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Sin-t-C3-ADtulo18Hola, buenas tardes, me llamo Vanesa y, desde hace tiempo, soy una asidua lectora de Relatos Eróticos. Me excito bastante con ellos y, desde aquí, quiero mandar un beso fuerte a todos los escritores. Siempre he pensado que estos relatos están basados en la fantasía. De hecho, a mí nunca me había pasado nada fuera de lo común en materia sexual. Nunca hasta lo que me sucedió hace unos meses y por casualidad, aunque he tenido varios novios formales.
Antes de nada voy a describirme. Tengo 34 años, y mido 170 y peso 60 kg. Soy morena, algo pecosa y mi piel es muy suave y tirando a blanca. Tengo curvitas porque soy más bien corpulenta sin llegar a estar gorda, digamos que maciza, y un poco más alta que la media. No es por presumir, pero me dicen que tengo un culo bonito, y sé que es verdad porque noto que los hombres se dan la vuelta para mirarme. Y mi pecho más bien grande y firme, aunque por mis complejos suelo vestirme para disimularlo. En realidad, me visto bastante normal, aunque cuando voy al trabajo me arreglo un poco pero sin exagerar. Pertenezco a una familia convencional, de de una ciudad de la periferia de Madrid, y he recibido una educación tradicional, pero no completamente estricta. Soy la segunda de 4 hermanos, dos chicas y dos chicos. El más mayor tiene 36 y el más joven 17. Siempre nos burlamos de él diciendo que ha sido un accidente de mis padres, pero casi es al que más queremos y a quien le consentimos casi todo.
Pero vamos a la historia. Todo empezó el día que tuve que dejar el coche en el taller por una avería. Me dijeron que tardarían 4 días en arreglarlo, así que me armé de valentía para trasladarme a mi trabajo en el autobús urbano.
Era el mes de septiembre y finalizaba el verano. Pese a ello, hacía un tremendo calor, y yo llevaba un vestido hasta las rodillas y una chaquetita de punto. Zapatos de tacón. Serían las 7 de la tarde. Acababa de salir del trabajo y el calor aún era intenso. El autobús tardó en llegar mucho más de lo habitual, lo que no me incomodó demasiado pues estaba absolutamente enganchada a un libro y aproveché a leer. No siempre tengo tiempo para ello. En la parada se estaba acumulando mucha gente.
Cuando llegó el autobús y subí, a pesar de que el calor exterior era muy fuerte, tuve que ponerme la chaqueta ya que en el autobús el aire acondicionado era muy fuerte y no quería resfriarme. Tampoco quería que se me notasen los pezones, ya que son muy sensibles y enseguida se endurecen con el frío. Pese a todo, tenía la sensación de que algo se notaban. Me anoté mentalmente ponerme un sujetador con relleno al día siguiente.
No pude encontrar sitio sentada, y me quedé en la zona de viajeros de pie, apoyada contra la pared lateral y la ventana, y me dispuse a leer mi libro. Así estaba, concentrada, cuando en una de las paradas se subió Nacho, uno de los amigos de mi hermano menor. No me di cuenta de ello hasta que él llegó a mi lado y me saludó tímidamente “Hola Vanesa”. Me dio cierta rabia porque era el típico conocido con el que no se tienen muchos temas de conversación y mi libro estaba en una fase bastante interesante.
Pese a ello, cortésmente entablé conversación con él, preguntándole por los exámenes. Estaban preparando la selectividad. Cada vez entraba más gente en el autobús, y cada vez estábamos más juntos. Aunque no existía contacto físico entre nosotros, la sensación de tenerle tan cerca invadiendo mi espacio vital, me tenía algo inquieta. Aún más porque Nacho es algo más alto que yo, y tenía la sensación de que  desde su posición tenía una vista inmejorable de mi escote. Siempre he tenido complejo de tener el pecho grande, pero especialmente ese día que llevaba un vestido con escote en pico algo pronunciado y un ligero sujetador de verano.
Me sentía azorada porque debido al efecto del aire acondicionado o de los nervios de la situación en sí misma me habían provocado excitación en los pezones, que no quería mirarlos, pero estaba segura que se marcaban claramente sobre la tela. No estoy acostumbrada a estas situaciones y me preguntaba por qué me producía una sensación extraña tener tan cerca de mí a un chico más joven que yo.
Una vez más, el autobús llegó a una parada con muchas personas esperando y, aunque algunos se bajaron, subió mucha más gente… que presionaba por tener espacio. Un grupo de jóvenes que estaba en la entrada empujó a todos los demás bruscamente para poder entrar. Eso sí que lo vi venir, y me giré para no establecer contacto de frente con el amigo de mi hermano, que quedó pegado al lateral de mi cuerpo frente a mi hombro. Ahora sí que estaría viendo el comienzo de mis tetas y los encajes del sujetador ligero de verano que llevaba… pero no podía hacer nada.
Un empujón más y quedó completamente pegado a mí, hasta el punto que sentía su bulto presionando a mi cadera. Lo notaba casi perfectamente tal cuál era. A Nacho se le había quedado una sonrisa idiota, como si esto fuera una experiencia agradable o curiosa “Joder, cómo se está poniendo esto” dijo bajito en mi oído,  produciéndome un escalofrío.
Por suerte el autobús pudo cerrar las puertas y emprender la marcha, lo cual me alivió algo hasta que me di cuenta de que el movimiento que se estaba produciendo era aún peor. El traqueteo propio de la marcha del autobús provocaba que sintiese su cuerpo rozándose contra mí en pequeños vaivenes. Estoy segura de que no lo hacía a propósito pero el hecho es que sentía como su miembro iba creciendo y poniéndose más y más duro contra mí. Y yo, notándolo me sentía cada vez más descolocada. Estaba notando el cosquilleo entre mis piernas, que precede a la humedad. Joder, no lo entendía. Exteriormente trataba de aparentar calma. Incluso disgusto. Pero la realidad es que presionaba mis muslos muy juntos entre sí, para incrementar el ligero cosquilleo que notaba en mi sexo. Me estaba poniendo muy muy caliente.
Ahora ya no hablábamos de nada. Casi tenía los ojos cerrados dejando pasar el tiempo y tratando curiosamente de averiguar cuanto mediría la polla de aquél chico. Estaba inmensa y dura dura. Me distraje un poco en esos pensamientos, hasta que un movimiento brusco del autobús me hizo reaccionar y sorprendiéndome a mí misma ya que estaba aprovechando el movimiento del autobús para rozar lateralmente uno de mis pechos contra él. Él estaba también azorado, no sabía donde mirar y se le notaba que, como yo, lo estaba pasando mal y bien a la vez. Era una experiencia nueva.
Me dio hasta un poco de pena la carita de apuro de Nacho. No era culpa suya, pero su miembro estaba verticalmente apoyado presionando mi cadera sobre la tela. Hasta tenía dudas de si había humedad en él. Decidí quitar un poco de hierro al asunto y hacer un comentario gracioso “vaya Nacho, no debías haberte metido ese vaso de tubo en el bolsillo del pantalón”.
Me miró y sonrió tan adorablemente, casi pícaramente que algo me hizo continuar con el roce de mi teta contra él. Tratando de disimular, aunque seguro que la expresión de mi rostro me delataba, continué rozándome aprovechando el traqueteo. Me giré levemente para que mi pezón notase también algo de ese roce con su cuerpo. Siempre he tenido los pezones muy sensibles, aunque el bestia de mi novio nunca los ha sabido tratar y casi no le dejo tocarlos.
Una de las personas que estaban detrás de nosotros rompió la magia del momento, anunciando que quería bajar en la próxima parada. Ello me obligó, con cierto disgusto que no quise traslucir, a darme la vuelta contra el cristal sin poder ver ya a mi “romeo”, pues quedaba de espaldas a él. Cuando tras la parada se recolocaron los viajeros empujándonos otra vez, noté con sorpresa cómo él quedaba con su pecho comprimido contra mi espalda, y su polla perfectamente encajada en mi culo sobre el vestido.
Ahora sí que el momento me produjo un escalofrío largo. Ya no era un pequeño cosquilleo, ahora con el traqueteo me estaba poniendo cachondísima y estaba segura de que mis braguitas se estaban empapando. Pensaba “joder, con este crío me estoy poniendo mucho más cachonda que los últimos 2 años con mi novio”. Tenía cierta preocupación sobre qué pensaría él de mí en este momento, pero me dio por fantasear que quizá él pensase que era una chica caliente y puta… y eso me puso aún más caliente. Me movía ligeramente sobre él, y pensaba en que si fuera capaz de colocar mi bolso entre mi cuerpo y la pared a la altura de mi abdomen y mi sexo, sólo unos roces serían suficientes para correrme como una perra. No me atreví a llegar a tanto, pero me quedé con un deseo no satisfecho.
No sé el tiempo que estuvimos así. Seguro que duró sólo unos pocos minutos hasta que llegamos a la parada de mi casa, pero la experiencia me dejó bastante descolocada. Me fui caminando a casa notando la humedad entre mis piernas y planteándome cómo había pasado para encontrarme en esta.
Los dos días siguientes aún fui en autobús. Aunque no quería reconocerlo, me sentía nerviosa como una adolescente ante la posibilidad de volvérmelo a encontrar con Nacho en una situación así. Luego me devolvieron mi coche y ya no tuve ocasión de verle más. Con todo, a veces me venía a la mente la escena en algunos de mis desahogos solitarios, o haciendo el amor con mi novio cerraba los ojos y pensaba en ese momento.
Poco a poco se me fue olvidando. Mejor dicho, no lo olvidaba, pero se me hacía casi imposible imaginarme de nuevo en una situación como la del autobús. Empecé a pensar que fue algo que no pasa nunca ni volvería a pasar. En dos o tres ocasiones vi a Nacho por casa acompañando a mi hermano y no me atreví a decir nada, quedando todo en algún cruce de miradas.
Pero llegó la Navidad, y mi hermano nos anunció que Nacho pasaría el fin de año con nosotros, ya que es hijo único y sus padres habían decidido pasarlo esta fiesta en un crucero, por primera vez a solas. Aunque externamente no mostré ninguna emoción, por dentro me dio un pequeño vuelco al corazón. El chico objeto de mis fantasías sexuales en los últimos meses durmiendo en nuestra casa. Ummmm rápidamente me puse a pensar en la ropa que llevaría esos días, o en como me iba a vestir o peinar. Estaba nerviosa, tengo que reconocerlo.
Esos nervios me hicieron que, durante la cena de nochevieja, bebiese más vino blanco de lo normal en mí. Nacho, al principio se mostró tímido cuando yo le miraba, pero luego también tomó vino y se soltó con algunos comentarios bastante graciosos. Entonces ya me miraba directamente, provocándome una sensación curiosa y agradable, como si fuese algo deseado y prohibido. Recuerdo que la cena fue divertida, con todos mis hermanos y Nacho. Hicimos algunas bromas a Nacho y a mi hermano, que estaban perfectamente vestidos con traje y corbata ya que iban a una fiesta de etiqueta. De todas formas, yo me pedí el primer baile, antes de que salieran y me tuvieron que decir que sí. El vino me había dado una idea y la tenía entre ceja y ceja.
Vimos las campanadas por televisión, y todos nos besamos deseándonos feliz año y brindando. Ya en mi beso a Nacho acerqué mi cuerpo a él para que sintiese mi pecho. Me había puesto un vestido rojo pasión bastante atrevido de escote, y unas medias negras hasta la mitad del muslo. Ropa interior negra (ya llevaba rojo el vestido). Luego empezaron las llamadas de teléfono de felicitación. Mi novio me mandó un mensaje al móvil diciendo que vendría a buscarme a la 1 y media. Íbamos a ir a casa de unos amigos a celebrar la noche.
Todos se empezaron a preparar para salir. Mi madre a recoger las cosas de la mesa. Mi padre a ver la tele y no nos dejó poner música allí. Entonces yo, que soy persistente, dije con mi mejor sonrisa para que todos me oyesen “¡Yo no me quedo sin mis bailes!” y tomé a mi hermano de la mano hacia la habitación de estar, pero mi hermano me dijo en tono de queja: “déjame anda, ya sabes que yo no bailo”… con lo que ya había provocado la situación que quería… dije para disimular “peor para ti, que a las mujeres se nos conquista con un baile” y, tomando a Nacho de la mano dije “Nacho sí va a bailar conmigo” y le arrastré a la habitación de al lado.
Ufffff no conocía a mí misma. Siempre he sido muy tranquila, pero ahora estaba hirviendo por dentro y no me podía creer haberme portado tan decidida. Pero ya lo había conseguido y nadie sospechaba nada. Bueno, alguien sí, Nacho estaba rojo como un tomate y creí notar por el bulto en sus pantalones, que la situación le estaba poniendo. A mí también, aunque el vino también influía. Cogí un CD de música lenta, puse la luz bajita, casi en oscuridad, y dejé la puerta medio cerrada como si no tuviésemos nada que ocultar y fuera un baile inocente. De todas formas, nadie había reparado en nosotros.
Puse el CD en el equipo de música exagerando mi postura para que apreciase bien mi trasero. Aunque creo que el día del autobús se llevó ya una buena sensación del mismo jeje. Entonces le dije guiñando un ojo “ven, acércate a mí, que esto ya sabes hacerlo y lo haces muy bien”, y me tomó entre sus brazos comenzando a moverse al compás de la música lenta de Frank Sinatra. Me pegué a él con todo mi cuerpo y pude confirmar que estaba tan excitado como yo. Joder, vaya herramienta tenía. Parecía el doble que la de mi novio y encima estaba siempre dispuesta. Y yo, la chica seria y formal de 34 años, restregando mi cuerpo como una gata en celo con el amigo de mi hermano pequeño de 18 años… uffff cada vez que lo recuerdo… me pongo caliente. Encima esperando a que me viniese a buscar mi novio y en casa con toda la familia.
Estaba mojada, desatada, excitada… tomé su nuca y le aproximé su cabeza a mi cuello, ofreciéndole abiertamente mi punto débil para que me besase allí. El hecho de poder ser sorprendidos por alguien de mi familia incrementaba la sensación de “momento prohibido”. Así estábamos, los dos supersalidos pero sin hacer abiertamente ninguna otra cosa que restregarnos disimulando que bailábamos. Pasé mi mano por su cuerpo sobre la ropa y no parecía tan joven. Cuando llegué a su polla la acaricie sobre la ropa y confirmé su tamaño y su estado… al poco tiempo me quiso retirar la mano y no le dejé. Entonces pasó un “pequeño accidente”… esa polla maravillosa empezó a convulsionarse y se corrió completamente, poniendo una carita mezcla de vergüenza y placer… dijo con un hilo de voz “perdona…”. Por suerte no había manchado mi vestido rojo de fiesta.
Justo en ese momento se oyó a mi hermano “¡Nacho, vamos! Que nos tenemos que ir a la fiesta…” y yo contesté por él poniéndole una sonrisa pícara “¡Ya va! En cuanto acabe la canción”. Su carita aún era de timidez, de haber estropeado un momento precioso… entonces no sé qué cable se me cruzó, pero subí mi vestido impúdicamente y, despojándome de las braguitas negras empapadas, se las entregué susurrando “toma guapo, que no las vea nadie”. Tenía los ojos como platos, especialmente cuando en el gesto vio mi conejito hinchado y abierto como una flor. Había decidido depilarme completamente dos días antes… ¿lo habría hecho por él sin saberlo yo misma? Uffff no lo sé. Ya no sabía nada. Dándole un beso en la mejilla salí de la habitación a ayudar un poco a mi madre. Creo que el gesto de entregarle mis bragas húmedas lo hice para que sintiese que no ha fallado en nada, que yo también estaba excitadísima con él, pero este gesto luego tendrá su importancia.
Vino a buscarme mi novio, con el que tuve que disimular que me alegraba de su presencia en esa noche. Saludó a mi familia y nos fuimos a casa de nuestros amigos. Yo no me podía quitar de la cabeza lo que había vuelto a hacer esa noche con Nacho y estuve toda la noche distraída y bebiendo algo más de lo que yo suelo. Alguna vez me entraba una risa floja, pero la mayor parte del tiempo estaba absorta pensando en la polla del amigo de mi hermano. Creo que toda la noche tuve las nuevas bragas que me había puesto húmedas. Sobre las 7 de la mañana nos fuimos y mi novio me dejó en el portal, no sin antes hacer varios intentos de llevarme a algún sitio apartado. Intentos que yo rechacé a pesar de estar excitadísima y algo borracha.
Cuando llegué a casa me llevé una sorpresa agradable que no esperaba: Mi hermano y nacho ya estaban de vuelta. Nacho estaba en el WC lavándose los dientes y lo primero que quiso es disculparse por el episodio del baile. No le dejé. Entonces me dijo que mi hermano había bebido demasiado y, después de devolver, se había quedado dormido… por eso habían llegado tan pronto. Otra vez sin conocerme a mí misma, dije “¿y tú le has ayudado? Ummmmm alguien de la familia te lo tiene que agradecer…” y con la mirada más pícara que pude me arrodille ante él y susurré imperativamente “¡tú sigue lavándote los dientes!”.
Os podéis imaginar lo que hice. Me comportaba como una auténtica puta. Saqué su polla del pijama, y puse mis labios sobre la punta. Ya estaba completamente empalmado de nuevo. Poco a poco la fui introduciendo en mi boca, jugando con mi lengua y mirándole como una gata caliente y dejando que él, también algo borracho y en su primer gesto de controlar la situación, me apretase la cabeza contra su polla y me dijese… “muy bien… putita”. Uffffff eso me puso mucho más cachonda… no sé porque pero llevé una de mis manos a mi sexo y me puse a acariciarlo sobre las braguitas. Ahí estaba yo, la chica seria y con novio, algo borracha y con la polla de este “casi niño” en mi boca y comiéndosela con fruición. De mí, que se lo hago a mi novio en contadas ocasiones porque me da algo de asco, había salido una auténtica guarra ansiosa, hasta el punto de que no protesté cuando y me sujetó la cabeza y se corrió obligándome a tragarlo y diciéndome “eres mi puta” resoplando. Nunca en mi vida lo había tragado, pero en ese momento me pareció lo más natural… era su puta.
Oimos una puerta en algún lugar de la casa y nos asustamos. Rápidamente nos recompusimos y me fui corriendo a mi habitación, metiéndome en la cama jadeando y temblando. Ya había corrido demasiados riesgos y no iba a salir de nuevo. En la intimidad de mi cama me masturbé en silencio… como siempre, pero esta vez con sensaciones más intensas que nunca. Me desmaquille, me cambié una vez más de bragas, me puse el pijama y me dormí sorprendentemente relajada. No estaba mal para un comienzo de año!
Me levanté casi a la hora de comer. Como todos los días de año nuevo en casa, el panorama era desolador. Caras de resaca en los hijos por la juerga del día anterior. Mi madre tratando insuflar algo de ánimo festivo, a la vez que preparaba la comida hecha principalmente de “sobrantes” de la cena del día anterior y con pocas ayudas. Mi padre con la cara hasta los pies, enfadado por el estado en que volvieron sus hijos el día anterior. Supongo que en todas las casas es similar.
Yo tenía un sentimiento entremezclado de vergüenza, arrepentimiento, y también de excitación. Tenía un cierto “miedo” a enfrentarme cara a cara en la mesa del comedor con Nacho, pero a la vez tenía una cierta ansiedad por ver a mi “Romeo”. Qué cara tendría, cómo sería su mirada, qué actitud tendría hacia mí…
Tanto mi hermano menor como él bajaron al salón ya con la mesa puesta. El contraste era perfectamente apreciable. Mientras mi hermano estaba pálido y decaído, vestido con un chandal, Nacho apareció duchado y con el pelo ligeramente húmedo, peinado pero revuelto. Estaba guapísimo, olía a gel y tenía una sonrisa abierta mientras nos saludaba a todos. Cuando llegó a mí noté sus ojos brillar, pero no dijo nada que no fuese formal.
La comida transcurrió sin pena ni gloria en cuanto a los comentarios de la familia o las bromas que solemos hacer. Con todo y, debido al estado en el que había empezado el año, mi mente daba vueltas sin parar. Le miraba aparentando indiferencia, pero no paraba de imaginarme la sensación q me daría tenerle sobre mí… me imaginaba el momento de la penetración como un acto q se desarrolla en lentos segundos. Lentos segundos en los que su polla durísima de chico joven va entrando en mi cuerpo abriéndose camino y proporcionando un universo de sensaciones. Me sentía húmeda sólo de pensarlo. Ufff sabía que tenía que tirármelo mientras duerma en nuestra casa, o que siempre me iba a arrepentir de no haberlo hecho.
Sólo le quedaba una noche más en nuestra casa y, antes de terminar la comida, ya tenía elaborado mi plan. Esta noche, cuando todos durmiesen, me colaría en la habitación de invitados y me metería en su cama. Pasé la tarde nerviosa y abstraída. Hasta mi novio me lo notó. Había salido al cine con él. Lo cierto es que había momentos en los que estaba decidida y segura de mí misma, pero otros momentos me entraban las dudas. En esos momentos me prometía a mí misma que, después de tirármelo, le olvidaría  y seguiría con mi vida.
Entonces me entraba el miedo de que me gustase demasiado. Dios mío, entonces el planteamiento actual de mi vida no tendría sentido.
Esa noche me puse mi pijama favorito. Negro, de tela muy fina y con algunos encajes y bordados en las bocamangas y el escote. Me puse unas braguitas sencillas aunque dudaba de ir sin ellas a mi “incursión” nocturna. Me hice una coleta alta y me puse a leer, esperando que poco a poco fuesen apagándose las luces de la casa. No tardaría mucho porque todos estaban cansados de la fiesta del día anterior. En el momento en que notase todas las luces apagadas, cronometraría una hora y saldría a mi misión: “tirarme al amigo de mi hermano de 18 años”. Nacho no sabía nada. Nadie lo sabía. Sólo mi mente y mi cuerpo, que estaba temblando y excitado.
Llegó el momento. Me quité las braguitas que ya estaban húmedas otra vez, ya que nunca me habría imaginado hacer esto, y me puse el pantalón del pijama sin ellas. Salí en dirección al aseo, pero lo pasé de largo y sigilosamente abrí la puerta de la habitación de invitados. No estaba oscuro del todo, ya que entraba algo de luz del exterior. Nacho no había bajado la persiana y la calle estaba iluminada. Se le oía respirar profundamente, estaba dormido. Me quité los pantalones y los doblé cuidadosamente. Ahora sí que temblaba ostensiblemente, pero estaba decidida. Sólo con la parte de arriba del pijama, me sentía una mujer fatal. Una puta. Aparté las sábanas con cierto sigilo y fui entrando a la cama muy pegada a Nacho, sintiéndolo en mi cuerpo.

Nacho se despertó sobresaltado pero rápidamente puse mi mano en su boca “sssshhhhh no digas nada” susurré. Entonces me vio e intuí una sonrisa en la penumbra de la habitación. Aunque yo quería que estuviese quieto, se volvió hacia mí abrazándome acurrucándose con su boca en mi cuello. Era más fuerte que yo. Pero le ordené en un susurro “¡quédate boca arriba!” y me obedeció. Uffff eso me ponía aún más, que hiciese lo que yo decía. Me tumbé sobre él y comencé a recorrer su cuerpo con mis labios, mientras mi propio cuerpo se restregaba en su musculatura. No le dejaba cambiar su posición… joder era impresionante ver cómo reaccionaba tan rápidamente y sentir crecer así su polla una vez más.

Estaba flipando. Se notaba. Supongo que debía ser un sueño para él verme a mí, la chica bien… la hermana mayor de su compañero de andanzas, siempre seria y amable, ahora restregándome sobre él como una auténtica puta, lamiendo y besando todos los rincones de su cuerpo. Yo también hacía esfuerzos por no gemir, no quería que nos oyesen. En realidad estaba a la vez muerta de morbo y de miedo por haberme atrevido a tanto. A tanto y en casa de mis padres.
Tampoco podía prolongar eternamente el episodio, así que me situé a horcajadas sobre él y a tientas coloqué la cabeza de su polla sobre mi sexo empapadísimo. Para no dejar ninguna de mis sueños sin hacer me masturbé sobre mi clítoris con esa herramienta durísima, y luego la coloqué en mi gruta y me clavé un poquito en él. Quería hacerlo despacio, sintiéndolo, así que poco a poco fui dejando caer el peso de mi cuerpo. Subiendo y bajando. Cada vez un poco más. Subiendo y bajando… y notándolo. Hasta que llegó al fondo de mi ser y me sentí llena… nunca me había sentido tan llena como esta vez.
Le tome sus manos y se las abrí, poniendo las mías sobre ellas mientras subía y bajaba tratando de que la cama no sonase. Ummmm entonces guié sus manos hacia dentro de mi camisón, dejándolas abiertas sobre mis pechos, que botaban suavemente mientras yo le cabalgaba despacio y profundo. Me sentía en el cielo. Creo que también me excitaba el riesgo, no lo niego. Mojé mis dedos y los llevé a mi sexo, quería correrme antes que él… puse mi otra mano sobre su pecho y así apoyada me incliné ligeramente hacia adelante. Sus manos sujetaban mis pechos, desde mis pezones salía una ola de placer que llegaba a mi abdomen… ninguno de los dos decía nada. No era necesario. Ya no podía más y no quise prolongarlo, me dejé ir… con el ritmo lento que había puesto, frotando los puntos exactos de mi cuerpo y completamente empalada me corrí intensamente. Muy intensamente… y muy largo. Joder, joder…
Nacho tampoco tardó mucho, las contracciones de mi vagina le afectaron de tal manera que sujetando ahora fuertemente mis tetas con sus grandes manos se vació en mí. Ummmm. Me quedé tumbada sobre él, clavada, unos minutos sintiendo como su sangre iba retornando al cuerpo y le susurré “Nacho, promete que esto será nuestro secreto”… pero ya estaba dormido… Un poco acojonada por lo que había hecho recogí mis cosas y sigilosamente volví a mi cama. De todas formas, si alguna vez le da a Nacho por contarlo, nadie le creería. Tampoco fue la única vez.
Carlos López
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