Tengo algo de frio. Me levanto, con cuidado para no despertar a las chicas. Las cubro con una sábana. Me ducho, con el ruido del agua al caer parece que han despertado las dos. Marga se sienta en el inodoro a hacer pis, me mira y sonríe. Tiene la extraña cualidad de hacerme sentir bien. Me relaja su presencia. Ana se dirige directamente hacia donde estoy, entra en la ducha, coge una esponja y frota mi cuerpo. También resulta relajante. Marga también se mete bajo la regadera y nos lavamos los tres. Salgo primero, para evitar ataques, despierto a Pepito para que se asee y se vista y voy a la cocina a preparar café y croissants. Improviso un desayuno ligero. Cuando salen está todo listo. Desayunamos. Les digo que recojan la ropa y los enseres que pueda necesitar Mila y nos vamos al bufete de Isidro. Por el camino llamo a mi abogado para que nos asista en las negociaciones.

Esperamos unos minutos en una antesala, entran Gerardo y Alma. Traen la maleta de Pepito, que al verla corre a abrazarla. Ella lo acoge con cariño. Viene hacia mí.

–Hola José, me alegro de verte, aunque no por las circunstancias. ¿Cómo está Mila?

–No lo sabemos, Alma, hasta que pase algún tiempo y se sepa que secuelas han quedado.

Gerardo entra en el despacho de Isidro. Alma me lleva al pasillo para hablar conmigo.

–No le digas nada a Gerardo, pero me alegro de que te lleves a Pepito. Gerardo no está preparado para cuidar al chiquillo. Se refugiaba en mí y se hace querer. El poco tiempo que ha estado conmigo me ha hecho sentir como una madre. Pero de lo que te quería hablar es de Mila. Supongo que recordaras el día que fuisteis al club los dos. Pues bien, yo no tenía claro que ocurría, pero cuando te fuiste, me acerque donde estaba Mila, le dije que te habías ido y entonces ocurrió algo que yo no he logrado entender hasta hoy. Mila empujo de malas maneras a los tipos que estaban con ella, se cabrearon y ella les abofeteo. Se los quitó de encima y me la llevé a mi habitación. Lloraba como no he visto llorar a una mujer. Yo era incapaz de calmarla, sufrió un ataque de ansiedad, la metí en la ducha a la fuerza porque estaba que daba asco. ¿Y sabes que me dijo? Que la porquería la llevaba por dentro. Lo de fuera se podía lavar, lo de dentro no. Dijo que se sentía sucia, no era digna del hombre, al que amaba con toda su alma. A ti, José. Me dijo que había hecho todas aquellas porquerías para asquearte, para que la odiaras, para que la apartaras de tu lado, para que rehicieras tu vida con otra mujer que te diera la felicidad que merecías. Gerardo entró y al verla así se sobresaltó. Le preguntó que le pasaba y ella le dijo que por fin había ocurrido, lo que ella más temía. Se había enamorado. Perdidamente. Hasta el extremo de renunciar a ti, por amor. También le dijo que quería hablar con él, pero fuera de allí. Y se citaron el día siguiente.

José, conozco a Mila desde hace muchos años. No es la misma. La Mila que estuvo en mi habitación aquella noche, no era la Mila que había sido. Jamás se coló por nadie, había hombres que matarían por ella y ella los manejaba, sin dejarse manipular.

–Agradezco tus palabras Alma, no sabes cuánto. Intentaré compensar el daño que le he causado, aun no sé cómo, pero lo intentaré.

Gerardo nos llama para firmar los documentos. Mi abogado ha llegado, me saluda y entramos.

Se pide a la notaría los documentos que me permiten firmar la venta de todo, junto con Marga. El pago se realiza mediante cheques conformados. Tenemos prisa por ir a recoger a Mila. Isidro me lleva aparte y trata de amenazarme, le doy un empujón y acaba en el suelo.

–Me las pagaras cabrón.

–Cabrones somos los dos y ya te estoy pagando, Isidro. Tú le pagabas a mi mujer, por darte placer y yo le doy placer a tu mujer gratuitamente. Bueno, a cambio del mío. No te imaginas cómo folla la condenada. Se ha llegado a desmayar con un orgasmo. ¡¡Lo que te has perdido!! ¡¡Cabrón!!

–Vamos José, déjalo, no merece la pena.

Marga me arrastra hacia la salida y vamos al hospital. En recepción nos espera Andrés.

–José, ven, tengo algo que decirte.

–¿Qué le pasa a Mila?

–Nada, no es Mila, es María. Ha muerto.

–¡¡Coño!! ¿Qué ha pasado?

–Tuve que atender a una reclusa que la conocía, me dijo que la habían encontrado en las duchas, desangrada, con un corte en el cuello.

–Joder, no le deseo la muerte a nadie. Pero parece que nos ronda. En poco tiempo mi padre, María y lo de Mila, que casi la perdemos. ¿Como sigue? ¿Podemos llevárnosla ya?

–Sí, lo tengo todo preparado. Vamos a su habitación, voy a buscar una silla de ruedas.

–¿Tan mal está?

–No puede andar, pero espero que con la rehabilitación se recupere, cuando llegues a —- tienes que ir al centro de salud. Ya te he solicitado una silla de ruedas para que podáis mover a Mila.

Cojo en brazos a Mila para sentarla en la silla de ruedas, ha perdido peso, no abre los ojos, se deja hacer. Marga, Ana y Pepito están en el coche, la abrazan. Mila abre los ojos y besa a su hijo, es un momento muy emotivo. A todos se nos saltan las lágrimas.

Me despido de Andrés, agradeciendo lo que ha hecho por nosotros y enfilamos la autovía hacia Alicante. Los cinco vamos en silencio.

En La Roda, nos detenemos en el mismo restaurante donde Ana y Claudia me contaron que habían hecho correrse a una desconocida. Ana me mira y sonríe con cara de complicidad. Me hace sonreír, los demás no saben por qué. Mila sigue silenciosa, le pido a Marga que traiga un zumo para Mila. Al principio lo rechaza, pero acaba aceptando y bebiéndoselo. Seguimos el viaje y ya no nos detenemos hasta llegar a nuestro destino.

Claudia y las niñas se abalanzan sobre Mila, besándola, acariciándola. Con ella en brazos entro en casa, Claudia me indica que la lleve arriba, no deja que suba nadie más, les dice que Mila requiere descanso. Me dirijo a nuestro dormitorio, la deposito en el lecho. Hace calor, le quito la ropa, está muy delgada. Le pongo una camiseta larga, cómoda. Me tiendo a su lado, paso mi brazo bajo sus hombros y la atraigo hacia mí. No huelo su perfume, no es su olor. Abre los ojos y me mira fijamente, beso sus labios suavemente, se inclina hacia mí.

–Mila, amor mío. Te necesito, aun cuando no estaba contigo, a pesar de la distancia, sabía que estabas, que podía hablarte, verte, amarte en silencio. No volverás a hacerlo ¿Verdad?

Con una voz débil, con esfuerzo.

–No, José. No volveré a intentarlo. Ya no. No me daba cuenta del daño que os hacia a todos. Perdóname.

–No Mila, soy yo quien te pide perdón. No te creí, y te empujé, sin querer a hacerlo. Ahora sé que puedo confiar en ti.

En la puerta están Marga y Claudia.

–Se han ido todos a la playa. ¿Podemos quedarnos?

–Como no, Claudia. Esta es vuestra casa, nuestra casa, no tenemos que pedir permiso para nada. Quedaos con nosotros.

Entran y se tumban en la amplia cama, a nuestro lado. Marga acaricia las manos de Mila.

–¿Cómo vamos a organizarnos?

–Claudia es buena con la organización. Que sea ella la que nos diga que debemos hacer y cómo. Lo aceptaremos en asamblea, como en una comuna.

–¡Eso es! Convertiremos esta casa en una comuna, basándonos en la libertad de todos y en un principio básico del ejercicio de esta libertad. Que la libertad de cada cual termina donde empieza la de los demás. O sea, todos y cada uno de nosotros, como titulares de derechos, somos libres para hacer con nuestra vida lo que nos plazca, mientras no afecte el derecho de los demás, para hacer lo propio.

–En cuanto al sexo, he meditado mucho, he cambiado mi forma de entenderlo, de vivirlo, gracias a Mila, a todas vosotras. Me ayudó la lectura de un libro, de donde extraje algunas ideas que he podido experimentar. Se titula “El amor libre”. Comprendí, que las leyes del deseo, priman sobre las de la costumbre. Que la fidelidad es imposible, en la inmensa mayoría de los casos. La inocencia grita, que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho. Y aquí tenemos la prueba, yo os amo, a vosotras, a las tres, porque el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social establecido. Que la institución del matrimonio es una inmoralidad social. Que la familia jurídica debe ser sustituida por la unión libre entre hombres, entre mujeres y entre hombres y mujeres. Que sea una unión natural, por amor, no por la sanción de un tercero, el estado o el clero, para formar una familia, para educar a los hijos libremente. El matrimonio es un medio que utiliza el estado para esclavizar a las personas, es un instrumento de dominación que sostiene el orden actual. Pero no el moral.

Como Bakunin, he experimentado las amarguras, he sufrido mucho y he caído en la desesperación. Ahora he comprendido lo que es el amor. Mila me ha mostrado el camino. Amar es querer la libertad, Mila lo ha demostrado, hasta el extremo de intentar quitarse la vida para que yo fuera libre. Y yo elijo no serlo. Ejerciendo mi derecho a la libertad, me someto a la dulce tiranía de su amor. De vuestro amor. No os exijo, no debo hacerlo basándome en estos preceptos, fidelidad ni sumisión, sois libres, somos libres, si estamos juntos, es porque así lo queremos.

Así que propongo establecer nuestra casa como Zona libre de dogmas religiosos y filosóficos. Vamos a basar nuestra relación en la verdad, como hecho, no como teoría. Esta será una comunidad, de personas libres e independientes, mientras se mantenga la unidad del amor, que brota de lo más hondo, del misterio infinito, de la libertad individual.

Desde la puerta Ana, Claudia y los demás niños aplauden.

–Por fin lo comprendes. Todo lo que acabas de decir es lo que tratamos de hacerte entender desde hace tiempo. Todos nosotros practicamos esto que acabas de comprender. Más vale tarde que nunca. Papá, te queremos, nos queremos y queremos vivir contigo, con mamá, todos, con la verdad por delante. Cualquier día vendré a decirte que me he enamorado de alguien y me iré. Tal vez vuelva, desengañada, tal vez no. No lo sé.

–Pero ahora, sé,….. que tenemos hambre y queremos comer. Jajaja. Dejémonos de filosofía y vamos al comedor. Mamá Claudia, nos ha preparado un plato especial para celebrar el regreso de mamá Mila y mamá Marga, ahora tenemos tres mamás. Es algo que le gusta mucho a mi mami. Costillitas de cordero a la plancha, las cocinaremos sobre la marcha para comerlas calentitas, con un buen vino de Valdepeñas, como le gusta a mi papi.

Bajan todos en tropel, Claudia va con ellos. Marga me ayuda a levantar a Mila, intentamos que ande, despacio mueve las piernas y poco a poco bajamos al comedor y la sentamos en la mesa. El color ha vuelto a sus mejillas. Mili y Pepito se sientan a su lado. Mila más animada come, con nuestra ayuda. Después los niños, Mili, Elena y Pepito, se van a la parcela de al lado, con los niños de los vecinos, a jugar. Subimos a Mila, Ana y Claudia se quedan con nosotros.

–Papá, ¿Quieres hacer el amor con mamá? Creo que ella lo necesita más que comer.

–Quisiera, pero no me atrevo, parece muy débil.

–Le dará fuerza, te lo aseguro. Inténtalo, nosotras te ayudaremos,.. si quieres.

–Quiero, Ana. Nada deseo más que teneros a todas a mi lado, me hace muy feliz haber roto el maleficio que parecía pesar sobre nosotros.

–Mila. ¿Lo deseas?

Asiente con la cabeza, mirándome, fijamente, amorosamente.

Se desnudan todas, ayudan a Mila. Yo me desprendo de la ropa y me tiendo a su lado, mirando hacia ella, que me mira a mí. Clau se coloca a mi espalda, acariciándome. Marga a la espalda de Mila besa su cuello, mordisquea los lóbulos de las orejas, Claudia hace lo mismo conmigo, me produce deliciosos escalofríos. Mi mano izquierda acaricia el vientre de Mila, la derecha en su nuca, acerco su boca a la mía, cierro los ojos y me abandono. Lo último que vi fue, a mi hija y la hija de Claudia, en un sensual sesenta y nueve, acariciando sus coñitos, con sus respectivas lenguas. Respiraba sexo, saboreaba sexo, en mis manos, boca, en todo mi cuerpo, acariciado por los cuerpos, manos bocas y coños, de mis tres mujeres. Era tan irreal, como un sueño, delicioso y suave, sin violencia, todo delicadeza, amor ¡COÑO! ¡¡AMOR!! ¡¡El que mueve el universo!!

Nos dormimos agotados por los orgasmos. Cuando despierto, me levanto, las dejo dormir y bajo al despacho. Conecto con el prostíbulo, para ver que se cuece. No hay nadie, al parecer no han llegado aún. En la cámara del dormitorio esta Alma, con un desconocido, están follando, más bien, la está maltratando. A cuatro patas, le da por el culo violentamente. Ella soporta el castigo, pero se ve que no le gusta. Aparece otro tipo, malencarado, se desnuda y la folla por la boca, le dan arcadas, pero sigue apretando hasta casi la asfixia. La colocan, sobre uno de ellos, boca abajo, le penetra el coño, el otro a su espalda, la mete en su culo. El que está abajo, la abofetea para que se mueva, el de arriba tira de los pezones, ella grita, de dolor, pero no hacen caso, está llorando, cuanto más llora mas fuerte le dan. Cuando se corren los dos bestias, la dejan irse al baño. Dejo de verla. Los dos tipos se visten y se van.

En el otro piso veo a Gerardo, entran los dos energúmenos que follaban a Alma. Habla Gerardo.

–Mañana, a las tres de la tarde, en el almacén del polígono industrial de —- . Yo llevaré la farlopa, cincuenta kilos. Vosotros la pasta. Millón y medio, sin trampas. Ya sabéis que no me gustan. Intercambiamos y cada mochuelo a su olivo. ¿Entendido?

–Vale tronco, allí estaremos, por cierto tu putita tiene un culito muy rico, pero creo que se lo he desfondado. Jajaja Hasta mañana.

Se van los dos y se queda solo Gerardo, cuando cierran la puerta coge el teléfono y llama.

–¿Isidro?——–Ya está, de esta nos forramos—– Si, mañana a las tres, donde acordamos, no me dejes solo ¡¡Eh!! Y tráete la pipa, yo también la llevo—– En la maleta con la farlopa—–No hombre este teléfono está limpio, estoy en el local de Mila—-Quedamos así, hasta mañana—Adiós.

Veo a Alma, desnuda, quitar las sábanas de la cama y tenderse, boca abajo, llorando.

Gerardo se marcha del local. Aparece en el dormitorio, Alma se sorprende y se incorpora.

–¡Eres un cabrón! Esos hijos de puta me han pegado, sabes que no me gusta.

–¡Déjate de pamplinas! Y vístete que tienes que ir a abrir el club. ¡Venga!

La muchacha se viste y se marcha. Al quedarse solo, abre el armario, donde Mila guardaba sus cosas, y saca dos maletas pesadas. Deja una en el suelo y la otra sobre la cama. Abre la maleta, saca una pistola del armario y la deposita dentro.

No necesito más datos. Llamo a Andrés. Le cuento todo y le informo del lugar, hora y los que van a participar en la venta. Llamará a un amigo, guardia civil, para contárselo y que el actúe, como si hubiera recibido una llamada de un informador anónimo.

Apago todos los equipos y vuelvo a la habitación. Todas mis chicas siguen dormidas. Excepto Mila. Me mira y siento algo, muy fuerte, dentro de mí. La ternura de sus ojos me hacen sentir como un miserable, por no creer lo que me dijo, la noche del club de parejas. Extiende sus manos hacia mí. Me acerco, las tomo y tiro de ella, hasta sacarla de la cama. En brazos la llevo hasta la terraza, donde la siento en un sillón de rafia con almohadones. Me siento a sus pies. Acaricia mi cabeza, el pelo, las mejillas, se acerca a mi rostro y deposita un beso en mis labios, con una ternura infinita. De nuevo en mi pecho la sensación de plenitud.

–Como me arrepiento José, de todo, de mis engaños, de todas las cosas que…

Pongo mi mano sobre su boca. Cariñosamente le impido seguir hablando.

–Mila, amor mío, no tienes por qué arrepentirte de nada. Excepto de la haber intentado irte sin mí de este mundo. Eso jamás te lo habría perdonado. Por tus hijos, nuestros hijos y por mí. Jamás podría haber sido feliz con tu muerte sobre mi conciencia y por haberme dejado. Quiero mucho a Claudia, pero a ti….

–¡Sshhh! No digas nada más. Dejémoslo así. Volvemos a estar juntos. Como tú decías, no sabemos por cuánto tiempo. Vamos a vivir el presente. Intentaremos recuperar el tiempo perdido.

Se asoman Marga y Claudia.

–Vamos tortolitos, que hay que preparar la merienda y arreglar a los peques.

Cojo en brazos de nuevo a Mila, ella se aferra a mi cuello, ha recuperado su aroma, el olor de su piel, huelo su pelo y siento un placentero escalofrío. Al pasar cerca de Claudia llega hasta mí, el perfume a vainilla, me las comería a las dos, a las tres, a todas. Me fascina el perfume de mujer, y estas parecen estar en celo permanente. Las dos lolitas se aferran a mis brazos y nos acompañan hasta el sofá del salón, donde deposito a Mila, que pronto se ve rodeada por los niños. Marga me mira, coge mi mano y la lleva a su mejilla.

–Eres muy bueno José, por primera vez, en muchos, días veo feliz a Mila y eso me llena de dicha. Hablaba en serio, cuando le dije a Mila, que si ella hubiera muerto, yo la seguiría. Lo estuve pensando, toda la noche, en el Hospital. Estaba decidida, si ella se iba, yo me iría con ella.

No pude evitar, estrecharla entre mis brazos, refugiarme en su hombro, para ocultar mis lágrimas. La tragedia, que podía haber causado, por mi postura intransigente, por mi ceguera, por no ver el amor, que me profesaba Mila. Claudia nos miraba, parecía, comprender lo que decíamos, sin oírlo, no lo necesitaba. Por alguna extraña razón, que desconozco, existía un canal de comunicación, sin palabras, sin gestos, del que participábamos todos, en esta casa.

En aquel momento se me ocurrió poner un letrero en la cancela de entrada, con azulejos. Una sola palabra. LIBERTAD.

El resto del día pasó, como debieran pasar todos los días, reímos, jugamos, lo pasmos bien. La noche, fue una noche loca, de trasiego entre habitaciones, las chicas iban y venían, se reían, guerra de almohadas, retozaban. Luego nos amamos, los cuatro, hasta caer rendidos, satisfechos. Por primera vez en varios meses pude dormir de un tirón sin malos sueños, sin pesadillas.

Me despertaron los gritos de los niños que se iban al mar, a bañarse, con sus amigos. Mila, despierta a mi lado me miraba, me hacía sentir como un niño, que ha cometido una travesura, pero es perdonado por su madre. Saboreo sus labios y la cojo en brazos, para llevarla a desayunar. Me detiene, con esfuerzo, consigue ponerse de pie, va a caerse, la sujeto, se apoya en mí y así, poco a poco, bajamos.

Desayunamos en el jardín. El sol de la mañana nos sentará bien. Suena el teléfono.

Es Andrés, me llama para decirme, que algo salió mal en la redada. Cuando rodearon el almacén, para asaltarlo, oyeron disparos en su interior. Al entrar, se encontraron, con tres cadáveres y un herido. Los fallecidos eran, Gerardo, Isidro y un sujeto sin identificar. El herido les dijo, que habían intentado, engañar a los españoles. Sacaron las armas y dispararon. Se aprehendió, un alijo de cocaína, de cincuenta kilos, cuatro pistolas y un millón y medio de euros, en billetes falsos, con los que los extranjeros pretendían pagar la droga. Se suponía que, Gerardo e Isidro, descubrieron el engaño y reaccionaron sacando las armas, pero los otros también llevaban.

Tenía que comunicárselo a Claudia y sus hijos. Vaya papeleta. Con lo que llevaban sufrido. Los niños estaban en la playa, con Ana y Claudia. Las chicas están tomando el sol, en el césped. Cuando me ven la cara intuyen algo. Mila me mira.

–¿Qué pasa José? Dinos, ¿Qué ocurre?

–Son Gerardo e Isidro.

Claudia mueve la cabeza.

–¿Qué pasa con ellos? ¿En qué lio se han metido ahora?

–En uno del que no se puede salir. Lo siento.

Mila sonríe tristemente.

–Eran dos hijos de puta, pero no merecían morir. ¿Por qué han muerto, no?

–Si. Al parecer, fueron a vender un alijo de cocaína, algo salió mal y los mataron los compradores.

Claudia lloraba en silencio. La estrecho entre mis brazos, reposa la cabeza en mi hombro.

–No lo quería José, llegue a odiarlo, pero no merecía morir así. Ahora te necesito más que antes. Mis hijas son huérfanas.

–No Claudia, ayer expuse mi forma de entender esta nueva vida. Tus hijas me tienen a mí, como padre y a Mila y Marga, como sus otras madres. Eso no debe preocuparte.

–Vamos a cerrar un capítulo nefasto de nuestras vidas. Pero

LA VIDA SIGUE

He llegado al final de estos tristes y dolorosos relatos. Espero que José y su nueva y extensa familia, sean felices. Al menos estoy seguro, que lo intentaran.

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noespabilo57@gmail.com