La chica entró en terror pero en el fondo también estaba ansiosa de que aquella verga la penetrara Sin títulohasta el fondo; el día anterior había quedado tan caliente que su desilusión fue grande al ver como Eliseo se había ido a dormir. Había esperado toda la noche sin poder dormir y durante todas las horas de clases para este momento; deseaba ya que ese pedazo de carne la follara de una buena vez. El muchacho comenzó penetrando poco a poco, mientras el diámetro de su verga empujaba las paredes del estrecho coño de Pilar. A la muchacha le dolía un poco y sus manos se aferraban y apretujaban las sabanas. El falo de Eliseo se abría camino y tuvo que hacer fuerza cuando una especie de elástico detuvo su camino.

– Duele – tuvo que admitir Pilar en aquel momento

Eliseo no dijo nada; se detuvo un poco a pensar y en seguida continúo empujando. Algo se resistía al tiempo que Pilar echaba su nuca hacia atrás con tal de soportar aquel dolor. De pronto, tras forzar un poco más, Eliseo pudo por fin penetrar a la chica. Un hilo de sangre fluyo del coño de la chica pero Eliseo prefirió no mencionarlo. Pilar dejo de sentir dolo poco a poco mientras Eliseo comenzaba la lenta y progresiva tarea de meter y sacar su verga de aquel estrecho coño.

Se trataba de un coño pequeño, de cuyo frente apenas y brotaban los vellos más finos. Eran vellos oscuros como su cabello pero daban la impresión de ser rubios por la delgadez que tenían. Tocarlos y acariciarlos era probablemente la muestra más exacta del concepto de suavidad. Eran tan finos y delicados que Eliseo se tragó varios sin darse cuenta mientras le realizó el sexo oral. Ahora aquella suavidad rozaba ligeramente la piel de la verga de Eliseo, el cual se sentía tan sensible en aquella situación que podía incluso contar cuantos de aquellos delicados vellos rozaban su falo.

La tarea no era del todo fácil; Eliseo tuvo que asumir la responsabilidad que conlleva despojar de la virginidad a una chica como Pilar. Debía tener cuidado de no lastimarla mientras su verga se deslizaba dentro de la apretada vagina de la muchacha. Esta se retorcía de placer y dolor, quería enterrar su cabeza en el colchón mientras su coño comenzaba lentamente a dilatarse. El dolor disminuía poco a poco para después dar paso a un placer intolerable que recorría cada uno de sus nervios. Sentía como su hermanastro aumentaba la velocidad y como el calor de su coño abrazaba aquel falo.

Eliseo calculó bien y, para cuando comenzaba con un normalizado mete y saca, el coño de Pilar ya estaba completamente humedecido y con la dilatación justa para disfrutar de aquello. Los inevitables gemidos salían poco a poco de la entreabierta y fresca boca de la muchachita. Los ojos de su hermanastra parecían voltearse mientras taladraba su recién estrenado coño con su verga. Las manos del muchacho, posadas sobre cada una de las suaves nalguitas de la chiquilla, mantenían alzado aquel culito mientras le repartía placer en cada topada entre su verga y el coño de Pilar. Sus testículos rozaban el agradecido clítoris de la muchacha mientras esta elevaba el nivel de sus gemidos. Ambos sudaban ya mientras sus cuerpos se precipitaban en el turbulento acto de gozo.

El deleite de la chica le hacía morderse los labios inferiores mientras gemidos y grititos escapaban de vez en cuando de su anudada garganta. Su piel se había crispado mientras su corazón no paraba de latir con una fuerza extraordinaria. El falo entero del muchacho salía completamente de aquel mojado coño para después precipitarse hacia dentro de nuevo, provocando excitación a ambos en cada ir y venir.

Cuando Eliseo tomó ritmo posó sus manos sobre la delicada espalda de la menor de sus hermanastras, la acercó alzándola hacia su pecho mientras sus dedos se abalanzaban sobre los botones de la sudada camisa blanca que aguardaba el hermoso pecho de la chica. Su pene no dejaba de entrar y salir mientras la muchacha no podía más que dejarse llevar por todo aquello. Todos los botones de su camisa estaban ahora desabrochados y la prenda dejaba caer sobre el culito alzado de Pilar que aún era ocultado por su faldita de rayas azuladas.

Las manos de Eliseo se entretuvieron un poco más para retirar el sostén de entrenamiento de su hermanastra; listo esto, las nacientes tetitas de la chica y sus rosados pezones quedaron libres y al aire. Fueron recibidos de inmediato por las manos de su hermanastro quienes acariciaron su sensible piel. El placer de todo aquello era indiscutible; Pilar sentía el masajeo de sus senos al tiempo que una verga se paseaba dulcemente en su coño. La chica gemía y gemía mientras su nuca se apoyaba regocijada sobre el pecho sudado de Eliseo. Las manos de Eliseo se movían con tal intensidad que la chica nunca supo en que momento su falda fue despojada de su culo y lanzada al suelo para dejarla en una completa desnudez.

El muchacho no perdía el tiempo en aquel preciado momento, sus manos recorrían con libertad el delicado y formidable cuerpo de Pilar; sus manos bajaban como resbaladilla desde los tiernos senos, a través de la cinturita que le llevaba al redondo y suave culo de la chica, donde sus manos se detenían para acariciarlas y sentir el cielo. Cualquier cosa le agradaba a Pilar, quien de pronto se estremeció ante una inexplicable tensión; su cuerpo se endureció y sus puños se cerraron cuando de inmediato un chorro de líquido invadió su coño y un torrente de placer recorrió todo su cuerpo. Sentía que se desmayaba mientras sus fuerzas se agotaban.

Eliseo advirtió el orgasmo que la chiquilla acababa de experimentar pero no detuvo la marcha y continuó embistiéndola mientras su hermanastra no tenía otra opción que retorcerse sobre el colchón y restregar su cara en él. Gemía con mayor fuerza, como pidiendo auxilio, pero no se atrevía a exigir a Eliseo que se detuviera; estaba dispuesta a soportar todo el placer de aquel momento y de los que fuesen a llegar. Se sentía bien, le encantaba todo aquello y se sentía libre y feliz de saberlo y disfrutarlo.

El sudor de ambos los hacia resbalarse con sus propios cuerpos; ambos pensaron en encender el aire acondicionado pero ninguno de los dos se atrevía a separarse el uno al otro. Descansaron un rato del ajetreo pero Eliseo ni siquiera sacaba su verga de aquel coño estrecho que le abrazaba con su calor juvenil toda la carne de su falo. Era tal sensación de placer y deseo que el muchacho estaba estremecido de no poder creer en lo que le estaba sucediendo; durante el largo rato que se mantuvieron en silencio. Pilar sentía en su interior cada detalle, cada vena y cada movimiento de la verga que se alojaba en su coño; su cuerpo fue recorrido por una sensación eléctrica cuando sintió sobre sus espaldas un beso por parte de su hermanastro; un beso en el que el muchacho agradecía todo, absolutamente todo aquello que estaba ocurriendo.

Escucharon el abrir de la puerta y un murmullo de voces que no se dieron el tiempo de reconocer; un impulso los hizo querer dirigirse directamente hacia sus ropas. Parecían dos ladrones huyendo de la escena del crimen; y su alarma aumentó cuando unos pasos acelerados subieron las escaleras. Eliseo olvido la ropa y se apuró, completamente desnudo, de un salto a la puerta que se encontraba entreabierta. Pilar, congelada en incertidumbre, parada en una esquina, solo ocultaba hasta donde podía su precioso cuerpo desnudo colocándose encima los dos únicos trapos que había alcanzado a tomar: los calzoncillos de su hermanastro y su falda escolar arrugada por el ajetreo. Cuando Eliseo alcanzó a asomarse, pudo reconocer antes de cerrar la puerta que quien había llegado era Blanca.

– ¿No estarías en casa de Liliana? – preguntó sorprendido de que llegara a casa a esa hora.

Pero Blanca no pudo responder de inmediato; la verga de su hermanastro estaba completamente a la vista y, aunque su erección se desinflaba lentamente, aún conservaba dimensiones suficientes para que un temblor recorriera su cuerpo y una sensación invadiera a su coño. Tardó unos segundos en componerse, y para Eliseo fue evidente el rubor en el rostro de su hermanastra; rescatando un poco de lucidez, la chica le respondió al tiempo que entraba al baño para lavarse el rostro.

– Sólo compramos el material – dijo, mientras el agua del grifo caía sobre su manos y lavaba su cara – Yo voy a armar el trabajo; una parte solamente, el resto lo terminaremos en la escuela.

– Ah, bueno – murmuró Eliseo, quien recordó su desnudez y volteó hacia su cuarto para buscar alguna de sus prendas mientras Blanca terminaba de lavar su cara.

Pero el muchacho no encontraba sus calzoncillos hasta que fijó su mirada en Pilar; rápidamente le hizo una seña a la chiquilla y esta no tuvo más opción que lanzarle la prenda; la pobre chica, sin atrever a moverse de su lugar no sabía ahora si taparse sus tetitas o su coño; optó, finalmente, por vestirse rápidamente con la falda y tapar con sus brazos cruzados la desnudez de su torso.

Blanca salió de pronto; dirigiéndose hacia las escaleras cuando, sin que Eliseo lo contemplara, se dio la media vuelta y se acercó a la puerta del cuarto de su hermanastro y de un solo empujón la abrió por completo. Se encontró con la mirada de espanto de su hermana menor y escaneó rápidamente la desnudez de la chiquilla.

– ¿Todo bien? – preguntó Blanca, y Pilar solo pudo contestar afirmativamente con un movimiento de su apenado rostro.

Blanca salió del cuarto y miró rápidamente a Eliseo, que no podía ocultar lo vergonzosa que le resultaba aquella situación.

– No hay problema – murmuró Blanca, con una sonrisa extraña que el muchacho no logro interpretar

Blanca se acercó a él y se dejó caer sobre sus rodillas; bajó de golpe los calzoncillos del muchacho y tomó suavemente aquella verga con su mano. Estaba apenas perdiendo su erección, por lo que no pasaron muchos segundos hasta que la situación le provocó un endurecimiento total. La chica mamó aquella verga con una prisa extraña, casi desesperada; se ayudaba de sus manos para masajear aquel pene que de todas formas ya estaba a punto de eyacular cuando estaba con Pilar. Le excitaba pensar que Blanca chupaba su verga recién salida y aun impregnada de los jugos de Pilar; sentía una sensación de poder tal que acariciaba los cabellos de Blanca como si esta fuese una mascota.

Blanca estaba completamente distinta; parecía una experta en el arte de chupar falos, y la única explicación que Eliseo encontró a aquello fue recordar la afición de la chica por las películas pornográficas. Blanca chupaba hasta el fondo y de pronto sacaba el falo lleno de su propia saliva para dirigirse a chupar los testículos de Eliseo sin dejar de masajear el largo de aquella verga con su mano. Todo era con tal precisión y habilidad que parecía ensayado. Unos sonidos bajos pero extraños salían de la boca ansiosa de la muchacha mientras se tragaba todo lo que podía de aquella verga; de pronto disminuía la velocidad y chupaba con ternura, solo para regresar repentinamente a los movimientos enérgicos que hacían que el cuerpo de su antes tan odiado hermanastro se estremeciera de placer.

De pronto, Eliseo sintió que la eyaculación estaba próxima y, tomando la cabeza de la chica, la apretujó lo más que pudo contra su verga. Un líquido caliente fue expulsado dentro de la boca de Blanca que respiraba como podía al tiempo que miraba a su hermanastro con una mirada sumisa que el muchacho recibió con beneplácito. El muchacho finalmente sacó su verga de aquella boca y señalo las mejillas de la chica, donde escurría un poco de líquido que escapó. Sin problemas, la chica limpio sus mejillas con su dedo que finalmente se llevó a la boca. Todavía complació más al muchacho limpiando el exceso que había quedado en el glande de aquella verga; y, como si no fuera suficiente, abrió su boca para que Eliseo pudiera constatar que todo su semen había sido tragado.

Eliseo no pudo más que quedarse callado; si Blanca le intentaba comunicar algo con aquel extraño comportamiento era algo que iba a tardar en digerir. La chica, sin perturbación visible, le dijo:

– Voy abajo – le avisó mientras vestía cuidadosamente a Eliseo con sus calzoncillos – terminaremos como en media hora.

La chica se puso de pie y bajó velozmente, y en seguida se escucharon las voces de ella y su compañera de clases. Eliseo se quedó pensativo algunos segundos y regresó a su cuarto; asegurándose esta vez de cerrar con seguro. Se encontró con la angelical figura de Pilar, que seguía inmóvil en la misma esquina y se mantuvo así todavía un buen rato hasta que un rayo de lucidez la hizo regresar a la realidad y rápidamente agarró sus prendas. Solo encontró su sostén y su blusa; pero estaba tan nerviosa por aquella situación que se escabulló como animalito y salió rápidamente del cuarto.

Eliseo no la siguió, comprendió la situación que pasaba su hermanastra y solo se sentó en su cama a pensar las cosas. Su mirada recorrió el cuarto y curiosamente dio con las bragas de Pilar; se puso de pie y las tomó. Eran unas bragas preciosas: rosadas, hechas de fibra de un algodón suave, con un aspecto infantil, y húmedas en el frente por la excitación de la muchacha. Él las olió y el olor invadió su cuerpo y aceleró el latir de su corazón hasta el punto que una nueva erección se asomaba bajo sus calzoncillos. Se liberó de ellos, y su erección creció con la desnudez. Eliseo se volvió loco; arrojó las bragas y salió del cuarto.

Pensaba dirigirse al cuarto de sus hermanastras; pero escucho toser la voz de la chica. La puerta estaba entreabierta y la miró sin que esta se percatara mientras lavaba su rostro; no se había vestido con la blusa y el sostén; de modo que solo la falda la vestía en ese momento. El muchacho, completamente loco de deseo, no dudo un segundo en entrar. La chica se sobresaltó pero se mantuvo inmóvil en la misma posición que curiosamente parecía ceder su culo a los deseos del muchacho. Pero este la tomó de los hombros y la volteó; la miró fijamente y enseguida le estampó un beso del que ambos no pudieron separarse por casi un minuto. La abrazó como si no quisiera perderla nunca, y la pobre chiquilla estaba tan emocionada por todo lo sucedido hasta entonces que estaba perdiendo el concepto de realidad que durante años se había forjado en su mentalidad. Cuando el beso acabó, Eliseo solo dio una orden.

– Vamos a tu cuarto – dijo – Agarra tus cosas.

Pilar obedeció y en menos de un par de minutos ya se encontraba acostada sobre su cama, pura hasta entonces, con el cuerpo desnudo de su hermano entre sus piernas, con un pene bien erecto atravesando su coño y con unos labios prohibidos besándola sin pausa alguna. Eran más lentas pero más apasionadas las suaves embestidas que la excitaban de la misma forma, o incluso aún más, a la chica. Pasaron minutos y minutos en los que Eliseo aprovechó para explorar los detalles más íntimos de la piel de la muchacha. Sin si quiera advertirlo, el muchacho había provocado dos orgasmos a su hermanastra; los más hermosos que ella había sentido hasta ese día. Aunque Eliseo aun no perdía su erección tuvo que darse un descanso a petición de la agotada muchacha.

Se tumbaron sobre la cama; Pilar se acostó a su lado y apoyó su cabeza sobre el pecho de Eliseo que manoseaba suavemente su culo. Sus dedos jugueteaban suavemente con los líquidos expulsados desde el interior de aquel coñito; Pilar sonreía satisfecha ante aquello.

Minutos después escucharon las voces y el alboroto de Blanca, que despedía a Liliana; se asustaron al principio al creer que se trataba de sus padres pero recordaron tranquilos que aún faltaba casi un par de horas para que ellos llegaran. Escucharon los pasos de Blanca e inmediatamente la vieron entrar, sin alarmarse esta vez, con naturalidad al cuarto. Blanca sonrió ante la barbaridad que sus ojos veían, pero terminó acostándose junto a su hermanastro. Complacido, Eliseo besó a Blanca mientras sus manos se divertían con el culo desnudo de Pilar y  enseguida se dirigieron a la entrepierna tibia bajó el uniforme deportivo de Blanca.

El muchacho estaba cansado pero un impulso natural le empujó a seguir con la faena y no desaprovechar aquel sueño en el que estaba inmerso. Pilar, sin problema alguno, asistió a su hermanastro y le ayudó a desvestir a su propia hermana. La mayor de las hermanas ni siquiera notó esto, estaba cegada en el deseo que llevaba encima. Sin duda alguna, se dejó despojar de sus ropas mientras las manos de su hermanastro recorrían todo su cuerpo.

Sin importar las dos erecciones anteriores, el pene de Eliseo se preparaba ya para la siguiente faena. Blanca se encontraba solo con las bragas y el sostén puesto; pero estos no duraron mucho pues, casi al mismo tiempo, Pilar la despojó de las bragas mientras su hermanastro le desabrochaba el corpiño.

Apenas se retiró la tela, sus pezones fueron recibidos por los ansiosos labios de Eliseo. Por su parte, Pilar solo se mantuvo en su lugar, hincada en la posición de una geisha. No sabía qué hacer, pero le empezaba a gustar lo que miraba; la lascivia se había convertido en una constante dentro de sus pensamientos. No solo le había terminado por gustar el mantener relaciones sexuales con su hermanastro, sino que comenzaba a agarrarle el gusto a ver a su propia hermana ser follada por él.

También a Blanca le había sucedido algo parecido, y no tenía ningún problema de ser grabada, observada e incluso tocada por su pequeña hermana mientras cogía con su hermanastro. Algo similar a cualquier droga había cambiado las adolescentes mentes de los tres, y era algo que no daba muestras de terminar pronto.

Dejándose llevar por aquel ambiente de erotismo, Pilar se acercó por detrás de su hermanastro y le intentó abrazar torpemente, pues el muchacho estaba entretenido besuqueando las tetas, el cuello y los labios de una Blanca que se ponía cada vez más caliente. La mayor de las hermanas, cegada seguramente por la excitación, notó el comportamiento de su hermanita y se le ocurrió el mayor de los atrevimientos hasta entonces: sin mediar palabra, la tomó por la nuca y la acercó a su pubis.

La primera reacción de Pilar no fue lo esperado, se intentó alejar ante aquello. Eliseo se dio cuenta de esto; los tres se detuvieron por primera vez. Era obvio que Pilar se sentía incomoda con la idea de realizarle sexo oral a su hermana; no era algo tan sencillo de decidir después de todo. Blanca se sintió avergonzada con aquello, y esto se notaba en su enrojecido rostro. Incluso Eliseo se sintió como un idiota; al grado de que se preguntaba si aquello era correcto más allá de los placeres.

Pasaron largos segundos, y Pilar notó la incomodidad de aquel momento. Ahí estaban los tres; hacia menos de una semana que se comportaban como cualquier trio de hermanos y ahora estaban ahí, completamente desnudos y en medio un torbellino sexual.

Pilar se dio cuenta de que estaba provocando lo que podría ser la ruptura de aquello; no sabía cómo remediarlo pues su intención no era acabar con todas aquellas cosas que seguramente estaban por venir. A ella le gustaba todo aquello, sí, pero, ¿chupar la vagina de su propia hermana? Era algo que desde luego le incomodaba así de pronto pero, finalmente, ¿qué más daba? Armándose de valor, se acomodó frente a su hermana. Ante la expectación de los dos mayores, abrió con suavidad las piernas de su hermana y dirigió sus labios al coño tembloroso.

– Pilar – la detuvo con voz entrecortada – si no quieres no.

Pilar la miró, casi con compasión y, sin mediar palabra, besó los labios vaginales de Blanca. La hermana mayor se estremeció con aquello, su piel se enchinó y era capaz de sentir cada movimiento de la boca de su hermanita. Pilar hacia aquello con tal calma que parecía estar catando el sabor del coño. Volvió su mirada directamente a los ojos

– Si – le dijo con una voz tan suave como sus besos – si quiero.

Eliseo, que seguía sin poder creer todo aquello, sintió en el fondo un suspiro de tranquilidad al concluir que todo seguía viento en popa. Pero se mantuvo un momento como observador del oral que Pilar le practicaba a su hermana mayor. Al principio la chiquilla era torpe, pero poco a poco los gemidos de su hermana mayor se intensificaban y era así como sabía que iba por el camino correcto. Contrario a lo que se imaginaba, chupar un coño no era tan difícil ni desagradable; y, en el fondo, le parecía excitante la idea de provocar todo aquello a Blanca.

Pasados algunos minutos, Eliseo se atrevió a unirse a la fiesta. No sabía ni por dónde empezar, por un lado estaba el culito levantado y expuesto de Pilar y por el otro las tetas y la boca gimiendo de Blanca. Se le podía ocurrir cualquier cosa pero optó por una; abierto de las piernas, se colocó cuidadosamente sobre el cuello de Blanca y le ofreció su verga erecta. Blanca no tuvo ningún inconveniente y, a pesar de los gemidos que su hermanita le causaba, recibió de buena gana aquel falo y lo chupó con deleite. Ahí estaban de nuevo los tres, dándose placer.

A pesar de su torpeza inicial, Pilar no tardó mucho en provocar el primer orgasmo a Blanca, que se sintió un poco avergonzada al darse cuenta que la cara de su hermana había sido parcialmente salpicada por sus líquidos vaginales. Pero a Pilar no pareció importarle mucho pues incluso aumentó la pasión en sus labios, obligando a Blanca a sacar la verga de Eliseo de su boca y gemir fuertemente mientras su cuerpo se tensaba.

Eliseo decidió que era momento de cambiar posiciones y colocó a ambas chicas en cuatro sobre la cama. Era obvio que no iba a poder penetrar a ambas al mismo tiempo pero el solo hecho de observar aquellos dos culitos dispuestos solo para él ya era todo un deleite. Decidió iniciar con Blanca, a quien consideraba la más urgida en ser penetrada, y en realidad era así.

Perfectamente dispuesta, la chica disfrutó cada segundo en que el pene de su hermanastro se clavaba entre sus labios vaginales. Posterior a esto, sentía como aquel glande se remojaba dentro de su coño para inmediatamente sentir los primeros bombeos. Había esperado con desesperación para ese momento, sabía que no faltaba ni una hora para que sus padres llegaran pero deseaba que el tiempo se detuviera un poco para que Eliseo la follara a plenitud.

Eliseo aumentaba poco a poco los bombeos sobre aquel coño, mientras su mano derecha se dedicaba a ofrecer a Pilar un poco de placer. La chiquilla en realidad hubiese preferido aquella verga que daba placer a su hermana, pero era lo suficiente compasiva para esperar. De un momento a otro, Eliseo pareció volverse un animal y aumentó el ritmo de tal forma que Blanca cambio sus gemidos por gritos. Pilar veía aquella imagen con erotismo, solo ver a su hermana y a su hermanastro en aquella salvajada le provocaba una inundación en su coño.

No tardó mucho en llegar el siguiente orgasmo de Blanca, quien pidió a gritos una pausa que Eliseo no concedió, pues siguió taladrando a la muchacha con la misma intensidad. La pobre Blanca tuvo que dejar escapar algunas lágrimas con todo aquel placer que recibía en su vagina.

Mientras se follaba a Blanca, Eliseo posaba su mirada en dos figuras que le estaban volviendo loco. No paraba de enfocar su vista en la entrada del ano de ambas chicas. Se trataba de dos asteriscos perfectos y apretados; y a pesar de ser hermanas, ambas chicas tenían esfínteres con características muy distintas. El culo de Blanca era claro, con una entonación central más bien rosada. Pilar, por su parte, tenía un ojete aún más apretado y pequeño aun, y en vez del tono rosado de su hermana tenía agujero más bien oscuro. La sola idea de romperle el culo a ambas le estaba volviendo loco, pero le parecía una proposición tan grave que temía que eso provocara el acabose de aquella aventura. Sabiamente, prefirió esperar, al menos por el momento.

Pasaron los minutos y otro orgasmo llegó para Blanca; agotada, la muchacha se dejó caer sobre la cama. Eliseo, rabioso de placer, sacó su verga de Blanca y se posó detrás de Pilar, que seguía pacientemente esperando en la misma posición en cuatro, exponiendo sin tapujos la belleza de su culo.

Eliseo solo tuvo que magrear un poco con su pene aquel coño ya dispuesto a ser penetrado. Apenas vio la oportunidad, clavó de golpe su falo en la pobre chica, que esta vez no recibió los mismos cuidados de hacia unas horas. Pero Pilar no se sintió enfadada, al contrario, deseaba ser tratada de la misma salvaje forma con la que hacía unos momentos su hermana había sido follada. Quería ser maltratada, quien sabe por qué, pero eso quería.

Sin saberlo, Eliseo le cumplía sus deseos taladrando velozmente aquel coñito. Pilar gritaba como loca ante cada embestida, y al igual que Blanca, no pasó mucho tiempo cuando las lágrimas brotaron de sus ojos.

– ¡Cabrón! – gritó, llamando la atención de los otros dos, que nunca la habían escuchado decir semejante palabra – ¡Sigue, sigue! ¡Cabrón! – repitió

Y el cabrón de Eliseo no pudo más que obedecer; y siguió penetrando con gusto a su pequeña hermanastra. La muchacha sintió también la misma sensación que Blanca había experimentado hacia algunos minutos: llegado el primer orgasmo, Eliseo no le permitió descansar, sino que aumentó el ritmo y la fuerza de sus embestidas, no dejándole a la chiquilla otra opción que revolver su cara sobre la almohada.

Justo en ese momento, Eliseo presintió por fin lo que había estado deseando desde hacía mucho: un torbellino se sintió a lo largo de su falo y enseguida un chorro de semen y esperma se precipitó en el interior de Pilar; era la primera vez que Eliseo eyaculaba dentro de la chica y, sin duda, esto le dejaba satisfecho. También la muchachita disfrutó el calor de aquella viscosa sustancia en su coño.

Pasados algunos segundos, Eliseo sacó su falo del interior  de Pilar, tomó sus cosas y se retiró hacia su cuarto. Así, como si nada, el muchacho había abandonado a sus hermanastras desnudas, agotadas y recién folladas, como si de un par de putas se tratara.

En realidad, Eliseo se había ido tan precipitadamente por que no faltaban más de quince minutos para que sus padres llegaran. Veinte minutos después, los padres llegaron y se encontraron con la normalidad de todos los días. No podían ni siquiera imaginar lo que en esa casa sucedía en cada una de sus ausencias. No se imaginaban siquiera la posibilidad de ello. No sabían en lo absoluto como Eliseo se follaba por las tardes a las dos hermanas, y probablemente no lo sabrían nunca.

Fueron semanas de locura; casi todos los días Eliseo recibía alguna mamada o algún encuentro fugaz por parte de Blanca. Nada le encantaba más que la idea de tenerlas a ambas al mismo tiempo; pero rara vez se presentaba la oportunidad. Peor aún, Pilar, por alguna extraña razón, comenzó a pasarse tardes enteras en casas de sus compañeras de clases. Esto volvía loco a Eliseo que la deseaba como a nada en el mundo; sentía el temor a perder los placeres que esta le había dado y apenas le bastaba con los arrebatos sexuales con la hermana mayor para soportar aquel deseo. En su paranoia, el muchacho llego a temer que esa era la forma de Pilar de alejarse de él para siempre. Para cuando Pilar llegaba a casa, lo hacía con sus padres.

Pero un respiró llegó cuando Eliseo cumplió los dieciséis años; durante las horas de ausencia de los padres las dos muchachas llevaron a la cocina a su hermanastro y le regalaron un pastel individual al que el muchacho sopló la vela y se comió con gusto, pues era además el primer detalle que alguna de ellas le regalaban desde que Eliseo llegó a aquella casa.

Apenas terminó de comer el pequeño postre, Blanca se precipito bajo la mesa ante la sorpresa del muchacho. Pilar, por su parte, se encargó de alejar la mesita de ahí y se dirigió enseguida a acompañar a Blanca en la tarea de desvestir las bermudas de Eliseo. La situación era tan excitante que para cuando las dos hermanas lograron quitarle el calzoncillo a su hermanastro, este ya tenía la verga perfectamente erecta.