PORTADA ALUMNA2Desde que Rosaleen apareció en clase, supe que mi tensión con ella sería resuelta de alguna u otra sin-tituloforma.

Era casi un imprevisto. Ella era una extranjera buscando trabajo en estas tierras, y llegó a darnos aquella sustitución de inglés por casualidad, o mejor dicho por contactos con otros profesores del centro, algo que siempre es útil.

“Sólo una semana” dijo Rosaleen. Y me miró, a mí especialmente, entre todos lo de la clase, aunque rápidamente intentó cambiar de objetivo visual. Por eso supe que el tiempo iba contra corriente, pero antes de que ella se hubiese ido, nos habríamos encontrado.

El jueves decidí lanzarme, aunque de forma políticamente correcta. Con la redacción que le entregamos cada uno adjunté una nota. Tomé las precauciones para ser el último en entregarla, de manera que en el aula no quedase nadie más. Cerré la puerta tras dejar salir al último compañero.

Puse la nota encima de mi redacción, para que la tierna profesora inglesa no tuviese otro sitio donde mirar. La recogió con una sonrisa, con la misma que me ponía siempre cuando le hablaba.

“Miss Rosaleen, la deseo. Ahora”

Eso era lo que ponía la nota. Los ojos verdes y cálidos de Rosaleen se detuvieron en la nota unos segundos, y acto seguido me miró sorprendida, dilatando sus pupilas al máximo. Ella temblaba por fuera, pero también por dentro, y yo lo notaba…

– ¿Qué significa esto?- dijo Rosaleen, como si fuese posible no comprenderlo.

– Acéptelo… – y mientras dejaba caer estas palabras deslicé mi mano sobre el pelo rizado y brillante de la magnífica extranjera. La sedosidad de ese pelo rubio me hacía enloquecer, el juego que hacía con sus ojos y con las pecas de su cara era una pura maravilla. Cierto rubor empezó a recorrer su piel.

– ¡No! Mira, yo lo entiendo, pero esto… esto es imposible. Yo tengo novio, lo siento mucho, no es posible – lo imaginaba, era esa mirada la que me dirigía durante los anteriores días, una expresión de deseo pero a la vez de contención, de una chica aún sin rozar la treintena que quería seguir siendo libre y fogosa a la vez que responsable y madura…

– Rosaleen, preciosa, sé cómo me miras…

Los sentimientos así no cambian entre los países ni las culturas.

– No, no, no me malinterpretes, soy una chica recta y fiel, jamás besaría a otro que no fuese mi novio.

Pero había un deje en su voz que identifiqué. Ella quería estar conmigo aunque solo fuera un momento, y sentirme… Así que se lo puse fácil.

Rápidamente tiré de las redacciones que Rosaleen sostenía entre sus brazos y el montón de hojas cayó al suelo y se esparció. Rosaleen, aún con el apuro de encontrarse frente a sentimientos encontrados, se encontró también con el apuro de recoger los folios.

-¡Oh my God!

Agachada en el suelo, vestida con esa camiseta verde sin mangas y unos pantalones del mismo color, seguía dándome explicaciones sobre su compromiso y la imposibilidad de darme lo que yo buscaba.

Y es ahí, donde estando de pie, le di una buena razón para no levantarse. Más bien salió disparada, porque hace tiempo que latía erecta. Me desabroché el cinturón y bajé un poco mis pantalones para que mi calenturiento miembro saliese a observar a Rosaleen.

Ella, que había reunido sus folios y se disponía a levantarse, quedó pasmada con esa visión.

Pero detecté en ella que no se trataba de una sorpresa incómoda, sino que como mujer se sentía excitadísima de observar de cerca un miembro tan impresionante. Las chicas con la sexualidad a flor de piel, como lo estaba la joven profesora Rosaleen, no pueden resistirse a mi miembro, un portentoso falo de carne gruesa y bien larga como algunas hembras jamás han observado…

Rosaleen seguía muda de asombro, con los ojos fijos en mí y en mi sexo.

– Un beso te pido, Rosaleen, un beso que ni siquiera tiene que venir a mis labios… – le supliqué.

Y Rosaleen, en ese momento, dejó que algo despertase en ella. No es que despertase de repente, pero sentí la intensidad con la que crecía dentro de ella. Su mirada dejó la sorpresa de lado y se volvió más sensual, su lengua salió y se deslizó por sus labios carnosos y sus dientes llenos de ansia…

Rosaleen se apoyó sobre sus rodillas gráciles y quedó a la altura de mi cintura, mirándome…

– Oh… no puedo resistirme…

Supe así que Rosaleen había decidido no ocultar lo que sentía cuando me vio mientras daba sus clases, y que quería llevarse un recuerdo antes de irse. El recuerdo que le permitiese su fidelidad, pero llevarse algo, al fin y al cabo…

Sus gestos me sorprendieron, y su tacto aún más. Rosaleen, aquella profesora fugaz, se desveló al momento para mí como una persona totalmente distinta. Agarró mis pantalones y mi ropa interior y los deslizó de un golpe sexo hasta mis tobillos, allanando todo el terreno para ella… Su pelo se retorcía de una forma inolvidable mientras su sonrisa iba a más.

Y esa mujer ya liberada paulatinamente de su temor a mostrarse sexualmente activa, liberó también su lengua. Fina, deliciosa, esa lengua me tocó a la altura de la rosilla mientras subía hacia el postre, dejando un camino de saliva fría… Los ojos cerrados de Rosaleen disfrutaban el camino, y se abrieron justo cuando tuvo el gigantesco miembro al lado de su boca.

– Qué grosor… – dijo ensimismada. Pasó una mano entre mis testículos, acariciándolos con sus finos dedos, incluso clavó sus uñas postizas en ellos, pero sin querer hacerme el menor daño… Las yemas de sus dedos acariciaron mis cojones de una forma respetuosa, como sopesándolos.

Y mientras, su otra mano, sin poder resistirlo, tomó la base de mi polla, justo en el contacto con la pelvis, casi me hacía cosquillas. Ahora que Rosaleen había empuñado correctamente el arma de su deseo, dejó que sus labios besaran la punta del glande y se puso a sorber. Pero aún debería hacer más para obtener el preciado líquido…

La lengua traviesa de Rosaleen salió a recorrer mi pene. Y lo hizo rápidamente, casi sin yo darme cuenta recorrió el prepucio desde la punta hasta la base, dejando su saliva como huella. Rodeó hábilmente mi miembro con su lengua y volvió a recorrerla hasta la punta por el sentido opuesto. Estaba maravillado por la habilidad de su lengua, la igual que ella lo estaba de sentir esa carne varonil…

Sin más demora, Rosaleen abrió su tierna boquita y engulló el glande. Algo que había visto en mis ensoñaciones durante las clases, y durante mis masturbaciones, ahora era realidad. La fina boca de Rosaleen sí era capaz de introducirse el grosor de mi polla, aunque por poco margen, pues en los labios de Rosaleen se notaba que no podía abrirla mucho más. Lentamente, para mi asombro, Rosaleen empujó con la mano para irse metiendo el miembro dentro de su boca, de su garganta, centímetro a centímetro…

Mi polla estaba cada vez más adentro de Rosaleen, de esos labios, pasando esos dientes y sintiendo su lengua, la cual jugaba conmigo desde su interior, impregnando de saliva fluida mi verga. Llegó un momento que ya, con un buen trozo de sexo masculino en su garganta, Rosaleen no daba para más, pero no la forcé. La dejé hacer, porque sabía muy bien lo que hacía.

La cabeza de Rosaleen se empezó a mover hacia atrás, a rozar con fuerza mis carnes, y su lengua se volvía enloquecida en su cavidad bucal, humedeciendo mi sexo. Agarrada a mí con fuerza, Rosaleen tomó coraje y empezó a mover su cabeza a lo largo de la extensión de mi polla, frotándola a placer mientras hacía lo mismo con su mano en la base de mi miembro. Ohh, Rosaleen… Me elevas al cielo, me haces sentir un placer ardiente, me haces venirme rápido.

La desatada profesora dejó de comer polla para chuparla, se la sacó de la boca, acompañada de una cantidad considerable de saliva, y dejó que su lengua me recorriese el sexo con fruición, con deseo… Sus ojos verdes me miraban con el mismo deseo, su mano agitaba con fuerza mi polla. Oh, Rosaleen, no aguantaré mucho más…

Tras varios lametones que me pusieron a cien y me transmitían cientos de sensaciones, Rosaleen volvió a engullir la carne entre sus labios, ahora más adentro, ahora con más fuerza. Como una bruja, Rosaleen hizo que mis testículos hirviesen casi al momento.

Sentir esa sensación ahora, con Rosaleen haciéndome el mejor sexo oral de mi vida… Sentir el calor que emana de mi entrepierna, el semen produciéndose y queriendo salir, mientras Rosaleen, como loca, sigue metiendo y sacando mi falo de su garganta… Los ojos de Rosaleen ya no tienen nada de compostura ni de profesora, sólo de hembra en celo que reclama su premio. Se mueve sin parar, chupa, absorbe, engulle, frota…

No puedo más, hiervo, siento que me descontrolo, ella es la culpable. Y se lo digo, mientras ella no para de elevar la velocidad…

– ¡Rosaleen! ¡Me corro, Rosaleen!

Hace un gesto como si lo hubiese entendido, pero no cesa, sigue comiendo esa polla como si le fuese la vida en ello. Y creo que sabe cómo funciona, la comprende y la siente… Pues yo siento ya como el semen busca la salida y no puedo frenarlo, y Rosaleen, en ese momento vuelve a besar el glande con sus labios porque sabe que llega el húmedo final.

Exploto de locura, un placer, siento como viene y pasa delante de mí una corrida bestial, el caudal caliente que sale de mi polla… Y Rosaleen lo está esperando, con el glande dentro de su boca, siente como el primer chorro sale disparado dentro de su boca y sus ojos se derriten al sentir la miel… Hay más, Rosaleen, pero ella puede con todo. Mi Rosaleen sigue frotando, ansiosa por más y llega todo de golpe, un torrente de semen hirviendo que se desliza por su boca… Le quema, arden sus paredes… El semen es abundante e inunda a su cavidad, la lengua es derrotada y el esperma viscoso cae por su garganta.

Rosaleen lo siente caer por su garganta, siente que le desborda, pero ni así se da por vencida. Esa hembra quiere toda mi leche… En el intento por no perder nada, un poco de semen espeso se desliza por la comisura de sus turgentes labios…

Yo he acabado, aún mi polla tiesa pertenece a la sed de Rosaleen. Ella recorre con su lengua toda mi extensión, quiere hasta la última gota, extrae el miembro de su boca pero aún lo lame… Le gusta su calor.

Me lo ha devuelto y me mira a los ojos. Abre la boca y puedo ver mi manantial de semen en su paladar, recorriendo sus dientes y cómo su lengua está empapada de blanco. Y está radiante, me sonríe…

Cierra la boca y se lo traga… Rosaleen traga con paciencia el mar de semen viscoso que inundaba su boca hace unos segundos. La vuelve a abrir y relame los restos de las comisuras de sus labios, llena de deseo. Con dos dedos recoge el semen que se resbala por su barbilla. Y lo vuelve a llevar a su garganta, todo queda ahora en su estómago, es todo para Rosaleen.

Se levanta y se coloca a mi altura. Se sigue chupando esos dedos recubiertos de semen.

– Estupendo… – me dice Rosaleen, con una sonrisa.

Se marcha, con sus papeles y sin más demora. Y desde la puerta me lanza otra sonrisa, la cual hoy recuerdo llena a rebosar por mi semen…