De otra etnia

Sin títuloUn vestido muy especial, sin duda, con una muy corta, falda de vuelo, salen de la cintura hacia arriba dos bandas de tela en forma de triangulo, cuyo vértice superior se prolonga convirtiéndose en una simple cinta que se anuda en la parte trasera del cuello, para unirse por la espalda de nuevo a la falda, pero casi al principio del coxis. Todo ello conformando lo que se denomina escote en V, pero en una enorme V que parte casi diez centímetros debajo del ombligo, y con brazos tan abiertos que, si ya normalmente dejan ver gran parte de los senos, si se ahuecan a cualquier movimiento, dejan ver no solo parte, sino el pecho entero.

Aquella noche lo estrenaba para ir a una discoteca que no conocía y de la que me habían mandado una invitación. Me lo puse, a pesar de que iría sin pareja, lo cual no dejaba de ser casi una locura puesto que el vestido era tremendamente atrevido, aunque me hacía ver realmente espectacular, y esa impresión se confirmó desde el momento mismo en el que hice mi entrada en el local, puesto que las miradas de todos los hombres se volvieron hacia mi. Busqué con la mirada una mesa libre, y la había, casi al fondo de la sala y a solo dos filas de la pista, aunque al mismo borde del pasillo que daba acceso a ella, lo cual me situaba plenamente a la vista.

Sentarme y llenarse la zona de tíos solos fue todo uno, todos esperando una mirada mía, una invitación con los ojos, para acercarse. Ignoré a todos los mirones que, no por ello se alejaban de mi mesa; su espectáculo ya no estaba en la pista de baile, sino en mi cuerpo, todos se habían dado cuenta de las posibilidades y esperaban a que cualquier movimiento mío hiciese aparecer mi pecho desnudo para deleite de sus ojos. Así fue en efecto, al inclinarme hacia la mesa para tomar un cigarrillo, lo que esperaban se produjo, mi escote se abrió por completo mis pechos saltaron a la vista de todos y, al momento, tenía una docena larga de encendedores ofreciéndose para prender mi cigarrillo, mas aún, para ver mis tetas mucho mas de cerca y, al mismo tiempo hacerme un montón de proposiciones de copas y de bailes. No era aún el momento, así que los rechacé a todos, aunque los mas porfiados se quedaron cerca rondando a la que creían su presa.

Bebí mi copa tranquilamente ignorando las miradas hambrientas, fumé un par de cigarrillos con toda calma, mientras recorría con los ojos mi parte del local, antes de decidirme a salir sobre la pista de baile, seguida por la corte de mirones, la mayor parte de los cuales se quedaron al borde de la pista y algunos otros comenzaron a bailar solos, tratando de aproximarse a mi e invitarme a bailar con ellos. Respondí a alguno, siempre bailando suelta, sintiendo sobre mi las miradas quemantes de cuantos nos rodeaban, cada vez que uno de mis pechos, o ambos hacían su aparición; en un momento dado, el mas atrevido de todos ellos me tomó de la cintura, no me rebelé y dejé que juntos iniciáramos un baile cada vez mas cercano, mas lento y mas pegado, sintiendo las manos de mi pareja iban descendiendo por mi espalda hasta llegar al borde del vestido, hasta atreverse a meter las manos bajo él y llegar hasta mis nalgas cubiertas solo por una pequeña tanga. Hasta ese punto le había dejado llegar, era el momento de interrumpir el baile y regresar a mi mesa. A él no le quedaba mas remedio que aceptarlo, y a mi aceptar su invitación a beber una nueva copa, que vino acompañada por una de sus manos abriendo mi escote para llegar hasta mis pechos y acariciarlos. Pretendía que yo llevara mis manos hasta su pantalón y las posara sobre la notoria “tienda de campaña” que se había formado bajo ellos; trataba de trepar con sus manos por mis muslos, de levantar con sus dedo el borde de mi tanga, de llegar con ellos hasta mi sexo que a esas alturas, era cierto, estaba ya bastante babeante, y por ello no le detuve con mis manos cuando llegó a su objetivo, cuando sus dedos abrieron mi vagina y me penetraron, sabía lo que hacer y lo hacía bien, en unos pocos minutos ya me había llevado al borde del orgasmo, y fue lo que tuve en cuanto me senté a caballo sobre sus piernas, mas directamente sobre su polla que admití en mi vagina y tener el orgasmo deseado nada mas sentirla en mi interior. El no había tenido el suyo y trató de continuar para lograrlo, pero allí recuperé mi sangre fría y corté la situación a pesar de que él ya estaba bastante “entusiasmado” y a punto de correrse en mi interior en el momento del parón, de modo que no le sentó nada bien y se levantó enfadado, no sin antes dedicarme algunas expresiones poco amables.

Pasó un rato hasta que me di cuenta de que, en la barra mas cercana, había aparecido un grupo numeroso, en el que destacaban dos personas muy distintas. Todos eran Selenitas, utilizo este término para no especificar ninguna etnia conocida, se veía de lejos, y una de esas personas mas notorias era, desde luego el mas anciano, el que debía ser el cacique o jefe de la tribu, un viejo arrugado, de gesto torvo y con una cara de mala persona impresionante. El otro, por contraste, era sin duda un hombre interesante, de treinta a cuarenta años, impecablemente vestido de blanco, rasgos finos y pelo muy negro atado formando una cola de caballo, alto, un autentico tipazo y además guapísimo.

No tardaron en apercibirse de mi presencia y todos se volvieron para mirarme, para después comentar entre ellos sobre lo que veían. Se agruparon todos en torno al viejo patriarca, que sin dejar de mirarme fijamente parecía darles instrucciones sobre algún tema; bebían y reían agrupados, si bien algunos elementos del grupo se iban disgregando. Vi como algunos se dirigían hacia la puerta saliendo del local, otros tomaban nuevas copas o se acercaban a mujeres que se veían solas, para invitarlas a bailar, solo permanecía en la barra el mas viejo de todos, con un par mas que podrían ser sus guardaespaldas, dado su pinta de matones.

Había perdido el interés por ellos cuando una sombra se proyectó sobre mi mesa y una voz agradable, viniendo de detrás de mi, me saludó con un “hola belleza”. Me volví sorprendida para encontrarme con el hombre de blanco, que exhibía una sonrisa que le hacía parecer mas guapo aún, y bastante mas joven de lo que me había parecido desde lejos. Me dijo que le gustaría conocerme, hablar conmigo, y preguntó si le permitiría sentarse e invitarme a tomar una copa de champagne, cosa que pareció llenarle de satisfacción cuando acepté, y me sorprendió de nuevo con su educación, forma de hablar y tono de su voz, sobre todo cuando inició la conversación hablándome de mi País, cuando supo que soy irlandesa; lo conocía por haber pasado en el largas temporadas, y metidos en esa conversación, no me di cuenta de que habíamos vaciado la botella y un camarero nos servía otra. Tampoco le había prestado mucha atención a mi vestido, y menos a mi escote que, ahora me di cuenta, lucía abierto al máximo, y mis pechos totalmente descubiertos. Pensé en cerrarlo, pero sus manos me lo impidieron con suavidad cuando traté de hacerlo, aprovechando para hacerme una caricia sobre ellos. Sus manos eran cálidas, agradables al tacto y era un experto en hacerte sentir, porque en pocos momentos me sentí totalmente excitada, mas todavía cuando aproximó su cara a la mía para darme un beso impresionante. Le abracé como si de un salvavidas se tratase y me estuviera ahogando, le sentía en todo mi cuerpo mientras mis brazos rodeaban su cuello y me pegaba a él, sentí el calor y la musculatura de su pecho al aplastarlo contra el mío, sus manos subiéndome la falda, tropezando con el hilo de mi tanga, haciéndolo a un lado para buscar mi vagina y mi ano con sus dedos expertos. Como en medio de un sueño sentí que algo extraño sucedía en torno nuestro, y así era en efecto, otra mano subía por mis muslos y él solo tenía dos; abrí los ojos volviendo a la realidad y allí estaba, uno de sus amigos, le había visto formando parte de su grupo, se había sentado a nuestra mesa y con todo descaro me estaba acariciando hasta que aparté su mano con disgusto y tiré del hombre de blanco para llevarlo hasta la pista de baile y separarnos del otro que reía a grandes carcajadas. En la pista me hablaba para tranquilizarme, excusó a su amigo alegando que estaba bebido, me abrazaba con fuerza y, sin dejar de bailar, se colocó a mi espalda para abrir totalmente con sus manos el escote de mi vestido y agarrar mis pechos con ellas, las apretaba, pellizcaba mis pezones que se habían vuelto duros como piedras. Yo me sentía como en una nube, de la cual me hizo bajar la presión de otro cuerpo sobre el mío, el mono rijoso que había venido a nuestra mesa y ahora que su amigo me tenía agarrada por la espalda, aprovechaba con toda su cara para abrir mi escote por entero y subirme la falda hasta la cintura; reaccioné propinándole un furioso empujón con mis manos, al tiempo que trataba de volverme hacia mi pareja de baile; lo conseguí, para encontrarme que su boca se pegaba a la mía y su lengua la penetraba, me abrazaba con fuerza sin dejar por ello de besarme. Estábamos en medio de la pista y en absoluto se cortaba en lo que hacía, y ahora sentí como sus manos hacían algo detrás de mi cuello, no caí en ello hasta darme cuenta de que, lo que había hecho era desatarme la lazada de la cinta que sostenía mi vestido; no había realmente peligro de que se viera nada, en la medida de que mi pecho estaba apretado contra el suyo, era cuestión tan solo de no separarme, cosa en la cual tampoco él parecía tener mucho interés, ya que sus besos eran cada vez mas apasionados. Inmersa en esa euforia, tampoco me di cuenta de que otra vez el rijoso se había pegado a mi, esta vez a mi espalda, y que con una navaja había cortado las cintas de mi tanga y me la quitaba, tan solo lo noté cuando sentí unos dedos que separaban mis nalgas y los labios de mi sexo, cuando algo grueso presionaba sobre ellos abriéndolos, cuando sin poder evitarlo por la tenaza con la que me tenía sujeta el hombre de blanco, la verga del rijoso me penetró de un golpe. Grité y me debatí, pero era inútil, el ruido de la música elevado al máximo impedía que mi voz se oyera. Tampoco nadie podía verme, en torno nuestro había formado un apretado circulo el grupo entero de Selenitas que reían y jaleaban a sus amigos mientras uno de ellos me mantenía en vilo y el otro con su polla bombeaba en mi interior hasta correrse, siendo lo mas extraño y salvaje que pasados los primeros minutos de sentirme violada, mis sentimientos cambiaron, de alguna manera y siendo la situación tan extraordinariamente morbosa, me empezaba a sentir cada vez mas excitada; el de blanco continuaba besándome con pasión, jugaba con mis tetas, me acariciaba sin parar, mientras su compañero estaba aferrado con sus manos a mis caderas y con su polla entrando y saliendo a gran velocidad en mi vagina, y cuando el que me estaba penetrando se corrió dentro de mi, me fue imposible contener el brutal orgasmo que me sobrevino.

Entre aplausos y vítores por su hazaña, deshicieron el circulo que había en torno nuestro y entonces me di cuenta de que el local estaba totalmente vacío, a excepción del grupo de Selenitas y yo. No se como habían hecho para echar a todo el mundo, pero así era, todo lo habían dispuesto para disfrutar ellos solos y a tope, por lo que me imaginaba seguiría, y así era, en efecto, pues entre varios me llevaron hasta un sofá en el que me acostaron y mantuvieron mientras veía como el hombre de blanco se desnudaba; yo ya lo estaba, de modo que al momento sentí como separaban mis piernas mientras el hombre metía su cabeza entre ellas para llegar con su boca hasta mi sexo comenzando a lamerlo y buscando mi clítoris con la lengua. Lo encontró, que duda cabe, y con sus lametones yo me iba excitando por momentos, había olvidado el lugar y la gente que nos rodeaba, solo sentía cada vez con mas fuerza, que mi cuerpo me ardía, que se me contraía en espasmos violentos, en un brutal orgasmo que me dejó sin fuerzas, aunque para él no fue lo mismo puesto que sentí como su boca me abandonaba, que su cuerpo entero se pegaba al mío y que su verga implacable se clavaba en mi, me penetraba hasta lo mas profundo y yo respondía avanzando mis caderas hacia él, siguiendo el compás que me marcaba, queriendo devorarle con mi sexo para conseguir que nunca terminase. Una vez, dos, tres, no se la cantidad de orgasmo que pude sentir ni los que él tuvo, su semen rebosaba de mi, el sofá estaba empapado, como lo estábamos ambos y a tenor de lo que veía y sentía, los dos teníamos ganas de mas, aunque a él le costó un poco mas trabajo poder continuar, ahora era yo la que había atrapado su polla con mi boca y la hacía entrar literalmente hasta mi garganta, lamí sus testículos, la cabeza y todo el tronco de aquella verga que me encantaba cada vez mas, y pronto me di cuenta de que en muy poco tiempo estaría dispuesta para entrar de nuevo en acción. Al momento sus manos levantaron mis piernas, haciendo reposar mis talones sobre sus hombros, y en aquella postura comenzó a presionar mi esfínter que, empapado como el resto de mi, le permitía la entrada sin ningún esfuerzo y hasta hacerme sentir que estaba llena de él.

Tampoco sus amigos estaban inactivos, varios de ellos acercaban sus vergas desnudas a mi cara tratando de meterlas en mi boca, cogí dos sin saber a quienes pertenecían, y alternativamente las iba chupando al tiempo que les masturbaba con mis manos. Sabía que no debía hacerlo, que con ello todos querrían follarme y aquello se iba a convertir en una enorme orgía, mas todavía de lo que ya era, y sin embargo, acariciaba y lamía con ansias aquellas dos vergas que tenía en mis manos, hasta hacer que casi al mismo tiempo se corrieran descargando su semen, uno sobre mi cuerpo y el otro dentro de mi boca que lo tragó sin perder una gota. Los dos se retiraron, como también el que me había follado y, de inmediato otros ocuparon sus lugares, siguiendo sin parar hasta un rato después, en el que aparecieron unas cuantas chicas, con lo que dejé de ser la única mujer y pude descansar un rato.

Me había quedado medio adormilada sobre un sofá, cuando me despertaron para continuar la fiesta, y la persona encargada de hacerlo fue una de las chicas que habían llegado. Lo hizo a su manera, porque lo que realmente me hizo recobrar la consciencia, fue precisamente el sentir que estaba a punto de perderla, con un nuevo orgasmo  provocado esta vez por el juego de su lengua en mi clítoris, y sus dedos entrando y saliendo en mi vagina.

Todo el local se había convertido en una monumental orgía, ya nadie debía saber con quien o a quien follaba, cuando alguien a gritos pidió silencio y habló desde el centro de la pista para proponer mas morbo aún del que ya había. Decidió que seríamos las mujeres las que elegiríamos pareja entre los hombres, y tendríamos que llevar la iniciativa para hacer con él lo que cada una quisiera, sin límites de acción o tiempo. A su señal comenzó el juego y yo elegí al mas bello, aquel que había llegado vestido totalmente de blanco y dado origen a que me violara el primero. Aquel hombre tendría que pagar y penar por todo lo que estaba pasando aquella noche, y para ello tendría que utilizar las mismas armas que ellos habían utilizado contra mi, el sexo, pero llevándolo a extremos que ellos ni siquiera habían soñado.

Pedí habilitaran con almohadones, una especie de cama en el centro de la pista, que se vistiera con su traje blanco y me devolvieran el vestido que tiempo atrás habían hecho desaparecer. Vestida, maquillada de nuevo, con los cordones que cierran el vestido casi sueltos, haciendo que aún el leve peso de la tela abriese un enorme escote, por el que a cada movimiento aparecían mis tetas volviéndose a ocultar a mi capricho comencé a bailar alrededor de la cama improvisada que ocupaba el centro de la pista. Mis movimientos, cada vez mas sensuales, eran acompañados por las caricias de mis manos sobre mi cuerpo y, poco a poco, estaba consiguiendo que se hiciera un silencio general, solo se oía la música, y todas las miradas estuviesen pendientes de mis movimientos. Así fui recorriendo el circulo formado, me detuve ante todos y cada uno de los presentes, hombres o mujeres; cada uno de ellos recibió sus caricias, un beso, una caricia sobre su cara, su pecho o su pantalón a la altura de la bragueta. A otros, atraía sus manos hasta llevarlas a mis pechos abriendo mi escote. Todos participaron, todos menos el hombre de blanco, al cual simulé ignorar por completo, al tiempo que se hacía mas denso el ambiente.

Di el paso siguiente, sin cesar de bailar me fui quitando la braga lentamente, y dejándola caer al suelo, continué acercándome a cada uno de los machos expectantes, tomaba sus manos para posarlas sobre mi sexo, les incitaba a que me acariciasen, a que con sus dedos me penetrasen, pero evitando la brusquedad y la violencia.

Al fin me dirigí al hombre de blanco que intentó decir algo, no sé qué, puesto que le tapé la boca con mi mano. Con toda calma le fui desnudando completamente, le conduje a la cama improvisada en el centro de la pista, e hice que se tumbara en ella boca arriba.

Me dirigí entonces a una de las mujeres, la mas llamativa y espectacular de entre ellas, y tomándola por la mano la conduje a la cama. La desnudé completamente e hice que se sentara sobre el cuerpo del hombre, sobre su verga erguida, que debió estar enorme, viendo la cara de dolor que puso la chica, aunque tampoco debió ser demasiado, porque enseguida comenzaron los dos a moverse como poseídos. Había llegado el momento de animar las cosas, así que hice que, entre varios de ellos me desnudaran y me sentaran sobre la cara del hombre de blanco, estableciendo el contacto de su boca con mi sexo que, de inmediato, comenzó a lamer y tratar de penetrarme con su lengua. No me dediqué a él, sin embargo, sino a la chica que tenía empalada; tomé sus senos con mis manos y los llevé a mi boca, lamí y mordisqueé sus pezones, besé sus labios y penetré su boca con mi lengua, con lo que ella se volvía loca al contacto mío y de la verga que no cesaba de bombear dentro de ella.

También yo me estaba volviendo loca, la lengua del hombre de blanco no había cesado ni un segundo de lamer mi clítoris, mi sexo chorreaba y de pronto me sentí totalmente empapada, chorreando jugos vaginales mientras me retorcía sobre él al sentir la llegada de un fortísimo orgasmo que nos atrapó a los tres al mismo tiempo.

El juego o la batalla no había terminado por mi parte, aun que tardé unos minutos en recuperar las fuerzas, mientras que el hombre y la mujer parecían haberse quedado secos, por lo que modifiqué mi postura y me volqué sobre él para tomar su sexo con mi boca y hacerlo penetrar hasta lo mas profundo de mi garganta al tiempo que con las manos le masturbaba y mordisqueaba sus testículos. A los pocos minutos, su verga había recuperado toda su dureza, había llegado el momento nuevamente de cambiar de postura, y esta vez fue mi ano el que coloqué sobre su polla; me dejé caer bruscamente sobre ella quedándome sentada literalmente sobre sus huevos y el efecto fue impresionante porque no pudo hacer el menor intento para contenerse y nuevamente su semen desbordó de mi cuerpo.

Hice señal a varios de los hombres que rodeaban la cama, todos estaban desnudos y cada uno se masturbaba o masturbaba al hombre o la mujer que tenía mas cerca. Su primera intención fue la de meterme sus pollas en la boca, pero fueron mis manos las que las tomaron, las que comenzaron a masturbar a varios, las que dirigieron sus pollas hacia la boca del hombre que había estado vestido de blanco, las que hicieron que varios se corrieran sobre él, la que hice que uno de ellos viniera sobre mi y me penetrara acostada sobre el ex hombre de blanco, la que recibió el semen de aquel hombre para, a continuación, dejarlo caer de mi vagina sobre la boca abierta y jadeante de ese hombre de blanco, para después hacer que entre varios de sus compañeros le pusieran en la cama boca abajo y uno detrás de otro le sodomizaran durante horas, mientras yo follaba con todos y cada uno de los presentes, hombres y mujeres.

  • : Una violación pública se convierte en una soberbia orgía