Llevaba dos semanas esperando el día de hoy. Su hija iba a comenzar la universidad y se había ido dos semanas a otra provincia para hacer un curso de preparación. Hoy regresaba.
Estaba deseando verla, se sentía muy sola. Desde que su marido había muerto hace unos años se habían quedado solas y se habían apoyado la una a la otra. Ésta era la primera vez en mucho tiempo que Estela se quedaba sola, y no le gustaba estar sola.
Cogió el coche y fue a recoger a su hija a la estación de autobuses. Cuando la vió se sintió aliviada, por fin estarían otra vez las dos en casa.
– ¡Cariño! ¡Por fin has llegado! ¡Que ganas tenía de verte!. – Saludo a su hija.
– ¡Hola mamá! ¡Estaba deseando verte! Te he echado de menos. – Contestó Miriam, su hija.
– ¿Qué tal lo has pasado? ¿Has conocido a mucha gente?
– Si, además he conocido a una chica que irá a mi misma facultad, así que no iré sola, por lo menos ya conozco a alguien.
– Estupendo cariño, bueno, vamos al coche que te he preparado tu comida favorita.
Durante el viaje de vuelta, Miriam estuvo contando a su madre todo lo que había hecho en el curso, la gente a la que había conocido y, sobre todo, le habló de Shana, la chica que iría a la universidad con ella.
Miriam estaba contenta y animada y eso hacía que Estela también lo estuviese, le encantaba ver a su hija feliz y llevaba un tiempo asustada por lo que se encontraría en la facultad. Haber conocido a alguien le había sentado bien.
Durante los siguientes días, Miriam quedó varias veces con Shana para salir a dar una vuelta, a tomar algo o a ir al cine.
Como hablaba tanto de ella, Estela le propuso a su hija que la invitase un día a cenar y así la conocería ella también. ¡Miriam estaba encantada!
El siguiente fin de semana, Shana vino a casa con Miriam. Era una preciosa jovencita negra, con una cara sonriente y una figura estupenda. Un pelo largo y ensortijado le caía grácilmente por delante de los hombros, acabando sobre el inicio de sus pechos. Su piel tan oscura, contrastaba con la clarita piel y el pelo rubio de su hija.
– Hola. – Dijo Estela. – Me alegra conocerte, Miriam no para de hablar de tí.
– Yo tambien estaba deseando conocerla, Miriam está muy unida a usted. Su hija es maravillosa, me alegro mucho de haberla conocido.
– Bueno Shana, tampoco es para tanto jajaja. – Replicó Miriam, azorada.
– Bueno, espero que te guste la cena que he preparado. – Dijo la madre, dirigiendolas al comedor.
La cena fue muy agradable. Shana era una chica muy simpática y Estela estaba contenta por ello.
Les estuvo contando parte de su vida. No tenía padres y vivía con su hermano, un par de años mayor que ella, en un pequeño piso de alquiler. Su hermano trabajaba mucho para que ella pudiese pagarse la universidad y pudiese tener las oportunidades que él no tuvo.
– Tu hermano tiene que ser un gran chico Shana. – Dijo Estela. – Estarás orgullosa de él.
– Es la persona más importante de mi vida, no sé que habría hecho sin él.
Después de cenar, estuvieron viendo una película. La madre quiso dejarlas solas así que se fué a dormir a su cuarto, contenta por la compañía que había encontrado su hija.
Las cosas siguieron igual durante un tiempo. Ya habían comenzado la universidad y les tocó en la misma clase. Shana iba alguna vez a cenar a casa y todos los fines de semana quedaban para salir.
Un día, Miriam se dirigió a su madre.
– Mami, Shana ha tenido un pequeño problema en casa…
– ¿Que ha pasado?. – Preguntó la mamá, asustada.
– Se les ha reventado una tubería… tienen la casa inundada. Te quería preguntar si se puede quedar este fin de semana entero en casa, hasta que lo arregle el fontanero.
– Claro que sí, no se va a quedar en la calle.
– Y… ¿Su hermano también?
Estela dudo. No le conocía de nada y le daba un poco de reparo, pero siendo el hermano de Shana…
– De acuerdo, el hermano también. ¡Pero sólo por este fin de semana!
– ¡Gracias mamá! ¡Eres la mejor! – Dijo Miriam, lanzandose a abrazar a su madre.
Cuando se fue, Estela se quedó pensando si era buena idea meter en casa a ese joven sin conocerle. A lo mejor intentaba algo con Miriam… Aunque, si quisiese algo, lo podrían hacer en cualquier momento… Casi mejor tenerlos cerca…
Entre esos pensamientos se perdía la mente de Estela.
La semana pasó volando y el viernes llegó enseguida. Cuando llegaron los dos hermanos a casa les abrió Miriam.
– ¡Hola! – Saludó, feliz.
– ¡Hola! – Saludo Shana, pasando a la casa con confianza. – Os hemos traído esto como agradecimiento. – Dijo , mostrándoles dos cajitas cuadradas, con un par de collares dentro. Los collares eran algo ajustados al cuello, con un pequeño adorno de plata.
– No tenías que haberte molestado, Shana, es un placer.
– No es nada, que menos que un pequeño detalle. ¡Ah! Casi se me olvida, éste es mi hermano, Jamaal.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Estela, creía que iba a venir un chiquillo, ¡Pero era todo un hombre! No pudo evitar fijarse en su cuerpo y recorrerlo con la mirada. Era todo fibra.
– ¿Mama?. – Miriam la saco de su ensimismamiento.
– ¡Ah! ¡Hola! Pasad por favor, la cena está casi lista, espero que estéis cómodos este fin de semana.
Rápidamente hulló hasta la cocina a seguir con la comida. No sabía qué le había pasado… Vale que llevaba mucho tiempo sin estar con un hombre… Desde que murió su marido… Pero no podía reaccionar así, ¡Era un chiquillo!
Durante la cena, no paró de echar miraditas a Jamaal. No pudo evitar observar como él miraba a Miriam… Y los celos la inundaban… Tenía cierta envidia de su hija por atraer la atención del chico, pero por dentro también se sentía culpable. Con esos pensamientos, la cena y el resto de la noche fue un autentico infierno. Todo el rato pendiente de Jamaal y de Miriam, de sus miradas, de sus gestos. En cuanto pudo, se disculpó y se fué a dormir.
En la cama, la calentura la corroía. Desde que murió su marido no había tenido sexo con nadie, ni siquiera se había masturbado… Y la presencia de ese joven la perturbaba. Notaba sus pezones duros como piedras contra su camisón, así como la humedad que tenía en la entrepierna.
Inconscientemente, sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, acariciandose lentamente. Se acarició los pechos, notando los pezones erizados entre sus dedos, pellizcándolos, estremeciendose con el contacto. La otra mano comenzó a bajar a través de su tripa hasta acariciarse el coño por encima de la ropa, se notaba húmeda y el ligero contacto de sus dedos hizo que se estremeciera. Apartó el camisón y metió la mano dentro de sus bragas, estaba chorreando… Sus dedos se deslizaron dentro de su coño con facilidad. No recordaba cuanto tiempo hacía que no estaba tan caliente. A su mente comenzaron a llegar los recuerdos de lo que era tener sexo con su marido, sólo había estado con él… De golpe, apartó las manos, sintiéndose culpable, cómo si le estuviese traicionando. Se dió la vuelta en la cama y entre estos pensamientos cayó en un húmedo sueño.
A mitad de la noche, unos ruidos la despertaron. Se incorporó en la cama y se quedó escuchando paralizada, no era posible que Miriam… No, no se imaginaba eso de ella… ¡No podía hacerlo con su madre al otro lado de la habitación!
Se levantó, preparada para lo que iba a ver, aunque sin saber muy bien qué le iba a decir. La puerta de Miriam estaba abierta. Se acercó lentamente y, cuando vió por el resquicio de la puerta lo que estaba sucediendo se quedó en estado de shock.
Miriam estaba teniendo sexo sí, ¡Pero no con Jamaal!
La imagen era impactante. Miriam estaba tumbada sobre la cama, con las manos agarradas al cabecero de la cama y ¡Shana estaba sentada sobre su cara!
La joven negra estaba de cara a su pareja, sujetándole la cabeza con una mano, guiando a su compañera en su labor. Los gemidos que profería Shana dejaban ver que su hija lo estaba haciendo bastante bien…
No era la primera vez que Estela veía sexo lésbico, alguna vez con su marido habían visto alguna película porno… ¡Pero no había esperado que su hija fuera lesbiana!
Las chicas seguían ajenas a la observadora que había aparecido en el quicio de la puerta y seguían con su diversión. Shana descabalgó la cara de Miriam y, echándose encima de ella, comenzó a besarla con avidez, como si quisiese devorarla. Mientras la besaba, su mano comenzó a acariciar el cuello de la joven, bajando lentamente por su pecho, entreteniéndose en sus pechos, jugándo con sus pezones, pellizcándolos y dando pequeños tirones que arrancaban gemidos de la joven.
Las manos de Miriam, a su vez, comenzaron a recorrer la espalda de Shana, bajándo rápidamente a sus nalgas. La dió un azote que resonó en la habitación y después comenzó a amasar el culo de su compañera, separándole las nalgas y atrayendola hacía su cuerpo, parecía querer fundirse con ella.
Desde la puerta, Estela tenía una visión estupenda de los jueguecitos de las jovenes. Pudo ver claramente el ojete apretado de Shana cuando Miriam le separó las nalgas, así como su coño, que se veía claramente empapado. La madura mamá estaba paralizada, no sabía si entrar y parar lo que estaban haciendo, o irse y hacer como que no había visto nada. En vez de eso se mantuvo de pie, inmóvil, detrás de la puerta, observando. Una extraña sensación de alivio ocupaba la mente de Estela al pensar que Miriam y Jamaal no tenían nada entre ellos.
El joven estaría durmiendo en el sofá, totalmente ajeno a la escena que se estaba desarrollando en la planta de arriba. La imaginación de Estela comenzó a volar, imaginándose a ella con Jamaal mientras sus manos continuaban lo que habían comenzado en la habitación antes de dormir.
Mientras sus manos bajaban sus bragas y comenzaban a introducirse en el húmedo coño de Estela, las chicas no perdían el tiempo. Ahora estaban a cuatro patas las dos, Miriam delante de Shana, mientras su amiga le hacía un cunnilingus. Esta vez era Miriam la que no disimulaba sus gemidos de placer, que eran acompañados de un vaivén de sus caderas, indicándole a Shana que quería que llegase más adentro.
La joven negra, viendo el deseo de Miriam, se levantó de la cama y extrajo de su bolsa un enorme consolador negro. Al ver la escena, Estela tuvo su primer orgasmo. Tuvo que echarse a un lado y taparse la boca con una mano para no delatarse.
Al llevarse la mano a la boca, le llegó el aroma dulzón de su sexo, que impregnaba sus dedos. En un acto irracional comenzó a chuparlos, sintiendo por primera vez en su vida el sabor de su orgasmo.
Tras unos segundos de relax, no pudo evitar volverse a levantar y seguir mirando los juegos de las chicas. En este momento, Shana introducía el enorme consolador negro en el coño de la chica, follándola violentamente.
Miriam estaba desatada, sus gemidos se debían escuchar en toda la casa. Eso perecía animar a Shana, que acompañó las embestidas del consolador con largos lametones en el ano de su hija.
Estela seguía masturbándose, ¿Qué la estaba pasando? ¡Estaba enferma! Pero no podía parar. La escena que contemplaba la estaba volviendo loca…
– ¿Te gusta?
Se quedó paralizada. Ni siquiera era capaz de darse la vuelta.
– He hecho una pregunta.
Poco a poco comenzó a girarse y vió a Jamaal detrás de ella. Sólo llevaba unos boxer ajustados, lo que la permitió contemplar el espectacular cuerpo del joven.
– Parece que te gusta espiar a los demás. ¿Verdad?. – Estela no contestó, tenía la boca abierta de la impresión y no podía moverse.
– Y parece que no sólo espiar. – Apuntó, mirando las bragas de la madurita mamá por los tobillos.
Ni siquiera lo vió venir. La mano de Jamaal se movió rápidamente hasta su coño, introduciendo un par de dedos de golpe. Un gritito se escapó de la boca de Estela.
– Vaya vaya… Si que te gusta si… – Jamaal comenzó a mover sus dedos. Estela era incapaz de reaccionar de ninguna manera, estaba superada por la situación. –  Pues si tanto te gusta, vamos a ver si me gusta a mi tambien.
Jamaal agarró con fuerza a la mujer y la volvió a poner a mirar a través del quicio de la puerta, mientras él se situaba detrás y comenzaba a masturbarla lentamente.
– ¿Te gusta ver como se follan a tu hija? –  La decía Jamaal al oído.
Las posiciones habían cambiado. Shana se había puesto un arnés y Miriam estaba a cuatro patas en el borde de la cama, mientras la joven negra la follaba con fuerza de pie en el suelo mientras la cogía del pelo, obligándo a la joven a mantener la cabeza alzada. Las tetas de Miriam colgaban y oscilaban con cada embestida, su boca estaba continuamente abierta en un mudo gemido de placer.
Estela por su parte, estaba disfrutando de la masturbación que le estaba dando su joven invitado. Una mano comenzó a deslizar los tirantes de su camisón, para dejarla completamente desnuda. Con todo el terreno despejado, Jamaal comenzó a juguetear con los pezones de Estela, que no tardaron en ponerse duros como piedras.
La erección del joven era evidente, y Estela la notaba presionando contra su culo. Comenzó a restregarse contra ella de manera inconsciente, acompañando sus movimientos de sonoros gemidos. Jamaal, dando la vuelta a Estela, la obligó a agacharse y, bajándose los calzoncillos, liberó el enorme pene delante de la asombrada mamá.
Ésta no dudó ni un segundo, en cuanto la tuvo delante comenzó a devorarla con ansia. Estaba descontrolada. No le importaba no conocer apenas a ese joven, y tampoco que su hija estuviese siendo follada a escasos metros de ella por una jovencita.
Jamaal estaba disfrutando de la profunda mamada que le proporcionaba Estela. Comenzó guiando su cabeza para marcar el ritmo, pero después de ver que la mamá era perfectamente capaz, la dejó seguir a su ritmo.
– ¿Te gusta mi polla, putita?. – Prguntó Jamaal.
– MMmmmm. – Gimió Estela.
– ¿Quieres que te folle con ella?
Estela asintió, con la polla de Jamaal aún en la boca.
– Pues pídemelo.
– Por favor, follame… Méteme esta enorme polla en el coño. – Susurró Estela, consumida por el deseo.
– Apóyate contra la puerta.
Estela obedeció. Inclinándose hacia delante y sacando su trasero hacia fuera para facilitar la embestida. No se creía lo que estaba haciendo, ella que había aguantado sin sexo desde que su marido la dejó… Pero necesitaba esa polla más que nada en el mundo…
Jamaal apoyó la punta en el coño de Estela, notando lo empapado que estaba y de un golpe lo metió hasta dentro.
Estela contuvo un grito y miró dentro de la habitación por si se habían dado cuenta. Ninguna de las dos jóvenes se había percatado.
La madre y la hija estaban siendo folladas al unísono por los dos negros hermanos. Las pollas entraban y salían del coño de las dos rubias con fuerza y energía, todo estaba siendo excitante hasta que Jamaal, sin avisar, empujó la puerta y la abrió de golpe, dando ésta un sonoro golpe en la pared.
Las jóvenes se volvieron de golpe y Miriam se apresuró a taparse con la sábana.
– ¡Mamá! – Grtió asombrada.
Shana en cambio, ni siquiera se inmutó.
Estela estaba inmovilizada del shock.
– Mira a quien he cogido espiandoós. – Dijo Jamaal. – Estaba realmente cachonda…
Shana se levantó de la cama y avanzó hacia Estela.
– Asi que te gusta espiar a tu invitados… ¿Te parece una forma correcta de actuar?.
Estela, que seguía siendo follada por la polla de Jamaal, no supo que contestar.
– ¡Te he hecho una pregunta!. – Gritó Shana, agarrando a Estela de un pezón y retorciendolo.
– ¡Ahhhh!. ¡M- Miriam! – Exclamó, pidiendo ayuda a su hija.
– Tu hija no tiene nada que decir sobre esto. Te hemos pillado espiando y ahora vas a pagarlo. – Dijo Shana
Jamaal Sacó la polla dejando un vacío en el coño de Estela, a la vez que la agarraba del pelo, arrastrandola al centro de la habitación y obligándola a arrodillarse.
– Nos has cortado una estupenda sesión de sexo. Ahora tendrás que compensarme. – Continuó Shana, acariciando el falo con el que se estaba follando a Miriam.
– ¿No te enteras zorra? ¡Chúpalo!. – Le gritó Jamaal, empujando su cabeza hacia el falo de plástico. A Estela no le quedó más remedio que metérselo en la boca, mirando con verguenza a su hija al darse cuenta de que estaba saboreando su sexo.
Miriam no se había movido de la cama. Contemplaba inmóvil como los dos hermanos forzaban a su madre.
La polla de plástico ocupaba el lugar que hace escasos minutos llenaba el pollón de Jamaal.
– Ven aquí pequeña. Demuestrame si es verdad lo que dicen que de tal palo tal astilla – Dijo el chico, agarrándose la polla. Miriam obedeció.
Las dos chicas estaban de rodillas, una al lado de la otra, tragandose cada una su polla correspondiente. Estela estaba asombrada de la facilidad con la que Miriam había obedecido, pero la situación estaba volviendo a superarla. Estaba evadiendose de todo y volviendo a sentirse caliente.
– Parece que eres tan hábil como tu hija en el arte de chupar una polla. Veamos que tal te comes un buen coño ahora. – Dijo Shana, quitandose el arnés y abriendose de piernas.
Estela dudó, hasta que unas manos guiaron su cabeza hacia el húmedo coño que tenía delante. Comenzó a lamer lentamente, mientras esas manos la guiaban en su labor. Introducía la lengua y la movía en rápidos movimientos, escuchando los gemidos de placer de Shana. Entonces, algo comenzó a abrirse paso en su coño. Jamaal iba a follarla, pero entonces… ¿Quién estaba guiando su cabeza?
Aparto la boca y giró para ver como Miriam era la que estaba ayudandola a comerse un coño por primera vez en su vida.
– ¡Hija!
– No te preocupes mamá. Es mejor así… Dejate llevar y disfrutarás más…
Las palabras de su hija la dejaron helada, hasta que la enorme polla de Jamaal volvió a llenarla por dentro. Unas cuantas embestidas después y volvía a estar comiendose el coño de Shana.
Estela estaba siendo usada por el coño y por la boca y mientras tanto, su hija, comenzó a acariciarla suavemente, como animándola a seguir y premiándola por su buen comportamiento.
El primer orgasmo llegó de repente. La mamá se retorcía de placer en el suelo, frente a sus dos folladores y a su hija sin intentar ocultar el gozo que estaba sintiendo.
– Parece que a nuestra anfitriona le hacía falta echar un buen polvo ¿No?. – Dijo Jamaal, entre risas.
– Si, un buen polvo y buenos modales también. ¿Dónde esta el obsequio que te trajimos? ¡Que mala educación!. – Exclamó Shana.
Estela entonces se fijó que Miriam llevaba puesto el collar.
– Miriam, trae el regalo de tu madre. Que mientras nosotros seguiremos jugando un rato con ella.
La joven salió de la habitación y fue a buscar el collar a la habitación de su madre. Cuando lo encontró, regreso rapidamente a su cuarto.
Al entrar vió como no habían perdido el tiempo. Su madre estaba de nuevo chupándo la polla de Jamaal mientras Shana jugaba con un consolador en su coño.
– ¿Sabes lo que significa esto?. – Dijo Shana cogiendo el collar que le tendía Miriam. Entonces Estela se fijó bien en el adorno de plata. Era una pica de la baraja francesa, con una Q grabada en su interior. Estela negó con la cabeza, sin dejar de mamar la polla de Jamaal.
– Lo suponía. – Continuó Shana. – Es un símbolo que representa a la Reina de Espadas. La mujer blanca que lo lleva, pregona su rol como esclava de la gente de color, porque reconoce que nosotros somos superiores en todo. ¿Ahora comprendes porque tu hija ya lo llevaba puesto? Ella ha aceptado su lugar, y es hora de que lo aceptes tu también.
Shana le puso el collar a Estela, que estaba demasiado ocupada para negarse, y arrastrando de él la obligó a tenderse el pecho sobre la cama con las piernas fuera de ella.
– Si quieres ser una autentica Reina de espadas debes obedecer todas nuestras órdenes, porque sólo existes para darnos placer… – Agarrando a Miriam, la acercó hasta el culo de su madre. – … Y eso puede reportarte placer a tí tambien…
Sin ninguna orden, Miriam comenzó a lamer el húmedo coño de su madre, que intentó debatirse hasta que Shana se sentó sobre su espalda, impidiendo que se moviera.
Jamaal se acercó por detrás a Miriam y de un sólo golpe introdujo su polla en el culo de la chica. Ésta no se quejó, pero redobló los esfuerzos por hacer que su madre tuviese otro orgasmo.
Estela no tenía fuerzas para resistirse. Decidió dejarse llevar ante las oleadas de placer que su hija le proporcionaba. El ritmo que le imponía Jamaal a la enculada de la chica, se reflejaba en la velocidad a la que movía su lengua y eso la estaba volviendo loca.
Cuando su hija paró de repente, dejó escapar un grito de protesta.
– Jajaja ¡Hemos encontrado una buena putita! – Rió Jamaal. –  No te preocupes, que no vas a estar desocupada mucho tiempo. – Y al decir eso comenzó a meter su polla en el rosado ojete de la mujer.
La penetración fue más lenta que la de su hija, pues ésta ya tenía el culo acostumbrado a recibir la polla de aquél semental, pero aún así, Estela pensó que la estaban partiendo en dos.
En cuanto la polla entera del chico estaba dentro, comenzó un mete-saca continuo que comenzó a tornar el dolor que sentía por un placer inimaginable, que la recorría entera. Los gemidos escapaban de su boca sin que pudiese controlarlos y con sólo un par de minutos de enculada un nuevo orgasmo la abordó.
Sus gritos debieron oirse en toda la casa mientras aquél negro seguía bombeando con fuerza. Cuando estaba a punto de correrse, sacó la polla del culo de Estela, dejando un enorme agujero oscuro y, agarrandola del pelo la hizo ponerse de rodillas frente a su polla.
– Ahora vas a ver lo que es una buena corrida negra, zorra. – Dijo el negro mientras se pajeaba con fuerza apuntando a su cara.
Estela era presa de una locura que la poseía y que la incitó a abrir la boca para recibir la leche de su macho, pero la riada de leche que salía de la polla que tenía delante era demasiado para ella. Parte calló en su boca, pero el resto fue a derramarse sobre su cara y sus pechos.
 
Al momento, Miriam, se acercó a 4 patas a su madre y comenzó a limpiar con la lengua los restos que llenaban el cuerpo de su madre, su lengua se encargo de limpiar sus pechos, su cara y cuando llegó a su boca, se fundió con ella en un humedo beso.
Este último acto de lujuria rompió todas las defensas que quedaban en la mente de Estela y la hizo darse cuenta de cómo quería que transcurriese el resto de su vida.
A partir de ese fin de semana, las vidas de madre e hija dieron un vuelco total. Se convirtieron en zorritas sumisas de la gente de raza negra, cosa que se hizo permanente cuando el símbolo del collar pasó de ser un adorno a ser un tatuaje grabado en las nalgas de las mujeres.
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