Correctamente uniformado Sebastián se presenta en el lujoso Country Club de la ciudad. Pantalones cortos azules, polera blanca y zapatillas. Ahí, gracias a los contactos de su padre, consiguió un trabajo de ayudante los fines de semana y hoy será su primer día laboral. Si bien la idea de tener que trabajar sábados y domingos no le agrada mucho, la necesidad tiene cara de hereje y Sebastián necesita dinero para darse algunos gustos, ya que su padre no está dispuesto a subirle la mesada pese a sus buenas notas. “Si te subo la mesada a ti, también tendría que hacerlo con tus hermanos”, le dijo.

De pie al borde de la piscina Sebastián escucha el sermón de la jefa de personal que les detalla las labores del día y que deben esforzarse por mantener el buen nombre y reputación que tienen. “Siempre dice lo mismo, discurso repetido” comenta uno de los chicos que ya lleva un tiempo trabajando ahí. Sebastián es por lejos el más bajo de todos y por lo mismo es el objeto de algunas bromas, pero se las toma con humor.

Rápidamente se pone manos a la obra y su primera labor es asear el borde la piscina y la terraza principal. Una labor tediosa y pesada, en especial ahora que el sol comienza a brillar con más fuerza que nunca. Además su jefa lo está vigilando y le detalla cada instante donde le falto limpiar siendo desagradablemente insistente en ello, “debe quedar reluciente como un espejo”, y Sebastián al cabo de un rato ya tiene ganas de romperle la escoba en la cabeza.

Cerca del medio día llegan los primeros socios y Sebastián aprovecha la ocasión de recrear la vista con algunas socias bastante guapas. “¡Concéntrese en su trabajo jovencito!” le dicen por la espalda y de inmediato regresa a lo suyo. Más tarde se dedica a ordenar los muebles de la terraza y a repartir toallas entre los visitantes además de llevarles algún refrigerio o atender sus dudas y consultas. En realidad no le molesta el trabajo, pero si las pobres propinas que le han dado hasta ahora, “malditos tacaños” murmura entre los dientes al notar las pocas monedas que le dan.

Ya es entrada la tarde, cuando hay más trabajo, que Sebastián escucha una voz muy familiar y que le pone la carne de gallina, justo cuando esta acomodando las sillas a la orilla de la piscina. “¡Vaya, vaya, pero si es el pequeño GRAN semental en persona!” Sintiendo un escalofrió en su espalda Sebastián se da media vuelta y ante sus ojos aparecen dos enormes pechos apenas contenidos en un bikini que da la impresión de librar una batalla perdida para mantenerlos en su lugar. Levanta la mirada y se topa con la sonrisa llena de malicia y lujuria desbordada que se dibuja en el rostro de Sara.

“Pero mira que coincidencia encontrarte aquí, no tenía idea que trabajabas en este sitio” le dice con un falso tono de inocencia. “Si, seguro que coincidencia” dice Sebastián con ironía, con Sara no hay coincidencias. “¿Y qué haces aquí?”, “pues de todo un poco, hago aseo, ordeno sillas ahora, reparto toallas”. La expresión de lujuria de Sara lo pone realmente nervioso, le da la impresión que se le va a tirar encima en cualquier momento. “¿Y no haces masajes también?”, Sebastián se sonroja y se queda callado, “ojala que sí, me encantaría un masaje tuyo con esa herramienta que tienes, me gusta que me la pases en mi cara, mi boca, mis pechos, mi sexo y en especial mi culo, para que luego me des ese sabroso aceite tuyo” mientras le dice esto Sara se lame un dedo y lo desliza por encima de sus labios y luego desciende por sus enormes pechos y con discreción lo mete bajo la toalla lleva amarrada a sus anchas caderas. En ese instante Sebastián siente como su miembro comienza a ponerse duro y su erección se asoma bajo los pantalones cortos que viste, Sara de inmediato se percata, “mira que cosa, conozco un método muy efectivo para calmarte”. Sebastián retrocede por instinto, conociéndola, Sara es capaz de mamársela a vista de todos ahí.

“¿Algún problema señora?” aparece diciendo la jefa del lugar, pero Sara la rechaza, “ninguno, solo estaba haciéndole una consulta al joven”, “oh, está bien”, luego se voltea hacia Sebastián, “cuando termines aquí, quiero que vayas a ayudar con el aseo del comedor”, “si señora” responde aliviado mientras sujeta algunas toallas delante de sus pantalones. “Podrás correr, pero no te vas a esconder de mi todo el día” le susurra Sara al oído antes de volver a tirarse en su silla mostrando descaradamente su enorme trasero mientras conversa con un grupo de amigas, todas mujeres ya maduras, pero de muy buen ver.

“¿Y ese es tu famoso amante?” dice una con tono de decepción y Sara asiente con la cabeza. “Es bastante joven”, dice otra, “no se ve muy listo” agregan, “no se preocupen, las apariencias engañan, una vez que se suelta es increíble, la tiene así y así” haciendo con las manos un gesto indicando largo y grosor. Las amigas de Sara están impresionadas. La conocen y saben que en la cama ella es muy exigente, así que si habla de Sebastián en esos términos debe ser por algo. Por su parte él se siente halagado, pero no quiere perder su trabajo solo por darse un gusto.

El resto de la tarde Sebastián juega al gato y al ratón con Sara que trata en reiteradas ocasiones de cazarlo. Le dice que espere hasta salir del trabajo y en su casa, pero Sara lo quiere aquí y ahora, ciertamente ella no es una mujer que espere o sea paciente. Cuando se trata de sexo es exigente, aunque también lo da todo como él lo ha podido comprobar.

Con alivio recibe la orden de su jefa de hacerse cargo de limpiar los camarines interiores, lejos de la piscina. Sara se estaba poniendo impaciente y en más de una ocasión trato de cerrarle el paso a vista de los demás, incluso se quito el bikini exhibiéndole sus pechos y después le sobo el miembro de forma discreta, pero provocándole una enorme erección que tardo varios minutos en calmar. “Vaya mujer” comenta él moviendo la cabeza, había escuchado de mujeres maduras y ardientes, pero Sara es sin duda un casi único. Más tarde ayuda a los encargados de aseo y le toca trabajar bastante. Su única queja es la nula posibilidad de recibir propinas en este lugar, pero al menos mantiene su trabajo. Tener una verga enorme es todo un placer en la cama e impresiona bastante a las mujeres, lo malo es en la vida diaria, en el colegio y ahora en el trabajo. Es realmente difícil de controlar en ocasiones.

De reojo mira la hora mientras limpia baños y camarines, ayuda en la cocina y luego lleva refrescos a la terraza donde aún se encuentra Sara que lo observa a la distancia. Da la impresión de haberse dado por vencida, pero Sebastián se mantiene en alerta, es una mujer insistente a la que le gusta salirse con la suya. Su jefa lo envía de regreso a los camarines a buscar más toallas y ordenar el lugar a medida que se va desocupando el club.

Ha sido un día arduo, bien trabajado, pero con pocas propinas que es lo que más se lamenta y murmura mientras trabaja, “malditos tacaños, tiene un montón de dinero y no dan una propina decente” y así sigue todo el rato hasta que escucha la puerta cerrarse. “Oh, oh” y se asoma a ver qué sucede. Sara y un grupo de amigas incluida su jefa están ahí, con una mirada en sus ojos que lo deja petrificado. Claramente mandarlo ahí fue una trampa.

“Muy bien muchacho ya basta de juegos, me has hecho sufrir toda la tarde, pero ahora no te vas a escapar” dice Sara con decisión en su voz al tiempo que se va sacando la ropa hasta quedar completamente desnuda luciendo sus escandalosas curvas. Sara lo pone contra un casillero restregándole sus enormes pechos en la cara al tiempo que le soba descaradamente su verga que ya parece que va a romper los pantalones sin importarle la presencia de las demás. “Bueno, veo que lo quieres también, demuéstrales a mis amigas que es lo que tienes ahí”.

Sara se hinca frente a él y de golpe le baja los pantalones haciendo que su verga salga disparada ante el asombro de las presentes. “Miren eso es enorme”, “como un chico tan joven tiene algo así”, “mi marido mataría por tener una verga de ese tamaño” entre otros. “Esto no es nada, déjenme ponerla a punto” dice Sara sonriendo y sin preámbulo alguno se la empieza a mamar alojándola toda en su boca de una vez, algo que ninguna mujer normal podría ser, pero Sara es única.

Sebastián siente que sus piernas flaquean mientras ella se la chupa. La estruja con sus labios y él la toma de la cabeza y comienza a follarla en la boca. La trata con rudeza, algo que le encanta y la presiona contra su miembro casi ahogándola. Sara disfruta que la traten así y entonces la saca de su boca mostrándola ahora totalmente erecta y dura como acero. Con su roja cabeza brillando cubierta en la saliva de Sara.

“Y bien señoras, que les parece” les dice a sus amigas mientras la estruja con ambas manos. La expresión de asombro de sus amigas es evidente. “Vamos muchacho, muestra de lo que eres capaz”. “Si quiere guerra” piensa Sebastián, “guerra tendrá”.

De improviso la toma y la empuja sobre una banca poniéndola de espaldas y se le monta encima. A Sara le encanta esto. Sebastián recoge una botella de aceite de masajes y lo derrama sobre su enorme verga que la restriega sobre el rostro de Sara dándole unas “bofetadas” con su miembro. Se la pasa por la cara y desciende hasta ponerse entre esos enormes pechos que tiene y se hace una paja con ellos. Sara se entrega por completo deleitándose en el trato que le dan, “ese es mi muchacho” le dice. Sebastián le chupa sus senos y pasa su lengua hasta llegar a su coño, mostrando que además de tener una gran verga, sabe muy bien cómo usar su lengua ante la atenta mirada de las amigas de Sara, algunas de las cuales comienzan a tocarse mientras los observan.

Le separa las piernas a Sara y restriega su enorme verga en su coño, frotando los labios de su vagina que está más mojada que nunca y su clítoris, sin penetrarla. Sara gime de placer, la quiere con ansias adentro, él lo sabe y se hace de rogar, “¡vamos, dámela toda de un vez!”, pero Sebastián se resiste, “¡eres un maldito desgraciado!” le dice ella por dejarla en ascuas, pero Sebastián tiene otros planes.

“¡Mejor por atrás!” y con rudeza la voltea sobre la banca dejando su enorme culo al aire y le da unas fuertes nalgadas. “¡Oh tu si sabes!” dice Sara en éxtasis. Sebastián usa su lengua y sus dedos para jugar con el enorme trasero de Sara que se muestra en gloria y majestad, “¡ahora vamos adentro!” dice él y ante la mirada atónita de las demás mujeres toma su gran miembro y lo pone en el culo de Sara enterrándosela hasta el fondo de una vez. “¡Oh así es campeón, una entrada triunfal!” grita Sara al sentirla a dentro.

Sebastián le da con todo a Sara. La penetra tan fuerte como puede haciéndola estremecerse por completo. Su gran culo parece estrujarle su verga y la recorre por dentro en medio de un concierto de gritos y gemidos de parte de Sara que no oculta para nada el extremo placer que recibe. El que nadie en un par de kilómetros a la redonda no al escuche gritar así es un milagro, pero Sebastián la hace montarse en su verga que entra y sale de su trasero. Sara le cabalga encima mientras sus amigas observan atónita la escena. Un miembro de impresionantes proporciones bien enterrado entre esas nalgas, se asombran que Sebastián no la parta en dos.

La escena que ambos montan dejaría chica a la más salvaje película porno. Sara se deja coger por el culo en todas las poses posibles y Sebastián no la defrauda en absoluto. Hay mujeres que les gusta el juego previo y que las exciten, pero a Sara le gusta duro y profundo de una vez. Le gusta que se la entierren con fuerza en su coño o en su trasero y que la hagan gritar de placer, le gusta que la traten con rudeza y la usen y eso es lo que Sebastián le da y la hace alcanzar unos increíbles orgasmos antes de correrse dentro y llenarla de un espeso y cálido semen. Luego la toma del rostro y le pone su verga en la boca descargándose de nuevo y Sara gustosa y golosa se traga una buena parte mientras el resto de escurre por su boca.

“¡Ese es mi muchacho, como siempre dejándome llena!” dice ella saboreando el semen. “¡Vamos señoras, hay para todas, les aseguro que él no se cansa nunca!” dice Sara frotando el enorme miembro de Sebastián que esta duro como acero de nuevo.

Sebastián se mira a su alrededor y se siente como un sultán con su harem, una de sus fantasías sexuales se hace realidad ante sus ojos. Múltiples mujeres a sus pies gozando con su verga. Ellas comienzan a desnudarse y Sara demuestra que no lo hace el quite al sexo lésbico. Se besa con varias haciéndolas degustar el sabor a semen en su boca. Algunas más delgadas, otras más rellenitas. Unas con pechos más grandes y otras no tanto, hay para todos los gustos y Sebastián se sienta en la banca ofreciendo su enorme miembro que pronto es degustado por dos mujeres a la vez que le pasan sus lenguas recorriéndolo de arriba abajo. Más atrás esta Sara con Mónica, haciéndole un show lésbico para él.

Su jefa lo observa y Sebastián le hace un gesto para que se acerque y le comienza a dar sexo oral en coño metiendo su lengua y demostrando que sabe como complacer a una mujer. Una tras otra van mamando su verga mostrándose encantadas al sentir algo tan duro y sabroso en sus bocas, “no pensé que me caería toda” dice una que degusta sus labios.

En el suelo Sebastián se recuesta y Eliana es la primera en montársele encima, “con cuidado” le pide ella. Es una mujer madura, debe tener algo más de cincuenta años y si bien su cuerpo luce algunas arrugas se ve muy bien. Sebastián la toma de las caderas y la carga hacia abajo mientras va metiéndose el miembro en su coño. “¡Es, enorme!” exclama hasta que la tiene toda adentro y comienza a cabalgarle encima, aunque despacio. Sebastián la trata con consideración, muy a diferencia de Sara, y la hace montarse despacio para que vaya tomando el ritmo. “Dame tu lengua” le pide Raquel, una rubia de cuarenta y tantos años que le pone el coño en rostro y Sebastián se lo devora metiendo su lengua tan adentro como puede.

Sara sigue con lo suyo besándose con todas y le soba los pechos a Eliana mientras le cabalga a Sebastián. Mónica toma el lugar de Raquel y Sebastián se corre dentro de Eliana que ha alcanzado un orgasmo increíble, quedando totalmente extasiada y Sara la insta a mamarle el miembro, “bébelo todo, aquí alcanza para todas”. Raquel se le monta ahora y lo recibe todo de una vez, Sebastián le dejo el coño muy húmedo tras darle sexo oral. “¡Me llena entera, es increíblemente grande!” grita mientras le cabalga con más ganas. Eliana y Sara le besan los pechos y Cecilia le toma una mano a Sebastián y la guía hasta su coño para que él le estimule con sus dedos. Por el otro lado Sonia hace lo mismo y a Sebastián le faltan extremidades, lenguas y vergas con las cuales complacerlas a todas.

“¡Así la quiero!” le pide Cecilia que es bastante delgada en comparación a la voluptuosa Sara. Cecilia se pone en cuatro y Sebastián la sujeta de las caderas y se la va metiendo en medio de los estremecedores gemidos de la mujer. Le hace sentir su miembro mientras se retuerce y se mueve al sentir ese enorme poste en su coño. Sebastián se besa con todas que esperan su turno para disfrutar su verga que pese a todo el ejercicio esta aun en su máxima capacidad.

“Córrete en mi cara” le pide Cecilia tras alcanzar varios intensos orgasmos y la complace dándole una tremenda descarga que Eliana y Raquel le ayudan a limpiar con sus lenguas. “¡Mi turno!” dice Sonia que recuesta con sus piernas abiertas y Sebastián le acaricia su clítoris con la punta de su verga para luego hundirla toda. Sebastián apoya las piernas de Sonia en sus hombros y comienza a bombearla con bastante fuerza en medio de los gemidos de la mujer. Eliana abraza a Sebastián por detrás y comienza a besarlo mientras Raquel y Cecilia se besan con una Sonia que está totalmente extasiada mientras Sebastián se la folla, “¡que verga, pero que verga!” repite Sonia mientras se la follan.

Mónica ya tenía experiencia con Sebastián, así que él le dio bien duro cuando esta se le monto encima. “¡Tan bueno como aquella noche!” dice ella mientras cabalga sobre su gran verga mientras las demás se dedican a besarse entre ellas. Sebastián jamás pensó en una escena así, un grupo de mujeres ardientes solo para él.

“¡Vamos campeón, por la ultima!” le dice Eliana que junto a Sonia, Cecilia, Raquel, Sara y Mónica se ponen en cuatro frente a él mostrándolo todo, aunque salvo Sara, ninguna se atreve a tomarla por el culo.

Una a una las va cogiendo, follandolas con fuerza y corriéndose dentro. Sara, la más golosa, lo pidió en su coño y después en su trasero, con Sebastián satisfaciéndola por completo. Pasa su verga de coño en coño y luego entre todas le hacen una mamada hasta sacarle la última gota. “Eres una maldita Sara” dice Sonia, “teniendo a este semental para ti sola, menos mal que dignaste a compartirlo” le reclama mientras todas recuperan el aliento, “bueno, que no se les haga costumbre, Sebastián debe atenderme a mi primero” dice Sara y las otras de inmediato se quejan. Viendo la hora todos se dan una ducha, Sebastián se siente en el cielo dándose un baño rodeado de mujeres que le limpian todo su cuerpo, en especial su verga.

“Toma, esto es tu sueldo por el día de hoy” le dice Raquel, y Sebastián lo revisa, no es mucho, pero algo es algo. “Y esto es por tus, servicios extras” añade Eliana y Sebastián se sorprende al ver tanto dinero, “un trabajo bien hecho merece una recompensa” agrega Cecilia y Sebastián luce bastante contento. “Y esto también es tuyo” agrega Sara y en el cuello de su polera le pone un pequeño broche con el símbolo masculino y le entrega una tarjeta metálica con el mismo símbolo y su nombre en ella. “¿Y esto?”, “digamos que ahora eres miembro de un club bastante prestigioso” añade Mónica, “y eso te abrirá no solo más piernas, también te dará varios privilegios, siempre y cuando estés disponible”, “sin duda estaré disponible”.

Sebastián regresa a su casa preguntándose el significado de la tarjeta y del broche, pero tiene la sensación que se trata de algo positivo.

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