Mientras la bombeaba no podía parar de mirar fijo hacia su apetitoso ano, comencé de nuevo a tratar de lubricar aquel hoyo, de modo que con sus fluidos o saliva mía me inicié en la tarea de abrirle paso a mi dedo pulgar para que entrara en el recto de Leticia, ella lo notó y seguramente iba a protestar de no ser porque la callaba con fuertes embestidas que le hacían caer rendida. Quizás jamás se lo esperó, o quizás si, pero lo cierto es que, minutos después, cuando lo creí conveniente, saqué mi verga de su vagina y de un certero golpe incrusté poco más de la cabeza de mi falo en el adolorido ano de Leticia; esta parecía haber tenido una descarga eléctrica pues su cuerpo se paralizó y su espalda se movió violentamente haciendo que su cabeza se hiciese hacia atrás lo que aproveché para tomarla de los cabellos como si fuesen las riendas de una yegua e inmediatamente comencé a introducir más y más mi pene. Golpeando el sofá, como señal de rendición, Leticia me pedía desesperadamente que me detuviera mientras yo invadía y forzaba el esfínter de su ano.
– ¡Puta madre! – gritó – si no me dejas gritare fuerte.
No le hice el menor caso y seguí empujando mi verga, enterrándola en el culo de Leticia que a pesar de intentar gritar apenas y pudo lanzar un pequeño grito que después se transformo en quejas adoloridas para, finalmente, terminar en un llanto de derrota. Los últimos tramos fueron un poco más forzosos pero finalmente logré enterrar mi falo hasta lo que consideré era lo más hondo de su recto. Leticia lloraba, no sé si de dolor o de vergüenza pero por otro lado me parecía de lo más excitante tener mi pene inflamado invadiendo el inexperto culo de Leticia y hacerla llorar por eso. Empezó a hacer el sonido de moqueo, y parecía estar terminando de llorar.
– Cabrón – dijo lanzándome una mirada con los ojos húmedos de lagrimas – te pedí que por ahí no, me dolió mucho – finalizó con una voz cansada, una especie de ronroneo tierno que me tranquilizó al demostrar que más que enojada estaba asustada.
Sin embargo mi falo seguía adentro y entonces comencé con el mete y saca. Lo hice lento al principio, procurando no dañar más el adolorido ano de aquella belleza. Conforme lo iba haciendo paulatinamente más rápido noté que Leticia iba descubriendo lo excitante de aquella manera de follar y poco a poco sus quejas se transformaron en gemidos que a su vez se fueron acompañando de una palabra: más.
– Sigue – murmuró – sigue más, más…
– ¿Te gusta? – pregunté.
– Si – me dijo con una sonrisa pero cerrando los ojos del tremendo placer que le daba por todo su recto – gracias por no hacerme caso.
Paré un momento y haciendo movimientos bruscos y seguramente ridículos de alguna u otra forma logré sentarla en el sofá y pararme sobre el suelo sin sacar mi verga de su todavía durito ano. Abrí sus piernas y colgué sus piernas de mis hombros lo que me daba la oportunidad de penetrar básicamente hasta su intestino; pareció dolerle así que lo regresé a su antigua posición. Me miraba sonriendo pero no dejaba de gemir conforme la bombeaba, de pronto comencé a realizar un movimiento ligeramente más profundo y más rápido que la volvió completamente loca de placer.
– ¡Huurgh! – dijo totalmente excitada – esto se siente demasiado bien.
Seguía fallándola y ella parecía no tener ni las fuerzas de más para siquiera abrir los ojos, se encontraba en un estado tal de excitación que parecía próxima al desmayo, ya ni decía la menor palabra sino que lanzaba unos gemidos ahogados que parecían reprimirse un su garganta.
– ¡Por Dios, Pablo! – dijo totalmente cansada – ya me hiciste venirme varias veces, ¿te piensas venir en algún momento? – preguntó como desesperada.
Su cuerpo empezaba a caer rendido hasta el punto en que se desplomó del placer, cayó acostada como pudo sobre el sofá mientras yo seguía taladrando su culo sosteniéndola de la cadera. Seguí así y ella seguía dando unos gemidos bajitos que se iban haciendo menos nítidos y constantes conforme pasaba el tiempo. Finalmente eyaculé y mi semen rellenó su culo. Ella debió sentir el calor de mi leche por que junto con un gemido celebró que por fin había terminado.
Saque mi verga mientras ella seguía agotada sobre el sofá. Mi verga estaba un poco sucia de la mierda de Leticia pero nada del otro mundo. Busqué su baño y dado que en aquel, que seguro era de las visitas, no había regadera me conformé con limpiarme el pene en el lavabo. Lo enjuagué y enjabone con mesura, cuando termine busqué el papel del baño pero me encontré antes con el short de licra blanco que Leticia llevó ese día a las prácticas de volibol, su sostén y unas pequeñas braguitas que seguro llevaba también y que al parecer en su conjunto se las había quitado antes de entregárseme. Tomé las bragas y al tocarlas me enteré de lo mojadas que estaban; Leticia, entendí, estaba bastante cachonda. Después tomé su sostén y me sequé la verga y mis huevos con su prenda.
Regresé y Leticia estaba ya sentada en el sofá, me miró y no paró de verme con una sonrisa de lo más sincera y sexy; su posé era de total entrega lo que me puso caliente por simple reflejo y mi pene comenzó a endurecerse de nuevo. Me dirigí a ella y cuando estaba ya a unos dos metros ella se puso de pie, dio dos pasos e inmediatamente volvió a caer, esta vez arrodillada frente a mí; apenas su cabeza llegó a la altura de mis pene ella se abalanzó sobre él y lo engulló de una bocanada, esto fue la gota que derramó el vaso y mi pene comenzó a pararse dentro de su boca de forma que tuvo que dejar salir buena parte del pedazo de carne que se había tragado hacia momentos.
Como una experta comenzó a mamar con una rapidez y una precisión admirables. Su mano se restregaba con desesperación en su coño y no paraba de mirarme con sus ojitos bien abiertos que la hacían ver como una pequeña niña inocente. En un instante sacó mi pene de su fresca boca y me miró con dulzura.
– Gracias por todo entrenador – me dijo, con una voz suave.
Besó tiernamente la cabeza de mi verga y siguió mamándola con el mismo entusiasmo, no paró en ningún momento hasta que mi semen no se disparó dentro de su garganta. La muy cachonda parecía dispuesta a darme el mismo nivel de placer que le había dado hacia unos momentos por que sin la menor muestra de piedad siguió mamando mi verga aun después de que esta había eyaculado en su boca.
Sin embargo lo había logrado y busque el sofá desesperadamente y me desplomé en el. Ella se levanto sonriente, sacó su lengua y me mostró mi semen para inmediatamente regresarlo a su boca y tragárselo todo. Le lancé una sonrisa y ella volvió a echarse al suelo y comenzó a avanzar hacia mí moviéndose como gatita. Llevó su boca hacia mi entrepierna y comenzó a lamer todo residuo.
– Profesor – me dijo mirándome con su miradita inocente.
– Dime – le dije.
– ¿Quiere una limpieza sencilla o completa?
– La completa – le respondí riendo por su ocurrencia.
– Entonces tendrá que pararse.
Le obedecí e inmediatamente comenzó a lamer mi pene, después siguió con mis huevos a los que besó y chupó con su fresca boca, comenzó a rodearme y sin inmutarse lamió mis nalgas; eso ultimo me pareció extraño pero ella parecía dispuesta a cualquier cosa, de pronto paso a la línea entre mis glúteos y con su lengua recorrió toda mi línea del culo. En eso estaba cuando vi la hora en el reloj, faltaban cinco minutos para mi cita con Paola, el tiempo se me había venido encima. Estaba a punto de decirle a Leticia que debía irme cuando de pronto su lengua comenzó a restregarse en mi ano, intenté dar un paso para alejarme pero ella me detuvo.
– Déjese profesor – dijo sonriendo – solo le quiero dar un buen servicio – dijo pasando su lengüita entre sus dientes.
La situación no me agradaba del todo pero me pareció de pronto una buena oportunidad para saber hasta qué punto podía llegar esta zorrita. Me arrodillé sobre el asiento del sofá y entregue mi culo entre abierto a aquella putita. Inmediatamente continuó con su “servicio” mientras yo pensaba en lo que Ignacio me había dicho y en las posibilidades de convertir a Leticia en una de nuestras putitas del mismo modo con que lo hicimos con Linda.
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