DE LOCA A LOCA PORTADA2Jueves 18 de abril de 2013

sin-tituloMe preparo para la función.

Hoy puede ser un día crucial. He tomado una decisión y la llevare a cabo hasta las últimas consecuencias.

Me voy directamente a la oficina.

Hablo con mi socio y le propongo que me compre mi parte en el negocio porque lo voy a dejar.

Tengo una larga charla con él para convencerlo.

Fede no entiende nada.

Me pregunta si han raptado a alguien de mi familia y me piden rescate, que eso lo podríamos arreglar de otra forma.

No sé si él también, ha estado jodiendo con Mila. Todo puede ser. Me estoy volviendo paranoico. Veo cuernos por todas partes. Me sudan las manos.

Al fin acepta mis condiciones y vamos a un notario conocido para cerrar el trato. Luego al banco para resolver la cuestión del dinero. Teníamos reservas. Es solo una parte y el resto acordamos que lo saldaría pidiendo un préstamo.

Me llevo efectivo. Me despido de él que me abraza emocionado.

Me aprecia mucho y veo que lo está pasando realmente mal. Pero no puedo descubrirme, debo seguir mi plan hasta el final. Llevo el dinero a mi cubil. Todo sigue tranquilo.

Es medio día y regreso a casa. Mila está en la cama. Entro al dormitorio.

Yo.- Mila, ¿Qué te pasa cariño, te encuentras mal?

Me acerco y la beso, como siempre, un piquito en los labios.

De cerca veo sus ojeras, no tiene marcas en la cara y si las tiene se las ha maquillado, por eso se habrá quedado en casa. Porque no tiene marcas visibles.

Cojo sus manos mirándola a los ojos. Ella se incorpora sentándose en la cama.

Yo.- Mila, te quiero. No sabes cuánto.

Mila extrañada.

Mila.- ¿Y eso, a que viene?

Yo.- ¿No puedo decirle a mi mujer que la quiero?

Mila.- No sueles decirlo, por eso me extraña.

¿Qué te pasa? ¿Por qué a ti te pasa algo no? ¿No tendrás un lio con otra?

Yo.- Pues sí, me pasa, y no, no tengo un lio con otra.

He dejado mi trabajo.

Estoy harto y quiero cambiar de vida.

La semana pasada le pedí a Eduardo que me dejara un apartamento que tiene y me encerré, solo, tres días para meditar y planear un cambio en mi, nuestra, vida.

Mila no me miraba a la cara, tenía su vista fija en un punto indefinido en los pies de la cama.

Mila.- Mira José. Yo también te quiero, pero esto que has hecho, sin hablarlo ante con nosotras, sin consultarnos, no me parece bien.

Tú sabrás lo que vas a hacer.

Solo te pido que seas sincero con nosotras y nos digas porque has tomado esa decisión y que piensas hacer a partir de ahora.

¡Qué cinismo!. ¡Me pide sinceridad! ¡Cuando ella lleva engañándome toda nuestra vida en común!

Estoy sentado en un lado de la cama de espaldas a la puerta, pero percibo un roce, me giro y veo a Ana en el quicio.

Me levanto y ella se echa en mis brazos. La estrujo con fuerza.

Diosss, como las quiero. ¿Tendré fuerzas para seguir adelante?

Ana.- Papa, he escuchado lo que le decías a mama.

¿Qué te está pasando?. Cuéntanoslo y así podremos ayudarte, te quiero mucho papa. ¿Nos vas a dejar?

Yo.- Dejadme unos días, tengo que resolver algunos asuntos y cuando tenga claro que vamos a hacer os lo diré. Entonces podremos decidir entre todos. Mientras seguiremos haciendo lo de siempre.

La beso en la frente y ella se arrebuja contra mí.

Yo.- Ahora tengo hambre. Vamos a comer.

No volvemos a hablar del tema y nos comportamos normalmente, excepto por las miradas de extrañeza de Mila y Ana. Tengo que volver al observatorio. Después del café.

Yo.- Voy a salir un rato, he quedado citado con alguien.

Mila.- ¿Puedo saber con quién y para qué?

Yo.- Por favor Mila, no me preguntes nada. No lo conoces y ya te diré para qué cuando pueda hacerlo.

Salgo, pero, sospechando que Ana puede seguirme doy un rodeo, entro en una cafetería que conozco con puerta trasera salgo y me dirijo a mi escondrijo.

Efectivamente, como sospeche, Ana acaba de llegar de la calle, Mila está en la cocina.

Mila.- ¿Dónde ha ido?

Ana.- Pues no lo sé. Ha entrado en un bar, he esperado un ratito, no lo veía y ya no estaba.

Mila.- Te ha despistado. No quiere que sepamos que trama.

Suena el teléfono.

Mila.- ¿Sí, quién es? ———hola Edu, ¿sabes algo más?————–Si, ya me lo ha dicho él, que ha roto con Fede y se ha ido———Bueno, me ha dicho que te pidió prestado el apartamento, pero que era para reflexionar———-no, no, me ha dicho que no tiene otra. Que no es ese el motivo. Pero sí, algo gordo le pasa.—- Vale ya te contare, oye y si tú te enteras de algo más, me llamas. —-Si, un beso, adiós.

Ana.- ¿Qué pasa ahora mama?

Mila.- Edu me acaba de confirmar lo que me ha dicho tu padre. Ha vendido su parte en la empresa a Fede y lo ha dejado todo.

Ana.- Papa lo sabe. No sé qué, pero sabe algo de lo nuestro.

Mila.- Pues vamos a tener que prepararnos porque no sabemos por donde puede salir. Voy a llamar a Fede y preguntarle que le ha dicho.

Llama por teléfono.

Mila.- ¿Fede? Hola, soy Mila, ¿Cómo estás?.———– Si ya me lo imagino, yo también estoy desconcertada y tampoco sé qué le pasa a José. ————No creo que sea por otra mujer, tiene que ser otra cosa. ¿A ti que te ha dicho?—————-Pues seguimos sin saber nada. ————De acuerdo cuando sepa algo te lo digo. Dale un beso a Elena. Adiós.

Ana.- ¿Sabe algo?

Mila.- No, tampoco sabe nada, le ha pillado por sorpresa como a nosotros. La semana pasada le llamo para anular las citas de su viaje para resolver asuntos personales y esta mañana se presentó en la oficina para dejar el trabajo.

¿Qué estará pasando por esa cabeza?

No quiero pensar que haya averiguado algo de nuestro negocio y lo vaya a mandar todo a la mierda.

Ana.- Yo estaba mejor pensando que él lo sabía todo y te lo permitía.

Mila.- Pero no era así. Y ya no tiene remedio. De todos modos si él lo hubiera sabido antes, antes se hubiera jodido todo. Vamos a esperar acontecimientos.

Ana.- Mama, ¿Por qué no hablas con él y dejáis claro todo?. Esta situación era ya insostenible. Era cuestión de tiempo que se enterara de que su mujer y su hija eran unas rameras.

Mila.- Eres muy cruda Ana. Y tienes razón pero vamos a esperar porque no sabemos qué está pasando en realidad.

Vuelvo a casa.

Cenamos y nos sentamos en el sofá, yo en el centro, Mila a mi derecha y Ana a mi izquierda, con su cabecita reclinada sobre mi hombro. Miraba la pantalla de la tele sin ver, me obsesionaban las imágenes que había visto, de mi mujer y mi hija y las tenía junto a mí, abrazadas como si nada hubiera ocurrido.

El fin de semana pasó sin pena ni gloria. No salimos de casa, el tiempo no acompañaba.

Hubo algunas llamadas telefónicas, descolgué en una de ellas y al escucharme una voz de hombre pedía perdón por haberse equivocado.

Ya no contesté más, deje que lo hicieran ellas.

Recordé lo frecuentes que eran las llamadas en el pasado, incluso a horas intempestivas, pero siempre eran de amigas, equivocaciones.

Ahora comprendía lo tonto que había sido.

Y lo listas que habían sido ellas.

Lunes 22 de abril de 2013

Me levanté temprano, antes de que despertaran, no quería dar explicaciones.

Los dejé a todos durmiendo y fui a buscar a Andrés.

Ayer le llamé y me dijo que ya tenía los resultados de los análisis de ADN.

Mi corazón golpeaba muy fuerte en mi pecho.

Cuando nos encontramos, en el mismo bar del encuentro anterior, estaba muy serio.

Nos sentamos en una mesa apartada. No había muchos clientes.

Andrés.- Hola José, aquí tienes los resultados.

Son fiables en un porcentaje muy alto.

Existe relación entre tres de las muestras, la 2, 3 y 4, son hermanos, pero solo de uno de los progenitores.

La muestra 2 está relacionada con la 1, o sea, son padre e hija.

Pero las 3 y 4 no tienen nada en común con la muestra 1.

Y ahora, ¿me puedes decir que ocurre?

Me derrumbé, lo sospechaba. Pero la confirmación de que mis pequeños, José y Mili, no eran míos me hundió.

Cubrí la cara con mis manos y no pude evitar un sollozo.

La angustia me ahogaba. Andrés, alarmado, intenta calmarme.

Yo.-Andrés, te conozco desde hace más de veinte años, hemos ido a la universidad juntos y te voy a pedir que me contestes con la verdad a la pregunta que te voy a hacer.

Andrés.- Ten la completa seguridad de que te diré la verdad.

Yo.- ¿Has follado con mi mujer?

Miré sus ojos, vi sorpresa en ellos, se acercó a mí.

Andrés.- ¡¡Jamás te traicionaría!! ¡Y me duele que dudes de mí! Eres mi amigo y tú sabes. Me conoces muy bien y sabes que no soy capaz de esa felonía.

Jamás he tenido relación con tu mujer ni con otra que no fuera mi mujer. ¿Estás loco?

Yo.- Perdóname, perdón, te creo, pero cuando te cuente lo que vas a oír entenderás el porqué de mi pregunta.

Le conté con pelos y señales lo que había descubierto en las dos semanas anteriores.

Se llevó las manos a la cabeza, la movía de un lado para otro, no lo podía creer.

Andrés.- ¿Estás seguro de lo que estas diciéndome?

Te conozco y no lo creo probable, pero quizás estés sufriendo un brote psicótico paranoide que te hace alucinar. ¿Lo has pensado?

Yo.- No, amigo mío, no. Tengo pruebas y puedo mostrártelas ahora mismo. Parte me las acabas de entregar, la muestra 1 es mía, la 2 es de Ana y las otras de Jóse y Mili.

Solo Ana es mi hija.

Los otros, ni siquiera Mila sabe quién es el padre.

Acompáñame y podrás ver con tus ojos lo que te acabo de relatar

.

En el piso franco le muestro los videos grabados. Sentado, con los puños apretados, miraba las imágenes y le subían los colores, pasaban del pálido al rojo intenso.

De cuando en cuando resoplaba.

Andrés.- ¡¡BUUFFF!! ¡¡INAUDITO!! ¿Y has soportado todo esto durante dos semanas sin reventar?

Es imposible, alucinante. Inmoral, obsceno, sucio e inmundo.

Te compadezco José, ahora comprendo por lo que estas pasando.

Y solo puedo ofrecerte mi ayuda en todo lo que necesites de mí.

¿qué piensas hacer?

Sabes que puedes contar conmigo y te ayudaré en lo que sea, siempre y cuando no se te ocurra una barbaridad.

Yo.- Gracias, la verdad es que necesitaba contárselo a alguien.

Pero ya ves, se vendía hasta a mis amigos. No podía confiar en nadie.

Edu, el muy hijo de puta, se la beneficiaba a mis espaldas y se reía de mí.

Andrés.- Pues ahora que lo dices, yo no prestaba mucha atención a sus comentarios, pero algunas veces, cuando nos reuníamos hacía referencia a algunas murmuraciones que circulaban entre las mujeres criticándose unas a otras, le oí decir en una ocasión que, “hay más putas de lo que parece entre nosotras”.

Andrés no pudo soportarlo más, al despedirse dijo mirándome fijamente.

Andrés.- José, por lo que más quieras, no vayas a cometer una locura.

Ni contra ellas, ni contra ti, tú me entiendes.

Lo tranquilice y se marchó.

Mientras estaba pasando las grabaciones en una pantalla, en las otras se veía a Mila sola, teléfono en mano, llamando a mucha gente. Debía haber pinchado el teléfono. Pero no importaba mucho, por lo que le oía decir estaba cerrando puertas para que no saliera el olor a podrido de su entorno. Cancelaba compromisos, anulaba citas.

Preste atención al escuchar el nombre de María.

Mila.- ————-No, María, se ha presentado una complicación, ——–no sé si será grave, pero por si acaso———si, está relacionado con mi marido, vamos a dejarlo por un tiempo————-no te apures, no voy a crearte problemas, cancela las citas de Ana y ya te llamaré cuando pase el peligro——– (Enfadada), ¡pues le dices que se ha ido a Nueva York, yo que sé!. ¡Adiós!

Y colgó.

O sea las visitas de Ana se habían cancelado. ¿Por cuánto tiempo?

¿Y las de Mila? Ahora le venía bien, no estaba para muchos trotes después de la paliza, pero ¿cuánto durara esto?

Seguramente hasta que se calme todo. Después volverán a las andadas.

Me siento en el sofá del saloncito donde tengo instalado mi puesto de observación.

Estoy viviendo los peores días de mi vida.

A lo largo de estos 15 días he redactado en libretas, de forma ordenada, cronológicamente, todo lo que he vivido, sentido, visto y oído.

No soy muy bueno escribiendo, soy de ciencias y las letras no me atraen, pero voy a intentar describir, con la mayor claridad posible, unos hechos que han acabado con mi vida, mi mundo, mis intereses, mis ilusiones.

Ahora mismo, la vida, mi vida, carece de sentido.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano me obligo a volver a casa. Las piernas parecen de plomo.

Entro en casa. Llevo los resultados de las pruebas de ADN.

Mila está en el sofá del comedor. Estamos solos. Me siento en un sillón frente a ella.

Mila.- Vaya, el hombre misterioso ha llegado, ¿Se puede saber qué te traes entre manos?

La miro fijamente, sin odio, sin ira. Calmado. Le hablo con voz sosegada y grave.

Yo.- Mila, me llegaron ciertos rumores, a los que yo no quise prestar atención, pero, ante la insistencia, intenté averiguar algo sobre su veracidad.

Mila se fue envarando, tensándose, estirando su espalda y retorciendo sus manos.

Yo.- Aquí tengo la prueba de que Pepito y Mili no son hijos míos. ¿Puedes explicarlo?

Silencio

Mila bajó los ojos hacia el suelo, puso las manos sobre sus muslos, levantó la cabeza mirándome fijamente, en actitud desafiante. Le temblaba la voz al responder.

Mila.- Mira José, hay algunas cosas sobre mí que tú no sabes, y que no quiero contar ni dar explicaciones.

Tienes razón, Pepito y Mili no son tus hijos y me sorprende que Ana lo sea.

Si lo que quieres es el divorcio, estoy dispuesta.

Llama a tu abogado y cuando este todo preparado firmamos los documentos.

Yo.- No Mila, no es tan simple. Anoche, mientras dormías, te levante el camisón y vi los moratones en tus muslos y tu espalda.

¿Qué los ha causado? ¿Qué has estado haciendo a mis espaldas y desde cuándo?

Mila.- Pues es muy simple, asisto a reuniones donde me dan lo que necesito y tú no me das.

En ellas me divierto, lo paso bien aunque algunas veces salgo un poco magullada. Pero no tiene mayor importancia.

Yo.- Mila, llevamos quince años juntos. ¿Todo este tiempo me has estado engañando? Pero lo más importante para mí. ¿Me has querido alguna vez?

Más relajada

Mila.- ¿La verdad José? Si, hubo un tiempo en que te quise.

Intenté muchas veces decirte lo que me satisfacía, mis gustos, lo que me hacia vibrar.

Pero cada vez que lo intentaba tropezaba con un muro de incomprensión de normas y prohibiciones.

Para ti todo lo relacionado con el sexo era sucio, inmundo.

Y yo decidí no insistir.

Y si, he llevado una doble vida, pero en parte porque la comunicación en este tema era imposible contigo.

Y ahora ¿Qué piensas hacer?

Yo.- No es fácil tomar una decisión que afecta a personas que quiero o he querido.

He barajado distintas opciones y sí, la que tú planteas es una de ellas.

Nos divorciamos y ¿Ya está?

La primera opción que contemplé fue la de acabar con tu vida y después la mía.

Otra fue la de hacerme el sordo y seguir con nuestra vida como si no pasara nada.

También la de mi suicidio.

Acabar mi existencia para que vosotras siguierais con vuestra vida.

Oigo un ligero roce y miro a mi derecha, hacia la puerta.

Ana está allí, ha entrado en silencio y no sé cuánto ha podido oír.

Angustiada se lanza a mis brazos.

Ana.- ¡¡Papa!! ¿Porque hablas de suicidio? ¿Qué pasa?

Intento tranquilizarla.

Yo.- Al parecer, lo que tenía que pasar antes o después y nos afecta a todos.

¿Dónde están los niños?

Ana.- Los he dejado en el parque jugando.

Yo.- Bien, pues siéntate y escucha.

Mila, ponte en mi lugar. ¿Por cuál de ellas optarías?

Más tranquila al ver mi actitud dialogante.

Mila.- No lo sé, José.

Con mi forma de pensar, en tu lugar, optaría por cambiar y acompañarme en mi forma de vida, sin engaños, sin más mentiras.

Pero te conozco y eso para ti creo que es imposible. ¿Me equivoco?

Yo.- No lo sé Mila, no lo sé.

Yo tengo o tenía unos principios que se han derrumbado por ti. Por tu engaño.

Has acabado con mi vida, con mi familia, con todas las ilusiones y los planes que habíamos hecho los dos.

Todo se basaba en la falsedad. He vivido en una mentira durante quince años.

Un edificio construido con esfuerzo, durante tanto tiempo, se ha derrumbado de golpe hace quince días.

Y ya no se puede reparar. Lo que queda es una ruina inútil. Soy un fracasado.

Es imposible que siga viviendo contigo como hasta ahora. Que era la segunda opción.

No temas Mila, la primera también la he descartado. No voy a hacerte daño, al menos físicamente. Aunque por lo que veo te gusta el sado. Quizá algún día lo experimente.

¿Mi suicidio? Lo he descartado también. He descubierto, en parte gracias a ti, que amo la vida.

Ahora mi pregunta. ¿Qué estaríais dispuestas a hacer para solucionar esta situación?

Madre e hija se miran y se abrazan llorando.

Mila.- Lo siento, lo siento José. Nunca me paré a pensar el daño que te haría. Solo pensaba en mí.

Yo.- Ya lo sé Mila, tu egoísmo es tremendo.

Ahora vamos a serenarnos y que los niños no se den cuenta de nada.

Mañana seguiremos hablando cuando estén en el colegio.

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