Aquella mañana de mediados de Septiembre estaba trabajando, enfrascada en administrar la ingente cantidad de emails que a diario recibía, cuando en mi móvil recibí un entusiasta mensaje de Pedro, al que llevaba casi dos semanas sin ver tras concluir las clases particulares que le había dado antes de sus exámenes.

– Lucía. ¡¡¡He aprobado las dos asignaturas!!!. Gracias, ¡¡¡sin ti no lo habría conseguido!!!

– ¡Enhorabuena! –le contesté-. Te lo mereces. Aunque te costó un poco centrarte, luego te has aplicado mucho. El mérito es tuyo. Me alegro muchísimo por ti y por tu madre.

– Eres la mejor profe del mundo, ¡¡¡además de la más sexy y guapa!!!. Alicia también está súper contenta, y eso me da más subidón aún. Nunca podré agradecértelo lo suficiente, no sé cómo podría pagártelo…-añadió un emoticono de guiño acompañando sus palabras.

– Gracias. Con saber que los dos estáis contentos, y con haber conseguido el objetivo, tengo suficiente, no necesito más satisfacción personal…

– Con lo bien que lo pasaríamos dándonos satisfacción mutua…

Ahora que nuestra relación profesora-alumno había concluido definitivamente, Pedro volvía a la carga buscando que yo cayera en la tentación para tenerme de nuevo. No puedo negar que, efectivamente, me resultaba muy tentadora la idea de volver a tirarme a aquel atractivo jovencito, pero sabía que debía dejar ese capítulo completamente cerrado, y más teniendo en cuenta que su madre y yo nos habíamos hecho verdaderas amigas. Ambos debíamos seguir con nuestras vidas, y él también debería pasar página y conocer a alguna chica… De pronto, una idea se iluminó en mi cabeza, y poco a poco empezó a tomar forma.

– Seguro que lo pasaríamos bien… La verdad es que te mereces un premio por aprobar… -le contesté.

– En cinco minutos estoy en tu casa.

– No corras, mejor con tranquilidad… ¿Qué te parece si quedamos para el viernes?. –un plan se estaba trazando en mi mente-. El sábado no tengo que madrugar y tendremos toda la noche por delante…

– ¡Uf, Lucía! De aquí al viernes no voy a poder pegar ojo, sólo podré soñar contigo…

Tras varios mensajes tratando de contener su ímpetu, al final conseguí quedar con él para el viernes a las 21:30 en mi casa, pidiéndole máxima puntualidad para poder llevar a cabo los planes que mi calenturienta y analítica mente ya había estructurado mientras me mensajeaba con el chico.

El resto de la semana pasó volando, y aquel viernes, con puntualidad británica, Pedro apareció en mi casa con una sonrisa de oreja a oreja. Venía muy guapo, vestido con unos ceñidos pantalones vaqueros que insinuaban un buen paquete y que también le marcaban un delicioso culito, y como prenda superior una entallada camisa blanca bajo la que se adivinaba su bien formado torso. Por un momento estuve seriamente tentada de dar al traste con mis planes y darle precisamente lo que había ido a buscar. Pero conseguí ser fuerte pensando en lo divertido que sería lo que tenía preparado.

Le llevé al dormitorio, y ante mi cama, le pedí que se desnudase.

– ¡Qué ganas tengo de volver a follar contigo! –me dijo sacándose la camisa.

– No vas a follar conmigo –le respondí desabrochando su pantalón y palpando la tremenda erección que ya me dedicaba.

– ¿Entonces? –preguntó sorprendido pero ayudándome a bajarle el pantalón.

– Tengo una sorpresa para ti –le contesté deshaciéndome de su ropa interior para liberar esa potente verga que en un par de ocasiones anteriores había hecho mis delicias.

– ¿Me la vas a chupar hasta dejarme seco?.

Me reí a carcajadas.

– Eso no estaría nada mal –le contesté pasando suavemente la punta de mi lengua por mi labio superior-, pero la sorpresa que te he preparado es que te vas a follar a una amiga mía.

El chico se quedó de piedra, y entonces le expliqué el juego que había preparado:

En quince minutos llegaría una amiga mía para follar con él, pero ninguno de los dos conocería al otro, puesto que les había preparado un encuentro totalmente anónimo para que ambos disfrutaran al máximo sin prejuicios. Al principio, les privaría de 4 de sus 5 sentidos, dejándoles únicamente el tacto para elevarlo a su máxima expresión, y poco a poco les iría devolviendo los sentidos, pero siempre conservando el anonimato.

– ¿Entonces, es que tu amiga es fea o tiene algún problema? –me preguntó con el ímpetu de su juventud.

– En absoluto, creo que te va a gustar… Sólo es tímida, y con esto quiero ayudarla a vencer su timidez y que tú disfrutes de una experiencia nueva con otra persona. Creo que los dos lo pasaréis muy bien –le contesté sacando de una bolsa los accesorios que había comprado expresamente para el juego.

– Pero yo te deseo a ti…

– Si después de esto, aún quieres tenerme, me tendrás –le contesté segura de que disfrutaría tanto que se olvidaría de mí-. Sólo tienes que cumplir mis órdenes al pie de la letra y dejarte guiar para gozar de lo que va a pasar, es mi regalo por haber aprobado…

A regañadientes, pero muy excitado, Pedro se dejó llevar prometiendo que haría cuanto le dijese. Se tumbó en la cama y se colocó la máscara de carnaval veneciano que le ofrecí, cubriendo completamente su rostro.

– Me siento raro con esto –me dijo con su voz sonando extraña a través de la máscara.

– Enseguida te acostumbrarás –le contesté-, y casi ni te darás cuenta de que la llevas puesta salvo por el olor a plástico que aislará tu olfato de cualquier otro olor.

El chico asintió, y me dejó ponerle una venda sobre la máscara.

– ¡Joder! –exclamó privado de la vista-, ahora me da hasta miedo.

– Confía en mí –le susurré al oído dándole una suave caricia en su rígido músculo-. Sólo tienes que dejarte llevar.

Le dije que sería la última vez que escucharía mi voz durante un buen rato, ya que iba a colocarle unos auriculares con música a un volumen lo suficientemente alto como para que no oyese nada más. A partir de ese momento, sólo debía seguir mis instrucciones. Cuando yo le permitiera oírme, me referiría a él como “Adán”, y no podría cuestionar ninguna orden, debería cumplirlas a rajatabla.

Justo antes de colocarle los cascos, volvió a expresarme cuánto me deseaba, y acabó confesándome que se había masturbado esa misma tarde pensando en mí.

– Perfecto –le susurré-, así aguantarás más…

Y le dejé completamente aislado, desnudo sobre la cama con su polla aún tiesa pero bajando ante la incertidumbre. Estaba tan rico, tan indefenso, tan follable…

“¡Riiiiiiiiiing!”, sonó el timbre de la puerta. Mi amiga había llegado.

Le di dos besos y le felicité por su cumpleaños, que era ese mismo día, tal y como había previsto cuando se me ocurrió aquel plan. Sin preámbulos, le dije que tenía para ella un regalo cumpleañero, una sorpresa:

– Tengo a un tío bueno en mi dormitorio todo para ti, para que te des un buen homenaje.

– ¿Pero qué dices, Lucía?, ¿estás loca? –me preguntó desconcertada.

– Nena, necesitas echar un buen polvo, sé que hace mucho que estás a palo seco y necesitas desmelenarte… Así que mi regalo para ti es un polvo que no olvidarás jamás.

– Estás de broma, ¿no?.

– Compruébalo por ti misma – le dije haciendo que se asomase fugazmente al dormitorio.

– ¡Joder!, ¿me has regalado un puto? –casi gritó vislumbrando al chico enmascarado desnudo sobre mi cama.

– No, mujer, es un amigo mío. Y vais a poder follaros sin llegar a conoceros. Sin ninguna timidez, sin miedo a volver a encontraros y reconoceros, sin remordimientos, sólo disfrutando de follar con un completo desconocido sin más consecuencias que el puro placer.

Mi amiga era reacia, mucho más de lo que había sido Pedro. Así que tuve que trabajarme su voluntad, convenciéndola poco a poco, tentándola con la excitación de lo misterioso, removiendo su conciencia con el amparo del anonimato, alentando su imaginación con la experiencia de la privación de los sentidos… Y tras explicarle las mismas reglas que le había explicado a Pedro, aceptó, aunque poniéndome la condición de poder dejar todo aquello si decía la palabra “Basta”.

– Te aseguro que no vas a querer dejarlo –le dije-. Sólo tienes que dejarte llevar siendo la Eva que ese Adán está esperando. Yo seré la tentación que guiará vuestros actos.

A pesar de sus lógicas reservas, noté a mi amiga visiblemente excitada. En ella había visto lujuria contenida, de lo contrario jamás se me habría ocurrido organizar aquello, y le estaba poniendo todos los medios para que soltase a la hembra salvaje que yo sabía que llevaba dentro. Siguiendo mis órdenes, se desnudó y sonreí pensando en cuánto le iba a gustar a Adán el cuerpo de Eva. Se puso la máscara veneciana que le ofrecí, y le vendé los ojos.

– ¡Ufffff!, estoy totalmente a tu merced –me dijo con su voz enmascarada y sus pezones totalmente erizados.

– Tranquila, todo lo que pasará te va a gustar, confía en mí.

– Por cierto, ¿usas algún método anticonceptivo?. Tengo condones, pero puedo poner la mano en el fuego por ambos sobre vuestra salud, así que si usas algún otro método para evitar sorpresas, mejor, la experiencia será aún más intensa.

– Tomo un tratamiento hormonal para controlar la regla que es anticonceptivo…

– Perfecto, así podremos prescindir de la gomita y será mucho mejor… ¿Confías en mí?.

– Llegadas hasta este punto –me dijo con la respiración acelerada-, desnuda y con la cara y los ojos tapados… La confianza en ti es lo único que evita que diga “Basta”…

– Entonces sigue confiando en mí y gozarás como nunca.

– Ahora, incluso, dejarás de escuchar mi voz –añadí antes de colocarle los cascos-. Déjate guiar y disfruta con el tacto en toda su extensión.

Con los auriculares puestos, la llevé de la mano al dormitorio, situándola ante la cama. Me acerqué a Pedro, y levantándole uno de los auriculares momentáneamente, le susurré:

– Tu Eva está aquí, empieza tu regalo.

Ayudé a mi amiga a subir a la cama, colocándola de rodillas entre las piernas del chico. Cuando las piernas de ambos se rozaron, los dos suspiraron ante la sensación de contacto en medio de su aislamiento. La verga de él respondió, saliendo lentamente del letargo en que se había sumergido durante la espera, y la excitación de ella llegó hasta mi olfato evidenciando su estado. Coloqué las manos de Eva sobre el torso de Adán, y le conduje en caricias que ella continuó sin necesidad de que yo le guiase. Él resopló, y su virilidad completó su despertar poniéndose erecta y regalándome la vista con su esplendor.

Mi amiga recorrió todo el torso del chico, acariciándolo y descubriendo sus formas, asintiendo con la cabeza con un “Uuummmm” que indicaba claramente que le gustaba lo que sus dedos intuían. Acarició y presionó levemente con las palmas de las manos para sentir la consistencia de los pectorales de su Adán, y acarició sus erectos pezones recreándose en ellos, para empezar a aventurarse más abajo, recorriendo el vientre del chico y sintiendo cómo se le marcaban levemente los abdominales. Ambos suspiraron al unísono, aunque la única que podía escucharles era yo.

Eva había cogido carrerilla, le estaba gustando la experiencia y lo que adivinaba, y cuando quise darme cuenta, ya tenía las manos en las caderas del joven para meterlas bajo él y agarrarle del culo apretándoselo. Él río.

– Uuuummmm- qué durito…- dijo ella, aunque sabía que sólo yo podía escucharle.

Sin duda, y a pesar de que el juego acababa de comenzar, ella ya estaba superando mis expectativas. El experimento prometía mucho, y tuve que detenerla al ver que sus manos ya iban directas a explorar el sexo del joven. Obediente, se detuvo, y me dejó sentarla erguida sobre sus talones. Tomé las manos de Pedro, e incitándole a incorporarse, se las conduje hasta el cuello de mi amiga. Recorrió su garganta con la punta de los dedos, delineó los hombros y bajó desde ellos con las manos abiertas hasta posarlas sobre los redondos pechos.

– Joder, ¡qué tetas…! -dijo.

Movió las manos como si sintonizase una radio antigua, girando y palpando todo el volumen de ese buen par de senos.

– Uuuuffff, son de las que más me gustan…

Mi amiga también suspiró con el masaje.

El joven amasó los pechos con ganas, los sopesó y acarició los durísimos y rosados pezones una y otra vez. Estrujó las tetas de Eva entre sus manos, y su dedicación fue tal, que me recordó la especial atención que había dedicado a las mías cuando había podido tenerlas al alcance. Por un momento temí que, por esa fijación, se quedara ahí y tuviera que corregirle, pero no fue necesario. Su instinto de macho y la confianza adquirida al sentir que le gustaba mucho lo que tocaba, le hicieron recorrer la sinuosa cintura y cadera de la enmascarada que disfrutaba de sus caricias.

– ¡Qué peligro de curvas! –exclamó justo antes de llegar al trasero.

Recorrió la suave piel del culito de mi amiga, y esta vez fue ella la que rio. Pedro se lo cogió con fuerza, y empezó a explorar el camino entre las nalgas consiguiendo que mi amiga dejase de estar sentada para quedarse de rodillas con las piernas abiertas.

– Uummm, qué culito más rico… –dijo él pensando en voz alta.

Siguió explorando la separación entre los glúteos, recorriéndola desde arriba hacia abajo y apretando los firmes cachetes de su Eva, cuya respiración denotaba cuánto estaba disfrutando de esas caricias.

Dejándose llevar por el suave y agradable tacto de las atractivas formas que estaba descubriendo, Adán se puso también de rodillas y se acercó aún más a Eva para poder explorar toda su anatomía. Ella colocó sus manos rodeándole el cuello, entregándose a sus caricias y facilitándole que pudiera recorrerla por completo.

Puesto que mi papel era el de directora y espectadora, y ambos se habían metido tan de lleno en el juego haciendo innecesaria mi guía por el momento, saqué un paquete de tabaco rubio que me había comprado para la ocasión y me encendí un cigarrillo cuyo humo exhalé relajadamente, observando con atención a la pareja.

Adán subió por el culito de Eva, tomó su cintura y la recorrió hacia arriba con sus manos, hasta volver a posarlas sobre las montañas que se habían alzado al levantar ella los brazos. Mi amiga se estremeció encantada. Él volvió a amasar esas tetas, oprimiéndolas, calibrando su volumen y riendo de satisfacción al comprobar que casi no le cabían en las manos.

Con los pechos mejor sujetos y más oprimidos que por cualquier wonderbra, Eva bajó sus manos recorriendo los brazos de su Adán, para ir directamente a sus caderas. Acarició el joven y duro culo masculino, y rodeó toda la pelvis hasta que sus manos confluyeron en el músculo que la apuntaba, aunque ella no pudiera verlo. Acarició con delicadeza los órganos colgantes, arrancándole una carcajada, y subió hasta agarrar la base de la verga con una mano, descubriendo su grosor, y cuando empezó a subir muy lentamente recorriendo todo el tronco hasta alcanzar el glande y coronarlo, expresó su agrado:

– Joder, ¡qué maravilla!, uuuummmm…

Él abandonó sus pechos y bajó nuevamente al trasero y, acariciando la redondez de los glúteos de mi amiga, las puntas de sus dedos se aventuraron aún más abajo para llegar desde atrás a la entrepierna y acariciarla suavemente con una mano mientras la otra atenazaba un muslo. Ella suspiró al sentir el roce en su vulva, y aquella atrevida mano desapareció de mi ángulo de visión al situarse entre los muslos de Eva para introducir sus dedos en el húmedo coñito desde atrás. El suspiro femenino se convirtió en gemido, y correspondió a Adán agarrando con firmeza su falo para recorrerlo arriba y abajo, sacudiéndolo lentamente mientras él metía aún más sus dedos en la cálida gruta.

Les di unos instantes de satisfacción manual mientras terminaba mi cigarrillo, y viendo que aquello empezaba a ser ya una auténtica masturbación más que un descubrimiento mutuo, decidí intervenir. Les hice parar, cogiéndoles por el brazo, y ambos obedecieron sin rechistar, habían asumido sumisamente sus papeles y el mío.

Le quité los cascos a Eva, y ayudándole para que no se cayera, le pedí que se pusiera en pie junto a la cama. Hice lo mismo con él, dejándolos enfrente el uno del otro.

– Y ahora, Adán y Eva –les dije-, puesto que ya tenéis una imagen mental de vuestra pareja en este juego, es el momento de que comprobéis si vuestro sentido del tacto ha acertado con lo que ahora podréis ver con vuestros ojos. ¡Quitaos las vendas!.

Ambos deshicieron el sencillo nudo que les había hecho, y por primera vez pudieron ver al enmascarado cuyo cuerpo habían recorrido con las manos. Los dos resoplaron, y eso me hizo sonreír con satisfacción, sabía que se iban a gustar. Hice que mi amiga girase sobre sí misma para mostrarle a él la belleza de su cuerpo desnudo.

– Adán, ¿te gusta Eva? –le pregunté-. ¿Es así como tus manos te habían dicho que era?.

– Uf, ¡me gusta mucho!. Está aún más buena de lo que había imaginado… Y esas tetas… ¡madre mía!..

No pude evitar una carcajada ante el comentario, e hice que él también girase para que ella pudiera dar su juicio.

– Eva, ¿y a ti te gusta Adán?, ¿lo habías imaginado así?.

– Mmmmm… Está muy rico, tal y como había formado su imagen en mi cabeza… Me gusta ese culito duro… Y me encanta esa… -mi amiga se mordió el labio.

– No te cortes –le dije-, llama a las cosas por su nombre.

– Polla –contestó pronunciando la palabra que había reprimido-, me encanta su preciosa polla.

– Perfecto, entonces continuaremos con el juego. Voy a volver a anularos vista y oído para que os centréis en el placer de sentir.

Vendé nuevamente los ojos de Adán, y le coloqué los cascos. Cuando fui a vendar los ojos de Eva, viendo que él ya no nos podía escuchar, me dijo:

– Lucía, quiero pedirte una cosa…

– No irás a echarte ahora atrás, ¿no? –pregunté temiéndome lo peor-. Acabas de decir que te gusta.

– No, no, precisamente por eso. Me gusta muchísimo… Me encanta su polla… ¿Sabes cuánto hace que no me como una?. Quiero probarla, eso me pone a mil, me encantaría comérmela…

-¡Jejeje!. Te entiendo perfectamente…

No estaba en el guion –añadí pensativa-, pero siendo tu regalo de cumpleaños… Supongo que podremos hacer una variación… Siéntate y quítate la máscara.

Mi amiga obedeció sentándose en la cama y quitándose el accesorio. La excitación había hecho que el rubor subiese a sus mejillas, sus ojos brillasen y sus labios apareciesen sonrosados, carnosos y jugosos, estaba bellísima.

– Si quieres comerle la polla, será toda tuya –le dije-, pero si vas a utilizar el sentido del gusto, tendré que privarte de los otros. Volveré a vendarte los ojos, y no podrás tocarle con las manos, deberás mantenerlas a la espalda y, por supuesto, tampoco oirás nada. Tan sólo sabrás cómo va él por medio de tu gusto, así que tú verás hasta dónde quieres llegar…

– Uuuuuffff, lo que tú digas –contestó aún más excitada.

Le coloqué la venda y los cascos, y ella misma entrelazó sus manos tras su espalda, quedando a la espera con su boca entreabierta y la respiración acelerada. Tomándole por las caderas, coloqué a Adán, que había esperado pacientemente, y haciéndole dar un paso hacia delante conseguí que la punta de su erecto miembro tocase el labio inferior de la anhelante hembra. Agarrando con firmeza uno de los duros glúteos del joven, le empujé suavemente la cadera hacia delante.

Eva, al sentir la presión sobre sus dos labios, entreabrió un poco más la boca y se irguió acomodándose para coger el ángulo correcto. El glande pasó suavemente entre aquellos pétalos de rosa, y fue penetrando en la humedad y calidez de la boca con el lento empuje de mi mano.

-¡Ooooooohhhh! –exclamó el chico-. Se la estoy metiendo en la bocaaaaa…

Le solté, ya no necesitaban de mi ayuda. Ella succionó la verga moviendo su cabeza, haciéndole gemir, y engulló un buen pedazo de carne. Por un instante sentí envidia, me habría gustado estar en su lugar, pero aquel no era mi momento, sino el suyo, y yo seguía manteniendo el firme propósito de no volver a tener sexo con mi amigo.

Observé con entusiasmo cómo Eva chupaba esa gruesa verga arriba y abajo, haciéndome sentir húmeda. El plátano entraba y salía una y otra vez de su boca, cubierto de saliva, y ella lo succionaba con dedicación golosa, era fascinante.

Adán gemía de gusto mientras ella hacía un característico ruido de succión. Se la veía disfrutando de la felación casi tanto como a él, y había cogido un suave ritmo de mamada con el que sus carrillos se hundían al succionar la polla haciéndola entrar hasta casi la garganta, para luego sacársela sujetando el glande entre los labios, una y otra vez, una y otra vez, sin prisa pero sin pausa.

– Joderrrr, joderrrr, joderrrrr… -gruñía él.

La sensación debía ser intensísima, aumentada por tener el resto de los sentidos limitados, y Eva parecía ser buena en la práctica, porque los gruñidos masculinos comenzaban a acelerarse sin remedio.

A pesar de que me había confesado haberse masturbado esa misma tarde, sabía que al chico le faltaba muy poco para llegar al orgasmo, y mi amiga no tenía pinta de querer dejarlo en ningún momento. Eva seguía concentrada en chupar y chupar, lenta, profunda y constantemente, sin escuchar los cada vez más intensos gruñidos del macho, sin palpar la tensión de sus músculos, disfrutando de ese manjar mientras su coñito derramaba lágrimas de excitación sobre mis sábanas.

-¡Oooooh, joderrr!, ¡oooohhhh, jodeeeerrrrrr! –repetía Adán cada vez más rápido. Me mata, me mata, me está matandooooo…

El orgasmo era inminente, pero la felatriz no parecía percatarse, seguía con el mismo ritmo e intensidad de succión. Sin ninguna señal más que lo que sintiese con su lengua al arrastrarse la verga por ella, mi amiga no tenía ninguna referencia como preaviso, y yo sabía bien que, para cuando quisiera percibir el músculo palpitando en su boca, ya no habría margen para la retirada.

– Joderrrrr, joderrrrr, joderrrrrrrr… -repetía el chico apretando los dientes.

Estaba sufriendo, sufriendo de puro gusto, haciéndosele insoportable. Como ya se había librado de la precipitación de la primera vez, y ella seguía sin aumentar la velocidad para hacerle estallar, le estaba manteniendo al borde de la locura en exquisita tortura. Hasta que por fin, y repentinamente, explotó:

– ¡¡¡Oooooooooohhhhhhhh!, ¡oh!, ¡oh!, ¡oooooooooohhhh, ¡oh!, ¡oooooooooohhhh!!!.

Vi cómo los carrillos de Eva se llenaban de pronto y el denso líquido blanco rezumaba de sus labios y la barra de carne que los penetraba. Contemplé cómo mi amiga tragaba y tragaba mientras el chico descargaba su esencia en su boca, y volví a envidiarla.

Cuando terminó de correrse, volví a tomar a Adán por las caderas y le dejé tumbarse en la cama para reponerse de su poderoso alivio.

Mi amiga permaneció inmóvil, con sus manos aún entrelazadas tras su espalda, y la boca entreabierta. Sus rosados labios se veían jugosos, con dos finos regueros brillantes partiendo de sus comisuras para confluir en su barbilla en una gota perlada. Estaba tan sexy, que el hombre sumergido en las abisales profundidades de mi mente clamó por ella. Me agaché, y a punto estuve de ceder a su clamor besando aquellos jugosos y apetecibles labios, pero en el último instante, conseguí desviarme para sólo recoger con la punta de mi lengua la muestra de néctar de macho de su barbilla. Eva sintió el roce de mi lengua, y sonrió con picardía.

Le quité los auriculares y le pedí ponerse en pie.

– Buen homenaje te has dado -le dije.

– Delicioso –me contestó con su pícara sonrisa-, ¿no crees?.

– Ya me imagino –contesté relamiéndome sabiendo que no podía verme-. Ahora él debería devolverte el favor, ¿quieres que te coma el coño?.

– Uf, me encantaría, estoy tan mojada…

Le quité la venda para recolocarle la máscara, y volví a privarle de la vista y oído. Me acerqué a Adán y le quité todo el atrezzo. Tenía una sonrisa de oreja a oreja.

– Lucía, ¡ha sido brutal! –exclamó-. Tu amiga es increíble… No me esperaba que me hiciera una mamada, ¡y qué mamada!.

– Ya lo he visto… Ahora tendrás que devolverle el “favor”, tendrás que comerle el coño a Eva.

– Me la comería entera…

– Por ahora, con que le comas el coñito sin utilizar más que la boca, será suficiente.

Mientras le vendaba los ojos, le expliqué las mismas reglas que anteriormente le había explicado a mi amiga. Volví a aislarle acústicamente, y le dejé tumbado esperando para probar la jugosa fruta que le iba a ofrecer.

Ayudé a Eva a subir a la cama y colocarse de rodillas, con las piernas abiertas sobre la cara de su Adán. Le coloqué a él una almohada para alzar su cabeza, e hice que ella descendiese hasta que emitió un “Uuuuuuummmm” que me indicó que la boca del chico ya había contactado con su húmedo sexo. Él estaba atrapado entre sus firmes muslos, con los cascos encajándose entre las piernas para no permitirle más movimiento de cabeza que abrir y cerrar la boca besando la vulva que se apretaba contra él.

Eva empezó a suspirar, y a mover suavemente sus caderas atrás y adelante, ofreciéndole toda su ardiente almeja para que él la devorase con devoción.

– Joderrrrr, qué lengüita… -dijo haciéndome saber que aquél juguetón músculo la había penetrado-,.. Así, así, assssí…

Observé con deleite cómo su sensual cuerpo respondía a lo que Adán le hacía, con su cadera contoneándose suavemente y sus bellos pechos en alto mientras se revolvía el cabello con los dedos. Parecía una amazona.

Mi amigo le estaba haciendo una comida lenta, como ella había hecho con él, bebiéndose su zumo de hembra, explorando la calidez de aquella cueva de placer con su lengua, penetrándola una y otra vez, lamiéndola entera. Y se veía que él también disfrutaba del manjar, embriagado por su aroma mientras su virilidad empezaba a cobrar nueva vida engrosándose.

Sin ser consciente de cómo había llegado ahí, me descubrí sentada en la butaca con la mano bajo la falda y el tanga apartado hacia un lado para que mis dedos me penetrasen al ritmo del movimiento de caderas de Eva. Su sensualidad era tan arrolladora, que yo disfrutaba del espectáculo de su cuerpo desnudo en pleno goce, pero mi feminidad empezó a imponerse autoritariamente para que mis ojos contemplasen con fascinación cómo la verga de Adán se movía aumentando de tamaño, y eso produjo que mis propios dedos se metieran en mi coñito con mayor profundidad.

– Así, así, así… -decía mi amiga entre jadeos-. ¡Oh!, ahí, sí, uuuummmmm, ahí… -continuó revelándome que la lengua de su devorador ahora le lamía el clítoris.

Mis dedos hicieron lo propio, y atacaron mi dura perla de placer para masajearla al mismo ritmo. Yo también jadeaba.

La polla de Adán ya se alzaba erecta, totalmente recuperada y dispuesta, hermosa alegrándome la vista con su rigidez y grosor, y eso me hizo acelerarme. Y no fui la única, puesto que el contoneo de caderas de Eva también aumentó el ritmo al sentir mayor velocidad en las caricias linguales de aquel que le comía el coño.

– Ufff, joder, ufffffffff… -resoplaba ella.

Sus manos bajaron de su cabeza, y atenazaron sus balanceantes senos para apretarlos y estrujarlos con furia. Eva estaba a punto de correrse, y yo también.

Se masajeó los pechos con fruición, incluso se pellizcó los pezones mientras sus caderas se movían y apretaban sobre la boca que la devoraba, casi ahogando al joven que tenía bajo ella. Y gimió profundamente, hasta que su gemido se convirtió en un grito triunfal:

– ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh…!!!.

Alcanzó el clímax derramándose en la boca que bebía de ella, emborrachando a su Adán con el cálido licor de hembra, y provocando que yo también alcanzase mi éxtasis torturándome el clítoris con los dedos mientras contemplaba su brutal orgasmo.

Me recompuse como pude, chupándome los dedos embadurnados de mis propios fluidos y recolocándome la empapada prenda interior, mientras mi amiga se levantaba y tumbaba al lado de su amante para recobrar el aliento. A pesar de estar uno junto al otro, ambos mantuvieron la disciplina, y ni tan siquiera hicieron amago de tocarse si no era por orden mía.

Adán tenía la cara mojada, y se la limpiaba con la mano para lamer hasta la última gota de jugo de mujer, con su polla bien erecta y dura preparada para ser usada en cuanto yo diese la orden.

Me acerqué a él, y le quité momentáneamente los cascos y la venda para recolocarle la máscara y volver a dejarle a oscuras.

– Te has portado bien –le dije-. Eva ha tardado poco en correrse.

– Es que está muy rica, me ha encantado comérmela…

– Pues ahora el juego mejora –le contesté con una sonrisa aunque él no pudiera verla.

Le quité también los cascos a mi amiga, y les hablé a ambos:

– Os habéis portado muy bien los dos –les dije-, habéis superado mis expectativas, así que os devuelvo el oído.

Adán, tienes a tu lado a Eva con el coño empapado, ponte encima y fóllatela. Métele la polla hasta el fondo…

Mi amiga suspiró emocionada, y él apenas tuvo tiempo para, a tientas, colocarse sobre ella abriéndola de piernas. Eva agarró con gusto la dureza de Adán y lo guio hacia su humedad para que él, con un vigoroso empuje de cadera, se la metiera entera, con el consiguiente gemido conjunto de placer que regaló sus oídos y los míos.

Recuperé mi sitio en mi privilegiada butaca y, encendiéndome un cigarrillo, observé cómo mi amiga se abrazaba a su amante entregándose a él.

Él se retiró un poco y volvió a empujar con decisión.

– Uuuummmm –gimió ella.

– ¿Te gusta? –le preguntó él denotando placer en su voz a pesar de que esta sonase extraña.

– Me encanta… no pares…

Eva acompañó sus palabras bajando sus manos hasta las caderas de Adán para tirar de él hacia sí, y sentirle más profundamente. Él empujó aún más, presionando su pelvis contra la de ella mientras su polla la horadaba hasta lo mayor profundidad que podía alcanzar. La imagen de ese atractivo y joven culo masculino, contraído y duro por el empuje, en una perspectiva que hasta el momento no había tenido, me resultó exquisita.

Y empezaron a follar cara a cara, o más bien, máscara a máscara; sin verse, olerse o degustarse, disfrutando únicamente de las sensaciones del tacto y los gemidos en su oscuridad.

Adán empezó a marcar un ritmo lento pero de poderoso empuje, y Eva le agarró del duro culito disfrutando de las vigorosas embestidas mientras sus manos se recreaban con el tacto de esos pétreos glúteos que yo sólo podía admirar en aquella ocasión.

Tras unos minutos de tranquilo pero intenso mete-saca, aquello empezó a resultarme algo monótono. Aunque se veía que ellos lo estaban disfrutando, decidí volver a intervenir para dar un nuevo paso en aquel experimento. Consumí mi cigarrillo, y elevando el tono de voz por encima de sus gemidos y suspiros, dije:

– Adán y Eva, ahora tenéis que parar.

Pedro detuvo el bombeo, y ambos se quedaron inmóviles escuchando mi voz.

– Ahora que ya conocéis la experiencia de follar a ciegas, os habéis ganado el derecho de tener otro de vuestros sentidos disponible. Seguro que os gustaría poder ver el cuerpo del otro mientras disfrutáis con él.

– Sí –respondieron ambos al unísono.

Me acerqué a ellos y les quité las vendas que cubrían los orificios oculares de sus respectivas máscaras.

– Eva –dije- creo que ya es hora de que montes a Adán, así podréis disfrutar mejor del tacto y la vista de vuestros cuerpos desnudos.

– Mmmm, sí- respondió mi amiga encantada con la idea-, y así podré clavarme bien a fondo la deliciosa polla de Adán.

Ambos giraron, y cuando Eva se colocó a horcajadas sobre Adán, este se aferró a sus pechos.

– Joder, ¡qué preciosidad de tetas tienes!, me encantan… Te voy a clavar la polla hasta el fondo…

– Clávamela entera –contestó ella.

Le agarró de la verga y, bajando la pelvis, situó el glande entre sus chorreantes labios vaginales. Apretándole los pechos, Adán se elevó y le metió su grueso y duro miembro hasta que los pubis de ambos se fusionaron.

– ¡¡¡Uuuuummmmm!!! – gimieron los dos al unísono dejándose caer sobre el lecho, con todo el peso de mi amiga haciendo que la penetración fuese tan profunda que a ella le dejó un instante sin respiración.

– Eso es –dije yo apartándome para volver a mi butaca de espectadora-. Disfrutad vuestro regalo.

Eva se incorporó quedando perpendicular a él, y comenzó a mover sus caderas sobre el chico, suavemente, contoneándose para sentir el rígido músculo que invadía sus carnes en toda su extensión. Adán masajeaba y estrujaba sus generosos pechos, y emitía leves gruñidos indicativos de que ella sabía moverse.

Por segunda vez me descubrí a mí misma con los dedos jugueteando en la humedad de mi coñito. Apartando la ropa interior para que el índice y el corazón me penetrasen con gusto y acariciasen con entradas y salidas la pequeña porción rugosa de mi interior para hacerme jadear.

Vi cómo mi amigo liberaba los pechos dejando que se bamboleasen de forma natural con los movimientos de la amazona, y agarrándola del culo con firmeza, empezó a elevar sus caderas rítmicamente para follarla a fondo, haciéndola botar sobre él.

A ella se le escapó una carcajada, y acompañó sus movimientos sujetando con sus manos aquellas que le atenazaban los glúteos.

¡Qué precioso y excitante espectáculo me estaban dando!. Aunque mi amiga me había confesado que hacía mucho que no practicaba el sexo, estaba claro que no se le había olvidado cómo hacerlo para disfrutar y hacer disfrutar, era una auténtica loba vestida con piel de cordero. Entre los dos estaban consiguiendo que yo no pudiera dejar de masturbarme acariciando con precisión mi clítoris mientras mi otra mano me masajeaba los pechos y pellizcaba los pezones por encima del sujetador y la blusa.

El ritmo fue aumentando, así como el tono de los gemidos. Eva se movía hacia detrás y adelante con fuertes movimientos de sus poderosas caderas, estrujando al semental que cabalgaba mientras este, con todos sus músculos en tensión, aguantaba el ritmo que ella marcaba dándole toda su potencia varonil, perforándola hasta el fondo con su barrena, extasiándola con su grosor abriendo sus entrañas, elevándola en húmeda pasión con su lanza…

Su ardor y entrega, la belleza de sus cuerpos, los gemidos, el aroma a sexo y mis diligentes dedos, me hicieron alcanzar el orgasmo envolviendo con cálidos fluidos mi mano y mordiéndome el labio inferior para no delatarme ante la pareja.

Ellos estaban en pleno auge, disfrutando de un intenso polvo, con sus gemidos haciéndome notar que en cualquier momento podrían correrse, lo cual yo no podía permitir, aún quedaba una parte de aquel juego…

Fui hacia ellos, y les hice detenerse con Eva ensartada en la verga de Adán. Los dos resoplaban, y apenas pude contenerles para que no continuaran hasta alcanzar el orgasmo, pero ambos obedecieron ante la evidencia de que todas mis instrucciones habían sido para llevar aquel encuentro a un nuevo y placentero nivel.

– Ahora, que estáis a punto de correros- les dije-, voy a volver a quitaros la vista y el oído, así sólo os centraréis en vuestro propio orgasmo cuando lo alcancéis. Os va a encantar…

Los dos asintieron con sumisión, así que Adán vio tumbado cómo le vendaba los ojos y le ponía los auriculares a la Eva cuyo sexo mantenía aprisionada su erección horneándola con su calor. Después me dirigí a él, y aprovechando que mi amiga no nos oía, le dije:

– Te está gustando mi regalo, ¿verdad?.

Esto no te va a hacer falta y así podrás respirar mejor – añadí retirándole la máscara.

– Joder, Lucía, es el mejor regalo que me han hecho nunca…

-¿Te gusta Eva?.

– Uf, ¡me encanta!. Está buenísima y, ¡joder, con qué ganas folla!. Y aunque ahora esté quietecita, no deja de estrangularme la polla… uuuuummmmm…

– Sabía que te gustaría, así que disfruta, porque ahora viene lo mejor. No te muevas y espera mis instrucciones.

Le vendé los ojos y le puse los cascos, dejándole para volver a dirigirme a mi amiga. Le quité los auriculares. Tanto quita y pon era un poco engorroso, pero formaba parte del juego, y sin ello no habría funcionado igual de bien. El misterio era un poderoso excitante.

– Él ya no puede verte ni oírte –le dije-. ¿Quieres disfrutar a tope de tu regalo de cumpleaños?.

– Lucía, estoy disfrutando más de lo que he disfrutado en muchísimo tiempo… ¿Qué más hay?.

– ¿Quieres ver la cara de tu Adán sin que él lo sepa?.

– ¡Uf!, ¡qué morbazo!. A poco guapo que sea, con lo bueno que está y lo bien que folla… Tengo curiosidad…

– Voy a quitarte la venda, y cuando te lo indique, podrás quitarte tú misma la máscara y abrir los ojos.

Mi amiga asintió. Le quité la venda y me aparté de ella para sentarme en la cama junto al chico y poder verla de frente.

– Quítate la máscara y abre los ojos– le ordené.

Se quitó la máscara y tomó una bocanada de aire respirando con cierto alivio al sentirse liberada de esa incomodidad. Abrió los ojos y me miró, esbozando una sonrisa de complicidad, y miró al chico:

-¡Pedro! –exclamó-, ¡es Pedro!. ¡Ooooooohhhhh!, ¡jodeeeeerrrrr!…

Alicia se volvió loca de pura excitación. Efectivamente, Eva era un nombre tan falso como el de Adán, y aquella Eva era en realidad Alicia, la madre de Pedro, y yo le había regalado satisfacer su más oscuro deseo.

Me deleité viendo su cara inicial de sorpresa, el rubor en sus mejillas, el brillo en sus ojos, cómo se relamía los labios, y sonreí satisfecha al contemplar cómo la excitación impulsaba todo el bello cuerpo de Alicia para volver a cabalgar a Pedro con auténtica lujuria, clavándose más y más, con furia, la polla de su hijo secretamente deseado.

– ¡Pedrooooo!, ¡oooooooooohhhhh!, ¡Pedroooooooo!. Mmmme voy a correeeeeeeeerrrrrr, ¡¡¡ooooooooooooooooooooooooohhhhhhhhh!!!….

Alcanzó el orgasmo con tal intensidad, que sus ojos se cerraron en plena catarsis. Pedro, con su cuerpo a punto de explotar también, la sujetaba por el culo alzando su cadera para empalarla bien, así que aproveché para quitarle a él los auriculares y la venda con un tirón.

– ¡Alicia! – gruñó entre dientes al reconocer a su madre corriéndose sobre él-. ¡Joderrrrrr, Aliciaaaaaaa!, ¡Aliciaaaaaaahhhh!, ¡Aliciaaaaaaaaaahhhh!… ¡¡¡Me corroooooooooooooooooohhhhh!!!…

El orgasmo de ella declinaba en aquel momento, y al oír su nombre en la voz de su hijo, abrió los ojos para encontrarse con él mirándola fijamente en pleno éxtasis. La cálida corrida del apetitoso joven invadió las entrañas de Alicia, y un nuevo orgasmo le sobrevino como un huracán haciéndole correrse nuevamente con él. Observé cómo, en la cima del placer más absoluto, sus miradas se mantenían creando un mágico momento en el que los húmedos sueños de ambos se convirtieron en realidad. Y confirmé que a pesar de que aquello sería abominable para muchos, para mí representaba el orgullo de haber satisfecho los deseos de dos personas que habían alcanzado la felicidad de tenerse el uno al otro.

Cuando el orgasmo compartido llegó a su zenit, Alicia se derrumbó sobre el pecho de Pedro, y este la abrazó con fuerza. Ya no sólo eran madre e hijo, ahora eran los amantes que ambos habían deseado en secreto.

Salí del dormitorio para recoger la ropa de Alicia del salón y dejársela discretamente sobre la cómoda de mi habitación. Seguían abrazados, susurrándose al oído, por lo que decidí dejarles un poco de intimidad para irme al vestidor y cambiar mi mojada ropa interior.

CONTINUARÁ…

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