SOMETIENDO 4Eliseo; que a pesar de las apariencias se encontraba en completo estado de incertidumbre, repleto de nervios, respiró aliviado ante la respuesta de Blanca. Sacó su mano de las bragas de la chica y con Sin títulounas palmaditas en el culo le ordenó que subiera. La chica subía mientras Eliseo la seguía por detrás con los mismos o más nervios que la chica; hasta entonces se estaba dando cuenta de la gravedad de su proposición pero no pensaba echarse hacia atrás, se fundió en el mismo aura de valor que hacía unas horas le habían hecho conseguir el cuerpo de Blanca. Tenía nervios pero también toda la intención de hacerlos a un lado.

Blanca se dirigió a su cuarto, donde Pilar se encontraba. Eliseo, por su parte, se desvió hacia su cuarto donde rápidamente tomó la videocámara; en menos de un minuto ya se encontraba en la recamara de sus hermanastras, colocó la videocámara sobre la misma mesa donde hacia unas horas se había grabado mientras follaba con Blanca. Esta vez a la muchacha no le sobresaltó tanto la presencia del aparato; Pilar, por su parte, no se daba cuenta de nada pues no apartaba la mirada de la pantalla de la computadora.

Ahora Eliseo era el que estaba realmente nervioso; miró a Blanca, quien comprendió el sentir del muchacho e intentó tranquilizarlo con la mirada. Llenándose de valor el muchacho se acercó a ella y se tumbó sobre la cama; Blanca se hizo a un lado, incorporándose para después colocarse de cuclillas sobre las piernas del muchacho.

– ¡Tú, vete! – alcanzó a gritar Pilar al sentir la presencia del muchacho, pero este no respondió y Pilar, desde luego, no se tomó la molestia de voltear la mirada.

Eliseo y Blanca se miraron un rato y de pronto las manos de la chica se dirigieron a la cintura del muchacho, desamarrando las cintas de sus bermudas, tomando la parte superior de la prenda al mismo tiempo que las de sus calzoncillos y arrastrándolos hacia sí, quedando frente a ella la erecta verga del muchacho. Esta vez Blanca había tomado la iniciativa.

Pero Pilar, ignorante de esta situación, no se pudo dar por enterada, lo que ayudó a que ambos muchachos mantuvieran el mismo ritmo de la adrenalina y continuaran con lo suyo. De estar en cuclillas la chica cambió a una posición arrodillada; una liga en sus muñecas le fue útil para amarrar sus cabellos rizados que le hacían ver tan preciosa. Sin pena ni gloria se inclinó hasta el pubis de del muchacho que se estremeció al sentir la fresca y suave boca de su hermanastra masajeando el glande de su pene. Algunos rizos llegaban a caer y posarse sobre el vientre y los testículos de Eliseo pero Blanca los recogía y colocaba sobre su oreja, y de vez en cuando lanzaba miradas fugaces a su hermano que acariciaba el rostro que en aquel momento le llenaba de placer.

La suavidad de las primeras mamadas se tornaron más apasionadas; el falo del muchacho comenzaba a desaparecer dentro de la boca de su hermanastra que empezaba a engullir con más fuerza hasta lograr en algunos momentos devorar casi toda la envergadura de aquel pedazo de carne. La mano de Blanca ya masajeaba y sobaba los testículos del afortunado muchacho. Todo había sucedido en un relativo silencio hasta que, al engullir casi todo el pene de su hermanastro, Blanca no pudo evitar lanzar una arcada.

A Pilar le llamó la atención el extraño sonido por lo que volteó; lo que miraban sus ojos era algo que no podía creer. Lo primero que alcanzo a ver fue a su hermana, de rodillas frente a Eliseo que miraba como la pobre Blanca tosía levemente, con su verga metida en la boca y su mano ocupada con los huevos de su hermanastro. La chica enmudeció con esta escena y un gritito ahogado dio aviso a la pareja de que su plan comenzaba a tomar forma.

Ahora también Blanca se había puesto nerviosa pero recobró la actitud y siguió mamando. Pilar no supo que hacer de modo que se giró de nuevo a mirar la pantalla de la computadora mientras sus manos temblaba; su piel estaba erizada con la escena que acaba de ver. Entonces, lentamente, comenzó a ponerse de pie; Blanca la miró, y al ver esto se puso de pie inmediatamente y se dirigió a cerrar la puerta con llave; le lanzó el llavero a Eliseo y, sin más, volvió a su posición a seguir chupando aquella pija.

Pilar estaba completamente confundida; entendía perfectamente lo que estaba sucediendo pero simplemente no podía creerlo ni encontraba explicación alguna para el espectáculo que sus ojos presenciaban. Tomó asiento de nuevo e intentó desviar la mirada pero la escena era tan atrayente que por un tiempo no pudo dejar de ver el ir y venir de los labios de su hermana por casi medio minuto. La mano de Eliseo acariciaba el precioso cabello de Blanca mientras esta ya comenzaba a alternar entre besuquear el glande, lamer el tronco de la verga y chupar cada uno de los huevos de su hermanastro. De pronto Blanca sacó de su boca uno de los testículos para rápidamente deshacerse de su blusa y en seguida del sostén que cubría sus tetas; al dejarlas al aire libre regresó para seguir chupando y lamiendo los testículos del afortunado muchacho. Tan excitado se encontraba Eliseo como sorprendido por el inesperado comportamiento de la chica.

Pilar seguía petrificada, estaba visiblemente incomoda con la situación pero también atraída por todo aquello que sucedía frente a sus ojos. De pronto Eliseo se puso de pie; se deshizo definitivamente de su bóxer y sus bermudas y, ordenándole a Blanca que se mantuviera en aquella situación se subió sobre la cama y se colocó detrás de ella. Pilar no pudo evitar fijarse en las dimensiones del falo de su hermanastro ni tampoco fue capaz de desviar la mirada al ver como este comenzaba a bajar el short deportivo y enseguida las blancas bragas de su hermana; dejando a la vista el redondo culo de Blanca, que se acomodó sin más para recibir la verga de su hermanastro.

El muchacho apuntó su verga a la entrada de aquel rosado coñito y, lentamente, comenzó a cavar entre aquellas cálidas y suaves carnes hasta que todo el tronco de su verga se vio inmerso en las paredes de aquella vagina. Blanca se mordió los labios de placer al tiempo que su hermanastro iniciaba un lento ir y venir que le hicieron aumentar el ritmo de su respiración. Entonces Blanca volteó a mirar a su petrificada hermana Pilar; ese era el primer contacto visual que tenían desde que todo eso inició y ninguna de las dos pudo desviar la mirada. De pronto Blanca alzó su mano derecha y la dirigió hacia Pilar; esperando que esta posara la suya, pero Pilar no reaccionó, estaba completamente nerviosa.

Blanca insistió y movía sus dedos a fin de atraer la mano de Pilar que, finalmente, aceptó y posó su temblorosa mano sobre la de su hermana. Blanca apretujó aquella desconfiada mano y jaló para atraer a su hermanita hacia ella; Pilar estaba en un azoro total, sus piernas perdieron fuerza y se sentó sobre el colchón que se agitaba en cada embestida que su hermanastro repartía a Blanca. No sabía que hacer mientras miraba de cerca como su hermanastra gemía de placer en cada ir y venir de la verga que invadía su interior. Blanca miró de nuevo a la asustada Pilar, le sonrió con unos labios desfigurados por el placer que le provocaba la verga de Eliseo. La muchacha llevó sus manos al rostro de su asustada hermana y acarició sus ruborizadas mejillas. Después sus manos descendieron y apretujó el abdomen de la chica al sentir un impulso dentro de su vagina; se repuso y trató de tranquilizar a Pilar sobándole su tembloroso vientre. Ninguna de los tres cruzaba palabras.

Sin esperárselo, una mano comenzó a arrastrase por debajo de los pantaloncillos cortos de Pilar; se trataba de Blanca, que no paraba de gemir al tiempo que sus dedos se instalaban en el coño de una absorta Pilar que ni siquiera tuvo tiempo de evitarlo. Blanca manoseó las partes íntimas de su hermana y sonrió al darse cuenta de algo: Pilar tenía el coño completamente húmedo. De vez en cuando la mayor de las hermanas lanzaba gritos ahogados y daba retorcijones al sentir en su vientre el placer de un orgasmo.

La piel de Pilar se había enchinado; sentir los dedos de su hermana magreando su coño le causaban un insoportable placer que de ningún modo se atrevía a justificar. Su cuerpo comenzaba a retorcerse cada que vez que los dedos de Blanca se replegaban en los húmedos labios de su vagina y un sudor de nervios y goce surgía de su piel. Dio un vistazo a su alrededor y miró todo desde otra perspectiva; su hermanastro se había quitado su camiseta y su cuerpo desnudo y sudoroso se fundía con erotismo con el de su hermana Blanca.

El sudor estaba en la piel de aquel trio de cuerpos; Pilar comenzó a degustar el placer que las manos de su hermana provocaban en ella. De pronto sintió que una fuerza jaloneaba la tela de sus pantaloncillos cortos y la alzaba levemente; se trataba de la mano de Eliseo que acerco a la chica hacia él, Pilar pensó en resistirse pero no podía, simplemente no podía. La mano de su hermana seguía aferrada a su coño y su piel se estremeció al sentir una segunda mano, más grande y menos delicada, arrastrándose bajó la tela de la parte trasera de su uniforme escolar. Era la mano de su hermanastro que se escabullía bajo sus bragas y acariciaba con pasión su suave y firme culito. Los dedos del muchacho se pasearon entre las nalgas de la perturbada chica que reventó en sensaciones al sentir la caricia de aquellos dedos sobre el asterisco de su ano.

Las embestidas de Eliseo sobre Blanca no cesaban; pero Blanca le obligó a detenerse un instante; tiempo  en el que, además de tomarse un respiro, utilizó para desvestir a Pilar de su blusa y su sujetador deportivo. Esto permitió a Eliseo admirar por primera vez los tiernos senos que apenas iban brotando del pecho blanco y virgen de Pilar; que ya no oponía, porque no podía o no quería, resistencia a todo aquello que en aquella recamara sucedía. Eliseo bajó de la cama y se colocó inmediatamente detrás de Pilar, a quien orientó para que se pusiera de pie. La muchacha obedeció, cegada por aquel ambiente de erotismo; no opuso resistencia cuando las manos de su hermanastro apretujaron las carnes de sus senos ni tampoco cuando sus pantaloncillos cortos y sus bragas amarillas descendieron hasta el suelo.

 

Eliseo estaba completamente ensoñado con toda aquella situación; en unas cuantas horas su vida había dado un giro de trescientos sesenta grados. Las mismas muchachas que apenas esa misma mañana le habían tratado de la forma más grosera posible, como lo hacían diario, ahora estaban ahí, a su merced. Se dio cuenta de que lo que imaginaba era cierto: el sexo, de alguna forma u otra, lo cambia todo, y a todos.

 

Sentía que sus manos se hacían trizas en cara caricia que daba a la suave piel de Pilar; volteaba a mirar a la cama donde Blanca seguía esperándolo en cuatro y sentía que su verga estallaba de placer. Dirigió a la menor de sus hermanastras sobre la cama, de rodillas a un lado de Blanca. Volvió a su anterior posición y sin previo aviso volvió a penetrar hasta lo más profundo del coño de Blanca. Inició de nuevo un va y viene sobre las nalgas de Blanca al tiempo que su mano derecha se posaba sobre el culo de Pilar, a quien le masajeaba el húmedo coñito con sus dedos. Les estaba dando placer a sus dos hermanastras; las dos gemían en un coro casi celestial. Eliseo se sentía en el cielo, se sentía feliz; más feliz que nunca.

Todo aquello le obligó, irremediablemente, a sentir como el placer de la eyaculación venía a él. No dio ningún aviso y rellenó el interior de Blanca de su leche. La chica se percató al sentir el semen caliente en su vientre. Eliseo pudo dar unas cuantas embestidas más antes de hacer a un lado a Blanca y caer rendido sobre la cama.

Descansando sobre la cama atrajo los cuerpos de las chicas hacia sí, una a cada lado; pensó que así debían sentirse los reyes. Sus manos acariciaban las caderas, los glúteos y las piernas de aquellas bellas chicas. Manoseó durante un rato sus coños mojados, especialmente el de Blanca, del que brotaba su semen que hacía unos momentos había depositado en su interior. El delicado cuerpo de Pilar era un sueño; una piel suave, limpia y pulcra que podía toquetear a su antojo y un coñito rosado y virgen que apenas había comenzado a saborear los placeres del sexo. La felicidad de aquel momento no cabía en la mente del afortunado muchacho; cada uno de los pasos de su arriesgado plan habían funcionado, por mera suerte quizás pero realmente estaba seguro en la teoría que retumbaba en su mente: el sexo, el maldito sexo cambia a todos, a todos.

Lo ajetreado del día le devino en un cansancio repentino; ni siquiera dijo nada cuando se levantó, se metió al baño, se dio una ducha, regresó desnudo y confiado a la recamara de sus hermanastras que lo miraban recostadas sobre la cama. El muchacho se vistió con la misma ropa y solo alcanzó a decirles algo a sus también agotadas hermanastras.

– Tengo mucho sueño, iré a dormirme.

Eliseo entró a su cuarto y de un sueño hecho realidad paso inmediatamente a otro; durmió como un bendito y no despertó hasta la mañana siguiente.

Al día siguiente la alarma del despertador sonó a las seis de la mañana, como de costumbre. Eliseo despertó de un largo sueño y mientras lograba incorporarse pensó en lo sucedido el día anterior: todavía no le cabía en la mente que todo aquello hubiese acontecido; pero así era, lo recordaba perfectamente.

No había adelantado nada de la tarea que su amigo Santino y él tenían pendiente; pero las diapositivas las podía hacer entre clases así que puso a cargar la batería de la laptop que necesitaría llevar ese día. Tras esto salió a darse una ducha; del baño apenas salía Blanca de haberse bañado, se miraron pero además de no dirigirse alguna ofensa todo parecía ir con normalidad. Eliseo no hizo mucho caso a esto por lo que se metió al baño y se dio una ducha.

Media hora más tarde ya estaba listo y solo espero cinco minutos más a que su hermanastra estuviese lista; dando el cuarto para las siete salieron juntos, como de costumbre. La escuela estaba a menos de quince minutos y normalmente, durante el trayecto a pie, jamás se dirigían la palabra. Eliseo se preguntaba si lo ocurrido el día anterior cambiaría de alguna forma las cosas pero no parecía ser así; no le dio mucha importancia, a fin de cuentas no tenía mucho que platicarle a Blanca. Tras unos minutos llegaron.

– Acuérdate – dijo Blanca mientras cruzaba el portón de la escuela – que hoy no iré a casa, tengo que ir con Liliana a hacer un trabajo.

– ¿Ya sabe tu papa?

– Le dije a tu mama, ella le comentará.

– Ok, si, entiendo – dijo Eliseo mientras miraba como la chica se alejaba.

Era hermosa, no podía dejar de pensar en ello. A su mente le vino algo que había estado en su mente durante la mañana y no dio cuenta cuando grito.

– ¡Blanca!

La chica se acercó extrañada, pero supuso que se trataba de algo importante.

– Estaba pensando – dijo Eliseo – sobre lo de ayer.

Blanca no mostró molestia pero su rostro si manifestó que no era el lugar más adecuado para ponerse a platicar de eso.

– No, es que, simplemente quiero saber de, tu sabes; no utilizamos nada, no sé si me explico…

– Eliseo – respondió la muchacha – la regla me viene en un par de días, no me voy a embarazar.

– ¿Y Pilar?

– Pero, si ni siquiera lo hiciste con Pilar; además a ella le baja uno o dos días después que a mí. ¿Ya me puedo ir?

– Si; solo quería saber eso.

– Si, eso estaba pensando también ayer; pero en otra ocasión deberíamos usar condón – opinó Blanca al tiempo que se despedía y se alejaba.

La última frase dejo perplejo al muchacho: de modo que Blanca suponía que habría una siguiente ocasión. Fuera como fuera la situación lo tenía muy ansioso; durante las clases no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido y en lo mucho que seguramente estaba por suceder. La última clase se había suspendido y fue la que aprovecho para terminar junto a Santino el trabajo de las diapositivas. A justa hora lo concluyeron e inmediatamente se dirigió a su casa. Por su mente solo paseaba una idea, un deseo; el reloj apenas marcaba las dos y cuarto de la tarde pero él moría porque ya que diesen las tres en punto para estar junto a Pilar. Sin nada que pudiera hacer se sentó en la sala y miró el televisor.

A las tres en punto ya estaba preparándose para ir a recoger a la menor de sus hermanastras a la escuela. Anteriormente no hubiese estado tan ansioso en ir por ella, todo lo contraria, era una molestia. Pero las cosas eran muy distintas ahora y no podía esperar el momento de estar solo con ella. Dando las tres y cuarto ya estaba fuera; de nuevo coincidió con su madre y su padrastro que llegaban del trabajo para comer, esta vez traían pizza.

 

– ¿Ya vas por Pilar? – preguntó su madre al tiempo que le besaba en la mejilla

 

– Si – respondió Eliseo con un fingido desinterés

 

Saludó de lejos a su padrastro que estacionaba el automóvil y se fue directamente a la escuela de la muchacha; llegó temprano y  la espero ansioso afuera. A las tres y media la chica salía se despedía de sus amigas y se acercó a su hermanastro.

 

– Hola – dijo Pilar

 

– Hola – le respondió el muchacho

 

Como si todo corriera con normalidad la chica caminaba delante de él sin ningún motivo aparente para mirarlo o cruzar palabra con él. El muchacho estaba algo confundido pero supuso que a la chica le daría pena mirarlo siquiera. Pero Eliseo no tenía ningún problema en mirarla a ella; esta vez vestía el uniforme de diario, una falda de rayas azulada con una ajustada camisa blanca que le hacía remarcar su preciosa silueta. El muchacho podía sentirse culpable de todo aquello pero escondía su vergüenza en la idea de que nadie que estuviese en su misma situación podría actuar de forma distinta, o al menos era lo que él quería creer.

 

Llegaron a casa y la chica entró con toda normalidad, primero a revisar sus juegos de internet y luego bajar a comer pizza, que tanto le gustaba. Eliseo tranquilizó sus ansias y comió con normalidad también; acabó y subió a su cuarto a terminar una tarea.

 

– ¡Llegamos al rato! – gritó su madre desde la planta baja.

 

– ¡Sí! – respondió Eliseo, mientras apuraba sus manos en el copia y pega que daba forma a su trabajo escolar

 

Acabó y, cansado, se acostó en su cama. Pensó inmediatamente en Pilar, y en el hecho de que se encontraba solo con ella. Comenzó a estructurar en su mente muchas formas de poder acercarse a ella; sin Blanca no se le ocurría alguna forma. Supuso que en primera instancia Pilar lo rechazaría, así que se fue haciendo la idea de que, al menos esa tarde, no podría hacer de las suyas.

 

– ¡Oye! – dijo una voz que le tomó por sorpresa

 

Azorado, Eliseo volteó hacia su puerta. Era Pilar, que se asomaba por la puerta. El muchacho no supo que decir, de modo que la muchacha entró y encendió las luces. Ella, desde luego, también estaba muy nerviosa por lo que desvió un poco su atención en el desorden de aquel cuarto. Tomando un poco de valor el muchacho se puso de pie y se acercó a ella. Le iba a abrazar pero la chica continuó con su camino hasta sentarse en la orilla de la cama.

 

Eliseo de veras no sabía que hacer de modo que se sentó junto a ella; no se dijeron nada pero la mano de Pilar, en un momento de lucidez, se posó sobre la pierna de su hermanastro. Motivado por esto la palma de Eliseo cayó sobre la rodilla de la chica. No soportando ya la idea de echarse atrás siguió arrastrando su mano sobre la piel de la chica, esta no dijo nada, lo que supuso como una especie de aprobación.

 

Sus dedos paseaban sobre las rodillas de la chica, y en seguida se escabulleron bajo la falda; manoseó las tiernas piernas de su hermanastra y continuó su camino hacia su entrepierna. Un bulto se formó bajo los pantalones de Eliseo y la mano de la chica se posó sobre su entrepierna, como queriendo contener la excitada verga que no pudo más que endurecerse aún más.

 

La mano de Eliseo ya se pasaba en la tela de las bragas de la chica, acariciaba sobre estas la posición del coñito que poco a poco se humedecía en respuesta a aquel roce.

– ¿Me las quito? – preguntó Pilar, acerca de sus bragas, con un dejo tal de inocencia que Eliseo no pudo más que sonreír

 

El muchacho se acostó de espaldas sobre la cama, tomando a su hermanastra de la mano y atrayéndola hacia él. El pequeño cuerpo de la chica quedo en cuatro sobre él y pudo sentir de pronto las dos manos de su hermanastro recorriendo sus piernas e instalándose en caricias sobre su culo. El chico arrugó las bragas en el canal que se formaba entre las dos nalguitas de la muchacha, confeccionando una especie de tanguita. La muchacha no sabía cómo reaccionar, por lo que se dedicó simplemente a disfrutar de las sensaciones que aquel manoseo le provocaba. Se mantenía recargada sobre el pecho de su hermanastro mientras este jugueteaba con las carnes de su culito alzado.

 

La chica se cansó un poco, de modo que suavemente tuvo que apoyar su coñito sobre el bulto de Eliseo. Este recorrió entonces todo el cuerpo de la chica con sus dos afortunadas manos; desde las piernas hasta las tetas, el muchacho saboreo con sus dedos el precioso cuerpo de su hermanastra. Entonces tomó el rostro de la chiquilla y lo acercó al suyo, estampándole en sus labios un apasionado beso en el que Pilar terminó perdiéndose. Poco a poco la chica se fue apasionando mientras juntaba sus labios con los de Eliseo, al tiempo que este seguía acariciando su delicado cuerpo. Mientras se besaban, Eliseo iba deshaciéndose de las bragas de la chica hasta que el húmedo coño de la muchacha se restregaba con su abultada entrepierna.

 

Eliseo, loco por aquella caliente situación tomó de la cintura a la chica y le oriento para que se girara, de modo que el virgen y húmedo coño de la chiquilla le quedó frente a su rostro. Sin perder el tiempo dirigió su lengua a la rosada raja de Pilar, que en seguida se contrajo al sentir aquella placentera sensación que la boca de su hermanastro le provocaba. El muchacho paseaba su lengua en cada pliegue de aquel coño e introducía su lengua todo lo que podía. La chica no sabía si iba a poder soportar todo aquello; trataba instintivamente de alejar su coño de aquella lengua que la conmocionaba pero las manos de Eliseo sobre sus piernas no dejaban alejar su culito de ahí. Pilar no pudo sostenerse más y la parte superior de su cuerpo se derrumbó sobre las piernas del muchacho; quedó recostada, con su mejilla sobre la abultada entrepierna de Eliseo mientras trataba de soportar cada lengüeteo que este le proveía a su excitado coño.

 

El placer le llenaba la cabeza a la chiquilla que, viendo su posición, se atrevió a desabrochar el cinturón y el pantalón de Eliseo para después comenzar a desvestirlo. La erecta verga de su hermanastro se erigió frente al rostro morboso de la chiquilla que, casi de forma instintiva, se llevó aquel pedazo de carne a su boca. Sin proponérselo había generado un perfecto sesenta y nueve; el pene de su hermanastro a duras penas le cabía en la boca y no tenía la menor idea de cómo debía chupar una pija. Pensaba preguntarle a Eliseo la manera en que debía hacerlo, pero este estaba tan bien ocupado lamiendo su rajita que prefirió no distraerlo. Tenía unas extrañas ganas de mamar aquel pedazo de carne que estaba frente a ella, por lo que opto por el autoaprendizaje. Se llevó aquella verga a la boca e inició un mete y saca que poco a poco tomaba buen ritmo; la chica era lista, sabía de antemano que no debía utilizar los dientes. Aplicada esta regla solo se dedicó, siempre y cuando los lengüetazos de Eliseo no la hicieran sentir desfallecer, a masajear con sus labios en forma de “O” toda la longitud posible de aquella verga. La muchacha aprendió con agilidad y en aquel momento Eliseo se sentía en el cielo.

Sin embargo la chica apenas podía concentrarse en chupar aquel pene pues la fuerza de la lengua de su hermanastro había aumentado y su coño comenzó a volverse más sensible; la pobre chiquilla se abrazaba a las piernas de Eliseo mientras su cuerpo se estremecía de placer con los últimos lengüetazos que soportó antes de que su coño reventara en fluidos ante tremendo orgasmo. Eliseo tuvo que entrecerrar los ojos cuando un chorrito de líquido escapo de aquel coñito estrecho. Sabía que la muchacha estaba en pleno punto y rápidamente se incorporó para inmediatamente colocarse detrás de ella. La chica apenas pudo presentirlo cuando el glande de Eliseo ya comenzaba a empujar en su virgen vagina.

 

La chica entró en terror pero en el fondo también estaba ansiosa de que aquella verga la penetrara hasta el fondo; el día anterior había quedado tan caliente que su desilusión fue grande al ver como Eliseo se había ido a dormir. Había esperado toda la noche sin poder dormir y durante todas las horas de clases para este momento; deseaba ya que ese pedazo de carne la follara de una buena vez. El muchacho comenzó penetrando poco a poco, mientras el diámetro de su verga empujaba las paredes del estrecho coño de Pilar. A la muchacha le dolía un poco y sus manos se aferraban y apretujaban las sabanas. El falo de Eliseo se abría camino y tuvo que hacer fuerza cuando una especie de elástico detuvo su camino.

 

– Duele – tuvo que admitir Pilar en aquel momento

 

Eliseo no dijo nada; se detuvo un poco a pensar y en seguida continúo empujando. Algo se resistía al tiempo que Pilar echaba su nuca hacia atrás con tal de soportar aquel dolor. De pronto, tras forzar un poco más, Eliseo pudo por fin penetrar a la chica. Un hilo de sangre fluyo del coño de la chica pero Eliseo prefirió no mencionarlo. Pilar dejo de sentir dolo poco a poco mientras Eliseo comenzaba la lenta y progresiva tarea de meter y sacar su verga de aquel estrecho coño.