El alegato del pápa Diego. Nota de la autora: Quedaría muy agradecida con sus comentarios y opiniones, que siguen siendo muy importantes para mí. Pueden usar mi correo: Gracias a todos mis lectores, y prometo contestar a todos. Cristo se arrellanó en uno de los bancos del grandioso hall del Lincoln Center. Aún quedaba un buen rato para que Faely saliera de su clase. Habían quedado para almorzar y charlar. Bueno, en el caso de Cristo, escuchar la diatriba de su tía con respecto a Zara. A cada día que pasaba, era más y más evidente que Faely estaba obsesionada con la relación que su hija mantenía con su dueña; estado al que aún no había conseguido bautizar con éxito (es difícil encontrar un caso parecido en la historia, así que los nombres como Edipo o Electra, pos como que no sirven). Tal estado había comenzado con una natural envidia,…
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