La historia que les voy a narrar ocurrió cuando había acabado el primer año de estudios en mi universidad y me disponía a disfrutar unas tranquilas vacaciones de verano… solo que algo… mejor dicho alguien alborotaría todo mi mundo…

Ese verano llego a mi casa mi primita Anita, hija del hermano menor de mi padre, que vivía como agricultor, trabajando las tierras de la familia de mi padre en un pequeño pueblo del sur del país.

La familia de Anita estaba pasando por algunas dificultades económicas, hubo una mala cosecha, así que decidieron enviar a su hija mayor con mis padres (sus tíos), para que pase las vacaciones de verano, mientras ellos solucionaban sus problemas económicos.

A ella la había visto por última vez hacia unos años cuando aún era una niña y vaya que el tiempo no pasa en vano… ahora Anita era una llamativa adolescente. Ella tuvo un desarrollo precoz, razón por la cual usaba brasiere a los 10 años, al parecer tuvo un desarreglo hormonal o algo parecido, cosa que los médicos intentaron controlar con unas pastillas… y por lo que ahora veía (doy gracias por ello)… las pastillas no surtieron mucho efecto.

Bueno, Anita media unos 1.60m, con un busto apetitosamente desarrollado (no enorme pero si bien formado), un trasero que era un delicia (redondeado y firme), ojos pardos, piel trigueña clara y cabello castaño oscuro y largo, hasta la mitad de la espalda… y con una sonrisa de niña traviesa que te mataba…

Cuando la vi, casi se me arma la cuestión en medio de la sala y frente a mis padres… para aliviar la carpa que se estaba armando en mi pantalón tuve que pensar en cosas muy desagradables… y para completar mi martirio… Anita se quedaría a dormir en la habitación frente a mi cuarto.

Anita comenzó a ayudar en las tareas domésticas, ganándose el cariño de mi madre, con la que iba de arriba abajo al mercado y hacer compras menores. Conmigo Anita se comportaba amablemente pero un poco cohibida, parecía ser muy inocente la muchacha, después de todo, venia de un pueblo chico.

De mas esta decir que los chicos del barrio le echaron ojo, y me fastidiaban, el que menos me decía “cuñado” y otras palabras más subidas de tono. Si supieran que yo también quería ponerle las manos encima a esa jovencita que todos creían que tenía 18 años o más, pero estaba en mí contra el ser de su familia y que ella era menor de edad. Así que si se me ocurría hacer algo de seguro que se armaba un pandemónium en el seno familiar.

La tarea también seria difícil con mi madre como su protectora… por mi parte me deleitaba mirándola cada vez que podía, sobre todo cuando barría, con esos shorts cortitos, y meneando su jugoso trasero… claro que tenía que hacerme el loco y disimular cada vez que mi madre pasaba.

Un sábado caluroso, a mi madre se le ocurrió la genial idea de que saque a mi primita a pasear, porque solo salía con mi madre o se la pasaba encerrada en la casa, era joven y necesitaba también salir y conocer la ciudad…

Pensar que mi madre quería que la lleve a conocer mi facultad, quizás para que se motive a estudiar más adelante. Pero era una terrible idea, después de ver a mi prima, mis amigos de universidad irían a mi casa bajo cualquier pretexto, solo para intentar conquistar a mi prima.

Para mi suerte, note que la idea le pareció un poco aburrida a mi prima, yo también la desanime más diciendo que estando de vacaciones todos, la universidad estaría vacía… A dónde iríamos?… como hacía mucho calor… y para completar mi martirio… a la niña se le dio el antojo de ir a la piscina.

Por un lado sería un agradable espectáculo visual ver a mi primita con menos ropa que de costumbre, ver sus armónicas formas en vivo… y por otro lado sería una tortura, era como decir: mira pero no toques… aunque tal vez podría darme maña para tocar algo, pero “casualmente”.

Se me ocurrió llevarla a una piscina en las afueras de la ciudad, ya que no quería encontrarme con ningún inoportuno amigo o conocido del colegio, barrio o universidad, menos aun con algún familiar que reconozca a mi prima.

A pesar de que Anita usaba un traje conservador, de una sola pieza, sus curvas resaltaban nítidamente, despertando las miradas de varios lobos, que más me incomodaban a mí que a ella. Parecía no darse cuenta de los prodigios que la naturaleza le había dado, y que los hombres estamos acostumbrados casi por instinto a observar.

A medida que transcurría la mañana ella me iba tomando más confianza, se soltó más y comenzamos a bromear de cosas triviales. Hasta que se me escapo un comentario sexual, y note que se sonrojo, así que intente no ir por ese rumbo para no incomodarla. Hasta que me dijo:

– Primo, vamos al agua… mi dijo sonriendo como niña.

– Está bien, pero ya va siendo hora de que me llames por mi nombre… o es que acaso estoy muy viejo?… le pregunte casi coqueteándole, pero dudaba que ella lo supiera.

– No, para nada “Juan”, dijo haciendo énfasis en mí nombre con una coquetería que hasta ahora no le había escuchado, y agrego: pero ven, vamos a bañarnos.

Entramos al agua, y note como sus pechos se endurecieron rápidamente al contacto con el agua fría, sus pezones resaltaban a través del traje de baño, me provocaba morderlos, degustarlos, succionarlos… afortunadamente ella comenzó a nadar antes de que pusiera en práctica esta idea.

Ese día nadamos, jugamos en el agua, entre juego y juego yo buscaba la manera de acercarme y tocarla de manera discreta para no despertar su desconfianza. Así logre rozar sus pechos, sus muslos y le daba uno que otro abrazo cariñoso… ufff estaba en la gloria, con sus senos abriéndose contra mi tórax y sus pezones marcando mi pecho.

Ella correspondía mis abrazos con risitas inocentes que me hacían dudar de mi proceder, luego ella se alejaba echándome agua y riendo traviesamente. Note como otros me envidiaban y como les hubiera gustado estar en mi pellejo. Anita también llego a notarlo, sobre todo por un tipo que parecía que nunca había visto a una mujer, su mirada lujuriosa comenzó a incomodarla.

– Oye Juan ese señor no deja de mirarme… me dijo un poco nerviosa.

– Quieres que hable con el… le dije, cuando en realidad yo quería caerle a golpes, ella se dio cuenta de mis intenciones.

– No, no… No te busques problemas… solo… solo pretende que eres mi novio… así sabrá que no estoy sola y se cansara de mirar… me pidió Anita intentando calmarme.

– Está bien… le dije, pero aún estaba molesto, así que no preste mucha atención a sus palabras.

– Ven vamos a la orilla… me dijo temerosa, tomándome de la mano.

Estando en la orilla de la piscina ella trataba de cambiar de tema para distraerme, hasta que…

– Ahí está de nuevo… me dijo nerviosa.

Hice un ademan de querer salir del agua, quería arreglar cuentas con ese tipejo que acosaba con la vista a Mili y nos incomodaba a ambos… pero ella me tomo de un brazo.

– Ven… abrázame… diciendo esto se colocó delante mío y me abrazo.

Al sentir nuevamente los pechos de Anita me olvide de todo lo demás… luego ella se volteo, apoyando su espalda en mi pecho, tomo mis manos y las dirigió suavemente a su cintura. Instintivamente la apreté contra mí y su voluminoso trasero se hundió en mi ingle… los latidos de mi corazón iban en aumento, al igual que mi erección.

Sus nalgas fueron separándose dando paso a mi inminente erección… yo casi ni respiraba, por temor a tener una eyaculación precoz. Anita no se quejaba, tal vez ni cuenta se daba, porque estaba más pendiente de aquel acechador que ahora había entrado al agua.

– Ahí viene… me dijo temerosa.

Se volteo, sus pechos quedaron nuevamente hundidos contra mi tórax, llegue a ver que ese tipo se acercaba nadando y lo mire con odio. Anita me tomo del mentón e hizo que girara mi cabeza hacia ella, una vez que obtuvo mi atención, me miro con ternura y luego… bueno, luego… me beso…

Me agarro frio, me tomo por sorpresa, al principio no supe cómo reaccionar… después recordé sus palabras “pretende que eres mi novio”… y le devolví el beso con igual o mayor intensidad con que ella me lo brindaba. Parecía no estar fingiendo, y si lo hacía… entonces era muy buena fingiendo.

– Uhmmm… sentí un leve gimoteo en su agitada respiración.

Sus cálidos y húmedos labios se paseaban, se deslizaban por los míos, y yo los apresaba con pasión. Aunque algunos de sus movimientos eran un poco torpes y denotaban su poca experiencia, esto era recompensado por una mezcla de ternura y pasión que imprimían sus labios.

No sé si fueron segundos o minutos los que estuvimos así, solo sé que al terminar el beso (no por causa nuestra, sino porque un inoportuno nos salpico con agua), yo la tenía bien asida por la cintura, sus brazos rodeaban mi cuello, nuestras piernas estaban entrelazadas y el rostro de satisfacción que ella demostraba era evidente, supongo que el mío también.

Luego volviendo en si, dándose cuenta de la situación, se alejó un poco y miro alrededor y nos notamos que aquel acechador había desaparecido… ¿cuánto tiempo habría pasado?…

– Esteee… creo que va siendo hora de irnos primo… me dijo un poco avergonzada.

– Si, tienes razón… respondí un poco confuso al sintiendo que aun manifestaba cierta erección.

Ella salió del agua, le vi nuevamente su bien formada silueta húmeda, hasta que se cubrió con la toalla:

– Juan ¿por qué no sales del agua?… pregunto curiosa.

– Si dentro de un ratito salgo, voy a darme un último chapuzón… le dije, no podía salir hasta que se me bajara la calentura y menguara mi erección.

A los pocos minutos salí, nos cambiamos y regresamos a casa. En el camino casi no hablamos, en realidad estábamos cansados, adormecidos y pensativos por lo sucedido…. estando a punto de llegar a casa, ella se animó a hablar:

– Sobre lo que pasó en la piscina… acerca de aquel señor y luego… me dijo avergonzada.

Viendo por donde iba el enredo en su ingenua cabecita y sin dejarla terminar, le respondí:

– No te preocupes… no diré nada… si tu no dices nada… dije calmándola.

Anita me sonrió tímidamente, aun no convencida.

– Este será nuestro secreto… no dejemos que lo sucedido arruine el lindo día que pasamos en la piscina… agregue, tratando de calmarla.

– Si, tienes razón… me contesto más animada.

Al llegar a casa, mi madre nos esperaba con una merienda y preguntas:

– ¿Y cómo les fue?

– Yo me divertí… le dije y recordando el incidente del beso, mire a mi prima y le guiñe un ojo.

– Yo también me divertí mucho tía… dijo y me miro con una sonrisa traviesa de complicidad.

Acto seguido Anita le conto a mi madre todo lo que hicimos… bueno casi todo… lo que vio en el camino a la piscina y otras cosas a las cuales yo no prestaba mucha atención porque seguía recordando la figura de mi prima, su suave piel y sobre todo aquel ingenuo pero ardiente beso.

Afortunadamente un amigo de la facultad me llamo, y me invito a una fiesta que organizaba por el final del ciclo. Acepte de inmediato, quería quitarme de la cabeza aquel episodio con mi prima, para que no perturbara mi vida familiar cotidiana.

Pase horas bebiendo y bailando con chicas que estaban lejos de tener el cuerpo de mi prima, claro que vestidas más llamativas con ropas más cortas, pero con menos que mostrar. Así, un poco decepcionado de no encontrar quien me haga olvida a Anita… volví a mi casa completamente ebrio… ya saben cómo es, el piso se te mueve y todo te da vueltas…

No quise despertar a mis padres ingresando por la ruidosa puerta del frente, así que entre sigilosamente por la puerta de atrás, que da a un jardín. Tambaleante me acerque a la casa, sentí curiosidad por ver a mi primita, el alcohol en mi organismo había desatado mi libido.

Tratando de hacer el menor ruido posible, me acerque a la ventana de su cuarto… y tan grande fue mi sorpresa por lo que vi, que prácticamente me saco de mi estado etílico…

Aquella muchachita inocente y dulce a mis ojos, a quien yo no deseaba desgraciar por su corta edad y sobre todo por mi parentesco familiar, yacía en la cama, retorciéndose de placer… un placer provocado por sus propios dedos: acariciando su núbil pero poblada vagina, metiéndose su dedo medio y temblando con cada entrada en su conchita húmeda… apuraba sus movimientos parecía llegar al clímax.

Yo miraba atónito, agazapado en la ventana: ¡Carajo!, si esta niña no es tan inocente como pensaba, entonces como buen primo mayor y con experiencia creo que es mi deber ayudarla… fue lo que me dije y en mi aun alcoholizada conciencia esto me sonó completamente lógico…

Así que ya sin reparos, me dirigí al pasillo que conducía a la puerta de su cuarto:

– Ahora esta muchacha va a saber lo que es bueno… me dije.

Estaba frente a la puerta de su cuarto, gire la perilla suavemente, sin hacer ruido… de pronto alguien prendió la luz del pasillo…

– Por la put… madr… susurre.

Era mi padre… al parecer no había sido tan sigiloso como pensé y en mi irregular andar había pateado una maceta. Al verme mi viejo me dijo enojado:

– Muchacho!… estas tan ebrio que ya no recuerdas donde está tu cuarto… allí duerme tu prima… tu cuarto es el del frente… así que media vuelta y a dormir… mañana hablaremos…

Rezondrado, con el rabo entre las piernas, me dirigí a mi cuarto… pero la calentura tuve que quitármela con una soberbia masturbada. No iba a poder dormir con toda la leche acumulada que tenía después de ver aquel espectáculo que me ofreció mi “inocente” primita.

Solo tenía la certeza que en adelante, mis relaciones familiares con mi primita se iban a estrechar mucho más… más que aquel día húmedo…

Continuara…

Continuara…

Para contactar con el autor:

AdrianReload@mail.com