dueno-inesperado-1
     Giro la llave intentando no hacer demasiado ruido. No quiero que mis padres me sientan entrar en casa, no soportaría que intentaran darme una charla por lo que pasó la tarde de ayer. Bastante mal lo he pasado hoy durante Sin-t-C3-ADtulo29toda la mañana en clase emparanoiado pensando en que todo el mundo me miraba y sabía lo que había pasado.
Una vez dentro de casa cierro la puerta con sigilo. Nada más comenzar a caminar por el pasillo mis esperanzas de pasar inadvertido se van a la mierda. Me cruzo con mi madre que me mira con una mezcla de preocupación y miedo. Aparta la mirada de mí y continúa su camino hacia la cocina. ¿Se lo habrá contado a mi padre?
Al pasar frente a la puerta del salón cruzo la mirada con mi padre. Normalmente me mira durante un segundo mientras separa levemente sus labios intentando articular un saludo que nunca pronuncia antes de volver a ignorarme y continuar mirando al televisor y volver a ser 2 extraños viviendo en la misma casa. Pero hoy es distinto, está de pie, esperándome. Su mirada se queda fija en mí y me penetra. Abre la boca intentando empezar un discurso padre-hijo que tampoco sale. Al menos no como él quisiera.
-Miguel… –me llama.
Le ignoro y continúo mi camino hacia mi cuarto como si no le hubiese oído, como si no me enterase de que me está llamando repetidamente a mis espaldas.
Llego a mi dormitorio, cierro la puerta y me siento en la cama a esperar. Sé que van a entrar, los dos. Primero entrará mi padre, serio, taciturno. Hablará despacio durante el inicio de la charla antes de levantar gradualmente la voz. Mi madre se quedará en la puerta, fuera del ring, observando los acontecimientos, esperando el momento de intervenir en la disputa. Pero hoy no intercederá por mí. No, hoy ella está con la parte acusadora.
Oigo pasos tras la puerta. Estoy intranquilo, me levanto de la cama y camino nervioso por la habitación. Ayer no pensé en las consecuencias de lo que hice y ahora me toca comerme los cojones. Me siento de nuevo pero esta vez lo hago frente a mi escritorio. Disimulo como si estuviera estudiando, como si lo de ayer no tuviera importancia.
Los pasos tras la puerta van y vienen. Parece que mis padres discuten en el pasillo en voz baja. Al final los oigo alejarse entre susurros. Estoy a salvo… por el momento.
– – – – –

No he salido de mi cuarto en todo el día, ni para comer. Sé que ellos esperan que abandone mi refugio e intentarán un nuevo ataque. He permanecido horas a resguardo de esos dos pero aun así debo salir. Ha llegado la hora de la cena y no acudir a ella es aceptar mi culpabilidad. La culpabilidad del que no se atreve a afrontar las consecuencias y se esconde como un cobarde, como un niñato. Porque eso es lo que soy, un puto niñato malcriado y sinvergüenza.

Llego a la cocina. Mis padres están sentados en la mesa. No han tocado sus platos. Intuyo que para ellos la “charla” va a ser tan desagradable como para mí. Me siento entre los dos, compungido, acojonado más bien.
Cenamos en silencio. Apenas ninguno prueba bocado. Nadie abre la boca, nadie dice nada, solamente nos miramos los unos a los otros de reojo. Casi me dan ganas de ser yo el que hable de lo de ayer. Debería mostrarme arrepentido, pedir perdón y después aguantar el chaparrón y las consecuencias. Que acabe de una puta vez este ambiente de cementerio.
-Miguel… –a mi padre le sale un gallo. Se aclara la voz.
-Ejem, Miguel…
No me atrevo a mirarle a la cara y clavo la vista en el plato de donde sigo comiendo sin ganas.
-Miguel, ayer te pasaste de la raya con tu madre.
No contesto, solo escucho.
-La atacaste, la hiciste llorar.
-No la ataqué.
-Sí lo hiciste. La arrinconaste contra la pared y la atacaste.
-No, ella estaba junto a la pared yo solo me acerque un poco…
-¡INTENTASTE VIOLAR A TU MADRE!
Abro los ojos como platos. Separo los labios para decir algo pero no me salen las palabras. Miro a mi madre que me observa con lágrimas en los ojos.
-N…No, no, eso no es cierto. No es verdad. Yo solo quería… A ver, yo solo quería…
Me cuesta respirar. Empiezo a sudar y me paso la mano por la frente. Esto va mucho más lejos de lo que yo pensaba. Mi madre se ha creído que quería violarla, joder, que marrón.
-A ver, papá. Lo que yo hice ayer… lo que pasó…
Vuelvo a mirar a mi madre.
-S…Solo quería verte las tetas, solo eso, nada más. Solo por curiosidad, no quería asustarte. Te lo pedí, ¿te acuerdas? Te pedí que me las enseñaras… no dije nada de querer violarte.
-Te echaste encima de mí y me cogiste un pecho, me restregaste el pene por la falda mientras te masturbabas sobre mí y me empujabas con la cadera. Me pusiste la falda perdida de, de… tu semen.
Mi padre tiene el ceño fruncido y la cara colorada. Aun sostiene los cubiertos en cada mano y los aprieta tanto que los nudillos se han vuelto blancos. Me apunta con el cuchillo. ¿Me va a matar?
-¿Cómo has sido capaz de intentar violar a tu madre?
-Que no, que no. Que te digo que no fue así. Lo que pasó… a ver… dejadme que os explique.
Eso, eso. Explícales lo que hiciste porque ni tú mismo lo sabes, me digo. Tomo aire intentando pensar en una explicación honrosa y plausible, algo que suene dulce a los oídos de mis padres pero solo me viene a la cabeza la verdad. La cruda, amarga y asquerosa verdad.
-Mira, lo que pasa es que últimamente estoy obsesionado con echarme novia, ¿sabéis?
El ceño de mi padre se relaja, o al menos a mí me lo parece. Me envalentono y sigo con mi explicación.

-El caso es que no consigo ligar con ninguna chica y… claro, me como la cabeza con eso, día tras día, noche tras noche. Cuanto menos caso me hacen más obsesionado estoy con ellas y con… con follar, porque yo todavía no he follado nunca… soy virgen.
No he debido decir esto último. Acabo de confesar que quería follar con mi madre, mierda.
-L…Lo que quiero decir… es que nunca he visto a una chica desnuda. Nunca he visto unas tetas ni un coño. Por eso me paso horas y horas mirando porno en internet en lugar de estudiar, es… es como una obsesión.
Me estoy cubriendo de gloria. A mi padre se le está acelerando la respiración y mi madre me mira como las vacas al tren. Resulta que además de pervertido he reconocido ser un vago y un pajillero. Ole tus cojones, Miguel. Mi padre me va a inflar a hostias.
A estas alturas estoy sudando copiosamente, respiro como si quisiera acabar con todo el oxigeno de mi casa y empiezo a marearme. En menudo lío estoy metido. No soporto esta tensión y a mis ojos afloran unas lágrimas que apenas puedo contener. Me quiero morir.
-N…No te quería violar, mamá, de verdad. Lo que pasó… lo que pasó fue que…
A la mierda. Me rompo y me vengo abajo. Comienzo a llorar como una nena.
-Lo que pasa… es que soy un mierda incapaz de ligar con una chica. Soy un friki que se pasa las tardes viendo porno en internet y les miente a sus padres haciéndoles creer que está estudiando. Soy un obseso que les mira el culo a todas las tías y luego se hace pajas con ello.
Soy tan cerdo que hasta he llegado a pajearme con las bragas de mamá por que es la única mujer con quien soy capaz de tener contacto.
Lloro como una nenaza y casi no puedo hablar de la congoja. Soy un manojo de lágrimas y mocos confesando mi culpa, la culpa de un degenerado.
-Joder, soy un pervertido, un enfermo de mierda. Tengo tantas ganas de follar que soy capaz de meterle mano a mi propia madre, follaría con cualquier mujer si pudiera. Pero como no puedo me paso los días haciéndome pajas a todas horas. Al despertarme, al llegar a casa antes de comer, durante la tarde, a la noche… y los fines de semana ni os cuento la de veces que me masturbo.
Mis padres abren la boca en perfecta coreografía. Se miran entre ellos y me miran a mí, al pervertido de su hijo
-No sabéis las veces que he pensado en suicidarme y acabar con mi vida ya que no puedo acabar con mi puñetera virginidad de mierda y follar de una puta vez. Solo tengo que saltar desde mi ventana. Cada mañana cuando levanto la persiana pienso lo mismo. Desde esta altura acabo con todo de un solo hostión. Se acabó el no follar, se acabo mi miserable vida de friki mojigato.
Noto la mano de mi padre en el hombro aunque no le distingo. Tengo los ojos encharcados en lágrimas. Escondo la cabeza entre mis manos y apoyo los codos sobre la mesa.
-B…Bueno, a ver, hijo… no pasa nada, tranquilízate.
-Sí, sí. Tú tranquilo, ¿eh? –acompaña mi madre. –no pasa nada. No-pasa-nada.
-Olvida lo que tu madre y yo te hemos dicho. No estamos enfadados contigo. No pasa nada.
-Claro que no estamos enfadados. Además sabes que te queremos mucho, ¿verdad hijo?
¿Qué?, ¿qué pasa? Levanto la cabeza y los miro a ambos. Mi madre también apoya una mano sobre mi hombro y me da leves masajes sobre él de forma maternal. Me observan como si fuera un bicho raro. Ya no tienen el rictus de enojo en su cara sino todo lo contrario, están asustados. ¿Me tienen miedo?
-A ver Miguel. No hay por que dramatizar tanto. Lo de suicidarte…
-Mira hijo. –le interrumpe mi madre. –Nosotros te queremos muchísimo y solo queremos lo mejor para ti. No estamos enfadados contigo. Anda deja de llorar, por favor. Y lo de ayer… pues nada, no pasa nada. Ya está olvidado, ¿te parece?
Poco a poco lo voy entendiendo todo. No me temen a mí sino lo que pudiera hacer, lo que pudiera hacerme a mí mismo. Temen que me suicide. Pero… si solo era una forma de hablar. Solo quería expresar lo mal que me siento conmigo mismo por ser como soy.
-Vete a tu cuarto, anda. –mi madre es todo amabilidad. -Duerme tranquilo y no te preocupes por lo de ayer. Si al final es algo normal. Estás en edad de querer estar con chicas y… claro.
-Claro que sí. –corrobora mi padre. –eso es algo que les pasa a todos. No llores, hombre. Venga, vete a tu cuarto y descansa. Mañana no vayas a la universidad si no quieres. Total, por un día.
-Eso, eso. Si es que con tantas cosas que os hacen aprender allí no me extraña que no acabes agotado. Vete a la cama Miguel. Y quédate tranquilo que tus padres no están enfadados contigo.
Me tratan como si fuera un poco gilipollas. Aunque con el espectáculo que les he ofrecido no es para menos. Me levanto como un autómata y les obedezco. Voy a esconder lo último que queda de mi autoestima entre las sabanas de la vergüenza.
– – – – –
He dormido toda la noche, me he despertado a la hora de siempre y he ido a la universidad como todos los días, desoyendo el consejo de mis padres. No me he enterado de nada, como es habitual. Me limito a copiar de la pizarra cosas que no entiendo, acumulando más y más conocimientos inservibles en hojas de papel que nunca leo.
Ahora ya estoy de vuelta en casa y estoy parado delante de la puerta de la entrada. He pasado todo el día en la biblioteca de la universidad hasta que se ha hecho de noche. He cenado fuera algunos pinchos y al llegar a mi casa he subido los 5 pisos por las escaleras. No sé si inconscientemente intento atrasar el momento de enfrentarme de nuevo a mis padres. Ya sé que ya no me juzgan por lo que hice antes de ayer pero el hecho de que me consideren un suicida además de un pervertido sexual que ha reconocido querer follarse a todo lo que se mueve incluida su propia madre me hace sentir como un mierda.
No lo retraso más y meto la llave en la cerradura. No me molesto en no hacer ruido, lo que tenga que ser será. A ser posible que sea que no haya nadie en casa.
-¿Miguel?

Mi padre me llama desde la sala. No ha esperado ni a que pase por delante de él. Mal empezamos, otra charla.
Me acerco y veo a mis padres dentro. Mi padre está de pie. Se frota las manos, nervioso. Mi madre está sentada, evita mi mirada y el semblante de su cara no dice nada bueno. Me temo lo peor. Me van a comunicar que han hablado con unos loqueros buenísimos que me acogerán en su puta mierda de “maricomio” para tratar mi afición de salto de ventana. Pero no debo preocuparme, seguro que entre encerrarme con una panda de locos o dejarme en paz ésta era la mejor opción que han encontrado para mí.
-Miguel, tu madre y yo hemos estado hablando de ti y de… tu problema.
-Escucha papá…
-Nos hemos dado cuenta de que no te hemos prestado mucha atención.
-Sí, bueno mira, yo también he pensado en ello…
-Sabemos que estás pasando por una etapa muy complicada de tu vida. Con unos cambios en tu cuerpo que no te esperabas y con unas hormonas que te lo están haciendo pasar mal.
Me pongo colorado. Joder, la etapa a la que se refiere es la adolescencia. Mi padre no tiene ni puta idea de que ya tengo 25 tacos. Me está haciendo sentir peor.
-Sabemos que necesitas canalizar esa energía que recorre tu cuerpo…, ese cúmulo de sensaciones que te desconciertan…
Hasta él mismo se ha dado cuenta de que se está metiendo en un berenjenal del que no sabe como salir. Mira a mi madre pidiendo ayuda.
-Tu problema, Miguel… –mi madre toma el relevo. –Tu problema es que te has obsesionado con algo que debería haber sido normal a los 15 ó 19 años. Conocer chicas, salir con ellas y… disfrutar del sexo.
-S…Sí, bueno, eso es cierto pero veréis…
-Mira Miguel, cuanto más te has obsesionado con ello más introvertido te has vuelto y eso ha hecho que te cueste más relacionarte. Así que te obsesionas más y más, cerrando un círculo vicioso. Ahora tienes 25 años, ya eres un adulto, un hombre con carencias de adolescente.
-Ya, ya, pero si me dejáis hablar…
-Sabemos por qué te pusiste de aquella manera con tu madre el otro día. –Mi padre me interrumpe tajante. –Y te comprendemos, de verdad.
-Eh,… ¿sí?
-En el fondo lo que te pasa es que necesitas cubrir todas tus carencias. Necesitas quitarte, de una vez por todas, ese estigma que te has auto-impuesto de “inadaptado”, de bicho raro. Quieres tener lo mismo que todos los demás para ser igual que ellos, para dejar de ser un excluido, un paria.
Gracias papá. Yo no lo hubiese expresado mejor. Que te den por culo. Joder, ¿no me humillé lo suficiente yo solo ayer mismo?
-Tu madre y yo estamos de acuerdo en ayudarte para desquitarte de tus obsesiones puesto que es eso lo que necesitas.
-Eeeh,… ¿ayudar? No, mirad, de verdad no creo que necesite que ningún…
-Necesitas sexo para romper con todas las barreras que te acorralan y te acomplejan, eso es lo que has estado buscando siempre. –Toma aire y se aclara la voz. -Tu madre y yo hemos hablado. Está dispuesta a darte lo que tu cuerpo está pidiendo a voces, todo lo que necesitas, lo que querías de ella.
Parpadeo varias veces incrédulo. No sé de qué coño están hablando. Mi madre se levanta del sillón y me mira nerviosa, sigue frotándose las manos obsesivamente. Mi padre la mira y después me mira a mí.
-Hoy tengo un turno muy largo. No vendré hasta mañana por la mañana así que podéis utilizar nuestro dormitorio si quieres.
Se acerca a mí y me rodea los hombros con su brazo. Mi madre también se acerca y me coge de las manos. Las manos de mi madre siempre están calientes y secas sin embargo ahora las noto frías y sudadas.
-Solo queremos lo mejor para ti, hijo. Queremos que te pongas bien y recuperes tu ánimo.
“Mis ganas de vivir” quiere decir. Después de decir esto coge la chaqueta y se va hacia la puerta principal. Oigo el “clack” del pesillo al cerrarse. Mi madre continúa cogiéndome de las manos.
-¿Quieres que vayamos a mi dormitorio?
Asiento como un autómata. Todavía no estoy seguro de lo que acaban de proponerme mis padres pero mi subconsciente toma el mando y decide seguir la corriente. ¿Para qué vamos a su dormitorio? ¿Va a darme sexo? ¿Va a enseñarme las tetas? ¿Es eso lo que va a hacer?
Veo a mi madre salir de la sala y la sigo por el pasillo. Camina despacio y creo que sé la causa. Es la misma por la que yo he pasado todo el día fuera y he subido por las escaleras. En el fondo no desea hacer esto, lo detesta y su subconsciente lo retrasa todo lo que puede.
Entramos en su dormitorio y cierra la puerta tras de mí, en silencio. Pasamos un buen rato uno enfrente del otro. Yo no me atrevo a abrir la boca, que sea ella la que lleve la iniciativa y así me entero de lo que vamos a hacer realmente.
-¿Quieres que me quite la ropa?
Casi me cago encima. Hostia, vamos a hacer justo lo que pienso. Asiento con la cabeza porque todavía no soy capaz de hablar, en el fondo estoy acojonado.
Mi madre comienza a soltarse los botones de la camisa. El pulso le tiembla. Agacha la mirada, parece que vaya a llorar. ¿Cómo debe ser para ella tener este tipo de relaciones con su hijo? Me imagino si yo sería capaz de hacer algo tan desagradable para ayudar a alguien a quien quisiera. ¿Dejaría que mi padre me diera por el culo si con ello pudiese curar alguna enfermedad senil que tuviera?
Sacudo la cabeza al visualizar la imagen. Joder que asco me ha dado. Arrugo la cara y me entran ganas de vomitar y escupir. En ese momento miro a mi madre que está soltando los últimos botones de su camisa. Sigue con la mirada baja y el rictus contraído. Para ella esto debe ser algo similar. ¿Tanto me quiere que es capaz de pasar por esto?
Sujeto sus manos justo cuando están a punto de soltar el último botón de la camisa.
-Espera, no sigas. –le digo. –déjame hacerlo a mí.
Suelto el último botón y abro la camisa. La vista de su sujetador es espectacular para mis ojos. Sus tetas son tan grandes como me imaginaba. Apenas puedo distinguir alguno de sus pezones a través de su sujetador blanco tipo “madre-de-las-de-antes”.
Poso una mano sobre su teta y la aprieto levemente. Mi madre no hace nada para detenerme y eso me gusta. La amaso con suavidad y le cojo la otra teta con la otra mano. Mis manos están llenas de tetas. Es la primera vez que se las toco y quiero más.
Paso las manos por detrás de su espalda en un abrazo e intento soltarle el sujetador. Para tener varios años de carrera me muestro bastante inútil a la hora de quitar el puto cierre así que le pido ayuda a mi madre.
Pasa la mano tras su espalda y de un solo gesto suelta el enganche. La prenda se afloja pero no se desliza de su sitio. Cojo el sostén de los tirantes y los deslizo hacia los brazos haciendo que la prenda caiga hasta los pies de ella. Lo que veo me deja sin aliento.
Las aureolas de sus pezones son enormes y oscuras. Mi madre resiste su impulso de taparse sus partes pero no puede impedir abrazarse el vientre en un intento de mitigar la sobre exposición de su cuerpo. Le cojo suavemente de sus muñecas y se las coloco a ambos lados del cuerpo. Noto que su pulso va a cien por hora igual que su respiración.
Vuelvo a coger sus tetazas con mis manos. Las sopeso y las amaso con dulzura nuevamente. Son suaves, calientes y blanditas. Acaricio sus pezones con mis pulgares con la vana esperanza de que se endurezcan pero no lo consigo, normal.
No puedo aguantar más y le chupo un pezón. Después el otro. Paso mis manos por su falda y rodeo su culo, lo aprieto hacia mí. Busco la cremallera en un costado y la suelto. Su falda cae junto a su sujetador.
Me separo levemente para verla de cuerpo entero. Sus bragas sí trasparentan lo suficiente para adivinar que debajo de ellas hay un coño negro y grande. No tardo en posar mi mano sobre ellas. Recorro su pubis y deslizo la mano entre sus piernas. Su primer instinto es juntarlas pero después las va abriendo poco a poco para facilitar mi exploración.
Tengo una mano en una teta y la otra en sus bragas mientras le chupo un pezón. Estoy a punto de correrme y eso que todavía no me he tocado la minga.
Me aparto de mi madre y me quito la parte superior de mi ropa de un tirón. Me descalzo de dos patadas y me bajo los pantalones y los calzoncillos. Leí en internet que follar con calcetines es de horteras. No entiendo por qué es así pero me los quito de todas las maneras. Mi madre me mira atónita con la boca abierta. Ha cerrado las piernas y se cubre sus tetas. Está acojonada de verdad, creo que es ahora cuando se ha dado cuenta de lo que está a punto de hacer. O eso o yo me he colado tres pueblos y no veníamos a follar… mierda puta, ¡que solo iba a enseñarme las peras!
-P…Perdona, mamá… es que creía que… joder, que corte. Ya me visto.
-No, no, tranquilo. Está bien así. Es que me he asustado. No me esperaba verte así. Tú tranquilo hijo, tú tranquilo.
-Ah…, o sea…, puedo seguir…
-Haz todo lo que quieras. Para eso estamos aquí. Para hacer todo, todo.
“Todo”, ha dicho “todo”. Joooooder, me va a dejar follar. De puta madre.
Me vuelvo a acercar a ella. Tengo la polla superdura, la pego a sus bragas y me aprieto contra ella. Mmmm, qué bien se siente y que cuerpo tan calentito, me gusta.
-¿Te puedo bajar las bragas?
-¿Eh? Ah…, claro.
Cojo de los extremos del elástico y tiro hacia abajo. Poco a poco va apareciendo vello púbico negro y rizado. Dejo todo su coño a descubierto, me encanta, estoy en la gloria.
Paso un buen rato mirándola en silencio. Mi madre está incómoda. Si ya es duro que alguien la observe desnuda mucho peor deber ser que sea tu propio hijo el que te coma con los ojos. Pongo mi mano sobre el pelo de su coño y lo acaricio. Siento su suavidad y meto mis dedos entre el matojo.
-Joder mamá, esto, esto… es lo mejor que me ha pasado en mi vida.
Mi madre me dedica una sonrisa forzada y pone una mano sobre mi mejilla. Su cara me da un poco de pena, me da la impresión de que tiene ganas de llorar. La abrazaría pero en este momento la tentación es tan grande que no puedo parar de sobarle el coño.
-Esto que te estoy tocando son los labios del coño, ¿no?
Asiente con la cabeza y abre ligeramente las piernas para que la siga tocando a mi antojo.
-Estoy muy cachondo. Mira como tengo la polla. ¿Mi polla es grande?
-¿Cómo?
-De tamaño digo. Que si la tengo grande.
-Pues… no sé. Normal, creo.
-O sea, comparado con otros, ¿mi polla es grande o pequeña?
-No lo sé. Solo he conocido a tu padre pero… es normal…, normal. Tienes una polla normal.
-Ah, es que solo he visto pollas en las pelis porno y claro, con esos las comparaciones no valen.
Este tipo de conversación la ruboriza más de lo que ya está. Intento meter un dedo entre los pliegues de sus labios y se pone tensa.
-Uy, perdona, ¿te he hecho daño?
-No, no, que va. Solo ha sido la impresión. Puedes seguir, no pasa nada.
-Por aquí está el clítoris, ¿no?
-¿Eh? Pues, pues… no, un poco más arriba.

Se le ha quebrado la voz. Cierra los ojos y se muerde los labios para que no se le note que está a punto de romper a llorar.
-¿Quieres que nos tumbemos en la cama? –Me pregunta.
-Sí, sí, claro. –contesto.
Mi madre se gira pero no va hacia la cama sino hacia la lamparita de la mesilla. La enciende y apaga la luz central. Adivino lo que quiere hacer, no quiere que la vea llorar. Además se cree que con menos luz todo será más fácil, lo que no sabe es que la oscuridad no tapará su vergüenza por mucho que la oculte.
-No, espera. Enciéndela.
-Pero es que…
-Si bajas la luz no puedo verte bien, venga enciélela otra vez. Que haya más luz.
Ambas luces están encendidas lo que provoca no solo que no se haga la oscuridad en el dormitorio sino que haya más claridad. Está incómoda, impunemente desnuda a la vista de su hijo. Y no es solo eso. También sé, porque lo he leído en internet, que la gran mayoría de las mujeres se avergüenzan de alguna parte de su propio cuerpo. Tener menor visibilidad sería igual que ocultar dichas partes.
Para mí el cuerpo de mi madre es precioso. Sus tetas, su culo, su coño… uf, joder como me pone su coño negro. Las marcas blancas que el bañador deja en la piel le dan más morbo. Un triángulo negro dentro de otro triángulo blanco. Igual que sus pezones. Grandes círculos negros dentro de triángulos de piel blancos.
Señalo la cama. Ella duda un instante pero termina tumbándose en ella con las piernas juntas y las manos a cada lado del cuerpo. Sigue respirando agitadamente mientras le tiembla el labio inferior. En su frente brilla algo de sudor. Me tumbo junto a ella y vuelvo a acariciarle las tetas.
Bajo mi mano hasta su coño pero esta vez no abre las piernas para dejarme el camino libre entre ellas. Las separo con suavidad aunque noto su reticencia y no está lo suficientemente abierta de piernas como para que manosee entre ellas.
-¿Podrías abrir las piernas para que te acaricie el coño?
No creo que se acostumbre nunca a oírme hablar así. Las abre con lentitud, retrasando lo inevitable. Me tomo mi tiempo acariciándola. Recorro sus labios con las yemas de mis dedos. No pensaba que pudiera ser tan suave.
-Más, ábrelas más. Quiero ponerme entre ellas. –La he dejado muerta.
-¿Cómo? Ah…, claro, claro. –Las abre un poco más.
-Más, más. Ábrelas mucho más.
Obedece y las abre por completo. En esta posición le veo todo el coño hasta el ano. Es la imagen más guarra que podía esperar ver en mi madre y me excita, me excita muchísimo. Joder, como quiero follar con ella.
Pero primero voy a hacer algo que he deseado siempre, comerle el coño. He leído que si le lames a una tía el clítoris se pone a mil por hora. Ya va siendo hora de que mi madre disfrute un poco, se lo debo.
Acerco mi cara a su coño y me llevo una sorpresa muy desagradable, huele mal. Aquí algo no funciona. Todos los relatos que he leído hablan de lo bien que sabe un coño y no sé cuantas chorradas más. No es que me tire para atrás pero no es el “aroma” que yo esperaba. Creía que sería como aspirar una fragancia embriagadora tipo “chanel” número cinco pero esto, esto no llega ni a “patchouli”.
Es igual, tengo tantas ganas de lamerle el coño que poso mis labios sobre los suyos. Mi madre cierra las piernas de golpe.
-¿Qué haces?
-Pues… iba a lamerte el coño. Solo un poco.
-Pero, pero, eso… eso es una guarrada.
-Que va. Esto lo hacen todas las parejas del mundo. En serio… lo he leído.
-No sé hijo, pero creo que mejor deberías… no sé…
-Déjame, anda. Quiero hacerlo, tengo ganas de comerte el coño.
Arruga la cara cuando me oye hablar así. Pero se resigna y vuelve a su posición inicial. Noto que se relaja, saco la punta de la lengua y recorro su raja. Sé por donde queda el clítoris, más o menos, así que me centro en masajear con toda la suavidad posible esa zona. Por la reacción que ha tenido me doy cuenta de que a mi madre nunca le ha lamido el coño mi padre.
Si internet no miente dentro de unos minutos empezará a lubricar por el coño y se le pondrán los pezones duros. La voy a poner súper cachonda y voy a hacer que se corra como nunca. Va a flipar conmigo.
Llevo varios minutos lamiendo su coño y no sé qué pasa. Sus pezones siguen igual y su coño no lubrica nada. Incluso he lamido a lo largo de toda la raja para ver si así conseguía algún progreso pero nada. No sé el rato que llevo con la nariz aplastada contra el pelo de su pubis respirando el aire filtrado por los pelos de su coño y ya se me está cansando la lengua. ¿Qué hago mal?
Levanto la cabeza y veo con horror que mi madre esta llorando en silencio. Tiene la cabeza girada y se tapa la cara con una mano para evitar que me de cuenta. Pero… ¿por qué no está excitada? ¿Es que la he hecho daño?
No, no es eso. Es algo mucho peor. La respuesta es mucho más sencilla. La he formulado antes pero he estado huyendo de ella todo el tiempo.
¿Cómo actuaría yo si tuviera que dejar que mi padre me diese por el culo para que él pudiera recuperarse de algún problema psicológico? Más aún, ¿me correría si él me chupara la polla por muy bien que quisiera hacerlo? Pues eso mismo es lo que le pasaba a mi madre.
Me quiere tanto que es capaz de dejarse sobar y follar por mí solo para que se me quite la tentación de suicidio, para que pueda ser un poco más normal o menos gilipollas. Ni en mil años voy a conseguir que se corra por mucho que lama su chocho.
Me miro de arriba abajo y por primera vez me veo con otros ojos, con los ojos de una persona normal. Estoy completamente desnudo en la habitación de mis padres acostado sobre mi madre con la polla tiesa intentando tirármela. Mis labios están empapados de mi propia saliva y de su coño. ¡He estado lamiendo el coño de mi madre! Dios mío, ¿pero qué estoy haciendo? ¿Hay algo más patético?
Me tumbo a su lado y empiezo a llorar. Quiero morirme, me digo. Si no tenía suficiente con ser un friki pajillero inadaptado además he tenido que denigrar a mi propia madre conmigo. He hecho que se convierta en una furcia para mí y mi padre en un cornudo consentido. Mi madre está llorando por mi culpa.
¿Cómo he podido consentir que mis padres se rebajen a esto? ¿Cómo puedo tener el corazón tan sucio y permitir que mi madre se humille de este modo?
Pensaba que mi vida era una mierda pero ahora me doy cuenta de que es mucho peor. Es una mierda que salpica más mierda a los que me rodean. Me quiero morir, dios, me quiero morir.
Noto una mano cálida en mi pecho. Abro los ojos y veo a mi madre asustada sobre mí.
-Tranquilízate, hijo. No pasa nada. Todo está bien. Si a mí no me importa hacer esto, de verdad.
No sé cuanto tiempo he estado pensando en voz alta pero mi madre ha escuchado lo suficiente como para salir de su agonía y preocuparse por la mía. Manda cojones que todavía tenga fuerzas para seguir preocupada por el crápula de su hijo.
-No estaba llorando hijo, de verdad, estoy bien. Lo que pasa… lo que pasa… es que tenía suelo y estaba bostezando.
No me lo creo ni yo y las lágrimas se me escapan con más fuerza. Que mal me siento. Ahora sí que saldría corriendo hacia la ventana y me tiraría por ella.
La mano de mi madre que acariciaba mi pecho y baja hasta mi polla y mis huevos. Los agarra con suavidad, después coge mi polla y comienza a masturbarme. Sigue asustada por mí.
-¿Te gusta? ¿Te gusta así? Vamos venga, sigue tocándome. Te prometo que no voy a llorar más. Ha sido solo un momento. Un momento de debilidad pero ya se me pasó. Anda Miguel, hijo, no llores más. Venga, tócame. Tócame las tetas, venga.
Me pone mi mano sobre una de sus tetas y me la mueve amasándosela. Se tumba sobre mí y me besa en el cuello. Coloca sus piernas a cada lado de las mías y comienza a mover la cadera como si me follara. Su coño acaricia mi polla.
-¿Así, te gusta así?
No soy capaz de contestar, estoy algo aturdido y todavía no sé si debo levantarme y marcharme a mi cuarto para suicidarme en soledad.
-Venga, hijo mío. No pasa nada, todo está bien.
Sigo sin reaccionar. Lo curioso es que mi polla tampoco lo hace y eso es porque realmente estoy muy arrepentido. No puedo seguir haciendo daño a mi madre. No, a ella no.
-¿Quieres que te chupe?
-Eh…, ¿Qué?
-¿Qué si quieres que te chupe?
Supongo que se refiere a que si deseo que “me la chupe”. Sopeso la idea de corregir su error gramatical pero me doy cuenta de que no merece la pena poner al día a mi madre en temas que jamás le van a preocupar. Aparto mi mano de su teta y la coloco sobre su hombro. Ya ha tenido suficiente, es hora de acabar con esta patética agonía.
Antes de que la empuje para que se quite de encima, ella se aparta de mí. Se mueve sobre la cama hasta colocar su cara a la altura de mi cadera, coge mi polla y se la lleva a la boca. “HOS–TIAS”
Me mira con la polla metida en la boca intentando ver en mí una reacción positiva a su caricia. Cierro los ojos porque no soporto su mirada, me siento lleno de culpa mientras se esmera en darme gusto y conseguir que me calme. Voy a pedirle que pare. Espero un poco más y alargo el momento antes de terminar con esto. Cuando pasa más de un minuto me doy cuenta de que no se lo voy a pedir. En el fondo soy un cerdo, un cerdo y un hipócrita.
Me relajo y dejo que me la mame, abro un poquito más las piernas para que pueda seguir acariciándome las pelotas con más facilidad. Aunque nunca me han chupado la polla diría que no lo está haciendo bien del todo. Creo que mis padres han follado muy poco en su vida y con muy pocas variaciones. Sus movimientos son torpes, no me da mucho placer. Esto no se parece en nada a lo que he leído en internet. Cuando una tía se la chupa a un tío es lo más “de puta madre” que le pueden hacer en su vida. Yo no tengo los ojos en blanco, no estoy viendo mariposas de colores ni mamonadas de esas. Entre esto y una buena paja, me quedo con la paja.
-¿Te gusta así?
-S…Sí.
-¿Quieres que siga?
-Sí, pero… –no quiero que piense que lo hace mal. –mejor me pongo yo encima de ti, ¿vale?
Mi madre se tumba de nuevo y abre las piernas igual que antes. Esta vez su cara muestra un semblante más alegre aunque sé que es forzado. Se me pone dura de golpe cuando la miro por completo, con el coño negro otra vez delante de mí. Sé que en el fondo ella no lo desea, solo lo hace por mí. Como vea que se pone a llorar otra vez, me pego un tiro, pero de verdad.
Me coloco sobre ella y pego mi polla a su coño. Me la cojo y apunto a su raja. Aprieto y… no entra. Pruebo de nuevo, nada.
-¿Me la metes tú? Yo es que… no sé exactamente…
-No pasa nada, no te preocupes, es normal, yo lo hago.
Me coge la minga con una mano y la otra se la lleva al coño. Hasta ahora lo que más me está gustando es que me coja la polla. Me encanta sentir las yemas de sus dedos toqueteándome.
-Ahí, empuja.
Empujo pero no noto que entre nada. Mi madre contrae un poco la cara de dolor y me asusto. La verdad a mi tampoco me resulta placentero intentar meterla.
-Empuja más.
-Pero… ¿No te hago daño?
-No, venga.
-No te creo. Pones una cara… Te hago daño, paso.
-Que no, hombre. No seas tonto. Espera.
Se chupa los dedos y se los pasa por el coño, después se los vuelve a chupar y me unta la punta de la polla con su saliva.
-A ver ahora.
-Joooe. Ahora sí.
La meto a empujoncitos hasta que se me acaba la polla.
-L…La he metido entera.
Mi madre me mira como si me estuviera viendo destapar un bote de cola-cao con premio.
-Mamá, te he metido la polla entera.
-Sí.
-Tengo la polla en tu coño.
-Sí.
-Te… te la he metido en el coño. En tu coño.
A estas alturas sé que debo parecer medio idiota pero me da igual. Al fin y al cabo es lo que soy, un puto friki idiota que ha conseguido meter la polla en el coño de su madre al segundo intento y con ayuda.
Saco la polla casi hasta el final y la meto de nuevo. Estoy tan feliz que no me doy cuenta de que me estoy riendo. Mi madre sonríe al verme tan alegre y yo me pongo más contento todavía al verla sonreír a ella.
-Esto, esto… no lo voy a olvidar en mi vida, te lo juro.
-Ya lo sé.
-Te lo juro mamá. Sé lo que estás pasando conmigo.
-No pasa nada, hijo. Todo está bien.
-Joder, mamá, joder, qué pasada.
Y empiezo a llorar. Pero esta vez es de alegría. Mi madre se contagia y alguna lágrima asoma a sus ojos.
-Tú tranquilo, Miguel. Y disfruta, venga disfruta.
Y disfruto, joder que si disfruto. La follo despacito, sin prisa. Mi padre pasará toda la noche fuera de casa así que tengo tooodo el tiempo del mundo para follar con mi madre. No quiero correrme en mucho tiempo.
Sus pezones no se endurecen y es una pena porque me hubiese gustado que se excitara y poder lamer sus pezones duros. Me conformo con amasar sus tetazas y con besárselas y con que me deje follarla.
-Cada día me hago unas 4 ó 5 pajas por lo menos.
-¿Que te haces…? ¿Tanto?
-Eso de media. Si es fin de semana y estoy solo en casa me hago el doble.
Mi madre abre los ojos sorprendida. No sé si es porque el comentario no ha venido a cuento o por la cantidad de pajas. Mientras la follo sus tetas se bambolean arriba y abajo rítmicamente.
-No paro de pensar en tías y en follar. Por eso estoy convencido de que un día me voy a volver loco.
-No digas eso, me asustas.
-Y cada vez voy a peor. Me excito con cosas que antes ni me imaginaría.
-Como mi amiga Pilar. ¿Es lo que me dijiste, no? Que te gustaría…
-Sí, como ella. Siempre la he visto como una señora mayor pero de repente un día me fijo en sus tetas y zas, empiezo a hacerme pajas pensando en ellas.
-No me hago a la idea de que te pueda excitar Pilar.
-No, ella no, sus tetas. Bueno… al final ella también. Si pudiera me la follaría.
Mi madre no me entiende, normal.
-Oye, ¿Pilar tiene las tetas tan grandes como tú?
-¿Eh? Pues… no sé. Parecidas, supongo.
-¿No se las has visto?
-Pues claro que no. ¿Por qué tendría que habérselas visto?
-Como sois amigas pensaba…
-¿Y qué tiene eso que ver? ¿Acaso tú te enseñas el pito con tus amigos?
Touché. Eso me ha jodido el doble. No tengo amigos.
Mi madre cierra los ojos y levanta un poco las piernas para acomodarse. Llevo un rato follándola y creo que se está cansando.
-¿Quieres que pare?
-No, no, tú sigue. No te preocupes por mí. Yo estoy bien.
-No, no estás bien ¿Quieres que pare?
-Que no, que no. Estoy a gusto, de verdad. Si esto para mí no es nada.
-¿Te gusta que te folle?
-Claro.
-Mentira.
Se sonroja. La he pillado mintiéndome. Claro que no le gusta.
-Miguel, hijo. –me dice cogiéndome la cara con sus 2 manos. –Te aseguro que esto es lo que quiero hacer. Lo que realmente no soporto, lo que me duele de verdad es verte como estabas el otro día, fuera de ti. Tienes que quitarte todas esas obsesiones que tienes dentro.
-Ya pero…
-Fóllame, fóllame todo lo que quieras. Tu padre y yo lo hemos hablado y creemos que es lo mejor para ti. Preferimos mil veces verte sano entre mis piernas que tener que visitar una lápida con tu nombre.
-Ah, bueno respecto a eso…
-Déjalo ya, miguel. No le des más vueltas. A saber las cosas que harán los demás en sus casas.
No insisto en desmentir que quiera suicidarme y estoy pensando que es mejor no volver a tocar ese tema, sobretodo ahora que me la estoy follando.
Sus tetas siguen moviéndose arriba y abajo con cada empujón y me estoy poniendo cada vez más cachondo. Le sobo el culo con las 2 manos y alargo una mano hasta llegar a su ano.
-¿Qué haces?
-Quería meterte un dedo por el culo.
-¿Por mi…? Pero, ¿por qué?
-No sé, me gustaría follarte así, con el dedo dentro del culo mientras te meto la polla por el coño.
Abre la boca sorprendida. No se esperaba que tuviera unos gustos tan raros. Lo que pasa es que no comprende que el morbo está en detalles como éste, pero tampoco se molesta en entenderlos. Desfrunce el ceño lentamente y noto como relaja su ano. Mi dedo presiona contra él intentando meterse dentro con dificultad y se me ocurre una idea.
-Chúpame el dedo.
Con el dedo embadurnado de saliva intento meterlo de nuevo. Esta vez entra suavemente hasta la segunda falange. Lo meto y lo saco igual que hago con mi polla, como si la estuviera follando el culo.
Mi madre levanta la mirada hacia sus cejas como intentando concentrarse, o mejor dicho evadirse, mientras respira a bocanadas. Yo estoy a punto de empezar a correrme.
-Oye, ayer no me hice ninguna paja.
-¿Qué dices? Ah, me parece muy bien.
-Debo tener las pelotas llenas de semen, ¿Sabes?
-Bueno, creo que no me hacía falta esa información…
-Es que… me voy a correr.
A mi madre se le ilumina la cara. Creo que es porque ve más cerca el final de la follada.
-Pues muy bien, venga, adelante.
-¿M…Me puedo correr dentro?
-Pues claro.
-Te advierto que tengo mucho semen, ¿eh? Igual te lleno.
La veo sonreír. Debo de haber dicho una gilipollez.
-Córrete tranquilo, anda.
-¿Y si te preño?
-¿P…Preñarme? No, eeh…, no, no hay problema.
-¿Seguro?
-Segurísima, córrete dentro de una vez.
-¿Darías a luz un hijo mío?
-¿Cómo? Pues, pues… ¿Qué preguntas son esas? Te he dicho que no mes vas a dejar embarazada.
-Pero ¿Y si te dejara?
-Pues entonces… tu padre y yo… supongo que… Ay hijo, de verdad, deja de preocuparte por eso y córrete dentro de una vez. Te he dicho que no pasa nada y punto.
Empiezo a correrme. El placer invade mi cuerpo hasta hacerme poner los ojos en blanco. Es curioso lo que cambia la percepción humana en ese momento, justo cuando me estoy corriendo. En ese instante el deseo más arrollador se adueña de mí y me invade la necesidad más intensa que he tenido nunca. No puedo evitar besar a mi madre en la boca.
Ella se asusta y se resiste pero después de una breve lucha me deja invadir su boca con mi lengua. No se opone a mí y deja que disfrute con el beso, mi primer beso.
Un beso con lengua es más lascivo que el propio polvo que le estoy echando. Es caliente, húmedo y sorprendentemente placentero. Disfruto con él y no quiero dejar de entrelazar mi lengua con la suya.
Mi madre acompaña mis movimientos dándome todo lo que le pido. Nuestras lenguas juguetean y luchan. Joder, besar a una mujer es lo más caliente que me ha pasado nunca. De esto no hablan los relatos eróticos pero la sensación es acojonante, más que la mamada de antes.
Mi orgasmo termina y la última gota de semen cambia de propietario. Dejo de besarla y separo mi boca de la suya. La miro a la cara horrorizado.
-¿Q…Qué he hecho?
-¿Cómo?
-N…No quería besarte.
-Ah, ¿eso? No pasa nada.
-No, en serio. No sé por qué lo he hecho. No pienses cosas raras ¿eh?
-No tienes que darme explicaciones. –Sonríe.
-Es que,… n…no estoy enamorado de ti, ¿eh?
-Ya lo sé.
-No, en serio…
-¡Miguel! –me corta. –ya sé lo que te ha pasado y es normal, relájate. Te ha apetecido besarme mientras te corrías. Lo hace todo el mundo.
No sé si todo el mundo morrea a su madre como si se la quisiera comer. A mí me parece que no es normal.
-Esto no se lo cuentes a papá.
-¿Acabamos de follar pero no quieres que se entere de que me has besado en la boca?
-Eso.
-Como quieras.
-Y…
-¿Sí?
-¿Me puedo quedar un ratito con la polla dentro?
-Todo el tiempo que quieras. ¿Quieres dormir aquí esta noche?
-Pues… no sé.
– – – – –
No sé cuanto tiempo ha pasado. Me he quedado dormido un ratito con la cabeza apoyada en el cuello de mi madre. Mi mano agarra una de sus tetas que no he soltado durante toda la follada. Recuerdo donde tengo la otra y saco mi dedo lentamente, su cara muestra alivio.
Me despego de mi madre y miro entre mis piernas. Saco mi polla despacio y la pongo sobre el pelo de su coño, sobre su pubis. Me arrodillo frente a ella entre sus piernas y la contemplo de nuevo.
Sonrío. Por alguna razón el cuerpo desnudo de mi madre ya no me atrae y aunque parezca una ironía me siento feliz.
-Me voy a mi cuarto.
-¿Seguro?
-Sí. –sonrío de nuevo.
-¿No quieres quedarte conmigo?
-No.
-Podemos hacer lo que quieras, Miguel. ¿No quieres desquitarte por todo el tiempo que has deseado estar con una chica?

Meneo la cabeza mientras sonrío. Qué buena es mi madre. De repente me doy cuenta de que la quiero muchísimo, tanto que sería capaz de morir si me lo pidiera… pero no deseo follar con ella de nuevo. Ni mi polla tampoco que no se levanta ni para despedirse.
Cojo mi ropa y me voy hacia la puerta. Mi madre se ha sentado en el borde de la cama. Se tapa las tetas y cierra las piernas para que no se le vea el coño. Qué ironía, acabo de follármela, ya le he visto todo.
Llego a mi cuarto y me tumbo en mi cama, noto que mi mente está tranquila. No tengo ese perpetuo dolor de cabeza que no me deja dormir. Noto el sueño que me aplasta contra la almohada, esta noche voy a dormir bien por una vez en muchísimo tiempo.
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Comentarios, alabanzas, insultos y demás apostillamiemtos serán siempre bien recibidos.
Aunque no lo creáis estoy de rodillas besando la imagen de santo Tomás del prepucio rogando por cualquier tipo de comentario o, cuando menos, que voteis el relato si os ha gustado… y si no os ha gustado también, por supuesto.
A sus pies de ustedes: Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo…