no son dos sino tres2Belén fue otra de mis espectaculares novias y la que también me hizo un regalo de cuernos sin-tituloespectaculares, pues me la pegó a base de bien con un desconocido a la primera de cambio, justo cuando había decidido bajarse a la playa a tomar el sol y encontrarse con un tipo que la despertó los más bajos instintos. No contenta con eso, me lo relató con todo lujo de detalles en esta carta:

Hola cielo:

Esta mañana me ha pasado una cosa algo extraña que todavía no llego a asimilar, pero ha sido algo tan raro que ni yo misma comprendo todavía, te lo prometo, pero en cambio así ha sucedido.

Resulta que como tú estabas trabajando y hacía tantísimo calor, me bajé a la playa para tomar un poco el sol, ya sabes cuanto me gusta la playa y aunque sea sola o acompañada, me encanta tumbarme para ponerme morena, quedarme en top less y sentir como los rayos solares acarician mi cuerpo, notar ese calorcito sobre mi piel… es algo sensacional y por cierto algo, que como sabes, me pone bastante cachonda.

Lo peor de todo es realmente no había sitio donde colocar la toalla entre tanta gente, la verdad es que era un día de los que más personas he visto en esa playa y sabes que también me agobian mucho los sitios tan abarrotados, pero claro, no había otra cosa que escoger y como buenamente pude, me ubiqué en el primer sitio que vi más o menos vacío, entre innumerables toallas y tumbonas, pero bien situado de cara al sol y también cerca del agua, para poder zambullirme en caso de que aumentase el calor, pero sobre todo un sitio para ponerme bien morenita, tal y como a ti te gusta que esté, bien tostadita ¿a que si, amor?

Bien, pues nada más llegar me di cuenta que un chico que estaba cerca de mí no me quitaba ojo de encima y como soy un poco mala pues me puse en plan exhibicionista y quise ponerle un poco cachondo, sabes que no puedo remediar hacerme la desentendida y poner como motos a los tíos, pero eso me calienta tanto a mi como a ellos, ¡que le vamos a hacer!

Me bajé lentamente el vestido blanco que llevaba y le enseñé las tetas para que disfrutara el pobrecillo, moví mis caderas para terminar de sacarme el vestido y que aquel chico no perdiera detalle de mi anatomía. Al principio crei que solo me miraría un rato, pero es que no me quitaba la vista de encima, sé que le gusté desde el principio y eso me gustaba a mí tambien.

Le notaba excitado por la situación pero no se cortaba a la hora de mirarme, debía estar muy caliente pues en su bañador se notaba un bulto considerable. Eso ya sabes que me supera y ver que un hombre se pone burro por mi culpa es demasiado para mi, así que decidí ponerle aun más caliente e incluso nervioso cuando meneaba mis caderas, cuando me contoneaba con toda la malicia del mundo y cuando me hacía la loca como si estuviese buscando algo o a alguien y estirando mi cuerpo delante de él. Ese chico no separaba su vista de mi cuerpo y parecía estar dibujándolo en su mente, lo cierto es que me sorprendía su descaro, pero al mismo tiempo me volvía loca…

Como soy algo perversa, me recreé aún más acercándome incluso a él, oteando el horizonte como si buscara a alguien en aquella playa y él desde abajo me vería bastante cerca. Esa situación me estaba poniendo caliente solo por exhibirme y seguí contoneandome una y otra vez, mostraba orgullosa mis tetas, acariciaba su contorno de forma desentendida o ponía mi uña entre mis dientes en plan inocente, porque se que esas cosas os gustan tanto a los hombres… la verdad es que os teníais que ver muchos chicos la cara que se os queda viendo a una chica en plan sexy.

Luego más atrevida, me lancé y le pregunté:

– Está la playa a tope, ¿sabes si hay algún otro sitio por aqui para tomar el sol con más tranquilidad y menos agobio de gente?

– Claro, – me contestó – me conozco esto muy bien y sé de un sitio muy cerca de aqui, que además es muy tranquilo y solitario, ¿quieres que te acompañe?, ya verás como te gustará.

No lo dudé y aunque no le conocía de nada, me cayó bien desde el principio. Me fié de él, le vi un chico serio, se que no debería ir por ahi con un desconocido, pero ¿que quieres? el chico estaba buenísimo y yo más caliente que una tabla de planchar, lo cierto es que me encantaba estar con él, para que mentirte:

– Vale. Recojo mis cosas y te acompaño. – contesté.

Allí estaba yo, en top less y de la mano de un desconocido que me llevaba detrás de unas dunas con la polla más que tiesa que un poste de teléfonos debajo de su bañador. El solo hecho de ponerle cachondo me ponía a mi más todavia y no me corté a la hora de susurrarle:

– ¿Se te ha puesto así por mi culpa?

– Pues sí bonita, estas tan buena que no me voy a controlar…

– Pues no te controles, tonto… – le contesté y fueron mis últimas palabras. A partir de ese momento fue todo silencio, lo único que deseaba es que me abrazara y me besara, sentir sus manos sobre mi piel y su lengua contra la mía.

Escondidos tras las dunas, nos abrazamos y sentimos nuestras pieles unidas y calientes. No tardó un segundo más en besarme con auténtica devoción, la verdad es que no desaprovechó la ocasión, pero yo, para serte sincera, tampoco la dejé pasar disfrutando del momento como nunca. Estaba cachondísima.

Sus manos agarraban mi cintura, mientras yo le pasaba los brazos por su cuello. Nuestros cuerpos estaban pegados e incluso podía notar las palpitaciones de su polla contra mi sexo, algo que me estaba matando de gusto. No te puedes imaginar el placer que sentía en ese momento sin pensar en nada más que en ese hombre y que me follase cuanto antes, ese era mi unico deseo, sentir su dura verga dentro de mi.

Su segundo paso fue besarme por los hombros, luego los brazos, pero lo que más le encantó fue chuparme las tetas y especialmente los pezones, algo que me volvía realmente loca y que me hacía estremecer de gusto. Solo paraba de vez en cuando para tomar algo de oxígeno y mirándome a los ojos, tomando aire, repetía una y otra vez:

– Que preciosa eres, que tetas más deliciosas…

Su juguetona lengua succionaba el pezon y luego lo bordeaba saboreando cada centímetro como un poseso. Yo tenía que sujetarme a él para no caerme y cuando pensaba lo que estaba haciendo me sentía más a gusto todavía, pues cuando estas entregada al placer, nada ni nadie puede frenarte y yo seguí disfrutando de pleno.

Cuando ese chico acabó con mi teta derecha, se dirigió a saborear mi teta izquierda y cuando me dió un pequeño mordisco en el pezón solo le dije gimiendo:

– Si, si…. que bien, que gusto…. me estas matando de gusto cabrón….no pares, por favor…

Eso pareció encenderle más y siguió chupando con más ahinco y más placer me estaba dando a mi. Mi chochito estaba más que mojado, yo diría que goteando del gusto que estaba experimentando con aquel desconocido que trabajaba con toda la pasión sobre mi cuerpo. Nunca había sentido nada igual y no dejaba de gemir, de jadear y de agradecer a ese chico el chupeteo que me estaba proporcionando y lo a gusto que me sentía en sus brazos o mejor dicho en sus labios…

– Sigue, sigue, que bien, que bien… – repetía yo una y otra vez presa del placer…

Él volvió a mirarme a los ojos, me sonrió y dijo:

– Ahora túmbate preciosa que vas a gozar como nunca…

Asi lo hice. Me tumbé en el suelo y observándome lentamnte volvió a repetir esa frase que parecía lo único que le venía a la mente:

– Que preciosa eres…

De pronto sacó su lengua, retiró la braguita de mi bikini y yo empecé a disfrutar de la comida de coño más bestial que nunca me han dado. Como chupaba el muy cabrón y que bien lo hacía…

Despues de estar un buen rato lamiéndome el chochito, estremeciéndome de gusto le dije que no se iba a marchar de rositas y poniéndome de rodillas frente a él le dije:

– Machote, te toca, saca esa polla que te la voy a devorar… dámela entera.

Asi fue, entonces me la metí entera en la boca hasta que su glande tocó mi campanilla, que maravilla sentir la dureza de esa cosa tan rica, esa cosa tan dura, esa cosa que quería dentro de mi cuanto antes….

No hubo que repetírselo más de una vez, cuando le propuse si quería metérmela, tan solo dijo un:

– Siiiiii.

Me desnudé por completo y él hizo lo mismo, se tumbó sobre la arena y yo en cuclillas encima de su enorme polla que estaba deseando estar dentro de mi chochito caliente. Abrí mis piernas y poco a poco fui bajando y bajando hasta que mi coño se aproximó hasta su verga dura. De un golpe me la insertó hasta dentro.

Yo estaba tumbada de espaldas a él y podía notar como cada centímetro de su poderoso miembro se abría paso entre mis labios vaginales y me llegaba hasta la matriz.

Empezamos a bombear nuestros cuerpos en un baile sin fin que solo dejaba en el aire los sonidos de nuetras agitadas respiraciones y nuestros jadeos, yo incluso soltaba algún grito que otro y no me importaba nada que nos oyesen, quería disfrutar a tope ese momento.

Cuando salía aquella polla de dentro de mi, la quería otra vez dentro, la necesitaba dentro y le pedía una y otra vez entre gemidos:

– Fóllame, fóllame, así, así….

El chico se agarraba a mi cintura y no pronunciaba palabra, solo su respiración y sus quejidos por el esfuerzo y el gusto que estaba sintiendo al follarme con tantas ganas y el gusto que yo sentía de sentirle tan dentro de mi. Tenías que ver lo bonita que se veía esa polla entrando en mi coño una y otra vez, era maravilloso…

Me dió la vuelta y me dijo:

– Prepárate rubita, que te voy a llenar enterita de leche.

Me tumbé boca arriba se puso encima de mi y empezó a penetrarme con mayor rapidez y en un visto y no visto empezó a correrse en mi interior, pudiendo notar como a cada embestida soltaba un buen chorro de su semen en mi interior, estaba caliente, tan caliente que parecía estar hirviendo, a continuación me llegó un orgasmo increíble y los no dejábamos de mover nuestros cuerpos, de sentirlos unidos en un polvo maravilloso, un polvo como nunca me han echado y perdóname cariño, por haberte sido infiel de esta manera, pero en cambio me sentía en la obligación de decírtelo, porque nunca me habían follado así. No sé si podrás perdonarme… lo siento mucho amor mío… pero ese polvo no podré olvidarle nunca…

Perdóname amor mío, por favor.

Tu querida.

Belén.

Naturalmente, mis relaciones con Belén finalizaron a partir de ese mismo instante.

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