Archives for grandes series

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Relato erótico: “Destructo: Dos rosas con demasiadas espinas” (POR VIERI32)

I. 4 de junio de 1260 El sol del mediodía caldeaba un silencioso pueblo a orillas del río Damietta. A simple vista, al-Akhmiyyin distaba del tamaño, la majestuosidad, nivel de comercio y ajetreo de El Cairo, pero ofrecía alimentos y descanso para los viajeros fatigados, lo que lo convertía en un auténtico oasis en medio de las severas condiciones del desierto; un lugar en donde beber agua dulce se asemejaba a recibir una bendición, y en donde probar de una jugosa fruta se convertía en una experiencia valedora de miles de monedas de oro.    La reciente declaración de guerra del Sultanato mameluco al Imperio mongol se había extendido paulatinamente y las órdenes para los guardias estaban más que claras: ni  los mongoles ni los cristianos eran bienvenidos. Solo les depararía la muerte si osaban pisar las sagradas tierras musulmanas. —Tártaros, cristianos y saqueadores —se quejó un guardia conforme cabalgaba…
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Relato erótico: “Destructo: La perla del Nilo” (POR VIERI32)

I. 2 de junio de 1260   Los mongoles somos los lobos en un mundo repleto de presas; nacemos guerreros y en el fragor de la batalla encontramos nuestro hogar natural. Me lo enseñaron desde que era pequeño, en Suurin, un extenso valle estriado de ríos y rodeado de cerros. Pero con el paso del tiempo aprendí a detestar las batallas porque la muerte acecha y susurra sus secretos en cada sablazo, en cada gota de sangre salpicada sobre la hierba y en cada grito. Armenia, Cilicia, Bagdad; con el ejército del Kan del Ilkanato de Persia recorrí medio mundo para estamparme contra esta realidad una y otra vez. Mi nombre es Sarangerel, y aprendí a aborrecer cada guerra porque mientras más cerca esté de morir, más lejos estoy de reencontrarme con mi hijo, hoy la única razón de mi existencia. Miro mis manos, estas viejas y encallecidas manos sosteniendo…
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Relato erótico: “No hay jinetes, solo caballos (1)” (POR BUENBATO)

Las olas de la corriente golpeaban constantemente el casco del barco mientras los peces huían del paso de la nave, de manera que Camila no se aburría tanto en su búsqueda de avistar un caimán. A sus diecisiete años el mundo le seguía pareciendo muy reciente y tanto la selva como los caimanes le eran una novedad. Había perdido a su madre en un incendio que casi la mata a ella también y, a pesar de su aparente tranquilidad, ardía de desolación como el mismo fuego de su desgracia. El viaje en aquel barco era el último paso para reunirse con su padre después de dos años de no verlo; viajar por el rio hasta la ciudad a través del rio, sin embargo, tomaría aun tres días. No iba sola, por supuesto, la acompañaban el hermano de su padre, su tío Amador, y Matilde, una joven criada de dieciocho años…
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Relato erótico: “Mis yeguas y yo. Con Sara, hasta el cielo.” (POR CABALLEROCAPAGRIS)

Sarita estaba deliciosa. Consciente de que era para mí, que ella lo consentía con aparente buen agrado y de que tendríamos unas tres horas de tranquila intimidad, mi felicidad era un hecho irrefutado. El mundo daba vueltas al compás de la más bella música que jamás habrá escuchado el ser humano. La luz rojiza del atardecer de finales de septiembre, daba a su habitación un halo de intimidad serena y atemporal. Además de dejar pasar el color rojizo de la verdad caduciforme, la ventana situada sobre su escritorio dejaba ver un hermoso cuadro de castaños, naranjos y baja arboleda del parque que había justo enfrente. -        Siempre me ha encantado la vista de tu habitación. Se limitó a sonreír. Parecía nerviosa. Tengo que reconocer que, en el fondo, yo también lo estaba. Pero mi decisión era únicamente la de saborear el momento. Y el momento era el de la vida…
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Relatos eróticos: “Mis yeguas y yo. Apuntando a Sarita” (POR CABALLEROCAPAGRIS)

Pasé un tiempo acariciando a mis dos flamantes yeguas. Manoli me daba buen sexo, con carácter y dedicación. No quedábamos muchas veces y manteníamos con recelo nuestros secretos encuentros. Ella buscaba gustarme, no me era muy difícil darme cuenta de ello. Eso me hacía sentir a gusto y generoso con aquella hembra. Al fin de cuentas, las pocas veces que quedábamos, nos entregábamos con dedicación. Mi madre me daba amor. Esa era la palabra, amor. Cuando acudía a sus brazos me recibía con el alma abierta y me entregaba su dulce y maduro cuerpo. Lo hacía con naturalidad y nunca me dejaba indiferente. Sus amplios senos llenaban mi paladar y mi tacto de gloria. Su forma de subirse encima me dejaba agarrado al abismo, haciendo fuerzas por no correrme, Pocas veces tomaba la iniciativa con ella. Pero poco a poco fui entendiendo como imponerme a ella. Con mamá todo era…
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Relato erótico: “Mis yeguas y yo. Madre no hay más que una.” (POR CABALLEROCAPAGRIS)

Lo reconozco, tengo un problema con la bebida. Con la bebida y con Chopin. El alcohol porque me ha hecho follar más que un sí quiero, Chopin porque me relaja antes y después de casi todo. Nos hicimos amantes casuales. La casa de mis padres sirvió de cuartel general; y las prendas de mi madre se acabaron convirtiendo en el testigo tangible de una fantasía que acabó siendo enfermiza. La puerca de Manoli me acabó empujando a un abismo del que no quise saber demasiado en el pasado; y al que solo me asomaba en los sueños secretos de alguna paja mal parida. Ella se me adelantó. Tardé en atreverme en nombrar a su hija, aunque a veces me mordiera la lengua. Pero ella empezó a nombrarme a mi madre bastante a menudo. Se pensó que era mi gran fantasía secreta, y su insistencia acabó consiguiendo que lo fuera. Muchos…
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Relato erótico: “Mis yeguas y yo” (POR CABALLEROCAPAGRIS)

Manoli vestía pantalón vaquero, que sin ser ajustado  le dejaba marcado el trasero. Una marca de carne bajo la tela, que en cambio era a fuego bajo mi bragueta. Arriba lucía su escote. Su eterno escote, delicioso fruto de los Dioses; ¡oh!, ¡quien al probarlo sintiera el edén en sus labios!. ¡oh, libre de mí!. Escote con más guerra que bandera a la que defender. Más insinuación que bulto. Más deseo de querer mostrar algo de lo que carecía. No muy pechugona es Manoli, como pueden imaginar mis queridos lectores. No muy pechugona, pero sí guerrillera. Y pongo a Dios por testigo que sus pechos siempre me parecieron más grandes. Diosa Manoli, que me hace jurar en vano. Maldita puerca presumida. Siempre maquillada. Luchando contra la edad que tan mal consideraba. Pero a sus treinta y seis años la percibía como un delirio. Su imagen taladraba mi cerebro en el…
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Relato erótico: “Entrenador de putas 6” (POR BUENBATO)

Era tal como me lo imaginaba, ahí estaban los tres sobre la cama de Ignacio y, para variar, teniendo sexo. La escena parecía saludarme, el culo completamente abierto de Lucia me apuntaba mientras, agachada encima de Ignacio, le practicaba una mamada bastante interesante. También Gina me mostraba sus preciosas nalgas mientras entre sus piernas la cabeza de mi buen amigo le provocaba orgasmo tras orgasmo con su lengua. Ninguno me vio, ni ninguno parecía haber notado mi presencia; el sueño, desde luego, se me quitó y aquella escena inevitablemente terminó por provocarme una erección inmensa, quizás por lo poco que me esperaba semejante y tan erótica situación. Ambas eran muy pero muy lindas, con mucho mejor cuerpo que Rocío aunque sin aquel aire de ternura y simpatía que aquella daba. Eran, entre las dos, más bien, una especie de par de amigas tan hermosas como alocadas. Sabía que Ignacio se…
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Relato erótico: “Entrenador de putas 5” (POR BUENBATO)

  En el auto iban hechos un escándalo. Los tres ebrios iban atrás gritando tonterías y riendo a carcajadas por asuntos muy triviales. Ignacio parecía el maestro de ceremonias de aquella borrachera y cada cosa que se le ocurría hacia que Gina y Lucia se murieran de la risa. Rocío y yo solo sonreíamos de aquellas bobadas. Finalmente llegamos al departamento, bajamos a los tres del auto y a lucha los logramos subir al departamento. Rápidamente oculté las botellas de licores que teníamos ahí aunque no parecía tan necesario porque, apenas llegamos, Ignacio cayó rendido en el sofá y se quedo dormido. Gina y Lucia no fueron la excepción, entre Rocío y yo las llevamos a la cama de Ignacio donde las dos se quedaron dormidas, no sin antes entonar una canción de la manera más desentonada. Con aquellos tres durmiendo Rocío se sentó en el comedor y me pidió…
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Relato erótico: “El pueblo de los placeres 3” (POR CABALLEROCAPAGRIS)

El funeral fue íntimo. A la vuelta del cementerio Luís iba del brazo de su madre caminando despacio, pues estaba solo a un paseo del pueblo. Detrás iba la tía Ana, la cual mantenía una seriedad atípica y alejada del propio luto.   No puedo creer que lo haya hecho, ¿cómo ha podido quitarse la vida?     Comentó Luís, ya de mejor ánimo. Los últimos días habían sido agotadores. En todo momento Luís había colaborado con la policía para esclarecer los hechos del hipotético suicidio. Finalmente se concluyó que la anciana no quería ser un estorbo para la familia, debido a su creciente invalidez.   ¡Hay tantas cosas que no se entienden en la vida!.     Le respondió, mística, su madre. La cual se había desplazado al pueblo únicamente para el entierro.   ¿De verdad no quieres quedarte mama?. Es mucha paliza de coche para hacerla en un…
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Relato erótico “Las apariencias engañan: Lucía y Pedro”. (POR MARIANO)

Las apariencias engañan: Lucía y Pedro.   Lucía abrió perezosamente los ojos y miró el reloj eléctrico sobre su mesita de noche. Con dificultades por la somnolencia en la que aún estaba sumida comprobó que ya habían pasado quince minutos desde que sonara el despertador.   Durante unos segundos meditó la posibilidad de alargar ese maravilloso sopor al que solía acogerse todas las mañanas al despertar, pero la idea fue fugaz. Había un montón de cosas por hacer ese día y, aunque sabía que Pedro se iba a ocupar de casi todo, era consciente de que ciertas tareas solo podía hacerlas ella.   Torpemente se puso en pié y tiró de las cortinas para iluminar la habitación. Cuando sus ojos se habituaron a la cascada de luz observó su cuarto de toda la vida semivacío y un leve sentimiento de nostalgia le invadió. La mayoría de sus pertenencias ya estaban…
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Relato erótico: “Entrenador de putas 4” (POR BUENBATO)

  Leticia seguía chocando su lengua contra la entrada de mi ano. Yo sentía su fresca saliva y debo admitir que no se sentía nada mal que aquella estudiante mía, que ya muy bien me había demostrado lo caliente que era, me limpiara a conciencia la zona de mi pene a mis nalgas. Estuvimos así un par de minutos más pero volví a recordar la cita con Paola y esta vez sí decidí que era momento de irme. Le explique a Leticia que tenía un trabajo de la facultad y entre dudas término por creerme. Le di un último vistazo y pude comprender que esa tarde me había follado a, quizás, la mujer con mejor cuerpo que pude haber visto. Sus tetas, sus nalgas y su cuerpo entero parecían despedirse de mí con el mismo esplendor con que me recibieron. Leticia se acerco a mí y me dio un profundo…
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Relato erótico: “Entrenador de putas 3” (POR BUENBATO)

Mientras la bombeaba no podía parar de mirar fijo hacia su apetitoso ano, comencé de nuevo a tratar de lubricar aquel hoyo, de modo que con sus fluidos o saliva mía me inicié en la tarea de abrirle paso a mi dedo pulgar para que entrara en el recto de Leticia, ella lo notó y seguramente iba a protestar de no ser porque la callaba con fuertes embestidas que le hacían caer rendida. Quizás jamás se lo esperó, o quizás si, pero lo cierto es que, minutos después, cuando lo creí conveniente, saqué mi verga de su vagina y de un certero golpe incrusté poco más de la cabeza de mi falo en el adolorido ano de Leticia; esta parecía haber tenido una descarga eléctrica pues su cuerpo se paralizó y su espalda se movió violentamente haciendo que su cabeza se hiciese hacia atrás lo que aproveché para tomarla de…
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Relato erótico: “Entrenador de putas 2” (POR BUENBATO)

Al día siguiente, durante las prácticas, miraba desde las gradas como las muchachas jugaban; en ese momento se enfrentaba por un lado Leticia y por el otro Grecia, aunque los equipos eran aleatorios y no estaban con sus respectivas amigas la rivalidad entre ambas chicas era evidente. Yo me encontraba hasta la parte más baja de las gradas y en ese momento, un tanto molestas, Karla y Dulce, las gemelas negras, bajaron y se sentaron cada una a mi lado. - Profesor, ¿se vale hacer eso? - preguntó Dulce. - ¿Qué cosa? - Sacar así, esta de Leticia saca bien mal. - Hace trampa. - agregó Karla. En ese momento Leticia estaba haciendo unos saques no de la forma común sino lanzando al aire el balón, saltando y arrojándolo con fuerza al otro lado de la cancha con un manotazo bastante firme, lo cual, desde luego, era totalmente valido y…
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