TODO COMENZÓ POR UNA PARTIDA2Condena brutal: La historia de Lissette

sin-tituloEn el centro de la gran ciudad hacía un calor de los mil demonios, ya era más de medio día y de un alto e imponente edificio de cemento entraban y salían personas con signos de apuro en sus rostros, algunas de ellas se internaban por sus viejos y oscuros pasillos apelotonándose en los ascensores, u otras simplemente se perdían en la hormigueante fila de gentes que caminaban rápidamente por las ardientes veredas de su salida, y entre ellas también iba Lissette.

La joven y recientemente casada no lo podía creer, ¿y que se suponía que iba a hacer ahora sin el apoyo y la compañía de su amado marido?, -se preguntaba para sí misma y en forma meditabunda mientras caminaba, al ser ella una de las tantas personas que a esas acaloradas horas también abandonaba el viejo edificio gubernamental mezclándose en la multitud que transitaba por la vereda.

Se suponía que solo hasta hace un par de días ella y Fernando eran un feliz y normal matrimonio con mucho futuro por delante.

En los últimos tres años de casados Lissette y su amado esposo habían gozado de llevar una vida supuestamente tranquila, dándose unos pequeños lujos de por medio, a punta de trabajo y esfuerzo, –¿pero y ahora?, quizás que iba ser de ellos ahora, se preguntaba y se repondría para sus adentros una y otra vez al compás de su cadencioso y femenino caminar, a la misma vez que con su manita ordenaba parte de unos rojizos mechones de cabello por detrás de uno de sus oídos.

Entre los pocos bienes que lograron adquirir estaba una bonita casa ubicada en un tranquilo barrio de gente de clase media, aunque ellos aun estaban en proceso de adaptación ya que provenían de un modesto y popular barrio industrial. Hace muy poco también habían comprado un sencillo y económico automóvil. Bienes que su esposo los adquirió a nombre de ella y que si no hubiese sido así también se los habrían quitado en parte de pago.

La catástrofe se les presentó en el momento que ella consideraba el más feliz de su joven matrimonio.

Tras haber tomado ambos unas muy merecidas vacaciones en un conocido balneario en las afueras de la ciudad Lissette se sintió la mujer más enamorada y dichosa del mundo llegando a tal punto que en los días en que ya estuvieron en casa pensaba en decirle a Fernando que tuvieran ese hijo que tanto él deseaba y que ella también quería tener, ya que la pelirroja solo se había estado cuidando por un tiempo de no quedar embarazada hasta no estar segura de la estabilidad económica del hogar, pero justo cuando creía estar viviendo su mejor momento matrimonial de un feroz porrazo a causa de su marido volvió al mundo real desencajándola de la seguridad conyugal en la cual ella había estado equivocadamente inmersa.

Fernando de 27 años de edad era el típico marido buen mozo que cualquier mujer desearía tener. Este era de piel bronceada, pelo negro, ojos color pardo y un físico acorde al de un hombre que se dedica varias horas de gimnasio a la semana.

Ambos estaban muy enamorados uno del otro. Se habían conocido en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común de las familias de cada uno, y se podría decir que fue amor a primera vista, ya que al año de feliz noviazgo la enamorada pareja ya ponía fecha de casamiento, y al próximo ya eran marido y mujer.

En un principio las cosas se les dieron bien en la parte económica, Fernando fue contratado como empleado administrativo en un prestigioso banco lo que le permitió a la pareja llevar una vida más o menos cómoda, muy distinta a las que ellos conocían en los tiempos en que se conocieron, además que el principal proveedor del joven matrimonio por esos entonces, en este caso Fernando, se esforzaba en hacer sentir como una reina a su joven y atractiva esposa, pero lamentablemente con el paso de los años, y con la joven Lissette ya convertida en una flamante hembra casadera, fue a causa de esto mismo lo que lo llevó a no actuar en forma sensata a la hora de contraer compromisos bancarios.

En su desesperado afán de darle lo mejor y de que ella viera que con él nada le iba a faltar poco a poco se comenzó a entrampar económicamente tapando hoyos financieros con prestamos de dinero en efectivo, girando cheques a diestras y siniestras (Fernando nunca antes había tenido ni manejado una cuenta bancaria personal), para luego volver a pedir otro préstamo mas acaudalado que el anterior, hasta que cuando ya no tuvo a donde echar mano se le ocurrió la mala idea de en su mismo trabajo comenzar a adulterar información financiera en beneficio propio, es decir, comenzó a robar.

Fueron 6 meses en que estuvo en forma maliciosa obteniendo ganancias económicas de la entidad en la cual trabajaba, hasta que en la última auditoría interna efectuada por ellos fue descubierto y denunciado a las autoridades policiales por los mismos ejecutivos de la organización bancaria, siendo arrestado y llevado a la corte.

Ya frente al estrado (esto fue momentos antes de que Lissette saliera del viejo edificio estatal) y estando en esta ocasión vestido con un sencillo traje de chaqueta y corbata Fernando fue sentenciado a 5 años de prisión por distintos tipos de fraudes económicos, entre ellos el no pago de documentos bancarios y robo, por lo que tuvo 5 minutos para despedirse de su jovial esposa antes de que lo trasladaran a los calabozos del juzgado, y de estos hasta el centro carcelario en donde tendría que cumplir la condena.

–Lo siento cariño… la situación se me fue de las manos… por favor perdóname…, -fue lo primero que pudo hablar una vez que los dos guardias carcelarios le dieron un poco de espacio para su despedida, el avergonzado marido no quería mirar a su mujer a la cara, sencillamente y en forma vergonzosa no se atrevía y le hablaba mirando solo hacia el suelo.

–Fer… Fernando… mi Fernando…!, que no te de vergüenza mirarme a los ojos… yo soy tu esposa, y por muy mal que lo estemos pasando yo no te daré la espalda ni me avergonzaré de ti… ten eso claro cariño…!, -le contestó la pelirroja Lissette en forma sincera a su marido, aunque muy sonrojada también por no tener la privacidad necesaria para hablarle, ya que tanto los guardias que custodiaban al hombre, como muchas otras personas que llenaban la sala del tribunal de justicia escuchaban las palabras que ella le decía.

–Lo la… la… mentooo…! no… no sé que mas d… de… decir…! -balbuceaba el arrepentido hombre moviendo su cara en distintas direcciones, lógicamente en aquellos momentos le costaba mucho trabajo volver a mirar a la cara a su amada y pulcra esposa, –Intente mil veces remediar la situación pero no pude… solo te pido que no me olvides… e intenta de ir a verme de vez en cuando…

–Fernando…!, -la voz de su mujer era dulce mientras le hablaba a la misma vez que posaba una de sus delicadas manos en un lado de su cara en señal de cariño y amor conyugal, –Como me dices eso…!? Claro que lo haré amor…!!, iré a verte todos los domingos y te llevaré todo lo que te haga falta… –luego las suaves y blancas manitas de Lissette en un intento de tomar las de su esposo notaron las frías esposas metálicas que él llevaba puestas en las muñecas y que se las unía con una pequeña cadena de dos eslabones.

Fue ahí cuando ambas miradas se volvieron una sola debido a la cruda realidad, el hombre y marido dejaba de ser un ciudadano decente convirtiéndose en un simple convicto, y su esposa así lo notaba. La mirada de Fernando no soportó la de su mujer por más de 5 segundos por lo que rápidamente la llevó a un lado para luego con un hilillo de voz volver a repetirle:

–Lissette… lo siento… perdóname… por favor perdóname… aunque esto suene ridículo, pero… pero yo lo único que deseaba e… era… era hacerte feliz a ti mi vida…, -le dijo con desesperación.

–Lo sé mi Fer… claro que lo sé…, -le decía Lissette también con un hilillo de voz intentando no largarse a llorar debido a la traumática experiencia, sus azules ojos estaban bañados en lagrimas. –Es por eso que tú también debes saber que yo te esperaré todo el tiempo que sea necesario… y cuando ya salgas de la cárcel retomaremos nuestra normal vida matrimonial tal como lo hicimos hasta el día de hoy…

–Me esperarás…!? De verdad que lo harás…!!??, -Fernando le preguntaba tomando sus suaves manitas con las suyas esposadas.

–Si…!, y como no lo voy a hacer…?, si tú lo has sido todo para mi… te amo tanto amor que soy capaz de esperar tu salida por 20 años si fuera necesario…

–Pero Lissette… yo… yo no estaré ahí en todo este tiempo para ayudarte…, -le decía el hombre otra vez con su cabeza gacha.

–No te preocupes cariño, recuerda que yo aun tengo la tiendita, con eso me alcanzará para vivir y traerte todo lo que necesites… soy tu esposa y mi deber es afrontar la situación hasta tu vuelta…, -fue lo último que alcanzó decir Lissette a su esposo ya que los dos hombres uniformados cuando determinaron que ya habían tenido tiempo suficiente para despedirse simplemente se lo llevaron, la entristecida hembra vio desaparecer a su marido por unas extrañas escaleras que existían al interior del tribunal, Fernando iba esposado y tomado de ambos brazos por los guardias, igual que como si este fuese un verdadero delincuente.

Una vez que salió de los tribunales de justicia la bella y joven esposa del recién condenado, (que si la evaluáramos corporalmente tendríamos que decir que ella con su soberbia corporal y a sus 24 años muy bien puestos verdaderamente estaba para homenajearla) caminó entre medio de las muchas personas que también salían del edificio.

Su hipnótico avance fue lento y cadencioso hasta que llegó a su económico automóvil, este se encontraba estacionado a tres cuadras del edificio, su mente estaba llena de pensamientos retorcidos por las faltas cometidas por su marido, faltas que ella recién se había enterado solo hace dos días atrás, estas se entremezclaban con lo que imaginaba ella de cómo sería el sombrío ambiente penitenciario en el cual Fernando su esposo debería desenvolverse dentro de los próximos 5 años.

Así fue que ya con su suerte echada y estando sentada al volante del vehículo la abandonada hembra se puso en dirección a su tienda, faltaban 4 días para que fuera domingo y ella ya deseaba ver a su marido. Esos días se le harían larguísimos.

Lissette Peruzzo González desde su juventud era una de esas chicas cuya imagen causaba sensaciones de todo tipo entre hombres: viejos, jóvenes, casados, solteros, viudos e incluso hasta a mujeres fuera donde fuera.

Era la hija mayor de un semental y enojón viejo italiano con cabellos de cobre, este era católico a morir y dueño de un pequeño restorán en donde la única especialidad solo eran los espaguetis, en el cual aparte de gritarles a todos sus empleados por todo el día, él y solo él era el jefe.

Su madre era una sumisa y obediente hembra latina de rasgos faciales armónicos, y que rondaba los 50 años de edad, había adoptado de su esposo una profunda devoción por la fe católica, y en su cuerpo se notaba a lo lejos que en sus mejores años debió de haber sido una hembra soberbia.

Pero sigamos con la hija del matrimonio antes señalado que es la parte fuerte de esta historia. Lissette era naturalmente pelirroja, y dueña además de una angelical hermosura en su rostro que ya caía casi en lo sobre natural, su esplendido porte (de 1,75 mts. Aprox.) enseñaba un vigoroso y femenino cuerpo lleno de curvas tan sensuales como diabólicas, esto producto de la mezcla ítalo-latinoamericana de cuando sus padres sin ser ellos consientes habían hecho a tan suculenta criatura, que con los años se transformaría en una hembra tremenda.

Pero a pesar de aquellas exquisitas formas y rasgos existentes tanto en su figura como en su rostro ella siempre solía tener su fino y armonioso semblante muy serio, y muy pocas veces sonreía, (extraño carácter heredado de la mezcla de sus dos progenitores) pero cuando lo hacía (reír) era capaz de volver loco de deseos insanos a cualquier hombre que estuviera cerca de ella, y así lo hizo también en los años en que conoció a su atractivo esposo.

En definitiva la joven y ahora desprotegida hembra ya casada con tan solo 24 años de edad y tal como se decía era muy bella (y ella lo sabía), pero esto no le importaba, como tampoco le otorgaba mucho interés a todo ello.

Sus pelirrojos cabellos de tendencia suavemente ondulada que caían por detrás de sus hombros eran el complemento perfecto para aquellos preciosos ojos azulados de los cuales ella era poseedora, con una respingona nariz fina y preciosa; con sus brillantes labios rojos formados bien femeninamente que hacían juego con sus cejas también pelirrojas adornando un albo y terso cutis, mitad latino, y mitad europeo, le hacían dueña de una sensualidad de lo mas enloquecedora y casi irresistible.

Sus curvas bien definidas, sobre todo en la parte central de su cuerpo incluyendo (cintura y caderas) eran una verdadera invitación a que quien la viera fuera y la agarrara firmemente para comenzar a sobajearla desde aquellas partes.

También es importante señalar que aparte de sus rojos cabellos, pestañas y cejas el resto de su rico cuerpo a plenitud carecía de vellos, era de piel completamente lisita y de la suavidad misma llevada a su máxima expresión, salvo en aquella intima y principal parte de su anatomía en la cual se concentraba su femenina y sin igual belleza, y que ya todos sabemos cuál es. Aun así, los finos vellos colorinos y rizaditos que ahí existían eran muy pocos.

Su blanca y brillante piel era tersa, suave, fibrosa y en sus formas de hembra hecha para el delicioso acto del apareamiento absoluto se pronunciaban unos senos grandes, tan turgentes como firmes y soberbios, pero no enormes ni vulgares de ningún modo, simplemente eran perfectos y el sueño de todo hombre.

Sin embargo, con todas aquellas armónicas y femeninas características corporales que poseía, ella no dejaba de ser una esposa reservada y pudorosa, tal como le habían formado sus conservadores y católicos padres.

Desde que estuvo recién casada y a pesar de su edad siempre se preocupó de vestir decorosamente con exquisitos vestidos que aunque recatados igual dejaban adivinar a quien la admirase todo lo que ella debía tener debajo de las telas de estos.

Su poderosa imagen de hembra “amazona – itálica”, además de sus cabellos rojizos, se imponía ante los ojos de la jauría masculina contradiciendo su afán de no mostrar más de lo debido, y no lo mostraba, pero con solo ver su imponente y delineada figura era la imaginación del afortunado observador la que hacía su trabajo en la mente de este.

Por otro lado y psicológicamente aquella soberbia Diosa abandonada por azares del destino era muy orgullosa, y así se notaba en su vibrante y deliciosa forma de caminar en donde tanto por dignidad como también por timidez no miraba a nadie, de la misma forma se veía además en sus delicados modales, y en su hablar.

En las oportunidades en que le tocaba desenvolverse oralmente con cualquier tipo de hombre que no fuese su marido o familiar, medía muy bien sus palabras y no se dejaba llevar por las situaciones.

En fiestas o compromisos rutinarios se comportaba en una forma de lo más prudente, responsable y precavida, sobre todo en sus actos, no le gustaba que alguien fuera a mal interpretar sus intenciones, y eran estos mismos deliciosos detalles los que más cautivaban a la machada admiradora de sus encantos.

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Volviendo a la actualidad y a aquella semana de la tragedia recientemente acaecida la venerable y solitaria esposa ya en su vida cotidiana se dedicó a atender el pequeño negocio de artículos de bazar que tiempo atrás había instalado en unos locales cercanos a su casa, su tristeza era enorme.

Lógicamente la noticia del encarcelamiento de su esposo corrió rápidamente por el barrio, por lo que la gran mayoría de la clientela se dejaba caer en su negocio solamente para indagar en el estado que debía estar la mujer, sobre todo las típicas viejas envidiosas y mal habladas, que haciéndose las simpáticas intentaban sonsacarle información para ellas poder tener tema de conversación en sus tardes de té y de ocio. Pero la exquisita pelirroja siempre digna y orgullosa las atendía con la misma seriedad que era característica en ella, y no diciéndoles más de lo necesario, como tampoco entregándoles detalles.

Claro que a pesar de la guerra interna que mantenía en su mente y de los continuos ataques de su familia que la incitaban a que se olvidara de Fernando y comenzara una nueva vida sola, ella prefirió hacer lo que creía era lo correcto, ella estaba enamoradamente casada, y su marido sea como fuese la situación, siempre sería su marido, su deber era estar con él había decidido, así que sin contar con la aprobación de su familia la hembra ya se aprontaba al primer día de visita al centro carcelario.

La colorina Lissette aquel día domingo llevaba puesto un vestido color crema, este era sin mangas, ni muy suelto ni muy ajustado, aun así le dibujaba a la perfección las líneas de su cintura y de donde empezaban sus caderas, además de llegarle hasta un poco más abajo de la parte media de sus blancos y muy bien torneados muslos enfundados en medias de color natural, el dichoso y primaveral vestido no era muy escotado, ya que en su naturaleza no estaba eso de ir por ahí mostrando más de lo debido.

Al llegar a la cárcel la joven y llamativa dueña de casa tuvo que hacer una larga fila a los pies de los altos murallones para poder entrar a esta en calidad de visita, percatándose que la gran cantidad de personas que la antecedían casi todas eran mujeres, muy pocas eran jóvenes o de la edad de ella, ya que la gran mayoría eran señoras de más de 50 años que llegaban cargadas con bolsas con comida y ropa limpia, obviamente eran las madres que visitaban a ver a sus hijos presos, según caía en cuenta.

Cuando por fin pudo ingresar al interior del grisáceo recinto penal y tras cruzar por lo menos tres resguardadas rejas altas y gruesas, (y ni mencionar de lo humillante que fue someterse al registro corporal que en todos los recintos penales les hacen a las visitas y que por respeto al pudor no mocionaré por ahora) al ir caminando ya a las dependencias en donde se desarrollaba la visita, la bella Lissette ahora con algo de miedo y asco se percataba en lo muy bajo que había caído su marido, todo aquello era de otro mundo, de otra cultura, vio que aparte de la infra humana forma en que le habían revisado ciertas partes de su cuerpo todo al interior de la cárcel era de lo mas ordinario y repulsivo, ya que el hedor a humanidad desaseada se percibía en el mismo aire interior de la cárcel impregnándolo todo.

Mientras caminaba inconscientemente en forma sensual y cadenciosa por el húmedo suelo de cemento, sentía en su propio cuerpo como cientos de rabiosas miradas se le clavaban en sus armoniosas curvas de una forma de lo más extraña, notando casi al instante que los hombres que la miraban descaradamente estaban todos encerrados en unas especies de galerías abarrotadas, estos se aferraban con sus dos manos a los gruesos fierros que los privaban de libertad con el único objetivo de poder observar a plenitud a la hilera de mujeres que iban caminando en dirección al pabellón de visitas que aquel día les correspondía a los “pollos”, como ellos les llamaban a los reos primerizos, pero cuando sus enrojecidos ojos daban con la altiva imagen de aquella celestial criatura de cabellos rojizos y labios sensuales no les quedaba más remedio que mirarla embobados y con la lujuria contenida de los muchos años de presidio corriéndoles por las venas y haciéndoles pulsar sus vergas.

La visita se desarrollaba al interior de un gran galpón que parecía ser el gimnasio del recinto penitenciario, y una vez que la reservada pelirroja por fin pudo llegar hasta donde estaba su marido, lo vio sentado en unas desvencijadas bancas de maderas, este vestía ropas sencillas, pero seguía tan apuesto de cómo era cuando recién lo había conocido.

–Me alegro tanto de verte bien Fer…, -le dijo cariñosamente Lissette a su marido cuando ya estuvo sentada a un lado de él, esto se lo decía pasando una de sus delicadas manitas por su cara (la de él).

–Si, estoy bien cariño… y tu como has estado…?, cómo va la tienda?

–No te preocupes por mi amor, yo estoy bien, y las ventas se mantienen normal en la tiendita, pero háblame de ti, como lo has pasado en esta primera semana…?

–Bueno… el ambiente aquí es algo tosco y hostil, pero lo he podido sobre llevar… he estado intentando conseguir un trabajo en la lavandería, lo que menos quiero aquí es hacer amistades con estos tipos… son unos salvajes…

–Fernando y porque este sitio está separado con esas mallas de alambre, acaso esos presos que también reciben visitas son más peligrosos?

Y claro, la mujer hacía la pregunta ya que el recinto en donde se desarrollaba el día de visitas estaba dividido por un gran alambrado, lo que había llamado la atención de aquella hembra no acostumbrada a ese tipo de recintos.

–No, no es eso, es solo que los reclusos que están de al otro lado llevan un poco más de tiempo que los que estamos de este lado por lo tanto tienen el beneficio de visita conyugal.

–Visita conyugal?, y que tipo de visita es esa?

–Ellos esperan a sus esposas y arman una especie de cuarto en donde pueden intimar con ellas…

–No me digas, es decir… tienen sexo aquí en la cárcel?

–Así es…

En eso los azules ojos de Lissette se posaron en las famosas e improvisadas habitaciones en donde se ejercía la visita conyugal, algunas de estas se ubicaban a solo metros de donde estaban ubicados ellos, solo separados por el escueto alambrado, percatándose la pelirroja que estas no era más que un cuadrado hecho de frazadas rotosas o cualquier tipo de elemento que ayudara para tal efecto.

Pero Fernando ajeno a lo que veía Lissette y a pesar de saber que los demás reclusos que estaban en su mismo lado del alambrado y acompañados de sus familiares quienes los visitaban, aun así creía sentir muchas miradas de ellos puestas en el atractivo cuerpo de su esposa.

El ahora celoso marido con solo admirar de lo hermosa que era y de lo perfecta que se veía con aquel exquisito vestido color crema que mostraba un poco más arriba de sus blancas rodillas, y con el aderezo de sus delineados brazos y brillantes hombros al desnudo, caía en cuenta el hombre que su mujer no era parte de aquel delictivo ambiente al cual él la había arrastrado. Luego de pensarlo por varios minutos sin prestar atención de las cosas que le hablaba su esposa en cuanto a las novedades tanto familiares como de su negocio, no le quedó más remedio que interrumpirla y decirle:

–Lissette… escúchame cariño…

–Dime amor…, -le contestó algo extrañada la atractiva esposa a su marido.

–No quiero… no quiero… que… que te vayas a sentir mal por lo que te voy a pedir, pero… pero necesito que lo hagas…, -Fernando ahora miraba hacia el suelo, de verdad que le costaba abordar el tema de lo que había estado pensando recientemente con respecto a su mujer.

–Solo dímelo mi vida…, -la hembrita ahora caía en cuenta que con tan solo una semana de vida carcelaria, la característica personalidad alegre de su marido ahora era reemplazada por una dubitativa y algo temerosa, o al menos así lo notaba ella.

–C… cu… cuando vengas a verme aquí a la cárcel… p… pon… ponte otro tipo de ropa…, -el abochornado hombre que en otros tiempos le encantaba que los demás vieran el portento de esposa que él se gastaba, ahora, al contrario de ello no quería que nadie se la mirara, y menos todos esos tipejos que él al ser hombre como ellos sabía que se la estaban devorando con solo mirarla, ni que decir de cómo se sentía al ver desde su posición como muchos de ellos con sonrisas aborrecibles se comentaban cosas al parecer de él y de su esposa ya que no les quitaban la vista de encima mientras murmuraban entre ellos.

–Queeee…!?, -Lissette se quedó estupefacta con la solicitud de su marido, o sea, lo que menos se esperó en ese momento fue que Fernando pensara de que ella se andaba exhibiendo en una cárcel llena de hombres delincuentes.

–Lo que escuchas Lisse… (Lisse, así le decía Fernando a su esposa cuando hablaban en confianza) –Yo… yo sé que no es tu culpa… es solo que…

–Y culpa de que voy a tener…!? si yo no he hecho nada…!, -le cortó ella al instante.

–Baja la voz cariño y solo fíjate… si todos te están mirando…, debes… debes venir a verme con otro tipo de ropa, no se algo mas recatado…

–Y que hay con mi ropa…?, si este vestido no tiene nada de malo…, -ahora Lissette le hablaba en voz baja a su marido, su molestia era de que el pensara que ella andaba vestida como una mujer suelta, ella no era así y nunca lo iba a ser tampoco.

–Por Dios Lisse… estamos en una cárcel…

–Si, en eso tienes razón, estamos en una cárcel… pero no es por mi causa…, -le dijo la exquisita colorina con su semblante serio y mirándolo con sus penetrantes ojos azules.

Fernando gesticulaba sin saber que decir, esta era la primera vez que el discutía con su joven esposa por algo similar, y la verdad era que como ella andaba vestida no tenía nada de malo, pero también sabía de lo muy buena que estaba ella, y que a esas horas al interior de la cárcel la gran mayoría de las mujeres que habían concurrido a la visita dominical casi todas eran señoras mayores, y a su mujer ya la estaban mirando más de lo debido, y claro, el no era quien para decirle como vestir ni mucho menos cuestionarla. Así que asumiendo su responsabilidad en todo ello se dio a contestarle:

–Si… lo sé… to… todo es… esto es… es… por mi culpaaa…!, -un profundo pesar se notaba en su hablar.

Lissette al instante cayó en cuenta que se había excedido en su respuesta, ya que efectivamente su marido estaba en toda la razón, desde que ella había ingresado a la cárcel también había sentido esas cientos de miradas puestas en su persona, y más que en su persona estas habían sido en su mismo cuerpo, además de desconocer que otro tipo de privaciones pudo haber tenido Fernando en toda esa semana, si bien se veía saludable, notaba en su semblante los primeros cambios que el presidio marcaría en este.

–Ohhh… amor discúlpame… discúlpame… no quise decirlo… soy una tonta, una desconsiderada, y ya no te preocupes, el próximo domingo vendré con otro tipo de r… ro… ropaaa, -fue lo primero que le contestó una vez de recapacitar en lo anterior, su voz era entrecortada al caer en cuenta de la gran diferencia que había en su vestir con respecto a las demás mujeres que visitaban el recinto carcelario. Junto con ello las diversas miradas masculinas clavadas en ella la llevaron a juntar sus piernas lo máximo posible, junto con nerviosamente intentar bajarse aun más la falda de su vestido con sus dos manitas.

–Solo… solo ven un poco mas tapada, es lo único que te pido…, -le volvió a decir Fernando a su mujer viendo que ella ahora parecía entender porque se lo pedía.

–Ya no te agobies Fer… tienes razón, el próximo domingo vendré mas tapada… -Y claro, la pelirroja quien volvía a notar las clavadas miradas masculinas en su cuerpo, entendió en el acto lo que podría estar sintiendo su marido en aquellos momentos.

Desde al frente de ellos los delincuentes Octavio del Toro aleas el Toro, su compinche el Gitano y otros tres de sus secuaces se deleitaban mirando las blancas piernas de Lissette que al estar ella sentada en una tosca banca de palo con una pierna puesta sobre la otra les regalaba una visión privilegiada de sus femeninas carnes, sin saber ellos que la pareja acababa de discutir por algo más o menos parecido.

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(Minutos antes en el momento en que la pelirroja Lissette hacía ingreso a la cárcel por el pasillo de cemento)

–Vergas…! vergass…!! vergasss…!!! Oye Gitano hijo de la gran chingada que te parió… acércate y miraaa…!!!, quien es esa puta tetona que va en la fila de mujeres…?, nunca la he visto antes… si mira nada mas… que potente está la desgraciada…!!!, -el sorprendido y feroz convicto que rondaba los 55 años había tenido que dejar de hacer ejercicios dejando las pesas a un lado y ponerse de pie cuando sus ardientes y malévolos ojos delincuenciales dieron con el espectacular cuerpo de una hembra de cabellos rojizos en la fila de visitas que a esa hora ingresaba a la cárcel.

Por otro lado el aludido y camarada de cautiverio del primero y que era conocido al interior de la cárcel como el Gitano era un hombre alto, delgado, calvo, de nariz ganchuda y llevaba puesto un aro de argolla en la oreja izquierda. Por vestimenta llevaba puesto unos pantalones de mezclilla desgastados por el uso diario, y una vieja camiseta con los colores y el logo deportivo de su club favorito, este mismo como delincuente era feroz, por algo ya se había despachado por encargo, o por solicitud de su jefe a una no menor cantidad de reclusos al interior del penal, algunos habían sido tan bravos y duros de morir como el mismo.

–Cual…?, -preguntó este ultimo a la vez que iba acercándose a la reja desde donde le hablaba su amigo presidiario después de guardar en su espalda el cuchillo hechizo al cual había estado sacándole filo, ahora ambos reclusos la miraban con sus manos agarradas a los gruesos y oxidados barrotes.

–Esa de pelo rojo…, -le contestó el otro mientras que con sus ojos ardiendo de insanos deseos sexuales se daba a devorársela mientras ella avanzaba con su serio semblante de mujer fiel mirando solamente hacia el suelo del pasillo por donde caminaba.

–Ohhhhhh… tiene cara de perra calienteeee…!!!, -bufó el gitano cuando su ratonil mirada dio con el cuerpazo de Lissette, –Es piernuda y se ve bien yegua para sus cosas… debe culear como solo lo hacen las putas profesionales,

–Si solo mira nada más… que caderotas…!!!, -continuaba diciendo el viejo y feroz delincuente apodado el Toro (tanto por su apellido como por su aspecto), –Que piernas…!!!, se nota que debe estar apretadita porque casi no las separa una de otra para caminar…, y que bien menea ese culo la muy zorraaa…!!!. –El moreno recluso con cara y mirada taurina la miraba y bufaba sus groserías con sus oscuros ojos de pupilas ya enrojecidas a causa de ese fantástico descubrimiento, y con sus dos peludas manazas traspiradas aferradas a los barrotes que lo separaban de la fila de mujeres.

–Guaoooo…!!!, si que esta buena la ramera esa…, -opinaba otra vez el gitano dándole la razón a su jefe, –ps… no lo sé mi Toro amigo…! primera vez que veo a esa putaaa…! debe ser de las nuevas…, -los ratoniles ojillos del gitano ya se la devoraban mientras ella avanzaba en la fila, estos se hacían cada vez más chicos de lo que ya eran al ir siguiendo y mirando a la beldad pelirroja que por primera vez pisaba el mundo carcelario.

–Vaya meneo de culo que nos está regalando esa yeguaaa…!!! Me gusta como le vibran sus nalgotas y las tetas al caminar, -opinaba el Toro sin quitar se su aborrecida mirada del cuerpo de Lissette, -se me hace que esa vieja está apretada entera, y que no se la culean como verdaderamente se lo mereceeee… si mira nada mas…!!!, -repetía una y otra vez el bestial delincuente Octavio del Toro.

–Uffff…!!!, y mírale las grandotas tetas que se gasta la muy putaaa… ni se le mueven mientras camina… yo creo que debe tenerlas llenas de lecheee…!!!

–Esta requetebién la muy condenada, -decía el viejo Octavio al mismo tiempo que pensaba rascándose sus tiesos pelos canosos de la barba sin afeitar por lo menos de hace una semana, –Ya hasta me imagino cómo debe tener el coño con sus pelos rojos que le deben crecer ahí… pero no sé… tiene algo raro esa puta… no sé…, -cavilaba y se rascaba mientras ya la veía entrar a las dependencias carcelarias en donde se desarrollaría la visita de los reos primerizos.

–Es solo un par de nalgotas y un par de tetas bien puestas mi Toro… de pronto es una de las putas que vienen a trabajar los domingos… que te parece si la vamos a buscar para pegarle y después la violamos detrás de los depósitos de basura que existen en la salida trasera del gimnasio… si ya hasta se me paró la tranca con tan solo verla caminar, imagínate si la tuviéramos encuerada y tirada en el suelo lista para culearla…

–Noooo…! Esa hembra definitivamente no es puta…, -resolvía acertadamente el viejo Toro mientras seguía mirando fijamente hacia los portones en que se había perdido la pelirroja, –Llegó a primera hora de la visita… las putas se levantan mas tarde y llegan a mitad del día y medias borrachas, además que esta tiene otro aire…, -el viejo recluso seguía meditando en voz alta, –esta es una zorra de esas que se bañan todos los días… si hasta me imaginé y creí sentir el aromático olor a jabón que debe desprender de ese rico cuerpo que se gasta cuando iba pasando… Jejeje… No…! definitivamente esa exquisita perra no es una puta…, -mientras decía esto último el viejo delincuente también al igual que su amigo el gitano se acomodaba la verga en sus pantalones de mezclilla, obviamente a él también se le había estado parando debido a las hirvientes y lujuriosas sensaciones que aquella esplendida hembra había despertado en su masculinidad, sobre todo con esa femenina forma de caminar de sus piernas que el hombrón imaginaba que le sería muy difícil abrírselas cuando el ya estuviera a punto de cogérsela.

–La vamos a violar…!?, -le preguntó el gitano en forma ansiosa, este ahora miraba ratonilmente a su jefe, la pelirroja esa también a él lo había dejado más que caliente.

–No…!, -le contestó el Toro enérgicamente, –Creo que esta vez no Gitano hijo de puta… ese tipo de hembra no es de este lugar… esa hembra es una señora casada… le vi la sortija que llevaba puesta en el dedo de su manita… Jejeje…

–Ahhh ya veo… la puta esa debe ser esposa de uno de los pollos que llegaron esta semana…, -el gitano aun se sobaba la verga por sobre su pantalón mientras hablaba con su compinche de la hembra de ensueño que habían descubierto aquella dominical mañana de visita carcelaria.

Una sonrisa tan malévola como morbosa se dibujó en el moreno rostro tajeado del Toro quien era el corpulento jefe de los maleantes más temidos del recinto penitenciario. Su aspecto era temiblemente horroroso, a tal punto que si cualquier persona se lo encontraba a media noche parado en una esquina o saliendo de algún callejón con cuchilla o pistola en mano, lo más seguro era que hasta se mearía de miedo con solo ver a ese musculoso y ancho mastodonte de facciones toscas y horrorosas.

Octavio del Toro, o el Toro, como era conocido en el mundo del hampa, era un temible delincuente que entre sus fechorías estaban diversos tipos de homicidios por ajustes de cuentas, atraco y asalto a mano armada, demás está decir que su fría mirada taurina era carente de cualquier tipo de sentimientos.

–Quiero saber el nombre del pollo a quien visita esa zorra…!!, -bufó finalmente el Toro impartiendo sus ordenes al Gitano y a otros convictos que conformaban su temible y poderosa banda al interior de la cárcel, –también el motivo del porque está preso, y a quien conoce aquí en la cana… envíate a unos perros y quiero toda la información para esta misma tarde…, -demandaba el jefe en forma eufórica a su personal de confianza.

–Tranquilo Toro… que así se hará… Oye y para cuando nos la vamos a violar…?, ya quiero sentir esa rosada legua tibiecita lamiéndome las pelotas cuando este llorando de pavor antes de que la violemos, jijiji…

–Ya te dije que no le harán nada saco de bolas…!, -el Toro le dijo esto último al gitano con mirada asesina, –Esa mujer está destinada solamente para mí y para mi hedionda y gruesa verga privada de libertad…!! Jajajajaaa…!!, así que por ahora solo confórmate con darle por el culo al mariconcito ese que te regalé la semana pasada…

El gitano quien también reía ponía atención en los enrojecidos ojos de su jefe, en ellos ya se veía aquel característico brillo de ferocidad que en estos imperaban cuando Octavio del Toro realmente deseaba conseguir algo no importándole el costo.

–Está bien… está bien, -le contestó el gitano tras advertir lo anterior, –Si tu lo dices, así es entonces… si aquí eres tu el que manda…, -este hasta hubiese matado por cogerse a tan suculenta y rica pelirroja, pero sabía y conocía los códigos carcelarios, el líder ya había decidido y así debía ser, además que sabía muy bien en que terminaría él o cualquiera si desobedecían la orden.

–Vale gitanillo… ahora iremos al pabellón de visitas que quiero verla de más cerca…

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Y así fueron pasando las semanas hasta que Fernando completó un mes entero de presidio. La bella colorina siguió yendo a visitar a su marido en forma estricta los días domingos en donde era sigilosamente observada y vigilada en todo momento por el mismo don Octavio del Toro junto a sus secuaces.

La infartante hembra ahora ponía especial cuidado en su forma de vestir, lo hacía con los mismos exquisitos vestidos que ella usaba siempre, claro que escogía los menos escotados y procurando siempre que estos no fueran tan cortos, dos dedos sobre la rodilla y nada más, además de siempre usar cualquier tipo de chaleco de hilo o similar que le tapara sus hombros y simulara las formas de sus senos, esto como bien ya sabemos por exclusiva solicitud de su marido.

En tanto todo esto ocurría, en una de aquellas visitas el matrimonio en cuestión se enfrascaba en una muy especial conversación:

–Lo siento amor, pero lo he estado pensado y necesito más tiempo para ver si realmente puedo hacer eso que tu quieres que hagamos aquí al interior de la cárcel…

–Pero comooo…?, Lisse… si somos marido y mujer que hay de malo en ello…? si aquí muchos reos lo hacen con sus esposas.

–Pero este es el mundo de ellos por Dios…!, cariño… nosotros somos diferentes…!. –le decía la colorina Lissette a su marido, –Fernando escúchame bien… yo… yo te amo con todo mi corazón y… y haría cualquier cosa por ti… pero esto que me pides para mí es muy difícil… además… además…

–Además qué?, -le consultó el ansioso marido a su mujer. En las facciones de su cara también se notaba que Fernando estaba algo molesto por la porfiada actitud de Lissette.

–He escuchado en la fila de las visitas, que muchas mujeres que lo hacen en esos cubículos no son precisamente las esposas de los presos, sino que son p… pros… prostitutas… -La tímida colorina estaba muy sonrojada al estar pronunciando aquella infame palabra que en su vida había articulado muy… pero muy pocas veces.

–Pero y eso que tiene que ver…?, tu eres mi esposa Lisse y tu deber es…

–Yo sé cuál es mi deber como esposa…!!, -le cortó la nerviosa y alterada hembra, –pero yo no me voy a rebajar a tener sexo tirada en el suelo al interior de esos cubículos hechos de frazadas rotosas…

Fernando seguía atacando para poder convencerla:

–Lisse… solo ha pasado un mes desde que estoy aquí, acaso ya hay otro…!?

Ante las negativas de su esposa de querer solicitar el beneficio de visita conyugal, es decir, mantener relaciones sexuales al interior del recinto carcelario, el recluido marido en su desesperación ya creía que su mujer podría haber encontrado un reemplazante ante su ausencia en el exterior.

–Nooo…!, le cortó Lissette enérgicamente, –Como se te ocurre decirme semejante barbaridad…!? Es solo… es solo…, -la pelirroja no encontraba las palabras necesarias para hablar del espinudo tema con su esposo, hasta que finalmente le dijo sus reales motivos, –Hay amor… es que la verdad… la verdad es que no me atrevo a hacerlo…, -le dijo por fin.

Y era cierto, ella no se veía desnuda adentro de uno de esos cuadrados hechos de carcomidas frazadas teniendo sexo en el suelo de cemento por la sencilla razón de que ella siempre le había cumplido a su marido con los deberes íntimos que toda esposa debe tener en un relación marital, pero en el fondo ella siempre había sido una mujer tímida, el sexo para Lissette no era importante, pensaba que lo verdaderamente primordial en una relación matrimonial eran los sentimientos y la comprensión, para ella el sexo solo era el sexo, ella amaba a su marido, y no veía la necesidad de tener que cumplir con las famosas visitas conyugales que se desarrollaban al interior del penal los días de visitas y al otro lado del gimnasio para demostrarle su amor incondicional, además que la gran parte de las mujeres que concurrían a ese tipo de visitas solo eran prostitutas, no había que ser muy inteligente para darse cuenta que la mayoría de las esposas ya habían abandonado a esos pobres hombres encarcelados, y Lissette también ya era consciente de ello, pero ella se había juramentado que en su caso eso no sucedería, ella iba a estar con su esposo hasta el final pasara lo que pasara, pero eso que él ahora le exigía sí que le costaba.

–Lissette… entiéndeme, yo solo deseo estar contigo… necesito que hagamos el amor mi vida, mis días aquí son eternos, en las noches ya casi no duermo debido al infierno que se vive en celdas contiguas a la mía…

La sensual mujer intentaba acercarse a su esposo para abrazarlo, acariciarlo y hacerle ver de que ella estaba con él y que nunca lo dejaría, que lo iba a esperar hasta que saliera en libertad, pero este se mostraba a la defensiva y se separaba de ella, el tosco e infame ambiente carcelario poco a poco lo iban consumiendo, además que Fernando se sabía observado por los demás reclusos, o más bien dicho de cómo observaban a su esposa, ya que ella a pesar de intentar ir lo mas tapada posible su potente figura de hembra verdadera igual dejaba notar aquellas enloquecedoras formas de sus encantos femeninos, sumándole a todo esto que su bello y serio rostro de mujer pulcra y fiel con su marido ya era paja segura para la gran mayoría de los presos que lograban verla en los horarios que duraba la visita, y para los que eran más arriesgados ya existía prohibición absoluta de acercarse más de lo debido a ella.

Pero fue cuando la atractiva Lissette intentaba acercarse a su marido al haber notado que este se mostraba a la defensiva con ella, sus azules ojos dieron otra vez con aquel grupo de convictos que ya desde hace un par de visitas siempre veía en los momentos que ella recién ingresaba a la cárcel.

Lo más raro de todo era que a estos no los visitaba nadie, había meditado en algún momento la pelirroja, pero ellos siempre se ubicaban algo cerca de donde ella se instalaba con Fernando, notó además que dentro de aquel grupo era el más gordo y corpulento de todos quien más la miraba, era un tipo horrible se decía Lissette quien también se percataba que los asquerosos rasgos faciales de aquel delincuente eran muy parecidos a los de un feroz animal, calculó que por sus toscas facciones y su enmarañado pelo plomizo este debería rondar en edad entre los 50 y 60 años de edad, además de verle una notoria y aterradora cicatriz surcando su mofletuda cara morena y carcelaria, la llamativa marca de cuchilla le surcaba el rostro desde el mismo lado de su ojo derecho hasta la barbilla.

–F… Fer… Fernando…, -dijo de pronto la colorina Lissette a su esposo después de hacer sus apreciaciones y mirando de soslayo al grupo de maleantes con algo de temor, –Quien es ese hombre grande, gordo y moreno que nos mira desde lejos?, en las dos últimas visitas he notado que desde que llego a visitarte no nos despega la vista de encima.

–Que… que dices… cual hombre?

–El de aquel grupo, el que tiene esa fea cicatriz en su cara…

–Ahhh… claro que lo conozco, aquí le dicen Toro…, -le contestó riendo el marido a su mujer una vez que levantó su vista para ver a quien de todos los reclusos se refería ella.

–Toro…?, así se llama?, -le consultó Lissette sintiéndose intimidada por la aborrecible sonrisa en que la miraba el mas asqueroso de los delincuentes ahí reunidos.

–No, jaja… solo le dicen así, algunos también lo llaman señor Toro debido al respeto que sienten por él, pero su nombre real es Octavio… Octavio del Toro, y bueno ya te habrás dado cuenta porque le dicen Toro verdad…

–Es… es… asqueroso… y si, su cuello es realmente grueso… tiene aspecto taurino… es como ver un hombre con aspecto de animal… –Y me decías que lo conoces…!?, -ahora en el dulce tono de voz de Lissette se notaba la preocupación con la cual le hablaba, –Tiene… tiene cara de ser un verdadero maleante… y esa cicatriz en su cara es horrorosa…!!, y como es que lo conoces…!?, -le consultó otra vez Lissette algo asustada.

–Él ha sido bien buena gente conmigo… lo conocí hace como tres semanas, y me consiguió una celda más grande de la que me habían dado, y habló también con los guardias para que me trajeran un pequeño televisor…

–Y porque hace todo eso!?, cuando yo misma quise ingresar una radio para que escucharas un poco de música no me lo permitieron.

–Mmmm… parece que le caí bien…, como ya te dije… él ha sido muy buena gente conmigo y tiene muchas influencias aquí adentro, si hasta creo que los demás reclusos me tratan bien por el solo hecho de ser amigo de él, así que no te dejes llevar por las apariencias amor, don Octavio, o el Toro como aquí le dicen es una muy buena persona.

–No, definitivamente no me gusta la forma en que nos mira… y menos como se ríe con los demás hombres que están junto con el…, -le decía la nerviosa hembraza a su marido quien continuaba observando de reojo al grupo de delincuentes que la miraban mas a ella que a él.

–Amor… no lo juzgues a la rápida, él realmente es un buen tipo…, -le insistía el inocente Fernando a Lissette.

–Fernando escúchame… ese hombre con cara de bestia es un delincuente, y no quiero que te sigas involucrando con él… me lo prometes…!?, -un sexto sentido le indicaba a la joven esposa que nada bueno le traería a su esposo el tener amistad con aquel repulsivo criminal que no dejaba de mirarla.

–Pero porqueee…!? Porque me dices todo eso…?

–No lo sé… es solo que no me da buena impresión… y yo casi nunca me equivoco… prométeme que lo evitaras…!! –Y los demás hombres que lo acompañan quiénes son?

–Son sus amigos, pero a ellos yo no los conozco… yo solo conozco a Toro, el va todas las tardes a fumar un cigarrillo conmigo y para ver si es que necesito algo…

–Y mas encima ya hasta fumas con el…?, -ahora sí que Lissette estaba realmente preocupada, a todas luces Fernando su marido ya se comenzaba a involucrar con toda esa lacra humana.

–Y que tiene de malo…? E… ellos son mis compañeros… y Toro ya es amigo mío…

–Ay Fer… ese hombre sí que da miedo, prométeme que lo evitarás desde ahora en adelante, además que el no es tu amigo… -Lissette mantenía tomadas la manos de de su marido con las de ella mientras le rogaba que dejara de verse con aquel delincuente.

–Si solo tú me prometieras que vas a tener una visita cony… -RINGGGGGGGG…!!!!!

El fuerte y estruendoso sonido del timbre del recinto penal no dejó terminar de decir lo que Fernando otra vez le pediría a su esposa, este les daba aviso que la visita se acababa por ese día, el matrimonio se despidió con un ligero beso en los labios.

Las 7 miradas del grupo de maleantes siguieron la portentosa figura de Lissette desde que se paró de la banca después de despedirse de su esposo, la vieron avanzar y cruzar el gimnasio hasta su salida, iba moviendo muy femeninamente y en forma natural todas sus formas, siempre con su mirada de mujer fiel puesta en cualquier punto de aquel inmenso gimnasio carcelario menos en ellos, otra vez vestía uno de sus exquisitos vestidos de hembra recatada, hasta que por fin desparecía de sus vistas.

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En una de las tardes siguientes de aquel episodio la joven y suculenta pelirroja estando en su casa y vestida cómodamente con una transparente y ligera camisola de dormir de esas que son algo cortitas y que le tapaba solamente hasta un poquito más arriba de la mitad de sus brillosos muslos, pensaba en su marido mientras tomaba café semi recostada y con sus piernas dobladas en el sofá de su salita de estar. Sus rojizos cabellos los tenía sueltos y algo alborotados dándole un pequeño aire lujurioso. Quien viera en esas condiciones a semejante pedazo de hembra que en esos momentos mantenía sus soberanas piernotas bien cerraditas una sobre la otra y flexionadas en señal de estar totalmente relajada, nadie nunca se imaginaría que ella era muy mala para la cama, o sea, mala para coger, aburrida, aunque con su excelsa figura y con la sensualidad que transmitía esta a quien la viese contrastaba en un 100% a como era ella realmente en asuntos carnales.

Sin embargo a lo anterior la hembra solo se daba a meditar en esta última visita ya que creía haber encontrado a su esposo más delgado y algo ojeroso, incluso al salir de la cárcel lo hizo con un poco de preocupación, el horrendo amigo de Fernando apodado el Toro no le daba buena espina, y menos al percatarse de la extraña forma en que este la miraba desde que ella llegaba a visitarlo.

Pero en lo que más pensaba la bella Lissette era en eso que le había pedido Fernando. El sexo nunca fue lo de ella, por lo mismo no se imaginaba manteniendo relaciones sexuales al interior de una cárcel, por mucho que ellos fueran matrimonio, y menos en esos destartalados cubículos hechos de frazadas gastadas en donde las parejas debían hacerlo a contra reloj y recostados en el suelo, sobre cartones o en unas delgadas colchonetas según había visto cuando en una de sus tempranas visitas logró ver a otros reclusos preparar sus niditos de amor antes de que llegaran las mujeres con quienes se aparearían.

Daba gracias a Dios que por ahora nada de eso le iba a ocurrir, ya que sabía que por muchas que fueran las ganas que su esposo tuviera de hacer el amor con ella él nunca la obligaría, meditaba.

No obstante a esto y muy lejos de la casa de Lissette, al interior de la cárcel, Fernando vivía otra situación muy distinta a las evocaciones de su esposa. El desalmado delincuente apodado el Toro había asistido a su celda tal como lo hacía todas las tardes, aquella singular conversación ya había comenzado con Fernando otra vez agradeciéndole las atenciones que este le brindaba desde su llegada al grisáceo recinto penal:

–Don Octavio, como ya le he dicho en otras ocasiones…!, no sabe lo agradecido que estoy por todos los favores que me ha hecho desde que llegué a esta cárcel, -Fernando a pesar de la simpatía que le tenía al tosco presidario no dejaba de dirigirse a él con cierto tono de respeto en su voz, al ya haber escuchado miles de historias de sus fechorías y la cantidad de reclusos que este se había despachado con sus propias manos al interior del penal.

–Jejejeeee… no te preocupes Fernandito, y mira que eres atinado en la conversación, justito de eso te quería hablar esta tarde…, -el recluso le extendía una cajetilla de cigarros para que fumaran mientras conversaban.

–Pues dígame señor en que le podría yo ayudar a Usted…, -ahora era Fernando quien junto con decir lo ultimo le encendía el cigarrillo al delincuente para después encender el propio.

–Tranquilo mi rey… antes te haré un par de preguntas que quiero que me contestes, y luego te diré que es lo que realmente deseo de ti…

–Le escucho…, -Fernando estaba realmente intrigado con lo que le decía su amigo presidiario, preguntándose de que cosa podría tener él que a Toro le sirviera, si él no tenía nada.

–Desde que tu llegaste aquí… te ha faltado algo?, -le consultó el Toro con su moreno y tosco rostro, a la misma vez que exhalaba el humo del cigarro por la boca y la nariz al mismo tiempo.

–Pues no…!, creo que no…

–Ok… Ok…, tú sabes que has contado con mi protección todo este tiempo verdad…?

–Lo sé… claro que lo sé… y como le decía el otro día, le estoy muy agrad…

–No me agradezcas…, -le cortó el delincuente ahora en forma seca, –Ha llegado el momento en que tienes que pagarme…, -la actitud y mirada del maleante dio un giro de 180°, y su interlocutor lo notó al instante.

–Queeee…!?, -Fernando aun no asimilaba lo que le estaba diciendo su amigo, lo que menos tenía él en esos momentos era dinero, ya que eso fue lo primero que se le vino a la cabeza después que don Octavio del Toro le dijera que debía pagarle, además de pensar rápidamente que lo poco que ganaba Lissette en la tiendita era para pagar el dividendo de la casa, mantenerse a sí misma y para poder llevarle a él lo que necesitase.

–Que me pagarás pendejo…!!!, -continuo vociferándole el Toro al ahora algo asustado Fernando, –Estamos en la cana por si no te has dado cuenta, y aquí nada es gratis, todo se pagaaa…!!!, -le dijo fulminándolo con su fría mirada y pegándole una feroz chupada al cigarrillo en donde se lo consumió casi hasta la mitad de este.

–Pero… pero… y como le voy a pagar si yo no tengo nada, Usted sabe que…

–Si tienes como pagarme idiota, es solo que con lo pendejo que eres no te has dado cuenta…, -ahora el viejo Octavio caminaba amenazantemente hacia donde estaba Fernando, este mismo retrocedió hasta quedar atracado contra el muro de la celda, el Toro junto con poner su gran puño contra el muro y justo al lado de la cara del asustado primerizo le soltó lo que realmente pretendía, –Hay algo que tú tienes y que yo quiero que sea mío… estarías dispuesto a dármelo a cambio de mi protección y amistad?

–Bueno en ese caso… solo dígame y veré que es lo que puedo hacer…

–Claro que lo podrás hacer zopenco afeminado, además que así nos evitaríamos muchos problemas…

–Entonces dígalo de una buena vez…!, -Fernando rápidamente y junto con decirle lo último se salió desde la posición en que el delincuente lo tenía arrinconado con claras intenciones de buscar la salida de la celda, pero el Gitano con otros tres convictos estaban en la puerta de esta cuidando que nadie se acercara a ella mientras se llevaba a cabo el acuerdo.

El viejo y feroz presidiario otra vez tenía arrinconado al asustado Fernando en otra de las esquinas de la celda, ahora le soltó crudamente sus calientes pretensiones.

–Quiero culearme a tu esposa…!! Y tú me ayudaraásssss…!!!, -le soltó mirándolo en forma asesina y directo a los ojos.

–Queeeeeeeee…!!??, -Fernando no daba crédito a lo que le solicitaba su supuesto amigo.

–Lo que escuchas “amigo” Fer, la perra que tienes por mujer está realmente buena y ya me la quiero trabar, o sea, deseo meterle la verga hasta el fondo y correrme dentro de ella, lo entiendes ahora?

Luego de 5 segundos en que demoró la mente de Fernando en digerir la tremenda estupidez que le estaban solicitando, se dio a solo balbucear aun no creyendo lo que escuchaba.

–No… no… no c…cre… creooo… No pu… puedoooo… yo… yo…, -el pobre aun no sabía que decir ni cómo reaccionar.

–Escúchame bien “parasito intestinal…” yo aquí me he portado bien contigo… y ahora necesito que me devuelvas el favor… consígueme una visita conyugal con tu mujer para el domingo que viene… y seguirás contando con mi protección, es un buen trato no?

–Don Toro… Usted… Usted no puede pedirme eso…!! Digo que no…!! Absoluta y rotundamente noooo…!!!, -le vociferó Fernando al lujurioso recluso, cuando ya era consciente de la infame solicitud que le hacía este.

Por su lado don Octavio del Toro luego de mirarlo con cara de querer despachárselo ahí mismo fue y le soltó lo que él pensaba de su actitud:

–Eres un verdadero perro mal agradecido grandísimo hijo de putaaa…!! si tienes más privilegios que otros reclusos en esta cárcel es gracias a mi… acaso no te has dado cuentaaaa…!?

–Yo a Usted no le he pedido nada…!, si quiere llévese su televisión y me cambio de celda ahora mismo…! pero no haré lo que me está pidiendo…! eso jamás…!!

El viejo Toro se abalanzó sobre el cuerpo de Fernando y comenzó a estrangularlo con sus dos manazas puestas en su cuello a la misma vez que le iba diciendo…

–Pues si lo harás idiota, porque si no lo haces me encargaré de que tu vida en esta cárcel sea un infierno… lo entiendes pedazo de maricon…!?, -el delincuente a medida que le hablaba iba ejerciendo más presión con sus manos, ya casi se podría decir que estaba estrangulando al desdichado hombre.

–Nooo… no lo hareee… cof… cof…, y aunque lo hiciera ella… ja… ja mas aceptaría…, -le decía Fernando a la misma vez que junto con luchar por conseguir un poco de aire se aferraba con sus manos a los gruesos ante brazos del hombre que lo estaba ahorcando.

–Pues convéncelaaaa…!!!, -le bufó don Toro a la misma vez que lo liberaba y lo arrojaba al suelo de la celda en forma violenta, dándole sus últimas ordenes, –Así que ya sabes Fernandito… para este mismo domingo quiero cogérmela, así que le dirás que venga vestida lo más buenota que pueda, yo la esperaré en la tienda que estará armada al fondo del pabellón… y estaré ocupado con ella, o más bien dicho, Jejeje, me la voy a estar culeando todo lo que dura la visita, mientras tú la esperarás sentado y tranquilito en tu banca para poder despedirte de ella una vez que la desocupe… Te queda claro…!?

–Nooo…! No lo haré…!!, -Fernando mientras le hablaba estaba tirado en el suelo y con sus ojos llorosos debido a la falta de aire en sus pulmones al haber estado casi asfixiado, y también por la insólita situación que estaba viviendo.

–Si…! si lo harás grandísimo mariconnnn…!! Y lo harás porque me debes…!!! -En eso el aprovechador delincuente le puso tres fuertes patadas en el estomago para luego junto con su sequito de maleantes hacer abandono de la celda de Fernando dejando a este en el suelo, casi sin aire y sin saber que pensar por lo que le acababan de solicitar.

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(Sábado, un día antes de la visita conyugal solicitada por don Octavio del Toro)

El teléfono en la casa de Lissette no dejaba de sonar, la joven y solitaria colorina quien se encontraba tomando desayuno se preguntaba quién podría llamar tan temprano aquel día sábado, en esa ocasión vestía un jeans que sin ser ajustado dibujaba muy bien sus líneas femeninas, y lo combinaba con una blusa que se ajustaba en forma impecable a su cintura, es necesario señalar que con este sencillo atuendo Lisse no dejaba de verse como una hembra de primera categoría, así que luego de ir a dejar su taza de leche a la cocina se dio a contestar el teléfono.

–Bueno…?, -el semblante de la bella pelirroja era de extrañeza, sumado a una sensación de escalo frio que recorrió su espina dorsal, como si este le estuviese dando aviso de todo lo que se desencadenaría a partir del momento en que levantó el auricular.

–Lissette… amor soy yo, Fernando…!

–Fer…?, -el tono en la voz de la hembra fue de profunda extrañeza, preguntándose a sí misma que como era eso de que la llamara su marido si él estaba recluido en un recinto penal en donde supuestamente las llamadas telefónicas están prohibidas, –Y como que me estas llamando…?, si tu estas en la cárcel…, -le consultó finalmente.

–Hablé con un guardia buena gente y accedió a dejarme hacer una llamada…, -le explicaba Fernando a su esposa, ella notaba que la voz de su marido era de preocupación.

–Entonces dime… que es tan urgente como para que hayas llegado al extremo de conseguirte un teléfono…, -las rojas cejitas de la atractiva y joven mujer casadera estaban fruncidas hacia arriba debido a ese inusual estado de nerviosismo que sentía, y ahora más por el exaltado tono de voz en que le hablaba su marido, lo notaba muy nervioso.

Luego de un silencio en la línea el hombre por fin le decía a Lissette el motivo de su llamada:

–Amor… lo que te voy a pedir es realmente importante, y quiero que lo hagas…

La colorina ya se estaba comenzando a preocupar, como ya se dijo, el acento en la voz de su esposo era lamentoso, si hasta se lo imaginaba mirando en distintas direcciones mientras le hablaba al otro lado del teléfono, pero ella deseaba saber más:

–Solo dime… dime qué es eso tan importante que necesitas de mi…

–Lissette, por favorrrrr… por favor te pido que no… que… que no vengas mañana a visitarme…

–Pero porque…?, -la pelirroja ahora se extrañaba aun mas de la conducta y solicitud de Fernando.

–No te lo puedo explicar ahora cariño… solo no vengas,

–Pero explícame el motivo…

–Solo no vengas maldita sea…!!!!, -le gritó Fernando al notar que su esposa le hacía demasiadas preguntas que él no podía contestar.

El silencio reino en el teléfono y Lissette se preocupaba aun mas por el fuerte tono en que le estaba hablando su marido, este mismo reaccionó al instante, –Discúlpame amor, sé que esto te debe parecer extraño, pero es por nuestro bien… prométeme que mañana no vas a venir…

–Está bien Fernando si así tu lo quieres no iré… pero… pero… pensaba llevarte algunos bocadillos y algo de ropa limpia…

–No vengas amor… eso es todo… y discúlpame pero debo cortar… adiós. –El característico y prolongado “tuuuuuuuuuuu…” en el aparato le avisaba a Lissette que la comunicación se había cortado.

La sabrosa colorina después de aquella misteriosa llamada telefónica quedó muy preocupada por aquel comportamiento de su esposo. Pensó que quizás él se había metido en algún problema, pero al instante recordó que Fernando era amigo de ese hombre moreno y corpulento con aspecto de maleante, que si bien ella lo conocía solo de nombre y de vista su marido le hablaba muy bien de él por cada vez que lo visitaba, por lo tanto y a pesar de su horroroso aspecto pensó que si Fernando estaba en problemas con toda seguridad recurriría a él y que este lo ayudaría, por lo que se quedó un poco más tranquila.

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(Domingo en la tarde en uno de los patios del recinto penal)

–Este pendejo sí que es estúpido… tenías razón gitanillo, este idiota se atrevió a llamar a mi mujer para decirle que no viniera a la visita… que se cree…!!??, -le dijo el viejo Toro a su amigo. Los delincuentes una vez que confirmaron que la bella pelirroja tras no haber llegado a la improvisada tienda del Jefe, tampoco había visitado a su marido.

–Y ahora que haremos con el maricon ese que la colorina tiene por marido…!?, -le contestó en forma de pregunta el gitano al mismo tiempo que se escarbaba una muela cariada con un clavo oxidado.

–Le haremos una “visita especial” en la lavandería… -el viejo Toro en tanto dictaminaba se mantenía mirando los altos muros que lo separaban del mundo exterior, el había dado por hecho que para ese mismo día tendría relaciones sexuales con la esposa de Fernando.

–Llamo al Manguera para que lo atienda…?, -el gitano había comprendido muy bien a su jefe cuando este le menciono lo de la visita especial.

–Si… llámalo, si este “hijo e puta” se rehúsa otra vez a hablar con mi hembra para que me preste el tajo que se carga… será el Manguera quien lo hará entender por las buenas… jajajaja…

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Pasado un par de días de lo anterior Fernando ya casi había superado su estado de preocupación luego de la visita en la cual el Toro le solicitó abiertamente su ayuda para tener relaciones sexuales con su propia esposa. Incluso pensó que ante su enérgica negativa este ya había reclinado en sus mal sanas intenciones, pero no se dio cuenta en qué momento se quedó solo en la lavandería, fue que cuando estaba contabilizando las sabanas del bloque A de un rato a otro se vio rodeado por 10 corpulentas figuras.

–Q… que es lo que quieren…!?, -les preguntó Fernando en forma aterrada una vez que cayó en cuenta que aquellos matones venían por él, en esos momentos lo tenían rodeado, y extrañamente hasta los guardias habían desaparecido de la lavandería.

El reo primerizo de un momento a otro se vio tomado rudamente por ambos brazos, y de entre medio del grupo de maleantes apareció ante su vista la corpulenta imagen de aquel viejo delincuente que le había dicho abiertamente sus deseos de acostarse con su esposa en una de las visitas conyugales que se llevaban a cabo al interior del recinto penal, los amigos del delincuente lo tenían prácticamente inmovilizado.

–Me doy cuenta que no eres muy inteligente niño freso… a la legua se nota que te faltó calle cuando chamaco, jejejeje…, -el Toro le hablaba amenazantemente muy cerca de su cara mientras Fernando era inmovilizado, este se movía enérgicamente para zafarse pero era inútil.

–Dime de una vez que es lo que quieres ahora desgraciado…!!, -le gritó el retenido hombre al delincuente, aunque ya más o menos calculaba a que se debía esa inusual visita.

–Para ti soy don Octavio del Toro grandísimo hijo de putaaaa…!!!!, -ahora era el jefe de los maleantes quien le gritaba a Fernando en su mismo rostro… –Es así como me empezarás a llamar desde ahora, además que yo aquí no tengo nada que discutir contigo, y para que nunca más se te olvide con quien estás hablando… tomaaa… –Plommm…!!!!

El fuerte puñetazo en un ojo que le dio el delincuente a Fernando lo hizo ver las estrellas hasta el infinito y más allá, la sangre expulsada desde una de sus cejas corrió a borbotones nublándole la visión.

–Te lo preguntaré solo una puta vez… Me prestarás la concha de tu esposa…!? Si o Noooooo…!!!!!

–Nuncaaaa…!!!, -fue la automática respuesta del asustado ex hombre de familia.

–Entiendo… que conste que yo quise que esto no terminara así, -junto con decirle lo ultimo le asestó un fuerte rodillazo en el estomago que lo dejaron al borde de los vómitos, –Mangueraaa…!, es todo tuyo… -Junto con decir lo ultimo el maleante tomó una silla y se puso al frente del casi ahogado Fernando, para luego seguir con el martirio psicológico, –Lastima que cuando salgas de aquí en 5 años lo harás vestidito de mujer, jajajajaaaaa…!!!!

–Que… que esta diciendooo…!?, -le consultó a duras penas tras el fuerte golpe recibido en su estomago, a la misma vez que era vapuleado por tres delincuentes, Fernando recién se daba cuenta que con un cinturón le acababan de atar sus manos por detrás de la espalda, junto con ello lo hicieron inclinarse en una pequeña mesita que era usada para escribir papeletas de entrega en la lavandería.

Pero el horror lo sintió y vivió en carne propia cuando se vio con los pantalones y calzoncillos más abajo de sus rodillas y que entre dos presos procedían a abrirles las nalgas. Como pudo miró hacia atrás y lo que vio lo dejo casi en estado de shock, era un obeso hombre de cabeza grande y calva. Los ojos de este nuevo personaje carcelario eran rasgados iguales a los de los cerdos, este también estaba con los pantalones abajo mientras se aceitaba una desproporcionada y gran vergota gorda y rosada que debía medir fácilmente de 30 a 40 centímetros como mínimo, por algo lo llamaban el Manguera.

–Noooooooooo…!!!! Por favor nooooooooo…!!!!!, -gritó en forma desesperada al ya graficarse en su mente lo que le iba a suceder.

–Yo quise ser condescendiente contigo pedazo de idiota, si hasta te ofrecí mi amistad, y te estuve protegiendo gratuitamente por casi un mes entero, has de saber que con esa carita de niño bueno con la que llegaste en tus primeros días eran hartos lo que aquí tenían ganas de tratarte como mujer… fuimos nosotros tus únicos amigos, pero a la primera que te pedimos algo te nos niegas… eres un egoísta, así que ahora te enseñaremos…

–Es que no puedoooo…!!!! Ella… ella es mi esposaaaa…!!!! de verdad que no puedoooo…!!!!! Por favor se los pidooo, no me violennnnn…!!!!!, -les gritó finalmente y mirándolos en forma desesperada. Todos los demás reclusos reían entretenidos y de brazos cruzados esperando ver la violación que se iba a concretar.

–Daaaaaaa…!! Lo mismito de siempre… estos fetos de mono mal paridos siempre quieren todo fácil…, -decía don Octavio del Toro con voz de cabreado y mirando a todos sus secuaces, enseguida chispeándole los dedos al viejo Calvo apodado el Manguera le dio luz verde para que este procediera, –Enséñale Manguera amigo mío, enséñale a este mono lo que le hacemos a los que no quieren ser nuestros amigos…

Fernando con estupor y asco sintió cuando el tal Manguera posaba una de sus traspiradas manos en su masculina cadera, ese fue el momento en que sintió un ligero roce de algo caliente contra sus nalgas, por lo que en el acto se le aclaró la mente y ya sabía lo que tenía que hacer…

–Lo hareeeeee…!!!! Lo hareeeeee…!!!! Lo haré maldita seaaaaa…!!!!!, -bufó con espantada vehemencia.

El jefe de los maleantes levantó su mano en señal de stop justo cuando el Manguera con su mal formada y anormal vergota ya se proponía comenzar a perforar…

–Creo que escuché algo mi rey… me lo podrías explicar…!?, -el maleante ahora ubicó su silla a un lado de la mesa en que tenían inclinado a Fernando y lo miraba directamente a sus asustados ojos.

–Está bien… Usted gana… hablaré con ella… lo juroooo…!

–No me jodas pendejo… recuerdo que el otro día fuiste a llamar a mi mujer para decirle que no viniera a visitarte, o más bien dicho a visitarme…, Jejeje…, yo me entero de todo lo que pasa en esta cárcel… lo sabías?

–Lo juroooo… hablaré con ella…, -ahora el rostro de Fernando era casi de suplica.

–Y de que le hablarás…?

–Le diré… le diré que debe acostarse con Usted…!!, pero por favor dígale a ese cerdo infeliz que se salga de atrás mío…!!!, yo… yo soy hombre por Diosssss…!!!!, -exclamó Fernando con profunda desesperación y mirando a todos los presentes en la humillante posición en que lo tenían sobre la mesa.

Era extraño ver como el temple de un hombre se destrozaba con tanta facilidad y de un minuto a otro al extremo de llegar a ofrecer a su propia esposa al intentar defender a como dé lugar su hombría, y eso era la que estaba haciendo Fernando en aquellos desesperantes momentos, a este solo en un par de segundos se le olvidó todo el amor que sentía por Lissette y prefería mil veces que se lo hicieran a ella antes que a él.

En esos perversos segundos era él y solo él.

El viejo delincuente quien ahora lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja ya sabía que tenía controlada la situación por lo que se dio a decirle como serían las cosas de ahora en adelante.

–Bien…!, como ya veo que recién nos comenzamos a entender le dirás a la putita de tu esposa que debe abrirse de piernas para mí y que me prestará la concha los lunes, miércoles y los domingos, esos son los días que yo tengo derecho a visita conyugal, vamos ahora dímelo tu, quiero escucharlo,

–Le diré… le diré que los días lunes, miércoles y domingo debeeee… debe venir a visitarloooo…

–Bien…! vas muy biennnn…! y que mas?

–Y que esos días ella deberá… deberá mantener relaciones sex…

El viejo Octavio le cortó al instante, eso no era lo que él deseaba escuchar, en forma aireada le volvió a explicar:

–Noooooo…!!! Que me prestará la conchaaaa pedazo de idiotaaaa…!!! o sea, que le abriré las panderetas de la zorraaaaa… entiendes ahoraaa…!!!??? Vamos, dilo asiiii…!!!

A Fernando eso que le exigían que el dijera le sonaba infernal, pero no lo quedaba de otra, era eso o su hombría se vería mancillada para siempre.

–Y que esos días ella deberá… deberaaa… abrirse de patas para prestarle la conchaaaa…!!! Que le abrirán las panderetas de la zorraaa…!!!, ya se lo dije, conforme ahoraaa…!!??

–Aja…!!! Veo que ahora ya si te comportas como un buen chico… pero no me harás otra de tus pendejadas?

–Le juro que no…! le cederé a mi mujer…!! Pero… pero dígale a don Manguera que se salga de tras mío…, -a Fernando en su desesperación no se le había ocurrido otra forma de llamar al viejo recluso que había estado solo a segundos de violarlo, además que este aun pensaba que el viejo Toro no cumpliría con su palabra y que iba a terminar siendo violado por un hombre de verga fenómeno.

–Tu labor aquí ha terminado por ahora amigo Fermín…, -don Octavio del Toro echándose para atrás de la silla le hablaba a su amigo de verga gigante, –El gitano de igual forma te cancelará por tus servicios y ante cualquier cosa te estamos llamando…, jejejeje…

Fernando con profundo alivio veía que ese tal Fermín por fin se subía sus pantalanes y se retiraba.

–Gra… gracias señor…, -le dijo una vez liberado y subiéndose en forma neurótica sus pantalones para luego abrochárselos.

–Nada de gracias estúpido… dale las gracias al coño de la perra de tu esposa, eso fue lo que verdaderamente te acaba de salvar el ojete del culo… pero lo que no te hizo mi amigo el Manguera por detrás a ti, yo si se lo haré a ella, jajajajaaaa…!!! –el viejo recluso se aprovechaba del quebrantado temperamento de Fernando para humillarlo a sus anchas y reírse abiertamente de su matrimonio, –Me la cogeré bien cogida a la ramera esa que tienes por esposa, y para que lo sepas bien la abriré de patas para trabármela tanto como yo quiera, si hasta te la dejaré mas culeada que la madre de los 101 dalmatas, jajajajaaaa…!!!!, -reía el muy miserable, en tanto lo hacía este había sacado su propia verga y se la agitaba mientras se daba a ofender a sus anchas al esposo y esposa ambos caídos en desgracia, para luego seguir intimidando al quebrado Fernando. –Así que le dirás a esa perra que este martes aparte de prestarme el sapo y comerse por la concha mis casi 30 centímetros de verga deberá ser una muy buena hembra conmigo, lo harás?

–Se lo aseguro…! E… ella… será muy buena con Usted…! Será muy buena… lo jurooo…!!, -ahora Fernando no era capaz de defender el honor de su esposa, en forma alterada y asqueada miraba la chabacana forma en que el maleante le enseñaba su propia herramienta vergal con la que pensaba perforar a Lissette mientras este mismo se la bamboleaba en forma de círculos.

Y el viejo delincuente no mentía se decía Fernando para sus adentros, eran por lo menos unos 25 centímetros de grotesca carne fláccida lo que don Octavio desvergonzadamente le mostraba, y eso que aun no la tenía parada pensaba en alguna parte de su mente.

–Mas te vale maricon…, -le contestó finalmente el maleante, –porque si no lo hace te aseguro que yo mismo me encargaré de que te conviertan en mujer, para después estar lavando nuestra ropa por los 5 años que te quedan, y en los cuales deberás compartir tu cama con el hombre Manguera jajajajaaaa…!!!, o sea, serás su hembra deslechándolo una y otra vez por todas las noches que pases en esta cárcel, jajajajaaaa…!!!!

–No se preocupe… ellaaa… lo haraaa… si… seguro que si… lo haraaaa… no se preocupe…, -le contestaba una y otra vez el asustado hombre al delincuente en forma aterrada por todo lo que le decía este.

–Tienes toda la semana para convencerla, si el próximo martes no la tengo encuerada al fondo del gimnasio y con ganas de coger será mejor que te vayas consiguiendo bencina y te quemes vivo, porque apenas te encuentre lo que te pasará será aun peor…, -el delincuente tras de decir lo ultimo ya se guardaba su virilidad.

–Ya le dije…! ella va a estar de acuerdooo…! se lo asegurooo…!, -el tono en la voz de Fernando ahora sí que era de profundo respeto.

–Más te vale maricon… ahora largoooo…!!!

Apenas el delincuente lo despachó Fernando se escabullía como alma perseguida por el mismísimo demonio, ante las risas y burlas de los presos allí reunidos.

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En las noches restantes y al interior de su fría celda el desventurado marido casi no podía dormir, y cuando escasamente lo lograba era víctima de una serie de escandalosas y extrañas pesadillas en las cuales veía a su bella mujer cogiendo ardorosamente con don Octavio del Toro, en estos sueños Lissette también chupaba aquella grotesca vergota mucho más grande que la de él, esta casi le doblaba en extensión, grosor y poderío, se decía espantadamente en sus sueños, mientras veía que el asqueroso hombre apodado el Toro teniéndola desnuda y arrodillada, con sus dos manazas clavadas en sus rojizos cabellos tomados en una cola le cogía la boca con frenesí, como también después la veía puesta en 4 patas toda sudada y ahora con todos sus colorines cabellos desarbolados dejándose encular rudamente y en forma alternada por varios delincuentes, actos que a él en la vida real nunca le había permitido, y cuando se despertaba lo hacía traspirado entero y dándole gracias a Dios que todo aquello no había sido más que una terrible pesadilla.

También en los días posteriores a la visita que le hicieron los delincuentes a Fernando en la lavandería este se los pasó como un verdadero zombi encerrado en su celda, y mientras se paseaba haciendo círculos al interior de ella su mente no daba para buscar las palabras que tendría que usar para pedirle a su Lissette que se acostara con otro hombre, el pobre ni siquiera sabía donde se había metido al hacer amistad con el famoso viejo Octavio, además que estaba claro que su mujer se negaría rotundamente a mantener relaciones sexuales con aquel delincuente ni con ningún otro, y esto debido a la estricta formación católica y conservadora en que habían criado a su esposa, pensaba ahora sentado en la cama y con sus dos manos agarrándose la cabeza, si hasta podría perderla para siempre después de la descabellada solicitud que él le haría para intentar salvaguardar su hombría, pero sabía que no tenía mas opciones, al siguiente día era domingo otra vez y sería ahí en donde debía hablar definitivamente con Lissette para que ella lo salvara, aun con todo lo anterior y aferrándose a unas vagas posibilidades igual recordaba muy bien que ella en su momento le había dicho que haría cualquier cosa por él.

(Día domingo y ya en el horario de visitas)

Fernando estaba sentado en una de las desvencijadas bancas que se proveían en el recinto penal para que los presos recibieran a sus visitas, con su corazón latiéndole a mil vio aparecer a su atractiva esposa.

La colorina se acercaba a él con su cadencioso y rítmico caminar que la hacían vibrar entera, pero cortito, así rico. Traía puesto un holgado vestido color marrón el cual se le adosaba a su figura enseñando todas las llamativas líneas que ahí existían, a la misma vez que en su avanzar esquivaba a las muchas personas que ya pululaban en aquel gimnasio carcelario en calidad de visita, ella también llegaba a este con su característico semblante de mujer fiel y seria en las finas facciones de su rostro.

Una vez que la hembra ya estuvo sentada a un lado de su marido nunca habría imaginado el disparate de solicitud que este le iba a realizar, veamos:

En un principio la conversación entre marido y mujer se llevó de una forma normal si es que se puede decir así. Claro que la única que hablaba era Lissette quien inocentemente se daba a narrarle a Fernando lo acontecido en su semana. En un principio la colorina le había consultado a su marido eso de haber tenido que postergar la visita anterior, en donde este solo se dio a darle respuestas evasivas, tal cual como lo hacía ahora, ya que cuando Lissette le consultaba cualquier cosa él solo le contestaba a base de monosílabos, hasta que la pelirroja por fin cayó en cuenta que a su marido algo extraño le pasaba:

–Fernando…, -le dijo de pronto interrumpiendo su propia conversación y mirándolo con sus azules ojos, –A ti te pasa algo y quiero saberlo…

–No… no pasa nada Lisse…, -el pobre Fer aun no tenía la valentía de decirle a su mujer que debería acostarse con un reo para el poder conservar su propia integridad masculina.

–No te creo… desde que llegué a esta visita que no me hablas, acaso tiene relación con los problemas en que andabas metido la semana pasada?

Mientras la bella colorina lo miraba seriamente, el pobre y desvalido hombre miraba solo al suelo intentando pensar en cuales serían las mejores palabras para hacerle la descabellada solicitud a su esposa.

–Pero dime algo Fernando por Dios… que ya me estas poniendo nerviosa con tu silencio…

–Lisse…, -respondió de pronto el hombre, –Es que… es que… no sé como decirlo…

–Decir que…!?

–Es algo que debo pedirte… y que por muy descabellado que te parezca necesito que lo hagas…

–Pues bien, entonces dímelo cariño…, -claramente la joven esposa ni se imaginaba la caliente solicitud que le haría su esposo.

–Es que… es que no sé si tú vas a querer hacerlo…

–Si no me lo dices, entonces como sabré que hacer…!?, ya Fernando recuerda que yo soy tu esposa y que haría cualquier cosa que me pidieras… acaso ya no confías en mi?

–Si confío en ti mi vida… pero es que se me hace difícil pedírtelo…

–Amor… solo dímelo, recuerda que yo te amo con todas las fuerzas de mi corazón, y no hay cosa en este mundo que yo no haría por ti…, -le decía la desprevenida e inocente Lissette a su marido.

–De verdad lo harías…? harías eso que te voy a pedir?, -el hombre le hablaba cabizbajo, pero esperanzado en que su mujer lo comprendería y que aceptaría salvarlo de las garras de aquellos rufianes que lo atormentaban adentro de la cárcel.

–Claro que si cariño, solo dímelo y ya…, -la colorina ya se estaba comenzando a confundir con aquel extraño comportamiento de Fernando, este parecía un verdadero corderito asustado con la forma en que le hablaba desde su posición en la banca, imagen muy distinta a la del apuesto y varonil hombre que ella había conocido solo hacían 5 años atrás.

–Amor… lo que pasa es que necesito queeee…, -Fernando otra vez se quedaba callado sin ser capaz de terminar la frase que tenía en su mente.

–Pero Fer… dime de una vez por todas que es lo que necesitas que yo haga…? Pero porque te quedas callado…?

–De verdad que me cuesta pedirte esto cariño… pero es muy importante para nosotr…

–Dímelo de una buena vez por Dios…!, -le increpó la joven Lissette a su marido, su preocupación real era ver el alterado estado sicológico en que este claramente se encontraba.

Por su parte el quebrado Fernando supo que la situación ya no tenía más remedio, se lo tenía que decir:

–Lisse… necesito que este martes…, -el hombre se tomaba sus buenos segundos entre frase y frase para soltarle a su mujer lo que ella debería hacer, –vengas… vengas a visitar… a visitar… a don Octavio…

–Y quien es don Octavio…!?, -Preguntaba la flamante Lissette con sus pelirrojas cejitas inclinadas hacia arriba, con lo que le decía su marido no estaba entendiendo nada.

–Don Octavio del Toro… tú ya sabes… es el reo que me ayudó en un principio…

–Ahhh? Si… lo recuerdo…, -la expresión de la hembra ahora era de asombro, se preguntaba el porqué del interés de Fernando porque ella visitara a aquel horrendo tipo, así que se lo preguntó, –Pero… pero porque me pides que visite a ese hombre…!?, si es un delincuente…!

–Necesito que vengas a visitarlo y…, -ahora el hombre le hablaba con una fingida risa estúpida en su rostro, además que la bella Lissette se daba cuenta que este no la miraba a la cara al momento de estar hablándole…

–Y que mas…, -insistió la pelirroja tras darse cuenta de los detalles anteriores, esta se encontraba sentada en la banca con una de sus bellas piernas enfundadas en medias color natural, una arriba de la otra.

–Bueno tú ya sabes, necesito que vengas a visitarlo y que lo hagas con él…, -le soltó Fernando finalmente.

Llegar a este punto de la conversación realmente fue un martirio para el pobre hombre.

–Que haga que cosa?, -Lissette aun no entendía el para qué de la solicitud que le hacía su marido, y este seguía intentando explicarle.

–Que lo hagas Lisse… necesito que lo hagas con él…

–Pero y que voy a hacer yo con el…!?, -una extraña sensación de escalofríos fue naciendo en el curvilíneo cuerpo de la joven esposa, ya que aun en forma incrédula creía entender lo que le estaba pidiendo su marido con esa inocente frase de “hacerlo con el…”

–Necesito que solicites una visita conyugal con don Octavio y te acuestes con él… lo entiendes ahoraaa!!??

Lissette ya lo había escuchado crudamente y aun se negaba a creer entender lo que su propio marido le estaba proponiendo, su respiración poco a poco se iba haciendo acelerada, hasta que cuando supo que no estaba equivocada y que si había escuchado bien le preguntó:

–Que cosa me estas pidiendo?, -al consultarle su respiración ya era visiblemente acelerada.

–Lo que escuchas Lissette, -le confirmó Fernando, su estúpida risilla se negaba a abandonar su rostro mientras le hablaba, –Necesito que vengas el martes y seas tú quien pida la visita conyugal con don Octavio, ya que así se hace, una vez que la obtengas deberás ir al fondo del…

–Fernando…!!, -le soltó de pronto la ahora afligida hembra con su carita totalmente desfigurada por el escándalo, –pero como se te ocurre que yo voy a…, -fue Fernando quien ahora no la dejó hablar a ella.

–Lissette se que suena descabellado, pero… perooo… si no lo haces… me… me van a violar… veras cariño, la semana pasada el Toro fue a visitarme a mi celda y tras invitarme un cigarro me empezó a sacar en cara tod…

El marido se dio a explicarle a su atribulada esposa toda la situación ocurrida desde el día de la visita de don Octavio del Toro en su celda hasta los sucesos ocurridos en la tarde que casi se lo violaron, pero cuando iba llegando a la parte en que lo tenían con los pantalones abajo fue Lissette quien lo interrumpió…

–Fer…!! te lo dijeee… y que vas a hacer ahora…!?, eso… eso… que tú me pides es imposible… yo a ti te quiero mucho… es mas… yo te amo… pero eso… eso si que no lo puedo hacer, lo siento…, -le dijo con su cara al borde de las lagrimas.

–Cariño solo hazlo por mí… que o si no me van a violar…!!

La atractiva esposa ahora se separó del cuerpo de su propio marido, algo le indicó que debía cuidarse de él, ese tipo no era el mismo con el que ella se había casado, o eso era al menos lo que pensaba en aquellos momentos, hasta que tras un breve análisis y siendo atacada por sentimientos de ira hacia él, se dio a preguntarle:

–O sea… prefieres entregarme a mi…? le pides a tu propia mujer que se acueste con un desconocido al no poder defenderte tu solo? Eso es así?

–Solo será sexo cariño, yo se que tú me amas y sé que por eso mismo tu también lo harás…

Lissette ya no quiso escuchar mas, sencillamente se puso de pie dispuesta a largarse lo antes posible de aquella inmunda cárcel que por culpa de su marido ella había tenido que rebajarse a poner sus pies en ella, no sin antes dejarle bien en claro lo que ella pensaba de aquel asunto:

–Tu… tú estás enfermo Fer… yo… yo no haré eso… que te quede claro…

A todo esto ya era muchas personas, los que estaban cerca de ellos, entre reos y visitas que escuchaban claramente y en forma maliciosamente sonriente el pleito entre marido y esposa enterándose de los pormenores de esta, en tanto la discusión continuaba:

–Lissette… si de verdad algún día me amaste como tanto lo dices… entonces compruébamelo acostándote con don…

–Cállate que me estás dando asco…!!, -le interrumpió a su marido la dolida hembra ya estando de pie ante la banca en que este se encontraba sentado, la colorina no era consciente de que su situación ya era publica en aquel gimnasio carcelario. –Como se te ocurre seguir pidiéndome semejante estupidez…!!!???, -le decía con su cara llena de ira, esta le temblaba a la vez que le hablaba.

Pero Fernando seguía intentando explicarle:

–Por favor Lisse… acuéstate con él y ya…!!!

–Creo que me voy…, -le dijo Lissette claramente escandalizada por la situación y por lo que le pedían, su estado era de terror, solo se daba a dejarle bien en claro a su marido que ella no estaba dispuesta a hacer eso que le estaba pidiendo, al decirle esto la bella esposa tomó su cartera dándole a entender a su marido que ella ya se largaba, –Eso que me pides es una locura… una verdadera locura…,

–No te vayas amor te necesito… -Fernando en forma desesperada la tomó de una mano intentando impedir que su esposa se marchara, ella se la retiró de un brusco jalón, para ahora si totalmente salida de sus cabales comenzar a decirle lo que de verdad pensaba ella de todo aquel asunto.

–Es que aun no entiendo cómo puedes ser tan imbécil…! tan miserable…!, al grado de pedirme semejante idiotez…!?

–Lisse… siéntate y hablémoslo… yo sé… yo sé que tu puedes hacerlo cariño…, -insistía Fernando, este ahora miraba en forma estúpida a todos los presentes.

–Que me voy te digoooo…!, -le dijo en forma terminante la pelirroja, –Tú… tú estás enfermo y me das… me das ascooo…!!, -la colorina ya comenzaba a hacer abandono del gimnasio carcelario, mientras que su marido se daba a seguirla intentando hacerla entender.

–Lissette no te vayas… yo te amooo…!, -alcanzó a decirle en el punto que su esposa cruzaba el límite que él al estar preso no podía cruzar, la pelirroja antes de marcharse definitivamente giró su cuerpo para decirle sus últimas palabras:

–Nosotros acabamos aquí mismo… olvídame y arréglatelas como puedas… Adiós Fernando…!, -le dijo secamente pero con lagrimas en sus azules ojos para después caminar en forma rápida y esquivando a las personas que aun ingresaban a visitar a los demás reos, el marido no pudo ver como a su mujer se le desfiguraba el rostro por el llanto en los momentos en que hacía abandono del recinto.

Fernando vio como su bella pelirroja hizo abandono de aquel gimnasio carcelario casi corriendo y con copiosos ríos de lágrimas ya rodando por sus mejillas, hasta que la vio desaparecer. Su mente era atacada por un torbellino de emociones contradictorias. Por un lado se sentía el ser mas bellaco y miserable de la tierra al haberse visto en la obligación de hacerle tan vil propuesta a su amada esposa y al amor de su vida, pero por otro lado también le daba gracias a Dios por la actitud de Lissette ante tan escandalosa y baja propuesta, con esta le demostraba lo integra que era ella como mujer y esposa, si hubiese aceptado de buenas a primeras lo más seguro es que él mismo se habría muerto de los celos y capaz que hasta una escena le hubiera armado contradiciéndose que era el mismo quien se lo pedía, pero Fernando por ahora no estaba para ponerse a profundizar de lo tan decente y pura que fuera su esposa, ya que por otra parte una vez que ella se perdió de su vista y al haber ya pensado en lo anterior un tremendo terror lo invadió por lo que le iba a suceder después de dos días en los momentos en que el delincuente viera que su esposa otra vez no se presentaba al horario de visitas conyugales.

En eso estaba el asustado Fernando cuando sin darse cuenta de nada una delgada figura masculina se alejaba desde el punto en que lo había abandonado de su esposa perdiéndose entre las demás personas que pululaban dentro del gimnasio.

El gitano quien estuvo sentado muy cerca de él y de Lissette había estado escuchando toda la conversación que ahí se llevaba a cabo, y ahora después de haberlos seguido y que ya tenía todos los pormenores se dirigía rápidamente a darle comunicación de esto a su jefe.

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–Así que la muy yegua se puso quisquillosa cuando el maricon ese le dijo que tenía que acostarse conmigo!?. El viejo Toro estaba convertido en un energúmeno, otra vez esa exquisita hembra pelirroja se le escapaba.

–Tal cual como tú lo dices Toro, ella se negó rotundamente a hacerle caso,

–Notaste si ese pendejo le hizo algún tipo de señal o algo parecido?, tal vez notó que tú estabas cerca y la puso en alerta… no crees…?

–Absolutamente no mi buen…, ese wey está totalmente asustado, se le notaba en el momento en que le hablaba, y no es que yo lo esté defendiendo ni mucho menos, pero de que le puso empeño para convencerla le puso, fue ella quien no quiso, además de dejarlo plantado le dijo que la olvidara, se me hace que esa yegüita ya no vendrá mas a visitarlo…

–Guaaaaaaaa…!!!, así que la potranca rojiza esa nos salió mucho más decente de lo que pensábamos, te lo dije gitano, esa hembra no es de este ambiente, si solo con ese aire de mujer fiel que siempre veía en su rostro cuando hacía ingreso a la visita ya me calentaba, ahora mis ganas de acostarme con ella se multiplican por mil… quiero cogérmela yaaaa…!!!, -gritaba el presidario botando todas las pertenencias de su celda, esa mujer lo tenía como loco, la deseaba con locura, sus mismos amigos que ahora se miraban entre ellos nunca lo habían visto en tal estado, para luego seguir bufando, –Lo sabía…!!!, lo sabía…!!! Sabía que esta puta me saldría difícil…!!!!!

Y era cierto don Octavio del Toro ya llevaba más de tres años sin coger, ya que las únicas hembras del ambiente carcelario eran las mismas putas de siempre, así que después de haberse cogido a cuanta ramera que se cruzó por su camino al interior de la cárcel, y a una no menor cantidad de maricones el hombre de un día para otro se propuso abstenerse, decidiendo que el día en que volviera a coger tendría que ser con una mujer del mismo calibre de las que el se había cogido en los buenos tiempos, y ese día ya había llegado, lo supo la misma mañana en que la vio por primera vez en la fila de las mujeres cuando ingresaban, y al estar pensando en esto mismo, fue su amigo el gitano quien lo sacaba de sus acaloradas cavilaciones.

–Acaso estas sordo?, la perra mal nacida le dijo al pendejo ese que ya no volvería…

–Si que va a venir… esas zorritas que no son de este mundo son blanditas de corazón, -le decía ahora al gitano con mirada asesina, –Sé que cuando ya se le pase el enojo ese culo otra vez se dejará caer por aquí nuevamente, y no creo que pase mucho tiempo para eso, -terminó diciendo con su respiración agitada.

–Y que vas a hacer ahora?

–Realmente no lo sé, pero de alguna forma le haré saber al marido que me tiene que seguir ayudando para que su mujer se decida a pasarme el tajo si o si, ya verás mi buen gitanillo… ya verás…

–Y que hacemos ahora con ese pendejo?

–Mmmmm… ya que le puso empeño y fue ella quien no le hizo caso solo denle una buena pateadura, déjenlo para la historia, pero no vayan a despachárselo Ehhh, de alguna forma debo hacer que vuelva a insistir con la colorina…

–Jejejejejeeee…, y no se lo pasaras al buen Manguera…!?

–No, aun no, lamentablemente tengo que aceptar que ese zorrito aun es dueño de algo que yo quiero, pero no será por mucho tiempo, así que ya saben… dejaremos pasar unos cuantos días para que la cosa no sea tan notoria, además que debo darle algo de tiempo para que ande asustado y sepa que debe volver a insistir con mi yegua… denle una semana y muélanlo a palos… rómpanle un par de costillas… pero como ya se los dije… no se lo vayan a despachar, queda claro?, así sabrá que debe insistir con ella…

–Así será Toro… así será…, -le contestó malévolamente el Gitano a su jefe.

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Habían transcurrido casi 10 días en los cuales la bella Lissette se la pasó encerrada en su casa llorando y sin saber qué hacer ante la cruda realidad que estaba viviendo. En las pocas horas en que se dedicó a atender su bazar solo se daba a preguntarse a ella misma: ¿Valdría la pena ir a visitar nuevamente a Fernando a la cárcel? ¿Se lo habrían violado ante su negativa (de ella) a acostarse con aquel infame recluso que su marido le había señalado?

Estas y muchas otras interrogantes atacaban la mente de la pelirroja cuando por esos días recibió otra llamada directamente desde la cárcel, pero esta vez no era de Fernando sino que desde la misma enfermería del recinto carcelario. Era día lunes y le avisaban que algo malo le había pasado a su marido y que este se encontraba internado de carácter grave desde hace dos días en la citada enfermería.

La colorina con escándalo en su rostro escuchó el estado en que se encontraba su esposo, quiso saber que era lo que realmente le había ocurrido pero le dijeron que esos eran asuntos entre delincuentes, y que la administración del recinto no se hacía cargo de riñas internas. Tras colgar el teléfono Lissette rápidamente tomó sus cosas personales y las llaves de su carro y se puso en camino, mientras conducía su mente no acertaba en que cosa era lo que realmente le habían hecho a Fernando. –Se lo violaron… se lo violaronnn…!!!, -le indicaba su mente una y otra vez

También meditaba en que a pesar de la infame solicitud que este le había hecho, y el recuerdo de haberlo visto realmente asustado el ultimo día que estuvo con él poco a poco le hacían bajar la guardia sintiendo otra vez que lo amaba… y lo amaba mucho, diciéndose además que ella como su mujer debía estar con él en esos momentos, claro que por ningún motivo accedería a revolcarse con uno de esos tipejos pensaba de pronto, ella tal como lo había pensado en aquellos terribles días denunciaría el hostigamiento hacia su esposo a las autoridades carcelarias y así por fin su marido podría estar un poco más tranquilo, había decidido.

Luego de estacionar a las afueras de la cárcel y estando la colorina ya en la misma sala en donde tenían a su marido, con una mano puesta en su boquita debido al espanto pudo ver nítidamente en el lamentable estado en que se lo dejaron. Fue un guardia de la cárcel quien le indicó que Fernando estaba consciente pero que no era recomendable que hablara mucho debido a unas serias fracturas en sus costillas.

–Fe… Fernandooo… que te han hechoooo…?, -le preguntó con voz quedita a la misma vez que con mucho cuidado depositaba una de sus delicadas manitas en los cabellos de su marido. El hombre tenía la cara hinchada y amoratada, uno de sus ojos, el izquierdo, no se le veía, aparte de tenerlo mas hinchado aun que el resto de su rostro y más morado. En aquel estado Fernando igual se animó a hablar, es más, el estaba esperando la llegada de su mujer, la conocía a tal grado que sabía que ella lo iría a visitar una vez enterada de lo que le había ocurrido:

–Estoy bien Lisseee… solo… soloooo me dieron una pequeña pateaduraaa… Je…!, -le dijo Fernando a su mujer una vez que pudo hablarle, este la miraba con el único ojo que tenía bueno.

–Rufianes…! Malditos…!! y que les hicieron? Los castigaron?, -la cara de la hembra era mezcla de impotencia y preocupación al mismo tiempo, sus ojos se encontraban llorosos.

–Nada de eso Lissette… esto es una cárcel y esos tipos tienen impunidad aquí…

–Malditos… pero que se creennn…!?, -seguía diciendo la pelirroja con estupefacción e incredulidad. ¿Cómo era eso que en una cárcel nadie de las autoridades hiciera nada ante este tipo de abusos…!?, -se preguntaba posteriormente.

–Escúchame Cariñoooo…, -volvió a decir Fernando relamiéndose pesadamente sus resecos labios tras retomar aliento.

–Fernando… no me lo digas nuevamente porque no lo haré…, -claramente la colorina Lissette creía que Fernando insistiría en su última proposición, pero ya no lo culpaba, pensaba que la única culpa era la situación que el pobre estaba viviendo, por lo que siguió diciéndole, –Lo que si haré será denunciarlos, ya verás…

–Nooo… No lo hagas… solo empeoraras mi situación aquí…,-a esta altura de la conversación ambos, marido y mujer se miraban fijamente a los ojos, con Lissette semi inclinada en la camilla.

–Pero Fer…

–Escúchame muñeca… el otro día fui un tonto…, -el magullado hombre se tomaba todo el tiempo del mundo para hablarle a su esposa, esto se debía por el lamentable estado en que lo habían dejado luego de la bestial pateadura que le dio el gitano junto a sus compinches.

–Ay mi Fer… pero… pero… que… que… dices…?

–Lisse… nunca debí haberte pedido semejante vileza… estoy muy arrepentido de haber hecho eso… y no sabes lo orgulloso que me siento que hayas sido mi esposa…, -ahora Fernando con una solitaria lagrima corriéndole por su cara giró su cabeza en sentido contrario de donde estaba ubicada su esposa.

–Ay cariño… lo sé… lo sé… pero porque hablas así…?, -Lissette notaba que aquellas melancólicas palabras que decía su esposo sonaban a despedida.

–Lissette tú no te mereces esto… todo es mi culpa… solo vete y rehace tu vida, yo me las arreglaré con esos tipos…

–Fernando no digas tonterías… yo… yo… no te dejaré… juntos superaremos esto…, -a la bella pelirroja ya casi se le olvidaba el riesgo corporal que corría su cuerpo si se proponía a enfrentar la situación junto a su marido, pero el que si lo sabía era Fernando.

–Solo hazlo cariño… necesito que tú estés alejada de este ambiente… esto no es para ti.

Lissette no podía aclarar que era lo que estaba sintiendo al interior de su ser, ese hombre que le hablaba en aquellos momentos tan íntegramente sí que era su marido, lo sucedido hace casi dos semanas atrás habían sido las consecuencias de las malas decisiones por parte de él, aun así Fernando seguía siendo su esposo y ella se debía a él, meditaba haciéndole suaves caricias en sus cabellos en señal de amor marital.

En el intertanto de la conversación la atractiva Lissette también se pudo percatar que aparte de su rostro magullado los rufianes también le habían volado por lo menos tres de sus dientes principales, y aunque no quería hacerlo en una lejana parte de su mente se preguntaba si también se lo habrían violado, de solo imaginar esto último la pelirroja sentía terror.

En eso estaba Lissette cuando se dio cuenta que Fernando a base de sus femeninas caricias en sus cabellos este había caído en un profundo sueño.

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Antes de hacer abandono de la enfermería la dubitativa hembra pidió hablar con el médico tratante, este siendo un viejo flaco y arrugado que vestía un delantal blanco y que en uno de sus bolsillos a la altura izquierda de su pecho destacaban una docena de lápices sin ni siquiera mirarla le dijo que el delincuente de la cama 5 ya a mitad de semana estaría de vuelta en su celda, que el resto del tratamiento sería ambulatorio, pero la colorina Lissette deseaba saber mas:

–Doctor… necesito saber que otro tipo de lesiones tiene mi marido…

El supuesto medico después de voltear y darle la primera respuesta en forma desganada se la quedó mirando en forma automáticamente lujuriosa, ahora ni siquiera ponía atención en lo que la hembra le preguntaba, diciéndose para sí mismo que aquella puta de cabellos rojizos que se encontraba al interior de su despacho también era de esas que se dejan caer por las cárceles para atender a los pobres hombres ahí enjaulados, pero esta sí que estaba tremenda se decía una y otra vez sin dejar de devorársela, si estaba para comérsela la muy desgraciada, decidiendo en el acto y para sí mismo que el también quería culearsela al igual que con toda seguridad ya lo deberían haber hecho muchos ahí al interior del penal, claro que él no le pagaría, los profesionales carcelarios como él solo tomaban cómo y cuando querían al material de carne femenina que ahí les llegaba.

–Ehhh… me decías…?, -fue lo único que pudo contestar finalmente ya que de pronto cayó en cuenta que la mujer esperaba por una respuesta.

–Necesito saber que más le hicieron a mi marido…?

–Cual marido…?, -ahora el viejo la miraba directamente a sus senos y la pelirroja se daba cuenta a medias de ello, ya que lo más importante para ella era saber el real estado de Fernando.

–Me refiero a mi marido, al paciente del cual estábamos hablando…

–Ahhh… así que ese es tu marido…!?

–Claro que lo es…!, -le confirmó con dignidad la bella Lissette, siempre mirándolo a la cara.

–A disculpe Usted señito… es que por un momento la confundí con una put… –Ehhh… nada… nada solo olvídelo, jeje, me decía?, -el viejo quien ahora mantenía sus dos manos al interior de los bolsillos de su blanco delantal, por debajo de este se comenzaba a agarrar la verga mientras le hablaba ahora con su caliente mirada puesta en sus labios

La preocupación de la pelirroja era tal que no puso atención a las primeras palabras del hombre que estaba a cargo de la salud de su marido, y menos de cómo este ahora se masajeaba la verga a sus costillas.

–Quiero saber que más le hicieron a mi esposo…, -repitió una vez más.

–Bueno por si no se ha dado cuenta le dieron una madriza que por poco casi se lo despachan, jejejeje…, -el ordinario medicucho le contestó como pudo ya que su miembro en breves momentos ya lo tenía parado.

–Está Usted seguro?, de verdad que no le hicieron nada mas?

–Jejeje, no se a que se refiere… sea más clara señora, -el despojo de medico quería ver más de lo que tenía la mujer, por lo que haciéndose el ocupado rodeo la oficina para tener una mejor visión del trasero de Lissette, pero la pelirroja no se lo permitió ya que ella giró rápidamente su cuerpo hacia donde se había ubicado el galeno carcelario.

–Deseo… deseo saber si abusaron de él…, -le dijo ya sin más rodeos.

–Ahhh… ya entiendo Usted quiere saber si le hicieron esto…, -el médico al pronunciar sus palabras sacó sus manos del delantal, una la cerró juntando su dedo índice con el pulgar y con la otra también con el dedo índice apuntaba al orificio formado. Lissette entendió claramente el significado de aquella ordinariez, pero su situación era extrema, además que pensó que el mismo ambiente carcelario ya tenía consumido a ese pobre hombre.

–Lo que sea… se lo hicieron?

–Pues no, una vez que llegó a la enfermería lo revisamos entero, y por detrás está intacto, jijiji…

–Esta seguro…!?

–Segurísimo, por algo soy el enfermero en jefe de toda esta cárcel, Jejeje

–Entonces… usted no es médico…?

–No, el médico viene dos veces por semana, salvo que sea algo grave, un destripamiento o cosas parecidas…

–Ok… entiendo, oiga me decía que ya por el miércoles le darán el alta a mi marido…?

–Mmmm… Si claro… pero descuide, lo iré a ver día por medio de cómo sigue de sus lesiones… -Si no fuera porque la mujer se notaba distinta a las putas que concurrían a la cárcel, el viejo enfermero ni se la hubiese pensado para llevársela a una de las salas para cogérsela, además que el guardia aun esperaba la salida de la mujer en la puerta de la enfermería.

–Gracias señor… de verdad gracias por su atención…, -a pesar de las palabras de Lissette en su mente se preguntaba de que pasaría con Fernando una vez que ya estuviera devuelta con los demás reclusos?

–No hay de que señito, jejejejee, pero si gusta puede venir los días sábado tempranito para que yo le dé información clínica del estado de su marido, jeje.

El calculador y flacuchento enfermero tenía más que claro que los días sábado la enfermería no abría sus puertas a nadie, pero por esa mujer él era capaz de ir a trabajar gratis esos días con la sola intención de darse el lujo de estar a solas con ella y engatusarla, sabía que algo de provecho podría sacar de la suculenta pelirroja, su vasta experiencia con mujeres solas y sin marido disponible le indicaba que tenía muchas posibilidades con ella, solo era cuestión de esperar un tiempito.

–Ok… y gracias nuevamente…

Mientras la hembra caminaba cadenciosamente hacia la salida de la enfermería el viejo y caliente enfermero clavó su ardiente mirada en aquel majestuoso par de nalgotas que lentamente se alejaban.

Ese mismo día lunes después de que la bella Lissette hiciera abandono de la enfermería del recinto carcelario estuvo al interior de su carro por más de una hora, solo se mantenía sentada al volante y pensativa como una estatua, ella no quería irse y dejar a su marido en esa fría sala carcelaria en el estado en que se encontraba, de poder haberlo hecho ella ni se la hubiese pensado para quedarse a cuidarlo por toda la noche, pero eso era imposible.

Por su mente desfilaban uno a uno todos los acontecimientos ocurridos desde el día del encarcelamiento de Fernando: Recordaba sus palabras después de la sentencia, el lo había hecho por ella, es decir la gran mayoría de aquellos lindos momentos que habían disfrutado juntos eran producto de sus actos ilícitos.

–Pobrecito… si estaba robando al banco donde trabajaba era para darle un mejor pasar a ella, -pensaba de a momentos, para luego recriminarse y decirse que lo hecho por Fer era un delito flagrante en cualquier estado del mundo.

Sin embargo a lo anterior el solo recuerdo de las vendas en su cuerpo, de su rostro magullado y sin algunos de sus dientes le enervaban los sentidos, además de sus últimas palabras antes de dormirse. Y pensar que casi se lo habían matado al no haber querido ella acostarse con un desconocido, -se decía para ella misma, -pero lamentablemente ese costo estaba fuera de su alcance, terminaba repitiéndose una y otra vez ahora con su cabeza y rojos cabellos echados sobre el volante.

Todo eso estaba causando estragos en su conciencia, a la vez que también hacían comenzar lenta y casi imperceptible devastación de sus principios. Pero es que la bella pelirroja de verdad que ya deseaba ayudar a su marido más no sabía cómo.

Finalmente cuando ya era casi el ocaso de la tarde una muy apenada Lissette encendía el motor de su vehículo para regresar a la soledad de su hogar. Y a lo mejor era que la leal esposa sabía cuál era la solución para que Fernando pudiera llevar una vida tranquila al interior del penal, pero ella se negaba una y otra vez a pensar más seriamente en aquel escandaloso asunto.

El día martes la solitaria hembra no abrió las puertas de su negocito, se lo pasó en camisa de dormir el día entero realizando las cosas más comunes que se hacen en una casa, parecía una verdadera zombi, en su cabeza lo único que daba vueltas era que al siguiente día a Fernando lo devolverían a su celda, y quizás qué tipo de cosas le harían esos malditos, si ya casi lo habían matado lo que vendría ahora sería mucho peor, le machacaba su conciencia.

Cuando no pensaba en esto, lo otro en que meditaba y que era muy parecido a lo del párrafo anterior, era que la hembra ya casi no soportaba estar tan tranquilamente en la seguridad de su casa, casa que había comprado Fernando, mientras que el corría un peligro inminente de que le ocurriera lo peor que le puede ocurrir a un hombre, si incluso hasta se sentía como una mal agradecida al no poder hacer nada al respecto.

Recordaba claramente que fue su mismo esposo quien le dijo que no sacaría nada en limpio denunciando la agresión de los delincuentes a las autoridades carcelarias, ya que si así lo hacía solo empeoraría su situación, otra vez pensaba en que podría hacer ella para mejorarla.

También tuvo momentos en que en su desesperación meditaba en la remota posibilidad de ir ella a hablar con ese tipejo para que dejara en paz a su marido, pero al instante recordaba el precio que le pediría este para tal efecto por lo que la idea la descartaba en el acto, ese hombre ya había demostrado ser un animal por lo tanto actuaría de la misma forma con ella, terminaba pensando con escalofríos de pavor en su cuerpo con solo imaginarse a ella teniendo sexo con aquel recluso.

Aquella noche Lissette casi no durmió, al igual que Fernando su marido hace algunas semanas atrás, sus sueños se convirtieron en terribles pesadillas, en estas veía como al abrir la puerta de su casa encontraba a su marido muerto y en el piso, en otras lo veía llorando y puesto de rodillas suplicándole a que lo ayudara de la forma en que ya todos sabemos, pero la más terrible de todas para la casi enloquecida mujer era la que de un vehículo en marcha se lo arrojaban todo desnudo y muerto, y que ella al llegar a su lado lo veía con mucha sangre en su trasero. Esta y muchas pesadillas mas son las que asaltaron a la bella pelirroja aquella infernal noche.

Eran las 9:00 de la mañana cuando una hermosa hembra de cabellos rojizos y cuerpo generoso abordaba su automóvil en forma pensativa. Lissette trasnochada y todo se había duchado casi en el alba, para luego tonificar su piel con distintos tipos de lociones, su vestimenta era la común de siempre, pantis, medias naturales y un sencillo vestido ciñéndose a su cuerpo.

Mientras manejaba su carro la expresión de su cara era la misma de siempre, seriedad absoluta y digna. Con sus manos puestas en la dirección y con sus piernas casi inmóviles dirigía la conducción, a veces frenando y otras acelerando, sus rodillas y parte de sus muslos brillaban a causa de las finas medias debajo del volante al habérsele subido el vestido como es común cuando una mujer conduce, hasta que por fin llegó a destino.

Pasó la primera reja del recinto carcelario, ese día su marido no tenía visita, solo gozaba de ellas los días domingo, por lo mismo se dirigió a la parte administrativa que el mismo Fernando le había dicho en su momento, hasta que con su cuerpo hecho un nudo de nervios estuvo de pie ante la ventanilla que en su parte superior decía: “Solicitud de visitas conyugales”. Lo había pensado casi toda la noche, claro que asaltada por las espantosas pesadillas, pero ya cuando aclaraba la mañana lo decidió, ella finalmente había decidido ayudarlo.

–Dígame…, -le dijo una mujer uniformada cuarentona y medio regordeta que usaba unos pequeños lentes de lectura, Lissette veía que su uniforme estaba lleno de insignias federales, y otros parches raros como si esta viniese llegando directamente desde la guerra de Irak.

La colorina tragando saliva y ya más roja que un tomate por lo que estaba a punto de solicitar, por fin le dijo con voz entre cortada:

–Ne… Necesito… so… solicitar una v… vi… visita c… co… con… conyugal…. –las palabras le salían ahogadas, ni ella misma se creía de lo que estaba solicitando.

–Ahhh… era eso, su identificación por favor…

Lissette con mucha delicadeza aunque con sus manitas temblorosas abrió su bolso y extrajo su tarjeta de identificación.

La mujer carcelera una vez que ingresó los datos le habló:

–Oiga señora creo que no podrá hacer uso del beneficio por esta vez, su marido aun está en la enfermería según me dice el sistema, su alta es para mañana así que…

–No… no es con él con quien debo hacer uso de ese beneficio…, -la pelirroja en ningún momento pensó en este desliz.

–No le entiendo… sino es con su marido… entonces con que presidario desea acostarse?, -le consultó fríamente la carcelera ante el silencio de la pelirroja.

Lissette se quedó mirándola con sus exquisitos labios entreabiertos y respirando agitadamente debido al nerviosismo que le causaban aquellas acusadoras palabras de la mujer uniformada, pero luego cayendo en cuenta que esta no le estaba diciendo nada más que la purita vedad fue y le dijo con quien ella debía tener el beneficio de la visita conyugal.

–Con el señor Octavio del Toro…, -le dijo ahora mirando tímidamente a la mujer.

La guardiana en forma refleja se bajó los lentes para quedar mirándole en forma inquisidora desde el otro lado del ventanuco, para luego de unos largos segundos volver a subirlos y teclear los datos que ahora esa mujer colorina le indicaba, mientras los ingresaba movía su cabeza en forma negativa claramente para que la mujer pelirroja lo notara, Lissette sentía que en cualquier momento se desmayaba por la bajeza que estaba cometiendo.

Mientras la carcelera ingresaba y revisaba la información frente al ordenador que también era carcelario y estaba lleno de calcomanías por los costados del monitor, esta hablaba para sí misma: (Obviamente con la pelirroja escuchando)

–Esto es el colmo, la primera visita conyugal y a revolcarse de inmediato con otro hombre, seguro terminará de puta…, -fueron estas palabras las que hicieron reaccionar a la atractiva pelirroja y justo en el momento en que la iba a increpar a que midiera bien sus palabras porque ella no tenía idea por lo que estaba pasando su marido fue la vieja carcelera quien no la dejo hablar:

–Ya está aprobada la solicitud del beneficio SEÑORA, -le dijo la guardiana recargando su voz en su última palabra, pero la vieja continuaba dándole los pormenores, –Como esta visita conyugal no estaba programada deberá esperar 15 minutos para que se le dé aviso al preso ese que usted dijo y la pueda recibir como corresponde, espere ahí sentada, nosotros le avisaremos cuando ya pueda ingresar.

Lissette caminó dudosa hacia donde estaban los asientos que le indicaban, pensaba que aun había tiempo para echar marcha atrás de lo que estaba a punto de hacer, para largarse lo más lejos posible de esa inmunda cárcel, no obstante a ello y por esos misterios de la vida y por el afán de proteger la integridad de su marido la atractiva pelirroja no lo hizo, solo esperó sentada hasta que le dieron aviso que el recluso Octavio del Toro la estaba esperando.

(15 minutos antes en la celda del recluso)

–Aun no lo creo Gitano hijoeputaaaa…!!!! La zorra esa de cabellos rojizos está esperando para que me la culie…!!!!!, -le decía el asqueroso recluso a su amigo el gitano mientras se lavaba la cara y las axilas directamente del agua acumulada del WC que tenían adentro de la celda ya que no contaban el lavamanos al estar este descompuesto y sin suministro de agua.

–Entonces la pendeja esa si pidió la visita conyugal…??

–Si, lo que escuchas mi buen gitano, la muy puta al parecer entendió el mensaje que le enviamos con la pateadura que le dimos al maricon de su esposo, jajajajaaaaa…!!!

–Pártele el culo a la primera para que la cosa valga la pena mi buen Toro…, -le decía el gitano a su compinche con ardiente entusiasmo en su rostro.

–Seeeeeeee… se lo partiré sin miramientos y a la primera… tal como se les debe hacer a las culonas como ella, que se cree…!?, pero antes se lo estaré lamiendo por lo menos una hora a la desgraciada, le debe saber a dioses, jajajaaa…!!!, luego de eso se lo rajo a vergazos.

–Y como le harás para servírtela si ni siquiera hemos armado una tienda para la visita conyugal…!?, -el gitano recordó al instante que al no haber tenido novedades de la hembra en esos días y como a ellos ya nadie los visitaba, su jefe no tenía donde recibir a la colorina.

–Naaaa… primero la iré a saludar al gimnasio, para ver si realmente viene a culear, si es así me la llevaré a la parte de las celdas abandonadas, ahí tengo unos cartones y me la podre coger más tranquilo, además que ya varios camaradas hacen uso de ellas para sus visitas conyugales, Jejeje,

–Jejejeje… eres un suertudo Toro, te vas a coger una hembra tremenda, ninguna puta de las que viene a trabajar le llega ni a los talones a esa pelirroja…

–Tranquilo we…, te prometo que la próxima zorra buena que llegue la tendrás, pero a esta la quiero solo para mi, crees en la calentura a primera vista…!?, pues creo que yo sufrí de eso apenas la vi, jejejeeee…, -le dijo el Toro a su amigo el gitano en los momentos en que ahora aun arrodillado en el WC se echaba agua en su seboso pelo, para que la hembra creyera que recién venía de darse una ducha.

Lissette ya esperaba nerviosamente sentada en una de las apolilladas bancas del recinto carcelario, esta vez ella se encontraba al otro lado del alambrado que existía en aquel horrendo gimnasio repleto de gente, el mismo donde se realizaban las famosas visitas conyúgales, en su silenciosa espera la hembra lloriqueaba limpiándose sus ojos azules delicadamente con un pañuelo, y lloraba por dos razones, la primera: Lissette estaba aterrada por lo que iba a hacer aunque de igual forma aun guardaba esperanzas de que aquel delincuente con el cual se iba a entrevistar entrara en razón, y la segunda era de que si ese hombre, el tal Octavio no le hacía caso en forma forzosa iba a faltarle a su marido, pero y que mas podría hacer?, ella debía ayudarlo si o si, es decir… si ella cedía y finalmente se atrevía a ir a acostarse con aquel hombre estaba claro que solo lo haría por el bien de Fernando su esposo.

Estando en lo anterior la bella pelirroja vio con mas horror aun que aquel inmundo tipejo y su sequito de amigos-delincuentes ya se venían acercando hacia donde estaba ella, por lo que rápidamente llevó su asustada mirada en sentido contrario de donde se acercaban los presidiarios, de soslayo pudo advertir que el ordinario hombre de don Octavio del Toro se acercaba a ella con la misma ropa en que lo había visto siempre desde que ella visitaba a su esposo, de jean y con una mugrienta camiseta musculosa y sin mangas que ni siquiera le cabía metérsela en las pretinas de sus pantalones debido a su prominente panza.

El gitano con los demás hombres desviaron su camino, por lo que fue don Octavio del Toro, cual Tiranosaurio en busca de su presa, quien ahora avanzó solitario hasta donde se encontraba la aterrada mujer.

El viejo iba más que caliente, ya iban a ser casi dos meses que estuvo esperando un momento como este además veía que la muy desgraciada aquel día lucía mas buena que nunca, comprobaba y se decía para sus adentros el maleante mientras más se acercaba a ella.

Aquel día Lissette, quien no estaba acostumbrada a vestir tan insinuadoramente llevaba puesto un delicioso vestido primaveral sin mangas y de color azul oscuro, era el más sobrio que encontró aquella mañana en su armario, claro que encima de este traía puesto otro de sus chalecos de hilo con el objeto de no mostrar más piel de lo debido, ya que por nada del mundo deseaba hacer pensar al delincuente que ella se había arreglado para él. Pero este quien ya estaba casi a su lado pensaba que aquella portentosa criatura de cabellos rojizos que lo esperaba sentadita con sus piernotas bien cerraditas y con cara de no quebrar un huevo era verdaderamente de otro mundo. Su vestido se adosaba perfectamente a las formas de su cuerpo, además veía que sus tetotas intentaba tapárselas con un chaleco delgado y de una tonalidad también oscura, pero él ya las imaginaba al desnudo, debía tenerlas grandes, blancas, duras y muy aromáticas pensaba el presidiario con su verga ya a medio filo y con ríos de calentura corriéndole por las venas.

Hasta que por fin el macho estuvo a un lado de aquella hembra a la cual ya ansiaba poseer.

El viejo Octavio quien llevaba años sin tratar con una mujer de verdad, ya que solo lo había hecho con prostitutas acostumbradas al ambiente carcelario, no tuvo el tino suficiente como para por lo menos llegar a tener la mas mínima gota de interés por parte de ella hacia su persona, ya que estaba casi seguro que la hembra iba a querer ir a mantener relaciones sexuales con él de buenas a primeras, así que la saludo de la misma forma en que el acostumbraba a tratar a las hembras de su propio ambiente:

–Hola puta, hasta que al fin te decidiste a venir a nuestra primera visita conyugal, jajajjaaaa…,

Lissette se lo quedó mirando en forma incrédula y de extrañeza con semejante recibimiento, esta era la primera vez que trataba con ese hombre y vaya la forma en que este se expresaba hacia ella.

–Que… que… diceee…?,

–Lo que escuchas pendeja, -Siguió diciendo el delincuente quien ya se creía ganador, –Te digo que al fin te decidiste venir a culear conmigo, jajajjaaaa…!!!

La colorina lo recorrió de pies a cabeza, preguntándose si realmente cabria la posibilidad de intentar llegar a otro tipo de acuerdo con tan ordinario sujeto, hasta que por fin le habló:

–Noooo… yo no vengo a e… esoooo…, como se le ocurre…?

–Como que no?, Esta es una visita conyugal… o me equivoco…?, si hasta parece que ya estas como toda una perra caliente que quiere que se la cojan, tu almeja ya debe estilar litros de jugos al estar deseando una buena verga… jaja…! verdad ramera…!?, -y diciendo esto último el delincuente quien ya estaba sentado junto a ella posó descaradamente y con total propiedad una de sus peludas manazas en el suave muslo enfundado en medias de Lissette, la sensación para el recluso fue indescriptible la dureza de este y la suavidad que se adivinaba por debajo de la delgada tela de las medias le aceleraron todas las pulsaciones de su grotesco cuerpo carcelario, se la quería violar ahí mismo encima de la banca, no importándole la presencia de las demás gentes que repletaban el gimnasio.

Lissette estaba horrorizada, sus azules ojos quedaron clavados en la morena manaza del viejo Toro puesta en una de sus piernas, al ser consciente que esta era la primera vez en su vida que otro hombre aparte de Fernando la estaba tocando, además de la semejante y soez bienvenida por parte de este.

Una vez superado aquel asfixiante primer contacto la pelirroja rápidamente llevó una de sus manitas para intentar retirar la mano del viejo de su muslo pero esta estaba muy incrustada, y por su parte don Toro aprovechó en el acto esa situación para posar su otra manaza encima de la suave manita de Lissette para seguir soltándole sus leperadas, y a la vez increparla al notar la negativa reacción de la que iba a ser su mujer:

–Que pasa mamacita rica, acaso aun no estás convencida de querer seguir viendo con vida al pendejo de tu esposo?, vamos yo se que si… solo deberás acompañarme a una parte donde estaremos solitos… luego te sacas esos trapos hasta quedarte encuerada y te me vas abriendo de patas, eso es todo putita… verás que luego te saldrá gustando venir a visitas conyugales solo conmigo, jejejeeee…

Como se dijo anteriormente Lissette había estado aterrada, pero sus miedos eran de la acción que ella supuestamente iba a realizar por decisión propia viniendo ella de una familia y educación profundamente católica apostólica y romana, y no era que le tuviera miedo a ese hombre, ahora mientras este le hablaba tan descaradamente le veía claramente esa fea y notoria cicatriz que surcaba su rostro moreno, lo único que podía sentir por él era odio y aversión, así que dejando atrás todos los temores antes mencionados sacó a la luz su carácter, claro que no con tanta determinación como comúnmente era en ella, esto debido a la anormal situación que estaba viviendo.

–Se… señor por favor no mal entienda las cosas… yo solo vine a conversar con Usted…, -le dijo a la misma vez que lo miraba directamente a su cara intentando hacerle ver su superioridad social.

–Queeeee!?, -el vejete ya no estaba entendiendo a que se debían esos aires de zorra relamida por la forma en que lo miraba la hembra, esto le recordó la calentura que lo invadió todas las oportunidades en que la vio ingresar a visitar a su marido con esa cara de mujer fiel que tanto la caracterizaban.

Hasta que fue la misma Lissette quien lo ponía en antecedentes:

–Mire… nosotros…, es decir mi marido y yo somos gente de trabajo… nosotros no pertenecemos a este ambiente, por favor solo déjenos tranquilos y le prometo que no levantaré acciones legales contra Usted y sus amigos por haber golpeado a mi esposo…

El viejo había encendido un cigarro y mientras fumaba, la escuchó entre molesto, caliente y entretenido hasta que soltó una estruendosa carcajada casi en la misma cara de la atractiva pelirroja.

–Jajajaaaa…!!!! No me hagas reír pedazo de puta… crees que amenazándome con hacer una denuncia te salvarás de pasarme la concha!?, tu marido está condenado a 5 años de presidio por estúpido, como se le ocurrió ponerse a robar de chaqueta y corbata…!?, jajajjaaaa…!!! Eso se hace con pistola en mano primor, y luego hay que huir para que no te caiga la poli encima, el muy pendejo adulteró papeles bancarios, así como?, jajajjaaaa…!!!!, además que el mismo me dijo que no tenían ni un peso, como vas a pagar un abogado para denunciarnos?

La pelirroja por unos cuantos segundos buscó que argumento utilizar, el presidiario prácticamente la tenía en jaque, así que ya con otra expresión en su rostro y dejando a un lado la altanería se dio a intentar persuadirlo de sus ardientes intenciones para con ella:

–Señor Toro… por favorrr… se lo pido…! D… deje… deje tranquilo a mi marido…!!, -con esto la bella Lissette notoriamente bajó la guardia y el viejo presidiario así lo notaba.

–Por supuesto que lo dejaré tranquilo mami… pero tú ya sabes cuál es el precio por ese servicio, no es así putinga…?, -tras decirle lo ultimo el viejo Octavio comenzó a sobarle levemente el muslo con su áspera mano, Lissette ya no decía nada sobre esto, y por otro lado la desesperación de la hembra era tal que ni siquiera se había molestado en frenar al viejo por la vulgar forma en que se dirigía a ella, que mas podía esperar ella de un convicto?

Mientras esto se sucedía en la banca en que estaba sentada la bella Lissette con el ordinario y corpulento recluso, en el resto del gimnasio la visita en general se desarrollaba con normalidad, y a solo un par de metros de donde estaban ellos existía un sin número de habitáculos hechizos con frazadas donde las esposas ingresaban a concretar la visita conyugal con sus maridos recluidos, como también en otros abiertamente se ejercía la prostitución. Sin embargo nuestra pelirroja aun no estaba segura si iba a poder ella ayudar a su marido en la única forma que al parecer se podía.

–La verdad es que no puedo hacerlo señor, -le dijo ahora en forma cabizbaja, ya que por el curso de la conversación ya intuía en como terminaría todo aquello, –No sé como no lo entiende…?

El viejo tras escucharla, y con solo ver de tan cerca esa carita de muñeca aniñada y de cómo ella fruncía sus tentadores labios rojos para ocupar palabras casi de resignación supo que esa hembra ya estaba a punto de ceder, por lo que se dio a seguir presionándola para poder ir a cogérsela todo lo que el quisiera.

–Escúchame bien zorra remilgada, a ver si esto te aclara como son las cosas para ti desde este preciso momento…, yo puedo hacer que orita mismo vayan unos perros a la enfermería y se despachen a tu marido de la forma más dolorosa que puedas imaginar… aparte de eso si quiero vengo y te arrastro hacia el interior de la cárcel y te violo todo lo que yo quiera junto a mis amigos, recuerda que fuiste tú sola quien pidió esta visita conyugal, pero por otro lado también puedo cuidar de tu marido para que no le rompan el ojete como ya quieren hacerlo muchos aquí adentro, así que lárgala de una… la vas a hacer por las buenas o por las malas…!? -La expresión en la cara de Octavio del Toro ahora era de ferocidad lujuriosa, quería cogérsela a como dé lugar, pero presentía que por la actitud de la mujer esta en cualquier momento se podría echar para atrás y se quedaría sin pan ni pedazo.

Por su parte Lissette teniendo en su mente todas las ultimas palabrotas del vejete se sintió perdida, se sentía impotente de no poder hacer nada, sabía que el recluso tenía la sartén tomada por el mango, y sin poder evitarlo se dio a decirle todo lo que le nacía desde lo más profundo de su ser:

–Es Usted un desgraciadooo…! un cobarde…! Está tratando con una mujer con principios por Dios…!!!, como me propone que me acueste con Usted si esta es la primera vez que hablamos…!?

El feliz vejete seguía analizando la expresión de su cara al momento que ella le iba hablando, y una vez que Lissette terminó de increparlo, el también le dijo lo suyo:

–Escúchame yegua quisquillosa…, yo no deseo conversar contigo de nada, y no me interesa saber nada de ti, ni que música te gusta ni mariconadas parecidas… mi único interés está en ese tajo que te cargas al medio de tus piernotas, solo quiero cogerte, meterte la verga hasta el fondo y correrme adentro tuyo… aun así estoy dispuesto a hacerte una última oferta… que dices…!?

–C… cual… cual oferta?, -Lissette ahora nuevamente había levantado su vista y lo miraba directamente a sus negros ojos.

El viejo antes de contestarle quedó maravillado con el azul intenso de los ojos de Lissette, además de darse cuenta que ella mostraba un poco de interés en llegar a algún tipo de acuerdo con él a sabiendas del tipo que este sería, esto lo calentaban aun mas, ya con su respiración algo agitada se dio a realizar su última propuesta:

–Es simple… si aceptas iremos a un sector que está detrás del gimnasio, en este también se realizan visitas conyugales, nos encerramos en una de las celdas que están desocupadas y nos ponemos a culear como desesperados, jejejeeee…!!!, me sigues…!?, -ante el silencio de la colorina y por la expresión de su cara al estar esperando en que iban a terminar sus palabras el viejo entendió que ella si lo seguía, –Entonces y como aun es temprano te quedarás en forma continua a la visita de la tarde, así podremos estar culeando por todo el día, y una vez que los guardias den el aviso que se acabo la visita te podrás largar para siempre, solo será un día de culeo desenfrenado y salvarás a tu marido, ya que si es así yo mismo me encargaré de su seguridad… ahora si no aceptas, su vida aquí será un infierno y tu de igual forma saldrás violada, así que dame tu respuesta ahora mismo pendeja, quieres por las buenas o quieres por las malas?

Lissette en forma automática llevó su azulada mirada hacia un lado de su cuerpo, le enfermaba, le ponía mal estar tan cerca de ese asqueroso hombre que tan desfachatadamente le proponía a ella que mantuvieran relaciones sexuales de una forma de lo mas ordinaria, hasta que a sabiendas que la tenían acorralada e intentando confiar a que el delincuente cumpliera con su palabra, le soltó con el dolor de su corazón y con su integridad por los suelos:

–Me… me dijo que solo sería una sola vez…!?

–Escuchaste bien zorra…! serás mi mujer solo por hoy, claro que me correré dentro tuyo todas las veces que pueda, estaremos cogiendo todo el día hasta que se acabe la visita, y cerramos el trato…, pero ese es el ultimo precio y no hay mas rebajas… que dices… pagaras ese precio…!?, -le consultó finalmente y en forma terminante.

–Y que garantías me da de que va a cumplir lo que está diciendo…?

–No hay garantías, solo mi palabra… deberás confiar en mi cosita rica, vamos y dime… salvarás a tu marido?

La pelirroja sentada en la destartalada banca se la quedó pensando por unos momentos. Con una de sus manos puesta en su frente semi tapándose los ojos y con sus apetitosos muslos que los tenia férreamente cerrados supo que ya no tenía más alternativa, el viejo recluso era el que ganaba.

–A… Acepto…, -le dijo de pronto a la vez que bajaba su vista para no mirarlo, –pe… pero solo lo haré para salvar a mi marido… así que solo por esa razón le pagaré ese precio…

El caliente sujeto casi se corrió ahí mismo con aquella lujuriosa respuesta que fluyó de los rojos labios de la mujer que en pocos minutos le estaría mamando la verga, así que entusiasmado por una insana calentura se dio a decirle:

–Que bien dulzura…! que bien…! entonces acompáñame…!!, -el viejo recluso quiso ponerse de pie, pero la hembra la detuvo tirando de su manita asida haciéndole ver que aun faltaba algo en el trato:

–Espere un momento… tengo una sola condición…

–Pero que chuchas…!!! Y cuales esa condición…!?

–Mi marido…, -a la colorina le costaba que le salieran las palabras ni ella misma se creía estar haciendo semejante acuerdo al interior de una cárcel, –Mi marido no deberá enterarse nunca de lo que ocurrirá hoy entre nosotros… me escucho?, nunca…! -Lissette lo miraba con odio.

–Jejejejeeee… trato hecho putita… no habérmelo dicho desde un principio…?, no sabes cuánto me calienta estar cogiéndome a una zorra a espaldas de su marido, jejejeee, así que dalo por hecho, él no se enterara de nadita…, -y diciéndole esto último el vejete finalmente se dispuso a llevársela al lugar en donde por fin la poseería.

Lissette y don Octavio del Toro se pusieron de pie, claro está que la hembra más que nada se puso de pie impulsada por el ansioso vejete, el presidiario en ningún momento la soltó de la mano así que prácticamente se la llevó casi arrastrando a la alejada galería de celdas abandonadas que los presos con mas privilegios del penal usaban para mantener visitas conyugales, todo esto bajo las maliciosas miradas y sonrisillas de los presos y sus visitas que estaban cerca de ellos ya que todos sabían para donde se dirigían y para que, Lissette deseaba morirse.

La pelirroja con el delincuente debieron cruzar dos rejas hacia mas al interior de la cárcel, en las cuales los celadores debían abrir y cerrar para darles paso a las parejas que iban a lo suyo, los tramos eran cortos, pero para Lissette se hacían eternos, y fue en la segunda de estas barreras en las que en el momento antes de que el guardia les cediera el paso este mismo se interpusiera ante ellos…

–Vaya… vaya… pero que tenemos aquí?, -dijo el guardia carcelario que era otro viejo con cara de delincuente con la única diferencia que este estaba vestido con un uniforme estatal.

–Que te pasa pendejo…!, abre esa reja y déjanos pasar, hoy tengo el derecho de hacer uso de mi visita conyugal…, -le decía el viejo Octavio con cara de enojado al guardia, el presidiario estaba tan desesperado por ir a cogerse a esa hembra que hasta ya casi echaba humo por sus narices haciéndole gala a su apellido.

–Y de donde sacaste esta puta Toro…?, de verdad que no la conocía…, -le respondió el salido gendarme en forma aborrecida como si no hubiese escuchado lo que decía el recluso, este mismo con sus ojos salidos como huevos y con una viciosa sonrisa se daba recorrer y devorarse el cuerpo del milagro de hembra que se iban a ir a servir según se daba cuenta.

–Que me dejes pasar hijo de puta, acaso no te das cuenta que vamos apurados…!?

–Tranquilo we, solo estoy admirando esta puta belleza…, -le respondió el uniformado aun sin hacerle caso, para luego dirigir sus palabras a la asustada Lissette, –Cuanto cobras por la hora lindura, esta noche estoy de franco y me gustaría pasarlo bien contigo…, -junto con decir lo ultimo el sulfurado guardia quien ahora no podía quitar su vista del nacimiento de aquellas esponjosas tetas que se notaban en el escote del vestido de la pelirroja osó también a posar una de sus ansiosas manos en uno de los senos de Lissette, pero solo fue un leve roce lo que logró hacer ya que el viejo Toro rápidamente lo tomó de la muñeca y sobre la misma sacó de entremedio de sus ropas un afilado cuchillo de más de 40 centímetros y lo puso en el cuello del envalentonado uniformado aplastándolo contra la misma reja la cual custodiaba.

–No te pases de listo Méndez… el código carcelario dice que los guardias no se meten con nuestras mujeres…, -le dijo el delincuente a la vez que empujaba el cuchillo en la garganta del uniformado causándole dolor.

La pelirroja con su manita puesta en la boca y sin saber a qué atinar solo pensó rápidamente en eso que decía Octavio del Toro, o sea, ella estaba del bando de los delincuentes?, era ella una mujer de ellos?, -esto se preguntaba en tanto la riña continuaba.

–Quítame esa cuchilla pendejo… te irás castigado un mes entero a la sombra y seré yo quien me este culeando a esa pinche puta que te encontraste…

–A… si?, -el viejo Toro sintió que el guardia le estaba tocando algo de su propiedad cuando este osó a manosear a la pelirroja, su afán por cogérsela era tal que hasta estaba dispuesto a matar por lograr su cometido y era eso lo que iba a ser en esos momentos, no importándole las consecuencias se iba a despachar para el otro mundo al pendejo ese, esa mujer le pertenecía, o al menos por ese día la cosa era así, el asunto era que él no iba a tolerar que viniera otro y se la tocara.

En tanto esto se sucedía Lissette con horror y espanto era espectadora de lo que estaba a punto de suceder, cuando estaba a las puertas de ir a acostarse con un bandido, otro hombre aprovechador había querido manosearla además de tratarla vulgarmente de puta, y cuando la expresión de su cara se iba a desfigurar por el espanto al estar presenciando como don Octavio del Toro se proponía a degollar ahí mismo al guardia, una grave y autoritaria voz llegó a poner orden en aquel sector de la cárcel:

–Que está pasando aquí…!?

El joven oficial que vestía el mismo uniforme que el guardia, claro que mucho más limpio y pulcro que el del otro, preguntaba y se imponía ante los actores de aquella inusual situación.

–Te salvaste que llegó tu teniente pendejooo…!, que sino aquí mismito te carneaba…, -le dijo el Toro a su contrincante antes de liberarlo.

–Méndez explíqueme…!!!, -dijo ahora el oficial dirigiéndose a su subalterno.

–El reo me agredió mi teniente…!!, -le contestó el aludido sobándose la garganta.

–No seas maricon Méndez y dile la verdad al oficial…, -Octavio del Toro por si solo se había arrodillado y puesto las manos detrás de la nuca a sabiendas que así se hacía en señal de seguir el reglamento y los códigos carcelarios.

–Que pasó Toro…!? Porque agrediste al cabo Méndez?

–Este pendejo no respeta a nadie, Usted sabe mi teniente que yo me rijo en todo lo que Ustedes determinan y me he encargado de varios asuntos que les han incomodado, solo iba con mi mujer a una visita conyugal y este pendejo empezó a darme jugo… si incluso hasta le agarró una teta…

–Es verdad eso?, -la pregunta ahora iba dirigida a la mujer aludida, el disciplinado oficial no pudo dejar de embelesarse con la llamativa figura de la atractiva hembra de cabellos marcadamente caobas, pero esto duró solo unos segundos luego adoptó el semblante que le demandaba su jerarquía al interior de la cárcel, no involucrándose con los reclusos ni con sus mujeres.

Lissette muerta de vergüenza, por estar ella envuelta en ese tipo de situaciones tan bajas y que caían casi en lo delictivo, solo se dio a asentir con su cabeza y mirando hacia el suelo, no podía mirar a la cara a ese joven y apuesto oficial.

–Méndez váyase a contralar la visita en el gimnasio…, -dictaminó el joven teniente.

–Pero mi teniente… si yo solo…

–Que se vaya a la visita!!, -volvió a dictaminar más enérgicamente el oficial.

Al viejo cabo no le quedó más remedio que acatar la orden de su superior jerárquico y se retiro aun sobándose el cogote, en eso el teniente ahora se dirigió a la pareja que esperaba, la mujer aun con su manita puesta en la boca, y con el corpulento recluso quien ya se ponía de pie…

–Y ustedes dos… sigan a lo que iban…

–Gracias Oficial, le debo un favor, jejejejee…

Lissette aun en estado de shock por lo anteriormente sucedido de pronto y con estupor se vio a las afueras de una larga corrida de puertas una al lado de la otra, era la sección abandonada de la cárcel, y supo al instante que era en una de esas celdas en la que en pocos minutos quizás ya se la iban a estar cogiendo, estando en estas apreciaciones vio como el viejo Toro abrió una de las puertas y en menos de tres segundos ya estaban al interior de esta y a solas.

Los azules ojos de la pelirroja no se cansaban de recorrer en forma asombrada lo que estaban viendo, en forma totalmente abstraída de su situación veía que la celda en la cual estaba metida no era más que un reducido espacio de tres metros de fondo por dos de ancho, sus muros estaban todos pintarrajeados con rallas hechas con algo parecido al carbón, estas rallas simulaban ser los años, o los meses, los días, o quizás que, y que en la parte superior de uno de estos existía un pequeño rectángulo con barrotes que era por donde entraba la escasa luz del día. Pero la ensimismada hembra seguía con su observación:

La palabra escrita LIBERTAD era la que mas destacaba en distintos puntos de las 4 paredes, más diversos refranes como “aquí estuvo el Brayathan…”; “Verga pal que lee…”; “piko y zorra se aman” también eran de las más vistosas. La hediondez a cuerpo y a meados estaban impregnados en el ambiente, pero cuando puso atención que en un rincón de la celda y en el suelo estaban puestos unos mugrientos y delgados cartones simulando ser una cama recordó en forma espantada los motivos para lo cual ella estaba ahí en esos momentos.

Fue ahí cuando la confundida hembra se preguntó a si misma que era lo que estaba haciendo ella en aquel siniestro lugar?, y cuando su mente ya le indicaba que lo mejor para ella era hacer abandono en forma inmediata de aquella inmunda celda, fue el caliente recluso quien la devolvió a su realidad tomándola desde la cintura y atrayéndola con fuerzas contra su pecho, este aparte de ser muy gordo, ancho y corpulento era por lo menos unos 15 centímetros más alto que Lissette, y la calentura ya casi lo desbordaban en aquella ardiente mañana de visita carcelaria,

–Órale pendeja…! Empecemos…, al fin estamos solo tú y yo…!, –Ahora dame unos besitos mamacita ricaaa…!, -le iba diciendo el viejo a la medida que la iba atracando al muro donde quedó apoyada de espaldas la asustada pelirroja.

El viejo Octavio al tenerla así de agarrada y en aquel estado, con su cara tajeada y sus gruesos labios buscaron la altura de su desprotegido cuello, el aroma floreal que emanaba de aquella parte y de sus fragantes cabellos y al estar también solo centímetros del nacimiento de aquellas formidables protuberancias de carne dura que la hembra se gastaba por tetas, y llevado por un acto de autentico reflejo se dio a sumir su gran bocaza abierta en las fragancias del cuello de la contrariada mujer, situación que aprovechaba para lamerla y besuquearla en aquella suave y erógena zona que él estaba usurpando.

Lissette con su carita apoyada al borde del muro solo lo miraba hacia un lado de su cara, sus aterrados ojos azules veían como el salido recluso movía su cabeza en su cuello, sentía como esa tibia y pestilente boca con lengua incluida iban humedeciendo toda su sensible y suave piel. También sentía como la panza de aquel detestable hombre privado de libertad se comprimía contra su plano estomago, ahora la escandalizada pelirroja se estaba poniendo más que nerviosa por la situación de estar ella y ese aprovechador recluso solos y al interior de una celda carcelaria en desuso.

Lissette quien se encontraba al borde del estado de shock y mientras era asquerosamente lamida y succionada en su cuello a duras penas calculaba que aun quedaban muchas horas para que ella pudiera retirarse de aquel horrible lugar, y antes de que le ocurriera lo peor intentaría por todos los medios posibles evitar que el cochino viejo presidiario le hiciera eso, o sea, que se la violara, aun así en su mente pensaba que tal vez si ella no cumplía con su palabra quizás que cosas podrían ocurrirle a su marido por lo que sus ganas de oponer resistencia pasaban a la espera de a momentos dejando con esto que el viejo Octavio siguiera en sus ardientes avances a base de ásperos lengüeteos en su cuello, de igual forma se dio a intentar frenar la situación:

–P… por favor don T… To… Torooo… déjeme… yo no estoy acostumbrada a estoooo… Dejemeeee!!, -le dijo en forma suplicante con sus azules ojos bien abiertos y mirando como el viejo no menguaba en sus besuqueos en el cuello, claro que ella sabía que no la iban a dejar, ya que para algo aun mas peor era para lo que ella había ingresado a esa celda con semejante hombre, hasta que este ultimo una vez que paró de chupetear y lamer, la tomó otra vez y mas rudamente de sus caderas atracándola con más firmeza contra el muro para luego decirle:

–Te tendrás que ir acostumbrando perraaa…!! Nosotros dos tenemos un acuerdo y de aquí no saldrás sino es bien cogida, este tremendo culazo vikingo que te gastas y estas chichotas que te cargas por ahora son solo mías, así que por favor ya déjate de estupideces y comienza a pagarme lo convenido…!!!

Lissette sentía todo el peso del viejo contra su esbelto cuerpo y el frio muro de cemento donde la tenían atracada, ella veía y se daba cuenta que ha medida como este le aclaraba de cómo era su situación la miraba en forma aterradoramente degenerada, alternando su mirada a sus pechos y a su cara, miradas que le hicieron sentir horror por lo que ya se acercaba, la colorina estaba que se meaba ahí mismo parada como la tenían debido al pavor de verse a ella misma siendo violada en el frio suelo de aquella celda donde estaban, así que estando en tan comprometedora situación, fue el viejo recluso quien la sacó de aquel insólito estado de nerviosismo,

–Ya… ya putaaa… ya no te hagas la importante conmigo y regálame unos ricos besitos con esa boquita de zorra relamida que te gastas…, -junto con decirle esto último el asqueroso y viejo presidiario estiró sus gruesos labios intentando buscar los de Lissette, la joven casada intentaba por todos los medios posibles evitar que eso ocurriera por lo que movía su bello rostro a ambos lados del muro esquivándolo y diciéndole:

–Don Octavio… n… no q… quieroooo… n… no lo ha… gaaaa… soy c… ca… casadaaaa…!!!

El salido vejete le contesto en forma más eufórica aun,

–Eso me calienta mas washita ricaaaaa…!!!, vamos dímelo otra vez para que mi verga se siga endureciendooooo…!!!!, -el viejo Octavio al ir diciéndole eso último le faltaban manos para seguir manoseándola, estas la recorrían entera, al presidario le encantaba estar comprobando el mismo las formas corporales que poseía la preciosa pelirroja, sus ganas de besarla en los labios se acrecentaban aun mas.

–Noooo…! no me be… beseeeee…! eso no lo hablamosssss…!!, -le seguía reclamando Lissette a la misa vez que esquivaba lo voraz y babeante bocota del viejo una y otra vez, pero este se entretenía mas todavía con las desesperadas salidas de su víctima…

–Jajajajaaaa…!!! Tú sí que eres estupidaaaa…!!!!, o sea estas dispuesta a pasarme la concha pero no a darme besossss…!?, jajajajaaaa…!!! Pues haz cuenta que eso estaba anotado en la letra chica del contrato, así que ahora regálame tu boquita de zorraaaa…

Pero la desesperada colorina seguía rehuyendo sus afanes de besos una y otra vez.

El viejo Toro dejando de lado por un momento las ganas de probar el sabor de su boca, y cayendo en un estado de lujuriosidad desmedida a causa de la desbordante calentura que le provocaba la resistencia de la pelirroja y de cómo ella intentaba frenarlo poniendo en el tapete su situación conyugal y eso de que no lo habían hablado cuando se habían puesto de acuerdo para literalmente ir a culear se dio a vociferarle cual era su punto de vista al respecto:

–Me importa una verga que no lo hayamos tratado antes o que seas casadaaaa…!!! –y en un rápido movimiento de manos le subió el vestido a la altura de su cintura y metió sus dos manazas entre la tela de las medias y la piel femenina apoderándose en el acto y a dos manos de ese poderoso y redondo par de suaves nalgotas que tanto había estado deseando comenzando a sobarlas casi con desesperación a la misma vez que su tanda de verdades continuaba, –Además y para que lo sepas lo que más me calentó de ti la primera vez que te vi pasar al gimnasio meneando este culo que te cargas, era ver la cara de perra fiel y altanera que ponías al ir pasando frente a nosotros, jajajajaaaa…!!!, así que déjate de puteadas de poca monta y entrégate zorraaaa… que en pocos minutos ya esteremos culeando como verdaderos perros calientes mientras tu maridito espera el día de tu visita, jajajajaaaa…!!!!

En eso el viejo nuevamente estiró su salivosa trompa buscando en forma desesperada los rojos labios de Lissette, por su parte ella otra vez se dio a evitar que le comieran la boca:

–N… Noooo…! n… no me beseeee…!!, -le exclamaba esquivando los siseos que hacía el viejo en busca de fundir su bocota con la de ella.

El presidiario al ver la negativa de la mujer a besarlo nuevamente se sumió a lamerle ansiosamente el cuello y los oídos. Por su parte y en la mente de la pelirroja quedó rondando esa última idea, que pasaría si su marido se llegaba a enterar que ella había concurrido a una visita conyugal con don Octavio del Toro, si bien fue el mismo Fernando quien en su desesperación se lo tuvo que solicitar en una ocasión, después de su última visita en la enfermería y lo que hablaron aquel día cambiaba todo aquel escenario.

Estos pensamientos se unieron a las grasientas sobadas en su trasero, sumándole también los continuos lengüeteos que le estaban dando en el cuello lo que le ocasionaron unas sensaciones nunca antes sentidas, estas eran una seguidilla de tímidos escalofríos que le recorrieron levemente su espina dorsal, aun así Lissette no le prestó mucha atención a aquello, ya que en esos momentos ella solo se sentía humillada por aquel viejo recluso que a viva voz le ponía en antecedentes que ella ni su situación le importaban y que solo deseaba cogérsela, como si ella fuese una cosa que sirve solo para tal efecto, o tal vez como un juguete sexual, ella no era ninguna muñeca inflable se decía en alguna parte de su mente.

La ofendida hembra con sus ojos fuertemente cerrados y con lagrimas corriéndole por su cara resistía las asquerosas baboseadas que le practicaban a lo largo de su garganta, solo se daba a pensar que mientras ella se encontraba en tales circunstancias al interior de una celda de esa cárcel su marido estaba todo magullado en la enfermería del mismo recinto, esto se lo había recordado el mismo recluso que se estaba aprovechando de ella y de su situación pensaba Lissette mientras seguía sintiendo los desvergonzados magreos y lamidas de aquel vil sujeto.

Pero el recluso ya estaba caliente, muy caliente, la mujer del presidiario primerizo que él había engatusado a base de hacerle creer en primera instancia que lo estaba ayudando sin ningún interés de por medio estaba muy buena, en tanto el continuaba con sus ardientes besuqueos y lengüetazos, y ya deseaba doblegarla por lo que decidió hacerle notar lo que él tenía para ella.

Lissette temió lo peor cuando al estar ella con su vestido subido hasta la altura de su cintura sintió como su violador posaba algo notoriamente duro sobre las delgadas telas de sus medias y del pequeño triangulo formado por su fina y pequeña ropa interior, totalmente horrorizada caía en cuenta que aquella dureza que sentía restregarse contra su vagina era el pene erecto del recluso.

La pelirroja rápidamente puso sus manos en el pecho de su caliente adversario intentando con esto sacárselo de encima, pero don Octavio del Toro ya casi perdiendo los estribos con tal actitud por parte de la soberbia colorina, la tomó con ambas manazas fuertemente de sus pelirrojos cabellos obligándola a que lo mirara, su verga quedó casi incrustada en las finas medias de la mujer, justo al medio de aquel místico triangulo que protegían lo mas intimo que era poseedora la atractiva Lissette.

–Escúchame bien puta de mierda, ya me estas cansando con tu altanera actitud de perra relamida, acaso no quieres volver a ver con vida a tu marido, o acaso prefieres verlo convertido en mujer para el resto de sus días?, -el viejo por cada palabrota que le decía en su mismo rostro empujaba su cintura contra ella haciéndole sentir el poderío de su verga, como a su misma vez más fuerte la jalaba del cabello, –Así que dímelo tu misma zorraaaa… me vas a secundar SI o NO en todo lo que yo te haga…!?

Lissette estando tremendamente asustada al imaginar que a su marido lo mataban al interior de la cárcel, o peor aun que hasta se lo violaban, y estando además muy adolorida por la brutal forma en que estaban jalándole sus colorines cabellos se dio a contestarle,

–Está bien…! Usted gana…!! yo lo voy a secundarrrr…!!!, -el viejo seguía jalando mas fuerte aun,

–Secundar en que putaaa…!!??, -por la forma en que se lo pregunta claramente don Octavio quería estar seguro que la hembra estaba hablando su mismo idioma, y Lissette si lo estaba haciendo:

–E… en… en todo lo que Usted me hagaaa…!!!, -en la expresión de su cara y el titilar de sus ojos azules solo denotaban un miedo terrible, Lissette estaba muy asustada.

–Dilo completo zorrilla… que quiero estar segurooo…!!!,

–Yo lo voy a secundar en todo lo que Usted me hagaaaa…!!!, pe… pero ya pare, no me jale del pelo que me dueleee…!!!

–De verdad zorraaaaa…? o esta es otra de tus puteadas???!!!!

–Ya le dije que voy le voy a secundar en todo… pero don Toro… ya no me jale del cabelloooo…!! Por favorrrrr…!!!

El presidiario si hubiese estado con otra de las tantas putas de las cual estaba acostumbrado a tratar hasta la hubiese abofeteado ahí mismo, aparte de patearla todo lo que él quisiera antes de violarla, pero con solo verle el azul profundo de sus ojos, su preciosa cara de rasgos casi angelicales que ahora solo denotaban temor, por alguna extraña razón se contuvo y poco a poco fue aflojando, hasta liberarla, pero siempre manteniendo su verga firmemente adosada a la vagina de Lissette.

–Bien putaaa…! espero que desde ahorita nos entendamos mejor, ahora nos besaremos.

El viejo Octavio muy caliente como ya estaba y sintiéndose satisfecho con sus logros la había soltado del cabello y nuevamente volvió a estrecharla hacia él tomándola por la amplitud de sus caderas disfrutando a concho y con sus propias manos el voluminoso cuerpazo que se gastaba la joven mujer del otro convicto, la suavidad de su piel en la parte de sus caderas y de sus redondas nalgas eran desquiciantes sumándole a esto que esa sensación de carnes apretadas por el efecto de las medias se le hacían más exquisitas aun, ahora y a la misma vez que la comprimía fuertemente hacia él para que Lissette sintiera en su panochita lo muy parada que tenía su verga gracias a ella se daría a literalmente comérsela, y a sabiendas que la colorina ya no pondría obstáculos de por medio sin más se apoderó de aquella fresca y sensual boca mandándole un beso asfixiante y represivo, sintiendo en su bocota un delicioso aliento tan dulce como la miel.

Por su parte la bella Lissette se mantenía con sus hermosos ojos azules completamente abiertos mientras estaba siendo forzosamente besada en la boca, sintiendo asco al notar como la áspera legua del caliente y aprovechador sujeto se internaba en su boca, esta se introducía en su delicada cavidad oral usurpándolo todo e impregnando su paladar a cigarro y a nicotina ya que el viejo hace poco rato había estado fumando, esa lengua pastosa y extraña se movía desesperadamente buscando la suya propia, el viejo recluso movía su cara sin despegar un solo centímetro su boca con la de ella, pero lo que más le preocupaba a la formidable pelirroja era que el bulto que sentía comprimirse en su vagina este era tremendo y estaba espantosamente duro, lo sentía como si el viejo no tuviera un pene normal puesto en esa parte, lo que ella estaba sintiendo que le comprimían en su delicada hendidura era tan duro como una piedra…, que piedra…!? Eso era una rocaaa…!!!, -se gritaba angustiantemente en su mente en tanto el asqueroso besuqueo continuaba.

–Sssptsss…! Ssssptsssssss…!!!, -era el sonido de bocas devorándose entre ellas al interior de la ordinaria celda, mientras que Lissette era salvajemente punteada, ella en forma desesperada se movía agitadamente contra la pared ante aquel brutal sesión de asquerosos besos que le estaba robando el desvergonzado criminal, ni mencionar el dolor que sentía en la zona de su pelvis.

Por su parte el viejo Octavio ya sintiéndose dueño de la situación y más caliente que el pitón de una locomotora a carbón ya se la quería coger con desesperada lujuria. Tras pasar tres largos minutos en que la estuvo besando a la fuerza y moviendo sus caderas si como ya estuviese cogiéndosela despegó su bocota de los rojos y azucarados labios de Lissette, entre ambas bocas quedaron llamativos puentes salivales que los unían.

La extenuada pelirroja quedó respirando agitadamente a causa de la falta de aliento en que la dejó el facineroso criminal con su asqueroso y lenguoso ósculo, pero este no le dio tiempo a nada, ahora y tras bajarle el delgado chaleco que cubría la complexión superior de Lisse, con su bocaza sedienta de hembra se dio a devorar y lamer sus suaves y níveos hombros al desnudo, el dulce sabor del femenino PH en la piel de aquella Diosa le aceleraban sus deseos por probarla con su verga, la lengua del vejete se paseaba por estos ensalivándolo todo, luego por su cuello y hasta llegar a sus oídos, esto una y otra vez, al mismo tiempo que los punteos en su vagina continuaban, provocándole con este tratamiento experimentar otra vez esa extraña sensación en su espalda a la atribulada Lissette quien ahora se retorcía de desesperación por aquellos desquiciantes escalofríos que la estaba haciendo sentir aquel odioso recluso aunque ella no lo deseara, para luego este desalmado hombre nuevamente comenzar a besarle su ya sensible cuello, en tanto que una de sus manazas ya se apoderaba de una de sus magnificas tetas sobándosela y apretándosela llegando a causarle dolor.

Lissette a causa del salvaje tratamiento que estaba recibiendo en una de sus casi inmaculadas mamas se dio otra vez a intentar que el viejo por lo menos no fuera tan bruto:

–N… Noooooooo…! n… noooo por f… fa… favorrrr…! no me la apriete que me dueleeee…!! no lo ha… hagaaaa…!! d… de… dejemeee…!!!.

Pero don Octavio no la escuchaba al estar profundamente embelesado en las tremendas curvas de Diosa que se gastaba la muy condenada, solo se daba a sobar, estrujar y apretar con desesperación toda aquella suave carne que en aquellos momentos tenía a su alcance.

Lissette quien nunca en su vida había sido sometida a tan caliente tratamiento y por los motivos ya mencionados en los inicios de esta historia estaba sintiendo por vez primera unos extraños y arrebatadores escalofríos, aun así estaba horrorizada, y por mas que le rogaba al presidiario que la soltara este parecía prenderse aun mas de su cuerpo, en eso sintió como el viejo otra vez y con ambas manos se extasiaba apretando y masajeándole en forma exasperada ese par de imponentes y duras nalgotas de las cuales ella era poseedora,

–Ufffff…!!! Pero que buen culazo es el que te gastas putaaaaaaa…!!! -El viejo Octavio ya traspirando notoriamente aun no se la creía que semejante ejemplar de mujer estuviera encerrada en una de las celdas de la cárcel junto a él, la asustada hembra lo escuchaba viendo al frente de sus ojos como ríos de sudor le bajaban por su cara, como si este se estuviese derritiendo, –Creo que voy a culearte ahorita mismo…!!!!

Lissette se quedó en estado de pánico al escuchar lo que le decía aquel desagradable sujeto, a la vez que no sabía que decir ni que contestar ya que con lo que escuchaba estaba más que claro que su tiempo estaba contado, mientras que el vejete seguía restregándole su roca vergal en el centro de su aun seco coñito al mismo tiempo que continuaba con sus leperadas:

–Qué me dices pelirroja…!? Qué tal si comienzas a sacarte la ropita y nos ponemos a culear orita mismo…

No obstante a todo lo anterior recordemos que Lissette a pesar de lo que su cuerpo pueda provocar en las hormonas de cualquier macho ella no era una hembra fácil, y ni siquiera eso, ella sencillamente no se calentaba. Con su marido ella mantenía relaciones sexuales por el solo hecho de que ambos eran marido y mujer, sin mencionar del amor que ambos se profesaban. El asunto final era que ella en esos momentos se iba a dejar usar solo para salvar a su esposo, además que si nunca sintió algún tipo de placer con el hombre al cual amaba menos lo iba a hacer con ese infame y despreciable despojo de hombre que ya se creía su dueño, en tanto este mismo continuaba en su afán de querer convencerla y de que ella pusiera más participación en la ardiente faena:

–Ya mamacitaaa…! ya no te hagas la difícil… y déjame ver de que están hechas estas chiches…!, -junto con decirle esto último el degenerado recluso le subió el vestido hasta la altura de sus hombros, la misma suerte corrió el sujetador que fue arrastrado junto con el vestido, quedando la hembra con sus redondas chichotas al aire y expuestas para que él hiciera lo que quisiera con ellas, y sin mas fue y se las agarró comenzando así una serie de palpadas y apretadas sintiéndolas a cabalidad:

–Ohhh putaaaa!!! Pero que suavidad que te gastas en estas tetotas mamiiiii…!!!, -le decía mirándoselas con los ojos abiertos como platos al mismo tiempo que ya se las apretaba para posterior a eso pasar su cara por ellas manteniendo sus ojos cerrados y en forma apasionada.

Don Octavio del Toro estaba en el séptimo cielo, ya que mientras le hacía la operación antes señalada la tenía atracada a la pared y con su cuerpo la empujaba punteándola con su verga como si de verdad ya se la estuviera cogiendo.

Lissette con sus ojos cerrados ya casi no oponía resistencia, solo se concentraba en pensar que ella estaba pagando el precio por proteger a su marido, mientras que en su panochita aun se restregaba en forma violenta esa tremenda y dura erección que el viejo estaba sufriendo a causa de ella.

Don Octavio a pesar de su calentura se extrañaba de la pasividad que la mujer de rojos cabellos había adoptado, él deseaba excitarla a como dé lugar, pero se daba cuenta que ella solo se estaba dejando y no ponía nada de su parte para hacer más rica la situación, por lo que aumentó la fuerza de su pelvis en la parte central del cuerpo de la hembra a la vez que continuaba con sus groserías para ver si la colorina finalmente se calentaba y se daba a ponerse a culear con él a espaldas de su marido.

–Siente mi verga en tu almeja pendeja…! yo se que te gustaría sentirla bien adentro tuyo… jajajaja…!!!, -le decía por cada movimiento pélvico que le mandaba, para luego continuar, –Te gusta putaaa!?… Te gustaaaa…!!?? Te gustaría sentir mi gruesa verga carcelaria abriéndote el delicado tajo que tienes ahí abajo perraaa…!?

Lissette se mantenía con su cabeza apoyada contra el muro, con sus ojos cerrados y extrañamente respirando por la boca producto de la fatiga y el agotamiento, nunca en su vida la habían estrujado tanto, pero el viejo creyendo que la colorina ya estaba caliente por la expresión de su cara se lanzó otra vez a darle una serie de asquerosos besos en esos exquisitos labios rojos y azucarados probando nuevamente esa suave lengüita con sabor a fresas.

Para la colorina Lissette el estar siendo salvajemente besada y sintiendo una verga que no era la de su marido apuntalándole la parte más intima de su persona le hacían sentir más mal de lo que ya se había sentido, como pudo le habló al presidiario para que este cesara en sus malas intenciones, claro que ella sabía que esto difícilmente iba a ocurrir:

–N… Noooo… Ssrrpsss… Ohhhhh… noooo… Ssrrpssss… n… nooo… p… por f… fa… Sssrrppsss… fa… vorrrr ya noooo…!, -alcanzaba a gesticular entre medio de los ardientes y acuosos besos a los cuales estaba siendo sometida, la hembra verdaderamente ya estaba agotada.

El decidido y caliente recluso fue subiendo su vestido poco a poco sin dejar de apuntalarla, lo pasó por la altura de su cabeza hasta retirárselo, en este también salió enredado el chaleco de hilo y su brassier, y una vez que se deshizo de ambos se dio a contemplar aquella esbelta figura todo lo que él quiso ya que Lissette en aquellos momentos era una verdadera muñeca de goma que se dejaba hacer lo que quisieran, solo que ella no participaba, situación que el aprovechador victimario luego de habérsela devorado ocularmente aprovechó para bajarle las medias de una, quedando maravillado con esas brillosas y suaves caderas, y con solo ver ante su ansiosa mirada aquella alba y diminuta ropa interior casi lo hacen perder la razón a causa de la tremenda calentura a la cual ya estaba entregado, aquella provocativa tanguita blanca no tenía nada de remilgada como él la había imaginado, ahora que estaba al descubierto de las medias la notaba muy tirante en aquellas relucientes y suaves carnes de sus caderas.

Ahora que la tenía casi al desnudo, el viejo se dio a darse el mayor de los gustos visuales de su vida, Lissette estaba prácticamente casi encuerada, por lo que se dio otra vez a contraerla contra su pecho y panza aprovechando de manosearla a su total antojo sobajeándole las nalgas una y otra vez y sin parar, la lamía en la cara, pasaba su apestosa lengua por sus cejas, y la ensalivó por todas las partes de su rostro en donde pudo, las sensaciones en sus toscas manos eran indescriptibles, nunca en su vida había experimentado tal suavidad en carnes femeninas, dictaminando finalmente que la pelirroja era una hembra de campeonato y que lo excitaba hasta la locura.

Por otra parte y al haber pasado ya sus buenos y largos minutos al interior de la celda las extrañas sensaciones que estaba sintiendo la pelirroja ante tan lujuriosos manoseos en su cuerpo ya sin ropa y a tanto lengüeteo en las partes más sensibles de su cuello lentamente se iban apoderando de su mente sin ser ella consciente de esto, ahora habían continuos estremecimientos en su loable figura que la hacían balancearse hacia el cuerpo del vejete en forma exquisita, ya ni siquiera recordaba los motivos del porque ella estaba en tan escandalosa situación y menos de quien era el viejo que la besaba y recorría tan apasionadamente.

El ordinario recluso aprovechándose del lamentable estado psicológico de la pelirroja, ya que el daba por hecho que la zorrita esa ya estaba caliente rápidamente se quitó su mugrienta camiseta musculosa, luego lo hizo con sus jean, Lissette quien se quedó apoyada de espaldas en el muro en que la habían mantenido atracada hasta este mismo minuto solo miraba hacia el reducido ventanuco abarrotado, por alguna extraña razón ahora no caía en cuenta que el viejo Octavio estaba empelotándose para montarla.

De un momento a otro la casi inconsciente colorina otra vez se vio con sus ojos cerrados sintiendo aquel duro instrumento incrustársele en la tela de su ropa interior, pero ahora existía algo que marcaba la diferencia entre ellos, la dureza que había estado sintiendo ahí abajo ahora la sentía más cercana y mas resbalosa, y como era que no si el ansioso recluso ya hasta se había bajado los calzoncillos y se la estaba pasando a pelo en su panochita casi desprotegida, la tanguita de Lissette estaba toda mojada con los líquidos que el viejo iba expulsando de su verga a medida que la punteaba, sus blancas tetas parecían inflarse aun mas debido a lo agitado de su respiración al estar sintiendo por vez primera un idílico gustillo que en forma gradual ya la comenzaba a llamar al apareamiento, por supuesto que ella aun no tenía puta idea de esto último.

Don Octavio del Toro aprovechando el estado de la ninfa no perdió tiempo en meter las manos por ambos lados de sus caderas con la única intención de comenzar a bajarle la tanguita, y la hembra que en algún momento había llevado sus delicadas manitas al peludo pecho del hombre solo se daba a emitir unos desganados reclamos como si ella misma no estuviese convencida de lo que estaba diciendo:

–Noooooo…! e… eso… noooo!! Noooo lo ha… ha… gaaa…!! d… de… ten… gaseee…!!!, -ahora fue ella misma quien bajó sus manitas tomándole las manos al hombre para que este se detuviera, y el viejo estaba tan entusiasmado al estar en tan erótico ritual pre coital con semejante pedazo de hembra no se hizo problemas para detener momentáneamente el inminente encueramiento de su bella compañera sexual, por lo que con el mismo entusiasmo que antes fue subiendo las palmas de sus manos sin despegarlas de aquella enloquecedora tersura en la piel de la pelirroja, pasándolas por sus nalgotas, sus caderas y su cintura dándose por unos buenos segundos a palpar y sobajear a su antojo todo aquel festín de carnes femeninas que la hembra tenía para ofrecer con la suavidad de su cuerpo.

El aborrecible recluso no hallaba por donde comenzar, instintivamente la apoyó otra vez contra el muro pintarrajeado, tomó con sus manos cada una de sus tetas y comenzó a chupárselas con depravación, disfrutando y sintiendo a tope su extrema dureza y magnifica suavidad, su fragancia y su sabor, de a ratos se las recorría con las palmas de sus manos en todo su contorno jugando con sus dedos pulgares en sus pequeños pezones rosados, luego friccionándoselas y amasándolas en forma circular cada vez con más ganas, para luego volver a bajar sus manos a las nalgas de ella contrayéndola hacia él y seguir punteándosela si como de verdad la estuviera poseyendo, la veía con sus deliciosos y jugosos labios semi abiertos como si ella estuviese sintiendo todo lo que le hacían así que sin pensársela mas aprovechó la ocasión para estamparle otro asqueroso beso con lengua que ahora si la hembra luego de unos nerviosos segundos por parte de ella lo aceptó y lo recibió enredando tímidamente su fresca lengua con la de él.

Aquella extraña pareja por cada segundo que pasaba parecían besarse más apasionadamente, la pestilente saliva pasada a cigarro y a fritanga de cebolla rancia se entre mezclaba con la fresca saliva floreal de la exquisita pelirroja que en esos momentos parecía ya estar disfrutando de todo lo que le hacían, por su parte aquel aprovechador hombre estaba apostando todo por calentar a tan tremenda colorina para cogérsela con ella excitada, y ya casi la tenía lista.

El viejo recluso estaba en la gloria, por lo que ya casi sin pensársela quiso por fin convertirla en su mujer, otra vez posó sus dos manazas en las amplias caderas de Lissette para luego y mientras continuaban besándose metió ambos dedos pulgares por cada lado de sus suaves caderas entre la tirante tela de la ropa interior y la piel de la pelirroja y simplemente se los comenzó a bajar mientras seguían besuqueándose ante la pasividad de la entregada mujer.

El viejo recluso a medida que iba bajando aquella diminuta prenda intima estaba como loco, la pequeña tanguita mientras era bajada ya estaba descubriendo los primeros pelitos colorines que existían en la vagina de la monumental hembra, en tanto esto sucedía nuestra excitada y casi perdida Lissette tuvo un dejo de lucidez en su mente y volvió a bajar sus manitas para detener el encueramiento, pero sus calzoncitos ya estaban todo enrollados justo en la mitad de sus muslos, el vejete al notar esta reacción por parte de la que iba a ser su mujer subió nuevamente sus manazas para apoderarse de ese tremendo culazo al desnudo que se cargaba la muy zorra, a la misma vez que se separó de su boca para empezar a bajar con esta dirigiéndose directamente a esas colosales y atrayentes tetazas.

Dos Octavio a sabiendas que ya la tenía con la zorra al aire instintivamente y en forma depredadora abrió lo más grande que pudo su sedienta bocota y en forma voraz comenzó a chuparle otra vez una teta, mientras que encorvado y todo con una de sus manos tomaba su bien parada y gruesota verga ubicándola en la misma entrada intima de Lissette para poder al fin metérsela y empezar a cogérsela como tanto lo deseaba, no importándole que la caliente faena se realizara con ellos de pie.

Lissette sintió como algo caliente y resbaloso muy parecido al pomo de una puerta se posaba y tomaba cabal posesión de su desprotegida vagina, y con solo sentir aquella invasión a su intimidad de golpe reaccionó en forma refleja volviendo a la sensatez y a la cordura, estaban a punto de meterla esa roca que ella había imaginado momentos antes.

–Don Octavio noooooooo…!!!, -exclamó en forma desesperada en el momento en que el recluso hizo presión para encajársela. A su misma vez la ahora lucida colorina aterrada por lo que ella misma estuvo a punto de dejar que pasara con horror seguía sintiendo como una gruesa verga, muy distinta a la única que ella conocía, estaba posada a su vagina aun haciendo presión con fuerzas desmedidas para traspasar sus barreras vaginales.

–Que mierda te pasaaaaaa!! Justo iba a abrirte la conchaaa…!!! -le bufó el lujurioso recluso agarrándola y pasando ahora su brazo por la esbelta cintura para que la potranca esa no se le arrancara como daba muestras de querer hacerlo, aun así la seguía mirando con deseosa lujuria.

La pelirroja rápidamente y en pos de proteger su entrada vaginal comenzó a echar su trasero hacia el muro, estaba aterrada al saberse estar a las puertas de que un criminal que por primera vez en su vida trataba este la tuviera en tales condiciones, el lujurioso convenio de salvar a su marido y todo eso ahora pasaba a segundo plano.

Pero lamentablemente para Lissette don Octavio del Toro ya no estaba para ese tipo de juegos, el viejo estaba que reventaba de tanta calentura acumulada así que simplemente la tomó ahora con sus dos manazas y a la fuerza se dio a volver a devorarle las tetas con ansiosa desesperación, este ya se había dado cuenta que con esa operación la colorina bajaba sus defensas.

–Srppppssssss…! Srpssssssss…! Srpsssssssss…!, -escuchaba Lissette en un nuevo estado de horror mientras veía en primera fila como el viejo Octavio otra vez le magreaba y lamía sus pechos con ella intentando desesperadamente escapar de sus garras.

–Noooo… d… dejemeeee… yo no quierooooo…!!!, -le exclamaba la alterada colorina temiendo que en cualquier momento el viejo la volteara sobre los cartones y se la metiera.

–No me interesa… Srpsssss…! Srpsssssss…!! tú tienes un trato… Srpssssss…!! conmigooo… Srpsssss…!!! por lo tanto lo cumplirás… Srppppssss…!!, -don Octavio le hablaba y chupaba las tetasas en forma alternada, –Escuchaste… Srrpppssss…!!!, Putaaa… Srrrrrrpsssss!!!!, -el recluso estaba vuelto loco por la calentura que le provocaba esa mujer solo deseaba coger con la pelirroja no importándole lo que opinara ella.

Ambos cuerpos desnudos, el del macho y el del hembra, luchaban al interior de la inmunda celda, una por separarse y el otro por seguir comiéndole las tetas a su deseable opositora, la mujer por no ser cogida y el hombre por cogérsela a como dé lugar.

Pero como se dijo anteriormente, el corpulento recluso de anchas espaldas no estaba para ese tipo de juegos, con sus dos robustos brazos rodeo el cuerpo desnudo de la bella Lissette quien por vestimenta solo le quedaban sus pequeñitas sandalias y su tanguita que por efecto de los movimientos esta se había ido bajando y ahora salió expulsada desde uno de los pies de su dueña, el vejete entre empujones por parte de la pelirroja sin mucho esfuerzo se la llevó hasta donde estaban ubicados los cartones y se dejó caer en ellos con la hembra bien afianzada y enredada a él.

Extrañamente y como si la naturaleza mandara al interior de la celda Lissette ya se encontraba debajo del corpulento recluso y este montado sobre ella la tenía con sus dos bellas piernotas bien abiertas, en la posición ideal como para mandarle la primera estocada, el viejo otra vez acomodaba su verga en la rojiza entrada de la colorina.

–Noooooo… q… que haceeeee…!? No me la metaaaaa…!!!, -le gritó a viva voz y tendida de espaldas en el suelo la bella Lissette sintiendo como el viejo le clavaba la verga en la entrada de su intima hendidura, como pudo logró cerrar algo sus piernotas para proteger su vagina, el viejo en el acto se dio a volver a abrírselas, claro que con ella intentando cerrarlas nuevamente.

–Jajajjajaaaa…!!! ya te tengo lista putaaaaaa…!!!, solo relájate igual que hace un rato y verás que terminarás siendo cogida con tu propia venia, te voy a culear entera putita jajajaja… te voy a estar embutiendo la verga hasta que no me quede ni una gota de mi hediondo semen, me dejaras secooooo!!!!, jajajajaaaa…!!!! ya verás que una vez que me la pruebes nos dedicaremos a culear como mal nacidos así que ábrete de patas putaaaa…!!!

La hembra viendo como ese caliente viejo no cejaba en sus lujuriosas intenciones, solo se daba a aguantar los febriles ataques hacia su cuerpo, se sabía literalmente acostada en el suelo con un hombre extraño que muy pocas veces en su vida había visto antes, en tanto el viejo que estaba desesperado por ella y teniendo al alcance de su bocota esas apetitosas tetas de ensueño otra vez se había lanzado a chupárselas, sabía que Lissette en pocos minutos otra vez estaría agotada y sería en donde el aprovecharía de ensartársela.

–Nooooo don Torooooo…!! que haceeee!?, -le decía la colorina sintiendo unas fuertes succiones en sus blancas tetas,

–Te voy a meter la verga zorraaaa…!!! eso es lo que hago jajajajaaaaa…!!! lo vamos a pasar súper ricooo…!!!, jejejejeeee…!!!, después de este día te va a encantar venir a culear a la cárcel…!!!, así que ábrete de patas… Slurpsssss!!!, -le dijo a la vez que le mandaba otra bestial succión en una de sus tetas junto con pasar su antebrazo por debajo de una de las piernas de Lissette obligándola a dejar expuesta su vagina en total crudeza para la visión de cualquiera y obviamente también para su verga.

–Por f… fa…vor don Octaviooo… Noooo!!!… n… no me lo hagaaaa…!!!, -la hembra en forma desesperada intentaba cerrar su pierna libre en decidida protección de su vagina, ya que veía que el vejete estaba como loco por hacerla su mujer,

–Siiiii…! si te lo voy a hacer yeguaaaaa…!! y te lo voy a hacer solo metros de donde está hospitalizado tu maridoooo… verás lo mucho que te van a gustar las visitas conyugales después de este día, jajajjaaaa…!!!!, -el viejo se lo repetía casi en sus mismas narices al estar otra vez intentando montarse a la fuerza sobre aquel curvilíneo cuerpo que se retorcía sobre los inmundos cartones.

Lissette quien intentaba moverse para impedir que le metieran la verga, pensaba en aquello que le había dicho el vejete, este le refregaba en su misma cara el adulterio que ella estaba a punto de cometer, la situación se la hacía aberrante al saber que el viejo estaba en lo cierto, ella estaba desnuda y a punto de ser cogida en la misma cárcel en que estaba recluido su marido.

–Por favor don Octavio no me lo hagaaaa… yo… yo… no estoy acostumbrada a estoooo… a mi… a mi… no me gusta el sexooooo…!!!, -le gritó finalmente la colorina como si con eso el feroz y caliente recluso fuese a liberarla, Lissette aun forcejeaba y sentía como el vejete la inmovilizaba preparándola para la primera estocada de carne caliente.

–Si te lo haré zorraaaa…!! Y que es eso que no te gusta culear…!? Si tu concha está pidiendo a gritos que le metan la vergaaa…!!!! jajajajaaaa!!!!

El vejete ya estaba montado a medias sobre el estilizado cuerpo de nuestra agraciada colorina, ahora se daba a lamerla en la cara, a la misma vez que le chupeteaba en los hombros y bajaba a sus melones, se los succionaba con fuerzas ocasionándole algo de dolor como así mismo unas ricas sensaciones cosquilleantes que muy a pesar de la mujer la recorrían entera.

Lissette en su angustiante lucha de querer escapar de aquel lujurioso vejete, quedó aterradoramente conmocionada cuando estando con sus cabeza levemente inclinada vio por vez primera aquella gruesa y larga verga llena de nudosidades, y que en su base existía un matorral de espesos pelos negros, aquella temible herramienta viril parecía tener vida propia según sus conclusiones ya que esta estando bien parada pulsaba en total estado de excitación sobre su propio vientre el cual ya estaba chorreante de líquidos pre seminales que el viejo botaba por la punta de la verga debido a la calentura en que se encontraba en esos momentos.

En eso notó como el viejo tomó su temible herramienta y estando montado encima de ella la volvió a poner en su entrada vaginal pero ahora se hecho sobre su cuerpo solamente punteándola a pelo, por momentos recordaba lo dura que se la había sentido cuando aun estaban con ropa, y como ella la había asemejado a una roca, don Octavio en tanto había vuelto a atacar sus hombros, y su cuello, solo fueron suficientes unos cuantos minutos de chupeteos y lengüetazos por su cara y sus hombros, esto sumado a los punteos que le estaban pegando en su parte intima con algo que se parecía a un grueso palo caliente, para que la hembra otra vez empezara poco a poco a sentir ese extraño nerviosismo sexual al cual se había visto transportada momentos antes de caer en los cartones, ahora su piel se crispaba ante los nuevos escalofríos que ya comenzaba a sentir, mientras su mente se debatía entre abandonarse a lo que el caliente viejo quisiera hacerle o a seguir intentando no dejarse abusar por aquel vicioso recluso.

Por su parte el viejo Octavio sentía que en cualquier momento se corría en el aire, aun no se la creía que la hembra que tenía casi ensartada y con sus bellas piernas bien abiertas era la misma que el había visto tantas veces pasar los días de visita con cara de mujer fiel y digna a ver a su marido, y por su parte la hembra ya estaba sintiendo otra vez eso mismo que nunca antes había sentido, y el vejete se daba cuenta de ello ya que creía sentir en sus manazas como se le erizaba la piel a la joven casada en los momentos en que accionaba con mas fuerzas su grueso instrumento masculino en aquella apretada vagina que al menos ya se la sentía resbalosa, creía sentir como la hembra a veces le devolvía tímidos movimientos pélvicos por cada punteada que él le pegaba con la verga, fue en ese mismo momento en que la pelirroja hundió su carita entre el cuello y el peludo pecho del hombre, cuando el viejo recluso escuchó salir de sus labios por vez primera un apagado gemido de disfrute.

La hembra no se dio cuenta cual fue el momento en que la sensatez y el recato comenzaron a hacer abandono de su mente, y que de esta se apoderaba un extraño y atractivo estado al cual ella no estaba acostumbrada, lo incorrecto y condenable de su situación y de sus actos con ese asqueroso hombre ahora le resultaban agradables, y este estado era nada más y nada menos que el morbo, un exquisito morbo que el viejo sin quererlo había sabido despertar en ella a base de insultos y ordinarieces, ahora al saberse desnuda y tendida en el inmundo suelo de una cárcel con aquel aprovechador recluso que la punteaba tan exquisitamente en la vagina.

Lissette con unos aterradores perjuicios en su mente se aferró al ancho cuello taurino de ese hombre que no era nada de ella y dejó salir de sus exquisitos labios lo que su vagina y su mente le estaban pidiendo a gritos,

–Mmmmmhhhhssss…, -le salió el lujurioso murmuro, el viejo supo al instante que otra vez tenía luz verde.

La pelirroja en el silencio de aquella celda había comenzado muy despacito y en forma instintiva a menear su pelvis por el grueso mástil de carne caliente que por ahí le estaban restregando causándole sensaciones en su mente y en su sistema nervioso que la hacían estremecer de a momentos, su conciencia le decía que no lo hiciera, pero su cuerpo no le respondía, y ya casi deseaba que esa gruesa cabezota le abriera sus carnes y se le metiera para adentro todo lo que pudiera.

La antes recatada colorina por primera vez en su vida necesitaba moverse en forma de apareamiento, necesitaba algo dentro de ella, y ahí estaba el aprovechador recluso para calmarle sus ardientes deseos, pero este no paraba de chupetearle sus oídos y seguir punteándola encima de su cuerpo, mientras ella solo se dedicaba a sentir y gozar tapándose la boquita para que según ella el viejo no se diera cuenta que estaba caliente.

El viejo Octavio embelesado como estaba en sus ardientes lengüeteos y dejando de puntearla fue bajando por su cuerpo con sus labios y su lengua, ahora abiertamente deseaba saber cual era el sabor real de aquella mujer, le iba a chupar la zorra hasta el cansancio, se daría el gusto de su vida con esa vagina de origines escandinavos.

Hasta que cuando el vejete hubo bajado en su cuerpo más debajo de su ombligo y cuando al fin tuvo su ardiente mirada solo a centímetros de aquellos preciosos bellitos encrespados y de color rojo oscuro y muy brillantes cayó en cuenta que esta era la primera vez en su vida que se iba a coger a una hembra verdaderamente pelirroja, ya que esos finos pelitos muy parecidos a los hilos de cobre que él hubo visto alguna vez en los cables eléctricos así se lo certificaban.

Un verdadero afluente de babas se juntó debajo de la lengua al ver que la mujer que momentos antes se había mostrado altanera ahora solo respiraba agitadamente manteniendo por si sola sus bellas piernas bien abiertas dejándole a su total merced aquella intima parte de su cuerpo que ella ante la ley de los hombres se había comprometido bajo forma y palabra de honor solo a pasarle a su esposo, pero ahora sería él quien la degustaría y ocuparía, así que ya no aguantándose más se aferró con ambos brazos en cada uno de sus muslos abiertos y fue abriendo su babeante bocota para engullir en forma hambrienta la jugosa y femenina ranura de carne que la antojadiza pelirroja le estaba ofreciendo solo a él.

Lissette tras ser observadora del enloquecedor recorrido que hiso el moreno delincuente por las suaves praderas de su cuerpo, paseando su bocota por su ombligo y luego por su vientre, hasta que cuando lo vio casi llegar a lo mas intimo de su anatomía y el saberse completamente abierta de piernas instintivamente quiso cerrarlas pero su mente y su cuerpo no se lo permitieron, esto la aterraron aun mas preguntándose porque no podía cerrarlas, acaso ella también deseaba todo aquello?

Pero era el viejo quien otra vez la sacaba de sus ya esporádicos estados de lucidez, ya que fue única testigo de cómo ese extraño viejo iba abriendo su boca para zamparse su pelirroja vagina, este mismo de un solo y exquisito tarascón fue devorándola en forma hambrienta, esta era la primera vez ella sentía como se resbalaba una lengua masculina entre sus carnes vaginales, o en otras palabras esta era la primera vez que ella dejaba que le hicieran sexo oral.

Lissette no pudo evitar dejar salir de sus labios un fuerte gemido de placer no importándole que ese asqueroso hombre privado de libertad la escuchara, como a su vez su exquisito rostro fue haciendo sugerentes expresiones de placer, con sus rojos cabellos desparramados sobre los húmedos cartones y con sus ojos cerrados abría su linda boquita en forma de “0”, luego proyectando sus labios a forma de tomar aire por estos, y relamiéndoselos con su rosada lengüita, moviendo la cabeza de un lado a otro en el mismo suelo en donde la tenía tirada aquel viejo macho, también con sus colorinas cejas enarcadas hacia arriba en señal de deseo, este era el estado de la bella Lissette cuando ya sin aguantarse mas comenzó a expresar mundanamente lo que estaba sintiendo en esos afiebrados momentos:

–O… Oh… Ohhhhhhhhhhh…! A… Ah… Ahhhhhhhhhh…! Mmmmmmmm…!

Extrañamente la sobre calentada hembra gemía y se quejaba audiblemente como una autentica puta a la vez que empuñaba sus manitas a un costado de su cuerpo manteniendo sus piernas totalmente abiertas y con los muslos recogidos tal cual como si estuviese dando a luz un hijo, sintiendo una y otra vez en su vagina los desquiciantes lengüeteos de quien en esos momentos se la estaba comiendo.

El viejo Octavio con su corpulento cuerpo peludo y con vistosos tatuajes carcelarios en su espalda estaba dado completamente a la lujuria del momento en aquella ardiente celda, como un verdadero perro hambriento de leche la lamía, la chupaba y le succionaba la rojiza concha una y otra vez, aquella deliciosa vagina de pelos colorines que estaba succionando sabía a Dioses, era un verdadero manjar con esos jugos medios ácidos y saladitos que ya comenzaban a destilar, el viejo estaba preso por un morbo sin precedentes.

En tanto la excitación de la colorina tampoco se quedaba atrás, con deliciosos gemidos de autentica calentura mantenía con su cabeza ligeramente echada hacia atrás en el suelo de cemento ya que lo cartones donde la tenían estaban todos rotos, ahora sus amplias caderas se movían despaciosamente en forma refleja, aunque hay que decir que si ella hubiese tenido su voluntad en forma normal nunca lo hubiera hecho, pero la cosa era que en esos momentos no era así, ella instintivamente y en forma delicada premiaba al recluso con suaves meneos ondulatorios y pélvicos de atrás y hacia adelante, es decir, le estaba entregando todo lo de ella a ese lujurioso hombre que no paraba de darse un bacanal de caldos calientes que la ardiente colorina le estaba proporcionando.

Lissette se excitaba cada vez más con todo lo que le estaban haciendo, pero se quedó estupefacta y otra vez volvió a la realidad de una de una cuando fue consciente de que el viejo subió por su cuerpo, se concentró y acomodó su verga en la entrada de su vagina y simplemente se la empezó a meter con decisión.

El lúbrico trabajo para meter su cabezota no duro más de 10 segundos, si bien la colorina no estaba virgen, si estaba muy apretada debido a su sensualidad, como se dijo antes ella era muy mala para la cama.

De un momento a otro la ya sudada pelirroja se vio con el viejo Octavio montado sobre su cuerpo con este tomándola de sus antebrazos para que no se moviera, para luego comenzar a sentir la presión de entrada en su panocha, mas la dilatación de sus tiernos pliegues vaginales abriéndose mientras el grueso instrumento vergal ya se comenzaba a deslizar hacia su interior centímetro a centímetro, primero la redonda y morada cabeza, luego el inicio del tronco, estos ya se habían perdido por debajo de la piel jaspeada de rojo, y después de otros breves 10 segundos más en donde el viejo empujo por cada dos segundos de avance Lissette se sintió con la robusta verga del recluso encajada hasta lo más intimo de su persona, no pudo evitar dejar de salir de su garganta un sufrido gemido de aguante en el momento que sufrió la firme estocada final que le habían mandado coronando así el termino del principio de su infidelidad por salvar la integridad de su marido, el recluso estaba enterrado en ella con toda su verga, solo los dos grandes testículos habían quedado fuera de su cuerpo.

–Oooooohhhhhh…!!!!, -fue el erótico quejido de la hembra, mitad aguante doloroso y mitad disfrute cuando al fin se sintió ensartada, a la vez que sentía como el recluso respiraba agitadamente con su cara tajeada enterrada entre su cuello y uno de sus hombros.

En el mismo momento en que el viejo se dio cuenta con la pasividad en que lo había recibido la hembra recién convertida en su mujer no perdió tiempo en volver a comerle asquerosamente la boca tal como lo había estado haciendo minutos antes, a la vez que comenzó a darle unas firmes embestidas hacia adelante y que Lissette recibía con su carita desfigurada por el horror al saber que finalmente había sucumbido a las calientes intenciones del recluso, y así con esa expresión en su rostro ella enarcaba sus cejas pelirrojas por cada apuntalamiento que le ponían.

La pelirroja ahora estaba desconcentrada de la cogida que le estaban poniendo, en su mente solo existía el remordimiento, pero el viejo había sido testigo de cómo ella le meneaba la panocha cuan se la estuvo lamiendo así que sabía que en cualquier momento la colorina se calentaría nuevamente, y él se iba a dar a logra eso, por lo que se empezó a mover con bestialidad arriba de ella.

–Aaaaahhhh… mamiiiiiiiiiiiiiiii…!!!! Que rico se siente tu coñito por dentroooooo putaaaaaaaa…!!!, -le decía mientras le enterraba la verga con poderío una y otra vez.

Lissette cerraba fuertemente los ojos y aguantaba como podía cada brutal estocada que le mandaban en la vagina, pero aun no se podía concentrar en aquello, solo se daba a pensar que se la estaban beneficiando sexualmente en la celda de una cárcel y con su marido sin los dientes principales y todo magullado en la enfermería de esta misma, y para rematarla era el mismo viejo que la estaba violando el causante del estado de su esposo.

Sin embargo para el viejo recluso y al contrario de lo que estaba sintiendo Lissette la situación para él era tremendamente caliente y lujuriosa, estaba disfrutando con su verga de los más íntimos encantos de una hermosa hembra casi en las narices de su marido, el solo sentirse en semejante situación le daban unas tremendas ganas de eyacular al interior de su vientre, además que ya a estas alturas sabía que aquella sabrosa pelirroja le seguiría ofreciendo placeres insospechados con todos los orificios que ella poseía en su cuerpo.

Al mismo tiempo en que el salido viejo seguía culeandola con firmeza y ahora mirándola a la pasividad de su rostro, también la besaba, se la comía y la absorbía por su boca como queriendo sacarle hasta la última gota de oxigeno que ella tuviera en sus pulmones. Con sus ojos cerrados y besándola asquerosamente se decía para el mismo que la pelirroja al igual que él también estaba dando muestras de sentirse muy cómoda con su verga al interior de su cuerpo, y aunque ella no se moviera como él lo deseaba el solo hecho de tenerla pasiva y entregada con sus bellas piernas abiertas en la posición del misionero permitiéndole entrar en ella todo lo que él quisiera de igual forma lo calentaban hasta la locura… era… era… toda una Diosa se decía mientras que con cara de desesperado no paraba de meterle la verga lo más adentro que pudiera, a la vez que se daba a decirle más peladeces por disfrute propio y también para no correrse antes de tiempo.

–Arrrrrrrrrggggghhhhh…!!!! qué rica está tu panocha perraaaaaaaa…!!! Sientelaaaaaaa…!!!!, te llego hasta el fondooooo…!!!! Te la comes entera y ni siquieras reclamasss, jajajaaaaaaaa…!!!! y eso que no te gustaba culearrr…!!!!! Jajajaaaaaa!!!!! Que diría tu marido si te viera como te enseñan a coger…!!!!! Jajajajaaaa…!!!!!

El viejo se la había acomodado sobre ella afianzándosela desde sus hombros para comenzar a cogérsela con la misma bravura en que lo estaba haciendo, pero también para que ella supiera que por ahora solo le pertenecía a él.

Tras 15 minutos de ardiente cogida Lissette escuchaba como el viejo recluso se burlaba de ella, de su situación y de su esposo, en algún rincón de su mente sabía que estaba haciendo muy mal, pero sin darse cuenta ella su conciencia también le mostraba ese otro estado tan misterioso y prohibido que le hacían acelerar los latidos de su corazón, era la nerviosidad de lo prohibido, del morbo, o mejor dicho de la calentura en su máxima expresión, –eso… eso… que le hacían era muy ricoooo…, -se decía ahora en su mente, lo que nunca había logrado Fernando hacer nacer ni sentir en ella, sumado a que las sensaciones se multiplicaban por cada estocada que le plantaba el vejete, lo colorina con esto último simplemente se entregó a aquellas desequilibradas y perversas emociones que la estaban haciendo sentir como una mujer plena.

–Massssssss…! M… Ma… Masssssssssss! Mas a… a… dentroooo…!, -le dijo por fin la hembra al malévolo recluso, mientras despaciosamente lo comenzaba a secundar con leves movimientos pélvicos y de cintura, aferrándose con sus brazos y manitas a las anchas espaldas del recluso, resistiendo en su cuerpo todo el peso de aquel corpulento maleante que había logrado calentarla.

El viejo con solo escucharla pedir más verga cayó en un estado total de insania lujuriosa y comenzó a premiarla con vigorosas aserruchadas a la vez que se daba a alabarla y animarla para que ella misma le pusiera más talento a la cogidota que ambos ya se comenzaban a dar.

–Así putaaaa…!!!! asiiiiii…!!!! Ves que te gustaaaa…!!?? Muévete mas ricooooo…!!!! Mas fuerteeeee…!!!!

–Oh… Ohhh… Ohhhhhhhh…! M… Mmmmmmmmm…! M… Ma… masss…! massssssss…! -emitía Lissette despacito y en forma entre cortada.

Desde los ojos cerrados de la pelirroja caían dos ríos de lagrimas hacia sus oídos, y esto se debía a la falta cometida por su cuerpo, como también a la excitación que sentía al estar entregándose a tan vil sujeto.

–Jajajajaaaaa…!!!! claro que te la seguiré metiendo zorra si aun no debe ser ni medio día, jajajaaaaaa…!!! te llenaré tu vientre de verga y de semennnnnnn…!!!! Ya verás en que buena puta te vas a convertir después de hoy… jajajajaaaa…!!!!

–R… r… r… ri… ri… coooo…!!!!, -gimió Lissette tras las palabrotas del vejete, ahora movía su pelvis en forma ondulante al mismo compás en que el viejo recluso seguía poniéndole firmes estocadas vergales en su ya jugosa vagina.

Don Octavio del Toro con solo escuchar las tímidas emisiones de los labios de la pelirroja casi lo hicieron correrse antes de lo que él deseaba, así que concentrándose y conteniéndose se dio a comenzar a cogérsela más suave, a estas alturas su verga estando al interior de la vagina de Lissette parecía de acero fundido por lo dura que la tenía, su vigorosa herramienta también estaba toda mojada y lubricada por los jugos que aquella Diosa de rojos cabellos le ofrecía.

El viejo recluso ahora se la cogía de una forma más serenada, disfrutaba metiéndosela y sacándosela haciendo con esto que desde la frágil vagina escurrieran una no menor cantidad de jugos íntimos que la lubricaban por cada vez que la verga ingresaba a su interior.

Don Octavio con cara de gozador mientras se daba a la faena copuladora sentía en cada centímetro de su herramienta unas arrebatadoras sensaciones de deleite jamás experimentadas sobre todo cuando caía en cuenta que la colorina se la comía entera, y que era ella solita ahora quien le exprimía la verga por cada vez que él se la dejaba ir toda, como así mismo era Lissette quien empezaba a acelerar los movimientos. Solo con esos dos detalles notados por el recluso este se dio a dar rienda suelta a todos sus bajos instintos que hasta ese momento había intentado controlar.

–Ohhhhhhhhhhhh…!!! putaaaaaaaaa…!!! mira nada mas como ya te muevessss…!!! Eso…!!! Esoooo…!!!! Apriétame bien la vergaaaa…!!!! Cometelaaaaa…!!!! Asi…!!!! asiiiiiiii…!!!!

–Ri… ricooooo…! ricooooo…!, -era todo lo que se atrevía a gemir Lissette justo en un oído del viejo al momento en que sentía la verga invadirla por completo, pero moviendo su cuerpo con entusiasmo de coito, sus caderas ya se azotaban contra el duro suelo de cemento, sus bellas piernas y muslos siseaban en el aire abriéndose y cerrándose aceleradamente pero lo justo y lo necesario, esto producto de sus propios movimientos y por las energías del macho que otra vez ya se la estaba cogiendo con ganas. Lamentablemente mientras se cometía el adulterio al interior de la asquerosa celda Fernando en su camilla de enfermo y en la enfermería del recinto carcelario pensaba en que podría estar haciendo su bella su esposa en aquellos momentos en la soledad de su hogar.

Pero solo a metros de donde estaba el pobre Fernando internado otra situación muy distinta a lo que él pensaba era la que estaba viviendo su esposa.

–Seeeeeeeeeeee zorraaaaaa!!!! A mí también me gusta estar culeandoteeeee…!!!! Tomaaaa…!!!! tomaaaaaa…!!!! tomaaaaaaa…!!!!, -le gritaba el enloquecido recluso en su misma cara mientras se dejaba caer con su ariete, en respuesta a lo que ella le gemía al oído, ensartándola y agasajándola hacia adelante por cada metida de verga que él hacía en forma furiosa.

Hasta que la excitada mente de Lissette ya no dio para mas, al estar siendo ensartada bestialmente al interior de una cárcel producto de una visita conyugal que ella misma pidió con un hombre que no era su marido, por vez primera desde su afiebrada y pelirroja conchita expulsaba un abundante chorro de jugos vaginales demandándole proyectar su vagina con energías desmedidas hacia arriba, es decir hacia la verga del viejo dejándosela pegada y totalmente ensartada ella sola por unos 15 segundos por lo menos que fue lo que duro el primer orgasmo de su vida.

El viejo estaba como loco, pero que bueno era coger con la colorina, así que notando al instante como era ella quien lo premiaba con sus jugos íntimos, se dio a seguir animándola:

–Y como que no sabías culear perra mal nacida…!!! Si te acabas de mear en mi misma verga… jajajjaaaa!!!

Pero Lissette no le contestaba nada solo se daba a jadear debajo de su cuerpo, su sistema nervioso le impedía poner atención a todo lo que le gritaba el vejete, y este una vez que comprobó que la mujer daba muestras de querer seguir cogiendo pasó sus manazas por debajo de sus espaldas y la subió hacia él, dejándola bien clavada a su cipote dejándola ensartada sobre su tranca, ahora con sus dos manazas puestas en su suave trasero deseaba sentir ver a ciencia cierta cómo ese espectacular cuerpo que poseía la muy desgraciada se movía con manteniéndola abrazada y encajada

Ahora mientras Lissette seguía meneándose en su regazo el vejete continuaba con sus leperadas.

–Si mira nada mas como estamos de mojados gracias a tu tibia panocha zorraaaa…!!!, jajajjaaaa…!!!, y efectivamente la hembra estaba totalmente humedecida desde su ombligo para abajo, y le tenía también toda mojada la panza al recluso, este continuaba con sus salidas, –Vamos admítelo zorraaaa…!! Confiésame que te corriste como una perra en levaaaaaaa…!!!!

A pesar de su estado Lissette pensaba apara sus adentros que ella no era ninguna perra, aun así seguía moviéndose empujando su panochita hacia arriba, y haciendo unos leves círculos de vez en cuando.

–Vamos putaaaaa…! Di que te gusta mi vergaaaa…!!, -pero ella no respondía a lo que le preguntaban, no quería admitirle al viejo que le había gustado que se la cogiera, pero aquellas soeces palabrotas si que la prendían, por lo que otra vez estando abrazada a sus espaldas comenzaba a menearse completamente empalada en los casi 30 centímetros de la grotesca herramienta del recluso.

–Ohhhhhh…!!! Ahhhhhh…!!! Ohhhhhh…!!!, -era lo único que obtenía por respuesta el viejo Octavio, pero él la había escuchado gemir y decir “ricooo” en sus oídos, o había escuchado mal?, se preguntaba a posterior, el asunto era que la pelirroja otra vez le estaba exprimiendo la verga en forma exquisita.

Y efectivamente Lissette inconscientemente entre gemidos y exclamaciones de calentura, mas con sus deliciosos movimientos corporales y con sus tetas aplastadas en su ancho pecho peludo le hacía saber al viejo que a ella le gustaba su verga, su fino y sudado rostro mientras ella movía su cuerpo era de pura excitación.

El viejo de igual forma estaba feliz, sintiendo en su verga todo el éxtasis que la hembra le proporcionaba con su acuosa conchita mientras ella solita se estaba culeando, y teniendo esas tremendas nalgotas a su entera disposición se recostó hacia atrás dejándosela montada, para él darse a sobárselas como también a marcarle el ritmo de la culeada que ahora Lissette por cuenta propia le mandaba con sus dos manitas apoyadas en su peluda panza, era su instinto de hembra quien le dictaba como debía hacerlo en esta nueva posición que el viejo recluso le enseñaba.

Ahora don Octavio se maravillaba con la hermosa visión que tenía ante su ardiente mirada, la colorina Lissette lo cabalgaba de una forma alucinante, sus preciosas tetas grandes y todo se acondicionaban perfectamente a su anatomía, estas se mecían en forma exquisita llamándolo para que él se las chupara, y eso era lo que hacía también el viejo, las tomaba a dos manos apretándoselas y proyectando el pezón a su bocota dándose a succionárselas.

Así estuvieron por otro buen rato, el viejo ya no daba más, quería correrse al interior de ella a como dé lugar, pero sabía que aun había más por explotar:

–Plaffffff!!!!!! Plaffffff…!!!!! Plafffffffff…!!!!!, -retumbaron las fuertes nalgadas que el viejo Octavio no se aguantó a propinarle con el único afán de que ella se moviera más rico de lo que estaba haciendo hasta ese momento.

–Culeame putaaa…!!! Culeameeeeee…!!!! Enséñame lo bien que mueves la concha una vez que te calientas zorraaaaa…!!!!! Vamos menéate mas fuerteeeeeeee…!!!! Revuélcate sobre mi vergaaaaaa…!!!!!, -y diciéndole esto último se dio a mandarle otra serie de fuertes nalgadas, a la vez que el mismo se las tomaba para levantarla y dejársela caer sobre su duro y bien parado fierro de carne, a la vez que alternaba con sonoras y fuertes palmadas,

–Plaffffff…!!!!!! –Plaffffff…!!!!!! –Plaffffff…!!!!!! –Plaffffff…!!!!!!

Y Lissette asustada y todo porque esta era la primera vez que un hombre osaba a limpiarse las manos en su cuerpo se dio a menearse más fuerte todavía, y no era por lo que demandaba el vejete simplemente a ella ya le gustaba la tontera, y le gustaba mucho, su trasero subía y bajaba rápidamente por las rugosidades aquella tranca, el viejo también le cooperaba impulsando su virilidad hacia arriba cuando la colorina venía bajando, ambos impactaban haciéndoles sentir muy rico, con esto vagina y verga parecían estar fusionados, como si de verdad ambos sexos se conocieran de toda la vida.

–Eso putaaa…!!!! eso es…!! así… así…!! Así…!! Así es como a mí me gusta cogerrrrrr…!!!!!, -le gritaba el recluso con sus garras clavadas en las carnes de sus brillosas caderas .

El rostro de Lissette en esos ardientes momentos era todo un poema, de sus ojos caían copiosas cantidades de lagrimas, pero esta vez las lagrimas no eran de remordimientos ni nada de eso, eran lagrimas de felicidad y de satisfacción, la pobrecita no se daba cuenta de los gruesos cordones de saliva que caían de la comisura de sus labios y luego escurriendo por su cara colgaban por su barbilla para terminar goteando a la cara del viejo que con la boca abierta se las recibía y se las iba tragando, mientras no paraba de meterle la verga lo más profundo que podía cuando la pelirroja se dejaba caer en el.

La escena era tan caliente como morbosa, ambos estaban en su límite, la gruesa verga entraba en forma apretada por aquellos ajustados labios vaginales debido al exagerado grosor de su circunferencia vergal, pero Lissette resistía como toda una hembra, las sensaciones para la pelirroja eran maravillosas en los momentos en que con su ranura de carne engullía la grotesca verga del presidiario, la sentía tan dura como si le estuviesen metiendo un grueso palo caliente.

El vejete por su parte y caliente hasta la locura sabía que ya le quedaba muy poco tiempo así que no perdió tiempo y nuevamente comenzó a accionar furiosamente hacia arriba a la misma vez que con sus brazos hacía que Lissette bajara hacia él para dejarla jadeando con su esbelto cuerpo adosado a su pecho y a su panza, la pelirroja quien seguía cogiendo en forma imperturbable no encontró mejor idea que comenzar a besarlo, al haber quedado con su carita muy cerca de la de él

El viejo quien se sentía enterrado hasta más no poder en el curvilíneo cuerpo de tan exquisita mujer recibió en forma maravillada el dulce beso con legua que le daban. Mientras se besaban y cogían en forma gradual los movimientos de ambos se comenzaron a hacer mas frenéticos y escandalosos, Lissette movía su cintura si como su vida dependiera de ello, sus colorines cabellos le tapaban y despejaban la cara por cada acelerado empujón que el viejo le daba por debajo de su cuerpo, mientras este mismo y a la misma velocidad de sus embates no se cansaba de bufar y resoplar gritándole,

–Ohhh… putaaaaa…!! Como me estrujas la vergaaaaaaa…!!! Ohhh… zorraaaaaa…!!!! Ohhh… perraaaaaa…!!!! Ssiiiiiiiiiiiiiiiii…!!!!!, -bufaba el viejo como un verdadero animal, pero el también quería escucharla gritar a ella:

–Gritaaaaa…!! gritaaaaa desgraciadaaaaa…!!!! gritaaaa bien fuerte zorraaaaaaaaaa…!!!! Grítame que te gusta que te cojannnnnnn…!!!!

Pero Lissette solo concentrada en la verga entrando y saliendo de su intimidad hecha agua solo gemía como desde hace rato lo estaba haciendo:

–Oooooohhhhhhh…!! Mmmmmmmm…!!! Ahhhhhhhhh…!!!

–Arrrrrggghhhhh… como me calientas nena…, y que bien me aprietas la verga con tu conchaaaa…!!! -Lissette lo escuchaba con su carita desfigurada por la calentura aguantando sus arremetidas, –Eres deliciosa zorraaaaa…!! si no estuviese preso te juro que me voy a vivir a tu casa para meterte la verfa a diario mientras el maricon de tu marido termina su condenaaaaa…!!!! Ohhhhh creo que me corrooooo…!!!!

Lissette sintió una fuerte clavada de verga por parte del viejo, notando en el acto que de todo el rato que llevaban manteniendo relaciones sexuales, esta fue la primera vez que no la trato de zorra o puta, le había dicho “nena” y por Dios que le gustó, y animada por unas energías que nunca supo de donde le nacieron cerró sus ojos y comenzó a moverse como una desenfrenada sobre su verga, esta era la forma en que ella creía que se lo agradecía, sus caderas y cintura comenzaron a moverse en forma desquiciante, la pelirroja quien retozaba ardientemente sobre al ancho pecho de su macho recluido sintió como aquella verga la estaba llevando a la gloria, mientras más fuerte se la clavaban hacia arriba ella más firme y rápido se movía hacia abajo secundándola, hasta que su sistema nervioso ya no respondió mas, al abrir sus ojos por efecto del segundo y mas fuerte orgasmo de su vida la bella Lissette hasta creyó estar viendo a Dios por lo exquisito que sentía en todos los poros de su cuerpo, simplemente la hembra sintió que explotaba del placer prohibido al sentirse solo un objeto de deseo para viejo delincuente privado de libertad.

Don Octavio del Toro veía como la hembra gemía y se movía en forma más agitada de cómo lo había estado haciendo en toda la culeada que se habían estado pegando, sintiendo el mismo como los nervios de la pelirroja se tensaban al máximo producto de la calentura y del orgasmo, y cuando le iba a plantar otra tanda de insultos y vulgaridades la ajustada vagina Lissette le apretó la verga de una forma más que exquisita invitándolo a que él se corriera junto con ella.

–Ohhhhhhhhh…!!! que rico apretón de conchaaaaaaa…!!! ahí te voy zorraaaaa…!!!! Creo que ya me corrooooooo…!!!!! Tomaaaaaaaa…!!!! Arghhhhhhhhhhhhh…!!!!! -gruño fuertemente el recluso cuando sintió que le salió expulsado de su verga el primer lecherazo de mocos calientes.

El viejo en sus últimos segundos de contención clavo sus garras en el suave y sudado culo de Lissette y como un verdadero animal embravecido se la clavo hacia abajo con empujando la verga hacia arriba, y ya estando enterrado en lo más profundo e intimo de la vagina de Lissette le soltó un fuerte y blanco cordón de semen que duró varios segundos en terminar de salir de su verga hasta que este se cortó para luego seguir escupiéndole otra buena cantidad de fuerte semen taurino.

Ese primer tsunami de espeso y blanco semen que salió de la gruesa verga del recluso se fue a depositar en lo más profundo del vientre de la bella Lissette, el cual fue secundado por otras 4 eyecciones del blanco líquido procreador de iguales características que el primero y seguido por otros cuantos que la hembra no dudo en ser ella misma quien le coopero exprimiéndoselos con su vagina, hasta que ya no teniendo nada más que ofrecerle a esa mujer pelirroja que había convertido en su mujer simplemente se desplomó en el suelo de cemento dejándosela clavada a su verga, ambos quedaron semi inconscientes.

Al rato fue Lissette quien al ver que el viejo estaba exhausto y con sus ojos cerrados, y al estar ella ya con sus 5 sentidos en forma medianamente normal se vistió lo más rápido que pudo y salió de la celda en la que se la acaban de coger en forma brutal.

Mientras caminaba nerviosa hacia la salida de la cárcel estando adolorida y con sus piernas temblorosas por el agotamiento físico la colorina Lissette no hallaba donde meterse ya que fueron muchas las personas que la vieron salir de las celdas en donde se ejercían las visitas conyugales, iba con su ropa mal trecha y hedionda a sexo, así al menos se sentía ella, y así era, entre esas miradas también estaban las del gitano y su grupo de amigos quienes no dejaron de mirarla en forma aborrecida hasta que ella se perdió en el tumulto de gentes.

Lissette acababa de salvar a su marido, por ahora.