Un nuevo día llegaba para Amanda y con él le venían los recuerdos del día anterior. Nada más llegar a casa después de la aventura con Susana, lo primero que hizo fue darse un baño y, entre la espuma, volvió a masturbarse pensando en su secretaria taladrándola el culo con el falo de plástico.

Al salir del baño, encendió el ordenador y, después de ojear la página de contactos, comenzó a buscar porno, de la misma manera que había estado todo el día en la oficina. Se había metído a la cama con el portatil y había pasado la noche pegada a sus nuevos vibradores. Casi no había dormido, pero se encontraba mejor que nunca, se sentía… liberada… no sabía explicarlo pero era (…una buena perra…) una sensación agradable.
Durante la semana, se volvió a repetir lo del día anterior. Amanda acudía con las bolas chinas puestas y cada día se vestía más provocativa para llamar la atención de su secretaria. Pasaba el día laboral viendo porno, esperando el momento en el que Susana entrara en su oficina con el pollón de plástico para follarla. Cada día pasaba más tiempo sodomizándola en detrimento de su coño, llegando al punto de que el viernes, ni siquiera se la metió en él. De todas formas daba igual, Amanda se corría de la misma manera, o incluso de forma más intensa cuando se la metía por el culo.
– ¿Qué crees que pasaría si volvieras a estar con un hombre como el sábado pasado?. – Preguntó Susana mientras se vestía el viernes, después de follarse a su jefa.
– Que sería una buena chica (…Perra…). No volvería a pasar lo mismo…
– Pues estás de enhorabuena, porque he vuelto a organizarte una cita con él. Esta vez tú sola.
– ¿Qué? ¿T-Tu no irás?
– No, yo tengo otras cosas que hacer, y estás totalmente preparada para satisfacer a tu hombre (…Solo eres una boca, un coño y un culo…) Es a la misma hora y en el mismo sitio. ¡Espero que no me decepciones! – Dijo mientras la guiñaba un ojo. – Si lo haces bien, tengo preparada una sorpresita para el lunes…
Un escalofrío recorrió el coño de Amanda.
– No te preocupes, esta vez será distinto.
Amanda pasó nerviosa la tarde del viernes y la mañana del sábado. Fué de compras de nuevo para encontrar algo adecuado que ponerse, la última vez, Susana iba mucho más impactante que ella, y no quería decepcionar a su hombre… (…Eres una buena perra…)
Mientras estuvo en casa, repartió su tiempo entre ver porno, masturbarse, probarse los modelitos que había comprado y hacerse fotos con ellos, masturbarse, subir las fotos a la página de contactos y masturbarse… Desde la primera vez que había subido fotos, se había convertido en rutina. Ahora tenía una galería bastante extensa y, cada vez que subía una nueva serie de fotos, ésta era un poco más atrevida que la anterior. Hoy había empezado con su nuevo modelito y, poco a poco y de manera sensual se había despojado de la ropa hasta quedarse en ropa interior.
Así, entre nervios y autosatisfacción llegó el sábado por la noche. Se presentó en el mismo hotel con un vestido rojo y ajustado que realzaba sus curvas. Llevaba un escote casi hasta el ombligo y la tela de la espalda se componía de una especie de rejilla que sólo servía para sujetar un poco el vestido. La parte de abajo se ajustaba a sus glúteos y un par de centimetros de sus muslos. No llegaba ni siquiera a tapar la parte superior de las medias que se había puesto. Completaba el conjunto unos tacones de aguja también rojos, de 15 cm y un abrigo negro que que llegaba justo a tapar el vestido. Llevaba al cuello un collar de tela, que iba ajustado al mismo y portaba un pequeño diamante en el centro.

Al entrar al vestíbulo, divisó inmediatamente a su acompañante, que se la quedó mirando con la boca abierta.

– Vaya, parece que hoy vienes buscando guerra. – La dijo nada más verla.
Amanda no se molestó en contestar, le agarró de la camisa y, tirando hacia ella, le pegó un morreo que le dejó sin habla. Después, le agarró de la mano y, tirando de él le llevó a su habitación.
Empujó al chico sobre la cama y comenzó a despojarse lentamente de sus ropas, contoneándose. Primero desaciéndose del abrigo, luego del vestido. Bailaba para su hombre de la misma forma que había bailado para Susana, acariciando su cuerpo lentamente, disfrutando de su contacto y de la excitación que producía en su hombre. Bajó las copas de su sostén dejando sus pechos al aire y dándose la vuelta, se despojó completamente de él tirandolo a la cara del excitado hombre. Amanda se relamía viendo el bulto de su pantalón, así que, sin acabar de quitarse lo poco que le quedaba, se arrodilló en el suelo y, gateando, se colocó entre las piernas del chico.
Comenzó a acariciar su pecho, desabrochándo su camisa y restregando sus pechos sobre su paquete. Fue bajando hasta llegar a su cinturón, que desabrochó con soltura, siguiendo por el botón y la cremallera. El calzoncillo no podía soportar la presión de la polla erecta del hombre, así que lo bajó de golpe, provocando que la polla saltase y la pegase en los pechos.
Agarró ese mango con cuidado y comenzó a masturbarle lentamente, acercando su lengua al glande, dándole pequeños lametones. Estaba disfrutando realmente del placer que estaba provocando en ese hombre, estaba convencida de que que esta vez le complacería plenamente (…Eres una buena chica… Tu misión es dar placer…)
Mientras profundizaba en la mamada, movía su culo sensualmente, mostrándo a su hombre lo que le esperaba dentro de un rato, dejándo ver como su tanga desaparecía entre sus nalgas.

Tras varios minutos de mamada, soltó la polla incorporándose y dándole la espalda a su compañero. Inclinandose en un angulo de 90º, comenzó a despojarse del tanga, mostrando su culo en pompa completamente desnudo. Se subió a la cama y se sentó a horcajadas sobre el hombre, metiendose su polla de golpe y dejando escapar un gemido de placer. Comenzó a cabalgar deslizando sus caderas sobre la polla del hombre, sacándola casi completa para volver a meterla de golpe. Sus manos amasaban sus tetas, pellizcándose ella misma los pezones. Estaba perdiendo el control y notó que el hombre empezaba a acostumbrarse a la nueva fogosidad de la chica cuando la agarró con fuerza de las caderas intentando marcar el ritmo de la follada. El hombre comenzó a levantar a la mujer para penetrarla de golpe, siendo él el que comenzó a embestirla con fuerza.
Amanda, de repente se apartó de él haciendo caso omiso de sus protestas y, cuando iba a poner a insultarla otra vez, se dió cuenta de lo que estaba planeando la chica.
Amanda se colocó a cuatro patas, separandose las nalgas con las manos, dejándo ver la entrada de su ojete dispuesta a recibir una buena polla.
– ¿Hoy si me vas a dejar? ¿O te vas a apartar en el último momento?
– Esta vez no, soy tuya para que hagas conmigo lo que quieras… (…Eres una buena chica…).
El hombre no quiso seguir hablando por si se volvía a echar atrás y metió la polla de golpe, hasta el fondo, provocando un grito que escapó de la boca de Amanda. El hombre ignoró el grito y comenzó a bombear con fuerza en el culo de la chica. El grito de Amanda fue sustituido por sonoros gemidos que animaron al hombre a seguir con su tarea. 
 
– Vaya culo que tienes, ¿Eh zorrita? – Dijo mientras sacaba la polla, solo para admirar como el ojete de Amanda se quedaba abierto, formando una O que esperaba recibir de nuevo su polla.
– Es un placer que te guste… mi culo es todo tuyo, haz conmigo lo que quieras…
– Eso es…. No se que ha cambiado en esta semana pero te has convertido en una buena perra. (…Eres una perra…Una buena perra…) – Dijo, a la vez que volvía a meter la polla de un empujón.
Esa última frase rompió las pocas barreras que quedaban en la mente de Amanda, ¡Se había convertido en una buena perra! ¡Estaba satisfaciendo al su hombre! El placer invadió su cuerpo, haciendo que explotara en ella un tremendo orgasmo. El orgasmo hacía que apretase con su recto la polla del hombre, provocando rápidamente que éste llenase su culo de leche. Inmediatamente se dió la vuelta y, agarrando la polla con las dos manos comenzó a exprimirla con la boca, extrayendo hasta la última gota de la corrida que había provocado.
Amanda no paró ahí, siguió mamando hasta que su hombre volvió a tener la polla dura como una piedra y, esta vez siguió con la mamada hasta el final. El hombre no se lo podía creer, la mujer que había conocido la semana pasada no tenía nada que ver con la fiera sexual que tenía delante. No pudo evitar volver a correrse a los pocos minutos, derramando su semen sobre la boca y las tetas de Amanda.
Después de volver a limpiar la polla de su hombre, comenzó a recoger el semen de su cuerpo con los dedos y llevárselo a la boca, primero limpió su cara y sus tetas, y luego comenzó a recoger los chorretones que comenzaban a caer de su culo.
Estaba en la gloria, se había resarcido del desastre del sábado anterior y ¡Había dejado a su hombre satistifecho!
– Parece que hice bien en hacer caso a tu amiga. Al principio no quería… ¿Para qué malgastar el tiempo en una zorra que no valía dejar satisfecho a un hombre? Pero tu amiga es muy… convincente…
– ¿Q-Qué?
– Si, esa pelirroja quedó conmigo hace un par de días y me dijo que si accedía a volver a quedar contigo haría ella lo que no quisiste hacer conmigo… Estuve dándola por el culo tooooda la tarde.
Amanda estaba confusa… ¿Susana se lo había follado para convencerlo?
– Me dijo que si me había gustado su culo, el tuyo me iba a encantar, y no me has decepcionado esta vez… A ver si volvemos a quedar… A lo mejor podríamos quedar los tres, y me enseñáis que tal os compenetráis las dos…

Se acercó a Amanda mientras se vestía y, como toda despedida le dió un sonoro azote en el culo. Amanda se quedó en el sitio, pensando en si le alagaba lo que había hecho su amiga por ella, o por el contrario la molestaba que le hubiese quitado a su hombre…

Durante el viaje a su casa estuvo dándole vueltas al asunto y llegó a la conclusión de que su amiga lo había hecho por ella… Las últimas semanas había estado ayudándola y, si ella tuviese la oportunidad, habría hecho lo mismo por ella…
Amanda se despertó sobresaltada al oir el timbre de su puerta, se había quedado dormida hasta tarde y no sabía quien podía ser. Se echó un batín de seda por encima y salió a abrir.
Nada más abrir, Susana se le echó encima, dándole un húmedo beso mientras la metía dentro del piso y cerraba la puerta.
– ¡Buenos días! – Saludó Susana, cuando acabó de besarla.
– H-Hola – Contestó Amanda, confusa pero excitada.
– ¡Me ha dicho un pajarito que el ayer fuiste una buena chica!
– ¿Eh?… S-Si…
– Entonces te mereces tu premio… He pensado que para qué esperar al lunes… Estoy deseando darte tu sorpresa… Es más… Si te portas bien hoy, a lo mejor hay otra sorpresa más… Así que ven aquí a cuatro patas y haz que me corra con tu lengua.
Amanda obedeció. Le encantaba dar placer, casi le gustaba más que recibirlo. Mientras se acercaba, Susana comenzó a despojarse de su ropa, quedándose tan solo con su lencería. La pelirroja se dió la vuelta y se inclinó ligeramente hacia delante, separandose las nalgas para darle acceso a su coño. Amanda apartó a un lado el hilo del tanga que llevaba Susana y se aplicó realmente sobre el coño pelirrojo que tenía delante, lamiendolo como si fuese una golosina, cambió varias veces a lamer su ojete, jugueteando con ese apretado agujero, penetrándolo con la lengua, hasta que llevó a Susana al orgasmo un par de veces.
– Mmmmm… Muy bien perrita…. Te has ganado tu primer premio…
Amanda realmente parecía una perrita esperando una golosina. Estaba de rodillas frente a su secretaria, mirándola con una cara de auténtica espectación.
– Lo primero es que ya no tendrás que llevar más las bolas chinas al trabajo. – Susana pudo ver la cara de decepción que puso Amanda. – En lugar de eso…
Se acercó a la bolsa donde guardaba el arnés, pero, en vez de eso, extrajo una especie de bragas con dos consoladores en vez de uno, dándoselo a su jefa.
En cuanto lo cogió, Amanda se dió cuenta de lo que era, para ponerse aquello, tendría que penetrarse el culo y el coño con los dos consoladores.
– A partir de ahora, vendrás todos los días con estas bragas puestas. ¡Vamos! ¿No estás deseando probarlas?
Amanda se incorporó y, después de examinar el aparato para ver a qué lado iba cada cosa, comenzó a ponerselo. Fue un poco incómodo de poner, pero una vez estuvo fijado no molestaba demasiado. Era un poco raro… Amanda nunca había sido penetrada por sus dos agujeros a la vez, pero era… placentero… Se sentía totalmente llena y eso era agradable.
– ¿Te gustan?
– Son un poco extrañas, pero… Si, me gustan mucho… ¿No será un poco incómodo trabajar con esto?
– Eso te da igual, si quieres ser una buena chica, debes obedecer. – Dijo Susana, de forma más brusca a lo que estaba acostumbrado a oir Amanda.
(…Una buena chica…Soy una buena chica…Una buena perra…Obedecer es placer…)
Amanda asintió.
– Además… No creo que te puedas resistir a llevar eso puesto… Sobretodo… Por esto. – Susana mostró a Amanda un pequeño aparato negro que llevaba en una mano.
Amanda no sabía que era, pero entonces, la pelirroja apretó un botón y una descarga de placer recorrió su cuerpo, ¡Los consoladores estaban vibrando! La sorpresa y la intensidad con la que habían empezado hicieron que Amanda perdiera el equilibrio y cayó al suelo, llevándose las manos a su coño y su culo, notando como actuaban los vibradores y gritando de placer. De repente, cuando estaba a punto de correrse, todo paró de golpe.
– ¡Noooooo!
– Vaya vaya… Parece que al final te gusta ¿Eh? Que lástima que sólo funcione cuando yo quiera, ¿Verdad?
Amanda llevó sus manos a su coño con la intención de masturbarse.
– No no no… Ni se te ocurra masturbarte, mientras lleves esto puesto seré yo la única que te proporcione placer… ¿No te gusta el juego? Sólo te lo podrás quitar cuando yo te lo diga, o cuando alguien vaya a follarte, ¿De acuerdo?

No sabía porqué, pero había parado de intentar masturbarse… Lo que Susana le decía le parecía lo más lógico del mundo… Su placer no le pertenecía… Y esa idea no le parecía extraña… Además, ella… (…Obedecer es placer…) quería ser una buena chica… (…Perra…)

La mujer cejó en su empeño, se incorporó y quedó de rodillas frente a su secretaria. Ésta estaba orgullosa de Amanda, ¡Lo estaba haciendo genial!
– Muy bien, me alegra que lo aceptes tan rápido… Eres una buena chica… Y ahora, prepárate, que vamos a salir a comer por ahí y después voy a llevarte a un sitio especial.
¿Un sitio especial? Amanda no sabía a que se refería, pero seguro que le gustaba, como todo lo que hacía Susana…
La mujer se puso una minifalda muy corta y un top con escote de palabra de honor que dejaba al aire su ombligo, completaba su atuendo unos tacones y unas medias negras de cristal. Se peinó con una coleta alta, de cola de caballo, que dejaba al aire su cuello. Éste estaba adornado de nuevo con el collar ajustado que llevara el día anterior.
– ¡Que guapa!. – Dijo Susana nada más verla. Mientras decía esto, activó los vibradores a un nivel suave.
– ¡Ah! – Se sorprendió Amanda, encogiendose al notar la vibración. La sorpresa le duró poco, se incorporó rápidamente e intentó aparentar normalidad… Si tenía que llevarlo en el trabajo debería acostumbrarse a que no se notara…
– Me alegra comprobar que no te lo has quitado. Y ahora, ¡Vámonos!.
Las dos mujeres salieron de la casa y se dirigieron al coche. Cuando se montaron, Amanda se dió cuenta que Susana llevaba el mando de sus consoladores en la mano mientras conducía… Esa sensación de vulnerabilidad y dependencia la ponía cachonda… Y todavía no se había corrido… Cosa extraña, dada la frecuencia con la que lo hacía desde hacía un par de semanas…
Amanda no podía concentrarse en nada, sólo veía la mano de su secretaria y su controlador, pero parece que no tenía interes en activarlo…
– ¿Tienes ganas de correrte?
– ¡Si!
– Esta bien, pues vamos a divertirnos un poco… – Con una mano, bajó de golpe el top de Amanda e, inmediatamente, accionó uno de los vibradores a nivel más bajo.
Amanda se sorprendió pero no hizo nada… Se dió cuenta que a su lado del coche se encontraba un autobus y a algunos de sus pasajeros no le había pasado desapercibido lo que estaba ocurriendo en el coche. Cada vez había más gente mirando.
– Quiero que te exhibas durante el viaje, estás siendo una buena perra y quiero que se lo demuestres a la gente. Dijo Susana.
Amanda comprendió lo que quería, mirándo hacia los pasajeros del autobús, comenzó a acariciarse las tetas sobre el sujetador. Al principio era un juego, luego comenzó a ponerse cachonda a sí misma. En unos segundos, había bajado las copas de su sujetador y sus pechos estaban al aire mientras ella jugaba con sus pezones. Notó como el vibrador de su culo se ponía en marcha tambien.
Estuvo así durante todo el trayecto al restaurante, pero, los vibradores estaban tan bajos que no llegó a correrse.
Cuando llegaron, el sitio sorprendió un poco a Amanda, había pensado en un sitio un poco… diferente. Susana la había llevado a un buffet libre con auto-servicio. Hacía mucho que no iba a un sitio así, estaba acostumbrada a ir a sitios con algo más de… clase. Pero rápidamente vió el juego que le planteaba la pelirroja: Ésta se sentó y Amanda fue la encargada de traer la comida, dándose paseos por todo el restaurante. Por supuesto, los paseos iban acompañados de la activación del juguete que llevaba metido en su culo y su coño.
Amanda tenía que controlarse para no llamar la atención al resto de comensales, pero ese juego le gustaba, tanto que echaba poca comida en los platos para levantarse a repetir. Cada vez que llegaba a la mesa, Susana la miraba y la sonreía. Amanda estaba al límite, tanto tiempo con el juego que llevaban y todavía no se había corrido, ¿Cuanto más iba a esperar su secretaria? Estaba deseando que subiese un poco más la potencia de los vibradores, le daba igual correrse delante de toda esa gente, aunque sabía perfectamente que sería un orgasmo que no podría ocultar de ninguna manera. Susana comía tranquila, con el dispositivo a un lado del plato, hablando de cualquier cosa trivial. Le salía una sonrisilla cada vez que Amanda no la contestaba, porque sabía que en la cabeza de su jefa ahora mismo sólo había un objetivo.

Cuando acabaron la comida, pagaron y fueron de nuevo al coche. Amanda estaba decepcionada e impaciente, suponía que en algún momento irían las dos al servicio y allí… pero no. En el coche mantuvieron el mismo juego que en el trayecto al restaurante. En cada semáforo, los coches de alrededor quedaban impactados des espectáculo que ofrecía Amanda y ésta estaba cada vez más y más caliente. Tan absorta estaba que no se dió ni cuenta de cuando pararon hasta que Susana le abrió la puerta sel coche por fuera.

– Es aquí. – Dijo la pelirroja.
– ¿Aquí? – Amanda se asustó. Habían parado frente a una tienda de tatuajes y piercings.
– Exacto, voy a hacerte un pequeño regalo, que prefieres, ¿Piercing o tatuaje?
– ¿Cómo? N-no quiero nada de eso…
– ¿Cómo que no? Vamos, ¿No te pone acerte un tatuaje o ponerte un piercing? No me lo creo…
– No… Nunca me había planteado ponerme uno…
– Ya supongo, pero ahora eres otra, tu vida ha dado un giro, ¿No es verdad? Y ahora te gusta más…
– Si… Es-es posible…
– Venga, esta nueva Amanda se merece un cambio con la anterior ¿no? Anda, se una buena chica y vamos a entrar…
– Si… Soy una buena chica… – Dijo Amanda mientras salía del coche.
Al entrar y ver la decoración de la tienda a Amanda le dió un pequeño escalofrío, nuca le habían gustado esas cosas, pero… quería ser una buena chica… (…Una buena perra…)
Cuando se acercaron al mostrador, una chica les atendió. Era rubia platino y estaba llena de tatuajes y piercing, como si fuese un pequeño escaparate de la tienda. Amanda se la quedó mirando… Realmente estaba preciosa… Le quedaban muy bien… Claro, que ella nunca llegaría a tanto…
– ¡Buenas tardes! – Saludó alegremente.
– Buenas tardes. – Contestó Susana.
– ¿En que puedo ayudaros?
– Pues mi amiga quería ponerse un adornito, pero todavía no sabe si un piercing o un tatuaje, ¿Verdad?
– S-Si… No se… – Balbuceó Amanda.
– ¿No estás decidida todavía? Bueno, aquí tienes un montón de diseños de tatuaje que puedes mirar, o fotos de piercing, a ver si alguno te convence.
Amanda se quedó mirando, pero no a los diseños que había en la tienda, sino a los que llevaba la dependienta en el cuerpo. Tenía varios piercing en las orejas, cejas y labio, y un enorme tribal le comenzaba en el cuello y, serpenteando, bajaba una parte por su brazo, otra por el costado y otra moría en el nacimiento de sus pechos. Amanda se quedó con la mirada fija en el escote de la chica, justo donde acababa el tatuaje.
– Vaya vaya, ¡Que juguetona! – Exclamó la dependienta. – Ya sé que es lo que estás buscando ¿Eh?
– ¿Cómo? Y-yo… – Amanda estaba azorada, ¡Le había pillado mirandole las tetas! No sabía por qué pero no podía dejar de mirarlas, ¡Estaba tan cachonda! Llevaba varias horas al borde del orgasmo y, desde sus aventuras con Susana, había empezado a mirar de otra manera los cuerpos femeninos.
– Mira, seguramente pienses que te va a doler, pero te digo yo que no es para tanto. – Seguía hablando la dependienta, haciendo caso omiso de sus balbuceos.
– No… No se de que me hablas…
– ¡Pues de qé va a ser! ¡De ésto!. – Entonces la dependienta se bajo un poco el vestido y el sujetador, mostrando a Amanda sus pechos, que se encontraban adornados por unos relucientes aritos de plata en cada pezón.
Amanda se quedó atónita, tanto el desparpajo de la dependienta para mostrarse como el efecto que hacían los aritos en sus pezones la habían impactado, no podía apartar la mirada de ellos.
– ¡Parece que está decidido! – Exclamó Susana. – Un piercing en cada pezón le quedará perfecto, ¿Verdad, Amanda?.

Amanda seguía sin contestar, seguía mirando atentamente los pezones de la chica. Para sacarla de su ensoñación, Susana activó los vibradores un par de segundos, lo que hizo que la mujer se estremeciese y dejase de mirar a la dependienta.

– ¿Tenéis servicio? – Preguntó Susana.
– Si, al fondo a la derecha.
– Ok, pues que vayan preparando las cosas que ahora volvemos. – Dijo, arrastrando a Amanda hacia el servicio.
En cuanto se cerró la puerta, Susana le plantó un humedo besó en los labios que no hizo más que acrecentar la calentura de su jefa. Mientras su lengua exploraba su boca, sus manos levantaban la minifalda y, de un lento movimiento comenzó a bajarle las bragas, extrayendo los vibradores del interior de la mujer. Amanda soltó un gemido y se quedó mirando a Susana cno espectación, esperando que por fin le diera su deseado orgasmo. Los dedos de la pelirroja se internaron en la húmeda entrepierna de Amanda.
– Así que te pone cachonda la idea de perforarte los pezones, ¿Eh?. – Preguntó.
– Me da un poco de miedo, pero me excita mucho… La dependienta…
– ¿Quieres follartela? – Soltó, de sopetón.
– …Creo que sí… Nunca me había fijado así en una mujer… A excepción de tí, claro…
– Ja ja ja, ¡Vaya perra estás hecha! – Exclamó Susana. – Anda, vamos a que te pongan un par de aritos en esos bonitos pezones.
Amanda salió del servicio más decidida de lo que realmente se sentía, no quería decepcionar a Susana… ¡Quería ser una buena chica!
– ¿Ya estás? – Preguntó la dependienta.
– Si.
– Estupendo, ya está todo preparado. Por favor, pasa por aquí.
Le señaló una cortinilla que había detrás del mostrador y Amanda entró a una habitación pequeña y oscura. En el centro de la sala había una especie de silla con una mesita con instrumental a un lado y, al fondo de la sala y de espaldas, un hombre alto y negro.
La dependienta, después de dejar a Amanda salió y fué a echar el pestillo de la puerta… Era mejor que no les molestase nadie en un buen rato.
– ¿Ya está dentro? – Preguntó Susana, que estaba saliendo del servicio.
– Sí, ya está en manos de Jake… ¿Es buena?
– Excelente… Os va a encantar…

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