CRONICAS DE LAS ZAPATILLAS ROJAS: WORLD WIDE WEB.
Un consejo: es conveniente, aunque no forzoso leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojasExpedientes X: el regreso de las zapatillas rojas, Alias: La invasión de las zapatillas rojas, Crónicas de las zapatillas rojas: la camarera e Ivanka Trump: El imperio de las zapatillas rojas, antes de leer esta historia.
Una disculpa a los que siguen y disfrutan mis relatos, entiendo que tardé demasiado en continuar pero así es el trabajo, dedico este cuento a aquellos que han sido pacientes.
Por Sigma
La estudiante de primer año de universidad Cynthia Castillo se encontraba sola en su cuarto un viernes por la tarde, su rostro iluminado solamente por la mortecina luz de su computadora portátil.
Se había tomado un descanso de sus estudios para entretenerse un rato en su red social favorita, vio fotos de sus amigos y conocidos, platicó unos minutos con los más cercanos, y luego empezó a navegar por Internet sin rumbo fijo.
– ¡Dios, que aburrida estoy! -pensó algo cansada, mientras entraba a una página de cine. Llevaba poco tiempo en la ciudad pues acababa de mudarse de su ciudad natal al sur para empezar sus estudios en derecho y su timidez para socializar le había dificultado hacer amigos, al menos de momento.
En ese instante una publicidad saltó en la pantalla, la imagen de unas increíbles zapatillas negras de tacón altísimo bailaron ante ella. Parecían cubiertas de terciopelo, tenían la punta redondeada y una sutil plataforma. Debajo, en elegante letra dorada aparecía la firma Scorpius y la frase: Descuentos especiales por fin de temporada.
– ¡Me encanta esa marca! – susurró para sí misma la emocionada joven mientras daba clic a la publicidad.
En segundos se encontraba observando la elegante página de la marca, magníficas zapatillas de todo tipo y color aparecían y desaparecían ante Cynthia con exorbitantes precios brillando en dorado.
– ¡Que hermosos! -exclamó ilusionada, pero pronto se decepcionó, si bien los descuentos eran en verdad magníficos, aún así estaban fuera de su alcance.
– Comprar o comer -dijo para sí misma al dar clic para salir de la página. Pero antes de salir apareció un último mensaje de la página que anunciaba: Suscríbase gratis a Scorpius.com y obtenga grandes sorpresas.
Picada por la curiosidad y las posibilidades Cynthia dio clic al enlace y se encontró con un típico formato de suscripción que pedía nombre, dirección de correo y algunos datos más. Tras llenar los espacios dio clic al botón marcado: Siguiente, con lo que apareció una nueva página para llenar que presentaba algo inesperado. Únicamente para aspirantes a modelo, rezaba el encabezado en mayúsculas. Debajo aparecían varios campos para llenar que pedían datos más personales como sus medidas, edad, color de cabello y estatura, incluso podía subir una foto suya.
– Mmm… ¿Estarán contratando? – pensó intrigada la joven, pues a pesar de su timidez producto de una conservadora educación familiar, sabía que era bastante atractiva, incluso un poco vanidosa.
– No, esto no es lo mío -decidió al fin. Puso el puntero del ratón directamente sobre el botón que decía: Siguiente y se preparó a dar clic.
Pero dudó… Cynthia lo pensó un momento sin poder apartar la vista de las zapatillas que adornaban la página, luego se miró en el espejo de cuerpo entero de la habitación, a pesar de sus jeans de corte amplio y su camiseta azul se podía adivinar un cuerpo grácil y atractivo, senos prominentes pero firmes y caderas marcadas pero bien proporcionadas, piernas esbeltas y elegantes, su juvenil piel era de un color moreno suave y saludable, su rostro era ligeramente redondeado, con brillantes ojos color miel, una nariz pequeña y una boca regular de carnosos labios rosados, todo enmarcado por su rizado y brillante cabello negro que llegaba a su hombro.
– Quizás… – pensó la joven mordiéndose el labio inferior de forma tentadora- podría intentarlo, aunque seguramente no me llamarán. 
Rápidamente llenó los campos de la pantalla: Estatura 1.67 m. Medidas 88, 65, 84. Peso 69 kg. Cynthia sonrió al pensar en una foto que podría servir para enviarla. Rápidamente la encontró en la computadora, la joven (muy arreglada) sonreía coqueta y jugaba a modelar para la cámara un vestido rosa formal.
– La boda de mi tía -pensó nostálgica, pues apenas un par de meses antes aún estaba en su ciudad al sur, conviviendo feliz con su pequeña familia.  Subió la imagen siguiendo las instrucciones y finalmente puso el puntero sobre el botón de Siguiente.  A punto de dar clic se detuvo de nuevo. 
– No debería… ¿Y si me llaman? -pensó algo avergonzada- no me gusta ni hablar en público… y ser exhibida…
Miró el botón fijamente durante un minuto, entonces sonrió y dio clic, con lo que apareció un mensaje que decía: Gracias por suscribirse a Scorpius, en breve le enviaremos un correo con su clave e información sobre descuentos.  Finalmente Cynthia se estiró, apagó su portátil y volvió a sus libros de derecho.
En ese momento X acababa de someter a Joana, la hermosa ayudante de Ivanka, siguiendo las órdenes de su jefa la mujer de raza negra había ido al Club TP de Scorpius para analizar el desempeño económico de ese negocio, pero al visitar la zona VIP fácilmente había quedado a merced del empresario y sus trampas.  Programada en el Escaparate para volver cada semana, Joana finalmente había sido doblegada por la voluntad del encapuchado. 
En ese momento, siguiendo el ritmo de una rápida melodía de Wagner, la mujer gemía sometida al placer mientras su dueño la penetraba con vigor por detrás, la mujer estaba boca abajo, se sostenía únicamente en sus rodillas y cabeza mientras X le sujetaba las muñecas entrecruzadas en su espalda.
– Aaaahh… Aaahhh… Mmm… -gemía  lujuriosa la mujer mientras el hombre jalaba de sus muñecas para obligarla a seguir su ritmo, como si ella fuera una yegua siendo cabalgada y sus brazos fueran unas riendas para controlarla. 
En sus torneadas piernas color chocolate brillaban unas medias al muslo color rosa y unas zapatillas de charol del mismo color, estilizadas y puntiagudas, eran las únicas prendas que tenía permitido usar en el club. 
– ¡De nuevo! -le ordenó su amo una vez más mientras la embestía profundamente a la vez que tiraba con fuerza de los brazos de Joana para aumentar la penetración. 
– ¡Uuunnnngh! –chilló ella al arquear su linda espalda de placer, al venirse incontrolablemente bajo el control de X- ¡Siiii… soy… tu esclava… para siempreeee…!
Gritó al derrumbarse sobre el diván en la oficina de X en el club. El hombre conocido como Scorpius la sujetó del cabello y la obligó a mirarlo a los ojos mientras le hacía la última fatal pregunta.
– ¿Cuál es tu nombre? -ya débil y adormilada por el orgasmo y el poder de las zapatillas rojas, la exuberante hembra susurró: – Soy… Primor… tu Primor…
De inmediato la chica se hundió en el profundo e irresistible sopor causado por las zapatillas embrujadas. Sonriendo satisfecho, X se levantó y cariñosamente le esposó las muñecas a su nuevo juguete en la espalda, la chica apenas dio un gemido.
– Mmm… ni siquiera se movió -pensó el encapuchado complacido de su poder sobre la nueva esclava dominada por el sueño del placer.
Tras ponerse un pantalón deportivo negro, se dirigió a su computadora donde un mensaje parpadeaba en la pantalla. Se sentó y observó el texto con interés: Nuevo prospecto pendiente. Rápidamente X utilizó el ratón y el teclado y navegó por los datos recibidos.
– Mmm… no está nada mal -gruñó satisfecho al ver los datos en la computadora- joven, soltera, magníficas medidas, seguridad informática básica… veamos.
Dio enter tras escribir un comando en la máquina y en un instante apareció una foto en la que una joven de apariencia inocente posaba ante la cámara, su elegante vestido rosa marcaba sus curvas, su piel morena y ojos color miel eran muy atractivos.
– Si… definitivamente prometedor -susurró para sí el hombre mientras se quitaba la máscara de esquiar de un rápido movimiento- veamos si cumples mis necesidades. Moviendo sus dedos por el teclado como un rayo, X comenzó a rastrear el origen de la suscripción hasta la computadora que la envió gracias al troyano que sutilmente había sido introducido mientras el usuario navegaba por la página de Scorpius.
– Vaya… no estás muy lejos… -pensó complacido, luego miró el reloj que ya casi marcaba las 3 am- veamos si podemos empezar a conocernos de una vez.
Justamente a las 3 am el disco duro de la portátil de Cynthia se encendió en el escritorio gracias al troyano, mientras la joven dormía cansada de estudiar. X sonrió al recibir respuesta del disco duro de la joven, tras lo que empezó a anular uno a uno, los elementales sistemas de seguridad de la máquina, en minutos el hombre tenía acceso a toda la vida privada de la joven y hasta podía controlar su portátil de forma remota.
– Vamos a darte un vistazo… – susurró mientras manipulaba la computadora de la joven para que se encendiera su cámara sin activar el monitor o la luz indicadora. La pantalla de X se iluminó suavemente y una silueta apareció recostada sobre una sencilla cama, si bien no había mucha luz, al parecer una lámpara de la calle daba suficiente para poder ver las exquisitas formas de la joven. Parecía dormir de costado y de espaldas a la cámara.
El observador sonrió de forma malévola al ver recortada contra la suave luz de la ventana la bella curva de la cadera de la chica, luego la esbelta cintura, de pronto Cynthia se dio la vuelta en la cama, dejando ver a contraluz la insinuación de unos hermosos senos y luego una de sus piernas quedó descubierta, dejando a la vista su larga y estilizada maravilla que hizo que la mirada de X brillara de deseo.
– Ya estoy ansioso de conocerte… Cynthia -le susurró a la figura en la pantalla mientras deslizaba un dedo por la larga pierna morena que aparecía en pantalla. Luego apagó la computadora de la joven de forma remota y a la ventana que indicaba: Nuevo prospecto pendiente, le dio clic en un botón marcado Activar. Luego se levantó del sillón y activó un botón en su pequeño control remoto, lo que hizo sonar en la oficina la música de La cabalgata de las valkirias.
Al instante las deliciosas piernas de Joana se tensaron, empezaron a palpitar con la música y finalmente levantaron a la adormilada mujer y la hicieron bailar para su amo, moviendo sus caderas en sensuales círculos, dando perfectos saltos con sus piernas bien abiertas o sacudiendo sus tetas y nalgas para el hombre de cabello largo.
Con una risa perversa X se sentó en el diván y palmeó sus muslos lo que atrajo a la mujer inexorablemente a su destino.
– ¡Si… si… si… mi señor… soy tuya… hazme gozaaaaar…! -gritaba minutos después la hermosa mujer, ya prisionera, no de los muros a su alrededor, sino de su propia incontrolable lujuria mientras sus piernas color chocolate palpitaban al ritmo de la música y de la voluntad de su amo.
La tarde del día siguiente Cynthia se encontraba buscando en Internet información complementaria para una tarea del lunes, cuando entró a su cuenta de correo había un mensaje de Scorpius con el asunto: Bienvenida y felicidades. Intrigada, la joven lo abrió para encontrarse con el típico agradecimiento por suscribirse a una página, pero tras comprobar sus datos se llevó una sorpresa mayúscula al descubrir que había ganado un premio especial por inscribirse a la empresa de modas.
– Estimada señorita Castillo puede elegir el par de zapatillas de su agrado de nuestra página y lo recibirá -leyó en voz alta Cynthia- ¡completamente gratis!
Sorprendida y feliz la joven dio un gritito y levantó los brazos emocionada.
– ¡Eeeehhhh!
Sin perder tiempo empezó a revisar la página un par de zapatillas por vez, tratando de elegir las perfectas para ella, horas después finalmente se había decidido por unos tacones de cinco centímetros forrados de seda color blanco, con una delgada tira cruzando el empeine y punta redondeada.
– Son perfectos -pensó mientras apuntaba en un correo la clave de las zapatillas y la dirección del apartamento donde vivía con otras estudiantes.
– Ojala no sea un engaño -meditó por un breve instante antes de enviar el correo a la red- ¡Apenas puedo esperar! La joven no podía saber que a un par de horas de distancia un hombre llamado X sentía lo mismo sobre ella.
La mañana siguiente comenzó como un domingo normal para Cynthia, se levantó un algo tarde y, tras desayunar vio un poco de televisión para así poder despejarse de sus estudios.
– Juro que si veo otro libro de leyes antes del lunes voy a enloquecer -pensó con un suspiro. Instantes después alguien tocaba a la puerta del departamento.
– ¿Y eso? No esperaba visitas -dudó mientras se acercaba a la puerta y fruncía el seño de forma encantadora- quizás sean visitas de alguna de las chicas…
Cynthia tenía dos compañeras que aún dormían pues les encantaba salir a divertirse en las noches del fin de semana. Justo por eso chocaban mucho con la seria y disciplinada joven morena. Al asomarse a la mirilla la joven vio a un hombre vestido como repartidor de paquetería llevando una caja bajo el brazo.
– ¿Un paquete en domingo? Qué raro… ¿Será de mi madre? -pensó mientras abría la puerta- ¿Tal vez para alguna de las chicas?
– Buen día señorita, tengo un paquete para Cynthia Castillo -dijo en tono profesional el hombre mientras revisaba unos datos- de parte de Diseños Scorpius.
– Soy yo… -respondió sorprendida la joven de la diligencia y amabilidad de la empresa de modas. Minutos después la joven se encontraba en su cuarto abriendo la bella caja blanca que en la tapa llevaba escrito Scorpius en dorado. Adentro había una pequeña bolsa de seda negra que contenía las maravillosas zapatillas que la joven había elegido en la página de la empresa.
– Vaya, son más lindas en vivo que en la foto -pensó la joven mientras admiraba de pié el calzado colocado en la cama. Su forro de seda no era simplemente blanco, sino de un color casi iridiscente, como una perla, que reflejaba tenuemente diversos colores con la luz. La tira blanca del empeine estaba delicadamente bordada con sutiles motivos florales. Finalmente Cynthia decidió probárselos, había dado su medida de calzado en el mensaje pero sabía que las medidas podían variar con el diseño del calzado y la marca. Se quitó sus sandalias y tras sentarse en la cama se colocó lentamente las zapatillas, primero la derecha y luego la izquierda, luego se levantó para ver qué tal se sentían.
– Vaya, me quedan perfectas… como si las hubieran hecho a mi medida… -pensó mientras daba algunos pasos por su cuarto. Luego se miró en el espejo se cuerpo entero. A pesar de llevar unos cómodos pantalones deportivos se notaba el cambio en sus piernas, parecían más estilizadas, sus nalgas lucían más levantadas y se veía muy elegante.
– Aaayy… ya quiero usarlas… ojala me inviten pronto a alguna fiesta -pensó mientras posaba coqueta ante el espejo aprovechando la intimidad de su habitación. Se puso de perfil y colocó sus manos en la cintura, luego se puso de espaldas al espejo y abrió un poco los pies, para después girar su cintura y poder verse.
– Me veo bien, je je… -susurró divertida pensando en lo que dirían sus amigos en su ciudad natal al verla así, siempre la habían tenido por una chica seria y algo aburrida.
– Tal vez sea hora de enloquecer un poco, de disfrutar más la vida -dijo para sí misma decidida- si… todos se sorprenderán…
La joven no tenía idea de lo proféticas que serían sus palabras.
Esa noche, a las 3 am en punto, el disco duro de la computadora de Cynthia se encendió suavemente, seguido minutos después por su webcam integrada al monitor. Como la vez anterior el cuarto estaba obscuro, pero la luz de un farol callejero permitía ver las siluetas de unos muebles y una persona durmiendo en la cama. Desde muy lejos, a cientos de kilómetros, música fue transmitida por medios sobrenaturales, una melodía de flauta con un ritmo lento y pausado.
Mientras la joven dormía profundamente, bajo su cama la tapa de una caja de zapatos empezaba a levantarse lentamente, hasta que de la penumbra salieron las perladas zapatillas blancas, como movidas por un fantasma se colocaron lentamente a lado de la cama donde parecieron esperar.
La música de flauta, que no podía ser percibida por nadie más que por las encantadas prendas o la mujer que las usara, cobró nuevo ímpetu acelerando poco a poco su ritmo. Siguiendo la melodía las zapatillas empezaron a pulsar, con cada latido se fueron formando protuberancias en el borde de la abertura del calzado, varias pequeñas a los costados y una más grande en la parte frontal.
Rápidamente fueron tomando forma y en un minuto los pequeños apéndices parecían afiladas uñas, o más exactamente los colmillos de unas siniestras fauces que se abrían y cerraban… hambrientas; por su parte las grandes, una en cada prenda, tomaron la forma de una serie de correas, cuatro que correspondían a la parte externa de los tobillos y una más ancha a la parte interna, en conjunto su extraño diseño semejaba siniestras y nudosas manos que surgían al frente de los tobillos de la usuaria y cuyos “dedos” se abrían y cerraban espasmódicamente, buscando una presa que atrapar…
La música siguió acelerando su cadencia, y las zapatillas embrujadas treparon lentamente por los pies de la cama agarrándose a los pliegues con sus extrañas “manos”, X había calculado que serían más rápidas y eficaces con esa forma y su “prototipo” de zapatillas parecía darle la razón.
En segundos habían subido a la superficie de la cama, en la que la joven se encontraba completamente cubierta por las cobijas, las manos buscaron a tientas una abertura, que finalmente encontraron al otro extremo de los pies de la cama.
Entonces, cuidadosamente, comenzaron a introducirse buscando su ansiada presa; muy pronto estaban ante los bien cuidados pies de Cynthia que dormía de costado vestida solamente con una amplia camiseta de algodón que llegaba a sus muslos, su lenta respiración indicaba un sueño profundo. Las manos de las zapatillas se posicionaron frente a ambos pies que descansaban de lado y ligeramente separados, y sincronizadas comenzaron a apoderarse de sus objetivos.
Primero las siniestras extremidades se abrazaron a los dedos de los pies de la joven con suavidad pero alterando su mente desde el primer contacto. Al instante su sueño se hizo mucho más pesado, dificultándole despertar, mientras una pesadilla empezaba en su mente.
Un grupo de salvajes vestidos con pieles la iban cargando desnuda por la selva, entre aullidos, hasta que la recostaban en un claro iluminado por la luna, en donde en un instante le ataron las muñecas sobre la cabeza a estacas clavadas en el piso, luego hicieron lo mismo con sus tobillos.
En su cámara privada X observó con deleite en su monitor como el cuerpo de Cynthia imitaba lo que le hacían en la pesadilla que el propio encapuchado había transmitido a la joven por medio del poder sobrenatural de las zapatillas. Sin poder evitarlo ella se giró para quedar boca arriba causando que las cobijas cayeran al piso, extendió sus brazos hasta que sus manos pasaban entre los barrotes de la cabecera y a la vez abrió y extendió sus lindas piernas, mientras gemía suavemente.
– Aaaahh… -se quejó a la vez que torcía ligeramente la boca, como si estuviera incómoda. En el ojo de su mente la joven vio como los salvajes se alejaban de prisa dejándola totalmente sola y vulnerable. Entonces una serie de gruñidos surgieron de la densa jungla, roncos, atemorizantes y se acercaba muy rápido.
El ritmo de la música de flauta que llegaba a las zapatillas aceleró con gran energía.
El hombre conocido como Scorpius disfrutó mucho ver a contraluz a Cynthia tensando y relajando sus esbeltos brazos y lindas piernas, como tratando de liberarse de sus inexistentes ataduras.
En su pesadilla la joven vio como una enorme figura salía de la jungla frente a ella, una figura similar a un jaguar, negro como la noche pero con una melena como la de un león.
Gruñendo suavemente el ser se plantó ante ella y de un movimiento sus garras se colocaron en los pies desnudos de la chica.
– No… no… -murmuraba la joven mientras movía la cabeza de lado a lado en la seguridad de su cama.
La criatura empezó a ir subiendo sus garras lentamente por los pies de la chica que observaba aterrorizada.
En consonancia con el sueño las manos de las zapatillas fueron avanzando, primero agarrándose de sus dedos, luego de sus empeines y la parte superior del pie.
En su cama Cynthia sudaba, se sonrojaba y su respiración se agitaba, trataba de resistir pero su miedo se iba convirtiendo poco a poco en placer por el contacto de las zapatillas rojas, cuyo poder e influencia habían llegado a su cima gracias a los conocimientos en ocultismo de X.
Entonces el ritmo de la flauta alcanzó su punto culminante con fuerza y rapidez.
Finalmente las correas similares a manos sujetaron los tobillos de la joven de forma posesiva y vigorosa, y en un movimiento fluido forzaron los pequeños pies a introducirse en el calzado donde las fauces de las zapatillas se cerraron hambrientas sobre su delicada presa.
Al instante ella tuvo un pequeño pero poderoso orgasmo, arqueó su espalda y gimió suavemente.
– Aaahh… -exhaló mientras sus pequeñas manos abiertas se crispaban sobre su cabeza. En ese momento las zapatillas cambiaron, los tacones duplicaron su altura, sus puntas redondeadas se volvieron estilizadas y afiladas, su color cambió como en un caleidoscopio hasta volverse de seda roja como la sangre. El calzado se había vuelto un fetiche sexual viviente, palpitante, voraz…
En el sueño, tras sujetar sus tobillos con garras como acero, la bestia la forzó a abrir sus piernas y flexionar levemente sus rodillas, de forma implacable pero sin lastimarla, mientras las cuerdas que las ataban se desvanecían en una voluta de humo. Ante su mirada incrédula vio como la bestia entre sus piernas cambiaba de forma hasta volverse una figura humana esbelta de cabello largo, negra como una sombra. Avanzó hasta quedar cara a cara sobre Cynthia, ella intentó apartarlo con sus pies, cerrar sus muslos, pero sus piernas no le obedecían, permanecieron abiertas y receptivas como la sombra las había dejado mientras se acomodaba lenta y amenazadoramente entre ellas.
En su cama las piernas de la joven se tensaron hasta quedar tiesas y rectas, sus pies casi de punta dentro de las zapatillas, se cruzaban la una sobre la otra, se encogían hasta tocar con los tacones sus firmes nalgas para luego extenderse hasta quedar totalmente verticales apuntando al techo y abrirse en V al máximo.
En su pesadilla, la chica estaba aterrorizada ante la sobrenatural figura sobre ella, apretaba los dientes y contenía la respiración mientras sacudía su cuerpo tratando de liberarse, la sombra la miró de forma irresistible, casi hipnótica, cautivando la mirada de Cynthia, sus ojos se abrieron al máximo y por un momento fue incapaz de reaccionar, las manos-garras subieron y sujetaron las muñecas de la joven que logró gritar desesperada pidiendo ayuda.
Aun dormida, en la realidad ella empezó a susurrar con voz ronca.
– No… no… auxilio… basta… -decía mientras movía su cabeza de lado a lado pero sus piernas bailaban sensualmente en el aire, de vez en cuando sus rodillas se flexionaban y estiraban, como invitando a un amante, su respiración se aceleró, su temperatura aumentó y el placer empezó a subir como una ola desde las zapatillas hasta su sexo, transformando definitivamente la pesadilla en… algo más.
Dentro del sueño la extraña silueta sujetó la suave mandíbula de la chica con su mano-garra derecha, y la obligó a mirarlo a sus ojos brillantes como brasas. Entonces volvió a hablar con voz ronca y dominante.
– Vas a usarlas… -dijo simplemente. La joven no respondió, únicamente se quedó paralizada.
– ¿Cómo…? -respondió al fin la joven aturdida y asustada- pero de que…
– Vas a usarlas… -repitió fríamente la criatura.
– Por favor… no sé…
– ¡Vas a usarlas! -gruñó el ser mientras la obligaba a mirar sus pies. Cynthia llevaba puestas unas zapatillas de tacón altísimo, su material iridiscente parecía cambiar de color, se mantenían en su lugar por medio de un diseño de correas en forma de un extraño animal, un escorpión que se abrazaba con sus patas al empeine de la chica, conectándose luego con la suela, su cola venenosa subía por el frente del tobillo para luego enredarse en este y abrocharse atrás.
– ¿Pero de donde salieron? –pensó aún sin entender que estaba atrapada en una pesadilla. Pero se daba cuenta de la horrible textura del calzado, de los brillantes ojos rojos de los arácnidos en sus pies, de las siniestras pinzas que como un moño adornaban sobre los dedos de la joven y del veneno amarillento que goteaba de la punta de la correa de la zapatilla.
– Nnno… no… no lo haré… -dijo reuniendo todo su valor.
– Obedecerás… -le ordenó fríamente.
– No…
– ¡Obedecerás! -le dijo de forma amenazante para luego mirar su esbelto cuerpo de arriba a abajo- ¡Vas a usarlas!
– Nnn…o, no… Por favor –empezó a suplicar, entonces la sombra se inclinó, acercándose al oído de la joven para susurrarle con voz gutural y lujuriosa.
– Desde hoy eres mía… Cynthia… -dijo para de inmediato retroceder y de una embestida poseyó a la joven en su sueño, penetrándola profundamente, de forma salvaje y despiadada, las sensaciones abrumaron a la joven, que se agarró de forma convulsiva a las cuerdas que sujetaban sus muñecas.
En su cama la chica lanzó la cabeza hacia atrás mientras sus manos se sujetaron desesperadas a los barrotes de la cama, sus exquisitos labios color rosa se abrieron de golpe en un delicioso gesto que reflejaba a la vez, sorpresa, miedo y placer…
– ¡Aaaaaaggghhh! -gimió roncamente mientras sus piernas se extendían apuntando a las esquinas de la cama, tensando sus muslos y caderas, como si las zapatillas trataran de acrecentar el placer de la joven.
En su sueño la sombra retrocedía, retirando de la desvalida feminidad su preternatural y aún excitado miembro, liberándola de su dominio.
– Uunnggh.. -gruñó ella al ver invadida su percepción por las nuevas sensaciones que en segundos se desvanecían, dejándola con una impresión de alivio y a la vez de extraño vacío. Pero la viril entidad todavía no terminaba con ella… aprovechando que aún se recuperaba del anterior ataque se lanzó al frente, penetrándola de nuevo mientras la sujetaba.
– ¡Aaaahhh! -gimió al verse de nuevo penetrada y sometida al extraño poder que ese ser tenía sobre ella.
– ¡Oooohhhh -gruñó cuando la sombra volvió a salir de ella, pero solamente un instante antes de volver a embestirla con fuerza. Ahora las acometidas y retrocesos se convirtieron en un ritmo candente que seguía a la música.
– Mmm… oooohhh… mmm… aaaahhh… -sollozaba Cynthia de placer con cada movimiento, a su pesar cada vez más excitada, la extraña pesadilla se había convertido finalmente en un largo e insidioso sueño erótico que permitiría alterar su mente sin más ayuda que las zapatillas de Scorpius y el demoníaco ser atrapado en cada fragmento embrujado… al menos hasta que X decidiera otra cosa.
En la cama la joven morena aun yacía con las manos sobre su cabeza agarrándose de los barrotes, gimiendo suavemente, mientras sus piernas calzadas con las zapatillas rojas bailaban sobre las sabanas casi de puntas y verticales desde el pie a la rodilla. Cada vez más rápido, cada vez más sensual, la entrepierna de ella cada vez más húmeda mientras  la música de la flauta seguía sin parar.
En su sueño erótico, la chica jadeaba con los ojos cerrados y sus labios rosa abiertos mientras era sometida sexualmente, sus manos tensas sobre las cuerdas atadas a sus muñecas, sus senos moviéndose hipnóticamente a un lado y otro con cada  penetración. Una y otra vez… cada vez más delicioso… cada vez más complacida.
El ser sobre ella aceleró aun más el paso, haciéndola arquear su bello cuerpo y casi enloqueciéndola, sus bellas piernas se abrazaron a la cintura de su atacante…
– Vas a usarlas… -empezó de nuevo a decir la sombra, esta vez en el oído de la joven.
– ¡Oooohh…!
– Vas a usarlas…
– ¡Aaaaahhh…!
– Vas a usarlas… -dijo de nuevo, a la vez que con una mano-garra sujetaba la garganta de Cynthia, haciéndola sentir más indefensa.
– ¡Ooooohhh… yooo… yoo… -intentó resistir por última vez.
– ¡Vas a usarlas! –le gruñó la criatura mientras con dos garras pellizcaba suavemente un pezón de la chica a la vez que la penetraba en una última embestida salvaje, inundando su joven sexo con la magnífica y esclavizante obscuridad que emanó de su miembro.
– ¡Aaaaaahhhh… aaaahhh… siiii… las… usareee…! –finalmente se rindió la joven al alcanzar el más glorioso orgasmo de su vida… hasta ese momento al menos. Justo entonces la música de flauta se detuvo.
En la cama sus piernas flexionadas y levantadas al fin se relajaron, cayendo abiertas, las suelas de las zapatillas casi tocándose mostrando el interior de sus muslos y su satisfecha y empapada vagina, formando con sus piernas una especie de sensual mariposa.
– Obedecerás… -le susurró de nuevo el ser a la chica.
– Siiii… obedeceré… obede… ceré… -apenas alcanzó a responder ella antes de que el sueño y la entidad se desvanecieran en la obscuridad y al fin retomara un profundo dormir natural.
– Olvídame… -fue la última palabra que resonó en la mente y alma de Cynthia antes de que las zapatillas hechizadas liberaran los pies de la chica y rápidamente bajaran de la cama y volvieran a su caja. La computadora se apagó con un suave zumbido, y en algún lugar el hombre conocido como Scorpius sonrió satisfecho en más de un sentido.
Al día siguiente, la estudiante se despertó con una sonrisa en los labios sin saber muy bien el motivo, yacía boca arriba con sus piernas abiertas y sus mantas estaban en el suelo a un lado de la cama.
– Uuuff, que calor debió hacer anoche, seguro por eso tiré las cobijas… -pensó mientras se levantaba y se metía a bañar para limpiarse el sudor del cuerpo, preparándose así para un largo día de clases.
Después de secarse y peinarse de forma sencilla se vistió con ropa interior cómoda de algodón y se puso unos jeans y una blusa blanca, buscaba unas zapatillas sin tacón cuando de pronto recordó las zapatillas de Scorpius.
– Oh, me gustaría ponérmelas –pensó mientras sacaba la caja debajo de la cama y abría la tapa- son tan lindas…
Pero Cynthia sabía que aun tardaría en conseguir amigos como para usarlas en alguna fiesta.
– Como quisiera… -susurró mientras daba un vistazo a las elegantes zapatillas blancas. De pronto su mirada quedó fija y por un instante sus ojos brillaron de forma extraña. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro, con decisión sacó las zapatillas de la caja y ceremoniosamente se las calzó.
– Vaya, no tengo por qué esperar –decidió mientras se miraba en el espejo de su cuarto- como sea lucen geniales.
Terminó de recoger sus cosas: su bolso, sus libros, una chaqueta y se lanzó a la universidad orgullosa de su nueva actitud.
– Está decidido… voy a usarlas… -pensó mientras salía por la puerta de su cuarto.
CONTINUARA 
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