadera esposa”, -el viejo dijo lo último intentando hacerle ver otra vez que ella, es decir Gaby, simplemente había sido la otra.

La rubia en los últimos 4 días se había sentido tantas veces de esa forma (como la otra) que ya casi lo tenía asumido, desde que hubo abandonado a su familia por irse con el viejo mecánico de don Cipriano nunca lo había visto bajo esta nueva perspectiva.

Un sepulcral silencio quedó en la habitación en donde yacían acostados ante la tanda de verdades que estaba diciendo el que las hacía de macho, este mismo seguía atacando el alterado estado mental de Gabriela a la misma vez que al ya haber estado acumulando desde la última vez en que se habían acostado este ya se comenzaba a calentar de la misma forma a cómo lo había estado cuando la vio en la ducha hace un rato, al estar intentando envilecer aún más el temperamento de la rubia, cosa que estaba logrando, su verga nuevamente se comenzaba a parar haciendo movimientos de envaramiento entre ambos cuerpos, la hembra también la sentía deslizarse levemente en su vientre.

–Por eso mismo te digo lindura, que no es justo que tú te quedes aquí sola y sin poder hacer nada, -seguía insistiendo el caliente de don Pedro ya que notaba la inseguridad de la hembra, él no se conformaba solo con el amamantamiento que le habían brindado, él quería más, –después de lo visto en el hospital el otro día era lógico que el culero de Cipriano haya preferido a su verdadera familia, así que lo mejor es que sea yo quien te esté atendiendo desde ahora, Jejeje, a él lo atiende su vieja para mejorarlo mientras tú coges conmigo, eso sí es justo no. Es más, mira como ya me pusiste la verga, -dicho esto el vejete le tomó su manita haciendo (sin mucha oposición por parte de ella) que se la agarrara para que comprobara a ciencia cierta de lo muy parada que la tenía.

Por su parte la dubitativa ex casada veía como ella misma se mantenía bien agarrada a la verga del vejete desde la base, la miraba y sentía totalmente erecta, -se parecía tanto a la de don Cipriano, -se decía para ella misma viéndola y analizándola, mientras el viejo Pedro movía sus caderas despaciosamente con la única intención de que ella se siguiera acostumbrando a estar en esas condiciones con él.

La mente de Gabriela era un mar de sentimientos encontrados, se preguntaba en que momento ella había dado con esta situación, cuando estuvo casada con Cesar en ningún momento de su relación marital se había visto envuelta en una situación similar, salvo del tiempo en que llegó don Cipriano a su vida por supuesto, pero ahora, ahora se veía a ella misma pensándosela en aceptar la propuesta de su aprovechador cuñado temiendo de que este mismo tal como lo había hecho anteriormente solo deseaba sacar provecho de ella y de su cuerpo.

Sin embargo Gaby se la pensaba no porque don Pedro le llamara la atención ni mucho menos, simplemente era que con algo o con alguien ella debía desquitar su frustración, necesitaba quitarse esa rabia interior que aun sentía por todo lo que le estaba sucediendo, además que encontraba que don Pedro sí tenía algo de razón en lo que le decía, no era justo que su macho fuera atendido por su esposa legal y ella mantenerse sola después de la ruptura, -¿sería tan malo entonces dejarse coger por don Pedro ahora que estaba sola?, -esta descolocada pregunta se fundió en la mente de la confundida rubia, en tanto pensaba en todo eso, ella sola y sin que se lo pidieran ya le jalaba el cipote al vejete casi en forma instintiva, como si ella hubiese nacido para sobajear vergas, lo hace despacito y con cuidado para que a este no le doliera.

Don Pedro fijándose en cada uno de estos importantes detalles continua presionándola.

–Vamos rubia acepta que tú también quieres que yo te coja y te proteja desde ahora, Jejeje…, -el viejo la miraba en forma aborrecidamente caliente, alternando su vista entre la cara de la rubia y su manita que ya lo masturbaba bien rico, en su pervertida sonrisa solo se veía aquella parte negra y podrida de sus encías.

–Yo… yo no quiero eso que dice Usted…, -le dijo Gabriela ahora mirándolo seriamente pero sin dejar de deslizar su manita por aquel tronco grueso y duro que estaba palpando.

–No seas zorra para tus cosas ricura y ya déjate de tanta chingadera, a ti te encanta la verga y ya es hora de que lo aceptes, si mira nada mas como me la jalas, jejejeee

–E… Es… Eso no es así, a mí solamente me gustaba la de su hermano…, -le contestó contradictoriamente la rubia quien en su semblante ya comenzaba a imperar una vergonzosa ansiedad corporal, en ningún momento se la pensó en soltar el miembro del viejo, a pesar que este se estaba burlando abiertamente de ella.

–¿A si?, entonces… ¿porque te movías tan rico la última vez que estábamos culeando?, ni mencionarte de cómo cogías en el camper la otra vez, ¡¡jajajjaaaa…!!

–Eso… eso otro fue una equivocación de mi parte, -le dijo Gabriela refiriéndose al día en que se habían acostado al interior del camper en la feria que trabajaba el vejete, luego siguió, -y después solo lo hice por las circunstancias… usted bien lo sabe…

–Ps… no te creo rubia, tú tienes instintos de puta, es solo que no te has dado cuenta de ello,

–No me diga eso… eso no es verdad…, -le contestó Gaby llevando ahora su mirada otra vez hacia la verga, por cada jalón que ella le daba hacia abajo el brilloso y lubricado glande parecía encorvarse hacia el mismo lado por acción del frenillo, una reluciente y vistosa gota de líquido pre-seminal apareció por la punta de este haciendo que Gabriela tragara cúmulos de saliva.

–Sí que lo es, yo sé que tú te derrites por una buena verga, es más creo que te gustan todas, ya que tú vas y te acuestas con el primero que se te cruce, ¡¡jajajaaa!!

–¡Oiga…!, yo solamente me he acostado con su hermano y con Usted aparte de mi marido…, -se defendió Gabriela ante lo que le decía el desalmado viejo, la conversación por cada minuto que pasaba se desarrollaba con algo más de confianza entre ambos.

–Ahhhh claro, en eso tienes toda la razón, pero se nota en tu mirada el amor que sientes hacia la verga, ya verás que solo te falta un empujoncito y te darás a andar prestando la zorra y el culo a quien te lo solicite, ¡¡jajajjaaaa!!

Extrañamente a la rubia le pareció gracioso lo que aquel mal hablado viejo le estaba diciendo, por lo que en tono de reprimenda le contestó:

–Usted es un viejo ordinario, ¿cómo se le ocurre decirme esas cosas?, eso nunca ocurrirá…, -la rubia no pudo seguir hablándole ya que justo en ese momento tuvo que cerrar sus ojos fuertemente llevando su rostro hacia atrás estirando su garganta en forma brusca, a la misma vez que su cuerpo daba un fuerte estremecimiento de escalofríos que la llevaron a apretarle la verga con su mano sintiendo así todo el poderío de esta, ya que el viejo había ido llevando su resquebrajada mano desde una de sus nalgas hacia sus caderas para luego pasar a su espalda y justo cuando iba en plena espina dorsal de la bella Gabriela ella sintió la placentera y eléctrica sensación causada por la mugrienta y resquebrajada mano del vejete contra su suave piel lumbar que la hicieron estremecerse entera.

–Ya mamacita como tú digas, si mira nada mas como estas de lujuriosa que hasta te estremeces de calentura sin que yo aún te haga nada, jejejeje, y dime, ¿qué hay con las cogidotas que te estoy ofreciendo desde aquí en adelante?, ¿acaso dejarás que toda la familia de Cipriano se ría en tu cara?

–Ay… no lo sé, -le contestó Gaby incorporándose otra vez en aquella salida conversación después del rico escalofrío sentido, pensando en que mierda debía contestar, más don Pedro continuaba intentando convencerla, el daba por hecho que lo lograría al estar la rubia masturbándolo suavemente,

–Cipriano a estas horas debe estar comiéndose su papilla a manos de Ernestina, y tú aquí pensándotela como una mensa en vez de ponerte a coger conmigo.

Don Pedro veía como los grandes y relucientes pechos de Gabriela se inflaban producto de su ya un poco agitada respiración, y de cómo ella cerraba sus ojos sin dejar de jalarle la verga, el viejo ya casi daba en el clavo que la simple palabra “Ernestina” era el punto débil de la rubia, por lo que quiso seguir comprobando.

–No creo que quieras quedar como una verdadera estúpida gracias a “Ernestina” ¿verdad?

Tras un corto rato en que la rubia se dio a meditar en todo lo que le estaba diciendo su cuñado sobre las atenciones que le daría la señora Ernestina a don Cipriano ahora que ellos dos habían terminado, de cómo toda la familia de ella la habían visto derrotada y humillada salir del hospital, los rojos labios de Gabriela pronunciaron otra de sus más grandes estupideces, estos dejaron salir las palabras que el aprovechado vejete quería escuchar:

–T… ta… tal… tal vez talvez me deje, solo un par de veces…, -le dijo al fin.

–¡Trato hecho zorrita…! ¡Jejejejee!, -exclamó don Pedro riéndose con la misma algarabía de un crío de 5 años cuando este recibe un dulce por estar aprendiendo a escribir.

–Oiga… yo… yo aún no le he dicho abiertamente que si…, -Gaby le había soltado la verga, su manita estaba llena de líquidos venéreos provenientes de los testículos de don Pedro, por lo que la limpió deslizándola por uno de sus suaves muslos el cual quedó brillosamente contaminado con este tipo de líquidos.

–Ps… ps… entonces… ¿en qué topamos mamacita…?, -le preguntó el indeseable viejo con cara de preocupado, ya que él deseaba empezar a cogérsela con ella poniendo de su parte al estar convencida que toda la familia política de don Cipriano y con él incluido estaban en su contra, estas situaciones al viejo lo sobre recalentaban.

–Es que… es que… ¿y qué pasará si alguien se da cuenta que usted me lo está haciendo ahora que ya terminamos?, María o Pablo si se percataran de eso no dudarían en ir a contárselo.

El viejo casi se vomitó entero al escuchar semejante pregunta, la muy zorra de la rubia le había dicho en primera instancia que “tal vez se dejaría coger un par de veces”, y ahora le preguntaba lo que pasaría si alguien se daba cuenta de que ella y él ahora abiertamente se revolcaban en forma indeterminada, así al menos lo entendía don Pedro, Gabrielita sí que era una putita en potencia, se dijo al instante.

–¡Eso no pasara pendeja!, -los ojos de don Pedro, quien en esos momentos tenía su espalda apoyada en el respaldo de la cama, ya se estaban comenzando a enrojecer por la calentura, le excitaba en demasía estar poniéndose de acuerdo para culear con esa potente mujer rubia a espaldas de todos sus conocidos, –Además que yo soy tu ex cuñado, ¿qué hay de malo que alguien vea que yo vengo cada cierto tiempo a ver si te falta algo?, sería algo normal si me vieran venir ¿no crees…?

Don Pedro veía que la rubia se daba a seguir meditando en lo que él decía, luego de unos breves segundos ella volvía a hablar:

–Pero… pero… y Usted… ¿no se lo contará a nadie?

–A nadie lindura, este será un secreto solo entre tú y yo, y cuando Cipriano ya este repuesto y si es que se decide a dejar a “Ernestina” y hacer las paces contigo yo simplemente me desapareceré…

La rubia llevó la uña de uno de sus pulgares a su boquita comenzando a mordérsela con sus blancos dientes, señal en que si se la estaba volviendo a pensar, y el viejo sabía que estaba a solo un paso de lograr hacerla cometer otra zorrería sin tener él que obligarla,

–Entonces… ¿estás de acuerdo en que cojamos por las buenas ahora que Cipriano estará siendo atendido por su esposa?, -le preguntaba el muy miserable mirando ese impresionante cuerpazo brillante y desnudo de la mujer que él deseaba corromper.

Gabriela quien otra vez se mantenía con su cabeza apoyada en el fofo pecho de don Pedro pensó que no era justo que don Cipriano haya decidido irse con su esposa, la tal “Ernestina”, tampoco era justo que después de eso también el haya rompido su relación con ella, así que si él había decidido eso ella por lo tanto decidía dejarse coger por su propio hermano de ahora en adelante, además que nadie lo sabría, eso sí que era algo justo se dijo ya sin más, él tenía la culpa otra vez y no ella determinó finalmente la rubia en forma equivocada gracias a toda la vil estrategia utilizada por el aprovechador y caliente de don Pedro.

–Por… por favor… don Pedro, no se lo vaya a decir a nadie, yo… yo aún amo a su hermano…

–Entonces… ¿aceptas?, -el viejo sí que deseaba estar seguro.

Gabriela a modo de respuesta llevó nuevamente su mano a la verga y se la agarró con fuerza, apretándola y sintiéndola por el lado del tronco lleno de venas multicolores, como así mismo cerró sus ojos y le dijo…

–Si, si acepto…, pero solo lo haremos como amigos ¿oyó?

–Jejejejee, yo sabía que aceptarías mami, que tal si para celebrar este asunto entre amigos me das una buena mamada antes de que nos pongamos a coger para cerrar nuestro acuerdo… ya me dieron ganas de sentir nuevamente como te mueves con mi verga adentro tuyo…, Jejeje

La rubia en el acto subió su rostro para mirarlo fijamente solapando su culpabilidad en que era don Cipriano el responsable de todo lo que ella haría desde ahora, y con una de sus más hermosas y tímidas sonrisas le asintió a modo de respuesta, luego giró su cuerpo en forma delicada para ir poniéndose en 4 patas y junto con ello ubicarse felinamente en forma contraria a como estaba acostado don Pedro, fácilmente hasta podrían haber hecho el 69, bastaría en que la rubia levantara una de sus piernas para pasarla por sobre el vejete y quedaría lista.

Una vez ya estando la ex casada en la posición antes señalada con mucho cuidado pero con firmeza tomó la aceitosa verga de don Pedro desde la misma base peluda de esta, su blanca manita simplemente desapareció entre los gruesos pelos negros que ahí existían.

Los azules ojos de Gabriela ya se estaban devorando ese monstruoso falo nervudo que se encontraba solo a milímetros de su cara, otra vez veía como el glande pulsaba rápidamente dejando salir desde su punta copiosas cantidades de líquidos pre seminales que caían en forma de gruesas gotas trasparentes de moquillo, lo que la llevaron a que en forma instintiva le estampara un sonoro beso en la punta, luego de eso vinieron otros dos besos por los costados quedando su suave cutis manchado por vistosas muestras del líquido incoloro antes mencionado, y ya no existiendo nada que se interpusiera entre ella y ese fierro incandescente con su otra mano despejo su cara de sus rubios cabellos y sin esperar nada más fue abriendo su boquita para comenzar a engullirlo.

La rubia se fue metiendo la gruesa vergota de don Pedro lentamente en la boca, lo hacía con sus ojos cerrados y con concentración en la tarea, en alguna parte de su mente estaba la imagen de don Cipriano siendo atendido por doña Ernestina, esto le hacían poner más empeño aun a la mamada que le estaba dando a la verga de don Pedro deseando para sus adentros que este sintiera bien rico, además que por otro lado ella disfrutaba también de ese sabor salado que tenían los líquidos venéreos producidos por los testículos de su ordinario cuñado, así que puesta en cuatro patas y ahora apoyada en la cama con las palmas de sus manos, con ciertas imágenes en su mente que la animaban a perderse la rubia se daba a chupar verga como solo una verdadera licenciada en ese tipo de disciplinas podría hacerlo.

Don Pedro ya estando prácticamente enterrado en la cama solo se daba a bufar de placer con su cara desfigurada, sintiendo en su miembro como la lengua de Gabriela le envolvía el tronco y el glande al mismo tiempo, para luego volver a sentir como ella abiertamente se la succionaba de la misma forma en que lo hacen las terneritas hambrientas de leche, el exquisito efecto vacío que se producía entre la verga y la boca de Gabriela hacían creer al viejo que la rubia lo estaba ordeñando en venganza por la forma en que él también la había ordeñado a ella.

Ya iban por lo menos unos 10 minutos de rítmica mamada y la rubia parecía no cansarse de lengüetear, succionar y exprimir con sus labios esa gruesa barra de carne salada que la atendería por los siguientes tres meses, sus manos frotaban rápidamente la piel de esta hacia arriba y hacia abajo, como también a veces se la sacaba de la boca para brindarle sonoros besos en distintas partes de esta. En eso fue don Pedro que por miedo a correrse en su boca sin alcanzar a cogérsela se fue poniendo de rodillas en la cama y Gaby sin dejar de chupar lo fue secundando en sus movimientos hasta que el viejo ya estando arrodillado y en posición la tomó férreamente de su cabeza con sus dos mugrientas manos y empezó a moverla de atrás para adelante dirigiendo la velocidad de la mamada, sus pringosos dedos con uñas ennegrecidas por la mugre se perdían por los dorados cabellos enarbolados de Gaby:

–¡Chúpala más rápido pendejaaaaa!, ¡¡chupalaaaa!!, -exclamaba el vejete con sus ojos fuertemente cerrados a la vez que gozaba y sacaba fuerzas para no derramarse en los momentos en que se la ensartaba en esas tibiezas bucales.

Acelerados ¡Srppssss…! ¡Srppssss…! ¡¡Srppssss…!! ¡¡Srppssss…!!, -era lo único que se oía por respuesta de parte de la desnuda ex casada, todo parecía que la rubia también había estado esperando que todo eso sucediera.

–¡Ohhh! ¡Asiiii! ¡Asiiii perraaaaa!, ¡¡asiiiiiiii!!, ¡¡¡piensa en Cipriano y su esposa mientras me la mamas!!! ¡¡¡Argghhhhhhh!!!, -le exclamaba vilmente don Pedro mientras más profundizaba en aquella fresca boca que tan deliciosamente se la estaba mamando, notando que la rubia parecía ponerle más ganas con todas esas falacias que él le vociferaba.

Gabriela por su parte estaba siendo asaltada por una oleada de exquisitos escalofríos, las salidas palabrotas del vulgar vejete sí que la estaban prendiendo en demasía, la verga de a momentos salía expulsada de su boca en forma resbaladiza en donde ella aprovechaba de pasar su lengua por los testículos una y otra vez para luego volver a echársela en la boca y seguir mamándosela al ritmo que le marcaba el vejete, ni mencionar que con solo sentir en su boca lo muy parada y tiesa en que se encontraba la verga de don Pedro comenzó una chupada aún más decidida y recia,

–¡Frspsshhhhpss!, –¡Frspsshhhhp!, –¡Frspsshhhhpss!, –¡Frspsshhhhpss!, –¡Frspsshhhhpss!, -emitían los sensuales labios de la rubia salpicando salivas al momento en que la verga del viejo desaparecía entre ellos, este último solo estaba preocupado de la mamada que le daban y que él dirigía con la cabeza de Gabriela bien agarrada entre sus dos manazas deslizándola aceleradamente a lo largo de su poderosa herramienta hacia atrás y hacia adelante, de a momentos se la dejaba puesta a tope con sus testículos rosándole la barbilla y Gaby conteniendo el aire que le faltaba se daba a mover su cabeza circularmente también haciendo presión hacia la cintura de don Pedro si como realmente quisiera que le metieran hasta los testículos adentro de su boca, hasta que el vejete ya queriendo volver a probarla le retiró bruscamente la verga de sus labios empujándola quedando ella tirada de espaldas y con toda su boca bañada en líquidos trasparentes mientras tosía intentando recuperar aire para sus pulmones, el sonido de la retirada de verga de la boca de la rubia sonó a efecto destape de botella champagnera.

Don Pedro casi sin pensársela se quedó mirando su ajustada abertura vaginal, esta le atraía excesivamente, como un verdadero autómata fue ubicando su cabeza entre medio de las dos bellas piernas abiertas, se la quería lamer para probarla, pero se la veía tan rica que no se atrevía a poner su lengua en aquella jugosa hendidura femenina, el viejo no se aburría de mirarle la pelvis apenas jaspeada de suaves bellitos dorados que se encontraban solo a 10 centímetros de sus ojos, y la rubia quien lo miraba en forma desatada con su cabeza inclinada, y para hacerlo que se decidiera a chupársela lo antes posible no encontró mejor cosa que ubicar una de sus manitas al medio de su vagina y con sus dedos índice y medio procedió a separar sus rosados labios vaginales para que el vejete pudiera mirarle para adentro todo lo que él quisiera.

Ante la excelsa visión de carnes rosadas que tenía ante su viciosa mirada el ex cuñado de Gaby sacó su lengua lo que más pudo y simplemente se la empezó a devorar con más hambre de cómo cuando le chupó las tetas en los momentos en que lo habían amamantado, ese sabor dulce acido de los líquidos que la rubia le regalaba lo encantaban, por lo que su áspera lengua se introducía una y otra vez unos buenos centímetros al interior de la ondulante vagina para recoger con esta toda esa esencia femenina que la naturaleza de la hembra le estaba proporcionando, esto mismo hacía que la rubia le moviera su vagina en forma exquisita en su bocota por la propia acción de sus caderas, con ella empuñando las ropas de cama y gozando con la gratificante comida de concha que el vejete le estaba practicando.

Una vez que el viejo se sintió satisfecho con los sabores de la rubia y con su boca chorreante de líquidos femeninos este se fue montando sobre la entregada Gabriela quien sin que nadie se lo pidiera y con su respiración totalmente agitada producto de la calentura que estaba sintiendo le fue abriendo otra vez sus brillosas y suaves piernas para que él tomara la ubicación que le correspondía en la exquisita tarea apareatorea que ya se venía.

Estando el viejo ya montado encima de la hembra ubicó su grueso instrumento de carne en los rosados labios vaginales de la rubia, su vistosa guata caída se posaba y desparramaba en el suave vientre de Gaby quien ya estaba con sus ojos cerrados esperando a que se la metieran, ya que sabía el propósito del porque nuevamente la ponían en esa posición, ella en parte también lo había estado deseando desde ya hace rato, así que estando con sus formidables piernotas bien abiertas y recogidas esperaba lo que ella otra vez estaba dejando que sucediera.

Don Pedro desde su posición veía el bello rostro de Gaby esperando expectante lo que él quisiera hacerle, así que ya estando decidido a todo adentró la cabeza de su verga al interior de aquella dorada hendidura que se abrió y estiro dándole la pasada, el vejete lo hacía lento ya que solo deseaba ir sintiendo a cabalidad el intenso placer que le daría el cuerpo de esa hembra al momento de ir metiéndosela.

Gabriela por su parte cerró sus ojos al sentir el adentramiento del voluptuoso glande con el cual su sensualidad ya deseaba comenzar a familiarizarse, se sabía clavada a medias, y a ella otra vez le estaban dando ganas de ir por mas, por lo que no se la pensó para solicitar febrilmente lo que ahora necesitaba que le hicieran:

–¡Don Pedrooo… Metemelaaaaa!, -le dijo mirándole directamente a su viciosa cara,

El vejete que estaba tres veces más caliente que ella, ahora ni se la pensó para casi en el acto empujar hacia adelante terminando por metérsela tan adentro que sentía y calculaba que la había ensartado hasta pasada la altura de su ombligo.

–¡¡¡Ahhhhhhhhh…!!! ¡¡Ahhhhhh…!! ¡¡Ahhhh…!!, -fue gimiendo Gabriela entrecortadamente a medida que sentía el férreo avance de aquella lanza de carne que le habían ido metiendo. Su primer quejido de placer y aguante al sentir la potente aserruchada se escuchó vibrantemente en cada rincón de la solitaria vivienda, la rubia estaba con sus ojos en blanco siendo observada por el facineroso mecánico, la firme y placentera puñalada de carne que le metieron por la concha casi le hicieron desmayarse de excitación, aun así y una vez que supo tenerla bien embutida y que se la aguantaba toda se dio a animar al vejete para que la poseyera todo lo que él quisiera:

–¡Ohhhhhhh…! ¡Mmmmmm Mmmm…! ¡Donnnn… Pedrooooo…! ¡Q… Qu… Que ricoooooo…!, -le dijo la rubia con una leve expresión orgásmica en su bello rostro, con sus doradas cejas que estaban inclinadas hacia arriba, con sus ojos cerrados, y con sus sensuales labios rojos semi abiertos así lo demostraban.

Luego de unos largos segundos en que la mantuvieron firmemente ensartada abrió por fin sus azules ojos, estos estaban algo vidriosos fijándolos en algún punto indeterminado de aquella viciosa habitación solo concentrada en sentir toda esa carne caliente que nuevamente la rellenaban.

El vejete estaba feliz mirando el estado de la que era su mujer otra vez en esos momentos, pero que bien le habían resultado las cosas con el plan que había trazado, a este ahora poco le importaba la muerte de su hermano ya que gracias a eso mismo él podía estar nuevamente cogiéndose a esa atractiva hembra que el muy desgraciado había arrancado de un hogar de familia bien constituida.

–¡Jajajaja!, ¡¿Te gusta?! ¡¿Te gusta putaaaa?! -le preguntó tras otra brutal ahondada de verga que le propinó en su vientre,

–¡¡¡Ahhhhhhhh…!!!, -se quejó en el acto Gabriela tras este otro firme enviste que le pusieron, –¡¡Siiiii Donnnnn Pedrooooo…!! ¡¡Me… me encantaaaa!! ¡¡¡Ahhhhh…!!! ¡¡¡Pe… Pero que bien me… me… me la meteeeeee…!!!

–¡Argggggggghhh…! ¡¡Tu panocha me la succiona en forma exquisita pendejaaaaa…!!

–¡¡¡Ahhhhhh… Siiiiiiiiii…!!!, -le volvió a decir Gaby en forma ardorosa, ya que ella también sentía como su sexo sorbía esa larga vergota tan bien parada y dura.

–¡¡Esta cogida te la voy a pegar en honor a mi hermano y Ernestinaaaaa!! ¡¡¡Tomaaaaa…!!! ¡¡¡Tomaaaaa…!!! ¡¡¡Tomaaaaa…!!! -diciendo esto último el viejo se dio de lleno a darle furiosas embestidas de mete y saca que calaron hondo en el ardiente temperamento de la ex casada.

Gaby quien disfrutaba la bestial forma en que don Pedro se la metía y se la sacaba igual se la piensa en esto último que le dijo, y al contrario de sentir algún tipo de reacción que la hicieran recapacitar en la estupidez que estaba cometiendo, vio en su mente a ese par nombrado por el viejo como sus verdaderos enemigos en ese momento, ella debía hacer algo para castigarlos y no seguir sintiéndose burlada, por lo que abandonándose a la situación se puso a coger con su cuñado con ganas desmesuradas, eso de que a ella se la estaban culeando en honor a Cipriano y la vieja Ernestina la excitaron de tal manera que la hembra perdió íntegramente el control sobre su mente y todo su cuerpo, en forma descontrolada se la hace saber al ardiente mecánico.

–¡¡Así don Pedro así…!! ¡¡¡Me… métamela en… enteraaaaa!!!, -le dice casi en forma de ruego con sus brazos y manitas firmemente aferradas en la arrugada espalda del viejo, sus piernas se mueven abriéndose y recogiéndose por cada metida que le ponen. El enardecido viejo quien se mantiene con su cabeza ligeramente levantada mirándola mientras se la coge rítmicamente también le habla:

–¡¿Te gusta?! ¡¡¿¿Te gusta la verga putaaaaa??!!

Gaby no sabe qué cosa contestar, aunque si sabe que la están haciendo sentirse totalmente hembra, por ahora solo se da a coger con el viejo gozando todo ese placer que este le daba con su aparato, y don Pedro quien sentía como ella también se movía buscando sincronización con su cintura en los momentos en que él se la adentraba se dio a seguir convenciéndola de lo tan buena que era ella para la verga.

–¡¡¡Acéptalo zorraaaaa…!!! ¡¡¡Dime que tú si eres buena para la vergaaaa…!!!

El acelerado trabajo penetrador que hacía el grueso miembro de don Pedro en la vagina de Gaby poco a poco empieza a doblegar los pensamientos que existen en su mente, y llevada por todas esas exquisitas sensaciones que estaba experimentando le suelta a medias lo que el vejete ya deseaba escuchar:

–¡¡¡Ahhhhhh!!! ¡¡¡Ricoooo…!!! ¡¡¡Deme masss…!!! ¡¡¡Deme más v… vergaaaa…!!!

–¡¡¡Jajajjaaaa…!!! ¡¡¡Eso putaaaa…!!! ¡¡¡Esoooo…!!! ¡¡¡Suéltalo de una vez…!!! ¡¡¡Dime que tú eres buena para le vergaaaa…!!!

La mente de Gaby se ve colapsada, le encanta que el viejo le esté diciendo todas esas cosas en tanto se la está cogiendo:

–¡¡¡Siiiiiiiiiiiiii…!!!, -le exclama de una vez por todas a la misma vez que le suelta un abundante chorro de tibios flujos vaginales.

Don Pedro al sentir ese caliente rocío que le bañan su aparato cierra sus ojos y saca fuerzas de flaqueza para no correrse, y aminora sus movimientos a la misma vez que levanta su cuerpo hacia atrás abrazándose a uno de los poderosos muslos de la hembra el cual se lo posa en su hombro derecho, la otra pierna de la rubia se mantiene abierta y recogida por lo que el vejete puede ver nítidamente como su verga entra y sale de aquella dorada rajadura de carnes rosadas, él ya sabe que la rubia también puede seguir corriéndose como una endemoniada si saben calentarla.

–¡¿Si que…?! ¡Putaaaaa…!, -le pregunta al mismo tiempo que le pasa la lengua al tibio y suave muslo que tiene acaparado, su bocota está casi al lado de una hermosa rodilla femenina la cual ahora también lengüetea, su verga sigue entrando y saliendo en forma resbaladiza de la abertura delantera de la ex casada por la acción de sus huesudas caderas, en el momento que la rubia le responde:

–¡Siiii… yo… yo… soy buena para la vergaaaa…! ¡¡Ohhhh…!! ¡¡Diossss…!! ¡¡¡Diossssss…!!! -le admite Gaby en forma lasciva mirándolo con sus azules ojos que están más vidriosos que nunca, sus delicadas manos buscan tocar las rodillas de quien era ahora otra vez era su macho.

–¡¡¡Jajajjaaaa…!!! ¡¡¡Lo sabíaaaa…!!!, ¡¡¡así que toma zorraaaa…!!! ¡¡¡Tomaaaaa…!!! ¡¡¡Sientelaaaaa…!!!

Don Pedro quien ahora estaba prácticamente abrazado al sudado y brillante muslo de Gabriela se da a besárselo y lengüetearlo en forma apasionada, si pudiera hasta se lo comería, mientras la apuntala con frenesí, en sus lengüeteos también se da a mirarla, la ve con sus ojos cerrados y sus labios semi abiertos, sus chichotas rebotan alucinantemente productos de los movimientos de ambos, ya que la casada en ningún momento había dejado de menearse, el vejete se pregunta cómo es posible que de esas grandotas tetas en esos momentos no se escapara ninguna gota de leche, solamente las ve brillantes y aceitosas producto del sudor, en eso escucha lo que la hembra también tiene para decirle.

–¡¡¡A… As… Así… Así papiiiiiii…!!! ¡¡¡Se… se la siento enteraaaaaa!!! ¡¡¡E… es ricaaaaaaaa…!!! ¡¡¡Muy ricaaaaaaaaaa…!!!

–¡¡¡Jajajjaaaa…!!! ¡¡¡Que puta eres!!! ¡¡¡Que putaaaaaa…!!! ¡¡¡Toma entonces putaaaa…!!! ¡¡¡Tomaaaa…!!!, -el viejo Pedro se la metía echando su fofa cintura bien para atrás para luego con fuerzas adentrársela lo más firme posible, así una y otra vez, ¡una y otra vez!, para luego escuchar como la rubia parecía admitir su condición de puta ante él,

–¡¡¡Ohhhhhhh…!!! ¡¡¡Siiiiiiii…!!! ¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…!!!, -le exclamó ahora con sus ojos cerrados y buscando con sus temblorosas manitas levantadas el fofo pecho del viejo.

Don Pedro ante esto de un momento a otro abandona el muslo de ensueño que había echo suyo a base de sendos y asqueroso lengüeteos, este (el muslo) se vuelve a abrir y recoger al igual que el otro, para otra vez el viejo echarse sobre ella.

Con sus dos manos ennegrecidas por la mugre y el humo de motores don Pedro se da a despejarle con desesperación su rostro de Diosa, y le estampa un ardoroso beso con lengua el cual es aceptado en forma inmediata por Gabriela quien se lo corresponde juntando y revolviendo su fresca lengüita con la del vejete encontrándosela áspera y caliente, pero no le importó, menos en esos momentos.

El beso duró por lo menos 3 minutos bien contados en los cuales la pareja se da a culear con entusiasmo por parte de ambos, la cama se mueve y rechina rítmicamente amenazando con venirse abajo en cualquier momento, este es el inicio del mejor momento de la cacha, ambos ya están completamente sudados, pero ninguno de los dos quiere parar de moverse y de tener sexo. En eso el viejo abandona su boca para decirle encima de su cara:

–¡¡Di que eres puta pendejaaaaa…!! ¡¡Quiero que me lo admitassss…!!

Gabriela lo mira sintiendo abajo como la verga entra y sale de ella, su hediondo aliento de viejo bueno para el cigarro y el alcohol la atraen tal como en otros tiempos ocurrió con el hermano del hombre que ahora se la coge tan gratamente, ella quiere contestarle positivamente en retribución a lo rico que está sintiendo, pero aun así le cuesta:

–¡¡Mmmmmmm…!! ¡¡Ahhhhhhhh…!! ¡¡Es que n… no, no lo Seeeee!!!, -le suelta luego de un rato en el cual no paró de mover sus caderas al ritmo del vejete, cuando la verga le entraba ella movía su pelvis en espiral buscando ahondar más en ella ese grueso instrumento que le estaban metiendo.

–¡¿Como que no lo sabes…?! ¡¡Vamos diloooooo..!! ¡¿O acaso quieres que te la saqueee?!, -le dice el viejo a sabiendas de lo que está sintiendo la rubia ya que en su misma verga siente las atenciones que está recibiendo por parte de ella a bese de tibios y ricos apretones vaginales.

Ante esa singular amenaza la ex casada ya sabe lo que tiene que decir, ella por nada del mundo quiere que don Pedro se la deje de coger.

–¡¡Siiiiii don Pedroooo…!! ¡¡Yo… yo soy putaaaaaa…!! ¡¡¡S… so… soy una putaaaaaa…!!!, -le admitió finalmente.

–¡¡Jajajaja…!! ¡¡Claro que lo eres perra pervertida… ya verás todo el dinero que me harás ganar cuando te ponga a putear en la calleeeee…!! ¡¡¡Jajajajajaaaaa…!!!

La ardiente Gabriela escuchó eso como si se lo dijeran en otra dimensión, aun así gozando y todo pensó en que lo anterior eso de que ella era puta para sus cosas solo lo había dicho para darle en el gusto, pero por la forma en que se lo volvía a repetir el vejete le daba la impresión como si este lo estuviera dando por hecho:

–¡Yo… yo… no haré esooooo…! ¡¡Ahhhhhh…!! ¡¡Mmmmmm…!!, -las clavadas no dejaban de serle deleitosas.

–¡¡Claro que lo harás zorraaaa…!! ¡¡Y lo harás porque te gusta ser putaaaaa…!! ¡¡Solo piensa en todas las vergas que tendrás a tu disposiciónnn…!! ¡¡ya verás que en muy poco tiempo tendrás tu propio callejón para trabajarrr…!!, ¡¡¡jajajjaaaa…!!! Por ahora ¡¡toma…!! ¡¡¡Tomaa…!!! ¡¡¡Tomaaaaa…!!!

Con semejantes palabrotas e imaginándose a ella parada en un oscuro callejón publico ejerciendo la prostitución, y con la descomunal verga de don Pedro entrando y saliendo libremente por su íntimo conducto delantero Gabriela extrañamente fue víctima de innumerables y desquiciantes micro orgasmos que la hacían sacudirse y atenazarse con brazos y piernas firmemente al cuerpo del viejo que tan gratamente se la culeaba, los placenteros espasmos eran deleitosamente arrebatadores y confortables, en reiteradas ocasiones en el desarrollo de aquel acto de coito era Gabriela que con sus femeninos empujes de regocijante acople levantaban unos buenos centímetros en la cama al ajado cuerpo de aquel viejo pervertido quien solo se daba a bombearla como un verdadero enajenado tras haberle dicho los planes que tenía para ella, Gabriela también se movía guiada solamente por su femenina sensualidad para aplacar la intensa calentura que estaba sintiendo a causa de verse a ella como una puta de verdad.

El ordinario vejete seguía moviéndose frenéticamente echado sobre aquel curvilíneo cuerpo entregado, estaba con sus ojos cerrados y con una viciosa sonrisa dibujada en su demacrado rostro, sentía gratamente como su verga una y otra vez era bañada por los calientes líquidos que aquella Diosa le había comenzado a soltar desde el interior de su ranura vaginal, hasta que de tanto placer que le regalaba la rubia con sus frenéticos movimientos debajo de su cuerpo en donde literalmente ella ahora le chupaba la vergota con su vagina el vejete supo que ya todo acabaría prontamente:

–¡¡¡Ohhhh mamiiiiiiii…!!!, ¡¡¡vas a hacer correrme putonaaaaa…!!!, -le puso en conocimiento don Pedro cuando ya sentía que un torrente de semen estaba a punto de ser expulsado desde sus testículos a la verga, y de la punta de esta a la matriz de la rubia, a la vez que se la mandaba a guardar hasta el fondo de su vientre en una de sus últimas arremetidas. Gabriela también sabe que esto va a ocurrir por la forma en que sentía como se envaraba la verga al interior de su vagina, ella tampoco pudo más y decidió empezar a correrse junto con su horrendo cuñado incrustando sus uñas en las blandas nalgas de este haciendo fuerza contra ella para que este no se le saliera.

El viejo segundos antes de mandar el primer cañonazo de semen se apoyó con sus manos empuñadas en la cama por ambos lados de los brillantes hombros de Gabriela sabiendo que ella también estaba a punto de explotar, y queriendo ser aún más sublime y a la vez perversa la corrida de la hembra la animó que lo hiciera bajo sus instrucciones:

–¡¡Eso…!! ¡¡¡Eso…!!! ¡¡¡Córrete pendeja…!!! ¡¡¡Córrete con mi verga bien metida adentro tuyo y dedícale tu corrida a Ciprianooooo…!!! ¡¡¡Desquitateeeee…!!!, -le gritó ahondando aún más su verga al interior de ella.

La mente de Gabriela trabajó a mil ante esta salida instrucción del macho con el cual se estaba apareando, pero la sensatez la había abandonado desde hace mucho rato, la salida solicitud que le hizo don Pedro fue mucho para ella, incluso más de haberse imaginado a ella misma haciéndolas de puta callejera, ahora de solo imaginar una corrida en honor a don Cipriano quien al haber terminado con ella estaba siendo atendido por la vieja Ernestina algo hizo corte circuito en su alterado sistema neuronal y simplemente se comenzó a ir cortada con ansias literalmente demenciales.

–¡¡¡Ohhhhh Siiiiiiii…!!! ¡¡¡Me corrooooo don Pedroooo…!!! ¡¡¡¡Me estoy corriendo… en… en… h… ho… honor de… de… su h… her… hermanoooo…!!! –¡¡¡Ohhh… Diossssss!!! Diosssssssss…!!!, -le gritó finalmente a la misma vez que proyectaba sus caderas hacia arriba buscando hacer más perfecta la unión de su cuerpo con el de don Pedro.

El vejete conteniéndose para aguantar unos segundos más antes de disparar todo su semen la vio encantado como ella gritaba semejantes vilezas, la veía emitiéndolas con sus ojos fuertemente cerrados y moviendo su cabeza de un lado para otro en la cama, lo hacía de la misma forma en que se la estuvieran abofeteando.

–¡¡¡Otra vez putaaaa…!!! ¡¡¡Dilo otra vezzzzzzz…!!!, ¡¡¡jajajaaa…!!!

–¡¡¡Q… Que… Que me corrooooo p… pa… papiiiii…!!! me… me corro en honor a don C… Ci… Ciprianoooooooo…!!!!, -le gritó con una expresión orgásmica en su bello rostro que difícilmente se puede detallar, dicho esto último se abrieron al fin las compuertas de su ardiente feminidad y fueron varios chaparrones de caldos calientes que premiaron a la gruesa verga que tenía incrustada y pulsando adentro de su vientre, el vejete quien ya estaba más que satisfecho tampoco se pudo contener más:

–¡¡¡Eso putaaaa…!!! ¡¡¡Esooooo…!!! ¡¡¡Me encanta que te comportes como toda una zorraaaaa!!! ¡¡¡Ahí te voy yo tambiennn…!!! ¡¡¡tomaaaaaaa…!!!, -le gritó finalmente con su cara desfigurada por las fuerzas en que había estado conteniéndose, su tosco rostro a medida que soltaba los copiosos lecherasos en la matriz de la hembra iba cambiando a la del vicioso placer que sentía por estarse vaciando al interior de aquella belleza.

En los momentos previos de la genial corrida Don Pedro mantuvo enterrada su verga hasta la altura de sus testículos en el curvilíneo y brillante cuerpazo de nuestra adorable Gabriela, y notando el ímpetu en que esta empujaba sus caderas contra su enervado aparato, gritándole y haciéndole ver que ella se corría en honor de su hermano con su angelical carita totalmente desfigurada por el vicio del sexo este volvió a empujar su verga hasta lo más profundo de sus entrañas, y le soltó una no menor cantidad de potentes chorros de espeso y caliente semen, estos a medida que salían fuertemente escupidos desde su verga iban inundando fértilmente el útero de aquella preciosa hembra entregada que le grito lo que ella estaba sintiendo:

–¡¡¡Ohhh… Diossssss!!! ¡¡¡Diosssssssss… sí que lo sientooooo!!! ¡¡¡Échemelo todooo…!!! ¡¡¡Échame todo tu semen bien adentro cariñoooooo… donnnnn Pedro mi… mi… mi amorrrrrr…!!!, -le exclamó audiblemente la rubia más por lujuria que por sentimientos y ya casi sin aire que respirar cuando sintió todo ese líquido reproductor inyectado en su vientre, y por más que intentaba poner un fin a tanto goce su cuerpo no se lo permitía, Gabriela inconscientemente se masajeaba las tetas las cuales se le resbalaban de sus manitas por lo humedecidas en que estaban por el efecto sudor, la hembra estaba siendo asaltada por una infinidad de orgasmos cada vez más exquisitos que la hacían sentirse realmente en las puertas del cielo, los zarandeos que hacía su poderoso cuerpo en la cama y por la forma en que se retorcía y enarcaba su espalda en los momentos en que estaba siendo fertilizada así lo demostraban.

–¡¡¡Arrrrrhghhhhhh…!!!, -seguía aullando don Pedro como bestia en los momentos que ya le inyectaba sus últimas descargas, –¡¡ahí lo tienes puta de mierdaaaa…!!!, ¡¡¡Te estoy dejando tu estomago rebosante de mi semennnnnn…!!!!, ¡¡¡Arghhhhhhhhhh…!!!, -volvía a quejarse al sentir como esa ardiente y acuosa vagina se contraía apretándole la verga para que esta no la abandonara sin antes dejarle hasta la última porción de su semilla.

En forma gradual los movimientos y gritos de los amantes se fueron extinguiendo, el desfalleciente cuerpo de Gabriela poco a poco fue deteniendo sus movimientos de coito aun manteniéndose clavada en la verga del vejete, y este veía como la ex casada aun respiraba aceleradamente, vio también que en su bello rostro de Diosa ella aún mantenía una pequeña y viciosa sonrisa orgásmica.

Después de que a los minutos de haber terminado de tener relaciones y con Gabriela ya más calmada y desclavada se mantenía tal como había quedado después de haber sido cogida, es decir con sus dos bellas piernas bien abiertas y mostrándolo todo, una apacible sonrisa en su rostro era la de una mujer satisfecha, nada de lo que le habían depositado al interior de su brillante vagina escurría para afuera, el viejo con solo vérsela (la vagina de Gabriela) desde su posición posó su mugrienta manaza en ella, tocándola solo por encima, se la sentía algo tibia, pero fresca del mismo modo, rica. Fue en eso que Gaby al recordar que este último le había dicho que esa noche él deseaba quedarse a dormir con ella cerró sus piernas y luego estiró su desnudo brazo hacia el velador para apagar la luz de la lámpara, el viejo por su parte quien estaba destruido físicamente tapó ambos cuerpos con unas de las sabanas, y así, abrazados y en silencio en la oscuridad de la habitación, con cada uno perdido ahora en sus propias cavilaciones se quedaron profundamente dormidos.

(Continuará)