-En serio te llega al pincho, ¿no?   -Pta, sí...   -No has cambiado nada, conchatumare.   Javier terminó de armar el pucho y se lo pasó a Maureen, que lo encendió con presteza. Pronto, el cuarto se copó con el tufo penetrante de la marihuana. No había ventilador allí, así que Maureen se levantó a abrir la ventana para poder botar un poco del humo y el olor. Javier la observó mientras que ella fumaba: al igual que él, estaba desnuda, pero su larguísimo cabello azabache ocultaba sus nalgas prietas dándole un aire elegante. La conocía bien, por eso no se preocupó por decirle nada aunque sabía que la ventana daba a la calle. Vio la hora: apenas las 8, tenían mucho tiempo por delante.   Mientras que aspiraba su pucho de marihuana, Javier alcanzó su celular para revisar sus mensajes. Como esperaba, tenía ya varios mensajes de su…
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