La sorpresa se reflejaba en la cara de Amanda, tanto por haberse encontrado a Susana en su casa como por la forma en la que iba vestida.
 
La pelirroja llevaba un conjunto de tiras de cuero que alcanzaba a tapar lo justo, unas botas de tacón por encima de las rodillas y un antifaz negro que ocultaba sus ojos. Completaba el atuendo una fusta que portaba en la mano derecha y el mando de los vibradores en la mano izquierda.
 
– Hola Amanda, ¿Me has echado de menos?
 
– ¿Qué haces aquí? Mmmmm aaaaaaaa… – Amanda se estaba retorciendo por la acción de los vibradores.
 
– He venido a darte una sorpresa… Ya que no hemos hecho nada durante esta semana, he pensado que nos vamos a resarcir… Vamos a pasar un fin de semana muy divertido… ¿Tienes alguna objección?
 
– Mnnnmnnn Nooooooo.
 
– Estupendo, pues empieza a desnudarte. – Dijo, mientras apagaba de golpe los vibradores.
 
Amanda obedeció al instante, comenzó a despojarse de sus ropas sin siquiera levantarse de suelo.
 
– Las bragas también. – La mujer obedeció. Hizo un montoncito a su lado con lo que se había quitado. – Muy bien… Ponte de rodillas… Eso es…
 
Susana se acercó a Amanda, la acarició cariñosamente el pelo y se agachó frente a ella. Después de darle un húmedo beso examinó los aritos que tenía en los pezones. Ya estaban muy bien, la crema que les habían dado era fantástica.
 
– ¿Te duele? – Preguntó.
 
– Practicamente nada, a veces molesta un poco, pero ya casi no me duele…
 
– Me alegro. – Susana bajó su mano hasta llegar a la entrepierna de su jefa, a la que se le escapó un gemido por el contacto. – ¿Que tal hoy en el trabajo?
 
La cara de Amanda reflejó inmediatamente su decepción, y ésta no pudo aguantar el contarle a su secretaria lo que había pasado. La pelirroja escuchaba interesada como las quejas de Amanda venían por el hecho de no haber dejado satisfecho a su hombre, y no por el hecho de haber intentado follarse a Gabriel, a quién no había sorportado nunca.
 
– ¿Y que problema hay con eso? No has sido una buena chica, ¿Verdad? – Preguntó Susana.
 
– No… ¡Y no se que he hecho mal!… Y-yo… No… Por favor, ¡Ayudame!
 
– ¿Que te ayude? ¿A qué?
 
– A… A ser una buena chica… ¡Quiero ser una buena chica!
 
– Muy bien… Una buena chica, ¿Eh? Pero si quieres que te ayude tendrás que obedecerme en todo, ¿De acuerdo?
 
(…Una buena chica… Sólo importa dar complacer… Tus deseos no importan…) El coño de Amanda comenzó a chorrear con la sola idea de obedecer a Susana en todo.
 
– ¡Claro que sí! ¡Haré todo lo que me digas! Pero… Ayudame…
 
Susana estaba satisfecha con la actitud de su jefa, sabía que no habría puesto ninguna objección en obedecerla aún sin pedirselo, por algo estaba desnuda frente a ella, pero era divertido recalcarlo, ver cómo la mujer se sometía a sus deseos y reconocía que lo hacía por su propia voluntad.
 
– Esta bien, pues para empezar… Vamos a ver… ¿Qué se hace con las niñas que no se portan bien?
 
– ¿S-Se las castiga? – Contestó Amanda con un hilo de voz.
 
– ¡Correcto! – Exclamó Susana, entusiasmada. – Vamos al comedor… Eso es, ahora inclínate sobre la mesa… Muy bien…
 
Susana acarició obscenamente el expuesto culo de su jefa, disfrutando del contacto, notando la mezcla de miedo y placer que desprendía. Buscó el portátil de Amanda y lo colocó frente a su cara, encendiéndolo. Mientras se iniciaba, Sujetó las muñecas de la sumisa mujer a su espalda con unas esposas y ató los tobillos a las patas de la mesa, manteniéndolos separados.
 
Una vez el ordenador estuvo encendido, buscó en el historial y encontró rápidamente lo que buscaba. La página de contactos cargó rápidamente, entrando en el pérfil de Amanda. En cuanto ésta escuchó la musiquilla de fondo de la página, su mente se relajó, comenzó a evadirse y a estar más receptiva.
 
– ¿Qué es esto?
 
– ¿Cómo?
 
¡ZAS!
 
Un fustazo cruzó el culo de Amanda, haciendo que se sobresaltara.
 
– ¿Qué es esta página? – Repitió Susana.
 
– Es… la página de contactos que me enseñaste.
 
– Correcto… ¿Y para que te la enseñé?
 
– Para… Que me desestresase… Que liberase tensiones a través del sexo…
 
– ¿Y crees que lo estás haciendo correctamente?
 
– ¿Eh? S-Si…
 
¡ZAS!
 
– ¿Estás segura? Yo te enseñé a dejar satisfecha a tu hombre… ¿Crees que lo haces correctamente? ¿Qué diría Gabriel de eso?
 
(…Eres una zorra…No has cumplido con tu deber…Sólo existes para obedecer…Sólo existes para dar placer…)
 
Amanda acusó el golpe bajo.
 
¡ZAS!
 
– ¡Ah! Esta bien, ¡He fallado! ¡He fallado!
 
– Eso está mejor… Te voy a enseñar a no volver a fallar…
 
¡ZAS!
 
¡ZAS!
 
¡ZAS!
 
¡ZAS!
 
Los fustazos caían uno detrás de otro. Con cada uno, Amanda se repetía que no volvería a fallar, que a partir de ahora sería una buena chica… Sería una buena perra…
 
La mujer había perdido la cuenta de cuantos golpes había recibido cuando Susana paró. La mano de la pelirroja acarició sus nalgas, haciendo que Amanda se estremeciera de dolor y placer. La pelirroja desató a su jefa.
 
– Vamos, date la vuelta y ponte de rodillas. – Amanda obedeció. – Y ahora dame las gracias por el castigo. – Dijo, mientras apartaba su tanga.
 
– ¡Gracias! ¡Gracias! – Gritaba Amanda entre lametón y lametón.
 
Susana estaba disfrutando de lo lindo, tenía a Amanda solo para ella durante dos días, y la pobre estaba dispuesta a hacer todo lo que le ordenase… Aunque tampoco es que tuviese otra opción…
 
¡ZAS!
 
– ¡Esfuérzate más! ¿Quieres ser una buena perra o no?
 
Amanda aumentó el ritmo, recorriendo de arriba a abajo el coño de su secretaria. Ésta se apartó, se dió la vuelta y se inclinó.
 
– Vamos, a ver si lo haces mejor con mi culo.
 
Inmediatamente Amanda comenzó a lamer el ojete de la pelirroja.
 
Después de un tiempo, la lengua de la mujer comenzó a cansarse… Casi le daban calambres… Pero no quería parar… No PODÍA parar… (…Tu opinión no importa…Solo debes obedecer…)
 
Cuando Susana creyó que ya tenía suficiente y después de haber recibido un par de orgasmos, la ordenó que parara.
 
– Durante este fin de semana vas a hacer que yo esté en la gloria. Me servirás en todo, me obedecerás en todo. El domingo te diré si lo has hecho bien y actuaré en consecuencia. ¿Lo has entendido?
 
– ¡Si! – Contestó Amanda con convencimiento.
 
Durante el resto del día, Amanda atendió a Susana en todo y, esa noche, durmieron juntas después de hacer que la pelirroja se corriera un par de veces más.
 
El sábado no fué mucho más distinto, con la salvedad de que Amanda tuvo que hacer un streaptease para Susana, que fué totalmente fotografiado por la pelirroja. Al acabar el día Amanda tuvo que subir todas las fotos a la web de contactos, por lo menos todas las que no eran excesivamente obscenas para mostrarse.
 
– Muy bien cariño. – Dijo Susana el domingo por la tarde. – Has mejorado mucho. ¿Crees que has aprendido la lección?
 
– Si. Soy… ¿Soy una buena chica? (¿…Soy una buena perra…?)
 
– Si, has sido una buena chica. Y aquí está tu premio.
 
Susana agarró a Amanda del pelo, y tendiéndola con el pecho sobre la mesa, comenzó a sodomizarla violentamente.
 
Susana agarraba a Amanda de las tetas, tentando las reacciones de la mujer al contacto con los pezones, comprobando que la crema del tatuador había funcionado correctamente, cicatrizando los piercing en una semana.
 
Mientras su secretaria la empalaba con fuerza, Amanda recibía sumisa, inmóvil y satisfecha… No volvería a fallar… Era… (…Eres un objeto…Solo un culo, un coño, una boca…) una buena chica…
 
———————
 
El lunes comenzó con una Amanda renovada, feliz consigo misma. Se había vestido con lo más sexy que había encontrado, un cortísimo vestido con la parte superior de leopardo y la parte inferior negra. No se puso las bragas con vibradores pues, de boca de Susana, “Ya habían cumplido su cometido”, así que los había sustituído por un diminuto tanga.
 
Pasó la mañana danzando por la oficina, coqueteando con todo hombre que se cruzaba, casi ofreciéndose. Hubo un par en la sala de las fotocopias que estuvo a punto de llevarse al servicio para llegar a más, pero se fueron antes de que tuviera ocasión.
 
El tiempo que pasó dentro de su despacho lo utilizó en navegar por la página de contactos, observando la cantidad de fotos que Susana le había hecho durante el fin de semana. Menos mal que sólo habían seleccionado las que eran “inofensivas”… aunque… ¿De verdad le importaba?
 
Después de comer, su teléfono sonó. Cuando vió que era Susana lo cogió animada.
 
– Hola preciosa. – Saludó animada.
 
– Hola. Acaba de llamar Gabriel para concertar una reunión.
 
Amanda se estremeció entera.
 
– ¿Cuando?
 
– Ahora mismo, parecía urgente.
 
– De acuerdo, dile que en 10 minutos estaré en su despacho.
 
– Ahora mismo se lo digo.
 
– Hasta ahora. – Amanda colgó algo confusa. ¿Qué quería Gabriel?
 
10 minutos después estaba saliendo de su despacho. Cuando salió vió que Susana no estaba, habría ido al baño. El solo pensamiento de su secretaria con las bragas por las rodillas en el baño la puso cachonda…
 
Toc Toc.
 
– Adelante. – Contestó la voz de Gabriel.
 
Amanda entro un par de pasos y se sorprendió al ver a Susana de pie, al lado de la mesa de Gabriel.
 
– ¿Que ocurre? – Preguntó.
 
– ¿Esa es manera de saludar?. – Preguntó Gabriel. – Bueno, como quieras. El viernes teníamos una conversación importante, pero, debido a tu… interrupción no pudimos hablar sobre nada…
 
Amanda se sonrojó y agachó ligeramente la cabeza.
 
– Y, ¿Que hace Susana aquí?
 
– Me ha estado convenciendo de que no de parte de tu comportamiento, ¿Verdad?
 
– He hecho lo que he podido. – Contestó la pelirroja.
 
– ¿Y crees que esta preparada?.
 
– Completamente.
 
Amanda se había perdido, no sabía muy bien de qué estaban hablando. Gabriel se levantó y se acercó a Amanda. Ésta comenzó a humedecerse por la proximidad del hombre.
 
– Creo que deberías reconsiderar tu decisión sobre el caso del político.
 
– ¿Qué? No… No puedo…
 
– Sí puedes… Es tu decisión… Nadie te puede obligar, pero…
 
– Nadie me puede obligar… Yo… Mi exclusiva…
 
– Nadie quiere que saques eso a la luz…
 
– Nadie … quiere…
 
– ¿Vas a ser una buena chica?
 
– Una buena… Si… Una buena chica…
 
– Ponte de rodillas. – Susurró Gabriel.
 
Sin siquiera haber procesado lo que había dicho, Amanda ya estaba de rodillas ante él.
 
– Es impresionante… – Comentó el hombre. – ¿Cómo lo has conseguido?
 
Amanda se quedó mirando a Susana, aturdida, ¿Cómo había conseguido qué?. Pero no fue Susana la que contestó. La puerta tras Amanda se cerró lentamente y un hombre se situó tras ella.
 
– Tengo mis medios. Soy socio de una coorporación que cuenta con muchos medios. Parte del mérito ha sido tuyo. Me avisaste a tiempo de los planes de esta preciosidad y me proporcionaste la información necesaria para facilitar mi tarea.
 
– No fue nada. – Contestó Gabriel.
 
– ¿Qué tal estás, Mariposa35? – Preguntó el hombre, situandose frente a Amanda.
 
La mujer abrió los ojos como platos. No tanto porque la hubiese llamado de aquella manera como por quién era. ¡Era el político corrupto!
 
– ¿No dices nada? Parecías muy interesada en unos temas que me concernían…
 
Amanda no era capaz de decir nada. Estaba inmóvil, de rodillas ante esos dos hombres, y Susana…
 
Miró a su secretaria. Estaba observándola, pero su rostro no mostraba ninguna emoción, la miraba cómo si ella no estuviera allí.
 
– ¿Que pasa? – Dijo Gabriel. – ¿Creés que Susana te va a ayudar?
 
Gabriel avanzó hacia la secretaria y, poniendo ligeramente la mano sobre su hombro hizo que se arrodillara. Mirando a Amanda a los ojos comenzó a desabrocharse la bragueta, liberando su polla frente la cara de la pelirroja. Entonces la cara de Susana cambió. La lujuria invadió su rostro y se avalanzó sobre el falo que tenía delante sin mediar palabra. Amanda miraba con una mezcla de envidia y sorpresa… ¿Qué estaba pasando?
 
Oyó un ruido tras ella y, al girarse, se encontro con la polla del político colgando delante de sus ojos. No supo porqué lo hizo (…Eres una perra…Sólo sirves para dar placer…) pero antes de que se diese cuenta le estaba practicando una profunda mamada a aquel hombre. Todo lo demás había pasado a segundo plano… Sólo importaba esa polla, esos huevos… Debía complacer a su hombre y no iba a fallar.
 
Los hombres estaban uno frente al otro, disfrutando de las dos perras que les estaban chupando las pollas.
 
– Estoy sin palabras. – Dijo Gabriel. – Amanda siempre ha sido una mujer fuerte y decidida… Y siempre ha estado contra mí… No se cómo lo hiciste pero eres un genio…
 
– Está bien… Si tanto interés tienes te lo contaré. Como te he dicho antes, pertenezco a una coorporación muy poderosa que tiene métodos bastante efectivos para someter la voluntad de cualquiera. Como socio, puedo usar sus servicios en cualquier momento.
 
Mientras hablaba, agarró a Amanda del pelo, levantándola y dirigiendola hacia la mesa.
 
– Súbete a la mesa, perra. – Amanda obedeció al momento. – A cuatro patas… Eso es… – El hombre comenzó a follarse el culo de Amanda en esa postura mientras continuó su historia.
 
– En cuanto me dijiste que esta zorra había descubierto cierto documentos comprometedores, comencé a mover los hilos para hacerme con su control…
 
– Si, recuerdo que viniste a pedirme toda la información que tuviese sobre ella. – Comentó Gabriel.
 
– Correcto, mientras más supiese, más fácilmente podría trazar un plan. Cuando me dijiste que estaba muy unida a su secretaria, pensé que sería más fácil acceder a ella. Mediante una empleada de la coorporación, convencí a Susana de que se registrase en una página de contactos creada por nosotros.
 
– ¿Una página de contactos?
 
– Sí. Esta página tiene varias funciones… La principal es su función como muestra y venta de nuestras putas. Los hombres apuntados pagan una módica cantidad y disponen de una enorme base de datos de mujeres totalmente dóciles y dispuestas. La otra función es la de captación. La página cuenta con sofisticados métodos de control mental… La música, el tipo de letra, mensajes subliminales… Todo está dirigido a penetrar en la mente de nuestra presa.
 
Gabriel estaba impresionado a la vez que asustado… Nunca había pensado que algo así se pudiese hacer.
 
– Todas nuestras perras se instruyen en la sumisión y obediencia, pero aparte, hay programas personalizados que se insertan en el subconsciente de las víctimas, modificando aún más su personalidad. Se puede hacer que esté más predispuesta al sexo lésbico, anal, que se especialice en chupar pollas… El programa que insertamos en Susana fué el “programa cazadora”
 
– ¿Programa cazadora?
 
– Predispone a la perra en cuestión a captar nuevas víctimas para la coorporación. Una vez hecho esto no fué más que cuestión de tiempo que Susana convenciese a Amanda para registrarse también en la página. Tras su primer acceso ya estaba perdida…
 
Gabriel ordeno a Susana que se tendiese bocaarriba en el otro lado de la mesa, quedando su cara debajo de la de Amanda. Éste comenzó a follarse a la pelirroja mientras las dos perras se comían la boca la una a la otra.
 
– Todo lo demás llegó sólo… Aunque ella no lo sepa, ya se ha prostituído.
 
– ¿CÓMO? – Exclamó Gabriel, anonadado.
 
– Ella cree que tenía una cita con un hombre de la página, pero realmente era un cliente… Normalmente, preparamos a nuestras perras para que sean lo más naturales posibles, así que hacemos que su mente “olvide” automáticamente ciertos recuerdos, como si nunca hubieran pasado, toda referencia a su condición de ramera quedará oculta para ellas, así como el momento del pago y lo que hacen con el dinero, que será automáticamente ingresado en una de nuestras cuentas por ellas mismas. El hombre con el que tuvo su primer trabajo no quedó satisfecho, así que le ofrecimos por medio de Susana un 2×1. Se acostaba con Susana gratis y, una vez preparada se volvía a acostar con Amanda. La segunda vez la opinión del cliente fué completamente distinta… Estabas trabajando con una puta de primera y ¡Ni siquiera lo sabías! Ja ja ja
 
Gabriel se rió con él, pero su mente estaba recibiendo tanta información que ni siquiera había encontrado la gracia.
 
– Y aquí la tienes. ¿Has visto esto?. – Dijo, levantando a Amanda de un tirón y bajándole el vestido.
 
Los relucientes aritos plateados de Amanda brillaban en sus pezones, dejando a Gabriel con la boca abierta.
 
– ¿La habéis hecho piercings?
 
– No, ELLA se ha hecho piercings… Y lo pagó con su cuerpo.
 
– Y… ¿Q-qué…Qué programa habéis… – Comenzó a balbucear Gabriel.
 
– Incorporado a Amanda? Le hemos incorporado el “programa mascota”. Estás ante una estupenda perrita.
 
Ese dato fué la gota que colmó el vaso. Gabriel sacó su polla del coño de Susana y se corrió sobre su vientre, llenándolo con su lefa. Inmediatamente Susana se incorporó y, poniedose a cuatro patas comenzó a limpiar con su boca el miembro de Gabriel.
 
– Chupa, perra. – Dijo el político a Amanda.
 
Ésta se inclinó sobre el culo de la pelirroja, que había quedado ante ella, proporcionándole un húmedo beso negro.
 
– ¿Y podría… ver esa página? – Preguntó Gabriel.
 
– Por supuesto, esa página está diseñada para atrapar mujeres. Los hombres en este caso son los clientes… – Se inclinó hacia un lado sin sacar su polla del culo de Amanda para alcanzar su tablet. – Esta en favoritos. Entrarás con mi usuario.
 
Gabriel cogió la tablet que le tendía y, haciendo lo que le dijo accedió a la página.
 
Inmediatamente buscó el perfil de Amanda, viendo sus datos y la cantidad de fotos que había subido. No se creía que la formal mujer que había sido su rival hubiese accedido a subir aquellas fotos a internet… ¡Estaba prácticamente desnuda en todas! Aunque… viendo cómo se dejaba sodomizar encima de la mesa…
 
– ¿Qué es esto? – Dijo, señalándo un botón que ponía “Área privada”
 
– Ahhh, eso te va a encantar.
 
Gabriel accedió al enlace… Y lo que vió casi hizo que se le cayera la tablet de las manos… Era Amanda de nuevo, ¡Pero esta vez eran imágenes sin ningún tipo de pudor!
 
Había una galería en la que salía masturbándose con un vibrador, en otra se estaba sodomizando sobre la cama con un consolador… En otra galería !Se estaba montando un trío con un negro y una mujer tatuada en una camilla!
 
– ¿Q-qué es esto? – Preguntó.
 
– Es la galeria promocional para los clientes. Al igual que los detalles de su vida como puta, tampoco se dan cuenta de que hacen esto. Se sacan fotos exhibiendose, o se dejan sacar fotos por otras personas, y luego ellas mismas las suben a su perfil…
 
Gabriel estaba maravillado y asustado, era mucho mejor tener a ese hombre como aliado que como enemigo…
 
Mientras reflexionaba sobre ello, el político sacó la polla del culo de Amanda y ordenó a las dos mujeres que se arrodillaran ante él. Gabriel se imaginó lo que iba a hacer y, efectivamente, comenzó a masturbarse ante la cara de las dos mujeres, que esperaban con la boca abierta la descarga de “su hombre”. Cuando se corrió, se pelearon a ver cuál recibía más cantidad y cual era la primera en limpiar la polla con su lengua. Una vez hubieron acabado con ella, comenzaron a limpiarse entre ellas con obscenos lametones.
 
El hombre recompuso su vestimenta y se acercó a Gabriel.
 
– Como pago por el aviso, para que veas que soy un hombre agradecido, puedes quedarte con Susana. Ahora es tu esclava, te obedecerá en lo que quieras. Puedes hacer que se comporte normalmente ante el resto de la gente o que sea un auténtico zorrón, tu decides. Si quieres puedes dejar que se siga prostituyendo a través de la página, por supuesto los beneficios serían para tí. Pero a Amanda me la quedo yo… – Dijo, mientras la miraba con suficiencia. – Seguirá haciendo su trabajo aquí en el periódico, como si estas semanas no hubiesen ocurrido… Siempre viene bien tener “contactos” en todos los sitios Ja ja ja
 
Esta vez Gabriel no se rió. Estaba asimilando lo que había oído… ¡Susana le pertenecía! Pero… ¿Cómo sería tener una esclava? No tardaría en averiguarlo…
 
El hombre ordenó a Amanda que se vistiera y le dió un pequeño collar ajustado al cuello. Por la parte interior del collar rezaba:
 
Amanda
NALA
Propiedad de XC
 
Salió del despacho con Amanda caminando detrás de él.
 
Gabriel se quedó unos minutos sin moverse, mirando a su nueva propiedad, ahí, desnuda, de rodillas… ¿Que iba a hacer con ella?
 
Lo primero era hacer que se vistiese y, de momento, se la llevaría a vivir a su casa… Así podría sacarle más partido.
 
Durante el camino a casa, Gabriel iba dándole vueltas a la inmensa suerte que había tenido… De una sentada había ganado un poderoso aliado, una esclava y se había quitado de enmedio una rival…
 
No podía pedir más.
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