Segunda parte de Educando a una malcriada, la hija de un amigo.
Al despertarme y  ver que Isabel dormía plácidamente abrazada a mí, comprendí que no había sido un sueño lo poco que recordaba de la noche anterior. Tratando de aclarar mis ideas, hice memoria de como esa zorra me había drogado y que no contenta con ello, había aprovechado mi indefensión para acostarse conmigo. Su falta de moral era tan enorme que sabiendo que nunca hubiera accedido a hacerlo, me había paralizado con drogas y ya inmóvil, no solo había usado mi pene como ariete sobre el que empalarse sino incluso me había obligado a comerle el coño.  Lo único bueno fue que se equivocó con la dosis y al liberarme antes de tiempo, castigué su infamia rompiéndole el culo.
De madrugada me pareció proporcionado pero, a la luz del día, pensé que el haber desflorado ese rosado esfínter había sido una cuasi violación y por mucho que ella había sido la primera en forzarme, temí que al espabilarse esa pelirroja quisiera ponerme una denuncia. Asustado más que  por las consecuencias legales por el tener que enfrentarme a Manolo cuando se enterara que me había tirado a su hija, me quedé quieto esperando que esa cría se despertara.
Durante al menos media hora, tuve que aguantar a mi conciencia machacándome el cerebro hasta que abriendo sus ojos, Isabel me miró sonriendo y dijo:
-¿Estás listo para echarme otro polvo?
La desfachatez de esa zorra me sacó de las casillas al dar por sentado que me apetecía reanudar una relación que nunca debió de tener lugar. Ni siquiera le contesté y zafándome de su abrazó, me levanté y directamente me metí al baño. Lo que no preví fue que esa niñata me siguiera e intentara entrar conmigo a la ducha.
-¿Qué haces?- pregunté impidiendo que cumpliera sus deseos.
Isabel, al comprender que no quería ducharme con ella, lejos de enfadarse,  se sentó en la taza del váter y mientras no perdía ojo de mi cuerpo desnudo, me soltó:
-¿No me jodas que después de follarme toda la noche, ahora te haces el estrecho?
Su tono alegre me dejo claro que no tenía ningún remordimiento por haberse tirado al amigo de su viejo pero cuando realmente mostró  su desvergüenza  fue cuando obviando que podía verla, se puso a mear mientras muerta de risa, me decía:
-Me arde el coñito por tu culpa- y recalcando sus palabras, separó sus labios demostrando que lo tenía rozado de tanto follar.
La ausencia de cualquier tipo de moral en esa chavala me encabronó y sabiendo que de haber un culpable no era yo si no ella, respondí de muy mala leche:
-¡Mira niña!  Si te duele el chocho, piénsatelo mejor antes de comportarte como una zorra.
Al oír mi respuesta, curiosamente, lo que le molestó no fue que le llamara zorra sino que le recordara su corta edad e indignada, salió del baño y haciendo un berrinche, me gritó desde la puerta:
-¡Te odio!
Su brusca reacción me hizo conocer que ese era su punto débil y aunque os parezca raro, eso me tranquilizó y tomando nota, terminé de ducharme  sabiendo que esa malcriada esperaría su oportunidad para devolverme la afrenta.
Acababa de vestirme para ir a trabajar cuando escuché que Isabel tocaba educadamente a mi puerta. Al abrir, la pelirroja me preguntó si al salir de la universidad podía traerse a una amiga a casa. Aunque no tenía ninguna duda que tramaba algo, le di permiso recordándole que todo lo que tenía prohibido.
La muchacha con su típico tono malcriado me contestó:
-Ya lo sé, ni alcohol, ni drogas.
-Tampoco te traigas ningún tipo a casa. No quiero ser encima quien le tenga que decir a tu padre que su bebita se ha quedado preñada.
– ¡Serás cabrón!  ¿Acaso anoche te pusiste condón?- exclamó muy cabreada por mi nueva referencia a sus pocas primaveras.
Pensando que a buen seguro, esa guarrilla me tendría preparada una jugarreta cuando volviera a casa,  me metí en el coche y me dirigí a mi oficina.
Al volver a casa, Isabel me presenta a su amiga.
El duro día a día de la oficina me hizo olvidar durante toda la jornada  a esa pelirroja. El trabajo que se había acumulado durante el fin de semana me tuvo tan ocupado que apenas comí y por eso cuando por la tarde, aterricé en mi chalet, lo primero que hice fue coger una cerveza del refrigerador y hacerme un bocadillo, tras lo cual busqué donde se encontraba la hija de mi amigo.
La encontré tomando el sol en la piscina con un bañador bastante coqueto pero en absoluto indecente. Cansado me senté en la tumbona de al lado y mientras daba un primer mordisco al bocata, pregunté:
-¿No ibas a traer hoy a una amiga?
Levantando su mirada, me sonrió diciendo:
-Está nadando. Cuando termine te la presento.
Os juro que no vi doblez en sus palabras porque al mirar hacia la piscina, observé una silueta de mujer nadando a crol por lo que olvidándome de ella, pregunté a la pelirroja que había hecho. La muy bruja soltando una carcajada me contestó:
-Cómo esta mañana amanecí con mi chocho adolorido tuve que buscarme alguien que me diera mimitos.
Estaba a punto de responder esa impertinencia cuando escuché que su amiga le pedía una toalla para salir de la piscina. La rapidez de la pelirroja para levantarse de la tumbona y llevarle una franela blanca me extrañó pero no dando a ese tema mayor importancia, di un sorbo a mi cerveza. Sorbo que se me fue por el otro lado al ver salir a su amiga del agua totalmente desnuda. Todavía seguía estornudando cuando plantándose las dos frente a mí, Isabel me la presentó diciendo:
-Javier quiero que conozcas a Mary.
La cría que era una castaña muy mona, se acercó y mientras se tapaba con la toalla, me dio un beso en la mejilla diciendo:
-Ya me ha contado Isa, el maravilloso amante que eres.
Cortado con la recién llegada por su franqueza y hecho una furia con la hija de mi amigo por su “locuacidad”, no pude mas que contestar con un escueto “gracias” a su confesión. Cuando ya creía que nada me podía sorprender, Isabel le susurró algo en el oído y con una expresión pícara en su rostro, la castaña permitió que la toalla se fuera deslizando hasta que quedó completamente en bolas frente a mí.
-Verdad que es preciosa- comentó la pelirroja mientras comenzaba a recorrer el cuello de su amiga con sus besos.
Nada me había preparado para esa escena y por ello, me quedé paralizado admirando como la malcriada iba acariciando con sus manos el cuerpo desnudo de Mary sin dejarla de besar. Testigo involuntario de esa demostración lésbica lo que realmente me impresionó fue percatarme de lo mucho que se parecían ambas mujeres. Delgadas y dotadas con un culo estupendo, ambas adolecían de falta de tetas y si a eso le añadimos que siguiendo la moda de rasurarse las dos llevaban el coño depilado, parecían un clon cuya única diferencia era el color del pelo.
“¡Son unas niñas!” exclamé mentalmente más interesado de lo que me gustaría reconocer. 
Mary azuzada por las caricias de su amiga y quizás también por la cara de pazguato que debía tener yo en ese instante, se dio la vuelta y se apoderó con pasión de los labios carnosos de Isabel. Mi situación era complicada, si me levantaba y me iba, parecería que las tenía miedo pero si me quedaba podría suponer que era un viejo verde, por eso aunque lo sensato hubiera sido huir, permanecí observándolas con la esperanza que viendo que no conseguían el efecto deseado, se cansaran y me dejaran en paz.
Desgraciadamente los hechos posteriores me sacaron de error porque Isabel, viendo que permanecía sentado en silencio, incrementó su  presión sobre mí, desanudando su traje de baño. Mary con sus pezones ya erizados, sonrió y mientras ayudaba a su amiga a despojarse del mismo, me preguntó:
-¿No quieres unirte?
-Todavía no- respondí aunque mi interior ya empezaba a darle vueltas a esa idea.
No dando importancia a mi rechazo, las dos ya desnudas se volvieron a besar a un metro escaso de donde yo permanecía sentado. La naturalidad con la que ambas se entregaban a Lesbos, me hizo afirmar que esa no era la primera vez que lo hacían y como si me hubiese leído el pensamiento, cogiendo uno de los pechos de su amiga entre los dientes, le dijo:
-Enseñemos al viejito como nos amamos.
El gemido que pegó la castaña al sentir el dulce mordisco sobre su areola me confirmó lo anterior y ya sin disimulo ni recato me puse a disfrutar de la escena mientras me terminaba la cerveza.
“¡Joder con las cría!” pensé al observar que Mary dejando caer su cuerpo, se arrodillaba y hundiendo su cara entre las piernas de la pelirroja, sacaba su lengua y se ponía a lamer con verdadera ansia el juvenil coño de su amiga.
La cabrona de la malcriada viendo mi interés en la maniobra abrió sus piernas y separando con sus dedos los pliegues de su sexo, se permitió el lujo de colaborar con la castaña mientras me guiñaba un ojo, retándome mientras su amiga lamía sin descanso el rosado botón que escondía entre sus pliegues.
-¡Sigue putita mía!-  gritó descompuesta al notar esa húmeda y continuada caricia.
El dulce insulto azuzó a la muchacha y con los gemidos de placer de la pelirroja resonando en sus oídos, introdujo uno de sus dedos en el sexo de Isabel con la intención de acelerar su orgasmo.
-¡Cabrona!- chilló al notarlo y no queriendo que ser ella la primera en correrse, obligó a su amiga a sentarse en uno de los sillones de mimbre que había junto a mi tumbona.
-¡Espera! ¡Deja que ponga la toalla!- le pidió Mary al notar la dureza de ese material.
Con rapidez la castaña colocó la franela de forma que al sentarse su trasero estuviera a salvo del mimbre y posando su pandero, miró a Isabel y le dijo:
-¡Comételo!
La hija de mi amigo no dudó en complacerla y hundiendo su cara entre los muslos de Mary, lamió con deseo sus pliegues antes de penetrar con la lengua en su interior.          La escena que me estaban brindando esas dos terminó de alborotar mis hormonas y con la mirada fija en el coño de esa chavala, me saqué la polla y acercándome por detrás, la puse entre los cachetes de Isabel.
La pelirroja al sentir mi pene jugueteando con su entrada trasera sonrió y mientras se echaba hacia atrás para forzar el contacto, incrementó la velocidad con la que se comía el coño de su amiga. Mary, al notar que Isabel no conformándose con usar su lengua, acababa de introducir un par de dedos en su sexo, gimió como loca pidiendo más. Ese fue el momento culmen que me indujo a forzar con un movimiento de caderas su esfínter:
-¡Dame duro!- gritó la malcriada al experimentar como mi verga violentaba su estrecho conducto.
La aceptación de la muchacha disolvió cualquier reparo que tuviera a volver a hacer uso de su culo y por eso, le incrusté de un solo golpe toda mi extensión.
-¡Me duele!- protestó pero al segundo empujón, muerta de risa, rectificó diciendo: ¡Pero me encanta!
-¡Serás puta!- contesté y recalcando mis palabras con hechos, azoté su trasero marcando el ritmo con el que la penetraba.
El duro tratamiento exacerbó a la pelirroja y colapsando sobre el cuerpo de su amiga, se corrió dando berridos.  Mary al escuchar su placer, se contagió de él y mientras se pellizcaba los pezones con dureza, buscó presionando con una mano sobre la roja melena su propio orgasmo. Interpretando el deseo que se leía en los ojos de la castaña, azucé a Isabel a que acelerara la velocidad con la que sus dedos se la estaban follando. De forma que en menos de un minuto y mientras yo seguía cabalgando sobre el culo de la otra, de la garganta de Mary surgió un colosal berrido muestra clara de que había llegado al clímax.
La certeza que ese par de zorras habían obtenido su dosis de placer, permitió que me lanzara en pos del mío y convirtiendo mis penetraciones en fieras cuchilladas, castigué su esfínter a un ritmo creciente hasta que con un aullido mi verga explotó regando sus intestinos con mi simiente y agotado me dejé caer sobre su espalda. Tras unos minutos soportando mi peso, Isabel se deshizo de mí y levantándose, le dijo a su amiga:
-Luego te toca a ti disfrutar del viejo.
Y abrazadas las vi marchar al interior de la casa, dejándome en mitad de la piscina deslechado y humillado por igual. Os juro que fue entonces cuando indignado, decidí que esa puta se arrepentiría de haber jugado conmigo y recogiendo mi ropa, me dirigí  hasta mi cuarto a planear mi respuesta.
Proyecto su castigo.
Tras cavilar durante largo rato, comprendí que mi venganza debía de ser total para que a esa malcriada no se le volviera a pasar por la cabeza el intentar nuevamente tomarme el pelo. Con mi cerebro azuzado por la humillación sufrida, me imaginé muchos castigos pero ninguno me convenció por no ser definitivos.
Cabreado decidí irme a dar una vuelta, esperando que al cambiar de aires me viniera la inspiración. La fortuna quiso que en la barra del bar donde aterricé, la camarera me preguntara que me ocurría. La amistad que creció a lo largo de meses donde ella me servía copas y yo pagaba, me permitió explicarle cual era mi problema. Madisson una vez había terminado, muerta de risa, me contestó:
-Lo que una mujer no acepta es que el hombre que ella cree tener en sus manos, la ignore y regale todas sus atenciones a otra.
-¿Me estás diciendo que la ponga celosa?
-Así es. La muy tonta sin darse cuenta te lo ha puesto en bandeja. Tu error ha sido follártela a ella en vez de a su amiga.  Si te hubieras tirado a la castaña, tendrías a la pecosa comiendo de tu mano.
El sentido común que escondían sus palabras me convenció y dándole las gracias, pagué la cuenta y me fui a casa. Al llegar como tantas tardes, fui al salón y cogiendo un libro de la estantería, me puse a leer mientras esperaba que la hija de mi amigo hiciera su aparición.
Tal y como preví, la malcriada al enterarse de mi vuelta no tardó en bajar a donde yo estaba. Al verla entrar con un diminuto top y un más exiguo short, supe que venía con la clara intención de molestarme, por eso, levantando la mirada saludé y reanudé mi lectura. Mi ausencia de respuesta, le divirtió y buscando incrementar mi humillación, comentó como si nada:
-Me encanta la facilidad con la que los hombres caen ante cualquier mujer que se les ponga a tiro.
Lo que esa pelirroja no se esperaba es que dejando el libro a un lado, le soltara:
-Tienes razón te resultó fácil y aunque todavía me parece inconcebible, en cuanto eché el ojo a tu amiga, me resultó irresistible.
Mi respuesta la descolocó y más cuando poniendo cara de deseo, comenté:
-No te haces idea de cómo me apetece tirármela- y recalcando mi supuesto embeleso, seguí diciendo: -Mary es impresionante. Solo pensar en que tal y como le dijiste esta noche va a estar entre mis brazos, me trae loco.
Al escucharme, se enfadó y haciendo como si no se lo hubiera llegado a creer, me respondió:
-Si tanto te atraía porque me follaste a mí y no a ella.
-No creo que quieras saber la verdad- contesté y viendo que esperaba una respuesta, le dije: -¡Eras el único culo que tenía a mano!
Mis palabras cayeron como un obús en su infantil autoestima y roja de coraje, se levantó y desapareció rumbo a las escaleras. Sentado en mi sillón, disfruté del dulce sabor de la victoria y sabiendo que vendría su contraataque, me preparé mentalmente para reaccionar a sus acometidas. Cómo en ese momento no estaba cachondo, mi intención era conseguir que  Isabel se comiera todos y cada uno de sus desplantes y si para ello me tenía que acostar con Mary, lo haría.
Mientras recapacitaba sobre ello, no me cupo duda que la maldita pecosa estaría comentando a su amiga nuestra conversación y por eso cuando al cabo de cuarto de hora, la castaña apareció por la habitación supe que la había mandado ella para comprobar si era cierto. Cumpliendo con mi papel, le pregunté si quería una copa. La jovencita contestó que sí y con todo el descaro del mundo, se aposentó en el sofá dejando al aire un buen porcentaje de sus muslos.
-Estás preciosa- comenté mientras servía dos rones con cola.
Tras lo cual me senté frente a ella y empecé a preguntarle lo típico: qué estudiaba, donde vivía… A la muchachita le encantó ser el centro de atención y disfrutando de tener a un maduro como yo solo para ella, olvidándose del cometido que traía empezó a tontear conmigo preguntando cosas de mi vida.
Como hombre experto en esas lides, le fui narrando mis éxitos y algún fracaso para irla interesando, de forma que al cabo de veinte minutos ya la tenía comiendo de mi mano. Siendo tan joven, no solo  le impresionó mi alto nivel de vida sino también el número de países que conocía y supe que estaba a punto de caramelo cuando entornando sus ojos, preguntó:
-¿Y por qué todavía no te has casado?
La respuesta obvia hubiese sido contestarle que porque no había encontrado todavía la mujer pero en vez de ello, respondí:
-No soy fácil de cazar- y nada colocar ese anzuelo a su alcance, le dije: ¿Te apetece salir a cenar conmigo tú y yo solos?
Mary dudó unos instantes porque eso no era lo que había quedado con Isabel, pero el reto que suponía seducirme la convenció y cogiendo su bolso, se levantó diciendo:
-Vámonos antes que me arrepienta.
Interiormente satisfecho, pasé mi mano por su cintura y la llevé hasta el garaje. Una vez allí, al comprobar que estaba admirada que mi coche fuera un Porsche último modelo, pregunté agitando las llaves frente a su cara.
-¿Quieres conducir?
La inocente cría no vio la red que estaba tejiendo a su alrededor y con sus ojos brillando de emoción, contestó cogiéndolas al vuelo:
-Me encantaría.
Era tanta sus ganas de conducir ese deportivo que al ponerse al volante, pude observar que involuntariamente sus pezoncitos se marcaban bajo la tela de su vestido y sabiendo que no iba a protestar, dejé caer una mano sobre sus muslos mientras arrancaba.
-¿Dónde vamos?- preguntó con genuina alegría.
Mi plan era impresionarla y que durante el viaje de vuelta, calentarla de una forma tal que no dudara en meterse en mi cama. Por eso, le comenté si conocía el Mark’s American Cuisine. Mary al escucharme, comentó:
-Claro, es el mejor restaurante de la ciudad pero dudo que podamos ir, hay que hacer la reserva con semanas de anticipación.
-Por eso no te preocupes- respondí- yo siempre tengo mesa.
La sorpresa que leí en su cara, ratificó mi decisión y aprovechando que la castaña conducía, llamé al dueño un viejo amigo que me debía un par de favores inconfesables. Tras colgar y mientras acariciaba suavemente su pierna, le solté:
-Acelera que nos están esperando.
La cría que jamás había infringido el estricto límite de velocidad de Texas no supo que hacer por la que tuve que darle un empujoncito y presionando su rodilla, subí sin parar las revoluciones del coche hasta que vi que el velocímetro marcaba cien millas por hora. Esos ciento sesenta kilómetros por hora que en España nos resulta hasta normal es una velocidad disparatada en los Estados Unidos por lo que la cría sudando la gota fría se puso tensa al volante.
-Disfruta princesa, el Porsche tiene un anulador de radar por lo que a menos que veas un coche de policía, no desaceleres.
Dominada por esa carrera desenfrenada, Mary no fue consciente que se le había subido la falda, dejando a mi libre observación el tanga blanco que tapaba su entrepierna.  Al verlo y sin cortarme  en lo más mínimo, me lo quedé mirando y al comprobar que lo tenía totalmente encharcado, riendo le solté mientras lo rozaba con un dedo:
-Te ha puesto cachonda la velocidad, ¿Verdad putita?
-¡Sí!…- alcanzó a decir antes de que mi caricia le obligara a soltar el acelerador.
Obviando el peligro que suponía el masturbarla siendo una conductora novel,  aproveché su disposición para retirando la tela pasar mi yema por sus pliegues antes de concentrarme en el botón de su entrepierna. La pobre cría al experimentar en su clítoris ese  tierno pero continuo toqueteo, no duró mucho y por eso cuando al fin aparcó frente al restaurante ya se había corrido un par de veces y por eso tuve que esperar unos minutos a que su respiración se normalizara.
Ya más tranquila, me miró sonriendo y me dijo:
-Eres un cabrón. ¡Nos podíamos haber matado!
Descojonado, la cogí de la melena y acercando sus labios a los míos, le solté:
-Pero te ha encantado.
Mary totalmente entregada buscó mis besos con una pasión que incluso a mí me sorprendió y por eso muerto de risa, pregunté:
-¿No prefieres dejarlo para después de la cena?
-¿Dejar el qué?- dijo haciéndose la niña buena.
– El que tú y yo nos acostemos.
Al escucharlo, en plan zorra abrió la puerta del coche y posando su mano en mi bragueta,  cogió entre sus dedos mi miembro mientras me decía:
-Solo si me prometes que al volver a tu casa, seré tuya.
Mi respuesta consistió en un azote en su trasero y pasando mi mano por la cintura, entramos al local. Tal y como había adivinado, Mary quedó apabullada por el lujo de ese restaurante y creyéndose por primera vez miembro de su selecta concurrencia fue saludando a todas las mesas en plan diva.
Modelando a todos su belleza, meneó su estupendo pandero mientras seguíamos al camarero. Comprendí que no solo estaba luciéndose frente a la galería porque que de alguna manera, Mary quería mostrarme que, teniéndola a mi lado, la gente envidiaría mi suerte.
Mis sospechas quedaron confirmadas cuando habiendo ya ocupado nuestros sitios, la castaña entornando sus ojos en plan coqueta me soltó:
-Me tienes desconcertada y no sé a qué atenerme. ¿Cuál es tu relación con Isabel?
-Ninguna- respondí. – Es solo la hija de un amigo que por idiota tengo que soportar.
Al oír el modo en que me refería a la pelirroja sus ojos adquirieron un brillo extraño y con tono meloso, insistió:
-Eso no es lo que dice ella.
Ya interesado, le pregunté qué era lo que decía esa malcriada.
-Según Isabel, estás enamorado de ella y por eso le has pedido que se fuera a vivir contigo.
-¡Será puta!- exclamé indignado y hecho una furia, expliqué a su amiga los verdaderos motivos por los que la pelirroja vivía conmigo. Tras escucharme atentamente al terminar, cogió mi mano diciendo:
-Me alegro- contestó sin poder ocultar su satisfacción.
Ya abierta la veda, decidí hacerle la misma pregunta porque me convenía saber qué tenían esas dos crías entre ellas para saber mejor como atacarlas. Mary poniéndose como un tomate, me contestó:
-Quizás no te lo creas después de vernos en la piscina, pero entre Isabel y yo solo hay una buena amistad.
Que esa muchacha disfrazara de amistad una clara relación, me serviría de base para obligarla a traicionar a la malcriada y por eso haciendo que la creía,  pregunté:
-¿Te apetece reírte esta noche?
-Claro- respondió- ¿En qué piensas?
Con una sonrisa, le expliqué mis planes…
Volvemos a casa.
Conociendo de antemano que nos íbamos a encontrar a Isabel cabreada,  aparqué el coche y sin hablar, agarré de la cintura a Mary y con ella, entré en a la casa. La castaña seguía nerviosa porque no en vano iba a traicionar a su amiga pero curiosamente, esa perspectiva la tenía cachonda y con su coño completamente encharcado, deseaba que llegara el momento en que la pelirroja apareciera.
-Estoy tan cachonda que me lo va a notar en cuando me vea- susurró en voz baja mientras le servía una copa en el salón.
Todavía no había terminado de servirlas cuando Isabel entró en la habitación y sin ni siquiera mirarme, se enfrentó a su amiga preguntándole de donde venía:
-Javier me llevó a cenar.
Echa una furia, la malcriada le recriminó por haberla dejado sola pero entonces la muchacha se acercó dónde estaba ella y pegando un pellizco en uno de sus pezones, le contestó:
-Hice lo que me pediste. Javier ha aceptado acostarse con las dos.
Aunque en teoría había conseguido su propósito, la pelirroja comprendió que algo no cuadraba cuando me vio sacar una cámara de fotos de un cajón.
-¿A qué viene la cámara?- preguntó.
Sin llegarla a contestar y mientras yo ajustaba la cámara de fotos, Mary empezó a desabrochar los botones del camisón de su amiga.
-¡Qué coño haces!- protestó indignada al notar que sin pedirle su opinión la estaba empezando a desnudar.
-Para que pase la noche con nosotras, Javier quiere tener pruebas de que fuimos nosotras quienes lo seducimos y por eso me ha pedido que demuestre que eres una zorra bisexual.
Os podréis imaginar el cabreo de la pelirroja. Furibunda y colorada, apartó las manos de su amiga de sus pechos y dándose la vuelta, me enfrentó diciendo:
-¿Es eso verdad?- en sus ojos no había deseo sino desprecio pero aun así su cuerpo la traicionó cuando mirando con descaro sus pechos, descubrí que tenía los pezones duros.
Soltando una carcajada, desgarré su vestido y dejándola desnuda, contesté:
-Sí. Desde que llegaste a mi casa, te has comportado como una zorra y ya es hora de que te demuestre quien manda- y aprovechando su cercanía, la besé.
Indignada, me soltó un tortazo y tratando de zafarse me insultó, pero muerto de risa la reduje y llamando a su amiga, le solté:
-¿Te apetece castigarla?
Sin llegárselo a creer, Isabel escuchó a Mary contestar:
-Sí, amo.
La pelirroja nunca se hubiera imaginado que la mojigata de su amiga se excitara pensando en someterla y por eso cuando Mary me preguntó con su voz marcada por el deseo si tenía una cuerda con la que atarla, le sorprendió sentir que su coño se licuaba. Fue entonces cuando respondí que tenía algo mejor y sacando de un cajón una fusta y un collar con correa, se los di.
Al verla con ellos en la mano, Isabel no pudo evitar temblar de pasión y comportándose por primera vez en su vida como una sumisa, se arrodilló a sus pies mientras la castaña disfrutando de su nuevo poder ser desnudaba. Reconozco que me encantó observar esa escena y más escuchar a Mary exigir a la pelirroja que se masturbara mientras ella se despojaba de su ropa.
“Increíble”, pensé al comprobar que obviando cualquier reticencia, Isabel llevaba su mano a su entrepierna y se ponía  a masturbar con rapidez.
Descojonada, la castaña le recriminó ser tan puta y llegando a su lado, le ató el collar al cuello y tirando de la cadena, la obligó a ir de rodillas hasta el sofá donde me había sentado. Una vez allí, con la fusta empezó a azotarle su trasero  mientras cámara en mano me dedicaba a inmortalizar el momento.
Fue entonces cuando la pelirroja me volvió a sorprender porque, al sentir  la caricia del cuero sobre su culo, le gritó:
-¡Dame duro!
Sus palabras fueron el acicate que Mary necesitó para montarse sobre ella y tirando de su collar, obligarla a recorrer la habitación con ella sobre su espalda. Comportándose como su jinete, la cogió de la melena con una mano mientras con la otra usaba la fusta para forzarla a gatear, de manera que durante unos minutos fue su montura hasta que cansada por el juego, se bajó y mirándome, me pidió permiso para empezar.
-Es toda tuya- respondí mientras seguía sacando fotos.
La castaña al escuchar que le daba mi autorización, usó la fusta para penetrar el coño de su amiga.
-¡Qué gusto!- aulló al notar la intrusión del aparato y retorciéndose sobre la alfombra, le pidió que no parara.
La total entrega que mostraba su amiga junto con mi presencia fueron el detonante para que dejándose llevar por su excitación Mary obligara a su montura a tumbarse boca arriba, tras lo cual sentándose a horcajadas sobre su cara, le exigió que le diera placer. Isabel también estaba sobre excitada y adoptando una actitud sumisa, separó con sus dedos los pliegues del chocho de la castaña y comenzó a lamer con desesperación.
Satisfecha, Mary aprovechó el instante para seguir torturando el sexo de la pelirroja con la vara y mientras violaba  cada vez más rápido su cueva, se dedicó a pellizcar brutalmente sus pezones.
-Ahhh-  gimió Isabel al sentir que su amiga le retorcía una de sus aureolas mientras la insultaba llamándola “puta lesbiana”.
Isabel dominada por su papel, usó su lengua para penetrar en el sexo de su amiga. Mary al sentir que estaban llegando al orgasmo y que sentado en el sofá yo no perdía ojo de lo que sucedía, decidió que era el momento que habíamos previsto y me pidió que me desnudara. Como personalmente estaba como una moto, en pocos segundos, me empeloté y acudí a su lado.
Ocupada con el coño de su amiga, Isabel no cayó en mis intenciones hasta que Mary la obligó a ponerse de rodillas con el culo en pompa. La pelirroja intentó protestar diciendo que no quería pero obviando sus quejas, la castaña le dio un bofetón y la forzó a seguir comiéndole el coño mientras yo me ponía a su espalda. Isabel trató de evitar que mi contacto en cuanto que mi glande jugueteaba con su sexo.
-¡Muévete todo lo que quieras!- le grité mientras un solo empujón metía toda mi extensión en su cueva.
Al introducir mi falo, descubrí que esa zorra estaba empapada y por eso ni siquiera la dejé acostumbrarse antes de acelerar mi ritmo. Concentrada en el coño de su amiga, Isabel movió sus caderas facilitando mi intrusión sin dejar de lamer una y otra vez el clítoris de Mary.
-¡Eres un putón!- la castaña soltó a la malcriada al comprobar que recibía con gozo las embestidas de mi pene.
Entonces decidí dejar clara su claudicación y cogiendo sus nalgas entre mis manos, las abrí y metiendo un dedo en su interior, susurré en su oído:
-Lo estoy grabando todo. Sonríe a la cámara mientras te doy por culo.
-¡No, por favor!- gritó acojonada que quedase grabada su degradación.
Su rechazo solo consiguió incrementar mi morbo y presionando su esfínter, lentamente fui horadándolo mientras la malcriada no paraba de gritar. Su sufrimiento lejos de provocar compasión en su amiga, azuzó su excitación y mientras le soltaba un fuerte azote en el trasero, me reclamó que la penetrara sin piedad, diciendo:
-¡Haz que esta puta sufra!
Incitado sus palabras, cabalgué salvajemente sobre ese culo. Mis embestidas ya de por sí rápidas, alcanzaron un ritmo infernal que derribó una a una todas sus defensas hasta que contra toda lógica, el dolor se transformó en placer y berreando, Isabel se corrió sobre a alfombra.
-No quiero- protestó al sentir todo su cuerpo temblando de placer.
Su mente todavía seguía luchando contra la idea de ser usada como mercancía mi cuando al experimentar que ese orgasmo no terminaba sino que se iba acrecentando de manera exponencial, se dio por vencida y gritando me rogo que no parara.  Al escuchar su rendición, la cogí de la melena y usando su cabello rojizo como riendas, me lancé en un desenfrenado galope mientras su amiga se dedicaba a azotar su espalda con la fusta.
-¡No puedo más!- chilló y cayendo desplomada, su mente se quebró al asumir estaba disfrutando del papel sumiso que le habíamos adjudicado.
La claudicación de Isabel no menguó la excitación de su amiga que deseando demostrar que estaba de mi lado, me soltó:
-Amo, fóllese esa boca de puta.
Asumiendo que deseaba humillarla al tener que comerse mi verga aún manchada con los restos de su intestino, saqué mi pene de su interior y lo llevé hasta su boca. Isabel no quiso o no pudo negarse y por eso abriendo sus labios, dejó que incrustara mi pene en su garganta. La propia excitación de la pelirroja hizo que no pusiera reparo en limpiar con su lengua mi verga.
El saber que esa malcriada estaba en mis manos, me terminó de calentar y sabiendo que no tardaría en expulsar mi semen, forzando su garganta la avisé de  mi inminente eyaculación. Mary muerta de risa, azotó nuevamente su trasero mientras le ordenaba  que se tragara todo. Por eso cuando exploté en el interior de su boca, tuvo que engullir mi simiente mientras, incomprensiblemente, un brutal orgasmo la paralizaba por completo.
Agotada, Isabel se dejó caer sobre la alfombra y sollozando por su debilidad, se quedó mirando como Mary y yo nos besábamos mientras nos reíamos de ella y de su desamparo…
Epílogo.
Desde esa noche, Mary e Isabel comparten mi cama. Sus cuerpos casi adolecentes son míos y aunque nunca había sentido preferencia por comportarme como dominante, me he convertido en su amo y ellas en mis dos perritas sumisas.
La malcriada nunca volvió a España y cuando su padre la llamó para preguntar por su retorno, le tuvo que reconocer que estaba preñada y que el padre de su retoño era yo. Como os imaginareis perdí un amigo pero eso no me importó al saber que todas las noches, la pelirroja y su amiga me esperaban desnudas deseando complacer hasta el último de mis deseos.
 
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