Amanda se dirigió al trabajo vestida con un vestido azul escotado, el pelo largo suelto y altos tacones. Y las bragas que le dió Susana.

Desde el momento en que se las puso estuvo en constante tensión, con la esperanza de que se encendieran en cualquier momento.
“¿Eres tonta?” Pensó “Susana está a mucha distancia de aquí… No creo que esto tenga tanto alcance…”
Pero aún así, la incertidumbre de que podía vibrar en cualquier momento seguía ahí, cada vez más intensamente mientras más se acercaba a su oficina.
Cuando llegó, Susana no había venido todavía, así que entró sin más a su despacho y comenzó a encender el equipo.
No llevaba ni 20 minutos delante del ordenador, cuando una leve vibración la recorrió por dentro.
Susana acababa de llegar. Sabía que su jefa ya estaba en su despacho, así que iba a divertirse un poco. Comenzó a dar pequeñas vibraciones a intervalos largos y poco a poco fue reduciendo la distancia entre estos, así como aumentando la intensidad de la vibración.
Le divertía mucho imaginarse a su jefa dentro de su despacho, cómo se debía estar retorciendo de placer…
Después de unos minutos, pensó que ya tenía suficiente. Se levantó y se dirigió a su despacho.
La situación en la que se encontraba Amanda era estupenda, se había tirado al suelo y, con el vestido levantado estaba retorciendose de placer, intentando aumentar el efecto que los vibradores ejercían en ella. Al ver a Susana, se dirigió rauda hacia ella avanzando a cuatro patas, sabiendo que debía portarse bien si quería su orgasmo.
Amanda se paró de rodillas delante de la secretaria, esperando que le dijera qué quería que hiciese.
– Buenos días pequeña. – Dijo Susana. – ¿Tenías ganas de verme? – Preguntó, levantándose la falda y mostrando el coño que Amanda debía comerse.
Ésta no tardó, apartó el tanga y se comió con fruicción el coño de la chica hasta llevarla al orgasmo. En ese momento, ella también se corrió, no sabía muy bien si por el efecto de los vibradores que manejaba con pericia su secretaria, o por esa extraña razón por la que se corría cuando proporcionaba un orgasmo.
– Que bonita manera de empezar el día… – Comentó la secretaria. – Empieza una nueva semana y va a haber unos cuantos cambios. Has estado descuidando tu trabajo durante la última semana y no podemos permitir eso… Me hiciste cancelar todas tus reuniones y compromisos… Y ya no lo haré más.

Amanda escuchaba sin objección como su secretaria le estaba diciendo la manera en la que debía trabajar.

– Para empezar, la reunión de hoy antes de comer no la voy a cancelar. Tendrás que asistir.
Amanda asintió.
– Y ahora levantate y arreglate el vestido un poco, a estas horas puede entrar cualquiera. – Terminó, guiñandole un ojo a su jefa. – ¿Eres una buena chica?
– Soy una buena chica. – Respondió Amanda, mientras se recomponía el vestido.
Susana salió del despacho pensando lo divertido que iba a ser el día de hoy… Ese fin de semana había instalado una pequeña cámara web en el despacho de su jefa, para ver en qué momento era conveniente activar su juguete y como era su reacción, así que hoy no se perdería detalle.
Amanda pasó una mañana tensa. Estaba todo el tiempo esperando que se encendiesen los vibradores y eso no la dejaba concentrarse. Después de un par de horas, decidió salir a por un cafe para despejarse.
Salió de su despacho ante la mirada de su secretaria y se dirigió a la zona de las máquinas. Estaba sola por los pasillos, aún era pronto para que la gente comenzase a moverse para ir a desayunar.
Llegó a las máquinas y sacó un café con leche. Mientras esperaba, un hombre de mensajería pasó con su carrito lleno de correo por delante de la zona de los cafés y, de repente, una ligera vibración comenzó a recorrer los agujeros de Amanda.
– ¡Ah! – Se le escapó a la mujer, mientras se apoyaba en la mesa debido a la sorpresa.
El hombre de mensajería se paró y la miró, momento en el que la potencia de los vibradores aumentó. Amanda intentó mantener el tipo como pudo.
– B-Buenos díass… – Saludó al hombre, intentando disimular.
– Buenos días. – Contestó educado, siguiendo adelante con su carrito.
En cuanto se alejó, la vibración comenzó a perder intensidad hasta que desapareció completamente cuando perdió al hombre de vista.
Amanda comenzó a tomarse el café tranquilamente hasta que un par de maquetadores del periódico llegaron también a la zona de desayuno, entonces, de golpe, los dos vibradores volvieron a encenderse. Amanda dió un pequeño brinco y, cogiendo su café, se despidió apresurada y salió disparada a su despacho.
La vibración paró mientras andaba, pero suponía que una vez había empezado, Susana continuaría con las descargas, así que tenía pensado entrar en su despacho a disfrutar de su orgasmo con privacidad. Pero no fue así, los vibradores no volvieron a encenderse y Amanda se estaba desesperando.
Una notificación apareció en el ordenador de Amanda. Era el aviso para la reunión que le había avisado la secretaria… Se planteó no ir, pero… No podía hacerlo… Si quería ser una buena chica… (…perra…) Así que agarró su portátil y salió directa a la sala de reuniones.
Susana la vió salir decidida de su despacho y, cuando pasó por delante suya, Amanda la dedico una mirada que mezclaba deseo y súplica… Sabía que llevaba todo el día sufriendo y deseando un orgasmo… Y estaba esperando a ver cuanto tiempo tardaba en darse cuenta de lo que tenía que hacer para conseguirlo…
Amanda entró en la sala de reuniones, había llegado tarde y ya estaba todo el mundo allí. Se sentó al lado de Gabriel, aunque casi no se dió ni cuenta porque nada más entrar, una vibración sacudió su coño, aunque era algo leve y pudo mantener la compostura. Se disculpó por la tardanza y se sentó enseguida.
Por suerte, la reunión era algo rutinario y no tuvo que intervenir. Los corresponsales querían pedir una aplicación que les facilitase el envío de sus artículos desde cualquier parte del mundo, y necesitaban que les aprobasen el presupuesto…
La hora entera que duró la reunión, Amanda se la pasó chorreando… Nada más sentarse se encendió también el segundo vibrador, y continuaron así durante toda la reunión. Era una vibración leve, pero la prolongada duración estaba haciendo su efecto… Amanda estaba acalorada y el resto comenzó a notar que algo le pasaba.
– ¿Te encuentras bien? – Le preguntó Gabriel.
– Si… No… No es nada… No te preocupes… – Contestó Amanda como pudo.

Gabriel parece que no quedó muy convencido pero, más allá de echarle miradas de reojo de vez en cuando, la dejó tranquila.

En cuanto terminó la reunión, Amanda salió disparada y nada más salir por la puerta los vibradores se apagaron de golpe, dejando a Amanda en parte aliviada y en parte insatisfecha.
En vez de ir a su despacho, entró directa al servicio, se lavó la cara y bebió algo de agua para calmarse… Pero no sirvió de mucho… Estaba caliente como nunca…
Se dirigió a su despacho a ver si comer algo la hacía sentirse más calmada pero tampoco sirvió de nada.
En el resto de la tarde no salió de su despacho, y los vibradores no volvieron a encenderse. A medida que pasaba el tiempo, Amanda esperaba con ansia la visita de Susana que se había producido todos los días de la semana anterior pero, después de esperar una hora, la pelirroja no apareció.
Ante la decepción, Amanda se fué de su despacho y se dirigió a su casa. La rutina de los últimos días volvió a repetirse. Baño, portatil, página de contactos, porno… y sobre todo, masturbarse… Estuvo masturbándose toda la tarde y parte de la noche. Introducía los vibradores que se compró en el sex shop en su coño y en su culo mientras en su cabeza no paraba de repetirse a sí misma que no era más que una perra, que necesitaba una buena polla y que si quería ser una buena chica, debía ser obediente…
Los días pasaron de la misma manera, frustrando a Amanda ante la indiferencia de Susana y su constante calentura. Se pasaba los días esperando a que su secretaria entrase por la puerta y la follase hasta reventarla…
Aún con todo esto, ni siquiera había pasado por su cabeza no ponerse las bragas con consoladores. Las llevaba todo el día puestas, desde antes de salir al trabajo hasta volver a llegar a su casa, momento en el que se las quitaba para meterse sus propios consoladores. Había advertido que su culo se había acostumbrado muy bien a estar “relleno”, aceptaba perfectamente los consoladores, lo que causaba en ella una gran satisfacción (…Sólo existes para dar placer…Sólo eres un culo, un coño…)
Así que todos los días los pasaba así, hasta que la tarde del miércoles de esa semana, comenzó a darse cuenta de algo… Parecía que Susana no la hacía caso pero, realmente, estaba completamente atenta a ella… Si lo pensaba un poco, siempre activaba los vibradores cuando estaba cerca de la gente, nunca cuando estaba sola… Ya fuera en la cafetería o en alguna reunión, la secretaria aprovechaba para excitarla. Una vez esa idea apareció en su cabeza, fué fácil comprobarla.
Esa misma tarde antes de salir del trabajo, comenzó a dar vueltas por la oficina y, efectivamente, en cuanto alguien pasaba cerca de ella, los juguetes se ponían a funcionar. Estuvo toda la tarde rondando por los pasillos y salas del edificio sin saber como era capaz Susana de saber quién se encontraba a su lado, pero se dió cuenta de ciertas conductas.
El día terminó y esa noche, mientras se masturbaba ante el ordenador, comenzó a pensar en lo aprendido durante el día. Si la persona que se le acercaba era un hombre, la vibración era más fuerte, aunque también las activaba con mujeres. Además, mientras más cerca estuviese más intensa era la vibración. La cosa no acababa ahí… Se había fijado en que un ligero roce con alguien, una postura sugerente, un pequeño descuido que mostrase algo más de lo que debía… Todas esas cosas hacían que Susana la “premiase”…
Sumida en esos pensamientos le llegó el sueño, decidida a que mañana sería una muy buena chica para Susana.

Se puso una ajustada falda negra y una blusa de leopardo con un escote de infarto que dejaba intuir el sexy sujetador que se había puesto. Unos zapatos con un tacón vertiginoso completaban el atuendo.

Estuvo en su oficina hasta la hora del desayuno y entonces se dirigió a la cafetería. Nada más acercarse a la gente, como esperaba, los vibradores se activaron. Al coger el café, flexionó el cuerpo sin doblar las rodillas, mostrando una vista perfecta de su culo. Los vibradores reaccionaron tal como esperaba, conmfirmando sus sospechas de la noche anterior. El resto de días había cogido el el café y se había marchado a su despacho con la esperanza de que la vibración continuase allí, pero este día sería distinto. Se acercó a tres chicos que estaban en una mesa alta desaunando y se puso a charlar con ellos. Los chicos no se lo creían, ¡Esa despampanante mujer estaba hablando con ellos!
La conversación no era nada fuera de lo normal, que tal iban con el trabajo, si les daría tiempo a acabar sus proyectos a tiempo… Algo trivial, pero lo suficiente como para permitirla provocar algunos contactos desenfadados. Amanda se inclinaba ligeramente sobre la mesa, dejándo su escote a la vista del chico que tenía justo enfrente, o dejaba caer su móvil y, al agacharse, lo hacía acercándo su cara más cerca de lo aconsejable por la decencia al chico que tenía al lado, como si estuviese recorriendo su cuerpo. Las erecciones de los chicos era perfectamente visibles y eso la volvía loca, además de que estaba recimiendo su premio en forma de vibraciones largas y continuadas.
Los chicos estaban a mil, pero les intimidaba tener a una directiva tan importante del periódico en esas actitudes, pensando que estaban haciendo algo mal, así que en cuanto pudieron encontrar una excusa, dejaron a Amanda con un palmo de narices. Dos de ellos, en vez de a su sitio se fueron al servicio… Supuso Amanda que iban a hacerse una paja “a su salud” lo que hizo que se estremeciera de placer. Viendo que ahí de momento no había nada más que hacer, volvió a su despacho.
Al pasar por delante de Susana, esta le guiño un ojo y la sonrió, haciéndola ver que eso es lo que esperaba de ella.
Volvió a pasearse varias veces por la oficina, pero no volvió a tener una oportunidad de “intimar” con nadie de nuevo, así que estaba algo frustrada en su despacho.
TOC TOC.
– Adelante. – Dijo Amanda, algo sorprendida de la visita.
La puerta se abrió tímidamente.
– H-Hola. Traigo un paquete para Amanda González-Del Valle. – Un mensajero asomó la cabeza por el quicio de la puerta.

– Soy yo.

– Su… Su secretaria me dijo que quería recibirlo usted directamente. – Dijo el chico, entrando con un sobre en la mano.
.
En ese momento, los vibradores se activaron a la vez, dejando claras las intenciones de Susana.
– Veamos esa carta. – Dijo Amanda, levantándose y dirigiendose al hombre.
El chico estaba algo cortado delante de la espectacular mujer. Mientras se acercaba al hombre, la vibración aumentaba y Amanda sabía lo que tenía que hacer. Recogió el sobre con demasiada efusividad, agarrando el brazo y la mano del hombre.
– ¡Muchas gracias!. – Dijo, acercándose a él.
– ¡D-De nada!
– ¡Oh! ¿No tiene remitente?. – Amanda aprovechó para rodear al mensajero con un brazo mientras le enseñaba el sobre. Su cara estaba tan pegada a la suya que el hombre podría notar perfectamente su respiración.
“Eres una buena chica” Se repetía constantemente, mientras los vibradores le corroboraban esa sensación.
– Eeeh, parece que no tiene… L-Lo siento, no se de quién es…
– ¡No te preocupes! Seguro que dentro lo explica.
– Seguro que sí… Bueno… Yo… Tengo que… Irme… – Decía azorado el hombre mientras se separaba de Amanda e iba hacia la puerta.
Amanda pudo notar claramente en su sexo como el hombre se alejaba… Los vibradores descendieron de potencia rápidamente… No… No podía permitirlo…
(…Debes obedecer…Sólo existes para dar placer…)
Se acercó rápidamente al hombre y, algo brusca, dió la vuelta al hombre y lo empujó hacia la puerta. El mensajero estaba sorprendido, pero la erección que tenía era obviamente visible. Sin darle tiempo a pensar, Amanda le plantó un húmedo morreo que dejó al hombre estupefacto, pero no le duró mucho… Viendo la actitud de la mujer, se animó pronto. Llevó las anos a su culo, amasándolo con avidez y, rápidamente, una mano se dirigió a sus pechos.
Amanda estuvo rápida, no podía permitir que le tocase los pezones… Ya los tenía mucho mejor, pero aún le molestaban los piercing, así que, sujetando la mano del chico y guiñándole un ojo, comenzó a descender hasta ponerse de rodillas ante él.
El mensajero no se lo creía… Tenía una pedazo de hembra delante de él… ¡De rodillas! Amanda comenzó a desabrochar su pantalón hasta que liberó la durísima polla que escondía bajo ellos bajo presión, tanto, que al ser liberada salió disparada golpeando a Amanda en la mejilla.
– Vaya… Parece que tienes otro paquete que entregarme… – Dijo juguetona, agarrándo el miembro del hombre con la mano y comenzando a pajearlo mientras le daba ligeros lenguetazos en el glande.
(…Tu deber es complacer…Tu deber es obedecer…)

Amanda estaba en éxtasis. Los vibradores estaban a plena potencia pero, extrañamente eso no era lo que más placer le reportaba… Tener esa polla delante… Estar complaciendo a ese hombre… Era maravilloso… Sentía una sensación de plenitud intensa, lo que hacía que realizase la mamada cada vez con más dedicación. Levantó la polla con la mano, poniendola a lo largo de su cara para poder acceder con comodidad a los huevos del hombre, comenzándo a recorrerlos con su lengua, primero haciendo círculos y luego, avanzando con su lengua desde los huevos, hasta el rosado capullo que tenía delante. Mientras veía la cara de placer del mensajero, se introdujo la punta en la boca, le miró fijamente a los ojos y empezó a introducirse lentamente el falo en la boca, sin apartar la mirada, hasta tener su nariz pegada al abdomen del hombre.

Eso fue la gota que colmó el vaso del mensajero, dándose cuenta de que lo que tenía delante era una zorra y dejando de tener el respeto y miedo que tenía por ser una de las directivas más importantes del periódico. Agarró a Amanda del pelo y tirando hacia atras primero para sacar la polla entera, comenzó a follarse su boca con violencia.
(…Sólo eres un objeto…Tu misión es ser usada…Eres un juguete…)
Amanda casi no podía respirar debido a la intensidad con la que le estaba obligando a chupar. El hombre alternaba entre violentos mete-saca con profundas inserciones de su falo. Cuando hacía esto último, mantenía la polla metida hasta el fondo durante unos segundos antes de permitir respirar de nuevo a la mujer.
La intensidad con la que penetraba y el morbo de la situación no permitieron al mensajero aguantar mucho antes de correrse, cosa que hizo completamente dentro de la sumisa directiva. Amanda recibió con placer la descarga, tanto que en cuanto el primer chorro golpeó su garganta, un intenso orgasmo la abordó, descargando de un golpe toda la tensión que llevaba acumulada durante el día.
 
Antes de dejarse caer al suelo para disfrutar de su orgasmo, Amanda procuró dejar completamente limpia la polla de su hombre. En cuanto acabó, cayó rendida al suelo a los pies del mensajero. Éste, sin creerse aún la suerte que había tenido, e intentando evitar cualquier reacción negativa de la mujer por lo que había hecho, guardó su herramienta de nuevo y salió del despacho.
“¿Qué he hecho?”
(…Has sido una buena perra…)
“Una buena perra… Soy… Una buena perra…”
(…Eso es… Eres un objeto… Solo existes para dar placer..)
“Solo… para dar placer”

Amanda siguió rendida en el suelo de su despacho el un buen rato más, paladeando el sabor de la corrida que había recibido.

Cuando se decidió a irse a casa, era bastante tarde ya, entonces se acordó del sobre que le había traido el mensajero, se incorporó y, después de recomponerse un poco el vestido abrió el sobre.
Extrajo un pequeño papel en el que rezaba:
“Disfrutalo.
Firmado: Scarlata”
Y el papel venía adornado con un beso marcado con carmín rojo.
Salió enseguida de su despacho buscando a su secretaria, no sabía realmente si para darle las gracias o para echarle la bronca, pero ya se había ido, es más, la oficina estaba prácticamente vacía.
Amanda recogió sus cosas y se fue a casa pensando en que hoy había sido una buena chica…
El viernes llegó con una mala noticia para Amanda, nada más levantarse le llegó un mensaje de Susana en el que decía que hoy no iba a ir a trabajar, que tenía que ir al médico. La decepción de la mujer era palpable, pero aun así, no se planteó quitarse los consoladores, aunque la dueña de los mandos no pudiese activarlos.
El día se desarrolló algo aburrido. Echaba de menos los juegos de los últimos días… A media mañana se levantó a tomarse un café y, para su sorpresa, al acercarse a uno de los empleados que había desayunando, un escalofrío que nació en su coño la recorrió entera. ¿Qué estaba pasando? (…Sólo eres una perra…) Los vibradores no estaban funcionando… (…Tu misión es proporcionar placer…) Susana ni siquiera estaba en el edificio…
Amanda cogió el café y repitió la jugada del día anterior, sólo para descubrir que aún sin vibración, las sensaciones eran las mismas… A punto estuvo de correrse allí en medio después de estar un rato en contacto con varios chicos… justo antes de que se fueran… Se marchó a su despacho algo frustrada, pensando cómo era posible que le pasase eso, no tenía vibrador ni nada, pero aún así… (…Sólo quieres follar…Sólo necesitas una polla…)
Estuvo dándole vueltas al tema hasta que otra cosa ocupó sus pensamientos: Una notificación de reunión apareció en su ordenador.
Se quedó mirando el mensaje, era una reunión para la semana siguiente… Con el político corrupto… Parece que quería sobornarles, o comprar su silencio o algo… Pues iba listo. Amanda se levantó hecha una furia y fué directa al despacho de Gabriel. Entró sin llamar y, en cuanto entró, se quedó paralizada. Su coño comenzó a chorrear igual que en el desayuno y eso la dejó descolocada…
– ¡Amanda! – Exclamó Gabriel, sorprendido. – ¿Qué ocurre? ¿A qué tanta prisa?.

Amanda estaba confusa… Mientras más se acercaba a la mesa de Gabriel, más cachonda se ponía.

“No… Gabriel no…” (…Eres una perra…Tu opinión no importa…)
– ¿C-Cómo podéis?… ¿Cómo podéis dejaros comprar así?… ¿No tenéis principios?
Amanda no se dirigió a la silla que estaba enfrente de la mesa, en vez de eso, rodeó el escritorio de su compañero y, apoyando una mano en ella, se inclinó ligeramente sobre Gabriel, intentando intimidarlo… O eso creía ella…
El escote de Amanda estaba a plena vista de Gabriel, que se quedó algo sorprendido. Ya había notado que la mujer llevaba un tiempo vistiendo más… descocada, pero tenerlo así… delante…
Amanda se estaba volviendo loca, mientras más cerca estaba más cachonda se ponía. Tenía sensaciones encontradas, por un lado quería matar a Gabriel, por destrozarle la mejor oportunidad de su carrera, pero por otro…
(…Sólo eres un objeto…)
– ¿A-Amanda? ¿Q-Qué estás haciendo?
Amanda se acercó más a Gabriel poniendole las tetas casi en la cara, buscando rozarle con el brazo, con su cuerpo… Forzar un contacto que le reportase placer. Apoyó una mano en su hombro, sintiendo un escalofrío que la recorrió de arriba a abajo.
“¿Qué estas haciendo?”
Gabriel estaba mudo. La otra mano de Amanda, avanzó hacia el pecho del hombre y poco a poco empezó a descender, acariciándole lentamente, disfrutando de los calambres de placer le producía ese contacto. Amanda ya no respondía de sus actos, y aunque hubiese podido hacerlo, seguramente no habría parado… (…Eres un objeto…Perteneces a tu hombre…No teienes elección…)
La mano llegó a la entrepierna de Gabriel, entreteniéndose en su bragueta para después bajar a los huevos, sujetándolos y sopesándolos…
– ¡Basta! – Exclamó Gabriel. Amanda se quedó petrificada. – ¿Qué crees que estás haciendo? Vienes a mi despacho a discutir temas importantes, ¡Y lo único que haces es comportarte como una zorra!
Amanda comenzó a balbucear, apartándose rápidamente de Gabriel.
– ¿Crees que así me vas a convencer de sacar a la luz la información que tienes? ¿Tan simple crees que soy? Ya estás desapareciendo de mi vista antes de que llame a seguridad, ¡Zorra!
Amanda salió a trompicones del despacho, y se dirigió corriendo al suyo. Nada más cerrar la puerta el mundo se le echó encima, ¿Qué acababa de hacer? (…No has sido una buena chica…) No había sido una buena chica… Había acosado a Gabriel… ¡A Gabriel! Había… (…Has decepcionado a tu hombre…) decepcionado… (…Tu deber es dar placer…) tu… misión… ¿Porqué la había rechazado? ¿Acaso no le gustaba? Debería… (…Tienes que ser una buena perra…) debería haberlo hecho mejor… Pero… ¿Qué estaba diciendo? La cabeza le daba vueltas.
Salió de la oficina un par de horas antes… Necesitaba estar sola y aclararse. Al llegar a su garaje tenía una extraña sensación de desasosiego… Seguía pensando que podía… no… que DEBÍA haberlo hecho mejor… Fué hacia la puerta de su casa y la abrió. De repente los vibradores se pusieron en marcha a la vez a tal potencia que Amanda cayó de rodillas al suelo de la impresión. Cuando consiguió recuperarse un poco levantó la cabeza.
– ¡Susana! – Exclamó Amanda con sorpresa.

 

La sexy secretaria estaba de pie, en el recibidor, esperándola.
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