¿Cómo empezó esta afición oculta de vestirme de mujer?
La delicia de sentir la ropa de mujer, la dicha de verme en el espejo y ver que mis piernas y nalgatorio son tal cual los de una mujer. Todo empezó desde niño, como a los 11 años, en quinto año de primaria. Es una ciudad mediana del centro del país, la provincia mexicana. Al regreso de la escuela, teníamos que tomar un camión de pasajeros, traía un short de los de esa época, sería el año 1975 o 1976. Eran cortitos, por lo que al sentarse se recorría dejando al descubierto prácticamente todos los muslos. Yo venía en el pasillo y un amiguito del salón que vivía por el mismo rumbo mío, sin más que me empieza a acariciar, amasar y recorrer primero con una mano y luego alternándose con la otra mis dos muslos. Casi susurrándome al oído me dijo: “Pero que lindas piernas de mujer tienes, están suavecitas, se siente rico”. Yo solo me quede quietecito, rojo de vergüenza, ya que al lado venían otros jóvenes más grandes que con grandes ojos veían como este canijo de Víctor me estaba metiendo mano de lo lindo en todas mis ya largas, torneadas, lisas, suaves y blancas piernotas. Le deje hacer todo el recorrido, como unos 20 minutos que se me hicieron eternos, seguía rojo y sentía muy agradable, muy rico, me gustaba y más cuando volvió ya sin reparo alguno a decirme: “tus piernas están mejor que las de mis hermanas y que las de mi mamá”…ufff…más me gusto cuando vi que los otros jóvenes seguían como hipnotizados como mi amigo me estaba magreando las piernas….ya hasta se veían un poquito rojitas, aunque no me estaba lastimando, el hecho de estar recorre y recorre con sus manos que por cierto note eran mucho más grandes que las mías seguían y seguían. Llegue a cerrar los ojos y hasta me acomode mejor para que siguiera en su labor, ya no se dieron más palabras. Si deje escapar como un suspiro y quizás un gemidito, que puso rojos a los otros dos cuates que ahora recuerdo estarían como en sus veinte. Yo tenía que bajarme primero, era solo una cuadra, cuando lo hice, él lo único que hizo fue darme una sonora nalgada que retumbo, las miradas de señoras que con eso me gritaban que éramos unos pervertidos no hicieron más que sofocarme. Esa escena la tengo grabada en mi piel para siempre. Ese fue el inicio.

SEGUNDA PARTE

La siguiente situación que esta tatuada en mi cerebro, alma y cuerpo se dio un año después, al ir en sexto de primaria.
En ese entonces, en casa vivía con mi primo hermano, otros primos y un hermano. La clásica familia numerosa formada por varios grupos viviendo en la misma casa. En un cuarto grande, en su cama propia dormíamos cuatro jóvenes. Mi primo y yo éramos los mayores.
Estábamos en el mismo grupo escolar, un día otro amigo que a su vez vivía con su hermanastro, nos invitó a jugar a su casa, que quedaba cerca de la nuestra. Este cuate llamado Tito sin ser el marica del salón, si le gustaba andar mostrándose en pantalones ajustados, ya que estaba nalgón, contoneándose e incluso dejándose manosear, nalguear y andar diciendo que le gustaba ser tallado. Como que nadie le hacía mucho eco, ya que en realidad éramos muy niños e ingenuos. Sería el año
1976. En su casa nos pusimos a jugar a las escondidillas. Yo me escondí en un cuarto de aseo del cual podía ver hacia un pasillo con varias puertas junto con el otro amigo, Enrique.
Desde ahí pudimos ver como mi primo Charly, puso contra el recuadro de una de las puertas a Tito y se lo empezó a culear literalmente. De vez en vez le metía manos en sus nalgas, las nalgueaba y si se lo estaba prácticamente cogiendo con ropa puesta. Tito hasta se arremolinaba. Yo estaba impactado, aunque mi primo es mayor, no mucho y no sabía que fuera tan precoz, aunque en las noches como que escuchaba que se quejaba, ahora sé que se masturbaba ya desde esa edad.
Sin darme cuenta como que me coloque como Tito, con las piernas ligeramente abiertas y empinando mi nalgatorio, primero imperceptiblemente y ya después como invitando a Quique para que replicará lo que estaba viendo. Ya comenté que desde niño ya era nalgón, tenía un pantalón de mezclilla ajustado. Quique se aprovechó y sin más que me empieza a dar, primero quedito, pero después también nalgueaba, también sobaba mis pompas. Yo ya de plano, gemía despacito y le empujaba más hacia atrás mis nalgas, clarito sentía como palpitaba lo mío y lo de él que estaba durito y fuerte. Creo que fueron como 15 minutos así, hasta que el grito de la mamá de Tito (por cierto era una exuberante mujer, bellísima) hizo que nos separáramos los cuatro. Lo que no sabía es qué mi primo vio todo. Cosa que el aprovecho por espacio de unos cuatro años, ya que toda la secundaria entre juego y juego, en el baño cuando nos metíamos juntos a darnos la ducha, aprovechaba para manosear, toquetear, puntear. Al ser juegos en cama o en la alberca, de luchitas, nunca fue descarado del todo como con Tito, pero bien que me hacía sofocar y pensar que se sentiría ser ya del todo mujer. En prepa nos centramos mucho en el deporte y como que eso se olvidó, pero la espina ya estaba clavada y tarde que temprano alguien tendría que clavarme algo más que una espina. 

3° parte.- LOS INICIOS (preparatoria)
Además del deporte que me ha ayudado a mantener muy firme mi cuerpo aún en mi madurez, ¿Qué pasó en la prepa que estimulará mi deseo por experimentar ser hembra? La asistencia a muchísimas películas de corte erótico. Títulos como Emmanuelle con Sylvia Kristel, la Historia de O, filmes italianos de Tinto Brass como La llave, Todas lo hacen , El hombre que mira, Monamour. Más italianas como La Signore dell notte con Serena Grandi despertaron en mí el morbo, el placer por el sexo, uno de los manjares de la vida. No eran películas plenamente pornográficas, sino que llevaban una historia, una trama y despertaban la lujuria, mujeres esculturales, de grandes nalgas, me hice aficionado al derriere, al culo, a las nalgas, me obsesioné con ellas, aún hoy soy un gran admirador de un buen trasero. Cierto que lograron iniciar en mí la calentura, el rol activo que solo hasta más años tarde lograría realizar, teniendo como 21 años. PERO y ojo, también despertaron en mi la conciencia de que la naturaleza me había dotado de nalgas de mujer, ahora recuerdo sin saberlo a ciencia cierta en esa época que cuando salía a jugar soccer (unos dos o tres partidos por semana) me encantaba lucirlo, me maravilla acariciarme yo mism@, y extasiarme de que no tenía vello alguno sobre la superficie blanca y dura de mis sentaderas. Me inicie en la masturbación moderada. Pero ahora, en perspectiva, en el fondo deseaba ser Emmanuelle siendo empalada en el asiento de un avión, enculada en el retrete, acariciada por un pordiosero en sus portentosos muslos dejándose hacer hasta el gemido, poniéndose en cuatro ante el ganador de una pelea de box callejera para que delante de todos sea embestida por el asiático. Quería poner la cara de placer infinito de la infiel casada que en las películas de Tinto da las nalgas a otros, quería ser la mujer de gran nalgatorio qué de perrito, paradita o inclinada sobre una mesa ofrece la retaguardia a su amante en turno, sabiendo que su marido la ésta observando o imaginando como es otro el que la hace gemir y gozar por un lado no tan tradicional. En esa época fajé. Metí mano en traseros acariciándolos, amasándolos, hasta pequeñas nalgaditas llegué a dar. Apuntille (hoy le llaman twerking o perreo) a cuanta mujer se dejará, gozaba, pero muy en el fondo yo quería ser ella, por eso casi siempre les preguntaba: ¿te gusta? ¿Qué sientes? Cuando respondían que les encantaba, yo imaginaba el sentirlo. CONTINUARA

CUARTA PARTE
Entre a la Universidad, vivía en ella, era una Institución cara y de prestigio en el centro del país. Las chavas y cuates de dinero que asistían por lo general eran muy guapos y de cuerpos de infarto. Era
bueno para el estudio y me gane un apoyo económico para poder cursar la carrera. Al principio batallé, pero una vez que le encontré el modo, todo salió a pedir de boca. No tuve novia aquí ni en los periodos anteriores, solo habían sido pequeños fajes, rozones, re pegadas y así. En la Uni, seguí asistiendo al cine. Era ahora una ciudad más grande, y tenía un cine de solo porno y como otros dos de cine erótico clásico. Casi cada semana asistía a uno u otro y los calentones estaban a peso. Una vez más en el fondo, ahora reconozco yo me veía en las protagonistas. Seguí haciendo mucho ejercicio. Siempre tuve poco vello en las piernas y ahora mis muslos lucían poderosos, fuertes, macizos (los que quieran fotos, con gusto se las paso por msm), mis sentaderas nunca han tenido vello y estaban respingonas, duras. Me aficione a las revistas de relatos e historias con fotos sexuales. En todo este rollo universitario, con los cuates se empezó a poner de moda medio jotear, recuerdo que, aunque quería no me salía, aun hoy no soy nada obvio, ni amanerado, solo alguien de verdad muy suspicaz se podría dar cuenta que si soy un tanto metrosexual o muy arreglado con ciertos tintes de putón. Lo qué si me salía y muy bien era repegar mis nalgas a la virilidad de otros, claro con ropa de por medio, era algo común, ya que no era tan frecuente. Se hacía cuando asistíamos en bola al cine, recuerdo muy bien que en una ocasión fue un cuate que era nuevo en el grupo y que al poco tiempo se dio de baja de la escuela. Creo que era del Edo. De Veracruz, el caso que el cine estaba a reventar, lleno de puro malandro calenturiento, puro chaval de toda la ciudad que asistía a ese Cine, que por cierto era muy bonito, de esos antiguos que ya no existen. Era una película porno, en una escena que se me quedo grabado, un cuate le pone un cojidón a una hembra buenísima por detrás parados ambos al lado de un árbol, hasta recuerdo el nombre de la película: Pasiones Salvajes. El caso es que la bola de camaradas se desperdigo y yo creyendo que era Jesús el que estaba detrás de mí, sin más que le dejo ir mi nalgatorio, con Jesús se daba este jueguito sin más, él siempre se reía y me retiraba con calma. Para mi sorpresa y susto me di cuenta que no era él, ya que era gordito de mí mismo tamaño, pero al voltear para ver quién era, vi los ojos negros de este cuate más alto que yo, que ni siquiera recuerdo su nombre y que con firmeza me tomaba de mi acinturado talle para dejarme ir su vergón que clarito sentí a través del delgado pantalón pegadísimo, ya que llevaba uno de esos que se ocupaban en esa época de una marca que creo ya no existe. Fue tal la decisión y empuje con el que me estaba puntilleando, que temblando le deje hacer. La escena era larguísima, la follada estaba a mil y el perreo ligero en cuanto a movimiento, pero intenso en su pegada, que me daba este morenazo era de campeonato, me empezó a acariciar los cachetes de mis nalgas, sin saber cómo me acomode de tal manera que nadie podría percibir de primera vista que estábamos gozando de lo lindo. Empecé a sudar, me humedecí de mi verguita (la tengo chica), de repente tomo mi mano y por un momento se la puso en su daga, acaricie como pude, sabía cómo, lo había visto en tantas películas, solo fue un ratito, para volver a ponerme en medio de mis montañas de carne su pene que siguió y siguió hasta que en bufido caliente que sentí en mis orejas, se vino y se fue, yo estaba mojadísim@. No lo volví a ver en la Uni, esta era muy grande y era fácil no ver de repente a conocidos. Era también típico que, si alguien estaba sentado en la cama, de pronto llegabas y te le sentabas en su ingle y lo cabalgabas como si te estuviera tirando. Más de una vez lo hice, y nunca fui tildado de gay, todo era relajo, pero yo en el fondo me encendía, me ponía colorad@ y me humedecía. Mi círculo de amistades era similar al de mi estrato, jóvenes con apoyos o de clase media que sus padres realmente los apoyaban con bastante esfuerzo. Yo para ese entonces alcance la estatura que hoy tengo, tendría unos 20 años, midiendo 1.76, yo creo pesaba en ese entonces como 66 kgs., es decir verdaderamente flaco, pero nalgón y piernudo. Sería talla 28 o 30…hoy día peso entre 74 y 76 kgs. según le entre a la comida que me encanta y a esta edad de 53 años, es complicado estar en peso siempre, pero gracias todo ese pasado de deporte, buen cuidado y que ahora soy moderado en el ejercicio, soy talla 34, estando okey en mi peso y talle o índice de masa corporal. Con un cuate del DF, bajito él, moreno, de mirada lujuriosa y libidinosa, se empezó a dar un juego bastante peculiar.

QUINTA PARTE. –
Juan se llamaba ese morenito chaparrito, un tanto gordito, más chico que yo, unos tres años. Él no vivía en la Uní, por lo que de vez en vez se estaba conmigo y otros camaradas en las habitaciones, a veces hacíamos alguna comida en los cuartos y por supuesto de vez en vez tomábamos alcohol más de la cuenta o juntos realizábamos ejercicio. Le prestaba las regaderas de los cuartos para que se pudiera bañar. Entre juego y juego, no sé cómo se fue dando que de repente cuando estábamos cada quien en su regadera, le decía melos@: “miraaa”….y le mostraba mi nalgatorio redondo, blanco, respingón, duro…definitivamente de hembra…se lo paraba, se lo meneaba y le decía…”te gusta, no se te antoja”…el cabrón, claro que me comía con los ojos y me metía mano, me nalgueaba, intentaba meter un dedo en el agujerito, pero yo coquet@ solo lo calentaba y ya cuando veía que estaba en serio, me ponía más estricto y lo paraba. Por supuesto que, con ropa, los juegos de repegarle las nalgas, de dejarle que me sobara, de cabalgarlo ligeramente, de hacer que me diera nalgadas se daban con bastante frecuencia y cada ocasión que pudiéramos estar solos o cuando otros estaban en su rollo y ya nadie pelaba a nadie porque estábamos ya a medios chiles, es decir más o menos tomados. Compartimos muchas cosas en lo emocional, la carga de estudiar, el peso de estar en un contexto que era ajeno a nosotros al estar rodeado de lujo, de personas con gran economía y nosotros simples mortales, por supuesto que nos gustaban ciertas jóvenes, y llegamos a llorar entre varios porque veíamos lejano en algún día aspirar a mejores cosas…ahí simplemente éramos estudiantes pobres que tenían la chance de poder cursar una carrera que ni en sueños se hubieran podido imaginar se pudiera dar.
En un fin de semestre para celebrar se tenía la costumbre de tomar a morir. Esa vez me lo advirtió que nunca lo olvidaría y vaya que así fue, aún hoy al recordarlo me estremezco de placer y de arrepentimiento y miedo aún. Uno a uno se fueron los compañeros a sus respectivas habitaciones, hasta que quedamos solos él y yo en uno de los cuartos que habíamos logrado tomar, ya que en todo el semestre estuvo vacío y un canijo había conseguido la llave. Yo estaba mal, porque recién estaba aprendiendo a tomar y esa vez me extralimite, estaba por llegar a la mitad de la carrera y sentía que podía llegar a la otra orilla. El caso es que me ayudo a llegar tambaleando al baño, ya que necesitaba vomitar, una vez ahí no dejo de meterme mano, de nalguearme, de ponerme su pene en mis pompas, yo necesitaba primero expulsar el alcohol…por lo que le dejaba hacer como niña tonta. Sentí alivio al poder desahogar mi estómago, así que con una fuerza extraordinario me llevo de nuevo a la recamara vacía, eran dos camas individuales, pero sin sabanas ni nada. Una vez ahí casi me arroja boca abajo sobre una de ellas y que se abalanza sobre mi pants a la altura de mis nalgas a empezar a besarlas, primero por encima y luego logro bajarme pants y trusa tipo bikini que usaba para empezar a ensalivar, lamer como perro hambriento mis redondeces. Yo estaba como en shock y de forma intuitiva y natural empuje más hacia atrás mi derriere, gimiendo, estuvimos un buen rato así, el estrujaba mis carnes, porque también usaba sus manos, no solo su boca, de repente, sentí que urdía en mi agujero y sin más que me deja ir un dedo..ayyyyyyyy cabrrónnnn grite…pero el tapo mi boca y siguió escarbando hasta que empecé a sentir caliente, que me picaba y ya era yo el que empujaba mi culo hacia atrás…hasta ese entonces no habíamos cruzado palabra alguna, hasta que dijo…te voy a culear, te voy a cumplir lo que me vienes pidiendo a gritos putito….tal cual así fueron sus palabras.