me darías 2Por orden del gran jefe indio hoy me toca poner en practica mis dotes como jugadora de billar, de modo que me visto con la ropa mas adecuada para ello, el vestidíto rosa atado sobre la nuca con Sin títuloun simple lazo, minifalda realmente mini, y un escote, en V muy mayúscula, delante que me llega un poco mas abajo del ombligo y que al menor movimiento desnuda mis pechos y sin moverme los deja ver casi por entero. Fuimos al pub cercano a la zona de los ingleses pensando que como casi siempre, estaría medio vacío, pero esta noche no era así; había nada menos que una fiesta de estudiantes, todos chicos de entre veinte y pocos mas años, pero había que hacer con lo que había, así es que no tardé mucho en estar rodeada de mosquitos hambrientos que me comían con los ojos y pasaban constantemente al lado buscando un poquito de roce y echando ojeadas a mi escote.

No tardaron mucho, los cuatro cinco mas atrevidos, en entablar conversación conmigo, ofrecerme cigarrillos e incluso invitarme a una copa. Poco rato después era ya el contonearse al ritmo de la música y por fin uno de ellos me invitase a bailar. Por supuesto lo de baile era solo una palabra porque, si bien comenzó suelto, al ver como mi vestido se abría casi por completo sin que yo hiciera nada por cerrarlo, el baile se convirtió en un estrecho abrazo en el que el jovencito trataba de mostrarme la firmeza de su paquete.

Le dejé disfrutar durante un rato, y ser la envidia de sus compañeros, pero yo había ido a otra cosa y después de terminar mi copa, les dejé en la barra para dirigirme a la sala interior, donde está la mesa  de billar, y allí comencé a jugar con mi acompañante; ninguno de los dos sabemos gran cosa pero la cuestión era provocar con mi escote a cuanta gente hubiera cerca y, en efecto, a la mitad de la primera partida, la mesa estaba rodeada por toda la banda de estudiantes cada vez mas bebidos y con los ojos mas desorbitados; si me inclinaba para tratar de golpear una bola, por detrás se me veía la braga y por delante mis tetas bailaban sueltas y a la vista de todos.

Se reían de mis gracias y errores al tratar de manejar el taco de billar, por supuesto que los comentarios eran referentes en su totalidad a su disposición a enseñarme a manejar el taco que cada uno llevaba bajo sus pantalones, hasta que me decidí a jugar un poco con el mismo chico con el que ya había bailado en la otra sala; estaba orgulloso e inflado como un pavo ante sus compañeros por haber sido elegido, y dispuesto a mostrarme todas sus habilidades como conquistador, de modo que me dispuse a seguirle el juego. Le pedí me enseñase a coger el taco de forma correcta y trató de hacerlo colocándose detrás de mí, solo que en vez de tomar el taco y colocar mis manos, lo que hizo fue con las suyas abrir por completo mi escote y agarrar mis tetas ante las ovaciones de los demás, y yo le respondí haciendo que mis nalgas sobresalieran aun más hacia atrás y moviéndolas frotando su paquete que, por cierto, abultaba bastante, con lo cual terminé de ponerle a millón y todos sus amiguetes babeaban. Un solo gesto mío apoyando mis manos sobre las suyas que apretaban mis pechos, bastó para que se desatase totalmente, soltó la lazada que cierra el escote de mi vestido, y al hacerlo me dejó desnuda desde la cintura para arriba, me hizo dar la vuelta hasta vernos las caras y haciendo presión con su cuerpo hizo que me tumbase sobre la mesa de billar; sus amigos habían cerrado filas en torno nuestro, impidiendo que nadie desde fuera pudiera ver lo que sucedía a través de las cámaras de seguridad, y habían formado una autentica barrera en la que la tensión era palpable.

No tengo ni idea del nombre del muchacho, pero si que estaba lanzado y ya dispuesto a todo; tumbada como estaba hizo descender mi braga con sus manos, para de inmediato desabrochar su pantalón y bajárselo junto con sus calzoncillos. Ahí tuvo el detalle de frenarse un poco, abrió mis piernas y metió su cabeza entre ellas para llegar con su lengua hasta mi sexo y comenzar una fenomenal comida de coño aunque no duró demasiado, a su edad no estaba para templanzas, así es que lo dejó en pocos minutos y agarrando su verga buscó hacer presión sobre mis labios vaginales y metérmela sin demasiado esfuerzo. Tampoco estuvo mucho en esa postura, sacó su polla que agarró con su mano y comenzó a frotar con ella la entrada de mi vagina; no se si fue por casualidad o por destreza pero el maldito estaba frotándome directamente el clítoris, y con ello a mi me empezaban a entrar escalofríos, me estaba calentando por momentos y a aquel ritmo, la que no iba a tardar en correrme era yo, y en efecto así fue porque el niñato tenía una habilidad pasmosa y, cosa extraña, parecía que los efectos del alcohol ingerido, lo que hacían era darle fuerzas, claro está que tampoco él podía resistir mucho mas y así me lo hizo sentir con sus espasmos, gracias a lo cual pude hacer que su polla saliese de mi vagina y con ello evitar que me llenase con su semen.

Aquello era increíble, al tiempo que el jovencito me follaba, las manos de la mayoría de sus compañeros estaban sobre mi cuerpo, apretaban mis tetas, babeaban sobre mi cuerpo, pedían a gritos a su compañero que me metiera su polla por el culo, y todo ello hasta que avisados por el escándalo formado, llegaron los dueños del local poniendo fin a todo y avisando de que habían llamado a la policía. Por supuesto la desbandada fue general saliendo todos corriendo, pero una vez fuera del local, volvieron a formar su grupo haciendo tiempo y esperando que lo de la policía no fuese cierto y que yo saliera. Estaba claro que si lo hubiera hecho, me hubieran follado todos y cada uno de ellos, de modo que me quedé en el pub a solas con los dueños y el personal que trabajaba en el local.

Todo lo ocurrido había hecho que el local se vaciase por completo, lo cual representaba una sensible pérdida económica para el negocio y todos ellos querían resarcirse de la manera que fuese. Habían cerrado las puertas y rejas del local para evitar problemas si al grupo de estudiantes les daba por ponerse violentos. Al DJ del local se le ocurrió la idea de poner música, supongo que tratando de distender el tenso ambiente, y lo consiguió en principio porque uno de los dueños dijo que ya no habría modo de continuar abierto, y ordeno a uno de los camareros que sirviera una copa a cada uno, por cuenta de la casa.

Estábamos todos sentados en las butacas que rodean la mesa de billar, entre risas me cuestionaban para saber que es lo que exactamente había pasado, ya que nadie de entre ellos se había apercibido de nada hasta que los chicos habían empezado a armar escándalo con sus gritos. Les conté que todo había sido causado por una partida de billar y, de entrada no se lo creían demasiado; me pidieron de repetir o jugar otra partida y así lo hicimos, una partida en parejas, en la que yo jugaba con el DJ contra uno de los dueños y un camarero sudamericano. Así comenzamos hasta que, al llegar mi turno de jugar, e inclinarme para golpear la bola, se abrió totalmente mi escote como no podía menos de suceder, y entonces entendieron todos lo que había pasado un rato antes. La temperatura ambiente parecía haber subido de golpe unos cuantos grados, seguimos con la partida pero ahora había mas tensión y estaban todos mas pendientes de mi juego aunque nadie forzase la situación por el momento; nadie se había quedado sentado y todos rodeaban la mesa de juego, cuando me tocaba jugar se hacía el silencio, pero nadie miraba otra cosa que lo que descubría el escote de mi vestido y como recompensa, este se abría con gran frecuencia, con lo que mis tetas quedaban totalmente descubiertas. En la progresión del juego cometí el error de meter la bola blanca, realmente aquello nos hubiera hecho, a mi pareja y a mi, perder la partida, pero como nuestros contrincantes habían descubierto que yo no sabía jugar, propusieron que aquel o aquella que metiese la bola blanca debería sufrir un castigo impuesto por la pareja contraria, siendo perdonado ese primer error mío. Continuamos el juego con poca fortuna por nuestra parte, puesto que perdimos la partida, así que nos propusieron la revancha después de servir otras copas que entonaron aún más el ambiente, pero que no sirvieron para que mejorara mi juego puesto que no tardé mucho en meter otra vez, la bola blanca donde no debía. Aparte de la rechifla general debatiendo sobre la sanción que debían imponerme, decidieron que el resto de la partida debería jugarla con el vestido abierto hasta la cintura, aunque yo puse la condición de que ninguno podría tocarme; yo cumplí con mi parte de la pena impuesta, y ellos con la suya porque era evidente que verme así, desnuda de cintura para arriba y no poder tocarme, también era una pena para ellos. Siguió el juego por un rato, pero me daba cuenta de que ahora los consejos que me daban, estaban mas encaminados a que volviera a meter la dichosa bola blanca que a otra cosa y, en efecto, no tardé en pifiarla de nuevo y fijaron otra sanción, solo podría acariciarme durante cinco minutos de reloj, aquel que consiguiera hacer tres carambolas seguidas, fuera quien fuese de los dos equipos. Ahora si que los tres empezaron a poner atención a lo que hacían y a tratar de jugar como virtuosos. Le tocaba jugar al equipo contrario, carambola y segunda tirada fallada; segundo enemigo, fallo a la primera y turno de mi compañero, carambola a la primera, la segunda igualmente, la tercera ¡carambola!, y nunca mejor dicho porque fue de churro, pero el caso es que lo había conseguido y me tocaba pagar ante el regocijo general y la envidia de todos. El trato era que solo podrían tocar lo descubierto, de modo que sus manos fueron directas a mis tetas, y a ellas siguió su boca que comenzó a lamerme los pezones. Cinco minutos no dieron para mucho y aunque a mi compañero de juego le costaba desprenderse de mi pecho, las protestas de sus colegas le obligaron a continuar el juego. Me tocaba tirar a mi, pero no era mi noche propicia y, otra vez volví a meter la bola blanca; nueva pena y esta vez era quitarme el vestido y quedarme tan solo con la braga, todo ello ante un panorama que ya anunciaba todo lo que seguiría, ya que al tiempo que me quitaba el vestido, las ropas de los tíos también desaparecían y ahora éramos cinco los que estábamos casi desnudos.

Continuó el juego y durante un par de rondas no sucedió nada aunque buscaban desesperadamente hacer tres carambolas seguidas sin lograrlo; a la tercera ronda era nuevamente mi turno de jugar, logre hacer carambola pero con tan mala suerte que también metí la bola blanca y ya antes de establecer la sanción que me impondrían, el ambiente se había puesto al rojo vivo; ya solo me quedaba la braga así es que quitármela no cambiaba gran cosa, aparte de que las penas que me habían impuesto eran cuestión de puro morbo y de querer alargar las cosas, todos sabíamos que acabaría follando con los cuatro y lo que estábamos haciendo era retrasar el momento de comenzar la orgía en la que todos estábamos pensando. El que rompió el esquema fue el DJ, mi pareja de juego, ya estaba al rojo vivo desde el refregón precedente, de modo que sin encomendarse ni a dios ni al diablo, me cogió en brazos para depositarme sobre la mesa, comenzó a lamer y besar mis tetas y con su boca fue descendiendo por todo mi cuerpo hasta agarrar el borde de la braga con sus dientes y hacerla descender por mis muslos y piernas. Por supuesto que su boca no se quedó abajo, sino que volvió a subir hasta mi sexo y comenzó a lamer y mordisquear mi clítoris al tiempo que metía un par de dedos en mi vagina  y los movía follándome con ellos; yo estaba ya que ardía así que tiré de él hasta tenerle encima mío, y con su verga totalmente dilatada presionando mi sexo hasta encontrar camino y penetrarme con fuerza, iniciando un continuo bombeo que terminó en una muy abundante corrida sobre mi vientre ya que de hacerlo dentro me hubiera llenado.

Apenas tuve tiempo de limpiarme con servilletas de papel, cuando uno de los dueños me atrajo hacia él. Se había sentado sobre uno de los sillones y su verga apuntaba al techo pareciendo el mástil de una bandera, con cuidado me senté sobre ella, era tan larga que de no hacerlo así me hubiera destrozado, pero una vez encontrado su acomodo en mi interior, no tardó en correrse, esta vez sí, en mi interior y sin pedir permiso. Todavía sentada sobre él sentí que unas manos hacían presión sobre mis hombros, forzándonos a tumbarnos sobre el sillón, uno de ellos trataba me hacer presión con su verga sobre mi ano buscando la apertura del esfinter y metérmela por allí; reaccioné a tiempo para evitarlo y como en aquel momento eyaculó el que me la tenía metida en la vagina, pude levantarme y evitarlo pero no así el que todo el semen que me había descargado, se derramase sobre su propio pantalón, poniéndole perdido.

El siguiente pedía que le hiciera una mamada, se me da bien, de forma que fue agarrar su polla, darle un par de chupadas para humectarla, y comenzar a masturbarle con mi mano al tiempo que con mi pulgar frotaba su glande. Continué lamiéndola desde la base hasta la cima tres o cuatro veces para después tomarla con mi boca, momento en el que él ya no podía contenerse y empezó a mover sus caderas como si mi boca fuera mi vagina y me estuviera follando por ella. No tardó demasiado en correrse ni yo en escupir su semen y era el turno del ultimo, un camarero, y fue mas original que todos los anteriores, se acostó de lado sobre uno de los sofás y yo hice lo mismo boca arriba; con sus dedos comenzó a juguetear con mi sexo, buscó mi clítoris hasta encontrarlo y comenzó a frotarlo suavemente, me metía sus dedos de la otra mano, me lamía hasta conseguir que yo también me embalase y tomase su verga con mi boca; aquello era un 69 perfecto pero no duró mucho porque me dio la vuelta colocándose encima para repetir el juego de las caricias sobre mi clítoris, solo que esta vez lo hacía con su polla cada vez mas mojada; su juego era meterla y sacarla variando el ritmo en que lo hacía, por momentos parecía sacarla completamente de mi vagina para, de un fuerte envite de su pelvis, clavármela hasta lo mas profundo; otras veces era una penetración lenta y profunda, como si quisiera meterse entero dentro de mi cuerpo, al tiempo que con su mano seguía acariciando el clítoris y llegando a un extremo en el que ya el control era imposible, los dos acelerábamos cada vez mas y mas, hasta que el estallido se produjo y ambos hicimos explosión en un largo y simultaneo orgasmo que nos dejó tendidos y sin fuerzas.

 

Ahí terminó la fiesta, después de asearme como mejor pude, todos me acompañaron en sus coches hasta mi casa y ya en la puerta, nos despedimos con un beso. Había sido una larga noche.

  • : De como un inocente juego de billar deja de serlo