Sin título1

Imaginaros que sois un niño y que después de dejaros probar un caramelo, os lo quitan. Así me sentí con Zulia. Habiendo pasado una noche de pasión con ella y con Olvido, al día siguiente y siguiendo las normas de su pueblo, desapareció de mi vida durante un mes.
Aún recuerdo su brillante actuación durante la cita con el gobernador de Chiapas. Si bien todos sabíamos que ese político había accedido a dotar de autonomía al pueblo lacandón gracias por una parte al chantaje y por otra gracias a la mordida, también era evidente que ella debía llevarse todo el mérito. Ella había adquirido las fotos de ese tipo con su “amiguita transexual” y plantándose frente a él, le había obsequiado los negativos después de acordar un precio.
Mi papel en el hito histórico más importante de los mayas desde la conquista solo consistió en sacarme una foto y extenderle un cheque al portador de un millón de dólares aunque, en un futuro, mis descendientes estudien que gracias a mí son libres.
Ya fuera del palacio de Gobierno, pedí a Zulia que me acompañara de vuelta a la sierra lacandona pero comportándose  por primera vez como una mujer de su etnia, me miró con lágrimas en los ojos diciendo:
-Mi rey, no puedo. La próxima vez que nos veamos será en nuestra boda….
Vuelvo al poblado.
Aunque no os lo había contado gracias al dinero que ahora disponíamos, estábamos construyendo un nuevo poblado lacandón a orillas del rio Ixtac. Manteniendo las tradiciones  tanto en la estructura del pueblo como el diseño de las casas, estas iban a tener todas las comodidades actuales. Agua corriente, baños, cocina, suelos y cristales se adicionaron para facilitar la vida de mi pueblo.
Mi propia “choza” era un claro ejemplo. Manteniendo la base circular y los techos cubiertos de hojas de palma, escondía en su interior todos los avances del siglo xxi. Dotada de diversas estancias, era digna de un marajá. Nada le faltaba. Desde los más novedosos sistemas de comunicación a una amplia estancia para recibir a mis súbditos.
Particularmente estaba satisfecho con el área destinada a mi uso privado. Con tres dormitorios y el mismo número de baños, mi vida era la de un rico hacendado. Mi cuarto previendo el uso que le iba a dar, era enorme y su cama mucho más.
Ese día reconozco que estaba de un pésimo humor por tener que abandonar a la hija de Uxmal en Tuxtla y por eso quien pagó mi mala leche pero sobre todo mi calentura, fue mi antigua profesora. Ixcell, que poco a poco había asumido su papel, me recibió totalmente desnuda y con una sonrisa. Olvidando su anterior carácter altivo, cada día descubría el placer de vivir en función de mis deseos.
Desnuda y portando un collar que demostraba que no era una mujer libre sino que me pertenecía, me recibió en la puerta diciendo:
-Mi rey. Le tengo preparado el baño.
Su  sumisión me satisfizo y por eso la seguí por la casa. Nada más llegar al baño, la mujer se aproximó a mí y me empezó a desabrochar los botones sin ser capaz de mirarme a la cara. Sin dejar de valorar su entrega, llevé mi mano a uno de sus pechos. Al posar mi palma sobre su seno, disfruté de su gran tamaño. Inconscientemente, pellizqué su negro pezón. Al hacerlo, como si tuviese frío, se encogió poniéndose duro al instante.
Ixcell que siempre se había mostrado altiva, con lágrimas en los ojos, dijo sollozando:
-Lo echaba de menos.
Asumiendo que a esa zorra le gustaba ese trato, torturé sus pechos durante unos instantes antes de cogerla de la melena y levantándole su cara, depositar un suave beso en sus labios.
-En verdad, ¿Me extrañabas?
La rubia respondió abriendo su boca y dejando que mi lengua jugara con la suya. Durante un minuto, nos estuvimos besando tiernamente, tras lo cual y dando un sonoro azote en su trasero, le pedí que me terminara de desnudar. Para entonces, bajo mi pantalón, mi pene medio erecto necesitaba que lo liberaran. Ixcell, haciendo honor a su condición, me terminó de desnudar y después de hacerlo, me llevó hasta el jacuzzi.
-Puedo quedarme- respondió la mujer, al verme entrar en el agua. Al escuchar mi permiso, prosiguió diciendo: -Aunque no me  crea, le necesito. Mientras estaba fuera no he podido dormir pensando en si estaría bien cuidado.
-Eso no te importa- contesté.
La mujer asintió y entrando conmigo dentro de la bañera, comenzó a darme besos en el cuello mientras presionaba con sus pechos mi espalda. Me reconfortó sentir  sus caricias y apoyando mi cabeza sobre su pecho, dejé que continuara. Mi concubina me enjabonó la cabeza dándome un suave masaje al cuero cabelludo. Estuve a punto de quedarme dormido por sus caricias pero, antes que lo hiciera, la mujer empezó a recorrer mi pecho con sus manos. La sensualidad sin límite que me demostró al hacerlo, hizo que dándome la vuelta, metiera uno de sus pezones en mi boca y mordisqueándolo con ligereza, empezara a mamar de su seno como si de un crío me tratara.
Ixcell no pudo reprimir un sollozo cuando sintió mis dientes jugueteando con su areola. Envalentonado por su entrega, bajé mi mano hasta su entrepierna y separando los pliegues de su sexo, me concentré en su clítoris. Como el resto de su cuerpo, su botón estaba ya dispuesto y cogiéndolo entre mis dedos lo acaricié mientras miraba como su dueña se derretía ante mi ataque. Sus gemidos se hicieron aún más patentes cuando ahondando en mis maniobras, aceleré la velocidad de los movimientos de mi mano. Temblando como un flan, la rubia me confesó:
-Úseme, ¡Soy suya!
Su confesión despertó mi libido y se lo hice saber acariciando su entrepierna. Sus pezones se endurecieron en cuanto mis manos tomaron posesión de su trasero. Disfrutando de mi poder, se lo toqué diciendo:
-Mi putita tiene un buen culo.
Ixcell, entendió a la primera mis intenciones y por eso, separó las piernas para facilitar que mis dedos recorrieran la abertura de su sexo. Estos se encontraron su sexo empapado y apoderándome de su botón, la empecé a masturbar, diciéndole:
-Veo que disfrutas siendo mi sumisa.
Todo su cuerpo tembló al  oírme pero se mantuvo firme mientras su vulva era penetrada por mis dedos. El morbo de tenerla así en la bañera provocó mi pene empezara a ponerse erecto.
-Fíjate cómo me pones- dije obligándola a mirar hacia mi sexo.
Se estremeció al ver mi verga totalmente erecta y mordiéndose el labio, trató de evitar que de su garganta saliera un gemido. Mi concubina se agachó a darme un beso en mi glande pero se lo impedí ya que quería otra cosa. Agarrándola de la cintura, le obligué a ponerse encima de mí de forma lentamente fui penetrándola.
La rubia gimió al sentir como se iba llenando su cavidad y asumiendo que la tenía completamente dentro, se empezó a mover buscando el placer.
-¡Quieta!- ordené.
Sin poderlo evitar, soltó un  sollozo de disgusto. Mi antigua profesora estaba excitada y deseaba sentirme en su interior. Desilusionada, se quedó inmóvil y disfrutando al observar su completa obediencia, la premié con un pellizco en su pezón.  
-Eres una zorrita muy obediente- dije recalcando mi dominio. –Si te portas bien  quizás siembre tu útero con mi semen.
Mis palabras la excitaron hasta niveles insospechados e involuntariamente su sexo se licuó producto de su excitación. Aprovechando su entrega, separé sus nalgas con mis dos manos, acariciando su entrada trasera. Sonreí al descubrir que me había obedecido y que tal y como le había ordenado, Ixcell había mantenido su ano dilatado,  de forma que no encontré impedimento a que mi dedo se introdujera totalmente en su interior.
La arqueóloga al notar que estaba haciendo uso de sus dos agujeros no pudo reprimir un jadeo y empezó a retorcerse encima de mis piernas.
-Mi concubina está que arde- susurré- pero tiene prohibido correrse.
La rubia, tratando de complacerme y evitar su orgasmo, presionó con su pubis consiguiendo solo que se acelerara su clímax. Quizás fue entonces cuando realmente se dio cuenta que le ponía cachonda el ser mi sumisa y apretando sus músculos interiores presionó mi pene, buscando el darme placer. Al sentir sus convulsiones, me corrí dentro de ella mientras le decía obscenidades. Estas lejos de cortarla, le calentaron aún más, por lo que al sentir como la regaba con mi simiente, no consiguió evitar verse dominada por un gigantesco orgasmo.
Haciéndome el enfadado, le recriminé por haberme fallado. La rubia al escuchar mi bronca, con lágrimas en sus ojos, me pidió perdón. Tenía a mi disposición el cuerpo que me había subyugado desde que entré a la universidad y como quería volver a de él, le dije:
-Espérame en la cama y llévate crema.
La alegría que demostró al salir de la ducha, me reveló nuevamente que esa mujer había cambiado. Por eso con tranquilidad me aclaré y secándome fui a mi habitación. Al llegar Ixcell me esperaba tumbada en la cama. Fue entonces cuando pasando mi mano por su trasero, le di un azote mientras le ordenaba darse la vuelta. Incapaz de desobedecerme se tumbó boca abajo sabiendo de antemano que iba a hacer uso de su culo.
Sin pedirle permiso, separé sus nalgas para descubrir su esfínter.
-Dame la crema-, ordené a mi concubina.
Dominada por la lujuria, la rubia  se puso a cuatro patas y abriendo sus dos cachetes, me demostró su obediencia. Con mis dedos llenos de crema, acaricié su esfínter mientras ella esperaba expectante mis maniobras. Buscando que fuese placentera, introduje un dedo en su interior.
-¡Me encanta!-, gimió al sentir horadado su agujero.
No me sorprendió comprobar lo relajada que estaba y por eso metí el segundo sin dejar de moverlo. Poco a poco, su ano se fue dilatando mientras mi zorra no dejaba de disfrutar del placer que la invadía. Comprendiendo que estaba dispuesta, embadurné mi pene y posando mi glande en su entrada, fui empalándola lentamente sin que se quejara. La lentitud con la que se lo introduje, me permitió sentir cada una de las rugosidades de su ano al ser forzado por mi pene. Cuando sintió la base de mi sexo chocando con sus nalgas, pegó un grito y me rogó que la dejara acostumbrarse. Compadeciéndome de ella, hice tiempo cogiendo sus pechos entre mis manos y pellizcando sus pezones, le ordené que se masturbara.
No hizo falta que se lo repitiera dos veces, bajando su mano, empezó a acariciar su entrepierna a la par que empezaba a moverse. Moviendo sus caderas y sin sacar el intruso de sus entrañas, Ixcell fue incrementando sus movimientos hasta que ya completamente relajada, me pidió que empezara. Cuidadosamente en un principio fui sacando y metiendo mi pene de su interior mientras ella no paraba de rozar su clítoris con sus dedos. Sus suspiros se fueron convirtiendo en gemidos y los gemidos en gritos de placer al sentir que incrementaba la velocidad de mis embestidas. Al cabo de unos minutos, mi presa totalmente entregada me pedía que   acrecentara el ritmo sin dejar de exteriorizar el goce que estaba experimentando.
Al percatarme que estaba completamente dilatada y que podía forzar mis estocadas, puse mis manos en sus hombros y atrayéndola hacía mí, la penetré sin contemplaciones. Completamente dominada por el placer, mi profesora  chilló a sentir que se volvía a correr y pidiéndome perdón me dijo:
-Mi rey he vuelto a fallarle.
Me reí al comprender a que se refería y dando un azote en su trasero, le solté:
-Tendré que castigarte.
-Lo sé-contestó.
Cómo mi azote había espoleado aún más su ardor, fui alternando mis acometidas con sonoras caricias a sus nalgas. Ella berreando me rogó que siguiera y como poseída, mordió la almohada levantando aún más su trasero. La cachondez de esta muchacha no tenía límites y por eso no me sorprendió que, con su culito en pompa, me pidiera que la usara sin contemplaciones.
Accediendo a sus deseos, agarré su melena y la usé como riendas de un cabalgar desenfrenado, penetrando y sacando de su interior mi pene sin compasión mientras ella se derretía sollozando de placer. Atizando a mi montura, di una serie de palmadas en su trasero. La muchacha berreó como la yegua que era en ese momento lanzándose a un galope cuya meta era es ser regada. El tratamiento le gustó y chillando su calentura me pidió que no parara. Al oír que me respondía con un gemido cada vez que la atizaba en una nalga, mis caricias fueron creciendo en intensidad y frecuencia, hasta que con su culo totalmente colorado se desplomó sobre las sabanas mientras se corría.
Dejándome  llevar,  eyaculé rellenando su ano con mi semen, mientras ella se retorcía como una perra diciéndome que terminara. Los gemidos que brotaron de su garganta al recibir la ansiada recompensa, me obligaron a vaciarme por completo hasta que exhausto me dejé caer sobre las sabanas….
KuKulcan me visita:
A las tres noches el dios maya me volvió a visitar en sueños mientras descansaba en brazos de mis dos concubinas. Después de una jornada agotadora donde siguiendo las costumbres de mi pueblo de adopción, tuve que trabajar en las tierras de mi futuro suegro para demostrarle que, aun siendo su rey, era capaz de sustituirle en caso de enfermedad. Este uso ancestral tenía su lógica pero no por ello me resultó penoso y duro. Uxmal me tuvo desde las seis de la mañana hasta ponerse el sol detrás de un buey arando su terruño.
No debía llevar más de dos horas durmiendo cuando “la serpiente alada” se introdujo en mi mente.
Halach uinik, mi querido elegido, estoy satisfecho con tus progresos. Veo que poco a poco mis adoradores están recuperando su autoestima. Has hecho bien en mantener un perfil plano para no despertar envidias y por eso te informo que te he premiado germinando los vientres de las dos extranjeras que te sirven de distracción- me soltó con gran boato.
Tardé solo unos instantes en comprender a quien se refería pero sobre todo lo que significaba y hincando mi rodilla, le di las gracias. Fue entonces cuando elevando su voz me informó:
-De esas dos mujeres, solo te puedes quedar con la mayor. A la que llamas Olvido-Yatzin deberás entregársela a un enemigo para que sirva de puente entre ellos y nosotros.
Reconozco que la noticia no  me gustó sobre todo ahora que estaba preñada por mí y a regañadientes pregunté:
-¿En manos de quien debo ponerla?
-Conocerás a un poderoso cuyo único hijo acaba de morir  y que al ver a esa mujer, te ofrecerá aliarte con él siempre que le se la des.
Aterrado porque un desconocido criara a alguien de mi sangre, me invadió la ira y pensé en negarme pero entonces ese Dios, que me había leído el pensamiento,  me dijo:
-Te equivocas. Ese hombre no llegará a ser su padre. Morirá a los quince días del nacimiento de tu vástago, de forma que heredará su imperio y serás tú quien lo eduque. Así sumaremos a nuestro lado, las huestes del adversario.
Más tranquilo por el futuro del crío, acepté sabiendo que tendría que ser yo quien se lo contara a Olvido y cuando creía que había acabado, Kukulcan me ordenó:
-Se llamará Itzae.
Al escuchar que debía ponerle “regalo de dios”, no tuve más que admitir que era un buen nombre y por eso me despedí de él diciendo:
-Así se hará.
Ya sin la presencia del dios, me desperté. Mi sorpresa fue descubrir que a mi lado, Olvido estaba llorando. Comprendí que a esa morena también la había visitado KuKulcan y que por lo tanto ya conocía su destino. Tratando de consolar a mi concubina, la abracé. La mujer levantando su mirada, sonrió al decirme:
-Voy a ser madre.
Su respuesta me descolocó y  haciendo como no supiera nada, pregunté cómo lo sabía.
-KuKulcan me lo ha dicho y aunque me ha contado que deberás cederme por un tiempo, también me ha prometido que seré inmensamente rica.
Las palabras de la mujer me dejaron boquiabierto al informarme que era plenamente consciente de su destino y que lejos de revelarse, aceptaba de buen grado lo que esa deidad maya le tenía reservado. Tratando de averiguar la razón de semejante actitud, quise confirmar ese extremo:
-¿Qué es lo que te ha explicado?
Con todo lujo de detalles, la morena me relató  su sueño donde ese ser le había revelado que iba a ser la esposa de un magnate y que él aceptaría a ese hijo como suyo pero que a su muerte volvería a mi poder.
-¿Y eso no te apena?
Nuevamente me sorprendió al contestar con alegría:
-Por supuesto que no. Seré rica, nuestro hijo poderoso y si ya con eso no es suficiente, sé que dentro de menos de un año volveré a los brazos de mi rey….
Entrego a mi concubina.
La voluntad de KuKulcan no tardó en verse cumplida por que a la semana de conocerla, una mañana Uxmal el jefe lacandón me informó de la llegada de unos forasteros.
-¿Quiénes son?
El indígena solo pudo contestar que eran unos gringos que quería hablar sobre el arte maya que habíamos puesto en el mercado. Mi sorpresa fue rotunda porque hasta ese momento había pensado que era imposible que alguien pudiera seguir el rastro de las piezas que habíamos vendido y por eso bastante más nervioso de lo que me gustaría reconocer, me vestí para recibirlos.
Al bajar, encontré sentados a un par de gringos en mi  salón. No fue necesario ser un asiduo de los periódicos económicos para reconocer que el más viejo de los dos era William Default, un petrolero texano propietario de la mayor compañía de refinerías del mundo.
Sin saber a qué atenerme, me senté y protocolariamente pregunté que deseaban. Directamente, el sexagenario me contestó:
-Quiero comprar piezas únicas y sé que usted las tienes.
Haciéndome el extrañado, traté de negarlo pero entonces el tipo respondió:
-No hubiera recorrido tres mil kilómetros si no supiera que es usted quien está vendiendo. Le ofrezco el doble de lo que le paga el intermediario.
Todavía no estaba convencido y por eso le dije:
-Si hipotéticamente fuera yo, ¿para que las quiere?, ¡No sería legal poseerlas!
El anciano soltando una carcajada me comentó que su familia venia coleccionando arte maya desde hace dos generaciones y que gracias a un documento del propio gobierno mexicano, fechado ochenta años atrás, podía demostrar que había sido el propio estado quien se lo había vendido.
-No entiendo.
-Muy fácil. Cuando mi abuelo compró un lote de piezas mayas en el periodo de entreguerras, el funcionario de turno no detalló lo que vendía sino que certificó únicamente que el gobierno de entonces vendía un lote indeterminado de antigüedades mayas.
Asumiendo que era verdad, pregunté:
-¿Cuánto se podría gastar?
El señor Default guiñando un ojo me contestó:
-Usted por eso no se preocupe, necesito una verdadera obra maestra para el museo que llevará el nombre de mi hijo.
Comprendí entonces que era el viejales del que me había hablado KuKulcan y por eso hice llamar a mis concubinas. Al entrar casi desnudas en el salón vi como resoplaba mi invitado, el cual levantándose de su silla, se quedó mirando a Olvido con los ojos abiertos sin ser capaz de reaccionar. La morena se percató de esa reacción y dirigiéndose a él, se presentó con un beso en la mejilla. William al oler la natural fragancia de la mujer casi se desmaya y con un evidente bulto bajo su pantalón, me preguntó quién eran.
Muerto de risa, le expliqué que la rubia era Ixcell Ramirez y que la otra era su ayudante. Babeando e incapaz de disimularlo, respondió:
-¿La Doctora Ramirez es usted?
-Así es- contesté. –La mayor autoridad en arte maya.
El viejo estaba pasmado al descubrir que eran parte de mi equipo esa eminencia pero sobre todo al observar que ambas llevaban en sus cuellos sendos collares con mi nombre. Viendo su desconcierto, les ordené que nos acompañaran a la pirámide porque quería que le explicaran la importancia de nuestro hallazgo.
-Sus deseos son órdenes, amo- respondió Ixcell.
La confirmación que eran de mi propiedad hizo incrementarse más aún si cabe, la excitación del americano que no comprendía nada en absoluto. Ahondando su turbación, miré a Olvido y le comenté:
-Yaztin, mientras dure la estancia del señor Default, ocúpate que no le falte de nada.
La morena captando a la primera mi sugerencia, respondió mirando al anciano:
-Señor Default, ¿Me permite que le sirva de guía?
La cara del recién llegado reflejó su satisfacción cuando la morena le cogió del brazo pegando su cuerpo al suyo y juntos los seis fuimos a ver las ruinas. Ni que decir tiene que cuando entró en la gruta y observó por primera vez la estatua del dios, no pudo menos que admitir que era la mejor pieza de arte maya que había visto jamás y sin poderse aguantar me preguntó su precio:
-Ya hablaremos de eso después, ahora disfrute con nuestro descubrimiento.
Mi concubina reaccionando al instante, pasó su mano por el trasero del hombre mientras susurraba en su oído:
-Mi rey tiene razón, aproveche que está aquí y después ya en la casa, le juro que llegaran a un acuerdo mientras le ayudo a relajarse.
La promesa que encerraban sus palabras le hizo suspirar y dejando para luego la negociación, me rogó que le siguiera enseñando la excavación.  Su aceptación permitió a Ixcell lucirse explicando las distintas medidas del hallazgo así como la verdadera naturaleza de las distintas piezas durante dos horas, al cabo de las cuales y viendo que mi “invitado” estaba cansado, pregunté si ya tenía suficiente.
– Necesito descansar- respondió.
Al llegar a la mansión, como quería terminar de entretejer la red donde caería ese hombre, me deshice de su ayudante y le invité a pasar a mis dependencias privadas. Una vez allí, le dije:
-Señor Default, ¿Le importa que mis concubinas nos bañen mientras charlamos?
Antes de que pudiera reaccionar, Olvido le empezó a desnudar mientras Ixcell hacía lo propio conmigo. Si le quedaba alguna duda de las peculiares obligaciones de esas dos, estas desaparecieron cuando ya en pelotas y dentro del enorme jacuzzi, ordené que nos sirvieran una copa y que nos acompañaran. Inmediatamente la morena dejó caer su vestido y se acomodó junto al gringo mientras la rubia traía las bebidas.
Imaginaros la cara del pobre hombre cuando sin poder retirar los ojos de los pechos de la mujer, ella le comentó:
-Deje que yo le enjabone- tras lo cual cogiendo una esponja empezó a frotar su espalda.
Alucinando por el trato, Default gimió al sentir los pitones de Olvido clavándose contra su piel y no sabiendo cómo comportarse, me soltó:
-Agradezco su cortesía pero me temo que hace mucho que no estoy con una mujer.
El sufrimiento que mostró, me hizo comprender que temía no poder estar a la altura de semejante mujer y sabiendo de ante mano que gracias a KuKulcan, ese tipo  sería fácil presa en manos de mi concubina, respondí:
-Don William, ¿Cuánto pagaría por la estatua del dios?
El viejo zorro me contestó que unos diez millones de dólares. Su respuesta me hizo gracia porque yo no era un pazguato y era consciente que su valor era diez veces más, por eso, contesté:
-Vale al menos ciento cincuenta.
Por su expresión supe que me había pasado y forzando su avaricia, le solté:
-Le hago una propuesta. Déjese complacer por mis concubina, si ellas no logran satisfacerle, me pagará su precio pero si lo hace usted pagará el mío.  
El anciano debía estar muy seguro de que su edad y condición física, no le permitiría perder porque riendo y señalando su pene, me contestó:
-Muchacho, acabas de derrochar mucho dinero. Llevo años sin que esta mierda me regale una erección.
Lanzando un órdago imposible pero confiando en KuKulcan, me atreví a decirle:
-Hagamos otra apuesta, si mis dos zorritas consiguen que se corra tres veces, pagará el doble y si no nada.
El puñetero viejo se descojonó y dándole mi mano, cerramos el trato. Para aquel entonces, Ixcell había vuelto con el Champagne y metiéndose en la bañera, preguntó de qué nos reíamos. Olvido, que hasta entonces se había mantenido al margen, contestó:
-El amo se ha apostado con nuestro invitado a que somos capaces de provocarle tres orgasmo pero eso no es justo- la cara del americano mostró su decepción y cuando ya creía que no iba a haber apuesta, oyó que la morena decía: -Sin tu ayuda, soy capaz de conseguirlo.
Willian Default firmó su sentencia al contestar mirándome:
-Si lo que dice esta jovencita es verdad. Pago el triple.
Tronchándome de risa por la desfachatez de la mujer, acepté y llamando a mi lado a mi otra concubina, nos quedamos mirando mientras Olvido empezaba. Directamente, la muy bruja se puso sobre las piernas del vejestorio y mientras le daba un beso en la mejilla, susurró en su oído:
-Le aviso que ha perdido su apuesta y que estaré encantada en que lo haga porque desde que mi dueño me pidió que le cuidara estoy deseando ser suya.
La sorpresa se reflejó en el rostro del americano porque como por arte de magia su aparato adquirió una dimensiones que no recordaba. La morena al sentir la presión de su pene, se rio diciendo:
-Creo que a partir de esta noche, me tendrá en exclusiva.
Tal y como había anticipado, la chavala acomodó el glande del americano entre los labios de su sexo y con un pequeño movimiento de caderas, comenzó a empalarse:
-Dios, ¡Qué grande es!- gimió satisfecha al sentir la presión del miembro abriéndose camino por su vagina.
Ixcell al observar que Olvido estaba disfrutando no quiso ser menos y comportándose como una puta, se sentó encima de mí y llevó mis manos hasta sus pechos. No pude evitar al encontrarme con los enormes pezones de la mujer que mis dedos tomando posesión diesen sendos pellizcos a sus aureolas, mientras seguía observando al viejo. Este no cabía de gozo al ver que se le había despertado el monstruo que llevaba tanto tiempo dormido y ya sin ninguna cortapisa le cogió el culo y empezó a follársela.
Olvido al sentir que el americano empezaba a reaccionar, se retorció de gusto pensando en su futura riqueza y pegando su sexo contra la entrepierna de su víctima, buscó cumplir con el primer plazo de su promesa.  Default al notar la cabeza de su polla chocando contra la pared de la vagina de la joven, se volvió loco y hundiendo la cara entre sus pechos empezó a disfrutar de los negros pezones que tenía a su disposición.
La rubia giró la cara para observar lo que hacía la pareja y viendo que su antigua alumna tenía la situación controlada, me pidió permiso para empalarse. Lo que no se esperaba fue que le contestara:
-Quiero que mires y aprendas lo que hace una buena puta porque a partir de hoy estarás sola.
Haciendo un mohín de disgusto se bajó de mis rodillas y prestó atención a las maniobras de la otra.  Reconozco que a mí también me interesaba ver de qué herramientas se iba a valer mi concubina para cumplir los deseos del dios. La morena consciente de que la estábamos mirando, aceleró la velocidad con la que el miembro del tipo tomaba posesión de su sexo, diciendo:
-Don William demuestre a mi amo que usted es tan hombre como él.
El gringo azuzado por la mujer, no lo dudó y de un solo empellón, le incrustó toda su extensión. Olvido al sentir que su víctima estaba a punto de eyacular, gritó como si la estuvieran matando. El tipo  intimidado por sus chillidos quiso para pero entonces la muchacha incrementando su autoestima le pidió que no parara porque nunca había disfrutado tanto.
La exagerada actuación de mi sumisa me excitó y pidiendo a Ixcell que se pusiera de rodillas en la bañera, abrí sus nalgas y con urgencia coloqué mi pene en su ojete, mientras le decía:
-Me encanta tu culo.
Los ojos de William parecieron que se le iban a salir de sus orbitas cuando tomando impulso, forcé el trasero de la rubia. Esta al notar que se desgarraba por dentro, chilló como una loca pero no hizo ningún intento de retirarse y por eso tras unos instantes, comencé a cabalgarla sin contemplaciones.
Olvido, viendo que el viejo no había perdido detalle de como su amo acababa de violar el culo de la otra, incrementó su ritmo diciendo:
-Si le gusta el sexo anal, mi culo será también suyo.
Su afirmación venció todos los reparos del hombre, el cual pegando un gemido se corrió dentro de ella. La morena deseosa de no fallarme, exprimió el sexo del americano hasta que ya no salió gota y solo cuando comprendió que debía dejarle descansar, se bajó de encima suyo y dandole un cariñoso beso, le preguntó si le rellenaba la copa.
-Sí, cariño- contestó el aludido sin mirarla.
La escena con la que le estábamos regalando le tenía absorto  y por eso tuvo la morena que quejarse de que no le hacía caso diciendo:
-Esa puta no sabe hacer disfrutar a un hombre- y recalcando sus palabras con hechos cogió su cipote entre las manos.
Era tanta la concentración con la que el anciano disfrutaba del modo que cabalgaba a mi yegua que no se percató que su miembro se había levantado por segunda vez. Su sorpresa fue total cuando muerta de risa, mi sumisa le soltó:
-Futuro amo, esta zorra quiere saber que desea. ¿Prefiere mi boca o mi trasero?
Adoptando por primera vez el papel de dominante, Defualt  contestó con un berrido:
-Tu boca, ¡Puta!
La muchacha le regaló una sonrisa mientras agachaba su cabeza entre las piernas del viejo. Willian Default no se podía creer lo que estaba viviendo y por eso cuando la chavala abrió sus labios y comenzó a besar su verga, pensó que no podía permitir que esa belleza se le escapara y por eso bramó diciendo:
-José. Me da igual la puñetera apuesta. Te compro a esta mujer.
Haciéndome el duro respondí:
-No está en venta- y para reafirmar mi posición, pegué un azote a la rubia mientras le decía: -Por mil dólares, le vendo esta.
Ixcell temiendo ser objeto de una transacción, chilló:
-¡Nuestro dios me entregó a usted!
Su protesta cayó en saco roto y mientras le soltaba una serie de mandobles en sus nalgas a modo de castigo, rectifiqué:
-Es más se la regalo gratis.
Mi antigua profesora lloró por el maltrato pero no hizo ningún intento de separarse. Durante unos segundos, el anciano dudó pero justo cuando mayores eran sus dudas, Olvido se introdujo su miembro hasta el fondo de la garganta. La perfección de la mamada que estaba disfrutando, le hizo decidirse y sin pensarlo dos veces mientras eyaculaba por segunda vez, contestó:
-Gracias pero yo quiero a esta. Le pago diez millones.
-De acuerdo- respondí- pero la apuesta sigue en pie.
Tras lo cual, sabiendo que había conseguido mi objetivo, salí de la bañera y llamando a la que a partir de ese momento era mi única sumisa, le pedí que me acompañara y los dejamos solos.
Ya en mi cuarto y sin la presencia del americano, Ixcell se rio diciendo:
-Amo, por un momento creí que iba en serio cuando dijo que me vendía.
Fue entonces cuando cogiendo una fusta, le contesté:
-Iba a hacerlo pero eres tan mala puta: ¡Que no te quieren ni regalada!
 

 

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