Procuraba acariciar despacio pero manteniendo su excitación, lamí y chupé sus pezones, que crecieron hasta duplicar su tamaño.

-MMMMMMM Megustaaaa.

-Pues aún te va a gustar más. –Me atreví a decir a tenor de lo que me había contado, que me indicaba una falta total de experiencia.

Y fui bajando hasta su pubis besando y lamiendo. En ese punto, me giré para situarme entre sus piernas ya abiertas y me puse a rodear su clítoris con la lengua y lamer su coño.

-OOOOOOOOOHHHHHHHH No seas guarro. Como puedes hacermeeeeee eeeesooooo. Saaal de ahíiiiiiii. AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH NO PARES, SIGUEEE, SIGUEEE AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH.

Nada más dedicarle mi atención a su coño, que se encontraba empapado de las estimulaciones anteriores, se corrió con grandes gritos de placer en un potente orgasmo.

La dejé reposar un rato para volver a acariciar su cuerpo y besar y chupar sus pezones. Estaba más receptiva y pronto volvió a excitarse con mis caricias, por lo que volví a colocarme entre sus piernas y pasar mi lengua recorriendo su raja. No paraba de emitir fuertes gemidos:

-MMMMMMMMMMM. SIIIIIII. ME GUSTAAAAAAA –Repetía una y otra vez.

Cuando consideré que estaba suficientemente excitada, me incorporé para que mi polla rozase bien al entrar, puse la punta en su coño y se la fui metiendo poco a poco, mientras aumentaban sus gemidos.

-OOOOOOOHHHHHHH SIIIIIIII.

Aumenté mis movimientos, entrando y saliendo cada vez con mayor rapidez.

-SIIII, SIII, SIII. –Y de repente…

-NOOOOO. NOOOO. PARAAAAA. PARAAAAA. No puedo quedarme embarazada. No puedo ir embarazada ante mi maridooo.

-OOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHH AAAAAAAAAAAAHHHHHHHH.

Mientras se quejaba, un nuevo orgasmo la sacudió. Yo le di la vuelta, la coloqué de rodillas y se la metí por el culo. Todavía conservaba la elasticidad y con la ayuda del propio y abundante flujo de ella que lo impregnaba todo, entró con mucha facilidad.

Con una mano acariciando el clítoris y otra las tetas fui aumentando su excitación de nuevo, hasta que volvió a gemir y gritar.

-SIIIIII. SIGUEEEE. OOOOOOOHHHHHH.

Estuve un buen rato dándole. Intenté aguantar mucho, pero todo tiene un límite y acabé con una corrida que descargó abundantemente mis huevos en su culo, alargada por las contracciones del orgasmo de ella que le sobrevino cuando sintió mi corrida.

-OOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHH. Me corrooooooo.

-SIIIII. TE SIENTOOOOOO. AAAAAAAAHHHHHHHH. YO TAMBIEEEN.

Después caí a su lado y me quedé dormido hasta el día siguiente, que con el sol ya alto, desperté, mientras Caitlin seguía dormida. Al salir de mi choza, vi que no había actividad, el fuego no había sido encendido ni se habían recogido las presas de las trampas, cosa que se hacía a primera hora.

Cuando me asomé a la otra choza, estaban las tres dormidas. Al tocar el hombro de Rachel, abrió los ojos y miró alrededor. Sorprendida, por la luz, se levantó rápidamente y salió a encender el fuego. Al salir tras ella, no me dejó hablar.

-Perdona, pero anoche armabais al escándalo que no podíamos dormir. Yo tuve que tocarme tres veces, incluso después de os callaseis, antes de poder dormirme. Ha sido una noche horrible, y todavía no ha acabado. ¿Podemos apartarnos un momento? Estoy otra vez excitada.

Mientras se iniciaba un buen fuego, nos internamos entre la arboleda hasta llegar a un pequeño claro que teníamos preparado con Peter para nuestros juegos con Judith. Cada pocos metros, parábamos para besarnos y poder acariciar su cuerpo, hacer presión con él contra mi polla semi-erecta, acariciar su culo y mordisquear sus pechos.

Cuando llegamos, pasado ya un buen rato, a pesar de la escasa distancia, nos dejamos caer sobre la hierba besándonos y acariciándonos. Besé sus pechos, chupé sus pezones y fui bajando hasta su coño, que estaba encharcado, pasándole la lengua por toda la raja y deteniéndome en su clítoris, que tomé entre mis labios para succionarlo y lamerlo.

Estaba tan caliente que se corrió al momento. Cuando se recuperó, me hizo dar la vuelta y se lanzó sobre mi polla.

Costó tiempo que se me pusiese dura, a pesar de la excelente mamada que me hizo, pero luego pude cumplir como un hombre proporcionándole tres orgasmos, aunque yo estaba seco y no conseguí alcanzar el mío.

El día transcurrió con normalidad. Mientras trabajábamos, Caitlin me contó que nunca había sentido sensaciones como esa noche, y que pensaba y creía con certeza, que sus amigas tampoco las habían sentido nunca, pues estaban contentas cuando sus maridos no se acercaban a ellas. Si ella hubiese sentido eso con su marido, ella misma hubiese ido cada día a buscarlo y me daba las gracias por ello, esperando repetir las siguientes noches.

Esa noche, una fortísima tormenta arruinó nuestros planes. Enormes truenos, múltiples relámpagos y rayos que caían con gran estruendo, acompañados por fuertes vientos y gran cantidad de lluvia, asustaron a las muchachas, que pasaron a nuestra choza asustadas, mientras me encontraba comiendo el coño de Caitlin y se corría por segunda vez.

Las tres se metieron entre nosotros y, aunque la cama estaba hecha holgada para tres, los cinco no cabíamos bien, por lo que tuvimos que ponernos de costado. Yo quedé en un lado y Jessy junto a mí. No sé si fue por azar o premeditado. En aquel momento pensé que fue el azar, pero hoy ya no estoy tan seguro. El caso es que todas se daban la espalda, y Jessy me la daba a mí. Estando tan apretados, mi polla, que ya estaba medio dura, terminó de ponerse como una piedra e instalarse entre los cachetes de su maravilloso culo.

Esa noche no pegué ojo, pero lo hice con gusto. La pasé frotándola despacio por la raja de ese culo divino cuando oía su suave ronquido, y parando cuando este cesaba.

De madrugada debió de sentirse molesta, pues alargó su mano, cogió mi polla como si nada y la bajó sacándola de sus cachetes, con el resultado de que quedó entre sus muslos juntos. En un momento, con ligeros empujoncitos, mi polla quedó rozando su perineo y tras moverme un poco, quedó rozando su coño. Me hubiese corrido en ese mismo momento.

El resto de la noche la pasé frotando mi pene en cortos movimientos por su coño. Durante el sueño llegó a excitarse, incluso creí detectar un par de orgasmos al hacerse más fuerte su respiración durante unos momentos.

A la mañana siguiente, las desperté a todas al salir el sol y las mandé a sus trabajos, para luego follarme a Caitlin por coño y culo hasta que terminé agotado. Ella no se las veces que se corrió también. Por fin, me quedé satisfecho y dormí hasta la tarde.

Por la noche, volvimos a follar, pero esta vez con calma, estuve disfrutando de sus grades tetas, conseguí que me hiciese una mamada, dirigiendo en cada momento sus movimientos porque no tenía ni idea de cómo hacerlo.

Al siguiente día tocaba Diana. La madre volvió a decirme que ella se sacrificaría con gusto para que sus hijas no perdiesen su virginidad. Me lloró y suplicó, pero no le hice caso.

-Esta noche quiero a tu hija en mi cama, u os vais todas fuera.

Aceptó. Estábamos en mi choza, dio media vuelta y salió.

Esa noche, cuando me levanté después de la cena entorno al fuego, Diana se levantó también, situándose ante mí, en dirección a la choza.

-¡Por favor…! -Dijo con voz quejumbrosa su madre.

Si algo me enseñaron mis madres, sobre todo Edwina, fue a respetar a las mujeres. Nunca me pasó por la cabeza deshonrar a las muchachas, pero si era mi intención que sufrieran el castigo de pensar que lo iba a hacer.

Una vez dentro, comencé a acariciarla igual que lo había hecho con su madre. Pegado a su espalda, acaricié su cuerpo que temblaba, sus pechos, sus pezones y llegué hasta su pubis, donde me entretuve frotando por encima hasta que su respiración se aceleró, entonces la hice sentar al borde de la cama y acostarse dejando los pies en el suelo. No colaboraba, pero se dejaba hacer.

Me arrodillé ante ella y le hice separar las piernas. Al principio se negó manteniéndolas juntas con toda su fuerza.

-¿Prefieres que lo haga con violencia y luego os eche a las tres del campamento o lo hacemos con tranquilidad? Tú decides…

Tras unos segundos de indecisión, fue cediendo a mi empuje, hasta que sus piernas se abrieron completamente y ella, en un último gesto de pudor, colocó las manos sobre su coño. Yo me acerqué y comencé a pasar mi lengua por ellas, mientras mis manos acariciaban sus pechos, comprimidos entre sus brazos.

Tomé sus pezones erectos y los froté presionando. Ella retiró sus manos para llevarlas a las mías y aproveché para darle unas pasadas de lengua en el clítoris lo que la desarmó por completo.

-MMMMMMMMM –Fue su respuesta. – Por favor, no… No sigas, respeta mi honor… Por favor…

Seguí atacando su coño sin piedad, chupando su botón, que cada vez era mayor, y pasando la lengua a lo largo de todo el recorrido. Ella puso las manos sobre su vientre, al no poderlas mover estando sujetos los brazos por los míos.

Pronto sus se empezaron a oír sus gemidos de placer

-MMMMMMMMMM. SIIIII.

Me subí a chupar sus gordos pezones y acariciar sus pechos con una mano, mientras con la otra recorría su raja y metía el dedo en busca de su himen, pero sin pasarlo. Sus pechos eran más bien pequeños, a diferencia de su madre y hermana, pero sus pezones destacaban por su grosor y tamaño cuando estaba excitada. Y en ese momento, lo estaba, ¡vaya si lo estaba!

-OOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHH SSSIIIIIIIIII. ME GUSTAAAAAAA.

Sus gritos, tan escandalosos o más que los de su madre, así lo anunciaban. Seguí un buen rato sacándole gemidos de placer, hasta que le llegó el orgasmo que no sé si esperaba.

-OOOHHH. OOOHHH. OOOHHH. OOOHHH. OOOHHH. OOOHHH. OOOHHH. MMMMMMMMMMMMMMFFFFFFFFFFFFSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS.

Después, cayó rendida. Subí sus pies a la cama y la coloqué en posición recta, pasando directamente al sueño. Yo dormí mal. Tenía una enorme excitación, tanto interior como exterior.

De madrugada sentí que estaba despierta y se movía frotando sus muslos, pero me hice el dormido porque no estaba seguro de respetar su virginidad.

A la mañana siguiente, no había dormido casi, pero nos levantamos juntos y desayunamos con las demás. Todas fueron a sus obligaciones y yo lo organicé para que Caitlin viniese conmigo.

Cuando llegamos a las rocas de playa, aprovechando que estábamos solos, me dijo:

-Estarás contento. Por lo menos, parece que no ha sufrido tanto como yo y lo ha disfrutado desde el principio…

-Voy a follarte. Dóblate, apoya las manos sobre esa piedra y abre bien las piernas.

Se quedó parada un momento, sin entender lo que le decía, hasta que vio la erección que tenía.

-¿Mi hija no te dejó satisfecho anoche? ¿La deshonraste para nada?

-¡Cállate y ponte como te digo!

Viendo mi mal genio, se colocó como le había dicho, poniendo a mi disposición su maravilloso culo, no tanto como el de su hija, pero muy excitante también, y dejando ver tanto su ano como la suave pelusilla dorada que decoraba su coño.

La admiré un momento, mientras me pajeaba con suavidad. La hija tenía a quién salir.

Iba a metérsela directamente de la excitación que tenía, pero no quise producirle dolor, por lo que empecé recorriendo su coño con la punta de mi polla, que resbaló rápidamente de lo mojada que estaba. Si yo estaba caliente, ella era un volcán en erupción

En el momento que empezaba el recorrido, ella también empezó a hablar:

-Si hubieses aceptado mi propuesta, ahora mi hija estaría intacta y tú satisfecho… MMMMMMMM.

Y se me ocurrió una maldad. Le dije:

-Sí, tienes razón. Además, el acuerdo es de tres días con cada una. Si tu hija no me satisface, me aguantaré.

Y me retiré de ella, que rápidamente se giró y me dijo.

-No por favor John, no te quedes así. Te prometí que podrías usarme y puedes hacerlo. Por favor, sigue. Si mi hija no es capaz de satisfacerte, yo estoy dispuesta a hacerlo.

-Vuelve a colocarte. –Le respondí.

Su coño estaba entreabierto y brillante, me acerqué e hice resbalar, nuevamente, mi polla por su raja. No pudo evitar o no quiso, un leve gemido.

-MMMMM

Hice el recorrido una y otra vez, haciendo que su gemido fuese haciéndose más fuerte y largo, hasta que se abrió totalmente y mi polla resbaló por sí misma y se metió directamente:

-OOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHH.

Su exclamación, mientras entraba a ritmo lento hasta el fondo, me confirmó su calentura. Mis movimientos fueron lentos, entrando y saliendo despacio para evitar correrme rápidamente.

-SIIIII. MAAAASSS. SIIII.

Repetía cada vez más fuerte.

-OOOOOOOHHHHHHH. CÓMO ME GUSTAAAAAA.

Mi excitación estaba en el límite previo al punto sin retorno, pero intentaba que fuese ella la primera en llegar al orgasmo.

Al tiempo que la sacaba, aprovechaba para meter el pulgar, bien ensalivado, en su elástico ano, lo que la debía calentar más, porque sus gritos de placer aumentaban con ello.

-OOOOOOOHHHHHHH. SIIIII.

-¿Te gusta, verdad?

-SIIIII. SIIIII. No pareeeees

-Así no te ha follado nunca tu marido, ¿eh? No te ha follado nunca como te estoy follando yo.

-Nnnnnooo. Mi marido no sabe follaaaaar. Me estas matandoooo.

Por suerte se corrió al poco rato con un fuerte alarido de una forma que me asustó:

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Resbaló hasta caer de rodillas en la arena. Yo puse mis manos a cada lado de su culo levantándoselo, lo que hizo que reposara su cabeza de lado también sobre la arena. Sus ojos estaban cerrados, disfrutando de los últimos retazos de placer. Yo aproveché y le metí la polla en el culo, aprovechando la lubricación anterior y su elasticidad. Allí no tuve que aguantarme le di una fuerte follada y anuncié mi orgasmo.

-OOOOOOAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH. Me corroooo.

Mi primer chorro entró en su culo, al tiempo de que una ola un poco más fuerte que las demás, alcanzaba la cabeza de ella, casi ahogándola, pues no nos habíamos percatado de que la pleamar estaba alcanzando su punto máximo. Eso hizo que se incorporase y mi polla se saliese de su culo, cayendo las siguientes lechadas sobre su espalda.

Unas fuertes carcajadas me hicieron mirar al borde de la playa. Allí, a la sombra, se encontraban Jessy, Diana y Rachel. Rachel se reía hasta caerse, Diana se reía con una mezcla de alegría y desilusión y Jessy lloraba. Debía de querer marcharse, pero las otras dos la sujetaban y nos señalaban para reírse más y más.

-¡FUERA DE AQUÍ! –Exclamé cabreado- Como no volváis a vuestro trabajo, os dejo una semana sin comer.

Eso las hizo callar y salir corriendo a sus obligaciones.

Yo recogí a Caitlin, que estaba llena de arena, esperma y con más arena y agua en los ojos y la acompañé hasta el hilillo de agua que llamábamos río en el que habíamos hecho una poza para acumular agua y donde pudo lavarse.

Yo la dejé allí y volví a la pesca para aprovechar la marea alta y hacer las capturas con arpón. Luego vino ella y me ayudó con la red que poníamos para recoger la pesca cuando bajaba la marea y atrapar más peces.

Recogido todo, la tomé en brazos y la subí en una roca en la que me había fijado, que tenía una zona en la parte superior bastante plana y la parte que daba al mar, que en algún momento debió de ser algo recta, había sido desgastada por las olas, formando un entrante, ideal para colocarle el culo, lo que me facilitaba mis intenciones. Le hice doblar las rodillas, colocar los pies en mis hombros y abrir las piernas, quedando entre ellas y colocando mi cara delante de su raja… Acerqué mi boca a su coño y me dediqué a darle lengüetazos y jugar con los bordes de los labios. Sacaba la lengua y le daba unos lengüetazos rápidos durante un par de segundos en cualquier parte de su coño, desde el clítoris hasta el perineo, para luego volverla a recoger y cambiar más tarde a un recorrido de arriba abajo y de abajo arriba.

-MMMMMMMMMMMMMMM ¡QUE BUENO! SIGUEEEE PERO DAME MAAAAASSSS.

Ella intentaba hacer presión con sus pies, o soltar alguna de sus manos con las que apoyaba su cuerpo para presionar mi cabeza contra su coño, pero la postura no le permitía hacer fuerza y las manos no le llegaban.

-ME ESTAS MATANDOOOOO.

Le metí dos dedos y la estuve follando con ellos, mientras seguía dándole golpecitos con la lengua en el clítoris.

-AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH. Más fuerte, más fuerte.

La mantuve al borde del orgasmo un buen rato, subiendo y bajando el ritmo, incluso parando, hasta que arto de sus gritos, le dejé que lo alcanzara. Cuando lo hizo, presionó mi cabeza entre sus piernas, cortándome hasta la respiración, mientras lanzaba un grito como salvaje.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH.

Al borde de la asfixia, aflojó la presión y pude respirar, recogiéndola entre mis brazos, bajándola y depositándola en la arena húmeda. La dejé mucho rato para que se recuperase, mientras miraba el bosque para comprobar que no estaban las chicas por allí.

Mi polla estaba nuevamente dura, por lo que me senté a su lado y la hice empalarse por el culo, pero sentada de espaldas a mí. En esa posición me presentaba su culo cuando sacaba mi polla, y me permitía darle fuertes palmadas en sus cachetes, dejándoselos completamente rojos mientras ella emitía gemidos de placer y pedía más.

Ella misma se estimulaba el clítoris, a indicación mía, y cuando le anuncié mi corrida, aceleró sus movimientos, alcanzando un nuevo y potente orgasmo, cayendo sobre mis piernas con los últimos restos del mismo.

Cuando se recuperó, se sentó en la misma arena y, sin darle tiempo a más, le coloqué polla ante su cara y le dije:

-Chupa.

Inmediatamente se la metió en la boca e hizo lo que pudo hasta que me corrí en ella.

La noche, empezó de manera algo similar. Acaricié a Diana para ir excitándola, pero ella me interrumpió.

-Todavía soy virgen, ¿verdad?

-Sí. Todavía lo eres.

-¿Y cuándo me vas a hacer lo mismo que a mi madre?

-Nunca, no voy a estropear tu futuro de una buena boda por eso.

-Pero yo quiero que me trates igual que a las demás. Quiero que me uses igual que a ellas.

-No. Tú harás lo que te diga. Disfrutarás igual y permanecerás virgen hasta que volvamos o hayamos perdido la esperanza. Por ahora me vas a hacer una mamada.

-¿Qué es eso?

-Chuparme la polla hasta que me corra.

-¿Cómo hizo Rachel el otro día?

-Sí, eso mismo.

-No, no puedo hacer eso, me da mucho asco.

-No te preocupes, que te acostumbrarás. Por ahora lo dejamos para más tarde.

Y me dediqué a acariciarla, lamer y chupar sus pezones y rozar su coño. Pronto respondió a mis acciones, empezando a gemir suavemente. Entonces nos acostamos, me metí entre sus piernas y le empecé a pasar la lengua suavemente hasta que sus labios se abrieron por si mismos de la excitación. En ese momento, me moví para ponerle mi polla ante su cara y le dije:

-Prueba a besarla y pasarle la lengua.

Entonces se decidió. Empezó a pasarle los labios, sacando la lengua tímidamente para luego ir metiéndose la punta poquito a poco. Yo me giré para posicionarme en un 69 conmigo encima y seguir lamiendo su coño. Ella mantenía el glande en su boca y no hacía nada, solamente emitía sonidos amortiguados por mi polla.

-Mmmmmmmm. Mmmmmmm.

Yo empecé a moverme para follarle la boca haciendo coincidir los tiempos para conseguir que cuando se la metía, le daba lengüetazos en el clítoris y cuando la sacaba, dejaba de hacerlo. Eso nos llevó un buen rato, hasta que ella empezó a gemir más fuerte y mi cara se llenó con su corrida. Seguí follándole la boca un segundo más y le advertí que me iba a correr y que tragase mi corrida.

Cuando lo hice, lo poco que eché, se atragantó y le salió por las comisuras y la nariz. Para la siguiente noche, pedí a Rachel que viniese cuando las demás estuviesen dormidas para enseñarle a hacer mamadas. Y aprendió. Ambas se hicieron expertas mamadoras.

Y llegó el día deseado y temido por mí. Hubo cambio de mujer y me tocaba con el objeto de mi devoción: Jessy.

Hacía días que no dábamos la vuelta a la isla, por lo que decidí dar una en compañía de ella.

A ninguna le gustó, y mucho menos a la madre, que intentó convencerme para llevarla a ella en lugar de a su hija, hasta que me dijo:

-Si luego no te satisface, no me tendrás a mí para hacerlo.

-Me aguantaré. Fue mi decisión cuando empecé todo esto. Podéis hacer lo que queráis. Pero si vienes tú ella se va, cuando volvamos ya no deberá estar aquí

Y dicho esto, tomé las cosas que había preparado para llevarme y me puse en marcha. Oía a alguien unos pasos detrás de mí, pero no volví la cabeza en todo el recorrido de nuestra playa de casi una milla. Cuando llegamos al primer grupo de rocas, empecé a subir y me volví para ayudar a quien fuese, pudiendo comprobar con placer que era Jessy. Me agradeció la ayuda y continuamos en la misma situación por el otro lado.

Cuando llegamos al primer lugar de descanso, al volverme después de dejar las cosas en el abrigo, vi como Jessy se retorcía las manos y daba pequeños saltitos.

-¿Qué te ocurre?

-N… Nada.

-¿Por qué estás tan inquieta?

-Tengo… una necesidad… -Dijo al tiempo que se ponía totalmente roja.

-¡Ah! Bueno. Métete entre los árboles, que no me voy a marchar.

-Es que… Tengo miedo de que me ataque algún animal.

En nuestro campamento habíamos preparado unas letrinas aisladas y protegidas para respetar la intimidad de las mujeres, pues a nosotros nos daba igual cualquier lugar.

-¿Quieres que vaya contigo?

-¡NOOOOO!

-Entonces, metete en el mar y hazlo allí.

-¡Pero ahí estaré a la vista de todos!

-Bueno… Todos, todos… No hay muchos, solamente yo.

-Pe..Pero ¡No puedo hacer eso delante de ti! Me da mucha vergüenza.

-Qué más te da. De cualquier forma, van a ser tres días. En algún momento vas a tener que hacerlo, y quizá la situación sea peor. Así que… ¡HAZLO YA!

Algo asustada por mi orden, se dio la vuelta y se dirigió hacia el agua. Su culo quedó ante mis ojos… ¡Que culo tan maravilloso! La concentración de todo el día sobre mi polla para que no se disparase, se fue inmediatamente al garete. Se me puso dura de golpe.

Avanzó hasta meterse en el agua y que esta le llegase a la cintura, entonces se agachó hasta que le llegó al cuello y se giró. Yo me retiré hasta los árboles para intentar que se bajase mi erección, saqué una de las prendas que llevábamos en previsión de frío y se la acerqué a la orilla, luego volví y estuve limpiando y preparando todo para comer. Poco después llegó ella ya vestida.

Comimos en silencio y casi sin mirarnos. Lo justo para pasarnos las cosas. Ella sonrojada y yo temeroso de que se me volviera a disparar. Tras descansar un rato reemprendimos la marcha igual que antes: yo delante y ella unos pasos detrás.

A media tarde apareció ante nosotros un barco encallado en el arrecife, totalmente desarbolado y partido en varios trozos. Me faltó tiempo para dejar las cosas en la arena y nadar hasta él e ir recorriendo los distintos trozos del mismo donde fui de sorpresa en sorpresa. Había toneles bien cerrados con contenido desconocido, pero que sería comida seguramente. Distintas armas, de entre las que me hice con una hermosa espada. Velas de repuesto y prendas de distintos tipos. En una bodega encontré 4 ovejas y un carnero vivos, además de varias más muertas. También había un caballo que estaba totalmente loco. No había forma de acercarse a él. Mordía, daba coces y no paraba quieto un segundo. Buscando el mejor momento, clavé mi espada en dirección a su corazón, muriendo por suerte rápidamente, pues había alcanzado a morderme en el hombro.

Recogí toda la madera que pude y armé una balsa bastante consistente, donde subí a las ovejas y el carnero atados de patas y bien sujetos. Aprovechando la luna llena fuera y la luz de una linterna dentro, estuve trasladando cosas a la playa hasta altas horas de la noche. Descuarticé el caballo y trasladé todos los trozos con gran esfuerzo a la orilla también. Utilicé alguna vela para cubrirlos. Cuando ya quedaba poco, una fuerte ola movió el barco y debió hacer caer la linterna, que se rompió y se inició un incendio. Todavía conseguí sacar un par de pesados toneles antes de que fuese imposible acercarse a las grandes llamas que se produjeron.

Me dormí agotado, viendo las llamas contrastando con el amanecer. Cuando desperté, unas pocas horas después, según la posición del sol, le dije a Jessy que quedase al cuidado de aquello y me fui en busca de ayuda para trasladar todo.

Poco después de mediodía, me encontré con las mujeres que venían corriendo. Al parecer, Caitlin se había levantado temprano y había visto la columna de humo. Pensando que teníamos problemas, se habían lanzado para ayudarnos, de modo que a última hora de la tarde estábamos de nuevo todos juntos. Como por unas cosas o por otras, estábamos cansados, dormimos como pudimos para empezar el traslado de las cosas a primera hora de la mañana siguiente.

Lo primero fue preparar parihuelas para transportar todo y luego organizar grupos para llevarlas, puesto que no todas tenían fuerza suficiente para moverlas.

Ellas se llevaron las cosas de menos peso, quedando yo solo para ahumar y preparar la carne y que no se nos estropease. Volvieron al día siguiente por la tarde, volviendo a cargar lo que les había preparado, sobre todo carne, que todavía quedó para un tercer viaje. Por último, el cuarto día se llevaron otra parte, quedando las cosas muy pesadas allí, con intención de volver para llevarlas por partes, siguiéndolas yo con las ovejas.

Llegamos ya de noche, porque el cansancio acumulado nos obligaba a frecuentes paradas y a viajar más despacio.

A la llegada, recogimos rápidamente, dejando para el día siguiente el hacerlo mejor, y nos fuimos a dormir. Yo fui a mi choza, sin decir nada por el cambio de pareja, siendo seguido por Jessy, después de un rato de susurros que no escuché. Me tumbé en la cama y semi en sueños me di cuenta de que ella se acostaba a mi lado.

Cuando me desperté, el sol ya estaba alto. Me levanté y fui a comprobar lo que habíamos traído. Entre los grandes de poco peso, había forraje seco para los animales, en otros había manteca, diversos cereales, etc. Había utensilios de cocina que nos vinieron estupendamente. Velas de lona que utilicé para proteger nuestras viviendas y hacerlas más impermeables a la lluvia y los vientos, además de otros útiles.

Había guardado unos buenos trozos de carne sin ahumar y ese día comimos carne asada hasta hartarnos. Fue una grandísima fiesta.

Por la noche, llamé a Rachel a mi cama, pues era su turno, cuando saltó Jessy.

-Me toca a mí. El turno es mío.

-No. Le toca a Rachel. Tu turno ha pasado con creces.

-Pero no me has usado…

-Eso no tiene nada que ver. Tú tenías que estar conmigo tres noches y has estado cuatro. Ahora le toca a Rachel.

Follamos como posesos hasta el amanecer, momento en que nos dormimos agotados, no sin antes agradecer a Rachel lo que me había hecho disfrutar.

-No tienes nada que agradecerme. Yo también disfruto mucho contigo y me tienes a tu disposición para lo que quieras durante todo el tiempo que estemos aquí. –Y me soltó de golpe:- Por cierto, no te has dado cuenta, pero Jessy está enamorada de ti.

No supe que decir. La mujer de mis sueños me correspondía. Y con ese pensamiento me quedé dormido.

Al día siguiente todos nos levantamos tarde. Nosotros por habernos dormido tarde y agotados, ellas por haberse dormido más tarde y excitadas.

Durante los dos días siguientes seguimos trayendo lo que quedaba. Una tenía que quedarse al cargo de los animales, para que no se fuesen y decidió quedarse Jessy, que no había dicho una palabra desde la noche del cambio, y solamente la había visto llorar, pero no estaba por la labor de aguantar sus problemas. Los dos días hubo que salir a recoger a los animales porque se le habían escapado.

Los días siguientes pasaron con normalidad organizando todo, volviendo a pescar, aunque ahora teníamos la alimentación muy mejorada, hasta que llegó el segundo día de estar con Diana, en el que, a la hora de la cena, hice el comentario de que al día siguiente comenzaríamos otra ronda alrededor de la isla, ya que la otra había quedado incompleta.

-¡No puede ser! –Saltó Jessy hablando por primera vez en los últimos días.

-¿Cómo? ¿Por qué no puede ser?

-Pueees. Porque mañana es el último día con Diana y al otro toca cambio de turno. Con el tiempo que cuesta dar la vuelta, van a ser muchos días sin tener a nuestra madre o a Rachel para desfogarte.

La otra noche, después de la confidencia de Rachel, llegué a dudar de que fuese cierto, pues su actitud hacia mí era de como que no me soportaba, pero en este momento me pareció que había algo de celos por su hermana, lo que me hizo pensar que quizá fuese cierto.

-Bueno, está bien, iremos cuando cambie el turno.

-Pero a mí no me importa ir. –Saltó inmediatamente Diana.

-Es mejor que te quedes tú. Tu hermana puede ayudarle mejor si lo necesita, como ocurrió el otro día.-Dijo la madre.

Me dio la impresión de que algo sabía o que tenía alguna otra intención. Mucho después me enteré de que sabía lo de su hija, que entre nosotros había distanciamiento y que no la había tocado para nada, a diferencia de la pequeña, por lo que prefirió enviar conmigo a Jessý, pensando que tenía menos posibilidades de “desgraciarla” (fue lo que me dijo) que con la pequeña, con la que había tenido más intimidad.

Así quedó la cosa. Al día siguiente, la madre hizo que nos apartásemos de todas para que la follara, “para que no vengas con tantas ganas”. Por la noche, estaba comiéndole el coño a la hija, cuando entró la madre.

-¿Qué quieres? –Le pregunté.

-Vengo a complacerte de nuevo para que tengas un viaje tranquilo.

-Muy bien. Sube a la cama y ponte fóllate tú misma. –Le dije mientras hacía dar la vuelta a Diana, quedando a cuatro patas y me colocaba entre sus piernas, bocarriba para seguir comiendo su coño y dejando mi polla a disposición de la madre.

-No sé si sabré. Nunca lo he hecho. ¿Por dónde me la meto?

-Seguro que sabrás. Haz como el otro día en la playa. Busca tu placer y todo irá estupendamente. Y métetela por donde más te guste. De momento, chúpamela un poco y pónmela bien dura.

Sin perder un segundo, se puso a mamarla y ensalivarla bien, para enseguida empalarse por el coño si esperar más. Lo tenía más mojado que mi polla recién chupada.

Se la fue metiendo despacio. Sus suspiros indicaban que disfrutaba de cada milímetro que entraba.

Yo me dedicaba a recorrer con mi lengua los labios del coño de Diana, mientras sujetaba su culo para evitar lo que ella quería: clavar su coño en mi cara y frotarlo bien para correrse.

La madre, una vez tuvo toda la polla dentro, comenzó a subir y bajar sobre mi polla, cada vez más rápido, hasta que se desequilibró en uno de los movimientos y lo hizo echando el culo para atrás, lo que hizo que mi polla rozase y presionase con fuerza el clítoris.

A partir de ahí, di gracias a que los hombres no tenemos hueso en la polla, porque estoy seguro de que me lo hubiese roto. Sus movimientos frenéticos atrás y adelante, doblando mi polla para que rozase bien, llegaban a producirme dolor, lo que hacía que aflojase la erección permitiéndole un mayor roce y más excitación para mí, con un nuevo dolor y nueva flojedad.

Se corrió con grandes gritos, como siempre, pero no por eso detuvo su marcha. Me estaba matando sin dejarme llegar a mí, pero estaba disfrutando como nunca.

Yo seguía castigando a la hija con mi lengua, dando vueltas a su clítoris, pero sin atacarlo a fondo, recorriendo su raja pero por los bordes, con algún suave latigazo con la punta en el centro. Poco después, la madre alcanzaba un segundo orgasmo, y coincidiendo con su grito, la hija alcanzó el suyo confundiéndose ambos.

La madre se detuvo un momento y la hija se dejó caer a mi lado. Yo le dije a la madre:

-Venga, haz que me corra de una vez, ¿O tendré que follarme a tu hija?

Se puso en marcha de nuevo, aunque esta vez seguía mis indicaciones para que se pudiese frotar sin hacerme daño y poder llegar yo.

La hice inclinarse sobre mí para poder coger los pezones de sus grandes tetas y estirarlos unas veces y acariciar otras, mientras ella imprimía un movimiento más rápido cada vez. Estaba frotándolos cuando volvió a lanzar un nuevo grito.

-ME CORROOOOOO. AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH.

Y yo ya no pude más.

-SIIIIII. Y YOOooooo.

Quedamos en la cama tendidos. Yo esperaba volver a empezar, pero me quedé dormido con ellas una a cada lado y así amanecimos.

Por la mañana me levanté temprano, preparé provisiones y agua, -aunque en el camino había tres sitios donde beber, siempre llevábamos agua en unos recipientes hechos con caña de bambú- y mientras se fueron levantando todas.

Desayunamos y di orden de partida a Jessy, saliendo yo primero y ella varios pasos detrás, como siempre, y sin decir ni una palabra. Llegamos al punto donde solíamos parar a medio día para comer. Yo mismo saqué las provisiones y preparé las raciones de ambos. Ella tomó la suya y fue a comérsela a la orilla del mar, mientras yo me quedaba a la sombra de los árboles.

Comidos y descansados reanudamos la marcha sin que la situación cambiase hasta el lugar donde dormimos. En todo el camino hice algunos comentarios que no recibieron respuesta. Encendí fuego y mientras ella preparaba algo para cenar, yo colgué las hamacas de los árboles, dejó mi cena a un lado y la comimos separados, acostándonos pronto sin que me dijese nada.

El segundo día amaneció nublado y empezamos temprano nuestro camino. Tras la comida, mientras cruzábamos un grupo de rocas, se desató un diluvio con fuerte viento que hacía imposible caminar al golpearnos las gruesas gotas de agua con mucha fuerza. La tomé del brazo y la arrastré hasta una oquedad junto al mar, donde nos pudimos guarecer del viento y la lluvia, pero no contaba con el mar. Una enorme ola entró en la pequeña oquedad, terminando de mojarnos y arrastrando nuestras pertenencias hacia fuera. Por suerte mi agilidad me permitió recuperarlas antes de que el agua se las llevase lejos, aunque no pude evitar que todo quedase tan empapado como nosotros.

El temporal duró toda la tarde, hasta casi el anochecer, que se convirtió un fuerte y frío viento. Aproveché la última luz para reunir un buen montón de madera frente a otra oquedad más segura y estrecha. El fuego quedo en la entrada, pero resguardado. Coloqué todo lo que llevábamos en la bolsa alrededor de las llamas, sujetando las telas con piedras para que no se las llevase el viento y se secase, vacié la bolsa donde llevábamos la comida y pertenencias, tirando la carne salada y mojada, separando la fruta y poniendo todo el resto, puesto que estaba hecho de tela, a secar también.

Jessy, sentada junto al fuego me veía hacer pero sin colaborar.

Cuando terminé, avivé bien el fuego y cenamos tranquilamente con parte de las viandas que nos habían quedado. Luego me dediqué a retirar a un lado toda la arena seca que pude, haciendo una cavidad en el suelo. Al terminar, la hoguera estaba baja, por lo que tomé gran cantidad de cenizas y rescoldos, las extendí por el hueco y puse nuevamente la arena encima.

Eso nos dejó un lecho caliente, que cubrí con hojas bastante secas que había recogido junto a la madera.

-Vamos a acostarnos antes de que tengamos más frío. –Le dije.

Ella se puso en un lado, de costado y espaldas a mí. Yo también tuve que ponerme de costado, pues el espacio no daba para mucho. Le hice levantar la cabeza y pasé mi brazo bajo ella.

-Recuéstate sobre mí y estarás más cómoda.

No dijo nada. Se quedó un rato pensativa, pero lo hizo, quedando uno de sus cachetes sobre mi polla.

Con la otra mano esparcí hojas prácticamente secas y algunas ramas para cubrirnos y terminé colocándola sobre su vientre y acariciándola con suave masaje mientras mi otro brazo cruzaba su cuerpo y mi mano tomaba posesión de su pecho y lo acariciaba.

No pude evitar el presionarla contra mí, para disfrute de mi polla.

-¿Me vas a hacer gritar?

-¿Por qué lo preguntas? ¿Quieres? –Le dije suavemente junto a su oreja.

-…

-Ssí. Bueno… No.

Retuvo mi mano que bajaba a su coño.

-Por favor, no. No quiero que sea así. Quiero que sea con alguien que me quiere y al que yo quiera. Y, además, ese hombre será solo mío. No quiero compartirlo con nadie.

-Entonces, ¿yo estoy excluido?

-Mientras sigas con mi madre, mi hermana y Rachel, sí.

-¿Por qué no les preguntas qué les parece a ellas cuando volvamos?

-Porque si quieres algo conmigo, debes ser tú el que decida no estar con ellas y dedicarte a mí en exclusiva.

No respondí a eso. Notaba los latidos de su corazón acelerados e imagino que esperaba que siguiese hablando y aceptar sus condiciones, cosa que no hice.

A pesar de tener mi mano sujeta, no dejaba de acariciar su vientre hasta el borde de su pubis, mientras mantenía la otra inmóvil sobre su pecho. Al terminar de hablar, me quedé quieto y poco después me dormí.

Al rato, me desperté por la bajad de temperatura como consecuencia de que se había ido consumiendo la madera, por lo que me incorporé para echar más leña al fuego y volví a mi sitio. Indudablemente, mis movimientos tuvieron que despertarla, pero no lo demostró, y eso que volví a meterme en el hueco, presionarla contra mí, pasar mi brazo bajo su cuello y coger su pecho.

Lo único que la delató fue el ligero movimiento que hizo para encajar mi polla en su culo.

Como si fuese sin querer, fui metiendo mi pierna entre las suyas, abriendo un ligero hueco poco a poco. Debía de estar impaciente, pues movió la pierna para facilitar mi objetivo. Estaba disfrutando como nunca.

Hice un movimiento de pelvis hacia atrás para cambiar la dirección de mi polla y que dejase de apuntar a sus riñones para pasar a apuntar al frente, rozando su coño. Una inspiración-expiración un poco más fuerte me indicó que iba por buen camino.

Una mano la llevé a su monte de venus, justo en el borde de su coño y la moví en círculos, presionando ligeramente para que se moviese su piel al tiempo que mis dedos e hiciese mover su clítoris encerrado entre los labios. Con la otra, acaricié su pecho y pezón, y con mi polla realizaba ligeros movimientos de frotación.

Al momento empecé a notar que mi polla resbalaba con mayor suavidad y un poco más tarde la tenía totalmente mojada. Entonces, hice un movimiento de pelvis hacia atrás, dejando mi polla fuera del roce con su coño y detuve todos los movimientos, buscando dormirme otra vez, y poco después simulé un breve ronquido que fue respondido por un quejido de ella.

La escena la repetí tres veces, hasta que el sol escasamente se había despegado del horizonte. Me levanté y comprobé que las prendas y la bolsa estaban secas y me la puse, también comprobé la de ella y la coloqué a su lado. Ella seguía simulando dormir. Avivé el fuego y salí a pescar algo y recoger fruta para desayunar.

Después de reponer fuerzas, partimos nuevamente para continuar nuestra ronda. A media mañana, otra vez estaba amenazando temporal lluvia comenzando a llover cuando comenzábamos a cruzar el siguiente bloque de rocas, por lo que aprovechamos la primera oquedad para guarecernos. Pensamos que sería algo breve, pero a cada momento era más fuerte, hasta el punto que se hizo de noche sin poder salir, bloqueados por la fuerza del viento y la lluvia que azotaba el cuerpo como si fuesen agujas, como pude comprobar cuando desnudo, intenté salir en busca de algo para comer y leña seca para encender fuego y no pude hacerlo.

En esa salida, los escasos cinco pasos que di fuera, me quedó el cuerpo cubierto de agua como si me hubiese metido al mar, además de aparecer gran cantidad de manchas rojas donde el agua había golpeado con dureza.

Empecé a secarme con cuidado para no sufrir más de lo necesario al tocar las zonas golpeadas.

-Deja que lo haga yo. –me dijo Jessy tomando de mis manos el paño que utilizaba.

Fue secándome con cuidado toda la espalda, bajó por mi culo y secó mis piernas, arrodillada. Entonces pidió que me diese la vuelta. Cuando lo hice, mi polla enhiesta quedó a la altura de su boca.

-¡Oh! –Exclamó

-Sí. Está así porque necesito una mujer, y como tú no quieres… Por lo menos, podías aliviarme un poco. Eso no te perjudicará y a mí me solucionará muchas molestias.

-¿Y qué tengo que hacer?

-Cógela con tu mano, así, y muévela adelante y atrás, así. –Le enseñé cómo hacerlo. – Puedes darle besos también, pasar la lengua o simplemente, dejar tus labios alrededor de esta parte mientras mueves la mano. –Le dije mientras señalaba el glande.

Resultó ser bastante torpe. Le estuve dando indicaciones todo el tiempo y si no hubiese sido porque estaba enamorado de ella y su cuerpo me excitaba de cualquier manera, la hubiese dejado allí mismo.

Por fin, después de un buen rato, sentí la llegada de mi orgasmo, por lo que le dije que metiese el glande en la boca y lo acariciase con la lengua, al tiempo que movía la mano.

-AAAAHHHHHH. Me corroooo. No te separeeess.

No me hizo caso y se la sacó de la boca con intención de decir algo. Por ello, la primera lechada se repartió entre el interior de su boca, sus labios y barbilla. Soltó mi polla y el resto cayó sobre su ojo, cara y pelo.

No pude evitar un juramento al sentir abandonada mi polla al principio de la corrida. Me separé bruscamente y me alejé de ella.

-Lo he hecho muy mal, ¿verdad?

Con cara y gesto de disgusto me volví hacia ella y le dije:

-Digamos que tienes mucho que aprender si quieres saber cómo complacer a un hombre. Y como no aprendas, llevarás el mismo camino que tu madre. Te encontrarás casada con alguien como tu padre, un hombre que pasará la mayor parte de las noches en el club, rodeado de putas y solo irá a tu cama para preñarte porque no encontrará otro aliciente en ti.

Reconozco que fui algo duro, pero tenía que convencerla para poder follarla. Se puso a llorar, y entre sollozos me dijo:

-Pero a mi madre la oigo gritar, y son gritos de placer…

-Eso es cuando está conmigo, que la he enseñado a disfrutar del sexo, y todavía tiene mucho que aprender. Creo que cuando volvamos iniciaré una nueva ronda con ella para comprobar si estos temporales han traído algo más que agua, y de paso resarcirme de ésta.

Esta vez, el hueco en que nos encontrábamos, no daba para acostarnos. Durante el día habíamos permanecido apoyados y sentados en rocas laterales, pero al llegar la noche, no podíamos descansar así, ni podíamos tumbarnos en el suelo, pues los pies quedaban muy afuera y estaba lleno de piedras, algunas puntiagudas.

Le propuse poner la bolsa en el suelo, sobre la que me sentaría yo y ella se pondría uno de los camisones y lo haría en mi regazo. Luego ambos nos envolveríamos con las hamacas para no pasar frío e intentaríamos dormir hasta el día siguiente.

Ella aceptó y así lo hicimos. Intentamos dejar las piedras más planas, quitando las puntiagudas, conseguimos una postura cómoda dentro de las posibilidades, y nos cubrimos bien, dispuestos a dormir.

Yo, sentado sobre la bolsa de viaje llena de distintas prendas de tela, con las piernas juntas y la espalda apoyada en la parte más lisa de la roca y con un buen rollo de hamaca entre medias. Ella sentada sobre mi pelvis, las piernas abiertas, una a cada lado de las mías, su espalda sobre mi pecho, su cabeza junto a la mía y mis manos sobre su regazo, sujetándola, y ambos cubiertos por la hamaca. De esa forma intentamos dormir.