– ¿Que ha pasado? – Preguntó Susana nada más ver su cara. – ¿No ha ido bien?
Amanda rompió a llorar sin poder decir nada.
– No te preocupes, mira, vamos a hacer una cosa, te llevo a casa y si quieres me lo cuentas tranquilamente mientras tomamos un café, ¿De acuerdo?
Amanda asintió, lo que menos le apetecía ahora mismo era estar sola.
Durante el viaje en coche permaneció cayada, dejando escapar alguna lagrima de vez en cuando.
Cuando llegaron, en vez de cafés, Susana preguntó donde estaba el minibar y preparó dos copas de Whisky, alegando que a esas horas entraba mejor un cubata que un café. Amanda estaba de acuerdo, además, el alcohol haría más fácil que se desahogara con su amiga.
Cuando casi habían acabado la primera copa, empezó a contarle lo que había pasado, como su hombre había intentado sodomizarla y ella no se había dejado, ¡No lo había hecho nunca!, pero no era por eso por lo que se sentía mal, era el fracaso, el saber que el resto de chicas se dejaban y ella no la hacía sentirse… inferior, como si fuese peor que ellas…
– Tú… ¿Tú lo haces? –  Preguntó a Susana.
– Claro que sí, ¡Y tú tambien lo harás! No te preocupes, a mi al principio también me daba miedo, pero ahora casi me gusta más que que me la metan por el coño, da más placer a los hombres y eso me hace sentir bien.
– Pero…
– No te preocupes Amanda. – Dijo, mientras agarraba su mano y la miraba fijamente a los ojos.
El contacto hizo que Amanda reaccionara, acordándose de sus fantasías con Susana. Se estremeció y se ruborizó, pero esta vez no apartó la mirada. (…Solo existes para dar placer…)
– ¿Quieres… que te ayude? – Preguntó Susana.
– ¿Cómo?
– Bueno… La primera vez nunca es fácil… Y los hombres pueden ser un poco bruscos a veces…
La mano de Susana apretó con fuerza la de Amanda, y se quedó mirandola fijamente. Amanda la miró y notó que su coño estaba chorreando. Sus ojos se desviaron hasta su vertiginoso escote, hecho que no pasó desapercibido a Susana, que dejó escapar una sonrisa. Amanda no fue capaz de decir nada, en vez de eso, Susana se levantó y animó a Amanda a ir tras ella. Cuando ésta no puso ninguna objección, Susana supo que Amanda estaba deseando esto.
– Vaya, parece que alguien se ha estado divirtiendo. – Dijo Susana al entrar en la habitación.
Los dos vibradores estaban encima de la cama y las bolas chinas en la mesilla, sin abrir todavía.
– Y-Yo, ¡Lo siento! N-No es lo que parece… (…Eres una zorra, vas a follarte a tu secretaria…) – Se disculpó Amanda.
– ¿Y que parece? jajaja no te preocupes, yo he dejado los míos igual. Es más, seguramente cuando llegue los use otra vez antes de irme a dormir… A no ser que no duerma en casa. – Dijo, guiñandole un ojo. – Además, nos vendrá bien para practicar.
Diciendo esto, se dió la vuelta y comenzó a besar a Amanda en la boca. Se quedó paralizada, sentir los labios de una mujer contra los suyos era algo totalmente desconocido… Y no era para nada desagradable… Quería protestar, pero era incapaz de hacerlo. Su amiga estaba consiguiendo ponerla a mil y, antes de darse cuenta, estaba devolviendole el beso.
Al ver esto, la pelirroja comenzó a acariciar la espalda de Amanda, lentamente, aprovechando para deslizar hacia abajo los tirantes de su vestido. En unos segundos, Amanda estaba en ropa interior ante ella.
– Bonito conjunto. – Susurró. Inmediatamente comenzó a despojarse ella de su ropa.
La lencería de Amanda era sexy, pero la de Susana era demasiado. Un sujetador de copa baja que casi no llegaba a tapar los pezones, y un tanga minúsculo, con un triangulito en la parte delantera que tapaba lo justo y dejaba ver que su dueña estaba totalmente depilada.
Susana arrastró a Amanda a la cama, tendiendola sobre ella y comenzó a mover sus manos con maestría, recorriendo cada parte de su cuerpo, calentando a su jefa y llevandola al borde del orgasmo.
– ¡P-para! (…No pares…). – Dijo Amanda, pero cuando Susana no paró, no volvió a quejarse, dejandose llevar por el primer orgasmo que le proporcionaba una mujer.
Su cuerpo se retorcía, sus labios dejaban escapar gemidos mudos, pero Susana no paró, al contrario, aumento el ritmo, haciendo explotar a Amanda y volviendola loca. Amanda no se lo podía creer, ¡Estaba con una mujer! Quería resistirse, pero algo en su cabeza se lo impedía, la voz lejana la decía que lo que hacía estaba bien, que era su misión en la vida, dar y recibir placer. Decidió abandonarse, hacer caso a la voz y dejarse llevar por Susana.
La pelirroja no paraba. Se había arrodillado al borde de la cama y, apartando las piernas de Amanda comenzó a lamer los restos de su corrida. No tardó mucho en volver a tenerla al borde del orgasmo y entonces la ordenó ponerse a cuatro patas (…Debes obedecer, no tienes voluntad…). Amanda obedeció la orden al instante, como por instinto y antes de darse cuenta tenía el culo en pompa frente a la cara de Susana.
– Muy bien Amanda, verás como lo vas a disfrutar… A partir de ahora cualquier hombre podrá disponer de tu culo a su antojo… Y cualquier mujer… (…Tu culo no te pertenece…)
Susana empezó a lamer el rosado ojete de la chica para lubricarlo. Al principio sólo lamía por fuera, realizando circulos alrededor del ano de Amanda, pero al ver las positivas reacciones de la chica comenzó a introducir su lengua dentro. Mientras le comía el culo, estaba introduciendo el vibrador más pequeño en su coño, para lubricarlo. Cuando vió que el ojete estaba más distendido y relajado, sacó el vibrador, lo apoyó en la entrada de su objetivo y, con suavidad, comenzó a introducirlo acompañada de los velados gemidos de Amanda. Tras unos segundos el falo estaba metido hasta la base.
– ¿Que tal? – Preguntó Susana.
– MMMMmmmm Bienn. (…Eres una zorra y esto te encanta…)
– Entonces vamos a proseguir.
Mientras decía esto, comenzó a extraer el consolador mientras lo hacía girar lentamente, esa sensación estaba volviendo loca a Amanda. Los músculos de su culo intentaban atrapar el falo y no dejarlo salir, ¿Cómo no había probado eso antes? (…Eres un objeto sexual…). La secretaria extrajo el consolador entero y se lo acercó a Amanda a la boca.
¿Qué? ¿Chupar eso que ha estado en mi culo? (…Debes obedecer… Tu opinión no importa…) Dudo unos segundos y despues abrió lentamente la boca para permitir que Susana lo introdujera (…Muy bien…Buena chica…). Ni siquiera se dio cuenta de a que sabía, a los pocos segundos Susana lo retiró de su boca y volvió a introducirlo en su culo.
– Muy bien… Buena chica… – Dijo Susana.
Eso fue bastante reconfortante y la hizo sentir bien… ¡Era una buena chica!
Volvió a ofrecerle el consolador y esta vez lo chupó sin dudarlo ni un segundo.
– Eso es… Para complacer bien a un hombre, hay que ser una buena perra (…Buena perra…) y limpiarle la polla despues de follar… Debes acostumbrarte a ello… (…Debes acostumbrarte a ello…)
Después de unos minutos, Susana le introdujo el falo en la boca, pero esta vez, en vez de sacarlo, lo dejó ahí. En su lugar, cogió el otro consolador, más grande y, en vez de meterselo a ella, comenzó a introducirselo ella en el coño.
– No vas a ser tu la única que disfrute ¿Eh?
(…Tu deber es dar placer…)
Sin dudarlo, Amanda extrajo el consolador de su boca y, gateando sensualmente, se situó sobre el coño de Susana. Esta se arió de piernas, facilitandole el acceso y se sacó la polla de plástico.
Es… un coño… Pensó Amanda. (…Tu boca no te pertenece, sólo existes para dar placer…Eres un objeto…)
La voz en su cabeza nublaba su mente y eliminaba las dudas acerca de lo que estaba haciendo, así que, acercó lentamente su lengua a la raja expuesta de la pelirroja. Estaba totalmente depilada.
Al rozarla con la punta de la lengua, ésta lanzó un gemido de placer y eso fue lo último que necesitaba Amanda para lanzarse (…Su placer es tu placer…). Hundió la cara en la entrepierna de su compañera y comenzó a darle lamidas de arriba a abajo, a un ritmo frenético que estaba volviendo loca a Susana. En unos segundos, la pelirroja se corrió, empapando su cara.
– Oh Dios… Parece que no has comido en tu vida… Aprendes rápido… Pero no hemos venido a eso…
Susana se volvió a situar ante el culo de Amanda y volvió a invadir su ojete con el consolador, esta vez con el grande. UNa vez había entrado y salido un par de veces, Susana comenzó un mete-saca con rapidez y energía, haciendo que Amanda comenzase a gritar de placer. No se lo creía, su culo le estaba proporcionando un placer inmenso, no sabría decir si mayor que siendo follada por el coño… El ser sodomizada conllevaba un punto de humillación y sumisión que aumentaba el placer y el morbo… Además… (…Los hombres prefieren darte por el culo…) Seguro que los hombres preferían darle por el culo…
Amanda acabó por correrse entre gritos y suspiros, revolviendose sobre la cama, pero intentando que el falo no se saliese de su culo en ningún momento.
(…Debes servir correctamente a tu hombre…)
Cuando acabó, automáticamente se dió la vuelta y comenzó a limpiar el consolador con la lengua, mirando a Susana a los ojos, viendo la satifacción y el orgullo en ellos.
– Buena chica… buena perra. (…Eres una buena perra, eres una buena chica…) – Dijo esta
¡Era una buena chica! (…¡Perra!…) Se sentía en un punto de felicidad extremo. Saber que se había portado bien le proporcionaba casi tanto placer como correrse. (…Tu placer no importa…)
Pasaron el resto de la noche sin salir de la cama, satisfaciendose la una a la otra hasta la mañana siguiente.
– Al final no hemos estrenado las bolas chinas… – Dijo Susana al prepararse para irse.
– N-no… No se muy bien como usarlas, ¿Me harán daño?
– ¡Claro que no! No es precisamente dolor lo que te proporcionaran… -Contestó, guiñandole un ojo. – Mira, vamos a hacer una cosa… Mañana, al ir a trabajar, te las llevas puestas… y… al final del día… si no te las has quitado y me lo demuestras… te daré tu recompensa…
Amanda comenzó a chorrear sólo con imaginárselo… Susana se puso el abrigo y, despidiendose con un humedo beso, se marchó.
Esa tarde Amanda tomó una decisión… Iba a desmelenarse y la próxima vez que quedasen con un hombre iba a encargarse de que se fuese satisfecho, y para eso, lo primero era…
Colocó la cámara en un pequeño trípode. Había dejado en un lado de la habitación toda la ropa que iba a ponerse para la sesión de fotos y, modelito tras modelito, comenzó a probarselos y a sacar fotos.
La sesión incluía de todo, vestidos ajustados con escotazo y la espalda al aire, vaqueros que marcaban su culo al detalle, shorts, minifaldas y hasta bikinis. Con cada prenda adoptaba las poses más sensuales que se le ocurrían, imaginando que lo estaba haciendo para su hombre (…Eso es… Exhíbete… Muestrate como la zorra que eres…)
Cuando acabó con ello comenzó a subirlas a la página. No pudo evitar masturbarse mientras lo hacía. Introdujo el consolador pequeño en su coño en modo vibración y el grande lo metía y sacaba de su culo con la mano que le quedaba libre. Las imagenes de sus escarceos con Susana recorrían su cabeza mientras algo le decía que se estaba comportando bien, que era una buena chica…
Con el pensamiento de lo que le esperaba al día siguiente, se durmió.
Salió de su coche y se dirigió al ascensor. El pequeño trayecto que había hecho para llegar al garaje de su trabajo había sido totalmente distinto a cualquiera que hubiese realizado anteriormente. Se había vestido con unos taconazos y un vestido ajustado que le quedaba realmente bien, quería impresionar a Susana y demostrarle que había mejorado mucho, Y además, las bolas chinas la hacían estremecerse con cada movimiento… Era una sensación extraña, se sentía llena por dentro y daba la impresión de que se le iban a caer, pero estaban perfectamente sujetas y le proporcionaban un cosquilleo casi constnte en su coño. Los badenes eran ahora la parte más divertida del viaje.
Así entro en el ascensor, donde se encontró con compañeros de trabajo que la recorrieron con la mirada de arriba a abajo, no era para menos… Amanda, agachó la mirada y se sonrojo, intentando evitar el contacto visual (…Eres un objeto, debes mostrarte…).
– Buenos días. – Saludó Susana, de forma bastante formal.
– B-Buenos días… – Contestó Amanda, algo cortada, pensando que la recibiría de otra manera.
Entró a su despacho y se sentó frente al ordenador.
Evitó salir de su despacho durante todo el día, canceló algunas reuniones alegando que tenía cosas que hacer y pasó todo el día encerrada, salvo por algunas visitas al servicio. En realidad, el frío recibimiento de Susana la había afectado… Estaba emocionada con la pequeña aventura que habían tenido pero parece que su secretaria no pensaba lo mismo…
La pantalla de su ordenador fue una completa exibición de porno durante ese día. Estuvo todo el tiempo buscando imagenes y videos que consiguiesen satisfacer el fuego que le recorría el coño. Buscaba tanto sexo lésbico como heterosexual, pero siempre tenían en común que había un componente de dominación, y siempre había una mujer que era humillada y tratada como un objeto sexual. Le llamó poderosamente la atención los videos en los que una mujer era tratada como una mascota… (…Eres una buena perra…) atándole un collar y una correa, obligándola a ir a cuatro patas… A algunas includo les metían una especie de consolador anal con forma de rabo de animal…
Tuvo que hacer varias excursiones al servicio para masturbarse. Se sacaba las bolas chinas y las llevaba a su boca mientras con la mano bombeada su coño hasta alcanzar el extasis.

Entonces, volvía a introducir las bolas en su coño y volvía a la oficina.

Al final del día, mientras recogía las cosas para irse, algo decepcionada por el asunto de Susana llamaron a la puerta. ¿Quién será? A estas horas no debe quedar nadie… Hizo ver como que no había nadie. Volvieron a llamar.
– ¿Quién es? – Dijo Amanda abriendo la puerta, queriendo despachar a quien la molestaba.
Entonces vió frente a la puerta a Susana…
– ¿Qué pasa? ¿Ya no quieres verme? – Dijo ésta, entrando en el despacho y plantandole un morreo a Amanda.
La mujer se quedó paralizada, ¡Había pasado de ella durante todo el día! No entendía lo que estaba pasando… Pero ahora mismo le daba igual… Sólo quería que ese momento no acabase nunca… A pesar de todas las veces que se había masturbado, su coño estaba chorreando de nuevo.
– ¿Has cumplido lo que hablamos? Recuerda que te recompensaré bien si eres una buena chica… (…Eres una buena chica…perra…)
Amanda, que llevaba deseando todo el día este momento y ya creía que no iba a llegar, se sentó sobre su escritorio, se subió el vestido y, apartando el tanga a un lado, enseñó a su secretaria la cuerdecita que salía de su coño.
– ¡Muy bien! Una buena perra tiene que ser obediente… Y tu te has ganado tu premio…
Susana se acercó a Amanda mientras se quitaba el vestido y, tirando lentamente de la cuerda, comenzó a sacar las bolas chinas. Cada bola que salía era acompañada de un gemido por parte de Amanda. Cuando finalizó, acercó el juguete a la boca de su jefa, que lo aceptó sin rechistar.
La pelirroja se dió la vuelta y empezó a buscar en una bolsa que había traído consigo. Cuando volvió a darse la vuelta y Amanda vió lo que tenía entre las manos su coño se humedeció al instante, un enorme falo negro unido a una especie de arnés. Susana comenzó a ajustarselo. Estaba impresionante, entre la lencería que llevaba y el pollón de plástico formaba una estampa realmente excitante a ojos de Amanda (…Necesitas comerte esa polla…Sólo sirves para dar placer…). La mujer comenzó a humedecerse los labios con la lengua mientras su mente fantaseaba con lo que iba a hacerle su secretaria.
– Parece que te gusta lo que ves… – Dijo Susana.
Amanda asintió, incapaz de articular palabra.
– ¿Quieres probar de que soy capaz con esto puesto?
– S-Si… – Susurró
– Entonces, demuéstrame que lo deseas, calientame mientras te quitas el vestido.
Sin dudarlo, Amanda comenzó a contonearse al ritmo de una música que sólo sonaba en su cabeza, mientras con sus manos recorría su cuerpo imaginando que eran las manos de Susana (…Eso es… Eres una buena chica…).
Se deslizó primero un tirante mientras, de espaldas, se agachaba sugerentemente para que la pelirroja contemplase el movimiento de su culo. Estaba segura de que en esa postura, el vestido ajustado permitía intuir perfectamente el tanga que llevaba.
Cuando le llegó el turno al segundo tirante, Amanda se arrodilló delante de Susana, apretando sus pechos con los brazos para mostrar su generoso escote a través del vestido que poco a poco se deslizaba por su cuerpo. Comenzó a acercarse al falo de plástico y a restregarselo por la cara, pasándolo sobre sus labios mientras movía su cuerpo sensualmente para permiti que el vestido se cayese hasta la cintura. Se levantó para dejarlo caer del todo y, con su pie, lo empujó hasta un lado de la habitación, quedándose sólo en la preciosa lencería que se había petso ese día.
– Muy bien, eres una buena chica. – El coño de Amanda se estremeció al oir eso, ¡Era una buena chica! (…Eres una perra…) – ¿Y qué hace una buena chica cuando tiene a su hombre delante?.
Amanda se arrodilló sin decir nada más y comenzó a lamer de arriba a abajo el consolador. Susana estaba muy satisfecha, Amanda aprendía rápido. No le volvería a pasar nunca lo del último sábado. La secretaría estaba a cien viendo como su jefa devoraba la polla que se había puesto.
– Muy bien… eres una buena perra… (…¡Soy una buena perra!…). – Dijo, mientras apartaba con cariño el pelo de su cara. – Hoy te has portado muy bien, has obedecido y has llevado las bolas chinas todo el día…
Amanda estaba orgullosa, ¡Se había portado bien! ¡Era una buena chica! (…Perra…) Eso significaba que se había ganado su premio… (…Tu placer no importa…)
– Vamos a ver si te sigues portando igual de bien… – Susana dijo esto mientras se separaba de Amanda y se ponía a cuatro patas sobre el escritorio.
Apartó el hilo de su tanga dejando acceso libre a su jefa. No tuvo que decir nada más, en unos segundos Amanda se afanaba en comerse el coño de la mujer por segunda vez en su vida. Susana bajó la cintura para poner sobre la boca de Amanda su ojete y ésta no rechistó, su lengua comenzó a juguetear con el, haciendo circulos e intentando pequeñas incursiones. Susana estaba en la gloria, Amanda se esforzaba para darle todo el placer que era capaz de ofrecer…
Cuando comenzó a sentir que el orgasmo de la pelirroja estaba a punto de llegar, comenzó a aumentar el ritmo y a alternar sus lamidas entre el culo y el coño de la chica hasta que consiguió que se corriese sobre su boca. Mientras recibía el orgasmo, estuvo a punto de correrse ella también (…Su placer es tu placer…), ¿Qué le pasaba? Si ni siquiera se había tocado…
Susana se bajó de la mesa y, agarrando de las copas del sujetador de Amanda tiró hacia abajo dejando sus tetas al aire. Comenzó a acariciar lentamente los pezones de su jefa, mientras la rodeaba y se situaba tras ella. Amanda notaba las tetas de Susana pegadas a su espalda y la polla de plástico rozándole el culo. Esto, unido a las caricias en los pezones de Susana la estaba volviendo loca. La secretaria comenzó a pellizcarla pero, lejos de causarle dolor, le daban pequeños espasmos de placer.
– ¿Quieres que probemos de qué sirvieron nuestros ejercicios del fin de semana? – Preguntó Susana.
– Mmmm Siii
Susana empujo la espalda de Amanda hasta que esta se inclinó, quedando con el culo en pompa y las tetas pegadas a su escritorio. La pelirroja apartó el tanga de Amanda a un lado y de un empujón le metió la polla en el coño. Estaba tan empapada que no le costó ningún trabajo.
Después de unas cuantas embestidas y, una vez lubricado el consolador, sacó la polla y la colocó en la entrada trasera de Amanda. Susana comenzó a introducirla despacito, disfrutando de las maravillosas vistas que tenía, viendo como la enorme polla desaparecía en el culo de su jefa hasta que éste se la tragó entera. La mantuvo dentro unos instantes para que Amanda se aclimatase a ella.
– Eres una buena perra… Tu culo se la ha tragado enterita… – Diciendo esto volvió a sacarla hasta la punta y de nuevo adentro.
Repitió ese movimiento varias veces, llevando al éxtasis a su jefa. Cuando notó que estaba a punto de correrse, comenzó a aumentar la velocidad, acompañando las embestidas con pequeños azotes en las nalgas, o con pellizcos en los pezones.
Amanda no podía aguantar más. Nunca había imaginado disfrutar tanto por el culo, ¡Era maravilloso! ¡Era una buena perra! Eh… ¡Chica! El orgasmo la sobrevino de repente, pero no vino sólo, comenzó a encadenar un orgasmo tras otro sin descanso, dejándose caer sobre el escritorio puesto que las piernas no eran capaces de aguantarla.
Susana sacó la polla del culo de su jefa, dejando el ojete abierto en una O enorme. Amanda se dió la vuelta inmediatamente y, arrodillándose, comenzó a limpiar la polla con su lengua hasta dejarla impoluta.
– Muy bien pequeña… Eres una buena perra… Satisfarás totalmente a cualquiera que quiera poseerte…
Amanda estaba orgullosa de los comentarios de Susana. Y además se había corrido como nunca…
– Parece que te ha gustado el juego que hemos hecho con las bolas chinas… No te preocupes que ya se me ocurrirán más cosas a las que jugar…
Mientras decía esto, Susana se estaba quitando el arnés y comenzando a vestirse. Se dio la vuelta y salió del despacho, no sin antes girarse en la puerta y lanzarle un beso a Amanda, que todavía estaba desnuda y arrodillada en medio de la sala.
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