Hace algunos años intenté entrar a la facultad de medicina, pensaba ser medico pero el examen de admisión resultó ser más difícil de lo que esperaba; defraudado por mi mismo intente estudiar otra cosa y que mejor, si de la salud humana se trata, que la educación física, sé que es una gran diferencia la ciencia médica con los deportes pero resultó mucho más sencillo ingresar a la facultad de educación física además que iba a poder trabajar mientras siguiera estudiando, como practicante.
Realmente todo iba bien pero me esperaba otra desilusión, a la hora de repartir las prácticas quería, al igual que la mayoría, ingresar como practicante de entrenador de futbol, cosa que por lo abarrotado que estaba no alcancé lugar. Finalmente no quedó otro espacio más que entrenador de volibol en una universidad privada de dudosa calidad pero muy conocida por ser accesible y ser una opción para los muchos que no lograban pasar los exámenes de admisión de las universidades públicas.
El primer día de clases hubo muchos alumnos, treinta y uno, en su mayoría mujeres. A la siguiente clase las cosas cambiaron, veintiséis alumnos, y ya solo quedaban tres hombres. Comprendí entonces que el cliché sobre que el volibol era solo para mujeres estaba muy arraigado en la ideología de los jóvenes, y esto lo comprobé en la tercera clase cuando se formó lo que finalmente seria el grupo definitivo, veintiún alumnos, solo dos hombres.
A pesar de la poca afluencia de alumnos en mi clase, diferente a las de futbol con más de sesenta alumnos tan solo en la rama varonil o natación con casi cincuenta alumnos, comprendí que al menos venían bien intencionados y que, además, resultaban muy buenas para el volibol.
Las clases, dado que la universidad no tenía canchas propias, se llevaban a cabo en una unidad deportiva pública, por las tardes después de las clases universitarias. De modo que después de la práctica los alumnos se iban en grupos a las plazas o parques cercanos.
Conforme se deban las clases me iba dando cuenta de las verdaderas intenciones de los alumnos, todos eran buenos en volibol y mostraban interés pero, por ejemplo, ambos muchachos estaban ahí con la intención de conseguirse a alguna de las chicas y por otro lado había dos grupos de chicas claramente marcados y que al parecer rivalizaban, ellas eran todas de nuevo ingreso y estaban lideradas, prácticamente, por Grecia de un lado y por Leticia del otro; ambas eran muy buenas jugando volibol y siempre iban escoltadas por su grupo de amigas, ambas también eran muy bonitas, en especial Grecia aunque Leticia era por mucho más atlética y hábil en el deporte que su rival.
Después de la quinta clase me dirigía a mi departamento cuando la voz de una de las alumnas me detuvo. Se trataba de Paola, una de las alumnas de mayor edad, veintiuno como yo, y de las que iban a practicar sin mayor motivo que el gusto por el deporte. Había notado que Paola nunca llegaba ni se iba acompañada de modo que no me sorprendió que esa tarde me preguntara que pensaba hacer. Le respondí que no tenía nada que hacer y de una charla a otra terminamos tomando un café en una de las plazas cercanas. En ese momento no le tomé mucha importancia pero si noté que Paola estaba algo interesada en mi.
Tras la salida me dirigí por fin a mi departamento. Al llegar me encontré con Linda e Ignacio. Ignacio era mi compañero de departamento, juntos nos ayudábamos en los gastos que de otro modo nos resultaría más difícil pagar. El también estudiaba educación física y Linda era una de sus alumnas de las clases de natación que el daba como parte de sus prácticas en otra universidad. En ese momento Ignacio estaba sentado en el sofá con Linda encima de él piernas abiertas y mostrándome su monumental culo, él hurgaba con su dedo índice el aro del ano debajo del blanco calzón de algodón de Linda que le da un toque de inocencia, mientras esta restregaba sus senos desnudos en la cara de él. A pesar de lo poco normal de aquella situación ninguno de los tres se inmutó puesto que escenas como esas eran bastante comunes entre los tres.
– ¿No vas a unirte? – preguntó sonriente Ignacio.
– Si – le respondí – solo me daré un baño antes.
Aunque no tengo la menor idea de cuando hayan iniciado las cosas entre ellos dos lo cierto es que practicamos tríos desde hace un par de meses, este, si no mas recuerdo, debe ser la quinta vez. Ignacio comenzó sus prácticas algunos meses antes que yo y ese tiempo le bastó para conseguirse a Linda y a otras chicas más. Linda es una chica un poco extravagante y bastante abierta, por así decirlo; cuando no lo hace con él lo hace conmigo y otras veces, como les he contado ya, con ambos al mismo tiempo.
Ignacio y yo tenemos un físico muy similar dado la carrera que estudiamos, el es ligeramente más alto y delgado que yo pero en general nos vemos muy parecidos. Linda por su parte, y haciendo honor al nombre, es bastante linda; su cabello castaño oscuro, largo y rizado, le va muy bien a su piel de tono cobrizo, acentuado por los rayos solares durante las prácticas de nado. Sus ojos eran negros y su boca rosada parecía muy pequeña y junto con su nariz un poco puntiaguda formaban una cara delicada y poco común a mi punto de vista. A sus diecinueve años tiene unas tetas no muy grandes pero de una redondez casi perfecta, su culo, sin embargo, es una historia aparte, pequeño y redondo tiene una firmeza perfecta acompañada de una piel suave y lisa, quizás efecto de la natación y el agua clorada. Es delgada y algo alta de modo que parece una especie de Barbie y tiene una cintura tan esbelta que su pequeño culo y tetas se ven voluminosas en su cuerpo de adolescente.
Tras salir del baño vi a Ignacio sentado en el mismo lugar, ya completamente desnudo, disfrutando el sexo oral que Linda le propinaba; ella, arrodillada, seguía vestida tan solo con aquella braguita tan tierna. Ver el hermoso cuerpo de la chica me inspiró rápidamente a una erección completa.
Con mi pene listo me acerqué a ella quien no perdía concentración en darle una buena mamada a mi amigo. Me puse detrás de ella y sin mayor aviso y dado su ligereza le levante tomándola de las caderas y acerque sus nalgas a mi pene, ella volteó rápidamente y me miró consternada pero Ignacio le regresó la cara y junto con dos palmaditas en las mejillas le ordenó que continuara; con mi pie acerqué un taburete y lo puse frente a mí para que ella acomodara sus rodillas ahí. Comencé a sobar sus nalgas y la suavidad de sus bragas de algodón parecían combinar muy bien con la de sus nalgas, metí mi mano y con mi dedo pulgar restregaba el anillo de su ano y mi otros dedos, por su lado, sobaban su vagina húmeda, poco a poco le bajé su calzoncito y en su momento lo saqué de su pierna derecha solamente, de forma que las bragas quedaron colgando de su pantorrilla izquierda. Ya en posición, apunté mi pene hacia su depilada vagina y de un solo golpe se la enterré. Era la primera vez que se me ocurría tal cosa en ella y la escuché soltar un gemido, ahogado por el pene de mi amigo en su boca. Comencé a bombear mientras ella parecía mamar la verga de Ignacio a mi ritmo.
– ¡Más rápido Pablo! – dijo Ignacio, bromeando por que también noto la sincronía entre el bombeo que le daba a Linda y la mamada que ella le propinaba a él.
Tras un par de minutos en aquella posición el pene de Ignacio llegó a su punto de excitación y eyaculó sin más aviso en la boca de Linda, causándole una tosecita que la hizo parecer inexperta, tras aquel accidente se dispuso a limpiar con la lengua todo residuo de Ignacio mientras él se relajaba y yo seguía bombeando la vagina de Linda quien lanzaba a cada rato unos gemidos tiernos.
– ¡Ya! – gritó Linda, lo que para todos había quedado claro desde hace tiempo que era el aviso de su orgasmo – ¡Para, para por favor!
Algo cierto era que mientras más pidiese Linda que paráramos era cuando menos nos deteníamos y llegaba a un punto tal de placer que su cuerpo se dejaba caer por completo, en este caso, por ejemplo, cayó sobre los genitales cansados de Ignacio y este solo se limitó a acariciarle el cabello. Yo seguía fallándola aun cuando sus piernas no paraban de temblar. Ya no gemía sino que sus fuerzas estaban más dedicadas a respirar. Finalmente, cuando comencé a percibir que mi eyaculación estaba cerca me detuve, saqué mi falo de su mojada vagina y tomándola de los cabellos le dirigí su boca a mi pene, aun cansada comenzó a mamar suavemente y con los ojos cerrados, creando en ella un aura de inmensa ternura.
Tras unos momentos mis fluidos invadieron su boca y, tras lamer unas cuantas veces mi pene, se dejo caer acostada sobre el sofá. Ignacio le acarició sus piernas y, finalmente, ella me sonrió complacida.
– Bueno – dijo – ahora si me tengo que ir.
– ¿Tan pronto? – le pregunté.
– ¿Te parece pronto? – respondió – llevo casi dos horas haciéndolo con Ignacio, esto te pasa por llegar tarde – me dijo con una sonrisa picara.
Me pidió que le pasara sus bragas y aun acostada se las puso. Se levantó y conforme recogía sus prendas del piso se iba vistiendo. Se veía hermosa y solo hasta cuando se terminó de vestir fue que se me ocurrió preguntarle.
– ¿Y no te vas a bañar?
Ella no me respondió, tomó su mochila y se acercó a la puerta, la abrió, volteó hacia mí y dijo sonriendo.
– No, me gusta oler a puta.
Salió, cerró la puerta y solo se escucharon sus pasos por las escaleras. Volteé a mirar a Ignacio y este solo me sonrió. Me enjuagué y después Ignacio tomó una ducha. Pedimos una pizza a falta de comida en la alacena y mientras cenábamos charlamos. Platicamos varias cosas pero entre eso Ignacio lanzó una pregunta que ni yo mismo me había hecho.
– Y, en tu clase, ¿no conoces a alguna Linda?
– ¿A qué te refieres? – le pregunté consternado.
– Sabes a que me refiero, a alguna de tus alumnas a quien podamos poner cachonda.
– Estas loco, son mis alumnas no mis putas; Linda es un caso aparte.
– No te creas. – me dijo Ignacio – Linda era prácticamente una monja antes de que la convirtiéramos en lo zorra que es. ¿O acaso crees que las mujeres no tienen sus sueños eróticos?, ¿qué crees que sienta ella al tener un par de hombres a sus pies?
– Estas verdaderamente loco – le dije.
– Piensa lo que quieras Pablo, pero Linda no viene aquí solo porque si, viene porque le gusta y cualquier chica haría eso también, la diferencia es que jamás lo han hecho, necesitan experimentar.
Aquella noche me quedé pensando en lo que Ignacio me había dicho pero de verdad no encontraba en mi memoria algún indicio de que alguna de mis alumnas pudiese ser igual que Linda por lo que mejor concluí que las cosas que decía Ignacio no eran más que tonterías.
Por otro lado, sin embargo, debía admitir que algunas de mis alumnas me atraían bastante; Grecia que parecía una verdadera princesa, o sus amigas gemelas, Dulce y Karla, dos negras con unos culos hermosos y grandes que me daba el placer de mirarlos saltar durante los entrenamientos; Leticia, por su parte, era un caso extraño, tenía un cuerpo espectacular, el mejor de todos pero su cara era básicamente de fea pero que poco importaba con el cuerpo que tenia y que incluso la volvía algo interesante. Incluso Paola, que con su baja estatura y no muy delgado cuerpo tenía la interesante ventaja de tener unos senos enormes y una cara simpática. Sin embargo no podía imaginarme que alguna de ellas actuara algún día del modo que Linda lo hacía.

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