Sin títuloCassandra y Guadalupe, dos niñas que se conocían desde el preescolar, asistieron juntas compartiendo la misma aula los seis años que dura la educación primaria, de igual modo se vieron en el mismo salón los tres años que conforman la educación secundaria para seguir juntas en esta su educación preparatoria, en otras palabras, los más de diez años de conocerse entre estas chiquillas habían desarrollado una especie de hermandad entre ellas, más que como unas simples amigas estas niñas se veían entre sí como verdaderas hermanas de sangre, y no solo de palabra sino también en el plano emocional, casi siempre lo que afectaba emocionalmente a una era rápidamente detectado por la otra, tal vez fue por el tiempo de convivencia entre estas dos niñas que la mamá de Cassandra permitió que su  desarrollada hija “se quedara a dormir en la casa de su amiga”, además, no era la primera vez que Cassandrita pedía permiso para esto.

Si bien no lo hacía seguido, a Cassandrita le gustaba mucho dormir en casa de su amiguita, esta otra niña (Lupita) vivía en una situación económica de más confort que Cassandra ya sus padres eran personas desempeñadas en algunos de los trabajos mejor retribuidos en el ámbito local, para Cassandra el quedarse a dormir en esa casa era sinónimo de televisión de paga, de poder disfrutar de internet para así revisar los perfiles y las fotos de los muchachos más guapos de la escuela, de aun sentirse niña (que bien todavía lo era pero ya no con la edad de andar jugando con muñecas) jugando con la gran cantidad de muñecas que Lupita guardaba en un pequeño ático ubicado arriba de su cuarto y que ella ya no utilizaba pero que al ver a Cassandra jugando y hablando con los juguetes se le venían a la mente todas las tardes de entretenimiento infantil que compartió con su mejor amiga.

Aparte, Lupita tenía un hermano mayor que ella y quien actualmente ya no vivía con ellos pero que por mucho tiempo dicho joven fue algo así como el amor infantil de Cassandrita (algo que los niños ven más como un juego) en los tiempos en que ella era una infanta, hay que hacer mención que en esa época Cassandrita aún no visualizaba el cuerpo que tendría, y la mayoría de las veces siempre andaba con el cabello todo alborotado y un poco sucia de su carita y ropita por jugar a la intemperie.

Además de todo esto Lupita tenía un perrito que lo cuidaba como si fuera su hijo y que Cassandra gustaba de cargarlo, siendo innumerables las ocasiones en donde el suertudo y chiqueón perro era a veces apretado entre ese par de tremendas y esponjosas glándulas mamarias que se gastaba la condenada chiquilla, momentos que cualquier hombre no desaprovecharía en manosear y lamer.

Debido a su estrecha relación muy posiblemente Lupita en poco tiempo comenzaría a sospechar que su mejor amiga se veía con alguien a escondidas, pero, quizás el error de Cassandrita que dio pie a que esta circunstancia se adelantara fue que después de hablarle a su mamá para pedir dicho permiso prosiguió a marcarle a su amiguita pensando ella que su mamá posiblemente podría marcar a Lupita para asegurarse que Cassandra en realidad se encontrara en donde le dijo, cosa que a su mamá ni siquiera se le había ocurrido. Cassandra era una niña que no decía mentiras, sus padres no la habían educado de esa manera, era la misma Cassandra quien estaba tan nerviosa por la situación en la que se encontraba y por la mentira que se había inventado que se sentía incómoda con ella misma y por más que quería le era imposible mantener su conciencia tranquila, así que sin más marcó a su amiguita echándose ella misma de cabeza.

EL DESPERTAR SEXUAL DE CASSANDRA

EL SEÑOR DE LA TIENDA IV

-pero Cassandra, como me pides eso, ¿en dónde andas?, dime- respondía la todavía uniformada Lupita una vez que Cassandrita solicitaba su solapamiento.

-Lupe porfa, hazme ese favor, en caso de que mi mamá te diga si estoy allá… dile que si, porfiss-

-y si me dice que te pase al teléfono?-

-no se… este… invéntale algo… que estoy en el baño, que me estoy bañando, me avisas y… ya yo de acá le marco de mi cel-

-ay Cassandra, pero si no estás en tu casa y no vas a estar en la mía, dime entonces ¿en dónde andas?-

-jiji, este… e… yo… estoy… en casa… de una amiga,- respondió Cassandrita sin embargo Guadalupe no se tragó el cuento pues notó el nerviosismo con el que Cassandra respondía a las preguntas, tartamudeaba y por momentos como que pensaba mucho las respuestas.

-cuál?- preguntó Lupita por la identidad de la supuesta amiga.

-mmmm, para que quieres saber si tú no la conoces… no es del salón, en una con la que juego voli… y me invitó… a ver… una película- dijo la nena.

Don Marce en cambio estaba expectante a la coqueta pose que Cassandra había adoptado mientras se comunicaba consistente en recargar notablemente hacia un costado todo su deslumbrante cadereo, la nena había alcanzado a ponerse su falda escolar antes de marcar a su madre pero estaba sin blusa ni sostén, en un principio con uno de sus bracitos cubría sus desarrollados pechos pero conforme la plática se alargaba retiró ese brazo dejando a la vista del pervertido su escultural cuerpecito semivestido, principalmente el desquiciante bamboleo que sus danzantes pechos llevaban a cabo ante el menor movimiento por parte de ella, está por demás decir que el viejo se comía con su cochina mirada a la nena, veía morbosamente todas sus carnosidades y redondeces que distinguen un buen cuerpo femenino y aun no se creía que el fuera el dueño y que recién se había cogido a ese tremendo prospecto de hembra que fácilmente sobresaldría de entre algún concurso regional de belleza mientras yacía recostado en la cama tallando su rasposa y descuidada barbilla compuesta principalmente por tiesos pero cortos pelos completamente plateados, moviendo sugerentemente su babosa lengua como si quisiera lubricar sus demacrados labios y adoptando una postura casi helénica, como si Leonardo Di Caprio fuera a inmortalizar su adónico cuerpo en una pintura como las que dibujaba en el Titanic, al viejo solo le faltaba el collar en forma de corazón.

Mientras tanto Cassandrita se había olvidado de que estaba en la casa del viejo rabo verde, por el nerviosismo que la embargaba y lo inaccesible que se estaba poniendo su amiga le daban ganas de colgar el cel y dejarla con la palabra en la boca, pero sabía que de ser así Lupita podría acusarla y entonces se metería ella en un gran problema, y muy probablemente su viejito, pero también sabía que insistiendo otro poco Lupita se chocaría y terminaría accediendo, así era ella, no por nada tenía más de una década de conocerla.

-¿y porque no le dices a tu mamá que estás con ella en vez de conmigo?- dijo Lupita.

-porque a mi mamá no le cae bien, anda Lupita me vas a ayudar sí o no?-

-mira Cassandra, eres mi mejor amiga y te aprecio mucho y sabes que te he ayudado en lo que nos podemos ayudar pero esto… esto no, piensa, te llega a pasar algo por allá dime, a quien le van a echar la culpa?- la otra muchachita sermoneaba a su casi hermana mientras esta torcía sus labios en señal de molestia por las respuestas de su amiga pero interpretada de una manera por demás coqueta por el flaco pero panzón viejo lombriciento.

Don Marce estaba hasta sudando por ver como al parecer la oportunidad se le iba, su verga ya estaba potentísima, no podía permitir que esta oportunidad se le fuera pero lo que más coraje le daba era el hecho de que no podía hacer nada más que seguir recostado, casi violando con la mirada a la tierna colegiala.

-no me va a pasar nada, ora porfis me vas a ayudar sí o no, te juro que es la primera y última vez que te pido esto, porfa cuñis- decía la nena en uno de los apodos con los que hace mucho que no llamaba así a Lupita.

-mmm, está bien, pero me debes una buena explicación de todo esto- accedía Lupita, más que nada porque la plática se estaba alargando demasiado y ya tenía mucho rato estacionada por estar conversando con su amiga, esta jovencita no tenía mucho que había salido de clases y aun se enfundaba en su discreto uniforme escolar, como era recatadita su falda llegaba casi hasta sus rodillas, unos cinco centímetros más larga que la de su amiguita.

-sí, sí, sí, te quiero mucho mamá, adiós- dijo Cassandra en tono de sarcasmo y cortó la llamada para voltear a ver risueña a su malformado hombre.

-ya está- dijo Cassandra subiéndose a la cama como toda una gatita en celo y acostándose al lado de reprobable sujeto quien se había puesto a masajearse la verga sin descaro alguno.

El caliente viejo comenzó a meterle mano una vez que la nena llegó hasta sus dominios, Cassandra era niña muy inocente, tan inocente que ella pensaba que la noche solo consistiría en acosarse con él, el blanco concepto de “acostarse” para Cassandra significaba estar desnudos, tapados y acostados sin necesidad de tocarse, pero para el cochino viejo este vocablo se traducía en algo más pervertido, el viejo tenía pensado seguir cogiendo hasta que su alma abandonara este plano terrenal.

-Don Marce, usted dijo que solo estaríamos acostados- dijo la nena un tanto incómoda puesto que el vicioso viejo se dignó a masajearle sus intimas partes al tiempo que intentaba con su verga putear la delicada concha de la nena, cosa que no podía hacer puesto que la distancia entre ambos cuerpos era aún algo lejana.

-porque le hablates a esa chiquilla??, pensé que solo le avisarías a tu mamacita- decía el viejo babeando como un perro y desfigurando su rostro mientras sus manos se peleaban entre ellas por adueñarse de las partes íntimas de la nena.

-Don Marce, es que, qué tal si mi mami le marcaba, así Lupita ya sabe que decir- decía Cassandrita toda ruborizada y sudada de su carita llevándose una de sus manitas a manera de cubrirse su boca como si fuera a bostezar pero en realidad tratando de cubrir sus nacientes y placenteros jadeos que le remarcaban al viejo lo bien que su hembrita sentía cuando era tocada de sus partes íntimas, sintiendo claramente ella como unos traviesos dedos husmeaban y revolvían su mojada intimidad.

-jejeje, que inteligente mi niña, siempre pensando en todo- dijo el contento viejo ahora pegando su cuerpo con el de la nena, solamente un pequeño hueco ubicado a la altura de las partes reproductoras de ambos era el único lugar donde los cuerpos no se juntaban pero casi uniéndose debido a que la verga del viejo prácticamente hacía en carnal puente entre ellos, este espacio era aprovechado por las arrugadas manos de Don Marce para juguetear a sus anchas con la feminidad de la niña.

Desde que el viejo probó a Cassandra quedó maravillado, era el mejor cuerpo y por mucho del que había podido paladear, ni en su juventud tuvo el atractivo para llamar la atención de féminas de colosal belleza, pero, Don Marce era un fino exquisito en la materia en cuanto a admirar mujeres y a emitir juicios valorativos en torno a la belleza femenina, y Cassandrita, a pesar de ser un ángel encarnado en cuerpo humano, aun poseía un pequeño defecto para el viejo, tenía pelitos cubriéndole su panochita, y esto era notorio cada que el viejo la manoseaba o lamía de ahí, y ese momento no era la excepción. A pesar de que los vellos de la nena apenas y eran imperceptibles al tacto el viejo denotaba cierta incomodidad con esto, estaba tan acostumbrado a admirar al estereotipo de la mujer desde el punto de vista de la pornografía, depilada, que deseaba ver a su musa en igualdad de condiciones, así que le ordenaría, si, ordenaría, pues él ya se sentía su dueño, su gobernante, su propietario, el único con derechos sobre ese potente cuerpo que despertaba las más insanas bajezas que un hombre pudiera manufacturar.

Y es que Cassandrita no se daba cuenta del tremendo potencial que tenía en todo su cuerpecito, sus excelsas pantorrillas tan carnosas como una bailarina de ballet, unas potentísimas piernas y muslos tan carnosos que llegaban a rozarse el uno con el otro en cada paso ella que daba y que la dotaban de un caminar sumamente exquisito, demostrando a cualquiera que la viera lo cerrada que se encontraba llegando a pensar que esta nena estaba aún virgen, un piernaje que casi reventaba cualquier short que la nena se pusiera, dichos shorts hasta parecían que le comprimían las exuberantes caderas que la beneficiaban ante la posibilidad de un embarazo, solamente un pequeñísimo triángulo que quedaba libre entre sus muslos y su sexo se visualizaba y en donde se apretaba la abultaba panocha ya probada por un vejestorio de poco más de cincuenta años, más arriba una cinturita tan breve que el viejo casi podía abarcarla con sus dos hepáticas manos, una espaldita tan breve que casi parecía de niña y enfrente unos majestuosos y muy blanquitos pechos que cualquiera diría que cada uno debía contener unos tres litros de leche de primera calidad, todo esto coronado por una carita de niña quinceañera o incluso más pequeña cuando la nena carecía de maquillaje.

-Cassandra, a partir de hoy tú me perteneces, tu vida me pertenece y tu cuerpo me pertenece, y al incluir tu cuerpo eso incluye todo tu cuerpecito jejee, ¿está claro?- decía el salido viejo sin dejar de masturbarla, para esto la nena ya se había abrazado tímidamente de él, las yemas de sus delicados deditos comenzaban a hacer reconocimiento corporal del sudoroso sujeto.

-si Don Marce, yo… soy de usted- dijo la nena sin entender muy bien el porqué de la oración, ni siquiera sabía por qué ella se lo decía a tan feo viejo narizón y con un ojo más grande que otro, pero que lo feo era algo que pasaba a segundo término cuando la nena sentía la irrupción de tan desmedida herramienta dentro de ella.

-eso quiere decir que harás todo lo que yo te diga- dictaminó el viejo, pasando magistralmente sus dedos por sobre el frijolito de la ruborizada chiquilla haciéndola temblar de todo su majestuoso cuerpo, esto no era una pregunta, era una oración imperativa.

-ahhmmm q… que quiere decir… con eso Don Maaarrrcee- la nena solo entrecerraba sus ojitos, sudaba de su frente y comenzaba a ondular sus desarrolladas caderas como si estuviera danzando acostada, solo escuchándose el roce de sus peligrosas curvas contra las tiesas sábanas de la cama, pero ya sabía que el viejo quería algo, lo presentía en su mandato, en su forma de decirlo, en el brillo lujurioso de sus ojos y en la forma en que este se mojaba sus labios con su ponzoñosa lengua, y el sentir que el viejo deseaba algo de su cuerpecito, sin que se diera cuenta o razonara como lo haría una chica de más edad o experiencia, la calentaba.

-te has depilado alguna vez tu panochita?- preguntó el depravado sudando de la emoción y con una libidinosa sonrisa que surcaba de oreja a oreja su arrugada y brillosa cara llena de manchas.

A la nena le pareció chistosa la palabra panochita aun después de que ya se la había escuchado al viejo, sin embargo una extraña educación sexual insana instalada en su cerebro y hasta hace poco apenas liberada gracias al degenerado le indicó que el viejo se dirigía así a su parte sexual, su vagina o vulva como la llamaban los libros de texto, quizás también pudo entender mejor el significado de ese vulgar término gracias a que el tendero le estaba manoseando esa privada parte y había utilizado la palabra depilar, considerando la vez que se la mamó en plena calle y ahí también se había referido a su sexo de esa manera tan bellaca.

-panochita?- dijo la nena más que nada por no saber qué contestar a la anterior pregunta.

-si mi amor, esto que te estoy tocando, así se llama, panochita, conchita, papayita, sapito, bollito, pepita y demás jejeje, y así quiero que le digas cuando estemos en la cama haciendo cositas ehh- el viejo le hablaba a Cassandra con su asquerosa y mal higiénica boca muy cerca de los carnosos labios de ella al tiempo que la palpaba descaradamente de su sexo.

Ella a pesar del fuerte olor a tufo proveniente de la casi agusanada boca del tendero intentaba acercar sus labios lo más próximo, quizás hasta besarlo, pero el viejo impedía esto, le gustaba tenerla rendida a sus caricias y que fuera ella quien lo buscara, mientras otros soñaban con hacer contacto con los labios de Cassandrita este depravado se daba el lujo de retirar sus despellejados labios de unos casi seguros besos por parte de ella.

-si Don Marce, lo que usted diga, y no, nunca me la he depilado- dijo la nena en tono de susurro y desarrollando una aún más sensual forma en sus labios, unos labios que aun sin pintar se veían rojos como una manzana, el viejo se perdió unos minutos en el cuello de su amada, mordiéndolo y lamiéndolo mientras ella suspiraba y se restregaba en él, sintiendo el sudor de su macho mezclándose con el de ella, casi queriendo oler a él, esto la hacía sentirse más de su propiedad.

Por un momento la pareja se perdió en un apasionado espectáculo consistente en acariciarse el uno al otro, el viejo repasaba con sus chaqueteras manos el ejercitado cuerpo de la colegiala bajándolas desde sus hombros hasta sus caderas para terminar dejándolas puestas en las nalgotas de ella, sentía la dureza de todos los músculos que conformaban a tan bella señorita, como es que el cuerpecito de ella a pesar de verse tan frágil y femenino estaba compuesto por cantidad de músculos que le daban ese aspecto firme y terso en su venerable anatomía.

Ella en tanto no podía decir lo mismo del macho que la desvirgó, sus delicadas manitas recorrían el cuerpo del viejo sintiendo grandes concentraciones de grasas en donde deberían de están unos poderosos pectorales, bíceps o tríceps, o como en otras partes del bofo cuerpo se podía apreciar los descalcificados huesos llenos de hoyos por dentro y en cualquier momento pudiendo troncharse debido a la osteoporosis y a la falta de calcio en la dieta del pequeño comerciante, la nena en un claro ejemplo de feminidad pura suspiraba a los peludos oídos de su macho regalándole ternos y enloquecedores gemidos y de vez en cuando con sus tremendo muslos daba ligeros roces a las delgaduchas y peludas piernas del bienaventurado ya casi queriendo que su hombre le acomodara la verga dentro de su papayita.

-en la tienda vendo un rastrillo rosadito, úsalo, anda mi niña, o si no, no haremos el amor esta noche- dijo el malicioso viejo lleno de ganas por bombardear a la nena con fieros apuntalamientos vergales, Cassandrita abrió los ojos, sintió como las manos del viejo que manoseaban su lubricada vagina y acariciaban todo su femenino cuerpo desaparecían y como el pesado cuerpo de su amante poco a poco dejaba de oprimirla.

Ella lentamente se levantaba de la cama, acomodaba su faldita y su cabello, sus piernitas temblaban y su panocha le comía debido a que el glande del viejo estuvo por un buen rato tocando a la puerta de tan idílica entrada, ella misma sin importar la presencia del viejo comenzó a frotarse ahí parada enfrente de él, comiéndose con la vista el imponente y moreno mástil del pervertido el cual estaba durísimo y circundado por un sinfín de venas de todos colores y grosores, ni parecía que se había vaciado casi un cuarto de vaso hace unas horas pues estaba tan potente como para vaciarse otra cantidad igual, lo que si es que apestaba muy fuerte a semen ya casi seco, aroma que se había tallado en la limpia zona intima de la nena.

El viejo veía los atrevidos manoseos de la nena mientas ella se hacía pendeja buscando quien sabe que, confirmándose él mismo que Cassandrita estaba cada vez más desarrollando unos aires de zorra insaciable y devoradora de vergas en la cual muy pronto, si se llevara la correcta educación, se convertiría. Luego, como si alguien dirigiera los pasos de la potencial ramerita fue saliendo de ese apestoso cuarto, caminado casi de puntitas en un modo de esquivar las bolas de papel de baño que minaban el piso como si el cuarto del viejo se tratara de una trinchera nazi en la cual el mismísimo Hitler se escabullía de los aliados, llamando la nena poderosamente la morbosa atención del viejo debido a la elegante coquetería adoptada con este estilo de caminado, así como el tremendo piernón que se le marcaba a la chamaca, hasta se le podía distinguir la pierna del muslo gracias a una desquiciante división que se le hacía a un costado de sus piernas, para más los bracitos de la nena se escuadraron en una pose muy finamente femenina.

Cassandrita llegó a la tienda, tomó el rastrillo y se dirigió al baño, un cuarto vecino a la habitación donde el pervertido duerme. Ya dentro se despojó rápidamente de su falda dejando ver que su sexo ya escurría en néctares y se abrió un poco de piernas exhibiendo su peludita conchita, no sabía por dónde empezar, nunca había hecho esto, pero para su fortuna fue alcanzada por el viejo quien veía extasiado y casi desarrollando un infarto como la nena lo estaba obedeciendo solo con la amenaza de no hacer el amor (aunque después el viejo explicaría que el concepto de “hacer el amor” no existía en su tumbaburros y solo eran falacias mercadológicas para vender historias de amor) si no hacia lo que él dijera, y también con el temor de que, debido a su inexperiencia, la nena pudiera cortarse.

-Don Marce no sé cómo- dijo la nena con rastrillo en mano y mirada de preocupación, junto a unas mejillas que nunca dejaban de sonrojarse.

-tranquila mi niña, primero tienes que mojarte y enjabonarte un poco tu panochita- dijo el caliente y encuerado sujeto y con su mano talló la delicada entrada vaginal de la nena, la cual estaba muy húmeda, tanto que el olor a humedad vaginal ya habían aromatizado el baño más que el propio ambientador, para esto la nena cerraba sus ojitos y se relamía sus labios.

Después, con ayuda de un utensilio el cual en otra vida había sido una botella de refresco y con un poco de agua el viejo bañó delicadamente esa parte de ella, siempre él con su risa morbosa y ella con un gesto apenado y sonrojado, para posteriormente tomar un usado jabón y hacer espuma con él en sus manos, una vez que la espuma fue lo suficiente para su cochambroso propósito llevó la espumosa mano y comenzó a esparcirla por toda la zona erógena de Cassandra, al tiempo que también aplicaba un ligero y lento masaje sumado a leves pero descarados apretujones de papaya, haciendo que los labios vaginales se abultaran en demasía, algo que le daba gracia al viejo por la forma que adoptaban los labios vulvales externos.

-ahora mi niña, pásalo con cuidado, depílate para mí!!!, mi princesita- dijo el extasiado y casi desfallecido viejo, hasta estaba aplaudiendo, tantas ganas acumuladas que tenía por querer llamar a Cassandrita con adjetivos como mi putita, zorrita o pirujilla, pero debía contenerse, aun no era tiempo, de llamarla así la nena podría ofenderse y enojarse con él y todo lo que había construido se le podría venir abajo, el inmoral viejo estaba consciente de que oportunidades como esta solo llegan una vez en la vida.

La nena comenzó a despojarse de esa fina vellosidad que cubría su sexo, poco a poco y con prudencia, en poco tiempo se dio cuenta de que es más fácil de lo que parece, con finos movimientos sentía claramente cuando su vello era cortado por las filosas navajas del rastrillo, mientras veía a Don Marce parado al lado de ella masturbándose la verga de manera descarada y con una risa por demás enfermiza, babeando como un perro.

Don Marce veía como importantes cantidades de espuma mezcladas con finos y lacios pelitos caían al tiempo que el rastrillo barbechaba otro poco de esos pastizales oscuros que no dejaban al viejo disfrutar de un buena comida de bollo “jejeje, que bueno que esta pendeja se está trasquilando, no que ya parecía gato vomitando bolas de pelos jejeje” si supiera Cassandrita los morbosos pensamientos y todas las burlas del viejo hacia ella, adivinar qué pensaría la niña.

Al final, el calenturiento viejo pajero veía como ese sexo quedaba desprotegido de eso que tanto le incomodaba, veía como la rosadita panocha de Cassandrita ya depilada daba la apariencia de pertenecer a una nena más pequeña, casi infantil, sus labios vaginales estaban completamente cerrados como si la nena aun fuera virgen, su carnosa papayita no presentaba signos ni huellas de batallas coitales y eso que ya había recibido en tres escenas distintas la irrupción de una verga de tamaño desproporcionado.

La nena se sentía rara, como si algo en su cuerpo le faltara, aun así reconocía que una grata sensación de frescura le era brindada por el aire que por sus partes se escudriñaba, miraba la cara de pervertido de Don Marce hacia su desprotegido tesoro y por instinto llevó una de sus manitas a semi protegerlo, volteó la mirada apenada mientras con su mano sentía en su feminidad una extrema suavidad, sentía su panochita tan suave como cuando tocaba la piel desplumada del pollo con el que su mami le preparaba caldo con verduras, además sus mejillas estaban tan rojas que podía sentirlas como si estuvieran ardiendo.

-jejeje, mi niña, que bonita se te ve tu cosita toda depiladita, de ahora en adelante te quiero así siempre, entendites?, si quieres puedes llevarte el rastrillo, solo que recuerda hacértelo bien y con cuidado jejeje- el pervertido sujeto se mandaba órdenes como si este fuera propietario de la nena o de alguna de las partes de su cuerpecito al tiempo que limpiaba con sus muñecas sus escurridas babas.

Ella en tanto solo asintió tímidamente con un leve movimiento de cabeza, pero con su mirada en cualquier otra dirección que no fueran los calientes ojos del degenerado.

-bueno, ahora lo que sigue, vámonos a la cama- dijo el desnudo viejo y acto seguido tomó la suave y cálida manita de la nena sacándola de la regadera.

Ella intentaba proteger su rasurada intimidad de las casi diabólicas ojeadas que Don Marce daba a su figura, en especial a su concha, para el tendero era algo insólito ver como el vientre de Cassandra poco a poco se iba perdiendo hacia abajo para pasar a dar lugar a una abultada y ahora depilada conchita apenas visiblemente dividida por una colorada y sudada línea, la nena en tanto miraba el miembro del viejo, completamente estimulado y apuntando hacia enfrente, subiendo, bajando o moviéndose de derecha a izquierda en cada movimiento que realizaba el viejo por muy leve que este fuera, como si fuera este órgano el que dirigiera los pasos del tendero.

La pareja de enamorados tomada de manos como si fueran caminando por un parque avanzaron con dirección de nueva cuenta al descuidado y oloroso cuarto de descanso del viejo, el contraste era tremendo hasta en las pantorrillas de ambos, un par flacas y peludas mientras el otro par carnosas y sin el menor rastro de vello, el macho llevaba una cara por demás feliz, como si en esos momentos se estuviera dirigiendo ante un sacerdote dispuesto a consagrar y solidificar este retorcido “amor” naciente entre este par ante los ojos de todos los hombres, mientras que en la nena podía verse aún un aire de confusión y/o duda, llegándose ella a pensar todavía si lo que estaba haciendo era correcto.

Y es que la nena meditaba dentro de sí, todo por la curiosidad de ver unas cuantas revistas se había llegado hasta estos momentos de lujuria en donde ya había probado hombre sin que sus padres lo supieran, esto era una falta gravísima pues entendía que los decepcionaría como hija, quizás si ella nunca hubiera aceptado llevarse una ese día nada de esto estuviera pasando, quizás ella aun seguiría virgen, muy posiblemente no hubiera faltado ese día a la escuela y por sobre todo, pensaba en todas las consecuencias que podrían derivar en caso de que sus padres se enteraran de lo que ella andaba haciendo a sus espaldas, y claro, si nada de lo que había pasado hubiera sucedido, hoy en día no tendría estas preocupaciones en caso de que la descubrieran, pero las cavilaciones de Cassandrita fueron detenidas por la clásica voz de un viejo cincuentero.

-llegamos mi niña, anda, anda, siéntate en la camita, jejeje, siéntate y abre tus piernitas- el viejo se moría de ganas por degustar la ahora depilada concha de la nena, casi brincaba, aplaudía y danzaba de gusto encascorvando sus ya de por si arqueadas piernas en donde sus rodillas simulaban un enorme nudo en medio de ellas, relamía sus podridos labios con su jugosa lengua y se frotaba constantemente sus manos señas de lo desesperado que se encontraba.

-Don Marce- el nombre del viejo fue pronunciado por los carnosos y muy coquetos labios de Cassandrita mientras tomaba asiento en la cama.

-Don Marce, espero que no piense mal de mí, yo hago esto solo por usted, porque…- la nena no quiso terminar.

El viejo apenas iba a rebuznar pero al escuchar la frase casi concluir se quedó atónito, ni que decir de los niveles de dureza que alcanzó su verga, la cual se movía como si quisiera chisparse ella misma del enclenque cuerpo de su dueño y metérsele de una buena vez a la nena, entrar y salir por ella misma así hasta vomitarse en grandes cantidades de amargo líquido, si bien un hombre es capaz de mover su verga con un poco de fuerza pélvica, los movimientos que en ese momento realizaba este órgano eran completamente propios, como si fuera un ser vivo con autonomía y libre pensamiento, a todo esto el viejo quiso asegurarse bien que lo que sus encerillados oídos llenos de ácaros habían escuchado era verdad ya que se imaginaba que la nena quiso decir “porque lo quiero”.

-porque tú qué?, mi niña- preguntó el caliente viejo, quien ya sudaba como si estuviera trabajando en una fábrica de fundición de hierro, era tal el sudor que a menudo se le metía entre sus lagañudos ojos ardiéndoles e impidiéndoles una correcta visión.

-ehh, no nada, solo que lo estimo mucho, jijiji, como amigo- la nerviosa nena cambio su oración, le dio penita decirle al viejo los verdaderos sentimientos de ella con respecto a él, si es que en verdad estos existían y no se trataba de una confusión por parte de la chiquilla solo por haber sido con el viejo con quien tuvo su primera vez.

Si bien Cassandrita sentía algo cada que veía al viejo, este sentimiento estaba por mucho lejos de considerarse amor, solo que la nena estaba un poquito confundida y lo traducía de esa manera, tanto como para andarle abriendo las piernas a un “amigo” pasado en años, nunca había tenido novio y por ende nunca había llegado a enamorarse, sin duda Cassandrita solo se dejaba llevar por mera calentura y por lo bonito que sentía cuando el pervertido la tocaba a la hora de estar a solas, pero ella en su confusión y dado que nunca antes había tenido un noviecito trasquiversaba los sentimientos y sensaciones que su cuerpo le dictaminaban.

Al viejo por lo tanto le valían verga los sentimientos desarrollados en la nena, el solo la veía como un objeto de mera satisfacción personal/sexual, veía el hermoso y desarrollado cuerpo de la hembra que tenía enfrente y no pensaba solo dormir con todo eso a su lado, veía que los dulces labios de la niña seguían expresando palabras pero él no las tomaba en cuenta, para este cínico desvergonzado la boquita de Cassandrita no tenía otra función que la de mamar una verga hasta vaciarla, más que para comer o hablar, para el viejo, la boquita de la niña era uno más de sus agujeros dispuestos a ser disfrutados y penetrados por su babeante instrumento.

-Don Marce, es que a mi pareceeuuhhhh, mmmhhhhhuuuuu- mientras la nena hablaba el caliente y malsano sujeto no aguantó más el ver como esos perfectos y sugestivos labios se movían tratando de expresar los ideales de la niña, así que sin avisarle a esta metió su verga dentro de su boquita con el permiso que le daba el sentirse dueño de esa hermosura de niña.

Cassandrita sintió el arponazo chocar directo contra su garganta, comenzó a toser pero esto no fue motivo para que el viejo sacara su maloliente carne, mientras tanto ella daba ligeros golpecitos en contra de la prominente y llena de pelos panza del viejo, pero debido a la feminidad pura de la nena estos no hacían daño alguno en contra de esa gruesa y caída barriga, también ayudaba que dichos golpes solo eran como de aviso, no iban con la suficiente fuerza como para causarle daño al agresor.

El viejo veía desde arriba como la cabecita de la niña luchaba por liberarse, sin embargo él ya se había apoderado con una mano de la nuca y con la otra de la mollera, impidiendo de esta manera que su mujercita pudiera escapar a tan pervertida acción y posición, el caliente anciano sentía como a cada segundo su gruesa verga se iba llenando de las babas de la niña y como ella hacia sonidos como si se fuera a vomitar, además de experimentar por momentos de exquisitos apretones en su verga por parte de los labios de la mocosa que solo lo endurecían más, suponía que, a pesar de que la nena tosía en simultáneos intervalos de tiempo demostrando incomodidad, a ella le gustaba el trato, pues si bien ella hacía por liberarse, de otra forma pudo haberle mordido la apestosa verga desde hace mucho para conseguirlo, pero no lo hizo.

La nena ahora en vez de golpear, intentó con sus manitas mover al viejo, o solo su panza, pero le fue imposible moverla, solo podía sentir como sus deditos se hundían en esa extensa y boluda barriga. El viejo yacía desnudo parado enfrente de ella, aferrando sus manos en su cabecita, sin embargo no desempeñaba ningún otro movimiento, solo tenía su verga enterrada en su boquita, ya habían pasado cerca de diez minutos, la boquita de Cassandra tenía mucho que no podía controlar su salivación y sus babas ya formaban un viscoso charco en el piso, poco a poco los ojitos de la nena comenzaban a sucumbir ante la presión inminente del tremendo barreno, nublándoseles y dejando caer cada uno una tibia lagrimita que surcaban por sus mejillas.

La nena pensó comenzar a chupar, de hecho su lengüita recorría el tronco por donde podía, sintiendo sus palpitaciones y cada una de las venas que lo conformaban, probando el salado sabor del abundante líquido preseminal que la verga escupía, para el viejo, sentir el cálido y mojado roce de esa lengua era mejor que estar en el cielo, con solo sentir esa pequeña lengüita revolcarse entre su moreno trozo e intentar meterse entre la abertura de su glande estaba sintiendo casi que se volvía a derramar en leche.

Fue en ese momento que el viejo sacó de manera brusca su poderoso mástil, haciendo que a la nena casi se le desprendieran los dientes, lo que si sucedió fue que una importante cantidad de saliva saliera lanzada a partir del súbito desprendimiento y quedara impregnada en la panza del vejestorio así como un alargado quejido que puso fin a su momentáneo martirio, la nena comenzó a toser y a limpiar su boquita del exceso de babas, así como sus ojitos de un hilo de lágrimas.

La nena estaba a punto de abogar por ella pero fue adelantada por el viejo quien acercó su horrenda boca apretándole sus cachetitos para fundirse en un malsano beso con la nena sin importar que su verga haya impregnado su apestosa esencia en tan fresca boquita, un beso tan desagradable consistente simplemente en licuar ambas lenguas dentro de sus bocas, podía apreciarse en los cachetes de ambos, principalmente en los de ella, como la lengua del tendero rascaba las paredes bucales por dentro.

A pesar de lo obsceno del beso Cassandrita sentía muy bonito, experimentaba ricas cosquillitas que hacían que su panochita se mojara aún más de lo que ya estaba y que gimiera sin explicación lógica del porque gemía, el beso poco a poco se fue transformando en algo más desagradable, hasta el grado en que Cassandrita solo permanecía con su boquita bien abierta dejando que el degenerado tomara absoluta potestad de su boca remolinando su babosa lengua dentro de esa cada vez más llena de babas boquita de ella, y es que el astuto viejo dejaba caer en ocasiones algunos cargados escupitajos sabiendo que la nena no se daría cuenta de su marrana acción, hasta ella misma sentía como a partir de ese beso parecía haber experimentado un orgasmo debido a lo húmeda que se puso, a medida que el “beso” y los suspiros avanzaban, también lo hacia el viejo subiéndose a la cama, su cuerpo peludo y flaco se recostaba sin dejar de lengüetearse con la nena, así hasta quedar completamente acostado mientras la nena inclinaba su cuerpo sin dejar de besarlo, todavía la ya caliente chiquilla comenzó a masturbarle la verga con una de sus manitas sin que este se lo pidiera.

-chúpamela Cassandrita- dijo el viejo despegando sus brillosos labios de los de su enamorada, labios que se unían por un sinfín de cordones salivales.

-mm- respondió la nena, haciéndose un poco del rogar puesto que desde hace unos minutos que casi se comía la verga con sus tiernos ojitos negros.

-chúpamela, chúpame la verga, anda- el viejo colocaba una almohada bajo su cabeza, acomodaba sus brazos por debajo de su nuca y se hacía más hacia el centro de la cama para dar más espacio de acomodarse a su idolatrada.

La nena en tanto, sin despegar su blanca manita de la correosa e incontenible verga la cual pareciera que cada día veía más grande y gorda, subía delicadamente una de sus rodillitas al colchón, para después terminar de encamarse, acercó ahora ella misma sus labios para darle al viejo un tierno beso en la boca, sus también brillosos labios bajaron para llenar de besos el mugroso y anillado cuello de Don Marce, ahí se detuvo un rato, prácticamente comiéndole el cuello a besos, lamidas y una que otra mordidita como si se tratara de una vampirita hasta que comenzó a descender pero sin dejar de besar y lamer los viejos pellejos de su hombre.

Pasó por el pecho de su amante, peludo y cuyos vellos estaban enroscado y muchos de ellos canosos, ahí se volvió a detener para empezar otra serie de tímidas lamidas y besos, hundiendo su boquita en el pecho del viejo, sintiendo como muchos de esos pelos se le metían en su naricita y de vez en cuando alguno se le pegaba a su lengua, sintiendo además como le raspaban la perfecta piel de su rostro como si se trataran de una fibra de cocina, la nena comenzó a besar una tetilla del pervertido y por momentos parecía chuparla y juguetearla con su lengua, quizás en un intento por igualarlo a él cuando chupaba las suyas, notando como los morenazos pezones del viejo rodeados de pelos aún más largos y gruesos se endurecían aunque en menor medida que los de ella.

La nena al tiempo que besaba el cuerpo de momia seguía masturbándolo, miró por un momento la gruesa y erguida vara y pudo experimentar una sensación térmica muy elevada en su cuerpo y un mojado inusual en su bizcochito solo con la calorosa contemplación de la vaporosa verga de Don Marce en todo su pletórico y humeante esplendor, lucia espeluznantemente gruesa, casi del mismo grosor que el bracito que la masturbaba, así como una superpoblación de pelos gruesos y fibrosos forestando su base, tenía unas ganas enormes por ensartarse ella misma, era como si la verga del viejo fuera una especie de imán para su panocha, o como si esta tuviera poderes psíquicos sobre ella pues cuando la verga comenzaba a palpitar también lo hacia su conchita, sin embargo, como lo obediente que era, debía de complacer la primera orden dada por el emprendedor viejo verde.

La nena llevó esos sensuales labios hasta el por demás brilloso glande, tan asquerosamente lubricado que prácticamente era posible ver su bello reflejo en él como si este fuera un espejo, una vez que su respingada naricita entró al límite territorial aéreo perteneciente a esa desproporcionada verga, la nena olfateó la penetrante esencia de macho viejo, ese olor a verga recién vomitada en semen era extremadamente reconocible e irrespirable, sin embargo para ella, era un olor muy, muy de hombre, de su hombre, de Don Marce.

El viejo, cuando sintió de esos tremendos labios el primer chupetón a su hongo hasta dobló los diez dedos que conformaban sus despellejados pies llenos de sabañones, a partir de ahí, pudo comprobar que la nena comenzaba a adquirir experiencia en cuanto a mamar vergas, chupaba la gruesa vara aplicado los pocos conocimientos que hasta ahora había obtenido en sus encuentros amorosos con él, esto lo llenaba de orgullo, saber que la nena conocía el proceso de mamado de verga gracias a él, los dulces labios frotaban muy delicado el sensible glande del pervertido, sintiendo este que se vaciaba en cualquier momento.

Rápidamente la boquita de la nena intentaba tragarse lo más que pudiera de tan descomunal verga, sus labios se deslizaban lentamente y muy suave sintiendo hasta la mínima rugosidad y vena pulsante que conformaba tan mórbido aparato, sin embargo la chiquilla veía que el miembro del viejo estaba pegado en medio de un enjambre de pelos, si bien el viejo le había dicho que se depilara pensaba ella que lo justo era que él también lo hiciera, recordaba que ese día que vio la película junto a él la mayoría de los actores estaba depilados al igual que las chicas, entonces se expresó.

-Don Marce, ¿porque yo si me tengo que quitar mis pelitos… y usted no?- preguntaba la nena después de darle una buena chupada a la tiesa verga, el viejo al principio no supo que contestar pero sabía que tenía que decir algo aunque le empezaba a molestar que la nena saliera tan preguntona, afortunadamente para él se le vino a la mente algo que bien podría resultar convincente.

-porque el vello en el hombre es prueba de su masculinidad, y la ausencia de vello en la mujer es parte de su feminidad, me entendes??- dijo el pervertido, la nena se quedó pensativa un ratito, con su mirada perdida hacia un costado para posteriormente regresar a de ese viaje a donde se había ido su mente regalándole al viejo una bonita sonrisa, si más dudas por el momento la nena se dispuso a seguirse atiborrando de verga.

El exquisito suplicio para Don Marce era terrible, se retorcía en su propia cama cual gusano lo hace en la tierra, su rostro demostraba el férreo aguante que estaba realizando para no correrse tan rápido, casi queriendo chillar y frunciendo sus ojos al punto de no ver nada, y es que quería seguir disfrutando aún más de la boquita de la niña, sus pies casi se hacían nudo debido a las placenteras sensaciones que la nena le estaba regalando, ella en tanto, se metía la verga lo más adentro que podía, bajaba su cabeza, con verga dentro, hasta que llegaba a esa parte que le indicaba que hasta ahí, ahogándose por momentos, tosiendo dificultosamente y dejando escapar cantidades cuantiosas de burbujeante saliva que iban a regar los matorrales pélvicos ubicados en la base del gran tronco carnal.

Después, pasaba al grueso tallo del ahuehuete, su carnosita lengua lamia el enfierado trozo de abajo hacia arriba mientras su manita lo sacudía, desde la peluda base hasta llegar a la corona del mismo siempre aferrándolo con una de sus manitas mientras la otra hacia a un lado la morena panza del vejestorio, ahí su lengua se batía con las exageradas cantidades preseminales que brotaban sin descanso de la gran abertura uretral y que a ella le sabían riquísimas, un sabor saladito y resbalocito.

Para esta niña no era nada repulsivo el estar remolinando su lengua en contra de la por demás lubricada cabeza vergal, al contrario, el fino y salado sabor producían en ella unas ganas inmensas por devorar hasta la última gota de lubricante natural, en ocasiones se podía ver su gusto a tan olorosa esencia que ella trataba de sorber el grueso tallo como si estuviera tomando una soda directo del popote, el pervertido en tanto miraba de reojo como su nena se comía la verga con unas ganas, comenzó a acariciarla de su cabecita y pelito, esto la hacía sentir a ella muy querida, muy amada, el saber que un hombre estaba disfrutando de sus orales servicios no hacía más que incentivarla que querer seguir haciéndolo disfrutar.

-lo estoy haciendo bien?, Don Marce- dijo la nena, Don Marce solo pudo ver un hermoso rostro acalorado y a medias sudar, y un par de coquetos labios que presentaban una faceta brillosa debido a que el líquido preseminal actuaba en ellos como una especie de brillo labial.

-lo estás haciendo riquísimo, los huevos Cassandrita, lámeme los huevos, anda mi niñaa- decía el desesperado y extasiado viejo, agarrando la cabecita de la niña y dirigiéndola a sus arrugadas bolsas, restregando el bello rostro de la nena en sus sucias y apestosa bolas de carne como si el rostro de ella se tratara de un estropajo.

Ante esta retorcida acción, la nena solo se dejó hacer sin oponer resistencia, sentía en su cuidado y perfecto cutis la sensación rasposa producto de la fricción de su rostro con las arrugada textura testicular, sentía gruesos pelos haciéndole cosquillitas en su piel, pero sobre todo, sentía el calor emanado por esas bolas de carne productoras de la ambrosiaca sustancia que tanto de gustaba.

Cassandrita veía como esas peludas bolas se encogían y expandían como si fueran a reventar, las veía muy arrugadas, casi de aspecto similar a como se ideaba al cerebro humano, solo que con pelos, gruesos y largos pelos encrespados, algunos cubiertos por una extraña sustancia amarillenta. El viejo poco a poco se iba abriendo de piernas, solo abriéndolas pero sin levantarlas exhibiendo sus pesadas peras, en este tiempo, la muchachita vio como en el espacio comprendido entre las bolas y las ingles una buena población de residuos negruzcos y plomizos permanecían adheridos a la aún más morena piel del vejestorio.

-anda mi niña, no siento tu lengua- decía el viejo ya casi al borde del infarto, su voz hasta se había feminizado de la emoción y por una gruesa formación de saliva que no podía bajarle del gañote y no lo dejaba hablar con la claridad que él hubiera querido, Cassandra en tanto, seguía arrodillada pero con su carita muy cerca de la parte íntima del viejo, de esta manera Cassandrita, sin querer, paraba muy coqueto el tremendo culazo que se cargaba.

A la jovencita le llegaba cada vez más fuerte el fétido hedor proveniente de las ingles del viejo, aun así bajó más su carita y sacando un poco la lengua logró darle un tímido pero salivoso repaso a esa cochina zona.

-uuuuuuujjjjjjjjjuuuuuuuu- el viejo casi se le salen los ojos con semejante lamida, que a pesar de haber sido solo una logró brindarle orgásmicas sensaciones que le causaron un escalofrió que le llegó hasta las uñas.

Para la nena, el sabor en un principio fue muy fuerte y rasposo, su boquita tardo para asimilar el rancio sabor al tiempo que sus labios se movían coquetos tratando de hallarle sazón a algo que ella ya hubiera probado, aunque esto no impidió que esa lamida fuera secundada por otra igual de salivosa, llevándose a la boca casi toda la concentración de residuos de esa ingle, por un momento se sumergió en las antihigiénicas partes del viejo para comenzar a saborearle por un buen rato toda la pelucera revuelta con sudor y quien sabe que más, para después, pasar a la otra ingle y hacerle lo mismo, una vez que Cassandrita consideró que las repugnantes partes del viejo ya habían quedado limpias procedió a engullirse las bolas peludas, se las metía a la boca cuidadosamente pues sabía que eran una parte delicada para los hombres, sentía la rasposa y rugosa composición de la piel en esa zona, la nena sin darse cuenta estaba siendo acomodada por Don Marce, quien había estirado sus manos apoderándose de sus nalgas para contraponer el cuerpecito de ella con respecto al de él.

La nena seguía saboreando las grandes pelotas, por momentos se las comía todas, dado que a pesar de la voluminosidad de estas le daba para atiborrárselas completamente, deslizaba sus labios a modo de sacárselas de la boca pero, cuando se las sacaba por completo aún seguían algunos pelos atrapados entre sus rojizos labios, a esta altura todas las sensaciones de asquillo y raros sabores provenientes de las mugrosas partes privadas del viejo ya habían desaparecido al gusto de la niña, quien seguía lamiendo las pelotas como si estas se trataran de un helado de doble sabor, no se cansaba de pasar lenta y sincronizadamente su lengüita por cada uno de los pliegues arrugados y base de estas.

Don Marce, quien seguía acostado, ya tenía el culo de la niña cerca de su cara, miraba los ligeros movimientos que realizaba su cuerpo cada que su carita se acercaba a dar otra lamida a los huevos así como el brilloso trasero que se cubría por centenas de gotas de sudor, algunas rodando cuesta abajo por esas tremendas posaderas, la niña en tanto no paraba de lamer, parecía como si se hubiera enviciado, y es que mientras lamia, su joven e inocente mente sacaba otras conclusiones.

Cassandrita escuchaba al viejo gemir o quejarse placenteramente mientras ella le lamia sus partes, recordaba lo bonito que ella sintió cuanto el viejo se dedicó a darle su primera y muy rica comida de bollo (ella no se expresaba así de su sexo) e imaginaba que el viejo muy posiblemente sentiría igual de exquisito, esto era corroborado por los bestiales gemidos que se pegaba el viejo, gemidos que en ocasiones parecía como si estuviera agonizante, así que la nena, en su intento por regresarle un poquito del placer que el viejo le había dado en estos últimos días, aumentaba sus lamidas y chupadas con toda la intención de dejarle los apestosos huevos al viejo como verdaderas pasitas.

La nena seguía lamiendo las bolas, en ocasiones solo remolinaba su lengüita sobre la áspera piel, o a veces las lamia desde más allá de la base, pudiendo ver el nacimiento de las peludas nalgas del viejo y como estas se fruncían ante cada lamida.

-ahhhhh, abre las piernitas mi niña,- dijo el viejo, después de casi 20 minutos de recibir la mejor lamida de huevos que en su vida jamás imaginó algún día recibir, la ruborizada Cassandrita con sus ojitos cerrados obedeció sin reparo y sin saber que el viejo se la estaba acomodando para acoplarse junto con ella en un 69.

Cassandra abría sus muslos y, como sabiendo lo que le tocaba, depositaba cada una de sus rodillitas en los costados de la fea y pervertida cara de perro caliente del viejo Marcelino, para de este modo, exponerle a escasos 30 centímetros toda la rosada y jugosa belleza de su panochita, por un momento el viejo pareció haber quedado en trance admirando algo que nunca antes nadie más había podido reverenciar, la nena seguía sonrojada masturbando al viejo y de vez en cuando lamiendo delicadamente el glande, sintiendo la pesada respiración del viejo allá abajo en sus partes, el viejo sin pensarlo mas se abalanzó a devorarle el bollo como un desesperado, hasta hacia sonidos perrunos y gruñidos porcinos no porque quisiera verse u oírse asqueroso sino por no poder controlar su propia calentura, estaba fuera de sí mandándose lamidas en cualquier dirección, la panochita de Cassandra sudaba en lubricantes de la misma medida como lo hacían las axilas y pies del veterano.

-mmmm, ahhhhhyyy, Donnnn Marceeeee que ricccooooooooo- dijo la nena cuando sintió los depravados besuqueos sobre su intimidad, besos que después se fueron convirtiendo en cochinas lamidas, lamidas que después se fueron traduciendo en constantes y desesperadas penetraciones linguales.

-ggrrrrr, grrrrrr, grrrrrrrrr- el viejo parecía un verdadero perro al cual no se ha alimentado en días, prácticamente su boca estaba cosida a la panocha de la nena y se movía succionantemente haciendo graciosas formas con su negra boca.

El viejo se aferraba de la cintura y caderas de la niña para de este modo poder levantar su espeluznante cara y llegar a cometer su desequilibrado propósito, prácticamente cogerse con la lengua a una ruborizada colegiala que había dejado de lamer y se dedicaba exclusivamente a gemir como la hembra que era, esto enloquecía al viejo hasta niveles más allá de la insania mas mórbida, el escuchar como esa pequeña jovencita gemía como las putas de las pornos lo calentaba mucho más de lo que lo hacia el Astro Padre, a ella le encantaba esto, era quizás (junto con la penetración vaginal) de toda la relación amorosa con su viejito lo que más le gustaba y sin esperar más, se lo hizo saber.

-mmmm, Don Marce, que ricooo, me gusta, me gusta muchooooo- la inocente Cassandrita se entregaba nuevamente a los sucios y retorcidos planes que el depravado y cochino viejo tenía en mente para esta noche, meterle la verga hasta dentro.

-de veras te gusta? mi niña gggrrrrrhhhhh, mi princesita hhhooooorrrdddddd, mi chiquitaaa rica jejejeje- en el pervertido rostro del viejo no podía verse otra cosa que no fuera lujuria, no paraba de puntear lingualmente a la nena y en ocasiones jaloneaba con sus bembas de sapo los sensibles pliegues vaginales con todo y clítoris como si de a de veras se los quisiera arrancar.

-si Don Marceee, me gustaaaa, todo lo que usted me hace me gustaaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhh- dijo la nena pegando un fuerte gemido pues la lengua del viejo le batía exclusivamente el clítoris en ese momento, lo aplastaba con toda su fortaleza lingual y lo lameteaba de la manera más cerda posible, el viejo entonces aprovechó la situación para seguir atacando verbalmente a la nena, sabía que estaba caliente y esto la hacía decir cualquier cantidad de leperadas.

-y que más te gusta?, te gusta cuando te la meto? jejeje- no se media en sus palabras al hablar su cochino lenguaje, pero el muy astuto sabía que la nena estaba lejos de ofenderse o enojarse con la manera tan vulgar en la que él se expresaba en esos momentos.

-mmmmm, si Don Marce, eso también, me gustaaa- la chiquilla trataba de cubrir sus gemidos con una de sus manitas transformada en puño.

-eso que? mi niña- el viejo volvía a zambullirse en ese mar de néctares que ya brotaban como cascada.

-eso, cuando me la meteeeee, y me hace asiiiiii, mmmmm- dijo la nena haciendo un movimiento copulatorio con su pelvis, como si fuera ella la que penetrara a alguien, en realidad estaba demostrando el gusto por las embestidas del viejo pero al hacer esto ella misma le refregaba la concha a tan malnacido sujeto.

-aggghhhh, se nota mi niña, tienes la concha hecha agua- decía el viejo a medias, pues su boca ya se estaba inundando de néctares vaginales.

“me vas a ahogar con tanto jugo, puta caliente” pensaba el casi calvo viejo.

-aaayyyyyyyyyyy, Don Marceeeeeeeeeeee, me venngoooooooooooooo- en ese momento Cassandrita estaba siendo víctima de toda la exquisita maestría lingual del viejo, y esto se vio reflejado en un potente orgasmo que sacudió de pies a cabeza a la señorita.

El viejo, por lo tanto, atrapó las temblorosas caderas de Cassandrita para después ensamblar su cochina boca de manera perfecta en el escurrido bollo, el cual, comenzó a descargar toda la acumulación de líquidos agridulces dentro de las fauces hambrientas del pervertido como si lo estuviera drenando de combustible, mientras este degenerado se dedicaba a sorberlos de la manera más repugnante, pervertida y desequilibrada posible, no dándose abasto puesto que los jugos comenzaron a brotarle y fugársele de su boca cayendo en las sucias cobijas e impregnándose en ellas.

Cassandrita recostó su hermosa carita sobre el peludo y abultado vientre del viejo, esto debido a que no pudo aguantar la exquisitez de las contracciones orgásmicas sumado a las cochinadas que le hacia el viejo allá abajo que terminaron por derrumbarla, sin embargo, su culito permanecía erigido, siendo aferrado por el viejo devorador de panocha quien no se daba abasto con tantos infinitos jugos, su cara se batía, chocaba y salpicaba contra la chorreada vagina que casi orinó jugos, a esto la nena solo gemía con sus semicerrados ojitos casi en blanco mientras de vez en cuando se acordaba que su manita se estaba aferrando de una verga y procedía a darle algunas, pero muy débiles, despescuezadas.

Cuando el orgasmo y los temblores en el cuerpo de Cassandrita desaparecieron, ella pensó que ahora seguiría la también gustada penetración vaginal, sin embargo el viejo volvió a fundir su boca solo para volver a emitir movimientos degustativos con su lengua dentro de la delicada y recién chorreada zona íntima de la chamacona, repasándolo todo, el viejo lograba arrancar algunos restos de tan celestial corrida atorados muy dentro de su panocha.

La nena comenzó a sentir tan rico que ella misma empezó a dar ligeros acercamientos vulvales consistentes en mover ondulatoriamente sus caderas para que estas hicieran chocar o frotar su vagina contra la salida lengua del vejete, él en tanto, abría sus desproporcionados ojos solo para ser testigo de cómo una rojiza y palpitante panocha completamente depilada y brillosa por jugos y babas se acercaba cada vez con más vigor y cuando impactaba contra su lengua podía notar como esta atravesaba un reducido pero a la vez resbaladizo conducto. Una vez dentro el viejo se aferraba con todas sus fuerzas de las caderas de la nena atrayéndola lo mayor posible hacia él, sacaba su lengua lo más que pudiera, como si su lengua se quisiera desprender de su boca, para de este modo intentar reclamar los terrenos vaginales más alejados que pudiera alcanzar y no salirse jamás.

Un segundo e imprevisto orgasmo sacudió a la descarriada chiquilla quien volvió a avisar a su viejito que se vaciaba, esta vez el viejo dejó que toda la lubricante concentración cayera sobre su demacrado rostro, para después remolinar sus dedos dentro de la panocha llenándolos de jugos restantes y llevarlos a su boca para chuparlos como si se estuviera saboreando el más fino de los platillos, pero no acabó ahí, el viejo quería más, para esto Cassandrita había sentido que en esa última corrida se había orinado puesto que la descarga fue tal que fue casi comparada a la cantidad de líquidos que expulsaba cada vez que miccionaba, sin embargo ella misma llevó sus manitas para cerciorarse corroborando que estaba equivocada.

Pero antes de esto, mientras Cassandrita sufría las acaloradas y electrizantes sensaciones que la recorrían de todo su desarrollado cuerpecito y que la llevaron a derramarse, el viejo verde quien estaba debajo de ella experimentaba la caída de la más agridulce lluvia sobre su sudado rostro de violador, primero un pequeñísimo chorro salió disparado procedente desde una zona cercana a donde se encontraba coordenado el botoncito de la potencial zorrita, el viejo fue tomado por sorpresa por dicho chorro el cual impactó con la potencia de una pequeña pistola de agua.

Sin embargo un segundo y poco más potente chorro salió de esa misma ubicación, chocando exactamente en donde los ojos del viejo obligaban a apretarle la piel formando una enorme arruga vertical que casi surcaba toda su frente hasta perderse en el pequeño mechón de pelos grasosos que sobrevivían arriba de la frente del embustero.

Pero el sinvergüenza vejete, premeditando que la joven hembra musloabierta que tenía arriba de él gracias a los auténticos relinchos que esta se pegaba intentándolos ahogar infructuosamente en la peluda panza nuevamente de él volvería a vaciarse, miraba sigilosamente esa zona en donde según sus conocimientos en materia orgásmica femenina se llevaría a cabo el lanzamiento de un tercer chorro que saldría con más potencia que los anteriores.

Y así fue, después de un pequeño tembeleque manifestado en los músculos vaginales de la pequeña Cassandra un violento chorro de jugos y néctares con todo y pulpa salieron eyaculados como si de una manguera se tratara acompañados de un escandaloso gemido por parte de la jovencita quien comenzó a temblar anormalmente hasta que su bullicioso grito se comenzó a entrecortar debido a que los temblores que la nena sufría en el cuerpo le habían alcanzado a sucumbir hasta las cuerdas vocales.

El jubiloso viejo abrió su bocota llena de dientes amarillos y alguno que otro desarrollando una carie que ya prácticamente cubría el 90% de la pieza dental para recibir la cuantiosa descarga nunca antes experimentada por la bella y angelical Cassandrita, el rostro de niña inocente y la pureza que la distinguía desaparecieron en milésimas de segundo, su cándido rostro cambio drásticamente, sus ojitos casi se pusieron en blanco, su lengua se salió hasta casi llegarle a la barbilla, su carita se puso extremadamente roja y sus cejas se fruncieron demostrando el nivel de calentura máxima por el que atravesaba.

Fue en ese momento que la poderosa descarga salió desde lo más profundo de la bella doncella para recompensar al macho dándole a probar sus mejores y más afrodisiacos caldos vaginales los cuales cayeron directo a la sucia boca, Don Marce trataba de no desperdiciar ni una gota de esa milagrosa mezcla vaginal la cual tenía un brillo excelso y plateado que irradiaba a medida que esta iba cayendo como si se tratara de orina, así hasta que la aplicada estudiante terminó de desbordarse aun pegando el alaridoso grito que ya llevaba algunos segundos sosteniéndolo en su diafragma para terminar de desplomarse arriba del degustador de sus curvas número uno.

Después de que Cassandrita volvió en sí, ya que de la debilidad que la sucumbió se le nubló hasta la vista, experimentó una atroz comenzó en su agridulce bollo, tan empapado que los líquidos cubrían hasta sus muslos, podía sentir el deslizamiento de algunas gotas de su corrida por sus piernas y muslos, quería rascársela con algo, la nena bien pudo haberse rascado su panocha con su manita pero en eso sintió que la nariz de mango del viejo rondaba por los alrededores y aprovechó para darse una serie de sus mejores refregadas de concha en contra de la enorme y cacariza nariz, mientras tanto el pervertido evidenciaba en toda la atmósfera que lo rodeaba una apestilencia a jugos y bollo empapado, pero que lejos de incomodarlo lo alentaban a mover su nariz de arriba hacia abajo regalándole a Cassandrita nuevas sensaciones que la volvían a hacer gemir como toda una putita en celo para después de manera lenta ir subiendo su barbilla y sacando su serpenteante lengua con toda la intención de volver a devorar esa humeante panocha.

Ya no había necesidad que el viejo la atrajera hacia él, ahora Cassandrita se ensartaba por voluntad propia en contra de esa infernal lengua que la llenaba de babas y cuya boca se había acoplado como si una estuviera hecha de manera perfecta para encajar en la otra demostrando lo caprichosa que había sido la naturaleza al recrearles las medidas exactas a este par en cuando a boca y concha, después de otro buen rato de estar chupando bollo y jalando pliegues vaginales como un desaforado el viejo detuvo estas femeninas arremetidas debido a que su lengua se estaba acalambrando, una vez que se pudo chispar la boca del viejo seguía unida al sexo de la nena por incontables hilos de lubricantes y babas que impedían a toda costa que ambos órganos se distanciaran.

El pervertido se dedicó a contemplar la feminidad de su niña, con sus dos manos abría la suave papayita como si se tratara de una flor, contemplaba los internos labios vaginales, aquellos que tan rico le apretaban la verga, visualizaba el oscuro y en extremo reducido túnel que lo llevaba al fértil útero o matriz de tan desarrollada señorita y hasta el mismo se preguntaba¿cómo vergas es que mi miembro puede caber por ese espacio tan estrecho?, así como también, ojeaba o se comía con la vista el estimulado, erizado y colorado botoncito que coronaba el sexo de Cassandrita.

Después de una larga y profunda aspiración al bollito de la nena el viejo daba por sentado que ya era mucho 69 por ahora, y si bien tenía toda la noche para disfrutar de los placeres de la carne, ya desesperaba por meterle hasta el fondo su maloliente verga a la inocente niña.

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Mientras esto pasaba en el caluroso cuarto de Don Marce, lleno de bolas espermatizadas regadas por donde quiera e imágenes sugestivas de mujeres en poca ropa cubriéndolo todo dejando espacio únicamente para los contactos de las clavijas de aparatos eléctricos y electrónicos. Lejos de ahí, en la casa de la nena, el reglamentario padre de la colegiala llegaba después de un arduo día de trabajo, se había llevado a cabo una pequeña reunión informal entre trabajadores a la hora de receso en la empresa donde él laboraba, todos y cada uno de ellos enorgulleciéndose y sacando el pecho platicaban en cuanto a logros académicos alcanzados por sus respectivos retoños, la mayoría varoncitos.

Al respetado señor le daba orgullo extra que su hija, a pesar de lo hermosa que era, también había salido de buena cabeza, mucho más que los herederos de sus compañeros de trabajo ya que Cassandrita tenía más reconocimientos, había aparecido más veces en el cuadro de honor, contaba con el segundo mejor promedio en este semestre de los ahí reunidos, e incluso había representado a la escuela en algo de ortografía, siendo saludada por el mismísimo supervisor de la zona escolar, cosa que la remarcaba del resto de los hijos de los trabajadores con los cuales su señor padre en esos momentos platicaba.

Por esta razón, olvidándose de que en un principio su mayor ilusión era la de tener un primogénito varón, el suegro de Don Marce deseaba llegar a su casa con la ilusión de abrazar a su pequeña e inteligente hija.

-mi amor ya llegué, y Cassandra?- preguntaba el papá, en parte también porque siempre que él llegaba veía a su encantadora hija en la mesita de estudio, al lado de la sala de estar, aunque era viernes, pensó, ese día por lo general estaba en su cuarto.

-habló, que dice que se iba a quedar en la casa de su amiga, Lupita, la niña que luego la viene a dejar en una moto- respondía la señora.

-mm, ya veo, ¿y los padres de esa niña… estuvieron de acuerdo con ello?,-

-no se amor, a mí solo me marcó ella, pero… me imagino que si-

-la llamaré para ver cómo está- dijo su padre sacando un celular de su bolsillo al tiempo que acomodaba una de sus piernas sobre la otra y llevaba dicho dispositivo directo a posicionarse cerca de su oreja derecha.

Unos pocos minutos antes de esto, la risueña Lupita hablaba por teléfono con Armandito, el niño quería saber, por centésima vez, cual había sido la reacción de Cassandra con respecto al peluche.

-y… y… y… cual fue la cara que puso?- el niño emocionado preguntaba hasta por el mínimo gesto en el rostro de su enamorada.

-este… e… se emocionó mucho, dice que le gustó mucho, pero que le gustaría más conocer a la persona que se lo envió- la dulce Lupita le enviaba algunas indirectas y empujoncitos para ver si de una vez este niño se decidía a ir más allá por el mismo, y a ver si ya dejaba de preguntarle siempre lo mismo.

-de veras?, eso te dijo?, asu es que no se… si esté listo- era por demás notorio el nivel de inocencia, por no decir otra cosa, con el que se expresaba el jovencito.

-sí, de veras, ay Armando,- la niña, ya toda enpijamada, hacia un gesto como de desmotivación.

-y… y… pero tú que me recomiendas?, crees que ya es hora de que le diga algo?, y en caso de decirle, que le puedo decir?, ayúdame Lupita, no seas-

-mmm, mira Armando, tampoco puedo interferir por ti hasta el grado de conseguirte una cita con ella, eso tendrás que ingeniártelas tú, yo ya cumplí con hacerle saber que hay alguien que la quiere en serio y estoy cumpliendo aún más poniéndola al tanto de todos los presumidos calenturientos del salón que solo la quieren pero como… en una manera de exhibirla en la calle más como un trofeo… que como una novia-

-ahhh,- el joven se quejaba y desilusionaba un poco, pero casi al instante su mente se iluminaba.

-ya sé, en la tarea de fin de semestre, ahí aprovecharé, pero tendré que ir a su casa, se vería mal que yo la hiciera venir hasta acá, eso no es de caballeros, no… no… no…, Lupita porfa pásame su dirección-

-mejor pídesela a ella, para que no note raro que tú ya te la sabias- decía la tierna jovencita viéndose en un espejo, por un momento envidiando a su mejor amiga en cuanto a belleza así como también notando como de entre su pijama unos pequeños pechitos ya florecían con las medidas no tan voluptuosas como su amiguita pero si llamativas a la vista del público masculino.

-pero ya se la pedí una vez y no me la quiso dar qué y que se sentía mal y sus papás no estaban-

-pues que sea un día que si estén, así te vas familiarizando con tus suegros jijijiji, tu dile, verás que si te la pasa, va a ser para una tarea, además de que te tiene en el concepto de un niño serio-

-ahh si verdad jeje, pero orita no, todavía falta, mientras voy a pensar todo muy bien-

-mm, bueno Armando te dejo porque no demoran en marcarme- dijo Lupita esperando ansiosa e ilusionada la llamada de un muchacho que la había estado cortejando los últimos días mientras Armandito se emocionaba tanto que cualquier canción melosa que escuchara le recordaba a su adorada.

————————

En la desarreglaba cama de Don Marce, la contrastante pareja ya se había posicionado para llevar nuevamente a cabo una de sus calientes posturas coitales, la nena yacía boca arriba con sus piernitas abiertas y bien levantadas, sus potentes muslos ligeramente flexionados hacia ella para permitirle lo mejor posible el acceso a su macho, este en tanto, mantenía una postura similar a como si estuviera haciendo lagartijas, apoyándose en la cama con los dedos de sus pies y los puños de su mano, o más bien un puño, ya que la otra mano aferraba el caliente y pulsátil instrumento apuntándolo en contra de la entrada vaginal de la nena.

Ella en tanto veía casi con amor, como la concentración era clave en el corrompido rostro del viejo, lo veía sudando, sacando ligeramente la lengua, y con un par de venas sobresaliendo de sus sienes, era por demás visible la cada vez mayor pérdida de capilaridad en su cabeza, el viejo por su parte, veía el hermoso, ruboroso, blanquito y candoroso rostro de la niña frunciéndose cada que el viejo pasaba su oloroso glande por sobre su sensible botoncito, para hacer más contraste entre esta pareja el azulado cabello de la nena era tan abundante que este tapaba completamente la almohada en donde ella descansaba.

Esta vez el viejo no esperó a que la nena le pidiera que la penetrara, él mismo comenzó a ejercer presión sobre la escurridísima conchita, la resistencia que esta ofreció era casi comparada a cuando la primera vez, el sudoroso viejo volvía a sentir las estrechas y casi impenetrables paredes impidiéndole el avance, transpiraba como porcino asustado debido a las importantes fuerzas que se traducían en colosales pérdidas de energía solo queriendo lograr embutirle a la niña su violetáceo glande, hasta que al fin, después de algunos minutos, volvía a sentir como su equino miembro se abría paso lentamente en esa ahora pelada conchita.

A medida que la panocha de la agitada Cassandra se comía lentamente los centímetros de tan gruesa salchicha, el viejo desconfiguraba cada vez más retorcida su ya de por si horrenda cara, viéndose como sus pervertidos gestos aseguraban el placentero disfrute sexual mientras hundía su verga, mientras la nena ruborizaba su carita y la fruncía aún más, así hasta que después de un certero y poderoso empujón la pareja quedó perfectamente ensamblada, y esto se notó debido a que la verga del viejo ya no podía sumirse ni un milímetro más, los babeados y morenos huevos hacían contacto directo sobre la colorada piel ubicada debajo de la abultada panocha.

Toda esta perforación a la nena le pareció casi eterna, el dolor que nuevamente experimentó su panochita fue intenso, pero, ahora que sabía del placer sentido una vez que el viejo empezara a moverse lo soportó con toda la paciencia e ilusión del mundo, en todo el tiempo que duró la lacerante penetración la pequeña princesita nunca pudo juntar sus labios, estos siempre permanecieron abiertos debido a la expectación y el efecto reacción que causaba la lenta perforación.

El viejo acomodó ahora si sus dos brazos formando una prisión con ellos para su amada, y estaba por mandarse sus más descabelladas arremetidas en contra de la dulce papayita cuando, es eso, la caliente pareja fue sacada de su mundo de caramelos por un sonido proveniente de un celular, el empalagoso tonito hacia obvio que no pertenecía al viejo, el celular que sonaba era el de la nena…

La nena veía como la pantalla de su celular alumbraba, quiso desclavarse del viejo pero este no se lo permitió haciéndole esa negativa seña con su dedo índice y riéndose descaradamente, solo le acercó el aparato para que ella pudiera ver quien la solicitaba, la nena veía con un profundo miedo como arriba del dibujito de un teléfono aparecía la leyenda “Papá”.

-¿Quién es?- preguntó el viejo, con un claro indicativo de molestia en su cara aprovechando el tiempo fuera para secarse el sudor de su arrugada frente.

-m… mi… mi papá- dijo la tartamudeante y aterrorizada nena pensando que ya le habían caído en la movida.

-jejejeje, pensé que nadie nos molestaría, mi amor- dijo el viejo, ya más serenado pero terriblemente excitado, tallando los suaves cachetitos de su penetrada amante, para esto la llamada ya había terminado y ahora se exhibía la leyenda de “llamada perdida”.

Pero pronto la pareja fue asaltada por otra insistente llamada, nuevamente el padre de Cassandrita marcaba al número de su hija con la intención de que esta vez su encamable y ya desvirginado retoño si respondiera, la atravesada nena sudando a mas no poder arrebató al viejo su celular pero antes de que realizara cualquier movimiento fue cuestionada por el viejo.

-¿Qué vas a hacer Cassandrita?- decía el viejo, sin regalar ni un centímetro vergal fuera de la enchufada chiquilla, por momentos hundía más su terrorífico falo.

-ahhh, responder, uuuhhh, responderle a mi papá, sino me va a regañar- dijo la nena con el sonoro aparato entre sus delicados dedos, podía sentir la desproporcionada desmedida tanto vergal como glandeal creciendo desincronizadamente dentro de ella, inflándose hasta casi presentir que la reventaría por dentro o le abultaría el vientre con tanta carne brotada de quien sabe dónde, una escalofriante risilla maniaca se formó en la lastimosa cara del pervertido, la lengua del viejo podía verse desplazándose sobre sus amarillos y cariados dientes.

Pero si bien el viejo ya se había botaneado a la dulce chiquilla mientras esta hablaba por celular con su mami, en este momento sus demoniacas intenciones no consistían en hacer lo mismo con el padre de Cassandrita, un señor mucho más joven que él.

-jejeje, déjalo que suene, no le contestes- dijo el viejo encomendándole otra de sus órdenes, no le emocionaba tanto el hecho de cogerse a Cassandrita en las narices de su padre en esas circunstancias, tan cerca pero a la vez tan lejos, en ese momento lo enyamaraba terriblemente la idea de que la niña lo obedeciera más a él, un viejo morboso y feo con quien la mocosa apenas tenía unos meses de haber entablado su primera plática que al hombre que aportó para darle la vida y la cargó entre sus brazos el día de su nacimiento.

-pero… Don Marce- la dulce boquita de Cassandra fue sometida de manera delicada por uno de los dedos del viejo, depositándolo suavemente arriba de sus carnosos labios a manera de indicarle que guardara silencio, este tuvo que implementar todos sus atributos actorales para sacar su mirada más galanesca y su sonrisa más cautivante, pero, a pesar de que sus semblantes eran más falsos que un atún boliviano, para la niña era por demás convincente el rostro novelesco y demostrativo del amor que él sentía (disque) por ella.

-shhh, shhh, Cassandra, no le contestes, hazlo por mí, mi amor- dijo el viejo y volvió a fusionarse en un morboso beso lleno de lengua con su enamorada, ella lo correspondió pues sus besos le sabían como si fuera la miel más dulce, soltando el celular debido a que sus deditos se aflojaron y se dirigieron a acariciar los rasposos cachetes del pederasta llenos de pelos canosos, entregándose completamente a esos pervertidos besos que la hacían suspirar de amor, mientras el aun sonante celular caía delicadamente en el colchón de la cama.

A raíz de esto Don Marce aprovechó para comenzar, ahora sí, con su serie de aserruchadas en contra de la delicada rajita de la nena, era por demás inverosímil como es que ese espacio tan reducido podía albergar tan desmesurado grosor, sin duda Don Marce debía de estar agradecido por estar tan bien equipado por la madre naturaleza.

Los embates comenzaron sin ningún tipo de respeto o consideración hacia su bella amartelada quien yacía con su carita fruncida y sus ojitos cerrados recibiendo todo el amor mientras el viejo tomándola de la cintura, enterraba lo más profundo que podía su venuda espada, ella en tanto levantaba aún más sus muslos, cuidando la posición de estos pues sentía como perdían potencia en cada arremetida, una tercera llamada por parte de su padre se escuchaba, pero Cassandrita estaba tan entregada a la cogida que le pegaba su macho que esto pasaba a segundo término, solo volteó tímidamente a observar el aparato que yacía centímetros de donde se la estaban botaneando abriendo levemente sus ojitos para después cerrarlos y volver a ladear su carita en la posición en que la tenía.

Lo que si hacía la niña, aparte de cuidar la posición de sus muslos, era por momentos acariciar el deforme cuerpo de su lombriciento macho, tallarle su feo rostro o regalarle sus más femeninos gemidos y suspiros dedicados especialmente para él, mientras lo miraba con unos entrecerrados ojitos mitad inocentes mitad cachondos al tiempo que una tierna risita adornaba sus sensuales labios.

El enloquecido viejo dejó caer su cuerpo contra el de su doncella y procedió a comérsela a besos, quedándose quieto en cuanto a penetradas me refiero por un momento pero con su verga bien adentro de ella en un periodo de descanso sugerido por él mismo, estaba por demás sudado y agitado, igual que la muchachita quien su respiración delataba lo adrenalizada que se encontraba, ambos ejercían movimientos salvajes de succión de bocas, juntaban sus labios y los aplastaban contra los del otro (a), se abrazaban y apretaban hasta donde sus fuerzas les alcanzaban, acariciaban todo el cuerpo de su contrincante, el viejo manoseando principalmente esas tetas que tanto abultaban bajo cualquier blusa que la nena se pusiera.

De repente las tomó, cada una en una de sus arrugadas manos, y comenzó a lamerlas desde la base hasta la colorada punta como si estas estuvieran hechas de caramelo, sintiendo su perfecta redondez y saboreando su salado sabor producto del sudor que las cubría, sudor que cubría todo el cuerpo de Cassandrita y que la hacía brillar exquisitamente, y que decir del viejo que chorreaba del salado líquido, sendos ríos de sudor surcaban por su cuerpo buscándose camino entre las arrugas y sumideros que presentaba su desproporcionado cuerpo, el viejo miraba como los pezones de la niña estaban tan puntiagudos que fácilmente le sacarían un ojo, y no pudo evitar engullírselos para después comenzar a succionar como si fuera un pequeño y hambriento ternero.

Después de tanto mamar chiche a lo bestia, el depravado prosiguió con sus ofensivas en ocasiones dejándosela ir con todas sus fuerzas haciendo que sus mayúsculos huevos impactaran una y otra vez en cada aserruchada que se mandaba en contra del espacio que separaba la panocha del culito de la bella princesita, la nena casi se sentía morir cuando el viejo se portaba tan violento con ella, sentía que todas sus femeninas fuerzas abandonaban su cuerpo dejándola a merced del pederasta, pero era esta misma brusca fortaleza lo que la hacía confundirse aún más.

En su joven mente especulaba que, como mujer, debía de portarse sumisa, complaciente, obediente y principalmente muy femenina, y que Don Marce al ser el hombre tenía que mostrar su fortaleza a la hora de intimar con ella, pensaba que esta tosquedad era parte del cortejo efectuado por el macho para demostrar que era digno de merecer a tal hembra, que su fortaleza era lo suficientemente adecuada para protegerla ante cualquier peligro y que dicha fortaleza tenía que ser demostrada a la hora de aparearse con ella, esto, sin que la nena pudiera comprender muy bien o darse cuenta de la situación a la que su joven mente la arrastraba, la hacía sentir y comportarse mucho muy hembra.

Mientras Cassandrita seguía siendo acuchillada por tan profunda y carnosa navaja, el viejo también manifestaba sus propias teorías y después de pensar mucho había llegado a la conclusión de que la nena se sentía coitalmente atraída hacia él, sino no se estuviera revolcando con un viejo de apariencia sesentera y prácticamente pelón, y esto le daba a pensar hasta donde la nena era capaz de llegar con tal de demostrarle el supuesto amor que en ella se había desarrollado, pero el viejo predecía muy bien que esto no se trataba de amor, sino el gusto por una buena verga lo que hacía a la chiquilla comportarse de esa manera, además recordaba esa frase que le produjo cosquillas hasta en su verga y estaba interesado en saber cuál hubiera sido la culminación de dicho enunciado en caso de este haberse consumado.

-Cassandrita ahhh, recuerdas que hace ratito ahahahah, dijites que me querías, hhoooohhh- dijo el viejo, sin embargo la frase estaba complementada con lo que él se imaginaba, ya que la nena la había dejado a medias.

-ahhh, Don Marceeeee, yo nooo me acuuuuuerdooaahhh aaayyyyy, lo que seee, es que estoooo, esto se sienteeee bonitoooooo- dijo la nena sintiendo al máximo las acometidas al tiempo que depositaba tiernamente una de sus manitas en el pecho de su hombre.

-no te hagas oohhhggg, no lo dijites así, perooo por ahí ibaaa, verdad??,  uhhhh que ricooo me aprietas la vergaaaa, mi niñaaaaa- el viejo apretó un poco la velocidad de sus embestidas para que Cassandrita hablara más con la calentura que con su razonamiento, además de no medir su albañilesco lenguaje ante la letrada chiquilla.

Las sucias acuchilladas eran tales que la verga del viejo apenas y se divisaba cuando salía de la jugosa papaya de la niña, llegándose a velocidades tan inverosímiles en donde la verga de Don Marce entraba de dos a tres veces por segundo, el viejo para esto se había abierto mucho de patas sosteniéndose casi con los dedos gordos de sus pies mientras levantaba un poco su desinflado y sudado culo lleno de enroscados pelos negros que le cubrían prácticamente toda la acanelada raya, la pobre panocha de la chiquilla estaba hecha un océano de jugos, el viejo para aumentar su (de ella) calvario y calentura decidió jugar con su hinchado clítoris, bajando una de sus manos y estimulándoselo rítmicamente, y casi estirándoselo desde su lugar, el pervertido casi se lo quería arrancar, esto solo hacía que la nena sintiera corrientes eléctricas recorriéndole hasta los huesos mientras su boquita se movía graciosamente temblorosa al tiempo que sus ojitos se desbordaban en lágrimas.

De este modo el cerdo quería seguir inculcando las lecciones de vulgarización a la nena, y hacer que esta completara esa oración que dejó pendiente, quizás si la atacaba otro poquito podría lograr su malvado cometido, si bien en la cogida anterior Cassandrita ya le había dicho a Don Marce que lo amaba, al parecer el viejo la quería escuchar decirle eso en cada revolcada que se pegaran.

-Cassandrita, anda, dime lo que me ibas a decir, que tú que??, que tú me qué??- el mañoso viejo aparte de que le hablaba muy cerca de su oído se dedicaba a seguirla toqueteando de su sensible botoncito, para esto el celular de la nena ya no volvió a sonar, al parecer el papá de la niña había desistido pensando que si hija muy probablemente estaba entretenida con su amiguita viendo alguna película.

-Don Marce yooo, ahhhh ahhhh, ahhhh- le nena sentía que el corazón se le salía de su pecho, estaba hecha un mar de dudas, quería soltárselo pero le daba mucha pena o quizás aún pensaba que estas emociones no eran normales ni adecuadas para una nena de su edad considerando precisamente la edad del viejo verde, pero el nacimiento de un intenso orgasmo que se formaba en su vientre parece haber sido el estímulo suficiente para decirse ella misma “ay dios, creo que me estoy enamorando

Pensando esto la niña se sonrojaba aún más, miraba al pervertido viejo con sus tiernos ojitos y le dedicaba una hermosa sonrisa con esos labios que estaban para devorarlos.

-dimeeee!!- dijo el oxidado viejo mandándose una de sus más mortíferas apuntaladas de la noche, escuchándose el desquiciante y encharcado sonido de los sexos cortejándose.

La nena arrugó su carita muy placenteramente, se llevó uno de sus deditos a sus labios y sin pensarlo más lo soltó.

-Don Marceee, yo… yo en verdad… lo amooooo, lo amoooooooo!!!- gritó la nena a todo pulmón, si bien ya le había dicho esto la cogida anterior, en aquella ocasión ella misma reconocía que había sido más por calentura, en esta, según ella, se lo decía con todas las fuerzas de su corazoncito, la niña estaba completamente entregada en cuerpo y alma a su viejito.

-jejejeje, de veras mi niña- el orgulloso viejo reía más que nada por lo pendeja que podría llegar a ser la chiquilla, como es que podía pensar todo eso solo con que su bollo se calentara y se llenara de verga, en verdad que era una putilla en pleno ascenso, se decía para si el asqueroso sujeto mientras seguía penetrándola como si quisiera desquebrajarle los huesos de la pelvis.

-siiii Don Marceeee!!!!, en verdad lo amooooo!!!!, estoy enamorada de usteddddd!!!!- gritaba la chiquilla, declarándole los sentimientos a los que ella había llegado después de tanto estar meditando estos últimos días sola en la oscuridad de su cuarto y en el momento en que la actual cogida se llevaba a cabo.

“jejeje, que pendeja chiquilla, se nota que ya no les dan ácido fólico a los niñas de hoy en día, sigue así putilla caliente que las nenas como tú terminan paradas en las esquinas o ficheando en alguna cantina jejeje, voy a dejar de metérsela tantitito a ver cómo me la pide” eran los cínicos pensamientos del viejo.

La chiquilla notó que el viejo había dejado a someterla coitalmente, esto impedía que pudiera sentir rico y que se siguiera formando el riquísimo orgasmo que hace poco amenazaba con llegarle en cualquier momento, así que se atrevió a solicitar que se le siguiera penetrando.

-Don Marce, por favor, siga, sígame haciendo el amor- dijo la nena con sus ojitos brillosos en enamoramiento y sus sensuales labios adquiriendo la forma como de dar un beso, arriba de sus labios y debajo de su respingada naricita podía verse una pequeña concentración de sudor formando un minúsculo lago.

-jejeje, mi niña, tengo que decirte algo- dijo el viejo, sin sacar en ningún momento su fétido taladro, el cual descansaba cómodamente apretado entre la vagina de la jovencita pulsando sincronizadamente con la vagina de la chiquilla.

-que?, Don Marce,- preguntó ella, las embestidas se detenían por completo regalando unos minutos de descanso a la desgastada pareja, en ocasiones sus respiraciones eran más pesadas que las palabras que se decían.

-primero, ¿recuerdas en lo que quedamos hace rato?, que ya no me dijieras Don Marce, que me dijieras mi amor, jejeje- la niña se ruborizaba aún más pero seguía expectante a lo que el viejo le dictaminara, ambos se veían directamente a los ojos, completamente sudados, con respiraciones muy agitadas y aun unidos de sus órganos sexuales.

-y lo otro, yo no suelo decir mucho esas mamadas, lo de hacer el amor, a mí me gusta decir “coger” jejeje- una risilla perversa se dibujó en la espeluznante cara del fogoso viejo quien con su mano quitaba algunos mechones del fleco que cubrían la sudada frente de la nena, sin embargo la nena no se espantaba ante los terroríficos gestos que el viejo exteriorizaba y que intimidaban a casi todos sus compañeritos de la escuela.

-coger?- preguntó Cassandrita, ya anteriormente había escuchado al viejo decir esta palabra pero no le había tomado mucha importancia, hasta ahora que se la decía mirándola a sus ojitos y en una conversación para ella de relevancia.

-siii mi niña, coger, lo que estamos haciendo se llama coger, eso de hacer el amor es solo una frase publicitaria usada por las películas y cuentos infantiles jejeje, lo que en realidad un hombre y una mujer hacen cuando están solos en la cama es cogeeeer- el viejo pervertía su cara a niveles inimaginables, gruesos goterones de babas caían de entre sus cochinos labios producto de la falta de control que tenía sobre su propia calentura, la nena solo lo observaba fijamente tratando de respaldar dentro de sus archivos pensantes tan valiosa información pero aun así su mente generaba más dudas, parecía que el viejo por cada respuesta generadora producía el doble de dudas en la chiquilla.

-Don Marce, entonces eso de… jijijij, hacer el amor… ¿no es cierto?- decía la vacilante chiquilla.

-no mi niña, te voy a preguntar algo, ¿Qué es para ti el amor?- dijo el retorcido vejete queriendo aprovecharse de la situación, queriendo llevar a la nena a la entrada a un mundo netamente sexoso.

-jijiji, ay no sé, siento que… jijiji, es… tomarse de la mano… besarse… platicar, jijiji, ay me da pena, tomar un helado y sin que yo me dé cuenta me tome la mano… regalarnos cosas como globos y así jijij, ya no me vea que me da pena- la nena por momentos esquivaba las calientes miradas del viejo este en tanto se asqueaba con tanta melosidad.

-jejeje, pues no mi niña, el amor así como lo te lo imaginas no es cierto, eso es pura mercadotecnia para hacer gastar dinero a las parejas de novios, el verdadero amor mi niña es precisamente esto, lo que hacemos tu y yo a escondidas, el amor es coger, hacer el amor en realidad es lo mesmo que coger jejeje,- decía el lascivo viejo, ni el sabia en realidad lo que quería expresar pero al mismo tiempo enredaba las ideas de la chiquilla quien todo asimilaba a su entendimiento, y como su experiencia en el amor era casi nula no había mucho de donde apoyarse para verificar las guarras ideas del vejestorio.

“pinche chiquilla caliente tú solo dedícate a coger y déjate de andar pensando mamadas, esos cuentos e historias baratas solo te están oxidando el cerebro escuincla pendeja” pensaba el ilustrado.

-bueno, creo que ya descansamos un poco, ahora quieres que te siga cogiendo??- decía el pervertido con todo el descaro del mundo en parte para cambiar la plática por si la nena le salía con otra de sus preguntas estúpidas, estaba jugando al filo de la navaja, pero la nena no lo veía de esa manera, para ella estaba inculcándole todos los conocimientos amorosos que poseía.

La nena se quedaba pensativa, sin duda que la vulgar palabra (coger) ya la había escuchado, pero esta era implementada por sus amiguitos en sus codificadas formas de comunicación entre ellos, aunque de alguna manera intuía que su significado iba por esos rumbos, sin embargo nunca lo pudo comprobar pues ella no era de esas niñas que se llevaran a relajo pesado con sus amiguitos, ella sabía que era una mala palabra de esas que no se deben de decir, y menos una señorita decente como ella a quien sus padre la educaron bajo el precepto de que las niñas no deben de andar de malhabladas, pero con Don Marce había aprendido tanto los últimos días que ya no sabía que era bueno y que era malo, así que ella si más por el momento solo atinó a solicitar

-si Don… que diga, si mi amor, jijijijijij, siga… sígame cogiendo- dijo la nena presa de un acaloramiento infernal y una descontrolada sensación de cosquillitas en su estómago con solo decir esa sencilla frase, pero que para ella representaba muchísima vergüenza.

-repítelo mi niña, no te escuché bien jejeje- dijo el viejo haciéndose el tonto, la niña, no muy convencida ante esta obvia tetra del viejo decidió seguirle el juego, pensando que era parte del procedimiento y que a lo mejor esto le gustaba a su hombre pero él tenía que recurrir a sus juegos de palabras para no incomodarla decidiendo ella que a partir de hoy lo secundaria en todo para que este fuera perdiendo la “timidez” con ella, este era el nivel de inocencia de la joven Cassandrita.

-si amor, sígame cogiendo, sígame cogiendo, jijiji, no me vea que me da pena jijiji- la nena no se limitó pero si se apenó un poquito diciendo tales barbaridades, para ella esto era un juego solo entre parejas, algo que no saldría de entre ellos dos, así que por tal motivo no había problema.

El viejo, quien nunca sacó su verga de la panocha de Cassandra, comenzó a bombearla nuevamente, protagonizando una jugosa y enfrascada lucha entre sexos, batiendo tanto líquido preseminal como jugos vaginales llegándose a formar una olorosa y espumosa sustancia que aderezaba los órganos reproductores de ambos y que facilitaba bastante las penetraciones, cada gesto fruncido, gemido, suspiro y demás forma de expresión placentera que la nena hacía era considerada una especie de alimento para el viejo, nutriendo sus ganas de seguirla mancillando, de seguirla penetrando hasta que ella alcanzara otro clímax.

Y no pasó mucho tiempo para esto, la nena estaba tan candente que de su vagina se escapó un potente torrente lúbrico que advertía el desfallecido paroxismo por el que estaba atravesando, su cuerpo como de costumbre se retorcía al mismo tiempo que sus labios dejaban escapar la palabras me vengo una y otra vez, mientras en sus ojitos se visualizaba como si estuviera perdiendo el alma, una tremenda fuga de néctares comenzaron a escaparse de entre la penetrada panocha brotando hacia la superficie y haciendo regazón por toda la zona pélvica de ella principalmente, quien era la que estaba boca arriba.

El charlatán viejo veía a la chiquilla revolverse debajo de él y mostraba un gesto mamarracho al darse cuenta de que aun a su edad todavía conservaba el toque, que si bien en tiempos antaños siempre había cogido con puras señoras gordas, chaparras, feas y uno que otro gay, pero ninguna se podía quejar de lo bien que el viejo se desenvolvía en cuestiones amorosas.

La aun ensartada nena se recuperaba, miraba a su alopécico viejito todo cansado y sudado, pensaba ella que el viejo estaba haciendo muchas fuerzas y poniendo todo su empeño para satisfacerla como mujer y eso se lo agradecía, porque el hacer este tipo de cosas con el viejo la hacía sentirse muy mujercita, este la tenía bien aferrada con una mano de su espalda baja y con la otra de sus hombros, ella comenzó a jugar con los enredados vellos que cubrían el pecho de su hombre, revolviéndolos y enroscándoselos en sus deditos, la chiquilla no sabía el por qué dichos vellos llenaban a su viejito de hombría y masculinidad pero algo de eso ya le había contado el maduro.

-cambiemos de posición mi niña, tu arriba de mí, como ese día afuera de tu casita- dictaminó el viejo, la niña solo asintió afirmativamente, estaba tan enloquecida a estas alturas si el viejo le pedía el culo se lo daba.

Lentamente la feliz pareja se fue desacoplando y acomodándose en la posición solicitada, el viejo ahora se acostaba boca arriba con su potente herramienta viril apuntando al techo, tan erecta que casi parecía el asta de una bandera y cuyos lubricantes que la empapaban bajaban lentamente como la lava lo hace hasta las faldas de un volcán, la nena muy trabajosamente se subía arriba de él, primero se sentó en la lanosa panza como si fuera a cabalgar a un equino, su depilada vagina sentía el cosquilleo que le brindaban los gruesos pelos que tapizaban la rumiante panza del viejo, esta parte, su panza, era lo único que no se acoplaba a las medidas raquíticas del pervertido.

La nena le regaló al viejo tres de sus más románticos roces labiales, uno en su frente de lavadero, otro en sus labios de asno y el último en su pecho caído, el viejo solo veía con morbo absoluto como esos tremendos y sobresalientes pechos se bamboleaban ante sus calientes ojos cada que la nena se dirigió a plantarle un beso.

La nena hizo su cuerpo más hacia atrás, sacando un poco el portentoso culo en este movimiento al sentir una vergal presencia palpándola desde atrás, conocía la posición a la que sería subyugada pues ya la había visualizado en alguna revista que el viejo le había prestado, sin embargo no la había practicado aun ya que anteriormente afuera de su casa el viejo estuvo sentado, esta vez el desvergonzado estaba acostado tan tranquilo como si la vida no le corriera, la nena ubicó la gran y tiesa tranca, tan imponente, dura y pesada como un pedazo de fierro, y caliente como si la hubieran sacado de las brasas, casi evaporaba los fluidos que la cubrían, sus venas pulsaban desincronizadamente, Cassandrita apoyó sus blancas manitas en la panza de su martirizador y descendió muy cuidadosamente mientras su largo, hermoso y azulado cabello se le acomodaba muy sensualmente hacia un solo lado cubriéndole la mitad de su agraciada carita al tiempo que se mandaba una risita al viejo demostrando su total complicidad.

Su femenino sexo hizo contacto directo con el amoratado glande, el viejo hacia un estudio u observación de campo sobre como su cabeza gladeal era absorbida por la panocha de la nena, poco a poco la húmeda conchita se iba abriendo y al mismo tiempo tragando esa bestialidad hasta que el pederasta sintió como su glande estaba completamente alojado dentro de ella, la nena emitió un fuerte suspiro y se detuvo en el momento bajando un poco la vista y sacando sus labios muy sensualmente, respirando por la boca, aunque después siguió con su tarea de seguir bajando, cada segundo la panocha de la nena tragaba más verga así como su rostro se iba descomponiendo, era como si la entrada de ese bestial miembro hiciera que los ojitos de la nena se le ocultaran, el viejo escuchaba el crujir de las paredes vaginales abriéndose ante el intruso invasor, hasta que después de mucho doloroso sacrificio, la nena se la tragó toda, dándose un fuerte sentón arriba del viejo y haciendo gestos como si algo la estuviera devorando desde adentro.

Si bien las irrupciones siempre eran las partes más dolorosas del coito, este suplicio se recompensaba con una ardiente, apasionada y sobre todo placentera lucha carnal, en donde la pareja su fusionaba en cálidos besos y sugerentes movimientos pélvicos demostrándose el “amor” que sentía el uno por el otro, o al menos la nena así lo entendía, mientras el sacrificado viejo casi escupía su secreción seminal solo con ver a la lastimosa Cassandrita arriba de él y saber que su verga yacía encarnada dentro de ese glorificado cuerpo, a la altura del sudado vientre.

-ahhhhhhhhh- fue el grito que pegó Cassandrita cuando se comió los 19 centímetros de morena carne madura que hacían verle a Don Marce un respetable bulto en sus pantalones.

En este momento la pareja volvió a estar unida copularmente, el viejo la mantenía aferrada de la breve y estilizada cintura mientras la nena comenzaba a moverse intentando hacer embonar de manera precisa esa aberración dentro de su delineado cuerpecito, Don Marce en esa posición veía como el abdomen de la jovenzuela se marcaba exhibiendo lo trabajado que se encontraba, lo perfecto, sin el menor rastro de grasa, por el contrario se alcanzaba a distinguir ligeramente los músculos abdominales de la nena contrastando con una bofa e inflada timba en donde no se marcaba nada, ella no sabía qué hacer, si debía de empezar a ensartarse ella o el viejo seria el que comenzaría a moverse, muy fruncida de su carita esperaba a que este le ordenara, desde hace mucho había comprendido la situación a la que le viejo poco a poco la llevaba, el hombre es el que ordena y ella como mujer, obedece.

-ensártate mi niña,- mandó el viejo, apretando sus dedos en contra de la perfecta curvatura de la cintura de ella y haciendo fuerzas en su verga para que esta estuviera excesivamente rígida.

La nena en un principio se movía torpemente, no lograba hilvanar tres sentones cuando paraba debido a un dolor adentro de su vientre, el viejo no se desesperaba, sabía que tenían toda la noche y que nadie vendría a molestarlos así se decidió por auxiliar a su compañera, con su verga bien parada y dentro del cuerpo de la niña tomaba a Cassandrita y él mismo comenzaba a arremeterla desde abajo, de esta manera la niña elevaba su cuerpo y literalmente volvía a caer encima del mástil, dicho movimiento no era tan escandaloso como para levantar a Cassandra hasta el punto de sacarle por completo la olorosa malformación, pero si como para escuchar los fuertes golpes que se daban ambos cuerpos en cada una de las ensartadas, ni que decir de los gemidos por parte de ambos, los cuales resonaban por toda la casa.

El desgraciado pervertido comenzó a subir la intensidad carnal con la que se desempeñaba, a estas alturas el caliente Marcelino levantaba lo más que podía su pelvis para ensartar a la nena con todas sus fortalezas, la cama no tardó en comenzar a rechinar debido a los fuertes empalamientos con los que Don Marce le demostraba a Cassandrita que era digno de poseer tan sabroso cuerpecito.

De este modo y pasados algunos minutos Cassandra comenzó a hallarle la forma a la posición, apoyó sus manitas ahora en el pecho del viejo y sacó un poco más sus carnosas nalgas, inconscientemente la nena se estaba acomodando para desempeñar de una manera más eficiente la coital postura.

-así mi niñaaaa, aaahhhhhh, que ricccoooo!!- bramaba el viejo sintiendo una importante comezón en su verga, comezón que acrecentaba cada que se metía su miembro dentro de la jugosa panocha y esta era raspada por las paredes vaginales, la niña en tanto se concentraba en cada intento superar el record anterior de autoempaladas ininterrumpidas.

-sigueeeee, sigueeeeeeee, que bonita niñaaaaa,- el viejo sin duda sentía muy rico, pero en ocasiones exageraba sus alabanzas para que de este modo la niña se emocionara y pusiera más empeño en su actividad, esto le funcionó, pues la nena al evidenciar lo bien que el viejo se la estaba pasando comenzaba a moverse cada vez más rápido y ondulatorio con la intención de aumentar el jolgorio del veterano.

-en serio… ahhh, le gusta Don Ma… mi amor mmmm- dijo la nena presa de la calentura que no le daba para pensar en otra cosa que no fuera seguirse ensartando, sus movimientos comenzaron a profesionalizarse al grado de parecer una verdadera actriz porno cabalgando la verga de uno de sus machos.

-siiii, me encantaaa, a ti no??, uuuhhhhhgggg- bufaba el viejo y flaco toro teniendo que aferrar con mas fuerza el grácil cuerpo de su mujercita, miraba hipnotizado el impactante bamboleo que tenían las tremendas y carnosas chiches de la niña y como estas, gracias a que la nena seguía aferrada con sus manitas del pecho de su hombre, se apretujaban entre ellas adquiriendo por momentos una voluminosidad mucho mayor de la que ya tenían.

-siiii!!, me encanta!!, me encantaaaa cuando usted me la meteeee!! aahhhhh- la descontrolada nena seguía en lo suyo, Don Marce era testigo de cómo los grandes y tremendamente desarrollados pechos de la jovencita casi parecían que se le iban a chispar de su cuerpo, también anticipaba con alegría que el vocabulario de la nena se empezaría a vulgarizar.

-¿cuándo te meto qué?, mi niñaaaaa!!!- preguntaba el viejo, queriendo llevar la plática a los terrenos de la vulgarización, quería escuchar a su nena decir la mayor cantidad de leperadas posibles.

-cuando me meteeee, su cosotaaaaaaa, uuuhhhhyyyyy que riccoooooo,- el cabello de la nena lucía a estas alturas completamente desalineado, se movía para todos lados, le tapaba completamente su carita, y a pesar de que ella se lo acomodaba en cada ensartada que se daba, por momentos se le hacía tanto para enfrente que casi parecía el Tío Cosa.

-pero como se diceeeee??, como se le dice a mi cosota??, mi niñaaaa!!!- gruñía el viejo con su ronca voz clásica voz de un viejo sesentero.

La nena por un momento no supo que decir, el viejo la había agarrado en curva, trataba de descifrar que era lo que el viejo quería que ella expresara a través de sus carnosos labios hasta que después de pensar un poco una idea vino a iluminar su cerebro.

-vergaaaaa!!!, se llamaaaaaa, uuuyyyyyym siiii, se llamaaaa vergaaaaaa!!!!- gritó la nena, nuevamente despejando su hermoso rostro de los abundantes mechones de su propio cabello, uno de esos mechones se le había metido en su boquita.

-como mi niña!, no te escucho!!!, aaaaggggggggg!!!!! “jeje que pendejo me alburie yo solo”– esta última frase fue pensada por el vejete.

-vergaaaaa!!, se llama vergaaaaaaaa!!!!,- la nena se movía aún más desaforada, como si en verdad quisiera comerse la verga al viejo por su vagina, además el gritar ese tipo de obscenidades la emocionaban muchísimo.

-y te gusta, te gusta la vergaaaa??- el desgraciado viejo sí que se estaba pasando de la raya, aprovechándose de la calentura de la niña para hacerla decir semejantes barbaridades.

-siiii, me encantaaaa,- sin embargo la muchachita parecía no importarle lo bellaco que se estaba comportando el fino caballero con ella, era una completa inexperta en relaciones amorosas, y comprendiendo que lo único que sabía del sexo era lo que veía en las pornos (algunas revistas traducidas o dialogadas en castellano) era de entender por qué también ella se expresaba con palabras tan procaces, o por qué veía normal el decir groserías mientras se amaba.

-¿te encanta queeeeee? mi niñaaaaaa!!!- la cara del desgañotado viejo se derretía en sudor debido a las palabrotas con las que su enamorada le decía que lo amaba, se le salían hasta los mocos (de la nariz), para el viejo esto era mejor que cualquier declaración de amor.

-me encantaaaa, me encantaaaaa su vergaaaaa!!, su vergaaaaaa!!, ahí dios mi amorrrrr su vergaaaa es tan ricaaaaaaaaa!!- gritaba la niña meneando su cabeza de aquí para allá por momentos sin demostrar firmeza en su cuello, y pensar que en estos momentos Armandito ensayaba como poder sacarle la dirección de su vivienda muy emocionado acostado en su camita, mientras este viejo podía sentirle en carne propia lo calientito que tenía su panocha por dentro, pero el viejo iba por más.

-Cassandrita, si me amass, debemos de sellar nuestro pacto de amooooor- dijo el caliente viejo.

-como?- preguntaba la nena, aun ensartándose y escuadrando sus bracitos muy sensualmente al mismo tiempo que apuñaba sus manitas.

-debemos de sellar lo nuestro… con un pacto, comprometiendonosssss uuuuhhhhh hhhhooorrrrhhhhh-

-com… prometiéndonos??- la dulce niña, con los ojos cerrados, se llevaba uno de sus deditos hacia sus coquetos labios.

-siii mi niñaaaa, siendo noviosss tú y yooo- la nena por más que intentó disimular no cabía de gozo por lo que el viejo le solicitaba, ser su novia era un verdadero halago para ella, así que aumentó gradualmente la velocidad de sus arremetidas, sintiendo como otro orgasmo estaba a punto de exprimirle el cuerpo, era el momento en que más quería sentir la verga del viejo alojada en sus entrañas.

-Don… amor, que cosas dice, mmmm, ahhhhh, aaayyyy, se pueden dar cuentaaa, nos pueden veeerrr- la nena se abrazó fuertemente de él, viéndolo a los ojos con una mirada perdidamente cachonda, hasta la lengua sacaba debido a lo ajetreada que se encontraba todo esto sin parar de gemirle directamente a la horrenda cara de violador.

-no nos verán, uuuuyyyyy, seremos novios en secretooooo jejeje, a escondidas- el viejo tomaba la cintura de la nena, apretaba con fuerza desmedida la grácil anatomía de ella y desde donde se encontraba la apuntalaba con soberbios embistes que casi le sacaban el aire a la pobre chiquilla y le marcaban aún más el ejercitado abdomen.

-jijijiji, usted y yo, ahhh, mmmmffffssss- dijo la nena a medias fuerzas, o más bien a un cuarto de fuerzas.

-siiiii, tú y yo, imagínate, tú y yoo jejeje- el acostado viejo tomando mucho vuelo se mandó un par de sus más fieros arponazos que hicieron cimbrar toda la potente anatomía de la nena, uno en cada determinado pronombre personal.

-aaahhyyyy!!, aaahhhhyyyy!!, ricccoooooo, sii, siiii, siii lo quiero!!, lo quieroooo!!!- dijo la nena, pensando que era el viejo el que le estaba pidiendo que fuera su novia, pero el pervertido pronto le hizo ver que con él las cosas eran muy diferentes.

-entonces, jejejeje pídemelo- dijo el viejo mandándose aún más fuertes y profundas embestidas, sacudiendo el sudor en todo el cuerpo de la nena y casi quebrantándole la pelvis.

-qué?- la nena no entendía que era lo que tenía que pedir.

-pídemelo, anda, pídeme que sea tu novio!!!, jejeje- gruñía el sinvergüenza remarcando unas potentes venas atravesando su cuello de buitre, sus ojos se saltaron tanto que amenazaban con salirse de sus cavidades craneales.

-Don Marce… este… que no se supone… aahhhggggg- una fuerte embestida hizo callar a la chiquilla quien apenas iba a recalcarle al viejo que al parecer estaba en lo incorrecto.

“cáaaaallate zorra jija de la verga y pídeme que sea tu puto novio de una buena vez, chiquilla buena para la vergaaaaa”, los pensamientos del viejo estaban muy distantes de las tiernas palabras con las que se expresaba abiertamente en presencia de ella.

La nena estaba más confundida que nunca, esto no era normal, lo correcto según ella era que el apuesto príncipe debía de declararle su amor a la bella doncella tomándola de la mano y besándosela romántica y delicadamente, y no al revés, pero pensaba en la posibilidad de que el viejo así lo quisiera, que ella se lo pidiera, algo raro para ella pero una aún más fuerte apuntalada que le hizo escupir algo de saliva la hizo volver a la batalla, alejando todas esas mamadas románticas que ella veía en las películas, no supo porque se le vinieron a su mente las mujeres que trabajan, las mujeres que ocupan puestos importantes en las empresas, la lucha de la mujer por tener igualdad de condiciones que el hombre, se dijo que si ya su género había logrado todo eso entonces bien podría haber aquellas mujeres que le declaran su amor a un hombre, entonces a lo mejor esto sea más normal de lo que ella pensaba, redundantemente es lo que medio pensaba la nena mientras era ultrajada.

-Don Marceeee-

-que mi niña- la nena tomó las manos de su enamorado, enrollando sus deditos con los de él y llevando esas unidas manos a la altura de su corazón, preparándose para declararle su amor, el viejo seguía embistiéndola pero había bajado su ferocidad, sin embargo aprovecho el momento para acaparar con una de sus manos todo el pecho derecho de la joven enamorada.

-Don Marceee, quiere… ahhh,- de más está decir que la cara de Don Marce era de júbilo total, como si le hubiera negociado la vida eterna al creador.

-Don M… Don Marceeee… usted… usted quiere… le gustaría… este… usted quiere ser mi noviooooo- dijo la nena ya casi vaciándose en jugos, el viejo por lo tanto reía de forma burlona ante la docilidad manifestada por la nena, ante lo pendejita y manipulable que era, inclusive hasta en la forma en que tartamudeo mientras construía la sublime oración.

-estás segura mi niña?- todavía el viejo se dignaba a cuestionarla sobre su decisión.

-siii, siii, segura, quiero que… usted y yoo… seamos noviosssss- la nena comenzaba a revolverse presa de otro naciente orgasmo.

-pero, ¿porque yo mi niñaaa?-

-porque usted… yo a usted… lo amooooo… desde ese día… que lo hicimos… no he dejado de pensar en usted… todos los días me toco pensando en usted… sueño con usted… me gusta cómo me trata… y lo que hacemos a escondidas…- la nena ya estaba que se vaciaba.

-jejeje, acepto preciosa, seré tu noviooooo aaaahhhhhhrrrrgggggg- el viejo soportaba el más crudo aplastamiento vaginal en contra de su verga, el sexo de la niña se cerraba casi triturándole la verga para después aflojar un poco y lanzar una potente descarga de jugos que terminaron por regar la extensa selva amazónica compuesta por pelos negros que poblaban todo el vientre bajo del viejo.

-aaaahhhhh, me venggoooo, me venggoooooo mi amooooooorrr!!!- gritó la destrozada chiquilla sacudiéndose de todo su cuerpecito, llevando sus manos a tapar su carita.

La niña estaba en pleno trance orgásmico, alcanzó a escuchar la aceptación del viejo y eso la hizo abochornarse como nunca antes lo había hecho, dejó caer su perfecto cuerpecito sobre el bofo cuerpo de su momentáneo macho pues el cansancio era tan devastador que terminó por desmoronarla, ambos amantes unieron sus pechos, el de ella adornado con un par de globos que se aplastaban en contra de los caídos y peludos de él. El depravado podía sentir la agudeza de esos rosaditos pezones picándole debajo de su pecho y sin más llevó uno de sus guangos brazos para afianzar de su espalda a su nena, la pareja estuvo unos minutos así, el aun empalmado viejo seguía con su verga bien escudriñada dentro de la chiquilla.

La sofocada nena, quien había estado escuchando los latidos y la ronca respiración del pervertido, sentía como su hombre se incorporaba de la cama, mientras ella, con su respiración terriblemente acelerada y su ritmo cardiaco casi peligrando para su vida solo se acomodó acostándose boca abajo, arreglando su pelito y quitando el exceso de sudor en su chapudo rostro, pero de repente fue jalada bruscamente primero de sus piernas y luego de sus caderas y posicionada a manera que su culito quedara levantado.

Ella entendió la posición, ya la había practicado, así que con mucha dificultad fue levantando sus temblorosos bracitos, se apoyó de la cama con sus rodillas abriendo un poco sus piernas exponiéndole nuevamente al viejo su mancillado sexo y toda la generosidad de su culo, tratando de verle la espantosa cara de viejo verde a su hombre pero dicha posición se lo impedía, lo que si permitía era regalarle al viejo una de las postales más sexys de su enamorada.

El viejo veía a su nena acomodada de perrito y con su hermoso cabello cubriéndole la mitad de su angelical rostro y cayéndole hasta la superficie colchonal, idéntica posición en la que la nena veía expuestas a muchas de las mujeres que adornaban las paredes del cuarto. Don Marce con su lasciva mirada de viejo caliente analizaba la curvatura que había adoptado la espalda de la jovencita, como una remarcada zanja surcaba todo el largo de esta para desaparecer por un espacio muy breve pero resurgir ahora separando cada una de las tremendas nalgotas que se portaba la infernal chiquilla, veía un par de espectaculares hoyitos adornarle la espalda baja así como el ligero asomo de sus omoplatos, el cochino viejo se daba lujo recorriendo con sus chaqueteras manos la espalda de la jovencita, tan sudada, brillosa y muy durita.

Pero lo que lo enardecía hasta la locura era esa colorada papayita que asomaba debajo de ese orgulloso culito, las suaves nalgas daban la apariencia de ser de esponja y con depravados apretones podía valuar la calidad de estas, la nena en tanto suspiraba mientras seguía acomodada caninamente, la noche no estaba muy fría pero en cada exhalación tanto de ella como del viejo podía verse una especie de humo escapando de sus bocas desde hace rato.

Mientras la nena era vulgarmente inspeccionada de su espalda y culo podía admirar los perfectos cuerpos y los atractivos rostros de todas las impresas chicas y sus sensuales vestimentas, veía las estilizadas posturas a las que se sometían casi siempre exponiendo el culo, pensando que muchas de ellas quizás fueran modelos famosas, debía de reconocer que se veían muy coquetas y femeninas, como toda mujer debiera ser, y era esa misma feminidad la que sentía ella al estar en esa pose con el hediondo viejo detrás de ella devorándole el culo con la pura mirada, hediondo porque vaya que de sus boscosas axilas provenía una potente y penetrante loción, sin embargo esto no era impedimento para que ella se sintiera como una de esas mujeres que engalanaban el cuarto de su hombre.

La nena se daba cuenta de que a Don viejo le gustaban las mujeres muy bonitas, que tenía buenos gustos y se sentía dichosa al ser la elegida por este desagradable sujeto para iniciar una relación con él aunque fuera a escondidas, eso significaba que para los calenturientos ojos de Don Marce ella era muy bonita, y si bien se escondían para hacer sus cosas era por el hecho de que ninguno de los dos se metiera en problemas, la nena sabía que la sociedad no aceptaría dicha relación y era esta misma discreción lo que la hacía sentirse casi en su propia telenovela, en su propio cuento de hadas, cuantos cuentos conocemos que tienen como columna vertebral un amor imposible y no aceptado.

También pudo cavilar sobre la vestimenta de cada una de las chicas, la mayoría solo en encajosos brasieres y diminutas tangas que se perdían o se apretaban a sus carnosidades, principalmente a sus remarcados sexos, reflexionó que sería muy posible que Don Marce recortara solamente las que usaban este tipo de ropa interior, o sea que le gustaba que las mujeres usaran ese tipo de atuendos, reconoció que ella era más recatada a la hora de elegir su ropa íntima consistente en muchas ocasiones en calzones que le cubrían todo su exuberante trasero, recordó que el día de su primer encuentro sexual utilizó una tanga, tal vez por eso Don Marce fue seducido por sus encantos, pensó, “tengo que verme bonita para él, a partir de hoy procuraré ir sola a comprarme ropa interior, mi mami nunca me dejaría comprarme calzones tan chiquitos, tengo que acostumbrarme a usarlos porque ese que tengo se me mete mucho jijiji”, la nena estaba completamente convencida de verse lo más comestible posible para los ojos del tendero pervertido.

Cassandrita pudo advertir una de las maniacas risas con las que el viejo amenazaba sus inquisitorias torturas, risas en donde el asqueroso dejaba ver en toda su solemnidad las cariadas piezas dentales que empodrecían su boca, así que ante esta depravada señal ella apretó lo más fuerte que pudo sus finos y brillantes dientes así como la sucia sábana con sus manitas, el viejo se mandó una poderosa cornada que la penetró en dos tiempos y que casi hace que la nena fuera a dar al suelo junto a toda la porquería que ahí se encontraba.

El turbado sujeto penetraba sin ninguna pizca de entendimiento a la tierna chiquilla quien resistía valiente los severos impactos, era desquiciante el sonido que producían los cuerpos al chocar y dicho sonido solo enardecía al viejo a aumentar su fortaleza, la cama se movía muy peligrosamente pareciendo que en cualquier momento se partiría, crujía y chillaba debido a la desencarnada copulación que se llevaba a cabo en estos momentos sobre su espacio, algunos de los muebles mas cercanos también resentían los crujidos y temblaban al compás de ellos, el aberrante microempresario reía y hacia sonidos como un trastornado al mismo tiempo que pasaba sus asquerosa lengua por todo el perímetro de sus repugnantes labios, saboreándose el dulce momento mientras clavaba sus dedos en las curvilíneas caderas de su ahora novia a escondidas y ejercía sincronizados movimientos pélvicos de atrás para adelante.

Cada embestida hacia chocar descabelladamente el vientre del vejete contra el culazo de la nena, moviéndose deliciosamente debido a la potente colisión y esto solo hacía que el viejo se enloqueciera más y se comportara como un trastornado mientras la nena solo se dejaba hacer aguantándolo todo mordiendo uno de los extremos de la almohada más cerca que tenía.

Desde ese ángulo, el viejo pervertido veía su monstruosa verga entrar y salir de esa lubricada vulva, notaba una tenue membrana asomarse tímidamente cada que el viejo reversaba su venuda y rígida herramienta, veía ese apretadísimo orificio anal pulsando como invitándolo a mancillarlo pero el viejo sabía que la nena aún no estaba lista para eso, por el momento se entretendría con su concha y ya después vería el momento propicio para hacer el debut anal de la tierna princesita.

“jejeje, mi precioooso, precioooso, ya te llegará tu hora”, pensaba el repugnante sujeto mientras de su boca viscosos hilos de saliva caían.

La nena, en tanto, sostenía todo su tremendo cuerpo sudado solo con un bracito el cual se veía que no demoraba en fracturársele, pues con la otra mano se tallaba su jugosa panocha, por momentos separaba sus dedos anular y meñique de los índice y medio para poder sentir entre sus dedos los deslizantes y calorosos movimientos de adentro hacia afuera que llevaba a cabo el asnal instrumento mientas ella se abría la concha.

El viejo Marce no se controló más y cegado por la calentura tomó ambos brazos de Cassandrita y a modo de carretilla se ensartaba a su martirizada jalándola de sus muñecas al mismo tiempo que le dejaba ir toda la carne hasta dentro, ella pegaba unos berridos como si la estuvieran descuartizando, sentía la verga del viejo abriéndole paso entre sus entrañas, llegándole lo más profundo posible, la podía sentir revolverse dentro de ella pues a menudo el glande hacia contacto con algo, sintiendo su cuerpo casi partirse por lo demandante de la posición, era tales los decibelios de los rebuznos masculinos y berridos femeninos que permitieron a algunos de los vecinos tener el privilegio de escuchar un poco de la desaforada lucha cuerpo a cuerpo que se llevaba en la casa del tendero.

-pinche viejo cochino, orita mismo le hablo a la poli para que lo calle, que descaro- decía uno de los vecinos más decentes del conglomerado.

-oye vieja, el tendero se contrató a una puta, y que bien lo hace creer la condenada- decía otro a su señora pensando que la quejosa mujer solo actuaba sus gritos, escuchando con claridad los desgargantos femeninos.

-pinche vieja piruja, mira que revolcarse con un viejo por dinero, viejas huevonas que no les gusta trabajar, cállense que la gente decente quiere dormiiiir!!!- decía una de las recatadas señoras, vecina trasera del viejo, aventando una piedra hacia los botes de basura de su morboso vecino,

Lo que los vecinos no sabían era que la escandalosa mujer no era una puta, era una niña de la escuela de enfrente, que no le estaba cobrando al viejo y que no lo estaba engañando a la hora de quejarse. Pronto la nena silenció un poco, la pareja se detenía mientras el viejo acercaba sus bembas al oído de esta y le decía algo en voz bajita sin desclavarse de ella, la casi invidente muchachita asentía con la cabeza y al parecer, obedeciendo a esa inaudible solicitud, enterró su cabecita debajo de una de las almohadas, pero manteniendo el culo bien levantado.

El viejo se secaba el sudor pero también se dedicaba a amasar las esponjosas, firmes y tersar nalgotas que se gastaba la condenada chiquilla mientras la nena se acomodaba como si fuera un avestruz metiendo su cabeza en el suelo, Don Marce la aferraba ahora de sus muslos levantándoselos un poco más, dejando a la nena apoyada solo con las puntas de sus pies y de este modo reinició con su calvario, en esta posición la verga se le encorvaba hacia abajo, por momentos el pervertido escuchaba sonidos tan extraños, como si la nena se estuviera aventando una flatulencia cada que él la barrenaba, en realidad se trataba del aire que entraba cada que el viejo sacaba su verga del abierto y vaginal agujero, permitiendo la entrada del viento y escuchándose ese sonido cuando volvía a sumergirla.

“jejejeje, le estoy sacando los pedos a la mocosa, jejeje” decía en su cochina mente en desequilibrado sin entender la verdadera fuente de tan extraño sonido, para el viejo la nena se estaba despedorrando.

Para esto la nena liberó su sonrojada y fruncida carita, su naricita prácticamente desaparecía pues se camuflajeaba con el rojo pasión que cubría sus pómulos y cachetes, trataba de contener lo más que pudiera sus berridos para que no la escucharan pero era casi imposible, en eso otro orgasmo la asaltó de manera violenta sacándole el aire de sus pulmones, casi por un periodo de tres minutos la nena no pudo respirar, solo se ahogaba entre sus propios gemidos.

Don Marce al ver el estado de su idolatrada no dejó de mancillarla, parecía que la quería matar con tanta verga, reventarle el vientre, sacarle la verga por la boca, eran tales las embestidas que la nena ya no podía apoyarse ni con las puntas de sus pies, sus piecitos se suspendían en el aire ya que el erigido viejo la levantaba de las caderas teniendo que pelvicar hacia arriba para llegarle a su mujercita, y eso que las prominentes caderas de Cassandrita en estos momentos se veían muy superiores en dimensiones a las escurridas del viejo, el viejo era más ancho en cuando a la medida de su cintura y espaldas pero en caderas y culo la nena lo rebasaba, el viejo estaba demostrando unas fuerzas equivalentes a Hércules y la nena se sentía dichosa de ser su Megara, la convulsionante y orgasmeada nena ya en las últimas sacó fuerzas de flaqueza para comunicarse con su verdugo.

-aahhh, ahhh, ahhh, D… aaahhhamor… aahhhhcuando… vaya a sacar… la leche… avísemeeeee… aaaahhhh aggggg- la nena hasta gargareaba la excesiva saliva que se había formado en su boca.

-jejeje, ¿para qué?, mi niñaaaa, aaggghhhhhh, ooooogggghhhhhh, mmuuuuuuuu- el viejo hasta mugía, por momentos su cariada dentadura estaba a milímetros de desprenderse de su boca.

-avísemeee… quiero… que… me los de… en la boca…-

-jejejeje, mi niña, ¿quieres tu lechita antes de dormir?- decía el viejo poniendo más empeño en sus acometidas, el hecho de que la nena deseara su pestilente corrida en su boquita era como si se activara un botón en sus testículos y que abriera una compuerta para liberar las gruesas cantidades de blancuzca semilla que ya hervían dentro de sus huevos.

-siiiiii, peroo sin… vaso… démela directo… en mi boca…-

“putilla mamavergas yo que quería venirme dentro jejeje, ni modo, será para la otra” pensaba el desequilibrado.

-si mi niña, será un placeer aaahhhh Cristooo Benditoooooooo!!!- dijo el viejo casi reventándole las venas de su cuello, bastaron solo unas diez sanguinarias acuchilladas en donde el viejo tomaba la mayor cantidad de vuelo que podía para que este sacara su poderosa herramienta bañada en jugos de la rojísima y acalorada panocha de la nena. El viejo se apretaba fuertemente la verga de su glande para retrasar el mayor tiempo posible su brutal estallada, pero aun así no pudo evitar que un caldoso y magmático rio blanco comenzara a salir por su uretra y a descender por su glande.

-ya mi niña!!!, ya los traigo de fueraaa!!!!!!- bramó el pervertido lo más rápido y sonoro que pudo, sabía que eran cuestión de segundos para que se vaciara completamente, si bien algunas gotitas de caldo blanco se perdieron en el camino sabía que la mayor cantidad aún se mantenía estancado en sus conductos seminales formándole un casi tumor de tanta exagerada concentración de semen en la parte superior de su verga, la cual era brutalmente asfixiada por su propia mano.

Cassandrita al escuchar esta aclaración se levantó como resorte, ni parecía que hace un momento no podía ni moverse, se arrodilló ante su amo juntando bien sus rodillitas, depositando cada una de sus manitas en sus potentes piernas y abrió su boca lo más que pudo cerrando sus ojitos en innata señal de defensa, sacando muy sugestiva su lengua, el viejo en vez de rociar su abono líquido en la cara o en el musculo lingual de la chiquilla decidió embutirle la verga hasta adentro, soltando en el acto su gruesa deformación y liberando de esta manera su corrosiva esencia.

El disparo que Don Marce había retrasado pareció haber aumentado en energía y cantidades, un cargadísimo y grueso manguerazo de semen, el cual llegó a ser más abundante incluso que muchas de las veces en que el viejo orinaba, se impactaba en contra de la garganta de la chiquilla. A partir de esta exageración otros ocho chorros más, casi igual de bestiales, terminaron por inflarle los chachetitos a Cassandra de la natosa mezcla, era tal la exagerada cantidad de esperma que de la nariz de la nena gruesos colgajos blancos resbalaban hacia sus abultados labios, la nena por su parte tragaba lo más que podía tratando de no ahogarse, aguantando unas intensas ganas de llorar debido a lo irritante del hedor e impidiendo que las constantes tocidas dejaran liberar tan repulsiva mezcla la cual estaba amarguísima, el viejo una vez sintiéndose descargado comenzó a retroceder lentamente su tranca.

Eran notorios los bultos que bajaban por la tráquea de tan hermosa criatura, incluso hubo aquellos restos que trababan de escapar de ella escurriendo por las comisuras de sus labios pero la nena los alcanzaba con su lengua, debido a su inexperiencia en esta actividad hubo un momento en que abrió su boquita de más dejando escapar una importante cantidad de semen que la bañó hasta su barbilla, pero ella con su manita se encargó de regresar esa fétida mezcla al lugar donde le correspondía, su boca y de ahí a su estómago.

“jejejej, se me hace que mañana vas a cagar mocos” reía el pervertido aun desollando su macana la cual en cada apretujón seguía expulsando gruesas gotas de semen, la nena comenzó a lamerle el glande con mucha devoción pero a la vez muy repugnantemente, podía verse semen semitransparente uniendo su lengua y labios con el viscoso miembro del viejo, delicadamente ella lo tomaba con su mano y se lo engullía hasta el fondo chupeteándoselo con fervor, seguía escapándosele saliva combinada con semen la cual, afortunadamente para ella, era atrapada por la otra de sus manitas o dedos y de nueva cuenta la regresaba a su boca, en verdad la nena estaba completamente enviciada con el sabor de la leche del viejo.

Los viscosos sonidos provenientes de la boquita de la nena hacían que el viejo no perdiera la dureza dejándole su verga en estado de semi erección, al final el arrugado macho sucumbió a los insaciables chupeteos y lamidas que le pegaba la nena a su pájaro y se derrumbó boca arriba en la cama completamente fuera de combate, sudado a mares y todo tembloroso, rápidamente fue alcanzado por su espectacular hembra después de que esta se tragara hasta la última gota, la pareja estuvo descansando abrazada por un buen rato, el inquieto viejo aún seguía besándola y manoseándola después del desgastante encuentro carnal, claro que en esta ocasión los besos eran apenas leves acercamientos labiales, en un momento se dirigió hacia el cuellito de ella para pegarle un chupetón tan fuerte que casi le arranca el cacho de cuero, la nena se intimidó, había escuchado de las consecuencias de los chupetones en el cuello y de cómo estos habían hecho caer a muchas de sus amiguitas así que se atrevió a solicitar.

-Do… amor, no es que no me guste pero… me va a dejar una marca mañana- dijo entre asustada y excitada.

-shhh, déjame hacértela, como la prueba de nuestro amor, así cada que te la veas en el espejo te acordarás de este momento jeje- el pervertido dijo esto con la delicada piel de Cassandrita entre sus filosos dientes de piraña.

-pero…- la nena repelaba pero el viejo la calmaba con suaves manoseos vaginales hasta que logró someterla por completo, dejándole una enorme marca roja cerca de la yugular, y así estuvo la caliente pareja, contándose cosas en especial ella, sueños y mamadas románticas que veía en la tele y que aburrían al viejo quien ahora dejaba que la nena reposara su cabecita y una manita en su pecho mientas él la tallaba de su cabello, así hasta que la nena se quedó bien dormida con un cachete aplastándose en el cuerpo de su hombre.

“jejeje, lo bueno que ya se jeteó esta putilla, ya me estaba hartando con sus estupideces de mocosa pendeja” decía el viejo corriendo una vieja y olorosa a jugos sábana para de este modo quedar tapados ambos pero desnudos, sintiéndose piel con piel, una vieja y arrugada piel cincuentera sintiendo la firmeza y el calor emanado de una casi dos años menor a los dieciocho.

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Eran aproximadamente las ocho de la mañana, del día sábado, el viejo se despertaba después de la calorosa noche pasional en la que formó un dúo con una de las nenas mas hermosas del plantel educativo de enfrente, vio que la nena no estaba a su lado pero la ropita de esta seguía revuelta encima y debajo de la cama, lo que significaba que la chiquilla seguía en su casa, divisó que el piso de su cuarto estaba completamente libre de las bolas de papel de baño que lo tapizaban y aromatizaban, un cubo con un mechudo dentro ambientaba la habitación a lavanda, el ventanal que estaba en el cuarto lucía abierto llenando de aire fresco la habitación.

Su sabueso olfato percibió algo que se estaba cocinando, fue llevado por tan sabroso aroma hasta la pequeña cocina que él tenía y que nunca ocupaba, de hecho ni recordaba que tuviera gas, la nena había tomado algunas cosas prestadas de la parte donde es la tienda y le preparaba una rica chuleta con arroz blanco y salsa de chile seco al macho que tanto placer le proporcionaba en la cama, la nena le estaba cocinando al viejo además de haberle limpiado su cuarto, ¿en recompensa por la inolvidable noche o será que ya se consideraba su mujercita?.

Esto hizo que al viejo se le parara su verga en seco, el solo ver a la dulce niña cocinarle y moverse de aquí para allá como una experta ama de casa, ya casi la visualizaba como su mujer, le sorprendía que tal jovencita supiera desempeñarse con tal profesionalismo en la cocina considerando la corta edad de esta.

Se vio desnudo pero no le importó ya que estaba en su casa, pero lo que más lo alteró fue ver, desde su posición, a su nena cubriendo su desarrollado cuerpo de hembra veinteañera con una camisa de él y que la alcanzaba a tapar hasta la mitad de sus muslos. El encuerado viejo se fue acercando silenciosamente, deleitándose con el bamboleo de las caderas de su hembra cada que se movía de aquí para allá sin alertar la presencia masculina, caderas que le auguraban un heredero saludable en caso de consolidar esta descabellada relación con un embarazo. Lo ponía como toro bravo cuando la nena se agachaba para buscar algo o para regular la potencia de la flama de la estufa, haciendo que la camisa se le subiera a casi dos dedos de mostrar el redondo inicio de esas perfectas nalgotas, y con lo sugerente que se le pegaba la camisa a su culito hacía pensar al raquítico que la nena estaba desprovista de calzones, lo alteraba hasta la insania ver como Cassandrita abultaba sus labios para soplar a la fama pensando que hace algunas horas esa sugerente boquita le había mamado la verga y se había tragado sus mocos.

“mii, esta putilla sabe hasta cocinar, jeje, apuesto a que esas pendejas que salen en la tele ni siquiera han de saber calentar una tortilla” decía el pervertido sujeto mientras recorría con su caliente mirada cada curvatura que conformaba la grácil anatomía de la bella Cassandra, notoria aun cubierta por la deslavada camisa.

El despeinado viejo le llegó por detrás, tomándola por sorpresa de sus escandalosos melones cuyos pezones se exhibían descarados a través de la camisa y arrimándole lo más posible todo el camarón enterrándolo entre ese par de carnosas posaderas sumiéndoselo con todo y camisa, se dedicó a aspirarle su cuellito y llenarla de besos mientras ella reía coqueta y contenta por sentirse querida sin perder la concentración en lo que estaba haciendo, voltear la chuleta.

-Don Ma… amor, me voy a quemar- dijo la nena arqueando su cabeza para contarle al viejo esto último en su peludo oído lleno de cositas amarillas.

-cosita rica, me estás haciendo el desayuno?- preguntaba el desatornillado viejo, hablándole a la nena al oído con ese repugnante aliento mañanero característico del viejo.

-sip, por?, no tiene hambre?- la dulce nena se dejaba que el viejo le manoseara los pechos mientras ella seguía moviendo la espátula.

-sí, tengo hambre, tengo mucha hambre… pero me quisiera comer otra cosa, jam… jam…- dijo el viejo acariciando la depilada conchita de la nena y dramatizando que le comía el cuello, ahí corroboró que en efecto la nena no tenía puestos sus calzones y que una enorme marca amoratada cubría su blanco cuello.

Ella comenzó a suspirar, dejó lo que estaba haciendo y ladeó su rostro para fundirlo con un asqueroso enredo de lenguas, atrás habían quedado los tiernos besos con los que la nena veía como las parejas de los cuentos de hadas se demostraban su amor, para ella estos marranos batidos de lengua eran la mejor prueba de amor que pudiera recibir por su ahora primer novio.

-D… amor noo, sabe que si me sigue seduciendo… voy a terminar haciéndolo otra vez con usted- dijo la nena en tono de suspiro.

-de veras?, te quedarías a seguir cogiendo conmigo toda la mañana y parte de la tarde?- el viejo ya no se limitaba en su vulgar lenguaje, sabía que la nena lo entendía perfectamente.

-sii, pero ya se me está haciendo tarde, tengo que regresar a mi casa, otro día, se lo prometo-  dijo la nena acomodando su cuerpo a manera de quedar de frente al viejo.

-un rapidín mi niña, solo eso te pido- el caliente viejo ya estaba más que empalmado, le hablaba a su acorralada mientras la acariciaba de su excelsa cintura y caderas, para esto le había levantado la camisa casi a la altura de su ombliguito.

-jijiji, Don Marce, usted no se cansa-

-claro que no mi princesita, como me cansaría de comerme a una niña tan sabrosa como tú jejejej, anda, solo la cabecita y ya- dijo el pervertido acariciando el vientre de la niña ya preparándose para el ensamble.

La nena ya sonrojada por las románticas declaraciones reía sin abrir su boquita mirando hacia el suelo, recargando su cuerpo en una barra que estaba al lado de la estufa al tiempo que doblaba una de sus piernas apoyando la planta del pie en dicha barra, con una de sus manitas enrizaba un mechón de su cabello mientras el pervertido tenía una risa fanfarrona mirándola directamente a su carita con una de sus manos sosteniéndola de su barbilla y la otra sobándole el vientre, tan cerca uno del otro que casi se decían las cosas en silencio y a punto de unirse de sus frentes, los perfiles eran tremendamente contrastantes pues la pequeña y respingadita nariz de la niña no tenía nada que ver con la enorme y atucanada nariz de Don Marce.

-ahora ábrete un poco de las piernitas, anda, anda- el caliente sujeto punteaba el ombligo de la niña con su maloliente verga llena de cositas blancas de la corrida anterior pues en todo el tiempo que estaban hay parados los dos, frente a frente, su verga no dejó de manifestarse, recuperando su vertical con continuas pulsaciones.

La también caliente y sonrojada hembrita comenzó muy coqueta a abrir sus piernitas para permitir el acceso al viejo, este depravado ya babeaba y sus ojos brillaban en calentura al ver como aparecía ante él el más cerrado par de labios vaginales que en su vida hubiera visto, pero justo cuanto se preparaba para mandársela a guardar a la chiquilla esta cerró sus muslos de golpe pues la chuleta le avisaba que necesitaba otra vuelta, sin embargo no dejó de ser manoseada por el viejo todo lo que duró su exhibición de cocina. El viejo, después de manosear un rato a su hembra, se dispuso a comer lo que ella le había preparado a la vez que la nena tomaba una ducha rápida pues estaba apestosa a sexo y sudor.

Ella se alistaba sentada en la cama del vejestorio, estiraba sus estilizadas piernas para ponerse sus finas calcetas que llegaban hasta sus rodillas así como sus zapatitos, se colocaba su tableada falda y su ajustado short debajo de esta, dejaba su calzón en la cama del viejo como cual pañuelo dejado por una doncella para su gendarme y por último se ponía su apretado brasier y su ajustada blusita que solía usar debajo del uniforme, guardando la blusa de su escuela en la mochila, peinó un poco su cabello y decidió no llevarse el listón pues no le combinaba a su blusa, y salía, después de despedirse del viejo con su respectivo beso a esos labios llenos de aceite y esa boca que aun masticaba comida, con rumbo a su casa, completamente satisfecha y con su estómago atascado en semen, no sin antes memorizar en su cabecita como había quedado la cama después del romántico momento llevado a cabo hace algunas horas.

“No puedo creer, tengo novio, tengo novio”, se decía la emocionada chiquilla, y no paró de repetírselo durante el transcurso de ese reflexivo fin de semana en donde el viejo dejó que la nena reflexionara lo sucedido.

“Tengo que disimular, que nadie se dé cuenta, pero a la vez, tengo que verme bonita para él”, ya en su cuarto la dulce chiquilla se medía blusas, se pintaba su carita, trataba de buscar sus mejores combinaciones para regalarle así hermosas postales y más fotos de ella mostrando su hermoso rostro, sin embargo, en un momento en que acercó su bello rostro para verse en el espejo observó una mancha amoratada en su cuello.

-ehhh!!!, no puede ser… Don Marce… jijijiji, como me vino a hacer esto… mire nada más… ahí Cassandra tú también que te dejas… mensa… mensa… mensa…- la nena se daba de cocotazos en su frente, se apanicó un poco pero tranquilizó al instante al darse cuenta de que si su cabello estuviera siempre en la posición correcta quizás sus padres no se dieran cuenta de nada, y así lo hizo.

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La siguiente semana escolar trascurría con normalidad para la recién pareja de enamorados, en la entrada de la tienda se podía ver al viejo guarro echándose sus tacotes de ojo con las deslumbrantes siluetas de las jóvenes estudiantes, al ver a su hembra llegar a la hora de entrada se atrevía a mandarle mensajitos de amor aludiendo lo bella que se veía en ese momento, ella en tanto veía el mensaje y automáticamente su semblante cambiaba a un gesto risueño y en ocasiones se atrevía a contestarlo, la nena había cambiado de look ahora usaba un peinado que consistía en echar casi todo su cabello hacia un solo lado.

Fue por el horario de clases, por el poco tiempo que duraba el receso, porque ambas niñas siempre tenían acompañantes y porque Cassandra siempre evadía las interrogaciones de su amiga que esta otra niña nunca pudo sacar la información pertinente para descubrir en donde había pasado la noche del viernes su comestible amiguita. Aun así, Lupita notaba la llegada de mensajes más de lo normal en el celular de Cassandra, veía como ella en ocasiones los respondía con una sonrisota de oreja a oreja siempre procurando que nadie se diera cuenta de lo que escribía o de lo que leía, por momentos no prestaba atención a la clase dada por el profesor en turno todo por estar leyendo una y otra vez un mensaje de texto o por responder uno de tantos que le llenaban su bandeja de entrada.

De primer momento Lupita pensó que a lo mejor Armandito ya había comenzado a desarrollar su plan para conquistar a su amiga pero, en una ocasión tuvo la oportunidad de ver como Cassandra respondía suspirantemente un mensaje y en donde sus ojitos casi adoptaban la forma de un corazón, Lupita sin perder tiempo volteaba a ver a Armando quien se encontraba sentado en su silla, pensó que era él el dichoso destinatario de tales epístolas electrónicas pero nada, el joven no sacaba su celular para nada mientras a Cassandrita no le daban los dedos para escribir en el pequeño teclado, ¿con quién se mensajeará tanto Cassandra?, se preguntaba la otra chiquilla.

Fue en eso que, mientras estaba sentada en una de las gradas reflexionando sobre quien podría ser el anónimo galán fue abordada por la practicante Asdany, quien desde hace rato veía como la niña solicitaba respuestas a su entorno, la formadita maestra había dejado una plática pendiente con su novio por entablar una conversación con la pensativa niña.

-bueno amor te marco luego, besos, te amo- dijo la maestra y cortó la llamada para dirigirse a donde la nena, el novio de la maestrita todavía no se iba a donde trataría de cumplir su sueño.

-hola niña cómo estás?, ¿porque tan solita?, me llamo Asdany y tú?- la joven y sensual maestra había visto a la niña un poco pensativa, así que suponiendo que posiblemente tenía algún problema intentó socializar un poco con ella.

-hola jijij, me llamo Karla… Karla Guadalupe- respondía la niña, quien ya había visto a esta joven institutriz deambular por los pasillos de la escuela sin saber muy bien cuál era la función que desempeñaba.

-te noto pensativa, te ocurre algo?, tal vez pueda ayudarte- dijo la joven residente siempre hablándole de una manera que inspirara confianza y regalándole bellas sonrisas con ese par de labios que desquiciaban a cualquiera, si bien el socializar con los educandos entraba en sus actividades serviciales, en esta ocasión ella lo hacía con toda la intención de ayudar a una niña que a su juicio se encontraba en un dilema.

-noo, es solo que…- la nena dejaba pasar un lapso de tiempo en lo que analizaba a esta maestra, y como si hubiera detectado un entorno de amistad prosiguió.

-bueno mi mejor amiga, al parecer… está saliendo con alguien- la inocente Lupita se sinceraba con la hasta entonces desconocida para ella, pero le daba un cierto aire de confianza quizás por su cercanía en edades, diferencia de poquito más de cinco años.

-ahh, ya veo, tu amiguita está saliendo con alguien y eso está provocando en ti cierto miedo al distanciamiento, tal vez se trate de temor el pensar que tu amiguita ya no va a estar contigo el tiempo que antes tenían juntas, ay mi niña eso es parte de su crecimiento,- la joven estudiante se iba por el camino fácil, además de que Lupita no le brindó la información completa, le faltó decir a la niña que su amiguita había faltado a dormir un día a su casa y además se mensajeaba con, hasta ese momento, un desconocido para ella, con esta información quizás Asdany hubiera reflexionado mejor la situación.

-cree que sea eso?- preguntaba la niña.

-claro, mira, cuando yo tenía tu edad, uuuuuuu hace como… un año jijijij, tenía una amiguita, era mi mejor amiga también, sin embargo ella comenzó a salir con un muchacho y si, al principio nos distanciamos un poco pero, no por eso dejó de ser mi amiga, nos seguimos viendo y saliendo como lo hacíamos antes, obvio no tan seguido, la verdad a mí me daba gusto verla con alguien que en verdad la valorara y yo también comprendí que ella necesitaba tiempo para estar con su pareja y pues al crecer te haces de más compromisos, una crece y pues va adquiriendo otras responsabilidades, esto es parte de la vida Karlita, es parte de dejar de ser niña y convertirse en toda una mujercita- a la dulce maestrita le comenzó a entrar un poco de nostalgia recordando años que ya se habían ido.

-si, tal vez sea eso, jijiji- la encantadora niña, sin embargo, también daba un poco de razón a la maestra, quizás Cassandrita se mensajee con algún enamorado de por sus rumbos y apenas esté en planes de presentárselo, entonces le daría tiempo a su amiga, lo que si es que se compadecía del pobre Armandito pero pues él había tenido la culpa por no ponerse las pilas, pensaba la niña.

Las jovencitas siguieron tratándose y charlando temas afines y de interés, rápidamente surgió una química entre estas dos señoritas quienes en pocos minutos ya reían como buenas amigas, hasta que el horario advirtió a Asdany que era tiempo de regresar a sus labores.

-bueno Karlita, me despido, tengo que seguir con mis actividades, cualquier cosa aquí tienes una amiga- dijo la maestra dándole un tierno beso en la frente a la jovencita mientras se la acercaba juntándola de su hombro.

-sí, gracias- la chiquilla decidía que no se iba a entremeter en los asuntos amorosos de la chichona de su amiga, pero no por eso no iba a tratar de seguir ayudando a su Armandito, hasta que no hubiera algo formal entre Cassandra y el enamorado misterioso aun había esperanzas.

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Pasadas algunas horas y en diferente sitio, el obeso de Pepe platicaba a gusto con el raquítico de Teo, maestro de Laboratorio, de unos 45 años, casi chimuelo, casi calvo y tan flaco que tenía que utilizar pantalones fabricados a la medida de jovencitos para que estos pudieran medio ajustárseles a sus desnutridas caderas, dichos pantalones al ser para personas más jóvenes y algunos de menor estatura le llegaban apenas a media canilla dejando ver todo el flojo calcetinaje del viejo químico fármaco, su cuerpo era tan delgado, tan seco, tan maltratado que muchos alumnos lo habían sobrenombrado bajo el apodo de Señor Burns, y cuando se juntaba o caminaba acompañado del redondo de Pepe eran apodados como El Diez, en representación del uno como el maestro Teo y el cero como el marrano humanoide de Pepe.

Pues sí, el maestro Teo era tan flaco pero presentaba una abultada pancilla, bien podría representarse mejor como una serpiente recién alimentada ya que a estos animales se les forma un bultito cuando acaban de devorar a algún roedor aunque los niños preferían el término de “la cuerda parada con un nudo en medio”, poseía un cuerpo deforme y alargado, unos brazos flaquísimos y larguiruchos que se aganchaban de sus muñecas y cuyos dedos de ambas manos se extendían filamentosos y siempre se acariciaban entre ellos.

Ambos maestros platicaban a gusto y de forma sana, sin molestar a nadie, sobre lo bien que se les marcaba el culo a muchas alumnas y algunas maestras cuando en eso apareció con toda la intención de alborotarlos la que en ese momento estaban analizando mentalmente, la maestra Asdany. La joven psicóloga llamaba la atención de los viejos mentores con su escandaloso taconeo y femenino cadereo, llevaba bajo el brazo unas hojas para pegarlas en el semanario de la escuela, como estaba haciendo su servicio en esta institución muchas veces era ocupada para realizar labores que no venían en su plan de trabajo sin embargo como buena alumna y principalmente para no tener problemas con su asesora y evaluadora tenía que realizarlas de la mejor manera.

Pero los viejos no veían los papeles que la joven portaba entre sus delicadas manos de largas uñas coquetamente pintadas, ellos veían las estilizadas piernas remarcadas en unos infernales pantalones negros tan ajustados que parecían mallones, tan pero tan ajustaditos a sus piernas, muslos, culo y entrepierna que se podía notar con solo vérselos el momento de dificultad que tuvo que pasar la maestra para lograr embutírselos en su cuerpecito rico, así como también admiraban la blusita tal delgada que portaba y que intentaba bajar para taparle un poco el imponente trasero que se le remarcaba, llegándole apenas a media nalga, la joven docente sensualizaba su pasó así como sus piernas, demostrando lo cerrada que se encontraba con su apretado caminado, despertando unas manías insaciables en este par de buenos hombres por abrirla de patas.

Los viejos quedaron hipnotizados con la impactante visión de la joven hembra contoneándose exquisitamente como modelo en pasarela, su carita de muñequita y pintorrajeada sutilmente a manera de verse más atractiva de lo que en exceso ya era despertaba en ellos sus más bajas insanias y deseos perversos por ir y desvestirla en esos momentos y darle una cogida como solo una hembra de esas latitudes se merece, al grado de hacerla relinchar de tanta verga como una verdadera yegua y dejarla desnuda y tirada en el pasillo con sus ojitos desorbitados, su lengua de fuera, sus agujeros escurriendo en leche y ligeros tics nerviosos atacando sus extremidades.

-jejeej, ira quien va ahí, mi flaco amigo- decía el grasoso recomponiendo su posición en la silla para poder apreciar mejor la suculenta carne.

-pero que cacho de culo se carga esa pendeja, su novio le ha de dar unas verguizas todas las noches, sería un pendejo si desperdicia todo eso- suponía el maestro Teo tallándose su alijada barbilla filosofando sus enunciados, valorando la mercancía que en esos momentos sus sumidos ojos veían.

-ja… jajajajaja, ese chamaco??, si se ve que es puto!!, ¿apoco no lo has visto?, y utilizando mi ojo clínico te diré mi buen que con ese caminado la zorrita esa está más apretada que una tuerca- preguntaba y deducía el gordo.

-sí, es un güerillo lleno de esteroides que viene luego por ella, pos que pendejo- el viejo y flaco maestro cruzaba sus huesudas piernas, era tan flaco que en su pantalón solo se remarcaban sus rodillas, sus piernas al parecer no existían.

-ese mismo, ¿no lo ves cómo se viste?, con sporcitos y shorcitos, según para presumir sus músculos llenos de aires, y ora sus aretitos que se pone en cada oreja, que ¿se cree vieja o qué?, aretes solo usan las viejas!!!, nooo si los muchachos de hoy en día salen bien raros, mucho maricón, con razón las putitas prefieren volverse lesbianas jajaja- decía el viejo gordo para coronar sus veredictos pegándole una mordida de burro a la torta de jamón cargada de aguacate, harta cebolla y escurriendo litros de mayonesa.

-ja… entonces esas pendejas (Asdany y Diana) se han de dar unos mamadones de papaya entre ellas cada que se encierran en el cubículo de la güerita- decía Teo, saboreándose la respuesta de su colega así como la forma que debían de tener los bollitos mencionados.

-no creas que no, con lo maricones que se ven sus novios, el de Diana hasta se depila la ceja, dime tú que puterías son esas, por eso esas viejas mi amigo, si no les damos una buena cogida se nos van a confundir de camino, hay que hacerlas comprender el verdadero propósito para el cual la madre naturaleza las dotó de papaya entre las piernas- el grueso viejo de tres mordidas se había jambado la torta y ahora utilizaba un palillo para quitar los abundantes restos de comida entre sus coloridos dientes.

-bueno y como lo podemos hacer?- preguntó el flaco.

-primero hay que hacerlas distinguir entre un hombre y un maricón, hay que dejarles en claro que todavía habemos hombres y voy a hacer lo que un verdadero hombre haría en estos casos, en este mismo momento voy a ir y le voy a decir a la güerita ojimiel que tengo unas ganas de pegarle un mamadón de bollo hasta dejarla seca, que si quiere nos podemos ir a tu laboratorio, viejo desnalgado, y coger ahí jajajaja- dijo el bodrio.

-jejeje, gordo pendejo, no creo que seas capaz de ir y decirle eso, se te arruga el culo- decía el flaco sin pestañear siquiera pues la maestrita seguía expuesta a su degenerada mirada.

-como que siento que no me crees, a que sí, puto viejo culo de pastilla, ¿quieres apostar?- el gordo maestro utilizaba una servilleta para limpiarse su oreja del exceso de cerilla al mismo tiempo que peinaba sus secos cabellos con una de sus grotescas manos echándoselo para atrás, acicalándose y tratándose de ver lo más presentable posible por que en verdad pensaba ir y faltarle al respeto a la jovencita de esa manera tan ordinaria.

-jaja, ¿de cuánto estamos hablando?, bola de manteca- preguntaba el flaco Teo, toda esta conversación los viejos maestros la llevaban a cabo sin dejar de admirar con sus calientes miradas el estilizado cuerpo de la maestra.

-no sé, ¿qué te parece la quincena?- respondió el gordo, echándose un poco de su aliento en una de sus manos para verificar que estuviera presentable.

-ehh, estás loco, ¿piensas perder toda la quincena?- debatió el chupado viejo, ya que era una cantidad considerable en efectivo en caso de que el rechoncho se animara.

-bueno que sean 500 pesos pendejo, sii 500- dijo el gordo sabiendo que su acabado amigo no se retractaría dos veces.

-ora, 500 pesos, jajaja viejo rabo verde mejor ya vémelos dando porque sé que no te vas a parar- el maestro Teo ya casi se sentía con el dinero en su bolsa, aunque reconocía que cuando supo lo que el gordo tenía planeado para recitar a tan bella niña pudo experimentar un acalorante endurecimiento en su verga, una parte de él deseaba ver ese glorioso momento.

-mira mi esquelético, si me pagaran 500 pesos por cada vez que le he dicho alguna leperada a una zorrita como ese culito que está ahí (señalando a Asdany), en estos momentos estarías mamándome la verga por dinero jajaja, mira y observa- el viejo maestro se paraba con mucha dificultad puesto que, debido a su volumen, parecía haberse quedado atascado en la silla, la pobre silla casi agradeció el liberarse de ese peso cuando el ballenato pudo desencajarse de ella.

Avanzó lentamente y de manera gelatinosa hacia donde Asdany se encontraba mientras el maestro Teo veía atento con cara de psicópata desequilibrado y con la verga parada los movimientos de ambos y visualizaba la futura escena antes de que esta sucediera, ya casi veía al gordo regresar a donde él antes de llegar con la curvilínea estudiante universitaria pero a su vez anhelaba ver la reacción de la jovencita ante tal acto de valentía por parte de su colega.

Pero para su sorpresa el maestro Pepe llegó a su destino, a lo lejos Teo miraba las calientes apreciaciones y evaluaciones que Pepe realizaba al sugestivo cuerpecito de la chiquilla, incluso el caliente y gordo viejo aprovechando que la practicante no lo veía le mandaba una seña a su amigo dándole a entender que la carne era de primera, y más porque ella estiraba sus brazos con la finalidad de poder pegar una de las hojas en la parte de arriba (lugar que le correspondía al tríptico), tan arriba que le se le complicaba mucho aun con sus zapatillas del quince puestas, en esta postura su cuerpo se estiraba, sus piernas se torneaban aún más, sus senos se remarcaban a mas no poder debajo de su blusa, su blusa se levantaba un poco más dejando a la vista el culo apretado por el pantalón, además su culo se erigía portentosamente, los ojos del viejo casi se le salían de su rostro, y más al contemplar otro detalle que a lo lejos no se veía, la blusita lila que Asdany llevaba puesta era semitrasparente, dejando entrever un top negro debajo de esta apretando un par de excelentes melones, pero al mismo tiempo dejando apreciar el fino y ejercitado abdomen que se cargaba la estudiante, abdomen con todo y ombligo, la nena era sensual hasta de su ombligo.

Teo observó al maestro Pepe, este al parecer había llegado en son de paz pues Asdany volteó a verlo mientras seguía estirándose, poco después ella recompuso su posición y fue el maestro Pepe quien ahora pegaba el papel, al tener una altura mucho mayor no se le dificultaba llegar a donde la tierna y delicada maestra no podía. Empezó a argumentarle algo, al parecer intentando sacarle plática, de hecho Asdany se atrevía a responderle algunos comentarios, a lo lejos se veía tranquila pero en eso el viejo dijo algo que le hizo brillar la cara de coraje a la rubia nenita, Asdany se mandó una sonora cachetada que pudo ser escuchada hasta donde estaba el otro pervertido y se retiró del lugar lo más rápido que su coqueto y fino caminar se lo permitía, el viejo Pepe en tanto no perdió detalle en observar ese despampanante meneo de cintura y cadera que Asdany realizaba porque ya era algo común en ella, aunque ella tratara de evitar caminar así.

El maestro Pepe regresaba con su endeble colega, todo adolorido y sobándose el colorado cachete de puerco viejo.

-ahhh, pega duro la putilla esa-

-jejeje, que le dijiste, que le dijiste?,- preguntaba el impaciente Teo casi burbujeando de su sumida boca, tan sumida que sus labios no existían.

-pues en lo que quedamos, no ves cómo me dejó, ahora paga- dijo Pepe, Teo aceptaba su derrota y sacaba el billete de la cartera, exigiendo que se le contara la plática con lujo de detalles, gestos y hasta si la maestra traía tanga o calzón, por la dimensión de la cachetada que se traducía en una rojísima pero pequeña manita estampada en el cachete del viejo suponía que Pepe había cumplido con lo que dijo, de lo que Teo se enteró fue de lo siguiente:

El viejo Pepe llegaba hasta donde Asdany, ella tratando de alcanzar a colocar uno de los papeles consistentes en efemérides y eventos semanales le mostraba sin querer al viejo toda la sugestividad de su anatomía, además el viejo debido a la distancia tan corta en que se encontraba con respecto a la hembra podía aspirarle la esencia femenina así como admirarle el coqueto par de labios rojos que se portaba, esos labios que lo volvieron loco desde que la conoció, tan carnosos y apretados entre ellos que daba la suposición de que su grotesca herramienta no cabría por ahí, sin mencionar el cacho de culo y como el pantalón se pegaba a su panocha sin respetar el espacio de esta, remarcando la estratégica ubicación de esta.

-muy buenos días mi bella maestra, veo que tiene problemas con el papeleo- saludaba el viejo que ya sudaba a mares sin dejar de apreciar las carnes que tenía enfrente.

-buenos días- contestaba Asdany solo por educación y sin voltear a ver al porcino, ya que lo último que deseaba en el día era entablar una conversación con el único viejo que venía molestándola desde días atrás, el maestro Teo solo se la comía con la mirada y se masturbaba a su salud pero no le decía guarradas ni le pegaba de nalgadas.

-si me permite puedo ayudarla, ande- el maestro estiraba su mano no para pedir un saludo, sino más bien el dichoso papel, Asdany al ver que un poco de ayuda no le vendría mal aceptó.

Mientras el viejo se estiraba para llegarle a la posición ahora era Asdany quien escaneaba al redondo maestro, veía su gruesa papada dividida en varios gajos colgándole de su cuello, su obeso cuerpo todo sudado principalmente de las axilas puesto que el viejo cuando levantó los brazos permitió que se le viera la escandalosa humedad empapándole hasta la parte donde las costillas se cubrían de exageradas cantidades de manteca de cerdo, miraba la grotesca panza que abultaba la vieja y percudida camisa que el viejo portaba, además veía como parte de esa panza sobresalía por debajo de la camisa, tres grotescas lonjas circundaban el cuerpo de tambo llegándose a ver como si el viejo portara tres gruesos salvavidas de esos que se ponen las personas en la cintura cuando se meten a aguas profundas sin ser expertos nadadores pero era la última y más peluda de las lonjas la que caía desparramada cubriéndole completamente la hebilla del cinturón, su respingada nariz no demoró en ser atacada por las esencias sudoríparas del macho viejo, Asdany lo analizaba y lo veía más como un conserje sucio que como un docente, aunque la nena ya sabía que era el educador físico de la escuela.

-listo, ya está- dijo el profe, Asdany continuo pegando los papeles y trípticos que le quedaban pensando que el viejo se retiraría, se empezó a sentir nerviosa e incómoda al ver que el viejo no se iba, podía escuchar su pesada respiración de perro flemático eso considerando que estaban a dos metros de distancia, de repente volvió a escuchar la batracia voz.

-sabe maestra, he dialogado con otros compañeros todos llegando a la conclusión que su rendimiento en esta institución ha sido más que sobresaliente, me enaltece que usted haya escogido esta escuela para realizar aquí su servicio social y créame que estoy en todas las facultades de apoyarla incluso de apelar por usted para que se quede a laborar aquí con nosotros, como maestro con mucha antigüedad y altas influencias en el magisterio sería fácil para mí lograr que usted ocupe un cargo como educadora sin necesidad de contar con la maestría, bien podría asistir a su escuela en las mañanas y venir a laborar en las tardes,- croaba el vejestorio, la joven psicóloga escuchaba lo que el viejo rebuznaba sin voltear a ver su cachetona cara, ella se apresuraba con su actividad pues sabía que el viejo no dejaba de morbosearla, lo conocía y lo tenía bien referenciado, además se limitó a responderle al viejo sobre la solicitud que le hacía.

-sépase que también, antes contábamos con una psicóloga, ya sabe, orita que está tan de moda el bulliyng y todo eso el Estado educativo ha implementado un programa de que cada escuela cuente con su propio psicólogo y veo que usted al ser tan trabajadora debe de estar a estas alturas lo suficientemente preparada para desempeñar tal labor ehh, además esto le ayudaría a ganar independencia e ir forjando experiencia laboral para cuando encuentre un trabajo mejor remunerado, que me dice?- el viejo maestro se mandaba una de sus sonrisas más fanfarronas mientras recargaba uno de sus brazos en la pared, volviendo a mostrar su encharcada axila, nuevamente la maestra ignoraba al viejo concentrándose en lo suyo, escuchaba todo lo que chachareaba el cuerpo de sandía pero se limitaba a responderle.

-mire, sé que a lo mejor este enojada conmigo por lo de la otra vez pero… le juro que fue un accidente, ya le dije que me tropecé y en mi desesperación por apoyarme de algo pues… le toqué la nalga, jejejejej, además se está viendo muy altanera para con alguien que está hablándole con el mayor respeto posible- decía el sinvergüenza, esto abochornó a la joven universitaria quien enterró con fuerza desmedida la chinchilla que servía para atorar los papeles así como una visible vena saltó por una de sus sienes.

-por favor maestro… Pepe… o como se llame… no toque ese tema, si bien ese día no lo reporté es porque la verdad no quiero tener problemas, ni con usted ni con nadie, así que le pido que me deje en paz, agradezco el haberme ayudado y el proporcióname la información pero no, no estoy interesada por el momento, con lo que me envían mis padres es más que suficiente para asistir a la escuela y trasladarme hasta acá, gracias- sentenció la rubia universitaria.

-me sorprende su reacción pero tengo que reconocer que no esperaba menos de usted- decía el viejo quien no solo sudaba de sus axilas, ahora había aparecido otras dos enormes manchas de humedad, una formándole una T en el pecho y la otra una O en su robusta espalda.

-a que se refiere?- ambos se veían ahora directamente a los ojos, más bien ella ya que el viejo enseguida dirigió su pervertida mirada a cada una de las curvas que construían un excelso cuerpo femenino parado enfrente de él pero principal y descaradamente a su repintada panocha, de más está decir la breve cintura que se le marcaba a la chica, el viejo ya se imaginaba apoyándose de ahí mientras se la clavaba hasta el fondo.

-sí, el que usted se sienta de mejor posición económica no le da derecho como para sentirse superior a todos nosotros- dijo el profe, Asdany se ofendió pero en vez de abandonar el lugar se quedó a arreglar esa imagen que el viejo tenia de ella, si algo le molestaba era que la tacharan de fresa altanera, aunque en ocasiones así era como se comportaba.

-a ver… a ver… a ver, yo solo soy así con los que me han faltado al respeto, osease usted, y ya no siga, ya le dije que no quiero tocar ese tema, ¿que no tiene cosas que hacer?, porque yo sí y me está haciendo perder mi tiempo-

-mamita rica, yo no te estoy agarrando las manos para evitar que sigas pegando los semanarios- la maestra se puso roja de vergüenza.

-por favor modere su vocabulario conmigo que no está hablando con una cualquiera, no le permitiré que me vuelva a llamar así, está claro, viejo morboso- la curvilínea maestra intentaba verse fuerte ante su contrincante pero la realidad era que se ennerviaba cuando estaba cerca del viejo por la forma en que la veía.

-ja… quieres que modere mi vocabulario y tú me dices morboso, sabes todos los sinónimos que tiene esa palabra, casi casi me estás diciendo pervertido, cochino, asqueroso-

-oiga yaaa, se me escapó, además no estaría diciendo mentiras- la dulce maestra se atrevía a mirar pícaramente a los ojos a su oponente verbal, lanzándole una mirada como dando a entender que ella había ganado, levantando muy singularmente una de sus cejas dejando la otra en su posición normal.

-sabes chiquilla, tienes razón, soy un morboso, un caliente, un rabo verde, y he estado morboseandote tu cuerpecito rico todo este rato que he estado platicando contigo jeje, tienes un cuerpo muy cogible y la verdad que que rico se te marca la panocha con ese pantaloncito jejeje, hablando de panochas hace rato estaba platicando con mi colega sobre las ganas que tengo de pegarte un mamadón de bollo- el viejo se descaraba, hacia un círculo con los dedos índice y pulgar de su mano derecha mientras metía de manera asquerosa la legua dentro de estos.

La dulce maestrita se quedó sin ideas y su cuerpo parecía no responderle, se paralizó viendo como esa serpenteante lengua se movía entre ese agujero formado por los gruesos dedos del viejo y que simulaban una vagina, su vagina, viéndola también como entraba y salía de este y viendo ahora como el viejo, con sus labios, realizaba asquerosos movimientos de succión.

-no se te antoja esto en tu panochita??, chiquilla, jeje,- dijo el viejo enterrando hasta el fondo su lengua en el círculo que formaban sus dedos.

-sabes, el laboratorio está abierto, que tal si dejas esos papeles por ahí y nos perdemos un ratito jeje-

Desde luego la encolerizada Asdany no podía quedarse así como así, sentía que hervía su sangre, apretó una de sus manitas y sin ni siquiera voltear a ver que alguien pudiera observarla obsequió al viejo una tronada bofetada que le cimbró todo el cachete de perro mientras le decía:

-porque no va y le propone sus porquerías a la más vieja de su casa, viejo puerco!!, idiota!!- dijo la güerita alejándose lo más rápido que pudo sin terminar lo que estaba haciendo, sintiendo como el viejo no paraba de mirarle el culo, incluso intento caminar lo menos sugestiva posible pero eran infructuosos sus intentos, sabía que estaba regalándole al viejo una de las mejores vistas de su anatomía y esto la enojaba más, por más que trató de disimularlo su caminado no dejó de ser coqueto e hipnotizante.

-que rico lo mueves muñeca, muaccckkkk- dijo el agredido viejo lanzando un tronado beso al aire mientras veía como se bamboleaban las nalgas de la maestra en cada paso que daba, haciendo que Asdany se fuera más que colorada y rectificando que Asdany estaba más apretada de lo que presumía.

-y así fue como sucedió mi buen Teo- sentenciaba el gordo maestro ya terminando la plática con su huesudo amigo, quien no se masturbaba ahí mismo porque de veras.

-jejeje, eres un hijo de puta cabrón, pinche Pepe, eres la mera verga, como dicen los españoles eres la ostia, pero dime, ¿apoco no te da miedo que un día de estos esa pendeja culona te acuse con el director?-

-y quien dice que no me ha acusado, claro que me acusa, de hecho el mismo director me ha dicho que le baje, pero yo no me voy a comportar, grábate esto mi flaco ojo alegre, yo… allá arriba… estoy bien parado… tan parado como una verga jajajajaa- ambos maestros reían mostrando sus hipopotámicas bocas una de ellas casi desprovistas de dientes (la de Teo), saboreándose la dulce victoria obtenida por el momento sobre la altanerilla maestra, el gordo se sabía inmune ante los reportes que pudiera recibir.

-y tu pendejo, ¿qué has hecho?, ¿has armado algo con la Cassandra?, ¿le has pellizcado el culo por lo menos?- preguntaba Pepe.

-y como vergas quieres que haga eso si siempre está ahí toda la bola de pendejos (alumnos) que no dejan hacer nada, pinches chiquillos de hoy están bien pendejos, basta con quitarles un pelo a uno y ponerlo en el microscopio y allí están todos entretenidos como si hubieran descubierto una enzima-

-no seas puto y no me cambies la conversación, te hice una pregunta viejo lamevergas,-

-lamevergas mis huevos!!, ya te dije que no, así como para agarrarle el culo no-

-¿como?!!- preguntaba el grueso educador.

-iraaaa, jejeje- el flaco maestro se apretaba su armamento por sobre su pantalón.

-jajaja, eres un pendejo, te voy a enseñar cómo se hace, antes de que acabe esta semana voy a tener a esa mocosa en mi cubículo mamándome la verga, si vieras los shorcitos que usa en las prácticas la condenada hija é puta, flaco yo se reconocer cuando una chiquilla quiere verga y esa, apuesto mis dos huevos que la quiere, la pide a gritos, sino es que ya la esté probando la condenada- el marrano parlante se sacudía su camisa en un intento por descalentar su sudada corpulencia.

-estás pero bien pendejo pinche wey, una cosa es acosar a esa güerita culona, pero otra mucho más seria es pasarse de listo con una de estas mocosas, se pueden malinterpretar las cosas, yo por eso mejor ni me meto, solo veo culos e imagino papayas-

-dame la razón, tu porque eres un puto miedoso, yo sé lo que hago, además esas chiquillas no dicen nada, jejeje, no creo que se atreva a acusarme sabiendo los chismes que se arman, siempre ellas llevan las de perder, esa mocosa no sabes cómo me calienta, ya hasta sueño con ella, me la chaqueteo a su salud, neta que he soñado que me la cojo bien cogida y si hasta en sueños me aprieta la verga imagínala en la realidad, ya ni mi vieja se me antoja por culpa de esa putilla, yo no sé tú pero yo ya estoy cansado de pajearme como puberto con videos pornos y con las fotitos de la güerita piernuda que le robo de su face y que ya te he pasado algunas pa´que te pajees, con el solo recrearme sus shorcitos de esa escuincla apretándole las nalgas ya tengo la verga que me revienta- decía el sátiro y reverendo asno de Pepe.

-ahhh, siii, esa güerita que sale en falditas y shorcitos con una carita de limosnera de verga que ni ella se la aguanta, pero eres un puto culero porque me dijiste que tienes una conversación con ella muy cachonda y no me la quieres pasar, ya pinche Pepe deja de mamar y pásamela- parloteaba el flaco.

-ya te dije que si mamo pero panochas, lástima que es de lejos sino ya me la hubiera culiado, pero para que pensar en putas foráneas si aquí tenemos dos que se cargan unos putos culos que muero por reventárselos, me come la verga por tronármelas- dijo Pepe refiriéndose a Asdany y a la inocente Cassandrita haciendo una forma en sus manos como si estuviera aferrando las caderas de una de ellas y la impactara contra su grasosa pelvis, dramatización que hacia sentado en la silla de hace un momento.

-su momento llegará mi amigo, pero bueno ya, cambiando un poco de tema, ¿traía tanga la maestrita?- preguntaba el flaco.

-para mí que sí, porque el calzón se marca y no se le marcaba nada, aunque yo pensé que esos pantaloncitos que se cargaba eran de esos elásticos que se les pegan hasta en la panocha pero no, eran como de tergal, pero aun así lo único que faltaba que se le remarcara era el clítoris jejejeje, ese pantalón casi se le mete a al bollo- los viejo pervertidos seguían conviviendo entretenidamente bajo la sombra que les proporcionaba un almendro.

Unos minutos después, en la oficina que se le había asignado a la joven aspirante para el desarrollo de sus actividades…

-de veras eso te dijo ese hijo de… ay perdón- decía Dianita llevando una de sus manitas a sus carnosos y rojísimos labios después de enterarse de las plebeyas palabras utilizadas por el viejo para hacer enojar a tan preciosa muchachita.

-sí, puedes creerlo, que poco hombre!!, si es que a eso se le puede llamar hombre- la sulfurada Asdany casi gruñía y partía el bolígrafo por el vergonzoso momento que la había hecho pasar el desequilibrado maestro, sin embargo la segunda reacción de su libertina amiga la desconcertó.

-mmm, que rico- dijo Diana sentándose en el escritorio de su amiga, cruzando sensualmente sus potentes piernas.

-queee?- la maestrita Asdany pareció no haber entendido que era lo rico.

-sí, que rico que te hagan eso- dijo Diana pasándose la lengua por sus labios.

-a que te refieres?- preguntaba Asdany un poco confundida, nuevamente levantando una de sus perfectas y cuidadas cejas.

-a que te den… uno de esos jijijij- la maestra Diana se friccionaba sus muslos.

-de veras que estas pero bien loca Diana, o sea, ayy no sean cochina- Asdany intentaba concentrarse en llenar unos formatos propios de su universidad, la rubia maestra había entendido las ideas de su amiga.

-jijijiji, ay amigaaa, pero yo no me refiero a que te lo de ese sapo de Pepe, sino a… ¿mujer apoco tu novio no te ha hecho sexo oral?- peguntaba Diana levantándose del escritorio y estirando todo su voluptuoso cuerpo cubierto por una ajustada blusa blanca y unos sugestivos mallones negros.

-noooo, no seas asquerosa amiga ¿apoco a ti si?- la abochornada Asdany no cabía de la vergüenza, sin embargo preguntó más que nada para distraer a su libertina amiga y que esta se entretuviera contándole sus aventuras para de este modo evitar que a la rubia se le siguiera entrevistando.

-siii, y se siente riquísimo, mmm, sentir una babosa lengua recorriéndote allá abajo ahí dios, casi me estoy mojando- Diana se llevaba una de sus manos y la acercaba peligrosamente a su sexo.

-iiiuuuu, Diana ya… para, tú también estás bien pervertida, no me extrañaría verte un día platicando con esos locos degenerados- Asdany por un momento pensó que su amiga se tocaría ahí enfrente de ella así que desvió su mirada como muestra de pudor, sin embargo ella reconocía que este tipo de pláticas prohibidas, entre chicas, la estaban acalorando.

-jajaja, eso estaría bueno, imagínate, si saben de eso, deben de saber muchas otras cosas ricas que hacernos a la hora de estar en la cama, no crees?- la alocada maestra lanzaba una mirada pícara a su amiga psicóloga.

-ay nooo, que asco, esos viejos- Asdany mostraba un gesto de desagrado, sin embargo en vez de seguir con sus labores estudiantiles había dejado estos por poner más atención a la caliente plática que estaba dirigiendo su candente amiga, muy en su interior el tema del sexo oral le curioseaba.

-jijiji, asco porque, apoco no te gusta morbosear, imaginarte la lengua de ese viejo rabo verde entre tus piernas, enterrándotela hasta el fondo, pasando su caliente lengua jijiji por ahí- la alocada maestra Diana se estaba calentando, su sexo ya estaba húmedo.

-nooo, deja de decir esas estupideces por favor o me voy a enojar contigo también- dijo Asdany quien a decir verdad estaba interesada en conocer un poco más la vida íntima de su amiga, pero tenía que aparentar desacuerdo en todo lo que estaban relatándole, fiel a su imagen de niña conservadora y recatada.

-uuyy que sensible, estás sentimensual?-

-jajaja, Diana que payasa eres-

-amiga ya… cambiando de tema, sabes, me han contado por ahí que el maestro Pepe se carga un animalón entre sus piernas, que es casi lo de un pepino- Diana intentaba recrear las medidas vergales del viejo con sus manos.

-pero… que dices?- la joven practicante se ponía más que colorada, más roja con lo que le contaba su amiga que con las leperadas del viejo.

-sii, y yo no me he quedado con la duda, siempre que lo tengo cerca me fijo en su bulto y si, a veces yo creo lo trae parado porque se la marca un culebrón- la mente de Asdany le jugó una mala pasada imaginando por un breve periodo de tiempo la entrepierna del marrano toda abultada y caía en la cuenta de que hace poco estuvo tan cerca de tan despreciable sujeto, aunque ella misma trataba de poner su mente en blanco no encontrando como, así que sacó su celular para distraerse con algo, aunque fuera con el Face.

-Diana, que te dije, deja de estar pervirtiendo mi mente con tus cosas-

-ahh, ora resulta que la que coge a cada rato con su novio es una santita y yo soy la pervertida,- las maestras seguían platicando de sus cosas, sin embargo lo que Diana no sabía era que Asdany le había mentido un poquito a la hora de presumir las condiciones sexuales de su novio.

Si bien si era cierto que la joven pareja había tenido varios encuentros amorosos la semana pasada, estos no eran forzosamente de todos los días, esto había sido una táctica de la joven psicóloga por demostrarle a su amiga Diana que su novio no era tan aburrido como ella pensaba, considerando la animalesca forma con la que Diana se expresaba del sexo, Asdany intentaba hacerle ver que su novio también tenía lo suyo en un intento por asegurar que su libertina amiga dejara de invitarla a los antros de perdición, pero la realidad con respecto al vigor sexual del joven Michael (novio de Asdany) distaba mucho de eso.

¿Cuántas mujeres habrá en el mundo que no han podido experimentar eso que se le conoce como orgasmo?, ¿Qué en su vida no logran experimentar tan siquiera uno?, ¿cuántas mujeres viven reprimidas sin ser satisfechas como se debe debido a la poca cultura sexual, a los mitos o tabúes en sus parejas considerando o entendiendo que solo ellos son los únicos que deben de sentir placer?, o que la mujer basta solo con penetrarla para que esta se sienta satisfecha, o aquellas quienes sus parejas conservan una sólida educación basada en principios y valores que ven el placer carnal como algo enfermizo, sacrílego y hasta satánico. El novio de Asdany era uno de esos hombres que no sabían explotar el cuerpo de su hembra al máximo, además de ser precoz el joven era muy reservado a la hora de intimar con su pareja.

La relación entre estos jóvenes no era lo que la muchachita presumía, ahora en esta semana los encuentros sexuales se había reducido a cero, esto debido a que como muy pronto el macho se iría buscando cumplir su deportivo sueño pensaba que esto le quitaría energías o lo distraería de sus rutinas ejercitadoras tanto en el complejo deportivo como en el gimnasio.

El musculoso muchacho también era algo acomplejado, a la hora que intimaba con su novia había muchos momentos en que este quería saciarse con los placeres que le brindaba el cuerpo de su enamorada, pero no lo hacía debido a que no quería verse como un sátiro depravado a los ojos de la curvilínea maestra, pensaba que de ser así esta lo rechazaría o ya no querría tener intimidad con él, por eso no daba ese paso y solo se limitaba a la penetración normal, en la cual aguantaba unos cuantos minutos para terminar vaciándose en un condón.

Asdany en tanto, tampoco se atrevía a ser sexualmente más creativa con su hombre, a experimentar posiciones nuevas, a salir de la rutina que ya la estaba cansando y aburriendo, cosa que ella trataba de desconocer o intentaba ignorar, la joven se limitaba a la hora de aparearse pues su novio podría tratarla de mujerzuela, de golfa barata y de suponer que esto que haría con él adivinar con cuantos otros ya lo había hecho, ella debía de mostrar su pureza y recato a la hora de estar con su futuro hombre, considerado por ella el padre de sus hijos.

Sin embargo en ocasiones la doncella trataba de echarle una manita a su macho, despertarle ese lado salvaje y varonil seduciéndolo con selectas e insinuantes prendas, a veces se le paseaba en diminutos conjuntitos que alterarían hormonalmente hasta a las bestias de carga mientras este joven le decía que se quitara que no lo dejaba ver el partido, solía agacharse disimuladamente a sabiendas que era observada por su macho aparentando buscar algo mientras su tremendo culo era apenas cubierto por un alickrado short verijero de esos que dejan ver la rayita que separa la nalga de la pierna y que apenas y tapan los sexos femeninos solo para darse cuenta que su hombre ya andaba en otra zona del departamento, en ocasiones la seductora mujer lo esperaba a que llegara del gimnasio o de algún partido de fútbol sentada en la sala de su casa con aturdidores babydolls pero el joven deportista llegaba tan agotado que apenas y ponía un pie dentro del departamento de su novia y caía fulminado en la cama o en el sillón teniendo que ser ella quien terminara por quitarle los tacos y espinilleras, y así se la llevaba esta pareja, sin darse cuenta que la flama del amor se les estaba apagando.

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La semana seguía transcurriendo y hasta el momento el exceso de maquillaje y el utilizar su cabello ladeado todo el tiempo le estaba resultando a Cassandrita para que nadie hubiera advertido aun el tremendo moretón que tenían estampado en su cuello. Lupita cada vez estaba más segura de que alguien se le estaba adelantando al sano Armandito, sin embargo no daba de quien podría tratarse ese joven que se atrevió a conquistar o estar galanteando el corazón de tan bella señorita, sin duda se estaba sacando la lotería por la belleza que irradiaba Cassandrita, la misma Lupita reconocía que su amiguita, aun sin maquillaje, era muy superior a las plásticas modelos que veía en televisión.

Mientras tanto Armando, por más que trataba de acercarse a su joven diosa no lo lograba, el miedo al rechazo le podía, la vergüenza que significaba para un joven como él acercarse a una belleza como Cassandra lo limitaba, no era el más guapo, mucho menos el más rico y por supuesto no estaba ni cerca de ser el más inteligente, ni siquiera poseía lo que se dice un buen físico, tenía un par de kilitos de más que no era la gran cosa pero esto lo acomplejaba mucho, o más bien sus amigos se encargaban de acomplejarlo ya que de más jovencito había sido más gordito y esa condición se le había quedado aunque fuera solo de palabra (o sea le decían gordo aunque ya no lo era).

En tanto había muchos otros que no perdían la oportunidad para arrimarse a Cassandra y sacarle algo de plática y en ocasiones hasta una hermosa sonrisa, mostrando sus blancos dientes que casi brillaban, esto hacia enloquecer de celos al joven enamorado al ver a su doncella sonreírle a otros menos a él, platicar risueña con ellos o regalarles algún golpecito señal de cariño, o ver como algunos más gandallas se despedían de ella con un beso en la mejilla, lo que daría este jovencito por sentir esos dulces labios estampándole una caricia en cualquiera de sus cachetes, y a pesar de que en los momentos en que Cassandra se encontraba sola o platicando con su amiga Lupe y esta le hacia la seña de que era el momento preciso para abordarla el indeciso joven solo agachaba su cabeza, se daba la vuelta, metía las manos en su bolsillos y comenzaba a patear algunas piedras ahí presentes para lentamente irse alejando del lugar.

Y es que el niño muchas veces había ensayado el discurso que le diría a su inmaculada, de hecho hasta se lo había escrito en un papel y lo repasaba a cada rato, pero a la hora de plantarse a escasos metros de ella todo se le olvidaba, no sacando el papel por miedo a maltratarlo con sus sudadas manos, no contaba con la confianza suficiente al llevar toda una vida de burlas por parte de compañeros genéticamente mejorados, el pobre a veces deseaba ser uno de ellos, o uno de esos actores que salen en las películas y que llaman la atención de las mujeres, pero se veía en el espejo y miraba un rostro cada vez más lleno de acné y muy distinto a las finas facciones del estereotipo de belleza masculina, que si bien el inocente chiquillo no era feo sus compañeros (algunos de ellos en realidad muy feos pero con el autoestima mas alta) se habían tratado inconscientemente de dañarle considerablemente su autovaloración.

Pero no así un viejo y gordo maestro, incluso antes de cometer la supuesta villanía (no tan vil, puesto que solo quería impresionar al maestro Teo alardeando cosas que en realidad no pasarían) a la que se preparaba se dio su tiempo para inculcar a los jóvenes educandos ahí presentes una importante lección de vida.

-a ver pendejos acérquese- decía el viejo guía a algunos alumnos que se encontraban cerca de él, la manera relaja con la que los trataba y lo castrosos que eran algunos mocosos le permitía llevarse de esa manera con ellos, si hasta se pasaban videos pornos que de malo tenia hablarse con leperadas.

-¿qué pasó profe?- preguntó uno.

-a ver, quien de ustedes ya tiene novia?- preguntaba el profe, algunos alumnos respondía afirmativamente, otros, entre ellos Armando, se quedaban callados.

-a ver mis niños, voy a enseñarles a ser hombres aprovechando que no hay maestras ni compañeritas suyas presentes jejeje, a ver, a ver, ¿quién de ustedes ya cogió?- el sabio instructor preguntaba cosas íntimas a sus jóvenes discípulos quienes algunos solo emitían una risilla apenada y medio morbosilla debido a lo directo de la pregunta.

-uuumm, apoco nadie, bola de maricones, yo a su edad ya cogía- rebuznaba el profe sonándose sus porcinas narices a moco limpio, cuando estaba con varoncitos no se limitaba en realizar sus cochinadas.

-ehh, apoco maestro- respondía otro, si bien Armandito estaba inmiscuido en la plática esto no significaba que el muchacho estuviera de caliente, al joven le había tocado estar en la hora menos indicada, en el lugar menos propicio.

-siii, y les digo esto porque veo que ustedes en esta época tienen mucho material, nada más vean a sus compañeritas lo buenas y culoncitas que están, ¿apoco no?-

-sí, sí, sí, si- tenían que responder obligatoriamente todos los alumnos, ya que de lo contrario quedaban como afeminados y expuestos a futuras burlas por parte de los que si respondían, solo el buenito de Armandito parecía no perder los estribos ante esta plática, obviamente le incomodaba que un hombre se expresara mal de una mujer, pero se quedaba a seguir escuchando las incoherencias del viejo para ver si podía rescatar algo bueno de todo esto y así tomar más valor para llegarle a Cassandrita.

-miren, yo les digo esto para que después no anden ahí de llorones atrás de una escuincla, las mujeres son para disfrutarse, no para andar ahí de manita sudada con ellas,-

-a que se refiere maestro?-

-me refiero a que las mujeres son muy cabronas, primero andan ahí de recataditas pero en realidad piensan tanto o más en culiar que nosotros, están que “ayy no, no quiero, ahí déjame no estoy lista”, pero en el fondo están deseosas de verga, y si ustedes que son sus novios no les dan carne, no van a dudar en buscarse a sus espaldas uno que si les dé jajaja- el viejo maestro casi se cernía sus huevotes enfrente de los chiquillos, según el solo se jalaba el pantalón.

-jejeje- reían algunos chiquillos

-siii, así mismo es esto, están que “ayy no quiero”, pero basta con que les soben la almejita para que después las tengan bien calientes y mojaditas ehhh, yo nada más las veo en las prácticas de voli como esas mocosas calientan a uno con sus shorcitos tan chiquititos y agachándose o parando el culillo para que uno se los mire, shorcitos que apenas y les tapan las nalgotas, así que mis niños pónganse buzos luego les andan encajando chiquillos que ni son de ustedes y ustedes bola de pendejos bien creídos y enamorados, esas mamadas déjenlas para otros pendejos, ustedes dedíquese a culiar, si eso es lo que piden esas canijas que les den verga- el gordo maestro estaba tan empalmado como un asno platicando estos temas con los niños.

-que sabio es usted maestro- decían algunos de los chiquillos, Armandito quedó chocado con la forma tan enfermiza en que el viejo hablaba así de las mujeres, en especial de alumnas suyas, y más al decir que las veía en las prácticas de voli con sus shorcitos era un hecho que muy posiblemente también se morboseara a su princesita, sin embargo no podía objetar nada puesto que sus compañero sospecharían de su secreto, y estos no se la pensarían en andarlo esparciendo por todo el instituto, pudiendo llegar a los oídos de Cassandra y esto por supuesto, la mantendría alerta ante cualquier insinuación que el joven hiciera, o peor aún, tratándolo de evitar lo más posible.

Sin embargo de todo esto aprendía una valiosa lección, esa última frase que dijo el viejo y que ya le había advertido Lupita, “si no aprovechas tú, otro te la va a ganar”, viéndolo desde el punto de vista de acercarse a ella, además veía como este viejo panzón, tan tranquilo, se retiraba de donde ellos y se acercaba ahora a un grupito de niñas, entre ellas Cassandra, hablándoles quien sabe que pachotadas pero con una tremenda facilidad para hacerlas reír, no comprendía como una persona tan depravada pudiera fingir tan bien su doble cara, y más se hubiera cagado el joven el haberse enterado que el viejo pervertido estaba citando a su enamorada a su cubículo esa misma noche para según él tratar algunas calificaciones por haber participado en el equipo de voli.

Después de haber recibido el sí por parte de tan bonita niña el viejo se retiraba a su cubículo para prepararlo todo, haciendo una señal con su mano y su pulgar levantado al maestro Teo quien observaba sentado desde otro ángulo la facilidad con la que Pepe se desenvolvía entre la comunidad escolar, mientras este porcino ya casi iba orinándose en semen con lo que tenía pensado inventar a su flaco amigo para que este se muriera de envidia, en otras palabras el maestro Pepe no pensaba propasarse con la nena pero ¿podría contenerse?, ¿el tripón de Pepe podría tener más fuerza de voluntad que el viejo tendero?, ¿podrá conservar su condición de honorable maestro, de hombre recto y casado ante las bajas tácticas mundanas utilizadas por la nena para alterar a los machos?………

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