verano inolvidable2Diario de George Geldof – 2

Sin títuloContar lo que supuso mi experiencia allí, en Londres, sería largo de tiempo y no es para contarlo, sino para vivirlo.

Sí hubo algunas cosas que debo reflejar aquí. Mi hermano vino a vivir con nosotros durante los días que estuvimos allí, lo que me dio una gran alegría, y más cuando nos asignaron las habitaciones una frente a otra.

Desde que lo vi, estuve deseando contarle lo que había pasado, casi no dormí esa noche y al día siguiente estaba nervioso e impaciente, lo que mis padres achacaron a la novedad de estar en Londres.

A la mañana siguiente, fuimos todos a recorrer la ciudad, con mi hermano como guía, ya que llevaba mucho tiempo allí y conocía bastantes cosas, aunque mis padres habían estado también muchas veces.

Volvimos a casa a comer y mis padres fueron a acostarse, aludiendo cansancio. Entonces aproveché para contárselo a mi hermano:

-Oye John, tengo que contarte una cosa.

-Cuéntamela entonces.-Me dijo

-Pero me da vergüenza.

-No seas tonto y dímelo.

-Pues verás, el otro día me desperté por la noche y vi a nuestros padres …….

Y le conté todo.

-Hace años que lo sé. –Me dijo- Es normal que ahora te parezca algo asqueroso, dentro de unos años podrás comprobar que esos actos nos producen gran placer, al igual que otros que podrás ver más adelante. Papá es dominante y mamá sumisa, y eso significa que papá obtiene placer obligando a mamá a hacer cosas o humillándola de alguna forma. Al igual que mamá disfruta con las humillaciones y las cosas que papá le obliga a hacer.

-No lo entiendo –dije- ¿cómo puede gustarle a mamá que le pegue en el culo o que le haga chupar su pene hasta que orina esa cosa blanca y pringosa?

-Lo entenderás cuando seas un poco más mayor, de momento, debes saber que no a todos les gustan las mismas cosas y que cuando vayas con una mujer, tendrás que aprender primero sus gustos para satisfacerla.

-Pronto empezarás a fijarte en las niñas de tu edad, sus tetas, su culo, etc. Y desearás hacer con ellas lo que has visto y verás en los mayores.

-¡Que va! –dije yo- Las niñas son tontas. No saben manejar una espada, montan a caballo de lado, no les gusta jugar a ninguno de nuestros juegos. Solamente juegan a servir el té, con sus muñecas como si fuesen sus hijas, pero cuando les decimos de subir a los árboles a coger nidos nos miran con desprecio y nos despachan de su lado. ¡Yo no haré nada de eso con las niñas!

-Ya verás como, con el tiempo, cambiarás de ideas. –me dijo sonriendo.

Estuvimos un buen rato juntos, siempre aleccionándome, hasta que Desireé, la doncella más joven de la casa, vino para preguntarnos si deseábamos algo de merienda. Me pareció observar un gesto extraño en mi hermano, e inmediatamente dijo:

-Basta por hoy, George. Vamos a nuestras habitaciones a descansar un rato. Otro día seguiremos. Yo también estoy cansado.

Nos fuimos a nuestras habitaciones y me tumbé sobre mi cama. En mi cabeza daban vueltas las imágenes de mis padres y las explicaciones de mi hermano, hasta que recordé una cosa que no le había comentado: el enorme tamaño del pene de papá y lo pequeño que era el mío, por lo que, sin pensarlo dos veces, bajé de mi cama y fui a su habitación.

Al llegar a la puerta, oí ruidos en el interior y se me ocurrió mirar por la cerradura antes de entrar.

Lo que vi, volvió a impactarme de nuevo. John tumbado en la cama, con las piernas abiertas y entre ellas Desireé arrodillada y chupándole el pene.

Gracias a que la cama estaba perpendicular a la puerta, pude observar esas partes que no conocía de las mujeres. Desireé tenía el culo en alto y mostraba su ano sonrosado, debajo del cual se habría una hendidura que supuse que era por donde papá metía su pene a mamá. Desireé tenía la hendidura brillante y mojada, salpicada de algunas manchitas blancas.

Decidí que, ya que parecía ser que todos hacían lo mismo, debería aprender e informarme bien.

Permanecí espiando durante todo el tiempo que duró, a pesar de no entenderlo ni gustarme, e incluso parecerme asqueroso en algunos momentos. Así escuché decir a mi hermano.

-¡Mmmmm!. ¡Cómo he echado de menos tu boquita! ¡Cada vez lo haces mejor! ¿Has chupado muchas pollas en mi ausencia?

-Nnno mi señor –le contestó sin sacársela de la boca.

-¡Pues has aprendido mucho en este tiempo! ¡Estoy apunto de correrme!

Desireé aceleraba el ritmo de la mamada hasta que oía gemir a John, entonces bajaba el ritmo y le obligaba a decir

-¡Sigue puta, no pares! ¡Sigue! –mientras la cogía del pelo y le movía la cabeza arriba y abajo.

Yo podía observar todo desde mi posición. Podía ver su ano, su hendidura, las tetas moviéndose al ritmo de la mamada y el pene de mi hermano entrando y saliendo de su boca.

¿El pene? ¡Pero si era tan grande como el de papá! Volví a mirarme el mío, que en nada se parecía a ese, ni en tamaño ni en grosor. ¿Será que es hereditario y que yo no la tengo así porque mis padres fallecieron y soy adoptado? – pensé, pero unas palabras devolvieron mi atención a la habitación:

-¡Apártate puta, que quiero comerte el coño mientras me la chupas!

Desireé se apartó a un lado y mi hermano se dio la vuelta, ella volvió a colocarse encima, con una pierna a cada lado de su cabeza, se inclinó y siguió chupando su pene. Yo pensé que era una postura muy rara, porque ¿qué pasaría si se hiciese pis o algo? ¡Brrggg, que asco!, Y entonces hizo algo que me dejó alucinado: Levantó su cabeza un poco, sacó la lengua y empezó a pasársela por la raja.

Desireé soltó un gemido y aceleró el ritmo mientras mi hermano metía su lengua todo lo que daba de si, luego la sacaba y la frotaba hasta el otro extremo, donde observé una pequeña protuberancia que él chupaba con fruición. Ella volvía a gemir más fuerte y bajaba el ritmo, entones, mi hermano, se retiraba y le daba unas fuertes palmadas en el culo hasta que volvía a tomar el ritmo.

Observé variaciones sobre esto. Unas veces, cuando sacaba la lengua, metía un dedo hasta lo más profundo y lo movía hacia los lados, mientras lo sacaba y volvía a meter. Esto la hacía gemir más fuerte. Otras el dedo lo metía en su culo, moviéndolo para hacer sitio hasta poder meter dos.

Durante este tiempo, Desireé hubo tres veces que lanzó gemidos más fuertes, dejándose caer sobre mi hermano, el cual la obligaba a levantarse dándole fuertes palmadas en el culo.

De repente, mi hermano dijo:

-¡Me voy a correr! Sigue, sigue y trágatelo todo. ¡Como se pierda una gota te muelo a palos! AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH. Sigue aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh. Mmmmmrgsfmlmmmm ….

En ese momento observé que ella gemía otra vez más fuerte y presionaba con su raja la boca de mi hermano.

Tras esto, ambos se separaron quedando juntos. Ella acariciaba el pene, que estaba casi tan duro como antes, con suaves movimientos arriba y abajo, mientras tenía las piernas muy abiertas y mi hermano le metía dos dedos en el culo y con el pulgar frotaba la protuberancia.

Lo hacían despacio, sin prisas, mientras él le decía:

-Sí, pónmela bien dura otra vez, que quiero gozar de este culito

-Sabes que es todo tuyo, amo –respondió ella- puedes hacer conmigo lo que quieras.

-Entonces clávatela en el coño para lubricarla y luego en el culo.

Él volvió a colocarse boca arriba y ella se subió encima para hacer lo que le había pedido, cuando le dijo:

-Métetela, pero de espaldas a mi. Quiero ver bien cómo lo haces.

Ella se dio la vuelta, quedando de espaldas a nosotros, y eso me permitió ver como elevaba su cuerpo, tomaba el pene de mi hermano y lo frotaba a lo largo de su sexo una y otra vez, mientras ambos gemían, hasta que mi hermano le dio una palmada en el culo y le dijo:

-¡Clávatela de una puta vez!

A lo que ella respondió dejándose caer sobre ella.

A esto, siguieron unos meneos de cintura por parte de ella que observé curioso. Echaba el culo hacia atrás y se inclinaba hacia delante, luego lo echaba hacia delante y levantaba el cuerpo, al tiempo que movía uno de los brazos rápidamente. Mientras, mi hermano, se llevaba los dedos a la boca y se los metía por el culo. (Puagggggg, que asco) hasta el punto que ya le cabían tres. Al fin dijo.

-¡Venga puta, que ya estas lista! ¡Métetela por el culo!

A lo que ella respondió sacándosela y cogiéndola con una mano, la apuntó a su ano y fue metiéndosela poco a poco.

-¡Que estrecha estás, jodida puta! ¡Parece que sea la primera vez! –le decía mi hermano- ¡Cómo me la aprietas! Aaahhhhhhhh sigue, sigue.

Una vez metida toda dentro, la hizo moverse subiendo y bajando. Subía hasta casi salirse el pene para luego dejarse caer, y volvía a repetir

-¡AAAHHHH SIGUE, SIGUE, me voy a correeer! – Dijo de pronto mi hermano- ¡MAS RÁPIDO, MÁS!

Ella aceleró el ritmo, al tiempo que su respiración y sus gemidos se aceleraba también.

-¡ME VOY A CORRER, AMO! –dijo ella- ¡AAAAAAAAHHHHHHHHH!

-¡YO ME CORRO CONTIGO! –dijo él- ¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH! ¡Vaya culo que tienes! Podría tragarse todas las pollas del mundo.

Ella se separó, saliéndosele el pene, y dejando un ano del diámetro de un soberano de oro. Enseguida comenzó a salir una asquerosa mezcla de esa cosa blanca con manchas marrones, que le bajaba por las piernas, mientras ellos se giraban para besarse en la boca.

A estas alturas, he de reconocer que ya me empezaba a gustar ver lo que las parejas hacían, y notaba que mi pene, erecto y duro, me proporcionaba placer cuando lo tocaba o presionaba. No obstante, si era eso lo que los demás sentían, no era para tanto.

Recuerdo con mucha ilusión aquellos días, recorriendo calles, mercados y mercadillos, viendo tanta y tanta gente circulando por las calles, tantos edificios enormes. ¡Vi algunos de cuatro pisos! Los carruajes, visitamos museos, tiendas, fuimos en barco, hicimos compras ….. ¡Tantísimas cosas!

Lo cierto es que ya no volví a ver a mi hermano y la criada, ni a mis padres, que dormían en otro piso, porque durante el día no parábamos de un lado para otro y por las noches, me dormía nada más acostarme.

El viaje terminó y volvimos a casa, cada uno a su sitio. Yo volví a oír los gemidos de mi madre y mi padre en acción, y a seguir viendo lo que hacían. Hoy se que me había convertido en un voyeur.

Una de esas noches, se encontraba mi madre a cuatro patas y mi padre empujando por detrás, cuando se retiró y dándole una fuerte palmada en las nalgas, le dijo:

-¡Venga puta, que hoy me apetece castigarte!, ¡ponte en tu sitio!

Ella se levantó y desapareció de mi vista por un lateral, seguida de mi padre. Yo tenía una vista magnífica de su cama, pero no del resto de la habitación. Decidido a observar la novedad, pensé en cual sería el mejor lugar para verlos, y me arriesgué a salir de mi habitación e ir a la puerta principal de mis padres, ya que, al estar en un lateral, quedaba justo enfrente de donde se habían situado.

Cuando llegué a su puerta, rezando para que no tuviesen llave puesta, observé que, no solamente no estaba la llave, sino que además, la cerradura era algo más grande.

Al asomarme, vi que mi madre estaba sujeta por los brazos con unas correas a un gancho que colgaba del techo, totalmente desnuda, y en el que yo siempre había visto una lámpara que ahora descansaba a un lado, con las velas apagadas.

Mi padre estaba frente a un armario abierto (siempre estaba cerrado con llave), en el que se veían todo tipo de fustas, látigos y otros objetos extraños que nunca había visto y cuyo uso desconocía.

Escogió una fusta larga y fina, de algo trenzado, y con una parte plana como un cinturón, que mediría aproximadamente como dos palmos de los míos. También eligió una especie de pelota de madera o más bien en forma de bellota, con unas correas, la cual metió en la boca de mi madre, con la punta hacia dentro, y sujetándola en el cogote con las correas y un pañuelo grande y negro con el que tapó sus ojos.

Hecho esto, tensó la cuerda lo suficiente para que mi madre quedase suspendida hasta que solamente tocaban el suelo las puntas de los pies y procedió a dar una vuelta a su alrededor.

-¡Veo que ya empiezas a excitarte! ¡Tienes los pezones como velas de grandes y tiesos! –le decía mientras los retorcía a uno y otro lado, o tiraba de ellos, mientras mi madre emitía gemidos ahogados por lo que llevaba en la boca.

También bajaba la mano hasta su sexo y estiraba y retorcía la piel, metía los dedos y otras cosas que no vi bien.

Al pasar por su culo, se lo separó con ambas manos y algo manipuló, incluso creo que metió el mango de la fusta. No podía verlo porque estaba al otro lado.

Yo me había sacado mi pene y estaba tocándolo y recibiendo agradables sensaciones.

Cuando llegó a otro lado, llevaba la fusta sujeta por el mango, y le preguntaba:

-¿Por donde quieres que empiece, por las tetas, la tripa, los muslos, el culo?

-¡MMMMMM!

-¿No me respondes?…. ¡Ah claro, no puedes hablar! Entonces, permíteme que elija yo. ¿Te parece bien el culo? ¿Si?

-¡MMMMMM!

-¡Bueno, allá va! –esperó unos segundos y soltó un fuerte fustazo, con gran precisión, sobre los pezones. Las lágrimas saltaron por debajo de la venda de los ojos, mientras un apagado grito se oía.

-¡MMMMMMMMMMMMMMMMMMMM! ¡MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM!

-¡Uy, me he equivocado …., pero veo que te ha gustado!, -le decía mi padre- ¿Probamos otra?

Volvió a esperar unos segundos, moviéndose en silencio mientras tanto, hasta que:

¡ZASSSS!

El fustazo en la tripa le marcó una línea ancha y roja, que cada vez aumentaba más de color.

-¡ MMMMMMMM! ¡MMMMMMM! ¡MMMMMMMMMMMM!

En ese momento, sentí una mano que se superponía a la mía sobre mi pene y un shhhhh muy bajito.

Me quedé helado. No me atrevía a girarme, ni a decir nada. La mano que sujetaba la mía y mi pene, se movió para retirar la mía y tomarlo con mucho cuidado. Vi que la cara conocida de Desireé, agachada a mi lado, se aproximaba a mi pene, que ya no estaba tieso, y decía muy bajito:

-¡mmmm! Pequeñita pero seguro que muy gustosa.

Y mirándome a los ojos, se lo metió en la boca. Yo me la quedé mirando sin saber si morirme, alegrarme o qué hacer. Afortunadamente, ella puso una mano sobre mi cabeza y me hizo volver a mirar por la cerradura.

Con un ojo sobre ella y otro en lo que hacían mis padres, empecé a disfrutar, mientras mi padre castigaba sin piedad las tetas, el culo, coño y cuerpo de mi madre.

Al fin, sudoroso por el esfuerzo, con su pene hinchado, y con mi madre con el cuerpo cosido a marcas rojas desde el cuello a los muslos, mi padre la soltó, le quitó la venda y el objeto que no la dejaba hablar y la llevó en brazos hasta la cama, dándole besos por todos los lugares que alcanzaba.

La depositó con sumo cuidado, abrió sus piernas, se metió entre ellas y procedió con un mete-saca continuo pero imparable, hasta que, con un fuerte gemido depositó su líquido blanco dentro de ella, siguió dentro un rato más y terminó acostándose a su lado mientras seguía besándola y diciéndole palabras cariñosas.

Es mi primer relato. Agradeceré las críticas constructivas y no echaré en saco roto las destructivas. Gracias por vuestras valoraciones. Sugerencias en privado a:

amorboso@hotmail.com