SECRETARIA PORTADA2Esa tarde entendí en qué zorra en que se había convertido realmente mi tía cuando en la tranquilidad de nuestra casa y mientras veíamos la tele, me preguntó:
Sin título-¿Cuándo terminen estas vacaciones seguiremos viéndonos?
Creí que lo que realmente estaba queriendo saber es si ya en Madrid nuestra incestuosa relación continuaría. Por ello, cogiendo uno de sus pechos entre mis manos, apreté el pezón mientras contestaba:
-¿No te apetece ya joder con tu sobrino?
Pegando un gemido, se pegó a mí y bajando mi bragueta, sacó el miembro que se escondía en su interior mientras insistía:
-Sabes que moriría antes de dejar de follar contigo, pero me refería si seguiremos en contacto con ese par de putas.
-Eso depende de ti- respondí sintiendo que aferraba mi pene entre sus dedos y comenzaba a pajearme.
Durante un minuto se concentró en conseguir que me excitara con el lento vaivén de su muñeca hasta que viendo que me tenía ya en plan verraco, me confesó:
-Creo que sí. Es más estaba pensando en juntarlas y obligarlas a ser putas a nuestro servicio.
Al escucharla, visualicé en mi mente a la madre y a la hija comiéndose entre ellas. Esa escena me provocó una total erección que usó mi tía para soltarme el bombazo:
-Quiero convertirlas en nuestras sumisas para comprobar sus límites y hasta donde están dispuestas a llegar.
Dejé que diera un primer lengüetazo a mi glande antes de preguntar como pensaba vencer su natural reluctancia a dar ese paso. Muerta de risa, contestó:
-Por medio del chantaje. Tenemos suficiente material gráfico para destrozar sus vidas si se niegan.
Tras lo cual, zanjó el tema separó sus labios e introdujo mi verga hasta el fondo de su garganta…

Nuestra primera víctima se suponía que iba a ser Aurora

Tras mucho discutirlo, decidimos que la más vulnerable de las dos era la madre porque era la que tenía más que perder si se revelaba su infidelidad. Acostumbrada a un alto nivel de vida, su marido la echaría de su lado si descubría que no solo se había tirado al novio de su hija sino que también había yacido con una mujer.
-Te lo aseguro, ¡esa puta haría lo impensable por que no saliera todo a la luz!- recalcó Elena- ¡Imagínate que pensaría de ella sus amistades viendo como me come el coño!
Asumiendo que tenía razón, no estaba del todo convencido porque de alguna manera su marido también había estado con mi tía y eso era un punto a tomar en cuenta. Al insistir en ello, quedamos en que debíamos profundizar en su emputecimiento antes de intentar chantajearla.
-Déjame que piense cómo hacerlo- dijo quedándose en silencio.
Al cabo de media hora, sonrió y me dijo:
-Ya lo tengo pero para ello, deberás dejarme sola con Aurora esta tarde.
-¿Quieres que me vaya?- pregunté ya interesado y antes que contestara, insistí diciendo: -¿Qué has pensado?
Descojonada se negó a anticiparme sus planes y echándome de la casa, me prohibió que retornara hasta que ella me avisara. Picado por la curiosidad, no me quedó más remedio que obedecer y no teniendo otra cosa que hacer decidí invitar al cine a Belén para así dejarle campo libre con su madre.
Mi exnovia desconociendo mis intenciones aceptó de inmediato y por ello, tres cuartos de hora después estábamos haciendo cola a las puertas del local donde echaban la película que íbamos a ver.
Mientras esperábamos que las personas que nos precedían en la fila compraran sus entradas, Belén me confesó que su vieja le había interrogado acerca de nuestra relación y que para evitar que sospechara que también se acostaba con Elena, le había tenido que reconocer parte de nuestros encuentros.
-¿A qué te refieres?- quise saber.
Avergonzada me explicó que le había contado que no me conformaba con el sexo normal sino que me volvía loco follármela analmente.
-O sea, me echaste la culpa a mí de la zorra en qué te has convertido.
Bajando la mirada y con el rubor cubriendo sus mejillas, contestó afirmativamente con la cabeza.
-¿Qué más le dijiste?- susurré en su oído mientras tocaba descaradamente su culo.
Reteniendo un gemido por la excitación que le producía que la magreara en mitad de tanta gente, ronroneó antes de desembuchar que Aurora se había dado cuenta que la había masturbado en público y que al decírselo, también le había sacado que la ponía bruta el ser exhibicionista.
Aunque sabía de ese pecado, el oírlo de sus labios me indujo a incrementar su calentura tomando un pecho entre mis manos ante la reprobación de nuestro entorno. Las miradas duras de los padres y madres de familia lejos de cohibirla, azuzaron su lujuria y ya sin disimulo me rogó que le regalara con un pellizco en sus pezones.
-Eres la más cerda que conozco- respondí al tiempo que cumplía sus deseos.
El gemido que salió de su garganta fue tan evidente que los cuchicheos se convirtieron en insultos y no queriendo que la situación empeorara, preferí perderme la película a llegar a las manos. Ya nos íbamos pero entonces Belén comportándose como una perra en celo, me pidió que la acompañara y me llevó al parking de ese centro comercial para que la tomara sin compasión.
Recordando lo sucedido, busqué un lugar discreto pero donde las personas que se fijaran pudieran vernos follando. Una vez allí, usando un tono duro la obligué a darse la vuelta y a apoyar las manos contra un coche.
-¿Qué vas a hacer?- preguntó claramente excitada al comprobar que aunque lejos estábamos frente a la escalera mecánica por donde salían todos.
Sin darle tiempo a reaccionar, levanté su falda y descubrí que no llevaba ropa interior. Aprovechando su ausencia, recorrí sus pliegues con mis dedos, encontrándome con su coño ya encharcado.
-¿Te pone bruta esto?- susurré al apoderarme del erecto botón de su entrepierna.
Revelando su naturaleza innata, me rogó que la tomara pero en vez de complacer sus instintos, me dediqué a torturar su clítoris buscando ponerla todavía más cachonda. Sin cortarse un pelo, chilló de placer al sentir que su cuerpo convulsionaba producto de mis caricias y necesitada de acción, me imploró nuevamente que rompiera su culo.
-¿No decías que yo te obligaba a ello?
-Lo siento- sollozó viendo mi enfado.-Desde que lo descubrí, desespero cuando no siento tu polla dentro de mi trasero.
-¿Eres adicta a mi verga en tu culo? ¡Verdad! ¡Zorra!- pregunté mientras mojaba un dedo en su coño y se lo incrustaba por el ano.
-¡Sí!- aulló en voz alta llamando la atención de dos muchachos que pasaban frente a nosotros.
Metiendo y sacando esa yema de su interior, provoqué que gimiera como descosida mientras esos críos se acercaban a ver qué pasaba, creyendo quizás que Belén estaba en dificultades. La actitud agresiva que traían cambió de pronto en cuanto se dieron cuenta que estábamos follando y comportándose como unos voyeurs, se quedaron mirando a escasos metros de nosotros.
Su presencia exacerbó más si cabe la temperatura de la morena y con auténtica angustia en su voz, me rogó que la tomara. Pero entonces la sorprendí preguntando a los recién llegados si les apetecía ser ellos quien le echasen el polvo. Ni que decir tiene que tras la sorpresa inicial, los dos adolescentes dijeron que sí y bajándose sus sendas braguetas se acercaron a Belén.
Esta que hasta entonces se había mantenido callada, en cuanto tuvo la primera polla a su alcance, se arrodilló frente a ella y de un solo golpe se la metió en la boca mientras el menos afortunado tomaba sitio tras de ella.
-¿Seguro que no te importa?- me preguntó indeciso el chaval.
-Para nada- respondí mientras sacaba el móvil e inmortalizaba la escena.
El muchacho no debía tener mucha experiencia porque teniendo un ano relajado a su disposición prefirió horadar su coño mientras Belén le mamaba la verga a su amigo. La satisfacción que sintió mi exnovia al experimentar sus dos agujeros invadidos a la vez fue tal que no tardó en correrse por segunda vez.
-Dadle duro- ordené a los críos al ver que bajaban el ritmo asustados quizás por los berridos de mi amiga.
Azuzado por mis palabras, el que se la estaba follando incrementó la velocidad de la follada haciendo que cada vez que la penetraba hacía que la pobre Belén se tragara hasta el fondo de su garganta la polla del otro chico La felicidad que descubrí en los ojos de esa puta era tal que me hizo comprender que estaba disfrutando.
Sin dejar de filmar la escena, espoloneé a los muchachos para que machacaran sin pausa el orificio del que estaban a cargo, de forma que zarandearon hacia adelante y atrás a mi amiga con una energía que demolió las pocas defensas que aún mantenía.
Por eso no tardé en ser testigo pasivo de cómo esa morena se corría una y otra vez al no poder controlar su excitación por el ataque coordinado de esos dos desconocidos.
«Está descontrolada», me dije al observar sus piernas completamente mojada por el flujo que brotaba de su coño y muerto de risa, enfoqué su entrepierna para que pasara a la posteridad el geiser en que se había convertido.
Gozando como la guarra en que se había convertido, Belén exprimió la verga que tenía en su boca con una eficacia que incluso despertó mi envidia y por eso no me extrañó que ese muchacho fuera el primero en correrse. Al hacerlo, mi amiga se ocupó que no se desperdiciara ni una gota y usando su garganta como receptáculo, absorbió las explosiones del crio llevándolas directamente a su estómago.
El orgasmo de su colega estimuló al que estaba machacando el coño y llevando al límite la profundidad de sus embestidas, las convirtió en un continuo traqueteo que más que una follada parecía la doma de una potrilla.
«El chaval es bueno», sentencié al ver cómo se agarraba a los pechos de mi amiga para forzar su sexo.
Belén debía de pensar lo mismo porque ya sin la mordaza que suponía la verga del primero, berreó como si la estuvieran matando mientras se le caía la baba por el placer al que estaba sometida.
-Cabrón- chilló al sentir que las manos del muchacho agarraban su melena y usándolas como riendas tiraba de ellas hacia atrás- ¡me haces daño!
Las quejas de la morena no afectaron al ritmo del crío, muy al contrario fue el acicate que necesitaba para seguir aporreando brutalmente a su montura hasta que la suma de tantos estímulos le llevaron a descargar sus huevos en el húmedo conducto de Belén. La habilidad que le suponía quedó certificada cuando en vez de parar, obligó a la morena a seguir exprimiendo su miembro con sonoras nalgadas. Nalgadas que sorprendieron tanto a mí como a Belén pero, en el caso de esta última, la rudeza de esas caricias le regalaron un postrer orgasmo antes de caer agotada sobre el pavimento.
Todavía mi amiga seguía recuperándose cuando ese puñetero crío se acercó a mí y con tono serio, me dijo:
-Gracias. ¿Cuánto le debemos?
Muerto de risa porque creyeran que Belén además de puta era de pago, les pregunté cuanto costaba una hamburguesa en el McDonald´s. Al decirme el precio, contesté:
-Entonces cinco euros.
Los muchachos no pusieron ninguna objeción y reuniendo entre los dos unas monedas, me hicieron entrega de lo acordado mientras mi amiga alucinaba con lo que estaba ocurriendo. Tras lo cual, educadamente, se despidieron dejándonos solos.
-¡Me has vendido!- murmuró todavía impresionada al verme guardar el dinero.
Si creéis que estaba enfadada, os equivocáis. Por su tono comprendí que esa transacción la había excitado y a modo de gratificación, solté un azote en su mojado trasero mientras le decía:
-Te has ganado la merienda- y cogiéndola de la cintura, volvimos al centro comercial a gastar su recompensa.
El sensual movimiento que imprimió a sus caderas mientras recorríamos los pasillos en busca del restaurante fueron una prueba que le había gustado pero lo que realmente confirmó que esa experiencia había sobrepasado sus expectativas, fue cuando al sentarse me soltó:
-¡Ha sido alucinante!
Al escuchar de sus labios su satisfacción, quise ahondar en sus sentimientos para sacar a la luz su verdadera naturaleza. Belén estaba tan emocionada que no puso reparos en explicarme que le había encantado sentirse usada pero lo que realmente me sorprendió fue cuando ya lanzada, me reconoció que mientras esos dos se la tiraban lo que realmente le ponía bruta era que yo estuviese presente.
-Explícate- ordené interesado.
Tomando aire, la morena me confesó:
-Desde que hemos vuelto, me has hecho descubrir sensaciones desconocidas. No solo he conocido que se siente con otra mujer sino que me has enseñado otras facetas del sexo con las que nunca soñé.
-¿A qué te refieres?- Insistí.
Roja como un tomate, respondió:
-Por favor, no te rías pero cuando no estoy contigo, no puedo dejar de pensar en lo siguiente que me vas a ordenar hacer.
-¿Y eso te gusta?
El fulgor de sus ojos anticipó su respuesta:
-¡Me encanta!- y recalcando sus palabras, llevó una de mis manos hasta su chocho para que comprobara que no estaba mintiendo cuando dijo: -Solo verte me pone cien y no puedo pensar en nada que no sea complacerte.
-¿Me estás diciendo qué te excita obedecerme?
-Aunque me cuesta comprenderlo, sí- contestó mientras su almeja volvía a babear: -Me vuelve loca saber que tú estás al mando.
Descaradamente Belén se estaba auto proclamando como mi sumisa y buscando ratificarlo, le solté:
-¿Quién es tu dueño?
Con auténtica alegría al saber que con esa pregunta la estaba aceptando como era, respondió:
-Usted, mi amo.
Su respuesta despejó mis dudas y recreándome en mi nuevo poder, me dediqué a masturbarla mientras pensaba en cómo aprovecharlo. La morena no solo permitió que la tocara de ese modo en mitad del local sino que separando sus rodillas, colaboró conmigo hasta que totalmente entregada se corrió sobre su asiento.
Ni siquiera había terminado de hacerlo, cuando con una sonrisa de oreja a oreja, me preguntó:
-¿Cómo le gustaría a mi amo que su esclava le complaciera?
Fue entonces cuando arriesgando lo conseguido, le solté:
-Si te dijera que te tiraras a una zorra, ¿lo harías?
-Sin dudarlo-muy segura respondió.
-¿Fuera quien fuera?- insistí.
La morena no advirtiendo el lazo que estaba anudando alrededor de su cuello afirmó con rotundidad:
-Una sumisa obedece siempre a su amo.
Forcé los términos de nuestro acuerdo al decirla:
-¿Y si la zorra que te elijo resulta ser tu madre?,
En esta ocasión su respuesta no fue tan rápida. Se notaba que en su interior se estaba desarrollando una cruel lucha entre su moral y la adicción que sentía por mí. Afortunadamente para mis intereses, al cabo de unos segundos y con lágrimas en los ojos, contestó:
-Si mi amo lo desea, ¿quién soy yo para oponerme?
Gratificando su renuncia con un beso, decidí no seguir incrementando su tensión y por eso no volví a tocar el tema durante toda la tarde y solo cuando ya cerca de las nueve la dejé en casa, me permití recordarle nuestro pacto diciendo:
-Tu amo quiere una mamada.
Mi amiga firmó su sentencia cuando eufórica me bajó la bragueta mientras me decía:
-Gracias, lo estaba deseando…sex-shop 6