Ayer me pediste sexo.

Hoy el termostato de tu cuerpo está estropeado. No acabas de desperazarte desnuda sobre tus sabanas, cuando ya estas pensando en mí. Tus dedos son los míos, recorriendo tus piernas. El sudor te esta bañando por entera, solo por el mero hecho de recordar la noche anterior.
Quieres volver a sentir el anonimato de la capucha. Noche de carnaval en que el disfraz de sumisa que portabas, te permitía ser mi zorra, sin que nadie mas que yo supiera tu verdadera identidad. Sin él, no hubieras sido capaz de comportarte así en público. La madre amante y buena esposa no se habría atrevido a bailar en la pista, mientras mis manos recorrían tus senos y tu culo. No te hubieses reído al comprobar las miradas lascivas de mis amigos cuando mi boca bebía el champagne directamente de tu ombligo.
Pero anoche eras Catwoman, el cuero negro pegado y tu pubis ardiendo. Fuiste gata exhibicionista. Querías que todos se dieran cuenta de cómo tus labios se abrían para recibirme, te excitaba que todos oyeran tus jadeos. Durante una hora, con envidia hombres y mujeres te tuvieron en sus pupilas sin poder retirar los ojos de ti. Ellas querían tener tu valor de exigir a sus parejas que las montasen y ellos querían ser tu jinete.
Ya solos, en mi lecho, me rogaste que te estrujara, que te mordiera pero sobre todo que te arañara. Que dejara un rastro sobre tu piel, que te permitiera al día siguiente, saber a ciencia cierta que no había sido un sueño.
Que fue verdad que sin darte vergüenza de tus labios salió:
-¡Follame!-.
Que poniéndote a cuatro patas, no tuviste reparo en gritar que te castigara, pero lo que seguro que deseabas recordar toda tu vida era que tras tu brutal orgasmo, aferrándote me dijiste:

-Gracias amo.