CRÓNICAS DE LAS ZAPATILLAS ROJAS: WORLD WIDE WEB 2.
Un consejo: es conveniente, aunque no forzoso leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojasExpedientes X: el regreso de las zapatillas rojas, Alias: La invasión de las zapatillas rojas, Crónicas de las zapatillas rojas: la camarera Ivanka Trump: El imperio de las zapatillas rojas, antes de leer esta historia.
Una disculpa a los que siguen y disfrutan mis relatos, entiendo que tardé demasiado en continuar pero así es el trabajo, dedico este cuento a aquellos que han sido pacientes.
Por Sigma
Contenta y segura de sí misma, Cynthia regresó a su departamento el viernes por la tarde, vestía una femenina blusa azul claro de manga corta, un elegante pantalón blanco recto y claro sus adoradas zapatillas de Scorpius.
– Mmm… como me gustan -susurró al verse al espejo de su cuarto. Le habían encantado desde el primer momento, eran tan finas y bellas que de inmediato llamaba la atención y hasta sus compañeras de departamento la habían felicitado por su buen gusto. Sin embargo solamente las había llevado a la universidad dos veces, el lunes y ese día.
– Hubiera sido un poco ridículo usar las mismas zapatillas todos los días en clases -pensó la joven, al parecer sin considerar que los demás días también se las había puesto para ir a la biblioteca, a realizar algunos trámites o simplemente para pasear, volviéndose paulatinamente más y más sensible al poder sobrenatural del calzado.  
– Al menos ya estoy en casa y es fin de semana -pensaba mientras se desvestía hasta quedar en su cómoda ropa interior y luego se ponía su camiseta para dormir. Se recostó sobre la cama boca abajo, apoyó su barbilla en una mano y con la otra encendió el pequeño televisor frente a ella, luego reflexionó sus rodillas y puso sus pies juntos.
– Ummhh… no quiero saber más de leyes por hoy, solamente voy a descansar y… oh… se me olvidaba -Cynthia interrumpió sus pensamientos al darse cuenta de que aún llevaba puestas sus zapatillas blancas, estilizando bellamente sus pies- que distraída…
Se los quitó, los guardó en la bolsa de seda y en su caja con mucho cuidado para después prepararse algo de cenar y finalmente, ya de noche, se acostó a la vez que veía un documental de su interés.
Había sido una larga semana de estudio y tras ver la televisión un par de horas la joven al fin se quedó dormida, pues realmente necesitaba el descanso. El aparato la arrullaba con documentales y música a un bajo volumen. Cuando dieron las 3 de la madrugada, la computadora portátil se encendió, su sonido perfectamente enmascarado por la T. V. la cámara se activó y una cadenciosa música clásica empezó a llegar directamente a las zapatillas blancas. En minutos el embrujado calzado salía de debajo de la cama y más familiarizado con su entorno rápidamente trepó por las cobijas y luego, lenta y cuidadosamente, se apoderó de los lindos pies de la chica.
De nuevo hizo que su sueño se volviera más pesado y empezó a excitarla desde el primer contacto, para cuando se apoderó de sus esbeltos tobillos y la forzó a colocarse las zapatillas le causó un pequeño orgasmo, el placer de esta acción equiparándose a ser penetrada por un amante.
– Mmm… ooohh… -exhaló suavemente mientras una nueva pesadilla continuaba en su mente. Estaba recostada en una enorme piedra negra, rodeada de extraños y atemorizantes ídolos y antorchas en las paredes. Vestía una hermosa túnica blanca y de algún modo sabía que la habían peinado y maquillado aunque de forma sencilla. Unos hombres que parecían sacerdotes le habían atado las manos juntas sobre la cabeza a una argolla en la pared, también sus tobillos, unidos y amarrados a otra argolla delante de sus pies, dejándola completamente indefensa. Entonaron extraños cánticos que Cynthia fue incapaz de comprender y luego, rápidamente abandonaron la estancia.
– Por favor… suéltenme… -empezó a susurrar en su cama sin poder despertar a la vez que sus manos permanecían sobre ella y sus piernas bien extendidas empezaban a moverse obedeciendo otra voluntad.
En su sueño veía como de entre las tinieblas salía a la luz una bestia negra con una gran melena, con ojos como brasas, la criatura dio un gruñido bajo y prolongado, casi como un ronroneo complacido mientras se acercaba a la indefensa joven. Al ver al siniestro animal ella se sintió invadida por el temor casi irracional a lo sobrenatural que yace en todo ser humano y sintió un terrible escalofrío recorrer su columna vertebral.
– Oooohh… no… no… -gemía, sin saber que ya de pie en su cuarto ella bailaba sensualmente con sus manos juntas aún sobre la cabeza, imitando su predicamento en el sueño, lo que la hacía parecer una odalisca, ondulando sus caderas y luciendo sus piernas, sus zapatillas ya habían cambiado a su forma depredadora y posesiva: doble de altura del tacón, el color rojo, las puntas afiladas. Cuando sufrían esa metamorfosis X las llamaba “zapatillas demoniacas”, esto ocurría cuando al hechizo antediluviano que afectaba al calzado se le dejaba actuar sin intervención humana, entonces simplemente buscaban esclavizar a la víctima a las propias zapatillas y al obscuro ente prisionero en ellas.
El hombre conocido como Scorpius sabía que dejar al par de objetos malditos funcionar independientemente era peligroso, pues no sabía cuáles serían las intenciones de ese extraño ser, pero confiaba en que mientras él fuera el amo de las zapatillas y las pudiera vigilar podría controlarlas.
En su sueño Cynthia vio como de un movimiento la bestia de sombras saltaba a la piedra junto a ella, luego con dos pasos acomodó sus patas a los lados del joven cuerpo de su víctima y la miró a los ojos de forma abrazadora. En ese momento la chica se dio cuenta de que ya se había encontrado antes con ese aterrador ser lo que únicamente aumentó su miedo.
– Ayuda… alguien… -gemía cuando vio como la sombra sobre ella sufría una metamorfosis y se transformaba en una figura humana de ojos brillantes, entonces recordó lo que le había hecho antes- ¡No… no… auxilio…!
La sombra la sujetó de la breve cintura con sus manos-garras y la hizo girarse hasta quedar boca abajo, deliciosamente expuesta y vulnerable.
En su cuarto la joven se había pegado de cara a un muro, sus manos juntas y bien arriba de su cabeza, el cabello le cubría el rostro, mientras su respiración comenzaba a agitarse, sus piernas y caderas se movían siguiendo la música de forma casi hipnótica. En su despacho X supervisada el baile de Cynthia en su monitor usando la cámara de la propia chica.
– Mmm… bien… que belleza… -gruñía a la vez que se masturbaba lentamente mirando como la chica morena era sometida poco a poco al poder de las zapatillas rojas.
En el sueño, después de ponerla boca abajo, la amenazadora sombra se recostó a su lado y mientras la miraba con lujuria le fue subiendo la vaporosa túnica, dejando expuestos sus tobillos, sus pantorrillas, luego sus muslos.
– Por favor… déjeme… -la chica rogaba asustada sintiendo las garras de esa mano arañar suavemente su piel- se lo suplico…
La entidad deslizó un dedo por los tersos labios de Cynthia, como acallándola y de pronto ella ya no podía hablar, una mascada de seda invadió el interior de su boca.
– ¡Mmm… mmm…! -trató de hablar inútilmente. Luego la sombra continuó jalando lentamente la túnica blanca, exponiendo el cuerpo de su víctima, mostrando sus hermosas nalgas y caderas morenas. Para su horror la joven se dio cuenta entonces de que no llevaba nada debajo de la tela blanca.
– ¡Nnngghhh… nnngghhh… -trató de gritar la indefensa chica al sentir esas garras tibias acariciando sus expuestas nalgas.
En el monitor X observaba atentamente como la chica sacudía suavemente la cabeza mientras se subía a la cama y seguía bailando con sus manos juntas bien en alto, su cuerpo brillando levemente por el sudor.
– Aaaahh… ya quiero… tenerte… -gruñó de placer el amo de las zapatillas rojas, masturbándose cada vez más de prisa. En la pesadilla de Cynthia el ser se colocó sobre ella, ajustándose a las curvas de su cuerpo y haciéndole sentir su calor en la espalda, la joven sentía el enorme y duro miembro de la sombra apoyado contra sus desnudas nalgas y sentía su aliento en la nuca, entonces le gruñó al oído unas guturales palabras.
– Vas a lucirlas… -le dijo como un hecho, aunque la joven no sabía a qué se refería hasta que surgió frente a ella un extraño espejo y en este observó su propio cuerpo visto desde arriba, la entidad sobre ella le acariciaba sus desnudas y sometidas piernas morenas.
– ¿Qué… mis piernas…? -pensó impactada al pensar en exhibirse como un trozo de carne, como una mujerzuela- ¡No… no lo haré… nunca!
Sin embargo su decidida negativa se convirtió en un extraño balbuceo debido a la seda en su boca.
– Nhh… nnhh o aaee… nnhha…
Con una mirada evidentemente complacida la extraña sombra se arrodilló sobre la cama con las caderas  de Cynthia entre sus rodillas negras como la noche.
– ¡Vas a lucirlas! -le gruñó entonces mientras le daba un exquisito azote en sus carnosas pero firmes nalgas.
– ¡Nnnnhhhh…! –se negó la chica a pesar del dolor, pero sobre todo de la humillación.
En el cuarto sus manos se abrieron y cerraron y sus dientes se apretaron en reacción a lo ocurrido en el sueño, a la vez que ella seguía bailando y posando ante la cámara, para el placer de X.
De vuelta en la pesadilla, la joven aún sacudía desesperada la cabeza en negativa, por lo que el ser simplemente se apoderó de las caderas de Cynthia y las levantó, al instante la piedra debajo de ella cambió de forma, creciendo y amoldándose a su pubis hasta sostenerla, forzándola a mantener las nalgas provocativamente levantadas… como ofreciéndolas.
– ¡Nnngghhh… nnnnhhhh…! -trató de gritar una y otra vez, aterrorizada ante lo que sabía que vendría a continuación.
– Mmmm… -susurró en el cuarto la mujer mientras que su cuerpo de pie y de perfil imitaba la pesadilla ante la cámara de su portátil: con las manos en alto arqueó la espalda ligeramente y forzó sus pompas hacia atrás sin dejar de seguir la melodía.
– ¡Vas a lucirlas! -le gruñó la entidad en su sueño de forma amenazadora pero señalando en el espejo sus expuestas piernas morenas ahora calzadas con las zapatillas en forma de escorpión que habían aparecido de la nada.
Aterrorizada, Cynthia se quedó inmóvil, sin responder, sin saber que hacer o como defenderse.
Al no obtener respuesta, la sombra sonrió de forma siniestra mostrando una hilera de amenazadores colmillos, luego con sus manos-garras se adueñó de las redondeadas nalgas de la expuesta mujer, de forma lenta y deliberada separó la carne color canela, dejando a la vista la vagina tibia, húmeda y preparada de su víctima.
– ¡Vas a lucirlas! -le ordenó mientras la penetraba salvajemente por atrás.
– ¡Aaaaagghh! -gritó ella a través de la seda en su boca al comenzar la nueva sesión de sometimiento sexual; el ente inició un despiadado ritmo de embestidas y salidas que no la dejaba pensar o resistir- ¡Ooooohhh!
El ser sonreía con lujuria a la vez que poseía a Cynthia, su esbelto cuerpo atrapado entre las rodillas de la sombra que parecía montarla como a un animal, atada boca abajo sus nalgas, cintura y hombros formaban las curvas de perfectos montes y valles que se sacudía con cada penetración.
– ¡Nnnnhhhh! -gruñía la joven intentando torpemente resistir, apretando juntos sus tersos muslos, sin darse cuenta de que así solamente aumentaba el roce y el placer de la criatura negra. Para incrementar la profundidad de sus embestidas la criatura se sujetó con ambas manos a la breve cintura de ella, obteniendo así el mejor dominio del joven y fresco cuerpo debajo de él.
– ¡Vas a lucirlas! -le dijo mientras penetraba a la chica con más fuerza y aprovechó uno de los movimientos para morderla detrás del hombro derecho.
– ¡Arrrrgghh…! -trató de gritar, odiando la humillación de ser sometida, pero sobre todo odiándose a sí misma pues una parte de ella se puso a la altura de las circunstancias… empezaba a excitarse debido al abuso.
La mordida había sido lo bastante fuerte para ser dolorosa pero no tanto como para interrumpir el placer que la invadía, su respiración se aceleraba cada vez más, sentía las garras-manos arañando suavemente su cintura mientras sus gritos se volvían un jadeo.
En la realidad Cynthia bailaba maravillosamente en su cuarto usando las rojas zapatillas demoniacas, la lengua humedecía sus labios entreabiertos, mientras extendía una pierna y luego otra siguiendo la música.
De vuelta en la pesadilla convertida en sueño erótico, la entidad se movía a una velocidad endemoniada, casi enloqueciéndola, con un rápido golpe de su garra cortó en tiras la espalda de la túnica mientras le hablaba en tono bajo y definitivamente amenazador.
– ¡Vas a lucirlas! -susurró mientras su garra se apoderaba de uno de los senos de la chica, apretando posesivamente, acariciando y finalmente pellizcando el apetitoso pezón obscuro a la vez que penetraba a su víctima para enloquecerla.
– ¡Aaaaaahhh… Diooooosss! -gritó al alcanzar un maravilloso orgasmo contenido por demasiado tiempo, descubriendo para su vergüenza que la tela que invadía su boca y ahogaba sus lamentos había desaparecido- ¡Siiii… Io haré… las luciré… luciré mis piernas… siiii…!
Con el cabello cubriéndole el rostro al fin pudo tomar un momento para recuperarse, sus piernas y brazos tensos se relajaron mientras jadeaba lentamente.
En la habitación la joven se había derrumbado en el piso tras dar un fuerte gemido y terminarse la música, y aún así no podía despertar. Pero X sabía que había llegado su momento de intervenir, era hora de empezar a condicionarla de acuerdo a sus particulares… necesidades. Las zapatillas habían hecho un buen trabajo pero no podía dejarlas actuar independientemente.
– Debo tener cuidado… -susurró mientras controlaba la computadora de Cynthia de forma remota y activaba las bocinas, para luego pensar- Hazla venir a mi… Baal… entrégamela…
Una poderosa música de tambores llegó hasta las zapatillas, que hicieron que su víctima se levantara con la agilidad de una bailarina y caminando con elegancia la acercó hasta ponerla frente al escritorio y la portátil.
En su sueño la joven de pronto se encontró con sus manos ahora atadas a la espalda y sus tobillos encadenados al frente de un altar forzándola a mantener sus piernas abiertas, estaba dedicado a una estatua claramente masculina con ojos como brasas. La única vestimenta de la chica era un taparrabo cubriendo su entrepierna y trasero, llevaba un exótico maquillaje y se sentía extrañamente sobrecogida ante la siniestra deidad cuyo nombre ni siquiera conocía.
En la realidad el cuerpo de la mujer imitó perfectamente al sueño, puso sus manos juntas tras ella y abrió los pies a la altura de los hombros mientras X disfrutaba ver las marcadas curvas de la joven, aunque veladas por la camiseta de algodón.
– Es hora de empezar a cambiarte a mi gusto… Cynthia -pensó el hombre para luego sonreír al ver que ella empezaba a bailar en su lugar ondulando sus caderas y hombros.
De vuelta en su sueño la chica sintió un aliento fresco en su oído y al girar la cabeza encontró a la extraña sombra de ojos rojos tras ella. Al verla el miedo la paralizó, lo que aprovechó el ser para apoderarse de uno de sus senos, mientras introducía la otra garra bajo el taparrabo y empezaba a acariciar suavemente el pubis de la joven.
– No… por… favor… no de… nuevo… -jadeó mientras cerraba los ojos sin poder evitarlo. – No te resistas… Cynthia -dijo una voz grave y autoritaria resonando en la oscuridad del recinto, pero no era la del ente de ojos rojos.
La mujer de piel morena trataba de hacer justo lo contrario pero las atenciones de su atacante la distraían y confundían, por momentos acariciaba la redondez de sus senos y luego le pellizcaba un pezón, un instante tocaba su ya húmeda entrepierna y al siguiente frotaba con vigor su sensible clítoris.
En su cuarto la mujer aún bailaba sensualmente ante la cámara de su portátil, sus manos tras ella con los dedos entrelazados, relamiéndose por la sed y el cansancio mientras escuchaba indefensa las instrucciones de X que sonaban en las bocinas de su computadora.
– Para lucir tus piernas debes usar ropa apropiada… ropa sexy… provocativa…
– Mmmm… -gimió, mientras movía la cabeza de lado a lado- pero… no soy así…
– Tú serás lo que te ordene, me perteneces…
– No… no… yo… -trató de negarse, mientras seguía bailando y fruncía el seño de forma encantadora.
– ¡Me perteneces y obedecerás! -le ordenó a la vez que la música aumentaba de volumen en las zapatillas y en la mente de Cynthia- Ahora lo verás… ¡Baal… sométela…!
En el sueño el ser negro conocido desde tiempos antiguos como Baal apartó de un movimiento el taparrabo de atrás y tras separar con dos garras los ya jugosos labios vaginales penetró fácilmente a la indefensa joven de pie.
– ¡Ooooooohhh! -gritó a todo pulmón en el sueño, aunque en la realidad solamente dio un gemido ahogado.
Una serie de grititos de desesperación marcaron cada una de las embestidas de Baal sobre Cynthia mientras con una garra se apoderaba de su femenina mandíbula y la obligaba a mirar al techo negro del templo, la otra garra controlando sus caderas mientras la poseía.
– ¡No… ooohh… oohhh… déje… me… aaahh…! -trataba de resistir la joven al sentir como empezaba a subir por sus piernas una traicionera excitación. En su despacho X se masturbaba frenético, saboreando de antemano el poder que tendría sobre la linda morena, disfrutando al verla bailar siguiendo los tambores ante la cámara, arqueando su espalda y con su bello rostro vuelto al techo.
– Para lucir tus piernas debes usar ropa apropiada… ropa sexy… provocativa… -volvió a escuchar la joven mientras su respiración se aceleraba cada vez más al ser penetrada por Baal, dentro y fuera de ella, una y otra vez, sin descanso… La escultura del dios era mudo testigo del sometimiento de la casi esclava ante si.
– Obedecerás… -le dijo el ser con calma al oído- obedecerás…
– Yo… ooohh… yo… mmm… -gemía la chica ya casi derrotada cuando sorprendentemente logró reunir voluntad suficiente para negarse- No… no… ¡No!
La sombra sonrió complacida ante la negativa de Cynthia luego levantó una de sus manos-garras la apoyó entre los omóplatos de ella y de un empujón suave pero irresistible la obligó a apoyar su torso en el altar, dejando su bello cuerpo inclinado a noventa grados, su sexo y nalgas aún más expuestos.
– Nnnnhhhh -gruñó ella sorprendida al quedarse sin aire por el movimiento. Luego el ser continuó sus embestidas bajando el ritmo, volviéndolo más seductor, acariciante… hipnótico.
– Nooo… por favor… no haga… esto -gimió la morena entre torturada y complacida en su cuarto de estudiante, con sus manos atrapadas en la espalda, sus ojos cerrados, su boca jadeante, sus senos suavemente apretados contra la dureza del escritorio, sus piernas bien abiertas en V apenas cubiertas por la camiseta, su vagina húmeda empezando a escurrir sus jugos por los muslos.
X observaba en su monitor casi enloquecido de placer a pesar de que la cámara no tenía el ángulo necesario y únicamente mostraba parte de la espalda y las nalgas de ella, sacudiéndose, ondulando con la música.
– Nnngghhh… necesito… nnnhhhh… añadir una… aaahhh… cámara a… control… remoto… mmm… en ese… cuarto… -hizo nota mental el hombre al acercarse a su clímax.
En el sueño erótico la chica trataba de resistir al extraño y aterrador ente que trataba de someterla.
– ¡Bastaaaahhh… nooo…! -gemía mientras trataba de retorcerse para zafarse de ese dominio pero lo único que conseguía era provocar a su atacante y, para su vergüenza, excitarse ella misma- Ooohhh…
– ¡Obedecerás! -le dijo Baal con mirada decidida a la vez que con su enorme mano-garra rodeaba fácilmente el esbelto cuello de la joven por detrás a la vez que aceleraba de nuevo el ritmo de sus penetraciones.
– ¡Aaaaaagg…! -exhaló ante el nuevo ataque pero sintiendo como la garra apretaba más y más su fino cuello.
En la realidad X observó tenso, conteniendo su orgasmo, como el cuerpo de Cynthia se sacudía desesperado, como un animal acorralado, mientras sollozaba una y otra vez, cada vez más fuerte.
– Aaaahh… aaahhh… mmm… -en el sueño ella trataba de aguantar pero la falta de aire acabo finalmente con su voluntad y su cuerpo se rindió, sus muslos se relajaron, sus puños apretados se abrieron débiles, al frotarse contra la piedra sus pezones se endurecieron y su vagina se hinchó y enrojeció, su vista se cerró en un túnel remolineante y ya no pudo pensar con claridad mientras el ser seguía poseyéndola a voluntad.
– Aaaahh… aaahh… ooohhh… -pronto jadeaba la morena al ritmo de la música y su dominador, sin poder pensar en nada más que en su gozo sexual potenciado por el poder de las zapatillas rojas y la hipoxia que le habían inducido- ooohh… siii… aaahhh… maaaas…
Entonces Baal aceleró el ritmo al máximo mientras apretaba aún más el cuello de su víctima hasta casi asfixiarla, empujándola a un placer que nunca antes había conocido, finalmente eyaculando y llenándola de la oscuridad corruptora de su ser.
– ¡Aaaaahhhh… Diooos… oooooohh…! -gritó al fin Cynthia consumida de placer en un orgasmo que parecía interminable.
– ¡Lucirás tus… piernas con… ropa sexy… provocativa…! -ordenó X aprovechando el vulnerable estado de la joven mientras el mismo alcanzaba su orgasmo- ¡Nnnngghh!
– ¡Oooohhh… si… las luciré… sexy… provocativaahhh… siiii! Si… si… -gimió la linda morena en aceptación. Aunque su voluntad no estaba completamente anulada sin duda se debilitaba cada vez más.
– ¡Raaaaaarrrgggg! -rugió Baal con salvaje lujuria mirando a los cielos cuando el techo del templo desapareció en un furioso tornado negro, con sus brazos extendidos a los lados y sus palmas hacia arriba, su larga cabellera agitándose ante una ráfaga infernal al dar un paso más en esclavizar a la chica ante él, un nuevo juguete de placer…
En la habitación las bocinas siguieron sonando unos minutos mientras X se divertía un poco más alterando y condicionando a la mujer, luego las zapatillas la levantaron del escritorio y de forma grácil la hicieron recostarse en su cama, sus piernas extendiéndose en toda su maravilla, esperando mientras el sueño erótico casi terminaba.
– Recordarás nuestro placer, lo demás lo olvidarás -le dijo el ser sombrío al oído cariñosamente a Cynthia mientras arañaba delicadamente con una garra sus nalgas, casi como una caricia.
– Aaaahh… -susurró ella suavemente entre sueños, antes de que todo se desvaneciera en la oscuridad y volviera a un profundo dormir natural.
El sábado la joven despertó sonriente entre las desordenadas cobijas de su cama, estaba boca abajo y su camiseta se había subido mostrando sus sencillas pantaletas y sus esbeltas piernas morenas.
– Mmm… que noche… me siento cansada… -pensó brevemente antes de levantarse de la cama.
– ¡Dios mío que tarde es! -dijo en voz baja al ver que el reloj a lado de su cama casi marcaba las once de la mañana. Algo confundida se puso unas simpáticas pantuflas con cara de gato y fue al baño.
– ¿Pues que estuve haciendo? –pensó sorprendida por su apariencia al mirarse al espejo: su cabello lucía tan revuelto que parecía una melena de león, el de por si amplio cuello de su camiseta de dormir se había agrandado tanto que ahora dejaba expuesto uno de sus morenos y preciosos hombros. Tras estudiarse con atención quedó aun más confundida al notar que a pesar de haber dormido mal no parecía fatigada ni se le notaban ojeras, de hecho su rostro lucía mejor que nunca: terso, juvenil y saludable.
– Parece que hubiera practicado lucha libre – pensó extrañada ante su imagen para luego tratar de arreglar su salvaje cabello, entonces sintió su propia piel algo pegajosa de sudor, deslizó sus finos dedos por su hombro, su antebrazo, su muslo, descubriendo que su cuerpo entero estaba igual, pero al continuar en su entrepierna descubrió una gran humedad, de hecho aún estaba algo mojada…
– Es casi como… como si toda la noche hubiera tenido sexo… -susurró intrigada Cynthia, aunque era virgen no era una total inexperta, sabía complacer y como ser complacida, sin embargo aun esperaba a una persona especial para entregarle esa parte de su intimidad.
Fue entonces que volvieron a su mente fragmentos del “sueño” que había tenido: sus ataduras, su vulnerabilidad, el extraño poder que esa sombra masculina había tenido sobre ella y sobre todo el magnífico placer que la había forzado a sentir, a disfrutar… La joven cerró los ojos, inclinó la cabeza y acarició su hombro al recordar el gozo que la había invadido en ese raro sueño erótico.
– Mmmm… -gimió dulcemente al revivirlo- ahora sé… por que estoy así… ¡Vaya sueño! Mmm…
Entonces escuchó un ruido afuera de su habitación que la hizo salir de su ensoñación.
– ¡Las chicas ya se levantaron! -susurró metiéndose rápidamente a la regadera. Normalmente ella era la primera en despertar y al medio día le seguían sus juerguistas compañeras, pero al parecer se habían invertido los papeles. Finalmente salió ya fresca y limpia de la regadera, envuelta en una toalla, volvió a su cuarto y comenzó a vestirse, luego de ponerse su ropa interior de algodón se quedó inmóvil ante su guardarropa. Pensaba hacer algunas compras ese día, pero por primera vez en mucho tiempo no estaba segura de que ponerse.
– No… jeans no, hoy necesito otro estilo –pensó mientras se inclinaba y agarraba unos pantaloncillos blancos muy cortos y ajustados que usualmente sólo se ponía en la playa, por un momento pensó en ponerse su calzado deportivo, pero sin dudarlo sacó de debajo de la cama la caja de Scorpius y extrajo sus preciadas zapatillas blancas, se puso una camiseta azul cielo y luego, lentamente, deslizó los pantaloncillos por sus piernas, sintiéndose algo extraña de vestirse así en la ciudad. Luego se colocó las zapatillas blancas de tacón, sintiendo una curiosa tensión al hacerlo y un escalofrío al ajustárselas a su talón.
Entonces se peinó con una cola de caballo y salió finalmente del cuarto para enfrentarse a sus compañeras de departamento, estaba segura de que las sorprendería con su nueva imagen.
No podía saber que ella hubiera estado aun más sorprendida si hubiera podido ver la parte de atrás de su propio cuerpo, pues se hubiera encontrado con extrañas aunque tenues marcas de arañazos en sus firmes nalgas y la huella roja de una mordida en la parte de atrás de su hombro derecho.
En los propios pies de la chica un aterrador depredador sobrenatural esperaba el momento de atacar de nuevo y continuar el viaje de Cynthia hacia la esclavitud… y quizás encontrar otras víctimas en el proceso.
CONTINUARÁ
 
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