CRÓNICAS DE LAS ZAPATILLAS ROJAS: WORLD WIDE WEB 5.
Un consejo: es conveniente, aunque no forzoso leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojasExpedientes X: el regreso de las zapatillas rojas, Alias: La invasión de las zapatillas rojas, Crónicas de las zapatillas rojas: la camarera Ivanka Trump: El imperio de las zapatillas rojas, antes de leer esta historia.
Una disculpa a los que siguen y disfrutan mis relatos, entiendo que tardé demasiado en continuar pero así es el trabajo, dedico este cuento a aquellos que han sido pacientes.
Por Sigma
En la mañana Cynthia despertó sonriente, se estiró acostada como un gato, se sentó y entonces notó que la cama estaba desarreglada, sus piernas descubiertas y aun llevaba puestas sus zapatillas de Scorpius.
Al verlas la chica sonrió y tras cerrar los ojos se recostó de nuevo estirando los brazos sobre la cabeza, sus piernas rectas y pies en punta.
– Mmm… tendré que ponerme zapatillas para dormir más a menudo -pensó mientras recordaba el increíble placer del sueño que había tenido… sometida a esa poderosa sombra masculina, se sintió tan indefensa… tan sumisa…- vaya sueños que me provocan…
Levantó sus piernas morenas bien derechas hasta señalar con las puntas de los pies al techo y las miró lentamente de arriba a abajo, disfrutando mucho ese simple acto.
– Me… me encantan mis piernas… -susurró sorprendida de sí misma al empezar a acariciar suavemente sus muslos, sus pantorrillas- Mmm… son perfectas…
Lentamente abrió sus piernas en V y mientras seguía deslizando los dedos por su piel introdujo la otra mano en el frente de sus pantaletas de algodón y casi por reflejo empezó a darse placer, primero lentamente, saboreando cada matiz, cada escalofrío, disfrutando luego la tersa calidez de la curva de sus senos, sus pezones ya duros y excitados.
– Oooohhh… -gimió al arquear su espalda involuntariamente por un espasmo de gozo, sus piernas se flexionaron hasta casi tocar sus nalgas con los tacones- Aaaahh… si… si… oooohhh…
Entonces empezó a acelerar el ritmo de la mano en sus pantaletas hasta alcanzar una velocidad salvaje, recordaba como en el sueño su conquistador la sometió analmente, y al momento esa parte de su cuerpo palpitó sensualmente enviándola a la cima del placer.
– ¡Ooohhh… ooohhh… nnnnnnhhhhh…! -sollozó casi en un grito a la vez que extendía las piernas sobre la cama y mordía la carne entre el pulgar e índice de su otra mano, tratando de sofocar los gemidos de gozo.
Entonces un sonido en el pasillo la sobresalto, de inmediato se sentó y escuchó con atención pero ya no escuchó nada, de puntillas se levantó de la cama y se dirigió a la puerta sin pensar siquiera en quitarse las zapatillas.
Se encontró con que la puerta estaba ligeramente entreabierta, rápidamente se asomó al pasillo pero no había nadie, además aún era temprano para que sus amigas se levantaran…
– Quizás lo que escuché fue la puerta al abrirse… -pensó ya más tranquila mientras cerraba la puerta y volvía a la cama a descansar un poco más- Que raro, no recordaba que estos tacones fueran tan altos…
Tras pensarlo un instante se encogió de hombros y se volvió a acostar.
– Mmm… soy bailarina-esclava… -susurró adormilada y sonriente luego de unos minutos de relajación posterior, pero de inmediato abrió los ojos al comprender en parte lo que había dicho- ¿Qué soy qué…?
En otra habitación Ariadna estaba recargada en la puerta de su cuarto, respiraba agitada y se había sonrojado furiosamente, miraba al piso confusa y avergonzada.
– Dios… ¿Qué me pasa? -reflexionó al recordar los días pasados… y las noches, el lunes anterior se había encontrado con Cynthia al salir del apartamento hacia la universidad, iba a hacer un comentario sarcástico cuando se fijó en lo bien arreglada que estaba y sobre todo en los minúsculos pantaloncillos negros que usaba, se ajustaban totalmente a la redondez de sus preciosas nalgas y apenas las cubría, dejando expuestas sus piernas en toda su extensión, en sus pies llevaba unos lindos botines negros al tobillo, tenían la punta redonda y unos gruesos tacones de diez centímetros que hacían que sus piernas parecieran más largas.
Ariadna se había quedado pasmada mirando esas morenas y suculentas piernas, olvidándose de todo, incluso de respirar.
– …bien? ¿Me oyes Ariadna? ¡Ariadna! -finalmente exclamó Cynthia segundos después sacándola de su estado casi hipnótico.
– ¿Qué… como dices? -dijo al fin al volver a la realidad, mientras parpadeaba varias veces.
– ¿Estás bien? Te quedaste paralizada…
– Oh… si… no te preocupes, estaba distraída…
– Bueno… es hora de irme ¿Vienes?
– Ah, gracias… adelántate, ya bajo.
La trigueña se quedó acalorada y confundida viendo como la estudiosa salía del apartamento en camino a la universidad.
– ¿Pero que me ocurrió? -pensó al salir finalmente del apartamento- Espero no vuelva a pasar…
Sin embargo pronto se dio cuenta de que no solamente su “problema” continuaba, sino que además aumentaba. Cada vez que se encontraba a la morena no podía dejar de mirar sus piernas, casi memorizando cada curva, cada detalle y olvidando todo excepto esas magníficas extremidades.
Para empeorar las cosas a Cynthia le había dado por ponerse ropa que resaltaba esa parte de su anatomía: minifaldas, pantaloncillos cortos, y en el apartamento andaba por ahí luciéndose en ropa interior y su corta camiseta de dormir.
Para no ponerse en vergüenza Ariadna había optado por evitar encontrarse con la chica, pero dos noches atrás no pudo resistir la tentación y ya de madrugada intentó darle un vistazo a la morena y sus lindas piernas, sin embargo al entreabrir la puerta se quedó pasmada a verla bailando en su habitación como una profesional, se movía ágil y elegante apenas iluminada por el farol de la calle, vestida solamente con su camiseta y unas exquisitas zapatillas rojas y puntiagudas de tacón de aguja de una altura salvaje.
– Ooohh… pero… ¿Dónde aprendió a moverse así? -recordaba haber pensado Ariadna en ese momento, mientras sin darse cuenta se humedecía los labios al mirar como sus muslos y pantorrillas se tensaban y flexionaban grácilmente.
Por un instante dudó si cerrar la puerta y volver a su cuarto antes de que la descubrieran, sin embargo, justo entonces Cynthia subió a su escritorio de un ágil salto y empezó a ondular su cuerpo y a bailar de puntas en el pequeño espacio.
Ariadna se quedó irremediablemente embelesada mirando y no se movió ya hasta que la bailarina se acostó en la cama, momento en que la aturdida trigueña cerró la puerta con cuidado y volvió a su cuarto para meterse en su cama, aún más confundida al sentir una tibia humedad extendiéndose lentamente entre sus piernas.
Comenzando a asustarse, Ariadna trató de intensificar el distanciamiento de su compañera, pero esa mañana temprano ya no pudo resistir darle una mirada, y esta vez no estaba bailando, sino que se masturbaba, primero lenta y sensualmente, luego de forma frenética y desinhibida. De nuevo Ariadna se había quedado hipnotizada mirando, hasta que se dio cuenta de que se estaba acariciando lentamente la entrepierna sobre sus pantaloncillos entonces gimió suavemente, Cynthia la escuchó y ella corrió de puntillas a su habitación.
– Dios… ¿Qué me pasa? -repitió para sí misma al salir de sus recuerdos de los últimos días- Ya no se… ooohhh…
Su gemido fue casi un ronroneo de gozo que la hizo entrecerrar los ojos un instante, luego de mirar hacia abajo descubrió que su mano derecha se había introducido en sus pantaletas y la masturbaba suavemente, por un momento pensó que debía detener esa locura, que ella no era lesbiana, que despreciaba a esa chica… pero justo entonces su mano aceleró sus caricias eliminando de una vez todas sus dudas.
– Aaaaaahhh… -gimió de forma ahogada- bueno… sólo es… ooohhh… fantasear… un momento…
Lánguidamente se recostó ahí mismo en la alfombra de su cuarto sin parar de masturbarse mientras se acercaba sin control al orgasmo más vergonzoso que podía recordar.
Por más que intentó apartarlo de su mente, lo que apareció en su fantasía mientras se daba placer era esa encantadora y estudiosa joven morena bailando sensualmente con sus piernas bien expuestas y calzadas con tacones kilométricos.
– ¡Cynthiaaaaahh…! -gruñó de forma ahogada al llegar a un extraordinario orgasmo y arquear su cuerpo de puro placer.
– Mmm… debería parar… es demasiado… -pensó la morena brevemente esa tarde en su cuarto, extrañada aunque complacida, pues desde la mañana había estado acariciando sus piernas y masturbándose constantemente- Aunque… se siente tan bien… es tan delicioso…
Mientras pensaba en ello recostada en la cama sus manos comenzaron a moverse, una empezó a acariciar sus senos, la otra se fue introduciendo entre sus piernas. Su cuarto se sentía cálido e invadido por el aroma al sexo, su cabello desordenado le cubría parte del rostro y el cuello de su camiseta de dormir era ya tan grande que mostraba sus femeninos hombros y un encantador escote, la única otra prenda que llevaba eran sus zapatillas blancas.
Lentamente levantó las piernas y la mano en sus senos subió para acariciar sus muslos. Ya había cerrado los ojos cuando escuchó que llamaban a su puerta. De inmediato se cubrió con sus cobijas y arregló un poco su cabello.
– Adelante… -dijo tras unos segundos. Se trataba de su amiga Ana que entró entonces sonriente.
– Hola Cinthis ¿Estás bien? No te he visto todo el día…
– Estoy bien, solamente fue una semana pesada, pero ya me siento con energía…
– Genial, porque al rato nos iremos a bailar al club.
– No se Ana, aún tengo que reponerme…
– Oh vamos, habrá chicos y podremos lucirnos en minifalda…
– …lucir… minifalda… -fueron las palabras que hicieron eco en la mente de la morena, haciéndola gemir muy bajo y cerrar los ojos un instante.
– Mmm… está bien, tu ganas pero ¿Qué dirá Ariadna? La semana pasada apenas y me dirigió la palabra…
– Ha estado un poco rara pero ya habíamos quedado de salir juntas, se tendrá que aguantar si quiere que sigamos siendo amigas.
– No quisiera causar problemas…
– No te preocupes, ella es ni amiga, pero tú también, además estoy segura de que con que te conozca un poco más ella te apreciará tanto como yo.
– Bueno, entonces ¡Saldremos esta noche!
– ¡Hecho! Te veo al rato -dijo con una sonrisa mientras se despedía con la mano y salía del cuarto.
– Debería empezar a arreglarme, estoy hecha un desastre. -pensó un momento cuando sintió de nuevo su mano acariciante entre sus piernas y una chispa de placer recorrió su cuerpo- Mmm… bueno, una última… aaaaahhh… vez…
Quitó las cobijas a la vez que levantaba sus piernas bien derechas y abiertas en V para admirarlas y acariciarlas mientras con la otra mano consentía y acariciaba su sexo.
– Oooohhh… si… me encanta… aaahhh… -gemía suavemente, ya esclavizada a su propio cuerpo… a su placer…
Horas después se encontraban en plena diversión en un club para estudiantes, con música bailable y sensual, jóvenes vestidos para atraer al sexo opuesto, luces láser creando un espectáculo y bebidas por doquier.
Las chicas platicaban, se reían y bebían en una buena mesa, se destacaban en el local por ir juntas, ser todas hermosas y vestir sexy pero elegante. Ana llevaba unos ajustados pantaloncillos negros y un top dorado sin espalda, Mitzy una minifalda elástica azul y una blusa sin mangas y escotada, Ariadna un minivestido color rojo sin hombros y Cynthia una minifalda blanca de cuero y un pequeño top con delgados tirantes a juego. Todas llevaban zapatillas de tacón alto que combinaban con sus atuendos.
Algunos chicos atractivos se habían acercado intentando separar a alguna de ellas de las demás, Ana y Mitzy estaban repasando con sonrisas sus mejores opciones, mientras Cynthia no encontraba atractivo a ninguno de los jóvenes que se habían acercado a tratar de platicar o bailar con ella, no importaba su sonrisa, actitud o color de ojos, simplemente la dejaban fría y los rechazaba amablemente.
Por su parte Ariadna, parecía entre molesta y nerviosa, alejando a los que le hablaban con miradas gélidas y palabras despectivas.
– Vaya… creo que de verdad le molestó que yo viniera -pensó la morena mientras suspiraba.
– ¿Te la estás pasando bien Cinthis? -le preguntó Ana en voz alta al oído, sonaba algo preocupada- No has querido bailar con nadie desde que llegamos…
– No te preocupes Ana, me la estoy pasando fabuloso con ustedes… pero no estoy de humor para chicos de momento.
– Bueno… lo entiendo, a veces me pasa…
– De hecho me preocupa más Ariadna, parece incómoda con mi presencia…
En ese momento intervino Mitzy.
– Está insoportable, no solamente contigo… no quiere ni tomar una copa, aunque a mí me toca manejar. Está más tensa que una cuerda de guitarra.
– Oh, lo siento chicas, espero no arruinar la salida…
– Hey, no es tu culpa… -la tranquilizó su amiga rubia.
– Cierto, además ya lo estoy arreglando…
– ¿Qué?
– ¿Cómo?
– Fácil -les dijo la sonriente pelirroja mientras les guiñaba un ojo- Ariadna necesita relajarse, así que le empecé a servir sus refrescos con un poquitín de alcohol, muy poco para que no lo note, pero les aseguro que en un rato estará mucho más relajada y risueña.
– Mitzy… eres terrible -le dijo Cynthia con media sonrisa, tras lo cual las tres empezaron a reírse con complicidad mientras al otro lado de la mesa Ariadna se terminaba otro vaso de refresco de naranja.
Horas después Ariadna recuperaba la conciencia en el asiento del copiloto de su propio automóvil color gris, se sentía mareada, pero de forma cálida y agradable, ligeramente fuera de control. Al parecer se había quedado dormida durante el regreso al apartamento.
– Mmm… me siento como… como si estuviera ebria… -pensó mientras parpadeaba un par de veces- pero no es posible… no bebí… ¿O sí?
Miró por la ventana, observó las luces de la avenida pasando a gran velocidad ante su ventanilla y sonrió satisfecha pues había sobrevivido a una noche con la chica estudiosa cuyas maravillosas piernas últimamente la habían obsesionado.
– Tal vez fuera sólo una locura temporal -pensó más tranquila y segura de sí misma. Pero cuando miró al conductor sintió que se sonrojaba incontrolablemente, manejando su auto estaba Cynthia, su pequeña falda se había subido al conducir y sus piernas completas lucían deliciosas con esas zapatillas blancas como las de Scorpius pero eran de un tacón metálico y altísimo que no parecían impedirle manejar los pedales del auto.
– ¿Y Mitzy? -preguntó nerviosa y con un tono más agudo del que deseaba- ¿Qué pasó?
– Oh… hola Ariadna ¿Estás bien? Estuviste bailando pero te sentiste mareada y me pediste que te trajera al apartamento -dijo sonriente la morena, feliz de lo bien que se había llevado con la trigueña esa noche.
La chica recordó entonces como se había relajado poco a poco, hasta que entre risas todas se levantaron a bailar, lo había disfrutado mucho, en especial al ver a Cynthia bailar de esa manera que ahora le parecía tan sensual, girando lentamente su cuerpo a la vez que lucía sus curvas.
– ¡Dios… qué bien se mueve! -había pensado en ese momento, desinhibida sin saberlo por el alcohol. El recuerdo dio paso a la realidad y Ariadna se descubrió a si misma mirando hambrienta las jóvenes y expuestas piernas de su compañera de apartamento.
– …pero ellas estaban tan a gusto que decidieron que yo te trajera y ellas regresarían en taxi después ¿Sabes?
– ¿Eh? Ah… si claro… -respondió confusa la trigueña al darse cuenta de que la conductora le estaba hablando, pero ella no podía dejar de mirar esos muslos y pantorrillas magníficas.
– Mmm… me encantan… -se permitió pensar Ariadna gracias a su falta de control y la intimidad a media luz del auto- ooohh… no debería pensar eso.
Al notarla callada y meditabunda Cynthia trató de mantenerla relajada apoyando su mano derecha en el expuesto muslo blanco de la copiloto.
– Sssshhh… tranquila… casi llegamos… todo estará bien… Ari…
– ¡Mmmm…! -gimió complacida la trigueña sin poder evitarlo ante ese gesto, pero sobretodo al escuchar ese diminutivo que normalmente odiaba.
– ¿Te sientes mal? -le preguntó preocupada la conductora mientras le acariciaba la rodilla para calmarla.
– Estoy bien Cinthis, sólo fue un mareo… gracias -respondió Ariadna encantada con esas atenciones, a la vez que ponía su mano sobre la que la morena tenía en su pierna.
Minutos después iban entrando por la puerta del edificio donde vivían. Ariadna se sentía en otro mundo, los efectos del alcohol no solamente la mantenían mareada y risueña, también evaporaban sus inhibiciones, motivo por el cual ahora se aprovechaba de que Cynthia la ayudaba a sostenerse mientras caminaban para tocar “accidentalmente” los muslos y nalgas de su compañera mientras las dos se reían casi sin motivo.
Finalmente entraron al apartamento donde cada una se iría a su cuarto, pero Ariadna estaba encaprichada con la morena, la deseaba… la deseaba tan ardientemente… como nunca lo había sentido con nadie, todos sus prejuicios y miedos se esfumaron bajo el peso de su lujuria.
– Adelante. Unos metros más y llegaremos a tu cuarto -le dijo la estudiosa.
– Mmm… no puedo dar un paso más… Cinthis… déjame quedarme en tu cuarto.
– Pero…
– ¡Anda… no seas mala… me siento terrible!
– Está bien… quédate en mi cama… vamos… -aceptó sonriente la morena mientras entraban a su cuarto y acostaba a la trigueña con cuidado- bueno… descansa, me iré a tu cuarto.
– ¡No! Digo… antes ayúdame a cambiarme…
– ¡Pero Ari…!
– Mmm… por fa… no podré dormir así… -gimió y se quejó a la vez que se sentaba.
– Está bien… -respondió la estudiosa con media sonrisa mientras sacudía la cabeza.
Con una sonrisa pícara Ariadna levantó los brazos y cerró los ojos, generando una risa en su compañera que estaba encantada con su actitud simpática y casi infantil. Con ayuda de la chica, Cynthia le subió el vestido rojo hasta sacarlo por encima de su cabeza, dejándola en hermosa lencería del mismo color, de fino encaje y que resaltaba su figura.
La morena no pudo evitar quedarse con la boca abierta al verla tan preciosa, la elegancia de sus zapatillas rojas de tacón alto y punta abierta contrastaban con la salvaje sensualidad de su ropa interior.
– ¡Ari… estás hermosa!
– Mmm… -ronroneó de placer la trigueña al escuchar a la estudiosa llamarla Ari- gracias… eres tan gentil…
– Bueno… será mejor que te deje dormir… me iré a… -al fin dijo después de quedarse unos segundos como hipnotizada.
– Nooo… no me dejes sola, no me siento bien… quédate junto a mi hasta que me duerma. ¿Sí?
– Pero no puedo acostarme así, tengo que cambiarme…
– Pues cámbiate, tu ya me viste en ropa interior y… ¿Somos amigas no?
– Bueno… tienes razón… -cedió Cynthia, feliz y sorprendida de que por vez primera Ariadna la llamaba amiga.
Sujetó el borde de su top y levantó los brazos sacando la prenda sobre su cabeza, luego rápidamente desabrochó su falda y la dejó caer a sus pies quedando en su cómoda ropa interior de algodón entonces se metió en la cama con la otra chica.
La trigueña se había recostado fingiendo desinterés pero no había perdido detalle del cuerpo y sobre todo de las piernas de la morena, sus pupilas se habían dilatado, estaba sonrojada y su corazón latía acelerado.
– Dios… ¿Qué me pasa? Parezco adolescente enamorada -pensó confundida la chica mientras se daba vuelta en cama para quedar de costado mirando la esbelta espalda  de su estudiosa compañera apenas cubierta por las cobijas, entonces tuvo un momento de lucidez- Debo controlarme… y calmarme… o cometeré una locura… mejor… trataré de dormir.
Ambas se acostaron sin ser conscientes de que se habían dejado puestas sus zapatillas de tacón alto.
– Vaya… que linda amiga… -pensó complacido X mientras miraba el cuarto de Cynthia por medio de la cámara de su computadora.
Había disfrutado como todo un mirón, espiando a las dos jóvenes desde el despacho de uno de sus clubs T. P. a la vez que Zorrita, la hermosa ex secretaria de Ivanka le practicaba el sexo oral de una forma exquisita. La hermosa y complaciente trigueña estaba arrodillada como debía hacerlo toda esclava, entre los pies de su amo.
Este se encontraba sentado ante el escritorio, vestido de traje, ella usaba su uniforme típico: sostén de metal como garras sometiendo sus senos, taparrabo frontal sostenido de un delicada cadenilla alrededor de su cintura, nada detrás, luciendo sus firmes nalgas, en sus pies resplandecían sus zapatillas grises de esclava de tacón altísimo.
Se esforzaba de forma encantadora pues ya había sido condicionada de modo que para ella misma fuera un gozo incomparable darle placer a su amo.
Sus labios color violeta subían y bajaban complacientes, su hermoso cabello negro estaba recogido para dejar su esbelto cuello expuesto y listo. Sus ojos brillaban como estrellas, en parte por el deseo que la dominaba, en parte por su falta de voluntad, como si fuera una muñeca de placer viviente.
– Mmm… tal vez más adelante… ooohhh… pueda apoderarme… mmm… de la amiguita… -gruñía al borde del orgasmo mientras se imaginaba a las dos chicas dándose placer- Siii… me encargaré… de que Cynthia… empiece a apreciar a… otras hembraaaaass…
Minutos después la computadora de la morena se apagó silenciosamente, pues X sabía que no podía arriesgarse a que la amiga viera los bailes y condicionamiento de su joven esclava.
Un rato después, todavía de madrugada, en la habitación de Ariadna se activó su reloj despertador con música clásica a muy bajo volumen, pero era suficiente para despertar a Baal tal y como lo había planeado.
Un nuevo sueño había comenzado para la estudiosa, que aún dormida comenzó a humedecerse los labios, estaba en una playa sumida en un perpetuo atardecer y vestía como una esclava, con un taparrabo y una pequeña tira de tela rodeando sus senos, todo en color blanco, calzaba unas delicadas sandalias rojas que embellecían sus pies.
Observaba el hermoso paisaje disfrutando de la brisa cuando sintió al ente detrás de ella, una de sus manos-garras sujetó el vientre de la chica a la vez que la otra se apoderaba de su cuello obligándola a mirar hacia arriba.
– ¡Obedecerás! -le dijo simplemente mientras la pegaba a su musculoso cuerpo, permitiéndole a Cynthia sentir en su espalda y nalgas la fortaleza y dureza de su conquistador.
– Si… si… lo haré… -gimió entre excitada y temerosa- por favor… ¿Cómo debo… llamarte?
– Puedes llamarme amo… tu dueño… pero soy Baal -le dijo la sombra de ojos encendidos al tiempo que una de sus garras se introducía bajo el delgado taparrabo haciéndola jadear de gozo en un instante al acariciar su sexo.
– ¡Aaaahhh…! -gimió sin poder evitarlo, momento que aprovechó el ente para introducir dos de sus garras entre los rosados labios de la morena, que a pesar de verse violentada de esa manera sintió aún mas placer y cerró los ojos- ¡Mmm… mmm…!
De pronto el ser se detuvo y soltó a la chica que de inmediato abrió los ojos sorprendida y para su vergüenza… decepcionada.
– Pero… -apenas pudo decir cuando vio a Baal de pie ante ella, dándole la espalda. Sonrojada y confundida empezó a acercarse, sin poder evitarlo a la ya familiar entidad sin saber qué hacer.
– ¡Me siento tan extraña! -pensó mientras se quedaba tímidamente justo atrás de la imponente figura que parecía mirar hacia el mar.
– ¿Te puedo ayudar… Baal? -preguntó al fin la morena tímidamente.
– ¿Recuerdas nuestro placer?
– Yo… bueno… -trató de responder al sonrojarse, entonces la mano-garra se introdujo bajo su taparrabo haciéndola casi gritar- ¡Ooooohh… siii…siii! ¡No puedo evitarlo… incluso despierta…!
Al instante Baal la soltó, dejándola jadeante, los ojos brillantes, el cabello cubriendo parte de su rostro y los labios entreabiertos… dominada por una lujuria… salvaje.
Casi sin poder controlarse se acercó a la espalda de la sombra y puso suavemente las manos en sus musculosos hombros, acariciándolos lentamente, seductoramente.
– Ahora tú me complacerás -le dijo Baal a la vez que tomaba la pequeña mano derecha de Cynthia y lentamente la dirigía a su masculinidad.
– ¿Qué…? Por favor Baal… no está… bien… -trató de resistir la aún conservadora chica, pero la mano-garra parecía una máquina de hierro- ¡Basta!
Rápidamente la entidad introdujo su otra mano entre las piernas de ella, haciéndola lanzar su cabeza hacia atrás y desvaneciendo su voluntad de un golpe.
-¡Aaaaaahh…! -gimió sin control la morena mientras Baal la hacía poner su pequeña mano sobre su duro y cálido miembro, para empezar a forzarla a moverse arriba y abajo, en una caricia provocativa, ella trataba de luchar pero la otra garra de la entidad entre sus piernas le impedía concentrarse, incluso pensar…- ¡Oooohh…!
En la realidad Ariadna se había dado la vuelta en la cama dándole la espalda a la morena, en un intento por abstraerse de sus encantadoras piernas y mantener la cordura, pero a la vez incapaz de irse a su cuarto pues el alcohol aún debilitaba sus inhibiciones.
Trataba de dormir cuando sintió como su compañera se movía hasta quedar pegada a ella, acomodándose para ajustarse a su cuerpo, sentía sus senos rozando si espalda, sus caderas en sus nalgas y sus rodillas morenas detrás de las propias.
– Oh… por favor… no me lo hagan más difícil… -pensó mientras sentía como se sonrojaba ante el dulce tacto del cuerpo de Cynthia.
Intentaba no moverse cuando sintió como la morena deslizaba su mano hasta ponerla en su cadera casi de forma accidental.
– Dios, que suave y cálida… -pensaba la trigueña al sentir esa palma y los finos dedos en su piel, cuando de pronto la mano se deslizó de nuevo hasta posarse delicadamente en su tibio sexo- oooohh… me va… a enloquecer… no…
Los finos dedos de la chica apretaban y aflojaban delicadamente, al parecer ansiosos entre el deseo y la duda.
– Mmm… ¡No… no soy lesbiana… no soy…! -empezó a gemir Ariadna suavemente a la vez que apretaba sus muslos y escuchaba a Cynthia balbucear muy quedo en su oído. – Por favor… aaahhh… está bien…
En el sueño Baal seguía masturbando a la morena tras él mientras con la otra mano la forzaba a acariciar su miembro ya duró y erecto mientras ella casi sollozaba dominada por el placer.
Lentamente la sombra fue retirando la garra de los dedos de la joven, y al hacerlo comprobó complacido que la mano de la chica, ya aferrada a su masculinidad, seguía subiendo y bajando suavemente, dándole placer como una obediente esclava mientras emitía pequeños y encantadores gruñidos de gozo.
En la realidad la mano de Cynthia ya se había introducido en las pantaletas de encaje de Ariadna y empezó a masturbarla lenta y delicadamente, mientras exhalaba una serie de placenteros ruiditos.
– Mmm… siii… nnngghh…
En cuánto empezaron las caricias la trigueña sujetó la muñeca de la morena, pero casi al instante sus preciosos ojos se apretaron, sus labios se entreabrieron y se quedó paralizada, mientras exhalaba un profundo suspiro de satisfacción y forzaba sus nalgas atrás, dejando su entrepierna prisionera entre los dedos y las caderas de Cynthia.
– No… por favor… no soy… no soy…
En su sueño la morena seguía disfrutando de las caricias de la sombra mientras ella misma lo masturbaba lánguidamente, saboreando como su masculino cuerpo se tensaba acercándose al orgasmo.
Una garra de Baal se lanzó atrás y sujetando la rodilla de la chica la obligó a rodear su poderoso cuerpo con su esbelta pierna, empezando luego a acariciarla en toda su extensión.
De vuelta en el cuarto la aún mareada Ariadna salía de su parálisis y trataba de escapar de la manipulación de la morena, lo que no era fácil pues se distraía con sus enloquecedoras caricias.
– Ooohh… Cinthis… espera… -susurraba tratando de negarse sin demasiada convicción a la vez que intentaba apartar la pequeña mano de su sexo, pero sus caricias la debilitaban.
De pronto la trigueña vio en cámara lenta como una de las deliciosas piernas de la morena se extendía gloriosa al pasar sobre su cadera, rodeando su muslo aún calzada con una de las sensuales zapatillas blancas.
– Oooohhh… que… que belleza… -pensó por un instante antes de que ese objeto de deseo empezara a flexionarse y extenderse en un ritmo hipnótico, sin poder controlarse una de las manos de Ariadna se extendió hasta posarse delicadamente sobre la cálida carne morena de ese muslo, dejando que los esbeltos dedos en su clítoris siguieran su ardiente danza.
Luego la mano de la trigueña empezó a moverse acariciando el terso muslo y la torneada pantorrilla que la rodeaban… causándole un gozo enloquecedor que le quitó la resistencia que le quedaba… su otra mano que trataba de detener la de la morena lentamente se fue apartando, hasta posarse en el colchón, finalmente Ariadna se relajó y dejó que la otra chica le diera placer mientras ella se encontraba perdida disfrutando el exquisito tacto de la pierna de Cynthia.
En su sueño la morena ya estaba recostada de lado en la tibia arena complaciendo a Baal con sus esbeltos dedos mientras este le devolvía el favor con sus magníficas garras negras en su sexo.
Se sentía ya cerca de alcanzar un placer como nunca antes había sentido, era tan salvaje y desenfrenado, pero tan natural… como dos animales al copular.
– Si… eso es… así… -le gruñía su macho de ojos ardientes, mientras le devolvía su gozo multiplicado- ¡Sii… oh Cinthis…me vuelves loca!
Cynthia parpadeó varias veces y entonces se dio cuenta de que estaba en su cama y que su sombra ahora era Ariadna que se arqueaba tratando de mirarla mientras ella la masturbaba vigorosamente pegada a su espalda.
Por un momento pensó detenerse pero la forma en que esos pálidos dedos acariciaban su pierna la enloquecía y volvió a sentir la lujuria salvaje que la hizo acelerar el ritmo de su mano dentro de las pantaletas de encaje rojas, casi como si al complacer a la trigueña se acariciara a sí misma.
– Mmm… Ari… tu sexo está… taaan caliente… -le murmuró roncamente al oído a la trigueña sin saber muy bien de donde había sacado esas palabras, pero disfrutándolas, en ese momento el sujetador de encaje rojo se desprendió suavemente ante el toque mágico de la estudiosa, dejando la sensible y vulnerable carne expuesta.
– ¡Ooohh… ooohhh… Cinthis… esto es… una locura… ooohhh…! -le murmuraba Ariadna mientras la miraba y su mano pasaba brevemente de esa irresistible pierna a la firme y redondeada nalga para darle un sensual pellizco, cuyo tacto la hizo gemir de placer- ¡Aaaaaahhh! ¿Qué estoy… haciendo?
– Mmm… solamente disfruta… no pienses… -le dijo la morena suavemente mientras besaba su nuca despacio.
– Oooohh… pero no soy… ooohh… no soy lesb… aaaahhh…
– Olvídate… de eso…. sólo importa… el placer… -le dijo Cynthia mientras con la otra mano acariciaba y pellizcaba una de los duros pezones de la trigueña- Ari… – Aaahhh… Dios…
Luego la excitada morena dejó de acariciar el sexo de la chica y usó esos dos dedos para empezar a penetrar lentamente su empapada vagina, sintiendo cada vez más placer al hacer suya a esa hembra.
– ¡Ooohhh… ooohhh… ooohh…! -empezó a gemir Ariadna, mientras se giraba un poco para mirar a la otra chica con ojos suplicantes- ¡Aaahh… Cinthis… debemos… parar…!
En ese momento escucharon como la puerta del departamento se abría y algunas risas ahogadas.
– ¡Volvieron las chicas! -gruñó la trigueña mientras trataba de levantarse, solamente para que Cynthia la obligara a acostarse de nuevo, con un firme aunque cuidadoso jalón.
– Ssshhh… no te muevas… -le dijo la chica con voz ronca y un brillo travieso en sus ojos.
En un instante sus dedos de nuevo masturbaban y acariciaban a la trigueña a gran velocidad.
– Mmm… no… esperaaaahh… Cinthis… nos van… a… ooohhh… oír -le murmuró asustada mientras trataba de detener la mano de la chica en su entrepierna, la misma que le estaba dando tanto placer- Aaahh…
Después de escuchar a las compañeras moverse por el departamento sus pasos se detuvieron frente a la habitación de la morena, luego golpearon suavemente.
– Cinthis… ¿Estás despierta? -le dijo en un susurro preocupado la voz de Ana.
– Si… tenía un sueño… delicioso -respondió a su vez en voz baja la joven, mientras sus dos dedos danzaban en el clítoris de la trigueña que apenas pudo ahogar un gemido.
– ¿Sabes dónde está Ariadna? No está en su cuarto…
– Ah… eso, no te preocupes -respondió mientras sus dedos aceleraban su caricia en esa entrepierna- se sintió mal y no pude llevarla hasta su cuarto, así que la dejé dormir aquí, conmigo…
Mientras hablaba Cynthia la besaba sensualmente en el hombro, haciéndola gemir suavemente.
– Oh… qué buena amiga eres… ¿Se encuentra bien?
La morena sonrió antes de responder.
– Oh si… ella está… muuuy bien -dijo con voz ronca a la vez que volvía a penetrarla con los dedos, cada vez más rápido- no te preocupes…
– No… espera… aaahh… -le dijo Ariadna susurrando, ya no para detenerla, sino simplemente tratando de evitar que la morena la hiciera venirse mientras Ana se encontraba en la puerta… y pudiera escucharla- por favor… aguarda un… ooohh… momento…
– Ssshh… yo soy quien manda… Ari… ¿Entendido? -le dijo Cynthia a la vez que con una mano la seguía penetrando y con la otra la masturbaba frenéticamente.
– Aaaaahhh… mmm… -al fin sollozó de gozo la trigueña sin poder controlarse.
– ¿Están bien Cinthis? Escuché un quejido.
– Es Ari… creo que la despertamos -dijo la estudiosa mientras movía sus manos a toda velocidad y finalmente mordía apasionadamente el blanco hombro de Ariadna, llevándola al orgasmo.
– ¡Aaaaaahhh… mmm…. mmm…! -gimió a la vez que la morena le tapaba la boca, sofocando sus sollozos- ¡Nnngghh… nnmm…!
– Mejor platicamos luego Ana… Ariadna podría molestarse -dijo en voz baja la morena sin dejar de disfrutar viendo como la trigueña se retorcía de placer entre sus brazos, sus rojos labios entreabiertos la atrajeron como un imán y no pudo evitar darle un largo y húmedo beso.
– De acuerdo, las veo mañana Cinthis, buenas noches -dijo la rubia mientras se retiraba a su cuarto.
– Descansa… -susurró tanto a Ana como a Ariadna, que tras su tremendo orgasmo se encontraba casi vencida por un profundo sopor y descansaba plácidamente boca abajo, aún llevaba sus zapatillas de tacón rojas y sus pantaletas de encaje a juego, la morena la observaba con una mirada libidinosa a la par que confundida, sin embargo aún deslizaba los dedos por las suaves y cremosas curvas de la trigueña mientras olfateaba en su otra mano el aroma a sexo y placer de la durmiente hembra a su lado.
– Dios mío… ¿Qué hice…? -pensó un momento antes de que el exquisito aroma la hiciera entrecerrar los ojos e introducir los dos dedos en su boca para disfrutar el excitante sabor de Ari- Mmm…
En la dimensión ultraterrena que contenían y compartían las zapatillas embrujadas Baal reía y rugía en medio de vendavales salvajes… casi le había costado una parte de su existencia inmortal, pero gracias a su poder, sus manipulaciones y en última instancia a la entrega voluntaria de Cynthia a los placeres de la lujuria, lo había logrado… había trasladado parte de su poder a las zapatillas de Ariadna, había creado un nuevo objeto embrujado… no eran tan poderosas cómo las originales donde la obscura entidad había sido aprisionada milenios atrás, pero el mortal que lo controlaba no sabría de su existencia, por medio de estas podría actuar en el mundo libremente y conseguir su futura liberación…
En la mañana Ariadna despertó de golpe y se sentó en la cama mientras cubría pudorosamente sus senos con las cobijas y miraba al otro lado de la cama, tensa y preocupada. Pero se relajó al descubrir que estaba sola, su inesperada y apasionada amante se había levantado más temprano dejándola complacida a la vez que confundida en la habitación.
– Será… será mejor que me vaya -pensó al ponerse su brassier y su vestido, ya en la puerta encontró una nota pegada: Ayer me la pasé maravilloso contigo… me encantaría repetirlo. Nos vemos luego… Besitos. Cinthis.
– No… lo siento, fue un error y no se repetirá -pensó Ariadna en cuanto leyó el mensaje… sin embargo no pudo evitar esbozar una sonrisa mientras entraba a su cuarto y guardaba el mensaje de la morena en uno de sus libros favoritos.
El viernes siguiente Cynthia estaba muy orgullosa mientras entraba en su cuarto, le iba genial en la universidad, los exámenes de esa semana los había aprobado con notas perfectas y en los trabajos obtuvo mención especial de parte de los profesores, era como si de pronto tuviera memoria fotográfica y una concentración superior, aunque sus sensuales tacones y minifaldas podrían tener también alguna influencia con los catedráticos.
– ¡Qué lindo el profe de derecho internacional en felicitarme frente a todos! -pensó al recordar esa mañana, luego sonrió de forma coqueta mientras dejaba sus libros en el escritorio- Se merece un premio… sí señor, la próxima semana me pondré la faldita escocesa y las pantaletas francesas negras y le daré el mejor espectáculo de su vida… oh si…
Entonces una alarma de música clásica empezó a sonar en el escritorio, su nueva tableta electrónica color negro mostraba un mensaje en pantalla: Hora de la siesta, parpadeaban las letras cursivas a la par de un corazón animado.
– Oh… me toca siesta -dijo suavemente la chica con sus ojos cristalinos y desenfocados mientras ponía seguro a la puerta para luego cambiarse de ropa a algo más apropiado y entonces acostarse en la cama ya vestida y entaconada.
Segundos después la música de la tableta se convirtió en una ardiente melodía de violín y al momento Cynthia quedó sumida en la inconsciencia, a la vez que sus piernas calzadas con las zapatillas negras transfiguradas de Scorpius comenzaban a tensarse para finalmente levantar a la dormida joven que tras ponerse la capucha negra se colocó frente a la cámara de su computadora, lista para otra sesión como bailarina-esclava.
Un hombre maduro y fuerte de tez obscura observaba encantado la pantalla de su computadora, un ángel de piel morena bailaba ante él al ritmo de una vieja y sensual canción de lambada, vestía unos pequeños y ajustados pantaloncillos negros que llegaban a medio muslo y resaltaban cada curva de la chica, en sus pies llevaba unas zapatillas de tacón altísimo, negras como la noche y con una abertura que dejaba ver parte de sus dedos con las uñas pintadas de rojo.
En el torso llevaba una blusa rosa de manga larga, pero en vez de estar abotonada estaba anudada bajo sus firmes senos, dejando ver un atrayente escote arriba, su cinturita y ombligo debajo. Una capucha negra ocultaba su identidad haciendo que todo el acto pareciera aún más prohibido.
– Soy Cynthia, tú bailarina-esclava, ordéname y te complaceré… -había sonado minutos antes en las bocinas emocionando mucho al hombre que le ordenó que bailará para él.
– Lúcete para mi… si… así -le gruñía el hombre a la ágil hembra que daba pequeños saltos y luego se sentaba sobre sus talones y se sacudía, haciendo vibrar sus nalgas de forma exquisita mientras le daba la espalda- muéstrame más… quítate la ropa…
El hombre ya llevaba un tiempo masturbándose con rapidez y vigor ante el baile de la joven.
Sumida en su propio sueño de placer Cynthia arqueó su espalda al emitir un gemido de éxtasis a la vez que con sus dedos sujetaba el borde de sus pantaloncillos y tiraba de ellos para liberar los broches de velcro que los mantenían en su lugar con lo que en un súbito y lujurioso movimiento se arrancó la prenda, al instante sujetó los lados de su blusa liberando también su torso en un explosivo jalón.
Entonces puso sus manos tras la cabeza y siguió bailando moviendo sus preciosas caderas y senos como una muñeca de placer, vestida únicamente con una pequeña y delicada tanga rosa y sus provocativos tacones negros mientras sus duros pezones señalaban la tremenda excitación de la hembra encapuchada.
– ¡Nnngghhh… maldita puta… eres… perfecta…! -gruñó el hombre mientras llegaba al orgasmo viendo a la chica bailando y obedeciendo sus órdenes…
– Si… llámame como quieras, soy Cynthia, tú bailarina-esclava, ordéname y te complaceré… -sonó de nuevo en las bocinas del hombre la supuesta voz de la morena: femenina, acariciante… sumisa.
Dominado por su libido el cliente ya pensaba en lo siguiente que ordenaría a su joven esclava virtual… había contratado una larga y costosa sesión y haría que la morena desquitara cada moneda que había pagado por ella.
Horas después, ya entrada la noche, Cynthia estaba recostada en el sofá de la sala viendo televisión sola, pues no se sentía cómoda de que las chicas la vieran usando una prenda tan íntima como sus tacones de dormir fuera de su habitación, excepto claro por Ariadna.
– Mmm… me gustaría pasar otra velada con ella… pero es tan deliciosamente tímida… -reflexionaba la morena con una sonrisa a la vez que acariciaba suavemente sus tetas- ya pensaré en una forma de… persuadirla.
Llevaba su corta y amplia camiseta, sus hombros descubiertos y unos botines rojos de tacón alto que llegaban al tobillo, se sentía tan relajada… se había masturbado un par de veces, había cenado con las chicas… luego se había vuelto a masturbar y finalmente descansaba… hasta que volvió a sonar su tableta electrónica negra con música clásica y el mismo mensaje de antes: Hora de la siesta, rezaban las letras cursivas apareciendo y desapareciendo al ritmo de un parpadeante corazón.
– Si… hora de la siesta -susurró la chica mientras sus ojos se desenfocaban, como sonámbula se levantó, apagó la televisión, recogió su aparato digital y se fue a su cuarto, mientras su entrepierna empezaba a palpitar a la par del corazón en la pantalla.
En la oficina de su base central X observaba complacido la pantalla de la computadora donde un nuevo mensaje parpadeaba: Nuevos prospectos pendientes – 153. Revisó los datos y sonrió.
– Muy bien, cumplen con los requisitos, serán juguetes sexuales perfectos –susurró para sí mismo, sin embargo su gesto pronto se desvaneció, con seriedad se acercó a la vitrina en la esquina de la habitación y la miró de forma sombría, iluminado por unos suaves reflectores solamente habían un par de pequeños cuadros de piel roja de un centímetro por lado, lo único que quedaba de las zapatillas rojas originales.
– Pero será imposible completar mis planes si no puedo crear nuevas zapatillas –pensó molesto, luego tomó una decisión, descolgó el teléfono y marco a un número interno- Bombón, ya no tenemos tiempo, debemos actuar… si… tendremos que adelantar los planes, reúnete con Nena y trae tu equipo para ir al aeropuerto… será un reto pero debemos esclavizar a Phoebe Halliwell.
CONTINUARÁ
EN LA SERIE DE LAS ZAPATILLAS ROJAS
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