Sin títuloUna vez más, Sofía fue despertada por su entrenadora. Volvió a sacarla de la jaula arrastras y después de lamer sus botas, le quitó el cinturón para que hiciese sus cosas, allí, en medio de la sala. 

Comenzaron a andar de camino a una nueva sala. 

 

– Parece que ayer tuvisteis una pequeña juerga los guardias y tu… – Comentó mistress Angélica. – ¿Te divertiste? Seguro que te quedaste con ganas de que te follaran entre todos, ¿Eh? 

Sofía, tras ella, agachó la cabeza. Seguía caliente como una plancha y, la verdad, es que el deseo de que la follaran como dios manda rondaba cada vez con más frecuencia su cabeza. 

– Ja ja ja. – Rió la dómina. – Te preguntarás cuando se pasará el efecto, ¿Verdad? No te preocupes, mientras comas nuestra comida y bebas nuestra bebida, estarás en el estado en que nosotros deseemos que estés… Permanentemente cachonda y preparada para ser follada. 

La reportera lo sabía… había sido tan reticente a beber de aquél “grifo” por que sabía que era el principio del fin… Pero ya lo había hecho y no había marcha atrás. Tendría que buscar otra manera de escapar de aquello. 

Durante varios días, lo sucedido en el último día fue rutina. Mistress Angélica la llevaba a aquella sala, la encadenaba y era obligada a chupar algunas pollas. Cuando se negaba, era fustigada y obligada a hacerlo por la fuerza. 

Al llegar de nuevo a su jaula, la daban de cenar. Había días que los guardias se portaban bien y no se corrían en su comida, pero eran los menos. De todas formas, cada vez le daba menos reticencia. No sabía si era por las drogas, por los castigos o por la fuerza de la repetición, pero cada vez era más dócil y obedecía más. 

Por las noches, los guardias entraban en la sala, elegían a dos o tres esclavas al azar y se las follaban. A veces la tocaba a ella, a veces no. Cómo llevaba el cinturon de castidad a ella sólo la follaban la boca. 

Internamente envidiaba a sus compañeras… Cada segundo que pasaba deseaba que la follaran y le quitaran esa calentura con la que convivía… Era un suplicio… El hecho de estar tan caliente la estaba carcomiendo por dentro, ocupaba sus pensamientos y condicionaba sus acciones. Cada vez pensaba durante más tiempo en que quería correrse… necesitaba correrse… 

No sabía cuanto tiempo llevaba allí, pero debía de rondar la semana. Y un día, cuando llegó la entrenadora, la cosa fué distinta… 

– Buenos días, perrita, ¿Qué tal te trataron anoche? – Dijo, viendo las ojeras que portaba – Fuiste una de las afortunadas, ¿Verdad?. Bueno, hoy vamos a hacer algo distinto, aunque no se si tú notarás la diferencia. – Añadió, con una gran sonrisa en la boca 

La primera sala en la que entraron, tenía un pequeño cubículo en el centro en el que Sofía fue introducida. No podía sino estar de rodillas, debido a la altura del cubo. En esa caja, había varios agujeros en las paredes. Estuvo varios minutos allí, sin saber que hacer ni qué querían de ella, hasta que apareció la primera. 

Una polla enorme y negra asomó por uno de los agujeros. Entonces supo lo que debía hacer. Sabía que no tenía opción, así que no pensó en oponerse. De todas formas, sería más agradable que el día anterior pues, estando dentro del cubículo no podrían forzarla. 

Y así se puso manos a la obra. Agarró la polla con las manos y la notó dura y caliente. Cuando acercó la cara, notó el olor tan característico que desprendía aquel falo, un escalofrío la recorrió de arriba a abajo, deseando con todas sus fuerzas poder llevar aquella polla a su coño. Se introdujo el glande en la boca, jugando con su lengua dentro de ella. Cuando empezó a introducir lentamente aquel rabo, una sensación de plenitud la embargó, realmente, comer una polla no era tan desagradable como había pensado en un inicio. 

Mientras mamaba rítmicamente, otra polla apareció en otro de los agujeros. Sabía que si tardaba en atenderla recibiría algún tipo de castigo, ya fueran descargas o azotes, así que se dirigió a ella mientras continuaba pajeando la primera. Fue turnándose entre ellas, mamando y pajeando por igual, hasta que apareció una tercera polla. ¿Cuántas iban a llegar? 

Intentó repartirse entre las tres, entre manos y boca, hasta que la primera que había aparecido empezó a correrse. Notó primero un chorretón de lefa sobre sus tetas, pues estaba atendiendo otra polla y, sabiendo lo que le iban a exigir hacer, intentó atrapar el resto de la corrida con su boca. 

Estuvo dentro de aquella caja varias horas. Tenía la boca cansada, le dolían las rodillas y estaba cubierta de semen, pero se sentía bien. En el fondo de su cabeza sabía que eso era debido a los químicos que le habían hecho tomar con la bebida pero, ¿Qué demonios? Ya que iban a obligarla a hacerlo de igual manera, por lo menos que le resultase agradable… 

Había perdido la cuenta de cuantas pollas habían aparecido, habrían sido decenas de ellas, incluso tenía la sensación de que algunas habían repetido. Tenía el estomago lleno, pero no se planteaba dejar escapar las corridas que provocaba. Aun así, muchas de ellas acababan sobre su cuerpo, por lo que estaba cubierta de arriba a abajo. 

Cuando mistress Angélica abrió la portezuela del cubículo, la luz la molestó en los ojos, de forma que tuvo que entrecerrarlos. 

– ¡Sonríe a la cámara!. – Exclamó la entrenadora. 

Cuando Sofía pudo abrir los ojos, vió que la estaba grabando con su cámara. 

– Deja que tome un primer plano de tu cara… A ver… Ahora muestrame tus tetas… Eso es… 

Sofía obedecía, no quería que volviese a pegarla con la fusta. 

– ¿Te ha gustado? Seguro que estás deseando que todas esas pollas llenasen tu coño en vez de tu boca, ¿Verdad? 

La reportera agachó la mirada, se sentía humillada porque realmente ese pensamiento sí que había pasado varias veces por su cabeza. Odiaba a aquella gente por esclavizarla, pero la odiaba todavía más porque estaban consiguiendo que le gustase. Le daba igual que fuese a través de las drogas, de químicos o de cualquier otro método. 

– Bueno, a lo mejor al final del día ese deseo queda colmado… pero antes quiero que hagas una cosa… 

Sofía miró a su mistress, atenta, sabía que no tendría que hacer algo fácil, ni siquiera satisfactorio, pero el premio que podía recibir ocupaba sus pensamientos. 

Mistress Angélica cogió a la chica de la cadena y comenzó a rodear el cubículo. En el otro lado había una vieja conocida… 

Y allí estaba Mar Loli… La esclava madura que acompañaba a mistress Angélica la primera vez que la vió.  

La mujer se encontraba en lo que le habían enseñado como posición de ofrecimiento, la cara pegada al suelo y separándose ella misma las nalgas para dejar un rápido acceso a todos sus agujeros y, por lo que parecía, lo habían usado bien… 

Tenía el coño y el culo enrojecidos y abiertos, dos grandes agujeros que chorreaban semen por sus muslos. Mientras ella estaba dentro del cubo, debían haberse estado entreteniendo con aquella mujer. 

– Creo que ya os conocéis. – Comentó la dómina. – La última vez que la viste, la mirabas con pena y compasión, con la superioridad que te otorgaba el ser una mujer libre. Ahora estás en la misma condición que ella, y entre compañeras, debéis cuidaros y manteneros en buen estado. ¿Ves como le han dejado sus agujeritos? Todos esos hombres que no han podido follarte, se han resarcido con ella… Mírala… ¿No te da envidia? Ese coño podría haber sido el tuyo… 

Sofía se sentía humillada… Pensar en lo que le podían haber hecho y lo que seguramente la llegasen a hacer en algún momento… y lo peor de todo es que le daba cierta envidia… ¿Le suministrarían a ella también afrodisiacos? Seguramente a todas les diesen un trato similar… 

– ¿No acabas de comprender lo que tienes que hacer? – Continuó Angélica. – Bueno, parece que eres más tontita de lo que me pensaba. Quiero que la limpies con tu lengua, sus dos agujeros, y que no pares hasta que esta perra se corra en tu boca, todas las veces que sean necesarias hasta que yo considere que lo haces correctamente. Que pensabas, ¿qué te ibas a librar de comer un coño? Una esclava debe estar preparada para satisfacer a su amo de cualquier manera, y tu amo no tiene porqué ser un hombre… 

Sofía nunca había tenido sexo con una mujer… Pero dudaba que tuviese la opción de elegir. 

El hecho de que la joven que la dominaba la estuviese enfocando con su propia cámara, era un punto más en su humillación. El resto de veces la cámara se encontraba en un lado de la sala, grabando todo, lo que hacía que se pudiese llegar a olvidar de ella, pero parece que quería obtener buenos planos de su primera experiencia lésbica… 

Sofía se acercó a Mari Loli, se situó tras ella… Y allí se quedó, inmóvil. 

¡ZAS! ¡ZAS! ¡ZAS! 

La fusta restalló contra su piel, arrancando gritos de dolor. Hacía tiempo que no recibía golpes con ella… Hacía tiempo que obedecía las órdenes… Pero chupar un coño… Era un nuevo nivel en su sumisión. Y además no sólo era chupar un coño, era chupar el coño de otra esclava, limpiarlo. Querían hacerla ver que tenía el mismo valor que el resto de las perras que se encontraban allí, incluso menos, si no era capaz de obedecer… 

No necesitó más fustazos. En ese momento se dió cuenta que realmente su única salida era ir hacía delante, mientras se rebelase, lo único que conseguiría eran castigos y palizas… Así que comenzó a lamer el coño que tenía enfrente… 

La madura esclava no reaccionó a los lametones de la reportera, continuó en su posición, separándose las nalgas para que Sofía pudiese acceder bien. La esclava pensó que el sabor no era tan desagradable… Y además, estaba cubierta de semen, y había aprendido a apreciar ese sabor como su fuera un manjar. El coño de la mujer estaba húmedo, olía a sexo, a mucho sexo. Sofía sintió envidia… Necesitaba que la follaran… Necesitaba una polla que la hiciera sentirse llena… 

Comenzó a seguir una rutina, comenzaba a lamer los labios de la esclava lentamente, entreteniéndose en ellos hasta llegar al clítoris. Allí jugueteaba con su lengua, haciendo circulos sobre él, presionando, mordisqueándolo, imaginándose qué le gustaría que le hiiciesen a ella. Luego pegaba una lamentón de arriba a abajo y vuelta a recorrer los labios. 

Introducía su lengua dentro del coño todo lo que podía, intentando extraer el semen. Se habían follado bien a aquella mujer, estaba repleta. 

– No te olvidas de algo, ¿Esclava? – Preguntó Mistress Angélica. 

Sofía la miró, sin entender. 

¡ZAS! 

– ¡Eres una inútil! ¿No vales ni para esto? – Sofía se asustó, ¿Qué quería que hiciera? – ¿Te crees que el culo se va a limpiar solo? 

La reportera miró el rosado agujero de la esclava, con algo de asco. Nunca había tenido intención de chupar un culo… La mujer tenía el agujero un poquito dilatado todavía y, efectivamente, estaba chorreando. 

¡ZAS! 

El segundo fustazo la hizo reaccionar. De un lametón recogió el semen que escurría por las nalgas de Mari Loli y, cerrando los ojos, llevó su lengua al primer culo que se iba a comer en su vida. Era más amargo que el coño, no tenía ni ese puntito dulzón, ni era tan “jugoso”… Pero igualmente no era tan desagradable como se pensaba. 

Tan enfrascada estaba con su tarea que no se dió cuenta de los movimientos de Mistress Angélica hasta que la tuvo tras ella. La dómina desenganchó el cinturón de castidad de la esclava. 

La alegría invadió a Sofía, parecía una perrilla a la que iban a sacar a la calle, ¡Iba a correrse por fin! 

Miró a su entrenadora y vió que llevaba puesto un arnés negro con una polla enorme… Estaba dispuesta a follarla.  

– ¿Qué te pasa esclava? ¿Por qué paras? 

Sofía se dió la vuelta y metió su boca de nuevo en el culo de Mari Loli, no estaba dispuesta a disgustar ahora a la dómina. 

La reportera estaba esperando el momento de ser penetrada, estaba cachonda y empapada, la obsesión que tenía en la cabeza casi había hecho que se olvidase de lo que era recibir una polla. Comenzó a pensar en ello, en como el falo se abriría paso entre los labios empapados de su coño, cómo presionaría las paredes de la vagina, ensanchándola y llenándola hasta llegar al fondo… 

Pero la entrenadora no hacía nada… 

Sofía seguía limpiando a la ya impoluta esclava, pero mistress Angélica no le daba su premio… La impaciencia hizo que volviese a darse la vuelta para mirar, y allí estaba, tras ella, cámara en mano y con la polla a escasos centimetros de ella, pero no actuaba. 

¿Por qué lo hacía? ¿Hasta en eso quería hacerla sufrir? Estaba consiguiendo que se desesperase, la idea de ser follada invadía su mente y no la dejaba pensar en otra cosa… 

– P-Por favor… – Se escapó de sus labios 

– ¿Qué dices? 

– Por favor, mistress. 

Mistress Angélica siguió sin hacer nada. 

– Por favor, mistress, fólleme. 

-…  

– Mistress… Oh dios… – Sofía no aguantaba más. Sabía que la mujer quería que se humillara todo lo posible, que le demostrase que estaba a su merced – ¡Le suplico que me folle! ¡Folleme, folleme! ¡Por favor, Mistress!  

Angélica estaba en la gloria. Le encantaba cuando sus perras se rompían. Todas se negaban al principio, pero después de un tiempo de doma, en este caso acelerado por las drogas, todas acababan como perras hambrientas de sexo.  

– ¿Tantas ganas tienes?  

– Sí, ¡Sí! Haré lo que quiera Mistress, pero folleme…  

– Lo que quiera, ¿Eh? Esta bien, quiero tu culo.  

Sofía se quedó blanca… Su culo… Quería su culo… ¿ Estaba dispuesta a ello?  

– Sí quieres que te folle, primero debes pedirme, debes suplicarme que me folle tu sucio culo de esclava. Debes demostrarme que lo deseas.  

Angélica quería hacerla pasar por esa última humillación. Sabía que si quería su culo no tenía más que tomarlo, la esclava no podría impedirlo, pero así era más divertido y más morboso… Una vez la suplicase pidiendo que la sodomizara, las bases de su entrenamiento estarían completas.  

Sofía debatía consigo misma. Debatía entre permitir a aquella mujer que la enculara o quedarse otra vez sin saciar su excitacion… Otra vez… Pensó en las noches que había pasado, había llegado incluso a envidiar a las demás esclavas que eran folladas… ¿Quería volver a eso?  

La reportera se dió cuenta de que la decisión estaba tomada casi antes de que se la plantearan…  

– Mistress, por favor…  

Angélica escuchaba, expectante.  

– Follese este sucio culo de esclava… Mi culo le pertenece, mi coño le pertenece… Mi cuerpo le pertenece… Haga conmigo lo que desee…  

Sofía agachó la cara y, llevando las manos a sus nalgas, se colocó en posición de ofrecimiento, mostrando su apretado agujerito trasero.  

La dominatrix, que ya tenía el falo de plástico lubricado, se acercó por detrás a la esclava y, lentamente, disfrutando del momento, comenzó a penetrarla.  

Notaba como la mujer se estremecia, como esa orgullosa reportera que la miraba con cara de asco mientras la entrevistaba estaba a sus pies, suplicando que la sodomizara. Y con la cámara no perdía detalle de la penetracion.  

Y Sofía disfrutaba. Estaba tan excitada por las drogas que el placer era mayor que el dolor, y el dolor era bastante grande… Notaba la polla penetrarla centímetro a centímetro dentro de ella, provocandola sensaciones desconocidas.  

La dominatrix comenzó un rítmico metesaca, primero lentamente, luego aumentando la velocidad. Le satisfacía ver como Sofía acompañaba sus movimientos para intentar conseguir una penetracion más profunda. En menos de un minuto, aquella zorra estaba gimiendo de placer, disfrutando cada una de las embestidas que le proporcionaba. Si seguía así, conseguiría que se corriese solo follandola el culo… Pero no eran esas sus intenciones.  

Angélica sacó la polla del culo de Sofía, que quedó abierto y expuesto. La esclava se retorcía de placer pensando que el siguiente destino del falo sería su coño. Y no pudo llevarse peor sorpresa al notar que su mistress, en vez de la polla, le estaba colocando de nuevo el cinturón de castidad…  

– Noooo – Gritó Sofía. – ¡Hice lo que me pedías!  

Angélica propinó una patada en el costado de la esclava, derribandola.  

– Ni se te ocurra volverme a hablar así, a ver cuando te enteras de que no tienes derecho a nada, tu vida ya no te pertenece… Y mucho menos tus orgasmos…  

Sofía rompió a llorar una vez más… Se había humillado, había duplicado que la sodomizaran con una polla de plástico… ¡Y todo para nada! La rabia la invadía, y entonces fue completamente consciente de su situación… Sólo haría lo que aquella gente quisiera que hiciera, comería lo que querían que comiera y se correría cuando quisieran que se corriera…  Estaba atrapada y no tenia escapatoria.  

Recorrió todo el camino de vuelta a su jaula cabizbaja, y allí la abandonaron su entrenadora y la madura esclava. ¡Se había comido el culo de otra esclava! Y ni aun así… Ni siquiera tenía hambre… Tenía el estomago lleno de semen…  ¿Cuantas pollas había mamado? Había perdido la cuenta… 

Intentó descansar el resto del día, pero parece que no le iban a dar la oportunidad. El grupo de guardias que entraba esa noche se acercó a su jaula… Estupendo… Más mamadas…  

– Hoy es tu día de suerte perra. – Dijo uno. – Mistress Angélica nos ha dado esto para ti.  

Cuando Sofía levantó la mirada y vió lo que el guardia tenía entre manos se le iluminó la cara, ¡Era la llave del cinturón!  

El guardia rió, divertido.  

– Mira esta zorra, como se alegra de que nos la vayamos a follar.  

Y así era, Sofía estaba exultante de alegría. Cuando la liberaron del cinturón,  se liberó de un enorme peso de encima.  

No puso ningún tipo de objeción a todo lo que quisieron hacerla los guardias. Tenía tanto ímpetu que la mayoría querían repetir.  

Los hombres no dejaron agujero sin tapar. Sofía comió más pollas, fue follada por el coño y por el culo. Todas sus reticencias habían desaparecido.  

Acabó la noche destrozada pero satisfecha… Por fin había podido saciarse y, lo mejor de todo, es que no habían vuelto a ponerle el cinturón.  

Al día siguiente, recibió a Mistress Angélica lanzándose a lamer sus botas, agradecida. Angélica vió satisfecha como todo el trabajo estaba hecho.  

Durante los siguientes días, Mistress Angélica sometió a Sofía de diferentes maneras, pero la esclava lo hacía de buena gana, sabiendo que al final, siempre acababan follandola.  

Los guardias habían quedado tan impresionados por el ímpetu de la esclava que casi todas las noches era una de las elegidas para la orgia.  

Comenzó a conocer a algunas de sus compañeras, siempre coges confianza con alguien cuando noche tras noche eres follada junto a ella.  

La reportera no opuso resistencia ni siquiera el día que la anillado los pezones. Durante el proceso, tuvo a Mari Loli comiendola el coño, lo que hizo que ni siquiera se hubiese dado cuenta del dolor. Ahora llevaba unos bonitos cascabeles plateados colgando de sus pezones. Cuando caminaba a cuatro patas, se bamboleaban junto con sus tetas sonando continuamente pero, como con el resto de las cosas, acabo acostumbrándose.  

Un día, Mistress Angélica, la llevó a los ascensores en vez de a las salas a las que la solía acompañar.

– Hoy vamos a variar un poco la rutina… Espero que te guste… – Comentó la dómina con una sonrisa en la cara.

Subieron a la planta donde Marcelo la recibió por primera vez, y recorrió todo el pasillo al lado de su entrenadora.

El sonido de los cascabeles era lo único que llenaba el ambiente.

Angélica se detuvo ante el despacho de Marcelo.

“¿Por qué me trae aquí?” Pensó Sofía, aunque sabía realmente que el motivo no le importaba, no tenía derecho a hacer otra cosa.

Cuando abrió la puerta del despacho, un recuerdo de su pasado la dejó helada. ¿Qué estaba haciendo allí?

Marcelo estaba de pie, en medio del despacho, pero no estaba sólo. Tomás Sandoval, el jefe… ex-jefe de Sofía se encontraba a su lado.

– Buenos días, Sofía. Me alegro mucho de verte… – Comentó el hombre. Después, dirigiéndose a Marcelo, añadió. – ¿Cómo habéis conseguido hacer esto? 

– Ya te dije que nosotros nos ocuparíamos. – Contestó Marcelo.

– Ya lo sé, ya… Pero… Es un cambio tan… radical… Llevaba todo este tiempo diciendo que hasta que no lo viese no me lo creería… Y ya ves si me lo creo…

– No os han presentado, ¿Verdad? Esta es Mistress Angélica. Ha sido la encargada de la educación de Sofía.

Tomás se acercó, tendiéndole la mano.

– Toda mi admiración para usted, señorita, parece que ha hecho un trabajo estupendo.

El hombre se acercó a Sofía y se quedó un rato observandola.

– ¿Y no se ha quejado? ¿No ha intentado escapar?

– Nosotros sabemos como evitar y corregir esos comportamientos. – Respondió seria la dominátrix.

– Por supuesto, no lo dudo…

Tomás se fijó entonces en los cascabeles que colgaban de sus pezones.

– ¿Y esto? – Preguntó, haciendo sonar uno de los cascabeles con un dedo.

El roce en el pezon hizo que éste se erizase, provocando en la esclava un escalofrío de placer. No entendía lo que estaba sucediendo, pero sabía que no podía preguntar.

– Unos pequeños adornos que nos ha pedido su comprador. – Explicó Marcelo

“¿Comprador?” Pensó Sofía, asustada.

– ¿Comprador? ¿Ya la habéis vendido?

– Casi antes de que llegara. Aunque ella no lo supiese, tenía su destino sellado en cuanto entró en aquél coche…

– Y… ¿Se puede preguntar cual es ese destino?

– Claro. Un importante jeque de Dubai está cansado del comportamiento de sus esclavos, éstos no desahogan su tensión sexual por ningún lado y eso hace que estén irritables y desobedientes. Así que nos pidió un juguetito para ellos.

– Esclava de los esclavos… – Tomás se quedó mirando a Sofía. – Vas a ser la última mierda de aquél lugar…

Sofía se puso nerviosa al oir aquello, pero realmente no estaba asustada. Por lo que había dicho aquellos esclavos lo que necesitaban era follar… Y ella estaría encantada de complacerles…

– Espero que todo esté de tu gusto, Tomás. – Dijo Marcelo, entregándole una cinta de video. – Por su puesto, hemos ocultado todos los rostros, nombres y lugares que podrían comprometernos.

– Claro, claro, después de todo esto lo que menos quiero es meteros en problemas.

Sofía miraba a su ex-jefe sin comprender.

– ¿No sabes lo que es esto? ¡Es tu reportaje! Y, ¿Sabes cual es el pago por él?

Sofía no decía nada, sólo le miraba.

– Tú. No querían concederme el reportaje de ninguna manera, hasta que saliste en la conversación… Por eso estaba interesado en que fueses tú la reportera… ¿Crees que me importaba una mierda tu futuro? JA. Me dejaron hacer el reportaje a cambio de entregarte como esclava. ¡Es una jugada redonda! Al menos para mí claro… Y además, es mucho más de lo que esperaba… Parece que han grabado todo tu entrenamiento… Será un éxito… Lastima que tú no puedas ni siquiera verlo… Ja ja ja

Todos se reían en la sala, todos menos Sofía. ¿Todo había sido un engaño? Nunca había confiado en ella más que por su cuerpo, para venderla… Pero, ¿realmente importaba? Ya no había marcha atrás. Había aprendido a ser feliz con su nueva vida, había aceptado su condición.

– Y, ¿No quieres probar a tu empleada antes de despedirte de ella? Te aseguro que es muy buena. – Preguntó Marcelo.

– No veo el momento de empezar. – Tomás comenzó a bajarse la bragueta. Marcelo le imitó.

– ¿Usted no participa? – Preguntó Tomás a Mistress Angélica.

– No. – Dijo la dominatrix. Se acercó a la mesa y cogió la cinta, introduciéndola de nuevo la cámara. – Yo voy a grabar el cierre del documental… Será un final perfecto para esta perra.

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La vida de Sofía siguió tal y como la habían explicado. Viajó a Dubai dentro de una caja y allí fué entregada a los esclavos de su señor. Se notaba que aquellos hombres estaban faltos de sexo, por que durante los primeros días la follaban tanto que Sofía no podía ni andar. No entendía su idioma y ellos tampoco hacían nada por que lo aprendiera, la exigían y obligaban a hacer todo con gritos y golpes.

Poco a poco, la cosa se relajó. Después de desfogarse los esclavos se lo tomaban con más calma. Además, al poco tiempo y, viendo el buen resultado que había dado Sofía, el jeque trajo otra jovencita para que la ayudase en su trabajo.

Un día, dos esclavos la subieron a rastras a una pequeña habitación en la que tambien estaba el jeque, riendose. Una pequeña tele proyectaba un programa de televisión. Su dueño comenzó a señalar la pantalla, soltando sonoras carcajadas. Cuando Sofía dirigió la vista hacia la tele se quedó petrificada. Era ella. Ella, como había sido antes de todo aquello. El reportaje que ella había grabado estaba siendo retransmitido, y allí estaba, vestida de manera impecable, montándose en aquél coche que la llevaría irremediablemente a su destino. Un destino del que no podía ni quería escapar.