indefensa1Ya desde el colegio me tenía enamorado. Carla iba un par de cursos por detrás de mí, era la más sin-tituloguapa de todo el colegio… y del pueblo donde nací.

Al principio fue su cara. Ovalada. Enmarcada por una melena hasta los hombros, con una sonrisa que la iluminaba como una estrella y donde unos ojos negros brillaban como luceros. Carla me tenía totalmente enamorado.

Pero ella no se fijaba en mí. Su mirada estaba puesta sobre Jorge, compañero mío de clase, practicante de todos los deportes inventados y por inventar. Vago en todo. Repetidor de varios cursos, algo más corpulento que yo y cinco años mayor que ella. Yo, bastante enclenque, me conformaba con adorarla en silencio y sufrir calladamente cuando los veía hablar, porque ella, siempre que podía, se pegaba a él. Un par de veces intenté entrarle, pero la primera me dijo que no quería comprometerse y la segunda casi se rió de mí.

Cuando ella cumplió los 16 años, se convirtieron en novios, lo cual me sentó como una patada en … Los veía besarse mientras él, con las dos manos en su culo, la presionaba contra su paquete, que se percibía abultado cuando se separaban y ella lo miraba con una sonrisa cómplice.

Menos mal que pronto me fui a la ciudad para estudiar mi carrera, olvidando esas escenas poco a poco, aunque nunca de ella, mientras tenía mis escarceos con compañeras y amigas. Quizá algún día los cuente, pero ahora sigo con el tema.

Cinco años después, con mi carrera terminada, con algunos tropiezos, y mi proyecto aprobado con sobresaliente, volví al pueblo mientras esperaba que una empresa multinacional terminase sus naves e instalase la maquinaria para entrar a trabajar en ella.

Llegué un viernes y al día siguiente salí para encontrarme con mis viejos amigos en el bar de siempre. El pueblo había cambiado poco. Todo estaba igual. Los encontré en el mismo rincón. Las mesas eran nuevas, pero todo distribuido de la misma manera.

Todos se levantaron a abrazarme, incluso Carla, que estaba en el grupo, y algunas de sus antiguas compañeras, que ahora estaban emparejadas con algunos de ellos. Al que no vi, fue a Jorge.

Los recuerdos volvieron de golpe, pero pude aguantar el tipo bien y creo que no se me notó, probablemente al no tener que soportar la presencia de él. Me senté con ellos y comenzamos a hablar y vaciar cervezas, como hacíamos antes, solo que antes hablábamos de chicas y ahora, como estaban ellas, hablamos de trabajo.

Pregunté por la vida de cada uno de ellos, que me fueron contando por turnos. Nada importante. Todos habían optado por profesiones posibles en el pueblo. Mecánicos, agricultores, ganaderos, un carpintero, etc. Casi todos trabajando en el negocio familiar. Yo no quitaba ojo de Carla, sentada frente a mí, aunque sin desatender a los demás.

Cuando llegó mi turno, les conté que había terminado ingeniería electrónica. Que mi proyecto había interesado a una empresa multinacional y que en unos meses, cuando se hubiesen instalado, entraría a trabajar con ellos, con un buen puesto y sueldo.

No se como fue, pero de repente, Carla apareció a mi lado, hablándome. Me quedé cortado. No sabía qué decir, hasta que solté.

-¿Y Jorge? ¿Qué tal os va? –Todos se quedaron mirando. Me extrañó, pero volví mi atención a ella cuando dijo.

-Hace tiempo que no nos vemos. Se marchó sin dar explicaciones y no sabemos nada de él.

Más tarde, en un aparte, uno de los amigos me comentó que se rumoreaba que estaba encarcelado, pero nadie lo sabía con certeza.

Seguimos hablando de distintos temas, y sobre todo bebiendo, hasta el cierre del bar. Me despedí y tomé camino de mi casa, pero Carla me llamó para pedirme que la acompañara a casa. Vivía en el otro lado del pueblo, pero estuve encantado de acompañarla.

-Estás muy cambiado. –Me dijo por el camino, iniciando una conversación tonta.

-¿Tu crees? Yo me veo igual.

-No, que va, te has hecho más hombre, estás mas guapo e interesante. ¿Tienes novia o sales con alguien?

-No, no tengo novia ni salgo con nadie.

-Pero conocerás muchas chicas.

-Si, alguna conozco.

-Y no hay alguna más íntima…

Con tonterías como esas o similares, llegamos a su casa.

-Gracias por acompañarme. –Me dijo mientras me daba un beso en la mejilla. Muy cerca de los labios. – Llámame cuando quieras.

-SSi, tte llamaré.

-Mañana domingo, iré al río con las amigas a tomar un poco el sol, para ponernos morenas para este verano. Si quieres puedes venir.

-Vale, iré.

Quedamos a la hora y ese fue el principio de nuestra relación.

Salíamos casi todos los días y fines de semana alternos, ya que tenía que quedarse a cuidar a su madre que estaba algo enferma. Los sábados que salíamos, tomaba prestado el coche de mi padre para ir al pueblo cercano a la discoteca, donde bailábamos tan pegados que le clavaba el bulto de mi polla en la tripa. Como era normal, volvía a casa con un dolor de huevos de campeonato.

Al mes de estar saliendo, mientras bailábamos pegados en la discoteca, le pedí relaciones formalmente contestándome con un beso largo, donde nuestras lenguas entablaron una batalla sin fin, y presionando más si era posible contra mi bulto. Ese día nos marchamos pronto.

Cuando llegábamos al pueblo, me dijo:

-¿Quieres que paremos un momento en la arboleda?

La arboleda era un minibosquecillo algo apartado de la carretera, al que se accedía por un camino agrícola y donde iban las parejas, que no tenían otro sitio, a desfogarse.

-¡Claro que si! –exclamé encantado. Llevaba tres meses sin follar, solo haciéndome pajas últimamente para calmar el dolor de huevos. Por lo menos, algo iba a pasar.

Después de buscar un hueco donde meter el coche, porque estaba todo ocupado, recostamos los asientos para mayor comodidad, lanzándome a besarla por toda la cara, mientras acariciaba su cuello. Besé, chupé, mordí sus labios, sus orejas, todo lo que estaba a mi alcance. Por fin, después de tantos años, éramos novios.

Bajé mi mano a su escote, soltando poco a poco los botones de su camisa blanca, dejando al descubierto su sujetador también blanco.

Bajé los tirantes del sujetador para dejar los pechos al aire, sin dejar de besarla. Lleve mi mano hasta uno para acariciarlo. Ella gimió.

-MMMMMM. No me desnudes. Me da mucha vergüenza que me veas desnuda, -Me dijo.

-No te veo. Esto está oscuro. Además ¿No te gusta lo que te hago?

-MMMMMM Siii. Pero es que… No me ha visto nadie así.

-No te preocupes. Yo no te veo (la luna llena se filtraba entre los árboles. No había otro sitio más tupido) relájate y déjame darte placer.

Seguí acariciando sus pechos, besando sus pezones, recorriéndolos con mi lengua y haciéndole soltar gemidos de placer.

Alternando entre sus pechos, cuello y boca, pasé mi mano a sus muslos, subiendo por ellos, a la vez que desplazaba su falda negra hacia arriba.

Los acariciaba indistintamente, acercándome cada vez a sus bragas. Cuando llegué a ellas, estaban empapadas. Las desplacé a un lado e introduje mi dedo medio en su coño, frotando el clítoris en el movimiento.

Estuve un buen rato penetrándola con uno y dos dedos, sin dejar de chupar y acariciar sus pechos, su cuello y su boca.

No tardó mucho en alcanzar un potente orgasmo que exteriorizó arqueando su cuerpo y emitiendo un fuerte gemido.

-AAAAAAAHHHHHHH

Estuve acariciándola hasta que se recuperó, volviendo a los besos sobre su cuerpo hasta que salté de los pechos a su coño y comencé a comérselo con pasión. Su clítoris se puso duro rápidamente. Era grande. Lo recogí entre mis labios. Chupé, lamí, presioné, volví a meter los dedos, acaricié sus pechos, sus pezones… Me emplee a fondo para llevarla al borde del orgasmo, mientras con una mano liberaba mi dolorida polla de tan dura que estaba.

Cuando me pareció que estaba apunto, me dispuse a retirarme y colocarme encima de ella para follarla, pero no me dio tiempo. Agarró mi cabeza por los pelos y me presionó fuertemente contra su coño.

-Siiii, sigue. Más. Dame más. Méteme bien la lengua.

Repitiendo la letanía tres o cuatro veces más, hasta que volvió a alcanzar un nuevo orgasmo.

-Siiii, Ahhhhhhhhh.

Cuando me soltó, el que tuvo que recuperarse fui yo. Me dolía la mandíbula de tener la boca abierta, la lengua de tanto moverla sobre su clítoris, la nariz de tenerla aplastada contra su pubis y sobre todo, me faltaba el aire.

Cuando me recuperé, mi erección no había variado un ápice, por lo que me dispuse a colocarme sobre ella.

-Pero ¿Qué haces? ¿Qué pretendes?

-Quiero follarte. Me tienes excitado desde que empezamos a salir y ¡quiero hacerte mía ya!

-Ni hablar. Quiero llegar virgen al matrimonio. Eso debe quedar claro desde ahora. Si no estás dispuesto a aguantar, aquí mismo termina nuestra relación.

-Pero si hoy en día todas las parejas lo hacen. Además, yo quiero casarme contigo. Te quiero desde que éramos niños. No podría vivir con otra que no fueses tú.

-Pues con mayor razón debes respetarme, si me quieres.

-Por lo menos, hazme una mamada…

-¡Serás guarro! Pervertido. Asqueroso. ¿No puedes pensar en otra cosa?

-¿Y hacerme una paja?

-¡Serás cerdo! Llévame a casa y no me vuelvas a hablar.

Me coloqué la ropa más o menos bien, al igual que ella, puse el coche en marcha y la llevé a casa sin hablar en todo el camino, ya que intentaba excusarme pero ella no me quería oír y cada vez se enfadaba más.

La dejé en su puerta y me marché a mi casa, donde tuve que repetir las escenas de las últimas semanas. Me encerré en el baño, me saqué la polla y me masturbé hasta correrme abundantemente en el lavabo varias veces.

Durante toda la semana la estuve llamando y enviando mensajes, sin que ella respondiese ni diese señales de vida. El viernes ya no la llamé ni hice nada. El sábado fue ella la que llamó.

-Hola soy Carla.-Dijo cuando respondí a la llamada. ¡Como si no lo supiese ya!

-Hola. Perdóname…

-Si. –Me interrumpió.- He decidido perdonarte porque te quiero demasiado, y estoy dispuesta a volver si me prometes que respetarás mi virginidad hasta la noche de bodas.

-Te prometo lo que quieras. No volveré a tocarte hasta que tú quieras.

-Tampoco es eso, pero ya lo hablaremos. ¿Me llevas a bailar esta tarde?

-¿No te tienes que quedar con tu madre?

-Parece que se encuentra mejor y ya se levanta todo el día.

-¿A qué hora te recojo? …

Ese sábado y los siguientes, volvimos por la noche a la arboleda, pero solamente me dejó besarla, comerle los pechos y el coño, sin tocarme por el asco que le daban las pollas y volviendo yo más caliente a mi casa cada día.

Por fin, la empresa se puso en marcha y me fui a trabajar. Volvía los fines de semana para recoger mi calentón y me marchaba los domingos por la noche cada vez más frustrado.

Una vez que mi situación se estabilizó, hable con ella de casarnos y aceptó. Miramos pisos y viviendas hasta que nos decidimos por un chalet en una gran urbanización, con piscina y gran espacio de césped y árboles. La hipoteca que firmé, la terminarían de pagar mis hijos, pero no me importó, por fin me iba a casar con la mujer de mis sueños.

Cuando estuvo todo preparado, nos casamos. El día de la boda, que fue por la mañana, estaba más bonita si cabe. Dudo que haya habido o habrá otra novia tan bonita como ella. Todos los amigos la felicitaron por lo guapa que estaba y a mí por la mujer que me llevaba. Incluso Jorge, que también vino a la boda, nos dio la enhorabuena y deseó años de felicidad con un par de besos a ella y un abrazo a mí. (Aunque me pareció que le echaba mano al culo para acercarla y que la otra mano la tenía en un pecho).

La ceremonia estuvo muy bien, a la salida de la iglesia, nos recibieron con una lluvia de todo. Normalmente se echa sobre los recién casados arroz o confetis, pero como fue en el pueblo, nos echaron garbanzos y maíz. Todo me pareció bien y hasta me reí con la ocurrencia. Luego supe que había sido idea de Jorge.

Tras la comida, baile y barra libre. Carla a un lado y Jorge al otro, procuraron que no me faltase líquido en mi vaso de gin-tonic, pero como soy poco bebedor de alcoholes fuerte, solamente tomada un sorbo con cada brindis.

De allí fuimos a una discoteca donde seguimos bebiendo y bailando. Nos retiramos pronto, entre las risas y bromas de los amigos, a un hotel cercano en el que habíamos previsto para pasar nuestra primera noche. Yo tenía unas ganas tremendas de acostarme, me caía de sueño y cansancio.

Tuve que esperar a que ella saliese del baño, pero mereció la pena verla con su camisoncito negro que no ocultaba nada y su tanga mínimo del mismo color. Mientras lo hacía, abrí una botella de champagne, que el hotel había tenido la gentileza de ofrecernos, y serví dos copas.

-¿Te gusta?

Asentí babeando. Se colgó de mi cuello y entre besos me dijo

-Pues date prisa que estoy deseando ser tuya.

En otro momento, me la hubiese follado allí mismo, pero estaba tan cansado y bebido que dudaba que pudiese hacer algo.

Después de hacer un pis, lavarme los dientes y una ducha rápida, salí en dirección a la cama, donde se encontraba ella recostada. Se incorporó y me ofreció una de las copas. Brindamos por nosotros y nuestro feliz matrimonio, vaciamos las copas, me recogió la mía de mi mano y dejó ambas en la mesita, volviendo a abrazarme para iniciar una cadena de besos que nos calentó.

Me separé de ella, le saqué el camisoncito, bajé besando su cuerpo, sus pechos con los pezones duros y enhiestos, siguiendo para abajo mientras caía de rodillas. Bajé también su tanga hasta que se lo saqué por los pies, la hice separa un poco sus piernas y pasé la lengua por el borde de su raja, recorriendo los labios en toda su longitud.

Ella acariciaba mi cabeza y empezó a presionarme contra su coño. Me levanté a duras penas y la hice acostarse en la cama.

Ya ubicado más cómodamente entre sus piernas, seguí comiéndole el coño, recorriendo toda la vulva y bajando hasta su ano, donde me entretenía para ensalivarlo bien, mientras ella no paraba de emitir gemidos.

-MMMMMMM. Sigue así, me gusta,

-OOOOHHHHH. Qué placer me estas dando.

Me notaba raro, pero fui subiendo por su cuerpo, repartiendo besos por todo él, con la intención de consumar el matrimonio, pero esto ya son recuerdos difusos. Recuerdo recibir algunos golpes, gritos, pero nada más.

Cuando me desperté al día siguiente, era ya al atardecer. La escasa luz que entraba por los laterales de la tupida cortina, me permitió ver la cama que estaba hecha un desastre. Carla estaba desnuda a mi lado, dormida, con cara de felicidad.

Acaricié su cuerpo con suavidad, poniendo todo mi amor en el gesto. Esto la despertó. Me miró sonriendo y de inmediato puso cara de ira diciendo:

-Déjame en paz, animal. ¿Todavía no te has cansado de hacerme daño?

-¿Qué te he hecho, cariño? No recuerdo nada.

-¿Que no te acuerdas? ¿Que no te acuerdas? Serás cabrón. ¿No te acuerdas cuando te decía que me hacías mucho daño y tú seguías metiendo tu asquerosa polla dentro de mí? ¿No te acuerdas cuando de un solo golpe te llevaste dolorosamente mi virginidad? ¿No te acuerdas cuando te decía que esperases que no podía aguantar de dolor? ¿No te acuerdas de las tres veces que violaste mi coño y mi ano? Porque fue una violación, yo no sólo no disfruté, sino que me hiciste sufrir lo indecible.

-¡Mira mi coño hinchado, mira y mi ano casi roto. Tengo la mandíbula fuera de sitio y dolorida toda la boca hasta la garganta!

Se levantó y fue corriendo a encerrarse en el baño. Yo me quedé paralizado, si saber que hacer o decir. No recordaba nada y me parecía mentira que hubiese hecho eso. Sin embargo, parecía cierto, la sábana tenía manchas rojas y rosadas, y con otras más grandes que se apreciaba que era semen reseco y algunas rayitas de heces.

Sin embargo, no me lo podía creer. Estaba totalmente empalmado y todavía quería más.

Me acerqué a la puerta del baño y me pasé una hora hablándole y pidiendo perdón porque lo que había hecho era consecuencia del alcohol, que yo no era así, que lo había podido ver en nuestro noviazgo, etc. Mientras oía sus imparables sollozos dentro.

Al final, decidió perdonarme y salió, después de prometerle que no volvería a beber más, la intenté abrazar, pero no me dejó, diciéndome que todavía no estaba preparada.

Mientras se vestía, entré yo al baño para hacerme una paja, ducharme y afeitarme. Al día siguiente nos fuimos de viaje durante una semana, y lo único que puedo contar son los lugares que visitamos, lo que comimos en los restaurantes y lo que había en las tiendas. No me dejó tocarla en toda la semana, y yo respeté su deseo.

A la vuelta iniciamos nuestra vida en común, yo me iba a trabajar y ella quedaba al cuidado de la casa. No quiso servicio, ya antes de casarnos dijo que deseaba ser ella la que me atendiese personalmente.

A las tres semanas de casados, estaba ella friendo un filete con un chándal de deporte en rojo y blanco que le sentaba como un guante, cuando me acerqué por detrás, la abracé y besé su cuello mientras le susurraba “te quiero”. Curiosamente no me rechazó, por lo que seguí besando por ambos lados, sus lóbulos, avancé por la mandíbula…

Ella apartó el filete y apagó el fuego, girando y abrazándose a mi cuello, para fundirnos en un apasionado beso. El chándal le duró en el cuerpo un suspiro y mi ropa quedó en un reguero hasta el dormitorio, donde caímos sobre la cama sin dejar de besarnos y acariciarnos.

Acaricié sus pechos y froté los pezones entre mis dedos haciéndola gemir. Bajé mi mano hasta sus muslos, subiendo desde la rodilla con caricias hasta su ingle. Ella abrió sus piernas para permitir mis avances y yo pasé mi dedo por su raja. Curiosamente me lo encontré empapado y abierto.

Sin decir nada, me presionó para que me colocase sobre ella, quedando mi glande en su entrada.

-Por favor, hazlo despacio, no me hagas daño. –Me dijo

Metí la punta y me coloque ligeramente arriba, para que mis movimientos rozaran su clítoris, empezando a meter un poquito más y retroceder, otro poco más y retroceder. Ella se movía como si desease que se la clavara de una vez. Ponía sus talones sobre mi culo y los volvía a retirar. Yo no era un inexperto, por lo que sabía positivamente de que estaba deseando que entrase totalmente, pero quise que esperase un poco más, como yo había estado esperando un montón de tiempo.

Al final, la tuvo toda dentro, la saqué completamente y la volví a meter entera.

-MMMMMMMMMMMM. – Fue su respuesta a mi acción.

-Siii, dámela toda, sigue, si, sigue. –Fueron sus palabras.

A partir de ese momento, me convertí en una taladradora. La estuve machacando durante más de media hora. ¿Qué si tengo mucho aguante?, Qué va. Desde la vuelta del viaje, lo último que hacía antes de salir de trabajar era hacerme una o dos pajas pensando en ella, para llegar más relajado a casa y no asaltarla y violarla.

Se corrió varias veces, hasta que estuve apunto coincidiendo con su enésimo orgasmo, le anuncié:

-AAAAAhhhh. Me voy a correr.

-No, no .no. No te corras dentro.

Casi sin tiempo, la saqué, me masturbé sobre su cuerpo y me corrí abundantemente sobre sus tetas, pecho y vientre.

-¡Pero no vas a aprender nunca! ¡Eres un cerdo! ¿Ves lo que has hecho? ¡Me has puesto perdida!

Me separó de una serie de patadas y se fue corriendo al baño para lavarse. Yo me quedé sobre la cama avergonzado.

Cuando salio, siguió con su serie de improperios contra mí, hasta que se cansó. Por fin, volvió a recriminarme mi acción y me prohibió volver a correrme sobre ella.

Así fueron pasando los días, los meses y se convirtieron en años. El sexo no mejoró, follábamos casi cada semana. El trabajo en cambio si. Gané mucho dinero, ahorramos bastante por si nos iban mal dadas, pero ella también cada vez gastaba más. Las cuentas eran comunes. Ambos teníamos acceso a gastar lo que había.

Llegó un momento que la cantidad ahorrada cada mes era casi nula. Yo tenía la mosca detrás de la oreja. Había cosas que, con el tiempo, empezaron a llamarme la atención.

Por ejemplo, si alguien gana 100 y con 25 puede vivir bien, pero gasta 75, es raro, pero posible. Pero no es normal que alguien se gaste los 75 en un vestido con una hechura y tela que no usarías ni para limpiar tu auto. Pues gastaba dinero en prendas basura que decía que compraba a precios altísimos porque eran de la marca tal, según decía. Incluso hubo algún mes que, en lugar de incrementar los ahorros, disminuyeron.

Cuando le pregunté por qué había gastado tanto y tanta ropa, me montó una bronca porque no sabía lo caro que estaba todo y que para poder relacionarse con sus amigas y vecinas, no podía ir con cualquier prenda, que el coche también tenía gastos, que yo también gastaba mucho y muchas más razones que me apabullaban y volvía a pedirle perdón.

Había días que cuando me marchaba por la tarde la dejaba vestida y cuando volvía la encontraba con una simple bata y desnuda debajo. Generalmente me decía que me estaba esperando porque llevaba todo el día excitada, y deseando que llegase para calmar sus ganas. Me llevaba a la cama y me follaba inmediatamente. Se la metía sin preámbulos y entraba con suavidad de lo mojada que estaba. En esas ocasiones, era yo el que se corría (previo aviso y retirada) y ella solamente gemía.

A la pregunta “¿Te has corrido?”, siempre respondía “Si, ¡y dos veces!, eres maravilloso, y una máquina de follar”

A todo eso, se unió que un par de veces vi, desde lejos, salir a alguien muy parecido a Jorge, aunque pensé que me equivocaba.

Así que empecé a pensar que algo ocurría, pero no detectaba nada más, hasta que ocurrió lo típico en estos casos, y digo típico porque es la historia que más se ve, se oye y se lee: Una tarde, me debió de sentar algo mal y como no me encontraba bien, decidí irme a casa.

Nada más abrir la puerta lo escuche:

-AAAAAHHHHH Siiiii, fóllame más fuerte, cabrón.

-¿Quieres más, puta? ¿La quieres entera o solo la punta?

-Métemela toda y no seas hijo puta. ¡Dámela toda!

-¿Por donde la quieres por el culo, el coño o la boca?

-Por el coño. Llénamelo de leche. Y después el culo y la boca. Quiero saborear su semen.

Lo primero que pensé es que me había equivocado de casa, pero los muebles eran los míos. Luego, que Carla había prestado nuestra casa a alguien para picadero, pero la voz era de ella. Me acerqué despacio hasta la puerta del dormitorio que se encontraba medio abierta.

La cabecera de la cama quedaba oculta por la puerta, por lo que pude ver como era follada a cuatro patas. Como entraba y salía y entraba el pene de … ¡¡¡Jorge!!!

Se encontraba arrodillado tras ella follando incansablemente su coño, mientras se inclinaba sobre ella y apretaba sus pechos.

Seguí sin poder decir nada. Además tampoco podía moverme. Gruesos lagrimones recorrieron mis mejillas y cayeron sobre mi camisa. No se cuanto rato después pude moverme y pensar. Tuve la suerte de que entre coño, culo y boca, no se movieron de la cama ni miraron hacia la puerta.

Decidí vengarme, dejándola en la puta calle con una mano detrás y otra delante, además de dejar en ridículo al hijo de la gran puta de Jorge. Me aparté para pensar un poco más y decidí marcharme y volver más tarde, dedicándome a pensar mientras tanto.

Me ubiqué en el bar de la urbanización, que se encontraba a la entrada, desde el que podía ver a la gente que entraba y salía, mientras pensaba en qué iba a organizar para pillarlos y que no pudiesen desdecirme cuando les acusase de infidelidad.

Dos horas después, lo vi salir. Inmediatamente me dirigí a casa, encontrando a Carla en bata y desnuda debajo.

-Hoy llegas un poco más pronto que otros días. Hoy estoy excitada. ¿Hacemos el amor? –Me dijo colgándose de mi cuello.

-Perdona… cccariño, precisamente he salido un poco antes porque no me encontraba muy bien.

-¿Qué te ocurre?

-Me ha debido sentar algo mal de lo que he comido. Tengo una sensación muy extraña en el estómago. Creo que me voy a ir a la cama ahora mismo.

-¿No irás a vomitarme en la habitación?

-No lo se, pero por si acaso, me acostaré en la habitación de invitados. –Fue un alivio para mí, pues no sabía como enfrentarme a una noche con ella a mi lado.

Me dormí tarde, y cuando lo hice, tenía pesadillas que me despertaban asustado. A la mañana siguiente, estaba peor que el día anterior.

No me había levantado todavía cuando Carla vino a la habitación.

-¿Qué tal te encuentras hoy?

-Fatal, peor que ayer. La cabeza me duele el cuerpo también. Hoy no voy a ir a trabajar.

-Ah. Vale. –Dijo solamente y se fue sin más.

.La oí hablar por teléfono, aunque no entendía lo que decía. Un rato después volvió.

-No me acordaba que había quedado con las amigas para irnos de tiendas. He aprovechado para prepararte algo y así nosotras podremos comer cualquier cosa por ahí y no tendré que venir de propio por no haberte avisado antes. En la nevera te lo he dejado. ¿Crees que podrás levantarte?

-Si, no te preocupes, vete tranquila. –“A putear con Jorge” pensé yo.

Se marcho y yo me quedé dando vueltas al tema, hasta que se me ocurrió algo. Preparé una lista de material. Llamé a mi oficina y pedí el teléfono de un proveedor en concreto, al que llamé y pedí el material, rogando que me lo trajesen lo más rápidamente posible, confirmándome que en una hora lo tendría en mi casa.

Como ingeniero electrónico, no me supuso ningún problema instalar cámaras, grabadores y sensores de movimiento.

Quedó todo configurado y probado rápidamente. Por las mañanas, si se activaban los sensores del dormitorio y salón, grababa durante un tiempo. Por la tarde, una llamada de teléfono mío, dejaba la grabación fija hasta que volvía a casa para apagarla.

Durante los tres primeros días estuve ajustando el horario para comenzar la grabación fija en el momento que llegase Jorge.

No fue una buena idea. Con eso, cada vez que llamaba hacían algún comentario sobre mí y recordaban lo que había pasado para reírse largamente. Así me enteré de algunas cosas. Voy a intentar relatarlas en orden cronológico:

1-Cuando llegué al pueblo, al terminar mi carrera, Jorge estaba en la cárcel. Tenía permiso de salida en fines de semana alternos. Ese sábado no tocaba.

2-Cuando oyó que iba a tener buen empleo y sueldo, decidió que nos casaríamos.

3-Cuando se lo comento a Jorge, le pareció bien, siempre que no me dejara follarla. El único que la follaría sería él.

4-Los fines de semana que se quedaba a cuidar a su madre, era porque Jorge salía y pasaban el fin de semana follando.

5-Jorge Salió de la cárcel el mismo día que yo me declaré a ella. Estaba esperando que la dejase en casa para ir a follar con él.

6-La situación no cambió durante el noviazgo. La dejaba en casa y él la estaba esperando.

7-La noche de bodas no me la follé. Como no pudieron emborracharme hasta el coma, tenían preparada, por si acaso, una pastilla para hacerme dormir, que Carla me puso en el Champagne. Cuando me dormí, me abofeteó para ver si me despertaba y al ver que no lo hacía, abrió la puerta a Jorge y estuvieron follando toda la noche por todos los agujeros. Parece que los ocupantes de las habitaciones contiguas, se quejaron de los gritos que dimos. Esto se lo dijeron a Jorge, porque lo conocían de alquilar habitación muchas veces.

8-Durante la semana que estuvimos sin follar, no dejó de verse con él.

9- El día que follamos por primera vez, fue porque algo les había ocurrido y era por si se quedaba embarazada.

10- El dinero no lo gastaba ella. Se lo daba a él para que viviese como un rey, gastando en juergas, borracheras y drogas.

… Mejor no sigo.

Edité los vídeos y dejé una cinta sobre el televisor, con una nota que le avisaba que no volvería a comer y que lo haría a media tarde y hablaríamos del divorcio. Mientras, que la fuese visionando. Que si no tenía suficiente, le prepararía más.

A media tarde volví, como había indicado, encontrándome sentados en la sala Carla, Jorge y otra mujer.

-Hola (…) (perdón que no de información sobre mi, por las razones de mi primera historia) ¿Me puedes decir qué significa esto? ¿Cómo se te ha ocurrido la desfachatez de grabar nuestra intimidad? Veo que no has dejado de ser el cerdo que siempre fuiste.

-No pretenderás hacerme ver que la culpa es mía por hacer la grabación de vuestras infidelidades.

-¡¡¡Mis infidelidades!!! Si en lugar de ser tan pasivo, apático y poco fogoso, hubieses sido más ardiente y hubieses respondido a mis peticiones de sexo, no habría tenido que llegar a esto.

En ese momento, estábamos de pie, uno frente a otro, junto una mesa de centro baja y de cristal.

-¡¡¡Pasivo yo!!! ¡¡¡Apático!!! ¡¡¡Poco fogoso!! ¡¡¡Peticiones de sexo tuyas!!! Mira, si fuera otro te partía la cara ahora mismo. –Dije esto levantando la mano.

Ante este gesto, ella dio un paso atrás, tropezando con la mesa y cayendo sobre el cristal, el cual se rompió en mil pedazos, haciendo algunos cortes y arañazos en brazos, piernas y cuello, así como un pequeño rasguño en la cara.

Todos nos abalanzamos sobre ella para levantarla. La mujer y Jorge me apartaron de malos modos y ella dijo:

-Soy la abogada de la señora. Todos hemos visto cómo intentaba tirarla y la ha empujado hasta que ha caído sobre la mesa. Esto es violencia doméstica y vamos a acusarle de ello. Le esperan a Ud. Un par de años de cárcel como mínimo.

En fin. Tuve que marcharme, ellos fueron al hospital para que les hiciesen un informe médico. Yo me busqué un abogado que fue demasiado malo y la abogada de ella demasiado buena. Perdí en la negociación

Para no ir a la cárcel, tuve que cederle la casa a ella, los ahorros y los beneficios que aportase mi patente del aparato fabricado por la empresa. Además tenía que pasarle una pensión y pagar los plazos de la hipoteca de la casa. Más tarde, la empresa me propuso realizar unas adaptaciones de mi proyecto, pero tuve que negarme al no tener los derechos.

Recogí las pocas cosas que eran mías en la casa. Ahí me di cuenta de lo poco que tenía. Con algo de dinero que tenía escondido por si acaso pude alquilar un pisito, y seguir viviendo. Con los meses me entró una fuerte depresión y dejé de trabajar en la empresa. Otro abogado más listo, consiguió que no tuviese que pagar la pensión hasta que volviese a trabajar.

Al fin me recuperé, pero no quise volver a mi antiguo trabajo. Me ofrecí a varias empresas de productos electrónicos y fue como si el fallecido Steve Jobs se hubiese ofrecido a trabajar a cualquier otra empresa que no fuese Apple. Todas querían contratarme, por lo que elegí la que mejor puesto y sueldo me daba. Que no era era ninguna dirección de departamento. Todas se aprovechaban para colocarme en un puesto de segundón.

Y aquí termina mi historia pasada.

Gracias por vuestros comentarios y valoraciones

Más adelante contaré la actual. Por ahora, el trabajo me tiene esclavo y tengo que dedicarle un tiempo que no me permite escribir con la frecuencia que desearía. Perdonad los errores, normalmente lo repaso muchas veces, pero últimamente tengo poco tiempo.