Seguimos besándonos apasionadamente, frente a la cama, testigo de nuestro encuentro… y no sé cómo, pero abrí los ojos, y sin querer mire el reloj, ya era tarde, mi madre ya estaría por volver.

– Tenemos que cambiarnos y arreglar esto… le dije.

Anita al darse cuenta de la hora, se apresuró en pararse, luego se inclinó completamente, para recoger las sabanas, y el camisón que llevaba se deslizo, dejando nuevamente su gran trasero blanco ante mis ojos… aun meloso, con su ano rojito, me dieron ganas de volver clavármela… pero no había tiempo, mi madre llegaría en cualquier momento…

Nos cambiamos y note que tenía cierta dificultad para caminar…

– Oye, estas bien?… pregunte preocupado.

– Me duele un poco… es que me diste muy fuerte… se quejó ella.

– Lo siento, no pude contenerme… me excuse.

– No importa, ya se me pasara…

En ese momento sonó el timbre, ojala que se le pase rápido, pensé… llego mi madre y por suerte no le presto atención a ese pequeño detalle en el escaldado andar de Anita que yo si notaba…

En el transcurso del día todo volvió a la normalidad… así que nos salvamos del peligro. En los días posteriores fuimos más cautelosos, yo no quería tener relaciones diariamente receloso de que le sucediera algo que fuera más grave, ella tampoco era participe de esa idea.

Los días siguientes fueron de veda para mí, pero después intercalábamos días de “estudio” con días de estudio. Tampoco podía descuidar esa parte porque si llegaba a su pueblo sin haber aprendido nada, esto despertaría suspicacias. Aunque era difícil concentrarse con semejante alumna al lado, intentamos sacar provecho a la situación tomándonos breves descansos para disfrutar de algunas caricias.

Después de esa mañana Anita era más cariñosa conmigo, yo en cambio, temía que algún gesto o comentario suyo nos delatara, así que procure no alentar mucho sus muestras de cariño… Mi madre en una ocasión me dijo:

– Parece que tu primita está encantada contigo…

Entonces comencé a sudar frio…

– Ten cuidado, a esa edad las muchachas son enamoradizas… me advirtió.

– No te preocupes, sabré conservarla a distancia… le dije, ufff que cerca estuvo, pensé.

Como les dije procurábamos tener relaciones en las mañanas, porque era más seguro ya que mi madre no estaba… pero una tarde no nos aguantamos y casi fuimos descubiertos…

Estaba aburrido y fui a la cocina a comer algo, cuando vi a mi primita en el suelo, en cuatro patas, encerando el piso… llevaba una pañoleta en el cabello, un polito apretado y con una falda corta que dejaba ver parte de su ropa interior…

Anita meneaba su trasero de una forma armónica que me hipnotizaba, mientras mi verga comenzaba a despertar. Ella me miro y me sonrió, seguro adivinando lo que yo estaba pensando… cuando mi madre entro y yo tuve que hacerme el loco, tome un periódico y empecé a leer… el problema era que el periódico estaba al revés…

– Anita, te he dicho que no es necesario que hagas eso, tenemos una maquina lustradora… dijo mi madre apenada por ver a su sobrina en esas labores.

– Ya se tía, pero es que así queda mejor, además no tengo nada mejor que hacer… le respondió.

Luego Anita volteo momentáneamente, lanzándome una mirada provocadora que hizo que casi me atore con el agua que tomaba y una gotita de leche voto mi verga:

– Bueno, bueno, como gustes ¿te falta algo?… pregunto mi madre.

– Sí, creo que se nos acabó la cera… contesto Anita

– Uyyy, sí… pero esa cera que usamos no la venden por aquí… no importa… ahora te la traigo, tu sigue nomas… ya regreso… dijo mi madre tomando sus llaves.

– Ya tía… respondió feliz Anita.

Escuche como se cerraba la puerta, y vi de reojo a mi primita, que seguía moviendo su lindo rabo, luego comencé a dudar: ¿tendría tiempo suficiente?…

Ella en cambio, me incito más a actuar: se puso totalmente de espaldas, en cuatro y seguía moviendo el trasero, se levantó un poco la falda, se bajó las braguitas y continúo encerando el piso. Al ver que no reaccionaba me lanzo una mirada como diciéndome: ¿Qué esperas?… poséeme…

No necesite mayor estimulo, mi verga ya sobresalía por mi short. Me acerque por detrás y comencé a acariciarla. Ella se hacia la difícil, desentendida y continuaba con su labor… hasta que mis dedos comenzaron a jugar con su conchita, allí se detuvo…

– Ohhh… exclamo sorprendida gratamente.

Anita volvió su rostro, sus mejillas lucían rosadas por el esfuerzo físico, el sudor que mojaba su pecho hizo que sus pezones se endurecieran, y su conchita estimulada por mis dedos se humedecía preparándose para la penetración… yo dirigí mi verga a sus labios vaginales, pero ella puso

su mano en la entrada de su vagina y me dijo:

– No, no, por ahí no… después no tendremos tiempo para el otro… y es más rico por aquí… dijo señalando su ano, que latía ansioso esperando que mi verga entrara.

Me pareció buena su idea, así que comencé a dilatar su ano rápidamente con mi dedo medio, luego metí otro dedo más, Anita gimoteaba…

– Uhmmm… Ohhhh… no es necesario… Uhmmm…. apúrate… solo métemela… me suplicaba.

Haciéndole caso apunte mi estaca contra su ano, que lo recibió con dificultad… sin embargo yo empuje y ella avanzaba hacia mí, hundiéndosela…

– Ouuu… vamos… empújamela más… Ohhhh…

Coloco su cabeza contra el piso, y con sus manos abrió sus generosas nalgas, yo me levante un poco y con mi propio peso se la metí hasta el fondo…

– Ohhhh…. así… Ohhhh como me gusta… como me gusta que me atores así… Uhmmm….

Con todo su enorme y firme trasero levantado, y con mi verga clavándola hasta las entrañas, ella sumisa me recibía suplicante… me sentí fascinado…

– Uhmmm… ¿Qué esperas?… rómpeme el culo… me ordeno prácticamente.

No me hice de rogar y empecé a cabalgarla, tomándola por la cintura manejando su esplendoroso culo, a la vez que le taladraba el ano sin compasión…

– Ooohhhh… assiiii primitooo, mas fuerteee…. asiiii…

Sus hermosas nalgas temblaban con mis penetraciones, ese sonido era música para mis oídos. Ella seguía con la cabeza enterrada en el piso, gimiendo como loca… yo sentía que ya estaba llegando al clímax.

En eso sonó el timbre, era mi madre, ¡mierda! nos iban a descubrir…

– No, no te detengas… sigueee… vamos sigueee… no me dejes así… acábame… me rogaba completamente excitada.

Yo tampoco lo pensé dos veces y seguí perforándole el culo con mayor demencia… Anita casi gritaba de dolor y placer… temí que nos escucharan, ella se dio cuenta también, así que cogió el trapo que tenía en una mano y se lo puso en la boca, con la otra mano me hizo señas para que continuara castigándole el ano… el timbre volvió a sonar.

Con la tensión de ser descubiertos no se me venía, pero terco continúe con mi faena. Ella respiraba con dificultad, sus ojos le lagrimeaban, su cuerpo quería desfallecer, pero no sin antes sacarme hasta la última gota de leche…

El timbre volvió a sonar, entonces la apreté con todo, casi exprimiéndola, creo que le deje clavados mis dedos en su cintura… en ese momento se me venía, ella me hizo una seña para que botara al suelo mi leche… así que saque mi verga en el preciso instante en que un torrente de semen salía.

– Ufff… que rico culo tienes… grite satisfecho.

Anita súper agitada, se puso de rodillas como pudo y se dispuso a limpiarme la verga frenéticamente… llamaron a la puerta de nuevo.

– No hay tiempo para eso… le dije.

– Tienes razón… después me encargo de ti… dijo y me beso la cabeza del pene.

Anita se levantó, se recogió las braguitas y fue a abrir la puerta. Yo me refugie en la escalera que da al segundo piso, esperando el desenlace de lo ocurrido…

– Anita ¿por qué demoraste tanto?… pregunto mi madre ofuscada por la espera.

– Disculpa tía, es que estaba en el baño… fue la excusa que se le ocurrió.

– ¿Y tú primo?… pregunto mi vieja curiosa.

– Ahhh… creo que el… que él está en el segundo piso… me excuso Anita.

– Ese muchacho… seguro está escuchando su ruidosa música…

Entonces mi madre miro al piso, donde yacían restos de esperma…

– Y ¿esto qué es?… pregunto extrañada mi madre.

Si se adivina lo que es, nos jodimos, pensé.

– Esteee… bueno… eso es… es lo último de cera que quedaba… si eso es… explico Anita.

Inmediatamente Anita se agacho y con el trapo que tenía en su mano barrio los restos de semen del piso para evitar que mi madre saque más conclusiones.

– Debe tener mucho tiempo guardada, se ve raro… dijo mi madre desconfiada

– Si tía… lo exprimí al máximo y salió eso… dijo Anita refiriéndose más a mí que a la cera.

– Y hasta huele a cloro… repuso mi madre, en realidad olía a mi semen.

– Ah sí… es que use un poco para desinfectar…

Yo rogaba que mi madre desistiera de sus preguntas, porque Anita cada vez demoraba más en responder, se le acaban las ideas… aparte que lucía más nerviosa…

– En fin hija, aquí tienes más cera… dijo mi madre terminando su interrogatorio.

– Gracias tía…

– Muchacha luces un poco agitada…

– Si… es por el trabajo…

– No enceres con tanta fuerza, no quiero que quedes adolorida… y luego de decir esto mi madre se marchó a la sala.

Ufffff, de la que nos salvamos… me dije. Por suerte la primita no solo tenía ágil el esfínter sino también la mente…

Continuara…

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