CRÓNICAS DE LAS ZAPATILLAS ROJAS: LA CAMARERA 5.
Un consejo: es conveniente, aunque no forzoso leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojas, Expedientes X: el regreso de las zapatillas rojas y Alias: La invasión de las zapatillas rojas antes de leer esta historia.
Dedicado a Vaquita por su inspiración.
Por Sigma
– ¡Aaahhh… aaahhh… ooohhh… -gemía Muñequita casi contra su voluntad mientras era deliciosamente poseída por Bombón. La esbelta trigueña vestía únicamente unas botas rojas de tacón muy alto y un duro pero a la vez suave y placentero consolador doble mientras recostada de espaldas sujetaba los perfectos y altos tacones de esclava de la pelirroja para guiarla y moverla a su antojo, dándose placer y forzándola a ella al gozo, siguiendo ambas el frenético ritmo de la melodía clásica Czardas de Monti.
– Mmm… siiiii… eso es… mi muñequita… pronto te doblegarás… -le susurraba con voz ronca Bombón.
La camarera-modelo se encontraba convertida en un delicado paquete de placer, arrodillada en el regazo de la chofer siendo penetrada una y otra vez, únicamente llevaba puestas sus zapatillas de esclava y unas medias rojas con liguero, sus metálicos tacones, su cinto negro y sus grilletes estaban interconectados por medio de eslabones en un único bloque que le impedía otra acción que no fuera sentir placer, ni siquiera podía mirar pues su captora le había colocado a la pelirroja su propio collarín que le había regalado su señor, forzándola a mirar hacía arriba, lo que combinado con su posición arrodillada y los hombros hacía atrás la dejaban en una postura como de perpetuo éxtasis y sumisión. Eso la enfurecía… y la hacía vibrar de excitación.
– ¡Oooohhh!… maldicioooohhhn… -gemía ahogada en su propio gozo. Llevaba un par de días a merced de Bombón pero esta no había podido doblegarla, y por momentos parecía que olvidaba el objetivo y simplemente disfrutaba poseer a Muñequita. Ni siquiera la habían dejada salir de la gran cama del estudio, allí habían atendido todas sus necesidades como si fuera una reina… o una mascota.
– ¡Oooooooohhhhh! -sollozó al fin la camarera al alcanzar el orgasmo, mientras sacudía frenética su cabeza haciendo bailar sus encantadores rizos rojos de lado a lado.
– ¡Aaaaaaaahhhhaa! -gimió a su vez Bombón perdiendo el sentido de tanto placer al estallar en su esbelto cuerpo, justo al terminar la música.
La pelirroja al fin pudo derrumbarse libre del control de la trigueña sobre sus tacones cayendo de lado sobre la cama, agotada, pero aun consciente.
– Oooohhh… que  exquisito… pero yo… debería dominar… no ser dominada… -pensó mientras descansaba de lado. Sabía que debería estar terriblemente adolorida por sus ataduras, pero de algún modo el poder de las zapatillas rojas lo impedía. Con mucho trabajo y lentamente, logró girar su cuerpo para mirar a la trigueña que dormía plácida a su lado, con el consolador todavía dentro de ella.
– Mmm… pero que linda se ve… me encanta su coñito… ¡No! Basta… estar a su merced ya me está afectando… -pensó mientras revisaba la habitación únicamente con sus ojos, pues apenas podía moverse- tiene que haber una salida…
En ese momento Muñequita vio en la mesita a lado de la cama un objeto que atrapó su atención.
– ¡Un control de mi Amo! Bombón debió traerlo con ella… si pudiera llegar a el.
Pero pronto se dio cuenta de que era inútil, apenas podía moverse estando sometida así, en especial sin despertar a su captora.
Sin embargo la pelirroja no podía saber que las eternas cámaras de vigilancia en el complejo no solamente permitían a Piernas y a Nena ver el espectáculo y masturbarse frenéticamente desde el cuarto de control. Desde otro lugar lejano, de forma remota, X observaba complacido el desarrollo de los acontecimientos.
– Muy bien… después de esto mi Muñequita no se rebelará. Pero ahora debo asegurarme de que Bombón tampoco lo haga -el hombre oprimió una serie de comandos en su computadora a gran velocidad y una señal codificada de control remoto se emitió desde su computadora en el complejo.
– ¿Qué…? -susurró la pelirroja, para de inmediato guardar silencio. Los grilletes de sus muñecas se habían abierto con un débil clic.
– ¿Pero como…? -pensó un instante mientras al tener las manos libres pudo al fin, lentamente y en silencio, separar sus tobillos y soltar los grilletes del cinto para que no le estorbaran, pero claro no podía quitarse sus zapatillas de esclava, solamente su Amo podía liberarla de estar dominada de esa forma.
– Quizás los grilletes tienen un mecanismo de tiempo o… no importa, con esto me basta -pensó sonriente mientras se extendía sobre la cama y tomaba el control de la mesita. Introdujo un nuevo código y lo activó. Una suave y lenta melodía empezó a sonar en las bocinas y sus ojos brillaron complacidos al ver como las largas piernas de la durmiente trigueña empezaban a pulsar con la música, luego se extendieron en toda su gloria y empezaron a dibujar trazos en el aire.
Muñequita subió el volumen de la música y al instante Bombón se levantó de la cama para empezar a bailar sensualmente por todo el cuarto. Se movía como una bailarina exótica luciendo su esbelto cuerpo aun brillante de sudor, sus caderas, sus senos, sus nalgas y claro sus piernas. Solamente su cabeza inclinada mostraba que seguía dormida.
Pero eso terminó cuando la camarera le dio un sonoro azote en las nalgas al pasar cerca de la cama.
– ¡Aaayyy…! -gritó al despertar bruscamente- ¿Pero qué…? ¿… estoy bailando?
– Silencio esclava -le dijo con una sonrisa la joven.
– ¿Como te atreves putita?… Oohh… mis manos no me obedecen…Te arrepentirás de esto…
– Si piensas repetir lo que ya me hiciste… lo esperaré con ansias. Pero ahora es mi turno de divertirme. -le dijo a Bombón entre risas mientras se acercaba con mirada lujuriosa a su bailarina.
En el cuarto de control, Piernas y Nena observaban hipnotizadas el giro de los acontecimientos, vestían únicamente sus uniformes de esclava con garras de acero que sometían sus bellos senos y taparrabos que dejaban descubiertas sus apetecibles nalgas, mientras sus pies en punta calzados con zapatillas rojas de ballet descansaban sobre el tablero de mando, recargadas en los cómodos sillones de cuero del cuarto de control ahora se masturbaban furiosamente al ver que el dominio cambiaba de manos, se suponía que debían ir a ayudar a Bombón pero estaban ya demasiado sometidas a sus propios impulsos sexuales para poder resistir una visión tan erótica. Pronto en el silencioso cuarto no se escuchaban más que sus gemidos de placer.
– Oooohhh… ooohhh…. nnnnggg…
– Mmm… aaahhh… aaahhh…
En el estudio la pelirroja se había sentado en el sillón del escritorio y tras ponerse el consolador doble hizo que la chofer, dándole la espalda, se empalara a si misma bajando y subiendo una y otra en su regazo, siguiendo el ritmo de la exótica música, penetrándose y penetrando a su captora de forma enloquecedoramente deliciosa.
– Aaaahhh… nnnngg… por… favor…
-gimió la trigueña dominada por su placer, multiplicado por el poder mágico de las zapatillas rojas.
– Oooohhh… siiii… es mi… turno… de… poseerte… ahora tu… me pertenecerás.
– Noo… noo… por favor… noo -susurró la trigueña tratando de resistir, pero subiendo y bajando cada vez más rápido.
– Siii… siii… serás mía… siii… -respondía Muñequita a cada una de sus palabras- recuerda… que debemos… pertenecernos… unas a otras…
Sin poder evitarlo, los esbeltos dedos de Bombón apretaron con ansias los muslos de Muñequita mientras su boca se convertía en una O perfecta y arqueaba la espalda de placer.
Al sentir como se tensaba su cautiva, la pelirroja la hizo girarse, sujeto el suave rostro de la chofer y la obligó a mirarla a los ojos mientras compartían su orgasmo, apoderándose para siempre de una parte de su voluntad y su alma. Desde ese momento la esbelta ex agente de la CIA sería más vulnerable y sensible al dominio de la dulce camarera.
– ¡Aaaaaaaaahhhhhh! -gritaron casi al unísono para de inmediato engancharse en un largo y húmedo beso mientras se recostaban en el escritorio acolchado junto a ellas.
Desde donde se encontraba, X sonrió satisfecho, solamente faltaba algo más para completar ese juego de poder que había surgido en su ausencia, oprimió rápidamente varios botones de su computadora y un par de nuevas señales codificadas fueron enviadas a su estudio de forma remota.
Una nueva melodía empezó a sonar en las bocinas causando que las piernas de las dos esclavas adormiladas sobre el escritorio empezaran a palpitar siguiendo el ritmo. Muy pronto los dos preciosos pares de piernas de mujer se tensaron bien rectas, los pies casi en punta dentro de su estilizado calzado, para finalmente comenzar a dar pasitos y bailar en el aire aun recostadas.
De pronto la melodía alcanzó su clímax y los cuerpos de las dos hembras se giraron para ponerse una frente a otra y de inmediato sus manos se apoyaron tras ellas, sus deliciosas piernas se atraparon entre si, empezando a mover sus cuerpos, sus caderas, ondulando una contra la otra, rozando delicadamente sus coñitos entre si.
– Mmm… ah… ah…
– Ah… oh… oh…
Ambas empezaron a gemir aun entre sueños, el placer creciendo cada vez más dentro de ellas.
X no pudo contenerse más y empezó a masturbarse con energía mientras observaba la sensual contienda en su monitor de alta definición, impaciente por volver para disfrutar de sus queridas esclavas en su base de operaciones, mientras en otro monitor veía como Piernas y Nena obedecían también a la música y con sus piernas enredadas entre si se masturbaban sin control con sus manos apoyadas en el piso detrás de ellas, los sillones de cuero olvidados en un rincón, los rostros de las cuatro magníficas esclavas vueltos hacía el techo, sus ojos cerrados, sus largos cabellos colgando sueltos y sus cuerpos vibrantes y jóvenes moviéndose siguiendo la música, mientras ya empezaban a gemir a todo pulmón bajo el control de las zapatillas rojas.
– ¡Aaaaaahh… aaaahhh… aaaaahh…! -sollozaban de placer, casi sincronizadas como una sola criatura de deseo.
X ya se masturbaba frenético observando a sus hembras dándose placer entre si como las verdaderas hermanas y amantes en las que se estaban convirtiendo.
En las bocinas del edificio principal del complejo sonó la dominante voz del Amo transmitida por internet:
– ¡En posición esclavas!
A la vez las cuatro odaliscas se separaron a un paso y se arrodillaron en su postura de sumisión ante la cámara, sus pies en punta, su mirada baja en aceptación, sus pequeñas manos, con las uñas pintadas de colores brillantes, sujetaban posesivas sus propios tobillos, simbolizando el poder de su dueño sobre ellas, sus ojos enmarcados por maquillajes exóticos y sus labios pintados para parecer más lujuriosos y gruesos, en colores que contrastaban con la piel de cada una de ellas, mientras empezaban a responder a X formando silabas y palabras que indicaban su posición como esclavas, pronto gruñían de placer mientras sus piernas palpitaban siguiendo el ritmo.
– ¿Qué eres?
– Soy tu esclava… aaahhh… tu odalisca… tu hembra… tu juguete sexual… aaahhh… tu muñeca de placer…–respondieron como una sola voz.
– Excelente… ¿Cual es tu misión?
– Complacerte en todos tus caprichos… aaahhh… tus deseos son órdenes…
– ¿Cuales son tus órdenes?
– El placer y la lujuria… aaahhh… pertenecer a mis hermanas… amar mi cuerpo… lucirlo para los demás… ooohhh… lucir mis tetas y mi coñito… mostrar mis piernas… aaahhh… estar siempre disponible y lubricada… usar siempre tacones altos… siempre…
– ¿Qué te excita?
– Mi Amo y Señor, me enloquece y excita… mis hermanas me excitan… ooohhh… debo masturbarme si estoy sola y me excito… aaahhh… ver mi cuerpo me excita… me gusta mirar mi cuerpo y el de mis hermanas…
– ¿Harás todo lo que te pida?
– Todo… lo que quieras… cuando quieras… aaahhhh… mi cuerpo… mi mente… son tuyos… en la cama y fuera de ella… soy tuya… para siempre… aaahhhh…
Lo repetían una y otra vez al unísono como un embrujo, con cada sonido sus deliciosos y voluptuosos labios reflejaban todo la inmensa lujuria atrapada en las zapatillas rojas, convirtiendo a las bellas mujeres en recipientes para compartir una fracción de ese deseo sexual, que sin embargo las abrasaría vivas si no lo desahogaban constantemente, pero solamente su Amo y parcialmente sus hermanitas podían satisfacer su interminable y perpetua excitación, ahora definitivamente le pertenecían a X y a las voraces zapatillas rojas.
– ¡Ahora mastúrbate para mi esclava! –ordenó el hombre.
– ¡Oooohhh… si mi señor…! –dijeron a la vez las cuatro al apretar con más fuerza su tobillo izquierdo mientras su mano derecha se introducía en el hueco frontal de sus pantaletas y empezaban a acariciarse deliciosamente- ooohhh… aaahhh…
Lanzaban sus cabezas hacía atrás, sus rostros hacia el techo, sus labios abiertos, sus ojos cerrados y sus espaldas arqueadas al máximo, sus manos apretando fuertemente sus delicados tobillos para mantenerse a si mismas sometidas a su Amo, sus piernas arrodilladas se abrieron al límite, como ofreciendo sus coñitos, buscando, rogando por aun más placer.
– Muy bien mis putitas esclavas, se han ganado su premio… ¡Tengan el mejor orgasmo de sus vidas! ¡Vénganse para mí! ¡Ahora!
– ¡Aaaaahhhhhh!… aaaaaaaaaahhhhh… oooooooooohhhh… -las cuatro mujeres gritaron a la vez al alcanzar el mayor gozo que jamás hubieran experimentado en sus vidas, incluyendo el causado hasta ese día por las propias zapatillas rojas.
Luego se desplomaron suavemente y antes de caer dormidas por el más maravilloso sopor de sus vidas alcanzaron a murmurar unas pocas palabras.
– Te amo… Papito.
– Te amo… Papi.
– Te amo… mi señor.
– Te amo… mi Amo.
Luego las parejas se miraron y cerraron los ojos al murmurar:
– Te amo… hermanita.
Días después Muñequita dormía profundamente en su alcoba, únicamente llevaba puestas sus zapatillas de metal de esclavitud, unas medias blancas al muslo y unas pantaletas a juego semitransparentes que en lugar de cubrir su entrepierna la enmarcaba de forma más atractiva.
Sus rojos labios se entreabrieron de forma seductora y empezó a jadear suavemente, mientras sus manos se agarraban con ansias a las sabanas bajo ella. Finalmente dio un gritito de placer incontenible.
– ¡Ooooooohhh… siiiii!
Debajo de las sabanas salió Nena todavía vestida como colegiala, incluidos unas altas zapatillas de charol negro, punta redondeada y correa en el empeine.
– ¿Lo disfrutaste Mamita? -le preguntó tímidamente la rubia.
– Ooohhh… si mi Nenita… lo hiciste maravillosamente, eres una buena niña.
El rostro de la rubia se iluminó de alegría ante el halago.
– Pero ahora tengo trabajo, así que ve a jugar o hacer la tarea que te dejó Papi.
La mujer salió corriendo, sonriente y sin mirar atrás. De inmediato Muñequita se metió al baño y se dio una ducha y luego se vistió, primero un conjunto de lencería rosa, un corset que exageraba sus curvas de forma exquisita, haciendo parecer su cintura aun más esbelta y sus senos y caderas aun más grandes. Luego ajustó sus ya casi secas medias blancas al muslo con un liguero sujeto a broches del corset, en lugar de cubrir sus piernas las destacaban como perfectas esculturas sexuales. Se puso un vestido blanco muy corto que dejaba ver las cimas de sus medias y un generoso escote cuadrado apenas cubriendo sus pezones. El conjunto se completaba con un delantal rosa de encaje y sus zapatillas de esclavitud.
Finalmente se puso una pequeña tanga blanca, al ser la última prenda sería fácil quitársela si debía complacer a su Amo de inmediato.
Acomodó sus rizos rojos en un peinado alto y se fue a la cocina a recoger el desayuno de su Amo.
En la cocina estaba la joven cocinera de ojos verdes, corto cabello castaño y piel bronceada con la charola lista. Pero antes de tomarla, Muñequita le habló.
-Pon tus manos sobre la barra e inclínate -con ojos sorprendidos pero incapaz de desobedecer la cocinera lo hizo, dejando casi expuestas bajo su saco de chef sus nalgas cubiertas de medias blancas, intentó inútilmente jalar el saco para cubrirse.
– ¡No te dije que te cubrieras… quieta! -le gruño la camarera, con lo que la chef se quedó paralizada como estatua mientras la joven le acariciaba sus expuestas nalgas y piernas con lujuria.
– Mmm… si… cada vez estás mejor… si el Amo no te requiere quiero que vengas a verme esta noche… -le dijo con los ojos ardiendo al ver sus curvas.
– Pero…
– ¡No discutas! -le ordenó mientras le daba un buen azote.
– Oooooooohhhh… ooohh… -gimió por el orgasmo y el ardor que le causó el dominio de la pelirroja- Siiii… Mamita…
Tomó la charola y se marchó para llegar a tiempo con el desayuno de X y esperaba poder coger rico para desahogarse.
– Ooohh… sigo caliente… las hermanitas no me… satisfacen… lo suficiente. Solamente mi Amo me salva de enloquecer de lujuria.
Ya en la puerta del estudio se encontró con Piernas la encantadora doncella sexual que parecía esperar en la puerta con las manos frente a ella.
– Aun lado Piernas, traigo el desayuno -dijo con calma, pero la morena se interpuso.
– Lo siento, pero no puedes pasar, Papito está ocupado -le dijo decidida.
Pero la pelirroja la miró a los ojos y silbó una rápida melodía en un tono muy preciso.
La morena al instante se recargó en la puerta con sus perfectas piernas apenas sosteniéndola.
– Ahora obedece esclava… quiero que empieces a masturbarte desesperadamente, vete a tu alcoba, deja la puerta abierta y sigue hasta que el Amo te llame o hasta que pierdas el sentido de tanto placer… Y si alguien entra complácelo en lo que quiera.
Piernas salió corriendo y suspiró profundamente mientras introducía su mano bajo su corta falda y dentro de sus pantaletas francesas.
– Aaaaahhh…
Luego la pelirroja entró al estudio meditando sobre la frase: el conocimiento es poder. Incluso cuando no sabía de donde llegaba o por que lo tenía.
Al entrar sonrió sensualmente con sus labios ahora perpetuamente de color rojo intenso, al Amo le gustaba verla así por eso hizo que le tatuaran ese color.
– Ordené que no me molestaran… desobedeciste… -le dijo molesto X mientras observaba una serie de fotos y videos en sus monitores.
De inmediato la pelirroja se acercó al escritorio, dejó la charola y se apoyó inclinándose, con lo que sus grandes senos casi se salían del corset.
– Oh… Amo… por favor… te necesito tanto… siento que me quemo por dentro -le suplicó mientras acariciaba su escote de forma provocativa.
– Eso no me importa… – empezó a decirle pero sin dejar de mirarla.
– Ooohh… mis tetitas te necesitan, mi panochita está húmeda y lista, mi chochito está esperándote -mientras decía esto se dio la vuelta y se puso a cuatro patas en la cama, se levantó la cortísima falda y le mostró sus nalgas y su húmedo sexo- por favor… Amo.
X no pudo reprimir una sonrisa.
– Eres incorregible Muñequita, pero siendo tan sumisa y complaciente no es fácil molestarse contigo -le dijo mientras se acercaba y se iba desvistiendo.
– Si Amo… soy sumisa a ti. Te pertenezco.
– Di que eres… -le ordenó mientras iba subiendo a la cama y colocándose tras ella.
– Soy tu esclava, tu juguete, tu odalisca… oooohhhh… -gimió al sentir como su Amo le arrancaba la pequeña tanga bajo la falda.
– Di que me necesitas… -le ordenó mientras le acariciaba sus muslos y sus preciosas nalgas expuestas.
– Aaaaaahh… dependo de ti… no existo sin ti… me moriría sin ti… oooohhh… -gimió de nuevo cuando X empezó a penetrarla con dos dedos lentamente.
– Muy bien… has aprendido mucho linda pelirroja… mi Muñequita esclava…
El hombre miraba fascinado como gritaba y se retorcía la que una vez fuera una dulce camarera y que bajo su manipulación y condicionamiento se había convertido en un putita sumisa y desinhibida, excepto con sus hermanas claro, con ellas era dominante. Eran un contraste agradable para X, que estaba orgulloso de haber conseguido alterar tanto la conducta y deseo de la joven pelirroja.
Oprimió un botón de su control y la música empezó a sonar enloqueciendo a Muñequita. Aun a cuatro patas arqueó su espalda y empezó a mover sus caderas atrás y adelante, una y otra vez, al ritmo de la melodía.
– Ooohh… Amo… por favor… tómame… átame a tu voluntad… aaahh…
X sujetó las preciosas caderas de la camarera y la penetró desde atrás de forma salvaje y apasionada.
– ¡Aaaaayyyy… siiiii… siiiii… asiiii… aaahhh…! -empezó a gritar mientras empujaba con vigor hacia atrás, en segundos ya gemía escandalosamente, acoplándose al ritmo de la música y las embestidas de su Amo.
En un único y violento movimiento X desgarró el pequeño vestido y lo arrancó, lanzándolo tras él, dejando a la joven vibrando y pulsando sobre la cama vestida con el corset, las medias y las zapatillas de esclava.
– Mmm… muy bien… las prendas enmarcan tu coñito… y tus nalgas de… forma exquisita…
– Disfrútalas Aaaaahhmo… son tuyas… igual que yo…
– Aaahhh… eso es… te has convertido… en una perfecta… esclava… estoy muy… complacido… con tu sumisión…
– Oooohhh… gracias Amo… lo único que deseo es… complacerte… por favor no pares… más rápido…
Con una sonrisa X cedió brevemente a la súplica de su hembra, cogiéndosela frenéticamente.
– Siii… siii… eeeeso… -la pelirroja estaba al borde del clímax cuando su macho se detuvo y salió de ella sin aviso.
– No… por favor… sigue -empezó a gemir la joven de frustración cuando X se inclinó y tras sujetar sus muñecas las encadeno en su espalda, dejándola apoyada únicamente en sus rodillas y su cabeza, como esclava antigua recién entregada a su nuevo Amo.
– Por favor… -volvió a suplicar la linda camarera, mientras la música aumentaba de volumen.
– Me encanta tenerte así esclava, indefensa y lujuriosa -le dijo X al darle una suave nalgada.
– Oooohhh… por favor… me vas a volver loca… te necesito… mi macho…
Por un instante el hombre la miró fijamente, para luego usar ambas manos para abrir las firmes nalgas de su odalisca y acomodar su miembro duro en su ano y penetrarla fácilmente al estar lubricado por su húmeda putita esclava.
– ¡Aaaaagggghhh…. aaahhh… siiii… sigue Amo… ooohhh… me enloqueces…! -empezó a gritar frenética con cada penetración la linda camarerita convertida en zorra lujuriosa esclavizada al placer.
– Bien… al fin te convertí en… mi putita descerebrada… pero ahora haremos… algo muy especial…
– ¡Siii… siii… hazme lo… ooohhh… que quieras… me matas… me matas de placer!
X empezó a masturbar a la linda pelirroja acariciando su clítoris rápidamente mientras seguía poseyéndola más y más rápido hasta que de nuevo la joven se movía al ritmo de la música y el sexo que le imponía su Amo.
– Aaahhh… aaahhh… maaas… quiero maaaass… ooohhh…
– Ooohhh… Muñequita… eres una… buena zorrita… -le susurró X al oído a la joven mientras le daba un buen azote en la nalga.
– ¡Aaaahhh… Amo… me vengo… me veeeenngo… hazme tuyaaaa…!
– ¡Es el momento esclava! -le gritó su Amo mientras salía de ella, para luego girarla poniéndola de espaldas, se colocó encima, la sujetó de la barbilla obligándola a mirarlo a los ojos y empezó a hablarle guturalmente en una lengua que llevaba muerta dos mil años.
– ¡Aaaaaaaaaarrrrrrrrrggggghhhh! -aulló como nunca la pelirroja al tener el orgasmo más poderoso, abrumador y delicioso de su vida gracias a esas palabras. Su cabeza se lanzó hacia atrás, su boca y ojos se abrieron al máximo, su cuerpo entero se convirtió en un arco sobre la cama, mientras sus piernas pulsaban con la música poniéndose en punta aun dentro de sus zapatillas de esclava.
Finalmente se derrumbó extasiada, sus piernas aun palpitando suavemente con la melodía, sus rojos labios se abrieron jadeantes y se convirtieron en una gran sonrisa de placer, al abrirse sus ojos estaban en blanco, sin pupila discernible, la constante exposición por largo tiempo a las zapatillas rojas la había convertido en una muñeca de placer que X ahora podía programar a voluntad como un juguete, cuando lo deseara solamente tendría que decir las palabras de poder en la lengua antigua y ya no necesitaría quebrar su voluntad para cambiar el comportamiento de sus esclavas. A menos que eso le complaciera.
– Muy bien… cada vez domino más el poder de este artefacto –pensó orgulloso el hombre mientras se recostaba a lado de su esclava que esperaba instrucciones- pero aun necesito a una experta en ciencias ocultas y sobre todo a una patrocinadora para poder lanzar las zapatillas al mundo entero.
Acarició el rostro de la sonriente y expectante camarera a su lado.
– Muy pronto miles de mujeres me llamarán Amo igual que tú Muñequita…
– Si… Amo… -respondió con voz dulce la sonriente pelirroja que ahora se había convertido en un verdadera Muñequita.
X tomo el teléfono del estudio y realizó una llamada interna en el edificio.
– Bombón… escucha con atención pues tengo una misión para ti… es hora de que me conozca la señorita Ivanka Trump…
FIN
 
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