DE LOCA A LOCA PORTADA2Los pensamientos y confesiones de Rosa:

Sin títuloMirando dormir a Andreíta después que mi marido Arturo se había ido al plantío, me sorprendi pensando en que realmente era una belleza. La única de la villa en plena transición de niña a mujer.

Con mi marido no habían secretos en la vida de cama y hace tiempo que habíamos hablado de lo atractiva que se estaba poniendo y el deseo que estaba despertando en los hombres incluyendolo a él:

Rosa, tienes que enseñarle a como enfrentarse a los hombres del caserío, porque ya sabes que su madre no es muy comunicativa con ella.

Si. Voy a tener que hacer el papel de mamá si encuentro alguna ocasión -le dije esa vez y luego había pasado el tiempo y nunca lo hice. Sus padres todavía no llegaban de la capital donde esperaban por una visa para viajar al norte.

Con Arturo nos habíamos conocido en la ciudad. Al juntarnos nuestra vida sexual tuvo una explosión de sensualidad muy especial. Y lo más caliente en cuanto a ello, es que como pareja nunca nos ocultamos los deseos aunque fuera por personas extra-matrimoniales. En pleno acto nos decíamos las verdades y exteriorizábamos nuestras fantasías. Hubo un momento en que hablamos de compartir el sexo con alguien mas hasta que un amigo suyo vino a la casa y lo hicimos. Fue uno de los momentos más excitantes que afianzó nuestra confianza. Fue la primera vez que sentí dos hombres dentro de mi cuerpo. Con el tiempo comencé a cojer con su amigo a solas en su casa cada vez que voy a la ciudad a hacer las compras y luego Arturo me pide que le cuente con lujo de detalles lo que hicimos, mientras me hace el amor. Todas estas cosas mantienen nuestra vida matrimonial de una forma muy excitante, y por todas estas razones no me sorprendió cuando me contó que Andreíta lo había calentado hasta el punto cojersela mientras yo dormía y luego en el plantío cuando la penetró totalmente quitándole la virginidad. Y le pedí que me cojiera mientras me contaba con lujo de detalles cómo fue que se lo hizo. En eso estaba cuando entró Andreita al cuarto anoche y nos encontró en pleno acto. Todo nos me arrastró a un estado de calentura tan alto que creo que anoche fue el detonador de hacerlo con ella, con alguien de mi sexo por primera vez.

Y también fue la primera vez que la miré con más atención. Sus ojos se veían como dos grandes perlas brillantes y vivaces, que se complementaban con un par de labios un tanto abultados y siempre semi abiertos que comunicaban un deseo carnal provocado por la revolución hormonal propio de su edad. Pero no era solamente su carita rodeada de un cabello lacio y casi negro azabache, sino que también me provocaba esa piel joven que al tocarla parecía seda. Tiene unas hermosas y bien paraditas tetitas coronadas por pezones largos rodeados de una aureloa ancha y siempre listos para ser besados. Un trasero insoportablemente redondo y llamativo y un par de piernas muy bien torneadas y fuertes que al abrirse ofrecen esa vulva apenas belluda que despide un intenso aroma como un llamador, como para ser besada, ultrajada por alguien que le quitara esa furia sexual que despide. Esta muy bien formada físicamente, es muy atractiva, jovial e inconcientemente juguetona con sus atribuciones.

Es muy fácil darse cuenta porqué ha pasado a ser la más deseada del caserío. Es muy fácil de darse cuenta de porqué había llevado a Arturo a la locura de querer cojérsela como lo había hecho. Ese deseo sexual que hay en ella, apenas es el comienzo de lo que sera una vida llena de sensualidad. Ella misma se dio cuenta y prestó más atención a lo llamativa que es desde que le dije como la miraban los hombres de los alrededores. Y por eso la aconsejé. Pero había mucho más por enseñarle y Arturo me lo había pedido antes de irse hoy a trabajar.

Los pensamientos de Andrea:

La entrada de la luz por la ventana iluminaba el cuarto. La sábana todavía tapaba mi cuerpo y sentí movimiento al lado de la cama. Giré despacio. Arturo ya se había ido y Rosa parada se hacía un moño en su castaño y lacio pelo.

La observo mas detenidamente. Su cuello es largo y sus hombros derechos y rellenitos. Sus pechos estan bien firmes. Después de la curva provocada por el mismo peso de los senos, vuelven a levantarse para terminar en pezones gruesos y firmes que apuntan hacia el frente. También me percaté de porqué se le notaba tan bien el trasero. Es la cintura. La tiene bien fina y eso exagera el nacimiento de sus caderas. Luego las piernas comienzan un poco gruesas y se afinan bastante hasta llegar a los tobillos. La altura la ayuda mucho, porque en las mujeres bajitas todas esas curvas se exageran demasiado y las hace ver más gruesas.

En realidad Rosa es una mujer atractiva.

– Hola bella durmiente!

Con ese saludo me sacó de los pensamientos.

– Buen día Rosa.

– Has dormido bien profundo Andreita. Es casi mediodía.

– ¿Si? No me di cuenta…

– Es que estabas bien agotada…

Se hizo un silencio y como yo no sabía qué decir, ella siguió:

– ¿Te puedo preguntar algo muy personal?

– Si… -dije timidamente porque no sabía si iba a tocar el tema de anoche.

Otra pausa, como dudando si me preguntaba o no.

– ¿Estas contenta con lo que pasó anoche?

Bajando la cabeza porque me daba un poco de verguenza, balbucé:

– Y… si…

– ¿De verdad? ¿Te gustó?

– Si, de verdad.

– Mira Andreita, tengo que hablarte de algo. Yo nunca había pensado en algo asi. Ni siquiera lo imaginaba.Todo pasó accidentalmente, sin planearlo. Yo jamás había tocado a una mujer y menos besar a alguien de mi sexo -hizo una pausa como dudando lo que iba a preguntar- ¿Y tu?

– …nnno nunca!

– Pero te confieso que no me desagradó -y otra vez como tímidamente hizo otra pregunta -¿A ti?

– A mi también me gustó -me estaba poniendo nerviosa porque no me animaba a confesar como me sentía verdaderamente.

En realidad es que también lo había disfrutado mucho. Me había sorprendido porque jamás había pensado que podía existir una relación sexual entre mujeres. Ni siquiera había escuchado comentar algo asi. Mi visión, de acuerdo a lo poco que sabía del sexo y las relaciones era la simple: la de una mujer con un hombre y nada más. Y sacándome de mis pensamientos por segunda vez Rosa me dice:

-Solo te pido que nadie debe de saberlo. Es algo que tenemos que guardarlo entre los tres.

-Lo sé

-¿Y hacerlo con Arturo como te está gustando?

La miré con una sonrisa nerviosa.

-Dímelo. No sientas verguenza. A mi no me hace sentir mal, al contrario, me gustó verlos cuando te lo hacía. Me encantó verlos cuando se besaban con ganas restregandose desnudos a mi lado. Me dieron mucho deseo. Vamos, dime: Te gustó?

– Si, me gustó -y me sonreí.

– ¡Ay mi chiquita! Él sabe cómo hacerte sentir deliciosa… Es un calentón, pero muy bueno como hombre y sobre todo que suda sensualidad en todo lo que hace. Es una de las cualidades que me enloquecen de mi marido. Le gusta hacerme sentir en la gloria, deseada. Y siempre que puede, trae propuestas nuevas. Hasta ahora todas sus propuestas sexuales me han gustado. Y ésta de hacerlo contigo jamás habría pensado que podía ser una de ellas.

Se sentó a mi lado y acarició mi cabello por un rato hasta que de golpe me dijo:

-Bien! Me voy a vestir para hacerle algo de comer a Arturo y los muchachos en el plantío ahora, y luego voy al pueblo a comprar algunas cosas porque necesitamos provisiones para los próximos días.

– ¿Puedo ayudar?

– Claro! Ven, levántate y a lo mejor luego que te pido que les lleves la comida hasta allá. ¿Te animas?

Pensé que ella sabe que ir significaba que Arturo iba a querer hacermelo otra vez. No entendí mucho su disposición para algo que es inevitable.

Pasamos juntas cocinando por un par de horas por lo menos. En ese rato Rosa me habló de como había ido descubriendo su vida sexual. También había empezado muy jovencita en su ciudad natal, y fue por etapas. Manoseos y toqueteos entre primos. Un tío que la restregaba con la ropa puesta mientras la sentaba en sus rodillas. Y finalmente aprender a besar con un amigo de su familia que se quedó a dormir en su casa, fueron los detonadores que la provocaron empezar a tocarse y llegar a la masturbación. Pero nadie le había explicado nada. Todo lo había tenido que descubrir de esa forma, por si misma.

La primera vez que vió un miembro sexual de hombre fue la un panadero de la cuadra donde vivía. La había invitado a ver como hacía el pan en el horno y aprovechó a restregala mientras miraba cómo se quemaba la leña y se hacía carbón. A diferencia de lo que le hacía sentir su tío, la sensación de esa pija del panadero endurecida contra su cola en un lugar donde nadie los veía, le permitió disfrutarlo con mas libertad. Después la llevó hasta donde guardaba los costales de harina y sacó el miembro mostrándoselo. Le resultó atractivo y deseaba tocarla. El panadero no se hizo esperar pidiéndole que se la tocara. Con sus dos manitas suaves fue explorándola y guiada por él, le dijo que lo acariciara de arriba hacia abajo. Su carita cerca, sus ojos exploradores, el deseo y las direcciones de ese hombre hicieron que se acercara mas, que abriera la boca y le enseñó a chuparla. Al principio el sabor era muy fuerte, pero sasados unos segundos ese sabor es una de las cosas que empezó a desear con una calentura diferente, con más fuerza. Le gustó las manos de ese hombre en su cabello guiándola. Le encantó que le dijera cosas como:

– Asiiihh…. ¡qué rico que la chupas!

Rosa seguía contándome como eso le provocaba poner más concentración y deseos en lo que hacía.

– Eres tan linda que me encanta cojerte por esa boquita -le decía el panadero.

Rosa dijo que eso la hacía poner mas atención a las reacciones de esa carne que le estaba pareciendo deliciosa. Dijo que pudo notar el movimiento de la piel que desnudaba la cabeza de esa pija en su boca. Y finalmente me narró cómo conoció lo que era la leche del hombre con detalles:

Sentí como las venas se tenzaban entre mis dedos. No tenía idea de lo que iba a suceder, pero mi instinto y los gemidos de ese hombre me decían que lo estaba haciendo estaba tan bien que no debía detenerme. Mi saliva se la había ensopado mientras entraba y salía de la cueva que hacía su boca. El panadero aumentaba la velocidad y se detenía de repente y volvía a sentir más dura esa pija en mi mano y en mi boca hasta que salió un chorro y me gritó en un gemido: “Chúpala, sigue chupándomela y trágate lo que te estoy dando mi niña!” Y sentí en mi lengua ese líquido espeso y caliente que le salía por el huequito hasta llenarme por completo la boca. Y ni bien trataba de tragarmela, esa pija soltaba otra vez más leche. No me daba tiempo a tragarmelo todo y parte se salió entre la comisura de mis labios yendo a parar a mi vestido. Dos veces más soltó esa leche hasta que se calmó todo y lentamente me la sacó de la boca. Finalmente pude tragar. No tenía sabor, pero me daba mucho placer porque era lo que yo le había provocado, lo que yo le había logrado sacar. Tragarmela era mi trofeo. Me quedé con las manos rodeándola y mirando todo lo que seguía a continuación. Una gota volvía a aparecer e instintivamente tragué lo que todavía me quedaba en la lengua y me acerqué a chuparle la punta. Y así fue que vi y disfruté una pija de hombre por primera vez.

Rosa, siguiendo con sus experiencias me dijo que le gustó tanto que se hizo costumbre y por lo menos una vez a la semana se la iba a chupar. Tragarse la eyaculación también se convirtó en rutina. Pero nunca la había sentido dentro de su cuerpo hasta que un muchacho del grupo de amiguitos de su villa, jugando a las escondidas, se ocultaron juntos detrás de unos matorrales. Mientras ella vigilaba semi agachada para no ser descubiertos, él la empezó a restregar aferrado a su cintura. Ella no dijo nada. Se quedó en la misma posición y él le bajó el calzoncito. Sintió la pija dura del chico que la quería penetrar y como no podía metérsela toda, la escupió en el trasero y la penetró por ahí. Me dijo que fue una primera vez dolorosa y que el chico acabó tan rápido que no pudo disfrutarlo. Definitivamente había sido un comienzo un poco violento y apurado para Rosa.

A partir de ese momento su vida sexual se convirtió en algo muy usual, muy activa. Y me contó que cuando conoció a Arturo fue que realmente encontró a alguien como ella. Se escaparon juntos a vivir en la villa y desde entonces gozan al máximo las locuras y fantasías que se proponen. Entre ellos no hay celos ni complicaciones.

Cuando terminamos de cocinar habiamos pasado casi una hora charlando. Su historia me había provocado algo y estaba humedecida entre las piernas. Entonces me dijo:

– Andreita, tengo ganas de recostarme un poco porque me levanté a las cuatro y media de la mañana a aprontar la mochila de Arturo. ¿Me acompañas?

– Bueno.

Me recosté a su lado. Las dos mirando hacia el techo.

– ¿Nunca habías jugado a esto con los muchachos?

– No.

– ¿Y te masturbaste alguna vez?

– Si, hace poco.

– ¿Cómo llegaste a eso, alguien te había hablado de eso?

– No. Es que siempre escucho cuando mis papis lo hacen y eso me hizo dar ganas una vez, pero fue accidental.

– ¿Cómo lo haces?

– …nno se como explicarlo… me toco.

– ¿Quieres que te enseñe?

– ..bueno, bien…

Rosa se quitó la ropa de la cintura para abajo hasta quedar desnuda. Me miró a los ojos y me dijo:

– Quítatela tu también.

Poco a poco me fui despojando de mi pantaloncillo de franela y el interior y volví a mi posición como esperando sus instrucciones.

– Mírame.

Volteando mi cara la miré a los ojos.

– Tiene que haber un motivo, una imaginación o algo que te provoque calentarte.

Y girando su cara, mientras con la mano se tocaba entre las piernas se avalanzó sobre mis boca y me besó pacientemente. Sacó la lengua con paciencia y con la punta acarició mis labios mojándolos con su saliva. Un shock eléctrico de mi sistema nervioso me hizo sentir una reacción entre las piernas y su mano cambió de posición mentiéndose entre mis piernas. Sentí que su lengua penetraba mi boca y se enredaba con la mía, a la vez que dos de sus dedos atrapaban el clítoris y me hacía sacudir el cuerpo completamente.

– Así tienes que acariciártelo. Ya estas caliente… ya te estas mojando Andreíta. Eres bien calentona tu también…!

– …haahhh…. -fue todo lo que pude emitir con la voz desde mi garganta.

– Piensa en la pija de Arturo cuando te acariciaba con su cabeza ahí mismo.

Otra vez esa sensación me guiaba por un camino lleno de calores y el sistema nervioso se conectaba enloquecidamente por todo mi cuerpo.

– Tócame asi con tu mano. Haz lo mismo que yo te hago -me decía Rosa.

Puse mi mano entre sus piernas cubriendo toda su vulva. La recorrí a lo largo del pliegue hasta toparme con su clítoris. Mis dedos se cerraron suavemente en ese lugar resbalozo y terriblemente sensible para nosotras y los empecé a mover a la vez que un impulso de más calentura me hacía convulsionar. Estaba llegando a ese punto tan delicioso…

– Tócate tu misma -me ordenó sacando su mano de mi entrepierna y la suplanté de inmediato porque la necesidad me lo imponía.

– huhhh…!

– Masajea el clítoris con dos dedos, así como yo lo hago.

Y sin hacerme esperar ponía en práctica de inmediato lo que me enseñaba porque todo me hacía disfrutar enormemente de ese momento. Y Rosa empezó a exteriorizar sus pensamientos diciendome lo que su mente le hacía imaginar.

– Así… asi me gusta. Me encanta que los hombres me restreguen la dureza de su pija aquí mismo! Ven besame la conchita como anoche…

Ahora si que yo sentía el deseo de chuparsela. Mientras descendía el olor a sexo comenzaba a invadir mis sensaciones haciendolas más agudas. Al tener su vulva frente a mis ojos tan cerca, acerqué mi boca y pasé la lengua por esa intensa humedad. La recorrí lentamente hasta llegar al clítoris. Lo chupé jugando con mi lengua. Luego descendí un poco y le metí la punta de mi lengua dentro. ¡Qué delicioso sabía eso! ¡Cuanto más crecía mi deseo al hacerlo!

– Ven -me dijo Rosa. Déjame chupartela también.

Y me hizo montarla de tal forma que cada una tenía la vulva de la otra en su boca. Al contacto de su boca mi humedad se liberó con más fuerza. Los labios de Rosa, su nariz y el mentón se los había mojado. Liberó la lengua dentro de mí de sin dejar que su labio superior abandonara el clitoris.

La imité porque pensé que si a mi me provocaba esa intensidad, a ella le iba a pasar lo mismo. Y así fue. Nos movíamos con insolencia. Deseaba chuparle mas jugos pero ya no me llegaban con igual intensidad hasta que de repente un gemido acompañado por una presión mayor de su vulva contra mi boca me dió la pauta que ella estaba por darme más! Y gritó:

– Chúpamela duro! Asiiiii! -y se restregó en círculos a veces, luego de arriba hacia abajo y me apretó la cabeza con sus piernas en el mismo momento que a mí me empezaba a pasar lo mismo!

Me restregué contra su boca pegándole la pelvis con fuerza, sin control y escuché sus gritos:

– ¡Así Andreita, asi damelo todo en la boca!

Y seguimos esa lujuria sin frenos, con sus manos aferrando mis nalgas para que no me separara ni un centímetro. Sentí una serie de deseos de empujar más, dos, tres y cuatro veces antes de levantar mi cuerpo para quedar sentada en su cara, con mis ojos cerrados y todo mi ser concentrado en ese lugar. Me sacudí otra vez. Movía solo mi cintura de atras a adelante repetidamente resbalando mi vulva en esa boca deliciosa que me había hecho perder el control y su lengua hacía lo suyo a cada pasada. Sentí que liberaba todo en su cara mientras gritaba mis gemidos:

– Hahh….! uuufff… assiiii…. uhy….

Era un sentimiento de entrega total, una descarga emocional cargada de deseos y descontrolada, sin límites. ¡Me fascinaba Rosa en ese momento!

Y quedé sentada en su boca quietesita, esperando una calma que me dejaba extasiada flotando en una nube de sensualidad.

– ¡Qué caliente estas Andreita!

– Siiihh…

– ¿Te gustó asi?

– Me encantó Rosa. Me gustó mucho esto… -mantenía los ojos cerrados. Abrirlos no me daba tanta valentía para decir lo que estaba sintiendo.

– A mi también me encantó como me la chupaste. Me hiciste venir muy intensa. Es difícil que un hombre me haga sentir como me lo hiciste sentir tu! Eres natural, sexualmente natural. ¡Muuy caliente!

Y me fui relajando hasta recostarme a su lado. Me besó. Teníamos las bocas ensopadas de puros jugos orgásmicos.

Nos quedamos asi en la cama por una hora por lo menos. Se me fue el tiempo sin darme cuenta.

Al rato me dice:

– Bien, vamos a levantarnos porque tengo que preparar la bianda para alcanzarsela a Arturo y los muchachos. ¿De verdad me harías el favor de llevarsela mientras yo voy al pueblo a comprar viveres? -me dijo guiñandome un ojo confabulándose conmigo.

– Bueno…

– Pero tengo que decirte que a lo mejor no llego esta noche pero te dejo todo listo en la casa… si regresas… -me dijo con picardía. Eso me aseguraba que se quedaría la noche con el amigo de ellos.

– Me sonreí y le dije:

– ¿Te quedas con él?

– Si. Y Arturo lo sabe, no te preocupes. Y sabe también que a lo mejor tu les llevas la comida, fue mi idea. Pero no tienes que ir si no quieres.

– Bueno… no va a haber nadie en la casa. Si, voy. ¿Y Julian?

– Él se queda con tus hermanos hoy también. Se la estan pasando bomba.

Nos vestimos y fuimos a preparar la mochila para la comida. Todavía mi mente no procesaba el porqué de mi entusiasmo por ir. No iba a ser una noche muy privada que digamos. En fin…

PARA CONTACTAR CON LA AUTORA
adriana.valiente@yahoo.com