…Fueron de los peores dias de su vida para Antonio. Paseaba durante muchas horas y se daba cuenta que prácticamente todo el tiempo su mente estaba en aquella muchacha. Caminaba y recordaba cada minuto que había estado junto a ella. Revivía mentalmente aquella noche en que la había conocido. La sensación indescriptible que se adueñó de él cuando la desnudó por primera vez. . Sabía perfectamente que nunca volvería a acariciar un sexo como el de Laura. Miró al cielo y dio gracias por haberle dado ese regalo. Su rostro cambió mostrando rabia, enfado. Maldijo en alto por no tener cuarenta años menos y no poder estar con ella. Cuando llegaba a casa la sentía vacía.
            Laura quedaba con sus amigas y con su novio por las tardes, necesitaba distraerse y no pensar en ese señor. Se sentía triste. Cuando estaba a solas con su novio lo abrazaba y sentía que era muy distinto abrazarlo a él que a Antonio. Amaba a Pedro pero no podía evitar esa sensación de tristeza. Cuando estaban solos en casa hacían el amor y nunca sentía lo mismo que con Antonio. Muchas veces deseaba sentirse de nuevo besada entre las piernas pero no se atrevía a pedírselo.
              Como cada noche Antonio se tumbó en la cama y pensó en la muchacha. Recordó el intenso momento en que subiendo las piernas al sofá, habían quedado expuestos a su mirada el coño y el ano de Laura. Se excitó al recordar como aquel tímido agujero se contraía y dilataba por el placer que su boca le producía, Antonio se bajó el pantalón y comenzó a masturbarse. Alargando el brazo abrió el cajón de la mesilla de noche y metiendo la mano sintió la suavidad de aquella tela. Sin dejar de acariciarse acercó la prenda a su cara y olió con profundidad. El olor íntimo del coño de Laura acarició su nariz y penetró en su cuerpo. Se corrió al instante. Aún con la respiración agitada miró la braguita y se acarició la cara con ella. Desde el día de la despedida de Laura se había tenido que masturbar todas las noches pensando en ella. Sus ojos se humedecieron y no pudo evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas…
              Laura había terminado de ducharse y sonó el teléfono. Era Pedro que como cada día la llamaba para desearle buenas noches. Hablaron un rato y colgaron. Laura como todas las noches desde aquella triste tarde se quitó las bragas y se tendió en la cama. Separó las piernas y sus manos separaron sus nalgas. Se avergonzó al sentir placer cuando su dedo acarició su ano. Su vagina se mojaba muchísimo al recordar y ella humedecía su dedo con el flujo. Aquellos movimientos circulares sobre su agujerito del culo le producían un inmenso placer. Poco a poco este se relajaba y Laura lo sentía abrirse despacio. El orgasmo la sacudía con intensidad cuando su dedo entraba un poco. Laura se ponía triste al pensar que nunca sería capaz de vivir esas sensaciones con nadie. Ni loca podría pedírselo a su novio.
               Pasaban las semanas y Antonio se desesperaba. Desde hacía unos días una idea rondaba su cabeza pero la verguenza  le impedía dar ese paso. Aquella tarde leyendo el periódico vió aquel anuncio y sin pensarlo dos veces decidió llamar. Le había dicho que llegaría en media hora o así.  Estaba nervioso. En sus sesenta y cuatro años de vida jamás había estado con una prostituta. Cuando llegó la observó detenidamente y la cara aniñada de aquella muchacha le recordó a Laura. Vestía de manera muy sensual pero sin llegar a delatar su profesión. Se extrañó que una jovencita como aquella se dedicara a eso. Apenas se dirigieron la palabra. Una vez en el salón aquella joven comenzó a desnudarse provocativamente delante de Antonio y una vez desnuda lo abrazó. Él muy nervioso le acarició la espalda. La joven buscó su boca pero él sólo deseaba una cosa y se lo pidió.
        – Por favor, siéntate en el sofá – su voz entrecortada delataba su nerviosismo.
      Aquella joven se sentó obedeciendole y vió como aquel hombre se arrodillaba delante de ella. Aquel señor sujetó con delicadeza su pie y lo subió al sofá. Inmediatamente hizo lo mismo con el otro pie. Con aquella postura sentía que aquel viejo le estaba mirando con atención su coño y su ano. Cerró los ojos al notar como las manos de aquel señor le separaban las nalgas. Pensó que había dado con el típico cliente que deseaba realizarle sexo anal. En silencio rogó que aquel hombre fuera delicado al hacerselo. Antonio observó detenidamente el coño y ano de aquella joven. Tenía un sexo hermoso, delicado, rosado, apenas coronado por un triangulito de vellos rubios. Se fijó en su ano también hermoso y lo acarició con la yema de su dedo índice. La muchacha se estremeció al sentir la ternura de aquella caricia en lugar tan íntimo. Muchos hombres la habían realizado sexo anal pero ninguno la había tocado ahí de manera tan tierna. Sorprendida sintió que aquel viejo la estaba excitando. Antonio miraba fijamente aquel agujerito tan delicado y acercó su cara a él. Besó aquel ano delicadamente y se sintió tremendamente extraño. Separó su boca de él y lo volvió a observar. No entendía lo que le pasaba. Llevaba semanas deseando poder volver a vivir eso. Encima el ano de aquella muchacha era tremendamente hermoso, la muchacha mostraba su agrado por lo que le hacía, en cambio él no fue capaz de seguir.
              – Gracias por ser tan dulce  – Antonio se levantó y buscó su cartera y sacó un billete de cien euros – toma, no he debido llamarte, lo siento…
              – He hecho algo mal? – le preguntó la joven confundida.
              – No, no te preocupes. Eres adorable. Soy yo que no puedo seguir con esto.
            La muchacha se vistió y antes de irse le dio un beso en la mejilla a Antonio.
               – Gracias por ser asi de tierno
             Antonio la miró marchar y se maldijo por no poder olvidar a su Laura.
            En esos momentos al otro lado de la ciudad Laura estaba abrazada a su novio. Tenían la casa para ellos solos.Pedro la besaba y ella se sentía feliz de estar con él pero se sentía muy confundida.Desde que había conocido a Antonio su cuerpo no reaccionaba de la misma manera con Pedro. Era como si fueran dos cuerpos totalmente opuestos. Con Antonio su cuerpo se excitaba mucho, hasta se avergonzaba de pensar como su vagina se mojaba con tan solo pensar en aquel señor. Con su novio necesitaba de muchas caricias y besos para que su sexo reaccionara . Con Antonio alcanzaba orgasmos intensos que llegaban a asustarla por placeres tan desconocidos. Con Pedro sentía placer simplemente…
           Laura recordaba a Antonio y desabrochó la camisa de su chico y apoyó su cara en el pecho desnudo de él. Deseó que su novio tuviera un pecho lleno de vellos como Antonio.Besó aquel pecho y descendió con su boca lentamente. Llevaba semanas deseando volver a hacer una cosa y ahora solo podría hacerlo con su novio. Desabrochó el pantalón y lo bajó. Pedro estaba excitado. Con su novio nunca había hecho aquello pero necesitaba hacerlo. Bajó su slip y vió el pene de su chico. Estaba erecto. Recordó el sexo de Antonio, su boca deseaba volver a sentirse penetrada por él pero sabía que aquello no podía ser. Antonio la había apartado de su vida. Tenía que ser el sexo de Pedro el que suplantara el de Antonio. Su boca besó el excitado miembro y Pedro gimió. La miró sorprendido. Su novia nunca le había besado la polla. Los labios de su chica rodearon el glande y comenzó a chupársela…
            Laura enseguida retiró su boca del sexo de su novio. Lo rodeó con su mano y comenzó a masturbarlo. Mientras lo hacía no pudo evitar pensar que era distinto chuparle el sexo a Antonio. Sorprendida se dio cuenta que aún siendo mucho más feo el sexo de aquel señor, le gustaba mucho más su sabor y le producía sensaciones mucho más intensas, sentirlo frotar su lengua. Mientras lo masturbaba ella separó sus piernas , permitiéndole a su chico observar su vagina desnuda. Laura ansiaba volver a sentir que alguien se la besaba. Pedro comenzó a acariciarsela. Se masturbaban mutuamente. Laura gimió. Se avergonzó al darse cuenta que por momentos cerraba los ojos y pensaba que era la mano de Antonio la que la estaba acariciando su sexo. Deseó volver a sentir su vagina atrapada en su boca…
         – Te gusta? – entre gemidos logró pronunciar aquella pregunta a su novio.
         – Lo que cariño?
         – Mi coño… – haciendo un esfuerzo logró superar su vergüenza.
         – Supongo que es como todos, no?
        Aquellas palabras de su novio cayeron como un jarro de agua fría en ella. Para Antonio su vagina era según él, la más suave y bonita y ahora su novio decía que sería como cualquier otro sexo de otra chica. Laura sintió rabia y lo comenzó a masturbar más deprisa. Quería hacerlo correrse y marcharse a su casa. Enseguida consiguió su propósito y se vistió deprisa. Al llegar a casa se encerró en su cuarto y se masturbó. En todo momento pensaba en Antonio. Sus intensos orgasmos fueron disimulados tapando su cara con la almohada. Se quedó relajada y comenzó a llorar. Amaba a su novio pero se dió cuenta que nunca podría ser feliz sexualmente con él.
          Mientras Laura se dormía llorando, Antonio se desnudaba por completo y tumbandose en la cama abrió el cajón donde guardaba aquella prenda. Al sentir el tacto de la tela en su mano su sexo se hinchó hasta alcanzar una tremenda erección. Se sorprendió al darse cuenta que acercando la braguita a su cara, comenzó a olerla como otras veces , pero esta vez lo hacía por la zona de atrás. Olió con deseo la zona de la prenda que había estado en contacto con el ano de aquella muchacha. La excitación de ese acto lo empujó a mover la mano que agarraba su polla con mucha rapidez. Se corrió recordando el ano de Laura en su boca…Durante unos minutos y aún jadeante por el orgasmo pensó en Laura. Comprendió que era inútil intentar olvidarla.
            Laura y Pedro se divertían con sus amigos y amigas. El chico notaba como algo distante a su novia desde la última tarde que estuvieran solos en su casa. Habían decidido salir esa noche a bailar a la discoteca. Pedro bebía con sus amigos y Laura bailaba cerca. Las chicas de la pandilla solían estar más cerca de la pista de baile pues les gustaba divertirse bailando.
             Antonio salió de casa como cada madrugada a caminar por la ciudad. Miró el reloj y eran las tres de la mañana. A esa hora sabía que sería complicado pasar por delante de la discoteca cercana a su casa , pues era la hora que comenzaban a llegar todos los jóvenes. Observó que había una larga cola para acceder a las instalaciones del local. No pudo evitar recordar a Laura. Instintivamente la buscó con su mirada entre toda aquella gente. Suspiró. Parecen ganado, pensó mientras dejaba atrás el local y seguía caminando hacia el centro de la ciudad.
             Laura mientras bailaba miraba a su novio. Estaba bebiendo mucho esa noche. Sintió calor y decidió ir al baño a refrescarse la cara. Al pasar por delante de la puerta de salida sintió una extraña fuerza que la empujaba a salir de la discoteca. En la calle pensó en Antonio y sintió su cuerpo estremecerse. Ni siquiera pensaba lo que estaba haciendo cuando comenzó a caminar hacia la misma dirección que aquella noche que se había emborrachado. Cada paso que daba su cuerpo era invadido por un intenso cosquilleo. Vió el portal y se avergonzó. Sus manos temblaban al acercarse al portero electrónico. No fue capaz de pulsar el botón. No soportaba la idea de ser rechazada por ese señor. Se sentó en el portal sin saber qué hacer.
             Antonio caminaba de regreso a casa. De nuevo ese tramo delante de la discoteca lo hacía sentirse enojado. Maldecía a aquella juventud ruidosa. Su mirada volvió a buscar a Laura entre la multitud. Pensó que quizás estaría dentro. La imaginó bailando, riendo con sus amigas. Estaría bebiendo como aquella noche que la conoció? Se preguntaba para sí mismo. La mayoría de los jóvenes que estaban fuera habían salido a fumar. En la cola de acceso al local había apenas cinco personas. Se detuvo pensativo y se puso en la cola. Enseguida se encontró en medio de aquella multitud ruidosa. Pensó que la mayoría estaban borrachos. Los jóvenes lo empujaban y estuvo tentado de dar media vuelta e irse para su casa. Como pudo se dirigió hacia una de las barras del local. Estaba bastante llena de gente. Antonio buscaba con la mirada. Había jovencitas de la edad de Laura bailando. A su lado en la barra un grupo de muchachos bebían y reían…Se sintió un estúpido en medio de aquellos jóvenes. Muchos lo miraban como un bicho raro. Allí no pintaba nada, o quizás sí?…
              Había estado media hora sentada en el portal y decidió regresar a la discoteca. Sus amigas y su novio estarían preocupados por ella. No le fue difícil entrar porque casi no había gente sacando entradas. Fue hacia la barra donde estaba Pedro y desde lo lejos lo vio riendo con sus amigos. Sintió rabia de no verlo preocupado por ella. Laura se acercaba hacia ellos y sus amigas la vieron, le hacían gestos de que fuera a bailar con ellas. Cuando apenas le faltaban unos metros para llegar donde ellas, Marta vio que Laura cambiaba su cara. Esta miraba hacia donde estaba Pedro. Allí estaba el novio de su amiga y los amigos, había un señor muy mayor de espaldas a su lado…
                 Laura sintió sus piernas debilitarse cuando vio que detrás de su novio había un señor de pelo blanco. Su corazón comenzó a latir desbocado y mientras se acercaba ese señor se giró quedando frente a frente. Era Antonio…
                  Antonio se giró y de frente la vió a escasos cinco metros. Se sintió un adolescente al comprobar que se ponía nervioso. Allí estaba ella. La muchacha que lo había hecho volver a sentir la emoción de encontrarse con un ser amado. Allí estaba esa muchacha que lo había vuelto a hacer sentir erecciones intensas como un adolescente con solo pensar en ella, con solo rozarlo. Pedro la miró y se sorprendió al ver la cara de su novia. En su cara después de muchos meses había vuelto a reflejarse la felicidad. Desconcertado se dió cuenta que esa cara de felicidad no era por él. Su novia miraba más allá de donde él se encontraba. Girándose vio que Laura miraba a ese señor mayor que llevaba un rato allí detrás de ellos. Pedro pensó que era imposible. Laura mostraba felicidad por mirar a ese señor. Antonio apartó a aquel muchacho para poder acercarse a ella. La tenía a un metro escaso y le acarició la cara. Laura se estremeció al sentir de nuevo aquellas manos en su piel.
                 – Laura, perdóname cariño – su voz era temblorosa.
                 – Antonio…. – Laura se abrazó a él con fuerza, apoyando su cara en su pecho- ..no tengo nada que perdonarle. Lléveme a su casa por favor….
            Antonio sintió su corazón sobrecogido de emoción. Sintió una erección intensa con solo sentir el abrazo de esa muchacha. Laura sintió sus pezones endurecerse totalmente como piedras. Sintió su vagina derramarse de deseo sobre la braguita al sentirse de nuevo abrazada a ese señor….
             Pedro no supo ni pudo reaccionar. La cara de su novia cuando miraba a ese señor se lo había dicho todo. Se sintió bloqueado cuando vió como se abrazaba a ese hombre.
              – Lo siento….- fue lo único que Laura le pudo decir a su novio antes de verla girar y marcharse de la mano de ese señor que podría ser su abuelo…
             Marta que había presenciado toda la escena estupefacta , se quedó asombrada. Nunca había visto esa cara de felicidad en su amiga…

¡SEGURO QUE TE GUSTARÁ!