CRÓNICAS DE LAS ZAPATILLAS ROJAS: LA CAMARERA 2.
 

Un consejo: es conveniente, aunque no forzoso leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojasExpedientes X: el regreso de las zapatillas rojas y Alias: La invasión de las zapatillas rojas antes de leer esta historia.

Gracias a Vaquita por su inspiración.
Por Sigma
Patricia Evans se había dado una ducha y estaba eligiendo su ropa del enorme vestidor de la habitación, había todo tipo de prendas, sorprendentemente todas eran de su medida, y siendo estas 103, 64 y 88, no era nada fácil.
– Vaya que conocen su labor -pensó la pelirroja mientras elegía lo que se pondría para su primera sesión de fotos con su jefe- Mmm… quizás podría empezar con algo conservador.
Sostenía en sus manos un formal aunque ajustado traje sastre negro que parecía muy elegante. Pero casi de inmediato lo devolvió a su lugar.
– No… ahora soy una modelo… estaré ante Scorpius… debo ponerme algo sexy -decidió sin saber muy bien por que. Al final se decidió por un sofisticado vestido azul cielo de tirantes que le llegaba arriba de la rodilla un sutil pero atractivo escote en V y por supuesto unas zapatillas azules cerradas de tacón alto.
– Son lo principal de la nueva línea de Xcorpius. Debo lucir bien sus zapatillas -pensó aun impresionada del giro que había dado su vida, apenas un día antes todavía era camarera en un bar. Ahora era una modelo de alta costura.
En ese momento llamaron a la puerta.
– Adelante -dijo mientras terminaba de maquillarse de forma sutil y natural.
Por la puerta se asomó Syd la doncella, era muy amable, pero a Patricia aun le asombraba su pequeño uniforme que sin duda era elección de Scorpius.
– Pobre Syd, no sé como aguanta semejante humillación. Obligada a vestirse así… -pensó al verla.
– Buenos días Paty -le dijo sonriente- el señor Scorpius te espera.
– Gracias.
Tras cruzar el amplio pasillo llegó al estudio y llamó a la puerta.
– Pasa Paty -escuchó desde el interior.
Tímidamente la pelirroja entró y se sentó frente al escritorio. Aun insegura se acomodó el escote y jaló la falda para no mostrar demasiado de su cuerpo. Scorpius la miraba sonriendo cuando al fin le habló.
– ¿Dormiste bien?
– Si… gracias.
– Me alegra que descansaras pues tenemos mucho trabajo hoy.
– Estoy lista señor Scorpius – dijo ella cada vez más nerviosa ante su penetrante mirada.
– Eso veo, realmente te queda muy bien la ropa que elegimos. Me alegro de haberte encontrado, ya quiero poseerte…
– ¿Perdón? -preguntó confundida la joven.
– Vas a ser mi esclava y será un placer someterte.
– ¿Pero que le…? -empezó a decir Patricia cuando vio la seriedad en el rostro de su jefe y empezó a asustarse- olvídelo, mejor me voy de aquí…
Caminó hasta la puerta pero no llegó a abrirla, pues entonces empezó a escuchar una canción en el cuarto: That don’t impress me much de Shania Twain.
– Ya es hora de que modeles para mi Paty -escucho que le decía X.
Al instante se quedó inmóvil, su cuerpo dejó de obedecerle y se estaba asustando de verdad.
– ¿Qué pasa? – empezó a decir cuando percibió algo extraño, como una ondulación que subía desde sus pies al ritmo de la música. Miró hacia abajo y pudo ver como sus piernas se tensaban y luego se abrían en un movimiento hasta quedar a la altura de sus hombros.
– Oiga… pero… -balbuceó hasta que vio como sus brazos se ponían paralelos a su cuerpo y sus pequeñas manos se flexionaban en las muñecas hasta quedar con las palmas viendo al piso. Entonces comenzó a bailar.
– ¡Basta! ¿Qué es esto? -dijo casi horrorizada al ver como se movía con la música, su cuerpo ondulaba mientras sus manos lo seguían a ritmo. Pronto empezó a inclinarse y levantarse, como ofreciendo sus nalgas a su jefe, al igual que sus piernas que se relajaban y tensaban mostrando unas deliciosas pantorrillas.
– ¿Como hace esto? -preguntó ya aterrada.
 

– No te preocupes por eso belleza -le dijo mientras se acercaba y tomándola de los hombros la obligaba a girarse hasta quedar frente a frente, su espalda pegada a la pared- lo que importa es que ahora eres mía y puedo hacer lo que quiera de ti.

– Noooo -gritó tratando de resistir pero sus manos se pegaron al muro tras ella y empezó a ondular su cuerpo de nuevo hacía X, esta vez acercando y alejando sus grandes senos y caderas de él. Adelantando una de sus piernas y moviéndola.  de forma provocativa gracias a la falda y las zapatillas.
– Mmm… muy bien Paty, eres tal y como esperaba.
– Mire… No sé… como hace… esto… -dijo la joven mientras su entrepierna y senos se rozaban contra el cercano cuerpo de X- pero debe… detennnnnngghh…
Se interrumpió al sentir una punzada de placer idéntica a la que percibió la otra noche en el bar.
– Ooohhh… ¿Qué me hizo?… ¿Fue usted… en el bar?
– Ya estás entendiendo muñequita. Pero no te preocupes por ahora, sólo disfruta…
– Aaaaaahhh… aaaahhhh -gemía incontrolable la pelirroja al sentir un placer exquisito y constante extendiéndose desde sus pies a su entrepierna y de ahí al resto de su cuerpo.
– Eso es lindura, baila, baila sin parar -le animaba X al verla moverse siguiendo el ritmo. Con cuidado se acercó y tomándola de los hombros la hizo arrodillarse. El toque de X erotizó más el cuerpo de Patricia haciéndola cerrar los ojos y entreabrir los labios.
– Ooohhh -susurró sin poder evitarlo y aunque sus piernas se quedaron obedientemente inmóviles en su postura de obediencia, su torso y brazos siguieron moviéndose y ondulando con la música- oooohh… ¿Pero qué pasa?
En ese momento X se acercó al escritorio y  luego regreso con una caja de dónde sacó un objeto negro satinado, la pelirroja primero pensó que era una cadena pero al acercarse se dio cuenta de que era una especie de gargantilla formada por bellos eslabones.
– Es hora de marcarte Paty -dijo el hombre mientras se acercaba amenazador con la pieza negra. Con un movimiento empujó el dulce rostro aniñado de la joven hacia atrás haciéndola arquear su espalda y ofrecer sus pechos como en sacrificio, justo entonces X cerró la gargantilla alrededor de su delicado cuello con un clic metálico, la sensación del objeto al aprisionarla de algún modo la excitó más.
– Oooooohhhh -gruñó de placer la camarera, momento que X aprovechó para empujarla suavemente hacia adelante, obligándola a ponerse a cuatro patas, tras lo que la joven siguió bailando ahora moviendo hombros, espalda, caderas y nalgas, sus rizos rojos se agitaban reflejando la luz.
– No… -trató de decir pero ya X le colocaba otra preciosa cadena negra esta vez en la cintura, ajustándola hasta hacer clic, causándole un nuevo e indeseado placer- Oooohhh…
– Muy bien Paty, estás aceptando perfectamente tu marca, que chica tan buena -le dijo mientras le acariciaba sus redondeadas nalgas.
– Aaahhh… – volvió a gemir ella con su toque.
– Y me gusta tu elección de ropa, pero ahora quiero verte con algo un poco más… caliente -al decirlo dio un aplauso y de inmediato entraron la doncella y la secretaria,  se acercaron sonrientes, con rapidez, agilidad y algo de ayuda involuntaria de Patricia la desvistieron, dejándola bailando desnuda a cuatro patas como si fuera una gatita, excepto por sus zapatillas. Luego las dos mujeres se marcharon discretamente.
– Si… eres todo lo que imaginaba, ahora vamos a ponerte algo lindo.
X sacó unas prendas de un cajón y se acercó a la indefensa chica.
– ¿Pero… qué hace?… aaaahhh -trató de preguntar Patricia al sentir como las manos del hombre rozaban gentilmente su cuerpo al ponerle las prendas- oooohhh.
Al terminar X dio un paso atrás para admirar a la pelirroja, le había puesto un brassier azul de encaje, sin tirantes cuya forma levantaba y mejoraba sus de por si grandes senos formando un suculento escote, en sus caderas relucían unas pequeñas pantaletas del mismo diseño y color que se mantenía unida gracias a dos femeninos moños a cada lado de la cadera.
– Si… eso es mejor ¿No crees? -dijo X complacido al verla, mientras la joven seguía moviéndose con la música- Aunque apuesto a que con la melodía estás cada vez más excitada.
– Aaaahh… ¿Por que… aaahh… me hace esto? -susurró con los ojos cerrados la linda pelirroja.
– Por que eres una criatura deliciosa y simplemente debía tenerte… Deberías sentirte halagada, preciosa.
– No… déjeme ir… ooohhh…
– No puedo hacerlo… hasta que te dome y te someta… pero para entonces ya no querrás irte.  Mejor te lo muestro -dijo mientras la sujetaba de los hombros obligándola a ponerse de rodillas.
 

X se arrodilló tras ella, con un brazo la sujetó de la cintura con el otro rodeó su torso y sujetando delicadamente su bello rostro la forzó a mirarlo, en los ojos obscuros de su captor la joven sintió que se perdía, atrapada en la lujuria de su mirada.

– Oooohhh… -gimió ante su dominio- ¿Qué me… está… haciendo?
Para su vergüenza el cuerpo de Patricia comenzó a moverse contra el de X, de forma lenta y provocativa, podía sentir en sus nalgas, a través de su delicada lencería, el duro miembro del hombre tras ella. Se sentía horrorizada por lo que le hacia, pero no pudo evitar excitarse más al sentirlo.
– Aaaahhh… basta… -casi susurró a la vez que sus manos trataban de apartarlo suavemente.
– Mmm… así que te atreves a resistir… magnífico -le dijo sonriente a la joven- eso hará todo más delicioso.
X deslizó sus manos por los brazos de la pelirroja hasta llegar a sus muñecas y en un rápido movimiento las forzó tras ella. En ese momento Patricia escucho un doble clic y ya no pudo separarlas.
– ¡No!… ¿Qué hace?… -con gran esfuerzo logró girar un poco y pudo ver como le había colocado lo que parecían unas anchas esposas, casi como si fueran grilletes.
– ¡Pare! -trató de gritarle- ¡Suélteme yaaaaaahhh…!
Su captor había introducido una mano en su sostén y le había pellizcado suavemente un pezón, pero estaba tan erotizada que con eso bastó para causarle un pequeño orgasmo.
– Muy bien -dijo X complacido de su reacción- eres deliciosa Paty…
Entonces X introdujo su otra mano bajo las pantaletas de encaje y comenzó a masturbarla lentamente siguiendo el ritmo, de forma enloquecedora.
– Aaaaahhh… ooooohh… ooohhh… -casi gritaba debido al placer mientras su cuerpo entero ahora se movía siguiendo el ritmo que le marcaba su captor al masturbarla.
– Eso es… disfrútalo Paty… goza… -le susurraba al oído,  mientras seguía forzando a la pelirroja hacia el orgasmo aprovechando el poder de la zapatillas que rápidamente se apoderaban de su voluntad.
– No… no… oooohhh… -la joven trataba de resistir inútilmente abrumada por el poder de las zapatillas y las caricias de X.
El volumen de la música aumentó llevando a Patricia al borde del éxtasis.
– Mmm… aaaahhh… siiii… aaaahhh -empezó a susurrar, ya perdida toda inhibición.
De pronto el hombre detuvo su mano bailarina bajo las pantaletas de ella.
– Nooo… ¿Qué haces?… sigue… -gruño la linda pelirroja sin poder controlarse.
– Entonces ¿Te gusta lo que te hago lindura?
– Si…
– ¿Si qué?
– Si… me gusta…
– ¿Qué te gusta?
– Ooooohh… por favor…
– Si quieres que siga… dilo…
– Me gusta… que me… masturbes…
El hombre sonrió satisfecho y continuó su labor en la entrepierna de la joven a la vez que su otra mano acariciaba y pellizcaba sus bien formados senos bajo el sostén.
– Aaaahh… siii… eso… es… -Patricia estaba frenética, en ese momento ya nada le importaba excepto el placer y alcanzar su deseado y necesitado orgasmo- oooohhh… un poco… más…
Aprovechando el momento X jaló el cabello de la chica, obligándola a mirar al techo y exponer su esbelta garganta.
– Aaaaahhh -gimió sorprendida la pelirroja mientras su captor le daba un sonoro azote en su firme nalga.
– ¡Vente lindura! ¡Vente para mí! -le dijo al oído en ese momento, forzando su orgasmo.
– ¡Nnnnnggggghhhhh…! -gruñó sin control, sus ojos cerrados, su boca formando una O, lo que X aprovechó para sujetarla y besarla profundamente, lo que sólo intensificó el placer y la sensación de estar indefensa de la joven. En efecto estaba completamente sola y vulnerable, lejos de casa, sometida a un extraño poder que no comprendía y a merced de los caprichos de un desconocido.
– Eso fue delicioso Paty, muy bien… -le susurró X mientras la cargaba y recostaba en su cama a la adormilada joven- Pero ahora debemos empezar a condicionarte para que te conviertas en mi esclava.
– ¿Uuuhhnn? -apenas logró articular la débil joven, distraída por la calidez y suavidad de la cama del hombre decidido a ser su amo.
X acarició su rostro tiernamente y tras sentarse a su lado oprimió un botón de su control, la música cambió a una suave y lenta melodía clásica: Primavera de A. Vivaldi. Luego comenzó a decirle al oído los primeros condicionamientos que poco a poco la convertirían en su esclava sexual, mientras las piernas de la pelirroja se movían sobre la sedosa colcha en un grácil y sensual baile, dejando con sus altos tacones surcos sobre la tela, como si dibujara sensualmente siguiendo el delicioso ritmo de la música.
 

Un par de horas después la joven despertó en su propia cama, llevaba puesta una pequeña bata negra translúcida, bajo la cual sus senos se perfilaban perfectamente, su entrepierna estaba apenas cubierta por una tanga negra cuyo triángulo frontal era muy pequeño para unas caderas y sexo tan voluptuosos.

– Oooohhh – bostezó al estirarse con vigor- Mmm… creo que se me pasó la mano con la siesta. ¿Eh? ¿Y eso?
Se dio cuenta de que en sus pies llevaba unas zapatillas puntiagudas de charol negro y tacón plateado muy alto.
– ¿Como puedo dormir usando semejantes tacones? -pensó por un instante hasta que recordó algo importante- Ah… ya recuerdo… son mis zapatillas de dormir… creo.
Patricia empezó a meditar sobre semejante concepto pero un vistazo al reloj la interrumpió de inmediato.
– ¡Dios, pero si es tardísimo! ¡Scorpius me va a matar! -gruñó mientras se levantaba hecha un ciclón quitándose sus escasas ropas, menos sus zapatillas. De su guardarropa sacó su uniforme de camarera-modelo y se lo puso rápida pero cuidadosamente.
Empezó con un juego de lencería blanco, lleno de transparencias y motivos florales, primero una pequeña tanga que era más un adorno que una prenda, luego el sostén de media copa que levantaba sus grandes senos, encima un coqueto minivestido de color rosa que solamente le llegaba a medio muslo y mostraba un amplio escote cuadrado, un pequeño delantal blanco ribeteado con encaje se ajustaba en su pequeña cintura para evitar ensuciarse. El uniforme se completaba con unas translúcidas medias blancas con elástico que llegaban casi hasta su entrepierna, quedando apenas oculto por el corto vestido. Finalmente se puso unas zapatillas de tacón alto, eran color rosa, de punta abierta y pulsera al tobillo. Tenía las uñas de sus pequeños dedos pintadas también de rosa.
– Dios, que humillante uniforme -pensó molesta la pelirroja mientras corría a la gran cocina del complejo en el primer piso- parezco una fantasía de adolescentes.
Allí la esperaba una joven cocinera que le entregó una charola cubierta, Patricia se fijó en que la chef no parecía llevar nada debajo de su impoluto saco blanco, excepto claro por unas medias blancas y unas altísimas zapatillas del mismo color y punta redondeada que hacían lucir aun más sus de por si largas piernas.
– Estos uniformes obligatorios son un abuso -se indignó la joven mientras cumplía su labor de camarera llevando la charola- pero debo aguantarme si quiero conservar este empleo, si lo pierdo no podré conseguir otro…
Llegó a la gran puerta de roble y estaba a punto de llamar cuando se dio cuenta de que estaba entreabierta y escuchó suaves gemidos saliendo de ella.
Su curiosidad pudo más y con mucho cuidado se asomó por la rendija, en el interior estaba la chofer, se encontraba desnuda excepto por sus botas de amazona, su esbelto cuerpo recostado boca abajo en el escritorio y sus largas piernas colgando del borde, bien abiertas en V, Scorpius la penetraba una y otra vez mientras la tenía sometida sujetándola de unos grilletes que mantenían sus manos fijas en la espalda.
– Aaaahhh… aaaahhh… siii… mi señoooor… soy tuya…  -gemía la trigueña mientras sus senos eran oprimidos contra la superficie- tómame…
Patricia se sintió impactada, pero a la vez no podía apartar la mirada del espectáculo ante ella… al menos hasta que la trigueña levantó la vista y la miró directamente a los ojos antes de hacerle un guiño y sonreírle.
Sonrojada al ser atrapada en su voyerismo la pelirroja se apartó de inmediato.
Minutos después salió del estudio la chofer, de nuevo vestida con su uniforme completo incluidas sus botas y ajustadísimo pantalón. Al pasar junto a la camarera sonrió y le susurró:
– Es tu turno…
Muy nerviosa la joven entró al cuarto con la charola, Scorpius ya estaba vestido con un moderno traje de cuello Mao pero sin corbata.
– Buenas tardes señor Scorpius, traigo su comida -dijo tímidamente al entrar.
Su jefe apenas levantó la mirada de unos documentos mientras le respondía.
– Buenas tardes encanto, sírveme por favor…
La chica se acercó y comenzó a colocar los humeantes platos en el escritorio, pues había tenido la precaución de recalentarlos antes de entregarlos.
Mientras servía la comida, Patricia odió su revelador uniforme, sentía que cada vez que se movía una parte de su cuerpo se mostraba de forma invitante a su jefe: sus sedosos muslos, sus pantorrillas, su escote, sus grandes senos, sus nalgas…
– Por favor, termina pronto Paty -pensó para si misma.
Por fin acabó de servir la comida y se dio la vuelta para marcharse, pero Scorpius le llamó antes.
– Ven aquí Paty, quédate a mi lado por si acaso necesito algo -medio le pidió, medio le ordenó, mientras señalaba un lugar a la derecha de la silla.
La chica se acercó y se colocó a lado de su jefe, muy formal con sus manos entrelazadas frente a ella.
Pensaba que todo estaría bien si evitaba moverse, pero en pocos minutos sintió la mano de Scorpius posándose en la parte trasera de sus sedosos muslos.
– Oh… por favor… -le susurró débilmente a su jefe mientras este empezaba a mover su mano arriba y abajo, acariciando su suave pierna cubierta de la translucida media.
 

– No importa el trabajo… mmm… no le voy a permitir… -decidió sin darse cuenta de que Scorpius había introducido la otra mano en el bolsillo, oprimió en ese momento un botón y una cálida melodía empezó a sonar suavemente- Aaaahhh… que bien se siente…

La pelirroja cerró los ojos por la placentera sensación que le causó la caricia en su muslo.
– Oooohhh… que rico… -pensó mientras inconscientemente ponía sus pies de puntas- pero esto… no está… bien…
La mano invasora se introdujo fácilmente bajo el vestido y sus dedos empezaron a seguir el borde elástico de sus medias lentamente. De inmediato la joven sintió como sus pezones se endurecían y se marcaban claramente bajo el vestido rosa.
– Aaaaahhhh… Dios… ¿Qué me pasa? -pensó confundida mientras su mano se apoyaba en el hombro de Scorpius y lo apretaba excitada- me siento taaaaan… cachonda…
La mano siguió subiendo por el cuerpo de la joven, finalmente los dedos comenzaron a seguir el delicado contorno de la tanga blanca por su cintura, para luego apoderarse de la delgadísima tira de tela que se metía entre las nalgas de Patricia, así empezó a tirar de ella moviéndola rítmicamente arriba y abajo, una y otra vez, excitando los sensibles nervios de los labios vaginales de la pelirroja, de su entrepierna y entre sus nalgas.
– Nnnnnngggghhh -gruñó mordiéndose los labios a la vez que clavaba las uñas en el hombro de su jefe, mientras su otra mano se apoyaba en el escritorio para evitar caerse- oooohhh…
Mientras, X se seguía dando un banquete, tanto con la comida como con el cuerpo de la dulce camarera a su merced, en minutos ya podía sentir como la diminuta tanga se humedecía cada vez más, momento en el que el hombre decidió dar el siguiente paso. Colocando sus manos en la cintura de Patricia la hizo darse la vuelta quedando casi frente a él, recargada en el escritorio, sus manos apoyadas en su superficie, sus escote exhibiendo sus grandes senos, sus torneadas piernas extendidas y estilizadas por las zapatillas. Sin dudarlo un instante X hizo a una lado el triángulo de la tanga para introducirle dos dedos juntos en su vagina, provocándole un profundo suspiro de satisfacción.
– Oooohhh… ¿Por qué le permito hacer esto? –le preguntó con voz ronca mientras volteaba su rostro hacia el techo y arqueaba ligeramente su espalda; X comenzó a penetrarla una y otra vez con sus dedos índice y medio- Aaaaahhh…
– Por que tú también lo deseas… por que en el fondo eres una putita… -le respondió el hombre con una sonrisa- por que necesitas el placer que te doy…
Ella trató de responderle pero en ese momento le pellizcó suavemente un pezón a través de su vestido rosa por lo que solamente consiguió gemir.
– Aaaaahhhhh…
– Bien, es hora de conocernos íntimamente Paty –le dijo a la pelirroja al obligarla a darse la vuelta e inclinarse sobre el escritorio, entonces se desabrochó los pantalones- esto va a ser un placer…
La joven que ya empezaba a perder la noción de todo se dio cuenta entonces que así había visto a Scorpius tomando a la chofer, en la misma forma, y eso la hizo recuperar el control.
– ¡Noooo…! –gritó mientras empezaba a forcejear con su jefe tratando de levantarse y apartarlo de ella- ¡Déjeme!
En un primer momento pareció que lo lograría al tomar a X fuera de guardia, pero en un reflejo casi instintivo el hombre logró sujetar las muñecas de la joven, quitándole el soporte que le permitía resistirse, la chica cayó de bruces sobre el escritorio, quedándose sin aliento, lo que le dio a su captor la oportunidad de juntar las manos de Patricia y unirlas a su espalda con un clic.
Ella trato de recuperarse, pero ya no podía mover sus manos, y sin ellas para apoyarse no tenía fuerza suficiente para resistirse a su atacante.
– ¿Qué?… ¿Pero de donde salieron estos grilletes? –pensó de nuevo confundida- no los llevaba antes… creo.
 

A pesar de todo siguió resistiendo cuanto le fue posible desde su vulnerable posición. Tanto que logró desesperar a su jefe.

– ¡Maldición! ¡Basta! Es hora de que vuelvas a sentir el verdadero poder de las zapatillas rojas –exclamó al apretar un botón del control en su mano- es hora de seguir condicionándote…
Al instante empezó a sonar muy fuerte en las bocinas una rápida melodía de música clásica: Las danza de las horas de Amilcare Ponchielli con un efecto inmediato en la de por si vulnerable joven.
En un instante sus pies se pusieron completamente de punta como si fuera una bailarina de ballet, sus piernas se pusieron rectas y tiesas, se enderezó y comenzó a bailar alrededor del escritorio dando saltos y pasos pequeños sobre las puntas de sus zapatillas de tacón rosas.
– Ooooh… pero ¿Qué es esto?… –pensaba aun impactada y sin entender lo que ocurría- Aaaahhh… y ¿Por qué… lo disfruto… tanto?
En una de sus vueltas X la detuvo y la guió hasta ponerla de nuevo boca abajo sobre el escritorio, pero esta vez la diferencia era notable, recostada como estaba la chica empezó a mover sus firmes nalgas, caderas y piernas al ritmo de la música, dándole al hombre un delicioso espectáculo. Se movía atrás y adelante, una y otra vez, guiada por la mano de su captor en su espalda.
– Nnnnnggg… ¡Basta! ¡Maldición, basta! –gritaba la chica tratando de controlar su cuerpo que seguía moviéndose salvajemente.
Sonriendo, X se acercó a ella, acompasándose a su ritmo paulatinamente, luego le levantó la falda, hizo a un lado con facilidad la delgada tira de tela de la tanga y en un sólo y diestro movimiento penetró a la linda pelirroja hasta el fondo con su duro miembro desde atrás, como si fuera una gatita.
– Ooohhh… ooooohhhh… oooohhhh… -sollozaba Patricia con cada embestida del hombre tras ella, mientras este acariciaba su femenina espalda, su esbelto cuello, sus nalgas paraditas, el placer de ella multiplicado por el poder de las zapatillas.
– Siii… Paty… eres tan deliciosa… -le susurraba X con la voz ronca de deseo. Pero para la pelirroja lo peor de todo era que en verdad lo disfrutaba.
– Siiiii… más rápido… aaaahhh… siiii… -gruñó sin poder controlarse, dominada por su lujuria potenciada por las zapatillas rojas. En ese momento lo único que deseaba la joven era gozar y alcanzar el éxtasis al precio que fuera.
Justo entonces su captor detuvo sus arremetidas.
– Ooooohh… ¡No pares, maldición! -le gritó poseída por el gozo.
X se limitó a sonreír observándola retorcerse, tratando de hacerlo continuar. Pero con las manos en grilletes, dominada boca abajo y sin agarre poco podía hacer.
– Ooohh por favor… lo necesito… -las zapatillas parecían hablar por ella- sigue… o moriré de deseo…
X siguió observándola complacido, todavía dentro de ella mientras trataba de moverse.
Desesperada, la joven apoyó todo su peso en el escritorio, levantó las piernas poniéndolas bien derechas y horizontales, con X aun acomodado entre ellas, y abiertas como estaban flexionó sus rodillas al máximo que le fue posible, consiguiendo colocar sus tacones contra los glúteos de su captor, lo que le permitió empujarlo, logrando que él la penetrara levemente.
– Por favor… -gimió suplicante y excitada a la vez que avergonzada de su débil voluntad.
– Muy bien Paty… eres toda una revelación… -dijo encantado su jefe mientras empezaba de nuevo a penetrarla, lentamente- tan lujuriosa y tan sumisa a la vez.
– Aaaahhh… siiii… -sollozó suavemente sin dejar de apretar a X contra ella usando sus tacones.
El hombre se movía cada vez más rápido al penetrarla, mientras la pelirroja jadeaba a la par empujando con su caderas contra las ricas embestidas de su macho, a la vez que con sus tacones empujaba a su captor hacia ella desde atrás.
– Oooohh… maaas… ¿Mi macho?… ¿Pero de donde…? Aaaahhhh… sigueeee…
El volumen de la música había aumentado y la pelirroja ya no se daba cuenta de las ideas que X la obligaba a aceptar hablándole al oído mientras la poseía salvajemente..
– Eso es… Scorpius es tu macho… tu dueño… -le decía en un tono cariñoso que contrastaba con la fuerza de sus acometidas.
– Mi… macho…  oooohhh… -susurró la joven mientras el hombre le besaba sensualmente tras el cuello.
– Tu cuerpo es una obra de arte… debe ser expuesto… para el placer de todos…
– Mi cuerpo… debe ser expuesto… para todos…
– Mmm… aaaahhh… si esclava… lo haces muuuuy bien…
– Lo hago… bieeeeen… -susurró sonriendo.
– Sobre todo debes lucir tus piernas y tus tetitas… tus ubres me encantan… así que deben estar siempre disponibles para mi gozo… -le dijo su captor mientras le daba un suave pellizco en su firme nalguita.
 

– Aaaaahhhhh… siempre disponibles… para tu gozo…

– Nnnnnggghhh… me vengo dentro de ti… esclava… ¡Vente ahora!… ¡Vente como nuncaaaaaaaahhhh! -gritó al fin su macho mientras se apoderaba de sus grandes y ya sensibles senos sobre el vestido rosa.
– ¡Aaaaaaaaaaahhhhhh! ¡Nnnnnnggghh! -al fin se vino espectacularmente la linda pelirroja, quedando desvanecida sobre el escritorio como un títere sin hilos, pero todavía lista para más condicionamiento en medio del sopor hipnótico causado por las zapatillas. Lentamente X sacó de la joven su miembro todavía duro, luego la hizo girar con delicadeza hasta ponerla de espaldas, sus ojos entrecerrados se notaban aun nublados por el deseo y la satisfacción, sus labios color rosa abiertos, la piel de su escote brillante por el sudor.
– Ah… avanzamos muy bien preciosa, serás una esclava perfecta -le decía suavemente X a la joven todavía obnubilada- sin duda eres particularmente vulnerable al poder de las zapatillas, seguramente por ser una chica dulce, sensible y naturalmente sumisa. Podría convertirte ahora mismo, pero eso no sería tan placentero o satisfactorio, así que me tomaré mi tiempo para hacerte mía.
– Mmm… -medio gimió la joven semiinconsciente.
Entonces su captor la levantó en sus brazos y llevó cargando a Patricia a su aposento, disfrutando en el camino del calor, la suavidad y el delicado perfume del voluptuoso cuerpo de su victima. Pero sobre todo disfrutando de su fragilidad… de encontrarse completamente indefensa y a su disposición.
– Si, será un verdadero deleite poseerte Paty… – susurró X mientras recostaba a la pelirroja en su cama y liberaba sus manos de los grilletes- aunque creo que debería empezar a pensar en un nuevo nombre para ti…
Su captor se inclinó sobre la joven y siguió condicionándola, dándole nuevas instrucciones que cada vez la hacían más manejable y obediente a su amo y al poder de las zapatillas rojas.
CONTINUARÁ
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