DE LOCA A LOCA PORTADA2Viernes12 de abril de 2013

Suena el despertador a las siete, como cada viernes de los últimos tres años. Despierto y me levanto. El aseo está ocupado por Mila, y estando ella yo no puedo entrar. Al parecer le da vergüenza si la veo desnuda.

Pero ahora sé porque.

Voy al baño del pasillo donde Mili y Pepito se cepillan los dientes.

Vuelvo a mi habitación y Mila ya ha salido vestida y lista para llevar a los niños al colegio.

Me ducho, me visto, voy a la cocina donde tomo un café, hago de tripas corazón y doy un beso a Mila, me voy corriendo a la oficina.

Tengo mucho que preparar.

Hablo con Fede y le digo que me voy a tomar un descanso de dos semanas, por el asunto del que no le puedo hablar.

En una inmobiliaria busco un piso para alquilarlo durante dos meses, cerca de mi casa.

Encuentro un pequeño apartamento que cubre mis necesidades. Pago un mes y la fianza al contado, sin dar más información personal que la precisa.

He abierto una cuenta de correo E-mail, con datos ficticios, otra en un banco para tener tarjeta y dinero disponible fuera del control de Mila. Y he adquirido una tarjeta prepago para móvil.

No puedo dejar nada para el fin de semana porque siempre me quedo en casa o voy de excursión con Mila y los niños.

El apartamento se puede ocupar inmediatamente, lo contrato y recojo las llaves.

Traslado los equipos necesarios para instalar el centro de vigilancia.

Cuando todo está preparado enciendo los equipos y me pongo a observar.

Son más de las doce y Mila está por casa, También veo a Mariele, que va a casa los miércoles y los viernes. Están realizando labores de limpieza.

Todo parece normal, sin embargo, en uno de los encuentros, en el salón, entre Mila y Mariele, se cogen de las manos, van hasta el dormitorio, abrazándose y besándose.

¿Será posible? ¿Es que esta mujer no se cansa nunca?

Se desnudan ambas, se tienden en la cama y siguen con los arrumacos y achuchones.

Al parecer a Mariele le vá el fisting, “Puños en el sexo y/o ano”.

sin-tituloSe coloca en cuatro, Mila saca de su cajón un bote con algún tipo de lubricante y lo derrama sobre el culo de Mariele, veo como chorrea hasta su sexo. Se inicia la penetración con los dedos en la vulva, aumenta el número de dedos hasta introducir la palma, con rotaciones, encoge el pulgar y poco a poco introduce el puño hasta la muñeca.

Mariele grita y se retuerce como una loca, alcanza, no sé si uno o varios orgasmos seguidos.

Se derrumba sobre la cama.

Mila.-Ahora me toca a mí.

La chica sonríe, se incorpora y abraza a Mila.

Esta se acuesta de espaldas sobre la cama, la muchacha se acopla entre las piernas y lame el sexo de Mila que sujeta su cabeza entre las piernas.

Tras unos minutos Mila empuja a la chica, esta se levanta, derrama el líquido del bote sobre el coño de Mila y mete los dedos de la mano derecha rotándolos, sacándolos y metiéndolos, repitiendo los movimientos hasta meter su mano dentro.

Con la mano izquierda derrama más líquido e introduce sus dedos en el culo de Mila.

!!La está penetrando con las dos manos, una por el coño y otra por el culo!!.

Mi mujer no deja de sorprenderme. Ya no se qué más podrá hacer.

Unos minutos después y tras algunos alaridos, mi mujer pone los ojos en blanco y con un estertor que la levanta de la cama cae rendida. Sus orgasmos son brutales.

Mariele saca sus manos del cuerpo de Mila y se tiende a su lado.

Se besan tiernamente.

¿Qué siente Mila por las personas que la rodean?

Parece querer sinceramente a los que se acuestan con ella. Pero les cobra.

Parece amar a sus hijos. Pero los prostituye.

Yo estaba convencido de que me quería. Pero me traiciona.

Realmente. ¿Qué siente?

Descansan un rato, se levantan, y tras higienizarse reanudan su trabajo doméstico como si no hubiera pasado nada.

Llamo a Andrés y le invito a comer. Tomando café le entrego las muestras.

Yo.- Están marcadas, la del padre el 1 y los hijos 2, 3 y 4, por orden de edad. Pertenecen a un amigo que tiene problemas y me ha pedido el favor a mí, pero que no puedo decirle quien es. Por favor, total discreción.

No queda muy conforme pero lo acepta.

Yo.- Cuánto va a costar para pedírselo a mi amigo.

Andrés.- Ya veremos. Al ser una prueba múltiple tendré que consultarlo. Suele costar sobre 300 euros por comparación, pero aquí por lo que se ve es un padre con tres hijos ¿No?.

Yo.- Si, así es.

Andrés.- Serán menos de mil euros, no te preocupes por eso. ¿No serás tú el amigo?. ¿Tienes problemas con Mila? Sabes que puedes confiar en mí.

YO.- Por favor, no me descubras. Sí, estoy teniendo problemas. Ya te contaré, cuando pueda hacerlo, pero ahora, te lo suplico, nada a nadie.

Andrés.- De acuerdo. En cuatro o cinco días tendré los resultados.

Yo.- Gracias, no sabes el favor que me haces.

Normalmente los viernes vuelvo a casa alrededor de las ocho de la tarde. Hoy no será distinto.

El fin de semana pasa sin pena ni gloria, el sábado lo pasamos en casa como siempre, leyendo, viendo tele charlando.

El tiempo era bueno y el domingo decidimos ir al campo a pasar el día.

Lunes, 15 de abril de 2013

Como cada lunes suena el despertador a las seis. Me levanto, me aseo, doy un beso a mis supuestos hijos, cojo mi equipaje y me marcho.

Vuelvo a dejar el vehículo en el garaje, donde he contratado una plaza por un mes cuando fui a recogerlo el jueves.

Desayuno en el mismo bar para comprobar que Mila y Ana salen y el piso estará vacio.

Así es, subo e instalo, en la cocina y los dormitorios de los niños otras tres cámaras. Salgo rápidamente a la calle a buscar un taxi con el que me desplazo a la dirección donde fué Ana el pasado martes.

Me dispongo a observar buscando una localización donde no resulte sospechoso. Encuentro un parquecillo cercano, me siento en un banco desde donde diviso la puerta del piso donde entró Ana. Finjo leer un periódico que he comprado en un kiosco al venir.

Y espero.

Es por intuición que sospecho que Ana esta aquí.

Veo llegar un vehículo que no encaja con el barrio, negro, cristales ahumados, chofer. Baja un sujeto con traje caro de uno los asientos traseros, mira a ambos lados de la calle, cruza, entra en el portal del edificio.

Anoto la matrícula del coche, que ha aparcado unos metros más allá, con el conductor recostado en el asiento dormitando.

Pasa una hora, me acerco simulando leer el periódico, veo salir al tipo del traje, y le tomo una foto con la cámara que llevo disimulada.

Atraviesa la calle. Se sube al coche en el asiento de atrás. El vehículo arranca y desaparece al doblar la esquina de la calle.

No quiero pensar en nada. No quiero imaginar. Por dios, que mi hija no esté ahí.

Pasan diez o quince minutos interminables. Veo salir a mi Ana del bloque. Como la vez anterior, deprisa, con el pelo revuelto y guardando algo en su bolsito de mano.

Como la otra vez va andando a la parada del autobús que en ese momento llega, se sube en él y dejo de verla.

Busco un taxi que me lleve a una agencia de alquiler de vehículos. Cuando me lo entregan me desplazo hasta mi observatorio.

Me siento ante la pantalla veo a Mila sentada en el sofá junto a un desconocido.

Charlan amigablemente, el se toma algunas libertades con ella colocando su mano sobre el muslo. Acariciándolo. Ella con una minifalda, que yo no conozco, se deja magrear sonriendo y gastando bromas. Al parecer están hablando de dinero.

Mila.- Son doscientos, ya lo sabes y no me gusta el regateo. Lo tomas o lo dejas.

El desconocido.- De acuerdo, pero me lo das todo, ya sabes. Tu culito, que me pone a cien.

Mila.-De acuerdo pero sin marcas, que luego tardan en quitarse.

Acercan sus rostros y se besan. Sus lenguas se entrelazan, oigo el chapoteo de su saliva y siento asco.

Las manos del tipo suben por los muslos, desplazando la faldita hasta la cintura. Ella se levanta para facilitar la operación. Lleva un minúsculo tanga que es un pequeño triangulito por delante y un hilito entre las nalgas, que las deja totalmente al descubierto.

Mila se dobla hacia adelante, colocando su culo ante la cara del otro, que se apresura a enterrar el rostro entre las redondeces traseras, apartando el hilo y lamiendo el rosado agujero del culo de mi mujer.

En medio de la operación veo, con la cámara nueva instalada en la entrada, que se abre la puerta y entra Ana.

¡! Joder, lo va a ver todo!! Va a ver a su madre con ese tipo en el salón.

Mila no se inmuta, sigue ofreciendo su culo al tipo y se quita el tanga para que no estorbe.

Ana los ve desde la puerta. No se extraña. Al parecer esto es normal para ella.

Mila.- Ana, cariño, vete a tu habitación hasta que termine con este señor.

Ana.- Si mama, voy a terminar el trabajo de sociales. Pero antes voy a ducharme.

Mila.- De acuerdo cariño. Pero date prisa.

Ana se marcha a su cuarto, de su armario coge algunas prendas y vuelve a salir al pasillo para ir al baño. Se ducha, restregando con fuerza su partes con la esponja y mucho jabón.

Mientras Mila se desprende de la falda y se planta frente al sujeto abriéndose los labios de su coño con las dos manos.

Él lo lame, Mila le acaricia la cabeza y empuja su cuerpo contra el tipo. Este se levanta y coge con la mano todo su coño, veo como desaparecen en el interior dos dedos, mientras con la otra mano le palmotea el culo y le mete los dedos por el ano.

Mi mujer le coge la verga y tirando de ella se encaminan a la habitación.

Al pasar por el pasillo se cruzan con Ana que les sonríe y sigue hasta su dormitorio.

El desconocido.- Oye Mila. ¿La niña podría participar?

Mila.- No, me tienes a mí y seguro que saldrás satisfecho.

¡!!INCREIBLE!!! ¡!Mi mujer una puta y prostituyendo a mi hija!!. ¡!Son motivos de sobra para encerrarla en la cárcel y tirar la llave!!.

Yo temblaba, un sudor frio invadía todo mi cuerpo, las sienes me latían, se me nublaba la vista. Sentado como estaba caí hacia adelante llorando como un niño pequeño.

Los sollozos no me dejaban respirar, si no moría de un infarto en esa ocasión es porque tenía un corazón a prueba de bombas.

¿Qué más podría pasar en mi casa?. La corrupción de mi familia era total. ¡!Y yo no sabía nada!!. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?. ¿Podría haberlo evitado?.

Mientras estos pensamientos golpeaban mi cabeza veía a Mila en la posición de perra, lo que ella era, ofreciendo su ano al tipo, que la golpeaba fuerte las nalgas con una extraña palmeta, que yo no había visto nunca, enrojeciendo sus caderas y su culo. A veces le golpeaba en el centro sobre el ano y Mila gemía de dolor.

Arrodillándose detrás metiendo la lengua, lamiendo el ano mientras con una mano se masturbaba con fuerza, de pronto se levanta, coloca el glande en la entrada y penetrándola de un fuerte empujón con su polla, no muy gruesa pero si larga, arrancando de Mila un ronco rugido de dolor que salía del fondo de su garganta.

Una vez dentro se queda quieto, como una estatua, arrodillado, detrás de mi querida esposa, ensartando con su miembro el culo y sujetando sus caderas, se doblo hacia atrás y exhalo un rugido como salido de ultratumba.

Se había corrido. Aguanto la primera estocada y se corrió.

La sacó de golpe, como la había metido y se dejo caer al lado de Mila que también se dejo caer boca arriba.

Cuando se repuso el hombre, se levantó, se vistió, saco la billetera de un bolsillo apartó cinco billetes de cincuenta euros y los deja en la mesita de noche.

Mila se incorpora para darle un beso, le dice algo al oído que lo hace reír y se levanta.

Desnuda como esta lo acompaña a la salida y con un beso de despedida cerró la puerta.

Mila entra en el baño de nuestro dormitorio, se sienta en el bidet y se lava. Desnuda, se dirige a la habitación de Ana.

Ana está escribiendo en su portátil. Tengo que revisarlo. Se vuelve hacia la madre que sonriendo, de pié a su lado, acaricia su cabeza y le muestra los doscientos cincuenta euros. Se ríen las dos.

Mila.- Bueno. ¿Cómo te ha ido?

Ana.- Bien, esta vez no ha sido tan bestia.

Saca de su bolsito un fajo de billetes y se lo entrega a la madre. Ella los cuenta, con cara de asombro. Se abrazan las dos.

Mila.- ¡!Quinientos euros!!. Qué bien nena, si sigues así vas a ganar más que yo. Esta tarde lo ingreso todo en la cuenta.

¡!!¿QUE?!!! ¿Ese dinero es el fruto de la prostitución de mi hija?. ¿Mi pequeña?

Y además, ¿disponen de una cuenta privada, en la que ingresan lo que ganan prostituyéndose?.

Mila es maquiavélica. Tengo que averiguar los movimientos de esa cuenta para saber desde cuándo la utilizan y cuanto dinero mueven.

Para eso puedo utilizar los contactos de Andrés en la policía, donde tienen acceso a esas informaciones.

Tengo que pedirle que sea muy discreto porque esto puede llevar a una denuncia.

Las dos se dirigen hacia el salón.

Mila.- Vamos a comer algo, que este tío me ha dejado con hambre. Jajaja.

Ana.- Yo también, que estoy con la cena de anoche.

En la cocina se preparan la comida, se sientan a comer hablando amigablemente.

Ana.- Mama, me imagino que papa no sabe nada. Lo conozco y sé que no lo toleraría.

Mila. Mira Ana, papa es un buen hombre, pero muy rígido. Tienes razón, no lo permitiría, pero por eso mismo he tenido que ocultárselo durante todo el tiempo. Y también a ti. Eras muy pequeña y tampoco lo hubieras entendido.

Ana.- ¿Desde cuándo mama?. ¿Cuándo empezó todo?.

Mila.- Yo era muy joven. Algo mayor que tu, además tú te me pareces mucho. Como te decía, cursábamos el último curso de bachillerato en un colegio de monjas, allí conocí a Marga, Carmen, Claudia y otras a quien tú no conoces. A la salida del colegio nos reuníamos tres o cuatro amigas para fumar, hablar de los muchachos y de nuestras cosas. Lo normal.

Un día, en una cafetería donde nos juntábamos, estábamos sentadas Claudia, Marga y yo, sacamos tabaco pero no teníamos fuego.

Marga, la más atrevida, se acercó a un señor que estaba sentado en una mesa cerca y que no nos quitaba ojo de encima, y le pidió fuego. Le encendió el pitillo y acercándose a su oído le dijo algo que le hizo dar un respingo. Se puso muy nerviosa, le dio las gracias y se vino con nosotras, que le preguntamos enseguida que le había dicho.

Marga tosió, por el humo o por el susto, no lo sé, pero nos dijo que aquel señor le había propuesto darle mil pesetas si se sentaba con nosotras pero frente a él, se subía la falda y se abría de piernas para ver sus bragas.

¿Y qué vas a hacer? Le pregunté yo. Y Marga, envalentonada dijo:

Pues por mil pesetas le enseño hasta el coño.

Se sentó a mi lado, frente al hombre, se subió la falda del uniforme del colegio y se abrió de piernas. Pero hizo más, se apartó la entrepierna de las bragas enseñándole el chocho. Y paseando un dedo a lo largo de la raja.

Después se bajo la falda, se levantó y se acercó al señor, que mirando hacia atrás para ver si alguien observaba, saco dinero de su cartera y se lo mostro. Pero al ir a dárselo le cogió las los manos, se las acercó, las olió, se las llevo a la boca y chupo el dedo que había paseado por su coño, las beso y le dijo algo bajito en el oído.

Cuando volvió a su asiento tenía la cara roja como un tomate, vimos que aquel señor se levanto, pagó en la barra y se fue.

Le preguntamos qué había pasado y nos enseño lo que le había dado, dos mil pesetas y una tarjeta, en la que se leía un nombre, una dirección y un teléfono. Nos dijo que el hombre le había dicho que si quería ganar mucho dinero fácilmente llamara, a cualquier hora, a ese teléfono para recibir instrucciones y que podía llevar a sus amigas.

Por dios. Que tarde es. Tengo que recoger a los niños.

En la habitación se vistió y a la carrera fue a por los niños.

Pongo en grabación las cámaras y salgo corriendo para vigilar a Mila. Llego a tiempo de verla salir con su Peugeot 205 Blanco.

La sigo en mi coche alquilado hasta el colegio, es tarde y los niños están en la portería. En el recorrido de vuelta se detiene ante un cajero del,———–realiza las operaciones para ingresar por el cajero, recoge el recibo y sigue su camino hasta casa.

Tengo otro dato. La cuenta esta en el————–. Quizás no tenga ni que pedirle el favor a Andrés, ya que creo que puedo acceder a este banco, les instalamos el sistema de seguridad y tengo acceso a su intranet.

Vuelvo a mi guarida y me pongo a ver las grabaciones realizadas en mi ausencia.

Ana recoge la mesa y se retira a su cuarto, abre el portátil y se puso a hacer sus deberes.

El ángulo de la cámara no me permitía ver la pantalla, pero si a mi niña, la que yo creía inocente y que, aleccionada por su madre, había iniciado su vida como prostituta.

Necesitaba algo fuerte, normalmente no suelo beber, me sienta mal, pero había comprado una botella brandi y me tome un buen trago.

Vestida con una camiseta ligera y las braguitas yo miraba a mi hija, sentada tecleando en su ordenador, veo que la mano izquierda estaba metida en sus bragas, movía los dedos bajo la prenda mientras sostenía el ratón con la derecha. No sé que veía pero estaba excitada, de pronto exhaló un profundo suspiro, hecho la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, la boca entreabierta, jadeando y se quedó muy quieta.

Poco después reanudaba la tarea que estaba realizando hasta que llego Mila y los niños.

Jaleo, carreras, juegos, gritos de los niños.

Meriendan-cenan y se retiran al cuarto de los pequeños. Ana los acuesta, se comporta como una madre, los arropa, les da un beso, apaga la luz y va al salón.

Ana.-¿Qué tienes esta noche mamá?

Mila.- Salgo con Marga a un club nuevo en Chueca.

Ana.- ¿Te espero o no me necesitas?.

Mila.- No, no me esperes, llegaré tarde y tú estarás cansada, acuéstate. En todo caso, si te necesito, te despierto.

Ana.- Vale pero si son viejos no me despiertes. Jajajaja

Mila.- Lo tendré en cuenta. Tú quieres bomboncitos ¿No putilla?

Ana.- Pues claro, lo que me gusta. Jajajaja.

Mila sale de casa. Dejo los equipos grabando y me dedico a seguirla.

He comprado ropa nueva, que ella no conoce, y me he agenciado un bigote, barba y peluca para no ser reconocido si me ve.

También he alquilado un coche para poder moverme con más comodidad. Mi disfraz no es aparatoso, y no se nota mucho. Además, participe en un curso de criminalística para detectives privados, relacionado con mi trabajo en seguridad electrónica y aprendí los rudimentos del “pasar desapercibido”.

Nunca imaginé que tendría que utilizar estos conocimientos y menos en una situación como esta.

El Peugeot de Mila sale del garaje y se dirige a una zona de marcha de la ciudad, consigue aparcar y yo hago lo mismo lo suficientemente cerca como para ver su coche.

Mila entra en un bar de copas y yo la sigo apartándome a un rincón en penumbra, desde donde puedo verla, se encuentra con Marga y Claudia. Abrazos, besos, se sientan en una mesa.

Es temprano y hay pocos clientes. El local está casi vacío, a excepción de las chicas y un par de mesas mas, una con dos parejas y otra con dos chicos solos. Se oye música chillout suave.

Se acerca un camarero y se pone a bromear con las chicas. Le piden las copas, Marga lo llama aparte y le dice algo al oído. El barman asiente y se marcha tras la barra. He pedido un ron cola y me siento a esperar.

Llevo una cámara con la que, disimuladamente les hago fotos.

Las tres se ríen alegremente hablando entre ellas.

En la mesa cercana, los dos muchachos jóvenes las miran y se ríen.

Uno de ellos se acerca a ellas y les habla, risas, bromas. No logro entender que dicen pero no importa.

Claudia, una mujer de bandera, casada con dos hijas de ocho y catorce años, compañera de colegio de Ana.

Se levanta, le comenta algo al oído del chaval y se marcha en dirección a los servicios.

El muchacho vuelve a su mesa se acerca al compañero y habla con él, lo empuja hacia la mesa de Mila y Marga, realiza las presentaciones y lo sienta.

Mientras el primero se dirige a los lavabos. Sospechando lo peor me levanto y me acerco también a los servicios.

No hay nadie en el de caballeros pero se oyen gemidos inconfundibles en el de señoras. Echo un vistazo y no hay nadie en los lavabos.

Los ruidos vienen de una de las cabinas.

Miro por debajo de la puerta y veo unas piernas de hombre con los pantalones bajados y unas piernas de mujer arrodillada en el suelo delante de él.

De pronto oigo un lamento y el hombre se sienta en el wáter, la mujer se levanta, se baja las bragas y se las saca por los pies.

Las piernas del muchacho están juntas alineadas con la taza y las de ella se abren colocándose a los lados de las de él. Se mueven al unísono, se oyen lamentos y golpes chocando carne con carne.

El.- Dios me corroo..

Ella.-Sigue cabrón no me vayas a dejar así. ¡! SIGUE!!

El.- ¡! AHHHHHHGGG!!

Ella.- ¡! Hijo de puta, sigue, sigue!! ¡! Vete a la mierda, me has dejado a medias!! Esto me pasa por ir con culicagaos ¡! Joder!!

He grabado el sonido de lo ocurrido, me retiro y al salir me cruzo en el pasillo con Marga, que casi tropieza conmigo, se detiene y me mira sin conocerme. Me llevo un susto, pero compruebo que el disfraz funciona.

Marga y Claudia salen de los servicios y se dirigen a su mesa.

Yo me hago el remolón y vuelvo al wáter donde se ha realizado la acción, entro y veo el tanga negro de Claudia en un rincón en el suelo, donde vi que caía al quitárselo.

Lo recojo y lo guardo. No se para que puede servirme.

Al salir observo que el chaval de wáter se acerca a su compañero, en la mesa de las chicas, forcejean, lo coge por un brazo y se van los dos.

El barman llama a Marga, se acerca a la barra, le dice algo y se va hacia las otras chicas. Habla con ellas.

Las mujeres llaman al de la barra, pagan la cuenta y se van. Las sigo.

En una calle próxima se detienen ante el coche de Marga, se suben y se van. Tengo mi coche a dos manzanas, cerca del Peugeot de Mila.

Cojo mi coche y salgo en dirección a donde supongo que van las tres mujeres. Salgo a la avenida y aunque miro en todas direcciones no consigo localizarlas.

Las he perdido.


De todos modos Mila tendrá que recoger su coche. La esperaré.

Vuelvo cerca del otro vehículo y estaciono de forma que pueda verla cuando vuelva.

Me arrellano en el asiento y me dispongo a esperar. Si deciden ir a mi casa tendré toda la información grabada cuando vuelva y aquí podre averiguar algo más sobre Mila.

Pero ¿Qué? Que más necesito saber para llegar a la conclusión de que me tengo que divorciar.

Que yo no puedo soportar esta situación sin desenmascararla y romper mi familia. Pero antes tengo que asegurarme de que los niños son míos, aunque ya lo dudo, las posibilidades son muy bajas.

Y me quedaré solo, sin mujer, sin hijos, sin vida, porque ellos lo son todo para mí.

Denunciarla a ella por prostituir a Ana, y no sé si también a los pequeños, solo serviría para que fueran a parar a una Institución.

Si demuestro que no son hijos míos y Mila está en la cárcel. Abandonados, indefensos, solos…

Dios, qué situación. ¿Qué puedo hacer? No quiero hacerles daño, pero tampoco lo puedo evitar.

Pasa como una hora y veo acercarse un vehículo. Pasa a mi lado, es el de Marga.

Ha vuelto. Se detiene a la altura del de Mila y se apean ella y un hombre de mi edad, bien vestido.

El coche de Marga se marcha.

Se suben al utilitario Mila y el otro y se dirigen, supongo, a casa.

Los sigo por si acaso pero acierto. Entran en el garaje y yo aparco y subo a mi observatorio.

Cuando ilumino las pantallas esta el tipo que vino con Mila en el salón, sentado en el sofá, hay dos copas.

Ana está acostada en su habitación y con ella esta Mila. Hablan muy bajo y no logro oírlas. Mila acaricia en la cara a Ana le da un beso y se dirige al salón donde se sienta en el sofá junto al desconocido.

Charlan de cosas intrascendentes. El tipo se llama Jesús.

Jesús.- Y tu Mila, estas casada ¿No?

Mila.- Si casada y con hijos. Por cierto están dormidos ahora, pero no se despertaran por mucho ruido que hagamos.

Jesús.- ¿Y los vecinos?

Mila.- Jajaja. Me he asegurado de que el piso con el que linda esté vacio. Se lo he comprado a una inmobiliaria. Me lo han dejado a buen precio, claro que tuve que hacerle una mamada al comercial de la inmobiliaria.

Como habrás visto solo hay dos pisos por planta, este lo compramos mi marido y yo hace diez años.

Los dos pisos pertenecían a una señora muy mayor que falleció poco después de comprarle nosotros este.

Al morir la dueña, sin descendencia, empezó una guerra de sobrinos para ver como se lo repartían. El pleito duro seis años.

Una mañana oí ruidos en el rellano, era un agente de la inmobiliaria que venía a enseñar el piso que ya estaba a la venta.

Cuando se fueron los clientes me asome a la puerta para hablar con él, no lo había vendido. Le comente que me podría interesar.

Lo invité a pasar, le ofrecí un refresco y utilice mis artes de seducción para que me lo rebajara hasta, según él, el máximo, mientras mi mano acariciaba su muslo y llegaba a cogerle la polla sobre la ropa.

En medio de la excitación, mientras le bajaba la cremallera de la bragueta y metía mi mano para cogérsela, regateaba con él.

Cuando se la saqué y empecé a mamársela se derrumbo, bajo de golpe más de diez mil euros. Era un buen precio.

Mamándosela le hice sacar el precontrato que traía preparado para la otra familia y lo firmamos sobre la marcha. Fue una buena inversión.

Y así no tengo quejas ni reclamaciones. Abajo está el garaje y arriba no vive nadie, son despachos, oficinas que están vacías. Lo tengo todo controlado.

Jesús.- ¿Y tu marido?

Mila.- Bueno eso es otra cosa. No sabe nada. Ni lo sospecha. Tengo buen cuidado de no dejar cabos sueltos, así llevo ya dieciséis años.

Jesús.- ¿Y si algún día se entera?

Mila.- Entonces ya veré que hago. Seguramente nos divorciaremos.

Tengo dinero ahorrado y no dependo de él económicamente.

Me quedaría con mis hijos y en paz. Lo conozco muy bien y sé que es una buena persona.

Jesús.- Mila, te conozco desde hace muchos años. Te he apreciado siempre, desde que te conocí con quince años y no puedo creer que no sientas nada por él. ¿Lo quieres?

Mila.-Lo quiero mucho, a mi manera, claro.

Me dolería separarme de él pero, si no puedo evitarlo….

Veras Jesús, cuando lo conocí en la universidad, me enamoré de él. Era un chico listo, guapo y pensé que con el tiempo podría convencerlo para que participara en mis correrías. Pero me equivoqué. Intenté cambiarlo pero es demasiado serio, recto, responsable, muy influido por la moral religiosa.

Un buen padre para unos hijos que quizás no sean suyos, no lo sé.

Ha sido y es un sostén emocional para mí. ¿Qué más puedo pedir?

Siempre he pensado que hay distintos tipos de hombres, no solo la apariencia física, sino por su mentalidad, su carácter, su fuerza, no solo física si no la que te empuja hacia el hombre que te atrae, la que eres incapaz de rechazar.

Estoy convencida de que se dejaría matar por mi o por los niños, pero no me satisface en la cama. Para esto necesito un golfo, un crápula que me folle como me gusta, que me domine y me haga desmayar de placer y dolor.

Y él no sabe o no puede hacerlo.

Claro que yo tampoco he insistido mucho. He dejado pasar el tiempo me he adaptado a sus cosas y el no sabe nada de las mías.

La confesión de Mila cae como una bomba sobre mí. ¿Qué más puede hacerme? ¿Es que no va a terminar nunca este suplicio?

Además ha comprado un piso sin yo saberlo.

Mila.- Bueno Jesús, después de tantos años sin vernos ha sido una casualidad que llamaras a la agencia para solicitar una acompañante y me eligieras a mí.

Jesús.- Si, pero no es casualidad. ¿Recuerdas a Aurelio?

Mila.- Siii. ¿Cómo esta? Hace tiempo que no follo con él. Jajaja

Jesús.- Esta bien, pero su mujer le ha atado corto y ya han terminado sus golferías. Fue él quien me dio la dirección de internet donde están tus fotos, en tu blog. Por eso me extraña que estés tan tranquila. Tu marido podría acceder a la página y verte. Se llevaría una sorpresa. Y no sabes cómo podría reaccionar.

Mila.- No creo, es poco probable porque es muy recto y estoy segura de que jamás ha buscado nada de sexo en internet. Por otra parte es muy sensato y no creo que pudiera hacerme daño.

Hemos hablado de mi, pero ¿Cómo te ha ido a ti en todos estos años?

Jesús- Muy bien Mila. No me he casado, terminé arquitectura y tengo una empresa de construcción que ha ido muy bien en los años de las vacas gordas y guardé para los de las vacas flacas. Ahora no tengo mucho trabajo pero puedo permitirme vivir bien algunos años sin problemas.

Mila.- Me alegro. Ya he visto que el club sacabas un buen fajo de billetes al pagar la cuenta. Pero dejémonos de cháchara y vamos a la cama. A eso has venido ¿no?

En la pantalla de la habitación de Ana veo como se levanta y se acerca a la puerta abriéndola un poco.

Al salir al pasillo Mila ve la puerta de Ana abierta.

Mila.-Ana, ¿Qué haces despierta y levantada?

Ana.- (Abriendo totalmente la puerta). Es que os he oído y he salido por si me necesitabais.

Jesús.- Vaya una preciosidad de mujercita, se parece mucho a ti Mila,

Mila.- Pues más se parece en lo golfilla que es. ¿Sabes que ya ha debutado?

Jesús.- Vaya, toda una sorpresa. Claro que conociendo a su madre no es de extrañar. Ella era la reina de las reuniones en el instituto. Allí nos follo a todos. Luego se fue a la universidad y le perdí la pista hasta hoy, que la he encontrado.

Mila.- Mira Ana, este es Jesús, un amigo muy querido desde que lo conocí, hace ya más de veinte años. Hemos follado mucho y tiene una polla magnifica. Tienes que probarla, te gustará.

Ana.- Mucho gusto Jesús.

Jesús.- El gusto va a ser mío si tú y tu madre me lo dais.

Ana.- Por mi encantada. ¿Tú qué dices mami?

Mila.- Pues que estamos perdiendo el tiempo. ¡Vamos a la cama!

Encienden las luces de la habitación. Mi habitación hasta la semana pasada. Se desnudan los tres.

Jesús se tiende en la cama de espaldas y ellas se acercan cada una por un lado, con movimientos felinos.

Me niego a ver esto. No puedo grabarlo. Es muy duro, soy una mierda por no hacer nada.

¡¡¡Estoy asistiendo a la ignominia de mi hija y no hago nada por evitarlo!!!

¿Qué puedo hacer? ¡¡ DIOOOOSSS!! Que suplicio. Y que verguenza

He apagado la pantalla, solo me llega el sonido.

Mila.- Ahora Jesús, ahora y de una vez.

Ana.- ¡¡AAAHHHH!! ¡¡ASI NO, ASI NO, ME DUELEEEE!!

Yo lloro de impotencia, soy un cobarde.

Debía haber entrado en la habitación y acabado con la vida de los dos miserables crápulas que acababan de mancillar a mi niña.

Me cubro la cara con las manos. No soporto ver sufrir a mi niña. Pero la oigo.

Ana.- ¡No más! Por favor, duele mucho…Duele…¡¡AAHHHYYYY!!

Pasan unos segundos interminables.

Ana.- Mamá, ya no duele tanto.

Jesús.- ¡¡DIOOOOSS!!,

Ana llora. Enciendo la pantalla, necesito ver que ha pasado.

Mila se enfrenta a Jesús y lo golpea con los dos puños.

La cara de Mila es la imagen de la furia. Su mirada en feroz.

No la había visto nunca así.

Mila.- ¡¡Maricon!! ¡Eres más rápido que mi marido corriéndote, vete, vete, no quiero verte nunca más! ¡¡VETEEEE!!

Jesús sorprendido y asustado por la reacción de Mila, baja la cabeza y avergonzado, busca su ropa y se viste.

Mila.- Ahhh. Pero no te irás sin pagar. Esta noche te va a costar dos mil euros. Te has llevado el himen de mi hija sin complacerla y esto lo pagas.

Jesús está muy nervioso, no sabe qué hacer, camina de un lado a otro de la habitación.

Jesús.- Mila lo siento, no he podido evitarlo, hare lo que me pidas para compensarlo.

Mila iracunda amenaza a Jesús con los puños cerrados.

Mila.- Mira gilipollas, te iba a regalar la virginidad de mi hija, a cambio de que te comportaras como un hombre con ella y has resultado peor que un adolescente.

O sea, lo que yo quería evitar, que tuviera una mala experiencia en su primera vez.

Jesús, abochornado, saca de su cartera dinero y se lo deja sobre la cama. Intenta acercarse a Ana para darle un beso pero Mila lo empuja hacia la puerta con furia. Lo acompaña hasta la salida, dándole empujones por el pasillo y cerrando con un portazo.

Regresa junto a su hija, se tiende a su lado se miran de frente y de pronto estallan en risas abrazándose y revolcándose en la cama.

Me sorprende su actitud, parecen locas las dos, ¿es un ataque de risa?, pero ¿Por qué?

Mas calmadas ya comienzan a hablar.

Mila.- Como se lo ha tragado el muy tonto, y que bien te ha salido hoy. Ha sido genial.

¿Lo has pasado bien?

Ana.- Si mama, me ha dado mucho gusto. Pero más me he divertido al ver la cara que ha puesto el panoli cuando se ha corrido y te has liado a golpes con él. Era todo un poema. Jajaja-

Y mira el premio. Jajajaja. Dos mil euros.

Ana coge el dinero y lo lanza hacia el techo dejándolo caer como una lluvia de billetes sobre sus cuerpos y se revuelcan abrazándose y besándose.

Ana.- Pero dijiste que era un gran amigo del insti, ¿No era verdad?

Mila.- Veras, este gilipollas era el hazmerreir del grupo.

En cuanto me bajaba las bragas y me veía los pelos se corría.

Dice que me follo a los quince años. Y una mierda. Lo intentó y me dejo la corrida entre los muslos. No llego a meterla.

Yo le hice creer que sí, pero no. Jajaja

Apagan la luz y se duermen abrazadas. Desnudas.

¡ERA UNA FARSA!!.

Me quedo alelado.

Estaban de acuerdo para timar al tonto, que se ha creído que ha desvirgado a mi hija y al parecer está harta de follar por todos sus agujeros.

Dos mil euros en una noche, y no sé los que podría traer Mila de antes, cuando se ha ido con las amigas.

Está vendiendo a su hija. Que quizás no sea mía, pero sí es suya.

Mi mujer y mi hija son unas guarras, putas, delincuentes, estafadoras.

¡¡ DIOSSS!!

Mesándome los cabellos, tirándome hasta quedar con mechones del poco pelo de mi cabeza entre los dedos.

Mi casa es un nido de víboras. La depravación de mi familia es inimaginable.

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